jueves, 29 de octubre de 2026

La Omnipotencia Suplicante de la Santísima Virgen María

 


1.° Sus fundamentos. — Más de una vez habrá brotado de nuestros labios y de nuestro corazón este título con que es llamada la Santísima Virgen... ¡La Omnipotencia Suplicante!... y este título debe servir para consolidar siempre nuestra confianza en la Santísima Virgen. — Porque aquí aparece la Virgen como Reina verdaderamente soberana y poderosa, que dispone de todo... y exclusivamente en favor de sus hijos. 

María es Omnipotente..., con una omnipotencia no natural, no esencial en Ella como es la de Dios..., sino comunicada o participada de Él...; no omnipotente por naturaleza..., sino por gracia... — Y esto, ¿por qué?... Pues por su dignidad. — María ha sido elevada a la dignidad más alta... y si el poder ha de estar en relación con la dignidad..., corresponde a María un altísimo poder... 

Por tanto, la razón decisiva de la omnipotencia de María es su dignidad. 

Y ¿en qué consiste esta dignidad?... Sencillamente en ser Madre de Dios... Eternamente la Virgen puede, mirando a Jesús, repetirle las mismas palabras que le dice el Padre Eterno: tú eres mi Hijo... Yo te engendré»... Y por eso, eternamente María tendrá un derecho y un amor de Madre para con el mismo Hijo de Dios...; así está, por dos razones, como sujeto y encadenado el poder de Dios a la voluntad de María... — ¿No lo estuvo por espacio de treinta años en la casa de Nazaret? Y ¿por qué aquella sumisión total y perfecta de Jesús..., esto es, de Dios a la Virgen?... Pues porque ésta era Madre de Dios... y sus derechos de Madre... y su purísimo amor de Madre, le obligaban a obedecerle en cuanto Ella mandara... y si bien es verdad que en sus actos como Redentor no dependía ni podía depender de nadie..., pero de hecho El quiso que hasta en estos actos tomara parte su Madre y en cierto modo a su voluntad se sometiera como lo hizo en su primer milagro de Caná... ¡Qué dulce pensamiento!... Todo el poder de Dios está en manos de su Madre..., ¡que también es tuya!... 

Pensando en esto los Santos Padres de la Iglesia, han dicho cosas admirables de la Santísima Virgen y de su omnipotencia...: Medita y saborea estas expresiones: «¡Oh Virgen!, exclama San Agustín, todo lo que Dios puede por su voluntad..., lo podéis Vos por vuestra oración»... Y San Antonino, dice: «La oración de la Madre de Dios, tiene carácter de mandato...; por lo tanto, no es posible que no sea oída.» 

San Pedro Damiano, escribe: «Te aproximas, ¡oh Virgen!, al altar de oro del perdón no para rogar..., sino para mandar como Reina..., pues en tus manos están todos los tesoros de la misericordia de Dios»... — San Buenaventura, no teme afirmar: «Que nadie entra en el Cielo... si no es por medio de María»... 

El gran San Bernardo, nos dará este consejo: «Acudid a María..., os lo digo sin titubear...; Ella será siempre escuchada, por razón de su dignidad...; el Ángel la dijo que había hallado la gracia y efectivamente María siempre halla gracia»... 

Y, en fin, son conocidas estas expresiones de San Bernardino de Sena: «Al mandato de María, todo el mundo obedece..., ¡hasta el mismo Dios!...; basta con que la Virgen quiera y todo se hará»... ¡Sublime obediencia y sumisión la de Dios a su criatura!... Pero no menos sublime y admirable la dignidad de ésta al ser colocada en tal altura, que pueda disponer y ordenar al mismo Dios. 

He aquí, pues, la razón inconmovible de esta omnipotencia: el derecho y el amor de Madre. — Una madre tiene derecho a mandar a su hijo... y éste, por lo mismo, la obligación de obedecerle en todo. — Una madre ama entrañablemente a su hijo... y éste, si es buen hijo, no puede menos de amar, y, por lo tanto, dar gusto siempre y en todo a su madre. — Aplica esta regla a la Virgen y a su Hijo divino, y comprenderás entonces algo de la omnipotencia de María... 

2.° Su universalidad. — Y esta omnipotencia tiene una universalidad ilimitada...; no se aplica en una época determinada..., a una clase escogida de almas..., en un orden concreto de gracias y auxilios, para cierta clase de peticiones y súplicas. — No, nada de eso..., es infinita esta universalidad..., no reconoce limitación de ninguna clase..., todos somos hijos de María..., pues a todos ayudará, porque a todos amará sin excepción posible..., a todos y en todo, sea espiritual o temporal...; no habrá necesidad que Ella no socorra y atienda...; sus manos no se cansan de hacer bien..., sus gracias no pierden con los siglos su eficacia... 

Si a otros hizo santos..., si a muchas almas dio la vida resucitándolas a la gracia..., si a otros, oyes decir, que en esto o en lo demás allá, le ayudó la Virgen..., todo eso también puede suceder contigo..., tu alma también puede alcanzar el perdón..., la gracia..., la vida..., la santidad. 

Desde que se cometió el primer pecado, el demonio se apoderó del mundo... y en él entró a fijar su trono con carácter universalísimo... y desde entontes se apodera de todas las almas desde que nacen..., a todas procura tentar..., a todas las excita sus pasiones para encadenarlas... ¡Qué espantoso es este imperio del demonio!... ¡Qué universal es!... ¿Quién no lo ha experimentado así?... Sólo la Virgen, únicamente María en su Concepción purísima e inmaculada, no esclavizada por el demonio...; es la que le sujeta..., la que le ata... y le domina y esclaviza... y le sigue por doquier para vencerle siempre y dominarle siempre... Universal es el dominio del demonio..., por eso universal será la omnipotencia de María..., para que universal y eterna sea su victoria.  

No triunfa María por Sí tan sólo..., sino por todos y para todos. — Nadie acude a Ella y confía en Ella, que no triunfe con Ella...; todos los santos..., todos los que han vencido al demonio..., todos los que han conservado su inocencia, ha sido por Ella... y sin Ella sus esfuerzos hubieran sido inútiles. 

Así aplican a la Santísima Virgen varios santos Doctores, aquellas palabras del Salmista: «En vano trabajan los que edifican la casa, si Dios no la edifica...; en vano vigilan y guardan la ciudad, si el Señor no la guarda y la defiende»... Y ¿quién es esta guardiana y defensora de la casa del Señor sino la Virgen?... El Señor guarda la ciudad, pero por medio de María... y está tranquilo porque bien guardada y defendida está... ¿A quién temerá el que esté bajo su manto protector?... 

Bien lo sabes tú, no puedes por menos de haberlo experimentado... ¿No es también tu alma un testigo de aquellas palabras del «Acordaos» de que «ni uno solo acudió a Ella que fuera desamparado»?... ¡Qué bien lo conoce Satanás!... ¡Cuántas veces ha tenido que confesar con rabia infernal, que no puede hacer nada con los verdaderos devotos de María!... 

Así ha reconocido la universalidad de su omnipotencia, la piedad de todos los siglos y la llamaron: «la Puerta del Paraíso»..., «la escala del Cielo»..., «el refugio de los pecadores»..., «el trono del Rey eterno»..., «el Propiciatorio», donde todos somos oídos y atendidos... 

Repite con cariño y detente en cada una de estas expresiones, que de una o de otra manera confirman esta consoladora universalidad de su poder: María es la esperanza de los pecadores..., el camino de la vida..., el puerto de salvación..., la salud del mundo..., la fuente de la gracia..., la estrella del mar..., la medianera entre Dios y los hombres..., la llave del Cielo..., la esperanza de los pecadores..., la confianza de los caídos..., la fuerza de los justos..., la alegría de los ángeles..., la Reina de los cielos..., etc. 

Inventa también tú palabras semejantes... Di a tu corazón que te las dicte y no temas perder el tiempo diciéndoselas, como una amorosa letanía, a tu Madre. 

3.° Demos gracias a Dios. — Al llegar aquí parece que no se puede hacer otra cosa sino levantar el corazón a Dios y darle gracias... Diariamente, en voz alta, el sacerdote, en la Misa, da gracias al Señor... e invita a todo el pueblo a que así lo haga... por los muchos e innumerables beneficios que de su mano sin cesar recibimos... Pues, ¿qué otra cosa podemos hacer ante este beneficio universal..., ante esta fuente de beneficios infinitos que con su Madre querida nos ha dado?... Eternamente hemos, sin duda, de estar bendiciendo por ello al Señor...; pues bendigámosle ya desde ahora... 

Y esta acción de gracias, no debe ni puede consistir en meras palabras de alabanza y agradecimiento... Lo que Dios desea, más que nada, es la correspondencia práctica de todas nuestras obras a sus beneficios...; ésta es la mejor alabanza... éste el himno más hermoso de la gratitud... 

Pues bien, la correspondencia en este caso, debe consistir en el afianzamiento, como se decía en la meditación precedente, de tu confianza en la Santísima Virgen, para nunca admitir cansancios..., desalientos..., cobardes desilusiones en el camino de la vida espiritual... 

Insiste mucho en esto, porque el demonio también insiste en esta tentación... ¡A cuántas almas ha engañado logrando meter en ellas el desaliento... y a veces hasta la desesperación! — Jamás, jamás esto... Júralo así a los pies de la Virgen... Dios te la ha dado por Madre para que como hijo, aunque hayas sido muy ingrato, acudas a Ella... y con derecho filial le pidas y le exijas un amor de Madre..., una compasión de Madre... y a la vez una omnipotencia de Reina... Para eso la hizo Reina y Madre a la vez... 

El trono de Dios está rodeado de justicia y de bondad. El de María, sólo de bondad y misericordia... Si te asusta, y con razón, la justicia de Dios..:, ¿qué puedes encontrar que te asuste ante el trono de la Virgen?... 

Por otra parte, Ella lo está deseando...; no sólo no le molesta que se acuda a Ella con confianza..., sino que lo que la ofende, lo mismo que a Jesús, es la desconfianza... ¿No has oído que en el Cielo hay más fiesta por un pecador que se arrepienta que por cien justos que perseveren?... Pues es la Virgen la primera que se alegra y hace gran fiesta, porque aquel hijo suyo pródigo se había perdido y lo ha encontrado...; estaba muerto... y ya ha resucitado... — Sea, pues, tu lema y tu divisa: «nunca desconfiar..., nunca desalentarte... ni desanimarte»..., Aun que creas que no adelantas nada ni consigues nada..., mucha confianza en la Virgen y... ¡adelante!..., a trabajar cada vez más. 


Meditaciones sobre la Santísima Virgen María
R.P. Ildefonso Rodríguez Villar (1895 - 1964)

miércoles, 28 de octubre de 2026

domingo, 25 de octubre de 2026

Fiesta de Cristo Rey - Último domingo de octubre

 


ORACIÓN PARA PEDIR EL REINADO DE CRISTO 

¡Oh Jesús! Te reconozco por Rey Universal. Todo cuanto ha sido hecho Tú lo has creado. Ejerce sobre mí todos tus derechos. Renuevo las promesas de mi bautismo, renunciado a Satanás, a sus seducciones y a sus obras; y prometo vivir como buen cristiano. Muy especialmente me comprometo a procurar, según mis medios, el triunfo de los derechos de Dios y de tu Iglesia. Divino Corazón de Jesús, te ofrezco mis pobres obras para conseguir que todos los corazones reconozcan tu sagrada realeza, y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz.


domingo, 18 de octubre de 2026

La humildad, camino de la verdadera consolación

 



En las Crónicas de la Orden de Santo Domingo se cuenta que un padre de los primeros de la Orden, después de haber estado en ella algunos años con gran ejemplo de vida y gran limpieza de ánima, no sentía ninguna manera de consolación ni gusto en los ejercicios de la Religión, ni meditando, ni orando, ni contemplando, ni leyendo. Y como siempre oía decir del regalo que Dios hacía a otros, y de los sentimientos espirituales que tenían, estaba medio desesperado, y como tal se puso a decir una noche en la oración delante de un crucifijo, estos desatinos: 

  Señor, yo siempre he entendido que en bondad y mansedumbre excedéis a todas vuestras criaturas: me veis aquí que os he servido muchos años, y he sufrido por vuestro respeto hartas tribulaciones, y de buena gana me he sacrificado a Vos sólo; y si la cuarta parte del tiempo que ha que os sirvo hubiera servido a un tirano, ya me hubiera mostrado alguna señal de benevolencia, siquiera con una buena palabra, o con un buen rostro, o con una risa; y Vos, Señor, ningún regalo me habéis hecho, ni tengo de Vos recibido el menor favor que soléis hacer a otros; y siendo Vos la misma dulzura, sois para mí más duro que cien tiranos. ¿Qué es esto, Señor? ¿Por qué queréis que pase así? Estando en esto oyó súbitamente un estruendo tan grande como si toda la iglesia viniera al suelo, y en los desvanes había tan temeroso ruido como si millares de perros con los dientes estuvieran despedazando el enmaderamiento. 

    De lo cual, como se asombrase, y temblando de miedo volviese la cabeza para ver qué sería, vio a sus espaldas la más fea y horrible visión del mundo, de un demonio que con una barra de hierro, que tenía en la mano, le dio tan grande golpe en el cuerpo, que cayendo de él en tierra no pudo más levantarse; pero tuvo ánimo para ir arrastrando hasta un altar, que estaba allí junto, sin poder menearse de puro dolor, como si lo hubieran descoyuntado a golpes. 

    Cuando los frailes se levantaron a Prima, y le hallaron como muerto, sin saber la causa de tan súbito y mortal accidente, le llevaron a la enfermería, a donde por tres semanas enteras que estuvo con dolores gravísimo, era tan grande su hedor, y tan sucio y asqueroso, que en ninguna manera podían entrar a curarle los religiosos, ni a servirle, sino tapándose primero las narices y con otras muchas prevenciones. Pasado este tiempo, tomó algunas fuerzas, y en pudiendo tenerse en pie, quiso curarse de su loca presunción y soberbia. Y tornando al lugar donde había cometido la culpa, buscó en él el remedio de ella, y con muchas lágrimas y humildad hacia su oración bien diferente de la pasada: confesaba su culpa y se conocía por indigno de bien alguno, y por muy merecedor de pena y castigo. Y el Señor le consoló con una voz del Cielo, que le dijo: Si quieres consolaciones y gustos, te conviene ser humilde, y reconocer tu bajeza, y entender que eres más vil qué el lodo, y de menos valor que los gusanos que huellas con los pies. Y con esto quedó tan escarmentado, qué de ahí adelante fue perfectísimo religioso

Ejercicio de Perfección y Virtudes Cristianas
Padre Alonso Rodríguez S.J.  
Parte 1ª - Tratado 8. Capítulo 29

martes, 13 de octubre de 2026

lunes, 12 de octubre de 2026