viernes, 31 de enero de 2014

SAN JUAN BOSCO - 31 DE ENERO


SAN JUAN BOSCO, 

Confesor
n. 16 de agosto de 1815, I Becchi, Italia; 
† 31 de enero de 1888, Turín, Italia 

Patrono de estudiantes; jóvenes; niños; adolescentes; 
muchachos; aprendices; obreros; editores.

Nacido en 1815, San Juan Bosco, hijo de humildes campesinos, perdió a su padre a la edad de dos años y fue educado por su piadosa madre Margarita. Desde que fue elevado al diaconado, comenzó a reunir, los domingos, a los obreros y niños abandonados de Turín. Construyó para ellos un asilo y una iglesia, dedicada a San Francisco de Sales. En 1854, sentó las bases de una nueva congregación, la de los salesianos, que hoy se llaman sacerdotes de Don Bosco; en 1872, fundó las Hijas de María Auxiliadora. Murió el 31 de enero de 1888, venerado por todo el mundo por su santidad y sus milagros. 

MEDITACIÓN 
SOBRE LA NECESIDAD 
DE MORTIFICARNOS 

I. Aquél que odia su alma en este mundo, la conserva para la vida eterna. Estas palabras de Nuestro Señor indican la necesidad que se nos impone de mortificarnos. La ciudad de Babilonia, es decir, de los réprobos, comienza por el amor a sí mismo y termina por el odio a Dios, dice San Agustín. La ciudad de Jerusalén, es decir, de los predestinados, comienza por el odio al cuerpo y termina por el amor a Dios. El amor a Dios crecerá en ti en la misma proporción que el odio a tu cuerpo. Mide con este metro: para conocer en qué medida eres perfecto, considera en qué medida te mortificas. 

II. Tu mortificación debe comenzar cortando por lo vivo todos los placeres y deseos que pudieran impedirte cumplir los mandamientos de Dios. Corta todo lo que pueda impedirte cumplir con los deberes que te impone el estado de vida que hayas abrazado. En fin, hay una mortificación que no es como la anterior, obligatoria, sino sólo de consejo; consiste en abstenerse aun de los placeres permitidos. Es la que practican las almas santas; ¿las imitas? 

III. La mortificación será para ti cosa fácil, si consideras que ella te impide caer en muchas faltas. Además, eres pecador: debes, pues, hacer penitencia y mortificarte para disminuir, por compensación, lo que debes a la justicia de Dios en el purgatorio. Eres cristiano: ¿concuerda acaso el vivir en el placer y adorar a un Dios crucificado? No temas los rigores de la mortificación; ella posee dulzuras escondidas que sólo pueden gustar los que la abrazan decididamente. Ves la cruz pero no conoces sus consuelos (San Bernardo). 

La imitación de Jesucristo. 
Orad por la educación de la juventud. 

ORACIÓN 
Señor, que habéis hecho de San Juan Bosco, vuestro confesor, padre y maestro de los adolescentes, y habéis querido hacer florecer en la Iglesia, por su intermedio, nuevas familias religiosas con la ayuda de la Santísima Virgen María, haced que inflamados con el mismo amor busquemos las almas y os sirvamos sólo a Vos. Por J. C. N. S.

Santoral del P. Grosez, S.J.
Tradición Católica.com 

jueves, 30 de enero de 2014

¿PAPA O ANTIPAPA?


El cardenal Bergoglio confirma en sus errores a los protestantes y además se comporta como uno de ellos. Aberrante.

 


Pastor protestante (es decir, lobo disfrazado de cordero que conduce a las almas a la perdición) elogia la labor apostólica de un jardinero evangélico (empleado de Bergoglio) que “enseñó al cardenal Bergoglio a rezar”. 

   


El rabino Skorka habla de su encuentro con el ¿Papa? Francisco. Imágenes de su encuentro. Retrospectiva de Bergoglio hablando de los “fundamentalistas” de la religión (es decir: los que no aceptan las enseñanzas heréticas de la iglesia conciliar).  

 


En esta misa nueva celebrada por Francisco el 17 de marzo de 2013, no hace genuflexión en la consagración (ni nunca durante la misa), aunque dejó claro al entrar a la iglesia que puede arrodillarse perfectamente, pues así lo hizo ante la exposición del Santísimo. En la consagración, en vez de arrodillarse, lo que hace Bergoglio es inclinarse, del mismo modo que se inclinó ante “el pueblo” en el balcón cuando hizo su primera aparición. Pueden verse estos momentos en el 0.00.57 y la consagración en el minuto 0.43.00. Al final de la Eucaristía (así la llaman insistentemente), y tras haber inferido esa afrenta a Nuestro Señor –de haber alguna validez en lo efectuado por Francisco, pues todo es más que dudoso- los sacerdotes y obispos se dedican a rendir pleitesía y los fieles (a esta altura devenido en “público”) a aplaudir y rendir honores a Francisco (lo mismo ocurrió a la entrada: mientras estaba expuesto el Santísimo el “público” se levantó para aplaudir ruidosamente a Francisco). En definitiva, el olvido de Nuestro Señor y el culto al hombre, al “humilde” Francisco que no tiene la humildad de arrodillarse ante Dios.

 

martes, 28 de enero de 2014

BLAS PIÑAR: ¡PRESENTE!

FIEL REPRESENTANTE DE LOS IDEALES: "DIOS, PATRIA, JUSTICIA"
blas piñar
Blas Piñar López ha fallecido cristianamente en Madrid.
Nacido en Toledo en 1918. Político, notario y escritor, vinculado desde su juventud a la Acción Católica, fundó en 1966 la Editorial Fuerza Nueva que se convirtió formalmente en partido al iniciarse la llamada Transición. Fue consejero nacional del Movimiento y procurador en Cortes y en 1957 fue nombrado director general del Instituto de Cultura Hispánica. En 1979 fue elegido parlamentario por Madrid y tuvo ocasión de oponerse brillantemente a la política de auto-demolición y cesiones a la izquierda programada por la UCD así como a la configuración del “Estado de las Autonomías”
Orador, escritor, teólogo… Rogamos a los lectores de TD una oración por el eterno descanso de su alma y pedimos a Dios premie sus servicios a la causa de la España católica.
[…] Quédate conmigo Jesús amado.
Para el trance difícil de la muerte,
dame tu ayuda y tu cayado.
¡Que tenga yo, Señor, la inmensa suerte
de bañado por luz divina verte,
de amarte y ser amado y no perderte (Blas Piñar).
Fuente: Tradición Digital 

JUAN PABLO II MASÓN: UN INDICIO MÁS





POR SUS FRUTOS LOS CONOCEREIS




Esto ocurre en la iglesia conciliar, aquella que Mons. Fellay y sus adictos llaman católica y a la que el P. Bouchacourt invita a ir:

Bautiza, casa y oficia misa con nariz de payaso.






¿Y por qué no? Si el jefe lo hace…



Imágenes vistas en Stat Veritas

TRIUNFALISMO Y CONSTANTINISMO – PADRE BERTO





¡Nos reprochan nuestro ‘triunfalismo”, como han inventado llamar! ¡Y dicen que quieren hacer “la Iglesia de los pobres”! ¿Qué saben de los pobres?, ¿qué saben si los pobres no tienen necesidad de eso que ellos llaman nuestro “triunfalismo”, ellos hombres de gabinete y de universidad, de libros y de inventarios, de conferencias y sesiones? Yo no les reprocho que lo sean. Es necesario que en la iglesia haya grandes catedráticos, que haya sabios y de primer orden, que en su especialidad pue­dan estar al nivel de los más grandes sabios de las ciencias. Lo que les reprocho es hablar de lo que no conocen y de hablar sobre ello “irrealmente”. Se han fabricado una idea del pobre, tan irreal como todas sus ideas; les falta el conocimiento del pobre y se han vuelto incapaces de tenerlo porque el espíritu de sistema los domina, y éste es cerrado y encerrado en sí mismo a tal punto que para que los hechos tales como son no los contradigan deciden que sean diferentes de lo que son. No se apoya sobre la realidad, como tampoco la reali­dad puede encontrar sustento en él. La realidad no ejerce más sobre él la función rectificadora, que sólo ella puede cumplir; de resultas la razón que debiera razonar, delira acerca de los pobres, como delira sobre todo lo demás.

Ellos, por lo tanto, han decidido: que la Iglesia será “La Iglesia de los pobres”, cuando el Papa no se presente más en la silla gestatoria, cuando los obispos no se revistan más de ornamentos de valor, cuando la misa sea celebrada en lengua vulgar, cuando el canto gregoriano sea confinado en los museos y cosas por el estilo, -es decir cuando los pobres sean privados de la belleza litúrgica, única belleza que les es gratuitamente accesible, y al mismo tiempo que se entrega a ellos sin perder nada de su trascendencia; cuando las ceremonias de la Iglesia, vulgarizadas, trivializadas, no evoquen ya más para ellos nada de su gloria del cielo, ni los transpor­ten ya a un mundo más elevado, no los levanten más por encima de ellos mismos; cuando la Iglesia, en fin, no tenga ya más que pan para darles, - mas, Jesús dijo que no sólo de pan vive el hombre.

¿Quién les ha dicho que para los pobres está de más ofrecerles belleza? ¿Quién les ha dicho que respetar al pobre no incluye también que se les ofrezca una religión bella al par que se les propone una religión verdadera? ¿Quién los vuelve tan insolentes con los pobres hasta negarles el sentido de lo sagrado? ¿Quién les ha dicho que los pobres ven mal que un obispo presida una procesión con el báculo en la mano y la mitra en su cabeza y se acerque a ellos para bendecir a sus pequeños? ¿Fueron acaso los pobres quienes se es­candalizaron protestando por el despilfa­rro cuando María Magdalena derramó el nardo sobre la cabeza de Jesús llegando a quebrar el vaso para no reservar nada de su perfume? ¿Quién les ha dicho, sobre todo, que despojando a los obispos de los signos litúrgicos de su autoridad, los sacer­dotes se acercarán a los pobres de manera más acorde con el Evangelio? ¿Quién les ha dicho que las honras exteriores debidas a los obispos no son una garantía sin la cual la evangelización de los pobres, ante sus propios ojos, no tendría ninguna señal de autenticidad, y sin la cual la evan­gelización de los humildes no sería en sí misma suficientemente humilde al no te­ner el carácter de una misión recibida de una autoridad visiblemente superior, sino el exterior de una empresa de un predica­dor particular?

Se destruye, se saquea, se devasta sin ninguna preocupación por esas reali­dades aprobadas durante siglos; creen que preocuparse por ello sería lo que han dado en llamar “triunfalismo”, y han decidido que el “triunfalismo” es el último de los crímenes, idéntico a lo que también ellos llaman “constantinismo”: reclamar del po­der secular para la Iglesia algún reconoci­miento de sus derechos. ¿Cómo es que aquello que fue un deber perfectamente claro, incansablemente sostenido ha veni­do a convertirse en un crimen? La respuesta señala al espíritu de sistema, que está perfectamente organizado, coherente como una geometría, al cual nada le falta sino solamente ser verdadero, pero que en este momento, en Roma, durante un Con­cilio ecuménico, es el único que tiene derecho a ser escuchado, el único pública­mente expuesto. Nosotros hemos visto sus comienzos, hace justamente veinte años.

Correspondencia del Padre Berto (teólogo de Monseñor Lefebvre durante el Concilio).

Triunfalismo y constantinismo: expresiones forjadas en ocasión del Concilio. La primera, “triunfalismo", tiende a volver sospechoso o ridícu­lo el celo en desarrollar el esplendor del culto divino, de lo cual la Iglesia felicita a San Luis (secreta del 25 de agosto).

La segunda, “constantinismo”, deriva del nombre de Constantino, primer emperador roma­no que después de doscientos cincuenta años de persecución legalizada, reconoció a la Iglesia, por el Edicto de Milán (313), la libertad de cumplir su misión. Con esa denominación se tiende a impedir la ayuda temporal que la Iglesia Católica, única verdadera Iglesia de Cristo, está en su derecho de reclamar y aceptar de las autoridades civiles, para facilitar la vida cristiana y la salvación eterna de los pueblos, sobre todo de los pequeños y de los pobres: “que Vuestra Iglesia no sea jamás privada de la ayuda temporal y que ella extienda sin cesar sus conquistas espirituales’ (oración de Santo Do­mingo). Al instituir la festividad de Cristo Rey en 1925, Pío XI quería recordar cada año, a los católicos la obligación de conservar o de restablecer como cristianos todos los estamentos sociales de la ciudad.

lunes, 27 de enero de 2014

DICHOS DE SANTOS - 42


“Si no quieren saber la verdad, 
que no me busquen”.

Santa Teresita del Niño Jesús

viernes, 24 de enero de 2014

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN EJEMPLOS - 17


UN «EXTRAVIADO» QUE VOLVIÓ A DIOS 

Un misionero, Párroco de Cuzco (Perú), escribe: 

En mi extensa Parroquia, y con la colaboración de un grupo de Catequistas, estoy haciendo campaña de difusión del rezo de las tres Avemarías. Y el éxito es grande porque Dios hace derroche de sus gracias mediante su Madre Santísima... 

«En junio de 1969 pasé por una "hacienda" muy alejada de los caseríos y aldeas. El dueño de la finca ya era de edad avanzada; había sido seminarista, y luego, sin contraer matrimonio canónico, se unió a una mujer con la que tuvo varios hijos. Aproveché mi visita para dejarle una estampa sobre la devoción de las tres Avemarías, recomendándole que no dejara de rezarlas todos los días, y siempre que sintiese preocupación por cualquier problema. 

»A finales del mes de octubre vinieron a buscarme de parte del dueño de aquella. "hacienda' para pedirme con insistencia que, no obstante la distancia, fuera a aquella casa, porque dicho señor estaba muy grave y deseaba recibir los últimos Sacramentos. 

»Allí fui acompañado de dos Catequistas, y al vernos el enfermo, llorando amargamente y con voces entrecortadas, pidió confesar. 

»A continuación declaró que había rezado las tres Avemarías desde que se las había aconsejado y que a poco de rezarlas se sintió movido a "regularizar su vida" y volver a la gracia de Dios. 

»Tanto le ayudaba la Santísima Virgen a su cambio espiritual, que hasta empezó a rezar el Santo Rosario durante su enfermedad. 

»Como apremiaba su gravísimo estado, sin pérdida de tiempo contrajo matrimonio, recibió la comunión juntamente con su esposa y los hijos legitimados, y le administré la Extremaunción. 

»Media hora, exactamente, después de esto, descansó en la paz del Señor.» 

La Madre de Dios había acreditado una vez más su especial patrocinio respecto de quienes la invocan con las tres Avemarías. 

(P. Braulio Ascarza Sotelo. — 7 noviembre de 1969. — Perú). 

(«Los asombrosos frutos de una sencilla devoción»)

miércoles, 22 de enero de 2014

LAS VIRTUDES DE SAN PABLO DE LA CRUZ - I


I
HUMILDAD PASIONISTA

La humildad no es la santidad, pero sí base y fundamento de la misma. 

"Para levantar el edificio de una santidad verdadera y sólida es preciso asentar bien las bases de una profunda y sincera humildad", ha escrito el P. Arintero. 

Esto lo sabía muy bien San Pablo de la Cruz. Lo sabía y lo practicaba. De ahí que en su recia espiritualidad campee la humildad como una de sus virtudes características más, salientes. 

El amor a Cristo doloroso y la humildad vienen a ser como el binomio de la personalidad sobrenatural de San Pablo de la Cruz. Por ser la humildad, como se ha dicho, fundamento de la santidad, y ello en todos los santos, pero de manera particular en nuestro biografiado, damos comienzo al estudio de la santidad del gran Apóstol de la Pasión por el capítulo dedicado a la virtud de la humildad, la cual, para nuestro Santo, es también la cadena de oro que engarza todas las virtudes y la joya más preciada de Cristo. 

Pensar bajamente de sí mismo, conocer su nada en cuanto al ser y al obrar, reconocer su absoluta y total dependencia de Dios y vivir en un estado de bajeza ante la grandeza y omnipotencia infinitas del Creador constituyen el fundamento de la humildad de San Pablo de la Cruz. 

"Dios —solía decir— me ha quitado todas las gracias; pero ésta de conocerme a mí mismo, no". 

Llámase costal de gusanos y podredumbre, miserable tizón del infierno, el hombre de la nada y el siervo inútil para toda obra buena. Y todas las obras que realiza y todas las empresas que lleva a cabo por la gloria de Dios y el bien de las almas y todas las maravillosas conversiones que alcanza en sus predicaciones, atribúyelas a la gracia y al poder de Dios. 

Siendo Fundador del Instituto de la Pasión, no consiente le llamen con dicho título, pues el Fundador del Instituto, según él, es Jesucristo. Pablo de la Cruz, a su entender, es un estorbo en la Congregación, un siervo inútil y un leño seco que sólo sirve para arder en el fuego. 

Cierto día deambula con sus religiosos por un campo agreste y solitario. A la vera de un camino encuentra un árbol retorcido y seco. Señalándolo con el dedo, exclama : 

—Ved lo que yo soy: un árbol seco y torcido, bueno solamente para el fuego. 

Cuando escribe a sus almas dirigidas, llámase con harta frecuencia tronco podrido, caña frágil y junco que crece en los pantanos y muere donde nace. 

Otras veces, compárase graciosamente al asno. 

—"Termino la carta dándole los buenos días —escribe a Inés Grazi—; pues ya es hora de dar la cebada a este pobre asnillo...". 

Habiendo conservado durante toda su vida la inocencia bautismal y no habiendo ofendido a Dios, desde la edad de los 19 años, con falta venial plenamente deliberada, júzgase, sin embargo, el más grande pecador de la tierra y un monstruo de ingratitud y perversión que sólo tiene el mal olor de sus vicios. 

"Me parece ser peor que un demonio, una inmunda cloaca como en realidad soy". "Cuando ruegue por los pobres pecadores —escribe a una de sus dirigidas— póngame en primer lugar, como a su capitán general". 

Que tales expresiones en boca o en la pluma del santo no son vanas fórmulas carentes de sentido, sino frases que responden a los sentimientos más íntimos de su corazón, lo demuestran las abundantes lágrimas con que suele acompañar sus sentidas y sinceras palabras. 

Un día Pablo de la Cruz, con su crucifijo de misionero, está a punto de entrar en una ciudad. De pronto, rompe a llorar amargamente. El compañero, sorprendido, pregúntale:

—¿Por qué llora, Padre?

—Y ¿cómo no he de llorar, considerando que entra en esta ciudad tan gran pecador que tantas veces ha merecido ser ahorcado por sus grandes iniquidades y pecados? Temo que esta ciudad se hunda, apenas ponga en ella mis pies. 

El vicio de la soberbia o vanagloria jamás empaña su alma ni le da pie para poder acusarse del más leve defecto tocante a esta materia.

"No comprendo cómo puede haber quien se ensoberbezca, pues todo lo bueno que hay en nosotros es de Dios. Si me asaltara el más leve pensamiento de vanagloria —decía a sus hijos— me consideraría un réprobo condenado para siempre al infierno". 

Si a veces refiere algún hecho que pueda redundar en su alabanza, refiérelo con tan ingenuo candor, que todos comprenden al punto que al hablar así es movido del espíritu de Dios, ya que los sucesos referidos por él redundan siempre en la mayor gloria de Dios o de la Congregación, o en la mayor edificación espiritual de las almas. Pero, aun en estos casos, jamás emplea palabras que huelan en lo más mínimo a vanidad. Pablo de la Cruz, ingenuo, sencillo como un niño, atribuye toda la gloria a Dios. Para sí se reserva únicamente la confusión de no haber correspondido a la gracia de Dios y colaborado en la obra que el Señor le encomendara. 

Los ejercicios de humildad que Pablo de la Cruz se impone voluntariamente responden al bajo concepto que de si mismo tiene formado. Siendo Fundador y General del Instituto, arrodillase delante del Rector del Convento, y con una corona de espinas sobre la cabeza, una soga al cuello y una cruz sobre los hombros, se acusa en público refectorio de haber escandalizado a la Comunidad.

En la vigilia de las grandes festividades religiosas y en el Jueves Santo, póstrase a los pies de sus religiosos, y con abundantes lágrimas en los ojos, pídeles humildemente perdón suplicándoles encarecidamente rueguen por él para que pueda salvar su pobre alma. 

El título de Fundador y General con que es honrado le ocasiona mayor humillación. 

"¡0h, si supiesen los que me llaman Fundador... qué puñalada me dan en el corazón y qué pena me causan, no me lo dirían... Me tiran sangre a los ojos... me ponen delante mis ingratitudes y me hacen recordar que he oscurecido e impedido con mis culpas la obra de Dios..." 

Esperando un día ser recibido de un Prelado, le preguntan en la antesala: 

—¿Quién es el Fundador de los Pasionistas? 

—Un pobre pecador —contesta el siervo de Dios. 

Admitido a la audiencia, el Prelado le interroga: 

¿Dónde está el Fundador del Instituto? 

—No muy lejos de Vos —replica humilde y avergonzado Pablo de la Cruz. 

Hablando otro día con un hermano coadjutor, dícele: 

—Hoy es la fiesta de San Ignacio. Yo me he encomendado a él, pues es mi amigo. 

—Ciertamente debe serlo, pues también él es Fundador. 

—Callad —ataja Pablo de la Cruz—. San Ignacio es un gran santo y yo soy peor que una bestia. 

Dechado de heroicas virtudes y ejemplar de regular observancia para todos sus religiosos, considérase indigno de llevar el santo hábito de la Pasión y merecedor de ser expulsado del Instituto. A sus ojos, él constituye piedra de escándalo para la Congregación por él fundada, juzgándose como un cuervo que anida entre blanquísimas palomas. 

Renuncia formalmente al Generalato— aunque la renuncia no es aceptada—, porque quiere vivir oculto e ignorado en solitario convento, dedicado, como simple novicio, a las faenas más humildes de los Hermanos Coadjutores. 

—Si me fuera dado elegir, cambiaría voluntariamente. ¡Y sabe Dios que no miento! Pocos santos fueron en vida tan alabados y honrados de las muchedumbres, de los príncipes, de los reyes y Pontífices como Pablo de la Cruz. Pero los honores que el gran Apóstol recibe en el curso de su vida sólo sirven para que campee y brille más su humildad. 

Cuando alguno, atraído por la fama de santidad de que goza Pablo de la Cruz, logra entrevistarse con el siervo de Dios, éste recurre a ingeniosas estratagemas para ocultar su virtud, adoptando un aire de hombre vulgar, rudo y sin letras, o bien, llevando la conversación a temas intrascendentes y mostrando que sabe guisar los alimentos a gusto de los comensales. 

El trata de ocultar la virtud y los dones naturales de que tan pródigamente ha sido favorecido, y quiere ser tenido de todos por rudo e ignorante. 

Después de predicar elocuente y bello sermón a la Comunidad, dice a uno de sus religiosos: 

—Así predican los ignorantes. Son largos en sus discursos y no aciertan a acabar nunca. 

Recibido y agasajado de los Sumos Pontífices Clemente XIII y Clemente XIV, que le veneran como a un santo, y visitado en su propia celda por el Pontífice Pío VI, no por ello se envanece. Tales muestras de veneración y de distinguido afecto confunden al siervo de Dios, el cual permanece corrido y avergonzado, con la cabeza inclinada, ante los Vicarios de Cristo. 

Las muchedumbres, entusiasmadas por la elocuencia arrebatadora del Santo, quieren tocarle y conservar, como preciada reliquia, algún trozo de su hábito o manteo. Conseguido el piadoso e indiscreto hurto, al percatarse de ello el siervo de Dios, díceles burlonamente:

—Me han cortado el hábito creyendo que era yo el P. Abad, siendo así que soy el cocinero. Si me conocieran, huirían de mí como de un apestado. 

Otras veces díceles: 

—Andad, andad; id a hacer calcetas para vuestras gallinas. 

Y cuando la muchedumbre se dispersa, y él queda solo, rompe en amargo llanto.

—Pobre de mí! Es necesario que me cierren bajo llave. El mundo se engaña. Cree que soy lo que en realidad no soy. 

Un día, al atardecer, cruza la playa de Orbetello con un Hermano Coadjutor. Un pescador que no le conoce, pero que ha oído hablar de él, díceles: 

Dichosos vosotros que vais a Monte Argentaro. donde vive tan gran santo como es el Padre Pablo. 

El siervo de Dios se turba; muda de color 

Ved lo que yo soy: un árbol seco y retorcido... 

y no acierta a proferir palabra. Luego, disimulando su turbación:

—Pero ¿quién es ese santo que decís? ¿El Padre Pablo? 

—Sí —contesta secamente el rudo pescador—. El P. Pablo. 

—Pues yo os aseguro que él no cree ser un santo. 

Pues lo crea o lo deje de creer, yo os digo que el P. Pablo es un santo, un verdadero santo, un gran santo. 

Y el siervo de Dios, todo corrido y avergonzado, prosigue su viaje. 

Otro día, dos Prelados pasean con el humilde Pablo de la Cruz. Este, a pesar de sus protestas, se ve obligado a aceptar el puesto de honor. Pero es tal su confusión al pasear en medio de los dos Prelados, que, luego, al referir el hecho, dirá que jamás en su vida sufrió mayor vergüenza. 

En otra ocasión, Pablo de la Cruz conversa con varios personajes de distinción. Estos siéntense molestos por las numerosas moscas que revolotean en la estancia. Pablo, bromeando, dice a los conspicuos personajes: 

—Yo soy un gran pecador; pero si fuera un santo ahuyentaría con la señal de la Cruz estas moscas, para ustedes tan inoportunas. Yo conozco —prosigue el siervo de Dios— un hombre que con este signo (y traza en el aire la señal de la Cruz) las ahuyentó todas de la habitación. 

No ha cesado de hablar cuando, como por arte de encantamiento, desaparecen de la estancia todas las moscas. Milagro tan inesperado confunde al siervo de Dios de tal forma que desde aquel momento se repliega en un religioso y profundo silencio que nadie puede hacerle romper. ¡Tanta era su confusión y. vergüenza! 

Pablo de la Cruz tiene la humildad tan arraigada en su alma y ejerce los actos propios de dicha virtud con tal sencillez y espontaneidad, que parece serle connatural. 

De niño pide el pan de rodillas a sus hermanas. Cuando conversa con otros, mantiene los ojos bajos y la cabeza un tanto inclinada. Júzgase el último de los hombres y ocupa siempre el último lugar. En los conventos escoge para sí la celda más humilde y menos acomodada; interviene en las faenas de los Hermanos Coadjutores; lava los platos, barre su habitación, ayuda al cocinero y sirve la comida a los enfermos. 

En la construcción del primer convento del Instituto, él hace de peón y de albañil; abre las zanjas y acarrea los materiales. 

Misionero apostólico, al final de cada misión, sube al tablado con una corona de espinas sobre la cabeza y una soga al cuello, y derramando copiosas lágrimas, pide a Dios perdón de las faltas cometidas durante la Santa Misión, y al pueblo, de los malos ejemplos y escándalos que le ha dado. Acabada la Misión, para evitar la lisonja y el aura de los vítores y aplausos del pueblo, marcha inmediatamente, o muy de madrugada, a su retiro, no permitiendo que nadie le acompañe. 

En la ciudad de Acquapendente coinciden un día Pablo de la Cruz y San Leonardo de Puerto Mauricio, los dos más famosos misioneros de Italia en el siglo XVIII. Los dos son invitados a dirigir la palabra al pueblo. Pero uno y otro, por su profunda humildad, rehusan tal honor. ¿Quién será el predicador? San Leonardo cede el honor a San Pablo. Este declina el ofrecimiento, y suplica, humilde pero insistentemente, a Leonardo de Puerto Mauricio acepte la invitación. Ante las humildes e insistentes súplicas del Fundador, San Leonardo sube al púlpito y predica uno de sus mejores sermones. 

Acabado el sermón, Pablo de la Cruz pide humildemente a San Leonardo de Puerto Mauricio algunos consejos para regirse en las santas Misiones y obtener fruto en las almas. 

Si la humildad es la virtud característica de su vida, también lo es de su muerte. Pablo de la Cruz quiere asemejarse siempre y en todo a su Divino Modelo, que se humilló hasta la muerte y muerte de Cruz. Por eso el gran Apóstol de la Pasión quiere morir oculto y desconocido y que no se conserve de él memoria alguna. 

Cuando sus religiosos le ruegan escriba algo sobre los orígenes de la Congregación, respóndeles secamente: 

—Lo haré si el Señor me lo inspira. 

Mas su humildad le inspira todo lo contrario. No solamente no escribe sus memorias a autobiografía, sino que procura y ordena le sean entregados todos los escritos y documentos en los que aparece su nombre, pues quiere con sus propias manos lanzarlos a las llamas para que no queden de ellos vestigio alguno. Tal mandato, impuesto en virtud de santa obediencia, es cumplido. Pero sus hijos, apesadumbrados ante tan imprevista e irreparable pérdida, logran sacar antes copia fiel de todos los documentos que hablan de su Santo y Padre Fundador. 

—Si yo pudiera y me fuera lícito —suele decir— borraría mi nombre de los Breves Pontificios, pues no quiero que de mí quede memoria alguna en la Congregación". 

Tampoco quiere, por más que se lo suplican sus hijos, posar ante el pintor para dejarse retratar. Y cuando el artista Tomás Conca consigue, a través de las rendijas de la puerta, dibujar las facciones del Santo, al serle presentado el retrato, exclama todo afligido: 

—¡Dios mío! ¡Qué cara de réprobo tengo!

—No se asuste, P. Pablo —dícele el pintor—. Si le he pintado ha sido para ensayar un esbozo, pues he advertido en usted una frente muy pintoresca. 

Hallándose gravemente enfermo en la Residencia del Santo Crucifijo, dice a su confesor: 

—Si yo muero, mi última disposición es ésta: Celebrarán mis funerales privadamente en la Capilla del Hospicio. Luego, ya oscurecido, dos criados del Hospital me llevarán a la iglesia de los Santos Pedro y Marcelino, donde me enterrarán sin ninguna pompa. Y cuando mi cuerpo se haya corrompido, meterán los huesos en un saco y sobre un jumento los llevarán al Retiro de San Miguel Arcángel al lado de mi hermano, Juan Bautista. 

Al Maestro de Novicios, que le pide les deje en testamento el corazón para conservarlo en la Casa Noviciado, respóndele serio y lloroso: —Mi corazón; Pobre corazón mío! Si merece ser quemado y aventadas sus cenizas, porque no supo amar a Dios!... 

En el ocaso de su vida, visitando una vez Monte Argentaro, cuna de la Congregación, dice a sus religiosos: 

—Si, como es mi deseo, yo muero en este Retiro, sepultad mi cuerpo bajo un castaño, pues no merece ser enterrado en la iglesia. 

Pablo de la Cruz muere en la Ciudad Eterna, en una celda contigua a la Basílica de los Santos Juan y Pablo, coronado de méritos, aureolado de gloria, aclamado por sus hijos como Santo Fundador, venerado por Pío VI como un gran siervo de Dios y admirado por las muchedumbres como uno de los más grandes taumaturgos de la Iglesia. 

Pero Pablo de la Cruz, agónico, rodeado de la religiosa comunidad, momentos antes de recibir por Viático el Pan de los fuertes, deshácese en acentos de la más profunda humildad. 

—¡Pobre de mí —exclama sollozante—. He aquí que al separarme de vosotros para entrar en la eternidad, no os dejo otra cosa que mis malos ejemplos; si bien es verdad que nunca fue ésta mi intención, pues siempre deseé vuestra santidad y perfección. Con el rostro contra el suelo os pido perdón, y con gemidos de mi pobre corazón a toda la Congregación aquí presente y ausente, y os recomiendo mi pobre alma a fin de que el Señor la acoja en el seno de su misericordia, como espero por los méritos de su Santísima Pasión y Muerte". 

El P. Juan María, su confesor, para complacer al Santo, el cual ha deseado morir en la ceniza y el cilicio, toma una soga y la ciñe al cuello del siervo de Dios. Y así exhala su último suspiro el gran Apóstol de la Pasión, expandiendo los más fúlgidos y bellos resplandores de su profunda y extraordinaria humildad, en el postrer momento de su vida.

P. Juan de la Cruz, C.P.

martes, 21 de enero de 2014

SANTA INÉS - 21 DE ENERO


SANTA INÉS, 
Virgen y Mártir 
† martirizada hacia el año 304 en Roma 

Patrona de comprometidos en matrimonio; castidad; pureza; 
niñas; vírgenes; víctimas de violaciones; jardineros. 

He aquí a la esposa del Cordero de Dios. Búrlase ella para conservar su cuerpo y su corazón para su esposo Jesús de las proposiciones y de las amenazas del tirano. Los ángeles la acompañan a un lugar infame y dan muerte al insolente que quiere arrebatarle la honra; mas ella devuélvele la vida y lo convierte a la fe. Se la echa al fuego, pero el fuego respeta a la tierna virgen y da muerte a los verdugos. Condenada, finalmente, a ser decapitada, inclina la cabeza y va al cielo a juntarse con su Esposo divino a quien prometiera fidelidad. 


MEDITACIÓN 
SOBRE LA VIDA DE SANTA INÉS 

I. Santa Inés consagra su cuerpo y su alma a Jesús, a los trece años, mediante el voto de castidad. ¡Qué amable Esposo elige! ¡Qué bello! ¡Qué sabio! ¡Qué poderoso! ¡Cuánto amor tiene por ella! Conságrate enteramente a Él y experimentarás los dulces efectos de su amor. ¡Oh Jesús, divino Esposo de nuestra alma, si los hombres os conociesen, os amarían y despreciarían las efímeras bellezas de la tierra para poseeros! ¡Os amo, Dios mío! Si es poco, haced que os ame con amor más ardiente y más puro (San Agustín). 

II. Se amenaza a Santa Inés con los tormentos más crueles si no se casa con el hijo del prefecto de Roma, pero ella responde que es la prometida de Jesucristo. Se la arroja a las llamas, pero éstas no hacen sino aumentar su amor; las heridas la hacen más bella y más parecida a su divino Esposo. ¿Qué haces tú para conservar tu cuerpo y tu alma para Jesucristo? ¿Qué tormentos soportarías? Avergüénzate de saberte menos generoso que una niña de trece años. Tenía menos fuerzas que tú, pero más valor; tenía más fe y amor para con Jesucristo. 

III. Se le promete una considerable fortuna si consiente en casarse con el hijo del prefecto; resiste a las seducciones como ha resistido a los suplicios. ¡Cuán pocas personas hay que resistan al atractivo de los placeres! Cuídate de ese doble veneno. Es más fácil resistir a los tormentos que a la voluptuosidad. Los tormentos aterran: la voluptuosidad halaga (San Cipriano). 

La castidad. 
Orad por la buena educación de la juventud.

ORACIÓN 
Dios todopoderoso, que elegís en el mundo a los más débiles para confundir a los más fuertes, haced, por vuestra bondad, que, celebrando la solemnidad de vuestra virgen Santa Inés, experimentemos los efectos de su protección junto a Vos. Por J. C. N. S.

Santoral del P. Grosez, S.J.

sábado, 18 de enero de 2014

EL OPUS DEI: ¿UN FARISEÍSMO, UN SADUCEÍSMO, UN HERODIANISMO?

R. P. Raúl Sánchez Abelenda.

PRIMERA PARTE: ORDEN GENERAL

La Iglesia católica hoy está sumergida en múltiples problemas. Lamentablemente estos problemas se han ido encarnando de quince años a esta parte y ya está institucionalizado, han tomado carta de ciudadanía y forman parte de la mentalidad de la gente. Ahora es muy difícil sacarla de allí. Cuando el último Cónclave, hablaba con amigos de Buenos Aires, y les decía que, si por un milagro Dios nos diera un Papa como San Pío X, que con mano enérgica y con celo quisiera arreglar las cosas, restituyendo, por ejemplo, el verdadero culto, que está en la Misa de siempre y cuya existencia tiene por lo menos, 1500 años (...) si quisiera arreglar eso, ese Sumo Pontífice se quedaría con diez personas, porque la misma gente que quiere que las cosas estén bien ya tiene la mentalidad cambiada. En la nueva misa, por ejemplo, lo único que no quieren es que haya guitarras, y el problema de la nueva misa nunca fue de guitarras. El problema es si se conserva o no se conserva el rito (...).

A raíz del Concilio Vaticano II, que fue la eclosión de algo muy sedimentado, la Iglesia se ha empapado de liberalismo, y no constituye una ofensa para nadie decirlo, porque en las mismas proclamas de las autoridades oficiales está el liberalismo. Incluso algunas emplean fórmulas que son marxistas, como la del "hombre nuevo", pero el hombre nuevo que ahora se menciona, nunca es colocado en una perspectiva sobrenatural, a ese "hombre nuevo" (también San Pablo habla del "hombre nuevo"), a ese "hombre nuevo" que simplifican lo ponen siempre en cosas temporales.

Dentro de ese liberalismo, decía, que tiene carta de ciudadanía en la Iglesia, está el llamado "liberalismo de tercer grado".

El "liberalismo de primer grado" es el laicismo. El de "segundo grado", que fue el que primó en los últimos ochenta años de nuestra cultura argentina, consistía en respetar un catolicismo de conciencia (que se enseñara el catolicismo en las parroquias, en las escuelas públicas después de las horas de clase, y también alguna provincia admitió la enseñanza religiosa, etc. etc.) De manera que se trata de un "liberalismo católico".

Ahora bien, el "liberalismo de tercer grado" es el catolicismo liberal, y el catolicismo liberal ha sido condenado por la Doctrina de la Iglesia, y me remito a los Papas Gregorio XVI con la Mirari Vos, Pío IX con la Quanta cura y con el Syllabus (proposición 80).
Yo coloco al Opus Dei en el "liberalismo de tercer grado": es un catolicismo liberal, y entre el liberalismo y el catolicismo no hay acuerdo posible. Me remito a la obra, que sigue vigente, El liberalismo es pecado", de Sardá y Salvany, y también a la formidable obrita del Cardenal Billot "El error del liberalismo".

Y las tres tentaciones de nuestro Señor Jesucristo dan sentido a los múltiples problemas que vive la Iglesia. Fijémonos que el demonio no puede presentar la última tentación de golpe, tuvo, en cambio, que ir gradualmente (...) El demonio no pudo presentarle abiertamente la tercera tentación a Cristo; en cambio, es muy fácil que un católico con cierta espiritualidad, ejercitando vencer las pasiones, rehúya las tentaciones sensibles y no pueda resistirse a la invitación a "conquistar el mundo". El diablo le dice entonces: "¡Conquista el mundo, porque tú, cuando conquistes el mundo, lo conquistarás para Cristo!

Entonces yo pregunto: ¿con qué tipo de tentación está mechado el Opus Dei? Está mechado con la tercera tentación, que el diablo no puede presentar abiertamente ante nosotros. No se olviden de que eso de querer ganar al mundo para Cristo, aparece como muy apostólico...

Yo sostengo que el Opus Dei hace una síntesis de tres cosa que no son cristianas, y me remito en esto a la historia. ¿Cuáles fueron los enemigos clásicos de Jesucristo mientras vivió su vida pública? El fariseísmo, el saduceísmo y el herodianismo. Los herodianos aparecen menos, sin embargo dialectizan la obra de Jesucristo. "¿Hay que pagar el tributo al César?"... Se lo cuestionaron los herodianos, porque no querían la dominación romana, y entonces dialectizan a Nuestro Señor con los problemas de este mundo, y Nuestro Señor, la Sabiduría infinita, manda "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". O sea, que esa dialéctica entre lo temporal y lo sobrenatural, es de cuño herodiano.

El Opus Dei, dice Monseñor Escrivá de Balaguer, tiene que volcarse al mundo y secularizarse, y agrega que no debe haber dialéctica entre progresismo e integrismo, entre mundo y espiritualidad (...)

¿Cuáles son las objeciones que los saduceos le ponen a Jesucristo? los saduceos no creen en la resurrección de la carne (...) El saduceísmo es algo puramente temporal, y el Opus Dei tiene un cuño saduceísta con esa apetencia de lo temporal, de los poderes de la política, de la economía, el poder que da el dinero, etc., etc.
Y el fariseísmo, como dice el Padre Castellani repitiendo a San Gregorio Papa, es la corrupción de lo religioso. Y creer que yo me salvo porque pertenezco al Opus Dei, acusa una religiosidad muy malsana.

Pero pienso que, entre este herodianismo, este saduceísmo y este fariseísmo, la clave la da (y esto se le puede escapar a la gente del Opus Dei y a los que simpatizan con él) el saduceísmo. El saduceísmo fue algo que ya en tiempos de Jesucristo se arrastraba del Antiguo Testamento; por eso, al decir que el Opus Dei propugna un neo saduceísmo en los católicos militantes o practicantes, decimos que el Opus Dei está resucitando algo del Antiguo Testamento.

Y el saduceísmo, aunque existan matices, viene a ser un sinónimo del calvinismo., El calvinismo aparece en el siglo XVI, recoge la reforma luterana, con su cultura clásica se propone darle un sentido clásico a eso burdo y salvaje que fue la doctrina de Lutero, y fundamenta la salvación estableciendo la predestinación.

¿Cómo hace Calvino para fundamentar esa predestinación? De un modo gráfico, él se pregunta: "¿Cómo me consta a mí, o cómo les consta a los cristianos calvinistas, que estoy, o que están salvados?" Se vale de, y recoge un contexto del Antiguo Testamento. Ustedes saben que Nuestro Señor tuvo que aplicar con los judíos, que eran de dura cerviz, una pedagogía que iba de lo interno a lo externo, de lo sensible a lo espiritual (pedagogía que luego irá depurando). Así, hacía uso de bienes materiales: quien es fiel a Dios, tiene bienes materiales (que en esa época estaban representados por la prole, manadas de ovejas, campos, embarcaciones, etc.). La bendición de Dios, en ese contexto, se manifiesta con bienes materiales, otorga poder.

Y en el libro de Job, encontramos un ejemplo claro. El protagonista, que no es hebreo, puede ser semita, y los especialistas sostienen que pudo haber sido idumeo, es probado por Dios. Dios permite que se quemen sus campos, que se mueran sus animales y sus hijos, que hasta se vuelva leproso y termine rascándose las úlceras con una teja en un estercolero, mientras sus amigos le reprochan: "Tú que fuiste siempre tan bueno con Dios y tan fiel a la Ley, ¿cómo es que Dios te castiga?" Claro ante sus contemporáneos, Job aparecía como maldito, ya que la señal de estar bendecido por Dios era ser rico. Job reniega del día de su nacimiento, pero -como dicen las Sagradas Escrituras, nunca pecó. Pasada la prueba, Dios bendice a Job devolviéndole aquello de lo que lo había privado, pero multiplicado. De manera que, en el Antiguo Testamento, el bendecido por Dios, era el hombre favorecido temporalmente. Y esto nos lleva a Calvino.

Max Weber señala al protestantismo como promotor del capitalismo liberal. Pero, ¿qué protestantismo? El protestantismo calvinista: no en balde el calvinismo influyó mucho en Inglaterra -dueña de dos mares y de la Commonwealth-, y en los Estados Unidos, tanto en su constitución como en su sistema de gobierno, y luego en su espíritu imperialista, que los impulsó a buscar extenderse hacia el oeste y hacia dominios mejicanos, españoles, etc.
Así entonces, el calvinismo recoge la figura del Antiguo Testamento y sostiene que el cristianismo calvinista (el "cristianismo verdadero") que cree en el poder temporal, podrá sentirse seguro de estar salvado. La señal, entonces, es tener poder de las finanzas, los controles de la cultura, integrar un gabinete, fundar universidades, integrar los directorios de bancos, etc., etc. El calvinismo es una expresión depurada, y un poquito refinada, de ese saduceísmo brutal que existía en tiempos de Nuestro Señor, y que forma parte de la mentalidad judía.

Es la característica del Opus Dei: esa apetencia de dominar lo temporal, para luego, mediante ese dominio de lo temporal, hacer apostolado. Obviamente ellos no lo van a decir claramente porque suena un poco fuerte, pero sí van a insistir en que su espiritualidad es laical, es secular, en que hay que lograr una armonía con el mundo.

Bien, si yo procuro una armonía con el mundo, tengo que servirme de todo lo que me da el mundo. Es cierto que "para santificarlo", como dice el Opus Dei, pero no puedo dejar de valerme de aquello que no solamente me brinda, sino que constituye la estructura del mundo. ¿Y cuál es esa estructura que constituye el mundo? El poder.

El poder del dinero, de la cultura, de las influencias. El mundo es poder. Porque el mundo sabe que, después de él, no hay nada más. Decía San Pablo que "si no resucitamos para nuestra fe, comamos y bebamos" o sea, vivamos el espíritu del mundo, vivamos el poder, el poder material... con mucho "equilibrio", por cierto, con mucha eutrapelia (buen humor), pero son esas las cosas "del mundo", y esa es la postura del Opus Dei, que insiste en una espiritualidad laical y en un compromiso con el mundo.

Se puede hacer frente a esto con tres frases del Evangelio. En primer lugar, Jesucristo pone como norma de oro que rige nuestra conducta aquello de "buscar primero el Reino de Dios", su ordenamiento, su santidad, eso significa la justicia, que es el objetivo de todo cristiano, lo que me hace justo ante Dios, y me hace justo porque la Sabiduría de Dios (no la voluntad de Dios), lo ha establecido como justo (la Sabiduría de Dios lo establece y la Voluntad divina lo impera), y lo demás "se dará por añadidura". El espíritu secular, mundano, calvinista, insiste y pone el tono en la "añadidura", más que en el "Reino de Dios".

¿De manera que yo busco primero la añadidura, canonizo, santifico, primordializo la añadidura, para luego buscar el Reino de Dios y su justicia? ¡Jesucristo no nos ha enseñado eso!

Otra frase del Señor: "No ruego por el mundo, sino por estos que están en el mundo". Fueron las palabras testamentarias de Nuestro Señor, las que usó en su sermón de despedida con sus íntimos, cuando el Corazón del Salvador se abrió de par en par, antes de entregarse con plena libertad y por amor a su Padre y a nosotros, a su Pasión.

Y aquélla otra frase que pertenece a Nuestro Señor, aunque la dice San Pablo: "No queráis conformaros con este siglo". Esto lo dice la Palabra Revelada, y junto a ella, todas las éticas cristianas, tan múltiples, tan variadas, desde los Padres del desierto, pasando por todas las corrientes de espiritualidad legítimas, algunas muy fieles, otras quizás no tanto, han presentado esta separación del mundo.

Cuando la Iglesia orienta correctamente al individuo, evitando el clericalismo, siempre le dice que el cristiano, si bien tiene que cumplir sus tareas, sus deberes de estado en este mundo, no puede identificar su fin, su salvación eterna, su felicidad total, con el espíritu del mundo, O sea que el cristiano, aunque está en el mundo, no debe dejarse avasallar por el espíritu del mundo, porque el espíritu del mundo es contagioso y nos aparta del espíritu de Cristo.
Ahora bien, el calvinismo tiene otra inflexión, que resulta un poco más sutil.

El calvinismo se caracteriza por un voluntarismo. La teología y la filosofía cristianas, siempre han defendido la primacía de la inteligencia sobre la voluntad. No el primado racionalista cartesiano, que ya corresponde al mundo moderno (...) "Voluntas sequitur intellectum", es decir, "la voluntad sigue al entendimiento", es un adagio, un apotegma de la filosofía y de la teología católica. El objeto de la voluntad es el bien, pero la voluntad no lo conoce, quien le presenta a la voluntad el bien para que lo desee, lo apetezca y lo alcance, es la inteligencia. La sana teología, y la espiritualidad se basa siempre en una sana teología, no es voluntarista, es intelectualista.

El calvinismo, por el contrario, se basa en un voluntarismo a ultranza. El voluntarismo ya empezó a manifestarse en la decadencia de la Edad Media, sobre todo en la obra de Ghillermo Ockam. Todo el pensamiento moderno no surge de pronto y por obra de René Descartes, sino que se arrastra de la misma corrupción de la escolástica medieval (en ella tuvo su causa y su proceso).

De tal voluntarismo se valdrá Calvino para fundamentar la teoría de la predestinación.
La teoría de la salvación calvinista es horrorosa, porque hace depender la salvación del antojo de Dios. Dios hace nacer a algunos hombres para que se condenen y a otros para que se salven. El que está destinado a salvarse, aunque sea un granuja, se salva; y el que está destinado al infierno, aunque sea un santo varón, se condena.

La predestinación calvinista ha sido condenada por la Iglesia católica, felizmente y con términos claros, como debe proceder la autoridad cuando condena algo, y se debe proceder "dogmáticamente", no "pastoralmente" (que es un término que han inventado ahora y que se presta a cualquier cosa). Cuando se defiende algo, se debe precisar la tesis y se debe obligar a los fieles, por lo menos intrínsecamente, a seguir esa definición si se quiere seguir siendo católico.

Pues bien, hay una predestinación católica, por supuesto que la hay, a ustedes les basta con ver el prólogo de esa bellísima carta de San Pablo a los Efesios. ¿Cómo Dios va a ignorar, en su acto simplísimo de saber, Dios que conoce la omnipotencia de su Sabiduría los futuros contingentes, si alguien está salvado o no? Y quienes se salvan, se salvan por los méritos de Jesucristo. ¿Qué diferencia la predestinación católica de la luterana? La predestinación católica salva la justicia divina: la Sabiduría divina rige a la voluntad divina, aunque todo se aúne en la simplicidad divina.

En cambio, para Calvino, la voluntad divina está sobre y se impone a la inteligencia divina. Y eso se manifiesta al comparar a Dios como legislador y como juez. Para nosotros, los católicos, y conforme a la doctrina de Santo Tomás de Aquino, Dios primero es Legislador, en el orden natural y en el orden sobrenatural. La inteligencia divina ha establecido un orden en el mundo. Creó al mundo y al hombre, rey de la creación, conforme a un orden. Un orden querido por Dios, pero no querido arbitrariamente. Cuando se dice orden, se está haciendo alusión directa a la inteligencia: es propio, y le corresponde al sabio, al que conoce, ordenar (...) De manera entonces que en la concepción católica permanece Dios como Legislador. Dios es nuestro juez, juzgará si nosotros, haciendo buen uso de la libertad en el tiempo, hemos o no hemos cumplido su ley. Dios nos juzgará en virtud de las leyes que nos ha dado. No estamos obligados a obedecer ciegamente sus leyes: nos ha hecho libres de acatar o no sus órdenes. Si las hemos acatado, si hemos observado la ley divina, nos juzgará premiándonos. Si no la hemos observado (somos libres de no hacerlo), en ese caso, y no por un antojo, seremos condenados.

En Calvino las cosas se invierten: prevalece el "Dios-juez" sobre el "Dios-legislador". Incluso extenderá esta idea a la concepción del Derecho, y llega a decir que al Derecho "lo hace la voluntad de los jueces". No hay normas objetivas en el Derecho, aún en el Derecho humano, y con mayor razón no las habrá en el divino.

Este calvinismo voluntarista tiene que refugiarse en algo que implique y asegure el ejercicio del poder, del dominio, en una concepción prometeica y voluntarista del hombre, porque la base de esa horrible predestinación de Calvino es su concepción voluntarista de Dios y de la economía de la salvación. Entonces Dios condena porque prevalece en Él la voluntad y hace lo que se le antoja, y lo que Dios hace es santísimo e inapelable.

Ahora bien, ¿cómo se asegura a un cristiano que está salvado?, cómo se refleja en lo temporal esa Voluntad eterna?, ¿cómo se manifiesta que Dios ha decretado desde su "santísimo antojo" salvarme y no condenarme aunque yo sea un granuja? Dios me beneficiará con bienes materiales, poder, influencias, etc. O sea, se resucita la vieja concepción judía (que antes de Cristo le valió a Dios como pedagogía) trasladada ahora a una visión cristiana.

Esta idea del paralelismo entre el calvinismo y el "opusdeismo" no es mía. El profesor Elías de Tejada y Espínola la expuso claramente en una de sus glosas, la número 3 de la lección4, página 149 del segundo tomo de su "Filosofía del Derecho". En ella, y a propósito de la concepción jurídica de un prominente hombre del Opus Dei, Álvaro D’Ors, hace notar que tiene su antecedente en el calvinismo, en el voluntarismo y saduceísmo calvinistas. Elías de Tejada no emplea exactamente la palabra "saduceísmo", pero en cambio ésta sí aparece en el libro de Wast, en la página 78, a propósito del poder de las finanzas de que se vale el Opus Dei.

Hago un resumen antes de pasar a la parte instrumental:

-Hay múltiples problemas institucionalizados en la Iglesia, que la Iglesia oficial hoy quiere galvanizar, canonizando todo lo que se ha hecho con y a partir del Concilio Vaticano II.

-En este momento de pseudoequilibrio que puede imantar, hipnotizar, adormecer a tantos católicos que son justos, que viven de su fe, que quieren ser católicos desde las entrañas, se introduce con peligro el Opus Dei, que recoge siempre, en los países católicos, sus feligreses, sus socios, en la derecha (no me gusta hablar de "derecha" e "izquierda", ni siquiera en política, porque es un modo liberal de expresarse, pero como estos términos se usan, los tomo a modo instrumental), en nuestro ambiente de derecha,, tradicional, los cautiva con ese orden de fomentar la propia espiritualidad, de prepararlos para conquistar el mundo, porque ese mundo se conquista para Dios, y hay que tener "influencias en el mundo".

El Opus Dei no acepta hacer dialéctica entre tradición y esta nueva postura ante el mundo, esta "apertura apostólica" que nos ha legado el Concilio Vaticano II.

-Hay también un marcado herodianismo en ese compromiso con el mundo, que es el olvido de las palabras divinas: "buscad primero el Reino de Dios..."; y un fariseísmo con ese espíritu de ghetto que los caracteriza y que hace que les importe salvarse ellos y no a los demás, cuando el genuino espíritu católico es tener afán apostólico de salvar a todos, porque aún el monje, el anacoreta en el desierto, buscan la salvación de las otras almas. No en balde Pío XI declaró "Patrona de las Misiones Católicas" a Santa Teresita, una monjita recluida en un Carmelo, que, sin embargo, hizo tanto por las misiones como el incansable San Francisco Javier, que sí se esforzó materialmente. Todo espíritu de oración y de sacrificio no es de ghetto, sino que es para todos.

-Y en esa perspectiva se inscribe el Opus Dei especialmente con su característica de "saduceísmo calvinista", o de "neo calvinismo" que resucita al saduceísmo, con esa impronta, con esa tónica, con esa dominante, especialmente en el afán de lo temporal, por más que la gente del Opus Dei diga que se trata de conquistar el mundo para Cristo.

-Es un calvinismo voluntarista, de ahí la convicción de estar salvado por la pertenencia al grupo, y que los demás revienten (disculpen la expresión un poco brusca), y que responde a esa concepción calvinista de la predestinación por la que Dios salva a quien quiere, y a quien quiere condena.

SEGUNDA PARTE: PARTE INSTRUMENTAL

Entre las cosas que el Opus Dei defiende, está el pluralismo.

Una santa doctrina católica no puede defender el pluralismo. Y en eso me acoto a lo que dice San Agustín: "sólo la verdad tiene derecho, el error no tiene derechos". Me dirán: "Padre, el Concilio Vaticano II sacó un documento sobre la libertad religiosa, que canoniza en la letra, y no sólo en el espíritu, el pluralismo y la libertad religiosa".

Según esto, parece que el error tiene tanto derecho como la verdad... Y bien, ante este decreto del Concilio Vaticano II yo levanto la Quanta cura, en la que Pío IX comprometió su infalibilidad.

Como se ha dicho desde la suprema cátedra romana, lo ha dicho el Sumo Pontífice, este Concilio no fue dogmático, fue pastoral y lo dogmático prevalece sobre lo pastoral. Cuando veo que lo pastoral va en contra de lo dogmático y lo oscurece, yo me atengo a lo dogmático, y Pío IX, como ya dije, en la Quanta cura compromete su infalibilidad.

De manera entonces, que el pluralismo no se puede defender (...).

El pluralismo está rechazado por la doctrina católica, mientras que el Opus Dei en el libro "Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer", defiende el pluralismo.

Jesucristo nos manda que confesemos públicamente nuestro catolicismo. Es evidente que un católico no tiene necesidad de andar con un altavoz diciendo en todas las esquinas del pueblo: "¡soy católico!". Pero Santo Tomás de Aquino en la "Suma Teológica" cuando habla de la confesión de la fe (que es un acto de fe externo), sostiene que, cuando se pone en duda, cuando se tergiversa, cuando se enturbia la fe, hay obligación de confesar la fe. Y Jesucristo dice en San Lucas (hay lugares paralelos también en San Mateo y San Marcos): "A aquel que me confesare delante de los hombres, Yo lo confesaré delante de mi Padre".

Así que Nuestro ¨Señor nos pide la confesión pública de nuestra fe católica: cuando esta fe católica se ve atacada o enturbiada, yo no me puedo cruzar de brazos. Y aquí Monseñor Escrivá de Balaguer dice que no hay que confesar públicamente el catolicismo. Está en la página 72 y siguientes de la obra citada.

Con respecto a la libertad personal, encontramos una libertad personal hipertrofiada, que no está comprometida con nuestra fe católica.

En buena hora que usemos de nuestra libertad personal; hay que usarla, que para eso Dios nos hizo hombres. No habría historia humana si no existiera el agente de la historia que es el hombre, agente racional y libre (...). Pero nuestra libertad no es absoluta. Lo único absoluto es la verdad, y Jesucristo ha dicho "la verdad os hará libres".

Yo no le voy a discutir a quien me hable de "dignidad humana", pero según nuestro catecismo de la infancia, según Santo Tomás de Aquino, lo correcto es hablar de "dignidad de la naturaleza humana". Sin duda, la naturaleza humana se manifiesta en nosotros desde que somos personas, pero la oración que bendice el agua, la segunda oración hermosísima del Ofertorio de la Misa tradicional dice: "Oh Dios, que maravillosamente creaste la naturaleza humana y más maravillosamente la restituiste, bendice...", etc. Vemos que habla de la "naturaleza humana", y exalta la obra de restitución por encima de la de creación. Pero aún en esa naturaleza humana primero está la verdad, primero está nuestra inteligencia, que está hecha para la verdad. Y si al hombre se le concedió libertad, será para que libremente busque y alcance el bien. Porque el hombre no puede buscar y abrazar la verdad si no es libremente. El modo de ser humano ante las grandes cosas es libre (a diferencia de las funciones vegetativas, que prescinden de la libertad).

Promover como un ideal, como un desideratus, como la esfera suprema del hombre, la libertad personal, al margen de la verdad católica, promover ese "liberalismo de tercer grado", está patente en la obra que cité ("Conversaciones con...") del fundador del Opus Dei, páginas 55 y 59 como así también en otra obra: "El Opus Dei y la libertad religiosa y de conciencia", Página 70.

A nosotros nos toca defender la escuela católica (...) no podemos a que nuestra universidad, nuestra escuela pública (primaria y secundaria) sea católica, porque el catolicismo debe primar en la enseñanza, como debe primar en toda la estructura cultural y política del país. Pues bien, el Opus Dei rechaza o hace caso omiso de la escuela católica. Llama la atención que ninguno de los colegios o universidades que han abierto en nuestro país lleven nombre religioso, y que no haya restos externos de pertenecer a un grupo que se dice católico.

Habla de la "autonomía universitaria". Yo soy el primero en defender la autonomía de cátedra, siempre que se conforme a la verdad (una autonomía de cátedra para la subversión es inadmisible). Sin embargo el Opus Dei defiende una autonomía universitaria no comprometida con la verdad católica (página 117 y siguientes de la citada obra). Es la dialéctica que apunté al principio, a propósito, a propósito del herodianismo, dialéctica entre integrismo y progresismo. Dice Escrivá de Balaguer: "No tenemos que dejarnos llevar de la falsa dialéctica entre integrismo y progresismo, nosotros estamos por encima de esa dialéctica". Está en la página 43.

En cuanto al ecumenismo, hace gala del mismo.

Acabo de leer, en "Itineraires" nº 220, página 159, de febrero de 1978, que Louis Salleron habla del ecumenismo y dice: "el ecumenismo es la parte más importante y misteriosa del pontificado de Pablo VI" (que es cita de las mismas palabras de Pablo VI, quien dijera: El ecumenismo es la parte más importante y misteriosa de mi pontificado").

Entonces se pregunta el mencionado autor: ¿por qué ese misterio? ¡Si lo más importante para un Pontífice, aquello que marca su pontificado, no puede tener un sentido misterioso, tiene que ser clarísimo!

Ya sabemos para qué ha servido ese ecumenismo posconciliar. Y ese ecumenismo se conforma a la dinámica y realiza el espíritu del Opus Dei.

En la definición del Opus Dei está latente ese espíritu secularizante, universalizante (los protestantes y los no cristianos pueden integrar la filas del Opus Dei). "Amar apasionadamente", son palabras de una homilía de Monseñor Escrivá de Balaguer, pronunciada el 8 de octubre del año 1967, en el campus de la Universidad de Navarra (...).
Siguiendo con la obra que venimos analizando ("Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer"), el periodista que entrevista a Monseñor hace la siguiente pregunta: "¿Cómo se inserta el Opus en el ecumenismo?"

Responde Monseñor Escrivá de Balaguer: "Ya le conté el año pasado a un periodista francés, y sé que la anécdota ha encontrado eco incluso en publicaciones de hermanos nuestros separados, lo que una vez le comenté al Santo Padre Juan XIII, movido por el encanto afable y paterno de su trato: "Padre Santo, en nuestra Obra siempre encontramos todos los hombres, católicos o no, un lugar amable, y no he aprendido el ecumenismo de Vuestra Santidad". Él se rió emocionado porque sabía que ya desde 1950 la Santa Sede había autorizado al Opus Dei a recibir como asociados cooperadores a los no católicos y aún a los no cristianos. Son muchos, efectivamente, y no faltan entre ellos pastores y obispos de sus respectivas confesiones, los hermanos separados que se sienten atraídos por el espíritu del Opus Dei y colaboran en nuestro apostolado. Y son cada vez más frecuentes, las manifestaciones de simpatía y de cordial entendimiento a que da lugar el hecho de que los socios del Opus Dei centren su espiritualidad en el sencillo propósito de vivir responsablemente los compromisos y exigencias bautismales del cristiano".

Dice Monseñor Escrivá de Balaguer que el "Camino", que es el libro de espiritualidad del Opus, es como el Libro de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Así, "Camino" sería un libro "de los Ejercicios del siglo XX".

Tuve la dicha de hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio en un retiro de treinta días y, a pesar de admirarlos, no afirmo que sea la única forma de espiritualidad. Si "Camino" se asemeja al Libro de los Ejercicios ignacianos, no lo sé, lo que sí puedo afirmar es que no tiene nada de la "Imitación de Cristo" atribuida a Kempis.

Comprendo que la "Imitación..." pueda chocarle a algunas personas, ya que su visión antropológica, su concepción del hombre y su contorno, es un poco pesimista. Después de todo, es una obra escrita a fines del siglo XV, cuando ya la decadencia de la filosofía escolástica se manifestaba en el voluntarismo y se presagiaba la tormenta de la Edad Moderna. Admito todo eso. Pero no se puede negar que la "Imitación de Cristo" separa el espíritu del mundo del espíritu de Cristo. El Libro II de la "Imitación...", tiene una bomba H de la vida espiritual, que si cumplimos, nos hacemos santos.

Allí nos dice que en aquello que vales y no te aprecien, si lo haces por amor a Cristo, poco te importará, y te quedarás en paz, y con la paz que te da Dios.

Bien, esta idea de la "Imitación...", este "ama ser ignorado", no se compagina con esas pequeñas pinchaduras de vanidad que nos da el "Camino", cuando dice: "¡sé águila!"... Seremos águilas o seremos lo que Dios quiera cuando nos ubique en su gloria, si por su misericordia nos salvamos.

Respecto al pluralismo, en la página 101 del libro que venimos estudiando (de Editorial Rialp, que dicho sea de paso, es del Opus Dei) del año 1968, dice el entrevistador: "Aclarado este punto, quisiera preguntarle, Monseñor, cuáles son las características de la formación espiritual de los socios que hacen que quede excluido cualquier tipo de interés contemporal en el hecho de pertenecer al Opus Dei.". Entre otras cosas, responde Escrivá de Balaguer: "Como consecuencia del fin exclusivamente divino de la Obra, su espíritu es un espíritu de libertad, de amor a la libertad personal de todos los hombres. Y como ese amor a la libertad es sincero y no un mero enunciado teórico, nosotros amamos la necesaria consecuencia de la libertad, es decir, el pluralismo". En el Opus Dei, como vemos, el pluralismo es querido y amado, no solamente tolerado, y en modo alguno, dificultado. Así que aquí Monseñor Escrivá de Balaguer habla expresamente de pluralismo.

Respecto a la confesión pública de la fe, una cita de la página 72: "Tuve ocasión, Monseñor, de escuchar sus respuestas a las preguntas que le hacía un público de más de dos mil personas reunidas hace año y medio en Pamplona. Insistió usted entonces en la necesidad de que los católicos vivan como ciudadanos libres y responsables y que no vivan de ser católicos. ¿Qué importancia y qué proyección le da usted a esa idea?".

Y contesta Monseñor: "Nunca ha dejado de molestarme la actitud del que hace profesión de llamarse católico, como la de quienes niegan el principio de la responsabilidad personal, sobre la que se basa toda la moral cristiana. El espíritu de la Obra y de sus socios es servir a la Iglesia y a todas las criaturas sin servirse de la Iglesia. Me gusta que el católico lleve a Cristo, no en el nombre, sino en la conducta, dando testimonio de vida cristiana. Me repugna el "clericalismo" (¡bueno!, hay muchas clases de clericalismo, a mí también me repugna "cierto" clericalismo). Y comprendo que, frente a un anticlericalismo malo, hay también un anticlericalismo bueno que procede del amor al sacerdocio, que se opone a que el simple fiel o el sacerdote use de una misión sagrada para fines terrenos. Pero no piense que con esto me declaro contra nadie, No existe en nuestra Obra ningún afán exclusivista, sino el deseo de colaborar con todos los que trabajan para Cristo y con todos los que, cristianos o no, hacen de su vida una espléndida realidad de servicio.

"Por lo demás, lo importante no es sólo la proyección que le he dado a estas ideas especialmente en 1928 (fecha de fundación de la Obra) sino la que le da el Magisterio de la Iglesia. Y no hace mucho, con una emoción para este pobre sacerdote que es difícil de explicar El Concilio ha recordado a todos los cristianos en la Constitución dogmática "Gaudium et Spes", que deben sentirse plenamente ciudadanos de la ciudad terrena, trabajando en todas las actividades humanas con competencia profesional y con amor a todos los hombres, buscando la profesión humana a la que son llamados por el sencillo hecho de haber recibido el bautismo"

Evidentemente que aquí no nos conmina el ilustre Monseñor a que hagamos una confesión pública de nuestra Fe. Más bien dice que "no conviene", porque cristianos o no, basta con que se trabaje con responsabilidad personal. Hay otros textos concordantes, pero los dejo para no extenderme.

Sobre la escuela católica

En la página 119 del libro le preguntan: "¿No opina usted que después del Vaticano II han quedado anticuados los conceptos de "colegios de la Iglesia", "colegios católicos", "universidades de la Iglesia", etc.? ¿No le parece que tales conceptos comprometen indebidamente a la Iglesia o suenan a Privilegio?"

A esto Escrivá de Balaguer contesta, entre otras cosas: "He de confesar por otra parte, que no simpatizo con expresiones tales como "escuela católica", "colegio de la Iglesia", etc., aunque respeto a quienes piensan lo contrario. Prefiero que las realidades se distingan por sus frutos, no por sus nombres. Un colegio será efectivamente cristiano cuando, siendo como los demás, tratando de superarse, realice una labor de formación completa, también cristiana con el respeto de la libertad personal y con la promoción de la urgente justicia social".

Dice claramente entonces: "Yo no me comprometo con la expresión "escuela católica", cuando nuestra obligación, máxime de un país liberal, es promover la escuela católica.

Sobre la dialéctica entre integrismo y progresismo

La posición del Opus Dei está en la página 43, y dice: "Cambiando de tema, nos importaría saber su opinión respecto del actual momento de la Iglesia, concretamente, ¿cómo lo calificaría usted? ¿Qué papel cree que pueden tener en esta hora las tendencias que, de modo general, han sido llamadas progresista e integrista?".

Y la respuesta que da Monseñor Escrivá de Balaguer: "En cuanto a las tendencias que usted llama progresista e integrista, me resulta difícil opinar sobre el papel que pueden desempeñar en este momento porque siempre he rechazado la conveniencia e incluso la posibilidad de que puedan hacerse catalogaciones de este tipo. Esa división que a veces se lleva hasta extremos de verdadero paroxismo o se intenta perpetuar como si los teólogos o los feligreses en general estuvieran destinados a una continua orientación bipolar, me parece que se debe en el fondo al convencimiento de que el progreso doctrinal y vital del pueblo de Dios sea resultado de una perpetua tensión dialéctica. Yo, en cambio, prefiero creer con toda mi alma en la acción del Espíritu Santo, que sopla donde quiere y sobre quien quiere".

En otras palabras, Monseñor rechaza esa oposición porque es bipolar, dialéctica. No quiere dialécticas porque el Espíritu de Dios está por sobre la dialéctica. O sea que él asume toda la virulencia de la dialéctica y le da un aspergeo de agua bendita.

Otro tema interesante: "amar al mundo apasionadamente". La encontramos en toda la homilía pronunciada en el campus de la Universidad de Navarra, es más, así se llama el texto en cuestión: "Amar al mundo apasionadamente"

Sobre el fariseísmo de los socios

Nos remitimos otra vez a la obra "Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer". Pregunta el entrevistador: ¿De qué manera estima usted que la realidad eclesial del Opus Dei se inserte en la acción pastoral de toda la Iglesia y en el ecumenismo?

Responde Escrivá de Balaguer: "Más que considerar, porque una completa exposición doctrinal sería larga, que al Opus Dei no le interesen ni votos, ni promesas, ni forma alguna de consagración para sus socios, diversa de la consagración que ya todos recibieron con el santo Bautismo. Nuestra asociación no pretende de ninguna manera que sus socios cambien de estado, que dejen de ser simples fieles iguales a otros para adquirir el peculiar "status perfectionis". Al contrario, lo que sí procura es que cada uno haga su apostolado, y se santifique dentro de su propio estado en el mismo lugar y condición que tiene en la Iglesia y en la sociedad civil. No sacamos a nadie de u sitio, ni alejamos a nadie de su trabajo o de sus empeños y nobles compromisos de orden temporal".

Ustedes saben que a Monseñor Escrivá de Balaguer le costó mucho inscribir su instituto en la Provida Mater Ecclesia de febrero del año 1947. Cundo Pío XII da carta de ciudadanía a los institutos seculares, porque no quería el Obispo que fuera una "Pía Unión", ni que fuera un instituto secular. Le había dado una expresión sui generis, él lo llamaba "asociación de fieles", o sea que, de jure el Opus Dei es un instituto secular, aunque de facto (que es donde ellos ponen la tónica) lo niegan.

Y agrega Monseñor: "No es quizás éste el momento histórico para hacer una valoración global de este tipo. A pesar de que se trata de problemas sobre los que se ha ocupado mucho, ¡con cuánto gozo de mi alma! el Concilio Vaticano II, a pesar de que no pocos conceptos y situaciones referentes a la vida y misión del laicado, han recibido ya del Magisterio suficiente confirmación y luz, hay todavía sin embargo un núcleo considerable de cuestiones que constituyen, aún para la generalidad de la doctrina, verdaderos problemas límites de la teología. A nosotros, dentro del espíritu que Dios le ha dado al Opus Dei, y que procuramos vivir con fidelidad, a pesar de nuestras intervenciones personales, nos parecen ya dignamente resueltos la mayor parte de los problemas discutidos, pero no pretendemos presentar esas soluciones como las únicas posibles".

O sea que, en buen romance, el Opus Dei nos dice: nuestros miembros son iguales que los otros, pero por otra parte sabemos que los caracteriza una obediencia total, un secreto total, un espíritu de ghetto, de grupo "ya salvado de antemano". O sea, aparecen como los mejores cumplidores del Evangelio, pero con un espíritu de elite (y no estoy en contra de las élites, siempre en el mundo tiene que haber elites para todo) de muy extraño sabor evangélico. Y esto se inscribe en la actitud que observaban los fariseos en la época de Jesucristo. Jesucristo nunca dijo que los fariseos no cumplieran la ley, lo que les reprochó fue la motivación, el espíritu que los movía a hacer sus ayunos. Cuando Cristo señala en su parábola que el publicano salió justificado y el fariseo no, no dijo que el fariseo mentía, sin embargo no salió justificado (...).

Lo mismo podemos decir de las riquezas, las riquezas deberán honrar a Dios (lo ponen de manifiesto las palabras que Nuestro Señor pronuncia en el pasaje evangélico en el que la pecadora derrama óleo en sus pies). Ese espíritu de jerarquización, aún en las cosas materiales, tendrá que poner a Dios por encima de todo y esto no está claro en el Opus Dei, que incita a procurar los primeros puestos en todos los órdenes para luego (y si queda memoria) buscar la gloria de Dios. Existe entonces ese segmento de fariseísmo en esta actitud del Opus Dei.

Quiero terminar mi exposición con una frase del Reverendo Padre Meinvielle.

En el año 1974, la Editorial Dictio publicó en un sólo tomo tres obras del Padre Meinvielle. Estas son: "La concepción católica de la política", "Los tres pueblos bíblicos en su lucha por la dominación del mundo" y "El comunismo en la Argentina" (que es una compilación de conferencias pronunciadas entre los años 1958 y 1962) Bien, en la página 292 de esta edición encontramos esta frase:


"...el pueblo judío aprendió tan sólo una lección: la raza hispánica es imbatible de frente, pero sólo de frente. Puede ser traicionada si se acierta en proporcionarle un tratamiento debidamente dosificado de "cristianismo y mundo moderno", con el que, bajo la apariencia de apostolado, se le inoculen los virus de la antirreligión y de la antipatria. Tal iba a ser la misión en la España franquista del Opus Dei. La heroica España del '36 ha sido totalmente emputecida y envilecida, y hoy, en la década del 70, ha quedado totalmente ganada para el mundo judío".