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domingo, 26 de abril de 2026

miércoles, 25 de octubre de 2023

Oración de San Agustín a Jesús Sacramentado

 

Oh Jesús, redención, amor y deseo nuestro, yo os invoco y clamo a Vos con un clamor grande y de todo corazón, os suplico que vengáis a mi alma, entréis en ella y la ajustéis y unáis tan bien con Vos que la poseáis sin arruga ni mancha alguna; pues la morada en que ha de habitar un Señor tan santo como Vos, muy justo es que esté limpia.

Vos habéis fabricado este vaso de mi corazón; santificadlo, pues; vaciadlo de la maldad que hay en él, llenadlo de vuestra gracia, y conservadlo lleno para que sea templo perpetuo y digno de Vos.

Dulcísimo, benignísimo, amantísimo, carísimo, potentísimo, deseadísimo, preciosísimo, amabilísimo y hermosísimo Señor, Vos sois más dulce que la miel, más blanco que la nieve, más suave que el maná, más precioso que las perlas y el oro, y más amado de mi alma que todos los tesoros y honras de la tierra.

Pero cuando digo esto, Dios mío, esperanza mía, misericordia mía, dulzura mía, ¿qué es lo que digo? Digo, Señor, lo que puedo y no digo lo que debo. ¡Oh si yo pudiese decir lo que dicen y cantan aquellos celestiales coros de ángeles! ¡Oh cuán de buena gana me emplearía todo en vuestras alabanzas, y con cuánta devoción, en medio de vuestros predestinados, cantaría mi alma vuestras grandezas, y glorificaría incesantemente vuestro santo nombre!

Como no hallo palabras para glorificaros dignamente os suplico no miréis tanto a lo que ahora digo, cuanto a lo que deseo decir.

Bien sabéis Vos, Dios mío, a quien todos los corazones están manifiestos, que yo os amo y quiero más que al cielo y a la tierra y a todas las cosas que hay en ella. Yo os amo con grande amor y deseo amaros más.

Dadme gracia para que siempre os ame cuanto deseo y debo, para que en Vos solo me desvele y medite, en Vos piense continuamente de día; en Vos sueñe de noche; con Vos hable mi espíritu, y mi alma siempre platique con Vos. Ilustrad mi corazón con la lumbre de vuestra santa visitación, para que, con vuestra gracia y vuestra dirección camine yo de virtud en virtud. Os suplico, Señor, por vuestras misericordias, con las cuales me librasteis de la muerte eterna, que ablandéis mi corazón, y que me abracéis con el fuego de la compunción, de manera que merezca yo ser cada hora vuestra hostia viva.       

San Agustín

martes, 23 de agosto de 2022

martes, 29 de marzo de 2022

sábado, 23 de enero de 2021

martes, 7 de febrero de 2017

NECESITAMOS UN SAN PABLO, Y TAMBIÉN, UN SAN AMBROSIO, UN SAN AGUSTÍN, Y UN SAN IGNACIO DE LOYOLA


Bergoglio no es una casualidad.

Es la consecuencia actual de una lejana felonía modernista, la que nunca cejó en sus fines, sino que los profundizó debido a que alguien les abrió la puerta de par en par.

Los Modernistas se apropiaron del Concilio VII, por estar hecho a la medida de ellos, a instancias del Papa Juan XXIII, que les era afín en lo esencial, en lo que define la pertenencia de una persona y la especifica.

Las formas exteriores mas o menos pueden haber sido en su origen de tinte conservador, después de todo, se celebraba universalmente la Misa en el Rito Tridentino y el lenguaje oficial era el latín, pero lo de adentro, el contenido, el pensamiento profundo, la Doctrina, ya no era la Tradicional, Católica, sino Modernista.

Importa, pero no tanto, la pertenencia de Roncalli a una logia masónica, y a la vista de todos está, que por la identidad en lo esencial, abrió las puertas de todo lo que hasta el Papa Pío XII, inclusive, estaba condenado por sus Antecesores, y en reiteradas oportunidades.

Y se comenzó a prohibir lo que antes reinaba, y perseguir a quienes no se alineaban.

De Juan XXIII al actual Bergoglio, los ocupantes de la Sede de Roma, no han hecho sino profundizar la construcción de una nueva realidad, completamente diferente y opuesta a la que había en el seno de la Iglesia hasta antes del Concilio.
La Verdad ya no era la que es, sino que el hombre la construye.

Y con esto que diré seguidamente, los de derecha se van a encolerizar, pero se debe también incluir a Benedicto XVI, en la lista de los responsables principales, quien con suma sagacidad, produjo un acercamiento a los sectores tradicionalistas, sin dejar de recalcar que debían estar incluidos dentro del gran paraguas del CVII, y como un carisma más, y no pocos lo vieron con buenos ojos y lo aceptaron.

Es que la derecha no distingue el bosque de la Verdad, el Bien, la Justicia, el Orden, la Belleza, porque tapa su visión objetiva el interés mezquino, por tanto es oficialista, de componendas, liberal, y conservadora en los modos educados, emplean cubiertos para comer una empanada, jamás se calzan con alpargatas, y sólo usan lapiceras Dupont Paris de oro para firmar las rendiciones y los créditos hipotecantes de Dios y de la Patria.

José Antonio la retrató magistralmente.

Esta maniobra de inclusión llevada a cabo por Ratzinger, fue la fiel representación de las tramoyas modernistas, a la cual Bergoglio le pondrá el broche final, y van …..

Pero no estuvieron solos ejecutando la tarea.

Lo que pasó y pasa en la Iglesia, y en el Mundo, no es únicamente responsabilidad de unos pocos que están en las instancias de mando superiores, no, es responsabilidad de muchos miles más, que no han planteado resistencia sino conformidad, por cobardía, por acomodaticios, por compartir los mismos errores.

¡Viven como propias las realidades implantadas por el Modernismo!

Cuántos hay que temen alejarse de las frondosas limosnas y ayudas económicas, ya descaradamente convertidas en propinas de gastronomía que engrosa las ganancias del mozo, el techo, la cama, el plato de comida, el refrigerador, el aire acondicionado y la calefacción, la fama, las invitaciones de los fieles, los viajes, las comodidades del convento, parroquia, o como se llame en donde pernocta en su anomia burguesa.
¡Les causa pavor el calzado demasiado reparado, la ropa remendada, la comida salteada, y el ausente sonido del titilar de las monedas en el bolsillo!

Y como es más fácil y conveniente serlo que oponerse ….. ahí, a la vista, están los frutos.

Son Modernistas.

Es que, al perder de vista la Doctrina de Siempre, sobre la que se sustentaba el edificio de la Iglesia, la Única que tenía el documento de identidad que la determinaba: Las Cuatro Notas, y cambiarla por las diversas bijouterie del Modernismo, han perdido el espíritu que caracterizaba la vida de Misioneros: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a conservar todo lo que os he mandado. Y mirad que Yo con vosotros estoy todos los días, hasta la consumación del siglo” (Mt., 28:19,20)

….. Y Bergoglio no quiere que hagan proselitismo porque es un grave pecado contra el ecumenismo …..

¿A quiénes les importa actualmente la validez de la Consagración, de las condiciones para recibir correctamente los Sacramentos?

¿Por qué se sorprenden con Bergoglio, si de vieja data los Modernistas han apoyado todo tipo de perversiones: abortos, pedofilia, homosexualidad, drogas, terrorismo, mafias, robos, etc.? ¿Dejamos de lado las amenazas de algunos de sus pares, al Cardenal Siri?

¿Nos hemos olvidado de Marcinkus, Bea, etc.?

¿Y tampoco se consideran, los Obispos que autorizan cualquier cosa, y los Sacerdotes que las trasladan a los fieles, sin medir las consecuencias, ni para ellos, ni para éstos?

Bergoglio no ha sido lanzado en paracaídas para apoderarse de la Sede de Pedro, desde hace más de 50 años ex-sede de Pedro, fue elegido por una importante cantidad de Cardenales, que sabían muy bien lo que estaban haciendo.

Toda esta gente estaba en pleno conocimiento sobre qué pensaba y qué se traía entre manos.

Por coincidir es que lo eligieron.

Se lo esperaba, dentro y fuera de Roma.

Y esta espera, que es objetivo logrado, a la vez, se conoce que representa una instancia previa a otras, porque el mecanismo de desenvolvimiento contempla etapas, ahondamiento del proceso, y culminación en el Gran Aquelarre.

Pero hay que reconocer que se está tocando fondo y en serio, como nunca antes.

Esto ha superado a los tiempos de Noé, a Sodoma y Gomorra.
¿Qué otra cosa más horrenda podía hacer para superarse, el porteño hereje, de las que ya hizo?

¡Y logró encontrar una nueva! ….. al animar a la Caram, a que siga haciendo lío, un lío que ha llegado al extremo de la locura al blasfemar contra la Santísima Virgen María y San José.

Es que Bergoglio da para todo lo que es malo, lo inverso, sin medida, sin mediar modos cordiales, nada de eso, pues comparte los de las izquierdas, en esencia revolucionarias, sus verdaderos amigos: Castro, Che Guevara, Chávez, Montoneros, Mir, Tupamaros, Sacerdotes por el Socialismo, etc.

Y los únicos que festejan son el Diablo y su pandilla ….. suena jocoso, pero no lo es en absoluto.

¿Puede acaso pensarse que no es así, ante tal cúmulo de pruebas?

Los que no quieren ver, no están invitados.

La siguiente es una expresión dura, pero no por eso menos real, ya San Mateo nos lo advirtió hace un tiempo sobre todo esto: “Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, predicha por el Profeta Daniel, instalada en el lugar santo... “ (Mt., 24: 15).

Al leer el artículo de Fray Gerundio, Necesitamos un San Pablo, simplemente quise añadir unos Amigos, pues me pareció que le faltaba compañía, y decidí pedirle sume inestimables ayudas para la ardua tarea: San Ambrosio, San Agustín y San Ignacio de Loyola.


Eduardo Sebastián Gutiérrez

sábado, 12 de marzo de 2016

DICHOS DE SANTOS


"¡Ah, cuántas veces el Señor os ha preservado de la muerte o de muy graves peligros por virtud de la Santa Misa que habíais oído! San Gregorio el Grande así lo afirma en su 4º Diálogo: Per auditionem Missae homo liberatur a multis malis et periculis. Es indiscutible, dice este sabio Pontífice, que el que asiste a la Misa será librado de muchos males y peligros hasta imprevistos. Más aún: según enseña San Agustín, será preservado de una muerte repentina, que es el golpe más terrible que los pecadores deben temer de la Justicia divina."

San Leonardo de Porto-Mauricio
(1676-1751)

domingo, 21 de junio de 2015

ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN



Señor Jesús, que me conozca a mi 
y que te conozca a Ti,
Que no desee otra cosa sino a Ti.
Que me odie a mí y te ame a Ti.
Y que todo lo haga siempre por Ti.
Que me humille y que te exalte a Ti.
Que no piense nada más que en Ti.
Que me mortifique, para vivir en Ti.
Y que acepte todo como venido de Ti.
Que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti.
Que siempre escoja seguirte a Ti.
Que huya de mí y me refugie en Ti.
Y que merezca ser protegido por Ti.
Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti.
Que sea contado entre los elegidos por Ti.
Que desconfíe de mí y ponga toda mi confianza en Ti.
Y que obedezca a otros por amor a Ti.
Que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti.
Que quiera ser pobre por amor a Ti.
Mírame, para que sólo te ame a Ti.
Llámame, para que sólo te busque a Ti.
Y concédeme la gracia 
de gozar para siempre de Ti. Amén.

viernes, 6 de febrero de 2015

DICHOS DE SANTOS


"Morir sin miedo"

Dice la Escritura: "la muerte de sus fieles es preciosa a los ojos del Señor" Debemos mirar al misterio de la muerte con los ojos de la fe para creer lo que no se ve y para soportar con fuerza de ánimo las injusticias a las que nos someten. Naturalmente, que no está en nuestras manos el poder decidir cómo debe llegar nuestra muerte. De todas maneras, podemos decidir cómo vivir para poder morir sin miedo. 

 San Agustín (Sermones 306,2)

lunes, 22 de septiembre de 2014

LA VIRTUD DE LA HUMILDAD (XXII)


CAPÍTULO 22 

Que la humildad es medio para alcanzar la paz interior 
del alma, y que sin ella, nunca la tendremos. 

Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras ánimas (Mt., 11, 29). Una de las más principales y eficaces razones que podemos traer para animarnos a despreciar la honra y estimación del mundo y procurar ser humildes, es la que nos propone Cristo nuestro Redentor en estas palabras, que es ser este medio único para alcanzar la paz y quietud interior del alma: cosa tan deseada de todos los espirituales, y que San Pablo pone por uno de los frutos del Espíritu Santo (Galas, 5. 22). 

Para que entendamos mejor la paz y quietud de que goza el humilde, será bien que veamos la inquietud y desasosiego que el soberbio trae en su corazón, porque por un contrario se conoce mejor el otro. Llena está la sagrada Escritura de sentencias que dicen que los malos no tienen paz. (Isai., 48, 22): [No hay paz para los malos, dice el Señor. (Jerem., 6, 14): Paz, paz, y no había paz. (Sal., 13, 3): Quebrantamiento y desventura en sus caminos, y el camino de la paz no conocieron]. No saben qué cosa es tener paz; aunque parece algunas veces exteriormente que la tienen, no es paz verdadera aquélla, porque allá dentro de su corazón tienen guerra, la cual les está haciendo siempre su propia conciencia. [Ved en medio de la paz amarguísima amargura] (Isai., 38, 17). Siempre viven en amargura de corazón los malos. 

Pero particularmente los soberbios traen consigo grande inquietud y desasosiego. Y la razón particular de esto podemos colegir muy bien de San Agustín, el cual dice que de la soberbia nace luego la envidia, como hija suya legítima, y que nunca está sin compañía de esta mala hija. Los cuales dos males, soberbia y envidia, dice que hacen al demonio demonio. Pues por aquí se entenderá que obrarán en el hombre estos dos males, pues bastan para hacer al demonio demonio. El que por una parte anda lleno de soberbia y de deseos de honra y estimación, y ve que no le suceden las cosas conforme a sus trazas, y por otra parte anda juntamente lleno de envidia, porque es hija de la soberbia y que siempre la acompaña, cuando viere a los otros tenidos y estimados y preferidos a sí, claro está que ha de andar lleno de hiel y de amargura, y con grande inquietud y desasosiego: porque no hay cosa que más lastime a un soberbio, ni tanto le llegue al corazón, como una cosa de ésas. 

La divina Escritura nos pinta eso muy a lo vivo en aquel soberbio Amán. Era muy privado del rey Asuero sobre todos los príncipes y grandes del reino, y tenía grande abundancia de riquezas y bienes temporales, y así era muy tenido y estimado de todos, que no parecía que tenía acá más que desear; y con todo eso le daba tanta pena que un solo hombre y bajo, que estaba sentado a las puertas de palacio, no hiciese caso de él, ni le quitase la gorra, ni se levantase ni moviese de su lugar cuando él pasaba, que no hacía caso de cuanto tenía en comparación de la pena y turbación que en esto sentía, así lo confesó él mismo, quejándose de esto a sus amigos y a su mujer, declarándoles su prosperidad y pujanza. [Mas con gozar de tantas satisfacciones, nada me parece que tengo mientras viere sentado a las puertas de palacio a ese judío Mardoqueo] (Ester, 5. 13). Para que se vea el desasosiego del soberbio, y las olas y tempestades que se levantan en su corazón. Como la mar cuando anda brava y alterada [que no puede reposar] (Isai., 57, 20), así anda el corazón del malo y soberbio. Y fue tanta la rabia que tomó allá en su corazón por esto, que no tuvo en nada poner las manos en aquel particular, sino sabiendo que era judío de nación, alcanzó patentes y provisiones del rey Asuero para que muriesen todos los judíos que estaban en su reino, y para Mardoqueo tenía aprestada en su casa una viga muy alta para ahorcarle en ella; aunque le salió el sueño muy al revés, porque los judíos ejecutaron en sus enemigos la sentencia dada contra ellos; y el mismo Amán fue colgado en la horca que él tenía para ahorcar a Mardoqueo. 

Y primero le sucedió otra buena mortificación, y fue que cuando él andaba tratando de su venganza, una mañana que había madrugado mucho e ido a palacio para alcanzar licencia del rey para ello, aconteció que aquella noche no había podido dormir el rey, y mandó que le trajesen y leyesen la historia crónica que se escribía de sus tiempos y como llegasen a lo que había hecho Mardoqueo en servicio del rey descubriéndole cierta traición que unos criados suyos armaban contra él, preguntó: «¿Qué premio galardón se le dio a ese hombre por ese servicio y fidelidad tan grande?» Respondieron: «Ninguno. Dice el rey, «¿Quién está ahí? ¿Ha venido alguno a palacio?» le dicen: «Aman está aquí fuera.» «Pues entre.» Entró Aman y le preguntó: «¿Qué será razón hacer con un hombre a quien el rey desea honrar?» Amán, pareciéndole que él sería aquel a quien el rey deseaba honrar, respondió: «El hombre a quien desea el rey honrar ha de ser vestido de las vestiduras reales, y ser puesto en el mismo caballo del rey, con la corona real en su cabeza, y uno de los más principales caballeros de la corte ha de ir delante de él llevando el caballo del diestro y pregonando por esas plazas: Así ha de ser honrado aquel a quien quisiere el rey honrar.» Le dice el rey: «Pues ve a ese Mardoqueo, que está a las puertas de palacio, y haz con él todo lo que has dicho, y mira que no faltes en un punto.» Ved el dolor que sentiría aquel triste y soberbio corazón. Al fin no pudo hacer menos sino ejecutarlo al pie de la letra. No parece que se podía imaginar otra mayor mortificación para él; y luego se le siguió la de ahorcarle en la horca que él tenía a punto para Mardoqueo. Este es el pago que el mundo suele dar a los suyos. 

Y mirad de dónde le nació la pepita a la gallina, como dicen, de que no le quitaba el otro la gorra ni se levantaba cuando él pasaba. Una cosilla de éstas basta para traer inquietos y desasosegados a los soberbios y para que anden siempre lastimados y amargados. Y así lo vemos el día de hoy en los del mundo, y tanto más cuanto en más alto lugar están. Todos estos puntos son para ellos puntas que punzan y atraviesan su corazón, que no hay lanzada que tanto sientan. Y nunca les falta a los soberbios del mundo algo de esto, por mucho que priven y tengan; y así traen siempre el corazón más amargo que una hiel, y andan siempre con una perpetua inquietud y desasosiego. Y lo mismo será acá en la Religión, si uno es soberbio, porque también reparará en que no hacen tanto caso de él como de los otros, y en que echaron mano de aquél para tal y tal negocio, y a él le dejan olvidado; y esta cosas y otras semejantes causarán tanta inquietud en él, como en los del mundo sus puntos y pretensiones, y por ventura más. ¿A cuántos han puesto en peligro su vocación estas cosas? ¿A cuántos han sacado de la Religión, pareciéndoles que ya no podían vivir en ella sino afrentados, porque ya no tendrían de ellos opinión y estima? ¿A cuántos han puesto en peligro su salvación? No solamente es necesaria la humildad para la perfección, sino muchas veces para la salvación. (Mt., 18, 3): [Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los Cielos]. ¡Oh! Con cuánta razón decía el Padre San Francisco Javier: «¡Oh opinión y estima de los hombres! ¡Cuántos males has hecho, haces y harás!» 

De aquí se entenderá otra cosa que experimentamos muy comúnmente, que aunque es verdad que hay enfermedad de melancolía, pero muchas veces el estar uno melancólico y triste no es humor de melancolía ni enfermedad corporal, sino humor de soberbia y enfermedad espiritual. Estáis triste y melancólico porque estáis olvidado y arrinconado y no hacen caso de vos. Estáis triste y melancólico porque de donde pensabais salir con honra, no salisteis con ella; antes os parece que quedasteis corrido y afrentado. No os sucedió la cosa como quisierais, ni os salió el sermón, ni el argumento, ni las conclusiones como pensabais, antes os parece que perdisteis de vuestro crédito y opinión, y por eso os quedáis triste y melancólico. Y cuando habéis de hacer alguna cosa de estas públicas, el temor de cómo os ha de suceder y si habéis de ganar honra o perderla, os trae triste y congojado; éstas son las cosas que traen triste y melancólico al soberbio. Pero el humilde de corazón, que no desea honra y estimación, y se contenta con el lugar bajo, está libre de todas estas congojas y desasosiegos, y goza de mucha paz, conforme a las palabras de Cristo, de quien lo tomó aquel Santo [Kempis], que dice: «Si hay paz en la tierra, el humilde de corazón la posee.» Y así, aunque no hubiera de por medio otro espíritu ni perfección, sino sólo nuestro interés y tener paz y quietud en nuestro corazón, por sólo eso habíamos de procurar ser humildes; porque eso es vivir, y eso otro es morir viviendo. 

San Agustín cuenta a este propósito una cosa de sí, con que dice le dio el Señor a entender la ceguedad y miseria en que entonces andaba. «Como yo anduviese, dice, muy ocupado en una oración que había de recitar al emperador, diciendo sus loores, de los cuales los más habían de ser falsos, y yo loado por ello de los que sabían ser tales (para que se vea la vanidad y locura del mundo); pues como yo anduviese con gran cuidado de esto, muy pensativo e imaginativo en cómo me había de suceder, ardiendo con calentura de consumidores pensamientos, acaeció que pasando por una calle de Milán vi a un pobre mendigo que, después de haber comido y bebido, jugaba y tornaba placer y estaba muy alegre y regocijado. Lo cual como yo viese, suspiré y dije a mis amigos que allí estaban muchas lástimas de nuestras locuras, pues que en todos nuestros trabajos, como en los que entonces estábamos ocupados, trayendo a cuestas la carga de nuestra infelicidad, heridos por los aguijones de mil codicias, y añadiendo carga a carga, no buscábamos ni procurábamos otra cosa sino alcanzar una segura alegría, en lo cual nos iba ya delante aquel pobre a nosotros que por ventura nunca allá llegaríamos; porque lo que él ya había alcanzado con su poca limosna, eso andaba yo buscando con tantos trabajos y desventuras, quiero decir, la alegría de la felicidad temporal. Es verdad, dice San Agustín, que aquel pobre no tenía la verdadera alegría; mas yo con mis ambiciones más falsa la buscaba que aquélla; y al fin él se alegraba, o yo andaba triste; él estaba seguro, y yo con miedos y sobresaltos. Y si alguno me preguntara cuál quería más, estar alegre o triste, yo le respondiera que más quisiera alegrarme; y si me tornara a preguntar si querría yo ser como aquél o como yo era, entonces escogiera ser más el que era, así lleno de trabajos y malas venturas. Y no tuviera razón. Si no, pregunto: ¿qué causa había para ello? no me debiera yo anteponer a aquel pobre por ser más sabio que él; por serlo no me daba contentamiento, más con el saber solamente deseaba contentar a los hombres, no para enseñarles, mas sólo para agradarles. Sin duda, dice, era aquél más bienaventurado que yo, es solamente porque él estaba alegre y yo con cuidados que me arrancaban las entrañas; mas también porque con buenos medios había alcanzado el vino, y yo mintiendo buscaba gloria vana.»

EJERCICIO DE PERFECCIÓN Y 
VIRTUDES CRISTIANAS. 
Padre Alonso Rodríguez, S.J.

sábado, 29 de marzo de 2014

DICHOS DE SANTOS


"A fuerza de ver todo, 
terminan por aceptar todo, 
y a fuerza de soportar todo, 
terminan por aprobarlo"

San Agustín

sábado, 22 de febrero de 2014

DICHOS DE SANTOS


San Pablo llama príncipes a los demonios; pero para que no creáis que son príncipes del cielo y de la tierra, los llama solamente príncipes del mundo; esto es, príncipes de los amantes del mundo, del mundo lleno de tinieblas, del mundo de los impíos y de los malos, del mundo del que se dice en el Evangelio que al presentarse Jesucristo en él, este mundo no le conoció. Son los príncipes de aquel mundo contra el cual el Salvador lanzó el aterrador anatema: ¡Vae mundo! Desgraciado mundo!.... Por lo que dice en otra parte: Padre mio, no ruego por el mundo (S.Agustín in Ps.54). 

Jesucristo ha venido y ha encadenado al demonio. Pero, me diréis: Si está encadenado ¿por qué es todavía tan poderoso? Es verdad, hermanos míos, que todavía es muy poderoso; pero no reina más que sobre los tibios, los negligentes y los que no temen verdaderamente a Dios. (S.Agustín Serm.1978). 

El diablo vive de estos dos males: La soberbia y la envidia... Si estamos con Dios venceremos al diablo; si luchas tu solo con el diablo, sucumbirás..... Dios no permite que el demonio tiente a los fieles, sino en lo preciso para su adelantamiento espiritual (S.Agustín De s.virgin.,1,31; y 1 Jn.4,3). 

Cristo venció al diablo, y lo venció por ti, y para ti y en tí.... Estad sobre aviso, vendrá el lobo, el diablo, que muchas veces induce a apostasía a aquellos fieles que no se robustecen con la Eucaristía (S.Agustín in Ps.149,10).

miércoles, 25 de septiembre de 2013

DICHOS DE SANTOS



Meditad estas terribles verdades, y oponed aquel fuego del infierno a las llamas de la pasión y de la codicia que os atormentan en esta vida. El fuego material de que nos servimos, se apodera de los objetos que recibe y los consume; pero el fuego del infierno devora a los réprobos, y los conserva enteramente para el castigo. Lo llaman inextinguible no sólo porque no se apaga nunca, sino también porque no mata ni destruye a los que consume. Ninguna lengua, ninguna palabra puede hacer comprender, ni puede explicar el poder de aquella pena y de aquel fuego (Serm.181). 

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Por mucho que padezca alguien es esta vida, en comparación con el fuego eterno será no solo poco, sino nada (s.22,3).

San Agustín

martes, 25 de junio de 2013

DICHOS DE SANTOS


El hombre empieza por temer el día del juicio; este temor le lleva a corregirse de sus vicios, le hace vigilante con sus enemigos, le hace evitar el pecado, le vuelve a dar la vida interior, y le obliga a mortificar su carne (San Agustín In epist. S. Joann. Tract.9) 

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Hemos de temer al Señor, porque podemos pecar. “El que crea estar en pie, tema no caiga” (Cor. 10,12), pues “no hay pecado cometido por hombre alguno, que no pueda cometer otro, si Dios le abandona” (San Agustín, de Carit.). 

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Con una buena vida nos procuramos una buena conciencia y no tememos ningún castigo (San Agustín, Lib. 14 de Civit. c .9). 

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Temed a Dios pero, del tal modo, que esperéis siempre en su misericordia; huid cuando se indigna contra vosotros, pero huid hacia Él para aplacarle, y sin duda le aplacaréis, si esperáis siempre en su misericordia (San Agustín Pd. 146, sent. 170). 

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Si no se empieza por el temor a servir a Dios, nunca se llegará a amarle (San Agustín, P.149, sent. 179).

miércoles, 1 de mayo de 2013

DICHOS DE SANTOS


“Malditos aquellos que están guiados por la soberbia” 

Malditos los que están guiados por la soberbia, pues necesariamente caerán. La piedad alimenta a los pobres, pero también el orgullo. En las obras externas no hay diferencias. Entra, pues, en tu conciencia y examínala. Si tu corazón no te acusa de que actúas por vanagloria, no debes tener miedo. Ten miedo sólo de actuar con el fin de ser alabado. 

San Agustín 
(Comentario a la 1 carta de San Juan 8,9)

lunes, 4 de marzo de 2013

QUIEN PUEDA ENTENDER QUE ENTIENDA


EL MÉTODO QUE EXIGE LA DISCUSIÓN



“Si la inteligencia humana, con su conducta enfermiza, no opusiera su orgullo a la evidencia de la verdad, sino que fuera capaz de someter su dolencia a la sana doctrina, como a un tratamiento médico, hasta recuperarse del todo mediante el auxilio de Dios, alcanzado por una fe piadosa, no harían falta largos discursos para sacar de su error a cualquier opinión equivocada: bastaría que quien está en la verdad la exponga con palabras suficientemente claras.

Pero ahora estamos ante el empeoramiento más negro de la enfermedad insensata de los espíritus. Se empeñan en defender sus estúpidas ocurrencias como si fueran la razón y la verdad personificadas, y esto incluso después de razonar todos los argumentos que un hombre puede dar a otro hombre. No sé si es por una superlativa ceguera, que no deja vislumbrar ni lo más claro, o por la más obstinada testarudez, que les impide admitir lo que tienen delante. Lo cierto es que en la mayoría de los casos se hace imprescindible alargar la exposición de temas ya claros de por sí, como si hubiera que exponerlos no a quienes tienen ojos para verlos, sino como para que los puedan tocar con las manos quienes andan a tientas, medio ciegos.

Pero, ¿cuándo terminaríamos de discutir, hasta cuándo estaríamos hablando, si nos creyéramos en la obligación de dar nueva respuesta a quienes siempre nos responden? Los que no pueden llegar a comprender lo que se discute o están en una postura mental tan endurecida en la contradicción, que, aunque llegaran a comprender, no harían caso, continuarían respondiendo, como está escrito: Discursean profiriendo insolencias (Ps. 93:4) y son unos estúpidos infatigables. Realmente, si nos propusiéramos refutar sus contradicciones tantas veces cuantas ellos con seso testarudo se proponen no pensar lo que dicen, sólo atentos a contradecir de algún modo nuestros argumentos, te darás cuenta de lo interminable, penoso y sin fruto que esto sería.

Así que ni a ti, mi querido Marcelino, ni a los otros a cuyo provecho va dirigido este mi trabajo, de una manera espontánea por amor a Cristo, os quisiera como jueces de mis obras si vais a ser de los que buscan siempre una respuesta cuando oyen alguna objeción a lo que están leyendo. Serían semejantes a aquellas mujerzuelas de que hace mención el Apóstol: que están siempre aprendiendo, pero son incapaces de llegar a conocer la verdad (II Tim. 3:7)”.

San Agustín, La Ciudad de Dios, Libro II, Capítulo I, B.A.C.

Fuente: Syllabus