martes, 23 de noviembre de 2010

ASIA BIBI ES LIBERADA


SE CONFIRMA LA CONCESIÓN DE LA GRACIA PRESIDENCIAL

Asia Bibi, la cristiana paquistaní condenada a muerte por blasfemia ha sido liberada al recibir « la gracia» del presidente de Paquistán, Asif Ali Zardari, según ha informado la agencia de noticias religiosas Zenit, a quien se lo ha confirmado International Christian Concern (ICC), así como otras instituciones de defensa de la libertad religiosa, así como la agencia de Kuwait Kuna. Por razones de seguridad, las autoridades no han revelado el lugar a donde ha sido trasladada.

(Zenit/Cope) Bibi, de 37 años, ha estado encerrada en la cárcel durante muchos meses sin haber sido procesada. Hoy ha sido declarada "inocente" por el ministro de las Minorías de Pakistán, Shahbaz Bhatti, que también es cristiano. Incluso Bhatti había pedido al presidente Zardari que la mujer, madre de cuatro hijos, fuera liberada por "no haber cometido actos blasfemos".

Este sábado, Asia Bibi había firmado un llamamiento para pedir la gracia al presidente, que fue entregado a Zardari por el gobernador de Punja, Salman Taseer. Para salvar a la mujer se ha movilizado al Iglesia Católica con el Papa, Benedicto XVI, a la cabeza así como buena parte de la comunidad internacional.Bibi había sido condenada a muerte por un juez del distrito paquistaní de Nankana, en la provincia central de Punjab. La condena fue dictada por hechos que se remontan a junio de 2009, cuando la mujer había sido denunciada con la acusación de haber ofendido al profeta Mahoma durante una discusión con unas musulmanas.

Asia Bibi, según fuentes locales, ha sido llevada a una localidad no revelada por su seguridad, pues en el pasado personas que han sido declaradas inocentes de acusaciones de blasfemia han sido asesinadas por la población.

La mujer vivía con su esposo, Ashiq Masih, con sus tres hijas y un niño, el barrio "Chak 3" en el pueblo de Ittanwali, no muy lejos de la ciudad de Nankhana Sahib, al este de Lahore, provincia de Punjab. En el asentamiento Chak 3 sólo viven tres familias cristianas, en medio de una población musulmana.

Fuente: InfoCatólica

HOMILÍA DEL 19 DE NOVIEMBRE EN EL SANTUARIO DE SANTA GEMA (MADRID)

LA VERDAD PADECE, PERO NO PERECE

FRANCO Y JOSÉ ANTONIO SON ESPAÑA. Franco, el soldado heroico, José Antonio, el mártir heroico, son España. Es cierto que España es mucho más grande que ellos, pero no es menos cierto que ellos nos devolvieron España, la España de siempre, la España inmortal. De una forma especial quiero agradecer al Caudillo invicto el estar hoy aquí con vosotros, el ser sacerdote católico y tener la posibilidad de celebrar el Santo Sacrificio de la Misa porque fue él quien salvó a la Iglesia Católica del exterminio. Y junto a él, José Antonio quien dio vida a la idea y a todos los caídos que la rubricaron con su sangre.

La Católica España, la TRINCHERA INVENCIBLE DE CRISTO REY, está recibiendo los golpes más virulentos de Satanás y de sus servidores. La España que fundó su unidad nacional en la FE CATÓLICA con el III Concilio de Toledo (586). La España que derrotó y reconquistó al Islam esta bendita “tierra de María”, como la definió Juan Pablo II. La España que evangelizó, que dio a luz DESANGRÁNDOSE a todo un continente entero y cuyos misioneros llevaron la Cruz de Cristo hasta los confines de la tierra.

La España luz de Trento, martillo de herejes, cuna de santos. La España que derrotó a la media luna en Lepanto salvando a la Cristiandad de una nueva invasión islámica. La España que luchó y venció; primero a la revolución religiosa de Lutero, después a la revolución política del liberalismo, tanto progresista (jacobino), como conservador (girondino) que fue exportada por Napoleón. Y por último, la España que derrotó la revolución social del comunismo ateo, la Internacional Socialista y la masonería, el mayor enemigo de Nuestra Santa Madre la Iglesia.

Comprendéis por qué precisamente en España el golpe que Satanás debía descargar debía ser más fuerte que en ningún otro lugar. Ahora aparentemente, PARECE, que finalmente hemos sido vencidos por la revolución sexual, por la cultura, o mejor dicho, por la anticultura del mayo del 68 francés. Pero como diría Santa Teresa de Jesús: “La verdad padece, pero no perece”.

Cuando hoy escucho a personas que sostienen los mismos ideales de Dios y España por los que combatieron y murieron Franco y José Antonio, leyendo entrelineas veo tristeza honda y MUY POCA ESPERANZA. Pidamos al Señor y a la Virgen Santísima el valor, el coraje y la fortaleza de estos dos grandes hombres que no escatimaron sacrificios y que no se guardaron nada para sí mismos inmolando sus personas por completo en el altar del sacrificio a la fe y la Patria.

No vengo hoy a echar incienso a Franco y a José Antonio, no vengo a presentaros sus personas a la ADMIRACIÓN, de sobra son conocidos por todos los aquí presentes. Vengo a proponerlos a la IMITACIÓN. La situación en que los primeros días de la Cruzada de Liberación dejaban a las Fuerzas Nacionales era prácticamente desesperada en comparación con toda la superioridad de las hordas marxistas. Pero fue la FE CIEGA en la VICTORIA la que hizo que estos dos hombres empuñaran la bandera de la Tradición Española más pura y que tras ellos otros muchos, como un solo hombre, siguieran sus huellas de valor, heroísmo sin medida y de sangre.

No es en la superioridad de los medios en lo que tenemos que cifrar la esperanza del triunfo, sino en la SANTIDAD DE LA CAUSA que defendemos. Esto, ellos lo tuvieron muy claro. ES DIOS QUIEN DA LA VICTORIA, no nuestras armas. Recordad la Historia de Gedeón, que con un puñado de hombres venció a un ejército inmenso, recordad la victoria de Israel contra los amalecitas por la oración de Moisés, y más cercanos a nosotros recordad la gesta de Bailén o la defensa del Alcázar de Toledo y tantas otras. Y es que la historia se repite porque “la verdad padece pero no perece”.

“Él debe reinar” (1ª Cor 15,25), el Señor tiene que reinar. Lo necesitamos más que nunca ante el dantesco horizonte actual, ante el GROTESCO SUICIDIO de la civilización occidental, ante la apostasía de la antigua Cristiandad, por “los amarguísimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo” (Quas Primas n.24).

Cuando los hombres pretenden traer el cielo a la tierra, lo que acaban trayendo es el INFIERNO más cruel, precedido de montañas de cadáveres, de destrucción y de persecución a la Iglesia hasta su aniquilación. Todo tiene su raíz en la Encarnación, porque el cristianismo es la Religión del Dios que se hace hombre, y frente a ella se alzan desafiantes; la religión del dios que NO se hace hombre, del Dios que no interviene ni en el mundo ni en la vida y se desentiende de nosotros –el deísmo de la ilustración, el naturalismo cuyo hijo en política es el liberalismo-; y la religión del hombre que se hace dios –el socialismo, el comunismo y la democracia- que conduce necesariamente al laicismo, como podemos ver que ocurre en nuestra Patria al sustituir la Voluntad de Dios por la voluntad del hombre. Qué cierto es que todo error político, en el fondo, no es más que un error teológico. Escuchemos al Santo Padre Pio XI: “Desterrados Dios y Jesucristo de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, hasta los mismos fundamentos de la autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal” (n.16).

Nuestros mártires y héroes pelearon y murieron por hacer realidad la promesa del Corazón de Jesús grabada a sangre y fuego en el Cerro de los Ángeles: “Reinaré en España”. A los que nos encontramos aquí reunidos nos mueve un fortísimo impulso interior, suscitado por el Espíritu Santo, como el que sintieron aquellos hermanos nuestros en la fe, cuando expectantes se reunían por millares en la explanada de Clermont a finales del siglo XI (1095). Cuando escucharon la convocatoria del Papa a la Cruzada le respondieron con un clamor unánime: “¡Dios lo quiere!” y tomando la espada marcharon a la lucha en defensa de la Cruz de Cristo.

La situación actual no admite términos medios, por eso hoy, desde aquí, en nombre de Cristo Rey y por la sangre de todos nuestros mártires y caídos por Dios y por España os convoco a proseguir con la Cruzada, con el espíritu de la Cruzada que es un espíritu de ESPERANZA, de FE CIEGA en la VICTORIA que Dios NOS QUIERE DAR. Nos van a perseguir con más saña hasta intentar por todos los medios nuestra más completa aniquilación pero: “No tengáis miedo”, nos repetía incansablemente el Vicario de Cristo en la tierra, Juan Pablo II... ¡no tengáis miedo!, también os repito yo hoy. LUCHAMOS POR EL SEÑOR, luchamos por el Señor… Por la fe y por la Patria, por el Altar y por la Familia. ¡Dios lo quiere! Va por Ti Dios Nuestro, somos tus soldados y sabemos que ante Ti nunca seremos héroes anónimos.

Nos encomendamos a la intercesión poderosa de la Virgen Inmaculada, María Santísima y de todos los “que hacen guardia sobre los luceros” para que nos bendigan, nos defiendan y fortalezcan para seguir honrando, para seguir IMITANDO a los que nos precedieron combatiendo, siempre “inasequibles al desaliento”, por Dios y por España. Así sea.

Gabriel Calvo Zarraute

Tomado de: Las Cruces de las Espadas

lunes, 22 de noviembre de 2010

SANTA CECILIA - 22 DE NOVIEMBRE

Mira que vengo pronto: mantén lo que tienes,
no sea que otro se lleve la corona.
(Apocalipsis 3, 11)


SANTA CECILIA,
Virgen y Mártir
† decapitada hacia el año 177

Patrona de la Academia de Música de Roma; música; músicos; cantantes; compositores; poetas; fabricantes de instrumentos musicales; mártires.

Santa Cecilia, de la ilustre familia de los Cecilios Metelos, gustaba de los cánticos sagrados y acompañábase con un instrumento cantándolos. Se preparó para el matrimonio con tres días de mortificaciones; después declaró a Valeriano su esposo, patricio pagano, que tenía a un ángel como guardián de su virginidad. Por el deseo de verlo se convirtió Valeriano, y en efecto, lo vio, llevando dos coronas, una para el mismo Valeriano y otra para su virginal esposa. Cecilia, urgida por el prefecto Almaquio, para que dijera dónde estaban sus tesoros: “Están -le dijo- en seguridad en manos de los pobres”. Sufrió el martirio con su esposo y Tiburcio su cuñado.

MEDITACIÓN
SOBRE EL BUEN USO
DE LAS GRACIAS DE DIOS

I. Dios da a cada uno las gracias necesarias para alcanzar el grado de santidad a que Él lo destina. Si aprovechamos estas gracias, obtendremos otras mayores. San Valeriano escuchó los consejos de Santa Cecilia; como recompensa, Dios lo llamó al bautismo y, después, al martirio. ¿Cuántas gracias rechazas tú? Nos quejamos de que nos falta la gracia, pero podría decirse con más razón que somos nosotros quienes faltamos a la gracia (San Bernardo).

II. Existen gracias correspondientes a la vocación que Dios quiere que abracemos. Para recibirlas, hay que seguir el llamado del Señor; con la ayuda del cielo, las más grandes dificultades se desvanecen. Esto hace que tantas santas almas estén alegres y contentas en medio de las austeridades de la penitencia, mientras los mundanos, que han entrado a un estado de vida por capricho o interés, gimen y son desdichados en el seno de las riquezas y de los placeres.

III. Si no correspondes a las gracias que Dios te concede, dará a otro las gracias eficaces que te estaban destinadas. Así, San Matías ocupó el lugar del traidor Judas y obtuvo su corona. ¡Qué pena para este pérfido ver, desde el fondo del infierno, el lugar que hubiera ocupado en el cielo entre los Apóstoles, si hubiera correspondido a su vocación! ¡Ah! cuán admirable es Dios cuando nos atrae hacia Él: mas, ¡cuán terrible cuando nos abandona! (San Agustín).

El buen uso de las gracias.
Orad por las vírgenes.

ORACIÓN

Oh Dios, que todos los años nos regocijáis con la solemnidad de la bienaventurada Cecilia, vuestra virgen y mártir, haced que al ofrecerle el tributo de nuestros homenajes, imitemos la santidad de su vida. Por J. C. N. S.

Texto tomado de: Tradición Católica.com

sábado, 20 de noviembre de 2010

CARTA ABIERTA A LOS CATÓLICOS PERPLEJOS (XV)

CASAR LA IGLESIA Y
LA REVOLUCIÓN

En el origen de la revolución, que es "el odio a todo orden que el hombre no haya establecido y en el que el hombre no sea rey y Dios al propio tiempo", encontramos el orgullo que ya había sido la causa del pecado de Adán. La revolución en la Iglesia se explica por el orgullo de nuestros tiempos modernos, que se creen tiempos nuevos, tiempos en los que el hombre por fin "comprendió por sí mismo su dignidad", en los que el hombre cobró mayor conciencia de sí mismo "hasta el punto de que se puede hablar de metamorfosis social y cultural cuyos efectos repercuten en la vida religiosa... El movimiento mismo de la historia se ha hecho tan rápido que apenas se lo puede seguir... En suma, el género humano pasa de una noción estática del orden de las cosas a una concepción más dinámica y evolutiva: de allí nace, inmensa, una problemática nueva que provoca nuevos análisis y nuevas síntesis". Estas frases maravilladas que figuran con muchas otras parecidas en la exposición preliminar de la constitución apostólica "La Iglesia en el mundo de hoy" no auguran nada bueno acerca del retorno del espíritu evangélico; se lo ve difícilmente sobrevivir a tanto movimiento y a tantas transformaciones.

¿Y cómo comprender esto: "Una sociedad de tipo industrial se extiende poco a poco y transforma radicalmente las concepciones de la vida en sociedad" sino como una actitud en la que se da por seguro que lo que se desea se produce? Es ésta una concepción de la sociedad que nada tiene que ver con la concepción cristiana según la doctrina social de la iglesia. Semejante premisa no puede sino conducir a un nuevo Evangelio, a una nueva religión que es ésta:

"Que vivan pues (los creyentes) en unión muy estrecha con los otros hombres de su tiempo y se esfuercen por comprender a fondo sus maneras de pensar y de sentir tales como están expresadas en la cultura. Que unan el conocimiento de la ciencias y de las teorías nuevas, así como de los descubrimientos más recientes, con los usos y las enseñanzas de la doctrina cristiana, a fin de que el sentido religioso y la rectitud moral corran parejas en ellos con el conocimiento científico y los incesantes progresos técnicos; así podrán apreciar e interpretar todas las cosas con una sensibilidad auténticamente cristiana" (Gaudium et Spes, 62-6). ¡Singulares consejos, siendo así que el Evangelio nos pide que evitemos las doctrinas perversas! Y que no se diga que ellas se pueden entender de dos maneras: la catequesis actual las entiende como quería Schillebeeckx: aconseja a los niños que se pongan en contacto con ateos porque éstos tienen mucho que enseñarles y porque, por lo demás, para no creer en Dios tienen sus razones, que es provechoso conocer.

También se puede decir que la afirmación del capítulo primero: "Creyentes e incrédulos están generalmente de acuerdo sobre el hecho de que todo sobre la tierra debe estar subordinado al hombre como a su centro y a su cúspide " se explica en el sentido cristiano por lo que sigue. Pero esa afirmación no deja de tener una significación en sí misma, que es la que precisamente se ve poner por obra en todas partes de la Iglesia postconciliar en la forma de un bien reducido al crecimiento económico y social de la humanidad.

Por mi parte, creo que los creyentes que admitan esta proposición como base común en un diálogo con los incrédulos y que casen las teorías nuevas con la doctrina cristiana perderán la fe, ni más ni menos. La regla de oro de la Iglesia ha sido invertida por el orgullo de los hombres de nuestro tiempo; ya no se escucha la palabra siempre viva y fecunda de Cristo sino que se escucha la palabra del mundo. Este aggiornamento se condena a sí mismo. La raíz del desorden actual está en ese espíritu moderno o, mejor dicho, modernista que se niega a reconocer el Credo, los mandamientos de Dios y de la Iglesia, los sacramentos, la moral cristiana, como única fuente de renovación para todos los tiempos Hasta el fin del mundo. Deslumbrados por "los progresos de la técnica que llegan hasta a transformar la faz de la tierra y ya se lanzan a la conquista del espacio" (Gadlum et Spes, 5-1), los hombres de iglesia, que no hay que confundir con la Iglesia, parecen considerar que Nuestro Señor no podía prever la evolución tecnológica de nuestra época y que, por consiguiente, su mensaje ya no se adapta a ella.

El sueño de los libérales desde hace un siglo y medio consiste en casar la Iglesia con la revolución. Durante un siglo y medio también los papas condenaron ese catolicismo liberal; citemos, entre los documentos más importantes, la bula Auctorem fidei de Pío VI contra el concilio de Pistoya, la encíclica Mirari vos de Gregorio XVI contra Lamennais, la encíclica Quanta cura y el Syllabus de Pío IX, la encíclica Immortale Dei de León XIII contra el derecho nuevo, las Actas de san Pío X contra el sillonismo y el modernismo y especialmente el decreto Lamentabili, la encíclica Divini Redemptoris de Pío XI contra el comunismo, la encíclica Humaní Generis del papa Pío XII.

Todos los papas repudiaron el casamiento de la Iglesia con la revolución que sería una unión adúltera, y de una unión adúltera no pueden nacer sino bastardos. El rito de la misa nueva es un rito bastardo, los sacramentos son sacramentos bastardos, ya no sabemos si son sacramentos que dan la gracia o que no la dan. Los sacerdotes que salen de los seminarios son sacerdotes bastardos pues no saben lo que son; no saben que están hechos para subir al altar, ofrecer el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo y dar a Jesucristo las almas.

En nombre de la revolución muchos sacerdotes fueron enviados al cadalso y muchas religiosas fueron perseguidas y asesinadas, Recuerde, el lector los pontones de Nantes que eran hundidos en el mar después de haber amontonado dentro de, ellos a todos los sacerdotes fieles. Pues bien, lo que hizo la Revolución Francesa no es nada comparado con la obra del concilio Vaticano II, pues hubiera valido más que los veinte o treinta mil sacerdotes que abandonaron el sacerdocio y quebrantaron el juramento que hicieron ante Dios, hubieran sido martirizados, hubieran subido al cadalso; por lo menos habrían salvado su alma y ahora corren el gran peligro de perderla.

Nos han dicho que entre ésos pobres sacerdotes casados, muchos están divorciados, muchos han presentado solicitudes de nulidad del matrimonio en Roma. ¿Se dirá que éstos son buenos frutos del concilio? Veinte mil religiosas en los Estados Unidos (¿y cuántas más en los otros países?) quebrantaron los votos perpetuos que las unían a Jesucristo para contraer ellas también matrimonio. Si hubieran subido al cadalso, por lo menos habrían dado testimonio de su fe. La sangre de los mártires es semilla de cristianos, pero los sacerdotes o los simples fieles que se adhieren al espíritu del mundo no producen ninguna cosecha. La mayor victoria del diablo consiste en haber emprendido la destrucción de la Iglesia sin hacer mártires.

La unión adúltera de la Iglesia y de la revolución se concreta en el diálogo. Nuestro Señor dijo: "Id, enseñad a las naciones y convertidlas", pero no dijo "Dialogad con ellas sin
tratar de convertirlas". El error y la verdad no son compatibles, dialogar con el error supone colocar a Dios y al demonio en el mismo plano. Eso es lo que siempre repitieron los papas y lo que comprendían fácilmente los cristianos, pues es también una cuestión de sentido común. Para imponer una actitud y reflejos diferentes, fue necesario obrar sobre los cerebros a fin de convertir en modernistas a los clérigos llamados a difundir la nueva doctrina. Eso es lo que se llama reciclaje, un procedimiento de "reacondicionamiento" destinado a remodelar el instrumento mismo que Dios dio al hombre para ejercer su juicio.

Tuve la oportunidad de ser testigo de una operación de este tipo en mi congregación, de la cual fui superior general durante un tiempo. Lo que primero se exige al sujeto es que "confiese el cambio": el concilio ha determinado cambios, por lo tanto es menester que también nosotros mismos cambiemos. Y se trata de, un cambio en profundidad, puesto que hay que adaptar las facultades de razonamiento a fin de que coincidan con ideas fabricadas arbitrariamente. Podemos leer en un fascículo editado por la oficina del arzobispado de París, La Fot mot á mot: "La segunda operación, más delicada, consiste en discernir las diferentes maneras que tienen los cristianos de apreciar el hecho mismo del cambio dentro de estos diversos cambios. Discernir, esto importa mucho, porque las oposiciones actuales se refieren mucho más a las actitudes espontáneas e inconscientes ante el cambio que a lo que está en juego en cada cambio.

"Parece que se dibujan dos actitudes típicas, pero no hay que pasar por eso por alto, todas las actitudes intermedias posibles. De conformidad con la primera, se acepta un cierto número de novedades después de haber verificado que éstas se imponen una después de la otra. Éste es el caso de muchos cristianos, de muchos católicos, que ceden paulatinamente por grados.

"De conformidad con la segunda, se acepta una renovación del conjunto de las formas de la fe cristiana a impulsos de una edad cultural inédita, con la condición de estar permanentemente seguros de la fidelidad a la fe de los apóstoles."

Esta precaución oratoria es típica en la tradición de los modernistas: siempre protestan de sus sentimientos ortodoxos y mediante una frasecilla tranquilizan a las almas que se sentirían espantadas por perspectivas como "la renovación del conjunto de las formas de la fe cristiana a impulsos de una edad cultural inédita' Pero cuando uno se ha prestado a estas manipulaciones ya es tarde. ¡Una vez que se ha demolido por completo la fe será hora de ocuparse de la fe de los apóstoles!

Una tercera operación se hace necesaria en el caso de haber alcanzado la segunda actitud: "El cristiano no puede dejar de presentir un temible riesgo para la fe. ¿No desaparecerá lisa y llanamente la fe al mismo tiempo que la problemática que la había llevado hasta ese punto? El cristiano pide pues una seguridad fundamental que le permita superar las primeras actitudes estériles".

De manera que están previstos todos los grados de resistencia. ¿Qué "seguridad fundamental" se le da en definitiva al neófito? El Espíritu Santo. "El Espíritu Santo es precisamente quien asiste a los creyentes en el movimiento de la historia." El objetivo se ha alcanzado: ya no hay magisterio, ya no hay dogma, ya no hay jerarquía, ya no hay Sagradas Escrituras siquiera, como texto inspirado e históricamente cierto: ahora los cristianos están directamente inspirados por el Espíritu Santo.

Entonces la Iglesia se desmorona, el cristiano "reciclado" está entregado a todas las influencias, es dócil a todos los lemas, se lo puede llevar a donde se quiera, pues si busca una seguridad se aferrará a esta afirmación: "El concilio Vaticano II presenta seguramente numerosos indicios de un cambio de problemática".


"La causa próxima e inmediata (del modernismo), escribe San Pío X en la encíclica Pascendi, está en una perversión del espíritu".
El reciclaje determina esa perversión en quienes no la tenían antes. Y el Santo Pontífice cita esta observación de su predecesor Gregorio XVI: "Es un espectáculo lamentable ver hasta dónde llegan las divagaciones de la razón humana cuando se cede al espíritu de novedad, que, contrariamente a la advertencia del apóstol, se pretenda saber más de lo que es necesario saber y que con harta confianza en sí mismo se piense que es posible buscar la verdad fuera de la Iglesia, verdad que se encuentra en ella sin la sombra de las más ligera duda". (Singulari Nos,1834)

Mons. Marcel Lefebvre

(Continuará)

IN MEMORIAM: FRANCISCO FRANCO


FRANQUISTAS, FRANCÓFOBOS Y FRANCÓFILOS

Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España y Generalísimo de sus Ejércitos —a perpetuidad, y según Real Decreto—, murió el día 20 de noviembre de 1975 y éste, desgraciadamente, es un hecho indiscutible e irreversible. Pero contemplando el panorama político, social y religioso de España, tomando el arrítmico pulso popular y escuchando la espontánea opinión callejera, por fuerza hay que preguntarse: ¿Cuánto tiempo hace que murió Franco? ¿Diez años, diez siglos, diez meses, diez días o diez horas?

Franco, en vida, bipolarizó sentimientos: con su muerte los tridimensionó. Por eso no puede extrañarnos que para muchas personas —españolas o extranjeras— ni tan siquiera haya muerto y en este apartado se incluyen dos bandos perfectamente definidos: Aquéllos para quienes la supervivencia espiritual del gran hombre está muy por encima de la muerte física y aquellos otros que dejan de creer en la muerte espiritual del mismo hombre cuando ésta no conlleva la pervivencia material de sus ambiciones. Es decir: que Franco, con su muerte, establece una corriente continua de opiniones y sentimientos, un polo positivo y un polo negativo que lo mantienen vivo en los extremos del amor y del odio. Pero, sin duda alguna, entre ambos extremos existe una parcela intermedia y muy importante: un terreno de nadie por ser de muchos, en el que se ha ido sembrando la duda, la incertidumbre y el miedo a lo por venir, la nostalgia y la querencia por lo que se fue y, naturalmente, la semilla ha hecho explosión para que florezca con toda pujanza esa pregunta tan difícilmente contestable: ¿Cuánto tiempo hace que murió Franco?

Comunistas, separatistas, ciertos republicanos y algún otro socialista opinan que Franco no ha muerto porque, según ellos, todo está igual. La forma de Estado no es otra que la que implantó Franco —con “pequeñas” variantes— y la persona que ostenta la Jefatura de ese Estado no es otra que la que Franco entronizó. La política seguida —siempre según ellos— continúa siendo imperialista-capitalista, ya que persisten el latifundio, la banca privada, el veto al independentismo, la convivencia con la Iglesia —aunque con una Iglesia distinta y distante—, y la concomitancia de los antes descorbatados con una aristocracia ricachona y desvergonzada que no solamente no ha claudicado ante el choque con la fuerza “proletaria”, sino que ha sabido frenarla con sus exquisiteces y ha conseguido aristocratizar a la plebeyez socialista, si por aristocratizar se entiende enseñarles a comer caviar y langostinos y hacer posible que marquesas y políticos intercambien amores y negocios; imprescindibles los segundos para otorgar los primeros. Para los que así opinan, el Caudillo no ha muerto. La lucecita de El Pardo sigue encendida y el motorista de Franco en pleno ejercicio.

Aquellos que no han cerrado los ojos y han visto desaparecer de España el orden, la autoridad, el bienestar, el respeto y el derecho sacrosanto a la vida, el orgullo de ser español, la veneración por la vejez, la solicitud por la infancia y el amor por la familia no solamente están seguros de que Franco ha muerto, sino de que murió mucho antes de 1975 porque en tan poco tiempo es imposible que una nación como España haya podido caer en este pozo de inmundicias.

Los padres de familia que perdieron sus puestos de trabajo hace años; los jóvenes que no consiguieron encontrarlo en ese mismo tiempo; los que cayeron en la miseria más absoluta; los que sobreviven con el denigrante producto de la recogida de cartones y de botellas vacías en las frías madrugadas, de la vergonzante limosna o del obligado hurto; los que rebuscan en las bolsas de basura para llevarles a sus hijos un mendrugo de pan o un muslo de pollo a medio consumir ¿cómo contarán el tiempo transcurrido desde que murió Franco? El hambre, el frío, las enfermedades y la impotencia, la pobreza en suma, son como un reloj que camina con manecillas de plomo. Los minutos se convierten en horas, las horas en días, los días en años y los años en siglos. Por eso la España obrera se ha vuelto vieja. Porque hace siglos que le quitaron la dignidad, la ilusión y el bienestar.

Para los que llegaron al poder de forma precipitada aunque convenida; para los que se mantuvieron en él o se acomodaron junto a él para seguir medrando, Franco murió hace diez días, quizá diez horas o tal vez diez minutos, porque su ambición y desvergüenza no pueden admitir que en tan largo tiempo se hayan podido rapiñar tantos bienes. La riqueza, el poder, los amoríos, las francachelas y el disfrute adquirido por las trapisondas de unos y la memez de los demás, y no por el talento propio, al contrario que la pobreza es un reloj enloquecido que gira y gira a velocidad vertiginosa y cuyo “Cucú”, en vez de cantar las horas, grita con desesperación: ¡Que se acaba! ¡Que se acaba…! Para estos nuevos ricos de la política, para estos depredadores de la riqueza nacional, Franco, como mucho, va todavía camino de “La Paz”.

Aparte de estos grupos, que por una u otra causa están sumergidos en el túnel del tiempo, existimos otros cuantos españoles, quizá no muchos, que tenemos clara conciencia del tiempo transcurrido desde la muerte de Franco, de todo lo acaecido antes y después de su muerte y me atrevo a asegurar que casi, casi, sabemos lo que puede ocurrir a partir de ahora. Y no es que seamos más listos o estemos acorazados para el desencanto o la nostalgia, es, sencillamente, que por nuestra profesión nos hemos convertido en cronistas de nuestro tiempo, en estudiosos de sus avatares y no podemos caer en la tentación de las fantasías. Eso sí: llegado el 20 de noviembre conmemoramos con respeto y gratitud los aniversarios de su muerte y nos unimos a todos los españoles de bien que con alegría y sin nostalgias quieren demostrar que treinta y cinco años son muy pocos para olvidarse de un hombre que, por historial, tendrán que recordar, cada vez más, las generaciones venideras. Unas generaciones que recordarán y admirarán a Franco desde la distancia y que, por lo mismo, ya no podrán ser tachadas de “franquistas”.

A mí me hace mucha gracia este calificativo porque, hasta ahora, todavía no he visto ni un “franquista” en las manifestaciones de homenaje a Franco. Trataré de aclarar lo que parece una incongruencia. Yo, que asisto a todas las conmemoraciones y homenajes, desde mi más tierna infancia he sido francófilo, o lo que es lo mismo, admirador ferviente de la figura de Franco, que equidista mucho de ser “franquista”. Para que nos entendamos mejor pasaremos al empleo de los ejemplos: Un taxista es aquel que vive del taxi; un futbolista el que vive del fútbol; un pianista aquel que vive del piano; un economista aquel que vive con Isabel Preysler y así, sucesivamente, todo el que vive de la utilización de un medio o de un oficio. Ni yo, ni nadie de los que acudimos a lasa conmemoraciones hemos vivido del “franquismo”, aunque hemos vivido en él y muy a gusto, por cierto. Por tanto, “franquistas” son sólo aquellos que del “franquismo” vivieron: caso Suárez, Fraga, Rosón, Calvo Bustelo, Martín Villa, Areilza, Garrigues, Fernández Ordóñez, Barrionuevo, Ruiz-Giménez, los Arias Salgado y una lista interminable que todos conocemos. De “franquistas” deben ser tachados Buero Vallejo, Marsillac, Francisco Rabal, Conchita Velasco, las Gutiérrez Caba, Conchita Montes y cuantos escritores y artistas fueron contratados y galardonados en los Teatros Nacionales del “franquismo” y que, por tanto, del “franquismo” vivieron.

Para definirnos a todos correctamente hay que emplear los tres calificativos pertinentes:

• Franquista: los que vivieron del franquismo.

• Francófobos: los que odiaron y siguen odiando a Franco.

• Francófilos: los que admiramos y respetamos la figura y la memoria de Franco.

Yo, que nunca pedí nada en vida de Franco; yo, que nunca pasé factura por los servicios prestados; yo, que, viviendo el Caudillo, fui tan modesto que solamente me atreví a pedirle una fotografía dedicada, ahora que está muerto, que lleva treinta y cinco años muerto, voy a ser egoísta y le voy a pedir algo muy importante:

Mi General: ruega por nosotros, que falta nos hace.

Eloy Herrera Santos

Fuente: Cabildo

viernes, 19 de noviembre de 2010

LA MINA DE CAMUÑAS - VÍDEO

Especial intereconomía 29 de enero 2010 - Mina de Camuñas

Resumen de la investigación en la Mina de Camuñas.

jueves, 18 de noviembre de 2010

LA MINA DE CAMUÑAS (TOLEDO): HISTORIA DE UNA TRAGEDIA


LOCALIZACIÓN

El municipio de Camuñas (Toledo) se encuentra situado en la falda de la montaña Cabeza-gorda, en la margen izquierda del río Amarguillo, en la comarca de La Mancha. Linda con los términos municipales de Puerto Lápice y Herencia, en la provincia de Ciudad Real, y Madridejos y Villafranca de los Caballeros en la de Toledo.







Su término se extiende por una amplia meseta. El extremo meridional es el menos llano, con barrancos, gargantas y montañas que casi llegan a los 1.000 metros de altitud. Por el oeste se encuentra una vega que se prolonga hasta el Amarguillo y el monte llamado Cañada de las Vacas que se extiende a los lados de la Autovía del Sur.
A la derecha de la carretera hay una montaña en cuya cima hay tres bocas de antiguas minas, una de las cuales es de gran profundidad.




CUATRO CITAS EN UNAS POCAS OBRAS

El silencio absoluto arrojado sobre los hechos acaecidos en la mina de Camuñas se plasma en la nula aparición en las obras que han tratado el tema de la guerra civil. Sólo cuatro citas mínimas en alguna de las obras más específicas. Por ejemplo:

•Francisco ALIA MIRANDA en su obra La Guerra civil en retaguardia: conflicto y revolución en la provincia de Ciudad Real (1936-1939), trabajo que publicó en 1994 el área de Cultura de la Diputación de Ciudad Real, en la página 218, afirma que:

“Las ejecuciones de la zona de Ciudad Real se realizaron en su mayor parte en los primeros meses en las tapias del cementerio capitalino, pasando luego a ser el principal lugar de ejecución que sería el famoso “pozo Carrión”, pozo de una noria que había quedado dentro del cementerio de Carrión de Calatrava al ampliarse éste con anterioridad al estallido de la guerra. Según testimonio del alcalde de dicha población al Fiscal de la Causa General, en 1943 no se había podido exhumar los cadáveres existentes en el pozo-noria del interior del cementerio “por ser de bastante profundidad calculándose habrá unos 600 cadáveres, ignorándose el origen de la mayor parte de ellos”. Los de la zona sur de la provincia de Ciudad Real empleaban el cementerio de Valdepeñas,
y los lindantes con la provincia de Toledo la mina abandonada de Las Cabezuelas, en el término de Camuñas (Toledo) y cercana a Puerto Lápice (Ciudad Real).

•Manuel Azaña en «La revolución abortada», comentarioincluido en Causas de la guerra de España, Crítica, Barcelona, 1986. Afirma que:

“Algunas de estas fosas se convertirán en depósito permanente de cadáveres durante toda la guerra, como el pozo de la mina de Camuñas, donde los milicianos irán arrojando a lo largo de tres años a sus víctimas de Ciudad Real y Toledo.
Otras fosas, como las de Paracuellos, son fehaciente prueba de exterminios masivos con un alto grado de organización. Y en el mismo capítulo hay que mencionar el testimonio forense: los informes oficiales de las instituciones policiales o judiciales, aún no controladas por los comités del Frente Popular, que en las primeras semanas del Terror rojo proceden al levantamiento de los cadáveres y a su examen y registro fotográfico. Son especialmente abundantes las imágenes procedentes de Madrid, que es también la ciudad con mayor número de víctimas del Terror. Las fotografías hablan de tiros en la nuca, pero también de cabezas aplastadas con piedras de gran tamaño, antes o después de la muerte; los informes forenses detallan asimismo violaciones y torturas, así como miembros amputados. Esta fuente gráfica se cegará cuando el aparato institucional quede definitivamente bajo el poder de los partidos revolucionarios. En Gijón, por ejemplo, el 14 de agosto de 1936 los milicianos prohíben al médico forense del juzgado de instrucción del distrito de Oriente seguir identificando cadáveres mediante retratos fotográficos. Se trataba de borrar pistas. Lo mismo ocurrirá en el resto de España. Las muertes continuarán, pero ya nadie guardará la imagen de los cadáveres”.

•Según el sacerdote y prestigioso historiador Ángel David Martín Rubio, en varias obras y artículos publicados:

“Tras una ligera tregua el terror se recrudece desde mediados de agosto de 1936. Al tomar posesión de su cargo el nuevo gobernador civil, José Serrano Romero, anunció que en lo sucesivo los presos solo podrían ser sacados de las cárceles por sentencia de los Tribunales o para ser puestos en libertad y empezó a funcionar un Tribunal especial, pero pronto se vio la nula eficacia de tales disposiciones. Ahora se llevaba a las víctimas al cementerio de Carrión de Calatrava a once kilómetros de la capital donde, según la “Causa General” fueron arrojados a un pozo los cadáveres de unas ochocientas personas de diversos lugares que eran llevados allí para su ejecución.

El 17 de septiembre, con el pretexto de que un bombardeo nacional había incendiado los depósitos de CAMPSA, se sacó de la cárcel y de sus domicilios a un centenar de personas. Se les llevó por la carretera de Herencia
hasta una mina situada en término de Camuñas y donde había un pozo de más de cincuenta metros en el que eran arrojados los asesinados de los pueblos limítrofes de Ciudad Real y Toledo:

En el término municipal de Camuñas existe una mina abandonada y a la misma han sido arrojados bastantes cadáveres, no sólo de los pueblos colindantes sino -según rumor público- hasta de Madrid. Dicha mina está situada a un kilómetro de la margen derecha de la carretera de Madrid a Cádiz” (Puede leerse en legajo 1048 de la “Causa General”).

En Herencia ocurrió que la marcha de la guardia civil determinó que el pueblo quedara en poder de los frentepopulistas y el inicio de las detenciones. El 22 de julio se comete el primer crimen. Cinco mercedarios fueron sacados de la población y dejados a su arbitrio: Encontrarían la muerte en Madrid, Camuñas y Daimiel según el procedimiento que se sigue con los religiosos en la Mancha. Los presos se hacinaban en el convento donde se constituyó el 1 de agosto un comité. A partir de 6 de agosto muchos de ellos eran asesinados y arrojados al pozo citado de “Las Cabezuelas” (Camuñas).

En su obra Guerra Civil y Represión: El combate por la Memoria don Ángel David Martín Rubio escribe:

“Algo semejante cabría decir de tantos de los que fueron sacados de las checas y cárceles que abundaban en la retaguardia revolucionaria: aparte de los casos más conocidos de Madrid y Barcelona, en varios lugares de La Mancha se conservan pozos atestados con los cadáveres que dejaban a su paso los defensores de la República y que hasta ahora no han sido exhumados. Pero las fosas de la memoria son para ellos sólo un pretexto: la reiterada parcialidad con que se asume una cuestión tan largamente debatida excusa de más demostración acerca de su verdadera intención. Uno de los casos más dramáticos es el del pozo de la mina situada en término de Camuñas donde los revolucionarios arrojaban a las víctimas de los pueblos limítrofes de Ciudad Real y Toledo”.

Fuente: http://www.persecucionreligiosa.es/mina_camunas/breve_historia.html