jueves, 5 de marzo de 2015

FRUTOS DEL VATICANO II: LA LUTERANIZACIÓN

Gesichter-der-Reformation


Que la iglesia alemana es cismática ya no es novedad. Lo único que puede llamar la atención es la abierta -casi alucinante- escalada de provocaciones y desafíos ejecutada por el cardenal Reinhard Marx presidente de la Conferencia Episcopal -y viejo conocido de CATAPULTA- quien así se largó el 2 de enero:
“Lutero no apuntaba a una escisión de la iglesia sino que quería llamar la atención con sus llamados a la reforma sobre cosas que enturbiaban el mensaje evangélico
“Después de 50 años de diálogo ecuménico para un cristiano católico también es posible leer con respeto los textos de Lutero y sacar provecho de sus ideas“,
Y no contento con eso, el 26 de febrero redobló la apuesta, afirmando que:
La Conferencia Episcopal no es una filial de Roma. Cada conferencia episcopal es responsable del cuidado pastoral en su cultura y debemos, como nuestra tarea más propia, anunciar el evangelio por nuestra cuenta” y que “el Sínodo no puede prescribir en detalle lo que vamos a hacer en Alemania”
Hace 50 años, nadie se hubiese animado a llegar tan lejos como el cardenal, porque le correspondería la excomunión. Pero desde que el virus protestante fue inoculado en la Iglesia por el Vaticano II y por el Novus Ordo Missae la fe y la autoridad se han debilitado. Y con Francisco todo se ha empeorado, no hace falta decirlo.
No hay que sorprenderse entonces por los dichos de Marx: son la consecuencia lógica de lo que se venido incubando al socaire del Concilio o del “espíritu del Concilio”.
Y a los responsables de páginas católicas que estén alarmados, les aconsejo fraternalmente que lean y relean lo que escribieron Romano Amerio, monseñor Brunero Gherardini, Roberto de Mattei y ese santo varón que se llamó Marcel Lefebvre. No hay mejores antídotos, háganme caso.