jueves, 2 de mayo de 2013

REQUIEM POR UN CONCILIO - POR EL PADRE MAURICE AVRIL

NON POSSUMUS


 « REQUIEM POR UN CONCILIO »
Sermon del Padre Maurice AVRIL
En la Fiesta de la Asunción de la Virgen
el 15 de agosto de 2010
* * * * *

Padre Maurice AVRIL.


Bienaventurada sois, oh María ! “Bienaventurada sois, oh María, porque creísteis en el cumplimiento de todo lo que se os había dicho de parte del señor” Luc. 1,45

Bienaventurada sois, oh María ! El Padre de amor y de misericordia, por medio de Gabriel, os reveló la integridad de su misterio de amor y la integridad de la parte que os propone cumplir.

Oh Bienaventurada Virgen María, habéis creído, y habéis creído integralmente. Y el misterio de amor se cumplió.

Nosotros, cada uno de nosotros, debemos creer y creer integralmente: “el que cree, posee la vida eterna”.

Gracias a Vos, El se hizo carne! Gracias a Vos, Él habitó entre nosotros. Gracias a Vos, Él se hizo propiciador por nuestros pecados.
Bienaventurada María que habéis creído, Vos sois la Reina y la Madre de la fe, el testigo y el modelo de la fe, la guardiana y la fiadora de la fe.

Y nosotros, somos bienaventurados cuando la Santa Iglesia, nuestra madre, nos da la fe.

Bienaventurados somos nosotros cuando conservamos integralmente esta fe, cuando vivimos integralmente nuestra fe, cuando defendemos hasta el final la integridad de nuestra fe.

La Historia, la única Historia, es la Historia de Dios, la Historia, la historia del mundo, como nuestra propia historia, es la historia de Dios en su misterio de amor. La historia, la única historia, es la del Misterio de Amor de nuestro Dios. Este misterio de amor sobrepasa las eternidades de eternidades, este misterio de amor debe hacernos franquear nuestra eternidad, “Aquél que es nuestra alegría, será nuestra recompensa!” Es por eso que “todo lo que ha sido hecho, todo lo que ha sido escrito, lo han sido para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que creyendo, tengáis la vida en su nombre Jn. XX 31.

Pero al contrario, desgracia a aquél que no ha creído, a aquél que se convirtió en lo que es porque no creyó.

Desgracia a Lucifer, quien en su integridad  rehusó el plan de amor de Dios, que rehusó reconocer y adorar al Hijo de Dios hecho hombre, Dios de Dios, Luz de Luz, Señor de Señores y Rey de Reyes, que vino para salvarnos y para unirnos en Él a su Padre.

A este misterio de amor, Lucifer lo sustituyó por su misterio de iniquidad, al amor, lo sustituyó por odio y blandió su grito de guerra: non serviam yo no serviré, soy yo quien será servido, yo no adoraré, soy yo quien será adorado, implantaré la revuelta contra el plan de Cristo y condenaré a las almas.

Hay que comprender muy bien que este misterio de iniquidad es integral e irrevocable, y nos concierne, nosotros constituimos los puntos de mira privilegiados de Satanás. Es el combate sin cuartel de nuestra vida, y continuará sin descanso hasta el fin de los tiempos, no cambiará, no podrá cambiar.

Ciertamente, Satanás no tiene mas que los poderes concedidos por Dios según los designios de su misericordia.

Ciertamente, por otra parte, el plan diabólico está constantemente contrariado por los impulsos de la gracia, la vigilancia de la Iglesia, los siglos de cristiandad, el heroísmo de los santos y cada uno de nuestros esfuerzos.
Pero lo que no se debe olvidar, es que el plan de iniquidad es progresivo, su realización es escalonada a través de los siglos en etapas dosificadas según las circunstancias.

Porque hace falta tiempo para formar los espíritus, para condicionarlos, para reducirlos, para adaptar las mentalidades a los cambios sucesivos, banalizarlos, normalizarlos, acordarlos a la conciencia colectiva.

Solamente debe reinar el pensamiento único, que vagabundea sobre las pantallas al ritmo del ratón diabólico. Los contrarios chocan allí, pero la flecha no cambia, y en este paso de danza ilógica, los espíritus aturdidos son reducidos a la esclavitud. Nosotros no tendremos mas que pastar el pensamiento único y rumiarlo; toda deshumanización no es mas que la hija única de la descristianización. Henos aquí como bestias que el león rugiente puede devorar deliberadamente.

¡Pero que otro destino puede depararle a nuestra sola naturaleza humana tan frágil e inconstante! Si para remontar el misterio de amor hay que subir, y al contrario, para caer en el misterio de iniquidad, solamente hay que resbalar. Y el hombre es un ser que se resbala, que no deja de resbalarse, que no quiere mas que resbalarse, que acabó por resbalar hasta lo más bajo. Y por lo tanto, se obstina en no ver, en no creer que ha resbalado.

Él se declara fiel, y más fiel que nunca, esto es muy común, es una lástima, pero es muy común: si por un lado los duros se inmovilizan y por el otro, los blandos se ablandan para siempre. Y la causa pierde a sus mejores defensores, y la causa está perdida para siempre. Las fuerzas ocultas ríen con sarcasmo, la ocupación integral prosigue.

Ahora recordemos las etapas claves :

-La tentación de nuestros primeros padres: Seréis como dioses, en realidad, siendo ellos mismos dioses no tienen necesidad de otro Dios.

-La Pasión de NSJC: en el fondo, su victoria contundente: todo está consumado. Pero para los secuaces de Satanás, no queremos que reine sobre nosotros.

-La Revolución francesa, apología del non serviam, insurrección sacrílega legalizada contra Dios y contra su Obra, la revuelta erigida en principio y como fundamento de la anti-sociedad, negación sistemática de toda autoridad, y como consecuencia también la de la Iglesia; y para la misma Iglesia: “aplastemos al infame”.

Y llegamos a la última etapa, el asalto final, la victoria aparente del misterio de iniquidad. Lo que caracteriza a esta etapa, es que hasta aquí los enemigos atacaron desde el exterior, pero de ahora en adelante, los ataques provienen desde el interior de una neo-Iglesia ocupada, infiltrada. Por otra parte, si hasta ese momento la Iglesia era un bastión a defender, ahora es un bastión a reconquistar, a liberar.

¡Ciertamente pareceré excesivo! Así lo espero, como Aquel que lo es todo, el Camino, la Verdad y la Vida, y que sigue y seguirá siendo un escándalo para los judíos y locura para los gentiles. Entonces, aférrense a Aquel que es la Verdad, y comprendan bien: lo que digo es en conciencia, por fidelidad a la fe y por amor de Nuestro Señor Jesucristo y de su Iglesia, una, santa, católica, apostólica y romana.

Solamente Jesús, todo lo demás viene del Maligno. Y este concilio viene del Maligno: Monseñor Lefebvre dijo: Le han dado la espalda a la verdadera Iglesia. Este concilio, este acontecimiento ruinoso para la Iglesia Católica y toda la civilización cristiana, no ha sido dirigido ni conducido por el Espíritu Santo.

¿Cómo entonces fue conducido y dirigido? Programado por las fuerzas ocultas infiltradas, convocado para imponer su programa, confiscado desde la 1ª sesión por los modernista, este concilio no quería ni podía tener la intención de la Iglesia: conservar y transmitir el Depósito de la fe. Se convirtió en un mortinato y no constituyó mas que una Asamblea informal con las apariencias engañosas de un Concilio. Esta Asamblea fantasma substituyó a la Iglesia Católica por una neo-Iglesia conciliar anticatólica. Este concilio es mortal, muerto, mortífero, letal. Estos asesinos no tenían otro objetivo que el de integrar la Iglesia a su sinarquía y desnaturalizar la fe en espiritualismo esotérico. La Iglesia conciliar es anticatólica, universal, noáquida, cósmica, adogmática, humanista, liberal y laica.

Pongamos a este Concilio en el contexto. Deplorémosle en esta elegía trágica.
El Concilio, es la apoteosis del non serviam de Lucifer:

Insurrección sacrílega contra Dios, su Obra, su misterio de amor. Es la negación sacrílega del reinado social de Cristo Rey.

El Concilio, es la apoteosis de la serpiente susurrando a nuestros primeros padres: seréis como dioses.

Fue la instauración del humanismo integral.

El Concilio, es la apoteosis de la renegación integral de Dios crucificado en el Gólgota: no queremos que El reine sobre nosotros.

El Concilio, es la apoteosis de la Revolución francesa: el culto sacrílego del hombre convertido en dios y maestro, y la Declaración sacrílega de los derechos del hombre.

El Concilio, es la apoteosis de la Revolución en tiara y capa, la apoteosis de la victoria aparente del misterio de iniquidad sobre el misterio de amor. Este Concilio es verdaderamente la apoteosis de la apostasía total.

Entonces surge la pregunta: El Concilio hace estragos desde hace más de medio siglo, ¿por qué de repente, de nuevo esta indignación?

Respuesta: la fatiga de los espíritus, que ha seguido a cada una de las ofensivas de descristianización se ha intensificado y apoya la victoria aparente del misterio de iniquidad. Paralelamente y en consecuencia, se han intensificado la pérdida de la fe, la ceguera de los espíritus sobre el verdadero combate y sobre los verdaderos enemigos. El valor se ha debilitado, el cansancio, el abandono y el desaliento  siguieron, y sobre todo, nos hicimos unos acostumbrados sin reacción. Los oponentes que perseveran, parecen luchar contra molinos de viento.

La realidad es que la Tradición sufre de una hipotensión que no puede mas que serle fatal.

Es hora de despertarse, de incorporarse, de recobrar el combate y de remontar valientemente a las primeras líneas.

Jesús, solamente Jesús, es la Verdad integral, su Santa Iglesia, la única que puede recibir y transmitir el Depósito integral. Fuera de Cristo, fuera de la Iglesia, está el error integral. Contra el Cristo integral, contra la Iglesia integral, está el error integral. El Concilio, fuera de Cristo integral, contra la Iglesia integral, no es mas que el error integral. Es la serpiente que silba, es la pérdida integral de las almas.

Todos y cada uno de nosotros estamos amenazados, incluso tentados, y algunas veces tan tentados. Nosotros ahora estamos en estado de legítima defensa, he aquí a nuestro Cristo de nuevo ante Pilatos, he aquí nuestra Iglesia en estado de asfixia, Ella que no vive sin sus dos pulmones: la Palabra de Dios y la Tradición.

Tenemos el derecho estricto de luchar en contra del error integral. Tenemos el deber imperioso de defender nuestra fe. Nosotros queremos conservar nuestra fe en toda su integridad, nosotros queremos defender la fe católica, incluso al precio de nuestra vida. Por otra parte, esa fue la voluntad de Dios al ponernos en este mundo, cuando su Iglesia nos ha prodigado la fe, cuando sus gracias han intervenido en tales circunstancias, en estos tiempos de apostasía endémica.

Escogidos, Dios nos ha escogido para una misión exaltante. Nosotros estamos armados con todas las gracias necesarias.

Dios quiere necesitarnos para su gloria, para la liberación y exaltación de su Santa Iglesia, para la restauración integral de su reinado social. A Él, Rey de cielos y tierra, gloria y honor eternamente.

En el non serviam, Dios escogió a San Miguel. En el desastre de Adán y Eva, Dios escogió a la llena de gracia, terrible como un ejército ordenado en batalla”.

En la ofensiva conciliar, Dios escogió a esta legión de combatientes de la fe, cotas de malla bien distribuidas. Démosle homenaje a estos héroes de la primera hora, perlas de la Tradición, desde el Padre Coache hasta Monseñor Lefebvre.

Pero en el curso de los años, hemos flaqueado, y no dejamos de flaquear : la duración sin fin de la prueba y el agotamiento, el ambiente de trincheras y esta disminución de la fe, las continuas trampas y las divisiones terribles, las dudas y los desalientos, el mal de los acuerdos con Roma y la necesidad de los brazos maternales de nuestra Iglesia…

¡Atención ! El combate no puede ser mas que integral, de día y de noche. Quien se quiere conciliador, termina conciliar. Quien cree poder integrarse, se desintegra en seguida. Quien le hace un guiño al error, pierde sus dos ojos. Quien acuerda derechos al error, se precipita él mismo en el error integral, y acaba empleando, como el sistema, el ecumenismo conciliar.

¡Atención ! Este Concilio, hay que denunciarlo, hay que rechazarlo, su espíritu y sus aplicaciones y sobre todo no hay que tratar de remendarlo, de triturarlo, de despedazarlo; no tenerlo en cuenta más y olvidarlo.

Yo les insisto, les repito y les vuelvo a repetir: la Tradición está en grave hipotensión, y usted, usted tiene suficiente con estar separado, usted sueña ser como todo el mundo, usted da el paso, el mal paso, hacia los conciliares…
Queridos hermanos tradicionalistas, ustedes se sienten anticuados, obsoletos, ridículos, ustedes sienten vergüenza y tratan de rehabilitarse, ustedes se han hecho terriblemente peligrosos. Amigos míos, claramente les digo, ustedes traicionan y apuñalan por la espalda a la Tradición cantando los aleluya!

Perseverar en el combate, así debe ser hasta que llegue la victoria. Perseverar y triunfar, es vivir integralmente el Misterio de amor, es cumplir integralmente la Voluntad de Dios, ustedes deben permanecer integralmente como testigos de Cristo, soldados de Cristo. Es la guerra, y ustedes deben movilizarse a exorcizar la neo-Iglesia conciliar y liberar la Santa Iglesia de Cristo para restaurar integralmente el reinado de Cristo sobre sus dominios.
Felices, bienaventurados elegidos de la Tradición, conserven vuestra fe integral, combatan hasta el final. Vuestro combate tomará la medida de vuestra fe integral. Ella, la Bienaventurada, Ella creyó, y creyó con la fe más integral. Ella, la Reina y Madre de la fe, la testigo y modelo de la fe, la guardiana y la fiadora de la fe, nos llama a cerrar las filas detrás de ella para el combate integral de la fe.

En el calvario, Ella permaneció de pie, pero su talón se fortificó y el Maligno empezó a temblar. Para el combate, es al pie del Calvario que nos unimos a Ella y que nosotros erguimos nuestros talones.

En la Salette, nuestra Santa Madre lloró, y nosotros nos unimos para llorar con ella, por nosotros mismos y por todos aquellos que son la causa de sus lágrimas, y para combatir con ella.

En Fátima, la Omnipotencia Suplicante nos prometió la victoria, Su Victoria: Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará. Y ya, gracias a vuestro combate, en un horizonte inundado de esperanza, apunta sobre el Carmelo una nube muy pequeña. Y avanza y crece.

Entonces, Oh Madre bien amada, el fin, este fin que Vos anunciasteis, ¿es pronto?

¡Así sea!