sábado, 10 de noviembre de 2012

“LA SANTISIMA VIRGEN ESTA MUY TRISTE PORQUE NADIE PRESTA ATENCION A SU MENSAJE...”



“LA SANTISIMA VIRGEN ESTA MUY TRISTE PORQUE NADIE PRESTA ATENCION A SU MENSAJE...” 

Desde hace ya unos pocos años, las visitas al Carmelo de Coimbra fueron volviéndose menos frecuentes. La visita del Padre Lombardi, el celebrado jesuita fundador del "Movimiento Mundo Mejor", fue la última ampliamente reportada en la prensa. (1) Afortunadamente, sin embargo, otros testimonios mucho más importantes nos revelan los pensamientos y sentimientos de Sor Lucía a fines de 1957. 

El Padre Agustín Fuentes era un sacerdote mejicano que se estaba preparando para convertirse en el postulador de las causas para la beatificación de Francisco y de Jacinta, (2) y simultáneamente de las causas de los mártires mejicanos bajo la persecución masónica de Elias Calles (1924-1928). (3) En efecto, tuvo el privilegio de hablar con todo detalle con la vidente de Fátima el 26 de diciembre de 1957. Anteriormente se había reunido con ella el 10 de agosto de 1955. (4) 

Después de su regreso a Méjico, el 22 de mayo de 1958 dio una conferencia en la casa matriz de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón y de Nuestra Señora de Guadalupe. Durante esta conferencia, relató las palabras de Sor Lucía. El resumen de esta conferencia fue publicado, señala el Padre Alonso, “con toda garantía de autenticidad y con la debida aprobación episcopal, incluyendo la del Obispo de Leiria.” (5) El Padre Fuentes dejó en claro (p.503) que este fue un mensaje recibido “de los propios labios de la vidente principal”. Aquí están los extractos del texto original español, citado por el Padre Alonso: (6) 

  

LA CONVERSACIÓN DE SOR LUCIA CON EL PADRE FUENTES
 (26 DE DICIEMBRE DE 1957) 

Yo deseo solamente contar a ustedes de la última conversación que tuve con Sor Lucía el 26 de diciembre del año pasado. Me reuní con ella en su convento. Estaba muy triste, muy pálida y demacrada. Me dijo: 

“NADIE HA PRESTADO NINGUNA ATENCION”  

“Padre, la Santísima Virgen está muy triste porque nadie ha prestado ninguna atención a Su mensaje, ni los buenos ni los malos. Los buenos continúan su camino, pero sin dar ninguna importancia a Su Mensaje. Los malos, no viendo realmente caer el castigo de Dios sobre ellos, continúan su vida de pecado sin atender siquiera el mensaje. Pero créame Padre, Dios castigará al mundo y eso será de una manera terrible. El castigo del Cielo es inminente.” 

EL SECRETO NO REVELADO

“Padre, ¿cuanto tiempo hay antes de que llegue 1960? Será muy triste para todos, ninguna persona se alegrará de nada si antes el mundo no reza y hace penitencia. No puedo dar ningún otro detalle, porque esto es todavía un secreto. De acuerdo a la voluntad de la Santísima Virgen, solo al Santo Padre y al Obispo de Leiria les está permitido conocer el secreto, pero ellos han elegido no saberlo, para no ser influenciados. 

“Es la tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora, la que permanecerá secreta hasta 1960.” (p.504) 

RUSIA, EL FLAGELO DE DIOS

“Dígales Padre, que muchas veces la Santísima Virgen dijo a mis primos Francisco y Jacinta, tanto como a mi, que muchas naciones desaparecerán de la faz de la tierra. Ella dijo que Rusia será el instrumento de castigo elegido por el Cielo para castigar al mundo entero si antes nosotros no obtenemos la conversión de esa pobre nación...”  

“LA BATALLA DECISIVA” ENTRE MARIA Y SATAN: LA APOSTASIA DE LAS ALMAS CONSAGRADAS Y DE LOS SACERDOTES

“Sor Lucía también me dijo:  Padre, el demonio está obstinado en emprender una batalla decisiva contra la Santísima Virgen. Y el diablo sabe que es lo que más ofende a Dios, y lo que ganará para él en el más corto plazo de tiempo el mayor número de almas. Así, el diablo hace todo lo posible para vencer a las almas consagradas a Dios, porque de esa forma, logrará dejar abandonadas de sus guías las almas de los fieles; con ésto se apoderará de ellas aún más fácilmente.” (7) 

“Lo que aflige al Inmaculado Corazón de María y al Corazón de Jesús es la caída de las almas religiosas y sacerdotales. El diablo sabe que los religiosos y sacerdotes que apostatan de su hermosa vocación, arrastran numerosas almas al infierno... El diablo quiere tomar posesión de las almas consagradas. Trata de corromperlas, para adormecer las almas de los laicos y llevarlas así a la impenitencia final. El emplea todos los trucos, yendo incluso tan lejos como para sugerir demorar la entrada en la vida religiosa. Resultado de esto es la esterilidad de la vida interior, y entre los laicos, frialdad (falta de entusiasmo) en la renuncia a los placeres y a la dedicación total de si mismos a Dios.” (p.505)  

LO QUE SANTIFICO A JACINTA Y A FRANCISCO

“Dígales también Padre, que mis primos Francisco y Jacinta se sacrificaron, porque en todas las apariciones de la Santísima Virgen María, siempre La vieron muy triste. Ella nunca nos sonrió. Esta tristeza, esta angustia que notamos en Ella, penetró nuestras almas. Esta tristeza es causada por las ofensas contra Dios y los castigos que amenazan a los pecadores. Y así, nosotros, niños, no supimos que pensar, excepto inventar diversos medios de rezar y hacer sacrificios. (...) 

“La otra cosa que santificó a estos niños fue ver la visión del Infierno.”

LA MISION DE SOR LUCIA

“Padre, es por ello que mi misión no es indicar al mundo los castigos materiales que ciertamente vendrán si el mundo no reza y hace penitencia antes. ¡No! Mi misión es indicar a todos el peligro inminente en que estamos de perder nuestras almas por toda la eternidad si permanecemos obstinados en el pecado.” 

LA URGENCIA DE LA CONVERSION

“Sor Lucía me dijo también:  No debemos esperar un llamado al mundo que venga de Roma, de parte del Santo Padre, para hacer penitencia. Ni debemos esperar que el llamado a penitencia venga de los Obispos de nuestras diócesis, ni de las congregaciones religiosas. ¡No! Nuestro Señor ya ha usado muy a menudo estos medios y el mundo no ha prestado atención. Por eso ahora es necesario a cada uno de nosotros comenzar a reformarnos espiritualmente. Cada persona debe, no solamente salvar su propia alma, sino también todas las almas que Dios ha puesto en su camino...” (8) 

“El diablo hace cuanto está en su poder para distraernos y quitarnos el amor por la oración; seremos salvados juntos o seremos condenados juntos.” (p.506) 

LOS ULTIMOS TIEMPOS DEL MUNDO  

“Padre, la Santísima Virgen no me dijo que estamos en los últimos tiempos del mundo, pero Ella me lo hizo comprender por tres razones.”

LA BATALLA FINAL. “La primera razón es porque Ella me dijo que el Diablo está empeñado en una batalla decisiva contra la Virgen. Y una batalla decisiva es la batalla final, donde un bando será victorioso y el otro sufrirá la derrota. Por lo tanto, de ahora en adelante debemos elegir los bandos. O estamos con Dios o estamos con el diablo. No hay otra posibilidad.”

LOS ULTIMOS REMEDIOS. “La segunda razón es porque Ella dijo a mis primos y a mi misma, que Dios está dando los dos últimos remedios al Mundo. Estos son: el Santo Rosario y la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Estos son los dos últimos remedios, lo cual significa que no habrá otros.”

EL PECADO CONTRA EL ESPIRITU SANTO. “La tercera razón es porque en los planes de la Divina Providencia, Dios siempre antes de castigar al Mundo, agota todos los otros remedios. Entonces, cuando ve que el Mundo no presta atención a pesar de todo, como decimos en nuestra imperfecta manera de hablar, El nos ofrece con una cierta inquietud el último medio de salvación, Su Santísima Madre. Y es con una cierta inquietud, porque si nosotros despreciamos y rechazamos estos últimos medios, no tendremos ningún otro perdón del Cielo, porque habremos cometido un pecado que el Evangelio llama "el pecado contra el Espíritu Santo". Este pecado consiste en rechazar abiertamente, con todo conocimiento y consentimiento, la salvación que El ofrece. Recordemos que Jesucristo es un muy buen Hijo, y que El no permite que ofendamos y despreciemos a Su Santísima Madre. Debemos tener en cuenta, que a través de muchos siglos de la historia de la Iglesia, los obvios testimonios demuestran, "por los castigos terribles que han acontecido a aquellos que han atacado el honor de Su Santísima Madre", como Nuestro Señor (p.507) Jesucristo siempre ha defendido el honor de Su Madre.” 

ORACION Y SACRIFICIO, Y EL SANTO ROSARIO

“ Sor Lucía me dijo:  los dos medios para salvar al Mundo son la oración y el sacrificio. 

“Respecto al Santo Rosario,  Sor Lucía dijo:  Mire Padre, la Santísima Virgen, en estos últimos tiempos en los que vivimos, ha dado una nueva eficacia al rezo del Rosario, hasta tal punto, que no hay problema, ni cuestión por difícil que sea, tanto temporal o sobre todo espiritual, en la vida personal de cada uno de nosotros, de nuestras familias, de las familias del mundo, o de las comunidades religiosas, o incluso de la vida de los pueblos y de las naciones, que no pueda ser resuelto por el Rosario. No hay problema, le digo, ni asunto por difícil que sea, que nosotros no podamos resolverlo con el rezo del Santo Rosario. Con el Santo Rosario nos salvaremos. Nos santificaremos. Consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas.” 

LA DEVOCION AL INMACULADO CORAZON DE MARÍA

“Finalmente, la devoción al Inmaculado Corazón de María, nuestra Santísima Madre, consiste en considerarla como la sede de la Misericordia, de la bondad y del perdón, y la puerta cierta por la cual entraremos al Cielo.”

Nosotros describiremos la tempestad que provocó rápidamente este texto en la Iglesia. El mismo fue, por cierto, extremadamente grave. Mientras recordaba vigorosamente la esencia del Primero y Segundo Secretos, Sor Lucía había hablado al Padre Fuentes sobre nuevos temas. Debemos asumir que ellos están más o menos directamente relacionados con la esencia del Secreto final: esta batalla decisiva entre Nuestra Señora (p. 508) y satán, este proyecto satánico de atacar primero a todas las almas consagradas y a los sacerdotes, la necesidad de los fieles de ser convertidos a una vida más santa, sin esperar por un llamado a penitencia “por parte del Santo Padre para el mundo entero, por parte de los Obispos para sus diócesis, o de las congregaciones religiosas”. En otras palabras, en diciembre de 1957, incluso antes de la muerte de Pío XII, la mensajera de Nuestra Señora ya pronosticó la grave crisis que enfrentaría la Iglesia. 

UN VATICINIO PROFETICO

Mientras entre los pastores el optimismo estaba en el aire, -así leímos en el “Informe Doctrinal” de los Obispos de Francia: “Debemos ser cuidadosos de no confundir unas pocas nubes en un cielo luminoso, de otro horizonte obscuro cargado de tormentas”  (9) -Sor Lucía ya había vaticinado la tormenta, ella la anunció e hizo una exhortación a permanecer firmes. Este vaticinio profético fue combinado con un juicio más sombrío sobre el pontificado próximo a con­cluir. Con el mismo espíritu escribió en junio de 1958:

“Debemos rezar mucho y pedir a Dios no nos castigue y nos salve a tiempo y para la eternidad.”

El siguiente 29 de setiembre, escribió:

“Estamos en el camino de la oración, pidiendo a Dios por la paz, no solamente la paz de la nación, sino también la paz para las mentes desorientadas y la paz para las conciencias. Quiera Dios dar luz a los ciegos... y humildad a los orgullosos, para que vean el buen camino y se aparten del malo.” (10)

A la luz de estas declaraciones de Sor Lucía, que resumen tan vigorosamente las claras líneas del mensaje de Nuestra Señora, podemos delinear (p.509) una rápida evaluación del pontificado de Pío XII, antes de entrar, con Juan XXIII, en una nueva fase de la historia de la Iglesia.

EL REINADO DE PIO XII A LA LUZ DE FATIMA
LA HORA DE LA BATALLA DECISIVA 

“El demonio está llevando adelante una batalla decisiva contra la Virgen María.” Este es el tema esencial de la grave conversación, que es también el del gran Secreto. En él se evoca sucesivamente una triple batalla: hay una batalla por las almas, a quienes Dios quiere salvar por la mediación bondadosa y poderosa de Su Santísima Madre, arrancándolas del dominio de satán, quien trabaja furiosamente por su perdición. Una batalla por la Cristiandad, amenazada más que nunca por el poder de la Revolución con sus muchos rostros: la Masonería anti-cristiana y el Bolchevismo ateo, tanto como una democracia supuestamente cristiana, pero en realidad liberal y plutocrática, protestante y masónica, y fundamentalmente siempre secularista y secretamente anti-católica, -la triple manifestación de una “revolución satánica en su esencia” como la llamó Joseph de Maistre-. Finalmente, está la batalla por la Iglesia, la que en su defensa del tesoro de la Fe, está enfrentada con las herejías más pérfidas que alguna vez cruzaron su camino: el Progresismo y el Modernismo, la doble corriente “del gran movimiento de apostasía, organizado en todos los países para el establecimiento de una Iglesia Universal, sin dogmas ni jerarquía, ni reglas para el espíritu, ni freno para las pasiones”, (p.510) como dijo San Pío X, al denunciar la utopía de El Sillón. (11) 

EL RECURSO FINAL 

En esta batalla apocalíptica, en esta "lucha decisiva" de los "últimos tiempos del mundo", tan claramente percibida por San Pío X en su primera encíclica, Dios en su misericordia, no ha dejado ni a la Iglesia, ni a la Cristiandad, ni a las almas sin un arma, desprotegidas ante el Adversario desencadenado. Por más de un siglo, desde 1830 precisamente, en las vísperas del triunfo aparente de la Revolución, El nos ha enviado muchas veces a Su Madre. A principios de este siglo, en 1917, en el mismo momento en que la Revolución Bolchevique estaba transformando a la Rusia cismática -la "Santa Rusia" de antaño, infortunadamente separada de Roma, pero esclavizada por las ideologías perversas del Occidente- en el campo fortificado desde el que la Revolución iría conquistando el mundo, en el otro extremo de Europa, la Reina de los Cielos vino a Portugal, a esta tierra fiel al Catolicismo y a Roma. Ella vino a librarla de la revolución masónica, antinacional, que se había hecho presa de ella, y para ofrecer a toda la humanidad la promesa de auxilio milagroso, la seguridad de ayuda extraordinaria, capaz de transformar esta ofensiva final de las fuerzas del mal en un triunfo de la Fe Católica. Hubo una sola condición: que los Pastores de la Iglesia, atentos a todos Sus pedidos, se dignaran cumplirlos sin demora, para establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Esta santa devoción es tan querida al Corazón de Dios, que El quiso hacer de ella, en nuestro siglo, el último recurso ante (p.511) los gravísimos peligros, el remedio supremo para curar todos los males de la humanidad, asolada por más de un siglo de revolución y rebelión contra el reinado de Cristo.

“ELLOS NO QUISIERON ATENDER MI PEDIDO”

Hemos visto como el Papa Pío XI, designado por su nombre en la gran profecía de Nuestra Señora, se mantuvo sordo hasta el fin a este llamado. La solemne advertencia de agosto de 1931 lo involucró el primero y antes que a nadie: 

“Haz saber a Mis ministros (dijo Nuestro Señor a su mensajera), que dado que ellos siguen el ejemplo del Rey de Francia al demorar la ejecución de Mi pedido, que ellos lo seguirán en el infortunio. (12) Nunca será demasiado tarde para recurrir a Jesús y a María.” (13)

El pontificado de Pío XII comenzó entre la angustia de la guerra inminente, y también de una viva esperanza. ¿No pudo el Santo Padre, tan profundamente devoto de Nuestra Señora, tan claramente predestinado a convertirse en el "Papa de Fátima" -no solo por la coincidencia conmovedora de su consagración episcopal el 13 de mayo de 1917 con la primera aparición de Nuestra Señora en la Cova da Iria- corresponder filialmente a los pedidos del Cielo, y obtener así los milagros de gracia y misericordia que procurarían la paz para el mundo a través de la conversión de Rusia? Pío XII estaba justamente espantado ante el pensamiento de los ho­rrores de la guerra por venir. La paz había sido su primera preocupación, su primer tormento:

“¡Un río de paz sobre el mundo! Tal es el deseo que Nos hemos abrigado largamente en nuestra alma, (p.512) por el cual Nos hemos orado con el mayor fervor, y al cual nos hemos dedicado desde el día que quiso la Divina Bondad encomendar a nuestra humilde persona el alto e impresionante oficio de Padre Común de los pueblos, un oficio propio del Vicario de Aquel a Quien las naciones fueron prometidas como herencia.” (14) 

Y en este pensamiento, el Papa había puesto sobre su escudo de armas pontifical la paloma de la paz, sosteniendo en su pico una rama de olivo. Esta paz, esta verdadera paz que el mundo nunca puede procurar para la humanidad – “illam, quam mundus dare non potest, pacem” - fue ofrecida insistentemente por Nuestra Señora de Fátima: “Si Mis pedidos son atendidos, Rusia será convertida y habrá paz.”  Toda la esperanza del mundo estaba en esta promesa. “La paz es la obra de la justicia” , proclamó el escudo de armas de Pío XII. Pero, ¿quien podría alguna vez hacer la suficiente justicia para que la paz continuara reinando en el mundo, si el Cielo no intervenía en el curso de la historia con su poder y misericordia? En suma, el milagro asombroso, maravilloso de las palomas, que rindieron espontáneo homenaje a la blanca imagen de Nuestra Señora de Fátima, recuerda este verdadero clamor: “Solamente ella puede ayudarlos”  (15) y en Sus Manos descansa la última esperanza por la paz en el mundo.

Lo que sin embargo debió hacerse, fue haber informado al nuevo Papa, con precisión, de los pedidos y promesas de la Reina de los Cielos, al igual que de las terribles amenazas de castigo, si los hombres continuaban obstinadamente dándole oídos sordos. 

Nosotros recordamos que una primera iniciativa en este sentido fue intentada por el Padre Gonçalves, en la primavera de 1940. El bueno y santo jesuita esperó ver hecha la consagración de Rusia en el mes de mayo... pero nada ocurrió. En diciembre, la vidente (p.513) misma escribió al Santo Padre. Pío XII se mostró bien dispuesto hacia Fátima y su mensajera, pero permaneció dubitativo, vaciló. El contemporizó; tanto que nada había sido hecho, cuando en el verano de 1941 la guerra entró en su segunda fase: la Alemania Nazi y la Rusia Bolchevique, formalmente amigas, se volvieron enemigas, y esta inversión de alianzas preparó la trampa para el Occidente, de una alianza con Moscú que resultaría fatal. 

Los meses pasaron. La amistad y estima del Papa por el Presidente Roosevelt lo llevaron a debilitar sus denuncias del peligro bolchevique; y cuando las primeras dos partes del Secreto de Fátima fueron publicadas en Roma en la primavera de 1942, el texto fue censurado, diluido, hasta suprimir las palabras de Nuestra Señora respecto a Rusia, a sus errores, a sus responsabilidades en la guerra, y al peligro que continuó resultando para toda la raza humana.

En el otoño de 1942, después de nuevas iniciativas de los Obispos portugueses, y no sin recibir nuevas inspiraciones del Cielo, Pío XII decidió hacer algo. Esto fue la consagración del 31 de octubre, la cual -efectivamente- marcó, de acuerdo a la promesa de Nuestra Señora, el gran viraje de la guerra. Pero este fue un acto a medias, solamente el principio de una res­puesta a los deseos del Cielo. Para estar seguros, este acto brindaría frutos incomparables de gracias para la Iglesia, pero no habría de obtener de Dios el milagro prometido, necesario y urgente de la conversión de Rusia; esta, por lo tanto, continuó exitosamente, -gracias a la complicidad ciega, criminal, de los líderes occidentales- su política de engaño con astucia diabó­lica, política que entregó en (p.514) sus manos, al fin de esta guerra desastrosa, todas las naciones de Europa central, que había codiciado por largo tiempo.

La Alemania nazi estaba aplastada y las hostilidades apenas terminaban, cuando un Occidente estupefacto descubrió que había emprendido la guerra para el solo provecho de los bolcheviques; y así, comenzó la Guerra Fría. Esta Guerra Fría fue oportuna, ya que el Vaticano recuperó su precaución. El Papa, totalmente consciente del peligro Rojo -el peligro Soviético y el peligro de la subversión progresista dentro de la misma Iglesia- pareció determinado a tomar medidas vigorosas, necesarias para apuntalar efectivamente a la Iglesia. Mientras el culto de Nuestra Señora de Fátima y la devoción a Su Inmaculado Corazón se desarrollaron maravi­llosamente, el Papa, bajo su bendición paternal, fue preparándose para llamar a un Concilio Ecuménico, el cual, bajo los signos de San Pío X y de Fátima, podría procurar el auxilio decisivo para la Iglesia en su triple batalla por la preservación del depósito de la Fe, para una defensa más vigorosa de la Cristiandad, para la expansión de la Iglesia y para la salvación de un mayor número de almas.

¡Ay! Este Año Santo de 1950, que fue innegablemente el del apogeo del pontificado de Pío XII, marcaría el principio de una declinación alarmante. A pesar del signo divino que le había sido dable contemplar en el Cielo, en el Vaticano, por cuatro ocasiones, antes y después de la definición infalible del dogma de la Asunción de la Santísima Virgen, Pío XII fue sacudido por la inesperada oposición que encontró. No tuvo la fortaleza de enfrentarse firmemente a esta oposición y desenmascararla sin misericordia. Vaciló, contemporizó, y terminó entregado a sus más pérfidos (p.515) adversarios: los miembros de su entorno, quienes, mientras lo adulaban y halagaban, quisieron torcer su pontificado de acuerdo a sus objetivos. El abandonó su proyecto de un concilio, atenuó su entusiasmo por Fátima, y dejó al Padre Dhanis y a sus amigos, completa libertad de maniobra. Así, pudo decirse que el futuro de la Iglesia fue decidido en unos pocos meses, siguientes a la proclamación del dogma de la Asunción y a las gracias especiales que mereció el Soberano Pontífice. En lugar de ser un estímulo para lanzarse a nuevas batallas, de ser un nuevo punto de partida en el cumplimiento de los pedidos del Cielo, este fue un punto de detención. En adelante, este inmenso potencial de energías sobrenaturales se mantuvo inactivo por falta de nuevas directivas, firmes y precisas. En efecto, en 1957, siete años después de este año de gracia de 1950, la mensajera celestial de Nuestra Señora de Fátima insistió en decir al Padre Fuentes, que en lo esencial, los magnos pedidos de Nuestra Señora de Fátima aún no habían sido cumplidos, que "ninguno ha prestado atención a Su mensaje". Su triple secreto revelado en 1917 como una oferta generosa, milagrosa, de salvación para la humanidad, no había sido atendido, aún cuarenta años más tarde.

EL PRIMER SECRETO IGNORADO

Para incrementar el amor por el Inmaculado Corazón de María en la Iglesia, Dios quiso que esta devoción fuera predicada a tiempo y a destiempo, como un medio inagotable de salvación para una multitud de almas, especialmente aquellas en el mayor peligro de perderse eternamente. 

¿Fue escuchado este llamado? Por supuesto, como hemos visto a través de su pontificado, (p.516) Pío XII hizo mucho por la Santísima Virgen y por Fátima, aun después de 1950. Después del cierre del Año Santo en la Cova da Iria el 13 de Octubre de 1951, él inauguró un Año Mariano el 8 de Diciembre de 1953, durante el cual, las ceremonias y manifestaciones en honor de la Santísima Virgen se multiplicaron en toda la Cristiandad. Para tomar una cifra particularmente elocuente, ¡en este año de 1954 hubo no menos de cuarenta y tres Con­gresos Marianos! (16) Para los principales, el Papa envió una carta o radiomensaje a los miembros del congreso, exaltando siempre la tradición Mariana propia de la nación a la que se dirigía. En 1958, el pontificado se iba a cerrar con un nuevo Año Mariano, que Pío XII había decidido para conmemorar más solemnemente el centésimo aniversario de las apariciones de la Virgen Inmaculada en Lourdes.

Para apreciar la poderosa contribución que hizo Pío XII al desarrollo de la devoción a la Santísima Virgen en la Iglesia, alcanza echar un vistazo a la colección de "Enseñanzas Papales" publicada por los monjes de Solemnes. En el volumen dedicado a Nuestra Señora, entre más de 500 páginas de los Soberanos Pontífices, desde Benedicto XV a Juan XXIII, más de la mitad está compuesta de textos de Pío XII, (18) a lo cual nosotros debemos agregar los numerosos pasajes de sus discursos donde recomienda a los fieles la devoción del Santísimo Rosario. (19) 

Sin embargo, rechazó el reconocimiento público, oficial, de las apariciones de Fátima, que hubiera implicado la concesión de una fiesta litúrgica conmemorando la aparición del 13 de Mayo de 1917. 

El restringió, y finalmente paralizó, si podemos creer a sus colaboradores más estrechos, (20) el gran (p.517) movimiento de devoción e investigación teológica en favor de una definición infalible del dogma de María Mediadora. 

Finalmente, a pesar de las lágrimas de Nuestra Señora en Siracusa pidiendo silenciosamente reparación y consuelo por todas las ofensas contra Ella, el Papa Pío XII nunca hizo la menor alusión a la santa práctica de la devoción reparadora de los cinco Primeros Sábados de mes, pedida tan insistentemente por el Cielo desde 1925. 

En realidad, la triste observación de Lucía haciéndose eco de las revelaciones de Nuestra Señora, contiene un verdadero clamor: "Padre, la Santísima Virgen está muy triste, porque nadie ha prestado ninguna atención a Su mensaje, ni los buenos ni los malos. Los buenos continúan su camino, sin dar ninguna importancia a Su mensaje..." 

EL SEGUNDO SECRETO DESVIRTUADO

Para estar seguros, no debemos olvidar que la Carta Apostólica Sacro vergente anno , del 7 de julio de 1952, permanecerá como una fecha importante en la historia de Fátima. Esto continúa atestiguando que los pedidos transmitidos por Sor Lucía fueron completamente razonables en si mismos, fáciles de cumplir para el Soberano Pontífice. Lo que el Papa Pío XII ya había hecho a medias, y sin atreverse a nombrar Fátima, podría ser hecho mañana, con precisión y solemnidad. Esta realización incompleta de la consagración de Rusia ya es una prenda de su total cumplimiento en el futuro. 

No obstante, Pío XII no había llevado a cabo el acto solemne de reparación y consagración tal como el Cielo lo había pedido, y lo que es tal vez aún más deplorable, él y su entorno permitieron, al contrario, (p.518) que se dijera e insinuara: que todo estaba hecho; que no era necesario nada mas, sino abrir uno los ojos para ver que las promesas maravillosas de 1917 ya estaban siendo cumplidas.

EL TERCER SECRETO ENTERRADO

Finalmente, ¿como no podemos deplorar el hecho que "el Papa de Fátima" dejara este mundo sin dignarse a leer el Secreto final de Nuestra Señora? Cuando en 1851, el Cardenal Bonald, Arzobispo de Lyons preguntó al Venerable Pío IX si quería conocer los secretos transmitidos por Nuestra Señora de La Salette a Mélanie y Maximino, el santo Papa contestó inmediatamente que recibiría “los secretos de los niños con contento y placer”. Así, aun antes de la orden episcopal del Obispo Bruillard de Grenoble, reconociendo la autenticidad de las apariciones, el Soberano Pontífice pudo leer el secreto de La Salette en su versión inicial, ciertamente la más auténtica. El lo comunicó también al Cardenal Lambruschini, prefecto de la Congregación de los Ritos, (21) y declaró más tarde que el leerlo le había permitido evitar graves escollos en el gobierno de la Iglesia. (22) Nosotros sabemos que en 1944 y otra vez en 1946, Sor Lucía trató de hacer conocer al Papa Pío XII el Secreto final de Nuestra Señora. Pero, ¡ay!, lejos de mostrar por el Secreto de María las mismas ansias filiales, la misma curiosidad santa que Pío IX, él prefirió esperar. Pasaron los años, justo hasta ese fatal 16 de abril de 1957, cuando habiendo recibido el sobre que contenía el Tercer Secreto, Pío XII decidió no abrirlo. 

¡Que pena!, ¡Que tesoro de luces y gracias ocultado en vano! La grave advertencia dirigida (p.519) por Nuestro Señor al Papa Pío XI, ahora aplicada a su sucesor: “Hazles saber a Mis ministros, que siendo que ellos siguen el ejemplo del Rey de Francia al demorar la ejecución de Mi pedido, ellos lo seguirán en su infortunio...”

“ELLOS LO SEGUIRAN EN EL INFORTUNIO...”

Desgracias fueron, en realidad, las que siguieron inmediatamente después de la desobediencia de los Pastores de la Iglesia a los pedidos del Cielo. 1929-1930: primer rechazo del Papa Pío XI. 1931: los primeros problemas revolucionarios en España, antes de lanzarse en 1936 a los tormentos atroces de la guerra civil. Marzo de 1937: segundo rechazo del Papa Pío XI, prontamente seguido por la preocupante aurora del 25 de enero de 1938, signo anunciante del gran castigo de la humanidad culpable con “otra guerra peor”. 

No puede decirse que Pío XII se opusiera a los pedidos del Cielo con similares rechazos. Pero vaciló, esperó, y finalmente se contentó con cosas a medias. Las desgracias continuaron cayendo sobre la Iglesia y la Cristiandad. Recordemos que durante su largo reinado, de 1939 a 1958, el comunismo pudo incrementar inmensamente su imperio en Europa y pronto en Africa y Asia (23), e incluso dentro de la misma Iglesia, especialmente después de la "Liberación" de 1944 cuando el progresismo y el modernismo sentaron poderosas raíces, preparando secretamente “la más grande revolución en la historia de la Iglesia, que condujo al mayor desas­tre humano en la historia del mundo”. A la muerte de Pío XII, “solo muy pocas mentes supieron que la secta secreta de los modernistas (p.520) esperó solo el relajamiento de la autoridad pontificia para quitarse la máscara e imponerse, con la cooperación del partido progresista soportado por la Francmasonería y el Comunismo”.(24) Menos de diez años más tarde, esto fue un fait accompli . 

La velocidad de rayo de este levantamiento no fue sin una explicación. Compartiendo la severa diagnosis de Sor Lucía, nuestro Padre, el Abad de Nantes, hizo esta triste observación: “Cuando murió Pío XII, venerado por las multitudes, admirado unánimemente... el mundo estaba en peligro, y la Iglesia como una ciudad en la víspera de una revolución, infiltrada ya por tropas enemigas.” (25) 

Sin embargo, en este otoño de 1958, mientras Pío XII yacía en Castelgandolfo, una nueva esperanza estaba apareciendo en el horizonte de la Iglesia: el año 1960 se estaba aproximando, cuando el Secreto final de Nuestra Señora fuera finalmente revelado. Todas las almas santas estaban esperando esta hora, ciertas que esta sería una nueva hora de gracia para la Iglesia, una nueva propuesta de perdón para las almas y un urgente llamado a la conversión. En los albores de un nuevo pontificado, tal como veinte años antes, en los principios del reinado de Pío XII, Fátima y su Secreto fueron una vez más, la gran esperanza del mundo.

 Capítulo X, tomo III de "Toute la Vérité sur Fatima", por Fr. Michel de la Sainte Trinité. Traducción nuestra de la versión inglesa. 


NOTAS: 

(1) “Muchas son aquellas que están condenadas... muchas están perdidas”, tal es la esencia de las afirmaciones hechas por Sor Lucía durante esta entrevista (Cfr. nuestro Vol. II, p. 44 y Alonso, VSF, p. 106); el resumen de la misma apareció en L'Osservatore della Domenica  del 7 de febrero de 1954 (El Padre Alonso erróneamente da esta como la fecha de la entrevista), y más tarde en Voz da Fatima  del 13 de abril del mismo año. El Padre Antonio María Martins dos Reis subraya, con buena razón, que no había razón para sospechar del Padre Lombardi de no haber relatado fielmente las palabras de Sor Lucía (O Segredo de Fatima e o futuro de Portugal,  p. XII, Porto, 1954), en oposición a los primeros estudios del Padre Alonso (HLF, p. 60; VFA, p. 84 y 94; "Fatima et le Coeur Immaculée de Marie", Eph. Mar., 1972, p. 432). 

(2) Ya que el proceso diocesano no había sido completado aún, el futuro postulador trabajó en estudios prepa­ratorios para la organización del proceso apostólico. (p.521) 

(3) Cfr. nuestro Vol. II, p. 599-600. y Martins dos Reis, O Milagre do sol e o Segredo de Fatima,  p. 123 

(4) Cfr. Freire, p. 30. 

(5) VSF, p. 110, 111. El Arzobispo Sánchez de Veracruz dio el imprimatur. 

(6) El texto original español completo lo da el Padre Alonso en VSF, (edición española), p. 103-106. 

(7) La versión inglesa es más precisa aquí que la francesa. Fue publicada primero por el Padre Ryan en Fatima Findindgs,  junio de 1959. 

Esta versión fue seguida por el Messagero del Cuore de Maria , nº 8-9, agosto-setiembre de 1961, Roma. Cfr. Abad Georges de Nantes, Lettres à mes amis , Vol. II, 1963 y CRC 87, diciembre de 1974, p. 12. 

(8) Esta última frase no se encuentra en las versiones española y francesa. 

(9) Citado por J. Calbrette, La crise actuelle du catholicisme français, p. 22, Libraire Française. 

(10) Cartas citadas por el Padre Antonio María Martins en Fatima Caminho de paz,  p. 78. Braga, enero de 1983. (11) Carta Notre charge apostolique,  nº 40. Cfr. CRC 47, Agosto de 1971. 

(12) Monseñor Tardini recuerda, «Yo nunca olvidaré este día en enero de 1939, cuando al fin de la audiencia que me otorgó, vi que el Papa Pío XI, tenía los codos sobre el escritorio y la cara oculta en las manos, mientras me dijo: "Monseñor, dígame, ¿hemos hecho realmente todo lo que debíamos hacer?".  Como traté de dejarlo en paz, él contestó: "Nos pronto nos presentaremos ante el tribunal de Dios."» (Pie XII,  p. 132) Pío XI murió el 10 de febrero. 

(13) Cfr. nuestro Vol. II, p. 543-544. 

(14) Radiomensaje de Navidad de 1954, Doc. Pont., 1954, p. 560. 

(15) Mensaje del 13 de julio de 1917. 

(16) René Laurentin, La question mariale, p. 17. Seuil, 1963. 

(17) Los Documents pontificaux de S.S. Pie XII  citan catorce radiomensajes pronunciados en ocasión del Congreso Mariano en 1954. 

(18) Les enseignements pontificaux,  Notre Dame, p. 225-473, Desclée, 1959. 

(19) Les enseignements pontificaux,  "Le Saint Rosaire", p. 169-209, Desclée, 1966. 

(20) Cfr. supra, p. 465. 

(21) Cfr. Louis Bassette, Le fait de La Salette, 1846-1854, p. 204-221. Nueva edición, Cerf, 1965. 

(22) "El Padre Barthe, canónigo de Rodez, afirma que Pío IX le declaró que había sido útil para él conocer su contenido, en las tristes circunstancias por las que está pasando la Iglesia."A un jesuita que lo interrogó sobre los secretos de La Salette, Pío IX le replicó: "Fue afortunado que Nos fuéramos informados; de otra forma, Nos nos hubiéramos encontrado en un impasse del cual Nos no podríamos haber escapado." Citado por Monseñor Joseph Giray. Les miracles de La Sallette, étude historique et critique,  Vol. II, p. 431-432. Grenoble, 1921). 

(23) ¿Es necesario recordar que en China, con la persecución comunista, vino la creación de una "Iglesia Patriótica" cismática, cuyo desarrollo alarmante obscureció los meses finales del pontificado de Pío XII? (cfr. la encíclica Ad Apostolorum Principis  del 29 de junio de 1958). 

Agreguemos que la persecución no fue, indudablemente, la causa principal de este nuevo cisma. Desde Benedicto XV y Pío XI, luego bajo Pío XII con la Instrucción del 8 de Diciembre de 1939, sobre los ritos chinos, (Doc. Pont., 1951, p. 208-211; 223-225) Roma, rompiendo con la antigua tradición de la Iglesia, había predicado imprudente y demagógicamente la adaptación a varias culturas, y exaltó indebidamente al clero nativo. El cisma chino fue el fruto venenoso de esta nueva misiología inspirada por las opiniones perniciosas del Padre Lebbe, que el Vaticano (¡ay!) había contribuido a propagar a través de las misiones asiáticas y africanas. 

(24) Padre G. de Nantes, CRC, suplemento al nº 178, junio de 1982, p. 24. 

(25) CRC 97, octubre de 1975, p. 5. (p.522).

No hay comentarios:

Publicar un comentario