viernes, 29 de abril de 2011

"EL ESPÍRITU DE ASÍS", IMPACTANTE VIDEO ANTE LA INMINENTE BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

El Espíritu de Asís”, así se titula este impactante vídeo que es un complemento de la declaración de los obispos de la Iglesia Greco-católica-ortodoxa-ucraniana, quienes en su momento manifestaron sus inquietudes al Papa y a todos los obispos del mundo sobre la ahora inminente beatificación de Juan Pablo II. Duración: 52:40 minutos.



Video: Crux et Gladius

Tomado de Santa Iglesia Militante

CARTA DE SAN ATANASIO A SU GREY

San Atanasio vivió en el siglo IV y fue el obispo de Alejandría por 46 años. Por lo menos cinco veces se le prohibió la entrada a su diócesis, y estuvo un total de 17 años en el exilio. San Atanasio, a quien a menudo se le llama el Campeón de la ortodoxia, fue sin duda uno de los defensores más valerosos de la fe en toda la historia de la Iglesia. Si se escogiera a un santo para nuestros tiempos, seguramente sería san Atanasio. La siguiente carta suya podría haber sido escrita, casi palabra por palabra, apenas ayer.

¡Que Dios os consuele! ...lo que os entristece... es el hecho de que otros han ocupado las iglesias mediante la violencia, mientras que vosotros permanecéis fuera de ellas. Es un hecho que ellos tienen los edificios, mas vosotros tenéis la fe apostólica. Ellos podrán ocupar nuestros templos, pero están fuera de la verdadera fe. Vosotros permanecéis fuera de los lugares de culto, mas la fe mora en vosotros. Consideremos pues: ¿qué es más importante, el lugar o la fe? La verdadera fe, obviamente. ¿Quién ha perdido y quién ha ganado en esta batalla: el que ocupa los edificios o el que guarda la fe?

Es cierto, los templos son buenos cuando la fe apostólica allí es predicada; son sagrados si todo lo que allí se obra se hace de manera sagrada...

Vosotros sois los felices; vosotros los que permanecéis dentro de la Iglesia por vuestra fe, que se mantienen firmes a los fundamentos de la fe que os ha llegado por la tradición apostólica. Y si una envidia execrable ha tratado de agitarla en varias ocasiones, no lo ha logrado. Ellos son los que se han separado de ella en la crisis actual.

Nadie, nunca, prevalecerá contra vuestra fe, queridos hermanos, y creemos que Dios nos regresará nuestras iglesias algún día.

Así pues, cuanto más violentamente traten ellos de ocupar los lugares de culto, tanto más se separan de la Iglesia. Ellos afirman que representan a la Iglesia; pero en realidad, son ellos mismos los que se expulsan y desvían de ella.

Aun cuando los fieles católicos se reduzcan a un puñado, ellos serán la verdadera Iglesia de Cristo. -
Coll. selecta SS. Eccl. Patrum, Caillae y Guillou, vol. 32, pp. 411-412.

Fuente: Devoción Católica

RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO

jueves, 28 de abril de 2011

SAN PABLO DE LA CRUZ - 28 DE ABRIL

No me he preciado de saber otra cosa entre vosotros,
sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
(1 Corintios 2, 2)

SAN PABLO DE LA CRUZ,
Confesor
n. 3 de enero de 1694 en Ovada (Piedmont), Italia;
† 18 de octubre de 1775 en Roma, Italia

San Pablo de la Cruz mostró, desde su tierna infancia, un amor ardiente por Jesús crucificado. Ya sacerdote, obtuvo de Benedicto XIII permiso para constituir una comunidad destinada a honrar muy especialmente la Pasión del Salvador, y se retiró al Monte Argentaro, en la Toscana. Allí puso los cimientos de la congregación de los Pasionistas. La Santísima Virgen en persona le indico el hábito que quería tomasen los nuevos religiosos; un manto negro, adornado con las insignias de la Pasión. Tuvo el consuelo de ver a su orden muy floreciente, y murió en Roma en el año 1775. Fue beatificado y enseguida canonizado por Pío IX.

MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE
SAN PABLO DE LA CRUZ

I. No podía San Pablo de la Cruz oír hablar de los sufrimientos del Salvador sin deshacerse en un mar de lágrimas. ¡Y a nosotros, esos sufrimientos nos dejan con los ojos secos y el corazón frío! ¿De dónde procede esta diferencia? ¡Ah! es que San Pablo de la Cruz meditaba largamente sobre el misterio de la Pasión, mientras nosotros no nos dedicamos a esta meditación sino por contados y breves instantes. Que aquel a quien se clavó por ti en la cruz permanezca para siempre clavado en tu corazón (San Agustin).

II. Aun antes de ser ordenado sacerdote, San Pablo de la Cruz disciplinábase a menudo; ayunaba todos los viernes, no tomando ese día otra bebida que vinagre mezclado con hiel. ¿Y qué hacemos nosotros para honrar los sufrimientos de Jesucristo? ¿Qué sacrificios nos imponemos para imitarlo? ¿Tan siquiera soportamos con paciencia los males que no podemos evitar? ¡Qué vergüenza para nosotros buscar las comodidades de la vida, mientras vemos a nuestra Cabeza coronada de espinas!

III. San Pablo de la Cruz murió escuchando la lectura de la Pasión según San Juan. ¡Qué consuelo será para nosotros, en nuestro lecho de muerte, si podemos recordar entonces que hemos honrado con nuestra meditación y nuestros sufrimientos la Pasión de nuestro amabilísimo Salvador! ¡Con qué confianza miraremos la señal de nuestra redención! ¡Con qué amor apretaremos a nuestros labios moribundos a Dios crucificado por nuestra salvación! ¡Con qué gozo uniremos nuestra muerte a la suya! Que estos pensamientos reanimen nuestro fervor. En la cruz está la salvación, en ella la protección contra nuestros enemigos, la fuerza del alma, el gozo del espíritu, la consumación de la virtud, la perfección de la santidad (Imitación de Cristo).

El recuerdo frecuente de la Pasión.
Orad por los agonizantes.

ORACIÓN

Oh Señor Jesucristo, que, para honrar el misterio de la Cruz, habéis enriquecido a San Pablo de la Cruz con una caridad incomparable, y habéis querido por su ministerio hacer florecer en la Iglesia una nueva familia religiosa; concedednos, por su intercesión, que meditemos sin cesar en vuestra Pasión aquí en la tierra, a fin de hacernos dignos de cosechar sus frutos en el cielo. Por J. C. N. S.

martes, 26 de abril de 2011

¿ES USTED SACERDOTE?

Era sólo la tercera vez que me pasaba en mis 35 felices años como sacerdote, las tres veces en los últimos 9 años y medio. Otros sacerdotes me cuentan que les ha sucedido muchas más veces. Pero tres son bastante. Cada vez me agitó hasta la náusea.

Sucedió el pasado viernes. Acababa de llegar al aeropuerto de Denver para hablar en su popular convención anual, Living Our Catholic Faith. Mientras esperaba al tren eléctrico que me llevase a la terminal, un hombre de unos cuarenta y pico años, que también estaba esperando, se me acercó.

"¿Es usted un sacerdote católico?", preguntó con amabilidad.

"Sí, claro. Mucho gusto", le dije, tendiendo mi mano. Él la ignoró.

"Crecí en un hogar católico", respondió. Yo no estaba preparado para el filo aguzado de su estileto. "Ahora soy padre de dos chicos, y no puedo mirarle a usted ni a ningún otro cura sin pensar en un abusador sexual".

¿Qué responder? ¿Chillarle? ¿Pedir disculpas? ¿Expresar comprensión? Admito que todas esas reacciones vinieron a mi mente mientras me debatía entre la vergüenza y la rabia por el daño y la herida que infligía con esas palabras punzantes.

"Bueno", me recobré lo suficiente; "sin duda, lamento que lo sienta así. Pero, déjeme preguntarle... ¿automáticamente cree ver un abusador cuando ve un rabino o un ministro protestante?"

"En absoluto"

"¿Y cuando ve un entrenador, un líder boy scout, un padre de acogida, un consejero o médico?"

"Por supuesto que no", respondió. "¿Qué tiene que ver con esto?

"Mucho", respondí. "Porque cada una de esas profesiones tiene un porcentaje de abusadores tan alto, quizá más, que los sacerdotes".

"Quizá", admitió. "Pero la Iglesia es el único grupo que sabía lo que pasaba, no hizo nada, y se limitó a pasar los pervertidos de un lado a otro".

"Parece obvio que usted nunca vio las estadísticas sobre los profesores de colegios públicos", comenté. "Solo en mi ciudad de Nueva York, los expertos dicen que la proporción de abusos sexuales entre profesores de la escuela pública es diez veces más alta que entre los sacerdotes, y esos abusadores, simplemente, fueron transferidos de un sitio a otro".

[Si hubiese conocido las noticias del New York Times del pasado domingo sobre la alta tasa de abusos contra los más indefensos en la mayoría de hogares tutelados por el estado, con abusadores simplemente transferidos de un hogar a otro, también lo hubiera mencionado].

No respondió, así que continué.

"Perdone que sea tan contundente, pero usted lo fue conmigo, así que permítame preguntar: ¿cuando usted se mira al espejo, ve un abusador sexual?"

Ahora era él quien se sobresaltaba como yo antes. "¿De qué demonios me habla?", dijo.

"Es triste, pero los estudios nos dicen que la mayoría de los niños abusados sexualmente son víctimas de sus padres o de otros miembros de la familia", respondí.

Ya era bastante. Le vi inquieto y traté de suavizarlo.

"Le diré que, cuando le veo a usted, yo no veo un abusador, y apreciaría la misma consideración por su parte".

El tren nos había llevado a la zona de recogida de equipajes y salimos juntos.

"Bien, entonces ¿por qué sólo oímos toda esa basura acerca de ustedes los curas?", preguntó, pensativo.

"Lo mismo nos preguntamos los curas. Tengo una serie de razones, si le interesa".

Asintió mientras caminábamos hacia la cinta transportadora.

"Por un lado, los curas merecemos un escrutinio más intenso porque la gente confía más en nosotros, ya que osamos afirmar que representamos a Dios, así que si uno de nosotros hace esas cosas, aunque sólo una diminuta minoría lo haya hecho, es más desagradable. Segundo, me temo que hay muchos por ahí que no aman a la Iglesia y hacen lo que pueden por dañarnos. Este es un tema con el que adoran azotarnos sin descanso. Y tercero, y odio decirlo, se puede sacar mucho dinero denunciando a la Iglesia Católica, mientras que apenas vale la pena denunciar a alguno de los grupos que comenté antes".

Ahora ambos teníamos ya nuestro equipaje y nos dirigimos a la puerta. Él tendió su mano, la que 5 minutos antes no había tendido. Nos dimos un apretón. "Gracias, encantado de haberle conocido", dijo. Se detuvo un momento. "¿Sabe? Pienso en los grandes sacerdotes que conocí de niño. Y ahora, que trabajo en IT en la Regis University, conozco algunos jesuitas devotos. No deberíamos juzgarles a todos ustedes por los horribles pecados de unos pocos".

"Gracias", sonreí. Supongo que las cosas se habían arreglado porque, mientras se iba, añadió: "al menos, le debo un chiste: ¿qué sucede si no puedes pagar a tu exorcista?"

"Ni idea", respondí.

"Una re-posesión"

Nos reímos y nos separamos. Pese al final feliz, aún temblaba y casi sentí que necesitaba un exorcismo para expulsar de mi alma sacudida el horror que todo este asunto ha significado para las víctimas y sus familias, para nuestros católicos, como ese hombre... y para nosotros, los sacerdotes.

Balbi
--
Cristina Mª JM

Enviado por P. Cardozo

lunes, 25 de abril de 2011

BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II Y CUBA: DILEMA DE CONCIENCIA PARA LOS CATÓLICOS CUBANOS


Armando Valladares
Miami, 10 de abril de 2011.

La anunciada beatificación de S.S. Juan Pablo II, prevista para realizarse el próximo 1 de mayo, coloca en un dilema de conciencia sin precedentes a muchos fieles católicos cubanos que por causa de su Fe, de la veneración por su Patria y del amor por sus familias se oponen al comunismo. En efecto, esos fieles católicos ven con perplejidad y con el corazón dilacerado todo aquello que el referido Pontífice habría hecho en algunas circunstancias, y dejado de hacer en otras, para favorecer directa o indirectamente al comunismo cubano.

Cito a continuación, resumidamente, algunos ejemplos que tuve ocasión de comentar extensamente, a lo largo de los años, en diversos artículos sobre la colaboración eclesiástica con el comunismo en la isla-cárcel; y solicito anticipadamente la comprensión de los lectores. Lo hago en cuanto fiel católico y en cuanto cubano, con todo el respeto posible hacia la Iglesia, dispuesto a oír y a analizar eventuales explicaciones de fuentes debidamente autorizadas, que hasta el momento no son de mi conocimiento, sobre los dolorosos hechos históricos que se consignan sucintamente a continuación.

El 8 de enero de 2005, al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador cubano, Juan Pablo II, pronunció una alocución elogiando las "metas" que las "autoridades cubanas" habrían supuestamente obtenido en materia de salud, educación y cultura. En realidad, se trata de una siniestra trilogía que el régimen ha utilizado como instrumento, durante más de medio siglo, para corromper las conciencias de generaciones enteras de cubanos desde su más tierna edad, provocando un genocidio espiritual sin precedentes en la historia de la Iglesia en las Américas.

No obstante, Juan Pablo II, en la misma alocución, insistió en sus elogios llegando a aseverar que mediante esa trilogía las “autoridades” de Cuba - o sea, los miembros del régimen castrista - colocarían "pilares del edificio de la paz" e incentivarían el “crecimiento armónico del cuerpo y de espíritu. Con lo cual el Pontífice pareció ignorar que Fidel Castro, el Che Guevara y sus secuaces, en nombre de esa trilogía, provocaron la destrucción y la muerte, “del cuerpo y del espíritu”, de tantas personas en tantos países de América Latina, África y Asia.

El elogio al comunismo y a los integrantes de la dictadura castrista no habría podido ser mayor. Para los cubanos que han sentido y continúan sintiendo en su propia carne la obra destructora de la revolución comunista en su Patria, las referidas consideraciones papales resultan particularmente dolorosas, y sinceramente no consigo vislumbrar cómo justificarlas. Esas consideraciones, que van más allá de las más benévolas fórmulas de cortesía diplomáticas, vistas desde una perspectiva histórica, alcanzan de lleno y hasta laceran la memoria de aquellos jóvenes mártires católicos cubanos que murieron en los paredones de fusilamiento gritando “¡Viva Cristo Rey! ¡Abajo el comunismo!”

En la misma alocución, una de las más importantes sobre Cuba en su largo Pontificado, el reconocimiento de Juan Pablo II se extendió a un alegado "espíritu de solidaridad" del internacionalismo cubano, que se manifestaría en el "envío de personal y recursos materiales" a otros pueblos por ocasión de "calamidades naturales, conflictos o pobreza". En realidad, como se acaba de recordar, lejos de reflejar un espíritu de "solidaridad" cristiana, el internacionalismo comunista colocó a Cuba en el triste papel de exportador de conflictos en América Latina, África y Asia, con "personal y recursos materiales" utilizados no para solucionar conflictos o disminuir la pobreza, sino para exacerbarlos, suscitando guerrillas que, a su vez, contribuyeron a provocar sangrientas calamidades peores que las de la naturaleza. En realidad, el internacionalismo cubano contribuyó a hundir naciones en la peor "pobreza" material y espiritual, algo que históricamente resultó diametralmente lo contrario de sacarlas de esa triste condición.

Para Cuba comunista, el modelo “solidario” internacionalista tuvo como una de sus principales figuras al guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara, quien llegó a afirmar que el "odio" es un motor capaz transformar al revolucionario en "una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar". Por ello, la alusión papal a ese supuesto "espíritu de solidaridad" del internacionalismo cubano no puede dejar de producir consternación (cf. A. Valladares, "Juan Pablo II, Cuba y un dilema de conciencia", Diario Las Américas, Miami, 15 de enero de 2005).

En la referida alocución, S.S. Juan Pablo II no citó al Che Guevara. Pero sí ya lo había hecho en enero de 1998, en breves palabras elogiosas y hasta laudatorias, en el avión que lo conducía a Cuba. En conversación informal con los periodistas, consultado respecto de su pensamiento sobre el Che Guevara, dijo textualmente el referido Pontífice: "Dejemos a Él, al Señor nuestro, el juicio sobre sus méritos. Ciertamente, yo estoy convencido de que quería servir a los pobres" (Vatican Information Service, "Los periodistas entrevistan al Papa durante el vuelo a Cuba", Ciudad del Vaticano, 21 de enero de 1998).

>La fuente informativa, la propia agencia de noticias de la Santa Sede, no podía ser más oficial, y ello hace que las palabras del Pontífice causen especial desazón . ¿Cómo un árbol malo podría concebir buenos frutos como, por ejemplo, el cristiano servicio a los más pobres y desamparados? (cf. San Mateo 7,18) ¿Por ventura no fue Guevara un "satánico azote" - según certera expresión de S.S. Pío XI al referirse al comunismo - para Cuba y para tantos otros países, promoviendo revoluciones sangrientas que perjudicaron especialmente a los más pobres, precisamente a aquellos a quienes el Pontífice afirma que Guevara quería servir? (cf. A. Valladares, "Monseñor Céspedes: Juan Pablo II y el Che Guevara", Diario Las Américas, Miami, 26 de junio de 2008).

Por una lamentable coincidencia, esas declaraciones elogiosas al Che Guevara fueron hechas por Juan Pablo II precisamente cuando el avión que lo llevaba a la Habana pasaba frente a las costas de la Florida, donde se concentra el mayor número de cubanos desterrados. Las referidas declaraciones resultaron de esa manera especialmente desgarradoras, del punto de vista espiritual, para esos desterrados cubanos que se vieron obligados a abandonar su Patria por causa de la persecución comunista. Desterrados cubanos que no pudieron dejar de recordar que 11 años antes, por ocasión de la visita de Juan Pablo II a Miami, se sintieron abandonados espiritualmente cuando el Pontífice no visitó en esa ciudad la tan simbólica Ermita de la Caridad del Cobre, no recibió a una delegación representativa del destierro que le solicitó audiencia y pareció no ver las decenas de miles de banderitas cubanas, ondeadas por cubanos desterrados que fueron a saludarlo en los actos públicos, y que esperaron en vano una palabra de consuelo para sí mismos, para sus familias y para su querida Patria esclavizada.

Los rayos, relámpagos y centellas que interrumpieron la más importante y concurrida de esas celebraciones por ocasión de la visita a Miami de Juan Pablo II contribuyeron a formar un marco trágicamente apropiado para interpretar el sentimiento de abandono que sintieron esas decenas de millares de desterrados cubanos por el hecho de no haber oído una palabra de consuelo del Pontífice ante la tragedia de su Patria amada y ante sus propias tragedias personales y familiares.

De la recepción brindada al dictador Castro en Roma, en 1996, y del posterior viaje de Juan Pablo II a Cuba, en 1998, mucho se podría comentar, y de hecho se comentó, del punto de vista de los enormes dividendos publicitarios y diplomáticos obtenidos por el régimen de La Habana. Opto entonces por destacar aquí, del viaje a Cuba, algunos aspectos poco o nada comentados de sus importantes alocuciones. Me baso en el estudio "Cuba comunista después de la visita papal", editado en 1998 por la Comisión de Estudios Por la Libertad de Cuba", de Miami.

En La Habana, en una de sus alocuciones, después de lanzar la discutible premisa de un "diálogo fecundo" entre creyentes y no creyentes, o sea, con los comunistas cubanos, Juan Pablo II hizo un llamado a encontrar una "síntesis" cultural por el hecho de que supuestamente las partes en proceso de "diálogo" tendrían "una finalidad común", la de "servir al hombre".

>Con toda la veneración y el respeto debidos, no se comprende cómo pueda darse una "síntesis" entre elementos totalmente antagónicos e incompatibles como lo son los principios de la fe católica y los de la anticultura marxista. ¿Cómo sería posible una "síntesis" entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, entre Jesucristo de un lado, y Carlos Marx, el Che Guevara y Fidel Castro del otro?

Tampoco resulta posible comprender la afirmación de Juan Pablo II de que la Iglesia y las "instituciones culturales" del sistema comunista cubano puedan tener una "finalidad común" al servicio de progreso espiritual de los cubanos, como si la "finalidad" del régimen no hubiese sido la de aplicar todos sus esfuerzos, de manera metódica, durante cuarenta años, para destruir el "alma cristiana"; o sea, una "finalidad" que no solamente no es común, sino que es diametralmente lo contrario.

Otro aspecto del Pontificado de Juan Pablo II que provocó perplejidad y desazón en innumerables cubanos fue la serie de pedidos de perdón por aquello que el Pontífice consideró como pecados pasados y presentes de los hijos de la Iglesia, en los cuales, sin embargo, no fue posible encontrar la más mínima referencia a la connivencia ideológica y a la complicidad estratégica de tantos eclesiásticos con el comunismo en Cuba, y también en otros países del mundo, por acción u omisión, durante décadas (cf. A. Valladares, "El pedido de perdón que no hubo: la colaboración eclesiástica con el comunismo", Diario Las Américas, Miami, 22 de marzo de 2000).

En ese sentido, Juan Pablo II apoyó, durante todo su largo Pontificado, a los colaboracionistas Obispos cubanos, especialmente por ocasión del Encuentro Nacional Eclesial Cubano, en 1986. En mensaje trasmitido por el cardenal Pironio, Juan Pablo II manifestó su "merecido reconocimiento" al extenso documento de trabajo, en el cual se planteaba como meta una inédita y osada "síntesis vital" comuno-católica, reafirmada en el documento final; y nombró cardenal al arzobispo de La Habana, monseñor Jaime Ortega y Alamino, uno de los mayores artífices del proceso de acercamiento comuno-católico en Cuba.

En esta relación de ejemplos de favorecimiento de Juan Pablo II al comunismo cubano, directa o indirectamente, con palabras, obras y omisiones, menciono, finalmente, en orden cronológico, tres filiales y reverentes cartas de cubanos desterrados a Juan Pablo II que, lamentablemente, quedaron sin respuesta, las tres firmadas por decenas de personalidades representativas del destierro cubano. En 1987, en Miami, por ocasión de la visita de Juan Pablo II a esa ciudad: "¡Santo Padre, liberad a Cuba!" (Diario Las Américas, Miami, 7 de agosto de 1987). En 1995, en Roma: "Los cubanos desterrados apelan a Juan Pablo II: ¡Santidad, protegednos de la actuación del Cardenal Ortega!" (Diario Las Américas, Miami, 24 de octubre de 1998). Y en 1999, también en Roma: "¡Santo Padre, rescatad del olvido a los mártires cubanos, víctimas del comunismo!" (Diario Las Américas, Miami, 21 de septiembre de 1999).

Me consta que, por ocasión del proceso de beatificación de Juan Pablo II, personalidades católicas manifestaron públicamente su perplejidad por palabras, obras y omisiones de Juan Pablo II en el campo religioso. Pero no me consta que durante el curso de ese proceso de beatificación se hayan planteado públicamente interrogaciones sobre el pensamiento de este Pontífice con relación al comunismo cubano, pensamiento que inclusive parece ir más allá del campo diplomático y adentrarse en el plano doctrinario. De ahí la necesidad de conciencia de exponer, de la manera más respetuosa y filial posible, las presentes reflexiones.

En este sentido, sinceramente no vislumbro cómo los católicos cubanos de dentro y fuera de la isla, que concordaron con las tesis de mis artículos, pero especialmente con los brillantes análisis y comentarios de otros compatriotas en la misma línea, puedan ver a Juan Pablo II como un ejemplo a ser seguido e imitado, por causa del tratamiento que dio al problema del comunismo en nuestra Patria, según se mostró en los párrafos anteriores.

Sé que en los procesos de beatificación los teólogos escudriñan los escritos de aquellos candidatos a ser beatificados. Es posible que esos teólogos hayan analizado los textos de Juan Pablo II que acabo de citar y de comentar respetuosa y filialmente. Si así lo hicieron, quiera Dios que los católicos cubanos podamos tomar conocimiento de esas sabias explicaciones. De otra manera, el dilema de conciencia no hará sino aumentar, porque ¿cómo comprender entonces que un Pontífice que tanto hizo por el comunismo cubano, llegue a ser proclamado Beato de la Iglesia? Pido y hasta suplico que los tan delicados dichos y hechos arriba citados de S.S. Juan Pablo II sean debidamente aclarados y explicados. De otra manera, la beatificación de Juan Pablo II, anunciada para el próximo 1º. de mayo, podrá estar indeleblemente marcada por el signo de la perplejidad, de la contradicción y de la confusión.

En cuanto fiel católico cubano, creo que tengo no solamente el derecho, sino la obligación de conciencia de dar a conocer estas consideraciones. Ya lo he dicho, y lo reitero en esta dramática coyuntura. Tengo un compromiso con aquellos jóvenes mártires católicos que murieron en la siniestra prisión de La Cabaña gritando “¡Viva Cristo Rey! !Abajo el comunismo!”; con mis amigos asesinados en la prisiones; con la lucha por la libertad de mi Patria; con la Historia; y, por encima de todo, con Dios y la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. El análisis de la vida y la muerte de cualquier ser humano, por extraordinaria que haya podido ser, no debería borrar, cambiar, alterar o ignorar las consecuencias de los actos que eventualmente practicó.

Armando Valladares, escritor, pintor y poeta. Pasó 22 años en las cárceles políticas de Cuba. Es autor del best-seller "Contra toda esperanza", donde narra el horror de las prisiones castristas. Fue embajador de los Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU bajo las administraciones Reagan y Bush. Recibió la Medalla Presidencial del Ciudadano y el Superior Award del Departamento de Estado. Ha escrito numerosos artículos sobre la lamentable colaboración eclesiástica con el comunismo cubano y sobre la "ostpolitik" vaticana hacia Cuba.

E-mail: Armando Valladares

Fuente:Panorama Católico

viernes, 22 de abril de 2011

jueves, 21 de abril de 2011

sábado, 16 de abril de 2011

martes, 12 de abril de 2011

APROPÓSITO DE LA "OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES"

Quiero compartir esta aguda y sensata reflexión del amigo Pedro Rizo, que si algo no tiene son pelos en la lengua: “La pobreza que nos salva es la de Job con sus llagas. La de los pobres de Yavé, que no se olvidan de servirle aun si por eso han de renunciar a muy tentadoras ofertas… incompatibles con las promesas del bautismo.

Pero, en contraste, después de la magna locura del Concilio Vaticano II muchos gurús de la teología se han enriquecido y afamado con… sus textos sobre la pobreza indiscriminada. Es postura corriente en los que no se abajan a educar a los pobres de los caminos y encrucijadas (Mt 22, 9). Ellos aceptan ser generosos con el “deslome” de publicar libros y verborrear conferencias eruditas, plagiando fórmulas “intrínsecamente perversas”. Fórmulas que si se han hecho famosas es principalmente por sus crímenes y fracasos. El fracaso de extender la pobreza; el crimen de que el dinero en manos ajenas sea un robo porque sí.

En el pasado, la vocación religiosa pedía hacerse pobre por seguimiento de Cristo. Hoy, por el contrario, hemos inventado una etérea “vida consagrada” sin añadirle: “a Cristo“. Porque lo que ahora se sobrentiende es: “a los hombres“. A Él, a Jesucristo, ni se le nombra. ¿No se han fijado? Lo que da fama a los nuevos redentores es abandonar la disciplina de sus votos para ser Vicentes Ferrer, en la India; o Leonardo Boff - reverenciado, yo lo he visto, en algunos conventos – y Pedro Casaldáliga o Helder Camara. Algunos hasta quisieron beatificar al Che Guevara, a Mao o a Fidel. Pandilla de autocomplacientes “Teólogos” Juan XXIII; filibusteros del Caribe, carátula de infieles para una nueva “Iglesia Buena”.

Mas, las religiones no valen para nada si en ellas no hay religión; y si no valen nada, nadie da nada por ellas. Ahí tienen ustedes, señores pastores: Por crecimiento vegetativo somos ya la enorme cifra de mil trescientos millones de bautizados, pero San Pedro no recibe ni la mitad del óbolo que obtenía hace medio siglo con la mitad de fieles.

Así, la predicación posconciliar volcó a la Iglesia en la adulación de que los pobres, sólo por serlo, eran acreedores a todas las promesas cristianas. Se hizo de la opción preferencial un alambique de evangelización para todas las actividades contradictorias con la fe de la Iglesia. Se inventó un Jesús celota, “el primer comunista” que «quería dejar de ser carpintero para empuñar la metralleta del guerrillero.» (Canción de “Ipalacagüina” cantada en misas dominicales, en el Madrid de los años 70.) En bastantes casos llegó a ser “más rentable” haber estado en la cárcel que ser buen sacerdote y educador de almas.

¿Qué es eso de la “Opción Preferencial” por los Pobres? Como si nunca antes de que llegaran Pablo VI y Pedro Arrupe hubiera trabajado la Iglesia por los pobres en misiones y en toda parroquia. Hagamos un inciso: la diferencia estriba en que antes se amaba al hombre como propiedad de Dios, criatura suya destinada a su gloria. A eso se llamaba Caridad. Pero este delirium tremens de pobrismo a ultranza ¿es realmente por amor a Dios? ¿Son mentira nombres como Don Bosco, San Vicente de Paúl, San Juan de Dios, el Padre Damián, San Francisco de Asís y San Ezequiel Moreno? Qué poca memoria, qué poca justicia, y cuánto cinismo. La Iglesia católica siempre trabajó por los pobres, los suyos en particular. Y por todos, unos y otros, principalmente a través de los fieles ricos que en la Caridad buscaban la excelencia.

Jesús vino a prometer la vida eterna a todos los que creyeran su Evangelio, Buena Nueva del perdón y del reino de Dios. «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.» (Mt 28, 19) De modo que todos los que no conocen en su pureza inalterada la verdad del Evangelio son pobres esenciales, tanto si están en la cresta de la ola como si durmiendo en la calle sobre cartones.

PEDRO RIZO

(Texto completo en http://blogs.periodistadigital.com/plano-picado.php/2010/11/07/p282100)

Notas catapúlticas

Así se presenta el amigo Pedro, que tiene suficiente autoridad y conocimiento para hablar, por eso nunca lo llamarán de la “Pastoral Social: “He trabajado en 13 empresas en mis 50 años de cotizar a la Seguridad Social. Entre ellas dos multinacionales, en suma de 21 años. La primera para España, Portugal y el Magreb territorio que se amplió a Francia e Italia. He viajado por deber a medio planeta, muchas veces a Francia, Italia, Inglaterra y África; bastante a los USA y Próximo Oriente. Me preocupa la visible degeneración de la fe católica y, consecuentemente, la posible descomposición de la Iglesia. No he sido ni una hora seminarista, ni consagrado a ninguna obra religiosa, pero agradezco a la Compañía de Jesús – aquella de mi edad de estudiante en ICADE – que me enseñara a pensar “y gustar las cosas internamente”. Someto todas mis reflexiones y opiniones al magisterio tradicional de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, en su unidad de enseñanza, es decir, en lo mismo que se ha creído en todas partes y en todos los tiempos”.
http://blogs.periodistadigital.com/plano-picado.php?cat=11689

2) La pintura de Job es del flamenco Gerard Seghers (1591-1651).


Fuente: Catapulta

lunes, 4 de abril de 2011

MISA TRADICIONAL EN DAIMIEL (CIUDAD REAL)

El próximo domingo día 10 de Abril se celebrará (Dios mediante) la Santa Misa Tradicional en Daimiel en la Iglesia de los Padres Pasionistas (Santo Cristo de la Luz) a las 18.30 h.
Oficiará la Santa Misa el Rvdo. Padre Luis María Canale de la Hermandad Sacerdotal San Pío X.

domingo, 3 de abril de 2011

PELÍCULA SOBRE LA GUERRA CRISTERA. AVANCE CON SUBTÍTULOS EN ESPAÑOL


El Blog Página Católica ha publicado, en exclusiva, el “tráiler” de la película “La Cristiada”, sobre la epopeya cristera en México, parte de la historia totalmente olvidad por los enemigos de la Iglesia católica.


En un determinado momento de la cruel guerra que la Masonería Internacional hizo a la Iglesia Católica en México a mediados de los años 1920, los héroes católicos, comunmente conocidos como “Los Cristeros”, tomaron conciencia de la necesidad de ofrecer el mando supremo de sus tropas a un militar de carrera.

Ese hombre, el general Enrique Gorostieta, es uno de los protagonista de la película “La Cristiada” de Dean Wrigth, próxima a estrenarse, cuyo trailer con subtítulos en castellano publicamos en exclusiva hoy, y que tanta expectativa ha despertado en los medios católicos por su esperada reivindicación de la verdad histórica.

Sin embargo, el Prof. Dr. Antonio Caponnetto, profundo conocedor del tema y habitual conferenciante en la Universidad Autónoma de Guadalajara, que tuvo acceso al guión en su versión original, nos hace saber que la misma, aún siendo buena, contenía una serie de errores históricos y algunos de criterio que él se ha encargado de señalar a los responsables de la vista. Esperemos que los hayan corregido finalmente.

Enrique Gorostieta, a quienes sus compañeros militares llamaban “El General Invencible” por su indiscutible talento en las artes de la guerra, no era un católico práctico cuando se puso al servicio de la causa cristera, pero terminó convertido por el ejemplo de sus camaradas en aquella épica lucha. Además del trailer con nuestros subtítulos en Castellano (versión no autorizada), publicamos el original en Inglés, calidad HD, tal como aparece en la Web oficial de la película.




Visto en: Stat Veritas

viernes, 1 de abril de 2011

MARÍA PISA LA SERPIENTE




El padre Gabriele Amorth, exorcista de la diócesis de Roma desde hace 21 años, sacerdote de la Congregación de san Pablo, experto en la figura de María, asegura que el demonio tiene terror a la madre de Jesucristo porque ella le aplasta la cabeza.

“En cierta ocasión un amigo mío exorcista preguntó al demonio que era lo que más le hería de la Virgen, porque le tenía tanta manía:

Porque es la mas pura de todas las criaturas y yo soy el más inmundo, es la más obediente de todas las criaturas y yo soy el más rebelde, es aquella que nunca ha cometido ni el más mínimo pecado y por ello me vence siempre”.

El padre Amorth, afirma que Dios obliga en ocasiones al príncipe de la mentira a decir la verdad pero la mayoría de las veces la lucha del diablo consiste en hacer caer al hombre en pecado.

“Llevar al hombre al mal para hacerlo caer en pecado. Es la actividad que el demonio aprecia más y todos estamos sujetos a ello desde el nacimiento hasta la muerte”.

De acuerdo con el padre Amorth, María es una figura clave en la lucha contra el mal, contra las debilidades y pecados. Ella misma fue tentada:

“Mi materia es la mariología y varias veces me han preguntado si también la Virgen fue tentada por el demonio. Ciertamente ¿cuándo? Desde el nacimiento hasta la muerte. Pero siempre venció”.