domingo, 9 de junio de 2013

DICHOS DE SANTOS - 33

San Juan Crisóstomo

Todas las oraciones, ayunos, obras de misericordia, la castidad, y por último, las virtudes todas, perecerán algún día y se destruirán si no van fundadas sobre la humildad, porque así como la soberbia es la fuente de todos los vicios, la humildad es el manantial de todas las virtudes (San Juan Crisóstomo, Homil. 15, sent.43).  

No hay absolutamente virtud, si la humildad no la acompaña. El que hubiere sentado este fundamento, podrá levantar a la altura que quiera el edificio de la piedad (San Juan Crisóstomo, Homil.35 in Gén). 

Dios no ama tanto a los hombres porque guardan castidad, practican el ayuno, desprecian las riquezas y gustan de hacer limosna, como por la mansedumbre, humildad y arreglo de costumbres (San Juan Crisóstomo, sent.219). 

Si nos faltara la humildad, aun cuando practicáramos todas las virtudes, seriamos semejantes al que hubiera edificado una casa sobre arena movediza. Cuando yo digo humildad no hablo de la que sólo consiste en palabras y en la lengua, sino en la que está en el espíritu, en el corazón, en la conciencia, cuya sinceridad sólo Dios puede conocer (San Juan Crisóstomo, sent.221). 

No hay cosa que pueda compararse con la virtud de la humildad, ésta es la madre, la raíz, el alma que da pecho, el apoyo y lazo de todos los bienes. Sin ella no seriamos más que unos hombres impuros, abominables y malvados (San Juan Crisóstomo, Homil.30).

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