miércoles, 29 de mayo de 2013

LA MUNDANIDAD PSEUDO ESPIRITUAL DE LA PROGRESÍA DOMINICANA EN POLONIA (II)


Tal y como habíamos anunciado en un post anterior, el Domingo 26 del corriente mes  los dominicos de Varsovia realizaron su XIV Feria, demostrando una vez más su matriz cosmovisional y subsecuente operatoria.
Los videos que publicamos  confirman el cumplimiento exacto de lo que predijo por estudiosidad el Padre Meinvielle: “Unos años más, y de no intervenir directamente la mano de Dios, el ‘Aparato publicitado de la Iglesia Católica´ profesará una religión completamente distinta de la que nos enseñó Jesucristo y que nos han transmitido los Padres, Doctores y Santos de la Iglesia doblemente milenaria.”



MYSTERIUM FIDEI


Muchas veces vi esta imagen en sitios de Internet y en estampas referentes a las ordenaciones sacerdotales. Siempre había pensado que se trataba de un cuadro, sin embargo, navegando por Misa Tridentina (sitio web amigo cuya visita recomendamos siempre) descubrí que se trata de un verdadera fotografía, tomada en 1932, que fue reproducida por el pintor Paul Nante. He aquí la declaración del R.P Franz Keiser publicada en Misa Tridentina:

Esta imagen no es un cuadro (en el sentido de composición) sino una auténtica foto. 

Se trata de una gracia que fue acordada a un sacerdote alemán, el tercer día después de su ordenación sacerdotal, el 29 de agosto de 1932. 

Ni el sacerdote que celebraba, ni el hermano que servía la Misa, ni su hermano que tomó la foto vieron lo que esta muestra de la manera más maravillosa. 

Conozco al sacerdote a quien le fue dada esta gracia y también las más precisas circunstancias y respondo por su exactitud así como de la autenticidad del hecho. 

Declaración firmada: Franz Keiser, Pbro.

Fuente: Sursum Corda

MILAGROS EUCARÍSTICOS - 13



LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Año 1279 Tolentino Italia 

San Nicolás de Tolentino no quería ordenarse de sacerdote porque le anonadaba la sublime grandeza de tan excelsa dignidad. Después de mucho tiempo, se decidió, por fin, a que el Señor obispo le impusiera las manos, persuadido firmemente que celebrando el santo sacrificio de la Misa, podría todos los días socorrer a las benditas almas del Purgatorio, y que los ángeles custodios de las almas por él libertadas, le obtendrían del Señor el fervor que había menester para bien cumplir con los deberes sacerdotales. 

Estando un día el Santo, después de Maitines, descansando, oyó una voz que le despertó y le dijo: “Fray Nicolás, varón de Dios, vuélvete a mirarme”; y él le respondió: “¿Quién eres?”-“Soy, dice, el alma de Pelegrín Auximense, a quien tú, mientras viví en la tierra, conociste muy bien, y ahora me estoy abrasando en estas llamas del Purgatorio. Te suplico que me socorras, y luego de mañana digas Misa por mí”. A lo cual respondió, humildemente, el Religioso: “La copiosísima sangre derramada por Jesucristo, te sea un alivio. No te la puedo aplicar en la santa Misa, porque soy hebdomadario, y además hoy es domingo y no se dice Misa de difuntos”. 

“¡Oh, Padre!, dijo él, ven y verás si es razón que tan inhumanamente respondas a la multitud de almas afligidas que me enviaron a ti”. Y llevado a un vasto campo, vio una innumerable multitud de almas que con lágrimas le gritaban: “Padre, ten piedad de nosotras… esperamos socorro de ti. Que si tú ofreces el Santo Sacrificio, nos veremos libres de los tormentos que nos devoran”. 

Despertó el Santo movido a gran compasión y lágrimas, e hizo oración a Nuestro Señor Jesucristo por aquellas almas. Al amanecer del día siguiente, fuese al Superior, y postrándose a sus pies, rogóle con llanto y ferviente ruegos le exoneraste del cargo de hebdomadario, a fin de que pudiese celebrar una semana entera la Misa de difuntos. Alcanzó el Santo lo que deseaba. 

Pasada la semana, se le apareció de nuevo el alma de Pelegrín, y le dio las gracias de lo que por las almas había hecho, afirmando que una buena parte de aquella multitud que había visto, estaba libre de las penas el Purgatorio y gozaba ya de la presencia de Dios en el cielo, por la misericordia divina, sus santos Sacrificios y fervorosas oraciones.

(Lorenzo Surio. Vida de San Nicolás de Tolentino. A 10 de septiembre.)

P. Manuel Traval y Roset

EL MUNDO AL REVÉS



lunes, 27 de mayo de 2013

LA VIRTUD DE LA HUMILDAD (VI)



CAPÍTULO 6 

Del propio conocimiento, que es la raíz, el medio único 
y necesario para alcanzar la humildad. 

Comencemos a cavar y ahondar en lo que somos y en el conocimiento de nuestras miserias y flaquezas, para que así descubramos este riquísimo tesoro. Dice San Jerónimo: Entre ese estiércol de vuestra bajeza y de vuestros pecados y miserias, hallaréis esta margarita preciosa de la humildad. 

Comencemos del ser corporal, sea ésa la primera azadonada. Dice San Bernardo: Estas tres cosas ten siempre delante de los ojos: qué fuiste, qué eres, qué serás. Ten siempre delante de los ojos lo que fuiste antes de tu generación, que es una materia hedionda y sucia que no se puede decir; qué eres ahora, que es un vaso de estiércol; qué serás de aquí a poco, que serás manjar de gusanos. Bien tenemos aquí qué meditar y en qué ahondar. Dice muy bien Inocencio Papa: ¡Oh condición baja y vil de la naturaleza humana! Mira los árboles y las yerbas del campo, y hallarás que ellos producen y echan de sí hojas y frutos muy buenos; y el hombre produce y cría de sí mil sabandijas. Las plantas y los árboles producen de sí aceite, vino y bálsamo, y echan de sí un olor muy suave; y el hombre echa de sí mil inmundicias y un hedor abominable, que pone asco pensar en ello, cuanto más decirlo. Al final, cuales el árbol, tal es el fruto, porque el árbol malo no puede llevar fruto bueno. 

Con mucha razón por cierto y con mucha propiedad comparan los Santos al cuerpo humano a un muladar cubierto de nieve, que por de fuera parece blanco y hermoso, y dentro está lleno de inmundicias y suciedades. Dice el bienaventurado San Bernardo: Si os ponéis a considerar lo que echáis por los ojos, oídos, boca y narices y por los demás albañares del cuerpo, no hay muladar tan sucio, ni que tales cosas eche de sí. ¡Oh, qué bien dijo el santo Job! (17, 14). ¿Qué es el hombre, sino un poco de podre y un manantial de gusanos? A la podre dije: Tú eres mi padre. La semejanza que hay de podre a padre, ésa y más hoy de nosotros a la podre. Y a los gusanos dije: Vosotros sois mi madre y mis hermanos; eso es el hombre un manantial de podre y costal de gusanos. ¿Pues de qué nos ensoberbecemos? (Ecl.,10, 9): [De qué te ensoberbeces, polvo y ceniza] De aquí a lo menos no tenemos de qué nos ensoberbecer, sino harto de qué nos humillar y tener en poco. Y así dice San Gregorio: La guarda de la humildad es acordarnos de nuestra propia fealdad. Debajo de esta ceniza se conserva ella muy bien. 

Pasemos adelante, cavemos y ahondemos un poco más, demos otra azadonada: mirad quién eráis antes que Dios os criase, y hallaréis que erais nada, y que no podíais vos salir de aquellas tinieblas del no ser; sino que Dios, por su bondad y misericordia, os sacó de aquel abismo profundo y os puso en el número de sus criaturas, dándoos el verdadero y real ser que tenéis. De manera, que cuanto es de nuestra parte somos nada: y así nos hemos de tener por iguales de nuestra parte a las cosas que no son, y atribuir a Dios la ventaja que les llevamos. Eso es lo que dice San Pablo (Galat., 6, 3): Si alguno piensa que es algo, se engaña, que nada es. Gran mina se nos descubre aquí para enriquecernos de humildad. 

Y aún hay más en esto, que aun después que fuimos criados y recibimos el ser, no nos tenemos en nosotros mismos. No es como cuando el oficial hizo la casa, que después de edificada, la dejó y ella se sustenta sin tener necesidad del oficial que la hizo; no es así en nosotros, sino que después de criados, tenemos tanta necesidad de Dios cada momento de nuestra vida para no perder el ser que tenemos, como la tuvimos para, siendo nada, alcanzar el ser. Él nos estás siempre sustentando y teniendo con su mano poderosa para que no caigamos en el pozo profundo de la nada, de la cual primero nos sacó. Y así dice David (Sal., 18, 5): Vos, Señor, me hicisteis y pusisteis vuestra mano sobre mí. Esa vuestra mano, Señor, que tenéis puesta sobre mí, me tiene en pie, y me conserva para que no me torne a volver en la nada que antes era. Estamos siempre tan colgados y pendientes de esta manutenencia de Dios, que si esta nos faltase, y nos soltase de su mano un solo momento, de el mismo punto faltaríamos nosotros y dejaríamos de ser, y nos volveríamos en nuestra nada, como en escondiéndose el sol falta la luz en la tierra. 

Por eso dice la Escritura divina (Is., 40, 17): Todas las gentes son delante de Dios como si no fuesen, y como nada y vanidad son reputados delante de Él. Esto es lo que todos andamos diciendo a cada paso, que somos nada; pero creo que lo decimos solamente con la boca, no sé si entendemos lo que decimos. ¡Oh si lo entendiésemos y sintiésemos como lo entendía y sentía el Profeta cuando decía (Sal., 38, 6): Yo soy, Señor, delante de vos, como nada. Verdaderamente, nada soy cuanto es de mi parte, porque nada era, y el ser que tengo no lo hube de mí, sino que Vos, Señor, me disteis y a Vos le tengo de atribuir, y yo no tengo de qué gloriarme ni envanecerme en eso, porque no fui parte ninguna en ello: y Vos estáis siempre conservando ese ser y teniéndole en pie, y me estáis dando las fuerzas para obrar; todo el ser, todo el poder toda la fuerza para obrar nos ha de venir de vuestra mano; que nosotros de nuestra parte no podemos ni valemos nada, porque somos nada. 

Pues ¿que tenemos de que nos podamos ensoberbecer? ¿Por ventura de la nada? Poco ha decíamos: De qué te ensoberbeces, polvo y ceniza? Ahora por decir: ¿De qué te ensoberbeces, siendo nada, que es menos que polvo y ceniza? ¿Qué razón, o qué ocasión tiene la nada para engreírse y ensoberbecerse y tenerse por algo? Ninguna, por cierto. 

EJERCICIO DE PERFECCIÓN Y 
VIRTUDES CRISTIANAS.
Padre Alonso Rodríguez, S.J

domingo, 26 de mayo de 2013

SÍMBOLO DE SAN ATANASIO (QUICUMQUE) EN HONOR DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD



SÍMBOLO DE SAN ATANASIO
("QUICUMQUE")

Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre. 

Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, tal el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo; y sin embargo no son tres omnipotentes sino un solo omnipotente. Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es el Espíritu Santo; y sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios. Así, Señor es el Padre, Señor el Hijo, Señor el Espíritu Santo; y sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor; porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores. El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado. El Hijo fue por solo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado ni engendrado, sino que procede. 

Hay, por consiguiente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad en la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad. Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo: perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Mas aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien irán a la vida eterna; los que mal al fuego eterno. 

Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse. Amén.


San Atanasio

sábado, 25 de mayo de 2013

MILAGROS Y PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN - 12


LIBRA NUESTRA MADRE DEL CARMEN A UNA FAMILIA DEVOTA 
QUE VESTÍA SU SANTO ESCAPULARIO DE SER APLASTADA 
POR UN CAMIÓN

Dejemos a don Francisco Fernández Galán que nos narre el milagroso suceso: 

“Iba yo con mi señora y mis hijos en un camión de gran tonelaje, desde Montánchez a Sanlúcar de Barrameda, llevando un cargamento de ciento veinte arrobas de chacina que había de entregar en la mencionada localidad”. 

“Al llegar a un lugar de la carretera, entre El Ronquillo y Santa Olalla, efecto de un mal viraje, se precipitó el vehículo en la cuneta, volcando aparatosamente y cogiéndome a mí y a mi familia, sin saber cómo, entre el horrible amontonamiento de los sacos y cajas de chacina y el astillamiento de la carrocería, completamente destrozada.” 

“¿Cómo no morimos todos, o cómo no perecimos aplastados en aquella catástrofe? Yo sólo recuerdo que invoqué a la Santísima Virgen del Carmen, cuyo Escapulario bendito vestimos toda la familia con gran devoción, estrechándolo fervorosamente contra mi pecho; y creo firmemente que a su mucha misericordia y al poder taumatúrgico del Santo Escapulario de María Santísima del Carmen debemos el no haber perecido todos en aquel fatídico accidente, ocurrido el 10 de marzo de 1928, por lo cual ofrecimos una misa perpetua en ese día a la Virgen Santísima y vestir su santo hábito de por vida, ayunando los sábados en su honor, publicando eternamente sus maravillas y alabándola sin cesar y deseando que todos la alaben.”

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.