viernes, 24 de agosto de 2012

PABLO VI Y SU BEATIFICACIÓN (III)

Por Pedro Rizo

(Extracto de dos artículos publicados en 2009.) 

La llegada a la Sede de San Pedro del ex-Pro-Secretario de Estado, Juan Bautista Montini, fue una auténtica revolución. Ya saben a qué se llama revolución: a que lo que antes era deje de ser, o que lo que estaba arriba pase a estar abajo. Esto es, que Pablo VI impulsó un cúmulo de audaces cambios, transformaciones y errores en tan pocos años que supera lo conocido en la historia de la Iglesia. 

Hombre, si será así, que lo que todos los heresiarcas juntos no pudieron destruir, en su pontificado lo obtuvieron gratis. Sus lamentos suenan a hueco precisamente porque fue por su pontificado que se justificaban. Vamos, que todavía muchos católicos se preguntan cómo fue que Pablo VI denunciara la autodemolición de la Iglesia o, peor, nos advirtiera de su invasión por los ángeles del averno, cuando en verdad la respuesta no era tan difícil. Sólo tenía que hacer memoria de algunos de sus propios hechos y dichos. 

1.- El 7 de agosto de 1965 Pablo VI levantaba al Patriarca Atenágoras la excomunión que en 1054 lanzara León IX a los cismáticos orientales. A esta generosidad con la pólvora del rey, es decir con la fe católica, el Patriarca en nada correspondió de sus viejos motivos segregadores. El caso es que, desgraciadamente, al levantar el Papa la excomunión la Iglesia Católica aceptaba por primera vez la falsa doctrina de ‘las iglesias hermanas’. Falsa porque Jesucristo fundó una única Iglesia. 

2.- Con el Motu proprio “Apostólica sollicitudo”, del 15 de septiembre de 1965, Pablo VI instituyó las conferencias episcopales. Un grave peligro aparecía claro para las cabezas más avisadas: en pocas generaciones el Primado del Papa se reducirá a simple condición honorífica dentro de una confederación de iglesias autónomas. 

3.- El 23 de marzo de 1966, acompañado por el cismático “Arzobispo” (laico) Dr. Ramsey, el Papa Montini visitó la Basílica de San Pablo Extramuros y en aquel acto público cedió al anglicano la bendición a los fieles, incluyendo obispos y cardenales. Sin embargo, lo peor no era ese obsequio sino que al abrazar al hereje se contradecía la Bula “Apostolicae curae”, de septiembre de 1896, en la que el Papa León XIII anuló todas las órdenes anglicanas. Otro asunto es la contradicción de hablar con quien no existe, el anulado Ramsey, o hacer de León XIII el papa que no existió. 

4.- Con la Constitución Missale Romanum y, más tarde, en el Nuevo Misal, Pablo VI sustituía el antiguo rito romano de la Misa, originado en los tiempos apostólicos, con otro pervertido de inicio. Con la supuesta buena intención de “aggiornamento” Pablo VI buscó imitar a los protestantes - bonita "puesta al día" volviendo a la Reforma del s. XVI - pero sin obtener la contrapartida de que los luteranos aceptaran nuestros dogmas. Contrariamente, la pastoral del Vaticano Segundo consistió en suprimir o disimular los dogmas que les molestaban. 

5.- Con el Motu proprio “Matrimonia mixta”, de 31 de marzo de 1970, pretendía hacer más fáciles las uniones entre un fiel católico y un cónyuge no católico. Mas la fórmula resultó en perjuicio del sacramento y de la Iglesia, muy rumboso con el no católico pues que eximió a éste de comprometerse a que sus hijos se bautizaran y educaran en la fe católica. Para compensar impuso a los párrocos el deber de informar a la parte no creyente de los compromisos que asumía... ¡la parte católica! (Código de Derecho Canónico, de 1983. c. 1125). 

6.- Con el Motu proprio “Ingravescente aetatem”, de 22 de noviembre de 1970, Pablo VI reglamentaba que los cardenales con más de ochenta años de edad no participaran en el Cónclave. Una medida, como tantas, en que tras la apariencia de practicismo, o si se quiere de piedad, se despreciaba la sabiduría de la edad, consuetudinariamente respetada en la Iglesia y en las tradiciones antiguas. Así se apartaba de la Curia, del Cónclave y de las diócesis a los elementos tradicionales que pudieran obstaculizar el desarrollo de la nueva religión. 

7.1.- En 1969, con la Instrucción “Fidei custos” permitió que los laicos distribuyeran la Sagrada Comunión bajo el pretexto de “especial circunstancia o nuevas necesidades”. Lo especial de la circunstancia fue que los sacerdotes han pasado 40 años obligados a dejar este servicio en manos no consagradas... Estratagema, y no pequeña, para la desacralización del pueblo, de la Eucaristía y de la Misa. 

7.2.- En los primeros párrafos de la Instrucción “Memoriale Domini”, redactada en aquel entonces por el masón Mons. Bugnini, Pablo VI dice que prefiere que la Iglesia no distribuya la Eucaristía en la mano, «por el peligro de profanarla» [y] «por el reverente respeto que los fieles deben a la Eucaristía». Pero más adelante la Instrucción nos sorprende autorizando su práctica allí «donde tal costumbre hubiera sido objeto de abusos». (?) Se confirma así la blandura de los malos legisladores y torpes gobernantes que prefieren legalizar o tolerar el mal antes que erradicarlo. Comienzos erráticos que enseguida se superaban hasta llegar, sin mandato, a la distribución de la comunión en la mano, de pie, por laicos, con preferencia mujeres, en el presbiterio, en el atrio, el coro, los pasillos de la nave e incluso en el exterior de las puertas. No obstando las «normas de reverente respeto que los fieles deben a la Eucaristía». 

8.- Encíclica “Populorum progressio”. Según esta encíclica, la Iglesia ya no debe centrar sus energías en ganar almas para Cristo y llevarlas a la vida eterna, sino que todos nuestros esfuerzos han de aplicarse a la acción social para promover un humanismo integral. El Papa se despachó en ella contra el sistema capitalista... cuando ya se había rodeado de asesores como Sindona y Marcinkus, entre otros, mezclando a la Iglesia en inversiones poco recomendables - entre ellas, una gran empresa italiana fabricante de preservativos - que, para mayor ironía, no lograron salvar de la bancarrota al Vaticano. 

9.1.- Al aprobar el nuevo “Rito de las exequias” Pablo VI aceptaba la incineración de los cadáveres bajo el supuesto de que ésta no se eligiese «por motivaciones anticristianas». Como si fuera fácil saberlo. Esas intenciones anticristianas fueron siempre negar la resurrección de los muertos como postulan los doctrinarios masónicos y algunas sectas judías. Sin olvidar que bajo esta definitiva desaparición de restos muchos crímenes han quedado impunes,sin investigación de autopsia. 
Este nuevo rito, contrario a la tradición fue ni más ni menos que favor de Pablo VI a las Logias, dado que sus miembros por ocultar su condición solían pedir tierra sagrada para sus deudos. El Papa confirmó que este gesto había sido «a modo de camino de reconciliación». 

9.2- Puede suponerse que incluso el más débil de los católicos desea morir asistido por un sacerdote, expirar con un crucifijo en las manos, ser enterrado con su escapulario o su hábito de cofrade... En cambio, qué extraña cosa que en las exequias de Pablo VI su ataúd careciera de símbolos cristianos. Y no solo eso, que al cadáver se le colocara en el suelo según las normas judías de duelo. (Cfr. ‘Regole hebraiche di lutto’, Carucci ed. Roma 1980, p. 17.) Novedad repetida en algún otro caso notable, como fue con el prelado del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo.

Enviado por el P. Cardozo