miércoles, 12 de marzo de 2014

FRANCISCO, PERDIDO EN LA NIEBLA DE SU PROPIO PALABRERÍO

NIEBLA descarga (9)

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El cardenal Kasper pretende insidiosamente -en abierta contradicción con la doctrina católica- que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar, como si nada pasara. Y dice Francisco que quisiera agradecerle porque he leído teología profunda, “… “ también un pensamiento sereno en la teología. Es agradable leer teología serena. Y esto se llama ‘hacer teología de rodillas’. Gracias. Gracias”.


(Sobre los errores e inexactitudes del semiheresiarca Kasper, ver la nota de Corrispondenza Romana donde el profesor Roberto De Mattei lo pulveriza: http://www.corrispondenzaromana.it/cio-che-dio-ha-unito/)

Y poco tiempo después Francisco agregó, durante una entrevista deCorriere della Sera, que la de Kasper fue “una hermosa y profunda presentación”

Pero el Catecismo de 1992 (número 1650) dice que “ Hoy son numerosos en muchos países los católicos que recurren al divorcio según las leyes civiles y que contraen también civilmente una nueva unión. La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo(“Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”: Mc 10,11-12), que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el primer matrimonio. Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación

La reconciliación mediante el sacramento de la penitencia no puede ser concedida más que aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo y que se comprometan a vivir en total continencia”.

Nota catapúltica

¿De qué  “teología profunda y serena” que se hace “de rodillas” habla Francisco, por favor, si  la de Kasper es de una flagrante heterodoxia?

En la misma entrevista, el periodista lo interroga sobre la unión civil entre homosexuales y Francisco responde:

“El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Los Estados laicos quieren justificar la unión civil para regular diversas situaciones de convivencia, impulsados por la necesidad de regular aspectos económicos entre las personas, como, por ejemplo, la obra social. Hay que ver cada caso y evaluarlos en su diversidad”.


Pregunta catapúltica

¿Esos casos a evaluar “en su diversidad” ,abarcarán el de su gran amigo el notorio sodomita monseñor Maccarone, profesor emérito de la Universidad Católica Argentina?

Pero el Catecismo de 1992(números 2357  y 2359) dice que los actos homosexuales “(son) depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10),  (e) intrínsecamente desordenados”… no pudiendo “ recibir aprobación en ningún caso”. y que “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”.

Otras preguntas catapúlticas

¿Tan pasado de moda está ya el Catecismo de 1992,que ni Francisco lo cita? ¿Para el Sínodo sobre la familia tendremos otro, donde los actos homosexuales sean no intrínsecamente desordenados? Y mientras¿por qué no insistir en que los homosexuales pueden y deben acercarse a la perfección cristiana, lo cual sería una gran obra de cardidad?

Deambulando intelectualmente por “las periferias existenciales” que le son tan gratas, Francisco desbarra casi cotidianamente, con su palabrerío confuso y ambiguopropio de un hombre confundido –tan halagado como está por los medios- que desconoce cómo actuar en tiempos de crisis, cuando llega justamente el momento de machacar y machacar sobre la buena doctrina. Porque sin ella-la buena doctrina-la pastoral es una cáscara vacía, apta tanto para un barrido como para un fregado y campo orégano para los sociólogos y trabajadores sociales que fungen de curas.

Se ha cumplido un año del Pontificado y no podemos albergar esperanza natural –natural, léase-alguna sobre el futuro inmediato.

Pero quizás una carta firmada por miles de católicos logre el efecto correctivo que los fieles anhelan.  En esa carta no podría faltar el estilo ardoroso  de  Catalina de Siena, una de las santas para estos días tan tristes, casi de desolación diría yo, cuando le pedía a Gregorio XI

Sedme hombre viril y no tímido. Responded a Dios que os llama que vengáis a tener y poseer el lugar del glorioso pastor San Pedro, cuyo vicario sois.

debéis usar de vuestra virtud y potencia: y si no queréis usarla, mejor sería renunciar a lo que habéis tomado: más honor de Dios y salvación del alma vuestra resultaría de ello que de esto otro.

Valdría la pena animarse, puntualizando que “si no quiere usar su virtud y potencia” mejor sería que renuncie, para volver  a su querido barrio de Flores.