miércoles, 29 de agosto de 2012

LA ÚLTIMA MISA


Intermezzo en re menor 
 « La última Misa » 

Esta noche como cada domingo, la Santa Misa se desarrollaba en las Catacumbas de San Pío V. Pero esta vez, era de tal manera más solemne, luces más brillantes, flores más abundantes y un gran rio de velas coronando el Altar, nubes de incienso impregnando las bóvedas, mientras que los ecos de himnos y cánticos vibraban hasta el fondo de las galerías. 

Era la última Misa, inclusive la última de las Misas en todo el universo; cuanto a los últimos fieles, por otra parte últimos sobrevivientes de la Tradición, habían podido reagruparse, todos inválidos a medias, pero siempre igual de intrépidos, obstinadamente unidos a su último Misal. 

El sacerdote, el pobre sacerdote, y aún el último de los sacerdotes de todo el universo, avanzaba en su silla de ruedas. 

Sin edad, sin nombre, era hermoso, era sacerdote. 

Sin pasado, sin fuerza, era hermoso, era tan hermoso, era sacerdote. 

“Introibo ad altare Dei” era un murmullo, 

“Ad Deum qui laetifîcat juventutem meam”, entre los fieles también era un murmullo. 

Pero lo que se murmuraba era tan grandioso; nuestro Dios Eterno es un Dios de juventud eterna, también para el último de los sacerdotes. Nuestro Dios de juventud es un Dios de alegría también para los últimos fieles, y esta alegría resonaba orgullosamente en las bóvedas y galerías, incluso en esta Misa que fue bien la última.

La gran pregunta: ¿Cómo habíamos podido llegar a esto, sólo un último sacerdote y unos cuantos fieles? 

Y por lo tanto, desde la agresión satánica contra la Santa Misa, aquello que estaba en toda su verdad era “la abominación de la desolación “, el Dios de los ejércitos había suscitado a una legión de combatientes, decididos, generosos, esclarecidos, unidos. La victoria no dejaba dudas. 

Esto era sin tomar en cuenta por desgracia los engaños, las trampas, las celadas del maligno, no menos que la debilidad, la malicia, la ambición de los humanos.

Las compuertas de los arreglos se abrieron ampliamente y numerosos, muy numerosos, vergonzosamente numerosos, estos primero, luego aquellos, luego los otros y aún más, se iban, ¿Es esto posible? ¡Debo soñar! 

El pobre celebrante había llegado al sermón: Un murmullo siempre, que penetra muy bien cuando los corazones están abiertos. 

“La Luz ya no está más entre vosotros más que por un poco de tiempo; caminad, mientras tengáis    la Luz, para que las tinieblas no os sorprendan; porque aquél que camina en las tinieblas no sabe a dónde va” (San Juan 12, 35) 

Mis queridos hermanos: 

Incorporados a Cristo, Luz, vosotros tenéis la Luz brillante. Animados por el Espíritu Santo, vosotros tenéis la fuerza para no dejaros sorprender. 

Continuad caminando en la Luz hasta el fin, vosotros permaneceréis hijos de la Luz. 

Hay que saber reconocer, que el problema era a la vez muy claro y en consecuencia muy simple. 

Ese famoso concilio (Vaticano II), desde la primera sesión lo anulaba un vicio de procedimiento. Anulado, ya no había más que hablar. 

En ese concilio, los textos preparados fueron reemplazados por la carta masónica, que lo invalidó. Así es que ya no hay más que hablar, todavía mucho menos tenerlo en cuenta. 

¡Ese concilio enseñó tantos errores condenados por los Papas anteriores! Es un concilio de errores. Ahora bien la Verdad es íntegra, ese concilio es el error íntegro, y la cloaca colectora de todos los errores. 

Desde el comienzo, el concilio se debió haber denunciado abierta y fuertemente: rechazarlo, condenarlo, combatirlo; tanto el concilio como sus aplicaciones y su espíritu. Nunca jamás hablar de él. ¡Qué podría ser más falso, más peligroso, más ridículo que hacer su autopsia, desgajarlo, corregirlo, utilizar todo tipo de anteojos, de microscopios, de otros instrumentos ópticos para concluir que se pueden ver sus tinieblas a la Luz de la Tradición y sus errores bajo el aspecto de la verdad! Rápido, la camisa de fuerza. 

Resumamos: el concilio es el pecado por excelencia contra el Espíritu. 

Mis queridos hermanos. 

Todo lo demás debía seguirse; por consiguiente, todo lo demás debía denunciarse, rechazarse, condenarse y combatirse. 

La Iglesia, ocupada, vacía de Fe Católica y cargada de errores, no era más la Iglesia de Cristo sino la iglesia del diablo, la secta conciliar apóstata: Verdaderamente nosotros no tenemos nada que ver con ella, es claro.  

La Santa Iglesia de Cristo, ella, una, santa, católica, apostólica y romana, estaba eclipsada. Su parte visible está eclipsada, por cierto está eclipsada. 

La Santísima Virgen fue muy precisa: Es Roma, y no la Iglesia que ha perdido la Fe, y se ha convertido en la sede del anticristo. Por lo que nosotros realmente no tenemos nada en común con esta Roma “que ya no está más en Roma”, ni con los jefes conciliares de la secta conciliar. Es neto. 

En cuanto a lo que llaman la “nueva misa”, mis queridos hermanos, por qué tanta agitación, discusiones, tantas obras, estudios, etc… Ella no es, no quiere ser la Misa, punto y es todo. 

La Santa Misa, ¡oh maravilla!, es la expresión ritual de la Fe Católica en toda su Integridad. Ella es Cristo en todo su Misterio de Amor, salvarnos para hacernos participar de su vida divina de Hombre-Dios. 

Incorporados a Cristo, Él vive en nosotros y nosotros vivimos con Él todas las etapas de su Misterio de Amor. Si nada es tan grande como Jesucristo, nada en Él es tan grande como la Santa Misa, su Misa. La Misa es el problema primero y mayor, esencial y doctrinal. Qué gracia para este período, de haber podido sondear las insondables riquezas de la Santa Misa, decidir llevar la vida en un estado de Misa, adoptar la espiritualidad de la Santa Misa. 

Por el contrario, qué ignominia haber tomado en serio este sortilegio sacrílego del motu propio, igual que esas autorizaciones viscosas de poder celebrarla y a la vez canonizando la misa “bastarda”. ¡Id pronto a purificaros de esta ignominia! 

Y si venimos a este baile de cortesanos que duró dos años entre bambalinas; ni los partidarios del soberano, ni los otros podían tener éxito en el juego escénico de contrarios. Era ballet sobre hielo. Pero durante este juego de engaños, ya no se combatía más que con mano suave. Los pobres fieles, dando tumbos en la noche, perdían todos sus ánimos tradicionalistas. El regio barco de la Tradición se inclinaba mucho hacia la izquierda. ¡El naufragio era fatal! ¡Hey, pronto! Los botes de salvataje al mar. Amén. 

Credo in unum Deum 

A pesar de las voces moribundas, este último Credo hacía vibrar las catacumbas. 

Y la Misa, la última Misa, continuaba. La campanilla sonaba más agudo que nunca. Y el Sacerdote lentamente elevaba tan alto como él podía la Santa Hostia, pura, inmaculada, Dios de Dios, Rey de Reyes, Señor de los Señores. Espontáneamente los piadosos fieles habían entonado el canto lejano de su Primera Comunión: 

 “¡He aquí, el Cordero tan Dulce, 

 el Verdadero Pan de Ángeles, 

 del Cielo bajó para nosotros. 

 Adorémosle todos!” 

Emoción renovada: Una última vez, aquí están en la Santa Mesa para su última Comunión, quizás la última de las últimas; sus manos se apretaban muy fuerte sobre el pecho. 

Entonces el Sacerdote purificaba el último Copón inmensamente vacío, cerraba el último Tabernáculo inmensamente desierto, daba a sus fieles su última Bendición, aquella de una última Misa. 

El humo de las velas saturaba el Altar, de ahora en más sólo, con sus efímeros remolinos. 

Todavía una palabra, el Sacerdote quiere despedirse. 

Mis muy amados hermanos: 

“Mientras vosotros tengáis la Luz, creed en la Luz, para llegar a ser (para permanecer) hijos       de la Luz”. 

Y fue después de estas Palabras que Jesús se ocultó a los ojos de las multitudes del Templo. Él se había ocultado, Él, Jesús, ocultado a sus ojos. Pero Él debía volver. Jesús siempre vuelve, no deja de volver. 

Tened confianza, hasta su regreso.

Tened confianza, los eclipses son sólo por un tiempo. 

Tened confianza, los intermezzos, igual, duran sólo un poco. 

Re menor primero, Re mayor estallando luego, pronto Él va a volver,

es por nosotros que Él va a volver, escuchadle: 

   “Sí, Yo vengo pronto” 

   ”Amén, ven Señor Jesús” 

   ”El Trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad; 

  sus servidores le rendirán Culto” 

Jesús volverá, todo volverá con Jesús, preparaos sin tardanza. 

Introibo ad altare Dei. 

 M.R.P. Maurice AVRIL 
 (Anciano Sacerdote Francés) 
 Junio 2012.