jueves, 10 de febrero de 2011

CRÍTICA HISTÓRICA SOBRE LA PELÍCULA "EL REINO DE LOS CIELOS" DE RIDLEY SCOTT

La Opinión de un Historiador sobre ‘El Reino de los Cielos’ Película de Ridley
Scott. Original en inglés: Ridley Scott’s Kingdom of Heaven. 2005.

Imágenes y comentarios añadidos.

En el mes de mayo de cada año, miles de estudiosos sobre el Medioevo se reúnen en Kalamazoo, Michigan [EEUU], en el ‘International Congress on Medieval Studies’ (Congreso Internacional sobre Estudios del Medioevo). Esta es la reunión más grande de su tipo en el mundo, y en donde se presentan trabajos escritos sobre virtualmente cualquier tema imaginable de la historia Medieval y su cultura. Este año [2005], la reunión coincidió con el lanzamiento de la tan anunciada película ‘The Kingdom of Heaven’ (El reino de los cielos), dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Orlando Bloom, una película que se sitúa durante el periodo de las Cruzadas. En mi tiempo de ocio, durante lo que estaba seguro sería una fascinante sesión llamada “Considerando los fluidos: Analizando la orina en la Edad Media”, me dirigí junto a unos cuantos de mis alumnos graduados hacia la sala de cine, para aprovechar una función matutina de esta película. La sala estaba casi vacía, un mal presagio, dado el número tan grande de apasionados por el Medioevo que visitaban la ciudad.

Carátula de la película “Kingdom of Heaven” de Ridley Scott. Literalmente se traduciría “El Reino de los Cielos”, en México (también en Argentina) se la tituló “Cruzada”

Ficción

Si yo fuese un crítico de cine, diría que esta película es aburrida a morir, después de una hora de fatigoso diálogo y de heridas de flechas por doquier, no tuve reparo en observar mi reloj para ver si podría llegar todavía a aquella exposición sobre el Medioevo inglés y la orina. Esta película puede describirse acertadamente como un muestrario de escenas de batallas medievales sangrientas, relacionadas endeblemente por medio de diatribas y discursos que reflejan claramente el “debe ser” de la modernidad actual. La moraleja de la historia, la cual es restregada en cada oportunidad por Scott sobre la cara del espectador, es que la tolerancia religiosa es una cosa buena y que deberíamos hacer más por ésta.

Pero no soy crítico de cine, soy historiador, y como historiador naturalmente me irrita que haya personas que se vayan de las salas cinematográficas pensando que Scott y su escritor William Monahan, han hecho un trabajo que se aproxima fielmente a la realidad de la Edad Media, lo cual es falso, de hecho, la película ‘The Kingdom of Heaven’ refleja muy poco de la época medieval. En lugar de esto, es una mezcla del Romanticismo del siglo XIX con los anhelos hollywoodenses, en su ideal existencial. Las verdaderas Cruzadas comenzaron en 1095 como respuesta a los siglos de conquistas musulmanas en tierras cristianas, su propósito era recuperar tales territorios, incluyendo Tierra Santa, para la cristiandad. El Reino de Jerusalén, el cual fue establecido por la Primera Cruzada en 1099, fue un centro de avanzada militar de los cristianos europeos, en medio de un amplísimo mundo musulmán, y que tenía la tarea de salvaguardar los lugares santos. Posteriormente, otras Cruzadas de mayor envergadura fueron convocadas en respuesta a las subsiguientes conquistas musulmanas.

La película ‘The Kingdom of Heaven’ de Scott se sitúa entre los años 1186 y 1187, tiempo en el cual, nos asegura este director de cine, el rey Balduino IV de Jerusalén hizo de la Ciudad Santa “un lugar donde cualquiera podía ir y venir a placer, y ejercitar su culto sin problemas”. Esta era dorada de tolerancia fue entonces interrumpida por los Templarios*, “celosos cristianos sedientos de sangre musulmana”, quienes fueron conducidos por el malvado Reynald de Chatillion y Guy de Lasignan. Después de la muerte de Balduino, Guy y Reynald provocaron una guerra en contra del “sabio y tolerante” líder musulmán, Saladino, quien derrotó a los cristianos y dirigió sus ejércitos hacia Jerusalén. La historia de la película en sí está centrada en Balián de Ibelín, interpretado por el actor Orlando Bloom, un herrero francés perseguido por el asesinato de un sacerdote. Se une a su recién encontrado padre, después de mucho tiempo, Godofredo de Ibelín, quien tiene su morada en Tierra Santa. Godofredo asegura a Balián que el reino de Jerusalén es un “reino de conciencia”, un lugar donde una persona puede dejar atrás el pasado y llegar a ser todo lo que él o ella desean ser. Por medio de su habilidad con la espada y de la aplicación del código de caballería, Balián es nombrado caballero y se asienta en Tierra Santa, donde tiene un amorío con la hermana del rey, pasa por innumerables batallas sangrientas y termina dirigiendo la defensa de la ciudad de Jerusalén, cuando Saladino se presenta.

*[Nota del traductor: No confundir a estos Templarios, los verdaderos, con los que posteriormente pasaron a formar parte del folclor de la masonería, y que nada tienen que ver.]

La realidad

¿Qué tanto de lo que se cuenta aquí sucedió en la realidad? No mucho, Balián de Ibelín nació en Tierra Santa, no en Francia, ahí creció y llegó a ser un respetado caballero del reino. Nunca fue herrero, su padre fue Barisán, no Godofredo, y murió en 1150, 36 años antes de la fecha en la que se sitúa la película. Aunque la película muestra a Balián como un joven con dudas internas y que ha perdido su fe, en realidad, su edad, al tiempo, estaría sobre la madurez, rondando en los cuarenta años, y fue conocido por su devoción a Dios y su admiración por los santos. Balián no es el único personaje en esta película que ha sufrido una transformación o actualización al modo de vida actual, mientras que es verdad que el rey Balduino IV tuvo lepra, no es cierto que él poseyera en su guardarropa una colección de máscaras plateadas para diferentes ocasiones, ¡caramba!, Balduino ni siquiera vivía en esta época, habiendo fallecido un año antes de los eventos contados en la película. Ni Saladino ni Balduino eran gobernantes tolerantes que buscaran la paz entre musulmanes y cristianos, el verdadero Balduino montó en cólera cuando supo que Guy evitó enfrentarse a Saladino en 1183. El verdadero Saladino, según su biógrafo, mostró gran regocijo cuando presenció la decapitación de cientos de cristianos en 1187. Saladino predicaba el yihad [guerra santa] en todo su reino, sin la menor intención de hacer secreto su deseo de capturar Jerusalén y masacrar a los cristianos que vivieron allí. Tanto Balduino como Saladino eran, sin que deba sorprender a nadie, hombres de su tiempo, no del nuestro.

En lugar de mencionar todas las imprecisiones de esta película, y que son muchas, sólo me concentraré en mencionar dos situaciones que son claros ejemplos de anacronismos y que fueron utilizados ampliamente aquí. El primero es respecto al reino de Jerusalén, el cual es frecuentemente llamado en esta película “un nuevo mundo”, sin ser nada por el estilo, al contrario, era lo más antiguo del Viejo Mundo. Al ver esta película alguien podría pensar que Tierra Santa era una tierra virgen, recién descubierta, esperando la colonización de jóvenes y fornidos herreros. A Balián incluso se le muestra estableciendo su propia plantación, y con esto introduciendo la irrigación y la proliferación de tierras fértiles. La Tierra Santa que nos describen de forma imprecisa Scott y Monahan, corresponde claramente a la historia británica post medieval, cuando las tierras ultramarinas representaban una oportunidad, como el norte de América, Australia y la India, ofreciendo un comienzo fresco para aquellos que desearan empezar una vida nueva.

El segundo anacronismo notable de esta película es su aproximación a la religión. La mayoría de las personas saben que las Cruzadas fueron guerras entre fes. Los cruzados pasaron por grandes dificultades, arriesgando sus vidas y gastando enormes cantidades de dinero, sin importarles puesto que su devoción en Cristo, su Iglesia y su pueblo eran superiores. La piedad del cruzado también se manifestó en formas extraordinarias de devoción o admiración hacia la Virgen María y los santos, particularmente en aquellos santos quienes habían vivido en Tierra Santa. La película ‘The Kingdom of Heaven’, sin embargo, realiza una delicada operación para extirpar la piedad religiosa, por completo, de las Cruzadas. Balián y su padre son presentados como agnósticos, otros cruzados como los Hospitalarios, los muestran haciendo crítica abierta a la religión. Por supuesto, todos “los muchachos buenos de la película” parecen no tener devoción alguna a Dios, tan sólo la devoción a la tolerancia. Los malos, por otro lado, están representados por todos los que muestran una devoción religiosa, la cual, es mostrada a su vez como la causa de su maldad, como Guy y Reynald, o francamente perversos como el personaje del predicador de mirada perdida, quien canta: “El matar a un musulmán no es asesinato, es el camino al cielo”. En otras palabras, el mundo medieval es retratado tal y como Hollywood ve al mundo: La gente inteligente no tiene religión o no la toma en serio, el resto son sólo fanáticos cristianos derechistas.

No existen las iglesias en esta película, aún en la más venerable de las ciudades. No existen monjes, ni monjas y se muestran muy pocos peregrinos, los cuales habrían llenado las calles de la Jerusalén medieval. Sólo se muestran a dos sacerdotes en la película, uno es un perturbado mutilador de cadáveres y el otro un villano cuya estrategia para defender Jerusalén es convertirse al Islam y dejar que los demás perezcan. Scott colocó unas cuantas cruces dispersas, pero no se muestran crucifijos, los cuales habrían sido mucho más comunes en la Edad Media. Las majestuosas representaciones de los palacios no incluyen iconos de María o los santos, y por supuesto, ninguna clase de arte religioso. Se muestra a cristianos, musulmanes y judíos viviendo en armonía, en esta Jerusalén cinematográfica, aunque a decir verdad, en esa época fue prohibido a los no-cristianos habitar en Tierra Santa, durante el reino de Balduino IV. Pero Scott no solamente ha esterilizado al cristianismo, los musulmanes son mostrados orando pocas veces en la película, y el único musulmán devoto que se muestra es un clérigo de ropas negras quien demanda a Saladino que ataque a los cristianos y capture Jerusalén. El mensaje aquí es claro: la religión lleva al fanatismo y el fanatismo lleva a la guerra.

En materia de “lógica del complot” en la película, uno podría razonablemente preguntar, ¿por qué todos esos cruzados, que visten cruces en su pecho y marchan hacia batallas perdidas, les importa tan poco el cristianismo? En la película, cuando se preparan para la defensa de Jerusalén, Balián proclama que no son las piedras lo que importa, sino la gente que vive en las ciudades, con el fin de salvar la vida de las personas, él amenaza con destruir todos los santos lugares del cristianismo y el islamismo, “todo”, dice, “lo que conduce al hombre a la locura”. Aún así, si él sólo está preocupado por defender a las personas, ¿por qué el Balián de la película se trasladó hasta la lejana Jerusalén para hacerlo?, ¿no había suficientes personas por defender en Francia? La verdad es que el Balián de Scott es totalmente erróneo, son precisamente las piedras, edificios y la ciudad en sí, lo que importaba en ese tiempo. Los cristianos medievales vieron en Jerusalén una preciosa reliquia santificada por la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. La gente ahí glorificaba a Dios y defendía su Ciudad Santa. El verdadero Balián, quien enfrentó la inevitable conquista de Jerusalén, amenazó con destruir la mezquita ‘Domo de la Roca’ si Saladino no abandonaba su plan de masacrar a los habitantes cristianos, pero este plan no es presentado en la película, y por supuesto, el bueno y noble Saladino cinematográfico deja a todos sus habitantes partir sanos y salvos, y con una sonrisa de oreja a oreja. El verdadero Saladino les requirió el pago de un rescate, y aquellos quienes no pagaron, y que fueron miles, fueron vendidos como esclavos.

Ideología liberal moderna, relativismo, batallas sangrientas, agnosticismo, actitud iconoclasta, pocas cruces, nada de crucifijos, ni de iglesias, ni de monjes o monjas y pocos peregrinos es de lo mucho que encontraremos en esta película de Ridley Scott. Una visión anacrónica de la ciudad ideal del 'Nuevo Orden Mundial'

Dados los eventos en el mundo moderno, es lamentable que exista un océano entre lo que saben los historiadores profesionales acerca de las Cruzadas y lo que la población en general cree. Esta película sólo hace más profunda esta separación, y lo lamentable de esto es que docenas de distinguidos historiadores en todo el mundo habrían ofrecido gustosos su ayuda para la realización de la película de Scott y Monahan, para que saliera bien, después de todo, para los costos de Hollywood, los historiadores trabajan por migajas. Según las notas de producción de esta película, esta clase de asistencia fue aparentemente innecesaria: “Monahan (escritor y guionista), trabajó con fuentes de primera mano (traducciones) de registros de gente que estuvo presente en el tiempo en que se representó la historia, y evitando interpretaciones posteriores de los siglos subsecuentes”. Aún así, algunas de estas “interpretaciones” que Monahan tan diligentemente evitó, fueron escritas por historiadores profesionales, utilizando fuentes muy rigurosas, dejando además unas cuantas obras traducidas en el idioma de los productores. ¿Por qué no haberles telefoneado a algunos de ellos, tan sólo para comprobar la precisión de la propia investigación?

Ridley Scott repetidamente ha dicho que esta película “no es un documental”, sino “un relato basado en hechos históricos”. El problema es que el relato es pobre y la historiografía es peor. Revisando las entrevistas en los medios, Scott, Monahan y los actores principales claramente piensan que su relato podría ayudar a traer paz en el mundo actual. Sin embargo, la paz duradera sería auxiliada de mejor manera al ser expuesta la verdad del pasado, sin ambages ni deformaciones, el problema es que podría ser considerada políticamente incorrecta.


SOBRE EL AUTOR: El Dr. Thomas F. Madden es Profesor de Historia Medieval y Presidente del departamento de Historia en la Universidad de San Luis. Es un reconocido experto sobre las Cruzadas y es autor de obras recientes tituladas: 'The New Concise History of the Crusades' (Nueva historia concisa de las Cruzadas) y es editor de 'Crusades: The Illustrated History' (Cruzadas: La historia ilustrada).

Dr. Thomas F. Madden, La Opinión de un Historiador sobre ‘Kingdom of Heaven’ Película de Ridley Scott, traducción: Alejandro Villarreal de Biblia y Tradición, 2011

Agradecemos al Blog Biblia y Tradición por el artículo y su traducción al español.

Visto en: STAT VERITAS

martes, 8 de febrero de 2011

EL SANTO ROSARIO Y EL ECUMENISMO


por José Andrés Segura Espada

La relación que guarda el Santo Rosario con el ecumenismo es muy esclarecedora, para el que quiera comprobar que no hay otro camino que no pase por las conversión y el retorno de los herejes y cismáticos a la Santa Iglesia Católica.

Santo Domingo de Guzmán, insigne santo español del siglo XII, fundador de la orden de los Predicadores –también conocidos como dominicos-, fue un apóstol de primera categoría que junto a San Francisco de Asís, dieron pie a la creación de las llamadas órdenes mendicantes.

Su carisma fundamental era la predicación para la conversión de los alejados de Dios, y sobre todo la de los herejes, que en aquella época campaban por doquier.

Su labor se centró sobre todo en el mediodía de Francia, donde estaban ubicados los herejes cátaros o albigenses, que mantenían doctrinas y prácticas gnósticas, con gran desmedro de la fe católica, pues el error se propagaba con rapidez y pertinacia.

Santo Domingo y sus compañeros sostuvieron una serie de encuentros con los adalides de la herejía en varias ciudades, donde estaban muy arraigada la herejía, en los que se dieron una serie de torneos de controversia con la Sagrada Escritura y argumentos teológicos, en los que sin excepción, los herejes se vieron derrotados o no lograron imponerse al santo castellano.

A pesar de vencer a los herejes en estos torneos de oratoria, el endurecimiento de los seguidores de la herejía, no producía muchas conversiones.

Santo Domingo, en un momento de debilidad y desesperación por los pocos frutos obtenidos, recibió una revelación de la Santísima Virgen, que le confortó, en la que le mostró la oración del santo Rosario, para que sus desvelos apostólicos y predicaciones dieran por fin el éxito deseado: la conversión de los herejes. Y en efecto, a partir de ese momento las conversiones se incrementaron maravillosamente.

Así pues, la Santísima Virgen dio a Santo Domingo el Rosario, para que lograra la conversión de los herejes, y no para rezar con ellos en comandita.

¿Acaso lo condescendencia con los herejes atrae más conversiones? Los frutos obtenidos dicen que no.

Este es el drama del ecumenismo: que no se busca la conversión y el retorno de los herejes y los cismáticos, sino que cada uno permanezca como está: el hereje en su error – por muy de buena fe que persista en él-; y el católico sin obedecer el mandato de Cristo:

“Id pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado” (Mt. 28, 19-20).

Ni la orden de san Pablo al obispo Tito, que en sentido propio nos podemos aplicar todos los católicos, cada uno según su capacidad, pues todos somos soldados de Cristo:

“Porque es necesario que un obispo sea capaz de instruir en la sana doctrina y refutar a los que contradijeren”. (Tit. 1,7.9)

Reflexionemos: haced discípulos, ¿no es convertid?; refutar a los que contradijeren, ¿no es hacer lo que hacía Santo Domingo con los herejes?

La Sagrada Escritura, los Santos Padre, los propio santos con su vida y obras –como santo Domingo-, claman con toda fuerza que el camino a seguir en el ecumenismo y el diálogo interreligioso es el retorno, y la conversión, como único fin. Todo fin que no sean estos conceptos, es desvirtuar el verdadero ecumenismo.

Como en el falso ecumenismo no se busca la conversión, se dejan de practicar algunas de las obras de misericordia, como son corregir al que yerra y enseñar al que no sabe, como hacía Santo Domingo.

Pero claro, ahora está muy extendido eso de que hay que dejar a cada uno en su religión, pues si está de buena fe se salvará y el ecumenismo con los hermanos separados hay que practicarlo dejando a cada uno en su creencia y convergiendo todos (católicos y herejes) hacia un centro común a todos.

¿Y el mandato de Cristo, qué?, ¿lo mandamos a paseo?

Como ahora no se busca convertir, se pisotean las obras de misericordia, por decir lo menos grave.
¿Por qué los promotores del falso ecumenismo no siguen el ejemplo de los santos como santo Domingo de Guzmán o S. Luis Mª Griñón de Monfort?

Éste último, en su famoso libro El secreto admirable del Santísimo Rosario, escribe: “Aún cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados”.

Estos santos sí que supieron hacer del Santo Rosario un arma formidable para la conversión, que no lo olvidemos, para eso se lo dio la Santísima Virgen al Santo castellano. En conclusión: la oración en el ecumenismo debe ser para la conversión y el retorno como fin último; si no, es un falso ecumenismo de la peor especie que olvida el mandato de Cristo; y del que desobedece a Cristo ya sabemos su situación:

“Todo el que no está conmigo, está contra Mi, y el que no recoge conmigo, desparrama”. (Mt. 12,30)

Terribles palabras que deben meditar los promotores del falso ecumenismo.

¡
Gloria y adoración sólo a Ti, Santísima Trinidad único y verdadero Dios
!

Tomado de la Revista Tradición Católica nº 221, Mayo-Junio 2009

lunes, 7 de febrero de 2011

EL PADRE PÍO Y MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE. ¿QUÉ SUCEDIO REALMENTE DURANTE SU ENCUENTRO?

Mons. Lefebvre y el Padre Pío en el pasillo

La Mentira
En Estados Unidos existe un libro titulado ‘Padre Pio Gleanings’ (Selecciones del Padre Pio) de Pascal Cataneo, el cual ha sido traducido al inglés. En las páginas 58 y 59 se puede leer el siguiente pasaje:

“Entre las muchas, muchas personas quienes fueron a ver al Padre Pio, estuvo el Arzobispo Lefebvre, quien más tarde se adheriría obstinadamente a la Tradición católica, como la llamaba él, cuestionando la autoridad del Vaticano II y por lo tanto fue removido de su cargo por el Papa Pablo VI.

“El Arzobispo tuvo un encuentro con el Padre Pío en la presencia del profesor Bruno Rabajotti. Este testigo reportó que en un momento en particular el Padre Pío miró a Lefebvre de forma muy severa y dijo: ‘Nunca cause discordia entre sus hermanos y siempre practique la regla de obediencia, y sobre todo, cuando le parezca a Ud. que los errores de quienes representan la autoridad son muy serios. No existe otro camino que la obediencia, especialmente para aquellos quienes hemos hecho este voto’.

“Padre Pío le pudo haber dado este consejo debido a que él mismo tuvo que obedecer algunas órdenes cuestionables, su actitud era poner esto en las manos de Dios, porque Él encontraría la manera de que la verdad triunfase. Parece que el Arzobispo Lefebvre no veía las cosas de la misma forma, incluso cuando respondió al Padre Pío de la siguiente manera: ‘Lo recordaré, Padre’.
Padre Pío lo miró fijamente y, viendo lo que muy pronto ocurriría, dijo: ‘¡No, usted lo olvidará! usted desgarrará a la comunidad de los fieles, oponiéndose a la voluntad de sus superiores e incluso irá en contra de las órdenes del Papa mismo, y este afán sucederá muy pronto. Usted olvidará la promesa que hizo hoy y toda la Iglesia será herida por usted. No se ponga en el lugar de juez, no tome poderes que no le corresponden y no se considere como la voz del pueblo de Dios, que Dios ya ha hablado por ellos. No siembre la discordia y la disensión. Sin embargo, ¡sé que lo hará!’. Desafortunadamente, la verdad de la profecía del Padre Pío fue obvia para todos”. [Fin de cita]

El Padre Pío besando el anillo de Mons. Lefebvre


La VerdadEl 8 de agosto de 1990, el Arzobispo Lefebvre escribió una carta personal a un sacerdote de la Fraternidad en Francia, quien le había escrito previamente para saber sobre su encuentro con el Padre Pío. He aquí un extracto de la carta:

“Por muchos años ya, esta difamación ha sido una mentira de principio a fin, y ha estado circulando por Italia. Ya la he refutado, pero esta mentira se niega a morir. No existe una sola palabra de verdad en la copia de la página de la revista que me envió.

“El encuentro tuvo lugar después de Pascua, en 1967, durando dos minutos. Me acompañó Fr. Barbara y un hermano de la Congregación del Espíritu Santo, el Hno. Felin. Conocí al Padre Pío en un pasillo, cuando iba de camino a su confesionario, le asitían dos Capuchinos.

“Le expliqué, en pocas palabras, el propósito de mi visita: que bendijera a la Congregación del Espíritu Santo, la cual estaba por celebrar un Capítulo General Extraordinario al que asistíría, y que estaba siendo conducida al ‘aggiornamiento’ o modernización, como estaba sucediendo con otras sociedades religiosas, y que temía que tal reunión sería problemática…

“Entonces el Padre Pío exclamó: ‘¿Yo bendiciendo a un arzobispo?, no, no, ¡es usted quien debe bendecirme a mí!’, se inclinó para recibir la bendición. Lo bendije, el besó mi anillo y continuó su camino hacia el confesionario…

“Esto fue todo lo que ocurrió en ese encuentro, ni más, ni menos. La invención que se plasma en el texto que me envía, es sólo producto de una imaginación y mendacidad satánica, el autor es hijo del ‘Padre de la Mentira’.

“Gracias por darme la oportunidad de decir una vez más la verdad, simple y llana."

“Suyo, de la manera más cordial,
en Cristo y María.
+Marcel Lefebvre. "
Fuente: Biblia y Tradición
Título: El Padre San Pío de Pietrelcina y el Arzobispo Marcel Lefebvre. ¿Qué sucedió realmente durante su encuentro?
Autor: FSSPX Distrito EEUU
Original en inglés: Padre Pio & Archbishop Lefebvre. What was the actual conversation between the two?
Traducción: Alejandro Villarreal de B&T -2011-
Tomado de: Romanistas

domingo, 6 de febrero de 2011

UN TERCIO DE LOS TEÓLOGOS ALEMANES PIDEN FIN DEL CELIBATO Y DEL “RIGORISMO MORAL”. LOS OBISPOS ALEMANES LOS APLAUDEN


APOSTASÍA GERMANA EN PLENO

Según informa hoy el diario Süddeutsche Zeitung , cercano al centro izquierda, un grupo de ocho teólogos escribió el documento, que contiene, detallados, los puntos de una reforma radical: la inclusión de las mujeres como guías espirituales, el fin del celibato obligatorio, la participación de los fieles en la elección de los obispos y el fin del “rigorismo moral”. Se habrían quedado contentos con recopilar unas 50 firmas, según dijo al diario alemán Judith Könemann, de la Universidad de Münster. “Evidentemente hemos tocado un nervio”, señaló.

Se trata del alzamiento más importante contra la cúpula de la Iglesia católica desde hace 22 años, cuando 220 teólogos suscribieron en 1989 la llamada Declaración de Colonia, crítica con el gobierno de la Iglesia ejercido por Juan Pablo II.

Entre los 144 firmantes del documento actual hay algunos nombres ilustres: desde el profesor Michael Albus de Friburgo hasta Reinhold Zwick, de la Universidad de Münster. Figuran al mismo tiempo algunos reconocidos profesores eméritos como Peter Hünermann y Dietmar Mieth de Túbinga, junto a históricos defensores de la necesidad de una reforma en la Iglesia católica como Heinrich Missalla (Essen) y Friedhelm Hengsbach (Francfórt), y a conservadores como Eberhard Schockenhoff. Hay muchos más que en privado admiten que encuentran positiva la iniciativa pero que están haciendo carrera y prefieren no firmar el documento. 144 firmas equivalen a un tercio de los 400 teólogos católicos de habla alemana.

El texto es cauteloso, toca numerosos aspectos y hace un llamamiento a los obispos para un diálogo abierto. “Sentimos la responsabilidad de apoyar un verdadero nuevo inicio”, argumentan los teólogos al apoyar su tesis central de que la Iglesia puede promulgar la palabra de Jesús solo, “si ella misma es lugar y testigo del mensaje de libertad del Evangelio”.

La participación de los fieles, cada vez más alejados, es uno de los puntos en los que se centran las reflexiones de los intelectuales alemanes. Entre los retos incluyen la necesidad de “mayores estructuras sinodales en todos los niveles de la Iglesia” y la participación de los fieles en la elección de sus obispos y párrocos. Asimismo, se percibe la preocupación por la falta de curas jóvenes, un problema que se podría resolver a través de la inclusión de “sacerdotes casados y mujeres en el oficio eclesiástico”. La “elevada valoración” del matrimonio y del celibato suponen además, según el manifiesto, “la exclusión de personas que viven el amor, la fidelidad y la preocupación mutua” en una relación estable de pareja del mismo sexo o como divorciados casados en segundas nupcias.

Como consecuencia del escándalo de los abusos sexuales llevados a cabo y ocultados en estructuras católicas durante años, el documento destaca la importancia de mejorar “la defensa legal y la cultura del derecho”.

EN TANTO…

Obispos alemanes valoran manifiesto de teólogos como aportación al debate sobre futuro
En lugar de mandarlos a freír espárragos, como debería ser, los Sres. obispos alemanes dan a conocer un comunicado de prensa en el que valoran el manifiesto, que un grupo de teólogos publicó hoy pidiendo entre otras acabar con el celibato sacerdotal, como aportación al debate sobre futuro.

Información de agencia EFE, Feb-04-2011.

Berlín, 4 feb (EFE).- La Conferencia Episcopal Alemana considera que el manifiesto crítico hacia la Iglesia Católica suscrito por un grupo de catedráticos de Teología es una aportación a la discusión sobre el futuro de la fe y la iglesia en este país y ha reaccionado positivamente a esa señal.

Un total de 144 profesores de Teología católica de Alemania, Austria y Suiza han suscrito un manifiesto en el que exigen profundas reformas de la Iglesia Católica, que incluyen, entre otras, el fin del celibato, el sacerdocio femenino y la participación popular en la elección de obispos.

Un comunicado hecho público hoy por el secretario de la conferencia, Peter Hans Langendörfer, subraya que el memorando resume en principio ideas frecuentemente discutidas y “no supone mas que un primer paso” en el debate abierto en este país tras los escándalos de pederastia en el seno de la iglesia del pasado año.

Una serie de cuestiones del memorando de los teólogos “se encuentra en tensión” con las convicciones teológicas y los principios eclesiásticos de elevado compromiso, reconoce Langendörfer.

“Los distintos temas necesitan de una urgente aclaración”, señala el portavoz de la Conferencia Episcopal, quien subraya que hace falta mas que un acercamiento de los obispos para afrontar los difíciles retos de la iglesia.

Los errores y fracasos del pasado deben ser tratados y reconocidos al igual que los déficit y exigencias de reformas de la actualidad, admite Langendörfer, quien reconoce que “no se pueden evitar los temas conflictivos” y anuncia que la Conferencia Episcopal hará sus propuestas durante su próxima reunión plenaria.

Los firmantes del manifiesto suponen mas de un tercio de los 400 teólogos del área de habla alemana, según revela hoy el rotativo “Süddeutsche Zeitung”, que afirma que su cifra sería mayor si muchos no hubiesen negado su rúbrica por miedo a represalias.

Entre los firmantes se encuentran prestigiosos profesores eméritos como Peter Hünermann y Dietmar Mieth, viejos luchadores por las reformas como Heinrich Missalla y Friedhelm Hengsbach, progresistas como Otto Hermann Pesch o Hille Haker, pero también conservadores como Eberhard Schockenhoff.

Redactado con los escándalos de pederastia en el seno de la Iglesia Católica como trasfondo, el texto resulta pese a todo prudente y alaba también el llamamiento de los obispos a un diálogo abierto.

Tras explicar que “nos vemos en la responsabilidad de hacer una aportación a un nuevo comienzo real”, la tesis central del memorando subraya que la Iglesia Católica solo “puede anunciar al liberador y amante Dios Jesucristo”, cuando ella misma “es un lugar y un testigo creíble del mensaje de liberación del Evangelio”.

Debe reconocer y fomentar “la libertad del hombre como criatura de Dios”, respetar la conciencia libre, defender el derecho y la justicia y criticar las manifestaciones que “desprecian la dignidad humana”.

Sus exigencias, que prudentemente califican de “retos”, incluyen “mayores estructuras sinodales en todos los niveles de la iglesia” y la participación de los fieles en la elección de sus obispos y párrocos.

El manifiesto subraya que la Iglesia Católica necesita “también sacerdotes casados y mujeres en el oficio eclesiástico”, señala que la falta de sacerdotes fuerza la existencia de parroquias cada vez mayores y lamenta que los sacerdotes sean “quemados” ante estas circunstancias.

Igualmente destaca que “la defensa legal y la cultura del derecho” en la Iglesia deben “mejorar urgentemente” y comenta que la elevada valoración del matrimonio y el celibato suponen “excluir a personas que viven el amor, la fidelidad y la preocupación mutua” en una relación estable de pareja del mismo sexo o como divorciados casados en segundas nupcias.

El manifiesto critica además el “rigorismo” de la Iglesia Católica y subraya que no se puede predicar la reconciliación con Dios sin crear las condiciones para una reconciliación con aquellos “ante los que es culpable: por violencia, por negar el derecho, por convertir el mensaje bíblico de libertad en una moral rigurosa sin misericordia”.

Secretum Meum Mihi

sábado, 5 de febrero de 2011

EL SUBDELEGADO DEL GOBIERNO EN MADRID ES IMPUTADO POR CERRAR AL CULTO LA BASÍLICA DEL VALLE DE LOS CAÍDOS


DELITO CONTRA LA LIBERTAD DE CULTO Y RELIGIOSA

El subdelegado del Gobierno en Madrid es imputado por cerrar al culto la Basílica del Valle de los Caídos
El subdelegado del Gobierno en Madrid, Ricardo García García, y un sargento de la Guardia Civil tendrán que declarar como imputados en el juzgado de instrucción número 4 de San Lorenzo del Escorial por un presunto delito contra la libertad de culto y religiosa. La querella del sindicato Manos Limpias ha logrado que el juez abra diligencia por un ataque a la libertad religiosa, en lo que La Gaceta califica de hito histórico. El pasado mes de noviembre, un grupo de fieles vio como la Guardia Civil les impedía asistir a Misa en la Basílica del Valle.

(La Gaceta/InfoCatólica) A ambos se les imputa por el cierre de la basílica que impidió a los feligreses asistir al servicio religioso durante días. "Es una victoria de la libertad", explicó Miguel Bernard, secretario general del sindicato, al diario.

"La responsabilidad está clara. El subdelegado ordenó vallar el recinto usando como pretexto que el desmontaje de la Piedad podía amenazar la seguridad de los transeúntes, pero mientras se prohibía el paso a los visitantes que se sabía que venían a misa, se permitía el paso a autobuses de japoneses". Lo hechos coincidieron con la llegada del Papa a España para visitar Santiago de Compostela y Barcelona.

Manos Limpias pedirá la pena máxima para los dos imputados, que varía entre los seis meses y seis años de prisión.


Ver también
■El día en que el Papa llega a España el gobierno cierra el Valle de los Caídos al culto religioso

Fuente: InfoCatólica

jueves, 3 de febrero de 2011

LA LECTURA ESPIRITUAL - SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO


Tan necesaria, quizá, como la oración es la lectura de libros santos para la vida espiritual. Escribe San Bernardo que “la lectura nos prepara para la oración y para la práctica de las virtudes y luego añade, a modo de conclusión: “La lectura y la oración son las armas con que se vence al demonio y se conquista el cielo”.

No siempre se puede tener a mano al padre espiritual que nos aconseje en nuestras obras y, sobre todo, suministrándonos luces, y enseñándonos el camino para huir de los engaños del demonio y de nuestro amor propio, y para acertar a conocer la voluntad de Dios. Por eso asegura San Atanasio que “no es posible encontrar quien, dedicándose al servicio del Señor, no sea gran amante de la lectura espiritual”.

Se comprende, pues, que todos los santos fundadores hayan recomendado tanto este piadoso ejercicio a sus religiosos. San Benito prescribió que todos hicieran lectura cada día, y que dos monjes se encargaran de recorrer ese tiempo las celdas, para ver si era observado este punto; y caso de encontrar a alguno negligente en su cumplimiento, quería que se le impusiera una penitencia. Y, antes que todos los fundadores, lo había prescrito San Pablo a Timoteo: Aplícate a la lectura. Nótese la palabra que emplea: attende; es decir, que, por muchos que fueran los cuidados que le exigieran sus ovejas –Timoteo era obispo-, quería San Pablo que se dedicara a la lectura de libros santos, no como de pasada y por breve tiempo, sino aplicándose expresamente a ella con detención.

Tan grande es como el provecho que causan los libros bueno, cuanto es grande el daño que causan los libros malos; así como aquéllos han sido con frecuencia causa de la conversión de muchos pecadores, así éstos causan la ruina de muchos jóvenes. El autor de los libros buenos es el espíritu de Dios, así como de los libros malos lo es el espíritu del demonio, que a muchos logra engañar frecuentemente, disimulando el veneno que tales libros encierran.

En primer lugar, así como la lectura de los malos libros según indiqué, llena el alma de sentimientos mundanos y perniciosos, la lectura de los buenos llena el espíritu de pensamientos y deseos santos. ¿Qué pensamientos santos puede cultivar un alma ocupada, en lecturas de libros curiosos y profanos, que hacen germinar en su cabeza ideas mundanas y en el corazón una legión de efectos terrenos? ¿Cómo se va a mantener en la presencia de Dios, y cómo va a hacer actos y afectos piadosos? El molino muele el grano que se le echa; si se le echa mal grano, ¿cómo queremos que de harina buena? Irá, a la oración y a la comunión, y, en vez de estar pensando en Dios y haciendo actos de amor y de confianza, estará profundamente distraído, porque le vendrán en tropel a la memoria todas las vanas ideas de sus lecturas. En cambio, quien tiene la mente bien nutrida de especies devotas, como máximas espirituales, ejemplos de virtud de los santos, se verá acompañado de tales pensamientos, no sólo durante la oración, sino también fuera de ella; por lo cual podrá ser casi continuo su recogimiento en Dios.

San Bernardo lo explica todo esto con una bella comparación, sobre aquel pasaje de San Mateo: Buscad y hallaréis. “Buscad leyendo –explica el santo-, y encontraréis meditando; la lectura pone el alimento en la boca, para masticarlo por la meditación.

En segundo lugar, el alma, embebecida en santos pensamientos por medio de la lectura, estará mejor dispuesta para rechazar las tentaciones internas.

Con ese fin, San Jerónimo se la aconsejaba a su discípula Salvina: “No dejes de las manos los libros divinos, que serán como un escudo donde reboten las flechas de los malos pensamientos”.

En tercer lugar, la lectura nos sirve para ver las manchas del alma, y viéndolas, más fácilmente las podremos quitar. El mismo San jerónimo escribió a Demetriades “que se sirviera de la lectura como de un espejo”; con lo cual quería significar que, así como el espejo nos descubre las manchas del rostro, la lectura de los libros santos nos descubre las manchas de la conciencia. “En ella –nota San Gregorio hablando de la lectura- vemos lo que tenemos de hermoso y lo que tenemos de deforme; por ella apreciamos nuestros progresos”; vemos si hemos adelantado o hemos retrocedido en las vías de Dios.

En cuarto lugar, por la lectura de libros santos recibimos muchas luces, y sentimos las llamadas divinas. Advierte San Jerónimo “que cuando oramos hablamos nosotros a Dios, y cuando leemos es Dios quien nos habla a nosotros”. Y lo mismo enseña San Ambrosio: “Cuando oramos, le hablamos (a Dios); cuando leemos, le oímos”.

No siempre, como antes decía, podremos tener junto a vosotros al padre espiritual ni siempre podremos oír la palabra de santos predicadores, que nos den luces y nos dirijan acertadamente por los caminos de Dios; pero tenemos quien los supla en los buenos libros.

¡Cuántos santos han abandonado el mundo y se han dado a Dios por la lectura de un libro espiritual!

Bien conocido es el ejemplo de San Agustín, que, estando miserablemente aherrojado por sus pasiones y sus vicios, fue iluminado por luz celestial, que le vino por la lectura de una Epístola de San Pablo, salió de las tinieblas y comenzó a caminar hacia la santidad. Lo mismo le aconteció a San Ignacio de Loyola; siendo todavía soldado, para vencer al aburrimiento de las horas que tenía que estar en el lecho, a causa de las heridas, comenzó a leer un libro de vidas santos que de casualidad le vino a las manos; eso bastó para hacerle comenzar a ser santo, convertido en padre y fundador de esa religión de la Compañía de Jesús, que tantos días de gloria ha dado a la Iglesia.

San Juan Colombini leyó por casualidad también, y casi contra su voluntad, un libro devoto, y eso bastó para hacerle dejar el mundo, para elevarle a la santidad y hacerle fundador de una orden religiosa. De dos cortesanos del emperador Teodosio cuenta San Agustín que entraron un día en un monasterio: uno de ellos se puso a curiosear una Vida de San Antonio que encontró en una celda; pero de tal modo le fueron dominando los santos pensamientos que leía, que allí mismo tomó la resolución de dejar el mundo, y luego habló a su compañero con tal fervor, que los dos decidieron dedicarse, en aquel monasterio, al servicio de Dios.

En las Crónicas de los carmelitas descalzos se lee que una señora de Viena se había arreglado una tarde para asistir a un sarao; pero llegado que hubo al salón y viendo que la fiesta se había suspendido, se llenó de rabia, y para distraer el mal humor tomó un libro espiritual que casualmente le vino a las manos; el libro trataba del desprecio del mundo, y tanto la convenció, que dio un adiós al mundo y se hizo carmelita.

Cosa parecida le sucedió a la duquesa de Montalto, en Sicilia, que también, como por descuido, tomó un día las obras de Santa Teresa, comenzó a leerlas, tanto le impresionó su lectura que, una vez obtenido el consentimiento de su marido, se hizo carmelita descalza.

Pero no se crea que los libros devotos ayudaron a los santos solamente al principio de sus conversiones: fueron su ayuda toda la vida, para conservar y aumentar cada día más su perfección.

El glorioso Santo Domingo cogía sus libros de devoción, los estrechaba efusivamente y exclamaba: “Estos son los pechos que me dan leche”.

¿Cómo podían los santos anacoretas pasarse tan largos años en el desierto, lejos de todo comercio humano, sino con la ayuda de la oración y la compañía de libros espirituales? Para el gran siervo de Dios, Tomás de Kempis, no había mayor recreación que estar en un rincón de su celda con un libro que le hablara de Dios. Ya recordé en otro lugar las palabras del venerable Vicente Carafa: “que para él no había en el mundo vida más envidiable que esconderse en una gruta solitaria, con un pedazo de pan y un libro de devoción”. San Felipe Neri dedicaba todos los ratos libres que tenía a leer libros espirituales, y sobre todo Vidas de santos.

-¿Y cuáles son los mejores libros para mí?
Pues os respondo: leed, antes todo, aquellos libros en que vuestra alma encuentra más pasto de devoción y que más fuerza tienen para uniros con Dios. Son preciosas, para ese fin, las obras de San Francisco de Sales, de Santa Teresa de Jesús, del padre Granada, del padre Rodríguez y del padre Nieremberg.

Escoged aquella materias que conozcáis ser más provechosas para vuestra perfección. Leed con preferencia Vidas de santos.

¡Qué hermosa ayuda tenemos en las Vidas de los santos! Los libros ascéticos nos dan instrucciones sobre el modo de practicar las virtudes; pero en las vidas de los santos vemos cómo las han practicado muchos hombres de carne y hueso como nosotros. Aunque otra cosa no hiciera su ejemplo, por lo menos hace humillarnos y confundir la frente con el polvo; viendo lo mucho que han hecho los santos, no tendremos más remedio que avergonzarnos de lo poco que hemos hecho y que hacemos nosotros por Dios.

De sí mismo confesaba San Agustín que “los ejemplos de los siervos de Dios, meditados por él, ponían fuego en su tibieza, y despertaban su pereza y encendían su alma en amor divino”.

De San Francisco de Asís escribía San Buenaventura que “el recuerdo de los santos, como un montón de carbones encendidos, le levantaban un incendio divino en el alma”. Con el fin de sacar el mayor fruto posible de la lectura, conviene, en primer lugar, encomendarse a Dios antes de empezar, pidiéndole que ilumine nuestra mente sobre aquello que vamos a leer. Ya dije antes que el Señor mismo se digna hablarnos por medio de los libros espirituales; de ahí la conveniencia de invocarle al comenzar: Hablad, Señor que vuestro siervo escucha, porque quiere obedeceros en todo lo que le indiquéis ser voluntad vuestra.

En segundo lugar, hay que leer, no para adquirir ciencia o por curiosidad, sino con intención de progresar en el amor de Dios. Leer para adquirir ciencia no es lectura espiritual; es un estudio que nada dice al alma. Pero todavía es peor leer por mera afición, como hacen algunos que se dan a devorar libros, sin otros fin que terminarlos pronto y dar pastor a su curiosidad. ¿Qué provecho pueden esperar de tales lecturas? Todo el tiempo empleado en ellas es tiempo perdido. Bien advertía San Gregorio: “Hay muchos que leen y se quedan en ayunas”, como si nada hubieran leído, porque ha leído por pura curiosidad, y de eso reprendió el santo al médico Teodoro, porque, al leer las Sagradas Escrituras, lo hacían tan atropelladamente, que no podía sacar ninguna utilidad.

Para sacar provecho de los libros espirituales hay que leerlos pausadamente y con reflexión; “alimenta tu alma –aconseja Cesáreo- con los libros divinos”. Pues si el alimento ha de aprovechar, no basta tragarlo, hay que someterlo a la masticación; he ahí la tercera condición para sacar abundante fruto de la lectura espiritual: hay que masticar o considerar despacio lo que se lee, haciendo las oportunas aplicaciones del santo a sí mismo. Y cuando se llega a un pasaje que impresiona más –indica San Efrén-, que se vuelva a leer.

Además, cuando en la lectura se recibe alguna luz especial, por alguna máxima o algún acto de virtud allí referido, y se siente que aquello penetra el corazón conviene cerrar el libro, levantar el espíritu a Dios y tomar alguna resolución, o hacer algún acto fervoroso a una súplica ardiente a Dios: “Que la lectura deje paso a la oración”, apunta San Bernardo. Será muy buena cosa retirarse entonces a orar, mientras se sienta la influencia de aquel vivo sentimiento que nos conmovió imitemos a la abeja, que no se posa en la segunda flor mientras no ha chupado toda las sustancia de la primera; no importa que se pase así todo el tiempo destinado a la lectura, porque, de ordinario, suele ser para mayor provecho del espíritu; bien puede suceder que la lectura de un versículo deje más fruto que si se hubiera leído una página entera.

Conviene, antes de acabar la lectura, escoger de entre lo leído algún piadoso pensamiento para llevarlo consigo, como llevamos una flor al salir de un jardín donde nos hemos recreado unas horas con sus delicias.

Del libro: PRACTICA DE AMOR A JESUCRISTO,
de San Alfonso Mª de Ligorio

CARTA ABIERTA A LOS CATÓLICOS PERPLEJOS (XVIII)


LA VERDADERA OBEDIENCIA

La indisciplina reina en todas partes dentro de la Iglesia, comisiones de sacerdotes envían conminaciones a sus obispos, los obispos hacen caso omiso de las exhortaciones pontificias, ni siquiera las propias recomendaciones y decisiones conciliares son respetadas, y sin embargo nunca oímos pronunciar la palabra desobediencia, salvo para aplicarla a aquellos católicos que quieren permanecer fieles a la tradición y sencillamente conservar la fe.

La obediencia constituye una cuestión grave, pues supone permanecer unido al magisterio de la Iglesia y particularmente al Sumo Pontífice; ésta es una de las condiciones de la salvación. Tenemos profunda conciencia de ello y nadie es más adicto que nosotros al sucesor de Pedro que reina hoy, así como lo fuimos a sus predecesores; hablo aquí de mí mismo y de los numerosos fieles rechazados en las iglesias, de los sacerdotes obligados a celebrar la misa en cobertizos como se hacía durante la Revolución Francesa y a organizar catecismos paralelos en las ciudades y en las zonas rurales.

Somos adictos al Papa cuando éste se hace eco de las tradiciones apostólicas y de las enseñanzas de todos sus predecesores. La definición misma del sucesor de Pedro lo obliga a conservar este depósito. Así nos lo enseña Pío IX en su Pastor aeternus-. "El Espíritu Santo no fue, en efecto, prometido a los sucesores de Pedro para permitirles publicar, según sus revelaciones, una doctrina nueva, sino que les fue prometido para conservar estrictamente y exponer fielmente, con su asistencia, las revelaciones transmitidas por los apóstoles, es decir, el depósito de la fe".

La autoridad delegada por Nuestro Señor al Papa, a los obispos, a los sacerdotes en general, está al servicio de la fe. Valerse del derecho, de las instituciones, de la autoridad para aniquilar la fe católica y no comunicar vida, es practicar el aborto o la anticoncepción espirituales.

Por eso somos sumisos y estamos dispuestos a aceptar todo lo que está de acuerdo con nuestra fe católica tal como fue enseñada durante dos mil años, pero rechazamos todo lo que se le oponga.

Porque, en efecto, se ha planteado un grave problema a la conciencia y a la fe de todos los católicos durante el pontificado de Pablo VI. ¿Cómo un papa, verdadero sucesor de Pedro, seguro de la asistencia del Espíritu Santo, puede presidir la destrucción de la Iglesia, la destrucción más profunda y más extensa de su historia, en el lapso de tan poco tiempo, algo que ningún heresiarca nunca logró hacer? Algún día habrá que dar respuesta a esta pregunta.

En la primera mitad del siglo V, san Vicente de Lérins, que fue soldado antes de consagrarse a Dios y que declaró haber "estado zarandeado mucho tiempo en el mar del mundo, antes de encontrar refugio en el puerto de la fe" hablaba así del desarrollo del dogma: "¿No habrá ningún progreso de la religión en la Iglesia de Cristo? Los habrá ciertamente muy importantes, de manera tal que se trate de un progreso de la fe y no de un cambio. Importa que crezcan abundantemente e intensamente, en todos y en cada uno, en los individuos como en las Iglesias, en el curso de las edades, la inteligencia, la ciencia, la sabiduría, siempre que esto ocurra dentro de la identidad del dogma, de un mismo pensamiento".
San Vicente conocía el impacto de las herejías y dio una regla de conducta que continúa siendo buena después de mil quinientos años: "¿Qué hará pues el cristiano católico si una parte de la Iglesia llega a separarse de la comunión, de la fe universal? ¿Qué otro partido puede tomar sino el de preferir al miembro gangrenado y corrompido el cuerpo que en su conjunto está sano? Y si algún nuevo contagio amenaza envenenar no ya una pequeña parte de la Iglesia sino a la Iglesia toda entera a la vez, entonces su gran empeño deberá ser el de aferrarse a la antigüedad que evidentemente ya no puede ser seducida por ninguna novedad mentirosa".

En las letanías de las rogativas, la Iglesia nos hace decir: "Señor, te suplicamos que mantengas en tu santa religión al Sumo Pontífice y a todas las órdenes de la jerarquía eclesiástica". Esto quiere decir que semejante desgracia puede sobrevenir.

En la Iglesia no hay ningún derecho, ninguna jurisdicción que pueda imponer a un cristiano la disminución de su fe, todo fiel puede y debe resistir a aquello que afecte su fe, apoyándose en el catecismo de su niñez. Si se encuentra en presencia de una orden que lo pone en peligro de corromperla, la desobediencia es un deber imperioso.

Tenemos el deber de desobedecer y de conservar la tradición porque estimamos que nuestra fe está en peligro a causa de las reformas y las orientaciones postconciliares. Agreguemos esto: el mayor de los servicios que podemos hacer a la Iglesia y al sucesor de Pedro es repudiar la Iglesia reformada y liberal. Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, ni es liberal ni puede ser reformado.

En dos ocasiones oí decir a dos enviados de la Santa Sede: "La realeza social de Nuestro Señor ya no es posible en nuestro tiempo, hay que aceptar definitivamente el pluralismo de las religiones". Eso fue exactamente lo que me dijeron.

Pues bien, yo no pertenezco a esa religión, no acepto esa nueva religión. Es una religión liberal, modernista, que tiene su culto, sus sacerdotes, su fe, sus catecismos, su Biblia ecuménica traducida en común por católicos, judíos, protestantes, anglicanos, en la que todo se mezcla para dar satisfacción a todo el mundo, es decir, sacrificando muy frecuentemente la interpretación del magisterio. Nosotros no aceptamos esa Biblia ecuménica. Está la Biblia de Dios que es su palabra y que nosotros no tenemos el derecho de mezclar con la palabra de los hombres.

Cuando yo era niño, la Iglesia tenía en todas partes la misma fe, los mismos sacramentos, el mismo sacrificio de la misa. Si entonces me hubieran dicho que todo eso cambiaría, no lo habría podido creer. En toda la extensión de la cristiandad se rezaba a Dios de la misma manera. La nueva religión liberal y modernista ha sembrado la división.

Hay cristianos divididos en el seno de una misma familia a causa de esta confusión que se ha instaurado, ya no van a la misma misa, ya no leen los mismos libros. Hay sacerdotes que ya no saben qué hacer: o bien obedecen ciegamente lo que sus superiores les imponen y así pierden de alguna manera la fe de su niñez y de su juventud y renuncian a las promesas que han hecho en el momento de ordenarse, al prestar el juramento antimodernista; o bien se resisten, pero con la impresión de que se separan del Papa que es nuestro padre y el vicario de Cristo. ¡Qué desgarramiento en cualquiera de los dos casos! Muchos sacerdotes han muerto prematuramente de dolor.

¡Cuántos otros se vieron obligados a abandonar las parroquias en las que durante muchos años ejercían su ministerio, al ser el blanco de una persecución abierta por parte de su jerarquía y a pesar del apoyo de los fieles a quienes se privaba de su pastor! Tengo ante mi vista las conmovidas palabras de despedida que uno de ellos dirigió a la población de las dos parroquias de las que era el cura: "En su entrevista del día... monseñor el obispo me dirigió un ultimátum: aceptar o rechazar la nueva religión; no podía zafarme, de manera que para permanecer fiel al compromiso de mi sacerdocio, para permanecer fiel a la iglesia eterna, me vi obligado contra mi voluntad a retirarme... La simple honestidad y sobre todo mi honor sacerdotal me obligan a ser leal precisamente en esta cuestión de gravedad divina (la misa)... Es esta prueba de fidelidad y de amor la que debo dar a Dios y a los hombres, particularmente a vosotros, y por ella seré juzgado en el último día, como por lo demás serán juzgados todos aquellos a quienes ha sido confiado este mismo depósito". En la diócesis de Campos, en el Brasil, la casi totalidad del clero fue expulsada de las iglesias después del alejamiento de monseñor Castro-Mayer por no haber querido abandonar la misa de siempre tal como ellos la celebraban aún hasta una fecha reciente.

La división afecta las menores manifestaciones de piedad. En el Val-de-Marne, el obispado hizo expulsar por la policía a veinticinco católicos que recitaban el rosario en una iglesia que carecía de cura habilitado, desde hacía muchos años. En la diócesis de Metz, el obispo hizo intervenir al alcalde comunista para que se suspendiera el préstamo de un local otorgado a un grupo de tradicionalistas. En el Canadá, seis fieles fueron condenados por el tribunal (pues en ese país la ley permite ventilar esta clase de asuntos) por haberse obstinado en comulgar de rodillas. El obispo de Antigonish los había acusado de "perturbar voluntariamente el orden y la dignidad de un servicio religioso". ¡Los "perturbadores" fueron puestos en libertad vigilada durante seis meses por el juez! ¡Que un obispo prohíba a los cristianos doblar las rodillas ante Dios! El año pasado, la peregrinación de jóvenes a Chartres terminó con una misa en los jardines de la catedral pues en ella estaba prohibida la misa de san Pío V. Quince días después, las puertas de la catedral se abrían de par en par para un concierto espiritual durante el que una ex carmelita interpretó danzas.

Aquí se enfrentan dos religiones; nos encontramos en una situación dramática, pues no es posible no hacer una elección, sólo que esa elección no supone elegir entre la obediencia y la desobediencia. Lo que se nos propone, aquello a que se nos invita expresamente y por lo que se nos persigue es que elijamos una apariencia de obediencia. En efecto, el Santo Padre no puede pedirnos que abandonemos nuestra fe.

Nosotros decidimos pues conservar nuestra fe y no podemos engañarnos cuando nos atenemos a lo que la Iglesia enseñó durante dos mil años. La crisis es profunda, está sabiamente organizada y dirigida hasta el punto de que en verdad se puede creer que su autor no es un hombre, sino el mismo Satanás. Ahora bien, Satanás hizo algo magistral cuando logró hacer desobedecer a los católicos en nombre de la obediencia. Un ejemplo típico está dado por el aggiornamento de las sociedades religiosas; por obediencia se hace desobedecer a religiosos y religiosas a las leyes y constituciones de sus fundadores, leyes que juraron observar cuando hicieron su profesión de fe. En este caso la obediencia debería ser una negativa categórica. La autoridad, aun siendo legítima, no puede mandar que se realice un acto reprensible, malo. Nadie puede obligar a alguien a transformar sus votos monásticos en simples promesas, así como nadie puede obligarnos a convertirnos en protestantes o modernistas.

Santo Tomás de Aquino, a quien siempre hay que remitirse, hasta llega a preguntarse en la Suma Teológica si la "corrección fraternal" prescrita por Nuestro Señor puede ejercerse respecto de los superiores. Después de haber hecho todas las distinciones útiles, el santo responde: "Se puede ejercer la corrección fraternal respecto de los superiores cuando se trata de la fe".

Si fuéramos más firmes sobre este particular, evitaríamos asimilar poco a poco y sin advertirlo las herejías. A principios del siglo XVI, los ingleses vivieron una aventura parecida a la que vivimos hoy, con la diferencia de que aquélla comenzó, con un cisma. Por lo demás, las similitudes son sorprendentes y propicias para hacernos reflexionar. La nueva religión que habrá de llamarse anglicanismo, comienza atacando la misa, la confesión personal, el celibato eclesiástico. Enrique VIII, por más que haya asumido la enorme responsabilidad de separar a su pueblo de Roma, rechazó las sugestiones que se le hicieron, pero, al año siguiente de su muerte una ordenanza autorizó el empleo del inglés para celebrar la misa. Quedaron eliminadas las procesiones y se impuso el nuevo orden, el Order of Communion, en el cual ya no existe el ofertorio. Para tranquilizar a los cristianos, otra ordenanza prohibió toda clase de cambios en tanto que una tercera permitía a los curas suprimir las imágenes de los santos y de la Santa Virgen de las iglesias. Obras de arte venerables fueron vendidas a mercaderes así como hoy se las vende a anticuarios y a negocios de antigüedades.

Sólo algunos obispos hicieron notar que el Order of Communion atacaba el dogma de la presencia real al sostener que Nuestro Señor nos da su cuerpo y su sangre espiritualmente. El Confíteor traducido a la lengua vernácula era recitado al mismo tiempo por el celebrante y por los fieles y servía de absolución. La misa quedaba transformada en una comida, "turning into a Communion". Pero hasta los obispos más lúcidos terminaron por aceptar el nuevo Libro para mantener la paz y la unión. Exactamente por las mismas razones la Iglesia postconciliar querría imponernos el nuevo orden. En el siglo XVI los obispos ingleses afirmaron ¡que la misa era una "rememoración"! Una nutrida propaganda hizo entrar los puntos de vista luteranos en el espíritu de los fieles; los predicadores debían tener la aprobación del gobierno.

En esa misma época, ya se llama al Papa sólo "el obispo de Roma", ya no es el padre, sino que es el hermano de los otros obispos y, en este caso, el hermano del rey de Inglaterra, que se proclamó jefe de la Iglesia nacional. El Prayer Book de Cranmer fue compuesto mezclando partes de la liturgia griega y de la liturgia de Lutero. ¿Cómo no pensar en monseñor Bugnini cuando redactaba la misa llamada de Pablo VI con la colaboración de seis "observadores" protestantes agregados al consejo para la reforma de la liturgia? El Prayer Book comienza con estas palabras: "La cena y santa comunión, comúnmente llamada misa." y prefigura el famoso artículo siete de la Institutio Generalis del Nuevo Misal, recogido por el congreso eucarístico de Lourdes en 1981: "La cena del Señor, llamada de otra manera la misa..." La destrucción de lo sagrado a que me referí antes estaba incluida también en la reforma anglicana: las palabras del Canon debían decirse obligatoriamente en voz alta, exactamente como ocurre en las "eucaristías" actuales.

El Prayer Book fue también aprobado por los obispos "para conservar la unidad interior del reino". Los sacerdotes que continuaron diciendo "la antigua misa" incurrían en penas que iban desde la pérdida de sus rentas a la revocación lisa y llana en caso de reincidir y a la prisión perpetua. Hay que reconocer que en nuestros días ya no se encarcela a los sacerdotes "tradicionalistas".

La Inglaterra de los Tudor se precipitó en la herejía casi sin advertirlo al aceptar el cambio con el pretexto de adaptarse a las circunstancias históricas de la época, con sus pastores a la cabeza. Hoy toda la cristiandad corre el peligro de echar a andar por el mismo camino y ¿ha pensado el lector que si nosotros, que tenemos cierta edad, corremos un peligro menor, los niños, los jóvenes seminaristas formados con los nuevos catecismos, con la psicología experimental, la sociología, sin sombra alguna de teología dogmática y moral, de derecho canónico, de historia de la Iglesia, son educados en una fe que no es la verdadera y así encuentran normales las nociones neo-protestantes que se les inculcan? ¿Qué será de la religión de mañana si no oponemos resistencia?

El lector tendrá la tentación de decir: "Pero, ¿qué podemos hacer nosotros? Es un obispo quien afirma esto y aquello. Este documento es de la comisión de catequesis o de otra comisión oficial".

Bueno, ya no os falta más que perder la Fe. Pero no teneis el derecho de reaccionar así. San Pablo nos lo advirtió: "Aun cuando un ángel venido del cielo os dijera otra cosa diferente de la que yo os he enseñado, no lo escuchéis".

Ése es el secreto de la verdadera obediencia.

Mons. Marcel Lefebvre

(Continuará)