viernes, 15 de noviembre de 2019

MILAGROS EUCARISTICOS - 54


EXTASIS INTERRUMPIDO
Año 1496, Azaña (España)

Estando un día la Beata Juana de la Cruz, Religiosa de la Orden de San Francisco, arrebatada en éxtasis, entró en su celda una Hermana familiar suya, y se puso a registrar en un canastillo, buscando cierto objeto.

En el acto mismo volvió la Beata Juana en si, acudió al canastillo, y tomando del brazo a la Hermana, le dijo:

-¡Guárdate bien de tocar la reliquia envuelta en este blanquísimo lienzo! ¡Es el Santísimo Sacramento, traído por los ángeles!

-¿Cómo puede ser esto? replicó la lega, asombrada.

Hablándole entonces con confianza, le dijo:

-Un pecador impío, que habiendo vivido siempre en desgracia de Dios, ha sido condenado al infierno, murió teniendo en la boca la Hostia consagrada Los ángeles no pudieron sufrir que la Majestad de Dios estuviese en tan execrable cadáver, y tomando la Forma con gran reverencia me la han traído a mí, indignísima sierva del Señor, ordenándome que mañana comulgue con esta Hostia, para libertar del purgatorio a un alma que fue devota del Santísimo Sacramento. Te diré más, y sírvate como prueba de la verdad. En el momento en que te pusiste a registrar el canastillo, me dieron un golpe haciéndome volver en mí, y me avisaron acudiese a quitar el peligro de que tocases la sagrada Forma.

Al día siguiente se preparó la Beata Juana de la Cruz con el fervor propio de una amantísima esposa de Jesucristo, y compareciendo un ángel del Señor, la comulgó con la sacrosanta Hostia, que recibió bañada en lágrimas de tiernísimo amor a Jesús Sacramentado.

(P. Fr. Pedro Navarro, Favores del Rey del cielo hechos a su
 esposa Santa Juana de la Cruz, 1, 2, c. 3, pagina 186.)

P. Manuel Traval y Roset

HISTORIA DE ESPAÑA. LO QUE NUNCA DEBIÓ PASAR

Devastación de la Iglesia mediante la protestantización



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domingo, 27 de octubre de 2019

jueves, 17 de octubre de 2019

jueves, 26 de septiembre de 2019

MILAGROS EUCARISTICOS - 53


FLUJO DE SANGRE
Año 1725, Paris (Francia)

Corría el año 1725, y la joven Ana de la Fosse hacía ya veinte años que en París sufría un pertinaz y casi continuo flujo de sangre, a consecuencia del cual había llegado a un extremo tal de debilidad y falta de fuerzas, que ni con muletas podía dar un paso. Sus ojos no podían soportar la luz y todo su cuerpo estaba tan dolorido, que el menor movimiento le causaba indecibles dolores y desmayos. Un vivo dolor de costado le impedía estar en el lecho, siendo preciso llevarla en brazos para que pudiera ir de un lugar a otro.

En este estado se hallaba la enferma, según el testimonio jurado de diversos testigos dignos de fe, cuando se acercaba la festividad del Corpus Christi. En este tiempo excitó Dios en el corazón de la enferma un gran deseo de pedir su curación a Jesucristo en el Santísimo Sacramento, cuando por su casa pasase la procesión.
Animada de viva fe y gran confianza, se hizo llevar junto a la puerta de la calle y allí esperó orando con fervor, el momento que pasase el divino Redentor, y cuando le dijeron: «He aquí el Santísimo Sacramento», quiso ponerse de rodillas, pero faltándole las fuerzas, pidió la mantuviesen en esa postura, no cesando de clamar en alta voz: «Señor, si queréis, podéis curarme».

Entre la muchedumbre que acompañaba al Santísimo, unos se mostraban maravillados, otros, en cambio, se enojaron del singular proceder de esta mujer, y aun hubo quienes la tuvieron por loca. Se acercaban, pues, las gentes diciéndole se retirase, pero ella permanecía firme, moviéndose como podía hacia adelante, diciendo: «Dejadme seguir a mi Dios...». ¡Fe tan grande no podía quedar sin recompensa.

De repente se sintió fortalecida, y con ayuda de dos personas que la acompañaban, se puso en pie. Pero como apenas levantada corriese peligro de caer en tierra, exclamó entonces con más fuerza de voz que antes: «Señor, dejadme entrar en vuestro templo y quedaré sana» Luego dijo a las compañeras que la dejasen ir sola, y, en efecto, se puso por sí misma a andar, con gran admiración de todos, hasta llegar a la parroquia de Santa Margarita a donde llevaban el Santísimo Sacramento. La hemorragia no había cesado del todo, pero en el momento mismo que puso el pie en el templo del Señor, cesó por completo.

La enferma, perfectamente curada, permaneció hora y media delante del altar, ya de pie, ya sentada, ya de rodillas, y después de haber dado gracias a su divino Bienhechor, volvió a su casa sin auxilio de nadie y acompañada de mucha gente que la quería ver, para persuadirse de tan milagrosa curación.

Un sinnúmero de protestantes creyeron en el Santísimo Sacramento, y uno de ellos, dijo solemnemente delante del tribunal eclesiástico, que tal curación era obra milagrosa del Poder divino, y que no creía hubiese milagro mejor probado que éste.

(Cardenal Noailles, arzobispo de Paris, Pastoral del mismo año.)

P. Manuel Traval y Roset

martes, 24 de septiembre de 2019

SIN RESPETO. POR EDUARDO GARCIA SERRANO



Los hombres merecen respeto, sus actos y sus obras, sus decisiones y sus sentencias, en innumerables ocasiones, no. Más allá del respeto debido a la condición humana del más despreciable de los hombres, aunque lleve toga, no siento el menor respeto por la sentencia del Tribunal Supremo que pretende enterrar al Generalísimo Francisco Franco en el olvido profanando, con todos los oropeles judiciales que se quiera, su tumba del Valle de los Caídos.

Nunca, jamás he creído en esa mentira de consenso que mineraliza la independencia del Poder Judicial en una verdad absoluta y en un dogma democrático con la amenazante fuerza de una ley coránica. La cúpula del Poder Judicial español, el Tribunal Supremo y sus éforos del Consejo General del Poder Judicial, son un arrabal más de los poderes políticos, en tanto que sus magistrados lo son, sólo y exclusivamente, en función del cambalache y del apaño que los partidos intercambian en el tapete de los poderes Ejecutivo y Legislativo. En esa timba se reparten las togas del Tribunal Supremo buscando siempre la dependiente docilidad del destinatario del nombramiento, y fundamentalmente en los asuntos de especial relevancia política y, por lo tanto, de enorme transcendencia social e histórica, como la sentencia para la legalización de la profanación de la tumba del Generalísimo Francisco Franco.

Seis magistrados, dos de matute del cuarto turno, sin el filtro aparente de la oposición, elegidos por ese concepto tan subjetivo como etéreo que dieron en llamar “reconocido prestigio”, otros tres togados de reconocidas filias socialistas, a no ser que el PSOE tenga las neuronas tan corrompidas como los bolsillos y designe togados del Supremo a magistrados que le son abiertamente adversos, y el sexto de la unánime sentencia un suplicante del PP que, probablemente, esté “opositando” para ser más progre y más antifranquista que sus compañeros de cartel: los dos de matute del cuarto turno y los tres filosocialistas.

¿Dónde está la independencia del Poder Judicial? En la mentira de consenso aceptada sin rechistar por los profesionales del poder político y de sus afluentes periodísticos, que no quieren que gravite sobre sus cabezas y su carreras la amenaza coránica implícita sólo en la duda razonable de que, los magistrados del Supremo y los éforos del Consejo General del Poder Judicial, sean tan dependientes del poder político como lo fue su ejemplar colega, aquel que presidió la sala que juzgó y asesinó “legalmente” a José Antonio Primo de Rivera, y que el primer día de la vista tuvo un lapsus premonitorio invitando a José Antonio a entrar en la sala diciendo “pase el condenado”.

La sentencia de la profanación legal de la tumba del Generalísimo Francisco Franco no estaba escrita, pero sí estaba dictada desde que el Parlamento decidió deshonrarse aprobando su exhumación. El Tribunal Supremo ha hecho lo de siempre, recoger y reciclar la basura que los políticos dejan en su felpudo.


viernes, 16 de agosto de 2019

La Segunda República con su Frente Popular fue la mayor persecución religiosa de la historia. Por Pío Moa


Leemos a menudo el calificativo de “genocida” dirigido a Franco, en la onda de la propaganda bélica según la cual trataba de exterminar a los obreros. F. Moreno se explaya en el libro coordinado por Santos Juliá Víctimas de la Guerra Civil (1999): “Han caído ya, con la victoria militar, las instituciones democráticas”. Habían caído mucho antes. De hecho, fue su caída lo que ocasionó la guerra. Pero ya sabemos qué entienden por democracia estos autores. “La violencia fue un elemento estructural del franquismo”. Lo es de todos los regímenes. El terror sería “parte integral del glorioso Movimiento Nacional, de su asalto a la República y de la conquista gradual del poder, palmo a palmo, masacre tras masacre”. “La represión y el terror (eran) el pilar central del nuevo Estado, una especie de principio fundamental del Movimiento”. “El fenómeno de la tortura fue masivo y generalizado”. “Se puede afirmar que Franco convirtió a Madrid en un gran presidio”. Etc. En suma, “Un exterminio de clase”. “Las declaraciones de Franco y de sus generales no disimularon nunca su propósito de exterminio”, “Cárceles, torturas y muerte, lejos de disminuir al término de la guerra, se incrementaron al máximo”. “Por todas partes se humilla a la gente sencilla”, y especialmente, dicen, a las mujeres. Durante años, cuenta Juliá, “el fusilamiento de los derrotados continuó siendo un fin en sí mismo (…) Los enemigos solo gozaban de un destino seguro: el exilio o la muerte”. Preston banaliza el holocausto judío, aplicando el término a los sucesos de España.

Todo esto es simplemente propaganda de guerra, que autores como estos intentan revivir de algún modo. Por supuesto, ni de lejos hubo tal exterminio, de clase o no de clase. La casi totalidad de quienes, de buen o mal grado, lucharon por el Frente Popular (1.700.000 hombres), de quienes lo votaron (supuestamente) en las elecciones (4.600.000) o vivieron en su zona (14 millones) ni fueron fusilados ni se exiliaron. Siguieron viviendo en España como los demás, dentro de las penurias que por entonces afectaron a casi toda la población. Es algo tan obvio que asombra leer hoy tales diatribas, claramente pensadas para remover viejos resentimientos, sobre todo entre jóvenes que no vivieron la guerra ni el franquismo.

Con perfecta desenvoltura, los sembradores de tanta falsificación son capaces de escribir al mismo tiempo: “[Que] el dolor de tantas y tantas víctimas anónimas del odio más irracional no sea inútil y, establecida la verdad tras el necesario debate, la guerra civil se incorpore definitivamente a nuestra historia”. “La verdad”. Su “debate” ha consistido en la aplicación de la censura y el intento de condenar a muerte civil y, últimamente, a multas y cárcel, a los discrepantes de tales “historias”.

Hubo sin embargo un genocidio tipificado como tal: “aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un pueblo o grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos”. Y fue el intento de exterminar a la Iglesia. El encarnizamiento con que se llevó a cabo revela hasta qué punto el aborrecimiento al catolicismo era una de las poquísimas señas de identidad comunes a todos los partidos del FP, excepto el PNV, que no obstante cumplió también su papel en la empresa.

Por citar algunos casos, bastantes fueron torturados en espectáculos públicos o “toreados” con banderillas, a otros los castraron y metieron en la boca sus genitales. A un capellán le sacaron un ojo, le cortaron la lengua y una oreja antes de degollarle; otro fue arrastrado por un tranvía, otros más golpeados y cortados con palos, mazas y cuchillos hasta hacerlos pedazos. Algunos quemados vivos. A seglares como una profesora de la Universidad de Valencia le arrancaron los ojos y le cortaron la lengua para impedirle seguir dando vivas a Cristo Rey; otra fue violada delante de su hermano, atado a un olivo, antes de asesinar a ambos. El obispo de Barbastro fue torturado, castrado y fusilado junto con otros clérigos y seminaristas. Cientos de monjas fueron violadas y asesinadas… Casos tales menudearon, y con frecuencia los cadáveres eran golpeados, quemados o tirados por barrancos como de perros. En varios conventos, los milicianos exhumaron ataúdes y esqueletos o cuerpos momificados y los exhibieron en ceremonias grotescas, con imitaciones obscenas de misas. En muchos cementerios fueron rotas las cruces y lápidas con frases cristianas.

Los clérigos asesinados sumaron unos 7.000, incluyendo 13 obispos, a los que hay que añadir un mínimo de 3.000 laicos católicos por el mero hecho de serlo. Fue probablemente la persecución más intensa y sanguinaria sufrida por el cristianismo en su historia, superior a las de Roma y a otras más recientes como la de los bolcheviques en Rusia o las del gobierno masónico en Méjico. Y el aspecto más profundamente característico de nuestra guerra civil.

La extrema violencia contra las personas se proyectó también contra templos y obras de arte: “tesoros históricos y artísticos de incalculable valor fueron pasto de las llamas: retablos, tapices, cuadros, custodias (…) imágenes sagradas de grandes pintores y escultores como Montañés, Salcillo, Pedro de Mena, Alonso Cano, Sert y otros monumentos insignes de la arquitectura y escultura religiosa quedaron abatidos, y ardieron antiquísimas y valiosísimas bibliotecas de conventos, seminarios y catedrales, así como archivos”. Solo en Cataluña fueron destruidos hasta cien mil volúmenes de la biblioteca franciscana de Sarriá , del seminario y del convento de los Capuchinos de Barcelona; cincuenta mil en Igualada. Joyas del románico, del gótico, del barroco y del mudéjar fueron quemadas o voladas. En Madrid, la catedral de San Isidro, en sí misma un gran museo de arte con pinturas italianas y españolas, fue incendiado…. A la primera oleada de destrucciones siguió pronto el saqueo de obras de arte y tesoros diversos, que los dirigentes del FP llevaron al extranjero al perder la guerra.

Se ha pretendido que los jefes “republicanos” trataron de frenar aquellos hechos, pero es más cierto decir que los atizaban en su prensa y que expoliaron cuanto pudieron. El efecto fuera de España resultó muy perjudicial para las izquierdas. Ante las críticas, el órgano del partido azañista Política, “razonaba”: “Ningún tesoro más precioso que la razón, la justicia y la libertad (…) Casi todos esos monumentos, cuya caída deploramos, son calabozos donde se ha consumido durante siglos el alma y el cuerpo de la humanidad”. ¿Por qué lo deploraban, entonces? La incitación a la destrucción era bien clara. Justificar en ¡la razón, la justicia y la libertad!” una persecución tan feroz, sangrienta y culturalmente destructiva, ya dice mucho. Pues bien, aquel periódico y partido suelen ser considerados los más moderados e ilustrados de cuantos componían el FP.

Con todo, una explosión de odio tan desenfrenado en un país tradicionalmente católico no tiene explicación fácil. Madariaga y otros le achacan una gran incultura del clero y arguyen que “el pueblo” se había disociado de la Iglesia porque esta le había olvidado, no atendía a sus necesidades y se había aliado con “las capas reaccionarias” o “con la derecha”, “el capitalismo”, “apoyando siempre al poderoso, al rico, a la autoridad opresora”. Así los crímenes no los habrían perpetrado pequeñas minorías sino “el pueblo”, en particular “el pueblo trabajador”, que, como se sabe, carga con lo que le echen. Pero el argumento es muy difícil de sostener.

Existían en España, como en todos los países, bolsas más o menos extensas de miseria, y también una tradicional despreocupación de las clases altas por la falta de instrucción y la pobreza sufrida en los barrios industriales de Barcelona o Bilbao, y sobre todo entre los jornaleros de Extremadura y Andalucía. Contra un tópico común, desde la primera guerra carlista, un siglo antes, en España había gobernado casi siempre la izquierda, representada por los liberales, fueran moderados o exaltados. Y estos habían oscilado entre un anticatolicismo radical y un “acomodo incómodo” con la Iglesia, a la que habían despojado de grandes bienes y ocasionado atentados y alguna matanza ya en el siglo XIX. Aquellos liberales habían aprendido bien la lección de que la riqueza no procede de sentimientos altruistas sino de que cada uno mire por lo suyo. Por eso era la Iglesia quien, mejor o peor, “miraba por los pobres” con una red de asilos, orfanatos y hospitales, y también promoción personal con escuelas populares, centros de enseñanza profesional, montes de piedad, cajas de ahorro y algún sindicato menor. Y culturalmente sostenían revistas y editoriales, algunos centros universitarios prestigiosos y cuidaban un ingente tesoro artístico legado por los siglos. Por muchas críticas y ataques justificables que pudieran hacerse a estas labores, es imposible que puedan explicar una persecución tan brutal.

El argumento se debilita aún más por cuanto los curas y frailes consagrados a tareas asistenciales y de promoción, que a menudo vivían ellos mismos en auténtica pobreza, fueron cazados como alimañas tanto o más que aquellos que aparecían ligados “al rico y la autoridad opresora”. El empuje de nuevos movimientos más extremos desde principios del siglo XX (marxismo, anarquismo, republicanismo) había agravado más aún la aversión a la Iglesia. Y en esas ideologías creo que cabe encontrar la raíz de un aborrecimiento tan furibundo. Como veremos en la cuarta parte, cada una de ellas presentaba una concepción total del mundo y de la vida, prometedora de sociedades grandiosas; y la Iglesia eran enfocadas como el mayor o uno de los mayores obstáculos a sus proyectos sociales. Esas ideologías, vulgarizadas en tópicos sencillos, podían tener un fuerte efecto sugestivo en mentes incultas. Y también en las refinadas.

No faltan hoy quienes siguen tocando la misma música que Madariaga o Política. Dos botones de muestra: A. Beevor, en su La guerra civil española, 2005 lo entiende como una furia “que parecía rebosar de un pozo centenario de humillaciones y atropellos, de la desesperación de gentes maceradas en el silencio temeroso y en el odio íntimo que de repente ven desaparecer los viejos tabúes”. Buena apología del crimen basada en su ignorancia de la historia de España. Una escritora más o menos pornógrafa, A. Grandes cantaba el goce que según ella sentirían las monjas violadas por “milicianos jóvenes, armados y –¡mmm!—sudorosos”, en un artículo que le valió algunas protestas. A decir verdad, las izquierdas jamás han expresado el menor sentimiento por aquel genocidio. Más aún, han querido intimidar a quienes lo recuerdae. Desde El País, por ejemplo, se ha acusado a la Iglesia de promover un espíritu de guerra civil por beatificar a los mártires de aquella orgía de sangre. Y desde hace años vuelven los conatos de incendios, agresiones y sobre todo la vieja propaganda que desde el siglo XIX ha provocado tantos crímenes, destrucciones y expolios.

Cabe añadir que desde que el Concilio Vaticano II, en los años 60, optase por el “diálogo con los marxistas”, sectores de la Iglesia han llegado a colaborar con sus antiguos exterminadores, y hasta a pedirles perdón; y hoy su jerarquía muestra indiferencia ante la planeada profanación de la tumba de Franco, que la salvó justamente del exterminio. Son hechos, digamos, llamativos.

Pío Moa


domingo, 11 de agosto de 2019

HONOR Y GLORIA A JESUS SACRAMENTADO



Honor y Gloria a Jesús Sacramentado


domingo, 30 de junio de 2019

Carta al Nuncio Apostólico en España. Por el Padre Calvo


Me dirijo a S. E. R. con el respeto de un párroco rural, que quiere representar la voz multitudinaria del alma católica española, no por silenciada menos expresiva en sus manifestaciones públicas del recuerdo agradecido a la figura de su Caudillo providencial, visitado ininterrumpidamente en el Monumento del Valle de los Caídos.

Ese Monumento es la confesión pública y universal de un pueblo católico secular, presidido por la Cruz mayor del Mundo, representativa de una reconciliación nacional, tras la diabólica infiltración marxista, y de una Consagración hecha por Franco en 1965, de la martirial España al Sagrado Corazón, como sello de su inconfundible catolicismo.

El diabólico intento de profanar la tumba del Caudillo Francisco Franco Bahamonde, estadista predilecto entre los gobernantes cristianos, como dijo Pio XII, y condecorado por él mismo con la Cruz de la “Orden Suprema de la Cristiandad”, declarando aquella epopeya del 36 (aparentemente civil), como la Undécima Cruzada, sitúa a esta personalidad en la órbita de los defensores del catolicismo, unido a un pueblo que afrontó una militancia cívico-militar como testimonio tradicional y confesional de siglos desde la Reconquista de ocho siglos, pasando por la lucha de años contra el protestantismo, el liberalismo de las Luces napoleónico y el marxismo demoledor de toda cultura religiosa, o, simplemente, humanista.

Hasta Carlos I respetó el cadáver del mayor heresiarca y enemigo de la Iglesia de Cristo, cuándo estuvo ante su tumba en Wittemberg, dejando su juicio en manos del Creador.

La mejor forma de alcanzar la paz sin odio es respetar la historia, dejando cada reliquia en su sitio, puesto que su posible profanación traería un nuevo y sordo enfrentamiento, totalmente absurdo e innecesario.

Venzamos el odio con el amor de la razón y de la fe. La realidad, como los dogmas, se admiten o se rechazan, pero no se discuten.

Entre las obras de misericordia corporales está la de enterrar a los muertos, y entre las espirituales, la de rezar a Dios por los vivos y los muertos, como cada día hacen los Monjes Benedictinos de esa sacrosanta Basílica Pontifical.

Y ello, porque la categoría específica moral que tiene el católico por haber sido Templo del Espíritu Santo, no la tiene el pagano; de lo que se deriva que la profanación de una tumba sea un atentado contra la religiosidad y la honra debida al sepultado (Canon 1176, 2 y 3):

“La Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos, obteniendo para ellos la ayuda espiritual y la honra de sus cuerpos; y a la vez, proporciona a los vivos el consuelo de la esperanza”.

El Vaticano y la Iglesia española sostienen que no puede negarse a que la familia entierre a Franco en la Cripta de la Almudena.

Todo intento contrario a la justicia, a la sacralidad, al sentido común, a la historia y al respeto de lo intocable, no puede venir si no es por manos de la impiedad diabólica de los enemigos de Dios y de la Patria, de los eternos revanchistas que jamás pueden perdonar la derrota causada por las fuerzas del Bien.


Y no olviden que España ha estado siempre en el punto de mira del sionismo talmúdico. No hay mucho que alegar para demostrar el absurdo, a estas alturas, de profanar una tumba después de 42 años de dictadura liberal que algunos llaman democracia, como sinónimo de paraíso terrenal impoluto y celestial.

Añádase a este intento escandaloso el engaño causado al pueblo español que votó una Constitución atea porque ni la leyó y los pocos que la leímos no fuimos capaces de terminarla por ser legalistamente indigerible.

¿Dónde está el valor moral de tal aprobación votacional…?

¿Y la traición de aquellos obispos (60), que la votaron e invitaron a votarla a sus feligreses?

¿Y el perjurio de un Sucesor que traicionó a Franco, su mentor, y al pueblo español, trayéndonos una libertad sin Dios, frente a “la Libertad de los Hijos de Dios” (Rom, 8)?

Por lo que SUPLICO a S. E. Excelencia transmita este escrito al Vaticano y a la Conferencia Episcopal Española, CEE, para que pongan todos los medios jurídicos, morales e históricos, con declaraciones contundentes a favor de la intocabilidad de la Tumba de Francisco Franco, así como el reconocimiento de los Obispos españoles actuales a las elogiosas declaraciones que en su día hicieron aquellos Obispos del nacional-catolicismo tras la muerte del Caudillo.
¿O las verdades históricas también tienen caducidad…?

Muy mal quedaría para la Historia la cobarde y vengativa traición de la política actual socialista; pero peor quedaría la jerarquía eclesiástica con el escándalo cómplice de tal ingratitud, siendo la Iglesia la mayor deudora de aquella sangre martirial y de aquel heroísmo de un Caudillo puesto por la Providencia Divina para la salvación de la catolicidad universal y de Europa contra el comunismo ateo.

Virtud derivada del patriotismo como obligación derivada del 4º. Mandamiento es la PIEDAD para respetar los símbolos patrios y su Historia; la JUSTICIA SOCIAL, por la que se prefiere en igualdad de condiciones a los ciudadanos, antes que a los extranjeros, y la GRATITUD a los antepasados por sus sacrificios.

Repasen la teología moral, aquella que Sus Señorías nos enseñaron en nuestros estudios teológicos, y que el modernismo Vaticano II, ha hecho olvidar.

¡Pues ese heroico Caudillo, se llamaba FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE!

Agradeciendo sus gestiones, le envía un cordial saludo en Cristo Rey y en María Reina, este servidor cura raso.

P. Jesús Calvo

sábado, 22 de junio de 2019

jueves, 20 de junio de 2019

FIESTA DEL CORPUS CHRISTI


¡Viva Jesús Sacramentado!

viernes, 31 de mayo de 2019

jueves, 30 de mayo de 2019

RITUAL AFRO IDOLATRICO EN UNA IGLESIA DE TURIN



Arriba hay una supuesta danza ritual que pretende invocar a los espíritus. El 16 de febrero de 2019, esta danza se realizó en la Iglesia de los Santos Gervasio y Protasio, situada en un barrio de Turín.

Los bailarines y músicos pertenecen a la Asociación Cultural Tamra en Turín. Su nombre Tamra fue elegido al combinar el tam-tam (un tambor africano) con Ra, el dios pagano del sol.

Cuando el P. Giancarlo Gosmar, el párroco, recibió quejas, respondió que no había visto nada irreverente en esa actuación, aunque el baile es parte de un ritual pagano y los bailarines tenían el torso semidesnudo.


Fotos del video


Tradition In Action

martes, 28 de mayo de 2019

SANTA MISA EN LA MISIÓN SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA DE DAIMIEL



El próximo día 1 de Junio, primer sábado de mes, se celebrará (D.m.) la Santa Misa Tradicional en la Misión Sagrados Corazones de Jesús y María de Daimiel (Ciudad Real) a las 18.00 h.

Oficiara la Santa Misa el R. P. Angel Fabián Benzi

Para mas información: apostoladoeucaristico@hotmail.com

SOR CRISTINA CANTA PARA LGBT



El 6 de febrero de 2019, la hermana Cristina hizo una audición para el concurso "The World's Best" en CBS Television cantando "Born This Way", la exitosa canción de Lady Gaga.

En el video musical de su canción, Lady Gaga adoptó un mito kabalístico sobre el origen del bien y el mal, tratando de justificar la homosexualidad y sus múltiples perversiones. El video musical no perdió una sola oportunidad de ser obsceno. Por esta razón, no le proporcionamos un enlace.

A pesar del atrevido tema de la canción y la inmoralidad de su cantante, la hermana Cristina optó por interpretar la misma canción en su show. Aunque no cantó todas las letras, es obvio que respaldó la pieza.

Reproducimos a continuación las partes más explícitas de las letras que apoyan la homosexualidad y sus perversiones, defendiéndolas como de costumbre:

No seas un dragón, solo sé una reina
Ya sea que estés quebrado o siempre verde
Eres negro, blanco, beige, cholo desciende
Eres libanés, estás orientado
Si las discapacidades de la vida
te dejaron marginado, intimidado o bromeado
Alégrate y amate a ti mismo hoy
'Porque bebé, naciste de esta manera

No importa gay, heterosexual o
lesbiana, vida transgénero
Estoy en el camino correcto bebé
nací para sobrevivir
No importa negro, blanco o beige
Chola u orient
me hicieron en el camino correcto bebé
, nací para ser valiente

, soy hermosa en mi camino
Porque Dios no comete errores
, estoy en el camino correcto,bebe
nací de esta manera





Fotos del video


Tradition In Action

martes, 14 de mayo de 2019

PASAJES DE LA BIBLIA



SANTA MISA EN LA MISIÓN SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA DE DAIMIEL



El próximo sábado día 18 de Mayo, se celebrará (D.m.) la Santa Misa Tradicional en la Misión Sagrados Corazones de Jesús y María de Daimiel (Ciudad Real) a las 18.00 h.

Oficiara la Santa Misa el R. P. Angel Fabián Benzi

Para mas información: apostoladoeucaristico@hotmail.com

domingo, 5 de mayo de 2019

UN MORIBUNDO A SU CRUCIFIJO - SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO


Jesús, mi Redentor que vais a ser mi juez dentro de poco, tened misericordia de mí antes que llegue el terrible momento en que me habéis de juzgar. Ni la enormidad de mis culpas, ni la severidad de vuestra sentencia me intimidan ya, viéndoos muerto en esta cruz para salvarme.

Consoladme, sin embargo, en la agonía en que me encuentro: mis enemigos quieren asustarme, diciéndome que no hay salvación para mí; pero yo no quiero perder ni por un instante mi confianza en vuestra infinita bondad, ni cesar de exclamar con el Profeta: Tú eres mi amparo. Consoladme, decid a mi alma: Yo soy tu salud.

No se pierdan las ignominias y el dolor que habéis sufrido, ni la preciosa sangre que habéis derramado por mí. Os ruego sobre todo, por el dolor que experimentasteis cuando vuestra alma se separó de vuestro cuerpo, tengáis piedad de mi alma cuando salga del barro de que se compone el mío.

Verdad es que a menudo os he ofendido con mis pecados, pero en este momento os amo más que a todas las cosas, más que a mí mismo: me arrepiento de todo corazón de los disgustos que os he causado con mis pecados y los detesto y abomino. Conozco que por las ofensas que os he hecho he merecido mil veces el infierno, pero la dolorosa muerte que por mí sufristeis, y las gracias sin número que me habéis, concedido, me permiten esperar que al entrar en la eternidad, me daréis el beso de paz.

Lleno de confianza en vuestra bondad, oh Dios mío, me arrojo en vuestros paternales brazos. Las ofensas que os he hecho me han merecido el infierno, pero por esa sangre preciosa espero que ya me habréis perdonado y podré algún día ir a cantar en el cielo vuestras misericordias: Misericordias Domini in aeternum cantabo.

De buena voluntad acepto las penas que me están preparadas en el purgatorio; justo es que el fuego purifique mis pecados. ¡Oh santa prisión! ¿Cuándo seré yo tú habitante? yo estaré sufriendo en tu seno, pero con la certidumbre de no haber perdido a mi Dios y Señor. ¡Oh sagrado fuego del purgatorio! ¡Cuándo será que purifiques mi alma de todas esas manchas y me hagas digno de atravesar el umbral del paraíso!

¡Eterno Padre! por los merecimientos de la pasión de Jesucristo, hacedme morir en vuestra gracia y en vuestro amor para que os ame eternamente en el cielo. Os doy gracias por los beneficios que me habéis concedido durante mi vida y sobre todo por haber permitido que en estos días, los últimos de mi vida, recibiera todos los santos sacramentos.

Ya que disponéis mi muerte, quiero morir por agradaros, que poco es que yo muera por vos, ¡oh Jesús mío, si vos habéis muerto por mí! Diré con San Francisco: Moriré por tu amor puesto que tú te dignaste morir por el mío.

Recibo la muerte con tranquilidad: acepto con gozo todas las penas que tendré que sufrir aún, hasta el momento en que expire. Dadme fuerza para sufrirlas con resignación y con paciencia. Ofrezco estas penas para mayor gloria vuestra y las uno a las que sufristeis en vuestra pasión. Eterno Padre, os consagro el término de mi vida y todo mi ser: os pido que os dignéis aceptar este sacrifico, por los méritos de vuestro divino Hijo que se ofreció en espontánea ofrenda para la salvación del linaje humano.

Virgen María, madre de Dios, que me habéis alcanzado tantos favores del Señor durante mi vida, os doy gracias de todo corazón; no, no me abandonéis en mis últimos instantes, en los que más que nunca necesito del apoyo de vuestra intercesión. Rogad a Jesús que me conceda el más sincero arrepentimiento de mis pecados y el más perfecto amor hacia El: mis remordimientos y mi amor son el único medio por el que me es dado esperar que algún día conseguiré amarle eternamente en el cielo. Virgen María, mi única esperanza, confío enteramente en vos.

Consideraciones Piadosas
San Alfonso María de Ligorio

sábado, 27 de abril de 2019

Hace exactamente 50 años, Pablo VI intentó destruir el Santo Sacrificio de la Misa

Por RORATE CÆLI- 17/04/2019


7. La última cena o la misa para asistir o reunión de personas que se reúnen juntos, Presidente sacerdote para celebrar el memorial del Señor. ¿Por qué congregación local de la Iglesia y eminentemente vale la promesa de Cristo: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20).

7. La cena del Señor, o Misa, es el encuentro sagrado o congregación de la asamblea del pueblo de Dios, con presidencia del sacerdote, para celebrar el memorial del Señor. Por esta razón, se aplica eminentemente a tal reunión local de la santa Iglesia la promesa de Cristo: “Donde se reúnen dos o tres en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos (Mt. 18, 20)”

Esta es la definición original completa de la misa según el Novus Ordo Missae de 1969, el Nuevo Orden de la Misa promulgado por la Constitución Apostólica Missale Romanum, para horror de muchos creyentes católicos, hace hoy exactamente 50 años. Eran, de forma discutida, las palabras litúrgicas más influyentes escritas en el siglo XX y señalaron una línea divisoria: en cierto sentido cerraban el libro escrito desde la antigüedad remota y el capítulo que comenzó en las sesiones XIII y XXII del Concilio de Trento.

El número 7 de la primera edición de la Institutio Generalis Missalis Romani (Instrucción General del Misal Romano) es el momento final del movimiento litúrgico original. Los que lo redactaron también pensaron que tendrían la última palabra en la historia de la Misa Tradicional: en unos pocos meses la tormenta desatada con estas palabras en el límite de su aceptabilidad, hizo estallar el Breve estudio crítico del Nuevo Orden de la Misa, presentado al Papa y al mundo católico bajo los auspicios del cardenal Ottaviani, primer prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, y de Bacci.

Las olas levantadas por ese texto no se han calmado. Ese famoso número 7 y otras palabras sumamente problemáticas de la Instrucción General del Misal Romano original (en el que no se menciona Trento ni una sola vez) y del Ordo Missae serían modificadas en 1970, 1975 y 2002. Aunque mucho se reivindicó por las correcciones rápidas y significativas de 1970 (y esencialmente por la proclamación del papa Benedicto XVI de que el Misal Romano tradicional nunca fue abrogado), ¿puede negarse que el espíritu de la Instrucción General del Misal Romano de 1969 habita en la Nueva Misa o “forma ordinaria”?

Mientras los textos de 1970, 1975 y 2002 están ampliamente disponibles, hasta ahora había sido imposible encontrar la fuente original de la controversia en Internet. En Rorate primero presentamos a nuestros lectores en 2011 la Instrucción General del Misal Romano de la Romana, de 1969 y aprovechamos la oportunidad de este trágico aniversario para hacer saber de nuevo todo el horror que Pablo VI forjó.

(Nota: ésta es la Instrucción General del Misal Romano íntegra, pero sólo las primeras páginas de la publicación original completa del Ordo Missae de 1969 promulgada el 3 de abril de 1969 por la Constitución Apostólica Missale Romanum, del papa Pablo VI).


New catholic



lunes, 8 de abril de 2019

En el centenario de la muerte de Francisco de Fátima, nueva evidencia fotográfica y de escritura a mano, próximamente se publicará la fecha de la desaparición de la hermana Lucía I en los años 1958 a 1967. La nueva evidencia también implica directamente al convento carmelita en Coimbra en el fraude.

Francisco Marto, el niño que vio a Nuestra Señora en Fátima, ora  por la
hermana Lucia verdad mientras nos acercamos más a la verdad.

Además de ser el centenario de la muerte de Francisco Marto de Fátima, primo de la hermana Lucia dos Santos, también es el segundo aniversario de la muerte de nuestro querido amigo John Vennari. Que él mueriese en este día nos muestra que Dios une los detalles de nuestras vidas e incluso nuestras muertes con la mano firme de Su Providencia de la manera más maravillosa. John estaba dedicado a Francisco y que un hombre así muriera el mismo día que lo hizo el Vidente de Fátima, una aparición a la que John dio tanto de su vida, nos hace llorar de lágrimas de gratitud. Descansa en paz John. 

Francisco, ruega por nosotros para que podamos poner en orden la grave injusticia que se cometió con tu prima Lucía. Nuestra Señora te prometió el cielo. Esta a nuestro lado.

La última incorporación a la Hermana Lucia Verdad es muy importante y ayuda científicamente a identificar tanto el fraude de 1967 como a la "Hermana Lucía", pero también IMPLICA DIRECTAMENTE AL CARMELO DE COIMBRA EN EL ENCUENTRO Y SUSTITUCIÓN DE LA HERMANA LUCIA VERDADERA POR UNA IMPOSTORA. La información que se publicará próximamente, junto con el análisis y los textos que la acompañan, prueba que los TEXTOS DE FUENTE atribuidos a la Hermana Lucía, de los cuales se extrae el libro "Senderos", publicado por el Carmelo de Coimbra, es un ejemplo de falsificación. Además, qué fue eso ... las Carmelitas de Coimbra son "Cooperadoras" de la organización ... que acabo de decir.

Gracias a uno de nuestros lectores y su acceso a ediciones posteriores del libro "Pathways", hemos localizado fotos de la verdadera Hermana Lucía, algunas de las cuales datan de principios de los años 50 y una de ellas data de 1956. Esto proporciona evidencia fotográfica de el hecho de que la Hermana Lucía estaba aún viva en 1956. Esta información se puede colocar junto a la entrevista aparentemente auténtica con el Padre. Fuentes, el 26 de diciembre de 1957, para establecer que la verdadera Hermana Lucía todavía estaba en escena al menos hasta 1958.

Para obtener la información más reciente sobre la investigación de la Hermana Lucía Verdad, inscríbase para recibir notificaciones por correo electrónico en sisterlucyimposter.org

 El Dr. Chojnowski

Fuente: RadTrad Thomist

Traducido con google, con algunas correcciones.