jueves, 12 de febrero de 2015

RESPETO HUMANO

Respeto humano es un excesivo miramiento a lo que los hombres juzgarán o dirán de nosotros, de nuestras palabras o acciones.

El respeto humano es una bajeza y una locura ¿por qué avergonzarse de hacer una obra buena, o sea, aquello de que debiéramos gloriarnos ante Dios? Nada degrada, envilece y deshonra al hombre como el respeto humano.

Sé viril, sé hombre. No te avergüences ante nadie de parecer buen cristiano. ¡Qué cosa más baja y ruin es el temer cumplir nuestros deberes según conciencia, porque otros no se rían de nosotros!

Lo que eres a los ojos y al juicio de Dios, eso eres y nada más. ¿Quién eres tú para que temas al hombre mortal? Hoy es, y mañana no parece. Teme a Dios y no te espantes de los hombres (Kempis).

No esté tu paz en la boca de otros; pues si pensasen de ti bien o mal, no serás por eso hombre diferente. El que no desea contentar a los hombres, ni teme degradarles, gozará de mucha paz (Kempis).

Yo no me avergüenzo del Evangelio (Rom. 1, 16).

Quien se avergonzare de Mi y de mis palabras —dice Jesucristo— de Él se avergonzará el Hijo del hombre, cuando venga en su gloria y en la del Padre y de los santos ángeles (Lc. 9, 26).

A todo el que me confesare delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos... (Mt. 10, 32-33).

Muchos de los jefes creyeron en Jesucristo; pero por causa de los fariseos no lo confesaban, por miedo a ser excluidos de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios (Jn. 12, 42-43).

Si aún buscase agradar a los hombres, no seria siervo de Jesucristo (Gál. 1, 10).


El respeto humano es uno de los grandes obstáculos para ser virtuosos y es necesario combatirlo.

El respeto humano es esclavitud, cobardía y debilidad de carácter ¡Cuántos obran así: ¿qué dirá, qué se pensará si hago o no tal cosa?! Y de aquí que se sacrifique el deber, antes de permitir una palabra de desaprobación; se hace el mal por complacer a los demás, aparentando aún ser peor de lo que somos en realidad...

El que se deja llevar del respeto humano es porque desea complacer a los hombres. Teme desagradarles y hasta tiene miedo de obrar bien por no desagradar al que obra el mal y omiten obras buenas por el mismo motivo. Muchos llegan a ser cristianos según el capricho ajeno y no según el Evangelio, por conformar su religión a las ideas de los demás. ¡Ay del que se avergüenza ante otros de parecer buen cristiano, y hasta teme cumplir sus deberes según conciencia porque otros no se rían de él!…

El apóstol San Pedro cayó ante el temor de una sirvienta en la Pasión del Señor. Tal es la debilidad y cobardía del respeto humano. Hemos de pisotearlo y seguir la conducta de San Pablo: «Yo no me avergüenzo del Evangelio».

Jamás busquemos agradar a los hombres que se apartan de ley de Dios. «Teme a Dios y no te espantes de los hombres» (Kempis). ¡Sé viril, sé hombre! No te avergüences jamás de ser buen cristiano.

DICCIONARIO DE ESPIRITUALIDAD
P. Benjamín Martin Sánchez.

sábado, 7 de febrero de 2015

LA SEPTIMA Y ULTIMA EDAD DE LA IGLESIA, EDAD QUE COMENZARA CON LA APARICION DEL ANTICRISTO - VENERABLE BARTOLOME HOLZHAUSER

 
El Anticristo de Luca Signorelli (1523), Catedral de Orvieto, Italia.


De la séptima y última edad de la Iglesia, la que
será edad de desolación, principiando en la
aparición del Anticristo, y durará
hasta el fin del mundo.

CAPITULO III. Versículo 14.-22

1. Vers. 14. Y escribe el ángel de la Iglesia de Laodicea; Esto dice el Amen, el testigo fiel, y verdadero el qué es principio de la criatura de Dios. La séptima y ultima edad de la Iglesia comenzara en la aparición del Anticristo y durara hasta el fin del mundo. Será edad de desolación en la que habrá una total defección de fe Luc. c. XVIII. V. 8 . «Mas cuando viniere el Hijo del hombre ¿pensáis que hallará fe en la tierra? «En esta edad se cumplirá la abominación de la desolación descrita en San Mateo, c. XXIV, y en Daniel c. I. y XII. Entonces también se concluirá el siglo, y se cumplirá la palabra de la voluntad divina. A esta edad se refiere el séptimo día de la creación del mundo, cuando Dios, después de haber acabado su obra, descanso el día séptimo, (Gen. C. II). Así es pues como Dios; en la séptima edad de Iglesia acabará su obra espiritual, que tenia, decretado cumplir por su Hijo Jesucristo: y en seguida descansará con todos sus santos por toda la eternidad. Esta edad está también figurada por el séptimo Espíritu del Señor, Espíritu de ciencia. Porque, en ese tiempo, se sabrá claramente, después que el Anticristo haya sido destruido y precipitado en el infierno, que Jesucristo vino al mundo como hombre. Entonces los restos de los judíos que habrán quedado harán penitencia. Esta edad está también figurada por el séptimo Espíritu del Señor; porque se multiplicará entonces la ciencia en la tierra, (según Daniel, c. XII, v. 4.) Entonces la señal del Hijo del hombre aparecerá en el cielo y todo ojo la verá. Además, está edad está representada por la séptima época del mundo. Porque así como esa época será la última en que concluirá el siglo, así también la séptima edad será la última de la Iglesia. En fin la Iglesia de Laodicea es tipo de esta edad, la que se explica por vomito. Esa voz conviene pues a la última edad, durante la cual antes que el Anticristo llegue al poder, la caridad sé resfriará, la fe se perderá, todos los reinos estarán trastornados, agitados y divididos entre si, se levantará una raza de egoístas, flojos y tibios. Los pastores, prelados y príncipes serán hombres engañosos, semejantes a los árboles dé otoño, sin hojas y sin fruto de buenas obras; serán como astros errantes, nubes sin agua. Cristo entonces comenzará a vomitar la Iglesia de su boca, y permitirá que Satanás sea desatado y extienda su poder en todo lugar; y qué el hijo de perdición penetre en el reino, que es la Iglesia.

II. Esto dice Amen, el testigo fiel, y verdadero, el que es principio de la criatura de Dios. Las primeras palabras del texto contienen nuevos atributos o insignias de Jesucristo: Esto dice el Amen. Amen es una voz hebrea, que significa verdadero. Esa palabra conviene perfectamente a Cristo; en virtud de la divinidad que de sí mismo tiene; y qué pertenece a su esencia, supuesto que él es la primera verdad. Por eso dice San Juan c. XIV. v. 6. «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Ese atributo no puede convenir a ningún hombre ordinario, porqué todo hombre es mentiroso, y solo Dios es verdadero. El testigo fiel y verdadero de la gloria y majestad del Padre, y a quién rindió testimonio, siendo su propio Hijo, y siéndole fiel basta la muerte, y muerte de cruz. El que es principio de la criatura de Dios, porque, según San Juan, c. I.  v. 3. «Todas las cosas fueron hechas por él: y nada de lo que fue hecho, se hizo sin él». El apóstol comienza primero por declarar esos atributos e insignias divinas, para confirmar a los espíritus de sus siervos en la verdad del evangelio, contra la impiedad del Anticristo, quién, gloriándose ser, el Señor Dios del cielo y tierra, blasfemará de una manera horrible, diciendo que Jesucristo no es Dios, que no se hizo carne, y que ni su testimonio y Evangelio son verdaderos, etc.

Vers. 15. Sé tus obras, con esas palabras que suele emplear el apóstol, reprende las obras de esta edad, como se ve claramente por lo siguiente: Que ni eres frió ni caliente, es decir, no tienes temor de Dios, ni fervor de caridad, con cuya ayuda practicarías la justicia y verdad. El frío y calor son dos metáforas, con ellas se distinguen esas dos virtudes. Porque, en efecto, en los últimos días, la iniquidad se multiplicara, la caridad de muchos se resfriará, (S. Matth.c. XXIV. V. 12). Con razón pues Jesucristo reprende a esta edad de la Iglesia de no ser ni fría ni caliente. Esas palabras contienen una especie de deseo de N. S. Jesucristo, en su paternal afecto, deplora el triste estado de su Iglesia, como un padre o una madre acostumbra a llorar la muerte de un hijo o una hija y como un esposo llora la esposa que amaba.

Vers.16. Más porque eres tibio, es decir, estás lánguido, que pierdes la fe, esperanza y caridad, y de consiguiente, que no observas ya mis mandamientos, haciendo obras de justicia, te comenzaré a vomitar de mi boca. El hombre suele arrojar de su boca lo que le parece malo y desagradable, como, por ejemplo, el agua tibia, la cual representa por una verdadera metáfora, al fiel lánguido en la fe, esperanza y caridad, y al que no es cristiano sino de nombre. Por eso dice. Te comenzaré a vomitar de mi boca, es decir, yo comenzaré insensiblemente a desecharte lejos de mi, adejarte, a desampararte, y a permitir caigas en las herejías. Te comenzaré a vomitar de mi boca, es decir, permitiré a las naciones y al Anticristo te hollen, como se acostumbra a pisar la saliva y el agua tibia que está por tierra. El pueblo cristiano está en la boca de Cristo, por la fe en su palabra y en su Evangelio, y Jesucristo lo vomita a causa de la locura de sus abominaciones permitiendo caiga en el error y abandone la justicia. Eso es lo que Jesucristo comenzara hacer hacia el fin de la sexta edad y eso es lo que continuará en la séptima, cuando la caridad se resfriará, la iniquidad abundará, y casi todos los hombres perderán totalmente la fé.

Vers. 17. Porque dices: Rico soy estoy lleno de bienes, y de nada tengo falta: y no conoces que eres, un cuitado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo.

Vers. 18. Yo te aconsejo que compres de mi oro afinado en fuego, para que seas rico; y te vistas de ropas blancas, y no se te descubra la vergüenza de tu desnudez, y unge tus ojos con colirio para que veas. Jesucristo revela aquí, bajo la forma de una paternal corrección, los vicios y defectos de esta edad, contra los cuales da, al mismo tiempo saludable consejo y oportuno remedio. El primer vicio será una culpable presunción del espíritu, fundada sobre la propia ciencia; la qué dé tal modo cegará a los hombres, que ni aun siquiera conocerán sus pecados, y errores. Se endurecerán en sus vicios, deleites y mentiras, a tal punto, qué ellos mismos se justificarán, y desconocerán la sana doctrina. Eso es lo que Jesucristo expresa con estas palabras: Porque dices con falsa jactancia y vana presunción, rico soy, es decir, estoy dotado de la justicia, verdad, y ciencias las más perfectas y bellas. Estoy lleno de bienes, por el conocimiento y practica de todas las artes. Mi experiencia es superior a la de todos los siglos. Y de nada tengo falta. No tengo necesidad de que los otros me instruyan. Ese es también el espíritu satánico de que están animados los falsos políticos y falsos cristianos de nuestra época, quienes, despreciando toda verdadera ciencia, toda sana doctrina, y no escuchando ya a los directores de almas, se justifican en todas las cosas, y no siguen sino los impulsos de su amor propio y de su voluntad pervertida. Estos corren así a su propia perdición. De lo que se sigue: Y no conoces, tú no reconoces eres cuitado. Porque, en efecto, tú eres desgraciado a causa de tu ceguedad, de tu falta de gracia y verdadera luz, y por consiguiente, también eres desgraciado, a causa de la enemistad con Dios, enemistad que es la más grande de las desdichas. Mas tu miseria es mucho mayor en cuanto no conoces o no quieres conocer el mal, ni emplear el remedio propuesto por mí o por otros. Eres…miserable por la pena que se seguirá. Además eres pobre en méritos espirituales, méritos que no pueden subsistir, con el estado de la enemistad en que te encuentras con Dios. Eres ciego, porque no ves, y no reconoces tus defectos, vicios, pobreza y miseria. Y estás desnudo y despojado de las virtudes de verdadera fe, esperanza, caridad justicia y religión, siendo, las virtudes como el vestido del alma. El segundo, vicio de esta edad será la vana confianza en las riquezas, tesoros, objetos preciosos, ricos ornamentos, magnificencia de edificios y templos, y en el exterior esplendor de las cosas temporales y espirituales. Y como ninguna de esas ventajas tendrá unión con la caridad de Dios, tampoco agradarán a Jesucristo. Porque Dios no aceptaba los sacrificios del Antiguo Testamento sin la misericordia. Todos esos bienes serán presa del Anticristo; quién disfrutará de los tesoros de las Iglesias, de los, reyes, príncipes y grandes. Hollará todo lo santo y sagrado; entregará a, las llamas y arruinará, completamente los mas magníficos templos. Entonces habrá la desolación y la mayor abominación de cuantas han habido; porque todo lo sagrado será, consumido por el fuego y reducido a cenizas. Contra tales desventuras Jesucristo da aquí un saludable consejo y preciosa advertencia. Yo te aconsejo, a ti ya agonizante, y luchando con la muerte, que compres de mi, en lugar de todos esos tesoros, oro afinado en fuego de caridad y sabiduría celestial, con obras de misericordia, con limosnas y piadosas fundaciones, Yo te aconsejo que compres de mi oro afinado que no pueda quitarte, el tirano; ni nadie alterar. Eso es lo que hicieron San Lorenzo y otros santos mártires, los cuales, al aproximarse la muerte y la hora de la tentación, distribuyeron los tesoros de la Iglesia a los pobres; y compraron el oro afinado de la caridad, cuya llama ardiente los ayudó a sufrir las brasas y demás suplicios de los tiranos. Eso deberán hacer los santos de Dios, sobre todo en esos últimos tiempos calamitosos, después de los cuáles ya no habrá más tiempo, ni habrá tampoco necesidad de oro, plata; vasos preciosos, ni de tesoros. Así es como N. S. Jesucristo nos exhorta paternalmente. Para que seas rico, es decir, para enriquecernos de tesoros celestiales que nadie puede, ni podrá arrebatarnos en la eternidad, si de nosotros mismos hacemos el sacrificio de esos bienes caducos y perecederos. Yo te aconsejo que compres de mi…,y te vistas de ropas blancas, es decir, de vestidos de virtudes y de emolumentos que Dios te dará, en premio de tú caridad y dé tus obras de misericordia. Compra de ese tesoro y no se descubra la vergüenza de tu desnudez. Cubre tus pecados que son como la desnudez del alma; porque la caridad nos alcanza el perdón de la multitud de nuestras culpas. Y unge tus ojos con colirio para que veas. El colirio sirve de remedio para la vista. Los ojos del alma son la memoria y el entendimiento. Más, esos ojos del alma son con frecuencia oscurecidos y cegados por el cebo de bienes terrestres. El remedio que Dios propone aquí como medicina espiritual contra esas dos enfermedades de la vista, para preservarnos de la ceguera espiritual, consiste sobre todo en la meditación de los novísimos y de las Santas Escrituras. Esos remedios serán especialmente necesarios a los soldados de Jesucristo en los últimos tiempos, a causa del horror de los tormentos, y de los errores y falacias de los falsos profetas, y también a causa do los escándalos y pérdida total de la fe, de consiguiente, para nuestro mayor bien nos advierte Jesucristo, diciendo; Y unge tus ojos con colirio, esto es, aplica los ojos de tu alma a la meditación de los novísimos; escudriña las Santas Escrituras, para mejor distinguir la vanidad de los bienes de la presente vida, y la solidez de los futuros bienes. Busca también la distinción que hay entre la verdad y la iniquidad del tirano, quién procurará seducirte con fingidas promesas y lisonjas, con falsos prodigios y aparentes milagros.

Vers. 19. Yo a los que amo reprendo y castigo; es decir, yo te advierto e informo de los defectos de que te debes corregir, y de los peligros que debes evitar, como un padre advierte a sus hijos muy amados. Y a los que amo...castigo; permitiendo contra ellos, en esta vida, las adversidades, tribulaciones y persecuciones; y los someto al poder de los impíos, según el Salmista, Psal. LXV, v. 12. «Pusisteis hombres sobre nuestras cabezas: Pasamos por el fuego y por el agua: y nos sacaste a refrigerio.»

III. Ármate pues de celo y arrepiéntete. Esas palabras; encierran dos preceptos prácticos, intimados por Jesucristo A los fieles existentes en la última prueba, es decir, el buen ejemplo y la penitencia. Ármate pues de celo, imita a mis valientes y prudentes soldados, los que padecieron, semejantes persecuciones, bajo Diocleciano y demás tiranos. Y arrepiéntete de tus pecados, levántate pronto de tu caída, como hizo el papa Marcelino, quién, después de haber sacrificado a los dioses por temor de los tormentos y de la muerte; sin embargo se arrepintió.

Vers. 20. He aquí que estoy a la puerta, y llamo: si alguno oyere mi voz, y me abriese la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Esas palabras nos anuncian la llegada y convite del Cordero, al que nos convida diciendo. He aquí estoy a la puerta, y llamo. Jesucristo estará a la puerta de su Iglesia cuando vendrá a juzgar, al fin del mundo. Y llamará cuando los hombres verán que se cumplen los signos y la grande tribulación que predijo en San Mateo, c. XXIV. v. 32, donde añade la parábola de la higuera: «Cuando vosotros viereis todo esto, sabed que está cerca a las puertas el Hijo del hombre». Si alguno oyere mi voz, y abriere la puerta. En ese tiempo se oirán dos voces: una verdadera y santa, la de Jesucristo, otra falsa e impía, la del Anticristo, y sus prosélitos; porque estos dirán que el Anticristo es el Mesías. Contra esta última voz nos pone Jesucristo en cuidado, cuando dice en San Mateo, c. XXIV. v.23: «Entonces si alguno os dijere: Mirad, el Cristo está aquí o allí: no lo creáis». La otra voz es la de Jesucristo que dice en las santas Escrituras ser el verdadero Mesías y el Hijo de Dios. Esta voz se dejará oír por la boca de Enoch y de Elías, y de otros siervos de Dios, quienes entonces resistirán al Anticristo, y predicarán que Jesucristo es verdadero Mesías, Dios y hombre, hecho carne etc. Con razón dice pues aquí Jesucristo: Si alguno, oyere mi voz, y me abriere la puerta de su corazón, creyendo en mí, entraré a él por la gracia de mí consuelo, en medio de todos los suplicios y adversidades. Y cenaré con él, y él conmigo. La cena corporal es la comida que se toma antes del sueño, así como la santa cena es el confortativo del alma antes de la muerte. En este sentido dice Jesucristo: Cenaré con él, esto es, lo restauraré confortaré a la muerte con la gracia de la perseverancia. Y él cenará conmigo, es decir, él resistirá a los tormentos hasta la muerte, para en seguida alcanzar la corona de, la inmortalidad.

Vers. 21. Al que venciere mundo, carne, demonio y muerte, le haré sentar conmigo en mi trono; así como yo también he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Esas palabras prometen a los soldados de Jesucristo que hayan vencido en la última agonía de ese siglo, la potestad y honor de juzgar vivos y muertos, como Jesucristo también lo prometió a sus apóstoles, en San Mateo c. XIX. v. 28: «En verdad os digo, que vosotros, que me habéis seguido, cuando en la regeneración se sentará él Hijo del hombre en el trono de su majestad, os sentareis también vosotros sobre doce sillas, para juzgar a las doce tribus de Israel». Así es pues como Jesucristo promete a sus siervos de la última edad una insigne distinción en los cielos, la que será potestad judiciaria, y gloria de sentarse en un trono, en premio de la difícil victoria que habrán conseguido en la mayor de las persecuciones.

Vers. 22. El que tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 148 a la 156.

Traducido al Español por el
Reverendo Padre Fray Ramón de Lérida,
Capuchino Misionero Apostólico.

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
EL OBISPO DE LA SERENA (CHILE)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.

viernes, 6 de febrero de 2015

DICHOS DE SANTOS


"Morir sin miedo"

Dice la Escritura: "la muerte de sus fieles es preciosa a los ojos del Señor" Debemos mirar al misterio de la muerte con los ojos de la fe para creer lo que no se ve y para soportar con fuerza de ánimo las injusticias a las que nos someten. Naturalmente, que no está en nuestras manos el poder decidir cómo debe llegar nuestra muerte. De todas maneras, podemos decidir cómo vivir para poder morir sin miedo. 

 San Agustín (Sermones 306,2)

miércoles, 4 de febrero de 2015

LA VIRTUD DE LA HUMILDAD (XXVII)


CAPÍTULO 27 
Cómo nos hemos de ejercitar en la oración en 
este segundo grado de humildad. 

Nuestro Padre, en las Constituciones, pone aquella regla tan principal y de tanta perfección, que dijimos arriba (cap. 5), que así como los mundanos aman y desean con tanta diligencia honras, fama y estimación de mucho nombre en la tierra, así lo que van en espíritu y siguen de verás a Cristo nuestro Señor, aman y desean intensamente todo lo contrario, deseando pasar injurias, falsos testimonios, afrentas y ser tenidos por locos, no dando ellos ocasión alguna de ello, por desear parecer e imitar en alguna manera a nuestro Criador y Señor Jesucristo. Y manda que todos los que hubieren de entrar en le Compañía sean primero preguntados si tienen estos deseos. Cosa recia parece, por cierto, que un novicio recién cortado del mundo, y que viene corriendo sangre, como dicen, sea examinado por una regla tan estrecha y de tanta perfección como ésta. Ahí se verá la perfección grande que nuestro Instituto pide; quiere hombres verdaderamente deshechos de sí, y que estén muertos del todo al mundo. Pero porque esto es dificultoso y de grande perfección, añade nuestro Padre, que si alguno, por nuestra humana flaqueza y miseria, no sintiere en sí tan encendidos deseos de esto, que sea preguntado si tiene a lo menos deseo de tenerlos, y con eso, y con que esté dispuesto a llevarlo en paciencia cuando se la ofrecieren semejantes ocasiones, se contenta. Porque ésa es buena disposición para aprender y aprovechar; basta que el aprendiz entre con deseo de saber el oficio y se aplique a eso, de esa manera saldrá con ello. La Religión es escuela de virtud y perfección; entrad con ese deseo, y con la gracia del Señor saldréis con lo que deseáis. 

Pues comencemos por aquí este ejercicio, vayámoslo tomando poco a poco. Decís que no sentís en vos deseos de ser despreciado y tenido en poco; pero que deseáis tenerlos; comenzad por ahí a ejercitaros en la oración en esta virtud de la humildad, decid con el Profeta (Sal., 118, 20): Deseó mi ánima desear vuestras justificaciones en todo tiempo. ¡Oh Señor, y cuán lejos me veo de tener aquellos vivos y encendidos deseos que tenían aquellos grandes Santos y verdaderos humildes, de ser despreciados del mundo! Mucho querría, Señor, llegar siquiera a tener deseo de tener esos deseos; deseo desearlo. Bien vais por ahí, muy buen principio y disposición es ésa para alcanzarlo; insistid y perseverad en eso en la oración, y pedid al Señor que os ablande el corazón, y deteneos en eso algunos días, porque agradan mucho al Señor esos deseos y los oye Él de muy buena gana, pues dice el Profeta (Sal., 9, (10), 17): [El deseo de los pobres oyó el Señor; la preparación de su corazón oyó, Señor, tu oído]. Presto os dará el Señor un deseo de padecer algo por su amor y de hacer alguna penitencia por vuestros pecados: y cuando os le diere, ¿en qué podéis emplear mejor ese deseo de padecer? ¿Y en que podéis hacer mayor penitencia, que en ser despreciado y tenido en poco por su amor en recompensa de vuestros pecados? Como decía David cuando le maldecía y deshonraba Semeí (2 Sam., 16, 11): «Dejadle, que por ventura será servido el Señor de recibir estas afrentas y desprecios en descuento de mis pecados, y será ésa gran dicha mía.» 

Y cuando el Señor os hiciese esa merced, que sintáis en vos esos deseos de ser despreciado, y tenido en poco, por parecer e imitar a Cristo, no habéis de pensar que está acabado el negocio, y que habéis alcanzado ya la virtud de la humildad, antes entonces habéis de hacer cuenta que ha de comenzar de nuevo el plantar y asentar en vuestra alma la virtud y así habéis de procurar no pasar ligeramente por esos deseos, sino deteneros en ellos muy despacio, y ejercitaros mucho tiempo en ellos en la oración, hasta que lleguen a ser tales y tan eficaces que se extiendan a la obra. 

Y cuando llegareis a eso, que os parece que lleváis bien las ocasiones que se os ofrecen, en la misma obra hay muchos grados y escalones que subir para llegar a la perfección de la humildad. Porque lo primero es menester que os ejercitéis en llevar con paciencia todas las ocasiones que se ofrecieren, que tocaren a vuestro desprecio y desestima, en lo cual habrá que hacer por algún tiempo, y aun por ventura por mucho. Después habéis de pasar adelante, y no parar ni descansar hasta que os holguéis en el desprecio y afrenta, y sintáis en eso tanto contento y gusto como los mundanos en cuantas honras, riquezas y placeres hay en el mundo, conforme a aquello del Profeta (Sal. 118, 14): [En el camino de tus mandamientos, Señor, me deleité, como en todas las riquezas]. Cuando deseamos alguna cosa de veras, naturalmente nos holgamos cuando la alcanzamos; y así mucho la deseamos, mucho nos holgamos, y si poco, poco. Pues tornad esto por señal para ver si deseáis de veras ser tenido en poco y si vais creciendo en la virtud de la humildad. Y lo mismo es en las demás virtudes. 

Para que nos aprovechemos más de este medio de la oración, y con él se nos vaya imprimiendo más en el corazón la virtud, hemos de ir en ella descendiendo a casos particulares y dificultosos que se nos pueden ofrecer, animándonos y actuándonos en ellos como si los tuviésemos presentes, insistiendo y deteniéndonos en eso hasta que ninguna cosa se nos ponga delante, sino que todo quede allanado, porque de esa manera se va desarraigando el vicio, y la virtud embebiendo y entrañando en el corazón y perfeccionándose más. Es muy buena comparación para esto lo que hacen los plateros para refinar el oro, lo derriten en el crisol, y cuando esta derretido echan allí un granito de solimán, y comienza el oro a hervir con gran furia y braveza hasta que se acaba de gastar el solimán, y en gastándose, se sosiega el oro. Torna el platero a echar otro granito de solimán, y torna el oro a hervir, pero no con tanta furia como la primera vez, y en consumiéndose el solimán, se torna el oro a sosegar. Torna a echar tercera vez otro poquito de solimán, y torna el oro a hervir, pero mansamente. Torna por cuarta vez a echar otro poco de solimán, y ya no hace ruido el oro con el solimán, ni hace sentimiento más que si nada le echaran, porque es ya refinado y purificado, ésta es la señal de ello. Pues esto es lo que nosotros hemos de hacer en la oración, echar un granito de solimán, imaginando que se os ofrece una cosa de mortificación y desprecio; y si comenzarais a azorar y turbar, deteneos en eso, hasta que con el calor de la oración se gaste ese granito de solimán, y hagáis rostro a aquello, y quedéis quieto y sosegado en ello. Y tornad otro día a echar otro granito de solimán, imaginando que se os ofrece otra cosa dificultosa y de mucha mortificación y humillación; y si todavía hierve y se turba la naturaleza, deteneos hasta que lo gastéis y os soseguéis en aquello. Y tornad a echar otra y otra vez otra granito, y cuando ya no causare en vos ruido ni turbación el solimán, sino que con cualquier cosa que se os ofrezca y se os ponga delante os quedáis con mucha paz y sosiego, entonces está refinado y purificado el oro, ésa es la señal de haber alcanzado la perfección de la virtud. 

EJERCICIO DE PERFECCIÓN Y 
VIRTUDES CRISTIANAS. 
Padre Alonso Rodríguez, S.J. 

lunes, 2 de febrero de 2015

LA SEXTA EDAD DE LA IGLESIA QUE COMENZARA CON EL PONTIFICE SANTO Y EL MONARCA PODEROSO - VENERABLE HOLZHAUSER


De la sexta edad de la Iglesia, edad de consuelo
que principiará en el Pontífice santo y Monarca
poderoso, y durará hasta la aparición
del Anticristo.

CAPITULO III. Versículo 7.-1

I. Vers. 7. Y escribe al ángel de la Iglesia de Philadelfia; La sexta edad de la Iglesia comenzará en el Monarca poderoso y el Pontífice santo de quién ya se hablo, y durará basta la aparición del Anticristo. Esta edad será una edad de Consuelo (consolativus), en la que Dios consolará a su Iglesia santa de la aflicción y de las grandes tribulaciones que habrá padecido en la quinta edad. Todas las naciones serán reducidas A la unidad de la fe católica. El sacerdocio florecerá más que nunca, y los hombres buscarán el reino de Dios y su justicia con toda solicitud. El Señor dará a la Iglesia buenos pastores. Los hombres vivirán en paz, cada cual en su viña y su campo. Les será otorgada esa paz por que se habrán reconciliado con el mismo Dios. Vivirán a la sombra de las alas del Monarca poderoso y de sus sucesores. Encontramos el tipo de esta edad en la sexta época del mundo, la que principió con la emancipación del pueblo de Israel, y la restauración del templo y de la ciudad de Jerusalén, y duró hasta la venida de Jesucristo. Porque así como en esa época fue consolado el pueblo de Israel al mas alto grado por el Señor su Dios, siendo libertado de su cautiverio; Jerusalén y su templo fueron restaurados, los reinos, naciones y pueblos sometidos al imperio romano fueron vencidos y subyugados por Cesar Augusto, monarca muy poderoso y distinguido, quién los gobernó 56 años, dio la paz al universo, y reinó solo hasta la venida de N.S. Jesucristo, y aun después; así, en la sexta edad, Dios alegrará a su Iglesia con la mas grande prosperidad. Porque, aunque en la quinta edad no veamos por todas partes sino las mas deplorables calamidades: mientras que la guerra lo devasta todo; los católicos están oprimidos por los herejes y malos cristianos; la Iglesia y sus ministros han sido hechos tributarios; los principados están revueltos; los monarcas entregados a la muerte, los súbditos son desechados, y todos los hombres conspiran a erigir repúblicas, se opera un cambio asombroso por la mano del Omnipotente Dios, tal, que nadie puede humanamente imaginárselo. (1) Porque ese Monarca poderoso, que vendrá como el enviado de Dios, destruirá las repúblicas de arriba a bajo, someterá todo a su poder (sibi subjugabitomnia) y empleará su celo por la verdadera Iglesia de Cristo. Todas las herejías serán relegadas al infierno. El imperio de los Turcos será destruido, y ese Monarca reinará en Oriente y Occidente, Todas las naciones vendrán y adorarán al Señor su Dios en la verdadera fe católica y romana. Muchos santos y doctores florecerán en la tierra. Los hombres amarán el juicio y la justicia. La paz reinará en todo el universo, porque el divino poder atará a Satanás por muchos años, etc; hasta que venga el hijo de perdición, quién de nuevo lo desatará. A esta sexta edad, en razón de la similitud de su perfección, también se refiere el sexto día de la creación, cuando Dios creo al hombre a su semejanza, y le sometió todas las criaturas del mundo para ser el Señor y dueño de ellas. Pues así es como ese Monarca dominará sobre todas las bestias de la tierra; esto es, sobre las naciones bárbaras, sobre los pueblos rebeldes, sobre las repúblicas heréticas, (2) y sobre todos los hombres dominados por las malas pasiones. A esta sexta edad se refiere también el sexto espíritu del Señor; a saber: espíritu de sabiduría, que Dios difundirá en abundancia, sobre toda la superficie del globo, en este tiempo. Porque los hombres temerán al Señor su Dios, observarán su ley y le servirán de todo su corazón. Se multiplicarán las ciencias y serán perfectas. Las santas escrituras serán entendidas unánimemente, sin controversia, ni errores heréticos. Los hombres serán iluminados, tanto en las ciencias naturales como en las celestiales. En fin, la Iglesia de Philadelfia es tipo de la sexta edad; porque Philadelfia significa amor de hermano (amor fratris salutans), y también, guardando la herencia, en la unión con el Señor (haereditatem salvans adhaerente Domino.) Todos esos caracteres convienen perfectamente a esta sexta edad, en la que habrá amor concordia y paz perfecta, y el Monarca poderoso podrá considerar como herencia suya a casi todo el mundo. El libertará la tierra, con el auxilio del Señor su Dios, de todos sus enemigos, de las ruinas y de todo mal.

II. Esto dice el Santo y el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra: cierra y ninguno abre. San Juan, como suele hacer en la descripción de cada edad, marca también aquí con sus primeras palabras, algunas insignias de N. S. Jesucristo; insignias que no tan solo lleva en si mismo, sino que también las hace brillar exteriormente en sus miembros y en su cuerpo, que es la Iglesia, de un modo especial en la sexta edad. Esto dice el Santo de los santos del verdadero Dios y hombre. A causa de esas insignias infinitas, la santidad y verdad que por hipóstasis divina pertenecen a Jesucristo, toda rodilla ha de doblar ante él, en el cielo, en la tierra, en los infiernos etc. Llamase aquí también Santo y Verdadero, en calidad de cabeza de sus miembros y de su cuerpo, que es la Iglesia; y también porque su Iglesia será santa y verdadera en la sexta edad de un modo particular. Será santa, porque los hombres andarán entonces con todo corazón en los caminos del Señor, y buscarán con toda solicitud el reino de Dios: La Iglesia será verdadera, porque después de ser relegadas al infierno todas las sectas, ella será reconocida verdadera sobre la faz de la tierra. El que tiene la llave dé David. Por esas palabras se percibe el poder real universal de Cristo sobre su Iglesia, poder que conservara hasta la consumación del siglo ejecutando la voluntad y consejos de Dios Padre; Matth. c. v. 18. «Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra.» Sobre esto véase el lib. 2. cap. IV:. Además, se dice aquí que Cristo tiene la llave de David, porque David y su reino fueron la figura de Jesucristo y de su reinado, como se ve en los libros de los profetas. El que abre y ninguno cierra: cierra ninguno abre. Esas palabras expresan cual es la potestad de esta llave de Cristo. Potestad ilimitada y constituida en un solo poder, distribuyendo los bienes y males según su beneplácito. Por eso se dice: El que abre la puerta de los bienes derramándolos, y el que abre la puerta de los males permitiéndolos y ninguno cierra, esto es, nadie es capaz de impedir se cumplan los decretos de su divina voluntad en el cielo, en la tierra y en los infiernos. Los malos son impotentes para estorbar él bien, y los buenos incapaces de impedir el mal. Porque se dice de los malos en San Mateo, c. XVI, v, 18: «Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» Y dé los justos en Ezequiel, c. XIV, v. 14. ¿Y si estuvieran en medio de ella estos tres varones. Noé, Daniel, y Job, (en medio de una nación que habrá pecado contra el Señor:) ellos por su justicia librarán sus almas; dice el Señor de los ejércitos etc. Cierra y ninguno abre, esto es; en contra; hace desaparecer los males de la Iglesia en su tiempo y le devuelve los bienes. En seguida permite de nuevo los castigos, y ninguno los puede quitar de su mano ni impedirlos, según lo que está escrito en el Salmo CIII. v. 28: «Dándoles tú (alimento), ellos recogerán: abriendo tu tú mano todos se llenarán de bienes. Mas apartando tú tu rostro, se turbarán: les quitarás el espíritu de ellos; y desfallecerán, y se reducirán a su polvo. Enviarás tu espíritu, y serán criados, y renovarás el semblante de la tierra, etc.». Yo conozco tus obras. Esas palabras alaban, en general, las obras de la sexta edad, así como mas arriba vituperaban las obras de la quinta. Conozco tus obras, que son todas santas, buenas, perfectas y llenas de caridad, como lo hará ver lo siguiente.

Vers. 8. He aquí puse delante de ti una puerta abierta, que ninguno puede cerrar: porque tienes un poco de virtud (3) y has guardado mí palabra, y no has negado mi nombre, etc. Esas palabras son muy consoladoras; ellas describen la futura felicidad de la sexta edad, felicidad que consistirá: 1.° En la interpretación verdadera, clara y unánime de las santas Escrituras. Porque entonces las tinieblas de les errores y las falsas doctrinas de los herejes, que no son otra cosa mas que la doctrina de los demonios, se desvanecerán y desaparecerán. Los fieles de Cristo, esparcidos en toda la superficie del globo, se adherirán a la Iglesia de corazón y de espíritu, en la unidad de la fe y de la observancia de buenas costumbres. Por eso se dice: He aquí puse delante de ti una puerta abierta, esto es, la inteligencia clara y profunda de las santas Escrituras. Que ninguno puede cerrar, queriendo decir que ningún hereje podrá ya pervertir el sentido de la palabra de Dios, porque en esta sexta edad se tendrá un concilio ecuménico, el mayor dé cuantos han habido, en el cual, por un favor particular de Dios, por la potestad del anunciado Monarca, por la autoridad del pontífice santo y unión de los mas piadosos príncipes, todas las herejías y el ateísmo serán proscritos y desterrados de la tierra. Se declarará el sentido legítimo de las santas Escrituras; el que será creído y admitido por todo el mundo, porque Dios habrá abierto la puerta de su gracia. 2.° Esa felicidad consistirá en que los fieles serán inmensos en número; porque en ese tiempo, todos los pueblos y naciones afluirán hacia un solo rebaño, y allí entrarán por la sola puerta de la verdadera fe. Así es como se cumplirá la profecía de San Juan, c. X. v. 16: «Y será hecho un solo aprisco, y un pastor». Y también la otra de San Mateo, c. XXIV v. 14. «Y será predicado este Evangelio del reino por todo el mundo, en testimonio a todas las gentes: y entonces vendrá el fin.» En este sentido es pues también como se dice aquí: Pues delante de ti una puerta abierta, la puerta de la fe y salvación de las almas, puerta cerrada en la quinta edad a una innumerable multitud de hombres, a causa de las herejías y abominaciones de los pecadores. Por esto el aprisco estaba entonces reducido, envilecido, humillado y despreciado al mas alto grado. Mas ahora puse delante de ti una puerta abierta, abierta está a todos, como la grande entrada de un palacio real, cuando no hay que temer enemigos ni sediciones. 3.º Esa felicidad consistirá en la multitud de predestinados. En efecto, número crecido de fieles se salvarán en eso tiempo, porque la verdadera fe resplandecerá, y la justicia abundará. Puse delante de ti una puerta abierta, la puerta del cielo que nadie puede cerrar hasta el tiempo prefijado, El testo latino principia con la partícula, ecce, hé aquí, porque, como se dijo en otra parte, esa palabra escita nuestro espíritu a concebir alguna cosa grande y admirable en esta obra que Dios hará para nuestro consuelo, felicidad y alegría espiritual. Porqué tienes un poco de virtud y has guardado mi palabra. Ese pasaje indica tres causas tres méritos particulares, por los cuales Dios se apiadará de su Iglesia, y abrirá la puerta de su misericordia en esta sexta edad el primer mérito está puesto en tiempo presente. Porque tienes poca virtud. Esas palabras expresan la industria de los siervos de Dios, quienes emplearán con prudencia y celo la poca fuerza que habrán recibido de él, y así conseguirán muy grandes frutos para convertir a los pecadores y herejes. Jesucristo recompensará con grande prosperidad ese gran esfuerzo que habrán hecho para obrar esas conversiones, sobre todo en el principio de la sexta edad. El segundo y tercer mérito están puestos en tiempo pasado: Y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. Con eso designa la constancia y perseverancia de sus siervos en su amor y fe. Porque, al fin de los tiempos de la quinta edad, ellos teniendo poca fuerza, se levantarán sin embargo contra los pecadores que habrán negado la fe por causa de bienes terrestres. Se levantarán también contra ciertos sacerdotes, quienes habiéndose dejado seducir por la belleza y atractivos del sexo femenino, querrán abandonar el celibato. Pues, en el tiempo en que el demonio disfrutará de una libertad casi absoluta y universal, cuando la tribulación llegue al más alto grado sobre la tierra, esos siervos fieles, unidos entre sí con los mas fuertes lazos, protegerán el celibato, conservándose puros en medio del siglo. Pasarán por viles a los ojos de los hombres, y se verán despreciados y repelidos del mundo, quién los ridiculizará. Pero Jesucristo Salvador, en su bondad, mirará propiciamente la paciencia de ellos, industria, constancia y perseverancia, y los recompensará en la sexta edad, secundando y favoreciendo sus esfuerzos en la conversión de los pecadores y herejes. Porque tienes poca virtud, esto es, eres desconocido y careces de potestad, de riquezas y de gloria: con medida te se dio y distribuyó la gracia de Dios; y sin embargo has hecho los mayores esfuerzos con celo y ardiente caridad por el santo nombre de Jesús, por su iglesia y salvación de las almas. He ahí porque Cristo, en su misericordia, te socorrerá al cabo y abrirá la puerta de la verdadera fe y penitencia a los herejes y pecadores. Y has guardado mi palabra. La palabra de Cristo se toma aquí por la doctrina especial y el conocimiento de un precepto o consejo que no estaba contenido en la antigua ley, y el que era enteramente contrario al Mundo. El Evangelio, de consiguiente contiene tres palabras de ese género; la primera es el precepto del amor de los enemigos y de la caridad fraternal, (Matth, c. V.) La segunda es el consejo de la continencia y celibato. Matth. c. XIX. V. 12. «Hay castrados, que a si mismos se castraron.» La tercera palabra es la paciencia que hemos de practicar, Matth c. V. v. 39. Si alguno te hiriere en la mejilla derecha, preséntale también la otra, Y a aquel que quiere ponerte a pleito, y tomarte la túnica, déjale también la capa. Dice pues el texto: Y has guardado mi palabra, esto es, la palabra de la fraternal caridad, del celibato, de la paciencia y mansedumbre; palabra que Dios pronunció con su divina boca, y observó él mismo, no has negado mi nombre. El texto latino dice: No has negado mi fe. (4) Se niega la fe con mayor frecuencia por amor de riquezas, honores y deleites. Los siervos de Cristo despreciarán esas tres concupiscencias hacia el fin de la quinta edad, y llevarán una vida humilde, sin buscar dignidades ni mando. Serán despreciados e ignorados de los grandes, de lo que, se regocijarán. Sacrificarán sus rentas en socorro de los pobres, y para edificación y propagación de la Iglesia católica, a la cual amarán como a una madre. Andarán en presencia de, Dios y de los hombres con sencillez de corazón, por esto es que su vida retirada será considerada como una demencia. La sabiduría del mundo consiste en retener y aumentar lo que se posee; esos fieles siervos, al contrario, despreciarán los bienes y honores terrenos, y se preservarán de las inmundicias con mujeres. Su conversación sera como corresponde a su vocación. Cuando pues vean a sus semejantes apostatar y negar la fe de Jesucristo por las riquezas, honores y placeres, gemirán sus corazones delante de su Dios, y perseveraran en los verdaderos principios de la fe católica. Con razón les dirige Jesucristo estas alabanzas. Y no has negado mi nombre.

III. Vers. 9. He aquí daré de la Sinagoga de Satanás, los que dicen son Judíos y no lo son, mas mienten. He aquí los haré venir, y que adoren ante tus pies; y sabrán que yo te he amado, etc. Sigue ahora la promesa de una muy abundante gracia de Dios, quién de costumbre ayuda, completa con buen éxito los piadosos esfuerzos de sus siervos, y recompensa su fidelidad, constancia y perseverancia en el bien que emprenden. El texto latino citado mas arriba encierra tres veces la partícula, ecce, he aquí. 1.º Ecce dedi coram te ostiurn apertum. Puse delante de ti una puerta abierta. 2,° Ecce dabo. Daré. 3. ° Ecce faciam. Haré. Para elevar nuestro espíritu, y hacernos concebir cuan grandes y admirables son las obras de la misericordia divina, va a manifestar las riquezas de su gloria, de su gracia y de su infinita bondad. 1.° He aquí. Dirigiese en primer lugar a sus siervos, y les dice: He aquí los frutos de tus trabajos y de tus obras. 2.° Ecce dabo. Daré lo que por, tanto tiempo has invocado con tus lagrimas y piadosos gemidos. 3.º Ecce. He aquí voy a hacer lo que nadie creía. Consuélate pues ahora, etc.; porque te daré de la sinagoga de satanás, los que dicen son judíos y no lo son, mas mienten. En la Sinagoga de Satanás están los judíos y aquellos que yerran en la fe admitiendo la falsa doctrina del demonio, padre de la mentira. También por judíos, se le entiende al figurado y alegóricamente los herejes y cismáticos quienes se intitulan cristianos y no lo son, y mienten. Jesucristo promete pues aquí la conversión de los herejes, cismáticos y todos los que yerran en la fe. Esa conversión se verificará en la sexta edad, cuando la iglesia griega se unirá de nuevo a la Iglesia latina. Los haré venir, y que adoren ante tus pies. Esas palabras expresan la fuerza, eficacia y abundancia de la gracia y bondad de Dios, el que hará vengan naciones enteras y aun todos los pueblos a rendirle adoración sometiéndose a la Iglesia católica, la que de ellos será madre, Haré, con la luz de mi gracia vengan espontáneamente y no ya forzados por la guerra y el cuchillo. Los haré venir, y que adoren ante tus pies. Es decir, se humillen y sujeten a tu potestad espiritual. Se ve, por lo que acaba: de decirse, que fe y confianza tendrán todos los prelados pastores de almas en la gracia de Dios, sin la cual todo bambolean y nada se hace. He ahí pronto cien años de continuos combates contra los herejes, no solo con discusiones fuertes y acaloradas y con escritos sapientísimos sino que también con la fuerza de las armas: todos los medios se han ensayado y sin embargo ningún suceso se ha obtenido. Ya no queda otra cosa que hacer, sino servir al Señor nuestro Dios, humillarnos, llevar una vida santa y trabajar con ahínco para conservar los restos del catolicismo, hasta que plazca á Jesucristo apiadarse al cabo de su iglesia, a la que no puede olvidar, y tener en cuenta los esfuerzos de sus siervos los que continúan temiéndole y sirviéndole. Pónganos pues nuestra esperanza y viva confianza en la gracia todo poderosa de Jesucristo, quién con un solo rayo de su luz puede iluminar a los espíritus ciegos de los miserables pecadores y herejes. Esta confianza nos la recomienda el Salmista, Salmo XXX, desde el versículo 3 hasta el 7. Y sabrán que yo te he amado, es decir, confesarán que tú sola eres mi esposa escogida y querida, la verdadera Iglesia, y la heredera del reino celestial, fuera de la cual no hay salvación. Porque en la sexta edad la Iglesia católica será elevada al apogeo de su gloria temporal, y del uno al otro piélago será ensalzada: entonces no habrán ya controversias ni cuestiones entre los hombres para saber cual es la verdadera Iglesia. Por esto se dice: Sabrán, es decir que aquello, sobre lo que tanto se cuestiona y discute en la quinta edad, en la sexta tendrá total lucidez. Así es como la divina bondad sabe sacar bien del mal, permitiendo las herejías y tribulaciones, afín que su santo Nombre sea mejor conocido. De eso tenemos un ejemplo en todos los errores que aparecieron en diversas épocas, los cuales, por temibles que fuesen, desaparecieron de nuevo por el poder de la verdad divina. Citaremos solo el de Arrió contra la divinidad de Jesucristo. ¿Acaso hubo alguno semejante en obstinación? La herejía moderna se le puede ciertamente muy bien comparar.

Vers. 10. Porque has guardado la palabra de mi paciencia, y yo te guardaré de la hora de la tentación, que ha de venir sobre todo el mundo, para probar a los moradores de la tierra. La hora de la tentación que ha de venir, y que aquí se predice, es el tiempo de la persecución del Anticristo, al que Nuestro Señor profetizó en San Mateo, c. XXIV, y en Daniel, c. XI. v. 12. La llama hora de la tentación, supuesto que durará poco, y que será corta la séptima edad de la iglesia, como mas allá veremos. La divina bondad acostumbra preservar a sus elegidos de la hora de la tentación y de los tiempos calamitosos por dos medios: 1.° Llamándolos a si, por medio de una muerte natural, antes que los sorprendan los males y las tribulaciones: otorgó esa gracia a Ezequías, a Josías y a otros santos del antiguo y nuevo Testamento. 2.° Preserva también a los suyos, sin llevárselos de este mundo, pero si librándolos del mal. Joa., c. XVII. v. 15: «No te ruego, que los quites del mundo, sino que los guardes del mal;» así es como Jesucristo envió a sus apóstoles y discípulos en medio de los lobos. Con esos dos medios, Dios, en la sexta edad, preservará a su Iglesia de la hora de la tentación del Anticristo. 1.° Llamándola a si, porque, al fin de la sexta edad, la caridad se resfriará, los pecados comenzarán a multiplicarse, y poco a poco se levantará una generación perversa y también hijos infieles. Los justos, los santos, los buenos prelados y pastores serán entonces quitados en crecido número por una muerte natural, y vendrán a su lugar hombres tibios y carnales, quienes se cuidarán solo de si mismos, serán corno árboles sin fruto, astros errantes y nubes sin agua. 2.° Jesucristo preservará a su Iglesia del mal, sin quitarla de este mundo; porque la Iglesia durará hasta la consumación dé los siglos, y en comparación de multitud tan grande de malévolos, quedarán pocos santos y pocos doctores, a los que Dios enviará en medio de lobos, para enseñar a muchos la verdad y la justicia. Esos caerán bajo el filo del acero en las llamas, cadenas y ruina. (Dan., c. XI) Dios preservará así a esos últimos elegidos de la hora de la tentación, librándolos del mal, es decir, impidiendo consientan a la impiedad del tirano encolerizado, y ayudándolos a morir por la verdad, justicia y fe de Jesucristo.

Vers. 11. Mira que vengo luego: guarda lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Esas palabras contienen una saludable advertencia sobre la repentina e inopinada llegada de Jesucristo, al mismo tiempo una exhortación, para que los fieles continúen en el buen camino. Ellas con como dos escudos esencialmente necesarios, que nos son presentados principalmente contra la última tribulación descrita en San Mateo, c. XXIV. v. 1. Porque entonces los hombres pensarán que el reino del Anticristo durará de un modo excesivo a causa de la grande felicidad y potestad de ese tirano. Los judíos y demas infieles que lo recibirán como al Mesías, creerán eterno su reino. Pues, para abatir esa presunción y destruir esa falsedad, dice aquí: Mira que vengo luego. 2. Así como en tiempo de la horrible persecución de Diocleciano prototipo vivo del Anticristo, muchos fieles renunciaron a la fe de Jesucristo, y sacrificaron a los ídolos, entre ellos hasta el mismo Papa San Marcelino, quién luego hizo penitencia y padeció valerosamente el martirio; y así como sobre los cuarenta mártires en tiempo del emperador Licinio, hubo uno que defeccionó, cuya corona fue dada en seguida a Janitor; así también sucederá en la persecución del fin de los tiempos, y todavía peor; porque sobrepujará a todas las precedentes. Por este motivo Jesucristo, como general en jefe, cuida de prevenir de antemano a sus soldados, armándolos con el escudo soberanamente necesario de la fuerza, constancia y perseverancia. Los exhorta pues diciéndoles.

Vers. 12 Guarda lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. A quién venciere, lo haré columna en templo templo de mi Dios, y no saldrá jamás fuera: y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que descendió del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo. Para dar mayor vigor a sus queridos soldados y confirmarlos mucho más en la última y más terrible persecución Nuestro Señor Jesucristo hace seguir en el contexto, la promesa de los mayores bienes, como recompensa proporcionada a las difíciles victorias conseguidas por los justos sobre el tirano. De esas victorias la primera será la firmeza y constancia, por las cuales serán como columnas de perseverancia en la Iglesia de Cristo. Resistirán al furor del tirano, a sus falsos milagros e invenciones diabólicas, y sacrificarán sus cuerpos, sangre, y vida por la verdad y la justicia. La segunda victoria será la confesión del verdadero Dios que creo el cielo, la tierra y todo lo que encierran; el Anticristo se encruelecerá principalmente contra esa confesión, y se constituirá el dios de los dioses. La tercera victoria será la fe firme y la fidelidad de la Iglesia de Cristo, a la que el Anticristo desechará como una impostora, y en su furor la dispersará por los cuatro vientos del cielo, sobre los áridos cerros, y en las cavernas. La cuarta, en fin, será la confesión del nombre de Cristo, contra la cual se levantará el tirano. Se glorificará en los falsos milagros que hará con ayuda de diabólicos artificios. Se llamará Mesías, y como tal lo recibirán los judíos, según las palabras del mismo Jesucristo, en San Juan, c. V. v. 43. 5 «Yo vine en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su nombre, a aquel recibiréis». A esas cuatro virtudes, méritos y victorias insignes de los justos, Dios promete en proporción, cuatro suertes de recompensas y de glorias. La primera está en estas palabras. Lo haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá jamás fuera. Las columnas se colocan en los palacios de los reyes para sostener la mole del edificio, para embellecerlo, adornarlo y realzar su esplendor: así es pues como los justos de Dios, por la firmeza de su fe, son en el templo de Cristo, es decir, en la Iglesia militante, columnas de verdad y justicia de Jesucristo; defendiéndolas y predicándolas, combatiendo y muriendo por ellas; de esa suerte, decimos también que; en el templo de Dios y en la Iglesia triunfante, los justos serán además columnas eternas, resplandecientes de gloria, en presencia de todos los santos y ángeles celestiales. En seguida, como esos justos habrán permanecido fiel y constantemente en el templo de Dios sobre la tierra, esto es, en la Iglesia católica, sin salir jamás de ella, ni abandonar la verdadera fe para incorporarse en las sectas del Anticristo o en las de los demás herejes; de este modo morarán también en el templo eterno de Dios, sin que tampoco salgan nunca de él. Serán inmortales, impecables, estables e inmutables por toda la eternidad. No tendrán ya que sufrir dolores ni derramar lágrimas. En fin, la muerte, el hambre, sed y todas las otras miserias del cuerpo y del alma, no los tocarán ya. La segunda recompensa se encuentra en estas palabras: Y escribiré sobre él el nombre de mi Dios. Porque serán semejantes a él, (según San Juan. c. III. v.3): y hasta serán llamados dioses, como se ve en el Salmo LXXXI. v. 6. «Yo dije: dioses sois, y todos hijos del Altísimo,» La tercera recompensa está así expresada: Y escribiré sobre el….el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que descendió del cielo de mi Dios. Es decir, que, los justos serán el templo de Dios, en el cual dignara habitar el Rey de reyes, y el Señor de los señores, y ellos lo poseerán con la visión beatifica por toda una eternidad. En fin, la cuarta recompensa se encuentra en estas palabras. Y escribiré sobre él….mi nombre nuevo; queriendo decir que él honrará a los justos con su nombre; porque serán llamados hijos de Dios, (según San Juan e. III v. 1.)

Vers, 13. Quién tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.
Eso se explica lo mismo que mas arriba.

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(1) N. del T. F. Acordémonos del estado de la Europa en 1848.

(2) Sabemos que la Suiza se compone de muchas repúblicas la mayor parte protestantes.

(3) N. d T. E. En la traducción francesa se lee force, fuerza, en el texto latino virtutem virtud, así Scio, aunque también puede significar fuerza.

(4) N. d. T. E. Deseoso de proceder con toda delicadeza, no puedo menos de indicar aquí a mis lectores, que en el texto latino del Apocalipsis se lee, et non negasti nomen meum, y no has negado mi nombre, pero M. Wuilleret dice mo foí, mi fe.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 132 a la 147.
Traducido al Español por Fr. Ramón de Lérida

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
EL OBISPO DE LA SERENA (CHILE)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.

viernes, 30 de enero de 2015

DICHOS DE SANTOS


"No debemos separar aquello que Dios ha unido tan perfectamente; Jesús y María están tan unidos que quien ve a Jesús ve a María, quien ama a Jesús ama a María, quien tiene devoción a Jesús tiene devoción a María"

San Juan Eudes

jueves, 29 de enero de 2015

PROFECÍAS AGUSTINIANAS

Se las llama así porque ellas fueron tomadas de la Biblioteca de San Agustín en Roma. Fueron copiadas en 1859 por un vicario de Mataró, en España, el cual las publicó en el Diario de Barcelona del 3 de agosto de 1860.

Hacia mediados del siglo XIX, las sediciones se extenderán a todos lados en Europa, principalmente en Francia, Suiza e Italia.

Surgirán Repúblicas, los reyes desaparecerán, los personajes eclesiásticos y religiosos dejarán sus residencias.

El hambre, la peste y los temblores de tierra devastarán algunas ciudades.

Roma perderá el cetro por la obsesión de seudo-filósofos.

El Papa será llevado en cautividad por los suyos, y la Iglesia de Dios sufrirá el yugo revolucionario; además, Ella será expoliada de sus bienes temporales. Después de un poco de tiempo, el Papa morirá.

Un príncipe del Aquilón recorrerá toda la Europa con un gran ejército; él derribará las repúblicas y exterminará a los rebeldes; su espada, movida por Dios, defenderá enérgicamente la Iglesia de Cristo. Este soberano combatirá por la fe ortodoxa y conquistará el imperio mahometano.

Un nuevo Pastor de la Iglesia vendrá de un litoral, después de un signo celeste; él enseñará al pueblo con simplicidad de corazón según la doctrina de Cristo, y la paz se le dará al siglo.