domingo, 29 de diciembre de 2013

DEL LIBERALISMO A LA APOSTASÍA



Ante la pérdida de la fe es irrisorio que una jerarquía liberal pretenda imponer el error invocando la obediencia. El error, el mal no deben ser obedecidos. La verdad nos enseña a obedecer. El Camino de la obediencia es el camino de la verdad. No se debe obedecer en nada que disminuya nuestra fe católica, obedecer en tal caso es pecado.

Vale más obedecer a Dios que a los hombres, por esto San Pedro dijo: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hom­bres” (Hechos 5, 29). Sabemos que Dios no se contradice, por lo cual no puede haber oposición entre la obediencia a los que en su nombre mandan y la voluntad divina.

Un ministro de Dios, cuando manda algo mal, no manda en nombre de Dios, sino en su propio nombre, luego no hay que obedecer, este es el significado de la palabra de San Pe­dro.

El golpe maestro de Satán como bien lo dice Monseñor Le­febvre, consiste en llevar a la desobediencia por la obedien­cia, es decir desobedecer a Dios a través de una falsa obe­diencia. En definitiva, en materia doctrinal, cuando se aten­ta contra la fe y la moral, el argumento fundamental no es en última instancia el de la obediencia, sino el de la tradi­ción, como nos advierte San Pablo: "Aun cuando nosotros mismos o un ángel del Cielo os predicare un Evangelio dis­tinto del que os hemos anunciado, sea anatema (Galatas I, 8). A esto agrega Monseñor Straubinger: 'El Evangelio no debe ser acomodado al siglo so pretexto de adaptación. La verdad no es condescendiente sino intransigente. El mismo Señor nos previene contra los falsos Cristos, lobos con piel de oveja y también San Pablo, contra los falsos apóstoles de Cristo y los falsos doctores con apariencia de pie­dad”. - Nota al versículo 8 de Galatas 1.

La Sagrada Escritura nos alerta sobre todo esto previnién­donos sobre la pérdida de la fe, hasta culminar en la gran apostasía universal, así en Tesalonisenses II -Capítulo 2, versículo 3, San Pablo nos previene de esa apostasía que debe acontecer: "... nadie os engañe de manera alguna, porque primero debe venir la apostasía y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de la perdición, el adversario, el que se ensalza sobre todo lo que se llame Dios o Sagrado, hasta sentarse él mismo en el templo de Dios ostentándose como si fuera Dios.

Es nuestro deber conservar la fe y seguir siendo católicos. Esa fe que desaparecerá: ¿el hijo del hombre cuando vuelva hallará por ventura la fe sobre la Tierra? (San Lu­cas, cap. 18, vers. 8). Al respecto comenta Monseñor Strau­binger: "Este impresionante anuncio que hace Cristo no obstante haber prometido su asistencia a la Iglesia hasta la consumación de los siglos, es el gran Misterio que San Pa­blo llama de iniquidad y de apostasía".

Si hablamos de apostasía o de misterio de iniquidad, no ha­cemos más que seguir las Sagradas Escrituras que nos advier­ten para nuestro bien; Santo Tomás, comentando a San Ma­teo 24, 25, descifra el significado de lo que será la gran tribulación. Nos advierte que se tratará de la perversión de la doctrina cristiana, por la falsa doctrina. Y si no fueran abre­viados los días, no se salvaría nadie, pues todos caerían en el error. Más adelante en el versículo 29: "... el Sol se oscu­recerá”.  Por el Sol se designa a la Iglesia, que por las tri­bulaciones que pasará no se la verá lucir.

En el mismo sentido, San Cipriano advierte: "no os deis afán para edificar templos materiales en los cuales al fin y al cabo sabéis que un día se sentará el anticristo; edificad la fe en los pechos, templos que nadie puede quemar".

Y San Hilario considerado el Atanasio de occidente, hace la siguiente reflexión: "hacéis mal en amar tanto los mu­ros, en fincar así en los edificios vuestro respeto por la Iglesia y cubrirnos de este pretexto para invocar una preten­dida paz, ¿puede dudarse que el anticristo se sentará en los mismos lugares?”.

Para concluir adviértase lo que nos dice San Pablo sobre la actitud a guardar ante quienes combaten la verdad, en II Ti­moteo (2 - 24): "... el siervo del Señor no debe ser litigio­so, sino manso para con todos, pronto para enseñar a sufrir, que instruya con mansedumbre a los que se oponen por si acaso Dios les concede arrepentimiento para que conoz­can la verdad y sepan escapar del lazo del Diablo, quien los tenía cautivos para someterlos a su voluntad".

Pidamos a Nuestra Señora mediadora de todas las Gracias, la Gracia de la fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo, para no de­jamos arrastrar por el misterio de iniquidad, el cual está obrando ya y que culminará con el advenimiento del anti­cristo para hacerse adorar en lugar santo junto con Satanás, después de arrastrar la humanidad a la apostasía.

Boletín de la Tradición Católica. Editado por la Comisión de Cultura de la Capilla San Pío V, Córdoba - Argentina. Diciembre de 1988.