jueves, 9 de mayo de 2013

LA DIFUSIÓN DE LA VERDAD



SYLLABUS

Deseamos con estos textos apoyar y honrar a la buena prensa católica que hoy en día, ya no a través del papel, sino de la Internet, y en este caso en y desde la Tradición católica, sostiene un combate sin tregua contra los grandes enemigos de Cristo Rey, hoy en día especialmente bajo un disfraz católico y de la tradición. Los textos de los últimos grandes pontífices de la Iglesia son por demás claros respecto de esta muchas veces desestimada función, que no suele recibir los apoyos necesarios para que sus esfuerzos continúen sirviendo a la difusión de la verdad en un combate cada vez más difícil. Sigamos firmes en nuestras trincheras, custodiando la palabra que nos ha sido dada para mantener iluminado el camino en medio de las tinieblas del mundo, recordando siempre que la lámpara debe colocarse sobre el celemín.




“¡Oh, la prensa!  No se comprende todavía su importancia. Ni los fieles, ni el clero se sacrifican por ella como sería necesario. En vano construiréis iglesias, predicaréis misiones y edificaréis escuelas; todas vuestras buenas obras, todos vuestros esfuerzos quedarán destruidos si no sabéis manejar al mismo tiempo el arma ofensiva y defensiva de una prensa católica, leal y sincera. Vale más un buen periódico, decía S.S. Pío IX, que media docena de predicadores. Pero como esta obra de la buena prensa no puede llevarse a cabo sin la cooperación activa y la ayuda de los buenos, Nos manifestamos la esperanza...de que todos sin excepción y con gran generosidad, proporcionada a los medios de cada uno, contribuirán  a la perfección de una obra  eficaz y saludable entre todas.”

San Pío X



“La doctrina católica nos enseña que el primer deber de caridad no está en la tolerancia de las opiniones erróneas, por muy sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica y práctica ante el error o el vicio en que vemos caídos a nuestros hermanos, sino en el celo por su mejoramiento intelectual y moral no menos que en el celo por su bienestar material”.

San Pío X. “Notre charge apostolique”.



“¿Cómo se puede aprobar a algunos periódicos que se esconden bajo el título de católicos con pretexto de que algunas veces relatan las audiencias pontificias y reproducen las noticias vaticanas, siendo que no solamente no dicen nunca una palabra de la libertad y de la Iglesia, sino que además hacen como si no se diesen cuenta de la guerra que se le hace; periódicos que no solamente no combaten contra los errores que desvían a la sociedad, sino que contribuyen a la confusión de las ideas y máximas apartándose de la ortodoxia, y que inciensan a los ídolos del día, alaban libros, empresas y hombres nefastos para la Religión?
“Tengamos generosamente compasión (si están de buena fe) con esos pobres utópicos que creen impedir la lectura de los malos periódicos, sustituyéndolos con otros, supuestamente tolerantes, de medias tintas e incoloros, y que sin convertir a ninguno de nuestros adversarios (que los desprecian por su sola apariencia de católicos), causan a los buenos un gran perjuicio; pues estos últimos, buscando la luz encuentran tinieblas, necesitando alimento reciben veneno, en lugar de la verdad y de la fuerza para mantenerse firmes en la fe, encuentran argumentos para convertirse, en algo tan importante, en despreocupados, apáticos e indiferentes. ¡Ah, qué mal causan estos periódicos a la iglesia y a las almas!, y ¡en qué responsabilidad incurren sobre todo los miembros del clero que los difunden, animan y los recomiendan!
“La verdad no puede ser disfrazada, tenemos que desplegar nuestra bandera; solamente podremos hacer un poco de bien con la lealtad y la franqueza, combatidos desde luego por nuestros adversarios, pero respetados por ellos, de modo que conquistemos su admiración, y poco a poco su regreso al bien.
“Estos son nuestros sentimientos que podréis, en cualquier ocasión favorable, dar a conocer a los que los necesitan, diciéndoles que así piensa el Papa...”

San Pío X, Carta al Padre Ciceri, del 20 de octubre de 1912. 

“Todo cuanto hiciereis por la buena prensa, yo lo consideraré como hecho a mí mismo personalmente. (...) No basta lograr que un periódico católico salga impreso: es menester propagarlo activamente para sostenerlo –propaganda de individuo a individuo, de casa en casa. Fijaos bien, la propaganda a favor de la prensa católica es tan necesaria como su redacción misma”.

S. S. Pío XI. Cit. en “Manual oficial de la Legión de María”, Colombia, 1957.



“Es una grande y hermosa misión la de estar llamado a la propaganda, a la difusión de la verdad, porque ello significa comunicar a otros la verdad y el apoyo espiritual que los vuelve más aptos para hacer el bien. (...)
 El triunfo del catolicismo y su influencia en el mundo entero, está en razón directa, no de los templos católicos, ni de las instituciones benéficas, ni siquiera del número de sacerdotes, sino de la prensa católica. (...) La palabra es una fuerza que sabe doblegar las almas, y es la dominadora de todo”.

S. S. Pío XI. “El Papa de la prensa”, Revista Criterio Nº 484, Junio 10 de 1937.



“Y junto a los escritos que propagan la impiedad y las malas costumbres, no podemos dejar de mencionar aquellos otros que difunden la mentira y provocan el odio. La mentira, abominable a los ojos de Dios y detestada por todo hombre justo, lo es todavía más cuando esparce la calumnia y siembra discordias entre los hermanos. Como aquellos maniáticos anónimos cuya pluma mojada en la hiel y en el fango hace desmoronarse la felicidad de la vida doméstica y la unión de las familias, así una cierta prensa parece haberse fijado el propósito de destruir, en la gran familia de los pueblos, las relaciones fraternas entre los hijos del mismo Padre celestial. Esta obra de odio se lleva a cabo algunas veces con el libro, con más frecuencia aún con los diarios.
Que en la prisa del trabajo cotidiano a un escritor se le escape un error, que acepte una información menos comprobada, que exprese una apreciación injusta, puede parecer y ser, no rara vez, más ligereza que culpa; debería sin embargo  pensarse que semejantes ligerezas o inadvertencias pueden ser suficientes, especialmente en épocas de aguda tensión, para suscitar graves repercusiones. Pluguiese a Dios que la historia no registrara ninguna guerra provocada por una mentira hábilmente difundida.
Un publicista consciente de su misión y de sus responsabilidades, se siente en el deber de restablecer la verdad, si ha divulgado el error. Está obligado, ante los millares de lectores sobre los que podrían hacer impresión sus escritos, a no arruinar en ellos o en torno a ellos el sagrado patrimonio de verdad liberadora y de caridad pacificante; la literatura mentirosa puede resultar no menos homicida que los carros blindados y los aviones de bombardeo.
Si ustedes quieren que su casa sea favorecida por las bendiciones de Dios, por la protección especial de su corazón, por las gracias de paz y de unión prometidas a quien le honra, sepárense de la multitud rechazando las publicaciones reprobables y corruptoras. Buscando el bien en esto como en todo, viviendo habitualmente bajo la mirada de Dios y en la observancia de su ley, harán de su casa íntimo Tabor, adonde no subirán las miasmas de la llanura y donde podrán decir como San Pedro: “¡Maestro, qué bien estamos aquí!”

S. S. Pío XII. Las malas lecturas, Fides Nº 208, FSSPX, 1996.