lunes, 30 de septiembre de 2013

LA REVOLUCIÓN - MONSEÑOR DE SEGUR


LA REVOLUCIÓN


Mons. De Segur.


I

La Revolución.- Lo que no es.

Palabra es ésta muy elástica, y abúsase a cada paso de ella para alucinar las inteligencias de los hombres.

Revolución, en general, es cualquier cambio radical en las costumbres, ciencias, artes o letras, y sobre todo, en la legislación y en el gobierno de las sociedades. En religión y en política es el completo triunfo de un principio subversivo de todo el antiguo orden social.

La palabra Revolución se toma por lo regular en mal sentido: esta regla, sin embargo, tiene excepciones. Así se dice: “El cristianismo causó una gran revolución en el mundo, y esta revolución fue muy provechosa”. Lo mismo se dice: “Ha estallado en tal o cual país una revolución que lo ha pasado todo a sangre y fuego”. También esto es revolución, pero muy mala.

Hay diferencia esencial entre una revolución y lo que desde hace un siglo se llama LA REVOLUCIÓN. En todos tiempos ha habido en la sociedad humana revoluciones, mientras que la Revolución es fenómeno del todo moderno.

Creen muchos (porque así lo dicen en los periódicos) que todos los adelantos en industria, comercio, bienestar; que todas las invenciones modernas en artes y ciencias de sesenta años acá, se deben a la Revolución; que sin ella no tendríamos telégrafos, ni ferrocarriles, ni vapores, ni máquinas, ni ejércitos, ni instrucción, ni gloria; en una palabra, que sin la Revolución todo estaría perdido, y que el mundo caería nuevamente en las tinieblas.

Nada más falso. Si en tiempo de la Revolución se ha realizado algún progreso, no ha sido obra suya. El gran sacudimiento que ha impreso al mundo entero habrá precipitado sin duda en algunos casos el desarrollo de la civilización material; pero en cambio, en muchos otros lo han hecho abortar. La Revolución, considerada en sí misma nunca ha sido el principio de progreso alguno.

Tampoco ha sido, como se nos quiere hacer creer, la libertad de los oprimidos, la supresión de abusos inveterados, el mejoramiento y progreso de la humanidad, la difusión de luces y conocimientos, la realización de todas las aspiraciones generosas de los pueblos, etc.; y de esto nos convenceremos cuando a fondo la conozcamos.

Ni es la Revolución el grande hecho histórico y sangriento que trastornó a Francia y aun a Europa al concluir el último siglo. Este hecho sólo fue un fruto, un producto de la Revolución, que en sí es más bien una idea, un principio, que un hecho. Es muy importante no confundir estas cosas.

¿Qué es, pues, la Revolución?

II

Qué es la Revolución, y cómo es cuestión religiosa más aún que política y social.

La Revolución no es cuestión meramente política, sino también religiosa; y bajo este punto de vista únicamente hablo aquí de ella. La Revolución es no solamente una cuestión religiosa, sino la gran cuestión religiosa de nuestro siglo. Para convencerse de ello, basta precisar las ideas y reflexiones.

Tomada en su sentido más general, la Revolución es la REBELDÍA erigida en principio y en derecho. No se trata del mero hecho de la rebelión, pues en todos tiempos la ha habido: se trata del derecho, del principio de rebelión elevado a regla práctica y fundamento de las sociedades; de la negación sistemática de la autoridad legítima; de la apología de la misma; de la consagración legal del principio de toda rebelión. Tampoco es la rebelión del individuo contra su legítimo superior: esto se llama desobediencia; es la rebelión de la sociedad como sociedad; el carácter de la Revolución es esencialmente social y no individual.

Hay tres grados en la Revolución:

1º. La destrucción de la Iglesia como autoridad y sociedad religiosa, protectora de las demás autoridades y sociedades; en este grado, que nos interesa directamente, la Revolución es la negación de la Iglesia, negación erigida en principio y fórmula como derecho; la separación de la Iglesia y el Estado, con el fin de dejar a éste descubierto, quitándole su apoyo fundamental.

2º. La destrucción de los tronos y de la legítima autoridad política, consecuencia inevitable de la destrucción de la autoridad católica. Esta destrucción es la última expresión del principio revolucionario de la moderna democracia, y de lo que se llama hoy día la soberanía del pueblo.

3º. La destrucción de la sociedad, esto es, de la organización que recibió de Dios: o sea la destrucción de los derechos de la familia y de la propiedad, en provecho de una abstracción que los doctores revolucionarios llaman el Estado. Es el socialismo, la última palabra de la Revolución, la última rebelión, destrucción del último derecho. En este grado, la Revolución es, o más bien sería, la destrucción total del orden divino en la tierra, y el reinado completo del demonio en el mundo.

Claramente formulada primero por J. J. Rousseau, y después en 1789 y 1793 por la Revolución francesa, la Revolución se mostró desde su origen, enemiga implacable del Cristianismo. Sus furiosas persecuciones contra la Iglesia recuerdan las del paganismo. Ha dado muerte a obispos, asesinado sacerdotes y católicos, cerrado o destruido templos, dispersado las Órdenes religiosas, y arrastrado por el fango las cruces y reliquias de los Santos. Su rabia se ha extendido por toda Europa; ha roto todas las tradiciones, y hasta ha llegado a creer por un momento que había destruido el Cristianismo, al que ha llamado con desprecio: antigua y fanática superstición.

Sobre todas esas ruinas ha levantado un nuevo régimen de leyes ateas, de sociedades sin religión, de pueblos y de reyes absolutamente independientes. Desde hace un siglo ya dilatándose más y más; crece y se extiende en el mundo entero, destruyendo en todas partes la influencia social de la Iglesia, pervirtiendo las inteligencias, calumniando al clero, y minando por su base todo el edificio de la fe.

Desde el punto de vista religioso, la Revolución puede definirse del modo siguiente: Negación legal del reinado de Jesucristo en la tierra, destrucción social de la Iglesia.

Combatir la Revolución es, por lo tanto, un acto de fe, un deber religioso de la mayor importancia, y además, de buen ciudadano y hombre de bien, pues así se defiende la patria y la familia. Si los partidos políticos de buena fe y que conservan su honra, la combaten desde sus puntos de vista, nosotros los cristianos debemos combatirla desde los nuestros, que son mucho más elevados, pues defendemos aquello que amamos más que la propia vida.

III

La Revolución, hija de la incredulidad.

Basta saber, para juzgar a la Revolución, si cree o no en Jesucristo. Si Cristo es Dios hecho hombre, si el Papa es su Vicario, si la Iglesia es obra suya y es su enviada claro está que tanto las sociedades como los individuos deben obediencia a los mandamientos de la Iglesia y del Papa, que son mandatos del mismo Dios. La Revolución, que establece como principio la independencia absoluta de las sociedades respecto de la Iglesia, es decir, la separación de la Iglesia y del Estado, declara con eso sólo,  que no cree en el Hijo de Dios, y está ya juzgada de antemano según el Evangelio.

Resulta, pues, que la cuestión revolucionaria es, en definitiva, una cuestión de fe. El que crea en Jesucristo y en la misión de su Iglesia no puede ser revolucionario, si es lógico; y cualquiera incrédulo o protestante dejará de ser lógico si no adopta el principio apóstata de la Revolución, y no combate a la Iglesia bajo su bandera; puesto que si la Iglesia católica no es divina, usurpa de un modo tiránico los derechos del hombre.

Jesucristo, ¿es Dios? ¿Le pertenece todo poder en el cielo y sobre la tierra? Los Pastores de la Iglesia y el Sumo Pontífice a su cabeza, ¿tiene por derecho divino y por orden misma de Jesucristo la misión de enseñar a todas las naciones y a todos los hombres lo que es preciso hacer o evitar para cumplir la voluntad de Dios? ¿Existe un solo hombre, príncipe o súbdito; existe una sola sociedad que tenga el derecho de rechazar esta enseñanza infalible, o de sustraerse a esta alta dirección religiosa? Ahí está todo. Es esta una cuestión de fe, de Catolicismo.

El Estado debe obedecer a Dios vivo, lo mismo que la familia y el individuo. Es cuestión de vida, tanto para el uno como para el otro.


domingo, 29 de septiembre de 2013

LE DESTRONARON (XI)


LA LIBERTAD DE PRENSA 

“Libertad funesta y execrable, verdadera 
opresión de las masas
León XIII

Si se sigue leyendo de las actas de los Papas una después de la otra, se ve que todos han dicho lo mismo sobre las libertades nuevas nacidas del liberalismo: la libertad de conciencia y de cultos, la libertad de prensa, la libertad de enseñanza, son libertades envenenadas y falsas libertades: porque el error es siempre más fácil de difundir que la verdad, es más fácil propagar el mal que el bien. Es más fácil decir a la gente: “podéis tener varias mujeres”, que decirles “no tendréis más que una durante toda la vida”; por lo mismo, ¡es más fácil permitir el divorcio, para desacreditar el matrimonio! Del mismo modo, dejar indiferentemente a lo verdadero y a lo falso la libertad de obrar públicamente, es favorecer sin duda el error a costa de la verdad. 

Actualmente se suele decir que la verdad hace el camino por su sola fuerza intrínseca y que para triunfar, no tiene necesidad de la protección intempestiva y molesta del Estado y de sus leyes. El favoritismo del Estado hacia la verdad es inmediatamente tachado de injusticia, como si la justicia consistiese en mantener equilibrada la balanza entre lo verdadero y lo falso, la virtud y el vicio... Es falso: la primera justicia hacia los espíritus es favo-recerles el acceso a la verdad y precaverlos del error. Es también la primera caridad: “veri-tatem facientes in caritate”: En la caridad, hagamos la verdad. El malabarismo entre todas las opiniones, la tolerancia de todos los comportamientos, el pluralismo moral o religioso, son la nota característica de una sociedad en plena descomposición, sociedad liberal querida por la masonería. Ahora bien, los Papas de los cuales hablamos, han reaccionado contra el establecimiento de tal sociedad sin cesar, afirmando al contrario que el Estado – el Estado católico en primer lugar – no tiene derecho a dejar tales libertades, como la libertad religiosa(1), la libertad de prensa y la libertad de enseñanza. 

La libertad de prensa 

León XIII recuerda al Estado su deber de temperar justamente, es decir, según las exigencias de la verdad, la libertad de prensa:

“Volvamos ahora algún tanto la atención hacia la libertad de hablar y de imprimir cuanto place. Apenas es necesario negar el derecho a semejante libertad cuando se ejerce, no con alguna templanza, sino traspasando toda moderación y todo límite. El derecho es una facultad moral que, como hemos dicho y conviene repetir mucho, es absurdo suponer que haya sido concedido por la naturaleza de igual modo a la verdad y al error, a la honestidad y a la torpeza. Hay derecho para propagar en la sociedad libre y prudentemente lo verdadero y lo honesto para que se extienda al mayor número posible su beneficio; pero en cuanto a las opiniones falsas, pestilencia la más mortífera del entendimiento, y en cuanto a los vicios, que corrompen el alma y las costumbres, es justo que la pública autoridad los cohíba con diligencia para que no vayan cundiendo insensiblemente en daño de la misma sociedad. Y las maldades de los ingenios licenciosos, que redundan en opresión de la multi-tud ignorante, no han de ser menos reprimidas por la autoridad de las leyes que cualquiera injusticia cometida por fuerza contra los débiles. Tanto más, cuanto que la inmensa mayoría de los ciudadanos no puede de modo alguno, o puede con suma dificultad, precaver esos engaños y artificios dialécticos, singularmente cuando halagan las pasiones. Si a todos es permitida esa licencia ilimitada de hablar y escribir, nada será ya sagrado e inviolable; ni aún se perdonará a aquellos grandes principios naturales tan llenos de verdad, y que forman como el patrimonio común y juntamente nobilísimo del género humano. Oculta así la verdad en las tinieblas, casi sin sentirse, como muchas veces sucede, fácilmente se enseñoreará de las opiniones humanas el error pernicioso y múltiple.”(2)

Antes de León XIII, el Papa Pío IX, como vimos, estigmatizaba la libertad de prensa en el Syllabus (proposición 79); y aún antes, Gregorio XVI, en Mirari Vos: 

“Aquí tiene su lugar aquella pésima y nunca suficientemente execrada y detestada libertad de prensa para la difusión de cualesquiera escritos; libertad que con tanto clamor se atreven algunos a pedir y promover. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al contemplar con qué monstruos de doctrinas, o mejor, por qué monstruos de errores nos vemos sepultados, con qué profusión se difunden por doquiera esos errores en innumerable cantidad de libros, folletos y escritos, pequeños ciertamente por su volumen, pero enormes por su malicia, de los que se derrama sobre la faz de la tierra aquella maldición que lloramos. Por desgracia, hay quienes son llevados a un descaro tal, que afirman belicosamente que este alud de errores nacido de la libertad de prensa se compensa sobradamente con algún libro que se edite en medio de esta tan grande inundación de perversidades, para defender la Religión y la verdad.”(3) 

El pontífice revela aquí el seudoprincipio de “compensación” liberal, que pretende que es necesario equilibrar la verdad por el error, y recíprocamente. Esta idea, lo veremos, es la máxima primera de los llamados católicos liberales, que no soportan la afirmación pura y simple de la verdad y exigen que se la contrarreste inmediatamente por opiniones opuestas; y recíprocamente, juzgan que no hay nada que censurar en la libre difusión de los errores, ¡con tal que la verdad tenga permiso para hacerse escuchar dizque un poco! Es la perpetua utopía de los liberales dizque católicos, tema sobre el cual volveré. 

(1) Ver el capítulo precedente.
(2) Encíclica Libertas, PIN. 207.
(3) PIN. 25.

LE DESTRONARON 
Mons. Marcel Lefebvre

sábado, 28 de septiembre de 2013

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA POR ESPAÑA



Oh Inmaculado Corazón de María!, velad por España. Invocad la misericordia de vuestro Divino Hijo para que ilumine las inteligencias de los que gobiernan, a fin de que vean claramente el recto camino de la verdad. 

¡Virgen Poderosa! Ahuyenta al enemigo de la España Católica. Defiende la integridad de la fe en las familias, dirige sus pasos para que superen toda crisis, vacilación y cansancio. 

¡Virgen Santísima! Haz que reine en España un constante empeño por llevar una vida cristiana. Muéstrate Madre indulgente con tu querida España, que fue siempre nación mariana de raíz profunda.

¡Inmaculado Corazón de María! Infunde la virtud en todos los españoles para que reine la fe, la honestidad y la paz. Amén.

jueves, 26 de septiembre de 2013

CONSAGRACIÓN DE RUSIA AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA, REALIZADA POR MONS. LEFEBVRE EN FÁTIMA


CONSAGRACIÓN DE RUSIA AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

Prosternados al pie de vuestro trono de gracia, oh Reina del Santísimo Rosario, nos proponemos cumplir en cuanto está de nuestra parte los pedidos que habéis expresado al venir hace 70 años apareciéndotenos sobre esta tierra. 

Los abominables pecados del mundo, las persecuciones dirigidas contra la Iglesia de Jesucristo, más todavía, la apostasía de las naciones y de las almas cristianas, y, finalmente, el olvido por parte de la mayoría de los hombres de vuestra maternidad de gracia destrozan vuestro Corazón doloroso e Inmaculado, tan unido en su Compasión a los sufrimientos del Sagrado Corazón de vuestro divino Hijo.

Con el fin de reparar tantos crímenes, Vos habéis pedido el establecimiento de la devoción reparadora a vuestro Corazón Inmaculado; con la finalidad de detener los flagelos de Dios que habéis predicho, os constituisteis en la mensajera del Altísimo para requerir del Vicario de Jesucristo, unido a todos los Obispos del mundo, la consagración de Rusia a vuestro Corazón Inmaculado. Desgraciadamente, no han tenido en cuenta todavía vuestro mensaje. 

Por esto, a fin de anticipar el dichoso día en que el Soberano Pontífice accederá por fin a los requerimientos de vuestro divino Hijo, sin atribuirnos una autoridad que no nos pertenece, mas penetrados de solicitud por la suerte de la Iglesia universal, por una humilde súplica dirigida a vuestro Corazón Inmaculado, y unidos a todos los Obispos, sacerdotes y creyentes fieles, nos hemos resuelto a responder por nuestra parte a los pedidos del Cielo. 

Dignaos, pues, oh Madre de Dios, aceptar en primer lugar el acto solemne de reparación que presentamos a vuestro Corazón Inmaculado por todas las ofensas con que, junto al Sagrado Corazón de Jesús, es destrozado por parte de los pecadores y de los impíos. 

En segundo lugar, en cuanto está en nuestro poder, damos, entregamos y consagramos Rusia a vuestro Corazón Inmaculado: os suplicamos, en vuestra maternal misericordia, de tomar esta nación bajo vuestra poderosa protección, de hacerla dominio vuestro en el cual reinéis como Soberana, de hacer de este tierra de persecución una tierra de elección y de bendición. Os conjuramos de someteros tan bien esta nación que, convertida de su impiedad legal, llegue a ser un nuevo reino para Nuestro Señor Jesucristo, una nueva herencia para su dulce cetro. Que convertida también de su antiguo cisma, regrese a la unidad del único redil del Pastor eterno, y que sometida así al Vicario de vuestro divino Hijo llegue a ser una ardiente apóstol del reino social de Nuestro Señor Jesucristo sobre todas las naciones de la tierra.

Os suplicamos además, oh Madre de misericordia, por este milagro tan espléndido de vuestra omnipotencia suplicante, que manifestéis al mundo la verdad de vuestra mediación universal de gracia. Dignaos en fin, oh Reina de la paz, conceder al orbe la paz que el mundo no puede dar, la paz de las armas y la paz de las almas, la paz de Cristo en el Reino de Cristo, y el Reino de Cristo por el reino de vuestro Corazón Inmaculado, Oh María, amén.

(Oración recitada por Monseñor Marcel Lefebvre 
en Fátima, el 22 de agosto de 1987)

Revista: Iesus Christus Nº 50

miércoles, 25 de septiembre de 2013

DICHOS DE SANTOS - 38



Meditad estas terribles verdades, y oponed aquel fuego del infierno a las llamas de la pasión y de la codicia que os atormentan en esta vida. El fuego material de que nos servimos, se apodera de los objetos que recibe y los consume; pero el fuego del infierno devora a los réprobos, y los conserva enteramente para el castigo. Lo llaman inextinguible no sólo porque no se apaga nunca, sino también porque no mata ni destruye a los que consume. Ninguna lengua, ninguna palabra puede hacer comprender, ni puede explicar el poder de aquella pena y de aquel fuego (Serm.181). 

*****
Por mucho que padezca alguien es esta vida, en comparación con el fuego eterno será no solo poco, sino nada (s.22,3).

San Agustín

lunes, 23 de septiembre de 2013

DE LA AUTORIDAD DEL “SYLLABUS” – HENRI HELLO






Ningún católico puede poner en duda que obliga en conciencia sub gravi, al menos en virtud de la autoridad doctrinal expuesta en el parágrafo precedente (III. Nº 3, pp. 121-122). Véase también: Constit. Dei Filius, p. 129 de esta obra.

Además, creemos formalmente, con el car­denal Mazzella, en su Curso en el Colegio romano, y otros eminentes teólogos1, que las proposiciones condenadas en el Syllabus, aun cuando no sean todas herejías, están sin embargo todas condenadas ex cathedra en virtud de la infalibilidad pontificia ejercién­dose al menos sobre su objeto indirecto (cfr. pp. 117 ss.).

En efecto, todas las proposiciones del SYLLABUS están extraídas de las Encíclicas, de las Alocuciones y de las diversas Cartas Apostólicas, en las cuales Pío IX, hablando como Doctor infalible, había condenado los principales errores de nuestro tiempo. Antes de ser reunidas en el SYLLABUS, estaban ya condenadas ex cathedra.

Lo que afirmamos surge claramente del texto mismo de la Encíclica Quanta Cura de Pío IX, de dos textos formales de León XIII, en la Encíclica Immortale Dei y en la Encíclica Inscrutabili, y finalmente, de la Constitución Dei Filius, del Concilio Vaticano.

a)      DEL TEXTO MISMO DE LA ENCÍCLICA QUANTA CURA:

“En vista de la horrible tempestad levantada por tantas doctrinas perversas, y de los males inmensos y sumamente deplorables atraídos sobre el pueblo cristiano por tantos errores, Nos ya hemos elevado la voz según el deber de Nuestro ministerio Apostólico y los ilustres ejemplos de Nuestros predecesores, y, en un gran número de Encíclicas dirigidas a los fieles, Alocuciones pronunciadas en Consistorio y otras Cartas Apostólicas, Nos hemos condenado los principales errores de nuestra tan triste época, excitado vuestra eximia vigilancia episcopal y advertido y exhortado con instancia a todos Nuestros muy amados hijos de la Iglesia católica, a tener horror y a evitar el contagio de esta peste cruel. Y en particular en nuestra primera Encíclica del 9 de noviembre de 1846, a vosotros dirigida, y en nuestras dos Alocuciones en Consistorio, la primera del 9 de diciembre de 1854, y la otra del 9 de junio de 1862, Nos condenamos los monstruosos portentos de opiniones que predominan, sobre todo hoy en día, para gran desgracia de las almas y en detrimento de la sociedad civil misma, y que, fuentes de casi todos los demás errores, no son solamente la ruina de la Iglesia católica, de su salutífera doctrina y de sus derechos sagrados, sino también de la eterna ley natural grabada por Dios mismo en todos los corazones, y de la recta razón”.

Estas palabras de Pío IX prueban su voluntad de definir. Es pues como Doctor infalible que ha condenado “los principales errores de nuestra tan triste época”. Va ahora a condenar, al mismo título, “otras opiniones provenientes de los mismos errores”; y las enumera en la Encíclica QUANTA CURA:

“No obstante, aun cuando Nos no hayamos descuidado el condenar y reprimir a menudo esos errores, el interés de la Iglesia católica, la salvación de las almas divinamente confiada a Nuestra solicitud, finalmente, el bien mismo de la sociedad humana piden imperiosamente que excitemos de nuevo vuestra pastoral solicitud para condenar otras falsas opiniones nacidas de los mismos errores como de su fuente. Estas falsas y perversas opiniones deben ser tanto más detestadas cuanto su objetivo principal es impedir y suprimir ese saludable poder que la Iglesia católica, por institución y mandato de su divino Fundador, debe ejercer libremente hasta la consumación de los siglos, no menos sobre los particulares que sobre las naciones, los pueblos y sus soberanos y por cuanto asimismo tienden a que desaparezca aquella mutua alianza y concordia del Sacerdocio y del Imperio, que ha sido siempre fausta y saludable para la Iglesia y el Estado”.

Todas las condiciones requeridas para el ejercicio de la infalibilidad se encuentran reunidas, y el Papa no hace ninguna diferencia entre la condenación solemne de los errores de nuestra época, precedentemente condenados en las Encíclicas, Alocuciones y otras Cartas Apostólicas, y la condenación, en la Encíclica Quanta Cura, de otras opiniones nacidas de los mismos errores.

Después de haber enumerado esas “otras opiniones nacidas de los mismos errores” Pío IX agrega:

“Por tanto en medio de tan gran perversión de opiniones depravadas, Nos, penetrados del deber de Nuestro cargo apostólico, y llenos de solicitud por Nuestra santa religión, por la sana doctrina, por la salvación de las almas que se nos ha confiado de lo alto y por el bien mismo de la sociedad humana, hemos creído nuestro deber levantar de nuevo nuestra voz apostólica.

Por consiguiente, por nuestra autoridad apostólica reprobamos, proscribimos, y condenamos, y queremos y ordenamos que todos los hijos de la Iglesia católica tengan por absolutamente reprobadas, proscritas y condenadas, todas y cada una de las perversas opiniones y doctrinas señaladas en detalle en la presente encíclica”.

Así pues los errores condenados por la Encíclica Quanta Cura lo son ex cathedra. Y Pío IX declara que no hace sino continuar lo que ha comenzado condenando otros errores que son la fuente de éstos. Por lo tanto, en el pensamiento de Pío IX, no existe diferencia entre la condenación contenida en la encíclica Quanta Cura y las precedentes que se hallan todas resumidas en el SYLLABUS: son todas ex cathedra.

b)               Escuchemos ahora a León XIII, hablando a su vez, en dos encíclicas, de los mismos errores.

En la Encíclica IMMORTALE DEI:

“Pío IX, cada vez que se presentó la ocasión, condenó las opiniones falsas más en boga, y luego hizo hacer con ellas un catálogo, a fin de que, en medio de tal diluvio de errores, los católicos tuvieran una dirección segura

En la Encíclica INSCRUTABILI:

“Los Pontífices romanos, nuestros predecesores, y en particular Pío IX, de santa memoria, sobre todo en el Concilio Vaticano, teniendo sin cesar ante sus ojos las palabras de San Pablo: «velad para que nadie os engañe por medio de la filosofía o de una vana falacia que sería según la tradición de los hombres o según los elementos del mundo y no según Cristo», no descuidaron, tantas veces como fue necesario, refutar los errores que hacían irrupción y condenarlos con la censura apostólica. Nos también, siguiendo las huellas de nuestros predecesores, confirmamos y renovamos todas esas condenaciones, desde lo alto de esta Sede Apostólica de verdad”.

Así pues, todas las condenaciones de Pío IX contra los errores modernos son renovadas por su sucesor en virtud de la infalibilidad pontificia.

c)       Finalmente, la Constitución DEI FILIUS, del Concilio Vaticano, habla en estos términos, en nombre de su autoridad infalible:

“Es por ello que, cumpliendo la tarea de nuestro supremo cargo pastoral, conjuramos por las entrañas de Jesucristo y por la autoridad de ese mismo Dios, nuestro Salvador, ordenamos a todos los fieles de Cristo, y sobre todo a quienes están a su cabeza, o que están encargados de la misión de enseñar, que dediquen todo su celo y todos sus desvelos para apartar y eliminar esos errores de la Santa Iglesia y propagar la purísima luz de la fe.

“Pero porque no basta evitar el pecado de herejía, si no se huye también diligentemente de los errores que a él se le aproximan más o menos, Nos advertimos a todos los cristianos que tienen el deber de observar también las constituciones y los decretos por los cuales la Santa Sede ha proscrito y condenado tales perversas opiniones, que no están enumeradas aquí expresamente”.

Ahora bien, el Concilio Vaticano se ha opuesto precisamente a los errores modernos. Ha emitido definiciones de fe contra los errores fundamentales de donde brotan todos los del SYLLABUS. El Concilio tiene ciertamente en vista, en ese pasaje, a las “opiniones perversas” condenadas en las Encíclicas, Alocuciones y Cartas Apostólicas de donde el Syllabus mismo ha sido extraído.

domingo, 22 de septiembre de 2013

EL PAPA "MANDILERO", COMO DE COSTUMBRE, NO CONDENA LA MATANZA: SETENTA MUERTOS EN UN ATENTADO CONTRA UNA IGLESIA EN PAKISTÁN

Al menos 70 personas murieron y unas 130 resultaron heridas este domingo en un atentado suicida perpetrado en una iglesia de la ciudad noroccidental paquistaní de Pesháwar, informaron fuentes oficiales. Entre tanto, el Papa Francisco, como viene siendo ya habitual, no ha condenado este nuevo magnicidio en un país musulmán. En cambio sí se ha referido a cuestiones relacionadas con la economía mundial durante su estancia en Sicilia.
El ataque ocurrió justo antes del mediodía, hora local, en la Iglesia de Todos los Santos, situada en la zona de la Puerta de Kohati de la capital de la conflictiva provincia de Khyber-Pakhtunkhwa, explicó un portavoz de la Policía local.
El vicejefe administrativo de Pesháwar, Zahirul Islam, confirmó el número de víctimas en declaraciones recogidas por la emisora estatal Radio Pakistan, y dijo que es probable que esta cifra aumente en las próximas horas.
El funcionario precisó que los terroristas entraron en la iglesia cuando los fieles estaban concluyendo la oración y activaron las cargas explosivas que portaban adheridas a sus cuerpos.
En el momento del ataque había entre 600 y 700 feligreses en el lugar, según una fuente oficial citada por el rotativo The Express Tribune.
Las fuerzas de seguridad han acordonado el área y los heridos han sido trasladados al hospital Lady Reading, el más importante de la urbe, donde se ha declarado el estado de emergencia. De acuerdo con algunos medios locales, entre las víctimas hay varias mujeres y niños.
Los atentados y otros sucesos violentos son algo constante en esta provincia, que limita con el cinturón tribal fronterizo con Afganistán, un territorio que nunca ha estado bajo completo control del Estado y que alberga a facciones talibanes y grupos yihadistas.
En un comunicado, el primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, se mostró “conmocionado” por el ataque y afirmó que “los terroristas no tienen religión” y que “atacar contra gente inocente va contra las enseñanzas del islam y de cualquier fe”.
Sharif ha mostrado en las últimas semanas una postura de acercamiento hacia los talibanes paquistaníes y otros grupos afines.
El pasado día 9, una conferencia multipartita organizada por su Gobierno acordó ofrecer a los insurgentes iniciar un diálogo para poner fin a la violencia, pero todavía no ha comenzado ninguna negociación formal.
Pakistán es oficialmente una república islámica, creada en 1947 tras independizarse del Imperio Británico como una patria para los musulmanes del subcontinente indio.
Actualmente y según datos oficiales no actualizados desde hace más de una década, cerca del 97 % de los más de 180 millones de habitantes del país son musulmanes, mientras que los cristianos no suponen ni siquiera el 2 % de la población.
Los ataques contra minorías religiosas se han intensificado en los últimos años, aunque recientemente estaban golpeando más a ramas del islam como la chií.
En marzo de 2011 fue asesinado el ministro de Minorías, el católico Shahbaz Bhatti, en el que ha sido quizás el atentado de mayor envergadura contra representantes de la fe cristiana en los últimos tiempos.
También se han registrado estos años varios casos notorios de acusaciones a cristianos de blasfemar contra el islam, un delito que en Pakistán puede ser castigado con la pena de muerte y que suele ser utilizado de forma interesada.

viernes, 20 de septiembre de 2013

INTERROGANTE

SYLLABUS



¿Francisco no firma como Papa porque no es Papa, porque no quiere ser Papa, o por qué?


Algunas firmas de los Papas anteriores:

Pío IX.

León XIII.

San Pío X.


Benedicto XV.

Pío XI.

Pío XII.

Pablo VI.

Juan Pablo II.

Benedicto XVI.


Firma de Francisco (sin el pp.):




jueves, 19 de septiembre de 2013

EL PADRE PÍO, PABLO VI Y LA MASONERÍA





Por Jacques Villemonais

Publicado en “Patria Argentina” Nº 232, 11 de abril de 2007. Tomado de “Lectures FranÇaises”, Nro598, febrero de 2007, Págs. 11, 12 y 13.


Hemos recibido una revista italiana Alfa & Omega (Bimestral de análisis políticos y de orientaciones culturales, fundada en 2004, Ediciones Segno, via E. Fermi 80, Feletto Umberto, 33010 Tavagnacco, Italia, Tel. 0432-575:179; www.edizionisegno.it).

Hemos tomado del nº 6, un artículo de 21 páginas intitulado “Santo Padre Pío y la Masonería, una batalla del espíritu que continua". He aquí el resumen:

En la época del Papa Pablo VI, el Padre Pío, se reunió con Luigi Villa, sacerdote al que impuso la tarea de dedicar su vida a combatir la Masonería Eclesiástica. Le dijo: “Coraje, coraje, porque la iglesia ya está invadida por la Masonería. La Masonería ha llegado ya hasta las pantuflas del Papa”.

Don Luigi Villa, doctor en teología dogmática, devino agente secreto del cardenal Ottaviani, jefe del Santo Oficio. En 1971, fundó su revista Chiesa Viva (1). Para acallarla, intentaron varias veces asesinarlo, pero la revista sigue más combativa que nunca. El autor de este artículo, Franco Adessa, colabora allí desde hace muchos años.

Hace unos 12 años, fue encargado de un estudio concerniente al monumento a Pablo VI edificado sobre el Sacro Monte de Varese, y publicó en 2000 el libro: A Pablo VI un monumento masónico, un monumento que glorifica la victoria de la Masonería sobre el Catolicismo. El mismo se eleva frente a la estatua de la Santa Virgen Coronada, símbolo de la victoria de la Iglesia sobre el protestantismo y muralla contra la herejía. Representa a Pablo VI con una mitra idéntica a la del faraón Akhenaton y el mismo monograma de éste: “Dios, Pontífice y Rey". El Papa está vestido con el ephod, como el gran sacerdote Caifas, en oportunidad de la condenación de Cristo.

Al descifrar numerosos símbolos masónicos del monumento, Franco Adessa concluye que Pablo VI está representado como un ‘Pontífice hebraico" del grado 18 de la Masonería del Rito Escocés, el grande de los Caballeros Rosa-Cruz, cuyo secreto es ¡“borrar el sacrificio de Cristo sobre la Cruz”!

Luego F. Adessa fue encargado por Don Luigi Villa de estudiar la “Nueva Iglesia" dedicada al padre Pío en San Giovanni Rotondo, inaugurada enjulio de 2004.  Si la idea directriz del monumento a Pablo VI representa el símbolo de ¡la victoria de la Masonería sobre la Iglesia Católica y sobre María, muralla contra esta “madre de todas las herejías” que enfrenta la doctrina de siempre de la Iglesia de Cristo!; en esta “Nueva Iglesia” la idea directriz es la glorificación de la Masonería y de su dios Lucifer. Un Lucifer que triunfe sobre Cristo y la Trinidad, que es reemplazada por la satánica trinidad masónica. En esta representación geométrica, Lucifer substituye al Cristo sobre la Cruz (ritual del grado 25), como “Redentor del hombre” (ver el Tabernáculo) y él fue representado como el “Rey del universo” (ver la cruz de piedra de 40 m de alto y su geometría, en medio de una creación y de una humanidad divinizada centro de una estrella de 5 puntas y de una estrella de 6 puntas). La humanidad compuesta de 70 piedras (recordando los 70 pueblos que Dios dispersó en la Torre de Babel), se eleva con orgullo para construir su segunda “Torre de Babel”.

Estamos en el centro del combate del Apocalipsis en que se sustituye el culto rendido a Dios por el culto rendido a Lucifer, lo que no es posible sino con la destrucción de la Iglesia Católica y de la Civilización Cristiana. Es el objetivo del gobierno mundial según los masones Giuseppe Mazzini y Albert Pike: “Los ciudadanos recibirán la verdadera luz a través de la manifestación universal de la pura doctrina de Lucifer, revelada al público luego de la destrucción de la Cristiandad”.

Aquella que el Padre Pío llamaba la “infame secta de la Masonería" quiso así vengarse de él. Franco Adessa recuerda el discurso pronunciado en una logia de París: "A fuerza de ultrajar a Cristo, aboliremos su gloria. Un día el Príncipe de este mundo, Satán, nuestro Maestro, triunfará sobre Cristo y será adorado como el verdadero Dios"', y esta estrategia bien conocida: “Corromperemos al pueblo a través de los sacerdotes y a los sacerdotes a través de nosotros”, “hagan que el clero marche bajo nuestras banderas pensando que lo hace bajo la de las llaves apostólicas”.

¿Quién es el verdadero autor del proyecto de construcción de esta “Nueva Iglesia”, en la que la presencia de la simbología masónica y las significaciones ocultas son de una importancia capital?

La masonería, por esencia, es una sociedad secreta, con altos iniciados. El escultor Floriano Badini, autor del monumento a Pablo VI en el Sacro Monte, hizo también la puerta del Tabernáculo de esta nueva iglesia.

Todos los símbolos no aparecen a los ojos del profano. ¡Pero para los altos iniciados, son suficientes algunos indicios para descubrir lo que deben encontrar allí! “Los profesionales que trabajan para el 3o milenio”, tales como el arquitecto Renzo Piano, obedientes a las órdenes precisas de los “hermanos”, decían “alegrarse al recibir indicaciones precisas de parte de los especialistas del Vaticano”, sobre todo de Monseñor Crispino Valenziano que recibía directrices de su superior, el Cardenal Virgilio Noé, masón notorio.

El Observatorio Romano del 1 de octubre de 1893 dice: “La Masonería es satánica en todo: en su origen, en su organización, en su acción, en su fin, en sus medios, en sus códigos y en su gobierno, porque ella ha llegado a ser una sola y misma cosa con el judaísmo”. Satánica, sí; ¡pero no estúpida!

F. Adessa publicó su trabajo sobre la “Nueva Iglesia” dedicada al Santo Padre Pío, pero el mismo no provocó ninguna reacción oficial de parte de los eclesiásticos que colaboraron en el proyecto; “quien calla, otorga”...

A la pregunta: “¿Cómo es posible que el Vaticano haya podido hacer construir un templo satánico a expensas de millones de fieles católicos del mundo entero que han colaborado de buena fe?”. La respuesta es inquietante: ¡o se trata de personas que se dejaron engañar de manera colosal; o se trata de personas que sabían lo que hacían! Preste atención a las advertencias dadas por el Padre Pío en los años 60.

Al final este artículo presenta elementos de la correspondencia entre el Venerable gran Maestro del Gran Oriente de Italia y el Cardenal Baggio, donde son nombrados el Vicario general del Vaticano, el Cardenal Francesco Marchisano, el secretario personal de Pablo VI, Pasquale Macchi, el abate Marsili Salvatores, Monseñor Aníbal Bugnini (2), el rector del Letrán, Franco Biffi, el Cardenal Virgilio Noé, y otros, en calidad de “hermanos”, respecto al tema de la muerte de Pablo VI y la elección de su sucesor.

Estos textos dan lamentablemente razón a las acusaciones del Padre Pío y de su ‘‘delegado”: Don Luigi Villa, como, también de nuestro autor Franco Adessa.

Fueron asimismo publicadas tres cartas de 1961 del Cardenal Marchisano al Gran Maestro que detallan el plan de demolición de los seminarios italianos, piden la participación de la Masonería, y terminan con una “salutación de afecto servicial” al Gran Maestro. La publicación de esta correspondencia, difundida entre el clero italiano, no provocó protestas ni desmentidas.

Don Luigi Villa publicó en 1992 la “lista Pecorelli” conteniendo los nombres de más de una centena de prelados con la fecha de su inscripción en la Masonería, su número de matrícula y su apodo. También publicó dos libros:        “Pablo          VI, ¿Bienaventurado?” “Pablo VI, proceso a un Papa”, que hablan de “su apertura a la Masonería" y de sus documentos secretos recuperados por su secretario, luego de su deceso, que se encontraban en su escritorio.

Nuestro autor concluye que, de todo esto, resulta que “quien manda en el Vaticano es la Masonería”.

Recuerda las palabras de la Virgen de La Salette: “Roma perderá la Fe y llegará a ser la sede del Anticristo”, y también de sor Lucía de Fátima: “Cardenal contra cardenal, obispo contra obispo, y Satán marchará en medio de ellos...Satán se introducirá finalmente en la cima de la Iglesia...Lo que se pudrió en Roma caerá y lo que baya caído no se levantará más... ”

Finalmente, se recuerda la advertencia del Santo Padre Pío, antes de morir: “Yo armaré más jaleo muerto que vivo”

Notas:
(1). Aparece hasta hoy: Via G. Galilei 121,1- 25123 Brescia (Italia)
(2) Monseñor Aníbal Bugnini, por entonces sólo padre Bugnini fue el responsable hacedor de la “misa nueva”, como presidente de la comisión que la dio a luz. Más tarde, cuando trascendió su filiación masónica al público, fue apartado y enviado a Irán; donde dicen que murió de “muerte natural provocada”. Es sabido que los masones se comen a sus hijos.