jueves, 31 de marzo de 2016

PROFECÍAS DEL VENERABLE JUAN TAULERO


«El riesgo que padecemos, dice, es grande, así del cuerpo como del alma. Verdaderamente, las señales que prometen estas terribles y espantosas plagas, en parte son éstas: vestidos rasgados, breves rotos, ya de esa forma, ya en un instante de la otra; ahora así, y al punto con abominable transformación variados con insolentes y lascivos modos. Todo lo cual sin duda procede de la sugestión de los malignos espíritus y de su introducción en los corazones de los hombres: como casi doscientos años ha predicho clarísimamente Santa Hildegardis y profetizándolo procuró avisar al mundo. 

»Qué tales han de ser las plagas susodichas, con mucha distinción las pintó la misma Santa; pero ninguno se atreve a publicarlas porque no las comprende, y es de temer que con tal publicación se aceleren más, que se impidan; empero para que sepan y tengan entendido algunas personas pías cómo se han de portar en los tiempos de estas calamidades, me ha parecido proponerlas aquí debato de parábolas y semejanzas. 

»Tirarán a nuestra Sacrosanta Fe, a los Sacramentos y todas las eclesiásticas y cristianas Constituciones, por lo cual caerán los hombres en tal fluctuación y error, que totalmente ignorarán a cuál por más segura de las católicas verdades podrán creer y en cuál deberán confiar; y la razón porqué permitirá esto la Divina Justicia certísimamente es porque viviendo nosotros tanto tiempo ha tan negligente, o por mejor decir, tan viciosamente, hemos contradicho con nuestra vida y costumbres a la misma fe, y nos hemos atrevido a tratar y recibir con tan manifiesta irreverencia, tan indigna, libre e infructuosamente el dignísimo Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, juntamente con todos los demás Sacramentos, y finalmente con toda la demás santidad cristiana. 

»Entonces, pues, amenazan grandes peligros a los torpes, viciosos y menospreciadores de la Divina inspiración. Mas los que tuvieren impresa en sus frentes la señal del Thau, esto es, todos los que por la fe viva de Jesucristo fueren hallados en algún principio y aprovechamiento de mejor vida, quedarán libres de estas plagas; y esto es lo que el glorioso Apóstol San Juan, en el capítulo nono del Apocalipsis, asegura contando estas calamidades, aunque debajo de obscuras palabras, pero descubiertas más claras que la luz por Santa Hildegardis. 

»Demás de esto, la suma e intención del fiel y saludable consejo que nos reveló Santa Hildegardis para todos aquellos que alcanzaron aquellos peligrosos tiempos, es ésta: conviene a saber, que condescendiendo pacifica y humildemente con ánimo resignado y prontísima voluntad con su anciana y casi exhausta Madre la Santa Iglesia, obedezcan con voluntaria y obediente resignación a todos sus institutos y doctrinas que públicamente hasta ahora se nos proponen en los púlpitos por los predicadores, y no den crédito a otra cualquiera persuasión, aunque un ángel del cielo lo diga o procure persuadir fuera de lo que nos está evangelizado, como diligentemente estamos prevenidos por Nuestro Señor Jesucristo cuando dijo: «Sobre la Cátedra de Moisés se sentaron los escribas y fariseos, todo lo que os dijeren guardadlo y hacedlo; pero no queráis hacer según sus obras. También San Pablo dice: «Mas aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciare fuera de aquello que os hemos anunciado, sea maldito». 

»Ahora, pues, muy amados míos, estad ciertos que si no procuramos mudar en otra mejor nuestra vida, nos amenazan gravemente las calamidades dichas; de suerte que será tanta la aflicción, que nos traiga a la memoria el día del juicio; porque lo que ahora parece gozar mucha paz, se vera entonces en grandísima molestia. Serán pervertidas las palabras de Dios y casi olvidado el culto divino: unos huirán allí, otros allá, y no se podrá fácilmente saber qué fin tendrán tantas desdichas. En medio de esto el fidelísimo Dios se reservará algún nido en que conserve y guarde los suyos. 

»Aprenda, pues, cada uno a padecer y negarse a sí mismo, escuchando dentro la voz de su Padre, atendiendo a lo que en sí le habla; y fuera la de su Madre, esto es, la Iglesia Santa, porque es una la voz de entrambos; por lo cual el que no trabajare en conocer estas voces es necesario que perezca eternamente, porque se levantará una voz falsa que inducirá en error a todos los que no quisieren oír esta voz paternal, la cual para nosotros suena por la voz de Nuestra Santa Madre la Iglesia en todas las doctrinas, preceptos y consejos. 

»¡Ay por esto! ¡y otra vez ay! de todos aquellos que a esta voz no quisieren obedecer, para que en verdad se menosprecien a si mismos y aprendan a ser humildes, porque a éstos inspirará una voz horrenda de desesperación, diciendo unos falsos doctores que es falso y fingido cuanto los Doctores de la antigua verdad aquí han enseñado. 

»Cualesquiera, pues, que en su fondo estuvieren destituidos de humildad y perseveraren por su propio sentido beneplácito en aquellos sus engañosos y sutiles conceptos, todos éstos se precipitarán en tantos errores, que creerán que todos los ritos e institutos de la Iglesia son mentirosos y ajenos de toda verdad, lo cual verdaderamente por la mayor parte procederá de su viciosisimo fondo, y también porque estarán totalmente apartados del vivo y verdadero fondo, porque la verdadera humildad es amar a Dios de todo, en todo y por todo. Este es, muy amados míos, el verdadero fundamento de todo bien. 

»¡Oh, si pudierais prevenir, carísimos, en cuántas angustias y peligros se han de ver envueltos el mundo y todos aquellos que en el centro de su alma no se llegaren puramente a Dios, o a lo menos a sus amigos! ¡y cuán terriblemente se hará con ellos! y, finalmente, ¡cómo será pisada y ultrajada la Fe verdadera! Digo que si lo llegarais a entender, vuestros sentidos naturales de ninguna manera lo pudieran sufrir; los que alcanzaréis a vivir entonces, pensad cuánto tiempo antes se os ha dicho».

Venerable Juan Taulero, Dominico

(Instituciones divinas, cap. XLVI. Traducción del siglo XVII)

Apología del Gran Monarca 1ª Parte, 
paginas, 200, 201 y 202.
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904

CARTA DE APOYO AL R. P. ERNESTO CARDOZO


¡¡¡ AVE MARÍA PURISIMA !!!

A quien corresponda:

Sentimos el deber de conciencia de alzar la voz para defender el honor del Reverendo Padre Ernesto Cardozo. Mi esposa y yo somos sus fieles, de Méjico desde el 2007, que por gracia de Dios le conocemos, y por este medio lo apoyamos incondicionalmente.

Los hechos que hemos estado siguiendo de la llamada "Resistencia" y de los comentarios Eleison de M. Williamson, Declaraciones de M. Faure y M. Tomas de Aquino y algunos sacerdotes involucrados entre ellos el P. Trincado, son lamentables.

La "Resistencia" surgió por la necesidad de rechazar las contradicciones del Superior y Priores de la FSSPX y actualmente se repite lo mismo.

El Padre tuvo la valentía de denunciarlos y aclararlos; sin embargo, ahora hasta lo están difamando de hereje y al contrario, los herejes son los mismos que ya no siguen la Doctrina de la Iglesia, sino que escriben ambiguamente para confundir en lugar de confirmarnos en la fe.

Esta controversia es de Catecismo que el Magisterio de la Iglesia siempre ha enseñado; y no comprendemos porque escriben contradictoriamente, ¡ya se contagiaron del Modernismo y quieren llevarnos por ese mismo camino! Queremos seguir siendo católicos y buscando nuestra salvación eterna.

La Verdad es una, el Padre ha demostrado siempre con su ejemplo no solo con sus palabras su congruencia de vida, de Sacerdote, su celo por la salvación de las almas; pero vemos que ustedes tienen un celo amargo escandalizando a las ovejas de su rebaño.

Que Nuestro Señor Jesucristo abra sus entendimientos para que sean congruentes con la fe que dicen profesar, no sólo de palabra, pues se están llevando de encuentro muchas almas confundidas.

Jaime Ochoa Soto y esposa.

¡¡¡ VIVA CRISTO REY !!!

miércoles, 30 de marzo de 2016

LOS VIDEOS DEL PAPA, DE MAL EN PEOR

Una nueva trifulca conventual se ha organizado esta semana. Se me ocurrió decir el pasado miércoles en pleno recreo, que me extrañaba que el famoso vídeo del Papa no hubiera salido ya, estando a las vísperas del 10 de Marzo ¡Con la prisa que se dieron en sacar los anteriores!
Los ojos saltones de la comunidad más francisquista se posaron sobre mí (se abalanzaron sobre mí, más bien), con el deseo de fundirme y/o hacerme picadillo por tal derroche de libertad de expresión. Y eso que todavía no había dicho todo lo que pensaba. Porque lo cierto es que la mosca tras la oreja que tanto me acompaña -a veces muy a mi pesar-, me indicaba que aquí había gato encerrado. O mejor, video encerrado.
Decia yo que tanto en enero como en febrero, ya estábamos disfrutando el día seis del extraordinario Magisterio de Francisco, con minuto y medio de duración. El primer mes, sobre el ecumenismo. El segundo, sobre el cuidado de la Tierra. Y ahora, casi a día 10 de marzo, seguimos huérfanos de tan ansiada enseñanza. Pareciera que los fundamentos del Orbe se tambaleaban. Yo no sabía si podría continuar con mi vida monacal, prescindiendo del subsidio necesario para la oración, proporcionado por estos breves y jugosos vis a vis con olor a oveja.
A pesar de mi buena voluntad, la mosca orejera no se me iba. Algo tenía que pasar. Tanta prisa los dos primeros meses, y ahora este retraso tan llamativo… Tanta publicidad al principio, y ahora tanto relajo. Me daba en la nariz que nos encontramos ante otro parto de los montes (uno más), de la Factoría Publicitaria a la que ya estamos acostumbrados desde hace hoy tres años (Señor ten piedad). Un bluff, como se dice ahora. Ya hablé sobre el primer parto de los montes respecto a los misioneros de la misericordia. Todavía no he visto a ninguno de ellos por aquí, claro que nosotros todavía no hemos agredido al Sumo Pontífice (que es uno de los pecados que pueden perdonar estos enviados), ni somos periféricos.
Pues sí. Da la impresión de que los famosos videos del Papa se han desfondado, han caído en picado, o pueden haber entrado en recesión: O es que les ha dado la depre a los filmadores y creadores de este nuevo tipo de comunicación agresiva. La verdad es que grabar este minuto y medio debe ser desesperante, por el tono del actor principal y sobre todo, por el guión intrépido y osado. Como si fuera Julio César arengando a sus tropas antes de la batalla. No me extrañaría que dejen de publicarlos. Además harían muy bien.
…………..
Ayer día 10, casi a última hora, me vienen muy ufanos y contentos los novicios trayendo en sus tabletas el video de marzo, que acababa de salir. Socarrones y mofándose de mis canas, me lo mostraron con la misma algarabía de la mujer que había encontrado la dracma perdida, o la perla preciosa del mercader del Evangelio.
Por un momento creí que estaba equivocado y que mi mosca orejera se había pasado un poco de la raya. Pero he de admitir que cuando lo visioné -como dicen ahora los cursilones-, renové mis temores y reafirmé mis sospechas. Y por supuesto me convencí del agotamiento de la empresa. Seguro que seguirán sacándolos (según Fray Malaquías, por lo menos hasta agosto o septiembre), pero esto no es lo que era. Aquellos videos pomposos de los ecumenistas sonriendo o de la mamá-tierra llena de deshechos, con música al efecto y re-entradas de Francisco entre imagen e imagen, son ahora dos niños en una escalera, escuchando como el papá le pega a la mamá.
Intenté explicar a mis novicios el trasfondo. Porque cuando hay que hablar de lo sobrenatural por misión propia y no obstante se elude, se oculta y se disimula hablando de lo puramente natural, automáticamente el discurso acaba siendo ramplón, aburrido, cansino y vulgar. La ocultación de lo sobrenatural, acaba dejando en cueros (que diría don Quijote) al parlero de turno, para convertir la perorata en una charlatanería soporífera, amuermante y clorofórmica.
Yo siempre oí predicar a nuestros pastores -y yo mismo he predicado muchísimas veces-, sobre la Familia Cristiana. Sobre ELLA tenemos que concentrarnos los católicos (con la Jerarquía a la cabeza) cuando queramos impulsar esta institución que -siendo natural-, el Señor quiso elevarla a una categoría sobrenatural, porque se arraiga en el sacramento del matrimonio nada menos. Tal como está el paño, si no se habla con claridad y valentía de la Familia Cristiana, se deja el discursito en un plano puramente natural, que lo mismo lo podría haber dicho el secretario de la ONU, que un par de gays con deseos de adopción.
En un minuto y medio se puede decir que la verdadera solución para superar las dificultades de la Familia Cristiana está en Jesucristo. En una vida matrimonial basada en la fidelidad y en el amor. En la generosidad de tener hijos, sin enquistarse en el egoísmo del anticonceptivo. En las virtudes cristianas vividas hasta el heroísmo, con la ayuda de la Gracia. En una educación cristiana de los hijos basada en la entrega y dedicación, desoyendo las múltiples llamadas a una educación sin raíces y sin convicciones profundamente católicas. La familia cristiana en dificultad, no es la familia en la que el esposo pega palizas a la esposa. Es aquella familia en la que no está Dios presidiendo y en la que se ha desvirtuado la Cruz de Cristo, con todo lo que eso lleva consigo.
Pero claro, alguien que esté pensando en administrar la Sagrada Comunión a los divorciados, no puede hablar con esta claridad. Si se habla de la familia en plan ecuménico y descafeinado, no se puede denunciar la actual destrucción de la misma que estamos viviendo. ¿Se puede hablar de la familia que está en dificultades, mientras no se lucha decididamente contra el divorcio? ¿Se puede hablar de la familia como el bien más vulnerable, mientras se amplían las facilidades para conceder la llamada nulidad? ¿Se puede hablar de que la familia no está protegida, mientras se crean más y más tribunales diocesanos? ¿Se puede pedir más cuidado de los niños en la familia, mientras se desdibuja el papel de la familia cristiana (padre y madre) frente a las leyes anticristianas imperantes?
…Seguía hablando en el claustro con entusiasmo, pero mis novicios se habían escabullido. Cuando me he percatado de ello, me he encomendado a la Sagrada Familia. Es nuestro único refugio.
Ahora, quien tenga fuerzas, que vea el video de marzo.

domingo, 27 de marzo de 2016

LA RESURRECCION DE CRISTO NUESTRO SALVADOR Y LA APARICION QUE HIZO A SU MADRE SANTISIMA CON LOS SANTOS PADRES DEL LIMBO


Venerable María de Jesús de Agreda

1466. Estuvo el alma santísima de Cristo nuestro Salvador en el limbo desde las tres y media del viernes a la tarde hasta después de las tres de la mañana del domingo siguiente. A esta hora volvió al sepulcro, acompañado como príncipe victorioso de los mismos Ángeles que llevó y de los Santos que rescató de aquellas cárceles inferiores como despojos de su victoria y prendas de su glorioso triunfo, dejando postrados y castigados sus rebeldes enemigos. En el sepulcro estaban otros muchos Ángeles que le guardaban, venerando el sagrado cuerpo unido a la divinidad. Y algunos de ellos, por mandado de su Reina y Señora, habían recogido las reliquias de la sangre que derramó su Hijo santísimo, los pedazos de carne que le derribaron de las heridas y los cabellos que arrancaron de su divino rostro y cabeza, y todo lo demás que pertenecía al ornato y perfecta integridad de su humanidad santísima; que de todo esto cuidó la Madre de la prudencia, y los Ángeles guardaban estas reliquias, gozoso cada uno con la parte que le alcanzó a cogerla. Y primero que otra cosa se hiciese, se les manifestó a los Santos Padres el cuerpo de su Reparador, llagado, herido y desfigurado, como le puso la crueldad de los judíos. Y reconociéndole así muerto le adoraron todos los Patriarcas y Profetas con los otros Santos y confesaron de nuevo cómo verdaderamente el Verbo humanado tomó sobre sí nuestras enfermedades y dolores (Is 53, 4) y pagó con exceso nuestra deuda, satisfaciendo a la justicia del Eterno Padre lo que nosotros merecíamos, siendo Su Majestad inocentísimo y sin culpa. Allí vieron los primeros padres Adán y Eva el estrago que hizo su inobediencia y el costoso remedió que habia tenido y la inmensa bondad del Redentor y su gran misericordia. Los Patriarcas y Profetas conocieron y vieron cumplidos sus vaticinios y esperanzas de las promesas divinas. Y como en la gloria de sus almas sentían el efecto de la copiosa redención, alabaron de nuevo al Omnipotente y Santo de los Santos que por tan maravilloso orden de su sabiduría la había obrado. 

1467. Después de esto, a vista de todos aquellos Santos, por ministerio de los Ángeles fueron restituidas al sagrado cuerpo difunto todas las partes y reliquias que tenían recogidas, dejándole con su natural integridad y perfección. Y al mismo instante el alma santísima del Señor se reunió al cuerpo y juntamente le dio inmortal vida y gloria. Y en lugar de la sábana y unciones con que le enterraron, quedó vestido de los cuatro dotes de gloria, claridad, impasibilidad, agilidad y sutileza. Estos dotes redundan en el cuerpo deificado de la inmensa gloria del alma de Cristo nuestro bien. Y aunque se le debían como por herencia y natural participación desde el instante de su concepción, porque desde entonces fue glorificada su alma santísima y estaba unida a la divinidad toda aquella humanidad inocentísima, pero suspendieron se entonces sin redundar en el cuerpo purísimo, para dejarle pasible y que mereciese nuestra gloria, privándose de la de su cuerpo, como en su lugar queda dicho (Cf. supra n. 147). Y en la resurrección se le restituyeron de justicia estos dotes en el grado y proporción correspondiente a la gloria del alma y a la unión que tenía con la divinidad. Y como la gloria del alma santísima de Cristo nuestro Señor es incomprensible e inefable para nuestra corta capacidad, también es imposible explicar enteramente con palabras y con ejemplos la gloria y dotes de su cuerpo deificado; porque respecto de su pureza es oscuro el cristal, la luz que contenía y despedía excede a los demás cuerpos gloriosos, como el día a la noche y más que mil soles a una estrella, y toda la hermosura de las criaturas, si se juntara en una, pareciera fealdad en su comparación, y no hay símil para ella en todo lo criado. 

1468. Excedió grandemente la excelencia de estos dotes en la resurrección a la gloria que tuvieron en la transfiguración y en otras ocasiones que Cristo Señor nuestro se transfiguró, como en el discurso de esta Historia se ha dicho (Cf. supra n. 695, 851, 1099); porque entonces la recibió de paso y como convenía para el fin que se transfiguraba, pero ahora la tuvo con plenitud para gozarla eternamente. Y por la impasibilidad quedó invencible de todo el poder criado, porque ninguna potencia le podía alterar ni mudar. Por la sutilidad quedó tan purificada la materia gruesa y terrena, que sin resistencia de otros cuerpos se podía penetrar con ellos como si fuera espíritu incorpóreo, y así penetró la lápida del sepulcro sin moverla ni dividirla, el que por semejante modo había salido del virginal vientre de su purísima Madre. La agilidad le dejó tan libre del peso y tardanza de la materia, que excedía a la que tienen los Ángeles inmateriales, y por sí mismo podía moverse con más presteza que ellos de un lugar a otro, como lo hizo en las apariciones de los Apóstoles y en otras ocasiones. Las sagradas llagas que antes afeaban su santísimo cuerpo quedaron en pies, manos y costado tan hermosas, refulgentes y brillantes, que le hacían más vistoso y agraciado, con admirable modo y variedad. Con toda esta belleza y gloria se levantó nuestro Salvador del sepulcro y en presencia de los Santos y Patriarcas prometió a todo el linaje humano la resurrección universal como efecto de la suya en la misma carne y cuerpo de cada uno de los mortales y que en ella serían glorificados los justos. Y en prendas de esta promesa y como en rehenes de la resurrección universal, mandó Su Majestad a las almas de muchos Santos que allí estaban se juntasen con sus cuerpos y los resucitasen a inmortal vida. Al punto se ejecutó este divino imperio y resucitaron los cuerpos que anticipando el misterio refiere San Mateo (Mt 27, 52). Y entre ellos fueron Santa Ana, San José y San Joaquín, y otros de los antiguos padres y patriarcas que fueron más señalados en la fe y esperanza de la Encarnación y con mayores ansias la desearon y pidieron al Señor. Y en retorno de estas obras se les adelantó la resurrección y gloria de sus cuerpos. 

1469. ¡Oh cuan poderoso y admirable, cuán victorioso y fuerte se manifestaba ya este león de Judá, hijo de David! Ninguno se desembarazó del sueño con más presteza que Cristo de la muerte. Y luego a su imperiosa voz se juntaron los huesos secos y esparcidos de aquellos envejecidos difuntos, y la carne que ya estaba convertida en polvo se renovó, y unida con los huesos restauró su antiguo ser, mejorándolo todo los dotes de la gloria que participó el cuerpo del alma glorificada que les dio vida. Quedaron en un instante todos aquellos Santos resucitados en compañía de su Reparador, más claros y refulgentes que el mismo sol, puros, hermosos, transparentes y ligeros para seguirle a todas partes, y nos aseguraron con su dicha la esperanza de que en nuestra misma carne y con nuestros ojos y no con otros veríamos a nuestro Redentor, como lo profetizó Santo Job (Job 19, 26) para nuestro consuelo. Todos estos misterios conocía la gran Reina del cielo y participaba de ellos con la visión que tenía en el cenáculo. Y en el mismo instante que el alma santísima de Cristo entró en su cuerpo y le dio vida, correspondió en el de la purísima Madre la comunicación del gozo, que en el capítulo pasado dije (Cf. supra n. 1463) estaba detenido en su alma santísima y como represado en ella aguardando la resurrección de su Hijo santísimo. Y fue tan excelente este beneficio, que la dejó toda transformada de la pena en gozo, de la tristeza en alegría y de dolor en inefable júbilo y descanso. Sucedió que en aquella ocasión el Evangelista San Juan fue a visitarla, como el día de antes lo había hecho (Cf. supra n. 1463), para consolarla en su amarga soledad, y encontróla repentinamente llena de resplandor y señales de gloria a la que antes apenas conocía por su tristeza. Admiróse el Santo Apóstol y, habiéndola mirado con grande reverencia, juzgó que ya el Señor sería resucitado, pues la divina Madre estaba renovada en alegría. 

1470. Con este nuevo júbilo y las operaciones tan divinas que la gran Señora hacía en la visión de tan soberanos misterios, comenzó a disponerse para la visita, que estaba ya muy cerca. Y entre los actos de alabanzas, cánticos y peticiones que hacía nuestra Reina, sintió luego otra novedad en sí misma sobre el gozo que tenía, y fue un género de júbilo y alivio celestial, correspondiente por admirable modo a los dolores y tribulaciones que en la pasión había sentido; y este beneficio era diferente y más alto que la redundancia de gozo que de su alma resultaba como naturalmente en el cuerpo. Y tras de estos admirables efectos sintió luego otro tercero y diferente beneficio que la daban, de nuevos y divinos favores. Y para esto sintió que la infundían nuevo lumen de cualidades que preceden a la visión beatífica, en cuya declaración no me detengo, por haberlo hecho hablando de esta materia en la primera parte (Cf. supra p. I n. 623). Y en esta segunda sólo añado que recibió la Reina estos beneficios en esta ocasión con más abundancia y excelencia que en otras, porque ahora había precedido la pasión de su Hijo santísimo y los méritos que la divina Madre adquirió en ella, y según la multitud de los dolores correspondía el consuelo de la mano de su Hijo omnipotente. 


1471. Estando así prevenida María santísima, entró Cristo nuestro Salvador resucitado y glorioso, acompañado de todos los Santos y Patriarcas. Postróse en tierra la siempre humilde Reina y adoró a su Hijo santísimo, y Su Majestad la levantó y llegó a sí mismo. Y con este contacto —mayor que el que pedía la Magdalena de la humanidad y llagas santísimas de Cristo (Jn 20, 17)— recibió la Madre Virgen un extraordinario favor, que sola ella le mereció, como exenta de la ley del pecado. Y aunque no fue el mayor de los favores que tuvo en esta ocasión, con todo eso no pudiera recibirle si no fuera confortada de los Ángeles y por el mismo Señor para que sus potencias no desfallecieran. El beneficio fue que el glorioso cuerpo del Hijo encerró en sí mismo al de su purísima Madre, penetrándose con ella o penetrándole consigo, como si un globo de cristal tuviera dentro de sí al sol, que todo lo llenara de resplandores y hermoseara con su luz. Así quedó el cuerpo de María santísima unido al de su Hijo por medio de aquel divinísimo contacto, que fue como puerta para entrar a conocer la gloria del alma y cuerpo santísimo del mismo Señor. Y por estos favores, como por grados de inefables dones, fue ascendiendo el espíritu de la gran Señora a la noticia de ocultísimos sacramentos. Y estando en ellos oyó una voz que le decía: Amiga, asciende más alto (Lc 14, 10).—Y en virtud de esta voz quedó del todo transformada y vio la divinidad intuitiva y claramente, donde halló el descanso y el premio, aunque de paso, de todos sus trabajos y dolores. Forzoso es aquí el silencio, donde de todo punto faltan las razones y el talento para decir lo que pasó a María santísima en esta visión beatífica, que fue la más alta y divina que hasta entonces había tenido. Celebremos este día con admiración de alabanza, con parabienes, con amor y humildes gracias de lo que nos mereció y ella gozó y fue ensalzada. 

1472. Estuvo algunas horas la divina Princesa gozando del ser de Dios con su Hijo santísimo, participando su gloria como había participado de sus tormentos. Y luego descendió de esta visión por los mismos grados que ascendió a ella, y al fin de este favor quedó de nuevo reclinada sobre el brazo izquierdo de la humanidad santísima y regalada por otro modo de la diestra de su divinidad (Cant 2, 6). Tuvo dulcísimos coloquios con el mismo Hijo sobre los altísimos misterios de su pasión y de su gloria. Y en estas conferencias quedó de nuevo embriagada en el vino de la caridad y amor que bebió en su misma fuente sin medida. Y todo cuanto pudo recibir una pura criatura todo se le dio a María purísima abundantemente en esta ocasión, porque, a nuestro modo de entender, quiso la equidad divina recompensar el como agravio —dígolo así porque no me puedo explicar mejor— que había recibido una criatura tan pura y sin mácula de pecado padeciendo los dolores y tormentos de la pasión, que, como arriba he dicho muchas veces (Cf. supra n. 1236, 1264, 1274, 1287, 1341), eran los mismos que padeció Cristo nuestro Salvador, y en este misterio correspondió el gozo y favor a las penas que la divina Madre había padecido. 

1473. Después de todo esto, y siempre en altísimo estado, se convirtió la gran Señora a los santos patriarcas y justos que allí estaban y a todos juntos y a cada uno de por sí reconoció por su orden y les habló respectivamente, gozándose y alabando al Todopoderoso en lo que su liberal misericordia había obrado con cada uno de ellos. Con sus padres San Joaquín y Santa Ana, con su esposo San José y con San Juan Bautista tuvo singular gozo y les habló particularmente, luego con los Patriarcas y Profetas y con los primeros padres Adán y Eva. Y todos juntos se postraron ante la divina Señora, reconociéndola por Madre del Redentor del mundo, por causa de su remedio y coadjutora de su Redención, y como a tal la quisieron venerar [con culto de hiperdulía] con digno culto y veneración, disponiéndolo así la divina Sabiduría. Pero la Reina de las virtudes y Maestra de la humildad se postró en tierra y dio a los santos la reverencia que se les debía, y el Señor dio permiso para esto, porque los santos, aunque eran inferiores en la gracia, eran superiores en el estado de bienaventurados con gloria inamisible y eterna, y la Madre de la gracia quedaba en vida mortal y viadora y no había llegado al estado de comprensora. Continuóse la conferencia con los Santos Padres en presencia de Cristo nuestro Salvador. Y María santísima convidó a todos los Ángeles y santos que allí asistían, para que alabasen al triunfador de la muerte, del pecado y del infierno, y todos le cantaron nuevos cánticos, salmos, himnos de gloria y magnificencia, y con esto llegó la hora en que el Salvador resucitado hizo otras apariciones, como diré en el capítulo siguiente. 

Doctrina que me dio la gran Señora María santísima. 

1474. Hija mía, alégrate en el mismo cuidado que tienes de que no alcanzan tus razones a explicar lo que tu interior conoce de tan altos misterios como has escrito. Victoria es de la criatura y gloria del Altísimo, darse por vencida de la grandeza de los sacramentos tan soberanos como éstos, y en la carne mortal se pueden penetrar mucho menos. Yo sentí los dolores de la pasión de mi Hijo santísimo y, aunque no perdí la vida, experimenté los dolores de la muerte misteriosamente, y a este género de muerte le correspondió en mí otra admirable y mística resurrección a más levantado estado de gracia y operaciones. Y como el ser de Dios es infinito, aunque la criatura participe mucho, le queda más que entender, que amar y gozar. Y para que ahora ayudada del discurso puedas rastrear algo de la gloría de Cristo mi Señor, de la mía y de los Santos, discurriendo por los dotes del cuerpo glorioso, te quiero proponer la regla por donde en esto puedas pasar a los del alma. Ya sabes que éstos son: visión, comprensión y fruición. Los del cuerpo son los que dejas repetidos (Cf. supra n. 1468): claridad, impasibilidad, sutilidad y agilidad. 

1475. A todos estos dotes corresponde algún aumento por cualquiera buena obra meritoria que hace el que está en gracia, aunque no sea mayor que mover una pajuela por amor de Dios y dar un jarro de agua. Por cualquiera de estas mínimas obras granjeará la criatura, para cuando sea bienaventurada, mayor claridad que la de muchos soles. Y en la impasibilidad se aleja de la corrupción humana y terrena más de lo que todas las diligencias y fuerzas de las criaturas pueden resistirla y apartar de sí lo que las puede ofender o alterar. En la sutilidad se adelanta para ser superior a todo lo que le puede resistir y cobra nueva virtud sobre todo lo que quiere penetrar. En el dote de la agilidad le corresponde a cualquiera obra meritoria más potencia para moverse que la tienen las aves y los vientos y todas las criaturas activas, como el fuego y los demás elementos para caminar a sus centros naturales. Por el aumento que se merece en estos dotes del cuerpo, entenderás el que tienen los dotes del alma, a quien corresponden y de quien se derivan. Porque en la visión beatífica adquiere cualquier mérito mayor claridad y noticia de los atributos y divinas perfecciones que cuanto han alcanzado en esa vida mortal todos los doctores y sabios que ha tenido la Iglesia. También se aumenta el dote de la comprensión o tención del objeto divino, porque de la posesión y firmeza con que se comprende aquel sumo e infinito bien se le concede al justo nueva seguridad y descanso más estimable que si poseyera todo lo precioso y rico, deseable y apetecible de las criaturas, aunque todo lo tuviera por suyo sin temer perderlo. Y en el dote de la fruición, que es el tercero del alma, por el amor con que el justo hace aquella pequeñuela obra, se le conceden en el cielo por premio grados de amor fruitivo tan excelentes, que jamás llegó a compararse con este aumento el mayor afecto que tienen los hombres en la vida a lo visible, ni el gozo que de él resulta tiene comparación con todo el que hay en la vida mortal. 

1476. Levanta ahora, hija mía, la consideración y de estos premios tan admirables, que corresponden a una obra por Dios hecha, pondera bien cuál será el premio de los santos, que por el amor divino hicieron tan heroicas y magníficas obras y padecieron tormentos y martirios tan crueles como la Iglesia santa conoce. Y si en los santos sucede esto con ser puros hombres y sujetos a culpas e imperfecciones que retardan el mérito, considera con toda la alteza que pudieres cuál será la gloria de mi Hijo santísimo, y sentirás cuán limitada es la capacidad humana, y más en la vida mortal, para comprender dignamente este misterio y para hacer concepto proporcionado de tan inmensa grandeza. El alma santísima de mi Señor estaba unida sustancialmente a la divinidad en su divina persona, y por la unión hipostática era consiguiente que se le comunicase el océano infinito de la misma divinidad, beatificándola como a quien tenía comunicado su mismo ser de Dios por inefable modo. Y aunque no mereció esta gloria, porque se le dio desde el instante de su concepción en mi vientre, consiguiente a la unión hipostática, pero las obras que hizo después en treinta y tres años, naciendo en pobreza, viviendo con trabajos, amando como viador, trabajando en todas las virtudes, predicando, enseñando, padeciendo, mereciendo, redimiendo a todo el linaje humano, fundando la Iglesia y cuanto la fe católica enseña, estas obras merecieron la gloria del cuerpo purísimo de mi Hijo y ésta corresponde a la del alma, y todo es inefable y de inmensa grandeza, reservado para manifestarse en la vida eterna. Y en correspondencia de mi Hijo y Señor hizo conmigo magníficas obras el brazo poderoso del Altísimo en el ser de pura criatura, con que olvidé luego los trabajos y dolores de la pasión; y lo mismo sucedió a los padres del limbo, y a los demás santos cuando reciben el premio. Olvidé la amargura y el trabajo que yo padecí, porque el sumo gozo desterró la pena, pero nunca perdí la vista de lo que mi Hijo padeció por el linaje humano. 


MISTICA CIUDAD DE DIOS
  VIDA DE LA VIRGEN MARÍA 
Venerable María de Jesús de Agreda
Libro VI, Cap. 26




¡FELIZ Y SANTA PASCUA DE RESURRECCION!


Apostolado Eucarístico les desea a todos sus lectores y 
amigos una Feliz y Santa Pascua de Resurrección.

sábado, 26 de marzo de 2016

R. P. CARDOZO: JUEVES SANTO Y VIERNES SANTO EN CIUDAD JUAREZ (MEXICO)


Fotos

Jueves Santo











Viernes Santo








MÍSTICA CIUDAD DE DIOS, LIBRO VI, CAP. 25 - VENERABLE MARÍA DE JESUS DE AGREDA



Cómo la Reina del cielo consoló a San Pedro y a otros Apóstoles y la prudencia con que procedió después del entierro de su Hijo, cómo vio descender su alma santísima al limbo de los santos padres. 

1454. La plenitud de sabiduría que ilustraba el entendimiento de nuestra gran Reina y señora María santísima, no admitía defecto ni vacío alguno para que dejase de advertir y atender entre sus dolores a todas las acciones que la ocasión y el tiempo le pedían. Y con esta divina prudencia lo llevaba todo y obraba lo más santo y perfecto de todas las virtudes. Retiróse, como queda dicho (Cf. supra n. 1449)), después del entierro de Cristo nuestro bien a la casa del cenáculo. Y estando en el aposento donde se celebraron las cenas, acompañada de San Juan Evangelista y de las Marías y otras mujeres santas que seguían al Señor desde Galilea, habló con ellas y con el Apóstol, dándoles las gracias con profunda humildad y lágrimas por la perseverancia con que hasta aquel punto la habían acompañado en el discurso de la pasión de su amantísimo Hijo, en cuyo nombre les ofrecía el premio de su constante piedad y afecto con que la habían seguido, y asimismo se ofrecía por sierva y amiga de aquellas santas mujeres. Y todas ellas con San Juan Evangelista reconocieron este gran favor y la besaron la mano, pidiéndola su bendición. Suplicáronla también descansase un poco y recibiese alguna corporal refección. Respondió la Reina: Mi descanso y mi aliento ha de ser ver a mi Hijo y Señor resucitado. Vosotras, carísimas, satisfaced a vuestra necesidad como conviene, mientras yo me retiro a solas con mi Hijo. 

1455. Fuese luego a recoger acompañándola San Juan Evangelista, y estando con él a solas puesta de rodillas le dijo: No es razón que olvidéis las palabras que mi Hijo santísimo nos habló desde la Cruz. Su dignación Os nombró por hijo mío, a mí por madre Vuestra. Y Vos, señor, sois sacerdote del Altísimo. Por esta gran dignidad es razón que os obedezca en todo lo que hubiere de hacer y desde esta hora quiero que me lo mandéis y ordenéis, advirtiendo que siempre fui sierva, y toda mi alegría está puesta en obedecer hasta la muerte.— Esto dijo la Reina con muchas lágrimas, y el Apóstol con otras copiosas la respondió: Señora mía y Madre de mi Redentor y Señor, yo soy quien ha de estar sujeto a Vuestra obediencia, porque el nombre de hijo no dice autoridad sino rendimiento y sujeción a su madre, y el que a mí me hizo sacerdote Os hizo a Vos su Madre y estuvo sujeto a vuestra voluntad y obediencia, siendo Criador de todo el universo. Razón será que yo lo esté, y trabaje con todas mis potencias en corresponder dignamente al oficio que me ha dado de serviros como hijo, en que deseara ser más ángel que terreno para cumplir con él.—Esta respuesta del Apóstol fue muy prudente, pero no bastante para vencer la humildad de la Madre de las virtudes, que con ella le replicó y dijo: Hijo mío Juan, mi consuelo será obedeceros como a cabeza, pues lo sois. Yo en esta vida siempre he de tener superior a quien rendir mi voluntad y parecer; para esto sois ministro del Altísimo y como hijo me debéis este consuelo en mi trabajosa soledad.—Hágase, Madre mía, Vuestra voluntad, respondió San Juan Evangelista, que en ella está mi acierto.—Y sin replicar más, pidió licencia la divina Madre para quedarse sola en la meditación de los misterios de su Hijo santísimo, y le pidió también saliese a prevenir alguna refección para las mujeres que la acompañaban y que las asistiese y consolase; sólo reservó a las Marías, porque deseaban perseverar en el ayuno hasta ver al Señor resucitado, y a éstas, dijo a San Juan Evangelista, las permitiese que cumpliesen su devoto afecto. 

1456. Salió San Juan Evangelista a consolar a las Marías y ejecutó el orden que la gran Señora le había dado. Y habiendo satisfecho la necesidad de aquellas mujeres piadosas, se recogieron todas y gastaron aquella noche dolorosas y en amargas meditaciones de la pasión y misterios del Salvador. Con esta ciencia tan divina obraba María santísima entre las olas de sus angustias y dolores, sin olvidar por esto el cumplimiento de la obediencia, de la humildad, caridad y providencia tan puntual, con todo lo necesario. No se olvidó de sí misma por atender a la necesidad de aquellas piadosas discípulas, ni por ellas estuvo inadvertida para todo lo que convenía a su mayor perfección. Admitió la abstinencia de las Marías como más fuertes y fervientes en el amor, atendió a la necesidad de las más flacas, dispuso al Apóstol, advirtiéndole lo que con ella misma debía hacer, y en todo obró como gran Maestra de la perfección y Señora de la gracia, y todo esto hizo cuando las aguas de la tribulación habían inundado hasta su alma (Sal 68, 2). Porque en quedando a solas en su retiro, soltó el corriente impetuoso de sus afectos dolorosos y toda se dejó poseer interior y exteriormente de la amargura de su alma, renovando las especies de todos los tormentos y afrentosa muerte de su Hijo santísimo, de los misterios de su vida, predicación y milagros, del valor infinito de la Redención humana, de la nueva Iglesia que dejaba fundada con tanta hermosura y riquezas de sacramentos y tesoros de gracia, de la felicidad incomparable de todo el linaje humano, tan copiosa y gloriosamente redimido, de la inestimable suerte de los predestinados a quienes alcanzaría eficazmente, de la formidable desdicha de los réprobos que por su mala voluntad se harían indignos de la eterna gloria que les dejaba su Hijo merecida. 

1457. En la ponderación digna de tan altos y ocultos sacramentos pasó la gran Señora toda aquella noche llorando, suspirando, alabando y engrandeciendo las obras de su Hijo, su pasión, sus juicios ocultísimos y otros altísimos misterios de la divina sabiduría y oculta Providencia del Señor; y sobre todos pensaba y entendía como Madre única de la verdadera sabiduría, confiriendo a veces con los Santos Ángeles y otras con el mismo Señor lo que su luz divina le daba a sentir en su castísimo corazón. El sábado de mañana, después de las cuatro, entró San Juan Evangelista deseoso de consolar a la dolorosa Madre, y puesta de rodillas le pidió ella que le diese la bendición como Sacerdote y superior suyo. El nuevo hijo se la pidió también con lágrimas, y se la dieron uno a otro. Ordenó la divina Reina que luego saliese a la ciudad, donde encontraría con brevedad a San Pedro que venía a buscarle y que le admitiese, consolase y llevase a su presencia, y lo mismo hiciese con los demás Apóstoles que encontrase, dándoles esperanza del perdón y ofreciéndoles su amistad. Salió San Juan Evangelista del cenáculo y a pocos pasos encontró a San Pedro, lleno de confusión y lágrimas, que iba muy temeroso a la presencia de la gran Reina. Venía de la cueva donde había llorado su negación, y el Evangelista le consoló y dio algún aliento con el recado de la divina Madre. Luego los dos buscaron a los demás Apóstoles y hallaron algunos, y todos juntos se fueron al cenáculo, donde estaba su remedio. Entró Pedro el primero y solo a la presencia de la Madre de la gracia y arrojándose a sus pies dijo con gran dolor: Pequé, Señora, pequé delante de mi Dios, ofendí a mi Maestro y a Vos.—No pudo hablar otra palabra, oprimido de las lágrimas, suspiros y sollozos que despedía de lo íntimo de su afligido corazón. 

1458. La prudentísima Virgen, viendo a Pedro postrado en tierra y considerándole por una parte penitente de su reciente culpa y por otra cabeza de la Iglesia elegido por su Hijo santísimo para vicario suyo, no le pareció conveniente postrarse ella a los pies del pastor que tan poco antes había negado a su Maestro, ni sufría tampoco su humildad dejar de darle la reverencia que se le debía por el oficio. Y para satisfacer a entrambas obligaciones, juzgó que convenía darle reverencia y ocultarle el motivo. Para esto se le hincó de rodillas, venerándole con esta acción, y para disimular su intento le dijo: Pidamos perdón de vuestra culpa a mi Hijo y vuestro Maestro.—Hizo oración y alentó al Apóstol confortándole en la esperanza y acordándole las obras y misericordias que el Señor había hecho con los pecadores reconocidos, y la obligación que él tenía como cabeza del Colegio Apostólico para confirmar con su ejemplo a todos en la constancia y confesión de la fe. Y con estas y otras razones de gran fuerza y dulzura confirmó a Pedro en la esperanza del perdón. Entraron luego los otros Apóstoles en la presencia de María santísima y postrados también a sus pies la pidieron los perdonase su cobardía y haber desamparado a su Hijo santísimo en su pasión. Lloraron todos amargamente su pecado, moviéndoles a mayor dolor la presencia de la Madre llena de lastimosa compasión, pero su semblante tan admirable les causaba divinos efectos de contrición de sus culpas y amor de su Maestro. Y la gran Señora los levantó y animó, prometiéndoles el perdón que deseaban y su intercesión para alcanzarle. Luego comenzaron todos por su orden a contar lo que a cada uno había sucedido en su fuga, como si algo de ello ignorara la divina Señora. Pero dioles grata audiencia a todo, tomando ocasión de lo que decían para hablarles al corazón y confirmarlos en la fe de su Redentor y Maestro y despertar en ellos su divino amor. Y todo lo consiguió María santísima eficazmente, porque de su presencia y conferencia salieron todos fervorizados y justificados con nuevos aumentos de gracia. 

1459. En estas obras se ocupó nuestra divina Reina parte del sábado. Y cuando se hizo tarde se retiró otra vez a su recogimiento, dejando a los Apóstoles renovados en el espíritu y llenos de consuelo y gozo del Señor, pero siempre lastimados de la pasión de su Maestro. En el retiro de esta tarde convirtió la gran Señora su mente a las obras que hacía el alma santísima de su Hijo después que salió de su sagrado cuerpo. Porque desde entonces conoció la beatísima Madre cómo aquella alma de Cristo unida a la divinidad descendía al limbo de los Santos Padres para sacarlos de aquella cárcel soterránea, donde estaban detenidos desde el primer justo que murió en el mundo esperando la venida del universal Redentor de los hombres. Y para declarar este misterio, que es uno de los artículos de la santísima humanidad de Cristo nuestro Señor, me ha parecido dar noticia de todo lo que a mí se me ha dado a entender sobre aquel lugar del limbo y su asiento. Digo, pues, que la tierra y su globo tiene de diámetro, pasando por el centro de una superficie a otra, dos mil quinientas y dos leguas [legua ~ 5.556 Km] , y hasta la mitad, que es el centro, hay mil doscientas cincuenta y una, y respecto del diámetro se ha de medir la redondez de este globo. En el centro está el infierno de los condenados como en el corazón de la tierra, y este infierno es una caverna o caos que contiene muchas estancias tenebrosas con diversidad de penas, todas formidables y espantosas, y de todas se formó un globo al modo de una tinaja de inmensa magnitud, con su boca o entrada muy espaciosa y dilatada. En este horrible calabozo de confusión y tormentos estaban los demonios y todos los condenados, y estarán en él por toda la eternidad mientras Dios fuere Dios, porque en el infierno no hay ninguna redención. 

1460. A un lado del infierno está el purgatorio, donde las almas de los justos purgan y se purifican, cuando en esta vida no acabaron de satisfacer por sus culpas, ni salen de ella tan limpios de sus defectos que puedan luego llegar a la visión beatífica. Esta caverna también es grande, pero mucho menos que el infierno. A otro lado está el limbo con dos estancias diferentes: una para los niños que mueren con solo el pecado original y sin obras buenas ni malas del propio albedrío; otra servía para depositar las almas de los justos, purgados ya sus pecados, porque no podían entrar en el cielo ni gozar de Dios hasta que se hiciese la Redención humana y Cristo nuestro Salvador abriese las puertas que cerró el pecado de Adán. Esta caverna del limbo también es menor que el infierno y no se comunica con él, ni tiene penas del sentido como el purgatorio, porque ya llegaban a él las almas purificadas desde el purgatorio y sólo carecían de la visión beatífica, que es pena de daño, y allí estaban todos los que habían muerto en gracia hasta que murió el Salvador. A este lugar del limbo bajó su alma santísima con la divinidad, cuando decimos que bajó a los infiernos, porque este nombre de infierno significa cualquiera parte de aquellas inferiores que están en lo profundo de la tierra; aunque en el común modo de hablar por el nombre de infierno entendemos el de los demonios y condenados, porque aquél es el más famoso significado, como por nombre de cielo entendemos el empíreo ordinariamente, donde están los santos, y donde permanecerán para siempre, como los condenados en el infierno, aunque el limbo y purgatorio tienen otros nombres particulares. Y después del juicio final sólo el cielo y el infierno serán habitados, porque el purgatorio no será necesario y del limbo han de salir también los niños a otra habitación diferente. 


1461. A está caverna del limbo llegó el alma santísima de Cristo nuestro Señor, acompañada de innumerables Ángeles que como a su Rey victorioso y triunfador le iban alabando, dando gloria, fortaleza y divinidad. Y para representar su grandeza y majestad, mandaban que se abriesen las puertas de aquella antigua cárcel, para que el Rey de la gloria, poderoso en las batallas y Señor de las virtudes, las hallase francas y patentes en su entrada. Y en virtud de este imperio se quebrantaron y rompieron algunos peñascos del camino, aunque no era necesario para entrar el Rey y su milicia, que todos eran espíritus subtilísimos. Con la presencia del alma santísima aquella oscura caverna se convirtió en cielo, porque toda se llenó de admirable resplandor, y las almas de los justos que allí estaban fueron beatificadas con visión clara de la divinidad, y en un instante pasaron del estado de tan larga esperanza a la eterna posesión de la gloria y de las tinieblas a la luz inaccesible que ahora gozan. Reconocieron todos a su verdadero Dios y Redentor y le dieron gracias y alabanzas con nuevos cánticos de loores y decían: Digno es el Cordero que fue muerto de recibir divinidad, virtud y fortaleza. Redimístenos, Señor, con tu sangre de todos los tribus, pueblos y naciones; hicístenos reino para nuestro Dios, y reinaremos. Tuya es, Señor, la potencia, tuyo el reino y tuya es la gloria de tus obras (Ap 5, 9-12).—Mandó luego Su Majestad a los Ángeles que sacasen del purgatorio todas las almas que en él estaban padeciendo y al punto fueron traídas todas a su presencia. Y como en estrenar de la Redención humana fueron todas absueltas por el mismo Redentor de las penas que les faltaban de padecer y fueron glorificadas como las demás almas de los justos con la visión beatífica. De manera, que aquel día en la presencia del Rey quedaron desiertas las dos cárceles limbo y purgatorio. 

1462. Para solo el infierno de los condenados fue terrible este día, porque fue disposición del Altísimo que todos conociesen y sintiesen el descender al limbo el Redentor, y también que los Santos Padres y justos conociesen el terror que puso este misterio a los condenados y demonios. Estaban éstos aterrados y oprimidos con la ruina que padecieron en el monte Calvario, como se dijo arriba (Cf. supra n. 1421), y como oyeron —en el modo que hablan y oyen— las voces de los Ángeles que iban delante de su Rey al limbo, se turbaron y atemorizaron de nuevo y como serpientes cuando las persiguen se escondían y pegaban a las cavernas infernales más remotas. A los condenados sobrevino nueva confusión sobre confusión, conociendo con mayor despecho sus engaños y que por ellos perdieron la Redención de que los justos se aprovecharon. Y como Judas Iscariotes y el mal ladrón eran más recientes en el infierno y señalados mucho más en esta desdicha, así fue mayor su tormento, y los demonios se indignaron más contra ellos; y cuanto era de su parte propusieron los malignos espíritus perseguir y atormentar más a los cristianos que profesasen su fe católica, y a los que la negasen o cayesen darles mayor castigo, porque juzgaban que todos éstos merecían mayores penas que los infieles a quien no se les predicó la fe. 

1463. De todos estos misterios y otros secretos del Señor que no puedo yo declarar, tuvo noticia y singular visión la gran Señora del mundo desde su retiro. Y aunque esta noticia en la porción o parte superior del espíritu, donde la recibía, le causó admirable gozo, no lo participó en su virginal cuerpo, sentidos y parte sensitiva, como naturalmente pudiera redundar en ella, antes bien, cuando sintió que se extendía algo este júbilo a la parte inferior del alma, pidió al Eterno Padre se le suspendiese esta redundancia, porque no la quería admitir en su cuerpo mientras el de su Hijo santísimo estaba en el sepulcro y no era glorificado. Tan advertido y fiel amor fue el de la prudentísima Madre con su Hijo y Señor, como imagen viva, adecuada y perfecta de aquella humanidad deificada. Y con esta atenta fineza quedó llena de gozo en el alma y de dolores y congoja en el cuerpo, al modo que sucedió en Cristo nuestro Salvador. Pero en esta visión hizo cánticos de alabanza, engrandeciendo el misterio de este triunfo, y la amantísima y sabia Providencia del Redentor, que como Padre amoroso y Rey omnipotente quiso bajar por sí mismo a tomar la posesión de aquel nuevo reino que por sus manos le entregó su Padre, y quiso rescatarlos con su presencia para que en el mismo comenzasen a gozar el premio que les había merecido. Y por todas estas razones y las demás que conocía de este sacramento se gozaba y glorificaba al Señor como Coadjutora y Madre del triunfador. 

Doctrina que me dio la Reina del cielo María santísima. 

1464. Hija mía, atiende a la enseñanza de este capítulo, como más legítima y necesaria para ti en el estado que te ha puesto el Altísimo y para lo que de ti quiere en correspondencia de su amor. Esto ha de ser, que entre las operaciones, ejercicios y comunicación con las criaturas, ahora sean como prelada o como súbdita, gobernando, mandando u obedeciendo, por ninguna de éstas o de otras ocupaciones exteriores pierdas la atención y vista del Señor en lo íntimo y superior del alma, ni te distraigas de la luz del Espíritu Santo, que te asistirá para la incesante comunicación; que quiere mi Hijo santísimo en el secreto de tu corazón aquellas sendas que quedan ocultas al demonio y no alcanzan a ellas las pasiones, porque guían al santuario, donde entra sólo el sumo sacerdote (Heb 9, 7), y donde el alma goza de los ocultos abrazos del Rey y del Esposo, cuando toda y desocupada le previene el tálamo de su descanso. Allí hallarás propicio a tu Señor, liberal al Altísimo, misericordioso a tu Criador y amoroso a tu dulce Esposo y Redentor, y no temerás la potestad de las tinieblas, ni los efectos del pecado, que se ignoran en aquella región de luz y de verdad. Pero cierra estos caminos el amor desordenado de lo visible, los descuidos en la guarda de la divina ley, embarázalos cualquier apego y desorden de las pasiones, impídelos cualquiera inútil atención y mucho más la inquietud del ánimo y no guardar serenidad y paz interior, que todo se requiere solo, puro y despejado de lo que no es verdad y luz. 

1465. Bien has entendido y experimentado esta doctrina y sobre eso te la he manifestado en práctica como en claro espejo. El modo de obrar que tenía entre los dolores, congojas y aflicciones de la pasión de mi Hijo santísimo, y entre los cuidados, atención, ocupaciones y desvelo con que acudí a los Apóstoles, al entierro, a las mujeres santas, y en todo el resto de mi vida has conocido lo mismo y cómo juntaba estas operaciones con las de mi espíritu, sin que se encontrasen ni impidiesen. Pues para imitarme en este modo de obrar, como de ti lo quiero, necesario es que ni por el trato forzoso de las criaturas, ni por el trabajo de tu estado, ni por las penalidades de la vida de este destierro, ni por las tentaciones ni malicia del demonio, admitas en tu corazón afecto alguno que te impida ni atención que te divierta el interior. Y te advierto, carísima, que si en este cuidado no eres muy vigilante, perderás mucho tiempo, malograrás infinitos y extraordinarios beneficios y frustarás los altísimos y santos fines del Señor, y me contristarás a mí y a los Ángeles, que todos queremos sea tu conversación con nosotros; y tú perderás la quietud de tu espíritu y consuelo de tu alma y muchos grados de gracia y aumentos del amor divino que deseas y al fin copiosísimo premio en el cielo. Tanto te importa oírme y obedecerme en lo que te enseño con dignación de Madre. Considéralo, hija mía, pondéralo y atiende a mis palabras en tu interior, para que las pongas por obra con mi intercesión y con la divina gracia. Advierte asimismo a imitarme en la fidelidad del amor con que excusé el regalo y júbilo, por imitar a mi Señor y Maestro y alabarle por esto y por el beneficio que hizo a los santos del limbo, bajando su alma santísima a rescatarlos y llenarlos del gozo de su vista, que todas fueron obras de su infinito amor. 

MISTICA CIUDAD DE DIOS
  VIDA DE LA VIRGEN MARÍA 
Venerable María de Jesús de Agreda
Libro VI, Cap. 25

jueves, 24 de marzo de 2016

LA PASIÓN DE JESUCRISTO Y LA SANTA HUMILDAD - SAN PABLO DE LA CRUZ (Video)



Máximas de San Pablo de la Cruz para cada día del mes sobre la Humildad.


DICHOS DE MONS. MARCEL LEFEBVRE - 5


Queremos responder a la objeción que no dejarán de hacernos respecto de la obediencia, respecto de la jurisdicción de aquéllos que quieren imponernos esta orientación liberal. Nosotros respondemos: en la Iglesia, el derecho y la jurisdicción están al servicio de la fe, finalidad primera de la Iglesia. No existe ningún derecho, ninguna jurisdicción que pueda imponernos una disminución de nuestra Fe.
Aceptamos esa jurisdicción y ese derecho cuando están al servicio de la Fe. ¿Pero quién puede juzgar sobre esto? La Tradición, la Fe enseñada desde hace dos mil años. Todo fiel puede y debe oponerse a quienquiera en la Iglesia toque a su fe, la fe de la Iglesia de siempre, apoyado en el catecismo de su infancia.
Defender su fe es el primer deber de todo cristiano, con mayor razón de todo sacerdote y de todo obispo. En el caso de cualquier orden que comporte un peligro de corrupción de la fe y de las costumbres, la "desobediencia" es un deber grave.
Es porque estimamos que nuestra fe está en peligro por las reformas y las orientaciones posconciliares que tenemos el deber de "desobedecer" y guardar las Tradiciones. Es el mayor servicio que podemos prestar a la Iglesia católica, al sucesor de Pedro, a la salvación de las almas y de nuestra alma, el de rechazar la Iglesia reformada y liberal, porque creemos en Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, que no es ni liberal ni reformable.


De la Carta a los amigos y bienhechores nº 9
(Hecha pública en octubre de 1975)