miércoles, 30 de junio de 2010

VIGILANTES DE LA NOCHE



Este video trata sobre la Abadía benedictina de Barroux, Francia, que sigue la liturgia tradicional, es decir, la Santa Misa de siempre. En el que se muestra la vida de oración y de trabajo de los monjes benedictinos, marcada por los diferentes oficios de la jornada cantados en gregoriano.

martes, 29 de junio de 2010

lunes, 28 de junio de 2010

CARTA ABIERTA A LOS CATÓLICOS PERPLEJOS (X)

EL ECUMENISMO

En medio de esta confusión de ideas, en la que algunos cristianos parecen ahora complacerse, hay una tendencia particularmente perniciosa para la fe y tanto más peligrosa por cuanto se presenta con las apariencias de la caridad. La palabra ecumenismo, aparecida en 1927 en un congreso que se reunió en Lausanne, debería poner por sí misma en guardia a los católicos, teniendo en cuenta la definición que se da de dicha palabra en todos los diccionarios: "Ecumenismo-. movimiento favorable a la reunión de todas las Iglesias cristianas en una sola". No es posible fundir principios contradictorios, eso es evidente; no se puede reunir la verdad y el error para hacer de ellos una sola cosa. Esto sólo sería posible adoptando errores y rechazando parcial o totalmente la verdad. El ecumenismo se condena por sí mismo.

El término alcanzó tal difusión a partir del último concilio que penetró el lenguaje profano. Ahora se habla de ecumenismo universitario, de ecumenismo informático y de otros tipos de ecumenismo, para expresar una posición de diversidad, de eclecticismo.

En el lenguaje religioso, el ecumenismo se extendió últimamente a las religiones no cristianas, lo cual se tradujo inmediatamente en actos. Un diario del oeste de Francia nos indica mediante un ejemplo preciso el modo en que se realiza la evolución: en una pequeña parroquia de la región de Cherburgo, la población católica se preocupa por los trabajadores musulmanes que acaban de llegar a una construcción. Esta es una actitud caritativa y no se puede dejar de felicitar a dichos católicos. En una segunda fase, vemos a los musulmanes pidiendo un local para celebrar el Ramadan y a los cristianos ofreciéndoles el subsuelo de su iglesia. Luego comienza a funcionar en ese lugar una escuela coránica. Al cabo de dos años, los cristianos invitan a los musulmanes a celebrar la Navidad con ellos y mediante "una oración común preparada sobre la base de extractos de los suras del Corán y de los versículos del Evangelio". La caridad mal entendida condujo a esos cristianos a pactar con el error.

En Lille, los dominicos proporcionaron a los musulmanes una capilla para que fuera transformada en mezquita. En Versalles, se ha pedido dinero en las iglesias para "la compra de un lugar de culto para los musulmanes". En Roubaix y en Marsella les fueron cedidas otras capillas, así como una iglesia en Argenteuil. ¡Los católicos se convierten en apóstoles del peor enemigo de la Iglesia de Cristo que es el islamismo y ofrecen sus óbolos a Mahoma! Según parece, en Francia hay más de cuatrocientas mezquitas y en muchos casos fueron los católicos quienes proporcionaron el dinero para su construcción.

Hoy todas las religiones tienen derecho de ciudadanía en la iglesia. Un cardenal francés celebraba un día la misa en presencia de monjes tibetanos a los que había puesto en la primera fila, vestidos con sus hábitos de ceremonia y se inclinaba frente a ellos mientras un animador anunciaba; "Los bonzos participarán con nosotros en la celebración eucarística". En una iglesia de Rennes se celebró el culto de Buda; en Italia, veinte monjes fueron iniciados solemnemente en el zen por un budista.

No terminaría nunca de citar ejemplos de sincretismo que se nos presentan todos los días. Asistimos al desarrollo de asociaciones, al nacimiento de movimientos que siempre encuentran un eclesiástico para presidirlos, como ese movimiento que quiere llegar "a la fusión de todas las espiritualidades en el amor". O bien se lanzan proyectos asombrosos como la transformación de Nótre-Dame-de-la-Garde en lugar de culto monoteísta para los cristianos, los musulmanes y los judíos, proyecto que felizmente encontró la firme oposición de grupos de laicos.

El ecumenismo, en su acepción estrecha, es decir, reservado a los cristianos, organiza celebraciones eucarísticas comunes con los protestantes, como se ha hecho especialmente en Estrasburgo; o bien son los anglicanos quienes invitan en la catedral de Chartres para celebrar la "Cena eucarística". La única celebración que no se admite ni en Chartres, ni en Estrasburgo, ni en Rennes ni en Marsella es la de la Santa Misa según el rito codificado por san Pío V.

¿Qué conclusión puede sacar de todo esto el católico que ve a las autoridades eclesiásticas consintiendo en ceremonias tan escandalosas? La conclusión de que todas las religiones tienen su valor, de que podría muy bien buscar uno la salvación entre los budistas o los protestantes. Ese católico corre el riesgo de perder la fe en la Santa Iglesia. Y eso es lo que se les sugiere; se quiere someter a la iglesia al derecho común, se la quiere colocar en el mismo plano que las otras religiones, se evita decir (hasta entre sacerdotes, seminaristas y profesores de seminario) que la Iglesia católica es la única iglesia, que ella sola posee la verdad, que ella sola es la única capaz de dar la salvación a los hombres por obra de Jesucristo. Ahora se dice abiertamente: "La (Iglesia no es más que un fermento espiritual en la sociedad pero al igual que las demás religiones..., tal vez un poco más que las otras religiones..." En rigor de verdad se acepta, y no siempre, asignarle una ligera superioridad. En ese caso la Iglesia sería tan solo útil, ya no sería necesaria. Constituiría uno de los medios de alcanzar la salvación.

Es menester decirlo claramente: semejante concepción se opone de manera radical al dogma mismo de la iglesia católica. La Iglesia es la única arca de salvación, no debemos tener miedo de afirmarlo. Muchas veces se habrá oído decir: "Fuera de la Iglesia no hay salvación" y esto choca a las mentalidades contemporáneas. Es fácil hacer creer que este principio ya no está en vigor, que ha quedado superado. Parece un principio de severidad excesiva.

Sin embargo nada ha cambiado, pues nada puede cambiar en este dominio. Nuestro Señor no fundó varias Iglesias, sino que fundó sólo una. Sólo hay una cruz por obra de la cual uno puede salvarse y esa cruz le ha sido dada a la Iglesia católica, no ha sido dada a las demás. Cristo dio todas sus gracias a su Iglesia que es su esposa mística. Ninguna gracia otorgada al mundo, ninguna gracia registrada en la historia de la humanidad se distribuye sin pasar por la Iglesia.

¿Quiere eso decir que ningún protestante, ningún musulmán, ningún budista, ningún animista se salvará? No, eso no es cierto, pensarlo es incurrir en un segundo error. Aquellos que protestan contra la intolerancia al oír la fórmula de san Cipriano "Fuera de la Iglesia no hay salvación" ignoran el Credo "Reconozco un solo bautismo para la remisión de los pecados" y no están suficientemente instruidos sobre lo que es el bautismo. Hay tres maneras de recibirlo: el bautismo por el agua, el bautismo por la sangre (éste es el bautismo de los mártires que confesaron su fe cuando todavía eran catecúmenos) y el bautismo de deseo.

El bautismo de deseo puede ser explícito. Muchas veces en África oíamos que uno de nuestros catecúmenos decía: "Padre mío, bautíceme en seguida pues si muriera antes de su próximo paso por aquí iría al infierno". Nosotros les respondíamos: "No, si no tenéis un pecado mortal sobre la conciencia y si tenéis el deseo del bautismo ya poseéis la gracia en vosotros".

Esa es la doctrina de la Iglesia que reconoce también el bautismo de deseo implícito. Este bautismo consiste en el acto de hacer la voluntad de Dios. Dios conoce todas las almas y por consiguiente sabe que en los medios protestantes, musulmanes, budistas y en toda la humanidad hay almas de buena voluntad. Esas almas reciben la gracia del bautismo sin saberlo, pero de una manera efectiva y, por lo tanto, quedan incorporadas a la iglesia.


Pero el error consiste en pensar que esas almas se salvan por su religión; se salvan en su religión, pero no por esa religión. No se salvan por obra del islamismo o por obra del sintoísmo. En el cielo no hay Iglesia budista, ni iglesia protestante. Estas son cosas que pueden parecer duras, pero así es la verdad. No fui yo quien fundó la Iglesia, fue Nuestro Señor, el hijo de Dios. Nosotros, los sacerdotes, estamos obligados a decir la verdad.

¡Pero al precio de qué dificultades llegan a recibir el bautismo de deseo los hombres de aquellos países en los que no ha penetrado el cristianismo! El error es una pantalla que oculta al Espíritu Santo. Por eso la Iglesia envió siempre misioneros a todos los países del mundo y muchos de ellos murieron en el martirio. Si se puede encontrar la salvación en cualquier religión, ¿para qué cruzar los mares e ir a climas insalubres para someterse a una vida penosa, a la enfermedad y a una muerte prematura? Después del martirio de san Esteban, el primero que dio su vida por Cristo, motivo por el cual se celebra su fiesta el día siguiente de Navidad, el 26 de diciembre, los apóstoles se embarcaron para difundir la buena nueva en toda la cuenca del Mediterráneo; ¿habrían procedido así si la salvación podía encontrarse también en el culto de Cibeles o en los misterios de Eleusis? ¿Por qué Nuestro Señor les habría dicho: "Id a evangelizar las naciones"?

Es pasmoso que hoy algunos pretendan dejar a cada uno el cuidado de encontrar su camino hacia Dios según las creencias de su "medio cultural". El obispo dijo a un sacerdote que quería convertir a pequeños musulmanes: "Pero no, haga de ellos buenos musulmanes, eso será mejor que convertirlos en católicos". Me han asegurado que los padres de Taizé habían solicitado antes del concilio hacerse católicos después de abjurar de sus errores. Las autoridades les dijeron entonces: "No, esperen, después del concilio ustedes serán el puente entre los católicos y los protestantes".


Quienes dieron semejante respuesta tienen una pesada responsabilidad ante Dios, pues la gracia se da en un determinado momento y tal vez no siempre ocurre. En la actualidad los padres de Taizé, que sin duda tienen buenas intenciones, continúan estando fuera de la Iglesia y siembran la confusión en el espíritu de los jóvenes que van a verlos.

Ya me he referido a las conversiones que cesaron bruscamente en países como los Estados Unidos donde se producían alrededor de ciento setenta mil por año, como Gran Bretaña, como Holanda.

El espíritu misionero se ha extinguido porque se ha dado una mala definición de la Iglesia y a causa de la declaración del concilio sobre la libertad religiosa de la que ahora tendré que hablar.

Mons. Marcel Lefebvre

(Continuará)

domingo, 27 de junio de 2010

EL CID - PELÍCULA

El Cid (1961)

1ª parte




2ª parte



sábado, 26 de junio de 2010

LIBRO: EN LAS AGUAS TURBIAS DEL CONCILIO VATICANO II


“El Concilio es como un manantial que se convierte
en un río. La corriente del río nos sigue aun cuando
la fuente del manantial está lejos. Se puede decir que
el Concilio dejó un legado a la Iglesia que lo celebró. El
Concilio no nos obliga tanto a mirar hacia atrás, al acto
de su celebración, sino, más bien, nos obliga a tomar en
consideración la herencia que de él hemos recibido, la
cual está presente y permanecerá presente en el futuro.
¿Qué herencia es esa?”

Paulo Vl



El estudio más completo acerca del Concilio Vaticano II que se haya hecho hasta ahora y el objetivo primario es el análisis del Concilio Vaticano II, su espíritu, su pensamiento de fondo y sus frutos. El objetivo secundario es el estudio de la unidad que dichos elementos presentan entre sí.

Plan de la obra:

1° Análisis de la letra de los documentos conciliares (volumen I).

2° Análisis del espíritu del concilio (volúmenes II, III, IV y V).

3° Análisis de los frutos del Vaticano II (además de los tratados en los volúmenes anteriores, especialmente los volúmenes VI, VII, VIII, IX, X y XI).

Descripción sumaria de cada volumen de esta obra:

I En las Aguas Turbias del Concilio Vaticano II: busca analizar la letra de los documentos conciliares y muestra la imposibilidad de hacerlo debido a su ambigüedad lingüística intencional.

II Animus Injuriandi I (Deseo de Insultar I): presenta una larga serie de ofensas hechas a la Santa Madre Iglesia por los jerarcas y teólogos más representativos tanto de los tiempos inmediatos previos al Vaticano II como posteriores a éste.

III Animus Injuriandi II: relata las ofensas contra la religión.

IV Animus Delendi I (Deseo de Destruir I): presenta una doctrina del progresismo y un plan para la auto-demolición de la Iglesia y los importantes hechos que muestran cómo este nefasto trabajo está siendo realizado.

V Animus Delendi II: presenta un resumen de las dos principales iniciativas desarrolladas por la corriente progresista: el ecumenismo y la secularización. El objetivo indirecto de estas iniciativas, alentadas oficialmente por los pontífices conciliares, es la destrucción de la fe católica y los restos de la Cristiandad que todavía viven en los Estados y en la sociedad occidentales.

VI Inveniet fidem? (¿Encontrará Fe?): demuestra cómo los documentos conciliares están propiciando una sistemática destrucción de la fe católica.

VII Destructio Dei (La Destrucción de Dios): demuestra cómo la teología conciliar está mudando la concepción personal y transcendente de Dios que la fe católica nos enseñó.

VIII Fumus Satanae (El humo de Satanás): presenta el nuevo concepto inmanente de Dios que está siendo predicado por la teología conciliar.

IX Creatio (Creación): presenta la nueva doctrina progresista – el evolucionismo – y cómo está siendo aplicada para modificar la noción de la creación y de la historia.

X Peccato, Redemptio (Pecado y Redención): analiza el ataque a las nociones tradicionales de pecado original y de la redención y las nuevas teorías que las reemplazan.

XI Ecclesia (La Iglesia): analiza los principales nuevos conceptos de Iglesia que vienen del Vaticano II: Iglesia misterio, pueblo de Dios, Iglesia pecadora, Iglesia peregrina, Iglesia pobre, etc.

Dada la profundidad y seriedad de análisis, como también por la abundante documentación contenida, esta obra está dirigida a un público bastante amplio, ya que creemos merece la lectura cuidadosa y reflexiva de obispos, sacerdotes, estudiosos, historiadores, fieles y público en general.

Juan Valdivieso V.
Editor


PRÓLOGO ESPECIAL
por

R.P. Malachi Martin, SJ.

Este primer volumen de la colección Eli, Eli, Lamma Sabacthani? coloca al autor Atila Sinke Guimarães como uno de los actuales estudiosos mejor informados de aquel evento que marcó época: el Concilio Vaticano II. Hasta el momento, el examen más enciclopédico y detalladamente informado sobre el Concilio había sido realizado por el profesor (Romano) Amerio, en su Iota Unum. La colección de Guimarães concurre justamente a reemplazar Iota Unum como el mejor libro de fuente, de múltiples finalidades, sobre el Concilio. Y no es arriesgado o apresurado predecir que esta obra de Guimarães será un trabajo de referencia sobre la materia, inclusive a lo largo del siglo XXI.

El título del primer volumen, En las Aguas Turbias del Concilio Vaticano II, expresa exactamente su contenido. Todos los que vivimos en los años del Vaticano II (1962-1965) y tuvimos que tratar con sus consecuencias, podemos reconocer inmediatamente la entera precisión de este volumen. La ambigüedad, cultivada y, como fue, perfeccionada en la composición de los dieciséis principales documentos del Concilio, es ahora vista como el medio más hábil encontrado tanto para destruir el carácter romano y la catolicidad de la Iglesia Católica romana, como para entregarles toda esa organización institucional de mil millones de miembros a las manos listas y ávidas de aquellos para quienes la existencia del Papado tradicional y de la organización jerárquica fue por un largo tiempo un anatema.

Se lee este volumen con un cierto sentimiento de malestar, el cual ha sido causado por la manera unificada por la que los propios teólogos y prelados de la Iglesia conspiraron conscientemente, para hacer efectiva la actual tendencia de des-romanización y des-catolización de la otrora monolítica institución.

Nueva York, 25 de septiembre de 1997.


ACLARACIONESDEL AUTOR

§1 El título de este volumen, En las Aguas Turbias del Concilio Vaticano II, podría parecer una acusación irrespetuosa lanzada al Concilio justo en el inicio de una obra que busca analizarlo con imparcialidad.

Sin embargo, la imagen de las “aguas turbias” referidas al Vaticano II no es nuestra. Ella fue usada por Mons. Philippe Delhaye, profesor de la Universidad de Louvain-la-Neuve y secretario general de la Comisión Teológica Internacional (1973 a 1988). En efecto, Mons. Delhaye dice: “El Vaticano II fue una cúspide en la vida de la Iglesia, para el cual concurrieron movimientos de ideas tales como las del movimiento litúrgico: una cúspide de la cual fluyen y fluirán torrentes de agua viva para la Iglesia. Por el momento estas aguas están, algunas veces, turbias; ocurrieron ciertas desviaciones; pero acontecerá con este Concilio lo que sucedió con otros: tomará años para que se puedan ver sus efectos”.

§2 El cardenal Leo Józef Suenens, arzobispo de Malinas, uno de los cuatro moderadores que dirigieron el Concilio y ciertamente uno de los más influyentes personajes en la asamblea conciliar, también empleó la metáfora de las aguas turbulentas. Afirma él: “En pocas palabras, un trabajo falta por hacer: el de armonizar dos puntos de vista y conducirlos a una síntesis perfecta. Existe en Irlanda un lugar muy conocido por los turistas llamado the meeting of the waters. Es un valle en el cual dos ríos chocan impetuosamente uno contra otro para formar, después, un solo río de aguas calmas. Les ofrezco esta metáfora como un convite para llevar a término, en un diálogo fraterno, la maravillosa sinfonía – infelizmente incompleta como toda la creación humana – de la Lumen gentium”.

§3 Refiriéndose al mismo conflicto de tendencias, esta vez en la fase post-conciliar del pontificado de Paulo VI, el cardenal Suenens también utiliza la metáfora de “las aguas turbias”: “Paulo VI debía conducir la barca de Pedro entre corrientes opuestas que enturbiaron las aguas. Para algunos, en la propia Roma, él fue muy favorable a las tendencias de la mayoría [los progresistas], y las reformas que él realizó encontraron una fuerte oposición local. Mientras que, fuera de Roma, las hesitaciones y las tardanzas [hacia las reformas] se acentuaban”.

§4 Se ve entonces, que la imagen de las aguas turbias y aguas revueltas no provienen originalmente de nosotros. La razón de usar la metáfora de las “aguas turbias”, empleada por Mons. Delhaye y el cardenal Suenens, como título para este volumen es porque creemos
que expresa la actual realidad.

Cualquier intento irrespetuoso, por lo tanto, está lejos de nuestros motivos.

CAPÍTULO I
AMBIGÜEDAD EN LOS TEXTOS DE LOS DOCUMENTOS
OFICIALES DEL VATICANO II

§1 Si alguien dotado de una cultura católica media y motivado por su amor a la Iglesia estudia los documentos del Concilio Vaticano II, a medida que avanza en su lectura, su espíritu se verá gradualmente invadido de preguntas.

Ya en el primer capítulo de la constitución dogmática Lumen gentium,se sorprendería al leer: “La única Iglesia de Cristo que en el Símbolo confesamos Una, Santa, Católica y Apostólica (…) constituida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia Católica gobernada por el sucesor de Pedro (…), si bien fuera de su estructura visible se encuentren varios elementos de santificación y verdad. Estos elementos, como dones propios de la Iglesia de Cristo, impelen a la unidad católica” (LG 8b).

Este pasaje habría sido claro si hubiese afirmado que la Iglesia de Cristo es la Iglesia Católica o que la Iglesia de Cristo existe exclusivamente en la Iglesia Católica. Escrito como está, queda afirmado implícitamente que existirían dos realidades distintas – la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica – y que la segunda, que sería más restringida, recibiría su vida de la primera, más universal y más noble.

¿Qué “Iglesia de Cristo” sería esta, diferente y más noble que la Iglesia Católica, de la cual esta última recibiría su propia vida? ¿Sería una “iglesia” que contendría “elementos de santificación y verdad” que se encuentran “fuera” de la estructura visible de la Iglesia Católica? A la búsqueda de una explicación, el lector deparará con una aún más grande confusión: ¿entonces, pueden habitualmente existir elementos de “santificación y verdad” fuera del seno sagrado de la Iglesia Católica?

Esta afirmación implícita, de la existencia de dos iglesias diferentes,choca frontalmente con la enseñanza perenne del magisterio y con el sentido católico de los fieles, que siempre se han nutrido, como niños de su leche materna, de la creencia de que la Iglesia Católica es la única Iglesia de Cristo. Deseoso de encontrar una respetuosa solucióna tal afirmación disonante, el fiel católico es llevado a preguntarse si la expresión, subsistit in, no fue usada inadecuadamente.

La impresión de ambigüedad se hace aún más sorprendente cuando,después de la consideración anterior, volvemos al texto con el propósito de ver si se lo puede interpretar de una manera benigna, pero coherente.

“La única Iglesia de Cristo que en el Símbolo confesamos (…) Católica (…) subsiste en la Iglesia Católica gobernada por el Sucesor de Pedro”.

Si la intención era afirmar que la Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo, como siempre ha sido enseñado, ¿por qué lanzar una duda como esa en la mente del fiel? ¿Por qué esta ambigüedad del subsistit in?

§2 Más adelante, al leer el inicio del capítulo II de la misma constitución dogmática, un espíritu católico no puede dejar de levantar,con preocupación, varias preguntas acerca de si habría sido oportuno sustituir la noción de una Iglesia jerárquica y sacra por la noción de “pueblo de Dios”. Nos gustaría decir una palabra sobre su contexto, dejando el análisis del texto para después. Si bien la expresión “pueblo de Dios”, por sí misma, puede ser aplicada legítimamente a la Iglesia,un católico podría preguntarse si en un mundo, devastado por la tendencia de abolir toda superioridad, contaminado por los errores de la Ilustración y la Revolución Francesa, y, además, profundamente minado por los gérmenes virulentos del comunismo, habrá sido oportuno presentar la estructura de la Iglesia, predominantemente como un pueblo y ya no más como una jerarquía. ¿No es esto abrir la puerta a esa tendencia igualitaria?.

En este contexto, la afirmación del sacerdocio común de los fieles(8), ¿no es estimular el mito rousseauniano de la soberanía popular? ¿No es esto un renacimiento de los viejos errores de la Acción católica(9) que instaban a los laicos a participar en el munus (oficio) jerárquico?

§3 Habiendo el Concilio aprobado nociones tan singulares, en aparente detrimento de la constitución jerárquica de la Iglesia, ¿cómo se podría evitar entonces, los excesos a que llegaron un Fr. Leonardo Boff y un P. Edward Schillebeeckx, que preconizan una iglesia igualitaria? En el largo plazo, ¿qué eficacia tendrán las loables advertencias que el entonces cardenal Ratzinger hizo a esos autores, que en realidad se sienten protegidos por la ambigüedad en el texto y contexto de la Lumen gentium?

§4 En el caso de la noción eclesiológica de “pueblo de Dios”, la ambigüedad se encuentra no sólo en pasajes incidentales sino que impregna todo el contexto en el que la Iglesia parece adaptarse a los errores de la Ilustración, de la Revolución Francesa e, indirectamente, al comunismo(13), todos los cuales hasta entonces Ella siempre combatió.

§5 Quien analiza el conjunto de los documentos conciliares, comenzando por la Lumen gentium, tiene un momento de distención cuando llega al capítulo II. En efecto, ahí se lee: “No podrán salvarse aquellos hombres que, conociendo que la Iglesia Católica fue instituida por Dios a través de Jesucristo como necesaria, sin embargo, se nieguen a entrar o a perseverar en ella” (LG 14a).

Estamos, en efecto, delante del axioma perenne de la enseñanza dogmática: extra Ecclesiam nulla salus (fuera de la Iglesia no hay salvación).

En este pasaje, la coherencia del pensamiento del Vaticano II con toda la tradición de la Iglesia da a la persona que lo estudia una sensación de seguridad, confianza y esperanza de que las ambigüedades citadas anteriormente puedan ser resueltas por una explicación cristalina.

Sin embargo, tales esperanzadores y filiales sentimientos se deshacen como una ola que choca en una roca cuando se llega al texto del decreto sobre el ecumenismo, Unitatis redintegratio; y más adelante, al de la declaración sobre la libertad religiosa, Dignitatis humanae; y finalmente, al de la declaración sobre las relaciones con las religiones no-cristianas, Nostra aetate.

Consideremos, por ejemplo, el decreto Unitatis redintegratio, en el cual se lee: “Comunidades no pequeñas se separaron de la plena comunión de la Iglesia Católica. (…) Sin embargo, quienes ahora nacen en esas comunidades y se nutren con la fe de Cristo no pueden ser acusados de pecado de separación, y la Iglesia Católica los abraza con fraterno respeto y amor. (…) Además de los elementos o bienes que conjuntamente edifican y dan vida a la propia Iglesia, pueden encontrarse algunos, más aún, muchísimos y muy valiosos, fuera del recinto visible de la Iglesia Católica: la palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad y otros dones interiores del Espíritu Santo y los elementos visibles. (…) Los hermanos separados de nosotros practican también no pocas acciones sagradas de la religión cristiana, las cuales (…) hay que considerarlas aptas para abrir el acceso a la comunión de la salvación” (UR 3a, b, c).

En este caso no parece más tratarse de ambigüedades; se diría que estamos delante de la incoherencia y de la contradicción. ¿Cómo no ver una contradicción entre lo que se dice aquí y la cita anterior de la Lumen gentium?

§6 Hemos presentado tres ejemplos de ambigüedad y contradicción tomados de apenas dos de los dieciséis documentos finales del Concilio Vaticano II.

¡Cuánto se tendría que escribir para hacer un análisis completo sólo de los puntos ambiguos, contradictorios e incompletos de tales documentos!

Para conocer en más detalle o adquirir esta obra ingrese aquí http://aguasturbias.com/

Tomado de: Devoción Católica

viernes, 25 de junio de 2010

SAN FRANCISCO DE PAULA Y LA FAMILIA MÍNIMA

Video realizado por las Monjas Mínimas de Daimiel donde nos presenta al Santo y las tres Ramas de su Familia Mínima: Frailes Mínimos, Monjas Mínimas y la Orden Tercera de los Mínimos.

http://www.minimas.org/convento.asp?idc=5

NUEVO CHUPI-SHOW EN MALLORCA: OLAM´S ROCK, "CONCIERTO ORACIÓN" ORGANIZADO EN LA CAPILLA DE LA CASA DE LA IGLESIA







de Sector Católico

LOS SACERDOTES PEOR VESTIDOS DEL MUNDO

viernes, 18 de junio de 2010

PENA QUE CAUSA A DIOS EL PECADO DE ESCANDALO - SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO


Introducción, definición. –Ante todo, es preciso explicar en qué consiste el pecado de escándalo. He aquí cómo lo define Santo Tomás: “Es una palabra o una acción que constituye para el prójimo ocasión de ruina espiritual”.

El escándalo es, pues, cualquier dicho o acción con la que eres causa u ocasión de contribuir a que el prójimo pierda el alma. Este escándalo puede ser directo o indirecto. Es directo cuando directamente te esfuerzas por inducir al prójimo a cometer un pecado. Es escándalo indirecto cuando con tu mal ejemplo o con tus palabras prevés la caída del prójimo y no te privas de decir aquella mala palabra o de cometer aquella mala obra. Desde el momento en que hay materia grave, el escándalo, ya directo o indirecto, es pecado mortal.

I

Veamos ahora la pena que causa a Dios el pecado de escándalo. Para comprenderlo, consideremos:

1.º Cómo Dios creó al alma a su imagen de modo especial. –En primer lugar, la creó a imagen del mismo Dios. Hagamos un hombre a imagen nuestra. Dios hizo salir de la nada, con un fiat, al resto de las criaturas, como con un guiño de su voluntad; pero al alma la creó con su mismo soplo; por eso se lee: insuflando en sus narices aliento vital.

2.º Desde toda la eternidad la creó para el cielo. Además, esta alma, el alma de tu prójimo, fue amada por Dios desde toda la eternidad: Te he amado con amor eterno; por eso te atraigo con bondad. Finalmente, la creó para llamarla un día al cielo y hacerla partícipe de su gloria y de su reino, como nos dice San Pedro: Para que por estos (bienes) os hagáis participantes de la divina naturaleza. En el cielo la hará partícipe de su mismo gozo: Entra en el gozo de tu Señor. Entonces es cuando Dios se dará a sí mismo en recompensa: Soy para ti tu escudo; tu salario será sobre manera grande (Gen. 15.1).

3.º Sobre todo, la rescató con la sangre de Jesucristo. –Lo que sobre todo nos manifiesta cuán grande aprecio tiene Dios del alma es la obra de la redención que Jesucristo llevó a cabo para rescatarla del abismo del pecado. “¿Quieres saber tu valor”, pregunta San Euquerio, y responde: “Si no crees a tu Creador, pregunta a tu Redentor. Y San Ambrosio, para darnos a comprender precisamente cuán a pecho debemos tomar la salvación de nuestros hermanos, nos dice: “Considera la muerte de Cristo y deduce lo que vale la salvación de tu hermano”. Por tanto, si Cristo dio su sangre para rescatar el alma, tenemos derecho para decir que ésta vale la sangre de Dios, ya que apreciamos el valor de una cosa según el precio en que la tasa un prudente comprador. Comprados fuisteis a costa de precio (1 Ped. 1, 19).Por esto San Hilario decía: “Al considerar el precio en que fue tasada la redención humana, parece que el hombre vale tanto como Dios”. Por todo ello comprendemos cómo nuestro Salvador nos inculca: En verdad os digo, cuanto hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeñuelos, conmigo lo hicisteis (Mt. 25, 40).

II
ESTE PECADO MATA AL ALMA

-Siendo esto así, ¡qué pena tan amarga causa a Dios el escandaloso que le hace perder un alma! Baste decir que le roba y le mata una hija por quien para salvarla había derramado la sangre y dado la vida. Por eso San León llama homicida al escandaloso. “Quién escandaliza, son sus palabras, asesina el alma de su prójimo.”
…Y PRIVA A JESUCRISTO DEL FRUTO DE SUS LÁGRIMAS, DOLORES, etc. –El escandaloso comete un homicidio tanto más atroz cuando que arrebata a su hermano no ya la vida corporal sino la vida del alma, y priva a Jesucristo del fruto de todas sus lágrimas, dolores y, en una palabra, de cuanto el Salvador padeció para ganar aquella alma. Por esto escribió el Apóstol a los fieles de Corinto: Y pecando así contra los hermanos y sacudiendo a golpes su conciencia, que es débil, contra Cristo pecáis (1 Cor. 8, 12). Quien escandaliza al prójimo se dirá que peca propiamente contra Cristo, porque, al decir de San Ambrosio, quien es causa de que se pierda un alma es causa de que Jesucristo pierda una obra en que empleó tantos años de fatigas y de sufrimientos. Cuéntase que el bienaventurado Alberto Magno empleó treinta años de trabajos en confección de una cabeza parecida a la de un hombre, consiguiendo que articulase ciertas palabras, y que Santo Tomás, receloso de que hubiera allí algo diabólico, cogió la citada cabeza y la rompió. Alberto Magno se le quejó diciéndole: “Me rompiste treinta años de trabajo”. No entro ni salgo en la veracidad del hecho; pero lo cierto es que, cuando Jesucristo ve perdida el alma por obra y desgracia del escandaloso, puede muy bien echarle en rostro este reproche: “Malvado, ¿qué hiciste? Me perdiste esta alma, por la que empleé treinta y tres años de vida”.

Comparación sacada de las Sagradas Escrituras. –Léese en las Sagradas Escrituras que los hijos de Jacob, después de vender a su hermano a los mercaderes, fueron a decir al padre: ¡Una bestia feroz lo ha devorado! Y para dar a entender mejor a Jacob que José había sido presa de la tal bestia feroz, mojaron el vestido de José en la sangre de un cabrito, preguntándole: Comprueba, por favor, si es la túnica de tu hijo o no, a lo que el padre hubo de responder entre gemidos de dolor: ¡La túnica de mi hijo es! ¡Una bestia feroz lo ha devorado! De igual modo también, cuando un alma, a consecuencia del escándalo, acaba de caer en pecado, los demonios le toman la estola bautismal teñida en la sangre del Cordero inmaculado, es decir, la gracia de que le ha despojado el escandaloso, gracia que Jesucristo le había adquirido con el precio de su sangre, y preguntan a Dios: “¿Es éste el vestido de tu hijo?” Si Dios pudiera estallar en sollozos, a no dudarlo que a la vista de esta alma así sacrificada, de su hijo asesinado, sus lágrimas correrían más amargas que las de Jacob, exclamando: Si, es el vestido de mi hijo amadísimo; una bestia feroz lo ha devorado. Y luego buscando a esta bestia feroz, exclamaría: “¿Dónde está el monstruo feroz que acaba de devorar a mi hijo?”

Conclusión. Profunda irritación de Dios, que le excita a la venganza.-Y una vez hallado este monstruo feroz, ¿qué hará el Señor? Los asaltaré, dice como osa privada de sus cachorros. Así hablaba Dios por boca de Oseas. Cuando la osa vuelve a la guarida y no halla sus cachorros, sale a recorrer el bosque en busca del ladrón, y si lo encuentra lánzasele para desgarrarlo. Así se precipitará el Señor sobre el escandaloso que le arrebató uno tan sólo de sus hijos.

Tal vez diga el escandaloso: “Si se ha condenado ya aquel prójimo, ¿qué puedo hacer yo?” Puesto que él se ha condenado por culpa tuya, responde el Señor, tuya es la responsabilidad: Yo he de reclamar su sangre de tu mano. También se lee en el Deuteronomio: No tendrás conmiseración: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. Sí, dice el Señor, ya que tú causaste la perdición de un alma, es preciso que también pierdas la tuya. –Pasemos ya al segundo punto.

CASTIGOS CON QUE DIOS AMENAZA A LOS ESCANDALOSOS

I
LA AMENAZA DE UN CASTIGO

1º. Grande.- ¡Ay del hombre por quien viene el escándalo! Si grande es la pena que el escandaloso causa a Dios, grande ha de ser también el castigo que le espera. He aquí cómo habla Jesucristo de tal castigo: Quien escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mí, mejor fuera que le colgasen alrededor del cuello una muela de tahona y le sumergiesen en alta mar. El escandaloso merece que se le arroje al mar con una piedra de molino al cuello, y no con una piedra cualquiera, sino con una piedra asnaria, es decir, piedra enorme a la que en Palestina daban vuelta los asnos en los molinos. Cuando algún malhechor muere ajusticiado en la plaza, los espectadores se mueven a compasión, y si no lo pueden librar de la muerte, al menos lo encomiendan a Dios; pero si el desgraciado es arrojado a altar mar, nadie lo compadecerá. Por esto dice un autor que Jesucristo habló de esta suerte de castigo en relación con el escandaloso, para declararlo tan odioso a los mismos ángeles y santos que ni siquiera tienen ánimo de encomendar a Dios a quien se ha hecho reo de la perdición de una sola alma: “Es indigno de que se le vea y de que se le ayude.”

2.º Riguroso.- No se contenta Dios con no dejar nunca impune al escandaloso, sino que le trata siempre con la más rigurosa justicia, porque lo aborrece soberanamente. “Dios, dice San Juan Crisóstomo, es paciente con ciertos pecados aun gravísimos, pero nunca con el escándalo, por lo horrible que es a sus ojos”. El señor lo había ya declarado por boca de Ezequiel: Tornaré mi rostro contra tal hombre y (lo convertiré) en ejemplo (y proverbio) y lo extirparé de en medio de mi pueblo; y sabréis que soy yo Yahvé (Ez. 14, 8). Y realmente vemos por las Escrituras Sagradas que uno de los pecados que castiga Dios con mayor rigor es del escándalo. Los padres ya se sabe que escandalizan no tan sólo cuando dan mal ejemplo a sus hijos, sino también cuando no los corrigen como conviene. Pues bien, he aquí lo que Dios dijo del sacerdote Helí, culpable tan sólo por no haber corregido a sus hijos que escandalizaban al pueblo judío robando del altar las carnes sacrificadas: He aquí que voy a hacer en Israel una cosa que a todo aquel que la oiga le retiñirán ambos oídos, porque nota la Sagrada Escritura, con motivo del escándalo dado por los hijos de Helí: Era… el pecado de estos jóvenes muy grave a los ojos de Yahvé /1 Rey. 2, 17) ¿Cuál era, pues, el grave pecado que cometían? Dice San Gregorio que “inducir al pueblo al mal”. También Jeroboam fue severamente castigado, y ¿por qué? Por escandaloso. Entregará a Israel, a causa de los pecados que Jeroboam ha cometido y ha hecho cometer a Israel (3 Rey. 14, 16). En la familia de Acab, enemiga toda ella de Dios, cayó el más espantoso de los castigo sobre Jezabel; fue, en efecto, lanzada de lo alto de una ventana y devorada de los perros, que tan sólo le dejaron el cráneo y las extremidades de los pies y de las manos. ¿Por qué? Responde el abulense: “Porque Jezabel incitaba a Acab a toda clase de iniquidades”.


II
ESTE CASTIGO SE VERIFICARÁ SOBRE TODO EN EL INFIERNO

- El infierno fue creado para castigar el pecado de escándalo. Al principio creó Dios el cielo y la tierra. ¿Cuándo creó el infierno? Cuando Lucifer comenzó a seducir a los ángeles para rebelarse contra Dios. En efecto, para impedirle que sedujese a los ángeles que habían permanecido fieles, Dios lo arrojó del cielo inmediatamente después de su pecado.

1º. Castigo debidamente merecido. –Jesucristo llamaba a los fariseos, que con su mal ejemplo escandalizaban al prójimo, hijos del demonio, que fue desde el principio el homicida de las almas: Vosotros tenéis por padre al diablo… El era homicida desde el principio (Jn. 8, 44). Y cuando San Pedro le escandalizó insinuándole que no se dejara prender y matara a los judíos, con lo que impediría la redención humana, Jesucristo lo llamó demonio: Vete de ahí, quítame de delante, Satanás; piedra de escándalo eres para mí (Mt. 16, 23).

Y a la verdad, ¿qué otro oficio ejerce el escandaloso más que ser ministro del demonio? No harían ciertamente los demonios tan cosecha de almas cuanta hacen si no los ayudarán tan malvados ministros. Hace más daño un compañero escandaloso que lo harían cien demonios.

Explicación. –Comentado San Bernardo las palabras del rey Ezequías: En salud se me ha trocado la amargura, pone en boca de la Iglesia de su tiempo las siguientes palabras: “Actualmente la Iglesia no tiene paganos, no tiene herejes que la persigan; pero la persiguen sus mismos hijos, es decir, los cristianos escandalosos. Los cazadores de red para coger avecillas llevan reclamos, que no son mas que otras avecillas atadas por un hilo y ciegas”. Así hace el demonio, dice San Efrén: “Cuando coge presa a un alma, en primer lugar la ciega y la sujeta como esclava, convirtiéndola así en reclamo suyo para engañar a los demás y atraparlos en la red del pecado”. Y San León afirma que “no sólo incita (en demonio) a las almas a engañar a los demás, sino que hasta las fuerzas a ello”.

2º. Será castigo terrible, porque será proporcionado a todos los pecados causados por los escandalosos. -¡Desgraciados escandalosos! En el infierno tendrán que sufrir la pena de cuantos pecados hicieron cometer a los demás. Cuenta Cesáreo que al punto de morir cierto escandaloso lo vio un santo varón presentarse al tribunal de Dios, donde fue condenado al infierno, a cuya puerta salieron a recibirle todas las almas que había escandalizado, las cuales dijéronle: “Ven acá, maldito; ven a pagar los pecados que no hiciste cometer”, y esto diciendo se le lanzaron encima, como otras tantas bestias feroces, para destrozarlo.

3.º Será inevitable para los endurecidos. –Nota San Bernardo que la Sagrada Escritura, al hablar de otros pecadores, deja abierta una puerta a la esperanza de enmienda y de perdón; más cuando habla de los escandalosos, habla como de precitos que ya estuvieran separados de Dios y sin esperanza de salvación.

III
APLICACIÓN. ESTADO DEPLORABLE Y CASTIGO ATERRADOR

1.º De los que predican el mal, sobre todo a los niños. –Comprendan el estado deplorable en que se encuentran quienes escandalizan con su mal ejemplo y quienes hablan deshonestamente ante sus compañeros, ante muchachas y ante niños inocentes, que al oír aquellas palabras se detienen a pensarlas, por lo que cometen miles de pecados. Pensad pues, el dolor con que se lamentarán los ángeles de la guarda de aquellos desgraciados niños viéndolos caer en pecado y cómo pedirán a Dios venganza contra semejantes bocas sacrílegas que los escandalizaron.

2.º Castigos de quienes se burlan de las gentes de bien. -¡Cuán terrible será también el castigo de quienes con sus continuadas burlas ridiculizan a las gentes de bien! No faltan quienes para hurtar la burla abandonan el bien y se dan a mala vida.

3.º Castigos de quienes favorecen relaciones culpables y se glorían de sus pecados.-Y ¿qué decir de quienes favorecen relaciones culpables y quienes se glorían del mal cometido? Efectivamente, hay quienes, en lugar de sentir desolación y arrepentimiento por los pecados, cometidos, lejos de hacer caso de ello, llegan hasta a gloriarse de su abominable conducta.

4.º Castigo de quienes incitan al mal. -¿Qué decir también de quienes incitan al mal, de quienes incitan a cometerlo, de quienes hasta enseñan el mismo mal, crimen de que los mismos demonios no son capaces?

5.º Crimen de los padres que lo permiten. -¿Qué decir, finalmente, de los padres que, lejos de impedir, pudiéndolo, los pecados de sus hijos, consienten que frecuenten malas compañías, que vayan a casas peligrosas y que conversen con jóvenes de diverso sexo? ¡Qué castigos tan terribles se preparan todos estos escandalosos para el día del juicio final!

PERORACIÓN

1.º Esperad. –y ¿qué?, dirá tal vez alguien; yo, que escandalicé, ¿estaré perdido? ¿No habrá, padre mío, para mí esperanza de salvación?-No; yo no pretendo decir que te desesperes: la misericordia de Dios es grande y prometió el perdón al corazón arrepentido.

2.º Reparad los escándalos. –Pero para salvaros es de absoluta necesidad que reparéis vuestros escándalos. San Cesáreo dice. “Muy justo es que, después de haberos perdido a vos mismo perdiendo a los demás, ayudéis al prójimo a salvarse, salvándoos a vos mismo”. Ya que te perdiste y con tus escándalos perdiste a muchas almas, justo es que repares el mal. Pues bien, así como llevaste a los otros al pecado, así es necesario que ahora los lleves a la virtud, por lo que no debes tener en adelante más que conversaciones edificantes, buenos ejemplos, fuga de las ocasiones, frecuencia de sacramentos, asiduidad a los cultos de la iglesia y a los sermones.

3.º No escandalicéis más. –De hoy en adelante guardaos, más que de la muerte, de hacer ni decir nada que pueda ser ocasión de escándalo al prójimo. “Baste al caído encontrarse solo por tierra”, dice San Cipriano. Y de Santo Tomás de Villanueva: “Bástennos nuestros propios pecados”. ¿Qué mal os hizo Jesucristo que no os baste haberlo ofendido vosotros, para que queráis que los demás lo ofendan? Esto es exceso de crueldad.

4.º Evitad la compañía de los escandalosos. –Guardaos en delante de dar el más mínimo escándalo, y sí os queréis salvar, huid cuanto os sea dado la compañía de los escandalosos. Estos demonios encarnados se condenarán, y si no os apartáis de ellos, también acabaréis por condenaros. ¡Ay del mundo a causa de los escándalos!, dice el Señor, para darnos a comprender que son muchos los que se condenan por que no se cuidan de evitar la compañía de los escandalosos. – Pero si es amigo mío, a quien debo muchos favores y en quien tengo grandes esperanzas. Si tu ojo te escandaliza, sácalo y échalo lejos de ti; mejor te vale con un solo ojo entrar en la vida que con tus ojos ser arrojado en la gehena del fuego. Por tanto, por muchos títulos que os ligaran a persona tan querida, tendríais que romper con ella y no volver a verla si os fuere ocasión de escándalo, porque vale más perderlo todo y salvar el alma sin un ojo que entrar con ambos en el infierno.

Preparación para la Vida Eterna
San Alfonso María de Ligorio

CRÍMENES Y CASTIGOS - PADRE CHRISTIAN BOUCHACOURT


Cada vez que acontece una catástrofe en algún lugar, como hace poco fue el caso de Haití o Chile, el hombre moderno se desata en una catarata de comentarios. Algunos ven allí la prueba de que Dios no existe, ya que —de lo contrario— impediría que sobreviniesen tales acontecimientos.

Otros, con frecuencia católicos, se niegan a ver la mano de Dios. Este tipo de tragedias —afirman— se deben simplemente a anomalías de las leyes de la naturaleza. ¡A nadie se le ocurre la posibilidad de que sea un castigo de Dios, ya que Él es bueno! En consecuencia, el clero se abstiene de llamar a los hombres a hacer penitencia, e insiste en que en esas coyunturas difíciles la Iglesia está al lado de las víctimas para reconfortarlas y ayudarlas como haría una buena ONG. Todo esto es muy humano, demasiado humano…

Porque, después de todo, el Antiguo y el Nuevo Testamento, y la enseñanza de la Iglesia, nos proveen de grandes luces para esclarecer sucesos tan dramáticos.

Es evidente que el sufrimiento y el mal son grandes misterios que sólo la fe puede iluminar. Desde el principio de la creación, Dios recuerda al hombre cuál es su deber. Cuando el hombre se sustrae, castiga. Y es así que Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso después de su desobediencia, mientras que el diluvio destruyó gran parte de una humanidad que no cesaba de alejarse de Dios. Sodoma y Gomorra fueron destruidas por los excesos de los pecados contra la naturaleza. Recordemos además las siete plagas con que Egipto fue castigado por vapulear el pueblo de Israel.

Esto no fue más que una reprensión del cielo. En el Antiguo Testamento, cada vez que el pueblo judío se alejaba de las enseñanzas divinas transmitidas por los patriarcas y los profetas, Dios castigó a este “pueblo de dura cerviz” para que vuelva por el buen camino.

Moisés fue castigado por Dios por dudar en golpear dos veces la piedra: murió antes de entrar en la tierra prometida.

Ejemplos como éstos abundan en la Biblia. Sin embargo, Dios, en su bondad y su justicia, recompensa al justo que cumple con su voluntad, respeta sus mandamientos o hace penitencia. Por haber mostrado una obediencia heroica, Dios prometió a Abrahán una descendencia numerosa. Del mismo modo, Jonás fue quien evitó que la ira de Dios se descargase sobre la ciudad de Nínive en razón de los pecados: sus autoridades y habitantes hicieron penitencia. Dios, porque es bueno, es también justo. No puede tratar de la misma manera a quien se pliega a su voluntad, que a quien se aparta de ella.

Alguno podrá objetar que en las catástrofes que se abaten sobre el mundo, no sólo los malos habrán de sufrir sino también los justos. ¿Acaso no es esto una injusticia? Dios, en efecto, quiere que el mal caiga sobre los pecadores para castigarlos y para llamarlos a la penitencia, pero también permite que afecte a los buenos, que a ejemplo de Cristo, soportan estas pruebas terribles y las ofrecen con resignación para expiar y reparar los pecados de los hombres, aplacar la ira divina y atraer gracias para un mundo que no deja de ofender a Dios.

Esta doctrina ha sido la que enseñó Nuestro Señor. Recordemos aquellas palabras terribles que dirigió a la multitud que lo seguía: “Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis sin distinción”.(1) Estas palabras son un eco de las que Isaías pronunció en el Antiguo Testamento: “Los pueblos y naciones que no te sirvan, perecerán, y las naciones serán exterminadas”.(2)

Las desgracias y desventuras que golpean a los hombres y al mundo son consecuencia del pecado y sucederán hasta el fin del mundo. León XIII no hizo más que confirmar esta enseñanza cuando dijo:

“De igual modo, el fin de las demás adversidades no se dará en la tierra, porque los males consiguientes al pecado son ásperos, duros y difíciles de soportar y es preciso que acompañen al hombre hasta el último instante de su vida. Así, pues, sufrir y padecer es cosa humana, y para los hombres que lo experimenten todo y lo intenten todo, no habrá fuerza ni ingenio capaz de desterrar por completo estas incomodidades de la sociedad humana. Si algunos alardean de que pueden lograrlo, si prometen a las clases humildes una vida exenta de dolor y de calamidades, llena de constantes placeres, ésos engañan indudablemente al pueblo y cometen un fraude que tarde o temprano acabará produciendo males mayores que los presentes. Lo mejor que puede hacerse es ver las cosas humanas como son y buscar al mismo tiempo por otros medios, según hemos dicho, el oportuno alivio de los males”.(3)

Dios no se impone a sí mismo. Si los hombres no quieren saber más nada de Él, se retira y los abandona a su propia suerte. En ese caso, sin embargo, deberán asumir las consecuencias. En Fátima la Santísima Virgen María no dijo otra cosa en la segunda parte del secreto que reveló a los pastorcitos el 13 de julio de 1917:

“Si ustedes hacen lo que yo les digo muchas almas se salvarán, y habrá paz. Esta guerra cesará, pero si los hombres no dejan de ofender a Dios, otra guerra más terrible comenzará durante el pontificado de Pío XI. Cuando ustedes vean una noche que es iluminada por una luz extraña y desconocida, sabrán que esta es la señal que Dios les dará y que indicará que está apunto de castigar al mundo con la guerra y el hambre, y por la persecución de la Iglesia y del Papa”. Confrontados ante esta realidad, las graciosas explicaciones que suele dar el clero conciliar son irresponsables: “De Dios nadie se burla”. (4)

Es evidente que las leyes mortíferas que los enemigos de Dios y de la Iglesia pujan por imponer en todas las sociedades no quedarán sin consecuencias. El aborto, la homosexualidad y todo cuanto va contra la ley natural son crímenes que, como nos enseña el catecismo, piden la venganza del cielo y de Dios porque el autor de la ley natural es Dios mismo. Las sociedades que quieren vivir bajo tales leyes se atraen la ira de Dios y no verán la paz social y la prosperidad en tanto y en cuanto esas leyes no sean abrogadas. Hasta que eso no suceda, es imposible que acontezca toda restauración social y política. Esos países harían mejor si temiesen la cólera divina, por lo mismo que ese tipo de leyes llevan en sí mismas el sello de la rebelión contra Dios, que porque es Padre, no puede dejar impune tales delitos.

En consecuencia, debemos considerar bajo el signo de la probabilidad que puede no ser casual que mientras la antigua presidente de Chile, la Señora Bachelet, firmaba un decreto ampliando la utilización de la “píldora del día después”, un terrible movimiento sísmico sacudió la ciudad de… Concepción.

¿Cómo explicar, además, que República Dominicana, que el año anterior había sido consagrada por los obispos del país al Inmaculado Corazón de María, quedara indemne del terremoto que asoló Haití, país contiguo a ella, y que se llevó a la tumba a trescientas mil personas? La religión oficial de Haití es el vudú… Los siniestros efectos del sismo se detuvieron en la frontera entre los dos países… ¿Será una casualidad? Yo no lo creo.

Tenemos que rezar en nuestros prioratos y en nuestras familias para que Dios no permita que la Argentina y otros países de América del Sur aprueben el matrimonio homosexual, y también tenemos que mostrar exterior y públicamente a los legisladores nuestro rechazo a tales leyes.

En fin, dejaré al Cardenal Pie, que tanto inspiró a San Pío X, que concluya esta editorial. Sus palabras, una vez más, son muy luminosas:

“Nuestros padres pidieron a Dios que se alejara de ellos. (5) Dios, en efecto, se apartó, y para castigarnos no hizo más que dejarnos abandonados a nuestra propia suerte. De inmediato mil cuestiones que desde hacía mucho habían sido resueltas por el Evangelio volvieron a presentarse como problemas. Se rompió el equilibrio. La sociedad quedó presa de mil sufrimientos intestinos. Cada día presentaba nuevos obstáculos. Durante mucho tiempo creímos que podíamos domar el mal. Durante mucho tiempo nos hemos alimentado de brillantes quimeras. Si algún destello lucía en el horizonte, su aparición fue recibida con entusiasmo. Con todo, el mal seguía durando y la enfermedad se complicaba más y más. En fin, desaparecieron todas nuestras ilusiones, nuestras esperanzas se han visto frustradas. Si en medio de la duda o del dolor que son propios del alma queda una convicción firme y última, esa es que no existe ningún poder humano que pueda librar a la sociedad de los incontables males que la abruman. Así, pues, ¿qué podemos hacer? (…) No hay término medio: o perecer o volver a Dios. ¡Elegid!” (6)

Con fe y confianza hagamos subir nuestra súplica a la presencia de Dios, adornándola de nuestras penitencias para que salve nuestras patrias, las preserve y suscite en ella una élite política y religiosa realmente católica, provista del coraje de defender los derechos de Dios sobre la tierra y deseosa de trabajar por la restauración del reino de Cristo Rey, que es el único que puede conducirnos a la práctica de la virtud, y dar la paz y la prosperidad a nuestras sociedades agonizantes.

¡Que Dios los bendiga!

Padre Christian Bouchacourt
Superior de Distrito América del Sur. (fsspx)
Notas:
1. San Juan, 13, 3.
2. Isaías, 60, 12.
3. Génesis, 3, 15.
4. León XIII, “Rerum novarum”, 15 de mayo de 1891, nº 13.
5. Job, 21, 14.
6. Cardenal Pie, “Œuvres de Mgr l'Evêque de Poitiers”, Carta pastoral de Cuaresma, 1950, tomo I, pág. 139.

Tomado de: Congregación Obispo Alois Hudal

jueves, 17 de junio de 2010

JÓVENES CATÓLICOS DEFIENDEN LA CATEDRAL DE LYON


BEN HUR - PELÍCULA




Ganadora de 11 Oscars. En los años del Imperio Romano del reinado de Augusto y su sucesor Tiberio, Judá Ben-Hur, hijo de una familia noble de Jerusalén, y Mesala, tribuno romano que dirige los ejércitos de ocupación, se han convertido en enemigos irreconciliables. Acusado de atentar contra la vida del nuevo gobernador romano, Mesala le encarcela junto a su familia. Cuando se llevan a Ben-Hur a galeras, en su camino se encuentra con Jesús de Nazaret, se apiada de él y le da de beber. cambiando para siempre su vida.

TITULO ORIGINAL Ben-Hur
AÑO 1959
DURACIÓN 211 min.
PAÍS Estados Unidos
DIRECTOR William Wyler
GUIÓN Karl Tunberg (Novela: Lewis Wallace)
MÚSICA Miklós Rózsa
FOTOGRAFÍA Robert Surtees
REPARTO Charlton Heston, Jack Hawkins, Stephen Boyd, Haya Harareet, Hugh Griffith, Martha Scott, Cathy O'Donnell, Sam Jaffe
PRODUCTORA Metro-Goldwyn-Mayer

miércoles, 16 de junio de 2010

FRANCIA: ¿UN SIGNO DE APERTURA?


El Cardenal Vingt-Trois elogia a los peregrinos tradicionalistas
Paix Liturgique

El reciente peregrinaje de Chartres organizado por la asociación “Notre Dame de Chrétienté” ha estado signado por la visita de Monseñor André Vingt-Trois, Cardenal Arzobispo de París y Presidente de la Conferencia de los Obispos de Francia, quien, el domingo 23 de mayo, ha presidido la Adoración al Santísimo Sacramento.

En 28 años es la primera vez que un Presidente de la Conferencia Episcopal francesa participa de este peregrinaje tradicionalista que, de todos modos, siempre ha estado en plena comunión con la Iglesia. El acontecimiento es entonces excepcional y es oportuno que se intente entender a fondo el sentido de esto.

I – UN POCO DE HISTORIA

En 1982 un grupo de laicos franceses, pertenecientes al Centro Charlier, relanza la antigua usanza de un peregrinaje a pie desde París a Chartres. La dirección espiritual de la marcha (un recorrido de 100 km en tres días rebautizada “Peregrinaje de la Cristiandad”) fue confiada al Padre François Pozzetto (1). Fundado y organizado por laicos, el peregrinaje manifiesta desde el inicio la propia vocación misionera y el impulso a colaborar a la reconciliación de los católicos con la tradición, especialmente litúrgica, de la Iglesia.

Inmediatamente es un éxito. Millares de peregrinos inundan el camino de Chartres. El peregrinaje, expresando con claridad un apego a la liturgia romana tradicional (2), en aquella época es menospreciado por la jerarquía católica francesa y por eso permanecen obstinadamente cerradas las puertas de las Catedrales de París y de Chartres, con una excepción, en lo que se refiere a esta última, en 1985. La consagración de cuatro obispos en 1988 por parte de Monseñor Lefebvre, superior de la FSSPX, marca en adelante la escisión del peregrinaje, sin llegar, sin embargo, a afectar la asistencia. ¡Al contrario, estaríamos tentados de decir!

> Por una parte, porque la suma de los participantes a los dos “nuevos” peregrinajes es de todos modos superior al número de aquellos que participaban a la única procesión precedente (más de 15.000 peregrinos en media, contra los 10.000 del 1988, el año de la mayor afluencia al peregrinaje unido).

> Por otra parte, porque los obispos, buscando poco a poco tratar a quienes participan en la procesión que expresa la propia fidelidad a Roma como católicos “normales” (o casi), abren los santuarios a los fieles, asisten a las ceremonias e incluso aceptan celebrar en algunos casos.

Es necesario decir que el peregrinaje París-Chartres (la FSSPX desde 1990 marcha en la dirección Chartres-París) es incontrovertiblemente la vitrina de la adhesión a la liturgia tradicional en Francia, lo que está bien ilustrado particularmente por los jóvenes, por su dinamismo, por la organización impecable, y por su apego alegre y sereno a la liturgia tradicional de la Iglesia . No es posible contar el número de los jóvenes que, habiendo crecido después de la reforma, han podido descubrir maravillados, con ocasión del peregrinaje, el esplendor del rito tradicional. No se puede decir cuántas han sido las conversiones suscitadas y tampoco establecer el número de vocaciones sacerdotales y religiosas nacidas sobre el camino de Chartres.

Una sola certeza: no sólo el peregrinaje a Chartres ha jugado un rol de primer plano para la conservación y el desarrollo de la liturgia tradicional en Francia en un momento en que estaba amenazada de hecho por las autoridades eclesiásticas, sino que también ha favorecido la toma de conciencia por parte de los prelados de buena voluntad que aquel 34% de católicos franceses (sondeo CSA 2008 para Paix Liturgique) apegados a aquella que hoy llamamos forma extraordinaria del rito romano, eran católicos a título pleno.

Sin embargo, hasta este año nunca un Presidente de la Conferencia de los obispos de Francia se había ocupado abiertamente del peregrinaje.

II – ¿UN VIRAJE EN LA ACTITUD DE LOS PRELADOS FRANCESES?

Monseñor André Vingt-Trois, Cardenal Arzobispo de París y Presidente de la Conferencia Episcopal Francesa desde el 2007, no es ciertamente conocido por su amor por la liturgia tradicional, ni por su simpatía hacia los fieles de las comunidades Ecclesia Dei. Heredero de Monseñor Lustiger, es un conservador conciliar, que, hasta hoy, no ha hecho prácticamente nada por favorecer la aplicación del Motu Proprio Summorum Pontificum en París (una sola misa parroquial semanal acordada desde el 2007 frente a 35 pedidos oficiales formalizados sobre un centenar de parroquias). Se puede decir que se halla también un poco bajo presión dado que su diócesis –como prácticamente todas las diócesis francesas– está en un estado deprimente a nivel de vocaciones sacerdotales, de asistencia de los fieles a Misa (en un sondeo Harris Interactive para Paix Liturgique del febrero 2010, ¡sólo el 9,9% de los católicos parisinos declara ir a misa todos los domingos!) y también a nivel financiero.

El Cardenal Vingt-Trois sabe bien que, con ocasión de las visitas ad limina a Roma de los obispos franceses previstas en los próximos meses, el balance que deberá defender –el suyo, pero también el de sus hermanos, dado que es el Presidente de la Conferencia Episcopal– es poco satisfactorio. Al visitar el peregrinaje de Chartres, ahora de renombre a nivel internacional y además abiertamente apreciado por numerosos miembros de la Curia romana, ha cumplido un gesto eminentemente mediático.

Algunos podrían ver en su aparición en el camino de Chartres nada más que un gesto táctico destinado a la vez a calmar a aquellos que están pidiendo la forma extraordinaria en las parroquias parisinas y a tranquilizar al Vaticano (en particular la Comisión Ecclesia Dei en cuyas oficinas se lo ha visto mucho en los últimos meses) en lo que respecta a su buena disposición en relación a la aplicación del Motu Proprio.

Sin embargo no es ésta la interpretación que nosotros hacemos de esta visita histórica. La simplicidad con la cual Monseñor Vingt-Trois se comportó durante su permanencia entre los peregrinos y las palabras que ha dicho en esta ocasión nos incitan a celebrar la actitud del Cardenal y a agradecerle por su hermoso gesto.

Suspendiendo la dureza del juicio a propósito de los fieles ligados a la tradición de la Iglesia expresada en su último libro (3), declaró, en efecto, a la radio que estos católicos “en la medida en que respetan las leyes y las reglas de funcionamiento de la Iglesia, forman parte de la Iglesia”, y que “son miembros normales de nuestra Iglesia”. Con los peregrinos mismos ha reconocido sin más pertenecer a la misma familia: “la Iglesia es nuestra madre. Es porque la Iglesia es nuestra madre y porque yo estoy asociado al ministerio apostólico de Cristo en el colegio episcopal bajo la presidencia y la guía del Santo Padre Benedicto XVI, que os considero miembros de mi familia”.

Ciertamente, ahora es necesario que las promesas hechas en esta visita a Chartres se concreten en las parroquias de París, y se apliquen a la realidad dominical de un país al cual Juan Pablo II había recordado la propia misión de “hija primogénita de la Iglesia”. Recemos para que el gesto de Chartres sea seguido por hechos. Toda la Iglesia, y no sólo la de Francia, tiene gran necesidad.

(1) El Padre Pozzetto, que hoy es miembro de la Fraternidad San Pedro, en aquella época formaba parte de la Fraternidad San Pío X.

(2) El punto n. 4 del estatuto de la Asociación Notre Dame de Chrétienté establece que “en fidelidad total a la Santa Sede, los organizadores del peregrinaje se remiten a la enseñanza constante de la Iglesia. Traducen el propio apego a la Tradición en todas sus formas, en particular doctrinales, litúrgicas y sacramentales, con el uso exclusivo del rito tridentino, como ha sido codificado en los libros de 1962 y, nuevamente, confirmado con el motu proprio “Summorum Pontificum” del 7 de julio de 2007 como “forma extraordinaria”, nunca abrogada, de la liturgia del Santo sacrificio de la Misa. Piden a los sacerdotes que los acompañan respetar esta elección del ministerio que ejercen durante el peregrinaje y en el curso de las variadas actividades preparatorias”.

(3) En este libro (Una misión de libertad, Ediciones Denoël), Monseñor Vingt-Trois hace afirmaciones poco caritativas hacia los fieles ligados a la tradición litúrgica y doctrinal de la Iglesia, asemejándolos simplemente a “integristas” y acusándolos de ser una especie de “contra-Iglesia” que se pone en una posición de enjuiciar al Papa y a los obispos.

Fuente: paixliturgique.es/
Visto en: Panorama Católico

martes, 15 de junio de 2010

lunes, 14 de junio de 2010

sábado, 12 de junio de 2010

PANIS ANGELICUS




Latín:

Panis angelicus
fit panis hominum;
Dat panis coelicus
figuris terminum:
O res mirabilis!
manducat Dominum
Pauper, servus, et humilis.
Te trina Deitas
unaque poscimus:
Sic nos tu visita,
sicut te colimus;
Per tuas semitas
duc nos quo tendimus,
Ad lucem quam inhabitas.
Amen.

Español:

Pan de los Angeles,
se convierte en pan de los hombres;
El Pan del cielo
termina con todas las prefiguraciones:
¡Oh cosa admirable!
Consume a tu Señor
el pobre,siervo y humilde.
Rogamos a Ti,
Dios, Uno en Tres,
Que así vengas a nosotros,
como a ti te damos culto.
Por tus caminos
guíanos adonde anhelamos,
a la luz en la que moras.
Amén.


jueves, 10 de junio de 2010

MÁXIMAS DE SAN PABLO DE LA CRUZ (VI)

La Pasión; la Eucaristía y el Sagrado Corazón de Jesús

I
Para conservar é inflamar más y más el fuego del divino amor en vuestro corazón, acercaos muy á menudo, por cuanto vuestros deberes lo permitan, á los santos Sacramentos de la Confesión y Comunión. La Sagrada Eucaristía reanima el alma y robustece al mismo cuerpo, cuando se recibe con las debidas disposiciones. ¿OH misericordia infinita de nuestro Soberano Bien!

II
La Santa Comunión es el medio más eficaz que se pueda imaginar para unirse á Dios. ¡OH, qué inmensos son los tesoros que se encierran en la divina Eucaristía! Yo os conjuro vivamente á vosotros todos que vivís en el mundo á comulgar con frecuencia y á prepararos bien para este divino banquete.

III
La más digna preparación para acercarse á la Sagrada mesa es tener el corazón bien limpio y purificado, ejercer una gran vigilancia sobre la lengua, que es la primera que toca el Santísimo Cuerpo de jesús, tener una fe viva y una profunda humildad, de donde nace un gran conocimiento de Dios y de nuestra nada.

IV
El día que comulgáis debéis conduciros de manera que vuestro corazón sea un tabernáculo vivo del amabilísimo Jesús. Visitadle á menudo en lo interior de vos mismo, y ofrecedle los homenajes, los sentimientos y las acciones de gracias que os inspire el santo amor.

V
Cada vez que os acerquéis al sagrado banquete, comulgad en forma de Viático, y luego guardad con sumo cuidado día y noche vuestro corazón, tabernáculo vivo de Jesús Eucarístico; el corazón de el que comulga ó celebra, que obra de esta suerte, no tardará en concebir el fuego del santo amor.

VI
Tened siempre vuestro corazón adornado de virtudes, y entretened constantemente en él encendidas las lámparas de la fe y de la caridad. Jesús ha celebrado los divinos misterios en un Cenáculo bien preparado: Coenaculum stratum.

VII
Pues que la Santa Misa es la renovación del sangriento sacrificio del Calvario, cuando asistís á ella, ó la celebráis, figuraos que asistís ó celebráis las exequias del Salvador, penetrándose de los tiernos sentimientos de compunción y de amor de que estaban penetrados la Santísima Virgen y San Juan, José de Arimatea y Nicodemo.

VIII
El corazón del que comulga ó celebra debe ser el sepulcro de Jesucristo; pues así como el sepulcro en donde fue puesto Jesús muerto, era nuevo, así el corazón de el que le recibe debe ser nuevo, es decir, puro, animado de fe viva, de firme confianza, de ardiente caridad y de un vivo deseo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.

IX
La Santa Misa es el acto más solemne de nuestra adorable religión y el momento más favorable para negociar con el Eterno Padre; porque entonces se les ofrece á su Hijo único, encarnado y muerto por nuestra salvación.
Antes de celebrar, ó al asistir á tan solemne acto, revestíos de los sufrimientos de Jesucristo; conversad dulcemente con El, aun en medio de las arideces, y llevad al santo altar las necesidades del mundo entero.

X
Después de la Santa Comunión, Jesús posee vuestro corazón; deteneos á saborear las dulzuras que produce su presentía en el alma. Pero no podréis amarle, si no tenéis la fuente viva del santo y puro amor, es decir, el Espíritu Santo. Es el mismo Jesucristo quien nos lo enseña; “El que cree en mí, dice, vera salir de su seno arroyos de agua viva”, según la expresión de las Escrituras.

XI
Cuando Dios os da sus inspiraciones, que son los favores particulares del Amor divino, Amor que es santo, puro y sin mancha, dejaos desaparecer y perder en el Bien infinito por la gracia, y allí obrad como niño, y dormid el sueño de la fe y del amor en el seno del celestial Esposo. El amor habla poco y dice pocas cosas.

XII
Los antiguos cristianos, aquellos grandes siervos de Dios, comulgaban rara vez, pero se disponían con cuidado, y por eso recibían tan grande abundancia de gracias, que en muy poco tiempo se elevaban á la cumbre de la más alta perfección.

XIII
Con frecuencia la Eucaristía reanima el alma y fortifica aún el cuerpo, ¡OH misericordia infinita de nuestro Soberano Bien! Esta maravilla viene del gran vigor que este Pan de los ángeles comunica al alma y se hace sentir en el cuerpo.



XIV
En vuestras aflicciones y desconsuelos decid con profunda humildad; “¡Oh Jesús Eucarístico! Vos habéis dicho: Si alguien tiene sed, que venga á mi, y yo le daré de beber, apagad, pues, ahora mi sed…” En verdad, en verdad, Jesús la apagará.

XV
No paséis un solo día sin hacer una visita al Dios del tabernáculo. Allí pasmaos de amor hacia vuestro tierno y divino Amante, y de dolor á causa de las irreverencias que El recibe de los malos cristianos que no corresponden á tanto amor sino con ingratitudes y sacrilegios.


XVI
En reparación de los innumerables ultrajes que Jesús recibe en el Sacramento de su amor, el alma amante debe ofrecerse como víctima, consumirse en el fuego de la soberana caridad, amarle, alabarle y visitarle á menudo por aquellos que le maltratan; visitarle sobre todo á las horas en que nadie le hace compañía. ¡Qué felicidad estar durante las horas más silenciosas al pie del santo altar!

XVII
Cuando los deberes de vuestro estado os impidan visitar á Jesús en el tabernáculo, hacedlo en espíritu, y decid: ¡Dios mío, el tabernáculo es el lugar de vuestro amor, preparado por Vos para quien os ama!... ¡’Cuando podré, durante las horas de más profunda soledad, entretenerme con mi Amor Eucarístico á los pies del tabernáculo?

XVIII
Durante el día recogeos de tiempo en tiempo en el santuario interior de vuestro corazón, y decid al Señor que allí reside: “¡OH Señor, qué dulce es vuestro espíritu! Yo sé á quien creo, y estoy cierto que estáis realmente en el tabernáculo del amor… ¡OH, quién me diera a las de paloma para tomar mi vuelo de amor hacia vuestro divino Corazón!”

XIX
La fiesta del Santísimo Sacramento es la fiesta del amor. ¡OH, qué grande amor! ¡OH caridad! ¡OH amor imponderable! La mariposa vuela alrededor de la llama, y se quema. Que vuestra alma vuele alrededor de esta luz divina, y se queme, y se reduzca á cenizas, máxime en los días de la octava del Santísimo Sacramento.

XX
¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros, después de haberse dado á nosotros como alimento de vida y de inmortalidad? ¡Ah! Comed, bebed, embriagaos; volad llenos de júbilo y de alegría, haced fiesta á vuestro dulce Amante, á vuestro divino Esposo.

XXI
Que vuestro corazón se consuma siempre más y más en holocausto en el santuario del Sagrado Corazón de Jesús. Dejad caer las cenizas de la víctima en el océano sin límites de la divina caridad. Ha llegado el momento de morir más que nunca á cuanto no es Dios, para vivir sola y exclusivamente en Dios y para Dios.

XXII
Vivid siempre oculto y encerrado en el gran santuario del Corazón divino; allí es donde el celestial Esposo da de beber el vino que embriaga, embalsama, fortifica, vivifica, inflama, eleva y hace volar á la contemplación del Supremo Monarca; allí es donde se aprende la ciencia de los Santos, que no se comunica sino á los humildes.



XXIII
Despojaos enteramente de vosotros mismos, y luego retiraos, anonadaos en el Sagrado Corazón de Jesús… En ese divino Corazón el alma amante se compadece de las penas de Jesús, y se sumerge en el baño saludable de su preciosísima Sangre; Sangre vertida por nosotros, y que tiene la virtud de hacernos arder en llamas de amor.

XXIV
En el Corazón de Jesús guardad un profundo y total recogimiento; ninguna aridez debe serviros de obstáculo. Poco importa no tener el sentimiento y el gusto de la divina presencia; lo único que importa mucho es manteneros en la divina presencia por la fe pura, desprendiéndoos de toda satisfacción propia.

XXV
Entrad en el dulcísimo Corazón de Jesús, ó más bien, deteneos á la puerta de ese divino Corazón, allí humillaos, y pedid perdón de tantas imperfecciones é ingratitudes; luego aprovechad el permiso que Jesús os dará para entrar; peor haceos pequeño y reducíos á cenizas; dejad que el Espíritu Santo eleve y sumerja esas cenizas en el abismo inmenso de la Divinidad.

XXVI
Cuando estuviereis bien anonadado, bien despreciado, bien abatido en vuestra nada, pedid á Jesucristo que os oculte en su Sagrado Corazón. Allí poneos como una víctima sobre este divino altar en que arde siempre el fuego del santo amor; dejaos penetrar hasta la médula de los huesos por estas sagradas llamas; y si el Espíritu Santo os eleva á la contemplación de los divinos misterios, dejad á vuestra alma la libertad de abismarse en esta santa contemplación. ¡Oh, cuánto agrada á Dios esta práctica!

XXVII
Cuando os sentís tentado, atribulado, refugiaos en el Calvario, y entrad en el Sagrado Costado de Jesús Crucificado; y decid penetrado de amor y de compasión: ¡Oh Jesús, mi Soberano Bien! Cuando fuisteis azotado ¿cuáles eran los sentimientos de vuestro santísimo Corazón? ¡Oh Amor mío! ¡Qué no pueda yo morir por Vos!

XXVIII
Si la vista de vuestras imperfecciones y pecados os espanta y acobarda, id con la confianza de un tierno niño á echaros en el seno amoroso de Jesús, y pedidle su divino amor, diciendo profundamente compungido: “¡Oh Corazón del amado Esposo de mi alma! ¡Cuánto os aflige la vista de mis pecados é ingratitudes! ¡Perdón, oh Jesús, perdón!”

XXIX
En todos los contratiempos de la vida contemplad el afligido Corazón de Jesús, y decidle: “¡Oh amante Corazón de mi Señor y Redentor, que tan duras penas sufristeis en todo el discurso de vuestra vida mortal, ¿no sufriré yo esta pena, este trabajo por vuestro amor? Sí, ¡oh mi dulce Jesús! ó sufrir o morir.”

XXX
Permaneced siempre en el Corazón de Jesús, ofreciéndole de día y de noche un sacrificio de alabanzas, de honor y de bendición; reposad en El, y dormid el sueño del amor hasta perderos y morir á todo lo criado. ¡Dichosa pérdida! ¡Muerte infinitamente más preciosa que la vida! Esta pérdida será vuestra salvación; esta muerte será vuestra vida, vida divina, vida beata, vida perdurable por los siglos de los siglos.


San Pablo de la Cruz