viernes, 25 de junio de 2010

OBJETO DE LA DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN


1 – El objeto material

Es el Corazón físico de Jesús la parte más noble de la naturaleza humana asumida por el Verbo. Es un corazón humano, pero también un corazón divino por estar unido hipostáticamente a la persona del Verbo; y por eso es digno de todas nuestras adoraciones.
Es el Corazón más bello por haber sido formado directamente por el Espíritu Santo en el seno purísimo de la Virgen. ¡Cuántas debilidades, sombras, e imperfecciones en el corazón humano! Pravum est cor omnium et inscrutabile (Jer 17,9). El Corazón de Jesús, por el contrario, es “un reflejo de la luz eterna…, e imagen de la bondad divina” (Sab 7,26).
Es el santuario de la divinidad, el tesoro de la gracia, el jardín fragante de todas las virtudes y de todos los dones del Espíritu Santo. Por eso puede decir con verdad: “Venid a mi escuela, haceos mis discípulos” (Mt 11, 29).

2- El objeto formal

El corazón ha sido siempre y para todos el símbolo del amor. “Le daría el corazón”, suele decirse, para significar lo mejor del que habla, para expresar la entrega de si mismo. Por el contrario, se dice también: “es un hombre sin corazón”, cuando se habla de uno que no tiene sensibilidad, comprensión ni piedad.
Por eso Jesús ha querido revelarnos su Corazón, para hacernos ver y probar el amor en su misma fuente. Amor divino y amor humano. “Con amor eterno te amé; por eso te he mantenido mi favor” (Jer 31,3). “¿Qué más podía yo hacer por ti, que no lo hiciera?” (Is 5,4).
Por consiguiente, honrando al Corazón de Jesús, no pretendemos que ese honor sea sólo para su Corazón de carne, sino también para el amor divino y humano que siempre ha sentido y siente, amor que es la fuente de todas las gracias y beneficios que nos ha concedido y nos está otorgando a todas horas.
Y finalmente, como el honor se refiere a la persona, honrado al Corazón de Jesús, queremos honrar a la persona divina del Verbo que, asumiendo nuestra naturaleza, se hizo semejante a nosotros en todo menos en el pecado para volvernos al camino de la salvación y ganarse nuestros corazones.
Oh Sagrado Corazón de Jesús, haznos conocer cada vez mejor tu belleza y amabilidad, para que nos sintamos cada vez más atraídos hacia ti, hacia tu amor y tu imitación.

Tomado de: El Cruzado nº 219, revista
de la Cruzada Eucarística.