lunes, 31 de julio de 2017

SANTA MISA EN LA MISIÓN SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA DE DAIMIEL



El próximo día 5 de Agosto, primer sábado de mes, se celebrará (D.m.) la Santa Misa Tradicional en la Misión Sagrados Corazones de Jesús y María de Daimiel (Ciudad Real) a las 18.00 h.

Oficiara la Santa Misa el R. P. Angel Fabián Benzi

Para más información: apostoladoeucaristico@hotmail.com

domingo, 30 de julio de 2017

LA ESPAÑA IRREDUCTIBLE DE CALLOSA DEL SEGURA (¡TODOS A UNA!)


Por Laureano Benítez Grande-Caballero. 

España. Año 81 de la Victoria. Toda la Comunidad Valenciana ha sido ocupada por invasores luciferinos, por cofradías de puño en alto, por hoplitas salidos en formación de las logias del inframundo, que imponen la inmersión lingüística al valenciano, la proclamación de la Comunidad como un sujeto político perteneciente a los «paisos catalans», la persecución sistemática a los católicos.

Pero… ¿toda la Comunidad está ocupada? No: dos focos irreductibles resisten ahora y siempre a los invasores, batallando férreamente contra el Leviatán rojo que quiere devorarlos, en una defensa heroica que a los infiernos hace temblar: Callosa del Segura, y la Cruz del Parque Ribalta en Castellón.

La presión vecinal impide la retirada de la Cruz de los Caídos de Callosa de Segura.

En Callosa del Segura, el Ayuntamiento, en manos del frente popular de los partidos de izquierda, quiere desmontar la Cruz de los Caídos que hay en la plaza España de la localidad, adherida a la Iglesia parroquial, en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. El 14 diciembre pasado procedieron a la retirada de la Cruz, pero no pudieron consumarla debido a la activa oposición de muchos vecinos del pueblo, que desde entonces ―y son ya ocho meses de combate―, se van relevando en turnos de vigilancia para impedir su derribo. Con el rosario en la mano, organizan vigilias, retenes, concentraciones y encadenamientos, habiendo formado una plataforma que reúne casi 35.000 firmas.

Sin embargo, esto no ha sido óbice para que alcalde socialista Fran Maciá siga empeñado en retirar la Cruz.

Ya en los años 80 hubo debate en torno a la Cruz, pero al final se decidió dejarlo todo como estaba, hasta que con el advenimiento del Ayuntamiento de izquierdas volvió a reabrirse el caso.
Dicha cruz es un monumento privado costeado por familias que quieren conmemorar a sus 81 víctimas en la Guerra Civil, ya que Callosa quedó en la zona republicana. El principal objeto de debate era la presencia en la Cruz de una placa con una explícita exaltación falangista, placa que ya ha sido retirada, por lo cual legalmente no procede el traslado de la Cruz.

A pesar de esto, el Ayuntamiento propuso llevarla sin placas al cementerio, o con ellas a un museo para incluir un panel explicativo. Incluso ha ofrecido poner una cruz del municipio del siglo XVIII en el mismo lugar, oferta que los vecinos rechazan porque ―como afirma Toni Illán, portavoz de la plataforma― la ley se cumple a rajatabla después de la retirada de las placas, porque se trata de un recuerdo privado impulsado por dos familias, y porque «Los nombres que hay ahí son de víctimas, vecinos del pueblo asesinados», que no participaron en ningún combate.

Según Polonia Castellanos, presidenta de la Asociación Española de Abogados Cristianos ―que ha organizado una recogida de firmas para la defensa de la Cruz, que puede verse en https://www.change.org/p/ayuntamiento-de-callosa-de-segura-no-retiren-la-cruz-de-la-plaza-de-la-iglesia―, lo que realmente quieren es quitar la Cruz por ser un símbolo cristiano, citando el artículo 15.2 de la Ley de Memoria Histórica, según el cual ésta no será aplicable en manifestaciones artístico-religiosas: «Lo previsto en el apartado anterior no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley».


Además de defender su fe y a sus familiares asesinados, los vecinos defienden numantinamente sus recuerdos, sus costumbres y tradiciones, ya que en esa Cruz es en donde se hacen las fotos en la Comunión y durante el domingo de Ramos.

Ante esta resistencia, no han tardado en aparecer los típicos graffitis de todo antisistema y anticatólico que se precie: «Así ardiera la Cruz».

En el páramo actual de una España sin pulso, donde se suceden las persecuciones a los católicos, las blasfemias, los ataques a la Iglesia católica, entre las nauseabundas vaharadas de azufre y el humo de Satanás, sin que casi nadie ―incluida la Conferencia Episcopal― plantee decidida batalla ante estos pogroms, ante esta dictadura neroniana, aquí tenemos a Callosa del Segura, el nuevo Fuenteovejuna de «¡Todos a una!», cuya lucha nos muestra el camino a los católicos que no queremos permanecer impasibles ante los invasores luciferinos.

Aquí está la España de siempre, la España eterna, los tercios de Numancia acantonados defendiendo su libertad y sus valores, sus tradiciones y su historia, sus familias y sus cruces. Aquí brilla el espíritu de tantos y tantos Masadas hispánicos; aquí borbotea la sangre de nuestras Agustinas de Aragón, de nuestros Empecinados, de nuestras Marías Malasañas, de nuestros Antonios Molles Lazos ―el requeté mártir de Jerez―… y de tantos héroes y heroínas que dieron su vida por la salvaguarda de la Patria y sus valores, porque, con más irreductibles Callosas del Segura en España, las puertas del infierno jamás prevalecerán contra nuestra Patria.


martes, 25 de julio de 2017

EL GLORIOSO MARTIRIO DE SANTIAGO APOSTOL, ASISTELE EN EL MARIA SANTISIMA Y LLEVA SU ALMA A LOS CIELOS - VENERABLE MADRE AGREDA



El glorioso martirio de Santiago [El Mayor], asístele en él María santísima y lleva su alma a los cielos, viene su cuerpo a España, la prisión de San Pedro y su libertad de la cárcel y los secretos que en todo sucedieron. 

392. Llegó a Jerusalén nuestro Gran Apóstol Santiago [Mayor] en ocasión que toda aquella ciudad estaba muy turbada contra los discípulos y seguidores de Cristo nuestro Señor. Esta nueva indignación habían fomentado los demonios ocultamente, inficionando más con su venenoso aliento los corazones de los judíos, encendiendo en ellos el celo de su ley y la emulación contra la nueva evangélica, con la ocasión de la predicación de San Pablo, que aunque no estuvo en Jerusalén más de quince días, en este breve tiempo obró tanto en él la virtud divina que convirtió a muchos y puso a todos en admiración y asombro. Y aunque los judíos incrédulos se animaron algo con saber que San Pablo había salido de Jerusalén, entró luego Santiago [Mayor] no menos lleno de sabiduría divina y celo del nombre de Cristo nuestro Redentor, con que se volvieron a inmutar. Y Lucifer, que no ignoraba su venida, solicitaba y aumentaba la indignación de los pontífices, sacerdotes y escribas, para que el nuevo predicador les sirviese de más tósigo que los inquietase y alterase. Entró Santiago [Mayor] predicando fervorosamente el nombre del Crucificado, su misteriosa muerte y resurrección. Y a los primeros días convirtió a la fe algunos judíos; entre éstos fueron señalados un Hermogenes y otro Fileto, entrambos mágicos y hechiceros, que tenían pacto con el demonio Era Hermogenes más docto en la mágica y Fileto era su discípulo, pero de los dos se quisieron valer los judíos contra el Apóstol, para que o le convenciesen en disputa o, si esto no conseguían, le quitasen la vida con algún maleficio de sus artes mágicas. 

393. Esta maldad maquinaron los demonios por medio de los judíos, como por instrumentos de su iniquidad, porque no podían por sí mismos llegar cerca del Apóstol, aterrados de la divina gracia que en él sentían. Pero llegando a la disputa con los dos magos, entró primero Fileto arguyendo a Santiago [Mayor], para que si no le concluyese entrase después Hermogenes, como maestro y más perito en la ciencia mágica. Propuso Fileto sus argumentos sofísticos y falsos y el Sagrado Apóstol se los desvaneció como los rayos del sol destierran las tinieblas, y habló con tanta sabiduría y eficacia que Fileto quedó vencido y reducido a la verdadera fe de Cristo, y desde entonces se hizo defensor del Apóstol y de su doctrina. Pero temiendo a su maestro Hermogenes, pidió a Santiago [Mayor] le defendiese de él y de sus artes diabólicas, con que le perseguiría para destruirle. Y el Santo Apóstol dio a Fileto un paño o lienzo que de mano de María santísima había recibido y con aquella reliquia se defendió el nuevo convertido de los maleficios de Hermogenes por algunos días, hasta que el mismo Hermogenes llegó a la disputa con el Apóstol. 

394. No pudo Hermógenes excusarse, aunque temía a Santiago, porque estaba empeñado con los judíos para disputar con él y convencerle, y así procuró esforzar sus errores con mayores argumentos que su discípulo Fileto. Pero todo este conato fue en vano contra el poder y la sabiduría del cielo, que en el Sagrado Apóstol era como una impetuosa corriente. Anegó a Hermógenes y le obligó a confesar la fe de Cristo y sus misterios, como lo había hecho su discípulo Fileto, y entrambos creyeron la santa fe y doctrina que predicaba Jacobo [Santiago Mayor]. Los demonios se irritaron contra Hermógenes y con el imperio que sobre él habían tenido le maltrataron por su conversión; y como tuvo noticia que Fileto se había defendido de ellos con la reliquia o lienzo que el Santo Apóstol le había dado, le pidió también el mismo favor contra los enemigos, y Santiago [Mayor] dio a Hermógenes el báculo que traía en su peregrinación, y con él ahuyentó a los demonios para que no le afligiesen ni llegasen a él. 

395. A estas conversiones y a las demás que hizo Santiago [Mayor] en Jerusalén, ayudaron las oraciones, lágrimas y suspiros que la gran Reina del cielo ofrecía desde su oratorio en Efeso, donde, como en otras partes queda dicho (Cf. supra n. 80, 158, 324, 380, etc.), conocía por visión todo lo que obraban los Apóstoles y fieles de la Iglesia, y de su amado Apóstol tenía particular cuidado, por estar más vecino al martirio. Hermógenes y Fileto perseveraron algún tiempo en la fe de Cristo, pero después desfallecieron y la perdieron en el Asia, como consta en la epístola segunda a Timoteo, donde el Apóstol le avisa cómo se habían apartado de él Figelo o Fileto y Hermógenes. Y aunque la semilla de la fe nació en aquellos corazones, pero no hizo raíces para resistir a las tentaciones del demonio, a quien largo tiempo habían servido y tratado con familiaridad, y siempre se quedaron en ellos las reliquias malas y perversas raíces de los vicios que volvieron a prevalecer, derribándolos del estado de la fe que habían recibido. 

396. Pero cuando los judíos vieron frustrada su vana confianza, por hallarse convencidos y convertidos a Hermógenes y Fileto, concibieron nueva indignación contra el Apóstol Santiago y determinaron acabar con él dándole la muerte que le deseaban. Para esto solicitaron con dinero a Demócrito y Lisias, centuriones de la milicia de los romanos, y concertaron con ellos en secreto que prendiesen al Apóstol con la gente que tenían a su cuenta y que para disimular la traición fingirían un alboroto o pendencia en uno de los días y lugares que predicase y entonces le entregarían en sus manos. La ejecución de esta maldad quedó a cargo de Abiatar, que era sumo sacerdote en aquel año, y de Josías, otro escriba del mismo espíritu que el sacerdote. Y como lo pensaron, así lo ejecutaron. Porque estando Santiago [Mayor] predicando al pueblo el misterio de la Redención humana y probándole con admirable sabiduría y testimonios de las antiguas Escrituras, el auditorio se conmovió a lágrimas de compunción. Y el sumo sacerdote y escriba se encendieron en furor diabólico y, dando la señal a la gente romana, envió el primero a Josías y prendió a Santiago, echándole una soga al cuello, y proclamándole por inquietador de la república y autor de nueva religión contra el imperio romano. 

397. Con esta ocasión llegaron Demócrito y Lisias con su gente y prendieron al Apóstol y le llevaron a Herodes, hijo de Arquelao, que también estaba prevenido, en lo cauteloso con la astucia de Lucifer y en lo exterior con la malicia odio de los judíos. Incitado Herodes de todos estos estímulos, había movido contra los discípulos del Señor, a quien aborrecía, la persecución que San Lucas dice en el capítulo 12 de los Hechos apostólicos (Act 12, 1), enviando tropas de soldados para afligirlos y prenderlos, y luego mandó degollar a Santiago [Mayor], como los judíos se lo pedían. Fue increíble el gozo de nuestro grande Apóstol viéndose prender y atar a la semejanza de su Maestro y que se le llegaba el plazo tan deseado de pasar de esta vida mortal a la eterna por medio del martirio, como la Reina del cielo se lo había dicho y prevenido (Cf. supra n.385). Hizo humildes y fervorosos actos de agradecimiento por este beneficio y públicamente confesó de nuevo y protestó la santa fe de Cristo nuestro Señor. Y acordándose de la petición que había hecho en Efeso (Cf. supra n. 384), de que le asistiese en su muerte, la invocó y llamó de lo íntimo de su alma. 

398. Oyó María santísima desde su oratorio estas peticiones de su amado Apóstol y sobrino, como quien estaba atenta a todo lo que pasaba por él, y con eficaz oración le acompañaba y favorecía. Y estando en ella vio la gran Señora que descendía del cielo gran multitud de Ángeles y espíritus supremos de todas las jerarquías, y parte de ellos se encaminó a Jerusalén y rodearon al Santo Apóstol cuando lo sacaban al lugar del suplicio. Otros Ángeles fueron a Efeso donde la Reina estaba, y uno de los supremos la dijo: Emperatriz de las alturas y Señora nuestra, el altísimo Dios y Señor de los ejércitos dice que luego vayáis a Jerusalén para consolar a su gran siervo Jacobo [Santiago el Mayor], asistirle en su muerte y correspondáis a sus deseos santos y piadosos.— Este favor admitió María santísima con gran júbilo y agradecimiento, y alabó al Muy Alto por la protección con que defiende y ampara a los que fían en su misericordia infinita y viven debajo de su protección. En el ínterin que pasaba esto, era llevado el Apóstol al martirio, y en el camino hizo muchos milagros en todos los enfermos de varias enfermedades y dolencias y en algunos endemoniados, porque a todos los dejó sanos y libres. Y como corrió la voz de que Herodes le mandaba degollar, acudieron muchos necesitados a buscar su remedio antes que les faltase el común medio de su consuelo. 

399. Al mismo tiempo los Santos Ángeles recibieron a su gran Reina y Señora en un trono refulgentísimo, como en otras ocasiones he dicho (Cf. supra n. 165, 193, 325, 349), y la llevaron a Jerusalén al lugar donde llegaba Santiago [Mayor] para ser justiciado. Puso las rodillas en tierra el Santo Apóstol para ofrecer a Dios el sacrificio de su vida, y cuando levantó los ojos al cielo vio en el aire y en su presencia a la Reina de los mismos cielos, a quien estaba invocando en su corazón. Viola vestida de divinos resplandores y con grande hermosura, acompañada de la multitud de Ángeles que la asistían. Y con este divino espectáculo fue todo inflamado en ardores de nuevo júbilo y caridad, con cuyo ímpetu se movió todo el corazón y potencias de Jacobo [Santiago el Mayor]. Y quiso dar voces aclamando a María santísima por Madre del mismo Dios y Señora de todas las criaturas, pero uno de los espíritus soberanos le detuvo en aquel fervor y le dijo: Jacobo [Santiago el Mayor], siervo de nuestro Criador, tened en vuestro pecho estos preciosos afectos y no manifestéis a los judíos la presencia y favor de nuestra Reina, porque no son dignos ni capaces de entenderlo y antes le cobrarán odio que reverencia.— Con este aviso se reprimió el Apóstol y en silencio, moviendo los labios, habló a la divina Reina y la dijo: 

400. Madre de mi Señor Jesucristo, Señora y amparo mío, consuelo de los afligidos, refugio de los necesitados, dadme, Señora, vuestra bendición tan deseada de mi alma en esta hora. Ofreced por mí a Vuestro Hijo y Redentor del mundo el sacrificio de mi vida en holocausto, encendido en el deseo de morir por la gloria de su santo nombre. Sean hoy vuestras manos purísimas y candidísimas el ara de mi sacrificio, para que le reciba aceptable el que por mí se ofreció en la Santa Cruz. En Vuestras manos, y por ellas en las de mi Criador, encomiendo mi espíritu.—Dichas estas palabras y siempre los ojos del Santo Apóstol levantados a María santísima, que le hablaba al corazón, le degolló el verdugo. Y la gran Señora y Reina del mundo —¡oh admirable dignación!— recibió el alma de su amantísimo Apóstol a su lado en el trono donde estaba y así la llevó al cielo empíreo y se la presentó a su Hijo santísimo. Entró María santísima en la corte celestial con esta nueva ofrenda, causando a todos los moradores del cielo nuevo júbilo y gloria accidental, y todos la dieron la enhorabuena con nuevos cánticos y loores. El Altísimo recibió el alma de Jacobo [Santiago el Mayor] y la colocó en lugar eminente de gloria entre los príncipes de su pueblo, y María santísima, postrada ante el trono de la infinita Majestad, hizo un cántico de alabanza, de hacimiento de gracias por el martirio y triunfo del primer Apóstol Mártir. No vio en esta ocasión la gran Señora a la divinidad con visión intuitiva, sino con la abstractiva que otras veces he dicho. Pero la Beatísima Trinidad la llenó de nuevas bendiciones y favores para sí y para la Santa Iglesia, por quien hizo grandes peticiones; bendijéronla también todos los santos y con esto la volvieron los ángeles a su oratorio en Efeso, donde, en el ínterin que sucedió todo esto, estuvo un Ángel representando su persona, y en llegando la divina Madre de las virtudes se postró en tierra como acostumbraba (Cf. supra n. 388), dando gracias de nuevo al Altísimo por todo lo referido. 

401. Los discípulos de Santiago [Mayor] aquella noche recogieron su santo cuerpo y ocultamente le llevaron al puerto de Jope, donde por disposición divina se embarcaron con él y le trajeron a Galicia en España. Y esta Señora divina les envió un Ángel que los guiase y encaminase a donde era la voluntad de Dios que desembarcase. Y aunque ellos no vieron al Santo Ángel, pero experimentaron el favor, porque los defendió en todo el viaje, y muchas veces milagrosamente. De manera que también debe España a María santísima el tesoro del cuerpo sagrado de Santiago [el Mayor], que posee para su protección y defensa, como en su vida le tuvo para enseñanza y principio de la santa fe que tan arraigada dejó en los corazones de los españoles. Murió Santiago [Mayor] el año del Señor de cuarenta y uno, a veinte y cinco de marzo, cinco años y siete meses después que salió de Jerusalén para venir a predicar a España. Y conforme a este cómputo y los que arriba he declarado (Cf. supra n. 198, 376), fue el martirio de Santiago siete años cumplidos después de la muerte de Cristo nuestro Salvador. 

402. Y que su martirio fuese por fin de marzo, consta del capítulo 12 de los Hechos apostólicos, donde San Lucas dice (Act 12, 3-1) que por el gusto que tuvieron los judíos de la muerte de Santiago, encarceló Herodes a San Pedro con intento de degollarle como a Santiago en pasando la Pascua, que era la del Cordero y de los Ázimos que celebraban los judíos a los catorce de la luna de marzo. De este lugar parece que la prisión de San Pedro fue en esta Pascua o muy cerca de ella, y que la muerte de Santiago [Mayor] había precedido pocos días antes; y aquel año de cuarenta y uno, los catorce de la luna de marzo concurrieron con los últimos días de este mes, según el cómputo solar de los años y meses que nosotros guardamos. Y según esto la muerte de Santiago [Mayor] sucedió a los veinte y cinco, antes de los catorce de la luna, y luego la prisión de San Pedro y la Pascua de los judíos. Pero la Iglesia Santa no celebra el martirio de Santiago [Mayor] en su día, porque ocurre con la Encarnación y de ordinario con los misterios de la pasión, y se trasladó a veinte y cinco de julio, que fue el día en que se trasladó en España el cuerpo del Santo Apóstol. 

403. Con la muerte de Santiago [Mayor] y con la presteza con que se la dio Herodes, se alentó más la crueldad de los judíos, pareciéndoles que en la sevicia del inicuo rey tenían puesto instrumento de su venganza contra los seguidores de Cristo nuestro Señor. El mismo juicio hizo Lucifer y sus demonios. Ellos con sugestiones, los judíos con ruegos y lisonjas le persuadieron que mandase prender a San Pedro, como de hecho lo hizo en gracia de los judíos, a quienes deseaba tener contentos por sus fines temporales. Los demonios temían grandemente al Vicario de Cristo por la virtud que contra sí mismos sentían en él, y así apresuraron ocultamente su prisión. Tuvieron en ella a San Pedro muy bien amarrado con cadenas para justiciarle pasada la Pascua. Y aunque el invicto corazón del Apóstol estaba sin cuidado y con la misma quietud que si estuviera libre, pero todo el cuerpo de la Iglesia que estaba en Jerusalén le tenía grande cuidado, y se afligieron sumamente todos los discípulos y fieles, sabiendo que determinaba Herodes justiciarle sin dilación. Con esta aflicción multiplicaron las oraciones y peticiones al Señor para que guardase a su Vicario y cabeza de la Iglesia, con cuya muerte le amenazaba gran ruina y tribulación. Invocaron también el amparo y poderosa intercesión de María santísima, en quien y por quien todos esperaban el remedio. 

404. No se le ocultaba este aprieto de la Iglesia a la divina Madre, aunque estaba en Efeso, porque desde allí miraban sus ojos clementísimos todo cuanto pasaba en Jerusalén por la visión clarísima que de todo tenía. Al mismo tiempo acrecentaba la piadosa Madre sus ruegos con suspiros, postraciones y lágrimas de sangre, pidiendo la libertad de San Pedro y la defensa de la Santa Iglesia. Esta oración de María santísima penetró los cielos hasta herir el corazón de su Hijo Jesús nuestro Salvador. Y para responderle a ella, descendió Su Majestad en persona al oratorio de su casa, donde estaba postrada en tierra y pegado su virginal rostro con el polvo. Entró el soberano Rey a su presencia y levantándola del suelo la habló con caricia, diciendo: Madre mía, moderad vuestro dolor y decid todo lo que pedís, que os lo concederé y hallaréis gracia en mis ojos para conseguirlo. 

405. Con la presencia y caricia del Señor recibió la divina Madre nuevo aliento, consuelo y alegría, porque los trabajos de la Iglesia eran el instrumento de su martirio, y el ver a San Pedro en la cárcel y condenado a muerte la afligió más que se puede ponderar, y la consideración de lo que de esto pudiera suceder a la primitiva Iglesia. Renovó sus peticiones en presencia de Cristo nuestro Redentor y dijo: Señor Dios verdadero e Hijo mío, vos sabéis la tribulación de Vuestra Santa Iglesia, y sus clamores llegan a Vuestros oídos y penetran lo íntimo de mi afligido corazón. A su Pastor y Vuestro Vicario quieren quitar la vida, y si Vos, Dueño mío, lo permitís ahora, disiparán a Vuestra pequeña grey y los lobos infernales triunfarán de Vuestro nombre, como lo desean. Ea, Señor mío y mi Dios, y vida de mi alma, para que yo viva, mandad con imperio al mar y a la tormenta y luego sosegarán los vientos y las olas que combaten esta navecilla. Defended a Vuestro Vicario y queden confusos Vuestros enemigos. Y si fuere Vuestra gloria y voluntad, conviértanse las tribulaciones contra mí, que yo padeceré por Vuestros hijos y fieles, y pelearé con los enemigos invisibles, ayudándome Vuestra diestra por defensa de Vuestra Iglesia. 

406. Respondió su Hijo santísimo: Madre mía, con la virtud y potestad que de mí habéis recibido quiero que obréis a Vuestra voluntad. Haced y deshaced todo lo que a mi Iglesia conviene. Y advertid que contra Vos se convertirá todo el furor de los demonios.— Agradeció de nuevo este favor la prudentísima Madre, y ofreciéndose a pelear las guerras del Señor por los hijos de la Iglesia, habló de esta manera: Altísimo Señor mío, esperanza y vida de mi alma, preparado está mi corazón y el ánimo de Vuestra sierva para trabajar por las almas que costaron Vuestra sangre y vida. Y aunque soy polvo inútil, Vos sois de infinita sabiduría y poder, y asistiéndome Vuestro divino favor no temo al infernal dragón. Y pues en Vuestro nombre queréis que yo disponga y obre lo que a Vuestra Iglesia conviene, yo mando luego a Lucifer y a todos sus ministros de maldad, que turban a la Iglesia en Jerusalén, desciendan todos al profundo y que allí enmudezcan mientras no les diere permiso Vuestra divina Providencia para salir a la tierra.—Esta voz de la gran Reina del mundo fue tan eficaz, que al punto que la pronunció en Efeso, cayeron los demonios que estaban en Jerusalén, descendiendo todos a lo profundo de las cavernas eternales, sin poderse resistir a la virtud divina que obraba por medio de María santísima. 

407. Conoció Lucifer y sus ministros que aquel azote era de la mano de nuestra Reina, a quien ellos llamaban su enemiga, porque no se atrevían a nombrarla por su nombre, y estuvieron en el infierno confusos y aterrados en esta ocasión, como en otras que dejo dicho (Cf. supra n. 298, 325 etc.), hasta que se les permitió levantarse para hacer guerra a la misma Señora, como se declara adelante (Cf. infra n. 451ss.); y en este tiempo estuvieron consultando de nuevo los medios que para esto pudieran elegir. Conseguido este triunfo contra el demonio para continuarle contra Herodes y los judíos, dijo María santísima a Cristo nuestro Salvador: Ahora, Hijo y Señor mío, si es voluntad Vuestra, irá uno de Vuestros Santos Ángeles a sacar de las prisiones a vuestro siervo Pedro.— Aprobó Cristo nuestro Señor la determinación de su Madre Virgen, y por la voluntad de entrambos, como de supremos reyes, fue uno de los espíritus soberanos que allí estaban a poner en libertad al Apóstol San Pedro y sacarle de la cárcel de Jerusalén. 

408. Ejecutó el Ángel este mandato con gran presteza, y llegando a la cárcel halló a San Pedro amarrado con dos cadenas y entre dos soldados que le guardaban, a más de los otros que estaban a la puerta de la cárcel como en cuerpo de guardia. Era esto pasada ya la Pascua y la noche antes que se había de ejecutar la sentencia de muerte a que estaba condenado, pero se hallaba el Apóstol tan sin cuidado, que él y las guardas dormían a sueño suelto sin diferencia. Llegó el Ángel y fue necesario le diese un golpe a San Pedro para despertarle y, estando casi soñoliento, le dijo el Ángel: Levantaos aprisa, ceñios y calzaos, tomad la capa y seguidme.— Hallóse San Pedro libre de las cadenas, y sin entender lo que le sucedía siguió al Ángel, ignorando qué visión era aquella. Y habiéndole sacado por algunas calles, le dijo cómo el Dios omnipotente le había librado de las prisiones por intercesión de su Madre santísima y con esto desapareció el Ángel. Y San Pedro volviendo sobre sí, conoció el misterio y el beneficio y dio gracias por él al Señor.  

409. Parecióle a San Pedro era bien ponerse en salvo, dando cuenta primero a los discípulos y a Jacobo el Menor, para hacerlo con consejo de todos. Y apresurando el paso se fue a la casa de María, madre de Juan, que también se llama Marcos. Esta era la casa del cenáculo donde estaban juntos y afligidos muchos discípulos. Llamó San Pedro a la puerta y una criada de casa, que se llamaba Rode, bajó a escuchar quién llamaba, y como conociese la voz de San Pedro, dejándosele a la puerta, creyeron que era locura de la criada, pero ella porfiaba que era Pedro, y como estaban tan desimaginados de su libertad, pensaron si sería su ángel. Entre estas demandas y respuestas se tenía a San Pedro en la calle y él llamaba a la puerta, hasta que le abrieron y conocieron con increíble gozo y alegría de ver libre al Santo Apóstol y Cabeza de la Iglesia de los trabajos de la cárcel y de la muerte. Dioles cuenta de todo el suceso, cómo le había pasado con el Ángel, para que avisasen a Jacobo el Menor y a los demás hermanos, y todo con gran secreto. Y previniendo que luego Herodes le buscaría con toda diligencia, determinaron que se saliese aquella noche de la casa y se fuese y se ausentase de Jerusalén, para que no volviesen a prenderle. Huyó San Pedro, y Herodes, cuando le echó menos y no le halló, hizo castigar a las guardas y se enfureció contra los discípulos, aunque por su soberbia e impío proceder le atajó Dios los pasos, como diré en el capítulo siguiente, castigándole severamente. 


Doctrina que me dio la Reina de los Ángeles María santísima. 

410. Hija mía, con la ocasión de los efectos que te ha hecho el singular favor que recibió de mi piedad mi siervo Jacobo [Santiago el Mayor] en su muerte, quiero ahora declararte un privilegio que me confirmó el Altísimo, cuando llevé el alma de su Apóstol a presentársela en el Cielo. Y aunque otras veces he declarado algo de este secreto, ahora le entenderás mejor, para que verdaderamente seas mi hija y mi devota. Cuando llevó al Cielo la feliz alma de Jacobo [Santiago el Mayor], me habló el Eterno Padre y me dijo, conociéndolo todos los bienaventurados: Hija y paloma mía, escogida para mi agrado entre todas las criaturas, entiendan mis cortesanos, ángeles y santos, que te doy mi real palabra en exaltación de mi nombre, gloria tuya y beneficio de los mortales, que si en la hora de su muerte te invocaren y llamaren con afecto de corazón, a imitación de mi siervo Jacobo [Santiago el Mayor], y solicitaren tu intercesión para conmigo, inclinaré a ellos mi clemencia y los miraré con ojos de piadoso Padre, los defenderé y guardaré de los peligros de aquella última hora, apartaré de su presencia los crueles enemigos que se desvelan en aquel trance porque perezcan las almas, a las cuales daré por ti grandes auxilios para que los resistan y se pongan en mi gracia si de su parte se ayudaren, y tú me presentarás sus almas, y recibirán el premio aventajado de mi liberal mano. 

411. Por este privilegio hizo gracias y cántico de alabanzas al Muy Alto toda la Iglesia triunfante, y yo con ella. Y aunque los Ángeles tienen por oficio presentar las almas en el tribunal del justo juez cuando salen del cautiverio de la vida mortal, a mí se me concedió este privilegio en más alto modo que los demás que ha concedido el Omnipotente a todas las criaturas, porque yo los tengo con otro título y en grado particular y eminente; y muchas veces uso de estos dones y privilegios, y lo hice con algunos de los Apóstoles. Y porque te veo deseosa de saber cómo alcanzarás de mí este favor tan deseable para todas las almas, respondo a tu piadoso afecto, que procures no desmerecerle por ingratitud ni olvido; y en primer lugar le granjearás con la pureza inviolada, que es lo que más deseo de ti y las demás almas, porque el amor grande que debo y tengo a Dios me obliga a desear de todas las criaturas, con íntima caridad y afecto, que todas guarden su ley santa y ninguna pierda su amistad y gracia. Esto es lo que debes anteponer a la vida, y primero morir que pecar contra tu Dios y sumo bien. 

412. Luego quiero que me obedezcas, ejecutes mi doctrina y trabajes con todo conato por imitar lo que de mí conoces y escribes, y que no hagas intervalo en el amor, ni olvides un punto el cordial afecto a que te obligó la liberal misericordia del Señor; que seas agradecida a lo que le debes, y a mí, que es más de lo que en la vida mortal puedes alcanzar. Sé fiel en la correspondencia, fervorosa en la devoción, pronta en obrar lo más alto y perfecto; dilata el corazón y no le estreches con pusilanimidad, como el demonio lo pretende de ti; extiende las manos a cosas fuertes y arduas (Prov 31, 19), con la confianza que debes en el Señor; no te oprimas ni desfallezcas en las adversidades, ni impidas la voluntad de Dios en ti, ni los altísimos fines de su gloria; ten viva fe y esperanza en los mayores aprietos y tentaciones. Para todo esto te ayudarás del ejemplo de mis siervos Jacobo [Santiago el Mayor] y Pedro, y del conocimiento y ciencia que te he dado de la seguridad felicísima con que están los que viven debajo de la protección del Altísimo. Con esta confianza y con mi devoción alcanzó Jacobo [Santiago el Mayor] el singular favor que yo le hice en su martirio y venció inmensos trabajos para llegar a él. Y con esta misma estaba Pedro tan sosegado y quieto en las prisiones, sin perder la serenidad de su interior, y al mismo tiempo mereció que mi Hijo santísimo y yo tuviésemos tanto cuidado de su remedio y libertad. Estos favores desmerecen los mundanos hijos de las tinieblas, porque toda su confianza está puesta en lo visible y en su astucia diabólica y terrena. Levanta tu corazón, hija mía, y sacúdele de estos engaños, aspira a lo más puro y santo, que contigo estará el brazo todopoderoso que obró en mí tantas maravillas. 


MISTICA CIUDAD DE DIOS 
VIDA DE LA VIRGEN MARÍA 
Venerable María de Jesús de Agreda
Libro VIII, Cap. 2

FOTOS DE LA VISITA DEL PADRE CARDOZO A MEXICO: CHIHUAHUA

Por fin consigo publicar la primera serie de fotos del viaje del Rev. Padre Cardozo a México, comienzo por Chihuahua, donde se encuentra la gloriosa Misión Cristo Rey. Las fotos son siempre muchas, así que decidí hacer "un resumen".

Retiro




Misas


Boda


Primera Comunión


 Despedida




¡Entendedores... Entenderán!



viernes, 21 de julio de 2017

LA FUTURA EXTIRPACION DE LAS HEREJIAS - VENERABLE HOLZHAUSER



DE LA FUTURA EXTIRPACION DE LAS HEREJIAS

Capítulo XIV Versículo 14.-20.

Vers. 14. Y miré, y he aquí una nube blanca: y sobre la nube sentado uno semejante al Hijo del Hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda.

La descripción de la mies y de la vendimia de que se trata en este capítulo, contiene una especie de enigma difícil y oscuro, bajo el cual se describe la futura extirpación de las herejías y de la secta de las naciones o del imperio turco, cuya extirpación tendrá lugar bajo el Monarca poderoso, y el Pontífice santo. Porque Dios consolará todavía una vez a su Iglesia antes que llegue la noche tenebrosa del reino del Anticristo. He aquí pues la interpretación del enigma. El Gran Monarca de quien se habló más de una vez, es aquel que vio San Juan sentado sobre una nube blanca, porque su reinado, designado por la voz sentado, será un reinado santo y estable, apoyado en la protección de Dios omnipotente. Este Monarca es llamado semejante al Hijo, del hombre, a causa de sus grandes virtudes con las cuales imitará a su Salvador Jesucristo. Porque será humilde, manso, amante de la verdad y de la justicia, poderoso por sus ejércitos, prudente, sabio, y celoso de la gloria de Dios. En cierta suerte realizará esta profecía de Isaías sobre Jesucristo, c. XI. v. 2: «Y reposará sobre el él espíritu del Señor: espíritu de sabiduría, y de entendimiento, espíritu de consejo, y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, y le llenará el espíritu del temor del Señor: no juzgará según vista de ojos, ni seguirá por oída de orejas: sino que juzgará a los pobres con justicia, y reprenderá con equidad en defensa de los mansos de la tierra: y herirá a la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y la justicia será cíngulo de sus lomos: y la fe ceñidor de sus riñones: Habitará el lobo con el cordero: y el leopardo se echará con el cabrito: el becerro, y el león y la oveja andarán juntos, y un niño pequeño los conducirá. El becerro, y el oso serán apacentados juntos: y sus crías juntamente descansarán: el león comerá paja con el buey. Y el niño de teta se divertirá sobre la cueva del áspid: y el detestado meterá la mano en la caverna del basilisco. No dañarán, ni matarán en todo mi santo monte: porque la tierra está llena de la ciencia del Señor, así como las aguas del mar que la cubren. En aquel día la raíz de Jessé esta puesta por bandera de los pueblos, le invocarán a él las naciones y será glorioso su sepulcro. Y será en aquel día: Extenderá el Señor su mano segunda vez para poseer el resto de su pueblo, que quedará de los Asirios, y de Egipto, y de Phetros, y de Ethiopia, y de Elám, y de Sennaar, y de Emáth, y de las islas del mar. Y alzará bandera a las naciones, y congregará los fugitivos de Israel, y recogerá los dispersos de Judá de las cuatro partes de la tierra. Y será quitada la emulación de Ephraim, y perecerán los enemigos de Judá, y Judá no peleará contra Ephraim. Y volarán a los hombros de los Philisteos por mar, saquearán juntos a los hijos del Oriente: La ldumea y Moab la primera conquista de sus manos, y los hijos de Amóm les obedecerán. Y desolará el Señor la lengua del mar de Egipto, y levantará su mano sobre el rió con la fortaleza de su espíritu: y lo herirá en sus siete canales, de suerte que pasarán por él calzados. Y habrá camino para el resto de mi pueblo que escapará de los Asirios: así como lo hubo para Israel en aquel día, que salieron de tierra de Egipto. Lo que acaba de decirse de Jesucristo, en esa profecía, puede aplicarse, en cierta suerte y por similitud, al monarca poderoso de quien San Juan dice será semejante al Hijo del hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro. Es decir que será un gran Monarca, rico y poderoso, y el dominador de los dominadores. Vencerá a los reyes de las naciones, y estará lleno de caridad de Dios. Léase lo que de él se dijo, c. III, en la sexta edad de la Iglesia, Y en su mano una hoz aguda. La hoz que el gran Monarca tendrá en su mano, es su grande y fuerte ejército, con el cual atravesará los reinos de las naciones, las repúblicas y fortalezas que atravesará de parte a parte (transfodiet). Se dice que la hoz es aguda, porque no dará combate, sin que resulte la victoria para sus ejércitos, o grandes pérdidas y suma mortandad para el enemigo. Cuéntase de Jonatás y de Saúl, en el antiguo Testamento, II. Reg., c. 4. v. 22. que, «nunca volvió la flecha de Jonatás sin grosura de fuertes, ni la espada de Saúl se retiró jamás en vano.» Así será perfectamente el ejército de ese grande y poderoso Monarca(1). Se dice que tiene la hoz en su mano, porque sin aviso suyo nada emprenderá su ejército, y él mismo es el que lo dirigirá con sus consejos, como se refiere del gran Alejandro. También se dice que tiene la hoz en su mano, porque su ejército obedecerá con puntualidad, le será adicto y lo amará de tal modo, que él lo manejará como un bastón, y obrará con él cosas grandes, prodigiosas y admirables.

II. Y salió otro ángel del templo, clamando en voz alta al que estaba sentado sobre la nube: Echa tu hoz, y siega: porque es venida la hora de segar, por estar ya seca la mies de la tierra. Esta voz es la de alguno que estimula con vehemencia a la guerra y a la siega de la cizaña de los herejes y Turcos. Este ángel que saldrá del templo y clamará así, es el sumo y santo Pontífice de quien se habló, suscitado por Dios en esos días. Y el Pontífice llevado por divina inspiración, exhortará y empeñará al Monarca a que emprenda esa guerra sagrada. Echa tu hoz, le dirá, esto es, tu ejército poderoso, y siega, esto es, corta, arranca y desarraiga a los herejes y a los bárbaros, porque es venida la hora de segar, por estar ya seca la mies de la tierra. Este lenguaje lo tendrá el Pontífice por revelación, y con esas palabras es como excitará los corazones de los príncipes, y los empeñará a unirse para emprender esta guerra. Dios dispondrá los corazones de los soldados, de manera a que accedan de espíritu y de ánimo a la empresa de su poderoso Monarca. Por estar ya seca la mies, es decir, llegó el momento de cortar la cizaña para echarla al fuego. Es una metáfora que significa el aniquilamiento y la ruina de las herejías y de la barbarie.

Vers. 16. Y el que estaba sentado sobre la nube, echó su hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada. Todas estas palabras expresan el feliz suceso obtenido según las expresiones del Santo Pontífice. Y la tierra fue segada, porque el gran Monarca exterminará, o someterá a su poderío las naciones de los turcos y las de los herejes, y ocupará sus tierras.

Vers. 17. Y salió otro ángel del templo, que hay en el cielo, que tenía también una hoz aguda. Esta hoz es otro ejército que los Estados de la Iglesia y sus aliados estrecha y fuertemente unidos reunirán en auxilio del gran Monarca. Por este motivo se dice, que él otro ángel salió del templo, esto es, de los Estados de la Iglesia de quienes el templo es figura, que hay en el cielo, esto es en la Iglesia militante representada y significada por la voz cielo. Aquel de quien se dice: Y salió otro ángel del templo, será el gran general en jefe constituido o designado por el santo Pontífice de quien se habló, para mandar al ejército fuerte empleado a la ruina y aniquilamiento de la potencia de los turcos y de los herejes.

Vers. 18. Y salió del altar otro ángel que tenía poder sobre el fuego: y clamó en voz alta a aquel que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la viña de la tierra: porque maduras están las uvas de ella. Se trata aquí todavía de otra voz que exhorta con ardiente celo a obrar; combatir con denuedo, para alcanzar la victoria sobre los enemigos de la iglesia que tanto la habían oprimido, Porque la bestia, que es el imperio turco, debe antes ocupar la Italia, y extenderse considerablemente por todas partes. Estrechará de tan cerca la cristiandad, que esta, reducida a la última necesidad, tentará también los supremos esfuerzos, y obtendrá inmenso suceso. Hará pedazos la silla o reino de la bestia, esto es, el imperio turco, y relegará al infierno la perfidia de los herejes. Por esto San Juan designa dos especies de enemigos, a quienes distingue con las voces mies y vendimia. La primera palabra significa las naciones de los turcos, y la segunda designa a los herejes. Porque por garbas de paja, se entiende las naciones bárbaras, y por racimos de uvas silvestres, se entiende los herejes que se vanaglorian de ser cristianos. De estos últimos es de quienes se habla por alegoría en el Evangelio, Joa., c. XV, V. 1-7: «Yo soy la verdadera vid: y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que no diere fruto en mí lo quitará: y todo aquel que diere fruto, lo limpiará, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la Palabra, que os he hablado. Estad en mí: y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede de sí mismo llevar fruto, si no estuviere en la vid, así ni vosotros, si no estuvieseis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que está en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto: porqué sin mí no podéis hacer nada. El que no estuviere en mí será echado fuera; así como el sarmiento, y se secará, y lo cogerán, y lo meterán en el fuego, y arderá,» Grande y difícil metáfora son las palabras siega y vendimia de que se habla en el Apocalipsis. Porque Dios siempre ha dado a las naciones terrenas grandes reinos, mientras que a su pueblo escogido lo tuvo en estrechos límites, coartados y desfavorables, a manera de una tierra guarnecida como con una cerca de espinas: En ese estado es como ahora se encuentra la Iglesia, viña del Dios de los ejércitos. De consiguiente por mies, o más bien por garbas secas de paja, o de cizaña, se entiende las naciones terrenas, y por las uvas que crecen en lo silvestre de la viña, Iglesia de Cristo, son literalmente designados los herejes. Porque Jesucristo es la viña; y en su viña que es la Iglesia, crecen dos especies de uvas, las uvas buenas, esto es, los verdaderos cristianos, y las silvestres, es decir, los herejes de otra manera representados por sarmientos secos.

Vers. 19. Y metió el ángel su hoz aguda en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó la vendimia en el grande lago de la ira de Dios. Estas palabras insisten de nuevo sobre la prosperidad de la Iglesia, y sobre la certidumbre y evidencia del testimonio que San Juan da, de que en su debido tiempo han de acontecer esas cosas, para consuelo de la santa Iglesia romana, Porque habló el Señor, y su palabra se ha de ejecutar sin falta. Y echó la vendimia en el grande lago de la ira de Dios. Este grande lago de la ira de Dios, es el lagar o grande cuba donde la divina justicia ejercerá sus venganzas sobre los herejes y sobre las naciones bárbaras. En este grande lago siempre el Señor arrojó ora a los unos, ora a los otros, para consuelo del pueblo de Israel y de la Iglesia de Cristo, para que no digan las naciones: ¿Dónde está su Dios etc.? Las Escrituras hablan de esa ira o venganza de Dios, Psal., LXXVII. v. 65: «Y despertóse el Señor como quien duerme, como un valiente después de haber bebido mucho vino. E hirió a sus enemigos en la parte posterior: afrenta sempiterna les dio.» El grande lago será la exterminación y ruina de las naciones bárbaras y heréticas; y el Monarca poderoso es quien, por el permiso y cooperación de la justicia, venganza y cólera del Todopoderoso, los precipitará allí. Porque Dios es la causa principal, y los hombres son como instrumentos de su omnipotente brazo.

Vers. 20. Y fue hollado el lago fuera de la ciudad, y salió sangre del lago hasta les frenos de los caballos por mil seiscientos estadios. Estas palabras significan grandísima efusión de sangre, que Dios, en su ira e indignación, hará verter a sus enemigos por medio de los ejércitos cristianos. Y fue hollado el lago fuera de la ciudad. Es decir, que Dios hará gravitar los efectos dé su cólera sobre esas naciones, fuera de la ciudad santa, y de la palestina, la que ha sido reservada a las naciones, hasta tanto que llegue el hijo de perdición. Y salió sangre del lago hasta el freno de los caballos. Esta es una expresión hiperbólica, y significa un derramamiento de sangre tan copioso, que los caballos casi nadarán en la sangre de los muertos y de los heridos. Porque cuándo los caballos nadan están en el agua sumergidos hasta las narices. Por mil y seiscientos estadios. Esta es todavía una hipérbole que representa la inmensa carnicería que los cristianos harán en sus enemigos.

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(1) N. d T. f, El venerable holzhauser se sirve aquí de la voz rey, pero nada puede inferirse sobre el título de este Monarca, supuesto que casi siempre se sirve de esa palabra, aun para con los emperadores, como por ejemplo para con los de la Turquía a quienes también llama reyes, y al imperio de, ellos reino. Se habrá más arriba notado, que se ha dicho del gran Monarca que será hijo de un rey, y la gloria de su casa real. En suma, esta última voz real se ha de tomar en general por soberana. Nos hemos valido de la palabra monarca, porque es el título que el autor le da ordinariamente y aun en el caso presente; y añade el título de monarca al de rey: Se habrá por otra parte notado que a la ocasión del último concilio cuyos decretos hará ejecutar ese Monarca el autor habla de edictos imperiales.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 453 a la 460.

Traducido al Español por el
Reverendo Padre Fray Ramón de Lérida,
Capuchino Misionero Apostólico.

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
El Obispo de la Serena (Chile)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.

miércoles, 19 de julio de 2017

FOTO DEL PADRE CARDOZO CON LOS FIELES DE BARBACENA / MG - BRASIL


El P. Cardozo con los fieles después de la Misa en la Capilla de la Policía de Barbacena / MG, Brasil.

martes, 18 de julio de 2017

UN EJEMPLO DE RESISTENCIA CATOLICA: LA PRINCESA ELVIRA PALLAVICINI


Se cumplen cuarenta años de un hecho histórico: la conferencia pronunciada el 6 de junio de 1977 por monseñor Marcel Lefebvre en el palacio Pallavicini, en Roma, sobre el tema La Iglesia después del Concilio. Considero provechoso evocar aquel acto, a partir de algunos apuntes que conservo del mencionado documento. Monseñor Marcel Lefebvre, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (1970), tras las ordenaciones sacerdotales del 29 de junio de 1976 había sido suspendido a divinis el 22 de julio del mismo año. Los católicos informados albergaban no obstante serias dudas en cuanto a la legitimidad canónica de dicha medida, y sobre todo, no se comprendía la actitud de Pablo VI, que al parecer quería reservar sus censuras para quien quería seguir fiel a la Tradición de la Iglesia. En abril de 1977, en este clima de desorientación, la princesa Elvina Pallavicini (1914-2004) decidió invitar a monseñor Lefebvre a su palacio del Quirinal para escuchar sus razones.

La princesa Pallavicini tenía 63 años y desde 1940 era viuda del príncipe Guglielmo Pallavicini de Bernis, caído en su primera misión bélica. Llevaba muchos años postrada en una silla de ruedas a causa de una parálisis progresiva, pero era una mujer de temperamento indomable. En torno a ella se congregaba un reducido grupo de amigos y consejeros, entre ellos el marqués Roberto Malvezzi Campeggi (1907-1979), coronel de la Guardia Noble pontificia cuando ésta fue disuelta en 1970, y el marqués Luigi Coda Nunziante de San Ferdinando (1930-2015), ex comandante de la marina militar italiana. La noticia de la conferencia, difundida en el mes de mayo, no suscitó al principio preocupación en el Vaticano. Pablo VI consideró que sería fácil convencer a la princesa para que desistiese de su idea, y encomendó la misión a un estrecho colaborador suyo, el P. Sergio Pignedoli (1910-1980), al cual había creado cardenal en 1973. El purpurado telefoneó a la princesa y habló con tono afectuoso, preguntando antes que nada de su enfermedad. «Me agrada –señaló Elvina Pallavicini con ironía– su interés después de tanto tiempo de silencio.» Al cabo de casi una hora de formalidades, el cardenal hizo por fin la pregunta: «He sabido que va a recibir a monseñor Lefebvre. ¿La conferencia será pública o privada?». «En mi casa no puede ser sino privada» –repuso la princesa. El cardenal se aventuró a sugerir: «¿No cree que sería oportuno posponerla? Monseñor Lefebvre ha hecho sufrir mucho al Santo Padre, que está muy dolorido por esta iniciativa…». La respuesta de doña Elvina dejó helado al cardenal Pignedoli. «Eminencia, creo que en mi casa puedo recibir a quien me plazca».

Ante esta inesperada resistencia, el Vaticano se dirigió al príncipe Aspreno Colonna (1916-1987), que todavía desempeñaba, ad personam, el cargo de asistente al solio pontificio. Cuando el cabeza de la histórica familia solicitó una audiencia, la princesa le hizo saber que estaba ocupada. El príncipe Colonna solicitó audiencia para el día siguiente a la misma hora, pero la noble señora respondió de la misma manera. Mientras el príncipe se despedía, la Secretaría de Estado pensó probar otras vías. Solicitó audiencia con la princesa monseñor Andrea Lanza Cordero di Montezemolo, recién consagrado arzobispo y nombrado nuncio en Papúa-Nueva Guinea. El prelado era hijo del coronel Giuseppe Cordero Lanza di Montezemolo (1901-1944), jefe de la Resistencia monárquica en Roma, fusilado por los alemanes en las Fosas Ardeatinas. Durante la ocupación alemana, la joven princesa Elvina había colaborado con él, lo que la hizo acreedora a una medalla de bronce al valor militar. Yo también intervine en el coloquio, pero mi presencia causo mucho fastidio al futuro cardenal, que en vano apeló a la memoria del padre para frustrar la inminente conferencia. Se le recordó al nuncio que precisamente la resistencia de tantos militares al nacionalsocialismo había recordado que a veces es necesario desobedecer las órdenes injustas de los superiores, para respetar los dictados de la propia conciencia.

La Secretaría de Estado jugó entonces su última baza, dirigiéndose a Umberto II, rey de Italia en el exilio, que residía en Cascais. El marqués Falcone Lucifero ministro de la Real Casa, telefoneó a la princesa para comunicarle que el Soberano le rogaba encarecidamente que pospusiera la conferencia. «Me sorprende que Vuestra Majestad se deje intimidar por la Secretaría de Estado después de todo lo que ha hecho el Vaticano contra la monarquía» –repuso con firmeza la princesa, recalcando que la conferencia se celebraría en la fecha fijada. El marqués Lucifero, que era un caballero de los de antes, envió un ramo de rosas a la princesa. Entonces el Vaticano decidió emplear medidas más enérgicas, iniciando en los principales diarios italianos un verdadera campaña de terrorismo psicológico a fin de presentar a la princesa como una aristrócrata tozuda rodeada de unos pocos nostálgicos salidos de un mundo destinado a desaparecer. Se hizo saber en privado a doña Elvina que de llevarse a cabo la conferencia sería excomulgada. El 30 de mayo, mediante un comunicado de la agencia ANSA, la princesa precisó que su iniciativa «no estaba motivada por ninguna intención de desobediencia a las autoridades eclesiásticas, sino por amor y fidelidad a la Santa Iglesia y a su Magisterio». «En la Iglesia conciliar –añadía el comunicado–, existen por desgracia controversias independientemente de la persona de monseñor Lefebvre, y no en menor medida en Italia, aunque sea menos evidente, que en el resto del mundo católico. Con la conferencia del 6 de junio se pretende brindar a monseñor Lefebvre la posibilidad de expresar abiertamente y con plena libertad sus tesis con miras a aportar claridad a los problemas que causan tanta turbación y dolor en el mundo católico, con la certeza de que la paz y la tranquilidad sólo se podrán recuperar una vez recobrada la unidad en la verdad».

El 31 de mayo apareció en la primera plana del diario Il Tempo una declaración del príncipe Aspreno Colonna en la que se leía que «el Patriciado romano se desmarca de la iniciativa», deplorándola como «totalmente inoportuna». El cañonazo fue disparado no obstante el 5 de junio por el cardenal vicario de Roma, Ugo Poletti (1914-1997). Con una violenta declaración publicada en Avvenire, el diario de los obispos italianos. Poletti atacaba a monseñor Lefebvre y a «sus aberrantes secuaces», calificándolos de «exiguos sectores nostálgicos prisioneros de viejas tradiciones». Manifestaba igualmente «estupor, dolor y sentida pero firmísima reprobación por la ofensa cometida contra la Fe, la Iglesia Católica y su divina Cabeza, Jesús», al haber puesto en duda monseñor Lefebvre «verdades fundamentales, en particular con relación a la infalibilidad de la Iglesia católica fundada sobre Pedro y sus sucesores, en materia de doctrina y de moral». El cuartel general de la princesa respondió de inmediato. «No se puede entender que exponer en privado tesis que hasta hace pocos años han sido las de todos los obispos del mundo pueda alterar hasta tal punto la seguridad de una autoridad que cuenta con la fuerza de la continuidad doctrinal y la evidencia de sus posturas». La princesa declaró: «Soy católica apostólica romana más que convencida, porque he comprendido y perfeccionado el verdadero sentido de la religión a través del sufrimiento físico y moral: no debo nada a nadie, no tengo honores ni prebendas que defender, y doy gracias a Dios por todo. Dentro de los límites en los que la Iglesia me lo permite, puedo disentir, puedo hablar, puedo actuar: debo hablar y debo actuar: no hacerlo sería una vileza. Y permítaseme decir que en nuestra familia, incluida esta generación, los viles no tienen cabida». Finalmente llego el fatídico 6 de junio. La asistencia a la conferencia había sido rigurosamente reservada a cuatrocientos invitados, controlados por el servicio de orden facilitado por los jóvenes de Alleanza Cattolica, pero había más de un millar de personas que abarrotaban las escaleras y el jardín del histórico palacio Rospigliosi-Pallavicini, célebre en todo el mundo por sus obras de arte. Monseñor Lefebvre llegó acompañado por su joven representante en Roma, don Emanuele du Chalard. La princesa Pallavicini les salió al encuentro en su silla de ruedas, conducida por su dama de compañía doña Elika del Drago. La princesa Virginia Ruspoli, viuda de Marescotti, uno de los dos príncipes héroes de la batalla de El Alamein, obsequió a monseñor Lefebvre una reliquia de san Pío X que le había entregado personalmente Pío XII. A pesar de que el Gran Priorato de la Orden de Malta en Roma había manifestado «la necesidad ineludible» de abstenerse de asistir a la conferencia, el príncipe Sforza Ruspoli, el conde Fabrizio Sarazani y algunos oltros valerosos aristócratas habían plantado cara a las censuras de la institución y estaban en primera fila, junto a monseñor François Ducaud Bourget (1897-1984), que el 27 de febrero había dirigido en París la ocupación de la iglesia de San Nicolás de Chardonnet.

La princesa Pallavicini presentò a monseñor Lefebvre, que se sentó bajo el baldaquino rojo con el escudo de armas del papa Clemente IX, Rospigliosi. El arzobispo, tras recogerse previamente en oración, dio comienzo a su discurso con estas palabras: «Soy respetuoso con la Santa Sede, soy respetuoso con Roma. Lo soy porque amo a esta Roma católica». La Roma católica que tenía ante sí interrumpía con frecuencia su discurso con atronadores aplausos. La sala estaba llena hasta rebosar, y la multitud se agolpaba en las escaleras del palacio. El Concilio del aggiornamento –explicó monseñor Lefebvre– aspira en realidad a una nueva definición de la Iglesia. Para ser abierta y estar en comunión con todas las religiones, todas las ideologías, todas las culturas, la Iglesia debe cambiar sus excesivamente jerárquicas instituciones y fragmentarse en tantas conferencias episcopales como naciones. Los sacramentos harán hincapié en la iniciación y la vida colectiva más que en alejarse de Satanás y el pecado. El tema central del cambio será el ecumenismo. Desaparecerá la práctica del espíritu misionero. Se enunciará el principio según el cual «todo hombre es cristiano y no lo sabe», y está por tanto en busca de la salvación, sea cual sea la confesión a que pertenezca. Las innovaciones litúrgicas y ecuménicas –prosiguió monseñor Lefebvre en medio del profundo silencio de los presentes– conducen a la desaparición de las vocaciones religiosas y dejan los seminarios desiertos. El principio de la libertad religiosa resulta ultrajante para la Iglesia y para Nuestro Señor Jesucristo, porque no es otra cosa que «el derecho a la profesión pública de una religión falsa sin ser molestado por ninguna autoridad humana».

Monseñor Lefebvre se centró en las concesiones postconciliares al comunismo, recordando las repetidas audiencias a dirigentes comunistas en la Santa Sede; el acuerdo para no condenar comunismo durante el Concilio; el desprecio a los más de 450 obispos que pidieron dicha condena, y el nombramiento de obispos filomarxistas como Hélder Câmara en Brasil, Silva Henríquez en Chile y Méndez Arceo en México. Es innegable, añadió monseñor Lefebvre para concluir, que numerosos dominicos y jesuitas que profesan abiertamente herejías no son condenados, y que obispos que practican la intercomunión, que introducen en sus diócesis e iglesias falsas religiones, y llegan a bendecir el concubinato, ni siquiera son objeto de investigación. Sólo los católicos fieles se arriesgan a ser expulsados de la Iglesia, perseguidos y condenados. «A mí me han suspendido a divinis porque sigo formando sacerdotes como se los formaba antes». Ante un auditorio emocionado con sus palabras, monseñor Lefebvre concluyó su conferencia afirmando: «Hoy en día, la misión más importante del católico es conservar la Fe. No es lícito obedecer a quien se ocupa de disminuirla o hacerla desaparecer. Al bautizarnos pedimos a la Iglesia la Fe porque la Fe nos lleva a la vida eterna. Y seguiremos exigiendo esta fe a la Iglesia hasta último respiro».

El encuentro finalizó con el canto del Salve Regina. El vaticanista Benny Lai comentó en La Nazione el 7 de junio: «Quienes se esperaban a un implacable juez se encontraron ante un hombre de actitud humilde, capaz también de concluir, antes de invitar a los presentes a recitar el Salve Regina, con esta declaración: “No quiero formar ningún grupo ni deseo desobedecer al Papa, pero él tampoco debe pedirme que me haga protestante”». La conferencia fue una victoria estratégica de los impropiamente calificados de tradicionalistas, porque monseñor Marcel Lefebvre consiguió dar a conocer sus tesis a nivel internacional y sin consecuencias canónicas. Pablo VI falleció un año más tarde, conmocionado por la muerte de su amigo Aldo Moro. El nombre del cardenal Poletti continúa vinculado al oscuro asunto de la autorización que concedió el 10 marzo de 1990 para el sepelio en la basílica de San Apolinar del capo de la banda de la Magliana, “Renatino” de Pedis.

La princesa Pallavicini salió airosa del “desafío” . No sólo no fue excomulgada, sino que en los años que siguieron su palacio se convirtió en punto de referencia de numerosos cardenales, obispos e intelectuales católicos. Ni ella ni sus amistades de Roma eran fantasmas de otra época, como los calificó el Corriere della Sera del 7 de junio de 1977, sino testigos de la fe católica que forjaban el futuro. Cuarenta años después, la historia les ha dado la razón.

Roberto de Mattei

(Traducido por J.E.F)


lunes, 17 de julio de 2017

EL 18 DE JULIO O LA REBELION DEL PUEBLO ESPAÑOL CONTRA LA TIRANIA


Franco, aclamado en la plaza de Oriente por cientos de miles de españoles el 1 de octubre de 1975, pocas semanas antes de su muerte.



FNFF (R).- La fecha que mejor identifica la larga y profunda huella histórica de España es la del 18 de Julio de 1936, fecha en la que el pueblo español, en simbiosis perfecta con su historia y comunión de principios con su ejército, se rebela contra la tiranía que pretendía imponer el comunismo en España. Fue una guerra de independencia, donde estaba en juego no solamente la soberanía de la Nación, sino la esencia de lo que España había representado en la defensa de la civilización occidental y cristiana.

De ahí la simbología de la fecha y el deseo permanente de los enemigos de esa civilización y de España de manipular y denigrar fecha, símbolos y personas que hicieron posible tan colosal gesta y legaron el progreso, la unidad y la justicia que disponíamos en 1975, dilapidada por los mismos errores e ideas disgregadoras causantes de nuestra postración como Nación y pobreza como pueblo.

Cuando las mentes pervertidas por el odio, el resentimiento y la envidia igualitaria toman el control de los medios de comunicación, la enseñanza, las instituciones políticas y sindicales e inciden en la economía productiva, esa sociedad se auto condena a la molicie, la pobreza y finalmente al totalitarismo. La libertad que no se basa en el respeto al derecho ajeno y a la opinión contraria; que no se acomoda en la ley justa, orientada al bien común, sino en la arbitrariedad de lo contingente, termina guillotinada en cada hogar, calle, plaza, foro o parlamento donde deba manifestarse.

Asistimos, los síntomas son evidentes, al final de un Sistema basado en la mentira, la manipulación, la mediocridad y el “vale todo”, con tal de que sea bendecido por la reinstaurada partitocracia. El resultado no puede ser mas evidente: Corrupción institucionalizada, pobreza inasumible y desesperación creciente. Y la solución no va a venir de fuera, nunca lo fue y tampoco lo será en estos momentos, por mucho que hayamos relegado nuestra soberanía a una entelequia europea de intereses creados. Europa no va a evitar la consumación del separatismo, ni la perdida de competitividad, ni la calidad de nuestra enseñanza, ni la atonía de la justicia, ni podrá incidir para que suprimamos el “reino de taifas” que representan las autonomías.

Hemos ido, según un diseño perverso iniciado en 1978, hacia la desintegración de España. Se han neutralizado todos los contrafuegos que podrían evitar tal deriva, comenzando por los señalados en la propia Constitución. No podemos imaginar que los distintos gobiernos de la Nación no fueron conscientes de los peligros y, sin embargo, nada hicieron para impedirlo.

Como sabemos lo que nos pasa, cuáles son sus causas y los posibles remedios, somos sistemáticamente vituperados, ignorados o perseguidos con idéntica obstinación y saña con que los inquisidores del siglo XX persiguieron en toda Europa y lo hacen en Cuba a los disidentes que proclaman la libertad y dignidad de la condición humana, en cuanto hijos de Dios y portadores de valores eternos. A diferencia de las reprobaciones y abucheos que reciben los miembros de la Casa Real y los políticos, generalmente de derechas, nosotros, nuestra forma de entender la política, de organizar la sociedad, de estructurar el estado, de concebir los principios sobre los cuales debe vertebrarse España para ser respetada en el conjunto de las naciones y obtener el progreso económico del pueblo, no tenemos ninguna culpa de la situación en la que nos encontramos. Es más, nos hemos opuesto de manera honesta, civilizada y firme a cuanto viene ocurriendo en España desde hace 35 años, señalando lo que iba a ocurrir de persistir en los errores diseñados en la transición, a la muerte de Franco.

Nuestra culpa parece ser histórica o, mas bien, histérica. Un suerte de paranoia colectiva transmitida generacionalmente entre los derrotados en la guerra civil y en la paz, pues el progreso alcanzado por el anterior Régimen y la filosofía política empleada, deja en evidencia sus postulados. Para sus propósitos y con la finalidad de deslegitimar también la herencia recibida, los derrotados de siempre, pues sus ideas utópicas, donde triunfan, han provocado el mayor sufrimiento y pobreza conocido en el mundo, necesitan falsificar la historia, mitificar lo irrelevante, convertir en victimas a los verdugos, trasladar a la actividad política cuestiones ya resueltas hace muchos años como solución mágica de futuro. Y si la superchería histórica no se puede conseguir por la funesta manía de pensar y de investigación de los hechos de algunos historiadores, pues se dicta una Ley que obligue a un relato único de la historia, según la conveniencia de quien gobierna, impuesta de manera absoluta.

¡Bienvenidos al absolutismo democrático!

Con la vileza de retirar de las plazas y calles de España los nombres de quienes defendieron en su tiempo la identidad e independencia de su Patria, en muchos casos, con su propia vida, de remover en los Ayuntamientos, Diputaciones y parlamento los títulos con que aquel pueblo español, padres y abuelos de los actuales, honró a quien les había acaudillado, con éxito, en aquella época de tribulaciones, no se obtiene otro beneficio que el de favorecer a los resentidos, a los ineptos, a los incapaces de otra cosa que no sea la de alancear muertos, que gozaran siempre de buena salud histórica por sus méritos y no por la coyuntura iconoclasta de los incapaces corruptores que lo promueven.

Celebramos que nuestro Caudillo Francisco Franco no figure en semejantes ágoras, donde el despotismo y la corrupción campan a sus anchas, legitimados por el falso plebiscito popular que veremos lo que aguanta sus desvaríos. Ya en un día lejano de 1936 le contestó a Indalecio Prieto: “Sí, ustedes lo tienen todo…menos la razón” y, “no tenga usted duda, donde yo esté, no habrá comunismo”.

De ahí que prefiramos que, donde él esté, no exista nada de lo que él y su generación combatió con tanto esfuerzo y sacrificio. Que donde él esté, aunque sea sólo referencia histórica, no exista la denuncia diaria de corrupción política e institucional; no pueda darse el reino de taifas de las Autonomías; no sea admisible la representación política de los partidos de empleados; no sea permisible la desfiguración del régimen parlamentario al servicio de sus intereses y no del bien común; no se fomente la quiebra del principio de separación de poderes; no se consolide la politizada Administración de Justicia.

En definitiva Franco y nuestros padres y abuelos han sido expulsados de nuestro ánimo colectivo, de la convivencia ordenada y pacifica que nos procuraron, de la verdad histórica objetivable y, así nos va. Es imposible que una sociedad avance sin virtud, sin el conocimiento de los fundamentos de su pasado, que han hecho posible el presente y viable el futuro, como enseñanza de lo que puede o, no debe, hacerse. Seguimos creyendo como el Ingenioso Hidalgo de la Mancha “ladran, luego cabalgamos, amigo Sancho…”.

Fuente: alerta digital