viernes, 20 de noviembre de 2009
jueves, 19 de noviembre de 2009
ENTREVISTA A LA DRA. ALICE VON HILDEBRAND

*La Doctora Alice Jourdain (Bruselas 1923- ) fue alumna y luego esposa de Dietrich von Hildebrand (1899-1977), uno de los mayores pensadores católicos del siglo pasado, autor de textos fundamentales como Etica cristiana, Santidad y eficacia en el mundo y El corazón (un análisis de la afectividad humana y divina) y dos muy importantes sobre el modernismo: El caballo de Troya en la Iglesia de Dios y la ya mencionada The Devastated Vineyard, esta última nunca editada en castellano. El matrimonio escribió juntamente varias obras, entre ellas una admirable: El arte de vivir. Este reportaje fue publicado en The Latin Mass Magazine (Verano de 2001) y reproducido en Marzo de 2007 por Christian Order.
THE LATIN MASS: Dra. von Hildebrand, en la época en que el Papa Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano Segundo, ¿usted ya percibía la necesidad de una reforma en la Iglesia?
ALICE VON HILDERBRAND: La mayor parte de las percepciones sobre esto fueron obtenidas por mi esposo. Él siempre decía que los miembros de la Iglesia, debido a los efectos del pecado original y del pecado actual, están siempre en necesidad de reforma. La enseñanza de la Iglesia, sin embargo, viene de Dios. Ni una iota puede ser cambiada o considerada en necesidad de reforma.
TLM: Con relación a la presente crisis, ¿cuándo comenzó Ud. a percibir que algo andaba mal en la Iglesia?
AVH. En Febrero de 1965 estába con mi marido en Florencia, aprovechando el año sabático. Dietrich estaba leyendo un libro y de pronto lo escuché sollozar. Como tenía problemas cardíacos, pensé que algo andaba mal y corrí para ver qué pasaba. Lo encontré con los ojos llorosos y con una revista en la mano. Le pregunté que pasaba y me dijo que acababa de leer un artículo que para él era prueba de que el diablo había entrado en la Iglesia. Debo decir que mi marido ya se había dado cuenta, muchos años atrás, de que se estaba perdiendo el sentido de lo sobrenatural, pero que la belleza y la sacralidad de la liturgia tridentina habían ocultado el fenómeno. por lo menos hasta el Concilio. Además, tenía en claro que después de la condenación de San Pío X, los modernistas habían pasado a la clandestinidad, adoptando técnicas mucho más sutiles de infiltración. Sobre este asunto, escribió The Devastated Vineyard, (La Viña devastada), señalando que el Vaticano II había sido como un huracán para la Iglesia. Con la pérdida del sentido de lo sobrenatural, también se perdió la necesidad del sacrificio. El Vaticano II provocó que muchos obispos y sacerdotes dijeran que la Iglesia tenía que adaptarse al mundo. Grandes Papas como San Pío X afirmaban exactamente lo contrario: el mundo debía adaptarse a la Iglesia.
TLM: ¿Entonces Ud. cree que la acelerada pérdida del sentido de lo sobrenatural no es un accidente en la historia?
AVH: De ninguna manera y mi marido opinaba igual que yo: en la Iglesia se había verificado, durante la mayor parte del siglo XX, una infiltración sistemática de los enemigos diabólicos. El era optimista por naturaleza, pero durante los últimos años de su vida, a veces la tristeza lo consumía: “Han destruido la Santa Esposa de Cristo”, solía repetir, refiriéndose a “la abominación del lugar santo”, de que habla el profeta Daniel.
TLM: El Papa Pío XII lo denominaba a su marido como el Doctor de la Iglesia en el siglo XX. Con ese título ¿no podía tener acceso al Papa Pablo VI para expresarle sus temores?
AVH: Fue lo que hizo. Nunca olvidaré la audiencia privada que tuvimos con Pablo VI, el 21 de junio de 1965, poco antes de que terminase el Concilio. El Papa nos recibió de pie y en cuanto mi marido empezó a suplicarle que condenase las herejías que desembozadamente se manifestaban, lo interrumpió bruscamente, diciéndole “¡Escríbalo, escríbalo!”. Pocos momentos después, mi marido, por segunda vez, le insistió sobre la gravedad de la situación, recibiendo la misma respuesta. El Papa estaba sumamente incómodo y pocos minutos después hizo un gesto a su secretario, el P. Capovilla, para que nos trajese rosarios y medallas, señal de que la audiencia había finalizado.
Cuando volvimos a Florencia, mi marido escribió un largo documento -aún no publicado- que fue entregado a Pablo VI en septiembre de 1965, el día anterior a la última sesión del Concilio. Releyéndolo cuidadosamente, le dijo a su sobrino Dieter Settler, entonces embajador alemán ante la Santa Sede, que el documento era “un poco duro”. Razón no le faltaba: había pedido una clara y completa condenación de todas las declaraciones conciliares heréticas.
TLM: Supongo que Ud. se dará cuenta de que, al hablar de infiltración, muchos pondrán los ojos en blanco, exasperados, diciendo ¡No queremos oír hablar de conspiraciones!
AVH: Yo solamente puedo hablarle de lo que conozco. Es de público conocimiento, por ejemplo, que Bella Dodd**, la ex comunista reconvertida al catolicismo, se refirió expresamente a la infiltración comunista en los Seminarios. Ella nos contó que cuando era miembro activo del Partido, tenía frecuentes contactos con no menos de cuatro cardenales que trabajaban para el comunismo. Muchas veces escuché decir en los EE.UU. que “los europeos olíamos conspiraciones en todas partes”. Pero desde el principio, el Maligno ha conspirado contra la Iglesia, tratando de destruir la Misa y de socavar la creencia en la Presencia Real de Nuestro Señor en la Eucaristía. Este es un hecho innegable y absolutamente real.
Por otra parte, como europea que soy, tentada estoy de decir que muchos estadounidenses son ingenuos y como no saben mucho de historia, suelen ser prisioneros de la ilusión. Rousseau tuvo mucha influencia en este país. Cuando en la Última Cena Nuestro Señor les dijo a sus apóstoles que uno de ellos lo traicionaría, se quedaron desconcertados. Judas había hecho su juego tan arteramente que nadie sospechaba de él. Un conspirador astuto y avezado sabe como ocultar sus propósitos, dando muestras exteriores de ortodoxia.
** Bella Dodd (1904-1964), nacida en Italia, se llamaba María Asunta Isabella Visono. Abogada, fue una de las principales dirigentes del Partido Comunista de los EE.UU., del cual fue expulsada en 1949. Se reconvirtió al catolicismo en 1951 y luego escribió “School of Darkness”.AVH: Los libros que le mencioné aparecieron en 1998 y en 2000, y fueron escritos por el Padre Luigi Villa, de la diócesis de Brescia, quien, por expreso pedido del Padre Pío había dedicado muchos años de su vida a investigar la posible infiltración de masones y comunistas en la Iglesia. Mi marido y yo lo conocimos al Padre Villa en los años 60. Él insistía que ninguna afirmación suya carecía de fundamentos. Cuando apareció “¿Pablo VI, Beato?” lo envió a cada uno de los obispos italianos. Ninguno acusó recibo ni refutó nada de lo que se decía.
En ese libro el Padre Villa se refiere a las desobediencias de Monseñor Montini, entonces Subsecretario de Estado, respecto a las directivas de Pío XII, que tenía clara conciencia de la amenaza comunista y había prohibido que los funcionarios del Vaticano anduviesen en tratos con Moscú. Para su consternación, se enteró a través del Obispo de Upsala (Suecia) que sus órdenes estrictas no habían sido acatadas. Al principio, se resistía a creerlo, hasta que le llevaron pruebas concluyentes de que Montini mantenía frecuentes contactos con los soviéticos.
Entretanto, Pío XII, siguiendo la conducta de Pío XI, había enviado clandestinamente a sacerdotes para que reconfortasen a los católicos que vivían tras la Cortina de Hierro. Esos sacerdotes fueron sistemáticamente detenidos, torturados y asesinados. A otros los mandaron a los gulags. Fortuitamente se descubrió que en el Vaticano había un topo: se trataba del jesuita Alighiero Tondi, un estrecho consejero de Montini. Tondi era un agente de Stalin y su misión era mantenerlo informado acerca de los sacerdotes que eran enviados a la Unión Soviética.
Pero Ud. debe agregar a esto el trato que Pablo VI le dispensó al Cardenal Mindszenty, quien no quería salir de Hungría, después de la revuelta de 1956. El Papa le mandó abandonar Budapest, pero el Cardenal se refugió en la embajada de los EE.UU. El Papa le había prometido solemnemente que conservaría el Primado de Hungría hasta su muerte. Cuando el Cardenal, que había sido torturado por los comunistas, llegó a Roma, Pablo VI lo abrazó cálidamente, pero acto seguido lo hizo marchar a Viena. Al poco tiempo, el Cardenal fue depuesto y se nombró en su lugar a otro, que contaba con el beneplácito del Partido Comunista húngaro. Cuando el Cardenal murió ningún representante de la Iglesia concurrió al funeral.
Más tarde, el Padre Villa recibió otra prueba de la infiltración, suministrada por el entonces Arzobispo (luego Cardenal) Gagnon, a quien Pablo VI le había encomendado una investigación sobre la infiltración dentro de la Iglesia.
El Cardenal armó un voluminoso dossier, con muchos datos preocupantes y pidió audiencia con el Pontífice para entregárselo en mano, petición que le fue denegada. El Papa le hizo llegar un aviso de que el documento estaría depositado en las oficinas de la Congregación para el Clero, bajo doble llave. Pero al día siguiente la cerradura fue violada y el dossier desapareció. El asunto se trató de tapar, pero la prensa se enteró del robo. Monseñor Gagnon, que se había guardado una copia, solicitó una audiencia privada con Pablo VI, pero no se la concedió. Entonces decidió volverse al Canadá. Más tarde, Juan Pablo II lo hizo venir a Roma y le otorgó el capelo.
TLM: ¿Por qué el Padre Villa escribió esos libros criticando a Pablo VI?
AVH: Debo decirle que el Padre era reticente en cuanto a su publicación. Pero cuando varios obispos impulsaron la beatificación de Pablo VI, se decidió a imprimirlos. En definitiva, lo que hizo fue nada más que seguir las instrucciones de la Curia, acerca de que cualquier hecho negativo respecto de los candidatos a la beatificación debía ser entregado a la Congregación respectiva.
Teniendo en cuenta el tumultuoso pontificado de Pablo VI, y las confusas señales que había dado, refiriéndose a que “el humo de Satanás había entrado en la Iglesia”, pero negándose a condenar oficialmente las herejías; la encíclica Humanae Vitae -honra de su pontificad – aunque eludió su proclamación ex cátedra; la promulgación del Credo del Pueblo de Dios en 1968, pero sin ordenar su carácter obligatorio para todos los católicos; su desobediencia a las órdenes de Pío XII sobre no mantener contacto alguno con Moscú y su política de apaciguamiento con el gobierno de Hungría, renegando de la solemne promesa hecha al Cardenal Mindszenty; su desconsideración hacia la persona del bendito Cardenal Slipyj, que había pasado 17 años en el gulag y finalmente su actitud con el Cardenal Gagnon. En fin, todo esto hablaba contra la beatificación de Pablo VI y el libro del Padre Villa finalmente apareció con el titulo de Paolo Sesto, Mesto (Pablo Sexto, el amargo).
Pero el Padre pagó un precio muy duro por sus dos libros, ocasionándole enormes aflicciones. Es que el común de los católicos tiene veneración ilimitada por el Pontífice. Pero Nuestro Señor nunca prometió que tendríamos Papas perfectos. Lo que sí prometió es que las puertas del infierno no prevalecerían. No olvidemos que, a pesar de que hubo Papas malísimos, y algunos muy mediocres, la Iglesia fue bendecida con grandes Pontífices. Ocho de ellos fueron canonizados y varios beatificados, historia triunfal que no tiene parangón con lo que sucedió en el plano secular.
TLM: ¿Entonces Ud. tiene un juicio negativo sobre el pontificado de Pablo VI?
TLM: Y desde luego están los tremendos y radicales cambios hechos en la sacra liturgia, junto con un ecumenismo absolutamente falaz.
AVH: Nadie más que un ciego puede negar que los planes del Enemigo se cumplieran. Muchos se sorprendieron por lo que hizo Hitler, aunque no mi marido, que había leído concienzudamente “Mein Kampf”. Pero los dirigentes prefirieron no creer…
Pero por más grave que sea la situación, ningún católico fiel debe olvidar que Nuestro Señor prometió permanecer junto con su Iglesia hasta el fin de los tiempos. No viene mal una pequeña meditación sobre el relato evangélico, cuando Cristo dormía, mientras la barca de los Apóstoles zozobraba, en medio de una feroz tormenta. Aterrorizados los despertaron y Él les reprochó: “¿Por qué teméis, hombres de poca fe?” e hizo que la tempestad cesase de inmediato.
TLM: Me doy cuenta por sus referencias sobre el ecumenismo que a Ud. no le cae nada bien la actitud de “convergencia” con otras religiones. Antes la Iglesia tenía la misión de convertir…
AVH: Le cuento algo que le causó enorme tristeza a mi marido. En 1946, enseñando en Fordham, se presentó en una de sus clases, un estudiante judío que había servido en la Armada durante la guerra. Al terminar la exposición lo abordó a Dietrich para decirle que él había vivido una singular experiencia en el Pacífico, contemplando una bellísima puesta de sol. Ese espectáculo lo llevó a preguntarse sobre Dios. El muchacho venía de Columbia, donde no encontró la respuesta a su inquietud. Pero un amigo le habló de Fordham y del profesor Dietrich von Hildebrand, a cuyas clases empezó a concurrir regularmente. Al finalizar una de ellas, salieron a caminar juntos y durante el paseo le contó a Dietrich que muchos profesores, al enterarse de que era judío, le aseguraron que no tratarían de convertirlo. Mi marido, estupefacto, detuvo la marcha y le preguntó:”¿Qué le dijeron?”. Al repetirle la anécdota, Dietrich le aseguró que “iría hasta el fin del mundo, con tal de que Ud. se haga católico”. Al poco tiempo, el estudiante judío se convirtió e ingresó a la Cartuja, ordenándose luego de sacerdote.
TLM: Ud. pasó muchos años enseñando en Hunter College.
AVH: Así es y le podría hablar de las numerosas estudiantes que se convirtieron, atraídos por la Verdad. Pero no fui yo quien lo hizo: simplemente recé para ser un instrumento de Dios y para que Él me ayudase a vivir según el Evangelio. Eso únicamente se obtiene con la gracia de Dios. Lamentablemente, algunos católicos que se dicen tradicionalistas, creen que la Verdad es una posesión personal y no un don de Dios. Semejante actitud los puede conducir al fanatismo. La Fe no es un juguete intelectual ni tampoco una partida de ajedrez. Deberían procurar cambiar de postura, sobre todo si defienden la Misa tradicional. Lo que todos debemos intentar es tratar de ser santos.
TLM: Entonces, ¿Ud. cree que esa es la única solución para remediar la crisis de la Iglesia?
AVH: No olvidemos que estamos luchando no sólo contra la sangre y la carne, sino también contra “Potestades y Principados”. Esto debería servir para causarnos temor y hacernos redoblar el esfuerzo para ser santos, y rezar para que la Esposa de Cristo salga de esta crisis espantosa más radiante que nunca. La respuesta católica es siempre la misma: fidelidad absoluta a las enseñanzas de las Iglesia y a la Santa Sede, recepción frecuente de los Sacramentos, rezo del Rosario, lectura espiritual diaria y agradecer el que hayamos recibido la plenitud de la Revelación. “Gaudete, iterum dico vobis, Gaudete”.
TLM: No quiero terminar la entrevista sin conocer su opinión sobre la Misa en latín. ¿Sería su restablecimiento una solución para la crisis?
AVH: El diablo odia la misa tradicional, y la odia porque es la más perfecta reformulación de todas las enseñanzas de la Iglesia. Y sobre esto Dietrich me dio la clave. Porque, mucho antes del Concilio, los sacerdotes que la rezaban ya habían perdido el sentido de lo sobrenatural y trascendente. La recitaban rapidísimo, casi murmurando y sin articular bien las palabras, señal de que intentaban introducir en la Misa su propia secularización (2). La misa tradicional no permitía irreverencia alguna y por eso muchos malos sacerdotes se alegraron cuando se la dejó de celebrar.
(Christian Order, marzo de 2007 de The Latin Mass 2001)
Notas catapúlticas:
2 – Dietrich von Hildebrand ya había detectado ese espíritu de secularización, que lo llevó a publicar en 1953 The New Tower of Babel, obra nunca traducida al castellano.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
SANTA MISA TRADICIONAL EN FLAVIGNY, FRANCIA
domingo, 15 de noviembre de 2009
BIOGRAFIA DE SOR PATROCINIO
Religiosa concepcionista, sierva de Dios. En el correspondiente artículo de la Enciclopedia Espasa se le llama María Rafaela. Era hija de padre gallego, Diego Quiroga y Valcárcel, y de madre conquense, Dolores Capodardo del Castillo, ambos de ilustre abolengo venidos a menos. Residente durante dos años en las Comendadoras de Santiago (Madrid), profesó en la Orden de las Concepcionistas Descalzas Franciscanas, en el convento madrileño de Caballero de Gracia el 20 de enero de 1830 con el nombre religioso de Patrocinio de María. Comúnmente se le llamó Sor Patrocinio. Cerrado años más tarde este convento, pasan las religiosas a ocupar el de Jesús Nazareno, donde sor Patrocinio fue nombrada maestra de novicias (1845). Elegida abadesa el 7 de febrero de 1849, desempeña el cargo durante cuarenta y dos años, hasta la muerte, en diversas comunidades.
A partir de 1856, inicia en Torrelaguna su obra de reformadora y fundadora de nuevos conventos; a la hora de su muerte pasaban de 19 los conventos reformados o fundados; característica de la obra de sor Patrocinio fue, no sólo la restauración de la vida y observancia primitivas, sino la apertura de escuelas para niñas pobres en cada convento. Personalmente sor Patrocinio fue una mujer extraordinaria, no sólo por su belleza física y por su inteligencia sino, sobre todo, por su singular vida de santidad. Testigos oculares de diversa categoría deponen en favor de sus revelaciones, de sus éxtasis, de sus milagros y, sobre todo, de sus cinco estigmas extraordinarios que la hicieron pasar a la historia como «la monja de las llagas».
Pero lo que hizo de sor Patrocinio uno de los personajes más célebres y discutidos de todo el siglo XIX fue el hecho de verse complicada en la vida política del tiempo. Ciertamente mantuvo unas estrechas y confidenciales relaciones con Isabel II y su esposo D. Francisco, cuyo matrimonio había anteriormente predicho y favorecido, y con todos los miembros de la familia real; ella con el padre Claret y la madre Micaela del Santísimo Sacramento son, tal vez, las personas más allegadas a las regias interioridades. Pero ¿se valía realmente sor Patrocinio de su situación para hacer y deshacer Ministerios, apoyar pretensiones dinásticas, distribuir puestos políticos, etc. ? Creemos que ni ejerció, ni quiso ejercer semejante predominio político; si en algo interesó a sus regias amistades -y esto lo hizo- fue en favor de sus fundaciones y reformas; y, alguna vez, en asuntos más generales de la Iglesia, como, por ejemplo, cuando recomendó para la sede primada a fray Cirilo Alameda y Brea que la ocupó efectivamente, o cuando insistía ante la reina sobre la conveniencia de pedir al papa que nombrase al menos tres cardenales españoles, en un momento en que no había ninguno, y unos años más tarde España contaba efectivamente ya con cinco. Sin embargo, la «monja de las llagas» no pudo sustraerse a las críticas malignas de masones, liberales, progresistas y de todos los que, en un momento dado, se sentían frustrados en sus ambiciones políticas: sor Patrocinio era la culpable; y por ello calumniada, perseguida, desterrada: a Talavera (1837), a Badajoz (1849) por Narváez, por creerla complicada en la caída de su Ministerio Relámpago; a Roma, pero no llega (1852), por Bravo Murillo por suponerla responsable del atentado de Merino contra su amiga la reina Isabel; a Baeza y a Benavente (1855) por considerarla favorable a la causa carlista; y, finalmente, a Francia (1868) escapando de la revolución de septiembre. Con razón se la ha definido «campeón de desterrados».
Se abrió el proceso de su beatificación (19-VII-1907) y fueron aprobados sus escritos (18-VI-1930). Está en curso la causa.
Fuente: Isaac Vázquez, ofm, María de los Dolores Quiroga y Capodardo, en Q. Aldea (Dir.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España. Madrid 1973, vol. III, págs. 2040-2041
Tomado de: sorpatrocinio.org
sábado, 14 de noviembre de 2009
viernes, 13 de noviembre de 2009
LA JUGADA MAESTRA DE SATANAS

Satanás es homicida en las persecuciones sangrientas, padre de la mentira en las herejías, en todas las falsas filosofías y en las palabras equívocas que son la base de las revoluciones, de las guerras mundiales y de las guerras civiles.No deja de atacar a Nuestro Señor en su cuerpo místico que es la Iglesia. En el transcurso de la historia ha empleado todos los medios, y uno de los últimos y más terribles ha sido la apostasía oficial de las sociedades civiles.
El laicismo de los Estados ha sido, y sigue siendo, un inmenso escándalo para las almas de la gente. Por este camino, Satanás ha conseguido poco a poco secularizar y quitar la fe a muchos miembros de la Iglesia y del Estado, hasta el punto de que esos falsos principios de separación de la Iglesia y del Estado, de libertad religiosa, de ateísmo político y de la autoridad como algo que emana de los individuos han acabado por invadir los presbiterios, los curias episcopales y hasta el Concilio Vaticano II.
Para lograrlo, Satanás ha inventado palabras clave que han logrado que los errores modernos y modernistas entren en el Concilio: la libertad se ha introducido a través de la libertad religiosa o libertad de religión; la igualdad a través de la colegialidad, que ha introducido los principios del igualitarismo democrático en la Iglesia; y, por fin, la fraternidad a través del ecumenismo que abraza todas las herejías y errores y da la mano a todos los enemigos de la Iglesia.
La jugada maestra de Satanás consiste, pues, en difundir los principios revolucionarios introducidos en la Iglesia por la autoridad de la misma Iglesia, poniendo a esta misma autoridad en una situación de incoherencia y de contradicción permanente. Mientras este equívoco no se disipe, los desastres se multiplicarán en la Iglesia. Al hacerse equívoca la liturgia, el sacerdocio se hace igualmente equívoco; y al haberse hecho también equívoco el catecismo, la fe, que sólo puede mantenerse en la verdad, se disipa. La misma jerarquía de la Iglesia vive en un equívoco permanente, entre la autoridad personal recibida por el sacramento del orden, y la misión del Papa o del obispo y los principios democráticos.
Hay que reconocer que la baza se ha jugado bien y que se ha usado maravillosamente la mentira de Satanás. La Iglesia va a destruirse a sí misma por vía de obediencia. La Iglesia se va a convertir al mundo herético, judío y pagano por obediencia, por medio de una liturgia equívoca, de un catecismo ambiguo y lleno de omisiones, y de instituciones nuevas basadas en principios democráticos.
Las órdenes, contraórdenes, circulares, constituciones y mandatos, están tan bien manipulados, tan bien orquestados y apoyados por los omnipotentes medios de comunicación social y por lo que queda de los movimientos de Acción Católica (todos marxistoides), que los fieles sencillos y los buenos sacerdotes repetirán, con el corazón roto pero dócil: "¡Hay que obedecer!" ¿A qué o a quién? No se sabe muy bien: ¿A la Santa Sede, al Concilio, a las comisiones, a las conferencias episcopales? Uno se pierde, lo mismo entre los libros litúrgicos que entre los ordos diocesanos o la maraña inextricable de catecismos, de "oraciones del tiempo presente", etc. Hay que obedecer a pesar de los sacerdotes que apostatan, del absentismo de los obispos (salvo para condenar a los que quieren conservar la fe), del matrimonio de las personas consagrados a Dios, de la comunión de los divorciados, de la intercomunión con los herejes, etc. "¡Hay que obedecer!". Los seminarios se vacían y se venden, y lo mismo los noviciados, las casas de religiosas y las escuelas. Se saquean los tesoros de la Iglesia, los sacerdotes se secularizan y se profanan en su modo de vestir, en su lenguaje y en su alma... "¡Hay que obedecer! Roma, las conferencias episcopales, el sínodo presbiterial lo quieren así!". Es lo que repiten todos los ecos de las Iglesias, periódicos y revistas: "aggiornamento" y apertura al mundo. Pobre del que no esté de acuerdo. Se le puede patear, calumniar y privarle de todo lo que le permite vivir. Es un hereje, un cismático y sólo merece la muerte.Realmente, Satanás ha logrado una jugada maestra: logra que los que conservan la fe católica sean condenados por los mismos que deberían defenderla y propagarla.Ya es hora de recobrar el sentido común de la fe y de recobrar la verdadera Iglesia, oculta bajo la falsa careta del equívoco y de la mentira. La verdadera Iglesia, la verdadera Santa Sede, el sucesor de san Pedro y los obispos, en cuanto se someten a la tradición de la Iglesia, no nos piden ni pueden pedirnos que nos hagamos protestantes, marxistas o comunistas. Lo cierto es que podría creerse, al leer algunos documentos, constituciones, circulares y catecismos, que se nos pide que abandonemos la verdadera fe en nombre del Concilio, de Roma, etc.
Debemos negarnos a hacernos protestantes, a perder la fe y a apostatar como lo ha hecho la sociedad política tras los errores difundidos por Satanás en la Revolución Francesa de 1789. Nos negamos a apostatar, ya sea en nombre del Concilio, de Roma o de las Conferencias episcopales.Por encima de todo, seguimos estando unidos a todos los concilios dogmáticos que han definido nuestra fe para siempre. Todo católico digno de ese nombre debe rechazar todo relativismo y evolución de su fe en el sentido dé que lo que fue definido solemnemente en otro tiempo por los concilios ya no sea válido hoy y pueda ser modificado por otro concilio, y con más razón si sólo es pastoral.La confusión, la imprecisión, las modificaciones de los documentos sobre la liturgia y la precipitación en la aplicación, manifiestan de modo evidente que no se trata de una reforma inspirada por el Espíritu Santo. Esta forma de obrar es totalmente contraria a las costumbres romanas, que actúan siempre "cum concilio et sapientia". Es imposible que el Espíritu Santo haya inspirado la definición de la misa según el artículo 7 de la Constitución (1), y más increíble es que se haya sentido la necesidad de corregirla después. Eso es confesar que se había deformado la más importante realidad de la Iglesia: el santo sacrificio de la Misa.Hay que reconocer que la presencia de protestantes en la reforma litúrgica de la Misa plantea un dilema del que es difícil sustraerse.
Su presencia significaba o que se les invitaba a reajustar su culto a los dogmas de la Santa Misa, o que se les preguntaba qué les resultaba desagradable en la Misa católica, con el fin de eliminar las expresiones dogmáticas inadmisibles para ellos. Es evidente que esta segunda solución es la que fue adoptada, cosa inconcebible y no inspirada, desde luego, por el Espíritu Santo.Cuando se sabe que esta concepción de la "misa normativa" es la del Padre Bugnini y que se impuso tanto al Sínodo como a la Comisión de Liturgia, cabe pensar que hay Roma y Roma: la Roma eterna en su fe, sus dogmas, su concepción del sacrificio de la Misa; y la Roma temporal influida por las ideas del mundo moderno, influencia de la que no se escapó el mismo Concilio, que, de propósito y gracias al Espíritu Santo, sólo quiso ser pastoral.Santo Tomás se pregunta en la cuestión de la corrección fraterna si conviene ejercerla a veces con los superiores. Con todas las distinciones oportunas, el Ángel de las Escuelas responde que tiene que hacerse cuando se trata de la fe.¿Y quién puede, en conciencia, decir que hoy la fe de los fieles y de toda la Iglesia no está gravemente amenazada en la liturgia, en la enseñanza del catecismo y en las instituciones de la Iglesia?Léase y vuélvase a leer a San Francisco de Sales, a San Belarmino, a San Pedro Canisio y a Bossuet, y se verá con asombro que tuvieron que luchar con los mismos extravíos. Pero esta vez el drama extraordinario consiste en que estas desfiguraciones de la tradición nos vienen de Roma y de las Conferencias Episcopales.
Así, pues, si se quiere conservar la fe, por fuerza hay que admitir que algo anormal ocurre en la administración romana. Por supuesto, hay que mantener la infalibilidad de la Iglesia y del Sucesor de Pedro, también hay que admitir la trágica situación en la que se encuentra nuestra fe católica a causa de las orientaciones y documentos que nos vienen de la Iglesia. Luego, la conclusión vuelve a lo que decíamos al principio: el demonio reina por el equívoco y la incoherencia, que son sus medíos de combate y que engañan a los hombres de poca fe.Tiene que denunciarse valientemente este equívoco con el fin de preparar el día que la Providencia elija para señalarlo oficialmente a través del Sucesor de Pedro. No se nos llame rebeldes u orgullosos, porque no somos nosotros los que juzgamos.
Es el mismo Papa el que, como sucesor de Pedro, condena lo que por otro lado aconseja. Es la Roma eterna la que condena a la Roma temporal. Nosotros preferimos obedecer a la eterna.Pensamos con plena conciencia que toda la legislación que se ha puesto en práctica desde el Concilio es por lo menos dudosa y, en consecuencia, nos remitimos al canon 23 que trata este caso y nos pide que nos atengamos a la ley antigua.Estas palabras les parecerán a algunos ofensivas para la autoridad, pero muy al contrario, son las únicas que protegen la autoridad y verdaderamente la reconocen, porque la autoridad no puede existir más que para la Verdad y para el Bien y no para el error y el vicio.
A 13 de octubre, en el aniversario de las apariciones de Fátima. Año 1974.Que María se digne bendecir estas líneas y dar frutos de Verdad y Santidad.(2)
+ Monseñor Marcel Lefebvre
NOTAS:
(1) Se trata de la Institutio generalas Missalis romani que sirve de prefacio al misal de 1969. El artículo en cuestión dice así: "La Cena del Señor, o Misa, es la asamblea sagrada o congregación del pueblo de Dios, reunido bajo la presidencia del sacerdote para cele brar el memorial del Señor. De ahí que sea eminentemente válida, cuando se habla de la asamblea local de la Santa Iglesia, aquella promesa de Cristo: "Donde están reunidos dos o tres en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos' (Mt. 18, 20)".
(2) Le Coup Maitre de Satan, págs. 5-9

