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sábado, 25 de noviembre de 2023
sábado, 20 de octubre de 2018
VIGANÓ RESPONDE A OULLET
En la conmemoración de los mártires de la América Septentrional
Ha sido para mí una decisión dolorosa testimoniar la corrupción que aqueja la la jerarquía de la Iglesia Católica, y sigue siendo doloroso. Pero soy anciano, y sé que pronto habré de rendir cuentas ante el Juez de mis acciones y omisiones, y que teme a Aquel que puede arrojar el cuerpo y el alma al infierno. Juez que, a pesar de su infinita misericordia, retribuirá a cada uno según sus méritos el premio o la pena eternos. Anticipando la terrible pregunta de aquel Juez, «¿cómo pudiste tú, que conocías la verdad, quedarte callado en medio de tanta falsedad y depravación?» ¿Qué podría responderle?
He hablado con pleno conocimiento de que mi testimonio podía ser causa de alarma y consternación en muchas personas eminentes: eclesiásticos, otros obispos, compañeros de fatigas y oraciones. Sabía que muchos se sentirían ofendidos y traicionados. Había previsto que algunos a su vez me acusaran y pusieran en tela de juicio mis intenciones. Pero lo más doloroso de todo es que muchos fieles inocentes quedarían confusos y desconcertados al ver a un obispo que acusa a sus hermanos prelados y sus superiores de actividades ilícitas, pecados sexuales y grave dejación de funciones. Con todo, creo que de haber seguido manteniendo silencio habría puesto a muchas almas en peligro, y desde luego habría condenado la mía. A pesar de haber informado en numerosas ocasiones a mis superiores, e incluso al Papa, de las aberrantes acciones de McCarrick,habría podido denunciar antes en público la verdad que yo conocía. Si tengo alguna culpa en ese retraso me arrepiento de ella, retraso que se debió a la gravedad de la decisión que iba a tomar y al largo sufrimiento que supuso para mí conciencia.
Se me ha acusado de haber sembrado con mi testimonio confusión y división en la Iglesia. A esta afirmación sólo pueden dar credibilidad quienes sostengan que tal confusión y división eran insignificantes antes de agosto de este año. Cualquier observador imparcial habría observado ya perfectamente la prolongada y significativa presencia de ambas en la Iglesia, cosa inevitable cuando el sucesor de San Pedro renuncia a ejercer su principal cometido: confirmar a los hermanos en la Fe y en la sana doctrina moral. Si en vez de hacer eso agrava la crisis con mensajes contradictorios o declaraciones ambiguas, la confusión aumenta.
Por eso hablé. Porque la conspiración de silencio ha causado y sigue causando un daño enorme a la Iglesia, a tantas almas inocentes, a jóvenes con vocación al sacerdocio y a los fieles en general. Con respecto a esta decisión mía, que he tomado en conciencia delante de Dios, acepto de buena gana toda corrección fraterna, consejo, recomendación e invitación a avanzar en mi vida de fe y amor a Cristo, a la Iglesia y al Papa.
Permítanme recordarles de nuevo los puntos principales de mi testimonio:
–En noviembre de 2006 el nuncio en los EE.UU., arzobispo Montalvo, informó a la Santa Sede de las actividades homosexuales del cardenal McCarrick con seminaristas y sacerdotes.
–En diciembre del mismo año el nuevo nuncio, arzobispo Pietro Sambi, informó a la Santa Sede de las actividades homosexuales del cardenal McCarrick con otro sacerdote.
–También en diciembre de 2006, yo mismo dirigí una nota al Secretario de Estado, cardenal Bertone, la cual entregué personalmente al sustituto para asuntos generales, arzobispo Leonardo Sandri, solicitando al Papa que tomase medidas disciplinarias extraordinarias contra McCarrick a fin de impedir más delitos y escándalos. No recibí ninguna respuesta a esta nota.
–En abril de 2008, una carta abierta de Richard Sipe al papa Benedicto fue remitida por el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Levada, al Secretario de Estado, cardenal Bertone. La carta contenía más acusaciones contra McCarrick de que éste se había acostado con seminaristas y sacerdotes. Me fue entregada un mes más tarde, y en mayo de ese mismo año dirigí una segunda nota al entonces Sustituto de Asuntos Generales, arzobispo Fernando Filoni, exponiendo las acusaciones contra McCarrick y solicitando que se le aplicaran sanciones. Esta segunda nota mía tampoco obtuvo respuesta.
–En 2009 ó 2010 supe por el cardenal Re, Prefecto de la Congregación para los Obispos, que el papa Benedicto había ordenado a McCarrick abandonar el ministerio público y adoptar una vida de oración y penitencia. El nuncio Sambi comunicó a McCarrick las órdenes del Papa alzando tanto la voz que se lo oyó en los pasillos de la Nunciatura.
–En noviembre de 2011 el cardenal Ouellet, nuevo prefecto de la Congregación para los Obispos, me expuso una vez más las restricciones que el Santo Padre había impuesto a McCarrick, y o mismo se las transmití a éste cara a cara.
–El 21 de junio de 2013, hacia el final de una reunión de todos los nuncios en el Vaticano, el papa Francisco me dirigió unas palabras de reproche y de difícil interpretación sobre el episcopado de Estados Unidos.
–El 23 de junio, el papa Francisco me recibió en audiencia privada en su apartamento para que me hiciera una aclaración, y me preguntó: «¿Cómo es el cardenal McCarrick?», palabras que no puedo entender sino como una falsa curiosidad por saber si yo era o no aliado de McCarrick. Le dije que McCarrick había corrompido sexualmente a generaciones de sacerdotes y seminaristas, y que el papa Benedicto le había ordenado dedicarse exclusivamente a una vida de oración y penitencia.
–Por el contrario, McCarrick siguió gozando de especial consideración por parte del papa Francisco, el cual siguió confiándole más misiones importantes de gran responsabilidad.
–McCarrick formaba parte de una red de obispos favorables a la homosexualidad que gozando del favor del papa Francisco han promovido nombramientos de obispos para protegerse de la justicia y fomentar la homosexualidad en la jerarquía y en la Iglesia en general.
–Parece que el propio papa Francisco hace la vista gorda mientras se propaga esta corrupción, o bien, sabiendo lo que hace, es gravemente responsable porque no se opone a ella ni intenta erradicarla.
He puesto a Dios por testigo de la veracidad de estas afirmaciones mías, ninguna de las cuales ha sido desmentida. El cardenal Ouellet ha publicado un escrito reprochándome mi temeridad de haber roto el silencio y presentado acusaciones graves contra hermanos obispos y mis superiores, pero en realidad sus reproches me confirman en mi decisión, y de hecho confirman mis afirmaciones, una por una y en su totalidad.
–El cardenal Ouellet reconoce haberme hablado de la situación de McCarrick antes de que yo partiera para Washington a fin de tomar posesión de mi cargo de nuncio.
–El cardenal Ouellet reconoce haberme comunicado por escrito las condiciones y restricciones impuestas a McCarrick por el papa Benedicto.
–El cardenal Ouellet reconoce que dichas restricciones impedían a McCarrick viajar y hacer apariciones en público.
–El cardenal Ouellet reconoce que la Congregación para los Obispos había ordenado por escrito a McCarrick, primero por intermedio del nuncio Sambi y luego de mí, que llevara una vida de oración y penitencia.
¿Y qué alega el cardenal Ouellet?
–El cardenal Ouellet refuta que el papa Francisco hubiera podido acordarse de informaciones importantes sobre McCarrick en un día en que se había encontrado con docenas de nuncios y sólo había podido conversar con cada uno por breves minutos. Pero no fue eso lo que declaré en mi testimonio. Lo que testifiqué fue que en otro encuentro privado informé al Papa respondiendo a una pregunta suya sobre Theodore McCarrick, entonces cardenal arzobispo de Washington, figura destacada de la Iglesia Católica de los EE.UU., y que le dije al Papa que McCarrick había corrompido sexualmente a sus seminaristas y sacerdotes. Ningún papa se olvida de algo así.
–El cardenal Ouellet niega que en sus archivos hubiera cartas firmadas por los papas Benedicto o Francisco con relación a sanciones a McCarrick. Pero yo no dije eso en mi testimonio. Yo testifiqué que tenía en sus archivos documentos clave –vinieran de quien vinieran– que incriminaban a McCarrick y documentaban las medidas que se habían tomado al respecto, así como otras pruebas de encubrimiento en su caso. Y vuelvo a confirmarlo.
–El cardenal Ouellet niega que en los archivos de su predecesor el cardenal Re hubiera notas de audiencias que impusieran al cardenal McCarrick las mencionadas restricciones. Pero no fue eso lo que dije en mi testimonio. Lo que declaré fue que hay otros documentos: por ejemplo, una nota del cardenal Re, no ex audiencia SS.mi., o bien firmados por el Secretario de Estado o el Sustituto.
–El cardenal Ouellet alega que es falso que las medidas tomadas contra McCarrick sean sanciones decretadas por el papa Benedicto y anuladas por Francisco. Es cierto que técnicamente no eran sanciones sino medidas, «condiciones y restricciones». Es puro legalismo disputar por una nimiedad como que se tratara de sanciones o de medidas. Desde el punto de vista pastoral son una misma cosa.
En resumen, que el cardenal Ouellet admite las importantes afirmaciones que hice y que mantengo, y niega afirmaciones que nunca he hecho.
Hay un punto que debo refutar totalmente de las afirmaciones de Ouellet. Según él, la Santa Sede sólo estaba al tanto de rumores, lo cual no era motivo suficiente para justificar medidas disciplinarias contra McCarrick. Afirmo en contrario que la Santa Sede tenía conocimiento de una serie de hechos concretos y que está en posesión de pruebas documentales, así como que a pesar de ello los responsables optaron por no intervenir o bien se les impidió hacerlo: las compensaciones pagadas por las archidiócesis de Newark y Metuchen a las víctimas de los abusos sexuales de McCarrick, las cartas del P. Ramsey, las de los nuncios Montalvo en 2000, Sambi en 2006 y el Dr. Sippe en 2008, mis dos notas a los superiores de la Secretaría de Estado pormenorizando las alegaciones contra McCarrick… ¿todo eso son rumores? Es correspondencia oficial,no se trata de chismes de sacristía. Los delitos de los que se informa son muy graves, incluido el de intentar dar la absolución sacramental a cómplices de actos perversos, con la subsiguiente celebración sacrílega de la Misa. Los documentos mencionados especifican la identidad de los culpables y de sus protectores, así como el orden cronológico de los hechos. Se guardan en los archivos correspondientes; no hace falta ninguna investigación extraordinaria para obtenerlos.Se guardan en los archivos correspondientes; no hace falta ninguna investigación extraordinaria para obtenerlos.Se guardan en los archivos correspondientes; no hace falta ninguna investigación extraordinaria para obtenerlos.
En las reconvenciones públicas que se me han dirigido observo dos omisiones, dos silencios atronadores: El primero respecto a la situación de las víctimas. El segundo tiene que ver con el motivo subyacente de que sean tan numerosas las víctimas: la corruptora influencia de la homosexualidad en el sacerdocio y en la jerarquía. En cuanto al primero, resulta desalentador que en medio de tanto escándalo e indignación se tenga tan poco en consideración a quienes se han visto perjudicados por los asaltos sexuales de quienes tenían la misión de ser ministros del Evangelio. No me refiero a ajustar cuentas ni a lamentarse por las vicisitudes de la profesión eclesiástica. No es una cuestión de política. No se trata de las conclusiones que puedan sacar los historiadores de tal o cual pontificado. Aquí lo que está en juego son las almas.Muchas almas han estado y están en peligro de perder su salvación eterna.
Por lo que se refiere al segundo silencio, esta crisis tan grave no se puede remediar si no se llama a las cosas por su nombre. La crisis tiene su origen en la plaga de la homosexualidad, en sus promotores, en sus motivaciones, en la resistencia a las reformas. No exagero si digo que la homosexualidad se ha convertido en una epidemia en el clero, y que sólo se puede erradicar con armas espirituales. Es una hipocresía tremenda condenar los abusos, derramar lágrimas de cocodrilo por las víctimas y sin embargo negarse a denunciar la raíz de tanto abuso sexual: la homosexualidad. Es hipócrita no querer reconocer que esta plaga tiene su origen en una grave crisis en la vida espiritual del clero y no tomar las medias necesarias para ponerle coto.
Es indudable que existen sacerdotes a los que les gusta tener aventuras amorosas, así como que ellos mismos perjudican a su propia alma y la de aquellas personas a quienes pervierten y a la Iglesia en general. Pero esas violaciones del celibato sacerdotal suelen estar limitadas a las personas afectadas. Normalmente esos sacerdotes no reclutan a otros por el estilo, ni los promueven ni encubren sus fechoría; en cambio, las pruebas que demuestran complicidades homosexuales difíciles de erradicar son apabullantes.
Está más que demostrado que los predadores homosexuales explotan sus privilegios clericales en su provecho. Pero afirmar que la crisis es cuestión de clericalismo son puros sofismas. Es tratar de hacer ver que el motivo principal es un medio, un instrumento.
La denuncia de la corrupción homosexual y de la cobardía moral que le permite aumentar no encuentra consenso ni solidaridad en nuestros días, y por desgracia menos aún en las altas esferas de la Iglesia. No me sorprende que al llamar la atención hacia esta plaga se me acuse de deslealtad al Santo Padre y de fomentar una rebelión abierta y escandalosa. Pero rebelarse supondría incitar a otros a derrocar el Papado, y yo he exhortado a nada semejante. Todo los días rezo por el papa Francisco más de lo que he hecho nunca por ningún pontífice. Ruego, y hasta suplico fervientemente, que el Santo Padre se haga cargo de todas las misiones que ha asumido. Al aceptar ser sucesor de San Pedro, ha asumido la misión de confirmar a sus hermanos y la responsabilidad de guiar a todas las almas siguiendo las huellas de Cristo,en el combate espiritual y por el camino de la Cruz. Que reconozca sus errores, se arrepienta, demuestre que quiere llevar a cabo la misión encomendada a San Pedro y una vez de vuelta en el camino, confirme a sus hermanos (Cf. Lc. 22,32).
Para concluir, me gustaría reiterar la exhortación a mis compañeros en el episcopado y el sacerdocio que saben que mis declaraciones son ciertas y que estoy en condiciones de atestiguarlo, o tienen acceso a los documentos que pueden dilucidar esta situación despejando toda duda. Vosotros también os veis obligados a tomar una decisión. Podéis retiraros de la batalla permaneciendo en la conspiración de silencio y cerrar los ojos al avance de la corrupción; idear excusas, avenencias y justificaciones para posponer la hora de la verdad, y consolaros con la falsedad y el engaño de que será más fácil decir la verdad mañana, y más aún pasado mañana.
O bien, podéis optar por hablar. Confiad en Aquel que dijo: «la verdad os hará libres». No dijo que sea fácil distinguir entre callar y hablar. Os exhorto a pensar de qué decisión no tendréis que arrepentiros en el lecho de muerte y ante el Justo Juez.
+Carlo María Viganò, 19 de octubre de 2018
Arzobispo titular de Ulpiana
Conmemoración de los mártires
Nuncio apostólico para la América Septentrional
(Traducido por Bruno de la Inmaculada)
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viernes, 18 de agosto de 2017
LO QUE NOS ENSEÑA EL ATENTADO DE BARCELONA
1.- Lo primero que debía haber habido es una declaración oficial del gobierno, de la guardia civil y de la policía sobre el atentado. Pero ha sido la Generalidad y sus mozos de escuadra (los “mosus” dicen todos los cantamañanas) quienes han corrido con esa formalidad. Sin embargo las competencias antiterroristas no han sido transferidas ni podrían serlo, pertenecen al gobierno, no a la autonomía, la cual se ha comportado como dueña de país independiente. Este dato esencial no ha sido advertido por casi ningún analista, reflejo de cómo la política en España se ha transformado en una orgía de palabrería vacua, en una farsa. Algo parecido ha ocurrido con la seguridad del aeropuerto del Prat, que es competencia exclusiva del gobierno y debiera estar en manos de la Guardia Civil en todo momento. Rajoy y sus ministrillos simplemente incumplen la ley y reconocen por la vía del hecho consumado, una vez más, el estado residual del estado allí, y la práctica secesión de Cataluña. Y un gobierno que ni cumple ni hace cumplir la ley es simplemente un gobierno antidemocrático y delincuente. Aunque casi todo el mundo persista en hacer como si no se enterase, debido a la ausencia o precariedad de cultura democrática en España.
2.- Rajoy ha apelado en tuíter a la unidad contra el terrorismo. Pero ¿unidad con quién? Rajoy, precisamente, es el seguidor de Zapatero, que rescató a la ETA del borde del abismo, premió sus crímenes con legalidad, dinero público, presencia institucional, proyección internacional, liberación de presos, etc., admitiendo así los asesinatos como modo de hacer política y lograr puestos “representativos”. Ello supone destruir el estado de derecho, anulando la democracia en uno de sus rasgos principales. Nuevamente, la ausencia de cultura democrática en los partidos, analistas y comentaristas de los medios pasa por alto una operación delictiva absolutamente escandalosa, que ha hecho de España una democracia fallida, convirtiéndola en “el país de la Gran Patraña”, como la URSS era “el país de la Gran Mentira”.
3.- Dentro de esta farsa brutal hemos visto a los jefes de la Guardia Civil y la policía y otros mucho tratar de censurar las imágenes del atentado. Hipócritamente hablan de “respeto a las víctimas”, los mismos que han promocionado al máximo imágenes como la del bebé sirio ahogado. A quienes respetan realmente es a los terroristas, y la causa es simple: tratan de impedir lo que llaman “la islamofobia”. Esto, en un país donde la cristianofobia, los ataques directos e indirectos al cristianismo, base de la cultura europea, son el pan nuestro de cada día desde todos los ángulos, desde los LGTBI al gobierno y a los amigos del Frente Popular, más cada día. Lo que se persigue con esa política es desarmar de antemano cualquier oposición al islam, con el pretexto de que los yijadistas son solo una minoría.
4.- Los terroristas son siempre minorías, pero pueden tener más o menos apoyo. Y es evidente que tienen mucho. Irónicamente escribí en tuíter: “Creo que los cientos de miles de musulmanes en Cataluña van a manifestarse con furia contra el terrorismo islámico”. En París se convocó una manifestación de esas, a la que acudió un centenar de personas, no todas musulmanas. Los hechos reales son que la mayoría de los islámicos desprecian nuestra cultura, a lo que tienen derecho, pero no en nuestros países. La consideran una cultura decadente, en lo que probablemente tienen alguna y aun bastante razón. Y la tendencia general en el mundo islámico no es, desde hace muchos años, a una “occidentalización” sino a todo lo contrario. Basta ver fotografías de mujeres en Teherán, El Cairo Kabul y muchos otros lugares hace treinta o cuarenta años y las actuales. La misma Turquía, antaño una peculiar democracia tutelada por el ejército, sigue esa orientación. Y dentro de Europa, las crecientes minorías musulmanas tienden a una mayor radicalización. En España es particularmente peligroso porque la memoria de Al Ándalus sigue muy viva en el mundo islámico, como de vez en cuando se encargan de recordarnos.
5.- La Comisión islámica de España ha condenado “todo tipo de terrorismo”. La expresión es significativa, como la del PNV cuando, en relación con la ETA, “condenaba” todo tipo de violencia, es decir, la violencia “represiva” de los cuerpos de seguridad, equiparándola hipócritamente a los crímenes etarras. Hay que decir que, en la perversión del lenguaje habitual con el término terrorismo, no dejan de tener un argumento aparente: la UE, por medio de la OTAN, ha ayudado a sembrar el caos y la guerra civil, con cientos de miles de muertos, en Afganistán, Irak, Libia o Siria, provocado un golpe militar en Egipto, etc. El terrorismo islamista aparece entonces como una respuesta a tales hechos. Especialmente sangrante, y por haber intervenido España directamente en el crimen, fue el derrocamiento de Gadafi, que llevaba años de política moderada, derrocamiento que destruyó literalmente una sociedad antes tranquila, ordenada y rica. ¿Han visto a alguno de los políticos europeos causantes hacer el más mínimo análisis autocrítico al respecto? So pretexto de “democratizar” esos países los han llevado al desastre, y de paso están haciendo lo mismo en Europa. Me quedo prácticamente solo en la exigencia clave para España de abandonar la OTAN, una organización que supone una alianza con un país invasor de nuestro territorio (Inglaterra) en un punto clave para nuestra defensa, así como la desprotección de Ceuta y Melilla, ciudades españolas de hecho reservadas por la OTAN a Marruecos, a plazo más o menos largo. Una organización que convierte a nuestras fuerzas armadas en un ejército cipayo al servicio de intereses ajenos, bajo mando ajeno y en lengua ajena.
6.- Repliqué a uno de esos tuits que predicaban la unidad para acabar con los yijadistas: “Lo primero sería acabar con los repugnantes gobiernos que han premiado a la ETA y favorecido a los islámicos. Sin eso no hay nada que hacer”.
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jueves, 22 de junio de 2017
HIPÓCRITAS
Se acaba el curso escolar y mis novicios me consultan sobre algunos trabajillos que deben presentar si quieren subir la nota final. Por si no han perdido suficientemente el tiempo durante el año estudiando majaderías, algún que otro profesor les aconseja analizar ciertos sermones de Santa Marta. Ya se sabe que estos sermones de alta teología son considerados el magisterio oficial de nuestros días, mientras se pisotea el bimilenario transmitido por la Iglesia. La Cátedra de Santa Marta, además de destilar grandes especulaciones, se considera a sí misma como el punto de referencia de la doctrina actual, al mismo tiempo que se cisca en la doctrina de siempre. Se puede secar el cerebro con la sola lectura de estas inteligentes reflexiones, aunque hay que llevar cuidado: porque -por medio de ellas-, se va introduciendo en la catolicidad descuidada las más imaginativas teorías y los más disparatados conceptos. Siempre buscando la perdición de las almas, por supuesto.
Hace unas semanas, habló Francisco sobre los hipócritas. El hipócrita no usa el lenguaje de Jesús, sino el mismo lenguaje del diablo, dijo el huésped de Santa Marta. No he tenido más remedio que leer estas líneas:
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“El hipócrita es capaz de matar a una comunidad. Está hablando dulcemente, está juzgando malamente a una persona. El hipócrita es un asesino. Recordemos esto: comienza con la adulación, sólo se responde con la realidad.
“No me vengan con estas historias, la realidad es ésta, como con la ideología, ésta es la realidad. Y al final, es el mismo lenguaje del diablo lo que siembra aquella lengua bífida en las comunidades para destruirlas”.
“Pidamos al Señor que nos custodie para no caer en este vicio de la hipocresía, de camuflar la actitud, pero con malas intenciones. Que el Señor nos dé esta gracia: ‘Señor, que yo jamás sea hipócrita, que sepa decir la verdad y si no puedo decirla, estar callado, pero jamás, jamás, decir una hipocresía’”.
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Tengo que decir que lo primero que se me ha venido a las mientes ha sido el pensamiento de que Francisco estaba hablando de sí mismo. O como a él le gustaría decir: de Sí Mismo. Creía que por fin había llegado a su corazón el arrepentimiento y quería confesarse (ante sus oyentes), de sus actitudes tan suficientemente conocidas por todos. El lenguaje del hipócrita es el lenguaje del diablo. Comienza con la adulación, pero se le responde con la realidad. Lengua bífida, camuflage, ideología…parecen ser los artilugios que el hipócrita lleva en su mochila. Pero hay que responderle con la realidad. Porque si no, su lengua bífida siembra la destrucción en las comunidades.
Justamente. Pensé que iba a pedir perdón. Insisto en que he pensado que Francisco estaba hablando de su propio modo de proceder. Y por ende, del modo de proceder de sus colaboradores, compinches, amigotes y conchabados. Pero Francisco prefiere pedir perdón por lo que hicieron las Papas malvados del pasado: genocidas, inquisidores, príncipes renacentistas y dictadores doctrinales y morales.
Veamos por ejemplo la lengua bífida que ha suscitado la destrucción de la Eucaristía en la Cristiandad en los últimos cuatro años. Mientras por una parte se deshace Francisco en elogios a la Eucaristía, sin la que no podemos vivir, que nos alimenta, que no es un premio sino una necesidad, que es el mismo Señor que se queda con nosotros, y un largo etcétera vertido a modo místicoide en algunos sermones y discursos, nos encontramos en la actualidad con que ya se da de forma oficial a los que viven en concubinato. Obispos variados, entre los que han destacado últimamente los de Malta, Sicilia, alguno de Argentina recién nombrado por Bergoglio (también amiguete y compi), amén de la ingente cantidad de obispos y curas que no salen en los noticiarios, y que están haciendo lo mismo, apoyados en las actitudes de Francisco.
Mientras se dice con descaro que la Amoris Laetitia no conduce a la comunión de los adúlteros, se está dando profusamene la comunión a los adúlteros. Mientras se dice que la Amoris no contradice el magisterio anterior (así lo dicen los obispos traidores y los cobardones que no quieren oponerse al jefe y ser desterrados), de hecho se está contradiciendo todo el magisterio anterior en torno a la Eucaristía. Mientras se sigue diciendo que la eucaristía es necesaria para la vida cristiana, se está mandando al infierno a multitud de almas. Como dice San Pablo, todos reos de su propia condenación. Pero reos también de su propia condenación quienes han abierto las puertas del infierno a tantos católicos, con su lengua bífida que ha sembrado la destrucción en las comunidades.
Hoy se celebra el Corpus Christi. No sé lo que dirá Francisco en sus sermones de hoy. Pero puedo asegurar que no me creeré nada de lo que diga. Cuando le vea con la Custodia impartiendo la bendición, no me tragaré el sapo. A los hombres se les conoce por sus obras, no por sus palabras. Ya puede salir el Paglia de la Vida (el mariquita de las pinturas de su catedral) diciendo que aunque haya abortistas en la Pontificia Comisión, la Iglesia sigue rechazando el aborto. Ya puede salir Francisco a decir palabras aparentemente piadosas sobre la Eucaristía. No me lo creo. Aunque la Eucaristía viene siendo pisoteada desde hace ya muchos años, Francisco será -a los ojos de la historia-, el hipócrita que anda con palabras aduladoras y camufladas, mientras ha destruido todo en la realidad.
A Francisco no le preocupa nada de esto. A él solamente le importa entre otras cosas, el tráfico de armas, la inmigración, los contratos de trabajo y el cambio climático. El verdadero cambio climático va a venir después. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Que Dios nos coja confesados, como decía mi abuela.
Mi novicio inexperto ha hecho al final su trabajo utilizando estas breves reflexiones y lo han suspendido. No entiendo por qué la hipocresía solamente se puede aplicar para los de acá y nunca para los de allá. Pero eso es justamente lo que hace Francisco cuando da lecciones de moralidad. Es una pena.
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jueves, 28 de abril de 2016
jueves, 21 de abril de 2016
PROFECÍAS DE LA VENERABLE SOR NATIVIDAD
Las profecías de la Venerable Sor Natividad son muy semejantes a las de Santa Hildegarda; y si hemos de declarar nuestra opinión, creemos que las superan en cuanto a señalar las obras y caracteres de las sectas masónicas. Ningún profeta las ha descrito tan bien, y buenas historias hay que no dicen tanto. Con pesar tenemos que omitir la mayor parte de la profecía, porque es muy larga. Poseemos la obra Revelations de la Saeur de la Nativité, en dos volúmenes, pero copiaremos parte del extracto que con frases literales hace el libro Las Profecías. Es como sigue:
«Persecución contra la Iglesia
Dios me hizo ver la malicia de Lucifer y la intención diabólica y perversa de sus adeptos contra la Santa Iglesia de Jesucristo. A la orden de su jefe, estos malvados han recorrido la tierra como furiosos, con intención de preparar los caminos y sendas al Anticristo, cuyo reinado se acerca. Con el soplo corrompido de aquel espíritu de soberbia han contaminado a los hombres, que, como apestados, se han comunicado el mal los unos a los otros, y el contagio ha llegado a ser general.
Marca de los impíos
He aquí lo que he visto. El mismo Satanás marcaba a sus satélites, que hacía cómplices de sus criminales disposiciones, con cierta materia infecta, en la frente o en otra parte de la piel, como para imprimirles un carácter de adhesión a su obra. Apenas marcados, parecían al momento corno cubiertos de lepra, de la cual quedaban inficionadas las personas que se dejaban tocar de ellos. Esta figura tiene relación al interior y al exterior de la Iglesia, y aun cuando no deba tener su perfecto cumplimiento sino en la revolución que empieza, expresa, sin embargo, las disposiciones de los que la preparan hace mucho tiempo. Tales son los esfuerzos del infierno para destruir en las almas el reino de Jesucristo y turbar a los fieles el ejercicio de su religión.
Estos emisarios del infierno y precursores del Anticristo, según se me ha hecho conocer, son los escritores impíos que por sus sistemas licenciosos y seductores han echado los fundamentos, hace ya tiempo, de la irreligión que domina. La materia infecta que comunica por todas partes el contagio, no es otra cosa que esa impura composición de impiedad, etc.; libertinaje que se extiende por todas partes y que causa tantos daños, bajo el especioso nombre de filosofía que jamás podrá merecer.
Visión sobre España
Después de esto -no cambiéis nada de lo que voy á decir—he visto una gran potencia levantarse contra la Iglesia: ha arrancado, pillado y devastado la viña del Señor, la ha hecho servir como de vía a los transeúntes y la ha expuesto a los insultos de todas las naciones (esto se cumplió, se cumple y acabará de cumplirse). Después de haber injuriado al celibato y oprimido el estada religioso, llena de orgullo y audacia, ha usurpado los bienes de la Iglesia y se ha como revestido de los poderes de nuestro Santo Padre el Papa (hasta en favor de banderías políticas), cuya persona y autoridad ha despreciado.
He aquí lo que dijo el Señor en su ira:— ¡Ay de los traidores y de los apóstatas! ¡Ay de los usurpadores de los bienes de mi Iglesia y de los que desprecian su autoridad! Han incurrido en mi indignación: yo pisaré su soberbia audaz, que desaparecerá de mi presencia como el humo que se evapora por el aire, en castigo de sus crímenes. Yo les pediré cuenta de una herencia destinada esencialmente al entretenimiento de mis templos y de mis ministros, como también al socorro de los pobres.
Visión de un árbol
Vi un árbol muy alto y muy grueso, que tenía cuatro raíces como toneles (aplicable a los tres poderes del parlamentarismo y a la prensa, que se llama cuarto poder); se veían tres sobre la tierra, formando como un tres-pies, y la otra estaba en el corazón del árbol: todas eran tan profundas, que parecían llegar hasta el infierno. Este árbol no tenia hojas ni verdor; su corteza era tan dura como el bronce: era tan alto, que yo no podía ver su cima, y de un lado se inclinaba hacia una pequeña Iglesia (¿otra vez la de España?) como si pretendiera aplastarla, pero sin lograrlo.
Vi en Dios que llegaría un tiempo en que este árbol de malicia y de corrupción seria abatido por el Señor más pronto que lo fue por David el gigante Goliat...
Proyectos impíos
Mas los impíos... componen folletos y libros, y luego los propagan por medio de sus partidarios con el mayor secreto para seducir insensiblemente a los buenos. Y los seducidos, temiendo ser descubiertos, vivirán en la mayor hipocresía y aparentarán sumisión y docilidad a los ministros del Señor... Pero los seductores saldrán de sus retiros cuando sean numerosos sus adeptos, y como los lobos carnívoros cubiertos de piel de oveja se arrojarán contra la Iglesia.
Manifestarán piedad y devoción muy austera; harán grandes limosnas a los pobres y a la Iglesia; darán permiso para edificar templos, conventos y hospitales: sacerdotes y obispos aplaudirán su celo... Pero no se tardará en descubrir sus intenciones. El despecho la rabia de los hipócritas al verse descubiertos serán muy grandes, y pretenderán entonces destruir completamente la Iglesia, y no podrán sufrir ningún sacramento ni ceremonia, ni siquiera la señal de la cruz.
Derrota de los impíos
Mis enemigos, decía el Señor, se alegran todavía; pero su alegría será seguida de muchas angustias, levantan trofeos contra mi: mas sobre los trofeos de su victoria estableceré yo su ruina y su destrozo. La medida está ya llena, y pronto llegará a su colmo. Los malos dan decretos contra mi Iglesia; pero según los decretos de mi justicia, perecerán con sus decretos y leyes sacrílegas. Sí, perecerán; está ya determinado; la sentencia está ya pronunciada. Con mi poderoso brazo los precipitaré como el rayo al fondo del abismo, y caerán con la misma prontitud y violencia que Lucifer y sus secuaces. Esta suerte les espera; la han alcanzado ya muchos de sus partidarios y también uno de sus principales jefes. Dios, añade la profetisa, me reveló el nombre de éste; pero me mandó no descubrirlo, pues se reserva el manifestarlo en tiempo oportuno, y entonces, en el día de su venganza, serán conocidas las personas y sus nombres».
Apología del Gran Monarca 1ª Parte.
paginas 236, 237, 238 y 239.
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904
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miércoles, 20 de abril de 2016
LA FUGA Y DIVISION DE LOS APOSTOLES CON LA PRISION DE SU MAESTRO, LA NOTICIA QUE TUVO SU MADRE SANTISIMA Y LO QUE HIZO EN ESTA OCASION, LA CONDENACION DE JUDAS Y TURBACION DE LOS DEMONIOS CON LO QUE IBAN CONOCIENDO
Venerable María de Jesús de Agreda
1240. Ejecutada la prisión de nuestro Salvador Jesús
como queda dicho, se cumplió el aviso que a los
Apóstoles había dado en la cena, que aquella noche
padecerían todos grande escándalo sobre su persona (Mt
26, 31) y que Satanás los acometería para zarandearlos
como al trigo (Lc 22, 31). Porque cuando vieron prender y
atar a su divino Maestro y que ni su mansedumbre y
palabras tan dulces y poderosas, ni sus milagros y
doctrina sobre tan inculpable conversación de vida no
habían podido aplacar la ira de los ministros, ni templar
la envidia de los pontífices y fariseos, quedaron muy
turbados los afligidos Apóstoles. Y con el natural temor se
acobardaron, perdiendo el ánimo y el consejo de su
Maestro, y comenzando a vacilar en la fe cada uno de
ellos imaginaba cómo se pondría en salvo del peligro que
los amenazaba, viendo lo que con su Maestro y Capitán
iba sucediendo. Y como todo aquel escuadrón de
soldados y ministros acometió a prender y encadenar al
mansísimo Cordero Jesús, con quien todos estaban
irritados y ocupados, entonces los Apóstoles,
aprovechando la ocasión, huyeron sin ser vistos ni
atendidos de los judíos; que cuanto era de su parte, si lo
permitiera el Autor de la vida, sin duda prendieran a todo
el apostolado y más viéndolos huir como cobardes o reos,
pero no convenía que entonces fueran presos y
padecieran. Y esta voluntad manifestó nuestro Salvador
cuando dijo que si buscaban a Su Majestad dejasen ir
libres a los que le acompañaban (Jn 18, 8), y así lo dispuso con la fuerza de su Divina Providencia. Pero el
odio de los pontífices y fariseos también se extendía
contra los apóstoles, para acabar con todos ellos si
pudieran, y por eso le preguntó el pontífice Anás al
Divino Maestro por sus discípulos y doctrina (Jn 18, 19).
1241. Anduvo también Lucifer en esta fuga de los
Apóstoles, ya alucinado y perplejo, ya redoblando la
malicia con varios fines. Por una parte deseaba
extinguir la doctrina del Salvador del mundo y a todos sus
discípulos, para que no quedara memoria de ellos, y para
esto era conforme a su deseo que fuesen presos y
muertos por los judíos. Y este acuerdo no le pareció fácil
de conseguir al demonio y reconociendo la dificultad
procuró incitar a los Apóstoles y turbarlos con
sugestiones, para que huyesen y no viesen la paciencia
de su Maestro en la pasión, ni fuesen testigos de lo que
en ella sucediese. Temió el astuto Dragón que con la
nueva doctrina y ejemplo quedarían los Apóstoles más
confirmados y constantes en la fe y resistirían a las
tentaciones que contra ella les arrojaba, y le pareció que
si entonces comenzasen a titubear los derribaría después
con nuevas persecuciones que les levantaría por medio
de los judíos, que siempre estarían prontos para
ofenderles por la enemistad contra su Maestro. Con este
mal consejo se engañó a sí mismo el demonio, y cuando
conoció que los Apóstoles estaban tímidos, cobardes y
muy caídos de corazón con la tristeza, juzgó este
enemigo que aquella era la peor disposición de la
criatura y para sí la mejor ocasión de tentarlos y les
acometió con rabioso furor proponiéndoles grandes
dudas y recelos contra el Maestro de la vida y que le
desamparasen y huyesen. Y en cuanto a la fuga no
resistieron como en muchas de las sugestiones falsas
contra la fe, aunque también desfallecieron en ella unos
más y otros menos, porque en esto no fueron todos
igualmente turbados ni escandalizados.
1242. Dividiéronse unos de otros huyendo a diferentes
partes, porque todos juntos era dificultoso ocultarse, que
era lo que entonces pretendían. Solos San Pedro y San
Juan Evangelista se juntaron para seguir de lejos a su
Dios y Maestro hasta ver el fin de su pasión. Pero en el
interior de cada uno de los once Apóstoles pasaba una
contienda de sumo dolor y tribulación, que les prensaba
el corazón sin dejarles consuelo ni descanso alguno.
Peleaban de una parte la razón, la gracia, la fe, el amor y
la verdad; de otra las tentaciones, sospechas, temor y
natural cobardía y tristeza. La razón y la luz de la verdad
les reprendían su inconstancia y deslealtad en haber
desamparado a su Maestro, huyendo como cobardes del
peligro, después de estar avisados y haberse ofrecido
ellos tan poco antes a morir con Él si fuera necesario.
Acordábanse de su negligente inobediencia y descuido
en orar y prevenirse contra las tentaciones, como su
mansísimo Maestro se lo había mandado. El amor que
le tenían por su amable conversación y dulce trato, por su
doctrina y maravillas, y el acordarse que era Dios
verdadero, les animaba y movía para que volviesen a
buscarle y se ofreciesen al peligro y a la muerte como
fieles siervos y discípulos. A esto se juntaba acordarse de
su Madre santísima y considerar su dolor incomparable y
la necesidad que tendría de consuelo, y deseaban ir a
buscarle y asistirle en su trabajo. Por otra parte pugnaban
en ellos la cobardía y el temor para entregarse a
la crueldad de los judíos y a la muerte, a la confusión y
persecución. Para ponerse en presencia de la dolorosa
Madre, les afligía y turbaba que los obligaría a volver
donde estaba su Maestro, y si con ella estarían menos
seguros porque los podían buscar en su casa. Sobre todo
esto eran las sugestiones de los demonios impías y
terribles. Porque les arrojaba el Dragón en el
pensamiento terribles imaginaciones de que no fuesen
homicidas de sí mismos entregándose a la muerte, y que su Maestro no se podía librar a sí y menos podría
sacarlos a ellos de las manos de los pontífices, y que en
aquella ocasión le quitarían la vida y con eso se acabaría
toda la dependencia que de él tenían, pues no le verían
más, y que no obstante que su vida parecía inculpable,
con todo eso enseñaba algunas doctrinas muy duras y
algo ásperas hasta entonces nunca vistas y que por ellas
le aborrecían los sabios de la ley y los pontífices y todo el
pueblo estaba indignado contra él, y que era fuerte cosa
seguir a un hombre que había de ser condenado a
muerte infame y afrentosa.
1243. Esta contienda y lucha interior pasaba en el
corazón de los fugitivos Apóstoles, y entre unas y otras
razones pretendía Satanás que dudasen de la doctrina
de Cristo y de las profecías que hablaban de sus
misterios y pasión. Y como en el dolor de este conflicto no
hallaban esperanza de que su Maestro saliese con vida
del poder de los pontífices, llegó el temor a pasar en una
tristeza y melancolía profunda, con que eligieron el huir
del peligro y salvar sus vidas. Y esto era con tal
pusilanimidad y cobardía, que en ningún lugar se
juzgaban aquella noche por seguros y cualquiera sombra
o ruido los sobresaltaba. Y añadióles mayor temor la
deslealtad de Judas Iscariotes, porque temían irritaría
también contra ellos la ira de los pontífices, por no volver
a verse con ninguno de los once, después de perpetrada
su alevosía y traición. San Pedro y San Juan Evangelista,
como más fervientes en el amor de Cristo, resistieron al
temor y al demonio más que los otros y quedándose los
dos juntos determinaron seguir a su Maestro con algún
retiro. Y para tomar esta resolución les ayudó mucho el
conocimiento que tenía San Juan Evangelista con el
pontífice Anás, entre el cual y Caifás andaba el
pontificado, alternando los dos; y aquel año lo era Caifas,
que había dado el consejo profético en el concilio, de que
importaba muriese un hombre para que todo el mundo no pereciese (Jn 11, 49). Este conocimiento de San Juan
Evangelista se fundaba en que el Apóstol era tenido por
nombre principal, y en su linaje noble, en su persona
afable y cortés, y de condiciones muy amables. Con esta
confianza fueron los dos Apóstoles siguiendo a Cristo
nuestro Señor con menos temor. A la gran Reina del cielo
tenían en su corazón los dos Apóstoles, lastimados de su
amargura y deseosos de su presencia para aliviarla y
consolarla cuanto fuera posible, y particularmente se
señaló en este afecto devoto el Evangelista San Juan.
1244. La divina Princesa desde el cenáculo en esta
ocasión estaba mirando por inteligencia clarísima no sólo
a su Hijo santísimo en su prisión y tormentos, sino junto
con esto conocía y sabía todo cuanto pasaba por los
Apóstoles interior y exteriormente. Porque miraba su
tribulación y tentaciones, sus pensamientos y
determinaciones, y dónde estaba cada uno de ellos y lo
que hacía. Pero aunque todo le fue patente a la
candidísima paloma, no sólo no se indignó con los
Apóstoles, ni jamás les dio en rostro con la deslealtad
que habían cometido, antes bien ella fue el principio y el
instrumento de su remedio, como adelante diré (Cf. infra
n. 1457, 1458). Y desde entonces comenzó a pedir por
ellos, y con dulcísima caridad y compasión de madre dijo
en su interior: Ovejas sencillas y escogidas, ¿por qué
dejáis a vuestro amantisimo Pastor que cuidaba de
Vosotros y Os daba pasto y alimento de vida eterna? ¿Por
qué, siendo discípulos de tan verdadera doctrina,
desamparáis a Vuestro Bienhechor y Maestro? ¿Cómo
olvidáis aquel trato tan dulce y amoroso que atraía a sí
Vuestros corazones? ¿Por qué escucháis al maestro de la
mentira, al lobo carnicero que pretende vuestra ruina?
¡Oh amor mío dulcísimo y pacientísimo, qué manso, qué
benigno y misericordioso os hace el amor de los hombres!
Alargad vuestra piedad a esta pequeña grey a quien el
furor de la serpiente ha turbado y derramado. No entreguéis a las bestias las almas que os han confesado
(Sal 73, 19). Grande espera tenéis con los que elegís
para vuestros siervos y grandes obras habéis hecho con
vuestros discípulos. No se malogre tanta gracia, ni
reprobéis a los que escogió Vuestra voluntad para
fundamentos de Vuestra Iglesia. No se gloríe Lucifer de
que triunfó a Vuestra vista de lo mejor de Vuestra casa y
familia. Hijo y Señor mío, mirad a Vuestro amado
discípulo Juan, a Pedro y Jacobo (Jacobo=Santiago: Beati
Iacobi Apostoli) favorecidos de vuestro singular amor y
voluntad. A todos los demás también volved los ojos de
vuestra clemencia y quebrantad la soberbia del Dragón,
que con implacable crueldad los ha turbado.
1245. A toda capacidad humana y angélica excede la
grandeza de María santísima en esta ocasión y las obras
que hizo y plenitud de santidad que manifestó en los ojos
y beneplácito del Altísimo. Porque sobre los dolores
sensibles y espirituales que padeció de los tormentos de
su Hijo santísimo y de las injurias afrentosas que padeció
su divina persona, cuya veneración y ponderación estaba
en lo sumo en la prudentísima Madre, sobre todo esto se
le juntó el dolor de la caída de los Apóstoles, que sola Su
Majestad sabía ponderarla. Y miraba su fragilidad y el
olvido que habían mostrado de los favores, doctrina,
avisos y amonestaciones de su Maestro, y esto en tan
breve tiempo, después de la cena, del sermón que en ella
hizo y de la comunión que les había dado, con la
dignidad de Sacerdotes en que los dejaba tan levantados
y obligados. Conocía también su peligro de caer en
mayores pecados, por la sagacidad con que Lucifer y sus
ministros de tinieblas trabajaban por derribarlos y la
inadvertencia con que el temor tenía poseídos los
corazones de todos los Apóstoles más o menos. Y por
todo esto multiplicó y acrecentó las peticiones hasta
merecerles el remedio y que su Hijo santísimo los
perdonase y acelerase sus auxilios, para que luego volviesen a la fe y amistad de su gracia, que de todo esto
fue María el instrumento eficaz y poderoso. En el ínterin
recopiló esta gran Señora en su pecho toda la fe, la
santidad, el culto y veneración de toda la Iglesia, que
estuvo toda en ella como en arca incorruptible,
conservando y encerrando la Ley Evangélica, el sacrificio,
el templo y el santuario. Y sola María santísima era
entonces toda la Iglesia, y sola ella creía, amaba,
esperaba, veneraba y adoraba al objeto de la fe por sí,
por los apóstoles y por todo el linaje humano. Y esto de
manera que recompensaba, cuanto era posible a una
pura criatura, las menguas y falta de fe de todo lo
restante de los miembros místicos de la Iglesia. Hacía
heroicos actos de fe, esperanza, amor, veneración y culto
de la divinidad y humanidad de su Hijo y Dios verdadero
y con genuflexiones y postraciones le adoraba y con
admirables cánticos le bendecía, sin que el dolor íntimo y
amargura de su alma destemplasen el instrumento de sus
potencias, concertado y templado con la mano poderosa
del Altísimo. No se entendía de esta gran Señora lo que
dijo el Eclesiástico (Eclo 22, 6), que la música en el dolor
es importuna, porque sola María santísima pudo y supo
en medio de sus penas aumentar la dulce consonancia de
las virtudes.
1246. Dejando a los once apóstoles en el estado que se
ha dicho, vuelvo a contar el infelicísimo término del
traidor Judas, anticipando algo este suceso para dejarle
en su lamentable y desdichada suerte y volver al discurso
de la pasión. Llegó, pues, el sacrílego discípulo, con el
escuadrón que llevaba preso a nuestro Salvador Jesús, a
casa de los pontífices, Anás primero y después a Caifás;
donde le esperaban con los escribas, y fariseos. Y como
el divino Maestro a vista de su pérfido discípulo era tan
maltratado y atormentado con blasfemias y con heridas y
todo lo sufría con silencio, mansedumbre y paciencia tan
admirable, comenzó Judas Iscariotes a discurrir sobre su propia alevosía, conociendo que sola ella era la causa de
que un hombre tan inculpable y bienhechor suyo fuese
tratado con tan injusta crueldad sin merecerlo. Acordóse
de los milagros que había visto, de la doctrina que le oyó,
de los beneficios que le hizo y también se le representó
la piedad y mansedumbre de María santísima y la
caridad con que había solicitado su remedio y la maldad
obstinada con que ofendió a Hijo y Madre por un vilísimo
interés, y todos los pecados juntos que había cometido se
le pusieron delante como un caos impenetrable y un
monte inhabitable y grave.
1247. Estaba Judas Iscariotes, como arriba se dijo (Cf.
supra n. 1226), desamparado de la divina gracia después
de la entrega que hizo con el ósculo y contacto de Cristo
nuestro Salvador. Y por ocultos juicios del Altísimo,
aunque estaba entregado en manos de su consejo, hizo
aquellos discursos, permitiéndolo la justicia y equidad
divina en la razón natural y con muchas sugestiones de
Lucifer que le asistía. Y aunque discurría Judas Iscariotes
y hacía juicio verdadero en lo que se ha dicho, pero,
como estas verdades eran administradas por el padre de
la mentira, juntaba a ellas otras proposiciones falsas y
mentirosas, para que viniese a inferir, no su remedio y
confianza de conseguirle, sino que aprehendiese la
imposibilidad y desesperase de él, como sucedió.
Despertóle Lucifer íntimo dolor de sus pecados, pero no
por buen fin ni motivos de haber ofendido a la Verdad
divina, sino por la deshonra que padecería con los
hombres y por el daño que su Maestro, como poderoso en
milagros, le podía hacer y que no era posible escaparse
de él en todo el mundo, donde la sangre del Justo
clamaría contra él. Con estos y otros pensamientos que le
arrojó el demonio, quedó lleno de confusión, tinieblas y
despechos muy rabiosos contra sí mismo. Y retirándose
de todos, estuvo para arrojarse de muy alto en casa de
los pontífices y no lo pudo hacer. Salióse fuera y como una fiera, indignado contra sí mismo, se mordía de los
brazos y manos y se daba desatinados golpes en la
cabeza, tirándose del pelo, y hablando
desentonadamente se echaba muchas maldiciones y
execraciones, como infelicísimo y desdichado entre los
hombres.
1248. Viéndole tan rendido Lucifer, le propuso que fuese
a los sacerdotes y confesando su pecado les volviese su
dinero. Hízolo Judas Iscariotes con presteza y a voces les
dijo aquellas palabras: Pequé entregando la sangre del
Justo (Mt 27, 4). Pero ellos no menos endurecidos le
respondieron que lo hubiera mirado primero. El intento
del demonio era, si pudiera impedir la muerte de Cristo
nuestro Señor, por las razones que dejo dichas (Cf. supra
n. 1130ss) y diré más adelante. Con esta repulsa que le
dieron los príncipes de los sacerdotes, tan llena de
impiísima crueldad, acabó Judas Iscariotes de desconfiar,
persuadiéndose que no sería posible excusar la muerte
de su Maestro. Lo mismo juzgó el demonio, aunque hizo
más diligencias por medio de Poncio Pilatos. Pero como
Judas Iscariotes no le podía servir ya para su intento, le
aumentó la tristeza y despechos y le persuadió que para
no esperar más duras penas se quitase la vida. Admitió
Judas Iscariotes este formidable engaño y saliéndose de
la ciudad se colgó de un árbol seco, haciéndose homicida
de sí mismo el qué se había hecho deicida de su Criador.
Sucedió esta infeliz muerte de Judas Iscariotes el mismo
día del viernes a las doce, que es al mediodía, antes que
muriera nuestro Salvador, porque no convino que su
muerte y nuestra consumada Redención cayese luego
sobre la execrable muerte del traidor discípulo que con
suma malicia le había despreciado.
1249. Recibieron luego los demonios el alma de Judas
Iscariotes y la llevaron al infierno, pero su cuerpo quedó
colgado y reventadas sus entrañas con admiración y asombro de todos, viendo el castigo tan estupendo de la
traición de aquel pésimo y pérfido discípulo. Perseveró el
cuerpo ahorcado tres días en lo público, y en este tiempo
intentaron los judíos quitarle del árbol y ocultamente
enterrarle, porque de aquel espectáculo redundaba
grande confusión contra los sacerdotes y fariseos que no
podían contradecir aquel testimonio de su maldad. Pero
no pudieron con industria alguna derribar ni quitar el
cuerpo de Judas Iscariotes de donde se había colgado,
hasta que pasados tres días, por dispensación de la
justicia divina, los mismos demonios le quitaron de la
horca y le llevaron con su alma, para que en lo profundo
del infierno pagase en cuerpo y alma eternamente su
pecado. Y porque es digno de admiración temerosa lo
que he conocido del castigo y penas que se le dieron a
Judas Iscariotes, lo diré como se me ha mostrado y
mandado. Entre las oscuras cavernas de los calabozos
infernales estaba desocupada una muy grande y de
mayores tormentos que las otras, porque los demonios no
habían podido arrojar en aquel lago a ningún alma,
aunque la crueldad de estos enemigos lo había
procurado desde Caín hasta aquel día. Esta imposibilidad
admiraba al infierno, ignorante del secreto, hasta que
llegó el alma de Judas Iscariotes, a quien fácilmente
arrojaron y sumergieron en aquel calabozo nunca antes
ocupado de otro alguno de los condenados. Y la razón
era, porque desde la creación del mundo quedó señalada
aquella caverna de mayores tormentos y fuego que lo
restante del infierno para los cristianos que recibido el
bautismo se condenasen por no haberse aprovechado de
los sacramentos, doctrina, pasión y muerte del Redentor
y la intercesión de su Madre santísima. Y como Judas
Iscariotes fue el primero que había participado de estos
beneficios con tanta abundancia para su remedio y
formidablemente los despreció, por esto fue también el
que primero estrenó aquel lugar y tormentos aparejados
para él y los que le imitaren y siguieren.
1250. Este misterio se me ha mandado escribir con
particularidad para aviso y escarmiento de todos los
cristianos, y en especial de los sacerdotes, prelados y
religiosos, que tratan con más frecuencia el Sagrado
Cuerpo y Sangre de Jesucristo Señor nuestro y por oficio
y estado son más familiares suyos, que por no ser
reprendida quisiera hallar términos y razones con que
darle la ponderación y sentido que pide nuestra
insensible dureza, para que en este ejemplo todos
tomáramos escarmiento y temiéramos el castigo que nos
aguarda a los malos cristianos según el estado de cada
uno. Los demonios atormentaron a Judas Iscariotes con
inexplicable crueldad, porque no había desistido de
vender a su Maestro, con cuya pasión y muerte ellos
quedarían vencidos y desposeídos del mundo; y la
indignación que por esto cobraron de nuevo contra
nuestro Salvador y contra su Madre santísima, la
ejecutan en el modo que se les permite contra todos los
que imitan al traidor discípulo y cooperan con él en
despreciar la Doctrina Evangélica, los Sacramentos de la
Ley de Gracia y fruto de la Redención. Y es justa razón
que estos malignos espíritus tomen venganza en los
miembros del cuerpo místico de la Iglesia, porque no se
unieron con su cabeza Cristo y porque voluntariamente se
apartaron de ella y se entregaron a ellos, que con
implacable soberbia la aborrecen y maldicen y como
instrumentos de la justicia divina castigan las
ingratitudes que tienen los redimidos contra su Redentor.
Y los hijos de la Santa Iglesia consideren esta verdad
atentamente, que si la tuvieran presente no es posible
dejase de moverles el corazón y les diese juicio para
desviarse de tan lamentable peligro.
1251. Entre los sucesos de todo el discurso de la pasión
andaba Lucifer con sus ministros de maldad muy
desvelado y atento para acabarse de asegurar si Cristo nuestro Señor era el Mesías y Redentor del mundo.
Porque unas veces le persuadían los milagros, y otras le
disuadían las acciones y padecer de la flaqueza
humana que tomó por nosotros nuestro Salvador; pero
donde más crecieron las sospechas del Dragón fue en el
huerto, donde sintió la fuerza de aquella palabra que dijo
el Señor: Yo soy (Jn 18, 5), y fue arruinado el mismo
demonio, cayendo con todos en la presencia de
Cristo nuestro Señor. Había poco rato entonces que salió
del infierno acompañado de sus legiones, después que
habían sido arrojados desde el cenáculo a lo profundo. Y
aunque fue María santísima la que de allí los derribó,
como arriba se dijo (Cf. supra n. 1198), con todo eso
confirió Lucifer consigo y con sus ministros que aquella
virtud y fuerza de Hijo y Madre eran nuevas y nunca
vistas contra ellos. Y en dándole permiso que se
levantase en el huerto, habló con los demás y les dijo: No
es posible que sea este poder de hombre solo, sin duda
éste es Dios juntamente con ser hombre. Y si muere, como
lo disponemos, por este camino hará la Redención y
satisfará a Dios, y queda perdido nuestro imperio y
frustrado nuestro deseo. Mal hemos procedido
procurándole la muerte. Y si no podemos impedir que
muera, probemos hasta dónde llega su paciencia y procuremos
con sus mortales enemigos que le atormenten
con crueldad impía. Irritémosles contra él,
arrojémosles sugestiones de desprecios, afrentas,
ignominias y tormentos que ejecuten en su persona,
compelámoslos a que empleen su ira en irritarle y
atendamos a los efectos que hacen todas estas cosas en
él. Todo lo intentaron los demonios como lo propusieron,
aunque no todo lo consiguieron, como en el discurso de la
pasión se manifiesta, por los ocultos misterios que diré
(Cf. infra n. 1290, 1338, 1342) y he referido arriba.
Provocaron a los sayones para que intentasen atormentar
a Cristo nuestro bien con algunos tormentos menos
decentes a su real y divina persona de los que le dieron, porque no consintió Su Majestad otros más de los que
quiso y convino padecer, dejándoles ejecutar en estos
toda su inhumana sevicia y furor.
1252. Intervino también en impedir la malicia insolente
de Lucifer la gran Señora del cielo María santísima,
porque le fueron patentes todos los conatos de este
infernal Dragón. Y unas veces con imperio de Reina le
impedía muchos intentos, para que no se los
propusiese a los ministros de la pasión; otras veces en los
que les proponía pedía la divina Princesa a Dios no se los
dejase ejecutar y por medio de sus Santos Ángeles
concurría a desvanecerlos y estorbarlos. Y en los que su
gran sabiduría conocía era voluntad de su Hijo santísimo
padecerlos, cesaba en estas diligencias, y en todo se
ejecutaba la permisión de la divina voluntad. Conoció
asimismo todo lo que sucedió en la infeliz muerte y
tormentos de Judas Iscariotes y el lugar que le daban en
el infierno, el asiento de fuego que ha de tener por toda
la eternidad, como maestro de la hipocresía y precursor
de todos los que habían de negar a Cristo nuestro
Redentor con la mente y con las obras, desamparando,
como dice San Jeremías (Jer 17, 13), las venas de las
aguas vivas, que son el mismo Señor, para ser escritos y
sellados en la tierra y alejados del cielo, donde están
escritos los predestinados. Todo esto conoció la Madre de
Misericordia y lloró sobre ellos amargamente y oró al
Señor por la salvación de los hombres y suplicándole los
apartase de tan gran ceguera, precipicio y ruina, pero
conformándose con los ocultos y justos juicios de su
Providencia Divina.
Doctrina que me dio la Reina del cielo María santísima.
1253. Hija mía, admirada estás, y no sin causa, de lo
que has entendido y escrito de la infeliz suerte de Judas
Iscariotes y de la caída de los Apóstoles, estando todos en la escuela de Cristo mi Hijo santísimo, criados a los
pechos de su doctrina, vida, ejemplo y milagros, y
favorecidos de su dulcísima mansedumbre y trato, de mi
intercesión y consejos y otros beneficios que recibían por
mi medio. Pero de verdad te digo que, si todos los hijos
de la Iglesia tuvieran la atención y admiración que este
raro ejemplo les puede causar, en él hallaran saludable
aviso y escarmiento para temer el estado peligroso de la
vida mortal, por más favores y beneficios que reciban las
almas de la mano del Señor, pues todo parecerá menos
que verle, oírle, tratarle y tenerle por dechado vivo de
santidad. Y lo mismo te digo de mí, pues a los Apóstoles
di amonestaciones, y fueron testigos de mi santa e
inculpable conversación, y de mi piedad recibieron
grandes beneficios, les comuniqué la caridad que de
estar en Dios se dimanaba de Su Majestad a mí. Y si en la
tentación, a vista de su mismo Señor y Maestro, olvidaron
tantos favores y la obligación de corresponder a ellos,
¿quién será tan presuntuoso en la vida mortal, que no
tema el peligro de la ruina por más beneficios que haya
recibido? Aquellos eran Apóstoles escogidos por su divino
Maestro, que era Dios verdadero, y con todo eso el uno
llegó a caer más infelizmente que todos los hombres y los
otros a desfallecer en la fe, que es el fundamento de toda
la virtud, y fue conforme a la justicia y juicios
inescrutables del Altísimo. Pues ¿por qué no temerán los
que ni son Apóstoles, ni han obrado tanto como ellos en
la escuela de Cristo mi Hijo santísimo y su Maestro y no
merecen tanto mi intercesión?
1254. De la ruina y perdición de Judas Iscariotes y de su
justísimo castigo, dejas escrito lo que basta para que se
entienda a cuál estado pueden llegar y llevar los vicios y
la mala voluntad a un hombre que se entrega a ellos y al
demonio y desprecia los llamamientos y auxilios de la
gracia. Y lo que te advierto sobre lo que has escrito es
que, no sólo los tormentos que padece el traidor discípulo Judas Iscariotes, sino también el de muchos cristianos
que con él se condenan y bajan al mismo lugar de las
penas, que para ellos fue señalado desde el principio del
mundo, excede a los tormentos de muchos demonios.
Porque mi Hijo santísimo no murió por los ángeles malos
sino por los hombres, ni a los demonios les tocó el fruto y
efectos de la redención, los cuales reciben los hijos de la
Iglesia con efecto en los Sacramentos, y despreciar este
incomparable beneficio no es culpa del demonio tanto
como de los fieles y así les corresponde nueva y diferente
pena por este desprecio. Y el engaño que Lucifer y sus
ministros padecieron, no conociendo a Cristo por
verdadero Dios y Redentor hasta la muerte, siempre
atormenta y penetra las potencias de aquellos malignos
espíritus, y de este dolor les resulta nueva indignación
contra los redimidos, y mayor contra los cristianos, a
quienes más se les aplica la redención y sangre del
Cordero. Y por esto se desvelan tanto los demonios en
hacer que los fieles olviden la obra de la redención y la
malogren, y después en el infierno se muestran más
airados y rabiosos contra los malos cristianos, y sin
piedad alguna les darían mayores tormentos si la justicia
divina no dispusiese con equidad que las penas fuesen
ajustadas a las culpas, no dejando esto a la voluntad de
los demonios, sino tasándolo con su poder y sabiduría
infinita, que aun hasta aquel lugar alcanza la bondad del
Señor.
1255. En la caída de los demás Apóstoles quiero,
carísima, que adviertas el peligro de la fragilidad
humana, que aun en los mismos beneficios y favores que
recibe del Señor fácilmente se acostumbra a ser grosera,
tarda y desagradecida, como les sucedió a los once
Apóstoles, cuando huyeron de su Maestro celestial y le
dejaron con la incredulidad. Este peligro se origina en los
hombres de ser tan sensibles e inclinados a todo lo
sensitivo y terreno y haber quedado estas inclinaciones depravadas por el pecado y acostumbrarse a vivir y obrar
según lo terreno, carnal y sensible más que según el
espíritu. Y de aquí nace que aun a los mismos beneficios
y dones del Señor los tratan y aman sensiblemente y
cuando les faltan por este modo luego se divierten a
otros objetos sensibles y se mueven por ellos y pierden el
tino de la vida espiritual, porque la trataban y recibían
como sensible, con baja estimación del espíritu. Por esta
inadvertencia o grosería cayeron los Apóstoles, aunque
estaban tan favorecidos de mi Hijo santísimo y de mí,
porque los milagros, la doctrina y ejemplos que tenían
presentes eran sensibles; y como ellos, aunque perfectos
o justos, eran terrenos y aficionados a solo aquello
sensitivo que recibían, en faltándoles esto se turbaron
con la tentación y cayeron en ella, como quien había
penetrado poco los misterios y espíritu de lo que habían
visto y oído en la escuela de su Maestro. Con este
ejemplo y doctrina quedarás, hija mía, enseñada a ser mi
discípula espiritual y no terrena y a no acostumbrarte a lo
sensible, aunque sean los favores del Señor y míos. Y
cuando los recibieres, no detenerte en lo material y
sensible, sino levantar tu mente a lo alto y espiritual, que
se percibe con la luz y ciencia interior y no con el sentido
animal (1 Cor 2, 14). Y si lo sensible puede embarazar a
la vida espiritual, ¿qué será lo que pertenece a la vida
terrena, animal y carnal? Claro está que de ti quiero
olvides y borres de tus potencias toda imagen y especies
de criaturas, para que estés idónea y capaz de mi
imitación y doctrina saludable.
MISTICA CIUDAD DE DIOS
VIDA DE LA VIRGEN MARÍA
Venerable María de Jesús de Agreda
Libro VI, Cap. 14
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