viernes, 29 de agosto de 2014

LA PAZ DE FRANCISCO ES LA PAZ DEL MUNDO, NO LA PAZ DE CRISTO

CASTIGAT RIDENDO MORES


Sí, créelo, estas cosas pasan.

Nada de hacer la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. Nada de proclamar a Cristo Rey de las naciones. Nada de oraciones, ayunos y procesiones públicas en busca de la Misericordia divina.
Para buscar la paz en el mundo, ¡un partido de fútbol!
Ya dimos cuenta de esta iniciativa típicamente masónica, francamente imbécil e hipócrita.
En este enlace se dan más detalles de tan estúpida iniciativa que parece una burla a tantas víctimas y perseguidos en el mundo.
Pero además del “partido por la paz” habrá un show musical. Entre otros con la intervención de esta jovencita, especialmente invitada, Martina Stoessel alias “Violetta”, pobre tontita a quien Disney le ha lavado la cabeza para atrapar a los incautos infantes, y luego depravarla todo lo que pueda, como ha hecho con tantas. Nada les cuesta a los iluminati de la industria mediática.
¿Qué nueva catástrofe habrá de desencadenarse como castigo a tamaña insensatez e impiedad?




Algunas fotos de esta teen degeneradita que cantará y bailará para la paz del mundo ¡gracias a Francisco!


La promoción de la chica Disney, en su Twitter.

Violetta cumple todos sus sueños, entre ellos conocer a Francisco.


Imagina: John Lennon y Francisco por la paz.

Así se presenta la señorita esta en su twitter: mostrando su lomo con sonrisita estúpida. Buena imagen del liberalismo. Y vean el comentario: Dios escrito con minúscula. ¿Le pasará lo mismo al escribir Francisco?

El show de Disney, ahora en concierto en Roma.

La chica sigue la moda del baldazo de agua fría.

Haciéndose la reventadita. Pobre criatura.

martes, 26 de agosto de 2014

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS DE LA IGLESIA



MARÍA Y LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

La salvación del mundo comenzó por medio de María, y por medio de Ella debe alcanzar su plenitud. María casi no se manifestó en la primera venida de Jesucristo, a fin de que los hombres, poco instruidos e iluminados aún acerca de la persona de su Hijo, no se alejaran de la verdad, aficionándose demasiado fuerte e imperfectamente a la Madre, como habría ocurrido seguramente si Ella hubiera sido conocida, a causa de los admirables encantos que el Altísimo le había concedido aun en su exterior. Tan cierto es esto, que San Dionisio Aeropagita escribe que, cuando la vio, la hubiera tomado por una divinidad, a causa de sus secretos encantos e incomparable belleza, si la fe -en la que se hallaba bien cimentado- no le hubiera enseñado lo contrario. 

Pero, en la segunda venida de Jesucristo, María tiene que ser conocida y puesta de manifiesto por el Espíritu Santo, a fin de que por Ella Jesucristo sea conocido, amado y servido. Pues ya no valen los motivos que movieron al Espíritu Santo a ocultar a su Esposa durante su vida y manifestarla sólo parcialmente desde que se predica el Evangelio. 

Dios quiere, pues, revelar y manifestar a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos:

1. porque Ella se ocultó en este mundo y se colocó más baja que el polvo por su profunda humildad, habiendo alcanzado de Dios, de los apóstoles y evangelistas que no la dieran a conocer; 

2. porque Ella es la obra maestra de las manos de Dios tanto en el orden de la gracia como en el de la gloria, y El quiere ser glorificado y alabado en la tierra por los hombres; 

3. porque Ella es la aurora que precede y anuncia al Sol de justicia, Jesucristo, y, por lo mismo, debe ser conocida y manifestada si queremos que Jesucristo lo sea; 

4. porque Ella es el camino por donde vino Jesucristo a nosotros la primera vez, y lo será también cuando venga la segunda, aunque de modo diferente; 

5. porque Ella es el medio seguro y el camino directo e inmaculado para ir a Jesucristo y hallarle perfectamente. Por Ella deben, pues, hallar a Jesucristo las personas santas que deben resplandecer en santidad. Quien halla a María, halla la vida, es decir, a Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Ahora bien, no se puede hallar a María si no se la busca ni buscarla si no se la conoce, pues no se busca ni desea lo que no se conoce. Es, por tanto, necesario que María sea mejor conocida que nunca, para mayor conocimiento y gloria de la Santísima Trinidad; 

6. porque María debe resplandecer, más que nunca, en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia: en misericordia, para recoger y acoger amorosamente a los pobres pecadores y a los extraviados que se convertirán y volverán a la Iglesia católica; en poder contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos endurecidos, que se rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer, con promesas y amenazas, a cuantos se les opongan; en gracia, finalmente, para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de Jesucristo, que combatirán por los intereses del Señor; 

7. por último, porque María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces como un ejército en orden de batalla, sobre todo en estos últimos tiempos, cuando el diablo, sabiendo que le queda poco tiempo -y mucho menos que nunca- para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás. 


MARÍA EN LA LUCHA FINAL 

A estas últimas y crueles persecuciones de Satanás, que aumentarán de día en día hasta que llegue el anticristo, debe referirse, sobre todo, aquella primera y célebre predicción y maldición lanzada por Dios contra la serpiente en el paraíso terrestre. Nos parece oportuno explicarla aquí, para gloria de la Santísima Virgen, salvación de sus hijos y confusión de los demonios. 

Pongo hostilidades entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; ella herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón (Gén 3,15).  

Dios ha hecho y preparado una sola e irreconciliable hostilidad, que durará y se intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer. De suerte que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado contra Satanás es María, su santísima Madre. Ya desde el paraíso terrenal –aunque María sólo estaba entonces en la mente divina– le inspiró tanto odio contra ese maldito enemigo de Dios, le dio tanta sagacidad para descubrir la malicia de esa antigua serpiente y tanta fuerza para vencer, abatir y aplastar a ese orgulloso impío, que el diablo la teme no sólo más que a todos los ángeles y hombres, sino, en cierto modo, más que al mismo Dios. No ya porque la ira, odio y poder divinos no sean infinitamente mayores que los de la Santísima Virgen, cuyas perfecciones son limitadas, sino: 

1. Porque Satanás, que es tan orgulloso, sufre infinitamente más al verse vencido y castigado por una sencilla y humilde esclava de Dios, y la humildad de la Virgen lo humilla más que el poder divino; 

2. Porque Dios ha concedido a María un poder tan grande contra los demonios, que -como, a pesar suyo, se han visto muchas veces obligados a confesarlo por boca de los posesos- tienen más miedo a un solo suspiro de María en favor de una persona que a las oraciones de todos los santos, y a una sola amenaza suya contra ellos más que a todos los demás tormentos.  

Lo que Lucifer perdió por orgullo lo ganó María con la humildad. Lo que Eva condenó y perdió por desobediencia lo salvó María con la obediencia. Eva, al obedecer a la serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus hijos, entregándolos a Satanás; María, al permanecer perfectamente fiel a Dios, se convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y servidores, consagrándolos al Señor.

Dios no puso solamente una hostilidad, sino hostilidades, y no sólo entre María y Lucifer, sino también entre la descendencia de la Virgen y la del demonio. Es decir, Dios puso hostilidades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos del diablo: no pueden amarse ni entenderse unos a otros. 

Los hijos de Belial, los esclavos de Satanás, los amigos de este mundo de pecado –¡todo viene a ser lo mismo!– han perseguido siempre, y perseguirán más que nunca de hoy en adelante, a quienes pertenezcan a la Santísima Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú –figuras de los réprobos– perseguían a sus hermanos Abel y Jacob, figuras de los predestinados. 

Pero la humilde María triunfará siempre sobre aquel orgulloso, y con victoria tan completa que llegará a aplastarle la cabeza, donde reside su orgullo. María descubrirá siempre su malicia de serpiente, manifestará sus tramas infernales, desvanecerá sus planes diabólicos y defenderá hasta al fin a sus servidores de aquellas garras mortíferas. 

El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres hijos que Ella suscitará para hacerle la guerra. Serán pequeños y pobres a juicio del mundo; humillados delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás miembros del cuerpo. Pero, en cambio, serán ricos en gracias de Dios, que María les distribuirá con abundancia; grandes y elevados en santidad delante de Dios; superiores a cualquier otra creatura por su celo ardoroso; y tan fuertemente apoyados en el socorro divino, que, con la humildad de su calcañar y unidos a María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a Jesucristo.  


MARÍA Y LOS APÓSTOLES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS  

Sí, Dios quiere que su Madre santísima sea ahora más conocida, amada y honrada que nunca. Lo que sucederá, sin duda, si los predestinados, con la gracia y luz del Espíritu Santo, entran y penetran en la práctica interior y perfecta de la devoción que voy a manifestarles en seguida. 

Entonces verán claramente, en cuanto lo permite la fe, a esta hermosa estrella del mar, y, guiados por ella, llegarán a puerto seguro a pesar de las tempestades y de los piratas. 

Entonces conocerán las grandezas de esta Soberana y se consagrarán enteramente a su servicio como súbditos y esclavos de amor. 

Entonces saborearán sus dulzuras y bondades maternales y la amarán con ternura como sus hijos de predilección. 

Entonces experimentarán las misericordias en que Ella rebosa y la necesidad que tienen de su socorro, recurrirán en todo a Ella, como a su querida Abogada y Mediadora ante Jesucristo. 

Entonces sabrán que María es el medio más seguro, fácil, corto y perfecto para llegar a Jesucristo, y se consagrarán a Ella en cuerpo y alma y sin reserva alguna para pertenecer del mismo modo a Jesucristo. 

Pero, ¿qué serán estos servidores, esclavos e hijos de María? 

Serán fuego encendido, ministros del Señor que prenderán por todas partes el fuego del amor divino. 

Serán flechas agudas en la mano poderosa de María para atravesar a sus enemigos: como saetas en manos de un guerrero.

Serán hijos de Leví, bien purificados por el fuego de grandes tribulaciones y muy unidos a Dios. Llevarán en el corazón el oro del amor, el incienso de la oración en el espíritu, y en el cuerpo, la mirra de la mortificación. 

Serán en todas partes el buen olor de Jesucristo para los pobres y sencillos; pero para los grandes, los ricos y mundanos orgullosos serán olor de muerte.  

Serán nubes tronantes y volantes, en el espacio, al menor soplo del Espíritu Santo. Sin apegarse a nada, ni asustarse, ni inquietarse por nada, derramarán la lluvia de la palabra de Dios y de la vida eterna, tronarán contra el pecado, descargarán golpes contra el demonio y sus secuaces, y con la espada de dos filos de la palabra de Dios, traspasarán a todos aquellos a quienes sean enviados de parte del Altísimo.  

Serán los apóstoles auténticos de los últimos tiempos a quienes el Señor de los ejércitos dará la palabra y la fuerza necesarias para realizar maravillas y ganar gloriosos despojos sobre sus enemigos. 

Dormirán sin oro ni plata y –lo que más cuenta– sin preocupaciones en medio de los demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos. Tendrán, sin embargo, las alas plateadas de la paloma, para volar con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de los hombres adonde los llame el Espíritu Santo. Y sólo dejarán en pos de sí, en los lugares donde prediquen, el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda la ley. 

Por último, sabemos que serán verdaderos discípulos de Jesucristo. Caminarán sobre las huellas de su pobreza, humildad, desprecio de lo mundano y caridad evangélica, y enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme al santo Evangelio y no a los códigos mundanos, sin inquietarse por nada ni hacer acepción de personas; sin perdonar, ni escuchar, ni temer a ningún mortal por poderoso que sea. 

Llevarán en la boca la espada de dos filos de la palabra de Dios; sobre sus hombros, el estandarte ensangrentado de la cruz; en la mano derecha, el crucifijo; el rosario en la izquierda; los sagrados nombres de Jesús y de María en el corazón, y en toda su conducta la modestia y mortificación de Jesucristo. 

Tales serán los grandes hombres que vendrán y a quienes María formará por orden del Altísimo para extender su imperio sobre el de los impíos, idólatras y mahometanos. Pero ¿cuándo y cómo sucederá esto?... ¡Sólo Dios lo sabe! A nosotros nos toca callar, orar, suspirar y esperar: Yo esperaba con ansia al Señor. 

Tratado de la Verdadera Devoción a la Sma. Virgen, Cap. III.
San Luis María Grignion de Monfort

domingo, 24 de agosto de 2014

SOBRE UN COMUNICADO DE UNA VOCE




Tras haber leído un Comunicado Oficial de Una Voce, acerca de un artículo de nuestro blog y otro del blog amigo Non Possumus, creemos que debemos hacer alguna puntualización sobre el mismo, en atención a nuestros hermanos en Cristo de la dolorida isla cárcel de Cuba que buscan un acercamiento a la Tradición católica, y esto sin el afán de polemizar, sino tan solo el de poner en claro algunas cosas cumpliendo con nuestro deber de caridad. Creemos que cuando afirman sobre quienes critican a la FSSPX que “solo les mueve el rencor hacia la FSSPX”, lo hacen movidos más que nada por una inconsciente imitación de los modos y prejuicios de muchos que dentro de la FSSPX no alcanzan todavía a comprender la realidad de esta congregación. Y no buscando hilar muy fino, quizá por temor a perder alguna seguridad adquirida o reconocer alguna falta en quien se han puesto grandes esperanzas o expectativas de acción, se prefiere ver en todo este asunto una cuestión temperamental, psicológica o incluso quizá psiquiátrica. Hay de todo en la viña del Señor, pero tengamos nuestro tiempo de análisis fundamentado en formación e información sólidas y veraces, para luego poder llegar a conclusiones realistas. No hay aquí tergiversación alguna a la que recurrir.

Consideramos que los miembros de Una Voce afectos a la FSSPX no comprenden la crisis que ésta atraviesa, por la simple y sencilla razón de que no comprenden lo que es el liberalismo, aunque proclamen que “Una Voce Cuba no es liberal, no juzguen a personas que no conocen, por favor”. Y una parte importante de esta falta se debe sin dudas a la propia FSSPX que ya no cumple su deber para con sus hermanos que con toda buena fe se han acercado a ellos quizá pensando que la Fraternidad seguía adherida íntegramente a la Tradición católica como antes. Esta es desde luego una suposición pues no deseamos juzgar las intenciones.

Con todo respeto, se deben hacer las necesarias distinciones entre lo personal y lo doctrinal. La tesitura del comunicado, centrada en cuestiones de índole afectiva o sentimental (legítimas y necesarias pero no primarias ni definitorias a la hora de decidir una obra de colaboración católica) más bien nos lleva a confirmar nuestra opinión sobre el liberalismo imperante en Una Voce, mal que les pese.

Escribió Sardá y Salvany: “La suma intransigencia católica es la suma católica caridad. Y porque hay pocos intransigentes, hay en el día pocos caritativos de veras. La caridad liberal que hoy está de moda es en la forma de halago y condescendencia y cariño; pero es en el fondo el desprecio de los verdaderos bienes del hombre y de los supremos intereses de la verdad y de Dios” ("El Liberalismo es Pecado"). En el Comunicado se menciona el respeto hacia Mons. Lefebvre y las buenas relaciones que éste le dispensó a Una Voce, se cuenta incluso queYa anciano, el propio Arzobispo recibió en Econe, con grandes muestras de afecto a una delegación de peregrinos de Una Voce Francia”. Pero eso no le impidió a Mons. Lefebvre condenar la posición liberal adoptada por Una Voce, como afirma en esta cita:"Sí, me he sorprendido al leer, en un folleto de Una Voce que me dieron en Ottawa, la posición que ellos han adoptado. Es una posición muy ambigua y no es conforme a la que defendemos y que los tradicionalistas siempre han defendido. No decimos que la nueva misa sea herética, ni que sea inválida, pero nos rehusamos a decir que sea legítima, que sea perfectamente ortodoxa. Si bien los fieles se preguntan si deben asistir a estas misas que ahora están autorizadas por los obispos, para nosotros es siempre la misma consigna: pensamos que no hay que ir a esas misas porque es peligroso afirmar que la misa nueva es tan válida como la tradicional. Poco a poco estos sacerdotes que aceptan estas condiciones, tendrán las mismas tendencias que aquellos que dicen la nueva misa y un día, quizá ellos mismos la dirán y llevarán a nuestros tradicionalistas a la nueva misa". (Entrevista a Monseñor Lefebvre en el número 19, agosto de 1985, de “COMMUNICANTES”, revista de la FSSPX en Canadá). 

Manifestar caridad a una persona no nos impide, antes bien nos obliga, a declarar el desacuerdo en materia doctrinal, y corregir a quien yerra. Esto es elemental y vale para cualquiera, incluso para los Superiores nuestros, pues muy bien lo dijo Santo Tomás:“San Pablo fue útil a San Pedro, al corregirlo…con lo cual tenemos un ejemplo: los prelados, de humildad, para que no tomen a mal ser corregidos por sus inferiores y súbditos; los súbditos, de celo y libertad, para que no teman corregir a los prelados…”. De allí que si Una Voce afirma su amor hacia el Papa, esto no significa callar ante sus graves errores e impiedades litúrgicas, como no calló Monseñor Lefebvre ante las enseñanzas heréticas que salían de Roma. Pues callar en este caso es inducir a error a los fieles. No significa esto tener una actitud de crítica hacia la autoridad en sí, sino de aceptar la preeminencia de la Verdad de Dios por encima de todo, Verdad que nos compromete a serle fiel ante cualquiera en este mundo que ose atacarla, ocultarla o intentar destruirla. Lo contrario es un grave pecado de cobardía.

Creemos que en Una Voce estarán de acuerdo con el Papa Pío XII cuando afirmaba, el 6 de diciembre de 1953, lo siguiente: “Lo que no responde a la verdad y a la norma moral no tiene objetivamente derecho alguno ni a la existencia, ni a la propaganda, ni a la acción”. O también con San Agustín en su comentario al Salmo 124: “No hay peor muerte para las almas que la libertad del error”.

También sabrán que la Misa nueva o Novus Ordo no enseña la teología católica del Sacrificio sino que responde al intento de protestantizar la liturgia convirtiéndola en una Cena, y que por lo tanto esa misa “no responde a la verdad” y por lo tanto “no tiene derecho alguno a la existencia ni a la propaganda ni a la acción”. No obstante lo cual,Una Voce acepta el Novus Ordo, es decir, acepta “la libertad del error”. Pues aunque promuevan la Misa tradicional, afirman sin embargo en el sitio http://www.unavocecuba.com/ : “La fidelidad a Roma bien se puede medir por la fidelidad a “Summorum Pontificum.” Los que repudian a “Summorum Pontificum” repudian a SS. Benedicto XVI y no tienen derecho a ostentar un cargo dentro de la Iglesia  pues se encuentran en total desacato al Papa.” Y Summorum Pontificum no sólo permite la celebración de la Misa tradicional, sino que también lo hace con el Novus Ordo, al que incluso coloca en lugar de preeminencia por sobre la verdadera misa católica. Una Voce publica un Calendario católico romano tradicional para el uso litúrgico según la “Forma extraordinaria del rito romano”. ¿A qué Roma están siendo fieles, a la Roma eterna o a la Roma modernista del Vaticano II? Una Voce no puede negar su liberalismo sino por el hecho de no conocerlo. Y es probable que el acercamiento de la FSSPX hacia Una Voce lo único que logre es afianzarlos en tal error.

Dice el Padre Girouard de la Unión Sacerdotal Marcel Lefebvre: “Permítanme citarles a Dom Columba Marmion, OSB: ‘Cuando queremos juzgar el valor absoluto de una cosa o de una obra, debemos hacerlo adoptando el punto de vista de Dios. Solo Dios es la verdad; la verdad es la luz en la cual Dios, Sabiduría eterna, ve todas las cosas; el valor de todas las cosas depende de cómo Dios las valora. Este es el único criterio infalible para juzgar. (…)  Pues es una verdad capital que Dios nos hizo conocer respecto a sus designios, y es que Él creó e hizo todo para su gloria (Proverbios, 16:4). Dios nos da todo; incluso se da a sí mismo en la persona de su Hijo bien amado Jesucristo y, con Él, nos da todos los bienes, nos prepara para la eternidad, una bienaventuranza infinita en la sociedad de su adorable Trinidad. Pero hay una cosa que se reserva celosamente, que no quiere ni puede darnos: es su gloria (Isaías 47,8). Por lo tanto, las cosas no tienen valor más que en la medida que procuran esta gloria a Dios” (Cf. « Le Christ idéal du Moine », Maredsous, edición de 1960, pp. 390-391).
“Queridos amigos, la causa de la confusión, del desorden y del caos, es que nosotros vemos en la Iglesia, desde el Vaticano II y en la Fraternidad San Pío X actualmente, el abandono, en la práctica, de esta visión sobrenatural de las cosas y de los hombres. Las autoridades, en todos los niveles de la Iglesia y de la Fraternidad, parecen haber olvidado que su fin es el de glorificar a Dios”.

El motu proprio Summorum Pontificum contribuye a la confusión puesto que promueve y eleva al Novus Ordo por sobre la Misa tradicional, y el Novus Ordo no tiene por fin glorificar a Dios, sino que está centrado en el hombre; Religión del hombre que lamentablemente promueven todos los papas del Vaticano II, incluido el “añorado” Benedicto XVI y el actual Francisco, quien se caracteriza por su desprecio por la Misa tradicional y no deja de ofender gravemente a Dios en cada misa Novus Ordo, sin ni siquiera hacer genuflexión ante las formas consagradas (pues es de suponer que realiza la consagración).

Decía San Jerónimo: “Si no odiamos el mal no podremos obrar el bien” (Carta a Rústico, Belén, 411). Por lo tanto todo el bien que pretendan con la difusión de la Misa tradicional no alcanzará a glorificar a Dios como se debe en tanto no abracen también la doctrina tradicional de la Iglesia repudiando los errores y combatiendo a quienes los promueven y difunden. El católico debe comprender lo que es el liberalismo. Quien no comprende, como decía Mons. Lefebvre, que si se deja “indiferentemente a lo verdadero y a lo falso la libertad de obrar públicamente con seguridad habéis favorecido el error a costa de la verdad”, entonces termina colaborando con el enemigo al que cree combatir... la primera justicia hacia los espíritus es favorecerles el acceso a la verdad y precaverlos del error. Es también la primera caridad: “veritatem facietes in caritate”: En la caridad, hagamos la verdad. El equilibrismo entre todas las opiniones, la tolerancia de todos los comportamientos, el pluralismo moral o religioso, son la nota característica de una sociedad en plena descomposición, sociedad liberal querida por la masonería.” (Le destronaron. Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar). El motu proprio favorece la dialéctica hegeliana que apunta en el futuro a derivar de la tesis y antítesis una síntesis superadora, la que reclama la religión ecumenista del hombre con una misa acorde para todos, modernistas y pseudo tradicionalistas. El error o engaño del motu proprio llegó incluso a hacer dudar o engañar a muchos que luego vieron mejor las cosas. Hoy la posición de la Resistencia católica antiliberal que continúa la obra de Mons. Lefebvre es unánime al respecto. Y si se combate contra los liberales que están dentro de la FSSPX, es porque se ha traicionado la misión de Mons. Lefebvre, quien decía lo siguiente: “El deber más urgente de sus pastores –que deben enseñarles la verdad- es diagnosticarles las enfermedades del espíritu, que son los errores (…) Pero, ¡desgraciadamente!, hay que reconocer que muchos espíritus, aún entre los fieles, o no se preocupan de instruirse de las verdades o cierran los oídos a las advertencias. Y ¿cómo no deplorar –como lo hacía ya San Pablo- que algunos de aquellos que han recibido la misión de predicar la verdad no tienen más el ánimo de proclamarla, o la presentan de manera tan equívoca que no se sabe más dónde se encuentra el límite entre la verdad y el error?”. Por ello Mons. Lefebvre no limitaba el apostolado católico a la “conservación de la Misa tradicional”, sino que no trepidaba en denunciar los errores que desde Roma se propalaban sobre los fieles incautos en todo el mundo. El socorro espiritual que vuestra caridad cristiana ofrece a los fieles cubanos no se pone absolutamente en cuestión, por supuesto. Sí en cambio, y a ello han apuntado los artículos nuestros, que la FSSPX que sostiene contactos con vuestra entidad no replique sus errores liberales y haga comprender la importancia de la doctrina íntegra, esclareciendo sobre todos estos temas. Hay allí una falta grave a la caridad.

“Cifren su combate en evangelizar, en salvar las almas, en dar gloria a Dios, no en llevar vidas ajenas”, se nos dice: ello pretendemos, y tal misión no creemos pueda darse plena si no se predica la verdad entera, la doctrina íntegra sin componendas con los enemigos de Cristo y de la Iglesia, lleven el nombre que llevaren y vistan como vistieren. La verdad católica es para todos. En estos tiempos de diabólica confusión, error y apostasía, es necesario precaverse contra los lobos disfrazados de corderos, por eso vale recordar estas palabras:

“Respecto del papa y de la jerarquía, ¿debemos adoptar una actitud de defensa pasiva esforzándonos por conservar la Tradición y contentándonos con emitir algunas observaciones respetuosas y discretas, o hay que ser más ofensivos?
CUANDO LA FE está en peligro, tenemos el deber de hablar para salvaguardar el bien común de la Iglesia. Monseñor Lefebvre supo practicar la ofensiva: por sus palabras (por ejemplo su Declaración del 21 de Noviembre de 1974, su conferencia de prensa de diciembre de 1983, sus sermones del 29 de junio en Ecône, etc.) y sobre todo por sus acciones, continuando con la ordenación de sacerdotes y consagrando obispos a pesar de la prohibición de la Roma conciliar. Es verdad que desde hace algún tiempo, este espíritu de combate ha disminuido bastante y esto se muestra muy dañino: los fieles son cada vez menos firmes, y la Roma conciliar es cada vez más emprendedora para erosionar y hacer caer la resistencia católica. Hay que mantener la ofensiva.
(De la “Carta trimestral de los dominicos de Avrillé Nº 64, Diciembre 2012 /Enero 2013”).

Hoy muchos se sorprenden o escandalizan ante la arremetida contra los Franciscanos de la Inmaculada y otros grupos que intentaban sobrevivir guardando cierta tradición dentro de la Roma modernista. Pero eso no deja de ser un claro ejemplo de que no se reconoce del todo al enemigo ni se entiende que contra éste hay que mantener la actitud de ofensiva y no de buscar componendas o pedirle una “libertad” inútil. Es hora de comprender que el católico que quiere permanecer siendo católico, debe enfrentarse en un combate a muerte con el gran enemigo de la Religión, con el gran enemigo que tuvo el mismo Cristo, el más terrible de todos: el Fariseísmo. Es eso o correr el riesgo de volverse liberal y terminar perdiendo la fe. Como en tiempos de Nuestro Señor y la Sinagoga, ese enemigo ha llegado en nuestros tiempos hasta las más altas instancias de la Iglesia. No hay deformación periodística ni fabulación fantasiosa: es la realidad patente para quien la quiera ver.

Finalizamos con unas palabras de Monseñor Lefebvre, ofreciendo nuestras oraciones para aquellos que se han sentido afectados por nuestra palabra y con la intención de que sean capaces de abrazar algún día enteramente la Tradición católica, de quien el Arzobispo fue su baluarte en el convulsionado tiempo moderno:

“En la Iglesia no hay ningún derecho, ninguna jurisdicción que pueda imponer a un cristiano la disminución de su fe, todo fiel puede y debe resistir a aquello que afecte su fe, apoyándose en el catecismo de su niñez. Si se encuentra en presencia de una orden que lo pone en peligro de corromperla, la desobediencia es un deber imperioso.
Tenemos el deber de desobedecer y de conservar la tradición porque estimamos que nuestra fe está en peligro a causa de las reformas y las orientaciones posconciliares. Agreguemos esto: el mayor de los servicios que podamos hacer a la Iglesia y al sucesor de Pedro es repudiar la Iglesia reformada y liberal. Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, ni es liberal ni puede ser reformado”.

Monseñor Marcel Lefebvre, “Carta abierta a los católicos perplejos”, Capítulo XVIII.



miércoles, 20 de agosto de 2014

LA VIRTUD DE LA HUMILDAD (XXI)


CAPÍTULO 21 

Que el camino cierto para ser tenido y estimado de los 
hombres es darse a la virtud y a la humildad. 

Si con todo lo que hemos dicho no acabáis de dejar los humos y perdéis los bríos y deseos de honra y estimación, sino que decís que al fin es gran cosa tener buen crédito y opinión cerca de los hombres, y que importa eso mucho para la edificación y para otras cosas, y que el Sabio nos aconseja que tengamos cuidado de esto (Eccli., 41. 15): [Ten cuidado do la buena fama], digo que sea en buena hora; yo soy contento que tengáis cuidado de conservar el buen nombre que tenéis, y de que seáis tenido y estimado en mucho de los hombres. Pero os hago saber que de la manera que lo deseáis vais muy errado, aun para alcanzar eso mismo que pretendéis; por ahí nunca lo alcanzaréis, sino antes al contrario. El camino seguro y cierto, por el cual sin duda vendréis a ser muy tenido y estimado de los hombres, dice San Crisóstomo, es el de la virtud y humildad. Procurad vos ser muy buen religioso y el menor y más humilde de todos, y de parecerlo en vuestro modo de proceder y en las ocasiones que se os ofrecieren, y de esa manera seréis muy tenido y estimado de todos. Esa es la honra del religioso que dejó el mundo, a quien le parece mejor la escoba en la mano, y el vestido pobre, y el oficio bajo y humilde, que al caballero las armas y el caballo; y por el contrario, el desear y buscar ser tenido y estimado de los hombres, es grande afrenta y deshonra suya. Así como sería grande afrenta y deshonra salirse de la Religión y volverse al mundo, y con razón harían los hombres burla de él, porque comenzó a edificar y no lo pudo acabar (Lc., 4, 30), así lo es desear y pretender ser tenido y estimado de los hombres; porque eso es volverse al mundo con el corazón; porque eso es lo más fino del mundo, y lo que vos dejasteis y huisteis cuando os acogisteis a la Religión. 

¿Queréis ver claramente cuán vergonzosa y afrentosa cosa es desear ser tenido y estimado de los hombres en quien profesa tratar de perfección? Salga a luz ese deseo, de manera que echen de ver los otros que lo deseáis, y veréis cuán afrentado y corrido quedaréis vos mismo de que eso se entienda. Tenemos un ejemplo muy bueno de esto en el sagrado Evangelio. Cuentan los Evangelistas que iban una vez los Apóstoles con Cristo nuestro Redentor algo apartados de Él, que les parecía a ellos que no les oiría, e iban disputando y contendiendo entre sí quién de ellos era el mayor y más principal (Lc., 22, 24), y llegados a casa, en Cafarnaún, les preguntó: ¿Qué era aquello que veníais tratando por el camino? Dice el sagrado Evangelio (Mc., 9, 33) que se hallaron los pobres tan corridos y avergonzados de ver descubierta su pretensión y ambición, que no tuvieron boca para responder. Entonces toma la mano el Salvador del mundo y les dice: Mirad, discípulos míos, entre los del mundo y los que siguen sus leyes, lo que gobiernan y mandan son tenidos por grandes, empero en mi escuela es al revés: el mayor ha de ser el menor, y el que ha de servir a todos. [Si alguno quisiere ser el primero, ha de ser el último y el servidor de todos]. En la casa de Dios y en la Religión, el humillarse y abatirse es ser grande. El hacerse uno el menor de todos le hace ser tenido y estimado en más que todos. Esa es la honra acá en la Religión, que esa otra que vos pretendéis no es honra, sino deshonra y en lugar de alcanzar ser tenido y estimado, venís por ahí a ser desestimado y tenido en menos que todos, porque quedáis en reputación de soberbio, que es la mayor baja que podéis dar. En ninguna cosa perderéis tanto como en que se entienda que deseáis y pretendéis ser tenido y estimado de los hombres y que andáis mirando en puntillos, y que os sentís de cosillas de éstas. 

Y así dice muy bien San Juan Climaco que la vanagloria muchas veces fue causa de ignominia a los suyos, porque los hizo caer en cosas con que descubriendo su vanidad y ambición, vinieron en gran vituperio y confusión. No mira el soberbio que en cosas que dice y hace para que le estimen, descubre su apetito desordenado de soberbia, y así, de donde pretendía sacar estimación, saca vituperio y confusión. 

Añade San Buenaventura que la soberbia ciega de tal manera el entendimiento, que muchas veces mientras más soberbia hay, menos se conoce, y así, como ciego, hace y dice el soberbio tales cosas, que si cayera en la cuenta, aunque no fuera por Dios, ni por la virtud, sino solamente por esa misma honra y estimación que desea, no las dijera ni hiciera en ninguna manera. Cuántas veces acontece que se siente y se queja uno porque no hicieron caso de él en tal ocasión, o porque prefirieron a otro en tal cosa, pareciéndole que se le debía aquello a él, y que le hacen agravio en ello, y que redundará en deshonor y desestima y nota suya, y que los otros lo echarán de ver y repararán en ello, y con este título y color da a entender su sentimiento y pretensión; con lo cual queda en realidad de verdad más notado y desestimado, porque queda tenido por soberbio y por hombre que mira en puntos de honra, que acá en la Religión es cosa muy aborrecible; y si disimulara en aquella ocasión, y se descuidara de sí, y que hicieran los superiores lo que quisieran, ganara mucha honra y fuera muy estimado por ello. 

De manera que aunque no fuese por vía de espíritu, sino en ley de prudencia y buen juicio, y aun en ley de mundo, el camino verdadero y cierto para ser uno tenido y estimado, querido y amado de los hombres, es darse uno muy de veras a la virtud y humildad. Aun allá se dice de Agesilao, rey de los lacedemonios, y grande sabio entre ellos, que preguntado de Sócrates cómo haría que todos tuviesen estima y buen concepto de él, respondió: «Si procuras ser tal cual deseas parecer.» Y otra vez, siendo preguntado de lo mismo, respondió: «Si hablares siempre bien y obrares mejor.» Y de otro filósofo (Pindaro) se cuenta que tenía un grande amigo que en cualquiera ocasión decía grandes bienes de él; y diciéndole un día: «Mucho me debes, pues dondequiera que me hallo te alabo mucho y encarezco tus virtudes», respondió el filósofo: «Bien te lo pago en vivir de manera que no mientas en ninguna cosa de las que dijeres.» 

No queremos por esto decir que nos hemos de dar a la virtud y humildad por ser tenidos y estimados de los hombres, que eso sería soberbia y perversión grande; lo que decimos es que si procuráis ser humilde de veras y de corazón, seréis tenido y estimado en mucho, aunque vos no queráis: antes, mientras más huyereis la honra y estimación y deseareis ser tenido en menos, os irá ella siguiendo más, porque es como la sombra. Tratando San Jerónimo de Santa Paula, dice: «Huyendo de la honra y estimación, era más honrada y estimada; porque así como la sombra, mientras más uno huye de ella, más le sigue; y por el contrario, si vos queréis ir tras la sombra, ella huirá de vos, y mientras más corriereis tras ella más huirá que no la podréis alcanzar; así es la honra y estimación.» 

Este medio nos enseñó Cristo nuestro Redentor en el sagrado Evangelio, declarando el modo para tener los lugares y asientos más honrosos en los ayuntamientos (Lc., 14, 8): Cuando fuereis convidado, no os sentéis en el primer lugar, porque por ventura estará convidado otro más honrado que vos, y viniendo os dirán que le dejéis aquel lugar, entonces iréis bajando hasta el postrero con gran vergüenza y confusión vuestra; sino lo que habéis de hacer es sentaros en el postrer lugar, para que cuando venga el que os convidó os haga subir más arriba, y de esa manera quedaréis honrado delante de todos. Que es lo que el Espíritu Santo había dicho antes por el Sabio (Prov., 25, 6): [No hagas del grande delante del rey, ni te pongas en el lugar de los magnates; porque mejor es que te digan: sube acá, que no que seas humillado delante del príncipe]. Y concluye la parábola diciendo: Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. ¿Veis como no sólo delante de Dios sino también delante de los hombres, el humilde que escoge el lugar bajo y despreciado es tenido y estimado y, por el contrario, el soberbio que desea y pretende el primer lugar y los mejores puestos y más honrosos, es despreciado y tenido en menos? 

Exclama San Agustín y dice: «¡Oh humildad santa, cuán desemejante eres a la soberbia! La soberbia, hermanos míos, echó a Adán del Paraíso, pero la humildad subió allá al ladrón. La soberbia dividió y confundió las lenguas de los gigantes; la humildad juntó en una las que estaban divididas. La soberbia convirtió en bestia al rey Nabucodonosor; pero la humildad hizo a José señor de Egipto y príncipe del pueblo de Israel. La soberbia anegó al Faraón; pero la humildad levantó y ensalzó a Moisés.» 

EJERCICIO DE PERFECCIÓN Y 
VIRTUDES CRISTIANAS. 
Padre Alonso Rodríguez, S.J. 

lunes, 18 de agosto de 2014

PROFECÍA DE SANTA TERESA DE JESÚS SOBRE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS


«Estando una vez en oración con mucho recogimiento, suavidad y quietud, pareciame estar rodeada de Ángeles y muy cerca de Dios y comencé a suplicar a su divina Majestad por la Iglesia. Dióseme a entender el gran provecho que había de hacer una Orden en los tiempos postreros, y con la fortaleza que los de ella han de sustentar la fe».

(Santa Teresa de Jesús)

APOLOGÍA DEL GRAN MONARCA 2ª Parte, pagina 219.
P. José Domingo María Corbató 
Biblioteca Españolista 
Valencia-Año 1904 

sábado, 16 de agosto de 2014

SÁBADO MARIANO, NO OLVIDE REZAR EL ROSARIO

NON POSSUMUS


ÚNASE A LOS CRUZADOS DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA AQUÍ.

viernes, 15 de agosto de 2014

MILAGROS Y PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN - 30


CONFIESA LUCIFER QUE EL SANTO ESCAPULARIO ES CADENA
DE ORO QUE LE APRISIONA

El mismo venerable P. Mtro. Fr. Miguel de la Fuente, de quien tan merecidos elogios nos hiciera el inmortal Menéndez y Pelayo, nos dice que otro devoto de María Santísima se hallaba muy perseguido del demonio, quien le amedrentaba con visibles y espantosas figuras, mas en tomando el Santo Escapulario en sus manos al punto se desvanecían.

En cierta ocasión tomó forma de horrible cuervo, y batiendo sus diabólicas alas sobre el rostro del devoto de María le atormentaba sobre toda ponderación.

Pasada aquella primera turbación, empuñó para defenderse el bendito Escapulario de la Virgen, huyendo al instante el enemigo infernal.

Se hallaba después dando gracias a la Virgen Santísima, y como se recrease contemplando y besando el bendito Escapulario, considerándole cual prenda de su maternal y finísimo amor, en quien depositara su poder tan excelsa virtud para resistir al astuto enemigo, al estrecharle contra su corazón y ponerle sobre su pecho, el maligno espíritu, volviendo a tomar otra más horrorosa y espantable figura le dijo: "Ponte, ponte esa cadena de oro, que recibirás por ella muchísimo dinero", y exclamó luego al punto: "Arrójala, infeliz. ¿Para qué vale sino para que con ella nos atormentes?"

¡Oh, padre infernal del error y la mentira!, siempre mientes, mas también alguna vez, aunque forzado, dices alguna que otra verdad. Cadena de oro llamas con burla e irrisión al Santo Escapulario, menospreciando su virtud sin igual, porque no se premia su devoción con dinero, pero añades después que sólo sirve para atormentarte, en lo cual confiesas seriamente lo que por ironía antes pronunciaste. ¿Por qué te atormenta el Escapulario sino porque te oprime cual fuerte cadena? ¿Por qué es de oro fino sino porque en él resplandece la virtud y poder de María Santísima? ¿Qué más dinero ni tesoro que el refrenar tu infernal orgullo? Más lo estimamos cuantos le vestimos que todos los tesoros de la tierra. Este es el mejor tesoro de los hijos de la Virgen, puesto que con él vivimos seguros de tus infernales astucias, dando gracias a nuestra piadosísima Madre porque en él nos dio un arma invulnerable contra tus dardos venenosos.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.

jueves, 14 de agosto de 2014

LA MEJOR BANDERA LA CRUZ - X


X
Apariciones varias de la Cruz

A la precedente brevísima descripción de las apariciones de la Santa Cruz con motivo de guerras religiosas, para dar el triunfo a los cristianos, es bueno siga la descripción, igualmente breve, de otras apariciones con que parece se propuso el Señor fines de otro orden; y procediendo cronológicamente en cuanto el método nos lo permita, demos el primer lugar a las apariciones que pueden referirse con más corto relato. 

Eutimio, en el título XX de la segunda parte de su Panoplia, menciona la aparición de una columna luminosa terminada por una Cruz, encima del Eufrates y lugar donde San Gregorio Taumaturgo acababa de bautizar con las aguas de dicho río a Tiridates, rey de Armenia, y muchos de sus vasallos, durante la persecución de Galerio. Quince mil neófitos entraron entonces en la Iglesia Católica; y este gran milagro, visible durante un día entero, fue ocasión de que se convirtiesen otros cuarenta mil infieles.

Según Sozomeno en el quinto libro de su Historia Eclesiástica, al entrar juliano el Apóstata en la Iliria, fue sorprendido por una lluvia maravillosa, cada una de cuyas gotas imprimía una Cruz en los vestidos que tocaba, así en los de Juliano como en los de sus tropas. Muchas y varias interpretaciones se dieron al suceso; pero seguramente acertaron la verdadera aquellos que de lo acaecido dedujeron el breve tiempo que Juliano reinaría, y el triunfo definitivo de la Cruz, porque así sucedió.

San Próspero, en su libro de la Predestinación, p. 2. c. 34, dice lo siguiente acerca de otra aparición de la Cruz: 

«Durante la persecución suscitada en Persia en nuestros días y bajo el imperio del muy religioso y cristiano príncipe Arcadio, que prefirió la guerra con los persas a entregarles los armenios refugiados bajo su amparo, aparecieron en los vestidos de los soldados unas cruces maravillosas, en el momento de empezar una batalla. Este suceso inspiró al príncipe, después de la gran victoria allí ganada, la idea de acuñar aquella moneda de oro con la efigie de la Cruz, que tiene curso en todo el universo especialmente en Asia».

Pasemos al reinado del emperador Focas, de Constantinopla, un año solamente antes que el impuro Mahoma levantase el estandarte del Corán en 610. Corría, pues, el año 609. 

Tomás, Obispo de Constantinopla, supo que a la otra orilla del mar Negro, en Galacia, se pusieron en movimiento en las iglesias las cruces procesionales, de una manera extraña y sin que nadie las hubiera tocado. Alarmado por estas noticias, hizo ir a Constantinopla a San Teodoto Siceote, a quien preguntó la significación del prodigio.

«Pues que lo exigís, respondió el santo después de haberse resistido mucho, sabed que esta agitación de las cruces nos anuncia grandes males. Muchos abandonarán la verdadera religión; habrá incursiones de bárbaros, grande efusión de sangre, ruinas y sediciones por todo el mundo, y las iglesias serán abandonadas. Este momento terrible para el culto divino y el imperio se aproxima; no está muy lejos la llegada del enemigo. No os queda más recurso que pedir á Dios, como un buen pastor, que todos estos males sean mitigados por su misericordia».

Al año siguiente los persas, invadiendo el imperio, preludiaron las calamidades que preparaba Mahoma al Bajo Imperio y a los pueblos latinos del Occidente. 

Los analistas y cronistas de la Edad Media refieren otras numerosísimas apariciones de Cruces en los aires y en los vestidos. Quizá alguna podría explicarse científicamente y alguna otra ser cosa de pura alucinación; pero no es posible formar de todas el mismo juicio, ni siquiera probable, mayormente considerando los sorprendentes efectos que siguieron casi a todas. La mayor parte fueron seguidas de pestes y mortandades como la que despobló a Constantinopla durante el imperio de Constantino Coprónimo, y que narraremos más abajo. Los estudiosos pueden hallar la descripción de las principales apariciones indicadas, en los anales de los Francos, año 781; Sigeberto, 786; Mariano Scoto, con ocasión del tercer viaje de CarloMagno a Italia; los Anales de Saint-Gall, años 784 y 956; Vitikin, en el reinado del emperador Otón; Ditmar, año 954; el continuador de Palmerius, años 1501 y 1503; Juan Biclarense, Hennio, Teófanes, Simón, Metafraste, Suidas, etc., etc.

Baronio cuenta también algunas de estas apariciones en sus Anales eclesiásticos. En el año 956 habla de una peste que hubo en las regiones del Norte de Francia, y dice tuvo por precursores unas Cruces misteriosas que repentinamente se vieron en los vestidos; prodigiosis antea in vestibus crucibus apparentibus. Estas Cruces aparecieron en Lorena, como se refiere en la vida de San Cauzlin, Obispo de Toul. Enrique, Arzobispo de Tréveris, se conmovió tanto de esto, que para perpetuar su memoria erigió a los dos años en su ciudad episcopal una Cruz, de la que el analista Brower, S. J., refiere la inscripción latina que traducimos:

«En memoria de los signos en forma de Cruz que hizo aparecer el cielo en los hombres, año de la Encarnación del Señor 958 y el segundo del episcopado de Enrique, arzobispo de Tréveris, éste la mandó erigir».

Añade el analista que estas Cruces fueron saludables a los creyentes y nocivas a los que las ponían en ridículo. Los creyentes, en efecto, oraron y se prepararon, mientras el azote iba sorprendiendo a los otros. Parécenos que la referida Cruz existe aun en Tréveris. 

He aquí algunas otras apariciones relatadas como acontecimientos públicos por autores también contemporáneos de ellas. 

Según el Abab Usperg en su Crónica, a la muerte de Baduino, rey de Jerusalén, día de Pascua antes de amanecer, brillando la luna llena en todo su esplendor, el cielo pareció abrirse del lado meridional, y apareció una luz que eclipsó enteramente la luna durante más de una hora. En el seno de aquella luz, saliendo por la indicada abertura, vióse una gran Cruz, brillante como el oro y las piedras preciosas; de todo lo cual hay numerosos testigos. 

Maffei cuenta otra aparición con que fueron favorecidos Alburquerque y sus compañeros, durante una expedición al golfo Pérsico. A la vista de la Cruz, Alburquerque y sus gentes se prosternaron, rogando al cielo con extraordinario fervor que les fuese propicio, y derramando lágrimas de devoción. Alburquerque dió cuenta del suceso en carta que expresamente ditigió al rey D. Manuel. 

Más extraordinario es lo que cuenta una Vida de San Luis IX, rey de Francia, escrita en latín. 

«El año de gracia 1248, dice, mientras se predicaba la cruzada en Bedonfrise, población de la diócesis de Colonia, antevíspera de Pentecostés y en el mes de Mayo, viéronse en los aires tres Cruces; blancas las del norte y mediodía y obscura la del centro, en la cual se veía muy distintamente la efigie de un hombre crucificado y con la cabeza inclinada; los clavos de sus pies y manos se percibían con claridad».

Roger de Hoveden da testimonio de otra aparición semejante en Inglaterra, bajo el reinado de Enrique II.

«En Dustable, dice, a las tres de la tarde de un lunes víspera de San Lorenzo Mártir, abriéronse los cielos y millares de personas, así eclesiásticos como legos, vieron en el aire una Cruz de admirable grandeza en la que Jesucristo aparecía clavado y coronado de espinas. De las llagas de sus pies y manos, lo mismo que de su costado, manaba sangre en abundancia, pero las gotas no llegaban al suelo. Esta visión duró desde las tres hasta el crepúsculo». 

Otras muchas apariciones de la Santa Cruz podríamos referir por el estilo de las anteriores, haciendo resaltar los castigos públicos o ruidosisimas conversiones de pueblos enteros que siguieron a todas pero sería alargarnos demasiado, por lo cual pasamos ya a otros acontecimientos que hallaron más eco en la historia.

APOLOGÍA DEL GRAN MONARCA 
P. José Domingo María Corbató 
Biblioteca Españolista 
Valencia-Año 1904