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viernes, 4 de marzo de 2022

MONSEÑOR VIGANÓ: LA IRA DE DIOS...

 

Es difícil para un hombre de hoy comprender estas palabras del Misal Ambrosiano. Sin embargo, son simples en su severa claridad, porque nos muestran que la ira de Dios por nuestros pecados y traiciones solo puede ser aplacada por la contrición y la penitencia. En el Rito Romano este concepto se hace aún más claro en la oración de las Letanías de los Santos: Deus, qui culpa offenderis, pænitentia placaris: preces populi tui supplicantis propitius respice; et flagella tuæ iracundiæ, quæ pro peccatis nostris meremur, averte. Oh Dios, ofendido por la culpa y aplacado por la penitencia: mira con bondad las oraciones de tu pueblo que te imploran; y aparta de nosotros los azotes de tu ira, que merecemos a causa de nuestros pecados.

La civilización cristiana supo atesorar esta saludable noción, que nos aleja del pecado no sólo por temor al justo castigo que acarrea, sino también por la ofensa causada a la Majestad de Dios, “infinitamente buena y digna de ser amada sobre todas las cosas”, como nos enseña el Acto de Contrición. A lo largo de los siglos, la humanidad convertida a Cristo supo reconocer en los acontecimientos lúgubres de la historia -en los terremotos, las hambrunas, las pestilencias y las guerras- el castigo de Dios; y siempre el pueblo golpeado por estos flagelos sabía hacer penitencia e implorar la Divina Misericordia. Y cuando el Señor, la Santísima Virgen o los Santos intervinieron en los asuntos humanos con apariciones y revelaciones, además del llamado a observar la Ley de Dios, amenazaron con grandes tribulaciones si los hombres no se convertían. En Fátima, también, Nuestra Señora pidió la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados como instrumento para aplacar la ira de Dios y poder disfrutar de un tiempo de paz. De lo contrario, Rusia“extenderá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán destruidas”. ¿Qué debemos esperar de ignorar los pedidos de Nuestra Señora y continuar ofendiendo al Señor con pecados cada vez más horribles? “¡No quisieron cumplir Mi pedido! Como el Rey de Francia, se arrepentirán y lo harán, pero será tarde. Rusia ya habrá esparcido sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia”. Estas guerras, que hoy azotan a la humanidad para esclavizarla y someterla al plan infernal del Gran Reinicio inspirado por el comunismo chino, son nuevamente fruto de nuestra indocilidad, de nuestra obstinación en creer que podemos pisotear la Ley del Señor y blasfemar Su Santo Nombre sin consecuencias. ¡Qué miserable presunción! ¡Cuánto orgullo luciferino!

El mundo descristianizado y la mentalidad secularizada que ha contagiado incluso a los católicos no acepta la idea de un Dios ofendido por los pecados de los hombres, y que los castiga con azotes para que se arrepientan y pidan perdón. Sin embargo, este concepto es una de las ideas que la mano creadora de Dios ha impreso en el alma de cada hombre, inspirando ese sentido de justicia que tienen incluso los paganos. Pero precisamente porque está presente en todos los hombres de todos los tiempos, a nuestros contemporáneos les horroriza la idea de un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, un Dios que se revela en su ira, que pide lágrimas y sacrificios a quienes le han ofendido. Detrás de esta aversión a la ira del Señor, ofendido por los pecados de la humanidad – y más aún por aquellos a quienes Él hizo Sus hijos en el Bautismo – está el odio implacable del enemigo del género humano por el Sacrificio redentor de Nuestro Señor Jesucristo, por la Pasión del Hijo de Dios, por el rescate que Su Sangre ha merecido por cada uno de nosotros, después de la caída de Adán y de nuestros pecados personales. Un odio que lo consume desde la creación del hombre, en un loco intento de frustrar la obra de Dios, de desfigurar a la criatura hecha a su imagen y semejanza, y más aún de impedir la reparación divina de Cristo, el nuevo Adán, y María, la nueva Eva. En la Cruz, el nuevo Adán restaura el orden roto por el pecado como Redentor; al pie de la Cruz, la nueva Eva participa de esta restauración como Corredentora.

El mundo no acepta el dolor y la muerte como justo castigo por el pecado original y los pecados actuales, ni como instrumento de rescate y redención de Cristo. Y es casi una paradoja: el mismo que por la tentación de nuestros primeros Padres introdujo en el mundo la muerte, la enfermedad y el dolor, no tolera que estas mismas cosas puedan ser también instrumento de expiación cuando se aceptan con humildad en para reparar la Justicia fracturada. No tolera que le arrebaten las armas de destrucción y de muerte para convertirlas en instrumentos de reconstrucción y de vida.

El hombre contemporáneo es nuevamente engañado por Satanás, tal como lo fue en el jardín del Edén. Entonces, la Serpiente le hizo creer que desobedecer la orden dada por Dios de no cosechar el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal no tendría ninguna consecuencia; de hecho, la Serpiente le dijo que por tal desobediencia Adán llegaría a ser como Dios. Hoy, la Serpiente engaña al hombre de que estas consecuencias son ineludibles, y que no puede aceptar la muerte, la enfermedad y el dolor como justo castigo, anulándolos en su propio beneficio uniéndolos a la Pasión y Muerte de Jesucristo. Porque al aceptar la sentencia, el reo acepta la autoridad del Juez, reconoce la infinita gravedad de su culpa, repara el delito cometido y expia la sanción que le corresponde. Al hacerlo, regresa a la Gracia de Dios, anulando la obra de Satanás.

Por eso, cuanto más se acerca el fin de los tiempos, más se multiplican los esfuerzos del Maligno para anular no sólo la Verdad revelada por Cristo y predicada a lo largo de los siglos por la Santa Iglesia, sino también para eliminar el concepto mismo de justicia, ese es el fundamento de la Redención, la idea de la necesidad de la pena por la transgresión, de la reparación de la culpa, de la gravedad de la desobediencia de la criatura hacia el Creador. Es obvio que cuanto más se haga creer a los hombres que no han cometido ningún pecado, más pensarán que no necesitan arrepentirse de nada, que no tienen ninguna deuda de gratitud con Dios, que tanto amó al mundo que Él dio a su Hijo Unigénito, obediente hasta la muerte, muerte de Cruz.

Si miramos a nuestro alrededor, vemos cómo esta anulación de la Justicia, del sentido del Bien y del Mal, de la idea de que hay un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, conduce a una rebelión definitiva, irreparable e irremediable contra el Señor, premisa para la condenación eterna de las almas. El juez que absuelve al criminal y castiga al justo; el gobernante que promueve el pecado y el vicio y condena o impide las acciones honestas y virtuosas; el médico que considera la enfermedad como una oportunidad de lucro y la salud como una falta; el sacerdote que guarda silencio sobre las Últimas Cosas y considera como “paganos” conceptos como la penitencia, el sacrificio y el ayuno en expiación de los pecados, todos ellos cómplices, quizás sin saberlo, de este último engaño de Satanás. Es un engaño que por un lado niega a Dios el señorío sobre las criaturas y el derecho de premiarlas y castigarlas según sus acciones; mientras que por el otro viene a prometer bienes y recompensas que sólo Dios puede otorgar: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras” (Mt 4,9), se atreve a decir a Cristo en el desierto , después de conducirlo a la cima de la montaña.

Los acontecimientos actuales, los crímenes que diariamente comete la humanidad, la multitud de pecados que desafían a la Divina Majestad, las injusticias de los individuos y de las Naciones, las mentiras y los fraudes cometidos impunemente, no pueden ser derrotados por medios humanos, ni siquiera por un ejército que tomara las armas para restaurar la justicia y castigar a los malvados. Porque las fuerzas humanas, sin la gracia de Dios y sin estar animadas por una visión sobrenatural, son estériles e ineficaces.

Pero hay una forma de combatir este engaño, en el que ha caído la humanidad desde hace más de tres siglos, es decir, desde que ha tenido el orgullo y la presunción de endiosar al hombre y usurpar la Corona Real a Jesucristo. Y este camino, infalible porque es divino, es el retorno a la penitencia, al sacrificio y al ayuno. Ni la vana penitencia de los que corren en cintas de correr, ni el insensato sacrificio de los que se esterilizan para no sobrepoblar el planeta, ni el ayuno vacío de los que se privan de carne en nombre de la ideología verde. Se trata nuevamente de engaños diabólicos, con los que silenciamos nuestras conciencias.

La verdadera penitencia, que la Santa Cuaresma debe animarnos a realizar fecundamente, es aquella por la que cada uno de nosotros ofrece las privaciones y los sufrimientos en expiación de los pecados propios y de los cometidos por el prójimo, por las Naciones y por los hombres de la Iglesia. El verdadero sacrificio es aquel con el que nos unimos con gratitud al Sacrificio de Nuestro Señor, dando un sentido espiritual y un fin sobrenatural al dolor que sin embargo merecemos. El verdadero ayuno es aquel con el que nos privamos de alimentos, no para adelgazar, sino para restablecer la primacía de la voluntad sobre las pasiones, del alma sobre el cuerpo.

Las penitencias, sacrificios y ayunos que haremos durante esta Santa Cuaresma tendrán un valor de reparación y expiación que valdrá para nosotros, para nuestros seres queridos, para nuestro prójimo, para nuestra Patria, para la Iglesia, para el mundo entero, y para las almas del Purgatorio aquellas Gracias que son las únicas que pueden detener la ira de Dios Padre, porque uniéndonos al Sacrificio de Su Hijo transformaremos en un tesoro sobrenatural lo que Satanás hizo para todos nosotros, llevándonos al pecado por desobedeciendo al Señor. Este tesoro restaurará el orden roto y la justicia violada; reparará las faltas que hemos cometido en Adán y también personalmente. Al caos infernal debe oponerse el cosmos divino; al príncipe de este mundo, el Rey de reyes; al orgullo, la humildad; a la rebelión, la obediencia. “A esto, en efecto, habéis sido llamados, ya que Cristo también sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo, para que sigáis sus huellas. […] Él llevó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero de la Cruz, para que, ya no viviendo para el pecado, vivamos para la justicia; por sus heridas habéis sido curados” (1 P 2, 21-25).

Concluyo esta meditación citando la Epístola de la Misa del Miércoles de Ceniza: está tomada del libro del profeta Joel, y nos recuerda el papel de los sacerdotes como mediadores e intercesores para amonestar al pueblo de Dios y llamarlo a conversión. Es un papel que muchos clérigos han olvidado, y que incluso rechazan, creyendo que es herencia de una Iglesia caducada, de una Iglesia que no se adapta a los tiempos, de una Iglesia que todavía cree que el Señor debe ser “apaciguado” con penitencia y ayuno.

“Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad asamblea solemne. Entre el atrio y el altar, que los sacerdotes, los ministros del Señor, lloren y digan: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, y no abandones tu heredad en deshonra, no la hagas esclava de las naciones; para que no digan entre los pueblos: ¿Dónde está su Dios? El Señor ha mostrado celo por su tierra y ha perdonado a su pueblo. Respondió el Señor y dijo a su pueblo: He aquí, yo os envío grano, vino y aceite, y los tendréis en abundancia, y nunca más os pondré en oprobio de las naciones, dice el Señor Todopoderoso (Jl 2 :15-19).

Mientras tengamos tiempo, queridos hermanos y hermanas, pidamos misericordia a Dios; imploremos su perdón y hagamos reparación por los pecados que se han cometido. Porque llegará un día en que se cumplirá el tiempo de la Misericordia y comenzará el día de la Justicia. Dies illa, dies iræ: calamitatis et miseriae; muere magna y amara valde. Ese día será un día de ira: un día de catástrofe y miseria; un día grande y verdaderamente amargo. Aquel día vendrá el Señor a juzgar al mundo con fuego: judicare sæculum per ignem .

Quiera Dios que las admoniciones de Nuestra Señora y de los Santos místicos nos lleven, en esta hora de tinieblas, a convertirnos verdaderamente, a reconocer nuestros pecados, a verlos absueltos en el Sacramento de la Confesión, y a expiarlos con ayunos y penitencias para que el brazo de la Justicia de Dios sea detenido por unos pocos, cuando debería caer sobre la mayoría. Y que así sea.

Carlo Maria Viganò, Arzobispo

2 de marzo de 2022

Fuente: Tradición Viva

domingo, 18 de abril de 2021

LA MASACRE DE KATYN - CRIMEN DE GUERRA DE LA URSS

 

Masacre de Katyn | el CRIMEN DE GUERRA que la URSS intentó ocultar en la Segunda Guerra Mundial

miércoles, 15 de abril de 2020

TERCERA APARICIÓN DE NTRA. SRA. DE FÁTIMA - DÍA 13 DE JULIO DE 1917


Momentos después de haber llegado a Cova de Iría, junto a la encina, entre numerosa multitud del pueblo, estando rezando el rosario, vimos el reflejo de la acostumbrada luz y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina.

— Usted ¿qué me quiere?

—Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene; que continuéis rezando el Rosario todos los días, en honor de Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz de mundo y el fin de la guerra, porque sólo Ella lo puede conseguir.

—Quería pedirle que nos diga quién es; que haga un milagro para que todos crean que Vd. nos aparece.

—Continuad viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy y lo que quiero y haré un milagro que todos han de ver para creer.

Aquí hice algunas peticiones que no recuerdo bien cuales fueron. Lo que me acuerdo es que Nuestra Señora dijo que era preciso rezar el rosario para alcanzar las gracias durante el año y continuó:

—Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, en especial cuando hiciereis algún sacrificio: "Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María."

Al decir estas últimas palabras, abrió de nuevo las manos como en los meses pasados. El reflejo parecía penetrar en la tierra, y vimos como un mar de fuego: sumergidos en este fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas de las llamas que de las mismas salían juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados, semejante al caer de pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debe haber sido a la vista de esto que di aquel "ay", que dicen haberme oído.) Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa.

Asustados y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo entre bondad y tristeza:

—Habéis visto el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que os digo se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a terminar. Pero si no dejaran de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando viereis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones de la Iglesia y del Santo Padre.

—Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones de la Iglesia. Los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe,. etc... Esto no lo digáis a nadie. A Francisco sí, se lo podéis decir.

—Cuando rezareis el Rosario decid después de cada misterio: ¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, principalmente las más necesitadas! Seguía un instante de silencio, y pregunté:

—Usted ¿no me quiere nada más?

—No. Hoy no te quiero nada más. Y como de costumbre, comenzó a elevarse en dirección al saliente, hasta desaparecer en la inmensa distancia del firmamento.

Memorias de Lucía
Ediciones "Sol de Fátima"

(Imagen tomada de Ediciones Magníficat-Canadá)

viernes, 16 de agosto de 2019

La Segunda República con su Frente Popular fue la mayor persecución religiosa de la historia. Por Pío Moa


Leemos a menudo el calificativo de “genocida” dirigido a Franco, en la onda de la propaganda bélica según la cual trataba de exterminar a los obreros. F. Moreno se explaya en el libro coordinado por Santos Juliá Víctimas de la Guerra Civil (1999): “Han caído ya, con la victoria militar, las instituciones democráticas”. Habían caído mucho antes. De hecho, fue su caída lo que ocasionó la guerra. Pero ya sabemos qué entienden por democracia estos autores. “La violencia fue un elemento estructural del franquismo”. Lo es de todos los regímenes. El terror sería “parte integral del glorioso Movimiento Nacional, de su asalto a la República y de la conquista gradual del poder, palmo a palmo, masacre tras masacre”. “La represión y el terror (eran) el pilar central del nuevo Estado, una especie de principio fundamental del Movimiento”. “El fenómeno de la tortura fue masivo y generalizado”. “Se puede afirmar que Franco convirtió a Madrid en un gran presidio”. Etc. En suma, “Un exterminio de clase”. “Las declaraciones de Franco y de sus generales no disimularon nunca su propósito de exterminio”, “Cárceles, torturas y muerte, lejos de disminuir al término de la guerra, se incrementaron al máximo”. “Por todas partes se humilla a la gente sencilla”, y especialmente, dicen, a las mujeres. Durante años, cuenta Juliá, “el fusilamiento de los derrotados continuó siendo un fin en sí mismo (…) Los enemigos solo gozaban de un destino seguro: el exilio o la muerte”. Preston banaliza el holocausto judío, aplicando el término a los sucesos de España.

Todo esto es simplemente propaganda de guerra, que autores como estos intentan revivir de algún modo. Por supuesto, ni de lejos hubo tal exterminio, de clase o no de clase. La casi totalidad de quienes, de buen o mal grado, lucharon por el Frente Popular (1.700.000 hombres), de quienes lo votaron (supuestamente) en las elecciones (4.600.000) o vivieron en su zona (14 millones) ni fueron fusilados ni se exiliaron. Siguieron viviendo en España como los demás, dentro de las penurias que por entonces afectaron a casi toda la población. Es algo tan obvio que asombra leer hoy tales diatribas, claramente pensadas para remover viejos resentimientos, sobre todo entre jóvenes que no vivieron la guerra ni el franquismo.

Con perfecta desenvoltura, los sembradores de tanta falsificación son capaces de escribir al mismo tiempo: “[Que] el dolor de tantas y tantas víctimas anónimas del odio más irracional no sea inútil y, establecida la verdad tras el necesario debate, la guerra civil se incorpore definitivamente a nuestra historia”. “La verdad”. Su “debate” ha consistido en la aplicación de la censura y el intento de condenar a muerte civil y, últimamente, a multas y cárcel, a los discrepantes de tales “historias”.

Hubo sin embargo un genocidio tipificado como tal: “aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un pueblo o grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos”. Y fue el intento de exterminar a la Iglesia. El encarnizamiento con que se llevó a cabo revela hasta qué punto el aborrecimiento al catolicismo era una de las poquísimas señas de identidad comunes a todos los partidos del FP, excepto el PNV, que no obstante cumplió también su papel en la empresa.

Por citar algunos casos, bastantes fueron torturados en espectáculos públicos o “toreados” con banderillas, a otros los castraron y metieron en la boca sus genitales. A un capellán le sacaron un ojo, le cortaron la lengua y una oreja antes de degollarle; otro fue arrastrado por un tranvía, otros más golpeados y cortados con palos, mazas y cuchillos hasta hacerlos pedazos. Algunos quemados vivos. A seglares como una profesora de la Universidad de Valencia le arrancaron los ojos y le cortaron la lengua para impedirle seguir dando vivas a Cristo Rey; otra fue violada delante de su hermano, atado a un olivo, antes de asesinar a ambos. El obispo de Barbastro fue torturado, castrado y fusilado junto con otros clérigos y seminaristas. Cientos de monjas fueron violadas y asesinadas… Casos tales menudearon, y con frecuencia los cadáveres eran golpeados, quemados o tirados por barrancos como de perros. En varios conventos, los milicianos exhumaron ataúdes y esqueletos o cuerpos momificados y los exhibieron en ceremonias grotescas, con imitaciones obscenas de misas. En muchos cementerios fueron rotas las cruces y lápidas con frases cristianas.

Los clérigos asesinados sumaron unos 7.000, incluyendo 13 obispos, a los que hay que añadir un mínimo de 3.000 laicos católicos por el mero hecho de serlo. Fue probablemente la persecución más intensa y sanguinaria sufrida por el cristianismo en su historia, superior a las de Roma y a otras más recientes como la de los bolcheviques en Rusia o las del gobierno masónico en Méjico. Y el aspecto más profundamente característico de nuestra guerra civil.

La extrema violencia contra las personas se proyectó también contra templos y obras de arte: “tesoros históricos y artísticos de incalculable valor fueron pasto de las llamas: retablos, tapices, cuadros, custodias (…) imágenes sagradas de grandes pintores y escultores como Montañés, Salcillo, Pedro de Mena, Alonso Cano, Sert y otros monumentos insignes de la arquitectura y escultura religiosa quedaron abatidos, y ardieron antiquísimas y valiosísimas bibliotecas de conventos, seminarios y catedrales, así como archivos”. Solo en Cataluña fueron destruidos hasta cien mil volúmenes de la biblioteca franciscana de Sarriá , del seminario y del convento de los Capuchinos de Barcelona; cincuenta mil en Igualada. Joyas del románico, del gótico, del barroco y del mudéjar fueron quemadas o voladas. En Madrid, la catedral de San Isidro, en sí misma un gran museo de arte con pinturas italianas y españolas, fue incendiado…. A la primera oleada de destrucciones siguió pronto el saqueo de obras de arte y tesoros diversos, que los dirigentes del FP llevaron al extranjero al perder la guerra.

Se ha pretendido que los jefes “republicanos” trataron de frenar aquellos hechos, pero es más cierto decir que los atizaban en su prensa y que expoliaron cuanto pudieron. El efecto fuera de España resultó muy perjudicial para las izquierdas. Ante las críticas, el órgano del partido azañista Política, “razonaba”: “Ningún tesoro más precioso que la razón, la justicia y la libertad (…) Casi todos esos monumentos, cuya caída deploramos, son calabozos donde se ha consumido durante siglos el alma y el cuerpo de la humanidad”. ¿Por qué lo deploraban, entonces? La incitación a la destrucción era bien clara. Justificar en ¡la razón, la justicia y la libertad!” una persecución tan feroz, sangrienta y culturalmente destructiva, ya dice mucho. Pues bien, aquel periódico y partido suelen ser considerados los más moderados e ilustrados de cuantos componían el FP.

Con todo, una explosión de odio tan desenfrenado en un país tradicionalmente católico no tiene explicación fácil. Madariaga y otros le achacan una gran incultura del clero y arguyen que “el pueblo” se había disociado de la Iglesia porque esta le había olvidado, no atendía a sus necesidades y se había aliado con “las capas reaccionarias” o “con la derecha”, “el capitalismo”, “apoyando siempre al poderoso, al rico, a la autoridad opresora”. Así los crímenes no los habrían perpetrado pequeñas minorías sino “el pueblo”, en particular “el pueblo trabajador”, que, como se sabe, carga con lo que le echen. Pero el argumento es muy difícil de sostener.

Existían en España, como en todos los países, bolsas más o menos extensas de miseria, y también una tradicional despreocupación de las clases altas por la falta de instrucción y la pobreza sufrida en los barrios industriales de Barcelona o Bilbao, y sobre todo entre los jornaleros de Extremadura y Andalucía. Contra un tópico común, desde la primera guerra carlista, un siglo antes, en España había gobernado casi siempre la izquierda, representada por los liberales, fueran moderados o exaltados. Y estos habían oscilado entre un anticatolicismo radical y un “acomodo incómodo” con la Iglesia, a la que habían despojado de grandes bienes y ocasionado atentados y alguna matanza ya en el siglo XIX. Aquellos liberales habían aprendido bien la lección de que la riqueza no procede de sentimientos altruistas sino de que cada uno mire por lo suyo. Por eso era la Iglesia quien, mejor o peor, “miraba por los pobres” con una red de asilos, orfanatos y hospitales, y también promoción personal con escuelas populares, centros de enseñanza profesional, montes de piedad, cajas de ahorro y algún sindicato menor. Y culturalmente sostenían revistas y editoriales, algunos centros universitarios prestigiosos y cuidaban un ingente tesoro artístico legado por los siglos. Por muchas críticas y ataques justificables que pudieran hacerse a estas labores, es imposible que puedan explicar una persecución tan brutal.

El argumento se debilita aún más por cuanto los curas y frailes consagrados a tareas asistenciales y de promoción, que a menudo vivían ellos mismos en auténtica pobreza, fueron cazados como alimañas tanto o más que aquellos que aparecían ligados “al rico y la autoridad opresora”. El empuje de nuevos movimientos más extremos desde principios del siglo XX (marxismo, anarquismo, republicanismo) había agravado más aún la aversión a la Iglesia. Y en esas ideologías creo que cabe encontrar la raíz de un aborrecimiento tan furibundo. Como veremos en la cuarta parte, cada una de ellas presentaba una concepción total del mundo y de la vida, prometedora de sociedades grandiosas; y la Iglesia eran enfocadas como el mayor o uno de los mayores obstáculos a sus proyectos sociales. Esas ideologías, vulgarizadas en tópicos sencillos, podían tener un fuerte efecto sugestivo en mentes incultas. Y también en las refinadas.

No faltan hoy quienes siguen tocando la misma música que Madariaga o Política. Dos botones de muestra: A. Beevor, en su La guerra civil española, 2005 lo entiende como una furia “que parecía rebosar de un pozo centenario de humillaciones y atropellos, de la desesperación de gentes maceradas en el silencio temeroso y en el odio íntimo que de repente ven desaparecer los viejos tabúes”. Buena apología del crimen basada en su ignorancia de la historia de España. Una escritora más o menos pornógrafa, A. Grandes cantaba el goce que según ella sentirían las monjas violadas por “milicianos jóvenes, armados y –¡mmm!—sudorosos”, en un artículo que le valió algunas protestas. A decir verdad, las izquierdas jamás han expresado el menor sentimiento por aquel genocidio. Más aún, han querido intimidar a quienes lo recuerdae. Desde El País, por ejemplo, se ha acusado a la Iglesia de promover un espíritu de guerra civil por beatificar a los mártires de aquella orgía de sangre. Y desde hace años vuelven los conatos de incendios, agresiones y sobre todo la vieja propaganda que desde el siglo XIX ha provocado tantos crímenes, destrucciones y expolios.

Cabe añadir que desde que el Concilio Vaticano II, en los años 60, optase por el “diálogo con los marxistas”, sectores de la Iglesia han llegado a colaborar con sus antiguos exterminadores, y hasta a pedirles perdón; y hoy su jerarquía muestra indiferencia ante la planeada profanación de la tumba de Franco, que la salvó justamente del exterminio. Son hechos, digamos, llamativos.

Pío Moa


sábado, 2 de diciembre de 2017

MÁRTIRES - BEATA FRANCISCA ESPEJO, TORTURADA, VIOLADA Y ASESINADA A CULATAZOS



La persecución religiosa en la zona republicana no se detuvo tras
 los primeros meses de guerra. En 1937 la retaguardia roja 
seguía mostrando su odio a la fe.


Francisca Espejo Martos tenía 63 años cuando estalló la Guerra Civil. A los 20 años tomó el hábito trinitario y fue encargada del torno en el convento que esta orden religiosa tenía en la localidad jienense de Martos. El 21 de julio de 1936 el convento fue asaltado por un grupo de milicianos locales. Alguno de ellos había sido criado gracias a las ayudas que la hermana Francisca Espejo daba a quienes acudían a pedir ayuda al torno del que se ocupaba.

Sor Encarnación -nombre de profesa de Francisca Espejo- escapó junto a su tía, Sor Rosario, que era la priora del convento. Se alojaron en casa de un familiar donde permanecieron hasta el 11 de enero de 1937. Ese día fueron detenidas la abadesa de las clarisas, sor María Isabel Aranda; la superiora de las Hijas de la Divina pastora, Victoria Valverde González; y sor Franciasca Espejo y su tía.

Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.

Tras la detención fueron llevadas al Ayuntamiento de Martos, pero por el camino, la tía de Francisca, que tenía ochenta años, fue liberada al recibir los milicianos la recriminación de varias mujeres del pueblo que les acusaban de intentar ganar la guerra deteniendo a ancianas inofensivas.

A la una de la madrugada del día 13 de enero las superioras de las clarisas y de las Hijas de la Divina Pastora, junto a Francisca Espejo fueron sacadas de la celda que ocupaban y, en compañía de 47 varones también detenidos, fueron llevados a un pequeño pueblo cercano llamado Casillas de Martos.

Allí fueron fusilados los 47 hombres que habían hecho el camino de 16 kilómetros junto a las tres religiosas. Ellas fueron obligadas a ver como se sucedían las tandas de asesinatos mientras se insultaba a las víctimas y a las tres monjas.


Al filo de las cuatro de la madrugada, cuando terminaron los asesinatos, las tres monjas fueron conminadas a blasfemar y apostatar de su fe. Todas se negaron. Entonces fueron apartadas unos metros del cementerio y conducidas junto a un pequeño terraplén donde les arrancaron la ropa.

Los milicianos intentaron violarlas, pero ante la resistencia de las tres monjas, todas ellas con más de cincuenta años, sus asesinos las mataron allí mismo. Francisca Espejo fue asesinada a culatazos de fusil y su cuerpo fue mutilado. Así lo encontraron quienes fueron a desenterrar los cuerpos tras la Guerra Civil.

El cuerpo de la beata Francisca Espejo tenía el cráneo hundido con los huesos de la cabeza fracturados, una pierna se encontraba totalmente descoyuntada y girada hacia la parte trasera del cuerpo. La religiosa enviada para reconocer el cuerpo lo describió de la siguiente manera: “Era horrible,… no había otro cuerpo tan maltrecho, tan destrozado. Reconocí sus manos artríticas, la deformación de sus pies, debido al reuma que padecía”. El cuerpo de la religiosa no presentaba ni un solo disparo. Había sido asesinada a culatazos.

Juan E. Pflüger

Fuente: La Gaceta

lunes, 17 de julio de 2017

EL 18 DE JULIO O LA REBELION DEL PUEBLO ESPAÑOL CONTRA LA TIRANIA


Franco, aclamado en la plaza de Oriente por cientos de miles de españoles el 1 de octubre de 1975, pocas semanas antes de su muerte.



FNFF (R).- La fecha que mejor identifica la larga y profunda huella histórica de España es la del 18 de Julio de 1936, fecha en la que el pueblo español, en simbiosis perfecta con su historia y comunión de principios con su ejército, se rebela contra la tiranía que pretendía imponer el comunismo en España. Fue una guerra de independencia, donde estaba en juego no solamente la soberanía de la Nación, sino la esencia de lo que España había representado en la defensa de la civilización occidental y cristiana.

De ahí la simbología de la fecha y el deseo permanente de los enemigos de esa civilización y de España de manipular y denigrar fecha, símbolos y personas que hicieron posible tan colosal gesta y legaron el progreso, la unidad y la justicia que disponíamos en 1975, dilapidada por los mismos errores e ideas disgregadoras causantes de nuestra postración como Nación y pobreza como pueblo.

Cuando las mentes pervertidas por el odio, el resentimiento y la envidia igualitaria toman el control de los medios de comunicación, la enseñanza, las instituciones políticas y sindicales e inciden en la economía productiva, esa sociedad se auto condena a la molicie, la pobreza y finalmente al totalitarismo. La libertad que no se basa en el respeto al derecho ajeno y a la opinión contraria; que no se acomoda en la ley justa, orientada al bien común, sino en la arbitrariedad de lo contingente, termina guillotinada en cada hogar, calle, plaza, foro o parlamento donde deba manifestarse.

Asistimos, los síntomas son evidentes, al final de un Sistema basado en la mentira, la manipulación, la mediocridad y el “vale todo”, con tal de que sea bendecido por la reinstaurada partitocracia. El resultado no puede ser mas evidente: Corrupción institucionalizada, pobreza inasumible y desesperación creciente. Y la solución no va a venir de fuera, nunca lo fue y tampoco lo será en estos momentos, por mucho que hayamos relegado nuestra soberanía a una entelequia europea de intereses creados. Europa no va a evitar la consumación del separatismo, ni la perdida de competitividad, ni la calidad de nuestra enseñanza, ni la atonía de la justicia, ni podrá incidir para que suprimamos el “reino de taifas” que representan las autonomías.

Hemos ido, según un diseño perverso iniciado en 1978, hacia la desintegración de España. Se han neutralizado todos los contrafuegos que podrían evitar tal deriva, comenzando por los señalados en la propia Constitución. No podemos imaginar que los distintos gobiernos de la Nación no fueron conscientes de los peligros y, sin embargo, nada hicieron para impedirlo.

Como sabemos lo que nos pasa, cuáles son sus causas y los posibles remedios, somos sistemáticamente vituperados, ignorados o perseguidos con idéntica obstinación y saña con que los inquisidores del siglo XX persiguieron en toda Europa y lo hacen en Cuba a los disidentes que proclaman la libertad y dignidad de la condición humana, en cuanto hijos de Dios y portadores de valores eternos. A diferencia de las reprobaciones y abucheos que reciben los miembros de la Casa Real y los políticos, generalmente de derechas, nosotros, nuestra forma de entender la política, de organizar la sociedad, de estructurar el estado, de concebir los principios sobre los cuales debe vertebrarse España para ser respetada en el conjunto de las naciones y obtener el progreso económico del pueblo, no tenemos ninguna culpa de la situación en la que nos encontramos. Es más, nos hemos opuesto de manera honesta, civilizada y firme a cuanto viene ocurriendo en España desde hace 35 años, señalando lo que iba a ocurrir de persistir en los errores diseñados en la transición, a la muerte de Franco.

Nuestra culpa parece ser histórica o, mas bien, histérica. Un suerte de paranoia colectiva transmitida generacionalmente entre los derrotados en la guerra civil y en la paz, pues el progreso alcanzado por el anterior Régimen y la filosofía política empleada, deja en evidencia sus postulados. Para sus propósitos y con la finalidad de deslegitimar también la herencia recibida, los derrotados de siempre, pues sus ideas utópicas, donde triunfan, han provocado el mayor sufrimiento y pobreza conocido en el mundo, necesitan falsificar la historia, mitificar lo irrelevante, convertir en victimas a los verdugos, trasladar a la actividad política cuestiones ya resueltas hace muchos años como solución mágica de futuro. Y si la superchería histórica no se puede conseguir por la funesta manía de pensar y de investigación de los hechos de algunos historiadores, pues se dicta una Ley que obligue a un relato único de la historia, según la conveniencia de quien gobierna, impuesta de manera absoluta.

¡Bienvenidos al absolutismo democrático!

Con la vileza de retirar de las plazas y calles de España los nombres de quienes defendieron en su tiempo la identidad e independencia de su Patria, en muchos casos, con su propia vida, de remover en los Ayuntamientos, Diputaciones y parlamento los títulos con que aquel pueblo español, padres y abuelos de los actuales, honró a quien les había acaudillado, con éxito, en aquella época de tribulaciones, no se obtiene otro beneficio que el de favorecer a los resentidos, a los ineptos, a los incapaces de otra cosa que no sea la de alancear muertos, que gozaran siempre de buena salud histórica por sus méritos y no por la coyuntura iconoclasta de los incapaces corruptores que lo promueven.

Celebramos que nuestro Caudillo Francisco Franco no figure en semejantes ágoras, donde el despotismo y la corrupción campan a sus anchas, legitimados por el falso plebiscito popular que veremos lo que aguanta sus desvaríos. Ya en un día lejano de 1936 le contestó a Indalecio Prieto: “Sí, ustedes lo tienen todo…menos la razón” y, “no tenga usted duda, donde yo esté, no habrá comunismo”.

De ahí que prefiramos que, donde él esté, no exista nada de lo que él y su generación combatió con tanto esfuerzo y sacrificio. Que donde él esté, aunque sea sólo referencia histórica, no exista la denuncia diaria de corrupción política e institucional; no pueda darse el reino de taifas de las Autonomías; no sea admisible la representación política de los partidos de empleados; no sea permisible la desfiguración del régimen parlamentario al servicio de sus intereses y no del bien común; no se fomente la quiebra del principio de separación de poderes; no se consolide la politizada Administración de Justicia.

En definitiva Franco y nuestros padres y abuelos han sido expulsados de nuestro ánimo colectivo, de la convivencia ordenada y pacifica que nos procuraron, de la verdad histórica objetivable y, así nos va. Es imposible que una sociedad avance sin virtud, sin el conocimiento de los fundamentos de su pasado, que han hecho posible el presente y viable el futuro, como enseñanza de lo que puede o, no debe, hacerse. Seguimos creyendo como el Ingenioso Hidalgo de la Mancha “ladran, luego cabalgamos, amigo Sancho…”.

Fuente: alerta digital

viernes, 28 de abril de 2017

FUSILAR Y DINAMITAR AL SAGRADO CORAZON, LA MACABRA DIVERSION DE LAS MILICIAS



El Cerro de los Ángeles alberga, desde 1919, un monumento consagrado a la adoración del Sagrado Corazón. Allí se vivieron escenas de odio y violencia protagonizadas por las milicias del Frente Popular en los primeros días de la Guerra Civil. El primer asalto al complejo religioso se produjo el 23 de julio de 1936, cuando cinco jóvenes pertenecientes a Acción Católica que se turnaban para defender el convento y el monumento fueron asesinados por un escuadrón de milicianos.

Desde ese momento todo el complejo situado en una zona elevada, de gran importancia estratégica, quedó en manos republicanas hasta que fue recuperada por los nacionales. El Frente Popular decidió, lejos de aprovechar su uso estratégico, emplear el convento para instalar una checa en la que fueron asesinadas decenas de personas.

 

No contentos con ello, el 7 de agosto los milicianos, socialistas y anarquistas en su mayor parte, realizaron un fusilamiento del monumento al Sagrado Corazón y emprendieron las labores de demolición. Empezaron intentando derribar la columna de sujeción de la estatua a mano, pero sus casi 900 toneladas de piedra lo hacían imposible, por eso optaron por dinamitar la base de la estructura.


El siguiente paso fue cambiar el nombre del entorno, que por decisión del Gobierno republicano, que no debía tener nada mejor que hacer, pasando a ser el de Cerro Rojo, en sustitución del de Cerro de los Ángeles.

Repercusión internacional

Las imágenes que la prensa frentepopulista difundió en sus publicaciones, especialmente la de la formación de un pelotón de fusilamiento para disparar al Sagrado Corazón, llegaron rápidamente a todos los países europeos. Dos de ellos, Irlanda y Rumanía, reaccionaron enviando voluntarios para luchar contra el comunismo y en defensa de los valores del cristianismo que estaban siendo atacados en España.


Los primeros en llegar fueron los voluntarios irlandeses, eran miembros de dos grupos: los “camisas azules” y los “camisas verdes”, liderados por Eoin O'Duffy. La tropa enviada ascendía a 700 militantes. Muchos eran veteranos que habían participado como soldados en la Guerra de Liberación de Irlanda junto a Michael Collins, pero la mayor parte eran jóvenes que se integraron en unidades autónomas dentro de las banderas de la Legión o de las banderas de Falange. Participaron muy activamente en la batalla del Jarama.


Los voluntarios rumanos pertenecían a la Guardia de Hierro, un grupo nacionalista dirigido por Corneliu Zelea Codreanu quien pidió voluntarios para defender el cristianismo en España. Su intención era dar testimonio del apoyo de los cristianos rumanos a la causa nacionalista en España por lo que tenía de defensa de los valores de la Europa cristiana. Sin embargo, la respuesta dentro de la Guardia de Hierro fue tan abrumadora que obligó a Codreanu a tomar una medida prudente.

Las listas de voluntarios eran muy numerosas. Según los documentos internos de la formación llegaron a apuntarse más de 13.500 voluntarios. Algunos autores han asegurado que fueron 20.000. En cualquier caso, el partido de Codreanu no tenía capacidad para dotar y enviar un contingente de ese tamaño y optó por enviar a una representación de varios dirigentes del partido. Los elegidos fueron el General Georgios Cantacuceno, Banica Dobre, Nicolae Totu, el príncipe Alexandru Cantacuceno, Ion Mota, Vasile Marin, Dimitru Borsa, sacerdote ortodoxo, y Gheorge Clime.

Juan E. Pflüger

Fuente: La Gaceta

domingo, 23 de abril de 2017

IZQUIERDA UNIDA VUELVE A RENDIR TRIBUTO AL PRIMER CRIMINAL DE LA URSS



Los comunistas siguen intentando vendernos la mentira del paraíso socialista. Ese que, iniciado por Lenin, acabó en el régimen más criminal de la historia y que durante más de setenta años se impuso sobre los cadáveres de millones de inocentes, la mayoría niños, ancianos y mujeres.

La cuenta de Twitter de IU ha recordado este sábado al criminal Lenin, que usó el terror, la tortura y el asesinato para imponer su sangriento régimen. "La revolución no se hace, sino que se organiza". 147 aniversario del nacimiento de Vladimir Ilyich Ulyanov, Lenin", ha tuiteado.

El líder de la formación, Alberto Garzón, ya le recordó el pasado mes de noviembre. "Es el 99 aniversario de la revolución rusa de 1917; una revolución contra ‘El Capital’. #RevolucionEs Paz, Pan y Tierra", dijo, en referencia al golpe de Estado que dieron los bolcheviques el 7 de noviembre de 1917.

Lo justificó diciendo que la revolución es “Paz, Pan y Tierra”, cuando la que dirigió Lenin trajo una guerra civil que provocó millones de muertos, una posguerra con una economía impuesta que mató de hambre a otros tantos millones y una requisa de tierras que empobreció a los trabajadores agrarios, es un insulto a la memoria de las víctimas del comunismo.

Un golpe de Estado organizado por Lenin

Tras la revolución de febrero de 1917 se impuso un Gobierno formado por mayoría de socialistas moderados de los partidos Socialista Revolucionario y Constitucional Demócrata. Su presidente era Kerensky, que no quería permitir la entrada de los bolcheviques de Lenin en el Ejecutivo porque eran radicales, porque no tenían más del 15% de los votos y porque solamente tenían presencia en Moscú y Petrogrado.

Pese a su escasa representación electoral, Lenin ordenó en el mes de julio un primer golpe de Estado que fracasó, pero que le mostró los errores que no debería cometer nuevamente en la segunda intentona. Finalmente entre los meses de octubre y noviembre dieron el golpe definitivo con el que impusieron la dictadura del proletariado que asoló la Rusia soviética durante más de siete décadas.

El 24 de octubre la capital de Rusia, Petrogrado, amaneció ocupada por los milicianos de la Guardia Roja. Un día después tomaban el Palacio de Invierno, antigua residencia de los zares y en ese momento sede del Gobierno y el Parlamento ruso, forzando la huída de Kerensky y de todos sus ministros que fueron sustituídos por un gabinete presidido por Lenin y formado por ministros bolcheviques.

Ese es el golpe de Estado que para Garzón debemos tomar como ejemplo. Para intentar dar una apariencia de legitimidad a la situación, en plena euforia revolucionaria, Lenin convocó unas elecciones. Pero las perdió, obteniendo el 24% de los votos frente al 40% de los eseritas. Pero dio igual, porque no respetó los resultados y mantuvo el Consejo de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom), que fue inmediatamente reforzado por un servicio de Policía política secreta denominada ChK y a cuyo frente puso al siniestro Feliks Dzerzhinski.

Uno de los primeros decretos tras este segundo golpe de Estado fue el que modificaba el Código Penal e introducía la figura de “enemigo del pueblo”, es decir: “todos los individuos sospechosos de sabotaje, especulación, oportunismo...” que podrían ser detenidos inmediatamente y puestos a disposición de la nueva Policía política, no de los jueces.

En diciembre ilegalizó el Partido Constitucional Demócrata (KD) y sus principales dirigentes fueron detenidos, pero los Socialistas Revolucionarios (SR) -que seguían siendo la principal fuerza política en Rusia- se oponían a los brutales métodos de control social que pretendía imponer Lenin, en esa revolución que tanto anhela Garzón.

Acto seguido desplazó a importantes contingentes de la Guardia Roja a Petrogrado con la única misión de detener a los miembros del SR acusándolos de ser enemigos del pueblo. Una ironía cuando eran los miembros del partido que más apoyo popular tenían, especialmente entre los trabajadores no cualificados.

Cuando el 18 de julio se iniciaban las sesiones de la nueva Asamblea, diputados y simpatizantes del SR y de los comunistas críticos con Lenin, los mencheviques, organizaron una marcha pacífica hacia la sede de la Asamblea, pero la Guardia Roja abrió fuego contra ellos causando un centenar de víctimas, en su mayoría mujeres y ancianos.

Pese a los disturbios que se multiplicaban por todo Petrogrado, los diputados acudieron a la Asamblea, en la que los bolcheviques eran una minoría pese a controlar el poder, y se eligió una Cámara presididda por Víktor Chernov, miembro del SR. En protesta los bolcheviques abandonaron la Asamblea, que quedó disuelta. De esta manera el Gobierno de Lenin quedaba sin control.

El control de la sociedad por medio del terror

Los bolcheviques tenían fuerza en las dos principales ciudades rusas: Moscú y Petrogrado, pero apenas eran representativos en el resto del inmenso territorio del país. Por eso, la ChK recibió órdenes de imponer allí la dictadura del proletariado usando el terror como método de sometimiento. Las acciones más siniestras se registraron en Ucrania, Crimea, Kubán y el Don. Alli se asesinó a miles de personas por los métodos más brutales: decapitaciones, gaseamientos, fusilamientos, castraciones, cremaciones en vivo,…

Una vez instaurado el terror en esas zonas tocó el turno de limpiar Moscú. Como Lenin había explicado unos meses antes: “A menos que apliquemos el terror a los especuladores -una bala en la cabeza en el momento- no llegaremos a nada”. En abril de 1918 se produjeron las primeras grandes redadas y ejecuciones en Moscú: 520 políticos opositores fueron detenidos, la mayoría ejecutados. Al mes siguiente se cerraron más de 200 periódicos en toda Rusia.

La ChK tenía ya 12.000 agentes repartidos por toda Rusia, estaban en franca expansión. Un año después superarían los 200.000 agentes con sedes propias -con salas de tortura y celdas- en las principales ciudades del país.

El mes de julio Lenin ordenó el asesinato de toda la familia real rusa: el Zar Nicolás II, la zarina, su hijo, el príncipe heredero, las cuatro hijas y cinco empleados. Durante muchos años se negó el crimen, que la sociedad no iba a aceptar, y se explicó que se encontraban detenidos en un lugar seguro y secreto.

El 9 de agosto Lenin daba la orden de formar una troika dictatorial para “implantar el terror de masas, fusilar o deportar a las prostitutas que hacen beber a los soldados, a todos los antiguos oficiales (…), requisas masivas (…), deportaciones en masa...”. Seis días después firmaba órdenes de detención de todos los líderes del resto de partidos políticos. Los pocos restos de la democracia implantada en la revolución de febrero eran borrados de un plumazo.

Entre septiembre y octubre, la ChK asesinó a más de 15.000 personas, el triple de las ejecuciones cometidas por el zarismo en el último siglo.

Llegados a este extremo, sin posibilidad de una vía política, todas las fuerzas de la oposición contra los bolcheviques se unieron en una guerra civil para poner fin al terror rojo que ya se había impuesto en el país.

La guerra civil terminó con casi 12 millones de víctimas. Tres de ellos corresponden a muertos en acciones de guerra, cinco millones de muertos por hambre, dos millones de muertos por represión tras las conquistas del Ejército Rojo de ciudades y otros tantos muertos por enfermedades infecciosas, especialmente por una epidemia de tifus.
Mientras que el Ejército Rojo cometía todo tipo de atrocidades sobre las poblaciones conquistadas, la ChK desarrollaba archivos sobre todos los habitantes de las ciudades, a la vez que se construían los primeros campos de concentración, que en 1922 albergaban a más de un millón de presos.

Entre tanto, los pequeños propietarios agrarios habían sido masacrados. Los kulaks estaban siendo asesinados, bien por la ChK o por una lenta condena a muerte por hambre.Son muy significativas las palabras de felicitación que envía Lenin a Semashko, comisario de Salud, el 20 de agosto de 1919: “Le felicito por la exterminación enérgica de los kulaks”.

Esta es la figura de Lenin, un personaje político al que admira Izquierda Unida. Un personaje que acabó con la joven democracia rusa nacida de la revolución de febrero de 1917, que acabó con la pequeña propiedad agraria y mató de hambre a millones de campesinos y sus familias, que creó la Policía política, la ChK y que durante su mandato ordenó el asesinato de, al menos, tres millones de personas, además de los 12 millones de víctimas de la guerra civil que causó.

Juan E. Pflüger

Fuente: La Gaceta