martes, 27 de marzo de 2012

DICHOS DE SANTOS - 8


El tiempo mejor empleado es aquél que se
dedica a la santificación del prójimo.

San Pío de Pietrelcina

domingo, 25 de marzo de 2012

EL CRISTO SINDONICO DE CORDOBA


Este Cristo es el resultado del trabajo del grupo de científicos pluridisciplinar de investigación de la Síndone.
Es el único Cristo sindónico del mundo y refleja hasta el mínimo detalle los politraumatismos del cadáver reflejado en la Sábana Santa de Turín.

ÚNICO EN EL MUNDO
La ostensión de Turín relanza la fama del Cristo sindónico de Córdoba

Los detalles de la Sábana Santa, convertidos en talla escultórica. No hay otro igual y tiene todo el aval de la comunidad científica que colaboró con Juan Manuel Miñarro en su confección con tanto rigor como devoción.

Más información en el siguiente enlace:
http://moralyluces.wordpress.com/2010/04/17/relanza-la-fama-del-cristo sindon...

Fotografías Fotos: ©José Luis Risoto Rojas
Desconozco el autor de la presentación en diapositivas.

Música John Denver "Flagelation"

jueves, 22 de marzo de 2012

LE DESTRONARON (II)

EL ORDEN NATURAL Y EL LIBERALISMO

“La libertad no existe al comienzo sino al
fin. Ella no está en la raíz, sino en las 
flores y los frutos.” 

Charles Maurras 

Hay una obra que recomiendo particularmente a aquellos que deseen tener una vi-sión concreta y completa del liberalismo, a fin de poder luego preparar conferencias desti-nadas a personas que conocen poco este error y sus ramificaciones, y que acostumbran “pensar de modo liberal”, incluso entre católicos apegados a la tradición. A menudo no se dan cuenta de la penetración profunda del liberalismo en toda nuestra sociedad y en todas nuestras familias.

Uno confesará fácilmente que el “liberalismo avanzado” de un Giscard d'Estaing en los años 1975 ha conducido a Francia al socialismo; pero seguirá creyendo de buena fe que la “derecha liberal” podrá librarnos de la opresión totalitaria. Las almas conformistas no saben muy bien si deben alabar o censurar la “liberalización del aborto”, pero estarían dis-puestas a firmar una petición para liberalizar la eutanasia. De hecho, todo lo que lleva la etiqueta de libertad lleva, desde hace dos siglos, la aureola del prestigio que ciñe esa palabra “sacrosanta”. Y sin embargo es de esta palabra que nos estamos muriendo, pues es el liberalismo que envenena tanto la sociedad civil como la Iglesia. Abramos este libro del cual hablé – Libéralisme y Catholicisme [Liberalismo y Catolicismo] del Padre Roussel17, aparecido en 1926 –, y leamos esta página que pinta muy concretamente al liberalismo (págs. 14-16), agregando un pequeño comentario.

“El liberal es un fanático de independencia, la proclama hasta el absurdo, en todos los ámbitos.”

Se trata de una definición; veremos cómo se aplica y cuáles son las liberaciones que reivindica el liberalismo.

1. “La independencia de lo verdadero y del bien en relación al ser: es la filosofía relativis-ta del movimiento y del devenir. La independencia de la inteligencia en relación a su objeto: la razón soberana no tiene que someterse a su objeto, sino que lo crea; de allí, la evolución radical de la verdad; subjetivismo relativista.”

Subrayemos las dos palabras claves; subjetivismo y evolución.

Subjetivismo es introducir la libertad en la inteligencia, cuando por el contrario, la nobleza de ésta consiste en someterse a su objeto; consiste en la adecuación o conformidad del sujeto que piensa con el objeto conocido. La inteligencia funciona como una cámara fotográfica, debe reproducir exactamente los rasgos inteligibles de lo real. Su perfección consiste en su fidelidad a lo real. Por esta razón, la verdad se define como la adecuación de la inteligencia con la cosa. La verdad es la cualidad del pensamiento que está conforme con la cosa, es decir con lo que es. No es la inteligencia quien crea las cosas; son éstas las que se imponen tal como son a la inteligencia. En consecuencia, la verdad de lo afirmado de-pende de lo que es: es algo objetivo; y aquel que busca lo verdadero debe renunciar a sí, renunciar a una construcción de su espíritu, renunciar a inventar la verdad.

Al contrario, en el subjetivismo, es la razón la que construye la verdad: ¡nos encon-tramos con la sumisión del objeto al sujeto! El sujeto se vuelve el centro de todas las cosas. Estas no son más lo que son, sino lo que se piensa de ellas. El hombre dispone entonces a su gusto de la verdad: este error se llamará idealismo en su aspecto filosófico, y liberalismo en su aspecto moral, social, político y religioso. Por eso la verdad será diferente según los individuos y los grupos sociales. La verdad es necesariamente compartida. Nadie puede pretender poseerla exclusivamente y en su totalidad; ella se hace y se busca sin fin. Uno vislumbra cuán contrario es todo esto a Nuestro Señor Jesucristo y a su Iglesia.

Históricamente, esta emancipación del sujeto con relación al objeto (a lo que es) fue realizada por tres personajes. Lutero, en primer lugar, rechaza el magisterio de la Iglesia y no conserva más que la Biblia, al rehusar todo intermediario creado entre el hombre y Dios. Introduce el libre examen a partir de una falsa noción de la inspiración de la Escritura: ¡la inspiración individual! Luego Descartes, seguido de Kant, sistematiza el subjetivismo: la inteligencia se encierra en sí misma, sólo conoce su propio pensamiento: es el “cogito” de Descartes, son las “categorías” de Kant. Las cosas mismas son incognoscibles. Finalmente Rousseau: emancipado de su objeto y habiendo perdido el sentido común (el recto juicio), el sujeto queda sin defensa frente a la opinión común. El pensamiento del individuo se di-luye en la opinión pública, es decir, en lo que todo el mundo o la mayoría piensa; y esta opinión será creada por las técnicas de dinámica de grupos, organizadas por los medios de comunicación que están en las manos de los financieros, de los políticos, de los francmaso-nes, etc. Por su propio peso, el liberalismo intelectual lleva al totalitarismo del pensamien-to. Del rechazo del objeto se pasa a la desaparición del sujeto, maduro entonces para sufrir todas las esclavitudes. El subjetivismo, al exaltar la libertad de pensamiento, desemboca en la destrucción del mismo. 

La segunda nota del liberalismo intelectual, según hemos señalado, es la evolución. Rechazando la sumisión a lo real, el liberal es arrastrado a rechazar también la esencia in-mutable de las cosas; para él, no hay naturaleza de las cosas, no hay naturaleza humana estable, regida por leyes definitivas, establecidas por el Creador. El hombre vive en una perpetua evolución progresiva; el hombre de hoy, no es el hombre de ayer; se cae en el rela-tivismo. Más aún, el hombre se crea a sí mismo, él es el autor de sus propias leyes, que de-be remodelar sin cesar, según la sola ley inflexible del progreso necesario. Es el evolucio-nismo en todos los ámbitos: biológico (Lamarck y Darwin), intelectual (el racionalismo y su mito del progreso sin fin de la razón humana), moral (emancipación de los “tabúes”), político-religioso (emancipación de las sociedades con respecto a Jesucristo).

La cima del delirio evolucionista es alcanzada con el Padre Teilhard de Chardin (1881-1955) quien afirma, en nombre de una seudociencia y de una seudomística, que la materia se transforma en espíritu, lo natural en lo sobrenatural, la humanidad en Cristo: triple confusión de un monismo evolucionista inconciliable con la fe católica. 

Para la fe, la evolución es la muerte. Se habla de una Iglesia que evoluciona, se busca una fe evolutiva. “Debe someterse a la Iglesia viviente, a la Iglesia de hoy”, me escribían de Roma en los años 1976, como si la Iglesia de hoy no debiera ser idéntica a la Iglesia de ayer. Yo les respondo: “¡En esas condiciones, mañana ya no será verdad lo que ustedes dicen hoy!” Esas personas no tienen ya noción de la verdad, ni del ser. Son modernistas.

2. “La independencia de la voluntad en relación a la inteligencia: fuerza arbitraria y cie-ga, la voluntad no tiene por qué preocuparse de los juicios de la razón, ella crea el bien, así como la razón la verdad.”

En una palabra, es lo arbitrario: “Así lo quiero, así lo mando; así, sencillamente, por mi voluntad.”

3. “La independencia de la conciencia en relación a la regla objetiva y a la ley; la con-ciencia se erige ella misma como regla suprema de la moralidad.”

La ley, según el liberal, limita la libertad y le impone una coacción primeramente moral: la obligación, y en segundo lugar física: la sanción. La ley y sus coacciones se opo-nen a la dignidad humana y a la dignidad de la conciencia. El liberal confunde libertad y libertinaje. Ahora bien, Nuestro Señor Jesucristo por ser el Verbo de Dios es la ley viviente; se ve entonces, una vez más, cuán profunda es la oposición del liberal a Nuestro Señor.

4. “La independencia de las fuerzas anárquicas del sentimiento en relación a la razón: es uno de los caracteres del romanticismo, enemigo de la primacía de la razón.”

El romántico se complace en lanzar “slogans”: condena la violencia, la superstición, el fanatismo, el integrismo, el racismo, sólo en la medida en que estos términos despiertan la imaginación y las pasiones humanas y con el mismo espíritu, se hace apóstol de la paz, de la libertad, de la tolerancia, del pluralismo.

5. “La independencia del cuerpo en relación al alma, lo animal en relación a lo razonable: es la inversión radical de los valores humanos.”

Se exaltará la sexualidad, se la sacralizará; se invertirán los dos fines del matrimo-nio (procreación y educación por una parte, sedación de la concupiscencia por otra) fijándo-le como fin primario el placer carnal y la “realización de los dos cónyuges” o de los dos “socios”. Es la destrucción del matrimonio y de la familia; sin hablar de las aberraciones que transforman el santuario del matrimonio en un laboratorio biológico, o que ven al niño no nacido como material de base para cosméticos y fuente de jugosos beneficios(1)

6. “La independencia del presente en relación al pasado; de allí el desprecio de la tradi-ción y el amor enfermizo de lo nuevo, bajo pretexto de progreso.”

Es una de las causas que San Pío X asigna al modernismo: “Nos parece que las causas remotas pueden ser reducidas a dos: la curiosidad y el orgullo. La curiosidad que no ha sido sabiamente ordenada explica suficientemente todos los errores. Tal es la opinión de nuestro predecesor Gregorio XVI: ‘es un espectáculo la- 18 Cf. Fideliter, N° 47, págs. 40-55. 14 mentable ver hasta dónde llegan las divagaciones de la razón humana una vez que se ha cedido al espíritu de novedad’.”(2)

“La independencia del individuo en relación a toda la sociedad y a toda autoridad y jerarquía natural: independencia de los niños con respecto a sus padres, de la mujer con relación a su marido (liberación de la mujer); del obrero hacia su patrón; de la clase obrera en relación a la clase burguesa (lucha de clases).”

El liberalismo político y social es el reino del individualismo. La unidad de base del liberalismo es el individuo(3). Este es considerado como un sujeto absoluto de derechos (los “derechos humanos”) sin referencia alguna a los deberes que lo ligan a su Creador, a sus superiores o a sus semejantes, y particularmente sin referencia a los derechos de Dios. El liberalismo borra todas las jerarquías sociales naturales, y haciéndolo, deja finalmente al individuo solo y sin defensa frente a la masa, de la cual no es más que un elemento intercambiable y que acaba por absorberle totalmente.

Por el contrario, la doctrina social de la Iglesia afirma que la sociedad no es una ma-sa informe de individuos(4), sino un organismo formado de grupos sociales coordinados y jerarquizados: la familia, las empresas y oficios, las corporaciones profesionales y por fin, el Estado. Las corporaciones unen patrones y obreros en una misma profesión para la de-fensa y promoción de sus intereses comunes. Las clases no son antagónicas, sino natural-mente complementarias(5). La ley “Le Chapelier” (del 14 de junio de 1791), que prohíbe las asociaciones, aniquila las corporaciones que fueron el instrumento de la paz social desde la Edad Media; esa ley fue el fruto del individualismo liberal, pero en lugar de “liberar” a los obreros, los aplastó. Y cuando en el siglo XIX, el capital de la burguesía liberal hubo aplas-tado la masa informe de los obreros, transformada en proletariado, se ideó, siguiendo la iniciativa de los socialistas, la reunión de los obreros en sindicatos; pero los sindicatos no hicieron más que agravar la guerra social, al extender a toda la sociedad la oposición artificial del capital y del proletariado. Se sabe que esta oposición, o “lucha de clases”, fue el origen de la teoría marxista del materialismo dialéctico; así, un falso problema social ha creado un falso sistema: el comunismo(6). Y después, desde Lenín, la lucha de clases se vol-vió, por medio de la praxis comunista, el arma privilegiada de la revolución comunista.(7). 

Retengamos entonces esta verdad histórica y filosófica innegable: el liberalismo lle-va, por su inclinación natural, al totalitarismo y a la revolución comunista. Se puede decir que es el alma de todas las revoluciones modernas y simplemente, de la Revolución.

Notas:
(1) cf. "Fideliter" Nº 47
(2) Encíclica "Pascendi" del 8 de septiembre de 1907.
(3) Daniel Raffard de Brienne, "Le deuxieme étendard", p. 25.
(4) Cf. Pío XII - Radio Mensaje de Navidad a todo el mundo, 24 de diciembre de 1944.
(5) Cf. León XIII, Encíclica "Rerun novarum" del 15 de mayo de 1891.
(6) Cf. Pío XI, Encíclica "Divini Redemtoris" del19 de marzo de 1937, s 15.
(7) Ibid s 9.

LE DESTRONARON
Mons. Marcel Lefebvre

martes, 20 de marzo de 2012

SE ACENTÚA EL CISMA AUSTRÍACO


"Benedicto XV truncó toda ilusión sobre la mitigación de la "sacrosanta y sublime benéfica" ley del celibato"

Sandro Magister

CIUDAD DEL VATICANO, 20 de marzo de 2012 – “Como nació un cisma": es el título de una artículo publicado en "L'Osservatore Romano", firmado por el cardenal bávaro Walter Brandmüller (en la foto). Un artículo de corte histórico, pero con referencias explícitas a la actualidad.

Un artículo que, desde el principio, recuerda al movimiento anti-romano "Los von Rom", nacido en Austria entre los siglos XIX y XX y que "consiguió alejar de la Iglesia a casi cien mil austriacos".

Este movimiento – continua el cardenal entrando en la actualidad –
"fue retomado después del Concilio Vaticano II." No sólo. "Tendencias análogas parecen emerger de vez en cuando también en nuestros días, con algunos llamamientos a la desobediencia respecto al papa y a los obispos."

El cardenal se refiere de manera evidente a cuanto está sucediendo en Viena y alrededores con la "Pfarrer Initiative", promovida en 2006 por monseñor Helmut Schüller – hasta 1999 vicario general del cardenal Christoph Schönborn en la capital austriaca, anteriormente presidente de Caritas nacional – y que tiene entre sus objetivos clave la abolición del celibato y reintegrar en el ejercicio del sacerdocio a sacerdotes "casados" y que viven en concubinato.

Este movimiento está sostenido por más de 400 entre sacerdotes y diáconos, y ha lanzado un claro “Llamamiento a la desobediencia” respecto a Roma, que quiere extenderse más allá de la frontera austriaca creando una red internacional. Ya se han adherido sectores del clero en Alemania, Francia, Eslovaquia, Estados Unidos, Australia. El pasado octubre, el propio Schüller fue a Irlanda para hacer proselitismo.

La iniciativa se sigue en Vaticano con bastante inquietud, tanto que a dicha cuestión se dedicó el pasado 23 de enero una reunión reservada entre una representación de los obispos austriacos y los vértices de los dicasterios vaticanos más importantes. En este encuentro, que tuvo lugar en el edificio del Santo Oficio, participaron: de Austria, el cardenal Schönborn, el arzobispo de Salzburgo Alois Kothgasser, los obispos de Graz y Sankt Polten, Egon Kapellari y Klaus Küng, mientras que del Vaticano estaban presentes, entre otros, los cardenales prefectos de la congregación para la doctrina de la fe, William J. Levada, de los obispos, Marc Ouellet, y del clero, Mauro Piacenza.

El cardenal Schönborn, junto a otros obispos, ha tomado las distancias de manera muy firme de la "Pfarrer Initiative", criticando tanto la forma como los contenidos del llamamiento. Hasta ahora, de todos modos, no ha impulsado ninguna acción canónica contra el mismo.

Pero volvamos al texto del cardenal Brandmüller.

El artículo analiza además el cisma que tuvo lugar en Bohemia tras la primera guerra mundial con el movimiento de protesta "Jednota", que también tenía como caballo de batalla
"la abolición de la obligación del celibato" y cuyo líder, Bohumil Zahradnik, era un "sacerdote y novelista, que desde 1908 vivía una relación matrimonial ilegítima".

El cisma llevó el 8 de enero de 1920 a la proclamación de una "Iglesia checoslovaca". Pero lo que más interesa al cardenal es el análisis de cómo la Santa Sede, guiada por Benedicto XV, reaccionó a esta rebelión del clero bohemio.

La causa principal fue individuada en la
"formación insuficiente del clero, tanto desde el punto de vista teológico como espiritual, en los decenios precedentes", de lo cual se derivó "una crisis que sacudía a la fe católica en sus fundamentos."

De aquí el rechazo, por parte de Roma, de apaciguar a los sacerdotes rebeldes con concesiones. El Santo Oficio los excomulgó "inmediatamente", obteniendo el pleno apoyo de los obispos. Y Benedicto XV truncó toda ilusión sobre la mitigación de la "sacrosanta y sublime benéfica" ley del celibato.

De este modo el cisma afectó sólo a una pequeña fracción de los católicos bohemios. Concluye el autor del artículo: "Este modo de actuar de la Santa Sede, no determinado por reflexiones políticas y pragmáticas, sino sólo por la verdad de la fe, se reveló "el único justo" que había que seguir."

Aquí se detiene la reflexión de Brandmüller el cual, en "L'Osservatore Romano", es calificado simplemente como "cardenal diácono de San Julián de los Flamencos”, pero que es mucho más. Académico y profesor de historia de la Iglesia medieval y moderna en la Universidad de Augsburgo durante casi treinta años, de 1998 al 2009 presidió la pontificia comisión de ciencias históricas, en la cual había entrado a formar parte en 1981, sustituyendo a Hubert Jedin, el gran histórico del Concilio de Trento, fallecido el año anterior.

Nacido en 1929, Brandmüller ha sido siempre muy estimado por el compañero profesor y compatriota bávaro Joseph Ratzinger que, convertido en Benedicto XVI, lo mantuvo en la dirección del comité hasta el cumplimiento de los 80 años, y al que quiso honrar con el cardenalato en el consistorio del 20 de noviembre de 2010.

Gran experto en historia de los Concilios, Brandmüller no desdeña la polémica docta, como cuando en un artículo publicado el 13 de julio de 2007 contemporáneamente en "L'Osservatore Romano" y en el diario de la conferencia episcopal italiana "Avvenire", criticó a fondo el planteamiento de la obra “Conciliorum Oecumenicorum Generaliumque Decreta” editada por la escuela historiográfica de Bolonia.

Como tampoco desdeña hablar de hoy recordando las analogías con el pasado, como sucede con el artículo del diario vaticano del 11 de marzo de 2012, reproducido de forma íntegra a continuación.

Que en este caso la historia pueda convertirse verdaderamente en “magistra vitæ”, y que Benedicto XVI quiera repetir hoy – respecto a la "Pfarrer Initiative" y otros movimientos de sacerdotes rebeldes – los pasos llevados a cabo por Benedicto XV hace casi un siglo, es... otra historia.

Fuente: Chiesa

Comentario Druídico: ¡Qué oportunidad para Benedicto XVI de ponerse codo a codo con su ilustre predecesor Benedicto XV!

domingo, 18 de marzo de 2012

DE LA DOCTRINA DE LA VERDAD


Beato Tomás de Kempis

Bienaventurado aquel a quien la Verdad por sí misma enseña, no por figuras y voces que se pasan, sino así como es.

Nuestra estimación y nuestro sentimiento a menudo nos engañan y conocen poco. ¿Qué aprovecha la gran curiosidad de saber cosas oscuras y ocultas, pues que del no saberlas no seremos en el día del juicio reprendidos? Gran locura es que, dejadas las cosas útiles y necesarias, entendemos con gusto en las curiosas y dañosas. Verdaderamente, teniendo ojos, no vemos.

¿Qué se nos da de los géneros y especies de los lógicos. Aquel a quien habla el Verbo Eterno, de muchas opiniones se desembaraza. De este Verbo salen todas las cosas, y todas predican este Uno, y éste es el Principio que nos habla ( Je., 8, 25). Ninguno entiende o juzga sin él rectamente. Aquel a. quien todas las cosas le fueren uno, y las trajere a uno, y las viere en uno, podrá ser estable y firme de corazón y permanecer pacífico en Dios. ¡Oh Dios, que eres la Verdad! Hazme permanecer uno contigo en caridad perpetua. Enójame muchas veces leer y oír muchas cosas; en Ti está todo lo que quiero y deseo. Callen todos los doctores; callen las criaturas en tu presencia: háblame Tú solo.

Cuanto alguno fuere más unido contigo, y más sencillo en su corazón, tanto más y mayores cosas entiende sin trabajo, porque de arriba recibe la luz de la inteligencia. El espíritu puro, sencillo y constante no se distrae, aunque entienda en muchas cosas, porque todo lo hace a honra de Dios; y esfuérzase en estar desocupado en sí de toda curiosidad. ¿Quién más te impide y molesta que la afición de tu corazón no mortificada? El hombre bueno y devoto, primero ordena dentro de sí las obras que debe hacer de fuera. Y ellas no le llevan a deseos de inclinación viciosa; mas él las trae al albedrío de la recta razón. ¿Quién tiene mayor combate que el que se esfuerza a vencerse a sí mismo Y esto debería ser nuestro negocio: querer vencerse a sí mismo, y cada día hacerse más fuerte y aprovechar en mejorarse.

Toda la perfección de esta vida tiene consigo cierta imperfección; y toda nuestra especulación no carece de alguna oscuridad. El humilde conocimiento de ti mismo es más cierto camino para Dios que escudriñar la profundidad de la ciencia. No es de culpar la ciencia, ni cualquier otro conocimiento de lo que, en sí considerado, es bueno y ordenado por Dios; mas siempre se ha de anteponer la buena conciencia y la vida virtuosa. Pero porque muchos estudian más para saber que para bien vivir, por eso yerran muchas veces, y poco o ningún fruto hacen.

Si tanta, diligencia pusiesen en desarraigar los vicios y sembrar las virtudes como en mover cuestiones, no se harían tantos males y escándalos en el pueblo, ni habría tanta disolución en los monasterios; Ciertamente, en el día del Juicio no nos preguntarán qué leímos, sino qué hicimos; ni cuán bien hablamos, sino cuán religiosamente vivimos. Dime: ¿dónde están ahora todos aquellos señores y maestros que tú conociste cuando vivían y florecían en los estudios? Ya poseen otros sus rentas, y por ventura no hay quien de ellos se acuerde. En su vida parecían algo; ya no hay de ellos memoria.

¡Oh, cuán presto se pasa la gloria del mundo! Pluguiera a Dios que su vida concordara con su ciencia, y entonces hubieran estudiado y leído bien.

¡Cuántos perecen en este siglo por su vana ciencia que cuidan poco del servicio de Dios! Y porque eligen ser más grandes que humildes, por eso se hacen vanos en sus pensamientos. Verdaderamente es grande el que tiene gran caridad. Verdaderamente es grande el que se tiene por pequeño y tiene en nada la más encumbrada honra. Verdaderamente es prudente el que todo lo terreno tiene por estiércol (Phil., 3, 8) para ganar a Cristo. Y verdaderamente es sabio el que hace la voluntad de Dios y deja la suya.

IMITACIÓN DE CRISTO
Tomás de Kempis

MEDITACIONES DE UN NASCITURUS


La vida humana antes del nacimiento
Ricardo Fraga


Jamás veré la luz del sol. No he de nacer como los otros niños. ¡Ay de mí!, ni siquiera se me reconoce el “status” de niño. ¿Qué soy, entonces?

¿Un conjunto más o menos organizado de células vivas? ¿Un huevo? ¿Un embrión? ¿Un feto? ¿Un monstruo?

Si mi desarrollo continuase devendría un bebé y, por consiguiente, un hombre o una mujer, no importa, un miembro más de la familia humana. ¿Ya no lo soy?

Es sorprendente, pero todos los infinitos embriones que alguna vez lo fueron se convirtieron después en personas humanas. Jamás ha sido registrado un solo caso de mutación. Ni lo será tampoco en el futuro.

Entonces, ¿por qué se polemiza sobre mi actual condición? Que si la filosofía, que si la religión, que si las estadísticas, que si las ciencias… ¡qué sé yo!

Todos pueden razonar, argüir, debatir, impugnar. Todos… ¡menos yo!

Claro que ahora no puedo ser escuchado con las formalidades de la ley. Pero mi corazón late, mi cerebro se desarrolla, mis demás órganos se perfeccionan progresivamente.

Ahora nadie me quiere oír (aunque las ecografías registren mi grito silencioso). Y hasta dirán que mis razones son falsas, utópicas, inútiles… ya que no estoy en estado de alegar.

Incluso habrá quien sostenga que no tengo conciencia, ni memoria, ni conocimiento… y como éstos tales reducen la persona a lo “cognitivo-racional”… yo estoy condenado a dejar de existir.

Empero, ¡sea lo que sea! soy “algo” humano: resultado del amor o del odio, de la vileza o de la lujuria, de la satisfacción egoísta de mis padres o de la conjunción eventual de las constelaciones.

Pero, en rigor, me niego a ser un “producto”.

Si me dejaran nacer (como a otros afortunados niños) me mimarían, me “comerían a besos”, me exhibirían como a un trofeo o como algún artefacto electrónico de última generación.

Naturalmente los adultos siempre necesitan la sensibilidad y el cadalso que me espera sólo será conocido por algunos pocos… que lucrarán con ello.

Tal vez no sería un bebé afortunado (podría ser un desnutrido y tal vez ya lo soy) pero, aún así, conocería sensiblemente la luz del sol.

¡Qué poder omnímodo gozan quienes deciden (sin mí) mi suerte y mi destino: el médico “científico”, el juez “jurista”, mi madre “obnubilada”.

No saben ellos lo terrible que es negarle a un ser humano la luz del sol. Aunque Dios, a renglón seguido, me colmase de dicha, incluso así jamás podría (ni Él) suplir el instante histórico de haber corrido con los otros niños, reído y llorado como ellos, lucrado con el mérito o los deméritos, toda vez que, negándoseme la historia mi meta final será alcanzada sin el concurso de mi libre albedrío.

Ya sé que todos esos señores togados y difíciles no creen en la vida eterna y que, por lo demás, son los representantes de un Estado agnóstico. Pero justamente por eso sufro más todavía. Puesto que para ellos no hay otra vida más que ésta, ¿por qué me la niegan?

¿Qué tengo yo que ver con la explosión demográfica, la violación de mi madre, el abandono de mi padre, el egoísmo de la lascivia, la inexperiencia de los adolescentes, la mala calidad de los preservativos o ¡vaya a saberse!? Por otra parte, ¿por qué he de ser yo, justamente yo, objeto de crioconservación? Alguien me contó la respuesta: “¡por las dudas, hacia el futuro!... ¡por si el primero salió dañado! ¡para alcanzar un ejemplar mejor! (eugenesia pura)”.

Además, encima de que los malos me matan, algunos teólogos me ofrecen el consuelo del limbo. Ni la luz del sol, ni la luz de Dios.

Por cierto que, ¿a quién podré interesar por mi suerte? Si fuera viable y llegara a nacer, también, sin dudas, se me podría asesinar (¡soy tan débil e indefenso!) pero, por lo menos en este caso, juzgarían al injusto agresor y (eventualmente), lo condenarían como a un homicida.

¡Pero ahora soy yo el injusto agresor! ¡Yo, que nada sé, que nada hice, que nada pedí, que a nadie ataqué, ni lastimé, ni injurié!

Estoy casi convencido de que si discurro como discurro soy inteligente. Mas la “ciencia” asevera que en mí no hay ninguna inteligencia todavía, que esta meditación es imposible, que sólo es el fruto fantasioso de algún fanático pro-vida.

¡Déjenme nacer! ¡Denme la oportunidad de alcanzar el raciocinio a que estoy convocado y verán si puedo o no expresarme como ahora lo hago! ¡Y mucho mejor! Con palabras (puedo ser Cervantes), con sonidos (puedo ser Mozart), con mármol (puedo ser Miguel Ángel), con plegarias (puedo ser Teresita de Jesús), con la cruz del holocausto (puedo ser Edith Stein), con las manos que consuelan (puedo ser Teresa de Calcuta), con la ciencia que sana (puedo ser Pasteur).

Sin embargo, soy para ellos Judas o Nerón, las heces de los hombres que, sin embargo, tuvieron la dicha de nacer.

Mis jueces, ¿no fueron tal vez embriones? La pluma que ahora me da voz, en todo caso, sí. Seguro. De los otros no sé: no se ha verificado empíricamente. Y si, según colijo, “la ciencia es conocimiento de lo verificable”, ¡que verifiquen qué estado tuvieron estos herodes antes de ver la luz!

Yo no veré esa luz. Cuando me aniquilen aniquilarán las innumerables potencias que hay en mí. Al eliminarme me convertiré en un fantasma, en un reiterante sonsonete de la conciencia (que me temo no se logra acallar tan fácilmente como aducen los necios), en fin, yo también seré un “desaparecido”.

Pero no tendré valedores. Los “derechos humanos” no me competen, el derecho a la vida es… para los demás. Para mí… la pena de muerte.

Cuando desaparezca todos serán felices. Cuando me congelen dormirán en paz.
Yo no descansaré en paz. La luz de la paz me habrá sido cegada. En la soledad de las tinieblas repetiré con Segismundo:


“y si los demás nacieron
qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?”



(monólogo de Segismundo, “La vida es sueño”, Calderón de la Barca).

Tomado de El Condor, de Morón, Argentina

viernes, 16 de marzo de 2012

ORACIÓN DE SANTA TERESA DE JESÚS PARA PEDIR REMEDIO A LAS NECESIDADES DE LA IGLESIA


Padre Santo, que estáis en los cielos, no sois Vos desagradecido, para que piense yo dejaréis de hacer lo que os suplicamos, a honra de vuestro Hijo.

No por nosotros, Señor, que no lo merecemos, sino por la sangre de vuestro Hijo y sus merecimientos, y de su Madre Gloriosa, y de tantos mártires y santos como han muerto por Vos.

¡Oh Padre Eterno! Mirad que no son de olvidar tantos azotes e injurias y tan gravísimos tormentos. Pues Criador mío, ¿cómo pueden sufrir unas entrañas tan amorosas como las vuestras que lo que se hizo con tan ardiente amor de vuestro Hijo sea tenido en tan poco?

Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo: quieren poner su Iglesia por el suelo: desechos los templos, perdidas tantas almas, los sacramentos quitados.

Pues, ¿qué es esto, mi Señor y mi Dios? O dad fin al mundo, o poned remedio en tan gravísimos males, que no hay corazón que lo sufra, aun de los que somos ruines.

Suplícoos pues, Padre Eterno, que no lo sufráis ya Vos, atajad este fuego, Señor; que si queréis, podéis; algún medio ha de haber, Señor mio; póngale vuestra Majestad. Habed lástima de tantas almas como se pierden, y favoreced vuestra Iglesia. No permitáis ya más daños en la Cristiandad. Señor: dad ya luz a estas tinieblas. Ya Señor; ya Señor, haced que sosiegue este mar; no ande siempre en tanta tempestad esta nave de la Iglesia, y salvadnos, Señor mio, que perecemos.

Amén.

Santa Teresa de Jesús

miércoles, 14 de marzo de 2012

LA BEATA IMELDA



Testimonio de Eucaristía sobre la Patrona de las Niñas que hacen su Primera Comunión.

En el año de 1322, nace en la ciudad de Bolonia, Italia una niña, hija de los Condes de Lambertini, ilustres en nobleza y en virtud.

Era una niña muy devota de la Madre de Dios, y, sobre todo, de la Sagrada Eucaristía. Pasaba muchas horas delante del Sagrario, como extasiada, y, con mucha frecuencia, se alejaba de las fiestas de familia, y se iba al oratorio del palacio, prefiriendo a todo bullicio el encanto de aquel altarcito, que ella misma arreglaba y adornaba con flores.

Apenas tenía nueve años cuando ya la voz de Dios se había dejado oír claramente en su alma, y la había invitado al recogimiento del claustro. Es cierto que era todavía muy jovencita para ser religiosa, pero su falta de edad era compensada por sus bellas cualidades y por su juicio de persona mayor. En aquella época, varios niños y niñas habían entrado en algunos conventos.

No había hecho aún la Primera Comunión, pues los niños, en aquel tiempo, no eran tan dichosos como ahora, cuando, por voluntad de la Santa Iglesia, pueden comulgar tan pronto. Por esta causa suspiraba siempre por el día más feliz de su vida, y era tan grande el concepto que tenía de la Eucaristía, que no sabía entender cómo era posible no morir de amor al recibirla.

Reiteradamente había suplicado al sacerdote que la dejase comulgar, pero no obtuvo esta gracia; su edad lo impedía; era demasiado pequeña.

Mas, he aquí que, el día 12 de mayo de 1333, cuando ya habían comulgado todas las monjas y cuando ya había sido cerrada la puerta del Sagrario y estaban apagados los cirios del altar, mientras las religiosas se dirigían a sus ocupaciones Imelda se quedó postrada en tierra, en el coro, con gran desconsuelo.

De repente, el coro se iluminó con una luz milagrosa y se llenó de un aroma suavísimo, que, esparciéndose por todo el convento, atrajo otra vez hacia la iglesia a todas las monjas. Una Hostia se movía sola, en el aire, y parecía que quería ir hacia la monja-niña, que se derretía de amor, temblorosa y con las manos juntas, bajo la influencia del Sol de las almas.

Al ver tal milagro, el sacerdote entendió claramente la voluntad de Dios, se revistió de nuevo, y tomando la Hostia que flotaba en el espacio, administró a Imelda la Sagrada Comunión.

Entonces Imelda cerró los ojos a toda cosa exterior, juntó las manos, inclinó la cabeza... y pareció quedar dormida. Pero pronto su color rosado se transformó en un color ligeramente blanquecino, y pasaron varias horas sin que se desvaneciera el encanto. Entonces las monjas presintieron lo que sucedía; se acercaron a ella, la llamaron, pero no respondió; estaba muerta, muerta de amor a Jesús, tal como se había imaginado...

Ahora el cuerpo Incorrupto de Imelda se encuentra en Val-di -Pietra.

Cada año, el día 12 de mayo se celebra en el convento con toda solemnidad. Los Papas vieron siempre con buenos ojos este culto, hasta que, por fin, un decreto de León XII, en 1826, la declaró Beata, autorizando su oficio litúrgico y Misa propia.

martes, 13 de marzo de 2012

DESDE LA ISLA-CÁRCEL DE CUBA, 750 OPOSITORES ADVIERTEN: EL VIAJE PAPAL PUEDE SER UTILIZADO POR EL CASTRO-COMUNISMO



LOS AMARGOS FRUTOS DE LA "OSTPOLITIK" VATICANA
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Índice


1. Persecución religiosa en la Cuba de hoy
2. Nuncio en La Habana niega audiencia a opositores
3. "Ostpolitik" vaticana: un ¿"pacto con el diablo"?
4. ¿De una "Iglesia de mártires", a una de "traidores"?
5. Mártires vivos de la fe y "ostpolitik" vaticana
6. No se puede transigir con el comunismo
7. Acuerdo con el régimen comunista: para la Iglesia,
¿esperanza o autodemolición?
8. ¿Reconciliación entre el bien y el mal?
9. Autoridades eclesiásticas: "silencio cómplice"
10. Súplica a la Virgen de la Caridad del Cobre

La entidad Cubanos Desterrados, de Miami, se adhiere a la lúcida carta que 750 opositores y disidentes cubanos acaban de enviar a S.S. Benedicto XVI, respecto de su visita a la isla-cárcel de Cuba del 26 al 28 de marzo próximos.


1. Persecución religiosa en la Cuba de hoy

En el histórico documento, esos pacíficos y valientes opositores de la tiranía comunista manifiestan que sin lugar a dudas estarían "muy gustosos de recibirlo en nuestra Patria, si el mensaje de fe, amor y esperanza que nos pueda traer, sirviera también para detener la represión por la que están pasando los que quieren asistir a la Iglesia".

El grupo de opositores justifica su preocupación por el hecho de que, aún después de haberse anunciado la visita papal, continúa la persecución policial y psicológica contra los fieles católicos, y ellos narran en su carta varios hechos recientes. Se comprende enteramente esa preocupación si se considera que el régimen comunista no cesó la represión, siquiera como un maquillaje cosmético, ante el anuncio de la visita papal. Y se justifica el recelo que los firmantes de la carta manifiestan a continuación a Benedicto XVI:

"Su presencia en la Isla, sería como enviar un mensaje a los represores, de que pueden seguir haciendo lo que quieran, que la Iglesia lo va a permitir; ya que a pesar de conocerse de su visita desde hace algunos meses, esto no ha sido óbice para que se incrementen -desde el poder- las detenciones y el castigo con violencia hacia actuaciones religiosas, políticas y sociales. ¡Que la Divina Trinidad ilumine su mente para que le permita tomar una correcta determinación! Amén."ii.


2. Nuncio en La Habana niega audiencia a opositores

En ese sentido, causó profunda tristeza entre los fieles católicos de la isla y del destierro la revelación efectuada por la ex presa política Martha Beatriz Roque, respetada y respetable figura de la oposición en la isla-cárcel, una de las inspiradoras de la carta a Benedicto XVI, de que durante un mes solicitaron una audiencia al Nuncio Apostólico de la Santa Sede en Cuba, monseñor Bruno Musaro, para entregarle la carta, pero no obtuvieron ninguna respuesta.

En momentos en que las puertas de las prisiones se abren para recibir nuevas levas de presos políticos, las puertas de la Nunciatura Apostólica se cierran herméticamente a esos miembros del rebaño cristiano que no querían otra cosa sino hacer llegar una súplica al Pastor de los Pastores. El episodio del portazo podrá pasar a la Historia de los atribulados fieles católicos cubanos como uno de los más amargos de ese interminable vía crucis de más de medio siglo.

Los firmantes de la carta no tuvieron entonces otro recurso a disposición sino enviar el mensaje por e-mail a su alto destinatario y, posteriormente, a diversos medios de comunicación.

Constata el periodista Juan O. Tamayo, de El Nuevo Herald, de Miami, que esa respetuosa pero firme carta constituyó "la más reciente expresión por parte de esos disidentes cubanos a quienes les preocupa que la visita del Papa sólo sirva para legitimizar al gobierno de Raúl Castro y hará poco o nada para mejorar la situación de los derechos humanos". Y el episodio de la Nunciatura Apostólica que acaba de ser narrado no hace sino aumentar la dramaticidad de esas preocupaciones.


3. "Ostpolitik" vaticana: un ¿"pacto con el diablo"?

Por su parte, el periodista Victor Gaetan, corresponsal internacional del National Catholic Register, escribe que en su visita a Cuba Benedicto XVI podrá dar continuidad a la estrategia de la diplomacia vaticana de "evitar diligentemente cualquier confrontación política con el régimen de Castro, al tiempo que colabora con La Habana para combatir el embargo norteamericano y apoya las reformas económicas anunciadas por el gobierno".

Según el referido periodista, el esquema que se está aplicando en Cuba es el de la llamada "ostpolitik" impulsada por el Vaticano en tiempos de la Guerra Fría, con relación a los regímenes comunistas del Este europeo.

No obstante, tal como constata Gaetan, así como en Europa la "ostpolitik" no dejó de traer problemas de credibilidad a la Iglesia, también puede estar trayéndolos ahora y traerlos en una Cuba post-castrista. En ese sentido, advierte el periodista católico:

"El riesgo que corre la Iglesia en el contexto de un futuro post-Castro es el de ser severamente censurada por haber hecho un pacto con el diablo"iii.


4. ¿De una "Iglesia de mártires", a una de "traidores"?

Ese riesgo fue claramente percibido por el entonces arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Pedro Meurice, quien durante el colaboracionista Encuentro Nacional Eclesial Cubano, realizado en 1986, constató crudamente el concepto que tantos fieles católicos de la isla habían pasado a tener de sus Pastores: "Nos consideraban una Iglesia de mártires y ahora algunos dicen que somos una Iglesia de traidores" (cf. La Voz Católica, Arquidiócesis de Miami, 14 de marzo de 1986, p. 15).


5. Mártires vivos de la fe y "ostpolitik" vaticana

Sobre la "ostpolitik" vaticana, mártires vivos de la fe, como los cardenales Mindszenty, Stepinac y Slipyj mostraron en su momento, de manera respetuosa, pero firme, sus objeciones a esa estrategia de aproximación diplomática y diálogo con los regímenes comunistas.

Hace algunos años, el lanzamiento en Roma de las memorias del fallecido cardenal Casaroli ("Il martirio della pazienza", Einaudi Editore), quien fuera secretario de Estado de la Santa Sede e impulsor de la llamada "ostpolitik" vaticana, hizo revivir polémicas en torno de este delicado tema. Una de las voces más críticas fue la del cardenal eslovaco Ján Korec, nombrado cardenal en 1991 y uno de los más importantes testimonios vivos de la "ostpolitik" en Checoeslovaquia. En entrevista al periódico "Il Giornale", el purpurado la calificó como una "catástrofe" para la Iglesia de ese país pues "liquidó" con la actividad de los católicos que resistían al comunismo a cambio de "promesas vagas e inciertas de los comunistas". Del lado comunista todo no pasó de una "farsa", la cual "continúa hoy en China, Corea del Norte, Cuba, Vietnam", añade el cardenal Korec.

Sobre la alegada eficacia de dicha política para lograr la libertad de las naciones comunistas, el Cardenal Korec preguntó: "¿Por qué entonces China continúa siendo la misma China, Vietnam continúa el mismo Vietnam y Cuba, sobre todo, sigue siendo la misma Cuba?" ("I martiri dell'Est - L'Ostpolitik di Casaroli danneggiò i cattolici - Intervista con il cardinale slovacco Korec", Il Giornale, Italia, 18 de julio de 2000). Doce años después, las palabras del Cardenal Korec continúan con una crucial actualidad.


6. No se puede transigir con el comunismo

También respecto de la "ostpolitik" vaticana hacia Cuba y de las relaciones del Episcopado cubano con el régimen comunista, la entidad Cubanos Desterrados ha editado o contribuido a difundir numerosos documentos, inclusive libros. Entre esos documentos, nos permitimos citar: "Respetuosa y filial súplica de los refugiados de Miami al Padre Común de la Cristiandad", 1987, por ocasión de la visita de S.S. Juan Pablo II a Miami; "¿Hasta cuándo las Américas tolerarán al dictador Castro? Dos décadas de progresivo acercamiento comuno-católico en la isla-presidio del Caribe", Miami-Nueva York, 1990; "Cuba comunista, 1997: vergüenza de nuestro tiempo y de nuestro continente - Dramáticos aspectos de la isla-cárcel en vísperas de la visita papal", Miami, 1997; "Cuba comunista después de la visita papal - Temas candentes de la actualidad religiosa y política de la isla-cárcel", de la Comisión de Estudios Por la Libertad de Cuba, Miami, 1998; un libro en el cual se analizan respetuosament
e las alocuciones papales en la perspectiva de la "ostpolitik" vaticana.


7. Acuerdo con el régimen comunista: para la Iglesia, ¿esperanza o autodemolición?

En los pronunciamientos de la entidad "Cubanos Desterrados" sobre la dolorosa colaboración eclesiástica con el comunismo cubano, la entidad ha tenido como obras de referencia numerosos escritos del intelectual brasileño Profesor Plinio Corrêa de Oliveira, que dedicó su vida a la denuncia de la infiltración izquierdista en los medios católicos. El pensamiento del referido autor ha tenido una influencia decisiva en los exiliados cubanos, entre otros motivos, por el hecho de que el "Diario Las Américas", de Miami, publicó durante décadas numerosos artículos de su autoría. En especial, cabe resaltar el estudio "Acuerdo con el régimen comunista: para la Iglesia, ¿esperanza o autodemolición?" (1963). En la referida obra, el Profesor Corrêa de Oliveira desarrolla la tesis de que "la Iglesia no puede aceptar una libertad que implique callar sobre los errores del régimen comunista, creando en el pueblo la impresión de que Ella no los condena". A lo largo de la Historia, explica el mencionado autor, no existe un ejemplo de presión más completa en su contenido doctrinal, más sutil y polimórfica en sus métodos, más brutal en sus horas de acción violenta, que la ejercida por los regímenes comunistas que están bajo su yugo. Por ello, delante de un Estado totalmente anticristiano, no existe otro medio de evitar esta influencia sino instruyendo a los fieles sobre todo lo que ese régimen tiene de malo y perverso, destacando la necesidad de la propiedad privada, respaldada por dos Mandamientos de la Ley de Dios: el 7o. y el 10o.

Por ocasión de la publicación de este estudio, Plinio Corrêa de Oliveira recibió carta laudatoria de la Congregación de Seminarios y Universidades, en la cual se refería a su persona como "merecidamente célebre por su ciencia filosófica, histórica y sociológica", y al contenido del estudio como un "eco fidelísimo" de las enseñanzas papales.


8. ¿Reconciliación entre el bien y el mal?

La Sra. Sylvia G. Iriondo, una de las figuras más destacadas del destierro cubano en los Estados Unidos, acaba de publicar en el Diario las Américas, de Miami, un contundente análisis sobre la peregrinación de católicos exiliados a Cuba, organizada por la Arquidiócesis de Miami, por ocasión del viaje de Benedicto XVI a Cuba.

La Sra. Iriondo revela que la lista de candidatos fue entregada al régimen de La Habana para ser analizada por los censores cubanos, y se suprimieron o vetaron los nombres de potenciales peregrinos que hubieran manifestado la menor crítica al comunismo cubano. Lo cual es un indicio de cómo el gobierno comunista continúa actuando con brutalidad, inclusive en los bastidores, para intentar mantener un control ostensivo o camuflado de los más mínimos detalles durante la visita papal.

Comenta también la Sra. Iriondo: "El nombre dado, 'peregrinación de reconciliación', constituye de por sí una distorsión de la triste realidad cubana, cuyo problema no radica en la 'reconciliación' entre cubanos del exilio y de la isla -que somos un solo pueblo- sino que emana de la imperiosa necesidad del establecimiento de un estado de derecho, con justicia y libertad, que tenemos el deber de defender y el compromiso de lograr".


9. Autoridades eclesiásticas: "silencio cómplice"

La Sra. Iriondo concluye diciendo que "a cambio de algunas concesiones que ratifican precisamente la naturaleza totalitaria del régimen, han antepuesto intereses por encima de sagrados principios. Resulta incompatible con los valores cristianos de la religión por la cual murieron tantos mártires cubanos ejecutados en el paredón de fusilamiento exclamando 'Viva Cristo Rey', la forma en que autoridades eclesiásticas se han pronunciado o dejado de pronunciar en la isla, prefiriendo el silencio cómplice a la proclamación de la verdad"iv.


10. Súplica a la Virgen de la Caridad del Cobre

Desde el exilio, la entidad Cubanos Desterrados, al tiempo que reafirma su incondicional obediencia a la Iglesia y al Papado en los términos estipulados por el Código de Derecho Canónico, defiende como enteramente lícito el derecho y el deber de los fieles católicos cubanos, de la isla y del destierro, de oponerse respetuosamente a las orientaciones de la diplomacia vaticana y del episcopado cubano, que ya llevan décadas de aplicación en Cuba, en la medida en que discrepen de la línea tradicionalmente adoptada por la Iglesia con respecto al comunismo, y en la medida en que sus amargos frutos han revelado ser, parafraseando al cardenal Korec, arriba citado, una "catástrofe" para la vida de la Iglesia cubana y de la sociedad cubana en general.

Por fin, Cubanos Desterrados eleva a los Cielos una súplica a la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, para que no permita que el régimen comunista manipule la visita papal, para que fortalezca en la fe a los cubanos que sufren en la isla, y para que pronto llegue el día de la liberación de nuestra querida Patria.

Miami, 05 de marzo de 2012, 04:50PM.
Sergio F. de Paz, Director


Notas:
i Juan O. Tamayo, Disidentes advierten al Papa sobre visita a Cuba,
http://www.elnuevoherald.com/2012/03/02/1141787/disidentes-advierten-al-papa-sobre.html#storylink=cpy.

ii Carta Abierta al Papa Benedicto XVI,
http://media.elnuevoherald.com/smedia/2012/03/01/16/52/1mWFwo.So.84.pdf.
iii Victor Gaetan, How the Catholic Church is Preparing for a Post-Castro Cuba,
http://www.foreignaffairs.com/articles/137303/victor-gaetan/how-the-catholic-church-is-preparing-for-a-post-castro-cuba?page=show.
iv Sylvia G. Iriondo, "¿Ir a tanta vergüenza? Otros pueden. ¡¡Nosotros no podemos!!"- José Martí, http://www.diariolasamericas.com/print.php?nid 6232&origen=

Enviado por P. Cardozo

viernes, 9 de marzo de 2012

MISA TRADICIONAL EN DAIMIEL (CIUDAD REAL)

El próximo domingo día 11 de Marzo se celebrará (D.m.) la Santa Misa Tradicional en Daimiel en la Iglesia de los Padres Pasionistas (Santo Cristo de la Luz) a las 18.30 h.

SAN JOSÉ - DIBUJOS ANIMADOS


martes, 6 de marzo de 2012

LA MANSEDUMBRE


San Antonio Mª Claret

La virtud que más necesita un misionero apostólico, después de la humildad y pobreza, es la mansedumbre. Por esto, Jesucristo decía a sus amados discípulos: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y así hallaréis descanso para vuestras almas. La humildad es como la raíz del árbol, y la mansedumbre es el fruto. Con la humildad, dice San Bernardo, se agrada a Dios, y con la mansedumbre, al prójimo. En el sermón que Jesucristo hizo en el monte dijo: Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. No solo la tierra de promisión y la tierra de los vivientes que es el Cielo, sino también los corazones terrenos de los hombres.

No hay virtud que los atraiga tanto como la mansedumbre. Pasa lo mismo que en un estanque de peces; que, si se les tira pan, todos vienen a la orilla, sin miedo ninguno se acercan a los pies; pero, si en lugar de pan se les tira una piedra, todos huyen y se esconden. Así son los hombres. Si se les trata con mansedumbre, todos se presentan, todos vienen y asisten a los sermones y al confesonario; pero, si se les trata con aspereza, se incomodan, no asisten y se quedan allá murmurando del ministro del Señor.

La mansedumbre es una señal de vocación al ministerio de misionero apostólico. Cuando Dios envió a Moisés, le concedió la gracia y la virtud de la mansedumbre. Jesucristo era la misma mansedumbre, que por esta virtud se le llama Cordero: será tan manso, decían los profetas, que la caña cascada no acabará de romper; ni la mecha apagada acabará de extinguir; será perseguido, calumniados y saciado de oprobios, y como sino tuviera lengua, nada dirá. ¡Qué paciencia! ¡Qué mansedumbre! Sí, trabajando, sufriendo, callando y muriendo en la cruz, nos redimió y enseñó cómo nosotros lo hemos de hacer para salvar las almas que él mismo nos ha encargado.

Los Apóstoles, adoctrinados por el divino Maestro, todos tenían la virtud de la mansedumbre, la practicaban y enseñaban a los demás, singularmente a los Sacerdotes. Así es que Santiago decía: ¿Hay entre vosotros alguno tenido por sabio y bien amaestrado para instruir a otros? Muestre por el buen porte su proceder y una sabiduría llena de dulzura. Mas, si tenéis un celo amargo y el espíritu de discordia en vuestros corazones, no hay para qué gloriaros y levantar mentiras contra la verdad, que esa sabiduría no es la que desciende de arriba, sino más bien una sabiduría terrena, animal y diabólica.

Yo quedé espantado la primera vez que leí estas palabras del santo Apóstol al ver que la ciencia sin dulzura, sin mansedumbre, la llama diabólica. ¡Jesús, diabólica!... Sí, diabólica es, y me consta además por la experiencia que el celo amargo es arma de que se vale el diablo, y el Sacerdote que trabaja sin mansedumbre sirve al diablo y no a Jesucristo. Si predica, ahuyenta a los oyentes, y si confiesa, ahuyenta a los penitentes, y si se confiesan, lo hacen mal, porque se aturden y se callan los pecados por temor. Muchísimas confesiones generales he oído de penitentes que se habían callado los pecados porque los confesores les habían reprendido ásperamente.

En cierta ocasión hacía el Mes de María. Concurrían muchísimos a los sermones y a confesarse. En la misma capilla en que yo confesaba, confesaba también un sacerdote muy sabio y muy celoso. Había sido Misionero, pero por su edad y achaques se había vuelto tan iracundo y de tan mal genio, que no hacía más que regañar. Así es que los penitentes quedaban tan cortados y confundidos, que se quedaban los pecados sin decir, y, por lo tanto, hacían mala confesión. Y quedaban tan desconsolados, que para tranquilizarse se venían a confesar conmigo.

Como no pocas veces el mal genio y la ira o falta de mansedumbre se encubre con la máscara de celo, estudié muy detenidamente en qué consistía una y otra cosa, a fin de no padecer equivocación en una cosa en que va tanto. Y he hallado que el oficio del celo es aborrecer, huir, estorbar, detestar, desechar, combatir, y abatir, si es posible, todo lo que es contrario a Dios, a su voluntad y gloria y a la santificación de su santo nombre, según David, que decía: Iniquitatem odió habui et abominatus sum; legem autem tuam dilexi.

He observado que el celo verdadero nos hace ardientemente celosos de la pureza de las almas, que son esposas de Jesucristo, según dice el Apóstol a los de Corinto: Yo soy amante celoso de vosotros y celoso en nombre de Dios, pues que os tengo desposados con este único esposo que es Cristo para presentaros a él como una pura y casta virgen.

Por cierto que Eliecer se hubiera picado de celos, si hubiera visto a la casta y bella Rebeca, que llevaba para esposa del hijo de su Señor, en algún peligro de ser violada, y, sin duda, hubiera podido decir a esta santa doncella: Celador soy vuestro de los celos que tengo por mi Señor, porque os he desposado con un hombre para presentaros una virgen casta al hijo de mi amo Abraham. Con esta comparación se entenderá mejor el celo del Apóstol y de los varones apostólicos.

Decía el mismo en otra carta: Yo muero todos los días por vuestra gloria. ¿Quién está enfermo que no lo esté yo también? ¿Quién está escandalizado que yo no me abrase?

Los Santos Padres, para dilucidar más esta materia, se valen de la comparación de la gallina y dicen: ¡Mirad qué amor, qué cuidado y qué celos tiene una gallina por sus polluelos! La gallina es un animal tímido, cobarde, espantadizo mientras no cría; pero cuando es madre tiene un corazón de león, trae siempre la cabeza levantada, los ojos atentos, mirando a todas partes, por pequeña apariencia de peligro que se le presente para sus polluelos. No se pone enemigo delante de ella que no acometa para defenderlos, viviendo en un perpetuo cuidado que la hace continuamente vocear y es tan grande la fuerza del amor que tiene a sus hijos, que anda siempre enferma y descolorida. ¡Oh qué lección tan interesante de celo me dais, Señor, por medio de la gallina!

Yo he comprendido que el celo es un ardor y vehemencia de amor que necesita ser sabiamente gobernado. De otra manera violaría los términos de la modestia y discreción; no porque el Amor divino, por vehemente que sea, pueda ser excesivo en sí mismo ni en los movimientos o inclinaciones que da a los espíritus, sino porque el entendimiento no escoge los medios más a propósito o los ordena mal, tomando caminos muy ásperos y violentos, y, conmovida la cólera, no pudiéndose contener en los límites de la razón, empeña el corazón en algún desorden, de modo que el celo por este medio se ejecuta indiscreta y desarregladamente, con que viene a ser malo y reprensible.

Cuando David envió a Joab con su ejército contra su desleal y rebelde hijo Absalón, le encargó que no le tocase; pero Joab, estando en la batalla, como una furia por el deseo de la victoria, mató con su propia mano al pobre Absalón. Dios manda al Misionero que haga la guerra a los vicios, culpas y pecados; pero le encarga con el mayor encarecimiento que le perdone al pecador, que lo presente vivo a ese hijo rebelde para que se convierta, viva en gracia y alcance la eterna gloria.

¡Oh Dios mío!, dadme un celo discreto, prudente, a fin de que obre en todas las cosas fortiter et suaviter, con fortaleza, pero al propio tiempo suavemente, con mansedumbre con una santa prudencia, y al efecto me acordaré que la prudencia es una virtud que nace en el hombre con la razón natural, la instrucción la cultiva, la edad la fortifica, el trato y comunicación con los sabios la aclara y se consuma con la experiencia de los acontecimientos.

ANTE TODO LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS
San Antonio María Claret

SANTA CLARA DE ASÍS - DIBUJOS ANIMADOS

domingo, 4 de marzo de 2012

SAN MARTÍN DE PORRES - DIBUJOS ANIMADOS

EL PADRE PÍO Y LAS MODAS

“Asimismo oren también las mujeres en traje decente, ataviándose con recato y modestia…” 1 Timoteo 2:9
“Bien manifiestas son las obras de la carne, las cuales son adulterio, fornicación, deshonestidad...” Gál. 5:19


El Padre Pío tenía fuertes puntos de vista sobre la moda

Cuando comenzó la locura de la minifalda, nadie se atrevía a ir al monasterio del Padre Pío vestida con tal moda inapropiada. Otras mujeres no venían en minifaldas sino en faldas que eran cortas. El Padre Pío también se disgustaba mucho con esto.

El Padre Pío no toleraba faldas apretadas ni vestidos cortos o con escotes bajos. Sacaba a las mujeres del confesionario, aún antes que entraran, si discernía que sus vestidos eran inapropiados. Muchas mañanas sacaba a una tras otra terminando por escuchar solo unas cuantas confesiones. También tenía puesto un rótulo en la puerta de la iglesia que declaraba: “Por deseo explícito del Padre Pío, las mujeres deben entrar en su confesionario usando faldas
* que lleguen a por lo menos ocho pulgadas (20 cm) por debajo de las rodillas. Es prohibido prestar vestidos más largos en la iglesia y usarlos para el confesionario” (o sea, que prohibía el préstamo de prendas para ocultar que se traía un vestido corto, cuando lo que se ordenaba es que cada quien se presentase correctamente vestida).

El Padre Pío censuraba fuertemente a alguna mujeres con las palabras, “¡Vete y vístete!”. Él no le daba pase a nadie, ya sea que fuesen personas que conocía o que veía por primera vez, o hijas espirituales de mucho tiempo. En muchos casos, las faldas estaban pulgadas debajo de la rodilla pero aún así ¡no eran suficientemente largas para el Padre Pío! Los niños y los hombres también tenían que usar pantalones largos, si no querían que los sacaran de la iglesia.

*Nota: Ni que decir que ninguna se atrevía a ir en pantalones.

Fuente: mater castissima
Visto en: Catolicidad

jueves, 1 de marzo de 2012

LE DESTRONARON (I)


LOS ORIGENES DEL LIBERALISMO

“¡Si no leéis, tarde o temprano seréis traidores, porque no habréis comprendido la raíz del mal!” Con estas fuertes palabras uno de mis colaboradores recomendaba(1) a los seminaristas de Econe la lectura de buenas obras que traten sobre el liberalismo”.

No se puede, en efecto, ni comprender la crisis actual de la Iglesia, ni conocer la verdadera cara de los personajes de la Roma actual, ni, en consecuencia, captar cuál es la actitud que se debe tomar frente a los hechos, si no se buscan las causas, si no se remonta el curso histórico, si no se descubre la fuente primera en ese liberalismo condenado por los papas de los dos últimos siglos.

Nuestra luz: la voz de los papas

Partiremos, entonces, desde los orígenes, tal como lo hacen los Soberanos Pontífices al denunciar los graves trastornos en curso. Si bien acusan al liberalismo, los papas ven más lejos en el pasado, y todos, desde Pío VI hasta Benedicto XV, relacionan la crisis, reduciéndola, a la lucha entablada contra la Iglesia en el siglo XVI por el protestantismo y el naturalismo, del cual aquella herejía fue la causa y la primera propagadora.

El Renacimiento y el naturalismo

El naturalismo se encuentra ya en el Renacimiento, que en su esfuerzo por recuperar las riquezas de las culturas paganas antiguas, de la cultura y del arte griegos en particular, ha llegado a magnificar exageradamente al hombre, la naturaleza, las fuerzas naturales. Exaltando la bondad y el poder de la naturaleza, se menospreciaba y se hacía desaparecer del espíritu de los hombres la necesidad de la Gracia, el destino de la humanidad al orden sobrenatural y la luz aportada por la revelación. Bajo pretexto de arte, se quiso entonces introducir por todas partes, hasta
en las iglesias, ese nudismo -se puede hablar sin exageración de nudismo- que triunfa en la capilla Sixtina en Roma. Sin duda, consideradas desde el punto de vista artístico, esas obras tienen su valor, pero por desgracia, prima en ellas el aspecto sensual de exaltación de la carne totalmente opuesto a la enseñanza del Evangelio: “pues la carne codicia contra el espíritu, dice San Pablo, y el espíritu lucha contra la carne” (Gal 5,17)

No condeno ese arte, si se reserva a los museos profanos, pero no veo en él un medio de expresar la verdad de la Redención, es decir, la feliz sumisión a la Gracia de la naturaleza reparada. Mi juicio es muy distinto con respecto al arte barroco de la contrarreforma católica, especialmente en los países que resistieron al protestantismo: el barroco hará uso todavía de angelitos regordetes, pero ese arte de puro movimiento y de expresiones a veces patéticas, es un grito de triunfo de la Redención, un canto de victoria del catolicismo sobre el pesimismo de un protestantismo frío y desesperado.

El protestantismo y el naturalismo

Puede parecer extraño y paradójico calificar al protestantismo de naturalismo. Nada hay en Lutero de esa exaltación de la bondad intrínseca de la naturaleza, porque, según él, la naturaleza está irremediablemente caída y la concupiscencia es invencible. Sin embargo, la mirada excesivamente nihilista que el protestante tiene sobre sí mismo, desemboca en un naturalismo práctico: a fuerza de menospreciar la naturaleza y de exaltar el poder de la sola fe”, se relegan la Gracia divina y el orden sobrenatural al domino de las abstracciones. Para los protestantes, la gracia no opera una verdadera renovación interior; el bautismo no es la restitución de un estado sobrenatural habitual, es, solamente, un acto de fe en Jesucristo que justifica y salva. La naturaleza no ha sido restaurada por la gracia, permanece intrínsecamente corrompida; y la fe sólo obtiene de Dios que eche sobre nuestros pecados el manto púdico de Noé. Todo el organismo sobrenatural que el bautismo agrega a la naturaleza enraizándose en ella, todas las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo, son reducidos a nada, reducidos a ese solo acto furioso de fe –confianza en un Redentor que no concede la gracia mas que para retirarse lejos de su criatura, dejando un abismo insalvable sobre el hombre definitivamente miserable y el Dios trascendente tres veces santo. Ese pseudo-supernaturalismo, como lo llama el Padre Garrigou Lagrange, deja finalmente al hombre, a pesar de haber sido redimido, librado a la sola fuerza de sus virtualidades naturales; se hunde fatalmente en el naturalismo ¡De manera que los extremos opuestos se unen! Jacques Maritain expresa bien el desenlace naturalista del luteranismo:

“La naturaleza humana sólo tendrá que rechazar como un vano accesorio teológico, el manto de una gracia que no es nada para ella y cubrirse con su fe-confianza, para convertirse en esa hermosa bestia liberada, cuyo infalible progreso continuo encanta hoy al universo entero.”(2)

Y ese naturalismo se aplicará especialmente al orden cívico y social: siendo la Gracia reducida a un sentimiento de “feconfianza”, fiduciario, la redención sólo consistirá en una religiosidad individual y privada, sin consecuencias en la vida pública. El orden público, económico y político queda condenado a vivir y desarrollarse fuera de Nuestro Señor Jesucristo. En todo caso, el protestantismo buscará en el éxito económico el criterio de su justificación ante los ojos de Dios; con este sentido inscribiría de buen grado sobre la puerta de su casa aquella frase del antiguo testamento: “Rinde honor a Dios de tus bienes, dale primicias de tus ganancias, entonces tus graneros se llenarán abundamente y tus cubas desbordarán de vino”.

Jacques Maritain tiene excelentes páginas sobre este materialismo del protestantismo, que dará nacimiento al liberalismo económico y al capitalismo:

“Detrás de las llamadas de Lutero al Cordero que salva, detrás de sus movimientos de confianza y su fe en el perdón de los pecados, hay una criatura humana que levanta la cabeza y que hace muy bien sus negocios en el fango donde está sumergida a causa de la falta de Adán! Se desenvolverá en el mundo, seguirá la voluntad de poder, el instinto imperialista, la ley de este mundo que es su mundo. Dios no será más que un aliado, un poderoso”. (op. cit. P.52-53).

El resultado del protestantismo es que los hombres se apegarán más aún a los bienes de este mundo y olvidarán los bienes eternos. Y si un cierto puritanismo viene a ejercer una vigilancia exterior sobre la moralidad pública, no impregnará los corazones del espíritu verdaderamente cristiano, que es un espíritu sobrenatural que se llama primacía de lo espiritual. El protestantismo se verá conducido necesariamente a proclamar la emancipación de lo temporal en relación a lo espiritual. Ahora bien, justamente esta emancipación va a reencontrarse en el liberalismo. Los papas tuvieron entonces mucha razón al denunciar este naturalismo de inspiración protestante como el origen del liberalismo que, trastornará la cristiandad en 1789 y 1848 –Así León XIII:

“Más esta osadía de tan pérfidos hombres, que amenaza cada día más graves ruinas a la sociedad civil, y que estremece todos los ánimos en inquietantes preocupación, tomó su causa y origen de las ponzoñosas doctrinas que, difundidas entre los pueblos como viciosas semillas en tiempos anteriores, han dado a su tiempo tan pestíferos frutos.
Pues bien sabéis, Venerables hermanos, que la cruda guerra que se inició contra la fe católica, por los novadores, ya desde el siglo decimosexto, y que ha recrudecido con creciente furia de día en día hasta el presente, tendía únicamente a desechar toda revelación y todo orden sobrenatural para abrir la puerta a los inventos, o más bien delirios, de la sola razón.”
(3)

Y más cercano a nosotros el Papa Benedicto XV:

“Desde los tres primeros siglos y desde los orígenes de la Iglesia, en el curso de los cuales la sangre de los cristianos fecunda la tierra entera, se puede decir que jamás la Iglesia corrió tal peligro como aquél que se manifiesta a fines del siglo XVIII. Entonces una filosofía en delirio, continuación de la herejía y la apostasía de los Innovadores, adquirió sobre los espíritus un poder universal de seducción y provocó una transformación total, con el propósito determinado de destruir los cimientos cristianos de la sociedad, no sólo en Francia, sino poco a poco en todas las naciones”.(4)

Nacimiento del naturalismo político

El protestantismo constituyó un ataque muy duro contra la Iglesia y causó un desgarramiento profundo de la cristiandad en el siglo XVI, pero no llegó a impregnar las naciones católicas con el veneno de su naturalismo político y social sino cuando ese espíritu secularizante alcanzó a los universitarios, y luego a aquellos que llamamos los “Filósofos de las luces”.

En última instancia, filosóficamente, el protestantismo y el positivismo jurídico tienen origen común en el nominalismo surgido en la decadencia de la Edad Media, que conduce tanto a Lutero, con su concepción puramente extrínseca y nominal de la Redención, como a Descartes, con su idea de una ley divina indescifrable, sometida al puro arbitrio de la voluntad de Dios. Toda la filosofía cristiana afirmaba por el contrario, con Santo tomas de Aquino, la unidad de la ley divina eterna y de la ley humana natural: “la ley natural sólo en una participación a la ley eterna en la criatura razonable”, escribe el Doctor Angélico (I-II 91,2). Pero con Descartes ya se pone un hiato entre el derecho divino y el derecho humano natural. Tras él, los universitarios y juristas, no tardarán en practicar la misma escisión. Así, Hugo Grotius (1625) a quien resume Paul Hazard:

“Y el derecho divino? Gropius trata de salvaguardarlo. Lo que acabamos de decir, declara él, valdría aún cuando otorgásemos –lo que no puede ser concedido sin un crimen- que no hay Dios, o que lo asuntos humanos no son el objeto de sus cuidados. Dios y la Providencia existen sin ninguna duda, he aquí, entonces una fuente de derecho, además de aquella que emana de la naturaleza. “Ese derecho natural mismo, puede ser atribuido a Dios, porque la divinidad ha querido que tales principios existieran en nosotros” La Ley de Dios, la ley de la naturaleza…, continúa Paul Hazard, esta doble fórmula, no es Grotius quien la inventa (…) la Edad Media la conocía ya. ¿Dónde está su carácter novedoso? ¿De donde viene que sea criticada, condenada por los doctores? ¿Para quién es luminosa? La novedad consiste en la naciente separación de dos términos; en su oposición, que tiende a afirmarse; en una tentativa de conciliación posterior, que por sí sola supone la idea de una ruptura”(5)

El Jurista Pufendorf (1672) y el filósofo Locke (1689) darán el último toque a la secularización del derecho natural. La filosofía de las luces imagina un “estado de naturaleza” que no tiene nada que ver con el realismo de la filosofía cristiana y que culminada en el idealismo con el mito del buen salvaje” de Jean Jacques Rousseau. La ley natural se reduce a un conjunto de sentimientos que el hombre tiene de sí mismo y que son compartidos por la mayor parte de los hombres; en Voltaire se encuentra el diálogo siguiente.

“B. ¿Qué es la ley natural?
A. El instinto que nos hace sentir la justicia.
B. ¿A qué llama usted justo e injusto?
A. A lo que parece tal al universo entero
.(6)

Tal conclusión es el fruto de una razón desorientada, que en su sed de emancipación con respecto a Dios y a su revelación, ha cortado igualmente los puentes con los simples principios del orden natural, recordados por la revelación divina sobrenatural y confirmados por el magisterio de la iglesia. Si la Revolución ha separado al poder civil del poder de la Iglesia, es, originariamente, porque ella, desde hacía tiempo, había separado, en aquellos que se engalanaban con el nombre de filósofos, la fe y la razón. No es un despropósito recordar lo que enseña con respecto a este punto el concilio Vaticano I:

“Y no sólo no pueden jamás disentir entre si la fe y la razón, sino que además se prestan mutua ayuda, como quiera que la recta razón demuestra los fundamentos de la ley y, por la luz de ésta, ilustrada, cultiva la ciencia de las cosas divinas, y la fe, por su parte, libra y defiende a la razón de los errores y la provee de múltiples conocimientos”.
(7)

Mas precisamente, la Revolución se cumplió en el nombre de la diosa Razón, de la razón deificada, de la razón que se erije en norma suprema de lo verdadero y de lo falso, del bien y del mal

Naturalismo, racionalismo, liberalismo

Vosotros podéis ver desde ya, cómo todos esos errores están entrelazados los unos con los otros: liberalismo, naturalismo, racionalismo, no son más que aspectos complementarios de lo que debe llamarse la Revolución. Allí donde la recta razón esclarecida por la fe, no ve más que armonía y subordinación, la razón deificada cava abismos y levanta murallas: la naturaleza sin la gracia, la prosperidad material sin la búsqueda de bienes eternos, el poder civil separado del poder eclesiástico, la política sin Dios ni Jesucristo, los derechos del hombre contra los derechos de Dios, la libertad, en fin, sin la verdad.

Con ese espíritu se hizo la Revolución que se preparaba desde hacía ya más de dos siglos en los espíritus, como he tratado de mostraros, pero sólo a fines del siglo XVIII culmina y da sus frutos decisivos: los frutos políticos, gracias a los escritos de los filósofos, de los enciclopedistas, y de una actividad inimaginable de la masonería
(8), que en algunas décadas había penetrado y establecido núcleos en el un seno de toda la clase dirigente.

La masonería propagadora de esos errores

Con qué precisión y clarividencia los Soberanos Pontífices denunciaron esta empresa, el Papa León XIII lo demuestra en “Quod apostolici” encíclica ya citada, y también en la “Humanum Genus” del 20 de agosto de 1884 sobre la secta de los masones:

“En nuestros días, todos los que favorecen la peor parte parecen conspirar a una y pelean con la mayor vehemencia, siéndoles guía y auxilio la sociedad que llaman de los Masones, extensamente dilatada y firmemente constituida (…) Los Romanos Pontífices, Nuestros Antecesores, velando solícitos por la salvación del pueblo cristiano, conocieron bien pronto quién era y qué quería este capital enemigo apenas asomaba entre las tinieblas de su oculta conjuración (…)”

León XIII, menciona allí los papas que ya han condenado a la masonería: clemente XII, en la Encíclica “In Eminenti”, del 27 de abril de 1738, fulmina una excomunión contra los masones; Benedicto XIV renueva esta condenación en la Encíclica “Próvidas” del 16 de marzo de 1751; Pío VII por la Encíclica “Ecclesiam” del 13 de septiembre de 1821 denuncia especialmente los “Carbonari”, León XII, en su Constitución Apostólica “Quo graviora” del 13 de marzo de 1826 descubre la sociedad secreta “La Universitaria” que trataba de pervertir a la juventud; Pío VII (Encíclica “Traditi” del 24 de mayo de 1829), Pío IX (Alocución consistorial del 25 de septiembre de 1865 y Encíclica “Quanta Cura” del 8 de diciembre de 1864) hablaron en el mismo sentido.

Después, deplorando la poca cuenta que han tenido los gobernantes de tan graves advertencias León XIII constata los progresos espantosos de la secta:

“Vemos como resultado que en el espacio de un siglo y miedo la secta de los masones ha hecho increíbles progresos. Empleando a la vez la audacia y la astucia, ha invadido todos los rangos de la Jerarquía social y ha comenzado a tomar, en el seno de los estados modernos, un poder que equivale a la soberanía”

¡Qué diría ahora cuando
(9) todos los gobiernos obedecen a los decretos de las logias masónicas! Ahora mismo, en el asalto de la Jerarquía de la Iglesia, el espíritu masónico o la masonería misma progresan sólidamente. Volveremos sobre este tema.

¿Qué es entonces el espíritu masónico? Helo aquí declarado en pocas palabras por boca del senador Goblet d´Aviello, miembro del Gran-Oriente de Bélgica, hablando el 5 de agosto de 1877 a la logia de los Amigos Filantrópicos de Bruselas:

“Decid a los neófitos que la Masonería… es ante todo una escuela de vulgarización y de perfeccionamiento, una especie de laboratorio donde las grandes ideas de la época vienen a combinarse y a afirmarse para esparcirse en el mundo profano bajo una forma palpable y práctica. Decidles, en una palabra, que
somos la filosofía del liberalismo”.

Es bastante deciros, queridos lectores, que aunque no la nombre siempre, la masonería es el centro de los temas de los cuales voy a hablaros en todos los capítulos siguientes.

Notas:
(1) Padre Paul Aulagnier, 17 sde septiembre de 1981.
(2) “Tres Reformadores”, p.25.
(3) Encíclica “Quod apostolici”, de 28 de diciembre de 1878.
(4) Carta “Anno Jam exeunte” del 7 de marzo de 1917, PIN. 486 (PIN:confrontar bibliografía).
(5) “La crisis de conciencia europea”, 1680-1715, Paris, Fayard, 1961
(6) Voltaire, Diálogos filosóficos, A.B.C., 1768, “Cuarta entrevista”, “De la ley natural y de la curiosidad”, citado por Paul Hazard, op. Cit.
(7) Constitución de “fide catholica” “Dei Filius” Dz 1799.
(8) 1517: rebelión de Lutero, que quema la Bula del Papa en Wittenberg.
1717: fundación de la “Gran Logia de Londres”.
(9) Tampoco se debe excluir a los países comunistas, ya que el partido comunista es simplemente una sociedad masónica, con la única diferencia que es perfectamente legal y pública.

LE DESTRONARON
Mons. Marcel Lefebvre

Trascrito por Inmaculada