domingo, 17 de noviembre de 2013

DE LA MISIÓN ESPECIAL DEL PERIODISMO EN LA PROPAGANDA CATÓLICA



Por R. P. Félix Sardá y Salvany

He aquí explicada la situación del Pro­pagandista católico respecto del Periodismo. Periódicos al servicio del bien ha de haber, dado que los hay, ¡y tantos por desgracia al servicio del mal! Hágase, pues, periodista el buen católico, cuando para eso se sienta con la vocación debida y crea emplearse realmente con eso en trabajo de gran mérito para su alma, de gran bien para sus hermanos y de gran gloria para Dios. Tome parte con su buen fusil o humilde escopeta en ese tiroteo continuo de avanzadas, mientras otros más dichosos baten al enemigo con máquinas guerreras de mayor alcance y potencia. Procure hacer oír sin descanso, cada semana o cada día, alta y firme su voz, sin doblegarse por la amenaza, ni enmollecerse por el halago, a fin de que vivan alerta los descuidados, despierten los dormidos, no se duerman los despiertos, no se introduzcan en el aprisco los lobos, no cese, en una palabra, día y noche sobre la brecha la resistencia al si­tiador.

Un periódico bien pensado y bien escrito es a la vez bandera para los buenos, lazo de unión entre ellos, núcleo para la acción, resorte para hacerla eficaz y contundente sobre el enemigo. De cuantos elementos humanos tiene el Propagandista seglar, es el de mayor efecto. La palabra es podero­sísima; y de la prensa en general, pero muy especialmente de la periódica, ha dicho un sabio escritor, que es la palabra elevada a su mayor potencia. Tiene más rápida ac­ción y más fácil y más universal difusión que el libro, a la par que efecto más dura­dero y carácter más permanente que el dis­curso.

Por esto no debe estar sin buen periódi­co cualquier localidad de mediana importancia, y debe procurar su creación a costa de cualquier sacrificio el buen Propagan­dista. Donde sea fácil redactarlo con ver­daderos trabajos originales, hágase así. Donde esto no se pueda, llénese la hoja diaria o semanal con recortes de otros periódicos sanos, pues sabido es que gran parte de lo que distribuye por esos mundos la prensa periódica, es obra más de la tijera que de la pluma. ¿Y qué importa eso, cuando el director no busca su satisfacción personal de literato, sino la mayor difusión de la verdad y el mayor bien de sus hermanos? Una serie de periódicos escalona­dos de la pequeña localidad a la mediana, y de esta  a la capital de la comarca o de la provincia: unidos todos con quien en más alta esfera domine como desde mejor observatorio las ideas y los acontecimientos; puede llegar a constituir en toda la nación una verdadera red, como la que constituyen los nervios en el organismo humano, por cuyo medio se hagan sentir en todo el cuerpo social vivas y rápidas las impresiones que se deseen, y circulen a la vez por todo él corrientes de ideas que muevan en determinado sentido inteligencias y corazones, y aun tal vez pies y brazos y manos, cuando así convenga para mayor servicio de Dios. Como la piedra arrojada a la superficie tranquila de un estanque produce en sus aguas suave ondulación, que del centro se transmite hasta las más lejanas orillas; así en una nación dotada convenientemente de multitud de periódi­cos sanos, se transmiten del centro a las extremidades todas las ondulaciones de la buena Propaganda con pasmosa facilidad y con incomparables resultados. Sobre todo cuando la prensa sana, hábilmente dirigida por quienes han recibido del cielo las con­venientes dotes de inteligencia y de corazón, procura vivir y hablar y obrar santa­mente federada, y con tácito o expreso concierto para trabajar con perfecta unidad de acción y de apreciaciones.

¡Ah! No miren con desdén nuestros her­manos este ramo de Propaganda que con tanta preferencia miran nuestros enemi­gos. Un periódico es hoy día una nece­sidad, y suele tenerlo malo el que afecta desprecio por los mejores. Que no todos pueden ser en este mundo periodistas, evi­dente cosa es; pero lo es también que mu­chos pueden trabajar en un buen periódico sin escribir materialmente en él. Colaboradores son los que sostienen la modesta hoja diaria o semanal con donativos o sub­venciones; los que pagan por ella la preci­sa suscripción; los que les mandan sus no­ticias y anuncios; los que la fomentan y recomiendan; los que la administran y dis­tribuyen y convidan a leer. A todos estos dará Dios en su día premio de verdaderos colaboradores, como por igual razón exigi­rá tremenda responsabilidad a los que tales oficios hubieren prestado a la prensa mala.


Tomado de “El apostolado seglar o Manual del Propagandista católico en nuestros días”, Barcelona, 1891.