jueves, 21 de julio de 2011

SIN TREGUA EN LA BATALLA

El acontecimiento de Fátima supuso para la Iglesia y para la historia una referencia de la que desde aquel año de 1917 no hemos podido prescindir. La Primera Guerra Mundial, ya en su etapa final, el estallido del bolchevismo, el advenimiento del nacional-socialismo, la cruzada de liberación española, la Segunda Guerra Mundial, la victoria del comunismo a partir de 1945 acaparando pueblos y pueblos enteros, y para terminar la gestación lenta y oculta de la revolución conciliar que estallaría entre 1962 y 1965. Acontecimientos todos estos que a la luz de las palabras de Nuestra Señora en Fátima adquieren su significado real y trascendente dentro de la historia de la Iglesia y del devenir de la humanidad. Fátima es el esclarecimiento de todos los hechos reseñados y por ende la comprensión verdadera de su alcance y consecuencias últimas. La paz rota entre los pueblos y naciones, el ateísmo militante y cruel desencadenado por el comunismo, intrínsecamente perverso, las locuras de las teorías políticas intentando poner al hombre como nuevo dios al que hay que servir y adorar, los enemigos internos para socavar y destruir a la Iglesia santa, Esposa del Señor, tantos y tantos acontecimientos cuyo análisis e importancia real se puede sopesar en la más justa medida si atendemos a lo pronunciado por el cielo, a través de la Señora, y comunicado a los tres tiernos y puros niños que todos conocemos como los tres pastorcitos.

Rusia extenderá sus errores, dijo nuestra Madre, y de ahí la necesaria consagración de Rusia pedida por la Virgen, la devoción del santo Rosario como arma indiscutible para obtener gracias y favores en pro de un mundo, en nuestro, enloquecido por su soberbia y apostasía, la devoción al Inmaculado Corazón de María como sendero para llegar al Reinado de Jesucristo, Rey y centro de todos los corazones y de la historia, y por último la reafirmación de las grandes verdades del dogma católico son los hitos que aportan la luz, toda la luz, para la contemplación y comprensión del agitado y dramático siglo XX y lo que reste aún iniciando ya el siglo XXI.

En Fátima está el punto de partida y la seguridad firme del feliz término de nuestra andadura como hijos de la Iglesia y ciudadanos de nuestras naciones. Frente al pecado y la soberbia de los pueblos, enzarzados unos con otros en luchas crueles, sólo cabe la humildad de la oración confiada sabiendo que el único Maestro, a través de la Virgen sencilla y purísima, nos podrá otorgar la paz verdadera y estable, la paz de Cristo en el reino de Cristo. De ahí el valor inmenso e inefable del santo Rosario. Frente a la crueldad del totalitarismo comunista, frente a los sistemas de militancia atea y destructora del bien evangélico nuestra Señora nos hizo saber que la consagración de Rusia, tal y como Ella lo indicó, exactamente tal y como Ella lo indicó, no de otra forma y manera, consagración a su Inmaculado Corazón será la fuente de bendiciones y gracias celestiales para un mundo que camina entre tinieblas y sombras de muerte. Y frente a la disolución doctrinal y dogmática acaecida en la revolución conciliar y postconciliar, así como litúrgica, ministerial, moral y docente, la Señora ante los tres pastorcitos nos recordó verdades tan esenciales como la fe en el único Dios Uno y Trino, la presencial real y sacramental de nuestro Señor en la Sangrada Eucaristía, el cielo y el infierno, e igualmente el purgatorio, como destino de nuestras almas tras la muerte y juicio particular, la verdadera obediencia y sumisión al Vicario de Cristo, etc. En Fátima reside uno de los últimos llamamientos a la humanidad entera para llenarla de luz y que de esta forma camine por el sendero de la verdad, de la justicia y de la paz que es el del sometimiento a Nuestro Señor Jesucristo. Fátima esperanza del mundo. Salud y salvación de las almas. Salud y salvación de nuestra pobre humanidad.

Y ahora nos podemos preguntar, ¿por qué razones ha lanzado Monseñor Fellay una nueva cruzada del Rosario? ¿Qué le ha movido par que en términos tan apremiantes, tan dramáticos, nos convoque a todos a implorar a nuestra Señora hasta formar una corona de doce millones de rosarios? Podríamos decir simplemente que la razón es porque Fátima ha sido y es siempre la esperanza de nuestro mundo, la esperanza de las naciones y de las gentes que pueblas el universo. Es necesario que el Sumo Pontífice consagre Rusia al Inmaculado Corazón, y así multitud de errores dejarán de esparcirse entre las gentes y se acabará con el error de los ya esparcidos, y Rusia se convertirá, volviendo al redil de la única Iglesia de Cristo que es la Iglesia Católica. La Jerarquía de la Iglesia católica se apartará del camino equivocado del liberalismo, cloaca de todas las herejías, y volverá a la senda de la Tradición, para creer lo que siempre, en todas partes y por todos ha sido creído. Gracias a la mediación del Inmaculado Corazón de María el mundo se convertirá y multitud de almas volverán a someterse al yugo suave de nuestro Señor. Si en la anterior cruzada no ha habido respuesta por parte de la Santa Sede no debemos flaquear en el intento. Intensifiquemos nuestra oración y afiancemos más y más nuestra esperanza. La misma Señora nos dijo que “al final mi Inmaculado Corazón triunfará”. Y triunfará porque Ella es la omnipotencia suplicante, porque si es verdad que la alaban y alabarán, y la han alabado todas las generaciones, más que nunca, con el triunfo de su Inmaculado Corazón, será alabada al final de los tiempos y por todos los pueblos cuando este triunfo se haga presente. Secundemos con piedad y fervor, con amor sobrenatural y humildad, con esperanza y firme propósito esta iniciativa del Superior General de la Hermandad fundada por Monseñor Lefebvre. Oremos noche y día, sin tregua en la batalla, hasta que nuestra Señora, ahora en sus montañas de la Salette, enjugue dulcemente sus lágrimas al contemplar el triunfo de su Inmaculado Corazón sobre las almas, sobre la Iglesia, sobre el mundo.


Fuente: Revista Tradición Católica nº 231 Marzo-Abril 2011