domingo, 18 de abril de 2010

EL HEREJE HANS KÜNG CONVOCA A LOS OBISPOS CONTRA EL PAPA EN UN CISMA MODERNISTA

En la foto: Hans Küng, un pseudoteólogo de cuarta, un verdadero animal metido en la Sagrada Teología que desconoce, llama a los obispos a un cisma y una rebelión contra Benedicto XVI

Por Emilio Nazar Kasbo

Es un heterodoxo teólogo suizo y con libros escritos que se encuentran plagados de herejías, que ha sido por años profesor en la universidad de Tubinga y que ahora, a los cinco de pontificado de Benedicto XVI, se autoerige en autoridad pontifical para criticar al Papa… tal como el sacerdote católico Martín Lutero hizo en su tiempo.

INFALIBILIDAD PAPAL

El 18 de julio de 1870 el Magisterio de la Iglesia proclamó la infalibilidad del Papa, y Hans Küng va en contra, como todo hereje. Este pseudoteólogo que tiene a muchos desprevenidos seguidores, siempre ha sido un “sí pero no”, y como teólogo herético escribió un libro respecto a la cuestión de la infalibilidad: “¿Falible? Una pregunta”. Küng admite la posibilidad de la infalibilidad (una graciosa concesión que no entra en el plano de su fe), y se dedica a cuestionar el dogma en su operatividad para concluir en todo lo contrario a lo que el Magisterio afirma. El procedimiento consiste en abordar diversas cuestiones para tornar nula la infalibilidad de la Iglesia, del Magisterio eclesial y del Papa.

El heterodoxo teólogo Hans Küng, de heréticas inclinaciones, acusa al actual Papa Benedicto XVI de haber fracasado ante los grandes retos del presente, como la aproximación a los judíos y a los protestantes, o la reconciliación de la Iglesia con la ciencia moderna.

El prestigioso sociólogo Massimo Introvigne, que ha intervenido en el Simposio Internacional de Teología organizado por la Universidad de Navarra, se ha referido en términos durísimos a la carta que el teólogo disidente Hans Küng ha dirigido a todos los obispos del mundo a través de la prensa. Introvigne ha dicho que “se trata de una invitación explícita al cisma por parte de un personaje que recibe grandes aplausos fuera de la Iglesia, pero que por el contrario goza de escasísimo seguimiento entre los fieles católicos”.

Benedicto XVI, según dice Küng en una carta abierta a todos los obispos del mundo que fuera reproducida en varios medios europeos, relativiza permanentemente los textos del Concilio Vaticano II y cierra sistemáticamente los esfuerzos de renovación del catolicismo.
A ello tales críticas infundadas, dice que se han agregado los recientes escándalos de pederastia dentro de la Iglesia Católica que han llevado a una "crisis de confianza y de liderazgo sin precedentes".
Küng dice que es innegable que la práctica de ocultar los casos de pederastia que se practicó durante mucho tiempo, fue dictada por la Congregación para la Defensa de la Doctrina de la Fe cuando el cardenal Joseph Ratzinger, el actual Benedicto XVI, era el Prefecto de la misma.
"Con razón muchos piden un mea culpa personal del prefecto de entonces y actual Papa. Pero lamentablemente él dejó pasar la oportunidad el Viernes Santo y, en cambio, se hizo testificar su inocencia el Domingo de Pascua", escribe Küng en su carta.

CRITICA MEDIATICA AL PAPA

En la carta, Küng enrostra al Papa Benedicto XVI todas las críticas que provienen de los medios de comunicación anticatólicos, a las cuales se suman la de eclesiásticos afines al modernismo, adjudicándole falsamente errores de modo prejuicioso.

Küng critica la plegaria por la conversión del pueblo judío, las tratativas con los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (“readmite en la Iglesia a obispos cismáticos notoriamente antisemitas”, afirma), menciona el episodio de la comparación de las críticas al Papa con la “persecución antisemita”, a la vez que considera que los judíos tienen “un camino propio hacia la salvación”.

Como una cuestión grave, acusa al Papa de que “impulsa la beatificación de Pío XII”, pretendiendo este hereje hacer lugar a la leyenda negra que surgió después de una obra de teatro difamatoria de dicho Papa, tras haber sido altamente reconocida su actuación en favor de rescatar y salvar vidas de judíos.

También Küng critica el discurso de Benedicto XVI en Ratisbona respecto del mahometismo en una antigua cita histórica sacada de contexto, la Evangelización de América calificando al catolicismo como “la religión de sus conquistadores europeos”, critica la desaprobación de “los métodos anticonceptivos” y pide la admisión de “el uso de preservativos en nombre de “la lucha contra la superpoblación” de los pueblos africanos.

En la foto: el Papa Benedicto XVI rinde homenaje al islámico turco Mustafá Kemal en Turquía, seis meses después del discurso de Ratisbona.

Además exige que Benedicto XVI debe “concluir la paz con las ciencias modernas reconociendo inequívocamente la teoría de la evolución y aprobando de forma diferenciada nuevos ámbitos de investigación, como el de las células madre”. Otra cosa que exige es una interpretación modernista del Concilio Vaticano II, precisamente en el sentido que ha sido condenado por la Encíclica Pascendi de San Pío X.

CONCILIO VATICANO II

También critica al Papa porque al Concilio Vaticano II lo “relativiza los textos conciliares y los interpreta de forma retrógrada”, acusándolo de que “incluso se sitúa expresamente contra el Concilio ecuménico, que según el derecho canónico representa la autoridad suprema de la Iglesia Católica”, manifestando Küng un gravísimo error teológico en sus afirmaciones.

Critica que Benedicto XVI “ha readmitido sin condiciones en la Iglesia a los obispos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, ordenados ilegalmente fuera de la Iglesia católica y que rechazan el concilio en aspectos centrales”. Cabe destacar que la situación era disciplinaria, y que la consagración de los Obispos fue válida, lo cual fue debidamente esclarecido en el levantamiento de las excomuniones.

Otra de sus críticas es que el Papa “apoya con todos los medios la misa medieval tridentina y él mismo celebra ocasionalmente la Eucaristía en latín y de espaldas a los fieles”. No se trata más que de la Misa de siempre, la que celebraron grandes santos como San Ignacio de Loyola, Don Bosco o el Padre Pío de Pietralcina… ¿O acaso eran nulas esas Misas?

Contradictoriamente, Küng critica a Benedicto XVI porque “no lleva a efecto el entendimiento con la Iglesia anglicana, firmado en documentos ecuménicos oficiales (ARCIC), sino que intenta atraer a la Iglesia católico-romana a sacerdotes anglicanos casados renunciando a aplicarles el voto de celibato”. Por un lado, exige el voto del celibato, pero por otro en su misma carta lo critica, acreditando de este modo que su único interés es desprestigiar al Papa y a la Iglesia Católica, de la cual él parece no formar parte. “Desde el concilio, decenas de miles de obispos han abandonado su vocación, sobre todo debido a la ley del celibato”, dice más adelante. Claro que el motivo del abandono de la vocación ha sido la interpretación herética modernista que el mismo Küng realiza.

El Papa, quien es el sucesor de San Pedro y quien guía a todos los fieles, es acusado por el pseudoteólogo de que “parece alejarse cada vez más de la gran mayoría del pueblo de la Iglesia”, buscando desvincular la unión de los feligreses con la autoridad Papal (Ubi Petrus Ibi Ecclesia). A su vez, atomiza la Iglesia en los Obispados y parroquias, donde Küng espera tener adherentes a su postura, al igual que hizo Lutero en su tiempo.

EL CONCILIO VATICANO III

1- No callar. Küng pide que los modernistas “salgan del closet”, que se proclamen lo que son, militantes de la Teología de la Liberación en el sentido condenado, sustentadores de herejías, de aberraciones, de principios contrarios a los Diez Mandamientos, para generar una permanente situación deliberativa intraeclesial. “No envíen a Roma declaraciones de sumisión, sino demandas de reforma”, exige.

2- Acometer reformas. Küng ordena a sus acólitos, tal como Lucifer propuso a sus seguidores, buscando anarquizar a la Iglesia, para emprender “la renovación de la Iglesia” contra el Papa, contra la Tradición, y que gracias a la lejanía del Papa se puedan expandir acciones que son esencialmente anticatólicas por su falta de comunión con la Iglesia y la Tradición.

3- Actuar colegiadamente. Küng hace decir al Concilio Vaticano II algo que en realidad no afirma, que “decretó la colegialidad del Papa y los obispos”, sosteniendo el condenado conciliarismo. En sí, vista la Iglesia como una institución humana más, al igual que el resto de las religiones, lo que este pseudoteólogo ordena a sus seguidores es “hacer lobby”. Simplemente, trata de enfrentar a Obispos, sacerdotes e incluso feligreses, con el Papa y con otros Obispos. Guerra de Obispos contra Obispos es lo que exige.

4- La obediencia ilimitada sólo se debe a Dios. Semejante afirmación de Küng es la habilitación de la traición en el sentido que lo afirma. Jesucristo es Dios, y fue quien estableció la Iglesia y el Papa, y por tanto obedeciendo a los Papas se obedece a Dios. Y no sólo a un Papa actual, sino al Magisterio de los Papas. Pero para Küng es otra cosa. “Jamás se debe obediencia ilimitada a una autoridad humana, solo a Dios”, refiriéndose a la autoridad del Papa como “autoridad humana”, y gracias a eso, pide ejercer “una presión sobre las autoridades romanas”. “La utilización del lenguaje vernáculo en la liturgia, la modificación de las disposiciones sobre los matrimonios mixtos, la afirmación de la tolerancia, la democracia, los derechos humanos, el entendimiento ecuménico y tantas otras cosas sólo se han alcanzado por la tenaz presión desde abajo”, afirma en su interpretación materialista.

5- Aspirar a soluciones regionales. En marketing se llama a esto “segmentación del mercado” para hacer más fácil la penetración del producto. Küng busca transmitir un mensaje que no es el de Jesucristo sino el suyo propio, y para eso dice que “se debe aspirar a conseguir de manera inteligente soluciones regionales”. Da por caso el celibato “que se está cuestionando con razón en todo el mundo precisamente en el contexto de los escándalos por abusos sexuales”, cuando justamente una violación, la pedofilia o las relaciones naturales o antinaturales son todos actos de lujuria, a la cual se contrapone la castidad, y que por ello de ninguna manera puede producir escándalos ni abusos sexuales que son ajenos a tal virtud. ¿Hasta dónde llegan los propósitos de Küng? “Un sacerdote que tras madura reflexión piense en casarse no tiene que renunciar automáticamente a su estado si el obispo y la comunidad le apoyan. Algunas conferencias episcopales podrían proceder con una solución regional” Pretende que un Obispo o un Episcopado entero se oponga al Papa, y que la indisciplina se imponga en la Iglesia.

6- Exigir un Concilio. Küng quiere un Concilio que sea explícito en la interpretación herética del Concilio Vaticano II, y que haga realidad respecto del Papa “una limitación de su poder. En todos ustedes está la responsabilidad de imponer un Concilio o al menos un sínodo episcopal representativo”. El uso de la palabra IMPONER, muestra la actitud “democrática” de Küng, para quien “se requirió un concilio ecuménico para la realización de la reforma litúrgica, la libertad de religión, el ecumenismo y el diálogo interreligioso”. Para él, “reforma litúrgica” es la aprobación de todo abuso litúrgico; “libertad de religión” es considerar que Dios es injusto y que ofrecerá el lugar primordial indistintamente a buenos, malos o no tan malos, creyentes, no creyentes, y más o menos creyentes; y que “ecumenismo” y “diálogo interreligioso” no son más que la expresión de un sincretismo ilimitado, todas estas posturas heréticas y que carecen de raigambre en la Tradición de la Iglesia.

CARTA INMORAL

Algunos Obispos, sacerdotes o feligreses son tildados de “más papistas que el Papa”; pero a Hans Küng se lo podría tildar claramente de “antipapista”.

Küng pretende suplir la Tradición de la Iglesia por los 40 años del Concilio Vaticano II como si hubiese surgido una nueva Iglesia sin antecedente previo, sin herencia que recibir pero que a su vez transmitirá una herencia que jamás se recibió. Pretende sustituir la Liturgia a Dios por una convalidación de abusos litúrgicos que convierten el Rito en una payasada inventada en un laboratorio donde se falta el respeto a Jesucristo. Pretende suplir los Mandamientos por el hedonismo, y pretende sustituir la Fe por el sincretismo indiscriminado.

Küng ordena a los Obispos que implementen a fondo una reforma modernista, progresista, y que lo hagan “cuando sea posible en cooperación con el resto de los obispos; pero, si es necesario, también en solitario”. Al finalizar su carta, no se define como católico, sino que la culmina con un saludo “en la comunión de la fe cristiana”.

Küng trata de dirigirse a los Obispos para suscitar una división, para que tengan que optar entre el modernismo o la Tradición. Es tiempo de que Obispos y sacerdotes se decidan.

Introvigne considera esta carta “inmoral”, porque Küng miente a sabiendas cuando afirma que el Cardenal Ratzinger, con la Carta De delictis gravioribus de 2001, hizo más difícil perseguir a los sacerdotes pedófilos. Por el contrario, según Introvigne, “con aquella carta y con otras medidas el actual Pontífice ha puesto en marcha un mecanismo de represión de los casos de pedofilia mucho más duro que el que existía previamente.

Por otra parte Introvigne ha señalado que “los casos de abusos y de inmoralidad por parte del clero, como demuestran los datos, se han multiplicado en los años 70, precisamente cuando se ha creado un clima de rechazo respecto a la enseñanza moral del Magisterio en los seminarios y en las universidades católicas, del cual Küng es uno de los mayores responsables”. Por este motivo opina que “debería ser él, más bien, quien rindiese cuentas de los vientos que ha sembrado, y debería por tanto pedir excusas a la Iglesia y al Papa “.

En la foto: Un simio en Teología, un gran mono con navaja, pretendiendo una autoridad de la cual carece.

ANTI PAPISTA
Küng pide a los obispos que no guarden silencio ante directivas del Vaticano que consideren erróneas, haciendo apología a una especie de “libre interpretación”, y que no envíen a Roma declaraciones de obediencia sin exigencias de reformas.
Además, exige recuperar un principio fundamental del Concilio Vaticano II que quiso poner fin a la autarquía del Papa y hacer que su autoridad dependiese del consenso permanente de los obispos, una postura absolutamente falsa que cae explícitamente en el herético conciliarismo, condenado por el Magisterio de la Iglesia Católica en el Concilio Vaticano I. Cabe destacar que la autoridad del Papa no depende de “consensos”, sino de Jesucristo mismo que instituyó el Papado con San Pedro.
"La obediencia incondicional sólo se debe a Dios. Todos ustedes, al ser consagrados como obispos, juraron obedecer incondicionalmente al Papa pero saben que esa obediencia incondicional no la merece ninguna autoridad humana sino sólo Dios. Por eso no deben sentirse limitados por su juramento para decir la verdad sobre la crisis actual de la Iglesia", dice Küng en la misiva. Es decir, Küng considera que el Papa es una autoridad humana, y por tanto la Iglesia Católica es una institución como cualquier otra en este mundo, privada de su origen y misión trascendente dada por Jesucristo en el Plan de Salvación.
En ese punto, Küng recuerda cómo el apóstol San Pablo en los comienzos del cristianismo, como cuenta en la Carta a los Gálatas, "contradijo a San Pedro (considerado como el primer Papa) en su cara porque se había perdido en el error". Y desde tal consideración, postula la desobediencia total al Papa y a dos mil años de Historia de la Iglesia, para lograr una “renovación” que desfigura completamente la Tradición.
Küng propone además soluciones regionales a algunos problemas, aunque éstas estén en contra de la doctrina de Roma.
Al final de la carta, Küng pide un nuevo concilio en el que los obispos impongan reformas que sigan el camino dictado por el Concilio Vaticano II heréticamente interpretado desde el modernismo que condenara el Papa San Pío X, aunque para lograr tal objetivo tengan que enfrentarse a la autoridad del Papa.

Máximo Introvigne, uno de los mayores expertos en sociología de las religiones, concluyó su intervención afirmando que “el escándalo creado por Küng es providencial porque traza una línea de demarcación: por un lado los católicos fieles al Papa, por otro un cisma inmoral que finalmente se quita la máscara y revela la complicidad entre el disenso interno de la Iglesia y los lobbys laicistas que atacan al Papa desde el exterior”.

Fuente: Diario Pregón de la Plata
Enviado por el Padre Cardozo. fsspx

sábado, 17 de abril de 2010

MÁRTIRES DE LA DIÓCESIS DE CIUDAD REAL



ÁNGEL ABENGOZAR SÁNCHEZ
Coadjutor de Santa María de Alcázar de San Juan

Nace en Alcázar de San Juan el dos de agosto de 1895; hijo de Jesús Abengózar Díaz Miguel, ganadero, y de Petra Sánchez Lizcano.
Bautizado a los pocos días de nacer en la Parroquia de Santa María la Mayor, el cinco de agosto del mismo año, por D. Álvaro Corrales, Cura Vicario de la parroquia.
Confirmado en la misma parroquia el día 8 de julio de 1901 por D. Casimiro Piñera y Naredo, Obispo de Dora y Prior de las Órdenes Militares en la misma Parroquia en la que sería acólito en sus primeros años y en torno al altar recibió la vocación sacerdotal. Vive y crece en la calle Puerta de Cervera, número 16 en un ambiente familiar cristiano y de especial devoción a la Virgen de Rosario patrona de la localidad. Ingresa en el seminario diocesano de Ciudad Real en 1910 siguiendo con lucimiento los estudios sacerdotales y recibe el Orden del Presbiterado en mayo de 1921; y canta su primera Misa el 31 del mismo mes en el altar de la Virgen de Rosario.
Casi toda su vida de sacerdote transcurre de Coadjutor en Alcázar de San Juan y en el anejo de La Alameda de Cervera.

Ya antes de declararse la persecución, en julio de 1936, sufre la persecución; y el mismo Jueves Santo, 29 de marzo, al concluir de predicar el sermón de la Pasión, es detenido con el pretexto de una algarada callejera, se le encarcela y durante veinte días se le somete a un duro y cruel suplicio. Desenmascarada al fin la insidia calumniosa, se le deja en libertad el 18 de abril, y opta por residir en la aldea de la Alameda del Castillo de Cervera y, al no sentirse seguro en este lugar, decide regresar a Alcázar de San Juan, poniéndose totalmente en manos de la Providencia. Debido a estos sufrimientos morales enferma hasta el punto de recibir la Unción de Enfermos.

El 17 de agosto es de nuevo encarcelado, haciéndosele objeto en la prisión de crueles sufrimientos. El 29 es sacado, al fin, en unión de don Clodoaldo Cañizares, coadjutor de la Parroquia de Santa Quiteria, y ambos son asesinados, el 30 de agosto, en el sitio denominado “La Sevillana”, de donde la Cruz Roja de Herencia trasladó sus cadáveres al cementerio de esta población. Don Ángel, conocido cariñosamente por el “cura piñón”, a penas había cumplido cuarenta y un años.

Terminada la guerra civil, desde el cementerio de Herencia, sus restos son trasladados a la Parroquia de Santa María la Mayor de Alcázar de San Juan y reposan en la capilla de Nuestra Señora del Monte Carmelo y en la lápida una sencilla inscripción :” D. Ángel Abengozar Sánchez, Coadjutor de esta parroquia, muerto el 30 de agosto de 1936”, donde se le venera como mártir.

MATÍAS-FABIÁN ÁLVAREZ RIVERA
Cura de Villarta de San Juan

Nació en Daimiel (Ciudad Real), el día 20 de enero de 1903. Fue hijo de Matías Álvarez Muñoz y Presentación Rivera Pareja, naturales de Daimiel En la Parroquia de Santa María la Mayor recibió el Bautismo de manos de D. José María Rodríguez de Guzmán, el día 25 de enero.

En la calle La Plaza transcurrió su infancia hasta que se traslada a Ciudad Real el año 1913 para iniciar los estudios eclesiásticos en el Seminario, continuando desde el 1924 en Burgos donde se licenció en Sagrada Teología. Acabados brillantemente sus estudios fue ordenado de sacerdote y celebra su canto de Misa, el 9 de mayo de 1927, en la parroquia donde fue bautizado. Ordenado sacerdote, su primer destino fue Coadjutor de Membrilla, donde estuvo poco tiempo; pero fue muy querido del pueblo. Después es enviado (también de Coadjutor) a la Solana. El destino siguiente fue Párroco de Villarta de San Juan distinguiéndose por su especial esmero por la Catequesis, implantación de la Acción Católica siendo nombrado por el Excmo Sr, Obispo Consiliario el 6 de junio de 1934, amor a la Eucaristía y a la Santísima Virgen.

Especialmente devoto de la Santísima Virgen se celebraba cada año la novena y fiesta de la Inmaculada con actos religiosos y culturales. Constituye una página de oro en la historia de Villarta de San Juan la gesta del pueblo alentado por su párroco de la construcción de una nueva ermita a la Patrona de Villarta, Nuestra Señora de la Paz, organizándose cultos y festejos extraordinarios los días 23 y 24 de enero de 1936 como preparación para bendición solemne de la nueva ermita por el Sr. Obispo.
En Villarta de San Juan le cogió la persecución religiosa y el 25 de julio de 1936 se vio obligado a salir de Villarta. El padre, de nombre Matías como el hijo sacerdote, fue a por él y sus cosas en un camión, pensando que estaría más seguro en Daimiel, por ser su pueblo natal. Permaneció oculto en la casa paterna de donde fue sacado varias veces con el consabido pretexto de prestar declaración. Finalmente, en el convento de las Monjas Mínimas, convertido en horrible checa apresaron a este sacerdote, el día 22 de agosto, era medio día. Y, entrada la noche, fue asesinado con otros cinco sacerdotes y algunos seglares. Sus restos reposan en el cementerio de Daimiel.
Los padres de D. Matías, tenían un familiar muy próximo que gozaba de mucha influencia y autoridad entre los que mandaban en Daimiel durante la guerra civil y, valiéndose de ello, sacó varias veces de la cárcel y libró de la muerte a algunos familiares. Terminada la guerra, al juzgar a esta persona, quienes fueron librados de morir, testificaron a favor suyo. En el juicio, el fiscal le dijo: ¿-V. tenía también otro familiar sacerdote? –Sí, respondió –; Y a éste ¿por qué no lo salvó V.?” Continúo el fiscal. La respuesta fue rápida y lacónica: -“¡Porque era CURA!”. Valioso testimonio de primera mano y documentación histórica del martirio de tan ejemplar sacerdote.



CARLOS ÁLVAREZ RODRÍGUEZ
Adscrito a la Parroquia de Herencia

D. Carlos Álvarez Rodríguez, nace en Herencia el 7 de abril de 1869. Sus primeros estudios los realiza bajo la dirección del párroco de Herencia, D. Salustiano Almeida y los termina en el seminario de Ciudad Real donde recibe la ordenación sacerdotal el día 31 de diciembre de 1893 y en la fiesta de la Epifanía del Señor celebra su primera Misa, 6 de enero de 1894.
Ejerce el ministerio sacerdotal primero como coadjutor de Tomelloso, y en julio de 1898 pasa de Ecónomo a Santa María de Alcázar de San Juan; finalmente llega a su pueblo de Herencia como coadjutor y permanece hasta que es asesinado.
Sabiendo de su generosidad, incluso momentos antes de su muerte, le pidieron como precio para salvarlo quince mil pesetas. Con eso, "pagó" sólo cuatro meses de vida, al cabo de los cuales es asesinado en la casa de D. Gabriel Enríquez, convertida en “checa”, junto con otros muchos, sacerdotes y seglares, que son arrojados a la tristemente célebre mina de Camuñas (Toledo). Era el 25 de noviembre de 1936. Hombre sencillo, generoso con los pobres y celoso por el decoro del templo dona el retablo de la iglesia parroquial y valiosos ornamentos sagrados, tristemente destruidos en la guerra civil.
D. Carlos preparó a todos sus compañeros de prisión para la muerta, absolviéndolos y exhortándolos a perseverar en la fe.


D. ARCADIO ALVAREZ SORIANO
Párroco de Cabezarados

D. Arcadio Álvarez Soriano nace en Almadenejos (Ciudad Real) el 13 de noviembre de 1880, y es bautizado el día 21 de noviembre del mismo año en la Parroquia de la Inmaculada Concepción por el párroco D. Santiago Navarro y se le puso los nombres de Arcadio, José y Domingo. Hijo de Domingo Álvarez Molina, natural de Almodovar del Campo y Carmen Soriano Gijona, de Argamasilla de Calatrava.
El padre, D. Domingo Álvarez, maestro de escuela, ejerce mucho tiempo en Almodovar del Campo (Ciudad Real), donde D. Arcadio pasa la casi totalidad de los años de niño y seminarista, razón por la que ha sido tenido por vecino de Almodóvar del Campo. Debido al buen ambiente familiar pronto destaca por su capacidad y brillantez intelectual. Cursa los estudios eclesiásticos en el Seminario de Ciudad Real y, obtiene el bachillerato en Teología en Toledo, destacándose por su cultura, cualidades humanas cultivadas desde niño en una familia profundamente cristiana.
Bachiller en Teología, toma parte en el concurso a parroquias del año 1904 durante el pontificado del obispo Piñera, consiguiendo, antes de ser ordenado de presbítero el 26 de octubre de 1905, la Parroquia de Cabezarrubias del Puerto donde ejerce el ministerio sacerdotal muchos años hasta que permuta por la de Cabezarados.

Al amanecer del día 19 de julio de 1936 un grupo de milicianos registran la casa parroquial de Cabezarados, con el pretexto de buscar armas, y junto con su hermana son expulsados de la casa. Ambos son recogidos en casa del Sr. Zamora, vecino del pueblo
Por fin, el 6 de agosto de 1936 se le obliga a salir del pueblo junto con su hermana. El día 12 de este mismo mes y año, a tres kilómetros del pueblo, es asesinado, tras sufrir horribles vejaciones, insultos y atrocidades. Su cadáver fue arrojado el fondo de la mina "Los Cartageneros", sin que haya sido posible sacar los restos.
En el lugar de la muerte, el sacerdote D. Antonio Martín López, recientemente fallecido, siendo párroco de Cabezarados, hizo colocar una cruz en el lugar donde fue asesinado en su memoria.
Desde esta columna hacemos una llamada a familiares, paisanos de Almadenejos, vecinos de Almodovar del Campo lugar donde se crió, feligreses de las parroquias de Cabezarrubia del Puerto y Cabezarados donde ejerció el ministerio sacerdotal y a cuantos pudieran aportar documentación y testimonios con el fin de completar el expediente para su pronta beatificación por martirio.


ISIDRO ARROYO CHACÓN
Capellán de Manzanares

ISIDRO ARROYO CHACÓN nació en Membrilla (Ciudad Real) el día 28 de noviembre de 1868. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid apadrinado por don Antonio Chacón y Muñoz, natural de Membrilla y Rector de dicho seminario aunque fue ordenado sacerdote en Ciudad Real, el 19 de diciembre de 1891. Transcurre toda su vida en Manzanares como capellán de religiosas Concepcionistas de la enseñanza. De aspecto bondadoso, pacífico y bonachón gozaba de especial habilidad para reconciliar entre sí a las familias con problemas que acudían a él como intercesor.

Septuagenario, en 1936, y muy enfermo, el día 12 de agosto de 1936 violentamente lo arrastraron a la calle en pleno medio día. El calor asfixiante en el agosto manchego, su enorme peso y su enfermedad le hicieron caer muerto rápidamente. Con todo, fue rematado a golpes y tiros en la misma vía pública. Sin haber sido sometido a juicio, y por su condición de sacerdote, fue asesinado en Manzanares. Era el 12 de agosto de 1936.


FEDERICO AVENGOZA REMÓN DE MONCADA
Coadjutor de Herencia

Federico Avengoza Remón de Moncada, nace en Herencia el 25 de febrero de 1871, donde pasa su infancia hasta que respondiendo a la llamada de Dios al sacerdocio estudia primero en el Colegio de Vocaciones eclesiásticas de Murcia y más tarde en el Sacro Monte de Granada, terminando los estudios en Toledo y es ordenado de Presbítero por el Cardenal Sancha el 18 de marzo de 1899. En Herencia, canta Misa el día 25 del mismo mes. Ejerció el sacerdocio en sus primeros años en la Diocesis de Toledo como cura de Cabañas de la Sagra; después como Coadjutor de Santiago del Arrabal y como Cura Encargado, últimamente, de la Concepción en el propio Toledo. El año 1909 llega a su pueblo natal como Sacristán- Sacerdote, oficio que desempeña hasta el martirio.
No obstante hallarse enfermo en cama, lo conminan a presentarse, en el plazo de una hora, en la casa de D. Gabriel Enríquez. Tiempo que aprovecha para rezar el Rosario en compañía de su hermana. Esa misma noche del 25 de noviembre de 1936, es asesinado junto con otros veinticinco, entre seglares y sacerdotes. Su cadáver, junto con otros, es arrojado a la mina abandonada en la carretera de Puerto Lápice, sin posibilidad alguna de poder extraer para conservar los restos mortales.
En su oficio de sacerdote- sacristán es considerado como un servidor ejemplar en el encargo de cuidar el decoro del templo y la dignidad de las celebraciones. Fue perseguido por el único motivo de ser sacerdote como el resto de sus compañeros sacrificados en Herencia


VICTORIANO BEAMUD SAÑOSO
Cura de Arenales de San Gregorio

Nace en Campo de Criptana a las once de la noche del día 8 de mayo del año 1892 en una familia humildes y cristiana. Fueron sus padres Valeriano Beamud y Rodríguez Manzaneque, naturales y vecinos de Campo de Criptana y María de la Cruz Sañoso y Gómez. En el momento de su nacimiento el padre de profesión carpintero a penas tenía veintisiete años y la madre dedicada a las labores del hogar, veintidós años.
En Toledo cursó los primeros estudios de Latinidad, Humanidades y filosofía. En Ciudad Real cursa la Teología y pasa, últimamente, a Valencia donde obtiene la licenciatura en Sagrada Teología.
En marzo de 1916, es ordenado de Presbítero y el día 23 de abril canta la primera Misa en su parroquia natal, donde fue bautizado, aunque desconozcamos detalles del mismo por haber desaparecido el Archivo Parroquial en la guerra civil.
En el comienzo de su ministerio ejerció de Coadjutor de Fuencaliente y, al poco tiempo, es trasladado a Alcázar de San Juan como Coadjutor de Santa María la Mayor, permaneciendo en ésta doce años. Pasa a Campo de Criptana como Capellán del Asilo y a la vez regenta la Parroquia de Arenales.

Procedía de una familia trabajadora y muy humilde. Esto le da la posibilidad de hacer mucho bien entre los obreros y los pobres de su pueblo. Labor que no impidió fuera perseguido y detenido. Apenas iniciada la persecución religiosa en el mes de julio de 1936, es detenido, previo riguroso registro de su domicilio. El día 26 de julio se le anuncia que podrá volver a su casa (cosa que creyó cándidamente). Nada más traspasar los umbrales de la prisión, desde el interior de la misma le disparan y cae muerto a unos pasos de la puerta. Eran las 10 horas y treinta minutos del día 26 de julio Sus restos reposan en el cementerio de su pueblo natal.

Buen sacerdote, la motivación de la muerte fue precisamente su condición de sacerdote “lo mataron porque era cura”, dicen quienes le conocieron.
Desde esta columna hacemos una llamada a familiares, paisanos y vecinos delos pueblos en los que ejerció el sacerdocio para que nos transmitan testimonios y noticias referentes a D. Victoriano


D. VICENTE BORRELL DOLZ
Párroco de Tomelloso

Vicente Borrell Dolz nace en Valencia el día 22 de enero del año 1876. Su infancia transcurre en un clima austero de familia numerosa, cinco hermanos. Inicia los estudios eclesiásticos en Valencia, y cuando su familia se traslada a Valdepeñas (Ciudad Real) continúa y finaliza brillantemente su formación sacerdotal en el seminario de Ciudad Real. Huérfano de padre, la madre debe atender con mil esfuerzos a sus cinco hijos, el mayor de los cuales es el seminarista. Vicente, ordenado Sacerdote en 1900, se convierte en el padre de sus hermanos y consuelo de su anciana madre. Ejerce el ministerio sacerdotal como coadjutor en Valdepeñas y, vacante la Parroquia de Tomelloso participa en el concurso del año 1913, obtiene la Parroquia de Tomelloso en propiedad y permanece durante 30 años ininterrumpidos en Tomelloso, hasta su muerte. Fue uno de los ocho Párrocos consultores que asesoraban al Sr. Obispo en el gobierno de la Diócesis.
El asesinato de D. Vicente Borrell, el día 16 de agosto de 1936, es uno de los hechos que más se recuerdan todavía en Tomelloso, quizás por la significación de la víctima, por la forma en que ocurrieron los hechos y por la cantidad de personas que, directa o indirectamente, participaron en el mismo. D. Vicente Borrell en años anteriores había tenido problemas que le enfrentaron con el ayuntamiento republicano que pretendía derrumbar una parte de la iglesia parroquial, el “pretil” para ampliar una calle y el párroco se opone.

A este enfrentamiento un acontecimiento desafortunado vino a enturbiar más las relaciones entre el párroco, autoridades y parte de los vecinos: el asunto de "El Pichele". Un joven, al que apodaban así, dirigió un anónimo al párroco exigiendo una determinada cantidad de dinero. El párroco pone en conocimiento del chantaje recibido a la Guardia Civil que decidió tender una trampa al autor del anónimo y detenerle en el lugar donde D. Vicente debía depositar el dinero, cerca del cementerio. Cuando el estafador- "El Pichele" fue a recoger la cantidad exigida, se encontró con la Guardia Civil que le dio el alto sin obedecer intentando escapar. La guardia civil disparó y el “chantajista” herido de gravedad moría unos días después. El pueblo nunca perdonó al párroco la denuncia del anónimo a la Guardia Civil y la muerte de este joven. El carácter de venganza colectiva que tiene esta muerte parece demasiado evidente
Acaeció la revolución y el cura fue detenido. Una entrega de dinero a los dirigentes, le libró del primer encuentro. Huyó de la población y de nuevo fue atrapado, en dramáticas circunstancias. Ya encarcelado, fue humillado, maltratado y herido. El "populacho" apareció y el suplicio del sacerdote inició su ascensión, ya inevitable. Desde la prisión siguió por su calle de amargura, seguido de su anciana madre, implorando misericordia. Aquella multitud sintió la embriaguez de sangre y acaso no faltó quien dejara de mancharse con la del desgraciado anciano. Más de ochenta heridas le fueron contadas en su cuerpo despedazado y las entrañas esparcidas por el suelo. En las paredes del cementerio fue martirizado cruelmente. Al finalizar la guerra civil sus restos fueron trasladados a la parroquia. El relato del asesinato de D. Vicente coincide a grandes rasgos con el que hizo, pocos años después de los acontecimientos, la propia hermana del asesinado, Pilar Borrell (Cf. Francisco J. Navarro Ruiz.: La Segunda República y la Guerra Civil en Tomelloso (1930 1940) B.A.M, Ciudad Real, 2000, pp.182-187).


JAIME EUSEBIO CABAÑERO Y CABAÑERO
Párroco de Puertollano

Nace en Puertollano (Ciudad Real), el día 5 de marzo del año 1873, y bautizado en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción el día 6 del mismo mes, por don Feliciano Muñoz, inscrito con los nombres de Joaquín Eusebio.
Hijo de Juan Bernabé Cabañero y Pascuala Cabañero. Su infancia transcurre en la calle de las Cruces, n. 1, en un ambiente cristiano y de sencillez, a pesar de su buena posición económica; el padre era propietario de bienes rústicos. Habitaba una casa de su propiedad situada en lugar céntrico y se veía siempre frecuentada de pobres
Cursa los estudios eclesiásticos en el Seminario de Ciudad Real y es ordenado sacerdote en 1897. Su ministerio sacerdotal estuvo consagrado siempre a la ciudad minera, donde pasó toda su vida haciendo el bien, metido siempre en la parroquia, como en guardia perenne de celo y apostolado, respetado y admirado de todos.

El 26 de julio de 1936, al día siguiente de la fiesta del Apóstol Santiago, fue obligado a salir de su casa a la que no volvería. Llevaba puesta su sotana, consciente de que iba a la muerte. Lo pasearon, en medio de golpes e insultos y amenazas, a lo largo del céntrico Paseo de San Gregorio, hasta la ermita, ya incendiada y devastada de la Virgen de Gracia, Patrona de Puertollano. Una vez allí, dijo: "Vais a matarme... Pues yo os ruego que sea aquí, cabe las ruinas y a la puerta de la Virgen de Gracia". Y allí murió, de rodillas, con el breviario en la mano y manifestando su amor a la Virgen. A las quince horas y treinta minutos del día 26 de julio de 1936 caía asesinado el segundo de los sacerdotes en la diócesis de Ciudad Real. Sus restos reposan en un nicho familiar en el cementerio de Puertollano.

D. Jaime ha sido y es considerado como un sacerdote muy fiel, caritativo, sencillo y su muerte sólo motivada por ser sacerdote. Desde la Prisión Preventiva de Almodovar del Campo el Párroco de Puertollano, D. Enrique García escribía a D. Gaspar Naranjo Molina, coadjutor de Puertollano librado milagrosamente de la muerte, refiriendose a la muerte de D. Jaime: “...Ya sabe Ud. lo del pobre compañero D. Jaime. ¡Que él interceda por nosotros desde el Cielo, en donde estará seguramente gozando el premio de sus virtudes y de su martirio”.
Desde esta columna hacemos una llamada a cuantas personas le conocieron y trataron que puedan aportar noticias y documentación con el fin de completar el expediente para su pronta beatificación

GABRIEL CAMPILLO SÁNCHEZ DE LA BLANCA
Párroco de Montiel

Nace en San Carlos del Valle (Ciudad Real) el día 18 de marzo de 1886, en el seno de una familia cristiana, recibiendo el bautismo a los dos días de nacer en la Iglesia Parroquial del Santísimo Cristo del Valle. Fueron sus padres Gabriel Campillo Ruiz, practicante de profesión y Elena Sánchez de la Blanca Arroyo. Él era el tercero de nueve hermanos de una familia acomodada.
Cursa estudios de sacerdote en los Seminarios de Ciudad Real y Toledo. Ordenado Presbítero celebra su primera Misa el 7 de julio de 1912 ante el Santísimo Cristo del Valle, Patrono de San Carlos del Valle. Es enviado primeramente a Valverde como cura propio. El año 1919 ya es cura de Montiel por permuta con don Agustín Moreno Luján.

Corno párroco de Montiel (Ciudad Real), se distinguió no sólo por su preocupación religiosa y la restauración del templo parroquial que estaba en ruinas cuando él llegó, esforzándose además por socorrer a los más necesitados y por dotar al pueblo de escuelas, cementerio, fábrica de luz y aguas, y por urbanizarlo; así como por colaborar en conseguir toda clase de beneficios y resolver las diversas necesidades del pueblo, así fue como ayudó a hacer una fábrica de harinas y a extinguir la plaga de langosta, creó una banda de música y un grupo de teatro, además contribuyó a la creación de centenares de bibliotecas públicas en toda España, por lo que en su día fue merecedor de los aplausos y menciones honoríficas de los organismos públicos y oficiales. D. Gabriel fue un sacerdote celoso por el bien espiritual y material de su pueblo.
A pesar de tantos y reconocidos méritos por los incontables bienes aportados al pueblo, al iniciarse la Guerra Civil fue objeto de persecución y tiene que refugiarse en su pueblo natal, San Carlos del Valle, los paisanos de Montiel en un gesto de gratitud le ayudan a trasladar a su pueblo todas sus pertenencias. En San Carlos del Valle es acogido por sus padres y hermanos, pero el 18 de noviembre de 1936 vienen a por él por segunda vez milicianos de Montiel y esta vez consiguen llevárselo enfermo y con fiebre, tras encerrar a sus hermanos para que no se opusieran a su marcha. Le amenazaron con matar a sus hermanos si no se entregaba y é se entregó tranquilizando a sus padres “ A mis hermanos no les pasará nada. Ellos tienen sus hijos. Me buscan a mí.” Del lecho y de los brazos de sus padres fue arrancado violentamente y llevado a Montiel. Durante dos días le ocasionan los sufrimientos más horrorosos y despiadados, tras el cruel martirio fue asesinado de seis tiros de pistola en la cabeza el 20 de noviembre de 1936
Sus restos mortales trasladados para recibí cristiana sepultura el 16 de octubre de 1939 en Montiel al cementerio de San Carlos del Valle. El día 6 de diciembre del año 1964, por orden del Sr. Obispo D. Emeterio Echevarria fueron trasladados a la iglesia parroquial de Santísimo Cristo del Valle.
Desde su muerte fue reconocida la fama de mártir y perdura en la actualidad tanto en Montiel como en San Carlos del Valle.

Biografía elaborada por Teresa Campillo Campillo


RAMÓN CAMPILLO VILLENA
Coadjutor de Santa María de Daimiel

Nace en 1888 en el seno de una familia acomodada de La Solana, su padre era médico, y muy cristiana, pues algún hermano más fue seminarista. El 1900 comienza los estudios eclesiásticos en el seminario de Ciudad Real y, aprobado el primer cursó, pasa a continuar los estudios en Toledo, donde ingresó en los Operarios Diocesanos, que completaron su formación en Burgos, donde cantó Misa en 1911. Durante cuatro años, fue Vicerrector de Valladolid. Finalmente, por circunstancias familiares, se vio obligado a dejar a los Operarios y volver a nuestra Diócesis. En su pueblo natal ejerce algún tiempo la Capellanía del Convento de las Dominicas. Pasa a Ecónomo de Alhambra y, sucesivamente, Coadjutor en Campo de Criptana ; Cura de Cózar y, por fin, Coadjutor de Santa María de Daimiel donde le sorprende la persecución religiosa en julio del año 1936..l
Por motivos de seguridad sus hermanos le invitan a ir a La Solana y no aceptó, ya que ellos "tenían hijos" y su presencia podría comprometerles, decía. Permanece en Daimiel acogido en casa de los señores de Herrero hasta que una criada lo delata y es apresado. La madrugada del 18 de noviembre del 1936 es asesinado en las tapias del cementerio. El coche que le lleva al cementerio era conducido por un joven daimieleño de muy honorable familia y entrañable amigo suyo en días mejores.
En octubre de 1939 al ser exhumados los restos para proceder a trasladarlos a su pueblo natal donde reposan se aprecia que el cadáver fue enterrado desnudo y descalzo.
Por los escasos testimonios escuchados y conociendo el talante de la persecución religiosa en Daimiel, la opinión común es que ejerció siempre el ministerio con ejemplaridad y la motivación de la muerte fue por ser sacerdote.

EMILIANO CAMPILLOS RÁEZ
Capellán de Las Mínimas de Daimiel

Emiliano nace en Daimiel el día 18 de septiembre del año 1897. Fueron sus padres José Joaquín Campillos Fernández de Silva y María Teresa Raez de la Zarza. Bautizado el día 22 de septiembre en la parroquia de Santa María. Cursa los estudios eclesiásticos en el Seminario de Ciudad Real, es ordenado sacerdote el 20 de junio de 1920 junto con D. Antonio Martínez Giménez, natural de Terrinches y D. Rosario de Lope Castellanos, natural de Villanueva de los Infantes, por el Excmo Sr. D. Javier Irastorza, Obispo Prior de las Órdenes Militares y celebra su primera Misa el día 24 de junio del año 1920 en la parroquia donde fue bautizado.
Ordenado sacerdote fue nombrado secretario del Sr. Obispo (julio de1920); en octubre de 1922 pasa a Daimiel como Coadjutor de Santa María la Mayor; posteriormente, el 15 de febrero de 1929 de cura ecónomo a Torralba de Calatrava; y en diciembre de 1933 es nombrado Capellán de las monjas Carmelitas de Daimiel. A su vez daba clases de Latín y de Ética en la Academia de 2ª Enseñanza de Daimiel.
En compañía de su madre y sus hermanas transcurre su vida de sacerdote en la calle Jesús n.1 de Daimiel, dedicado a su ministerio y a la familia y con un comportamiento correctísimo. Expulsada toda la familia de la casa en que vivían se refugia junto con su madre y hermanas en casa del otro hermano Juan Francisco, y permanece escondido en la calle Maestro Baeza n.3, propiedad del mismo. Por esos días llega el Padre de la Compañía de Jesús D. Manuel González huyendo de Ciudad Real y pide ayuda y asilo. Es bien recibido y los dos sacerdotes permanecen escondidos en la misma casa de Juan Francisco. Ahí celebran diariamente la Santa Misa.

Los milicianos de Daimiel, que buscan a ambos sacerdotes, apresan a Juan Francisco para que denuncie el paradero de éstos a lo que se resiste, a pesar de los malos tratos y palizas, que dejarían huellas y lesiones para el resto de su vida. Al enterarse de la situación en la que se encontraba Juan Francisco, ambos sacerdotes salen del escondite y se presentan en el Ayuntamiento de Daimiel diciendo:"suelten a mi hermano que es un padre de familia. Es inocente y de mí hagan lo que quieran". Era el día 17 de agosto de 1936 y el 21 fue asesinado en el lugar conocido por el “Carrerón” . Su hermana Matilde recogió en el Ayuntamiento los enseres del hermano sacerdote: el reloj, un crucifijo y una servilleta.
El cadáver es recogido por la Cruz Roja el mismo día en un majuelo al lado de la carretera que de Daimiel lleva a Manzanares. D. Emiliano muere abrazado a su crucifijo; el mismo que su hermana Matilde recogería en el Ayuntamiento de Daimiel. El 29 de mayo de 1960 los restos mortales fueron inhumados en el Valle de los Caídos.

Tomado de: www.persecucionreligiosa.es/


jueves, 15 de abril de 2010

LA PROFECÍA DE LOS PAPAS

Enuncia 112 lemas correspondientes a otros tantos Papas hasta el fin del mundo. La finalidad pretendida por Dios al inspirar esta profecía no se ve pueda ser otra que dar una señal de la proximidad del fin del mundo. Y sólo quedan dos Papas: 111, De gloria olivae (de la gloria del olivo, símbolo de paz y del poder judío) y 112, Pedro Romano.

La Profecía de los Papas atribuida a S. Malaquías, y publicada por el historiador benedictino Arnold Wion (nacido en 1554 en los Países Bajos, vivió en Padua) en su líbro Lignum vitae (“Árbol de vida”, Venecia, 1595, en que al historiar los personajes de su orden, en la biografía de S. Malaquías, arzobispo de Armagh, Irlanda, 1143, incluye esta profecía), no hay ninguna razón seria para suponer sea superchería, ni por la concisión histórica con que se cita, ni por la seriedad científica del autor (¿y quién iba a tener la humorada e imaginación de enunciar 112 lemas de Papas, sin más, desde Celestino II, 1143-4, hasta el fin del mundo?). Numerosos investigadores que la han estudiado a fondo no dudan de su veracidad, incluso el racionalista Harnack (el trabajo más completo: J. M. Igartua, S. J. cfr. Introducción a la bibliografía). Pero la prueba definitiva de su autenticidad son los, de otra forma inexplicables, aciertos después de su publicación (prescindiendo de quien fue su autor y del año en que se compuso). Así: 83 Montium gustos (Guardián de los montes): Alejandro VII, 1655-67, en su escudo una estrella sobre seis montes; 84, Sides olorum (Estrella de los cisnes): Clemente IX, 1667-69, de Pistoya, por donde pasa el río Estrella y en el cónclave ocupó la celda llamada de los cisnes; 85 Deflumine magno (Del gran río): Clemente X 1670-76, romano, salvado de una inundación del Tíber cuando las aguas ya rodeaban su casa; 88, Rastrum in porta (Rastrillo de la puerta). Inocencio XII, 1691-1700 de la familia Pignatelli del Rastrillo, justo a la puerta de Nápoles (en su escudo el rastrillo con que se cerraban las puertas de la muralla); 94, Rosa Umbriae (Rosa de Umbría): Clemente XIII, 1758-69, había sido gobernador de Rieti, ciudad de la Umbría, cuyo símbolo es una rosa; 95 Ursus velox (Oso veloz): Clemente XIV, 1769-74, en su escudo un oso corriendo; 96, Peregrinus apostolicus (Peregrino apostólico): Pío VI, 1775-99 fue a Viena para tratar con José II; 97, Aquilá rapax (Aguila rapaz): Pío VII, 1800-23, arrebatado por Napoleón, que cuando lo coronó puso el águila en su escudo; 100, De Balneis Etruriae (de los baños de Etruria): Gregorio XVI, 1831-46, de la orden Camaldunense, fundada por San Romualdo en los Baños de Etruria; 101, Crux de Cruce (Cruz de la Cruz): Pío IX, 1846-78, le hizo sufrir mucho la casa de Saboya, con una cruz en su escudo; 107, Pastor et Nauta (Pastor y navegante): Juan XXIII, 1958-63, patriarca de Venecia, su vehículo allí era una nave; 108, Flos florum (Flor de las flores): Pablo VI 1963-78 en su escudo la flor de lis, flor de las flores por ser el emblema de Israel (Os. 14,6) y de la casa real francesa; 109, De medietate lunae (De la media luna): Juan Pablo I, 1978, elegido exactamente en la media luna –cuarto menguante-, dura hasta la otra media luna (también otras relaciones con la luna: de la diócesis de Belluno –luna llena-, y nació, fue ordenado, elegido obispo y patriarca, siempre en el cuarto creciente); 110, De labore solis (De la debilidad del sol): Juan Pablo II, 1978…, de Polonia, de sol débil, y cuando la Iglesia (=sol) está más débil. Bastaría correr un número la lista de Papas para que desaparecieran tan admirables concordancias, y otras, que es absurdo atribuirlas a la casualidad

Nota de Apostolado Eucarístico:
El lema 111, De gloria olivae (de la gloria del olivo) pertenece al actual Papa Benedicto XVI.

Tomado del libro: EL TIEMPO QUE SE APROXIMA,
del Padre José luis de Urrutia, S.J. Edición de 1983.

miércoles, 14 de abril de 2010

MÁRTIRES DE LA DIÓCESIS DE CIUDAD REAL

BEATO MONS. NARCISO DE ESTENAGA y ECHEVARRÍA
(Obispo de Ciudad Real)

El Beato Narciso Estenaga nació en Logroño el 29 de octubre de 1882 y Fue bautizado el 1 de noviembre, Muy niño todavía, quedó huérfa­no de padre y madre y fue acogido por perso­nas caritativas que lo llevaron a Vitoria. El sa­cerdote D. Joaquín Lamadrid, mártir tam­bién en 1936, había fundado en Toledo un colegio para niños huérfanos o pobres, y llevó a este centro al pequeño Narciso, al que había tenido ocasión de conocer quedando impresionado por su vivacidad de inteligencia. Bajo la sabia orien­tación de este sacerdote, inició los estudios de carrera eclesiástica en el seminario de Toledo, que culminó con su graduación en su ordenación sacerdotal en 1907.Dadas las cualidades excepcionales que le adornaban, pronto fue nombrado canónigo de la catedral primada. El 20 de noviembre de 1922 fue elegido obispo de Ciudad Real, donde hizo su ­ entrada el 12 de agosto de 1923.Verdadero hombre de espíritu, que transmitía con sus obras y palabras, la actividad del nuevo prelado se extendió a todos los campos.Cuando la situación se complicó, sobre todo a mediados de julio de 1936, y peligraban las personas de Iglesia, algunos amigos ofrecieron, al Sr. Obispo y a su familiar la posibilidad de ponerse a salvo abandonando la diócesis, lo que no aceptaron. Como diría el Prelado: “mi puesto está aquí”. Nuevamente el día 26 ó 27 les ofrecieron la posibilidad de librarse, y su respuesta fue la misma: «aquí está mi puesto”. El 5 de agosto un grupo de milicianos armados asaltaron el obispado, donde él residía, y empezaron un registro meticuloso. El Sr. Obispo defendió el Sagrario de una profanación inminente. En un momento dado amenazaron con matar al Prelado, quien, de rodillas, les dijo: “matadme”. Pero no lo hicieron. El día 12 de agosto los echaron fuera del obispado y los acogió una familia amiga, con quien permanecieron hasta el día 22. Ese día los milicianos asaltaron la casa y se llevaron al Sr. Obispo y a su secretario, que no opusieron la menor resistencia. Los condujeron por el camino de Peralvillo Bajo, hacia el río, donde los asesinaron disparándoles. D. Narciso tenía 53 años. Al día siguiente sus cadáveres fueron vistos por un testigo, que los reconoció. Llevados al depósito del cementerio, los colocaron en dos sencillas cajas de madera y los trasportaron a la sepultura del Cabildo, donde fueron enterrados. El 10 de mayo de 1940 el cadáver de D. Narciso fue sepultado en la catedral.

Tomado de: www.persecucionreligiosa.es/

martes, 13 de abril de 2010

domingo, 11 de abril de 2010

EL INFIERNO DE SOR JOSEFA MENÉNDEZ


Jesucristo se le apareció a menudo durante los años 1921-22 y 23 a la hermana Josefa Menéndez, una monja de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.

Sus Memorias están publicadas en un libro de más de 500 páginas titulado: el Camino del Amor Divino.

En este Libro se explica el empeño de Jesús en salvar nuestras almas por el encuentro con Su amor antes de “la aproximación de los últimos días del mundo”.

En la vida de Sor Josefa tuvo lugar un fenómeno muy raro en la vida de los santos: conocer en carne propia los sufrimientos del infierno. Dios permitió al diablo que la bajase hasta el infierno. Allá, pasa largas horas, algunas veces una noche entera, en una indescriptible agonía. A pesar de que fue llevada al infierno más de un centenar de veces, a ella le parece que cada vez es la primera, y cada una le semeja tan larga como una eternidad. Soporta todas las torturas del infierno, con una sola excepción: el odio a Dios. No fue el menor de estos tormentos oír las estériles confesiones de los condenados, sus gritos de odio, de dolor y de desesperación.

A pesar de todo, cuando tras una larga espera vuelve a la vida, destrozada y agotada, con su cuerpo agonizante por el dolor, ella no se fija en el sufrimiento, por muy severo que sea, si con ello consigue salvar un alma de aquella espeluznante caverna de tormentos. A medida que empieza a respirar mejor, su corazón estalla de alegría al saber que aún puede amar al Señor.

Sor Josefa escribe con gran reticencia sobre el tema del infierno. Ella lo hizo solamente para conformar los benditos deseos de Nuestro Señor.

Nuestra Señora le dijo el 25 de octubre de 1922:

“Todo lo que Jesús te da a ver y a sufrir de los tormentos del infierno es para que puedas hacerlos conocer al mundo. Por lo tanto, olvídate enteramente de ti misma, y piensa en la gloria de la salvación de las almas.”

Ella repetidamente testifica sobre el mayor tormento del infierno:

“Una de estas almas condenadas gritó con desesperación: “Esta es mi tortura… que deseo amar, y no puedo hacerlo; no hay nada que salga de mi excepto odio y desesperación. Si uno de nosotros pudiese hacer tanto como un simple acto de amor… esto ya no sería el infierno, pero no podemos. Vivimos en el odio y la malevolencia.” (23 de marzo 1922)

Otro de estos desgraciados dijo:

“El mayor de estos tormentos aquí es que no podemos amar a Dios. Mientras tenemos hambre de amor, estamos consumidos con el deseo de Él, pero ya es demasiado tarde.”

Ella registra también las acusaciones hechas contra si mismos por estas infelices almas:

“Algunos gimen a causa del fuego que quema sus manos. Quizás ellos eran ladrones, porque dicen: “¿Donde está nuestro botín ahora?… Malditas manos… ¿Por qué deseé poseer lo que no era mío… y que en cualquier caso, sólo podría haber poseído por unos pocos días?”

Otros maldicen sus lenguas, sus ojos… cualquiera miembro que fuese la ocasión con la que pecaron… “¡Ahora, oh cuerpo, estás pagando el precio de los placeres con que te regalaste a ti mismo!… ¡¡¡Y todo ello lo hiciste por tu propia y libre voluntad…!!!.” (2 de abril 1922)

“Me pareció que la mayoría se acusaba a sí mismos de pecados de impureza, de robo, de comercio fraudulento; y la mayor parte de los condenados están en el infierno por estos pecados.” (6 de Abril de 1922).

“Algunos acusan a otras personas, otros a las circunstancias, y todos maldicen las ocasiones de su condenación.” (Septiembre de 1922).


“Vi a mucha gente del mundo terrenal caer dentro del infierno, y ahora las palabras no pueden describir ni por asomo sus horribles y espantosos gritos: ‘Condenado para siempre… Yo me engañaba a mi mismo… Estoy perdido… ESTOY AQUÍ PARA SIEMPRE JAMÁS’.”

“Hoy vi un vasto número de gente caer dentro del ardiente abismo… Parecían unos vividores acostumbrados a los placeres del mundo, y un demonio gritó con estruendo: “El mundo está maduro para mí… Yo sé que la mejor manera de conseguir el control de las almas es acrecentar su deseo por la diversión y el disfrute de los placeres… “Ponme a mí en primer lugar…”; “Yo antes que los demás…”; “Y sobre todo nada de humildad para mí, sino que déjame disfrutar a mis anchas…”. Esta clase de palabras asegura mi victoria… y ellos mismos se lanzan en multitudes al fondo del infierno”.” (4 de octubre de 1922)

“Hoy”, escribe Josefa, “no bajé al infierno, sino que fui transportada a un lugar donde todo estaba oscuro, pero en el centro había un enorme y espantoso fuego rojo. Me dejaron inmóvil y no podía hacer ni el más mínimo movimiento. Alrededor de mí había siete u ocho personas, sus cuerpos negros estaban desnudos, y yo podía verlos sólo por los reflejos del fuego.

Estaban sentados y hablaban.

“Un diablo dijo a otro:

“Tenemos que ser muy cuidadosos para que no nos perciban. Podríamos ser fácilmente descubiertos”.

“El diablo respondió:

“Insinuaos procurando que el descuido y la negligencia se apoderen de ellos, pero manteniéndoos en la sombra, para que no os descubran… gradualmente, ellos se volverán más y más descuidados, indiferentes al bien y al mal, sin ningún tipo de compasión ni amor, y vosotros seréis capaces de inclinarlos hacia el mal. Tentad a estos otros con la ambición, con el amor por sí mismos, que no busquen nada más que su propio interés, CON ADQUIRIR RIQUEZAS SIN TRABAJAR… de forma legal o no. Excitad a aquellos otros hacia la sensualidad y el amor al placer. Dejad que el vicio los ciegue”.”(Aquí usaron palabras obscenas)

“Y con el resto… explorad sus corazones… así conoceréis sus inclinaciones… haced que amen apasionadamente… Actuad sin ningún escrúpulo… no descanséis… no tengáis piedad… El mundo debe ir hacia la condenación… y que las almas no se me escapen.

De vez en cuando, los discípulos de Satán respondían: “Somos tus esclavos… trabajaremos sin descanso. Sí, muchos luchan contra nosotros, pero trabajaremos noche y día. ¡Conocemos tu poder!”

Hablaban todos a la vez, y el que yo entendí que era Satán usaba palabras espantosas. En la distancia, pude oír un bullicio de fiesta, el tintileo de las copas, y gritó:

¡Dejad que ellos mismos se junten en sus comidas! Eso lo pondrá todo más fácil para nosotros. Dejadlos que vayan a sus banquetes. El amor al placer es la puerta por la que vosotros os apoderaréis de ellos… Y esas almas ya no serán capaces de escapar de mí”.”

Añadió cosas tan horribles que nunca podrían ser escritas ni dichas. Luego, como sumergidos en un remolino de humo, se desvanecieron. (3 de febrero de 1923)

El demonio gritaba rabiosamente por un alma que se le escapaba:

“Llenad su alma de miedo, llevadla a la desesperación. ¡Si ella pone su confianza en la misericordia de ese… (aquí usó palabras blasfemas contra Nuestro Señor). todo estará perdido! Pero no; llevadla a la desesperación, no la dejéis ni por un instante, por encima de todo, haced que se desespere…”

Entonces el infierno resonó con gritos frenéticos, y cuando finalmente el diablo me arrojó fuera del abismo, se fue amenazándome.

Entre otras cosas, decía: “¿Es posible que tales enclenques criaturas tengan más poder que yo, que soy tan poderoso?… Debo enmascarar mi presencia, trabajar en la sombra, cualquier esquina será buena para tentarlos… susurrando a un oído… en las hojas de un libro… debajo de una cama… Algunas almas no me prestan atención, pero hablaré y hablaré, y a fuerza de hablar, alguna palabra quedará… ¡Sí, debo ocultarme en lugares en los que no pueda ser descubierto!” (7, 8 febrero de 1923)

Josefa, en su retorno desde el infierno, notó lo siguiente:

“Vi varias almas caer dentro del infierno, y entre ellas estaba una niña de quince años, maldiciendo a sus padres por no haberle hablado del temor de Dios ni por haberla avisado de que existía un lugar como el infierno. Su vida fue muy corta, decía ella, pero llena de pecado, porque ella le concedió hasta el límite todo lo que su cuerpo y sus pasiones le pedían en el camino de su autosatisfacción, especialmente había leído malos libros.” (22 de marzo de 1923)

“Los ruidos de confusión y blasfemias no cesan ni por un sólo instante. Un nauseabundo olor asfixia y corrompe todo; es como el quemarse de la carne putrefacta, mezclado con alquitrán y azufre… una mezcla a la que nada en la Tierra puede ser comparable”. (4 de septiembre de 1922).

Otra vez, escribe: “Las almas estaban maldiciendo la vocación que habían recibido, pero no seguido… la vocación que habían perdido, porque no tenían la voluntad de vivir una vida oculta y mortificada…” (18 de marzo de 1922)

“La noche del miércoles al jueves 16 de marzo, serían las diez, empecé a sentir como los días anteriores ese ruido tan tremendo de cadenas y gritos.

En seguida me levanté, me vestí y me puse en el suelo de rodillas. Estaba llena de miedo. El ruido seguía; salí del dormitorio sin saber a dónde ir ni qué hacer. Entré un momento en la celda de Nuestra Beata Madre… Después volví al dormitorio y siempre el mismo ruido. Sería algo más de las doce cuando de repente vi delante de mí al demonio que decía: “atadle los pies… atadle las manos”. Perdí conocimiento de dónde estaba y sentí que me ataban fuertemente, que tiraban de mí, arrastrándome. Otras voces decían: “No son los pies los que hay que atarle… es el corazón”. Y el diablo contestó; ese no es mío. Me parece que me arrastraron por un camino muy largo.

Empecé a oír muchos gritos, y en seguida me encontré en un pasillo muy estrecho. En la pared hay como unos nichos, de donde sale mucho humo pero sin llama, y muy mal olor. Yo no puedo decir lo que se oye, toda clase de blasfemias y de palabras impuras y terribles. Unos maldicen su cuerpo… otros maldicen a su padre o madre… otros se reprochan a ellos mismos el no haber aprovechado tal ocasión o tal luz para abandonar el pecado. En fin, es una confusión tremenda de gritos de rabia y desesperación.

Pasé por un pasillo que no tenía fin, y luego, dándome un golpe en el estómago, que me hizo como doblarme y encogerme, me metieron en uno de aquellos nichos, donde parecía que me apretaban con planchas encendidas y como que me pasaban agujas muy gordas por el cuerpo, que me abrasaban. En frente de mí y cerca, tenía almas que me maldecían y blasfemaban. Es lo que más me hizo sufrir… pero lo que no tiene comparación con ningún tormento es la angustia que siente el alma, viéndose apartada de Dios.

“Me pareció que pasé muchos años en este infierno, aunque sólo fueron seis o siete horas… Luego sentí que tiraban otra vez de mí, y después de ponerme en un sitio muy oscuro, el demonio, dándome como una patada me dejó libre. No puedo decir lo que sintió mi alma cuando me di cuenta de que estaba viva y que todavía podía amar a Dios.

“Para poderme librar de este infierno y aunque soy tan miedosa para sufrir, yo no sé a qué estoy dispuesta.

Veo con mucha claridad que todo lo del mundo no es nada en comparación del dolor del alma que no puede amar, porque allí no se respira más que odio y deseo de la perdición de las almas”.(…)

“Cuando entro en el infierno, oigo como unos gritos de rabia y de alegría, porque hay un alma más que participa de sus tormentos. No me acuerdo entonces de haber estado allí otras veces, sino que me parece que es la primera vez. También creo que ha de ser para toda la eternidad y eso me hace sufrir mucho, porque recuerdo que conocía y amaba a Dios, que estaba en la Religión, que me ha concedido muchas gracias y muchos medios para salvarme… ¿Qué he hecho para perder tanto bien…? ¿Cómo he sido tan ciega…? ¡Y ya no hay remedio…! También me acuerdo de mis Comuniones, de que era novicia, pero lo que más me atormenta es que amaba a Nuestro Señor muchísimo… Lo conocía y era todo mi tesoro…

No vivía sino para Él… ¿Cómo ahora podré vivir sin Él…? Sin amarlo.., oyendo siempre estas blasfemias y este odio… siento que el alma se oprime y se ahoga… Yo no sé explicarlo bien porque es imposible”.

Más de una vez presencia la lucha encarnizada del demonio para arrebatar a la misericordia divina tal o cual alma que ya creía suya. Entonces los padecimientos de Josefa entran, a lo que parece, en los planes de Dios, como rescate de estas pobres almas, que le deberán la última y definitiva victoria, en el instante de la muerte.

Era tremenda la confusión que había de gritos y de blasfemias. Luego oí que decía furioso: ¡No importa! Aún me quedan dos… Quitadles la confianza… Yo comprendí que se le había escapado una, que había ya pasado a la eternidad, porque gritaba: Pronto… De prisa… Que estas dos no se escapen… Tomadlas, que se desesperen… Pronto, que se nos van.

“En seguida, con un rechinar de dientes y una rabia que no se puede decir, yo sentía esos gritos tremendos:

¡Oh poder de Dios que tienen más fuerza que yo…! ¡Todavía tengo una.., y no dejaré que se la lleve…! El infierno todo ya no fue más que un grito de desesperación, con un desorden muy grande y los diablos chillaban y se quejaban y blasfemaban horriblemente.

Yo conocí con esto que las almas se habían salvado. Mi corazón saltó de alegría, pero me veía imposibilitada para hacer un acto de amor. Aún siento en el alma necesidad de amar… No siento odio hacia Dios como estas otras almas, y cuando oigo que maldicen y blasfeman, me causa mucha pena; no sé qué sufriría para evitar que Nuestro Señor sea injuriado y ofendido. Lo que me apura es que pasando el tiempo seré como los otros. Esto me hace sufrir mucho, porque me acuerdo todavía que amaba a Nuestro Señor y que Él era muy bueno conmigo. Siento mucho tormento, sobre todo estos últimos días. Es como si me entrase por la garganta un río de fuego que pasa por todo el cuerpo, y unido al dolor que he dicho antes. Como si me apretasen por detrás y por delante con planchas encendidas…

No sé decir lo que sufro… es tremendo tanto dolor… Parece que los ojos se salen de su sitio y como si tirasen para arrancarlos… Los nervios se ponen muy tirantes. El cuerpo está como doblado, no se puede mover ni un dedo…

El olor que hay tan malo, no se puede respirar, pero todo esto no es nada en comparación del alma, que conociendo la bondad de Dios, se ve obligada a odiarle y, sobre todo, si le ha conocido y amado, sufre mucho más…”.

Josefa despedía este hedor intolerable siempre que volvía de una de sus visitas al infierno o cuando la arrebataba y atormentaba el demonio: olor de azufre, de carnes podridas y quemadas que, según fidedignos testigos, se percibía sensiblemente durante un cuarto de hora y a veces media hora; Y cuya desagradable impresión conservaba ella misma mucho más tiempo todavía.

“Oí a un demonio, del cual había escapado un alma, forzado a confesar su impotencia. ‘Desconcertante… ¿cómo pueden hacer para que se me escapen tantas? Eran mías’ (y enumeró sus pecados)… ‘Trabajé muy duramente, y aún así se escaparon entre mis dedos… Alguien debe estar sufriendo y reparando por ellos.’ (15 de enero de 1923).

Aquí está, finalmente, el texto completo de las notas de sor Josefa sobre “El infierno de las almas consagradas”. (Biografía: Capítulo VII, 4 de septiembre de 1922).

“La meditación del día fue sobre el Juicio Particular de las almas religiosas. Yo no podía liberar mi mente de este pensamiento, a pesar de la opresión que sentía. De pronto, me sentí rodeada y oprimida por un gran peso, de tal forma que en un instante, vi más claramente que nunca antes lo maravillosa que es la santidad de Dios y Su aborrecimiento del pecado.

“Vi en un instante mi vida entera, desde mi primera confesión hasta este día. Todo me fue vívidamente presentado: mis pecados, las gracias que recibí, el día que entré en religión, mis vestidos de novicia, mis primeros votos, mis lecturas espirituales, mis tiempos de oración, los avisos que me fueron dados, y todas las ayudas de la vida religiosa. Imposible describir la confusión y la vergüenza que una alma siente en ese momento, cuando se da cuenta: ‘todo está perdido, y estoy condenada para siempre.’”

Como en sus anteriores descensos al infierno, sor Josefa nunca se acusaba a sí misma de ningún pecado específico que pudiera haberla conducido a tal calamidad. Nuestro Señor había proyectado únicamente que ella sintiera las consecuencias, si hubiera merecido tal castigo. Sor Josefa escribió:

“Instantáneamente, me encontré a mí misma en el infierno, pero no arrastrada allí como antes. El alma se precipita allí ella misma, como si fuera para esconderse de Dios y así ser libre de odiarlo y maldecirlo.

“Mi alma se precipitó en las profundidades abismales, cuyo fondo no puede ser visto, porque es inmenso… al mismo tiempo que oí a otras almas riéndose y alegrándose de verme compartir sus tormentos. Fue martirio suficiente oír las terribles imprecaciones provenientes de todas partes, pero que no puede ser comparado con la sed de lanzar maldiciones que se apodera de las almas, y cuanto más se maldice, más se desea maldecir y más aumenta esta sed. Nunca había sentido lo mismo antes. Las últimas veces mi alma había sido oprimida de angustia al oír estas horribles blasfemias, a pesar de ser completamente incapaz de producir ni un solo acto de amor. Pero hoy fue de otra manera.

“Vi el infierno como siempre antes, los largos corredores oscuros, las cavidades, las llamas… Oí las mismas blasfemias e imprecaciones, porque - y de esto he escrito ya antes - a pesar de que no eran visibles formas corporales, los tormentos se sentían como si estuvieran presentes, y las almas se reconocen las unas a las otras. Una dijo: ‘Hola, ¿tú por aquí? ¿Y estás tú como nosotros? Nosotros éramos libres de tomar esos votos o no… ¡pero no!’

Y maldecían sus votos.

Algunas almas maldecían la vocación que habían recibido, y a la que no habían correspondido… la vocación que habían perdido porque no habían querido vivir humildes y mortificados…

En una ocasión, cuando estaba en el infierno, vi un gran número de sacerdotes, religiosos y monjas, maldiciendo sus votos, sus órdenes, a sus superiores y a todo aquello que les había dado la Luz y la gracia que habían perdido.

Vi también a algunos prelados. Uno se acusaba a sí mismo de haber utilizado ilícitamente los bienes pertenecientes a la Iglesia. (28 de septiembre de 1922)

Los sacerdotes lanzaban maldiciones contra sus lenguas, las cuales habían consagrado; contra sus dedos, que habían portado el sagrado Cuerpo de Nuestro Señor; contra las absoluciones que habían concedido; mientras ellos estaban perdiendo sus propias almas; y contra la ocasión por la cual habían caído en el infierno. (6 de abril de 1922)

Un sacerdote decía: “trago veneno porque usé dinero que no era mío… el dinero que me daban por las misas que no ofrecí”.

Otro decía que había pertenecido a una sociedad secreta que había traicionado a la Iglesia y a la religión. Y que había sido sobornado para cometer toda clase de terribles profanaciones y sacrilegios.

Y otro más decía que había sido condenado por asistir a diversiones obscenas, tras las cuales no debería haber celebrado la Misa… y que él había pasado unos siete años así.

“Todo esto lo sentí como antes, y a pesar de que estas torturas eran terroríficas, serían soportables si el alma estuviera en paz. Pero sufre indescriptiblemente. Hasta ahora, cuando bajaba al infierno, pensaba que había sido condenada por abandonar la vida religiosa. Pero esta vez fue diferente. Portaba una marca especial, un signo de que yo era una religiosa, un alma que había conocido y amado a Dios, y había otros que portaban el mismo signo. No puedo decir como lo reconocí, quizás en la manera especial de insultarlos con que los trataban los espíritus malvados y otras almas condenadas. También había muchos sacerdotes allí. Este sufrimiento particular no soy capaz de explicarlo. Era mucho más diferente del que había experimentado en otras ocasiones, porque si las almas de esos que vivieron en el mundo sufren terriblemente, infinitamente peor son los tormentos de los religiosos. Incesantemente, las tres palabras, Pobreza, Castidad y Obediencia, son impresas sobre el alma con punzante remordimiento.

“Pobreza: ¡eras libre y lo prometiste! ¿Por qué, entonces, buscaste aquella comodidad? ¿Por qué tomaste aquella cosa que no te pertenecía? ¿Por qué diste ese placer a tu cuerpo? ¿Por qué te permitiste disponer de la propiedad de la comunidad? ¿No sabías que ya no tenías el derecho de poseer nada, que habías renunciado libremente al uso de esas cosas?… ¿Por qué murmurabas cuando no había nada para ti, o cuando te imaginabas peor tratado que los otros? ¿Por qué?

“Castidad: tu mismo hiciste ese voto libremente y con pleno conocimiento de sus implicaciones… te obligaste a ti mismo… lo querías… ¿y cómo lo has observado? Siendo así, ¿por qué no permaneciste donde habría sido lícito para ti concederte placeres y alegría?

“Y el alma torturada responde: ‘Si, hice esos votos; era libre… habría podido no hacer el voto, pero lo hice y era libre…’ ¿Qué palabras pueden expresar el martirio de tal remordimiento?” escribe sor Josefa, “y todo el tiempo las imprecaciones e insultos de otras almas condenadas continúan.

“Obediencia: ¿no te comprometiste completamente a obedecer la Regla y a tus Superiores? ¿Por qué, entonces, juzgabas las órdenes que te eran dadas? ¿Por qué desobedecías la Regla? ¿Por qué te dispensabas de la vida comunitaria? Recuerda qué dulce era la Regla… y no la guardaste… y ahora,” gritan voces satánicas, “tienes que obedecernos a nosotros no sólo por un día o un año, o un siglo, sino por siempre jamás, por toda la eternidad…. Es tu propia obra… eras libre.

“El alma constantemente recuerda como había elegido para sí a Dios como su Esposo, y que una vez Lo amara sobre todas las cosas… que por Él había renunciado a los más legítimos placeres y a todo lo que consideraba más querido en la tierra, que en el comienzo de su vida religiosa había sentido toda la pureza, dulzura y fuerza de este Amor divino, y que por una pasión desordenada… ahora debe odiar eternamente al Dios que había elegido para amar.

“Este odio forzado es un tormento devorador que consume el alma, ninguna alegría del pasado puede aportar ni el más mínimo alivio.

“Uno de sus mayores tormentos es la vergüenza”, añade sor Josefa. “Le parece que todos los condenados de su alrededor se burlan continuamente de ella diciendo: ‘Que se perdiera quien nunca tuvo las ayudas de las que tú disfrutaste no sería una sorpresa… pero tú… ¿de qué careciste? Tú, que vivías en el palacio del Rey… que festejabas en la mesa de los elegidos.’

“Todo lo que he escrito,” concluye, “no es más que una sombra de lo que el alma sufre, porque las palabras no pueden expresar tan espantosos tormentos.” (4 de septiembre de 1922).


Sor Josefa Menéndez