Mostrando entradas con la etiqueta Apocalipsis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Apocalipsis. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de julio de 2017

LA FUTURA EXTIRPACION DE LAS HEREJIAS - VENERABLE HOLZHAUSER



DE LA FUTURA EXTIRPACION DE LAS HEREJIAS

Capítulo XIV Versículo 14.-20.

Vers. 14. Y miré, y he aquí una nube blanca: y sobre la nube sentado uno semejante al Hijo del Hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda.

La descripción de la mies y de la vendimia de que se trata en este capítulo, contiene una especie de enigma difícil y oscuro, bajo el cual se describe la futura extirpación de las herejías y de la secta de las naciones o del imperio turco, cuya extirpación tendrá lugar bajo el Monarca poderoso, y el Pontífice santo. Porque Dios consolará todavía una vez a su Iglesia antes que llegue la noche tenebrosa del reino del Anticristo. He aquí pues la interpretación del enigma. El Gran Monarca de quien se habló más de una vez, es aquel que vio San Juan sentado sobre una nube blanca, porque su reinado, designado por la voz sentado, será un reinado santo y estable, apoyado en la protección de Dios omnipotente. Este Monarca es llamado semejante al Hijo, del hombre, a causa de sus grandes virtudes con las cuales imitará a su Salvador Jesucristo. Porque será humilde, manso, amante de la verdad y de la justicia, poderoso por sus ejércitos, prudente, sabio, y celoso de la gloria de Dios. En cierta suerte realizará esta profecía de Isaías sobre Jesucristo, c. XI. v. 2: «Y reposará sobre el él espíritu del Señor: espíritu de sabiduría, y de entendimiento, espíritu de consejo, y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, y le llenará el espíritu del temor del Señor: no juzgará según vista de ojos, ni seguirá por oída de orejas: sino que juzgará a los pobres con justicia, y reprenderá con equidad en defensa de los mansos de la tierra: y herirá a la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y la justicia será cíngulo de sus lomos: y la fe ceñidor de sus riñones: Habitará el lobo con el cordero: y el leopardo se echará con el cabrito: el becerro, y el león y la oveja andarán juntos, y un niño pequeño los conducirá. El becerro, y el oso serán apacentados juntos: y sus crías juntamente descansarán: el león comerá paja con el buey. Y el niño de teta se divertirá sobre la cueva del áspid: y el detestado meterá la mano en la caverna del basilisco. No dañarán, ni matarán en todo mi santo monte: porque la tierra está llena de la ciencia del Señor, así como las aguas del mar que la cubren. En aquel día la raíz de Jessé esta puesta por bandera de los pueblos, le invocarán a él las naciones y será glorioso su sepulcro. Y será en aquel día: Extenderá el Señor su mano segunda vez para poseer el resto de su pueblo, que quedará de los Asirios, y de Egipto, y de Phetros, y de Ethiopia, y de Elám, y de Sennaar, y de Emáth, y de las islas del mar. Y alzará bandera a las naciones, y congregará los fugitivos de Israel, y recogerá los dispersos de Judá de las cuatro partes de la tierra. Y será quitada la emulación de Ephraim, y perecerán los enemigos de Judá, y Judá no peleará contra Ephraim. Y volarán a los hombros de los Philisteos por mar, saquearán juntos a los hijos del Oriente: La ldumea y Moab la primera conquista de sus manos, y los hijos de Amóm les obedecerán. Y desolará el Señor la lengua del mar de Egipto, y levantará su mano sobre el rió con la fortaleza de su espíritu: y lo herirá en sus siete canales, de suerte que pasarán por él calzados. Y habrá camino para el resto de mi pueblo que escapará de los Asirios: así como lo hubo para Israel en aquel día, que salieron de tierra de Egipto. Lo que acaba de decirse de Jesucristo, en esa profecía, puede aplicarse, en cierta suerte y por similitud, al monarca poderoso de quien San Juan dice será semejante al Hijo del hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro. Es decir que será un gran Monarca, rico y poderoso, y el dominador de los dominadores. Vencerá a los reyes de las naciones, y estará lleno de caridad de Dios. Léase lo que de él se dijo, c. III, en la sexta edad de la Iglesia, Y en su mano una hoz aguda. La hoz que el gran Monarca tendrá en su mano, es su grande y fuerte ejército, con el cual atravesará los reinos de las naciones, las repúblicas y fortalezas que atravesará de parte a parte (transfodiet). Se dice que la hoz es aguda, porque no dará combate, sin que resulte la victoria para sus ejércitos, o grandes pérdidas y suma mortandad para el enemigo. Cuéntase de Jonatás y de Saúl, en el antiguo Testamento, II. Reg., c. 4. v. 22. que, «nunca volvió la flecha de Jonatás sin grosura de fuertes, ni la espada de Saúl se retiró jamás en vano.» Así será perfectamente el ejército de ese grande y poderoso Monarca(1). Se dice que tiene la hoz en su mano, porque sin aviso suyo nada emprenderá su ejército, y él mismo es el que lo dirigirá con sus consejos, como se refiere del gran Alejandro. También se dice que tiene la hoz en su mano, porque su ejército obedecerá con puntualidad, le será adicto y lo amará de tal modo, que él lo manejará como un bastón, y obrará con él cosas grandes, prodigiosas y admirables.

II. Y salió otro ángel del templo, clamando en voz alta al que estaba sentado sobre la nube: Echa tu hoz, y siega: porque es venida la hora de segar, por estar ya seca la mies de la tierra. Esta voz es la de alguno que estimula con vehemencia a la guerra y a la siega de la cizaña de los herejes y Turcos. Este ángel que saldrá del templo y clamará así, es el sumo y santo Pontífice de quien se habló, suscitado por Dios en esos días. Y el Pontífice llevado por divina inspiración, exhortará y empeñará al Monarca a que emprenda esa guerra sagrada. Echa tu hoz, le dirá, esto es, tu ejército poderoso, y siega, esto es, corta, arranca y desarraiga a los herejes y a los bárbaros, porque es venida la hora de segar, por estar ya seca la mies de la tierra. Este lenguaje lo tendrá el Pontífice por revelación, y con esas palabras es como excitará los corazones de los príncipes, y los empeñará a unirse para emprender esta guerra. Dios dispondrá los corazones de los soldados, de manera a que accedan de espíritu y de ánimo a la empresa de su poderoso Monarca. Por estar ya seca la mies, es decir, llegó el momento de cortar la cizaña para echarla al fuego. Es una metáfora que significa el aniquilamiento y la ruina de las herejías y de la barbarie.

Vers. 16. Y el que estaba sentado sobre la nube, echó su hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada. Todas estas palabras expresan el feliz suceso obtenido según las expresiones del Santo Pontífice. Y la tierra fue segada, porque el gran Monarca exterminará, o someterá a su poderío las naciones de los turcos y las de los herejes, y ocupará sus tierras.

Vers. 17. Y salió otro ángel del templo, que hay en el cielo, que tenía también una hoz aguda. Esta hoz es otro ejército que los Estados de la Iglesia y sus aliados estrecha y fuertemente unidos reunirán en auxilio del gran Monarca. Por este motivo se dice, que él otro ángel salió del templo, esto es, de los Estados de la Iglesia de quienes el templo es figura, que hay en el cielo, esto es en la Iglesia militante representada y significada por la voz cielo. Aquel de quien se dice: Y salió otro ángel del templo, será el gran general en jefe constituido o designado por el santo Pontífice de quien se habló, para mandar al ejército fuerte empleado a la ruina y aniquilamiento de la potencia de los turcos y de los herejes.

Vers. 18. Y salió del altar otro ángel que tenía poder sobre el fuego: y clamó en voz alta a aquel que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la viña de la tierra: porque maduras están las uvas de ella. Se trata aquí todavía de otra voz que exhorta con ardiente celo a obrar; combatir con denuedo, para alcanzar la victoria sobre los enemigos de la iglesia que tanto la habían oprimido, Porque la bestia, que es el imperio turco, debe antes ocupar la Italia, y extenderse considerablemente por todas partes. Estrechará de tan cerca la cristiandad, que esta, reducida a la última necesidad, tentará también los supremos esfuerzos, y obtendrá inmenso suceso. Hará pedazos la silla o reino de la bestia, esto es, el imperio turco, y relegará al infierno la perfidia de los herejes. Por esto San Juan designa dos especies de enemigos, a quienes distingue con las voces mies y vendimia. La primera palabra significa las naciones de los turcos, y la segunda designa a los herejes. Porque por garbas de paja, se entiende las naciones bárbaras, y por racimos de uvas silvestres, se entiende los herejes que se vanaglorian de ser cristianos. De estos últimos es de quienes se habla por alegoría en el Evangelio, Joa., c. XV, V. 1-7: «Yo soy la verdadera vid: y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que no diere fruto en mí lo quitará: y todo aquel que diere fruto, lo limpiará, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la Palabra, que os he hablado. Estad en mí: y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede de sí mismo llevar fruto, si no estuviere en la vid, así ni vosotros, si no estuvieseis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que está en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto: porqué sin mí no podéis hacer nada. El que no estuviere en mí será echado fuera; así como el sarmiento, y se secará, y lo cogerán, y lo meterán en el fuego, y arderá,» Grande y difícil metáfora son las palabras siega y vendimia de que se habla en el Apocalipsis. Porque Dios siempre ha dado a las naciones terrenas grandes reinos, mientras que a su pueblo escogido lo tuvo en estrechos límites, coartados y desfavorables, a manera de una tierra guarnecida como con una cerca de espinas: En ese estado es como ahora se encuentra la Iglesia, viña del Dios de los ejércitos. De consiguiente por mies, o más bien por garbas secas de paja, o de cizaña, se entiende las naciones terrenas, y por las uvas que crecen en lo silvestre de la viña, Iglesia de Cristo, son literalmente designados los herejes. Porque Jesucristo es la viña; y en su viña que es la Iglesia, crecen dos especies de uvas, las uvas buenas, esto es, los verdaderos cristianos, y las silvestres, es decir, los herejes de otra manera representados por sarmientos secos.

Vers. 19. Y metió el ángel su hoz aguda en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó la vendimia en el grande lago de la ira de Dios. Estas palabras insisten de nuevo sobre la prosperidad de la Iglesia, y sobre la certidumbre y evidencia del testimonio que San Juan da, de que en su debido tiempo han de acontecer esas cosas, para consuelo de la santa Iglesia romana, Porque habló el Señor, y su palabra se ha de ejecutar sin falta. Y echó la vendimia en el grande lago de la ira de Dios. Este grande lago de la ira de Dios, es el lagar o grande cuba donde la divina justicia ejercerá sus venganzas sobre los herejes y sobre las naciones bárbaras. En este grande lago siempre el Señor arrojó ora a los unos, ora a los otros, para consuelo del pueblo de Israel y de la Iglesia de Cristo, para que no digan las naciones: ¿Dónde está su Dios etc.? Las Escrituras hablan de esa ira o venganza de Dios, Psal., LXXVII. v. 65: «Y despertóse el Señor como quien duerme, como un valiente después de haber bebido mucho vino. E hirió a sus enemigos en la parte posterior: afrenta sempiterna les dio.» El grande lago será la exterminación y ruina de las naciones bárbaras y heréticas; y el Monarca poderoso es quien, por el permiso y cooperación de la justicia, venganza y cólera del Todopoderoso, los precipitará allí. Porque Dios es la causa principal, y los hombres son como instrumentos de su omnipotente brazo.

Vers. 20. Y fue hollado el lago fuera de la ciudad, y salió sangre del lago hasta les frenos de los caballos por mil seiscientos estadios. Estas palabras significan grandísima efusión de sangre, que Dios, en su ira e indignación, hará verter a sus enemigos por medio de los ejércitos cristianos. Y fue hollado el lago fuera de la ciudad. Es decir, que Dios hará gravitar los efectos dé su cólera sobre esas naciones, fuera de la ciudad santa, y de la palestina, la que ha sido reservada a las naciones, hasta tanto que llegue el hijo de perdición. Y salió sangre del lago hasta el freno de los caballos. Esta es una expresión hiperbólica, y significa un derramamiento de sangre tan copioso, que los caballos casi nadarán en la sangre de los muertos y de los heridos. Porque cuándo los caballos nadan están en el agua sumergidos hasta las narices. Por mil y seiscientos estadios. Esta es todavía una hipérbole que representa la inmensa carnicería que los cristianos harán en sus enemigos.

_______________________________

(1) N. d T. f, El venerable holzhauser se sirve aquí de la voz rey, pero nada puede inferirse sobre el título de este Monarca, supuesto que casi siempre se sirve de esa palabra, aun para con los emperadores, como por ejemplo para con los de la Turquía a quienes también llama reyes, y al imperio de, ellos reino. Se habrá más arriba notado, que se ha dicho del gran Monarca que será hijo de un rey, y la gloria de su casa real. En suma, esta última voz real se ha de tomar en general por soberana. Nos hemos valido de la palabra monarca, porque es el título que el autor le da ordinariamente y aun en el caso presente; y añade el título de monarca al de rey: Se habrá por otra parte notado que a la ocasión del último concilio cuyos decretos hará ejecutar ese Monarca el autor habla de edictos imperiales.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 453 a la 460.

Traducido al Español por el
Reverendo Padre Fray Ramón de Lérida,
Capuchino Misionero Apostólico.

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
El Obispo de la Serena (Chile)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.

jueves, 31 de marzo de 2016

PROFECÍAS DEL VENERABLE JUAN TAULERO


«El riesgo que padecemos, dice, es grande, así del cuerpo como del alma. Verdaderamente, las señales que prometen estas terribles y espantosas plagas, en parte son éstas: vestidos rasgados, breves rotos, ya de esa forma, ya en un instante de la otra; ahora así, y al punto con abominable transformación variados con insolentes y lascivos modos. Todo lo cual sin duda procede de la sugestión de los malignos espíritus y de su introducción en los corazones de los hombres: como casi doscientos años ha predicho clarísimamente Santa Hildegardis y profetizándolo procuró avisar al mundo. 

»Qué tales han de ser las plagas susodichas, con mucha distinción las pintó la misma Santa; pero ninguno se atreve a publicarlas porque no las comprende, y es de temer que con tal publicación se aceleren más, que se impidan; empero para que sepan y tengan entendido algunas personas pías cómo se han de portar en los tiempos de estas calamidades, me ha parecido proponerlas aquí debato de parábolas y semejanzas. 

»Tirarán a nuestra Sacrosanta Fe, a los Sacramentos y todas las eclesiásticas y cristianas Constituciones, por lo cual caerán los hombres en tal fluctuación y error, que totalmente ignorarán a cuál por más segura de las católicas verdades podrán creer y en cuál deberán confiar; y la razón porqué permitirá esto la Divina Justicia certísimamente es porque viviendo nosotros tanto tiempo ha tan negligente, o por mejor decir, tan viciosamente, hemos contradicho con nuestra vida y costumbres a la misma fe, y nos hemos atrevido a tratar y recibir con tan manifiesta irreverencia, tan indigna, libre e infructuosamente el dignísimo Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, juntamente con todos los demás Sacramentos, y finalmente con toda la demás santidad cristiana. 

»Entonces, pues, amenazan grandes peligros a los torpes, viciosos y menospreciadores de la Divina inspiración. Mas los que tuvieren impresa en sus frentes la señal del Thau, esto es, todos los que por la fe viva de Jesucristo fueren hallados en algún principio y aprovechamiento de mejor vida, quedarán libres de estas plagas; y esto es lo que el glorioso Apóstol San Juan, en el capítulo nono del Apocalipsis, asegura contando estas calamidades, aunque debajo de obscuras palabras, pero descubiertas más claras que la luz por Santa Hildegardis. 

»Demás de esto, la suma e intención del fiel y saludable consejo que nos reveló Santa Hildegardis para todos aquellos que alcanzaron aquellos peligrosos tiempos, es ésta: conviene a saber, que condescendiendo pacifica y humildemente con ánimo resignado y prontísima voluntad con su anciana y casi exhausta Madre la Santa Iglesia, obedezcan con voluntaria y obediente resignación a todos sus institutos y doctrinas que públicamente hasta ahora se nos proponen en los púlpitos por los predicadores, y no den crédito a otra cualquiera persuasión, aunque un ángel del cielo lo diga o procure persuadir fuera de lo que nos está evangelizado, como diligentemente estamos prevenidos por Nuestro Señor Jesucristo cuando dijo: «Sobre la Cátedra de Moisés se sentaron los escribas y fariseos, todo lo que os dijeren guardadlo y hacedlo; pero no queráis hacer según sus obras. También San Pablo dice: «Mas aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciare fuera de aquello que os hemos anunciado, sea maldito». 

»Ahora, pues, muy amados míos, estad ciertos que si no procuramos mudar en otra mejor nuestra vida, nos amenazan gravemente las calamidades dichas; de suerte que será tanta la aflicción, que nos traiga a la memoria el día del juicio; porque lo que ahora parece gozar mucha paz, se vera entonces en grandísima molestia. Serán pervertidas las palabras de Dios y casi olvidado el culto divino: unos huirán allí, otros allá, y no se podrá fácilmente saber qué fin tendrán tantas desdichas. En medio de esto el fidelísimo Dios se reservará algún nido en que conserve y guarde los suyos. 

»Aprenda, pues, cada uno a padecer y negarse a sí mismo, escuchando dentro la voz de su Padre, atendiendo a lo que en sí le habla; y fuera la de su Madre, esto es, la Iglesia Santa, porque es una la voz de entrambos; por lo cual el que no trabajare en conocer estas voces es necesario que perezca eternamente, porque se levantará una voz falsa que inducirá en error a todos los que no quisieren oír esta voz paternal, la cual para nosotros suena por la voz de Nuestra Santa Madre la Iglesia en todas las doctrinas, preceptos y consejos. 

»¡Ay por esto! ¡y otra vez ay! de todos aquellos que a esta voz no quisieren obedecer, para que en verdad se menosprecien a si mismos y aprendan a ser humildes, porque a éstos inspirará una voz horrenda de desesperación, diciendo unos falsos doctores que es falso y fingido cuanto los Doctores de la antigua verdad aquí han enseñado. 

»Cualesquiera, pues, que en su fondo estuvieren destituidos de humildad y perseveraren por su propio sentido beneplácito en aquellos sus engañosos y sutiles conceptos, todos éstos se precipitarán en tantos errores, que creerán que todos los ritos e institutos de la Iglesia son mentirosos y ajenos de toda verdad, lo cual verdaderamente por la mayor parte procederá de su viciosisimo fondo, y también porque estarán totalmente apartados del vivo y verdadero fondo, porque la verdadera humildad es amar a Dios de todo, en todo y por todo. Este es, muy amados míos, el verdadero fundamento de todo bien. 

»¡Oh, si pudierais prevenir, carísimos, en cuántas angustias y peligros se han de ver envueltos el mundo y todos aquellos que en el centro de su alma no se llegaren puramente a Dios, o a lo menos a sus amigos! ¡y cuán terriblemente se hará con ellos! y, finalmente, ¡cómo será pisada y ultrajada la Fe verdadera! Digo que si lo llegarais a entender, vuestros sentidos naturales de ninguna manera lo pudieran sufrir; los que alcanzaréis a vivir entonces, pensad cuánto tiempo antes se os ha dicho».

Venerable Juan Taulero, Dominico

(Instituciones divinas, cap. XLVI. Traducción del siglo XVII)

Apología del Gran Monarca 1ª Parte, 
paginas, 200, 201 y 202.
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904

jueves, 30 de abril de 2015

INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS POR EL VENERABLE BARTOLOMÉ HOLZHAUSER.- DEL CONSUELO DE LA IGLESIA LATINA Y DE SU FUTURA EXALTACIÓN Y EXTENSIÓN.


Del consuelo de la Iglesia latina y de su futura
exaltación en la sexta edad.

CAPITULO X.—Vers. 1-II.

Vers. 1. Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cubierto de una nube, y el Iris sobre su cabeza. En los necesitosos y calamitosos tiempos la divina bondad siempre suele socorrer a su Iglesia con consuelos y oportuna asistencia, para que no sucumba bajo los esfuerzos de sus enemigos. Habiendo Dios prometido, estar con ella hasta la consumación de los siglos, las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Esta promesa, la tiene declarada admirablemente en la quinta edad, en esta edad de desolaciones y de males, dando a su Iglesia poderosos auxilios, sobre todo en medio de los mayores peligros. 1.° Oponiendo a Lutero y a su funesta herejía un poderoso guerrero, San Ignacio y su compañía. 2.º Convocando, bajo la inspiración del Espíritu Santo el santo concilio Tridentino, afín de aclarar los dogmas de la fe y restablecer la disciplina, y especialmente el celibato que estaba a pique de desaparecer. 3º Otorgando a la Iglesia en medio de su desamparo y defecciones, sumo consuelo, procurándole en otras partes del mundo tantos fieles cuantos ella perdía en Europa. Porque precisamente a esta época de desamparo, al principio de la quinta edad, Dios hizo florecer la fe, y dio aun más brillo y resplandor a su luz como para desafiar a las potestades infernales, causando innumerables conversiones en América, Asia, Indias, Japón y en muchas otras regiones. 4.º Además protegió siempre a Iglesia hasta nuestros días dándole soberanos celosos, uno de los mas distinguidos fue el emperador Fernando II. Pero todos esos socorros no eran suficientes para acabar con la horrible bestia que hemos descrito, como demasiado lo prueba la experiencia; y como no se han concluido nuestros males, San Juan, después de haber señalado la principal causa de esto y los principales sucesos que le son inherentes, llega en este capítulo a la descripción del gran Monarca que hemos anunciado. Véase el Lib. 1. sección III, cap. III. - II.

Vamos ahora a presenciar la gran escena de la sexta edad de la Iglesia, donde veremos que después que hayan sido los herejes abatidos y convertidos, la Iglesia gozará del mayor consuelo; él imperio de los turcos será profundamente humillado, la fe católica brillará por mar y por tierra, y la disciplina eclesiástica será restaurada y perfeccionada.

II. Antes de llegar a la exposición del texto, conviene notar que el ángel que apareció a San Juan, fue un verdadero ángel de Dios, de la mas distinguida naturaleza. Ese fue el ángel tutelar y protector del imperio romano, o del gran Éufrates. Ese ángel hizo el oficio de dos personas; la primera representaba la del gran Monarca futuro que San Juan describe con estas palabras: Y vi otro ángel fuerte. La segunda fue la de este mismo ángel que en calidad de embajador celestial, reveló a San Juan los secretos venideros de la Iglesia. A este segundo, personaje se refieren estas voces que encontramos en el texto: Y el ángel que vi estar sobre la mar, y sobre la tierra, etc., hasta el fin del capitulo. Así, mismo vemos en el Éxodo, c. III v. 2, que el ángel que apareció a Moisés en una, llama de fuego en medio de una zarza, hacia también el oficio de dos personas. La primera representaba a Dios, y la segunda era la del ángel que, en su calidad de embajaor celestial, manifestó a Moisés los decretos de la voluntad divina, tocante a los hijos de Israel. Y vi, Hemos explicado en el libro II de que modo los profetas ven en el porvenir las personas y las cosas. Y vi otro ángel: 1.º Este ángel está designado por el pronombre otro, para hacer ver que será en todo diferente a los precedentes, quienes fueron Lutero y sus antepasados. Porque este otro ángel no admitirá sino una sola y pura doctrina, y será muy celoso por la fe católica, una y ortodoxa, sobre todo después de haber abatido y dispersado a los herejes por mar y por tierra. Sus costumbres serán santas y bien regladas. Contribuirá poderosamente, al propagación de la fe, y a la restauración de la disciplina eclesiástica que el ángel su predecesor, es decir, el heresiarca Lutero, con sus inicuos secuaces, había tan considerablemente debilitado y arruinado. 2.º San Juan atribuye a esto otro ángel la cualidad especial de ser fuerte o poderoso. Y vi otro ángel fuerte, etc. Será poderoso en la guerra, y lo destrozará todo como un león. Será muy grande por sus victorias, por lo que no podrá menos de afianzarse con mayor solidez en el trono de su imperio. Reinará muchos años, y durante su reinado humillara a los herejes y a las repúblicas, y someterá todas las naciones a su imperio y al de la Iglesia latina. Además, después de haber relegado al infierno la secta de Mahoma, destruirá el imperio turco, y no dejará subsistir de él más que un pequeño estado sin poder y sin fuerza, el cual sin embargo se mantendrá hasta la venida del hijo de perdición, el cual no temerá al Dios de sus padres, ni se inquietará de ningún Dios. ( Dan. c. XI. v. 37). Y vi otro ángel fuerte descender del cielo.

El profeta dice que este ángel descenderá del cielo, porque nacerá en el seno de la Iglesia católica tomada aquí por cielo; y será enviado especialmente de Dios, según los decretos de la divina Providencia; quien lo habrá elegido para consolar y enaltecer a la Iglesia latina aun en medio de su grande aflicción y profunda humillación. 4.° Y vi otro ángel etc… cubierto de una nube. El profeta señala a este Monarca como revestido de una nube, para enseñarnos que será muy humilde, y que desde la infancia andará en la simplicidad de su corazón. Porque nube que cubre el brillo del esplendor significa humildad, y la humildad atrae la protección de Dios, significada también por la nube con que estará cubierto ese Monarca. En efecto, nadie es tan protegido de Dios como el que camina por la senda de la humildad, según San Lucas c.I. v.52: «Destrono a los poderosos y ensalzo a los humildes». Por este motivo nadie le podrá dañar y resistir, supuesto que estará cubierto de la protección del Dios del cielo. 5.º Y vi otro ángel… cubierto de una nube, y el Iris sobre su cabeza. Por Iris se entiende la paz que Dios hará con la tierra, según el Genesis, c. IX. v. 13; «Pondré mi arco en las nubes, será señal de alianza entre mí y entre la tierra». Una alianza supone paz, y ese Monarca la dará al universo. Porque después que baya extirpado las herejías y las supersticiones de los gentiles y de los Turcos, habrá un solo rebaño y un solo pastor. Todos los príncipes se unirán a él con los más estrechos vínculos en la fe católica, y con lazos de amistad, porque no abusando de su poder ni ofendiendo a nadie con injusticias, él dará a cada cual lo que le es debido. Por eso dice, el Profeta: tendrá por adorno él iris sobre su cabeza. 6.º Y su cara era como el sol, por el esplendor de su justicia y gloria imperial, por la suma inteligencia y profunda sabiduría con que se distinguirá, y también por su ardiente caridad y celo por la religión; en fin, porque será como el sol entre los astros; es decir, que caminará en su imperio entre sus príncipes aliados, quienes ejecutarán sus voluntades y marcharán sobre sus pasos, etc. 7.º Y sus pies como columnas de fuego. Los pies significan la extensión y poder de un imperio, según el Salmisa, Psal. L IX, v. 10: «Moab olla de mi esperanza: Sobre la idumea extenderé mi calzado: sometidos me están los extranjeros». Como muchos tiranos tuvieron vastos y poderosísimos imperios, el profeta atribuye a este Monarca propiedades especiales para distinguirlo: Y sus pies como columnas de fuego. Las columnas son los estribos y apoyo del edificio, y el fuego significa celo religioso y ardiente Caridad para con Dios y el prójimo; el fuego es también un elemento que doma todo, tal será precisamente el poder de ése Monarca; su reinado será el mas firme apoyo de la iglesia católica y de su casa real, cuyo reino quedara para el y su posteridad afianzado, hasta tanto que llegue la apostasía y aparezca hijo de perdición. El poder del Monarca brillará sobre todo por su celo religioso, y por el fuego de su caridad para con Dios y el prójimo; y así tomo el fuego todo lo doblega, así también este soberano doblegará y dominará todo.

III. Vers.2. Y tenía en su mano un librito abierto. Ese pequeño libro denota un concilio general, el mayor y más, celebre de todos. El profeta dice que éste ángel tiene un librito abierto en su mano, porque por obra y poder del Monarca este concilio será reunido, protegido y terminado con buen éxito, y también porque empleará toda su fuerza para que se ejecuten las sentencias y decretos. Dios del cielo le bendecirá y pondrá todas las cosas en sus manos y poder. Dícese que el librito estará abierto, por la claridad con que el concilio explicara el sentido de las Sagradas Escrituras, y por la pureza de los dogmas de fe que en él se proclamarán. 9.º Y puso su pie derecho sobré la mar, y el izquierdo sobre la tierra. Es decir que este Monarca engrandecerá y extenderá su imperio por mar y por tierra, porque subyugará la tierra y las islas de los mares a su dominio. Inmensa será la grandeza y extensión de su poder, significado por pies, como hemos explicado mas arriba.

Vers. 3. Y clamó en alta voz como un león cuando ruge. Ese bramido de su voz comparado al rugido del león, nos da a entender el terror pánico que él inspirará a los pueblos todos de la tierra y a los moradores de las islas. Porqué cuando el león ruge, manifiesta su fuerza, y de todos los demás animales se apodera el espanto. Por eso se dice en los Proverbios. c. XX.v.2; «Como bramido de león, así la ira del rey. «Los grandes gritos de su voz serán también sus edictos imperiales, por los cuales, mandará ejecutar con todo rigor, en favor da la fe católica y ortodoxa, las ordenanzas del concilio; y sus edictos llegarán a todas las naciones de la tierra y de las islas.

IV. Y luego que hubo clamado, siete truenos, hablaron sus sus voces. Los truenos que se oirán a la voz de este ángel, serán las murmuraciones, protestas, y gritos, de los que querrán resistir a la voluntad del Monarca y herirlo porque en ese tiempo se levantará una gran tempestad; mas como no podrán resistirle ni mucho menos dañarle, se le manda a San Juan de no escribir lo que vio en semejante circunstancia; porque toda esa tempestad no tendrá ningún resultado. Jesucristo quiere únicamente prevenir de ella a San Juan como representante de la Iglesia, para hacernos, y saber que el imperio de ese Monarca y la propagación de la verdadera fe sobre la tierra, no se obtendrán sin ruido y borrasca. Por eso dice: Y luego qué hubo clamado, siete truenos hablaron sus voces. Cuando solo retumba el eco del trueno, es señal que el rayo no hiere, porque se, ha descargado la nube en los aires; pero la borrasca produce su efecto, a veces bastante dañino, según qué cae el rayó sobre los hombres, animales, árboles o edificios. Mas la tempestad mostrada a San Juan bajo la figura de una borrasca, no producía otro efecto que él del trueno. Siete truenos hablaron sus voces. Es decir que, los príncipes y grandes se insurreccionarán Contra el Monarca y murmurarán. Harán oír sus voces a la ocasión del Concilio, para resistirle y herir sus decretos, pero como el Monarca estará bajo la protección de Dios; todos los esfuerzos de ellos serán vanos e inútiles.

V. Vers. 4. Y cuando los siete truenos hablaron sus voces, yo las iba a escribir. Es decir luego que me fueron revelados los secretos y consejos de esos príncipes recalcitrantes, iba a escribirlos, dice San Juan, en virtud del mandato que había recibido; y oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que han hablado los siete truenos, y no las escribas. Hay dos razones que impiden se sepa o escriba alguna cosa. La primera es cuando este conocimiento puede causar perjuicio o daño, o estorbar algún bien, en lo presente o venidero. La segunda es cuando la importancia, utilidad o necesidad del asuntó exigen que no se sepa o se escriba. Así es como la divida Providencia esconde a sus fieles amigos; en esta presente vida, los peligros y tribulaciones del cuerpo y del alma, cuyo número es casi infinito, porque no seria útil al hombre conocerlos antes. Y Dios, en su bondad, sabe preservarnos de ellos o defendernos en tiempo oportuno, por grandes, e inminentes que sean los males de la vida. Por la misma razón no se permitió a San Juan escribir las voces de les truenos, a la ocasión del Monarca. Porque Dios lo librará de todo peligro, y hará abortar los designios de sus enemigos, etc. Sella las cosas que han hablado los siete truenos, y no las escribas. Es decir, escribe que siete truenos han hablado sus voces, pero no escribas lo que han hablado.

Vers. 5.º Y él ángel, qué vi estar sobre la mar, y sobre la tierra, levantó su mano al cielo. Viene ahora el otro personaje que el ángel representaba, es decir que ya no se trata aquí del Monarca, sino del embajador Celestial, revelando los divinos arcanos sobre el fin de los tiempos. Y el ángel, que vi estar sobre la mar, y sobre la tierra, esto es, el presidente supremo, guardián y protector de este imperio, a quien vio Daniel c. XII. v. 7. sobre las aguas del rió, levantó su mano al cielo.

Ven. 6. Y juró por el que vive en los siglos de los siglos, que crió el cielo, y las cosas que hay en él: y la tierra, y las cosas que hay en ella: y la mar, y las cosas que hay en ella. Esas palabras encierran un testimonio fundado en la fe jurada, cuya revelación hace el Señor a todo el humano linaje por medio de su embajador celestial, para consuelo de los escogidos y terror de los impíos. Este ángel jura con esas palabras, una verdad de la mas alta importancia, a saber: Que no habrá ya mas tiempo. Este pasaje, se explica literalmente, 1.° por lo que toca a los herejes y enemigos de la cruz y de Cristo porqué el tiempo, días e impiedad de ellos concluirán bajo el imperio del Monarca anunciado: y, para que a estos les sirva de espanto y confusión eterna, y de gran consuelo a la Iglesia latina y fieles que la componen, el ángel proclama este prodigioso testimonio: Que no habrá ya mas tiempo. 2.° Estas palabras también significan, que tan luego como haya tocado la trompeta el séptimo ángel, esto es, el Anticristo, ya no habrá mas tiempo para trabajos y tribulaciones: y lo anuncia para consolar y fortalecer a los fieles contra los impíos de quienes, está escrito. II. Petri, c. III. v. 3. «Sabiendo esto primeramente, que en los últimos tiempos vendrán impostores artificiosos, que andarán según sus propias concupiscencias diciendo: ¿donde está la promesa o venida de él? porque desde que los padres durmieron, todo permanece así como en el principio de la creación». Por eso el ángel confirma, con solemne juramento, el segundo advenimiento de Jesucristo, cuando cesen los tiempos de dolores y persecuciones paró los buenos, pero también los tiempos de deleites, triunfos, honores, riquezas, gloria y encantos todos de la presente vida para los malos.

VI. Vers. 7. Más en los días de la voz del séptimo ángel (el Anticristo) cuando comenzare a sonar la trompeta, etc. La descripción de esté séptimo ángel y el sonido de su trompeta se encuentra en el capitulo siguiente. Mas en los días de la voz del séptimo ángel. Esas palabras designan el fin de los tiempos, y concluidos estos no habrán ya mas en toda la eternidad; porqué en ese día tendrá lugar la consumación del siglo, e inmediatamente después vendrá el juicio universal. Por cuyo motivo añade el texto: Y juro…. que…. será consumado el misterio de Dios, como lo anunció por sus siervos los profetas. Porque, 1.° el día de la consumación del siglo y del juicio universal es verdaderamente un misterio muy grande reservado a Dios solo, misterio que jamás fue revelado ni nunca lo será, hasta que se cumpla, según San Mateo, c. XXIV. v. 36: «Mas de aquel día, ni de aquella hora nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, sino solo el Padre». 2.° Este misterio conocido únicamente de Dios es grande, porque todos los secretos los mas ocultos de nuestros corazones, tanto en general como en particular, serán manifestados en el día grande de Dios todo poderoso, según el Apóstol I. Cor., c. III. v.13: «Manifiesta será la obra de cada uno: porque el día del Señor la demostrará, por cuanto en fuego será descubierta: y cual sea la obra de cada uno, el fuego lo probará». Y en el cap. IV. v. 5: «No juzguéis antes de tiempo, hasta que venga el Señor; el cual aclarará aun las cosas escondidas de las tinieblas; y manifestará los designios de los corazones; y entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza». 3.° Este misterio es la resurrección de los muertos, I. Cor. c.XV. v.51. «He aquí os digo un misterio. Todos ciertamente resucitaremos, mas no todos seremos mudados. En un momento, en un abrir de ojos en la final trompeta; etc». 4.° Este misterio estipendió de bienes o de males, quedará impenetrable a nuestra vista hasta tanto que venga el Señor Dios. Apoc. c. XXII. v.12: «He aquí, que vengo presto, y su galardón va conmigo, para recompensar a cada uno según sus obras». Este es seguramente un misterio grande que tuvo a David rey enajenado, y tendrá a todos los justos de ese siglo conmovidos en medio de sus tribulaciones, Salmo LXXII. v. 1. «¡Cuan bueno es Dios para Israel, para los que son rectos de corazón! Mas mis pies por poco no se conmovieron: por poco no resbalaron mis pasos. Porque me llené de celo sobre los inicuos, viendo la paz de los pecadores. Porque que no atienden ellos a su muerte: y no hay firmeza en la llaga de ellos. No se ven en el trabajo de los hombres a, ni con los demás hombres serán azotados. Por eso se apoderó de ellos la soberbia: cubiertos están de su iniquidad e impiedad. Como de la grosura nació su iniquidad: pasaron al afecto de su corazón....Pensaba en entender esto, trabajo es esto para mí: hasta que yo entre en el santuario de Dios; y entienda las postrimerías de ellos». 5.º En fin es un misterio de Dios solo, conocer cuales de los hijos de Adán son los predestinados; cuyo misterio se oculta también a los ojos de los hombres, y sin que a nadie sea posible penetrarlo hasta el día del Señor, Rom., c. XI,v. 25: «No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio (porque no seáis sabios en vosotros mismos) que la ceguedad ha venido en parte a Israel hasta que haya entrado la plenitud de las gentes» en la iglesia, etc., finalmente concluye el apóstol San Pablo: «¡O profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡cuan incomprensibles son sus juicios e impenetrables sus caminos!». De esto se sigue que no debe uno cansarse en vano, queriendo investigar la gran cuestión de la predestinación. Ese es un misterio reservado a Dios solo hasta el día del juicio, en el que dará a cada uno según sus obras, y según él trabajó de cada cuál. Porque Dios es justo, y la iniquidad es incapaz de llegar hasta él; no quiere la muerte del pecador, quiere si sobre todo el qué se convierta y viva. Muchos hombres se rompen la cabeza sobre ese punto dificultoso, y se extenúan como el araña cuán urde su tela. Mucho mas útil seria para ellos rogar al Señor su Dios, procurar concebir santos pensamiento sobre, su bondad, y trabajar a su salvación con temor y miedo supuesto que ese arcano misterioso de Dios es impenetrable, cuanto más uno lo escudriña, tanto mas profundamente se sumerge en las dificultades, particularmente si se piensa que uno lo entiende. Como lo anuncio por sus siervos los profetas. Los profetas siervos de Dios son Moisés; Enoch y Elías, y todos los otros profetas del Antiguo Testamento. Lo son también los Apóstoles, y todos los demás doctores y predicadores, todos los cuales, unánimes, cada uno en su lengua y en sus escritos, anunciaron al mundo el gran misterio del reino de Dios, lo predicaron tal como se predica y anuncia todavía en nuestros días, y tal como será predicado y anunciado hasta el fin del mundo. Los hombres no creerán a ese día, cuando esté para cumplirse el misterio, hasta que llegue; cómo en tiempo del diluvio, cuando Noé lo anunció al mundo por espacio de mas de cien años, los hombres de su época sé negaron a dar fe a su palabra. «Por eso nos dice Jesucristo en San Mateo, c. XXIV. v. 7. Así como en los días de Noé así será también la venida del Hijo del hombre. Porqué cómo en los días antes del diluvio se estaban comiendo bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no lo entendieron hasta que vino el diluvio, y los llevó a todos: así será también la venida del Hijo del hombre».

VII  Vers. 8. Y oí la voz del cielo que hablaba otra vez conmigo, y que decía: ve y toma el libró abierto de mano del ángel, que está sobre la mar, y sobre la tierra. 
Vers. 9. Y me fui al ángel, y le dije, que me diese el libro. Y me dijo: Toma el libro, y trágalo; y hará amargar tu vientre, mas en tu boca será dulce como la miel.
Vers.10. Y tome el libro de mano del ángel, y le tragué: y era dulce en mi boca como la miel; y cuando le hube tragado, fui mi vientre amargado.
Vers.11. Y mé dijo: Es necesario que otra vez profetices a muchas gentes, y a pueblos, y lenguas, y a reyes. 

San Juan representando aquí la persona moral de la Iglesia toda, nos instruye con esas palabras, de la cualidad y efectos del libro del que mas arriba se habló, nos demuestra esas cosas con una metáfora que saca él de la acción de comer. En efecto, por el sabor y digestión de los alimentos copáramos y experimentamos la calidad y efectos de ellos; porque muchas cosas son dulces y agradables al paladar, mientras que son de amarga y difícil digestión, y viceversa. Eso es también lo que sé verifica en las cosas celestiales y espirituales. Por ejemplo, leemos gustosos, y hablamos con placer de las tribulaciones y sufrimientos de los santos mártires, alabamos y admiramos la vida de los santos, sus virtudes heroicas, su conducta irreprensible, sus sacrificios, abnegaciones etc. etc.; pero si tenemos que tragar una sola gota del cáliz de ellos, al momento produce una amargura que nuestras entrañas no soportan; y la digestión, sea la practica e imitación de su vida, nos parecen duras y pesadas. Distinguense por el contexto y principio del capitulo siguiente, otras cuatro cualidades de este libro: 1° Contiene una doctrina sana, unánime y santa en materia de fe y buenas costumbres, cualidad significada con estas palabras: En tu boca será dulce como la miel. Esas voces contienen una metáfora, así como la miel es dulce en la boca de los hombres, así también la pura doctrina y la sana moral son dulces en la boca del justo, pero en la boca de los malos amargas como la hiel. De hay este pasaje del Salmo CXVIII v. 103: «Cuan dulces son tus palabras a mi paladar, mas que la, miel a mi boca». Isaías dice también de Cristo c. VII: «Manteca y miel comerá, hasta que sepa desechar lo malo, y escoger lo bueno». Pues como este libro será obra del Espíritu Santo; dice con razón San Juan que será dulce corno la miel en la boca de toda la iglesia a la que él representa; es decir, que será recibido con entusiasmo y unánime consentimiento. 2.º Producirá gran conmoción, porque esta obra de Dios no se realizará sin graves dificultades, ni sin resistencia: y llegará a ser regada con la sangre de los mártires; porque, el mundo, demonio y carne, han resistido siempre y siempre resistirán a las obras de Dios, permitiéndolo la divina sabiduría para que mejor resalte el pensamiento del sabio. Prov. c. XXI. V. 30: «No hay sabiduría, no hay prudencia, no hay consejo contra el Señor». Esa tempestad la levantarán en primer lugar los poderosos del siglo, que resistirán con las armas al gran Monarca, y perseguirán a los que emprendan la conversión de los pueblos a la fe católica que el Monarca mandara a predicar por tierra y por mar, etc. Por eso se dijo mas arriba que después de haber clamado el ángel que se tenia en pie sobre la tierra y sobre la mar, siete truenos hablaron sus voces, Véase lo que se dijo mas arriba, versículo 4. 2.° La ejecución de este concilio experimentará también grande dificultad de la parte de los malos sacerdotes; cuando hayan de desaparecer enteramente las Venus, así como los ídolos de oro y plata y la vida ociosa. Todas esas dificultades están expresadas con estas palabras: Y cuándo lo hube tragado, fue mi vientre amargado. Como dijimos, San Juan representa aquí la persona de toda la Iglesia que ha de sufrir amarguras, tribulaciones y muchas dificultades en la ejecución de este concilio; pero esos males no prevalecerán, tampoco podrán los enemigos de la iglesia impedir el que se cumpla la grande obra de Dios. 3.° Para dar consuelo y seguridad a la Iglesia, el enviado celestial añade al instante el tercer efecto del libro, la predicación del Evangelio y de la fe católica a muchas gentes, y a pueblos, y lenguas, y a reyes; esto es, en los países que el mahometismo, el cisma, el Protestantismo y toda otra secta habían separado del seno de su madre, la Iglesia romana. Esto es lo que expresan las palabras siguientes: Y me dijo: es necesario que otra vez profetices a muchas gentes, y a pueblos, y lenguas y a reyes. Esas palabras se dirigen a la Iglesia que San Juan representa; ella predicará por la voz de sus enviados a los pueblos que ya habían conocido la luz de la fe católica, pero que defeccionaron. Eso es indican las voces: Es necesario qué otra vez profetices, a fin que en los últimos tiempos, sea la fe católica predicada de nuevo a muchas gentes, y a pueblos, y lenguas, y a reyes, que se apartaron de la Iglesia, etc. Hé ahí lo que efectivamente acontecerá en la sexta edad, en la edad de consuelo, que durará hasta la séptima y última edad de consumación.

De la extensión y exaltación de la Iglesia.

CAPITULO XI.- Vers.1-12.

Vers. 1.- Y me fue dada una caña semejante a una vara, y se me dijo: Levántate y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.

I. Esas palabras anuncian el cuarto efecto del libro mencionado, y tendrá por objeto la predicación del Evangelio con la ayuda de la divina misericordia; es decir, la conversión de casi todo el universo a la fe católica una, verdadera, apostólica, y santa; porque la Iglesia latina se entenderá a lo largo y a lo ancho, por tierra y por mar; y será consolada y glorificada. Se le manda a San Juan que la mida, para significar su inmensa extensión y los muchos pueblos que acudirán hasta de muy lejos, concurriendo a ella de los extremos de la tierra. Está escrito en el Génesis. c. XV, v.5: «El Señor saco fuera a Abrám, y dijole: Mira el cielo, y cuenta las estrellas, si puedes...Así será tu posteridad». De igual manera nos dice aquí San Juan: 1.° Y me fue dada una caña semejante a una vara. La vara sirve para medir edificios, campos y otras cosas de ese tenor, en largo, ancho y profundo, en una palabra, las superficies y cubos. En ese sentido usan también los obispos del báculo episcopal, como para medir el suelo y paredes de los templos e Iglesias, en las ceremonias de consagración. La caña, semejante a una vara, fue además dada en espíritu a San Juan, para significar con una metáfora, que inmediatamente antes de los últimos tiempos, la Iglesia será inmensa, y como de nuevo edificada y consagrada a su esposo Jesucristo, 2.° Y se me dijo: Levántate. Estas palabras significan también que el templo del Señor se agrandará inmensamente y se construirá en las cuatro partes del mundo. Levántate, esto es, deja tu lugar, tu tierra, y camina por todos los ángulos del mundo para poder medir este templo. Se le manda a San Juan se valga de esta manera de hablar y de escribir para consuelo de la Iglesia conforme a lo que se refiere en el Génesis, c. XIII. v. 14: «Dijo el Señor a Abrám …. Alza tus ojos, y mira desde el lugar, en que ahora estás hacia el septentrión y el medio día, hacia el oriente y el poniente. Toda la tierra, que registras, te daré a ti y a tu posteridad para siempre. Y haré tu linaje como el polvo de la tierra: si puede alguno de los hombres contar el polvo de la tierra, podrá también contar tu descendencia. Levántate, y recorre la tierra a lo largo de ella, y a su ancho, porque a ti te la tengo que dar». Sé sabe que esta posteridad de Abrám había de extenderse según la fe inmensamente, en cuya posteridad en efecto están incluidos todos los hijos de la fe desde el tiempo de Abrám hasta el último día del mundo. 3.º Y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. Por el templo, que se manda a San Juan medir aquí, se entiende la inmensa extensión de la nueva Iglesia que se unirá a la Iglesia latina por la conversión de las naciones, en América, África, Asia y Europa, cuyo feliz principio vimos en la quinta edad, en China, Indias, Japón y en otras regiones mas. El altar significa metafóricamente el honor y exaltación del Santo Sacrificio de la Misa, que será celebrado en toda la superficie de la tierra; y los hombres con gran fe glorificarán también en el altar, el nombre de N. S. Jesucristo. Y a los que adoran en él: Esas palabras indican en primer lugar, a los sacerdotes; el texto latino dice: (in eo) en el altar, porque los sacerdotes se esparcirán sobre toda la tierra en gran multitud, y por el sacrificio perpetuo, adorarán a Dios Padre, y a su Hijo Jesús, en unión con el Espíritu Santo. Y a los que adoran en él. Esas palabras significan también los cristianos, que tendrán grandísimo celo para asistir a este augusto sacrificio, y frecuentar el banquete eucarístico. Jesucristo habla de esta sexta edad de la Iglesia en San Mateo. c. XXIV. v. 15, y lo indica como una señal precursora de la última desolación y del día de su segundo advenimiento. «Y será predicado este Evangelio del reino por todo el mundo, en testimonio a todas las gentes; y entonces vendrá el fin». Lo mismo en San Juan, c. X, v. 16: «Tengo también otras ovejas, que no son de este aprisco: es necesario que yo las traiga, y oirán mi voz, y será hecho un solo aprisco, y un pastor». Igualmente en Isaías, c. II v. 2: «Y en los últimos días estará preparado el monte de la casa del Señor en la cumbre de los montes, y se elevará sobre los collados, y correrán a él todas las gentes». En fin, en el profeta Miqueas. c. IV v. 12 etc.

De la tierra reservada a los gentiles y al Anticristo,
sin que jamás haga parte de la Iglesia de Cristo.

CAPITULO XI.—Vers. 2—3.

1. Vers. 2. Mas el atrio, que está fuera del templo, déjalo fuera, y no lo midas; porque se ha dado a las gentes. Con estas palabras, Jesucristo instruye a su Iglesia por San Juan, del estupendo secreto y divino permiso tocante al reino de Mahoma y del Anticristo, cuyo precursor y tipo fue Mahoma mismo. Porque de la mezcla de estas dos razas, judíos y gentiles, nacerá y vendrá el hijo de perdición, el Anticristo, que reinará sobre ellas. De esta suerte el imperio turco no será enteramente destruido, sino que de él quedará un reino de una cierta extensión formado de esas razas, Jesucristo habla expresamente de este reino, en San Mateo, c, XXIV, v. 15: «Por tanto, cuando viereis que la abominación de la desolación....está en el lugar santo, etc., y en San Marcos, c. XIII v. 14: «Y cuando viereis la abominación de la desolación estar, en dónde no debe, etc.» Pues para que todas las profecías se cumplan, Dios, en sus secretos consejos, permitirá a los gentiles ocupar la Palestina, tierra Santa y demás reinos que Judas e Israel habitaban en otro tiempo, y los poseerán hasta que se cumpla la total prevaricación. Tenemos una prueba palpable dé este misterio de su voluntad, en no permitir desaparezca enteramente o perezca esta generación formada de Turcos y de Judíos, hasta que haya producido el hijo de iniquidad. ¿Cuantos emperadores, reyes y príncipes no se han esforzado en tomar la tierra santa, sin ningún suceso, o al menos sin obtener otros resultados más que victorias intempestivas, cuyo frutos se perdieron muy pronto? ¡Cuan horrenda cosa es la continua discordia entre los príncipes cristianos sobre esta grande e interminable cuestión! Así es como nuestro orgullo y maldad pusó siempre obstáculo al aniquilamiento del poder y reino de los Turcos, hasta que nosotros cristianos, colmemos nosotros mismos la medida de nuestros pecados, y acabe el Señor de disgustarse de su Iglesia, permitiendo al hijo de perdición se enorgullezca. En el antiguo Testamento hallamos un ejemplo de ese disgusto del Señor por la casa de Israel, figura de la cristiandad en el Nuevo, IV. Reg., c. X. v. 32. «En aquellos días comenzó el Señor a mirar con hastió a Israel, etc». Lo que con respecto a la sinagoga de los Judíos fue Assur figura de los turcos, estos lo son y serán con respecto a la Iglesia latina. Por grande pues que deba ser la extensión de la Iglesia latina en la sexta edad, sin embargo, ni la Palestina, ni la tierra santa, ni otros reinos del Oriente pertenecerán jamás al aprisco de Jesucristo. Porque en esas tierras reservadas a los gentiles nacerá y surgirá el reino del hijo de perdición, á quien todo los Judíos reconocerán por su rey, y se reunirán del Oriente, Occidente, Norte, Mediodía, montañas desiertas para juntársele. Jesucristo habla de esta circunstancia: cuando dice Joa., c. V. v.43. «Yo vine en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su nombre, a aquel recibiréis». Jesucristo habla también de la tierra santa, y de la desolación de los Judíos y gentiles, en San Mateo c. XXIII. v. 32: «porque os digo, que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor». Jesucristo dice también expresamente de Jerusalén: Luc. c. XXI. v. 14: «Jerusalén será hollada de los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de las naciones». De allí continúa el texto: Mas el atrio, que está fuera, déjalo fuera. Por atrio, se entiende la Palestina o tierra Santa y Jerusalén, como igualmente la sinagoga de los Judíos; y por templo, se entiende la Iglesia de las naciones de Cristo. Porque 1.° en los atrios de los palacios de los reyes es donde deben aguardar los súbditos hasta que los reciba en audiencia el soberano. 2.º Los que están en los atrios solo ven la construcción exterior de los palacios, mas no los escondrijos ni las bellezas internas hasta tanto que los introduzcan a dentro. 3.° El atrio es siempre, con respecto al palacio, la parte menos espaciosa y menos adornada. 4.° En el atrio es donde los Criados del rey esperan sus órdenes como con susto, para servir a su amo según su voluntad, etc. Así fue, es aun, y será perfectamente la Palestina o Tierra Santa y sinagoga de los Judíos con respecto a la Iglesia de Jesucristo. Porque 1.° en el antiguo Testamento, todos los Judíos aguardaban en el atrio del Templo de Dios, que eran, los limbos, y nadie pudo ser admitido en el palacio celestial, a la presencia del Señor Dios omnipotente, hasta el cumplimiento del gran misterio: «El verbo sé hijo carne», y hasta qué Jesucristo resucitara, para conducirlos a su real y eterno palacio. 2.° En el Antiguo Testamento, los Judíos estaban como en vueltos en una nube, y no podían ver los misterios de Dios sino de lejos, como en un espejo bajo oscuras imágenes, mientras que nosotros, cristianos, habiendo sido introducidos por Jesucristo mismo a su palacio real, que es la Iglesia, conocemos, vemos, y entendemos distintamente los misterios por la palabra de vida, como se ve en la primera carta de San Juan . c. I v. 1. Además: así como un atrio es imperfecto, estrecho y toscamente construido en comparación del palacio real cuya entrada forma, así también en proporción, la sinagoga de los Judíos fue imperfecta, estrecha y toscamente edificada, comparativamente a la Iglesia de Cristo a la que fueron y serán admitidas todas las naciones de la tierra. 5.° La sinagoga y sus hijos no eran recibidos sino a titulo de criados, siendo así que la Iglesia nuestra madre se despojó de todo temor servil, para cambiarlo en amor, y sus hijos ya no son esclavos, sino que son ciudadanos de la ciudad santa, y hasta llegan a ser hijos de Dios: (Eph. c. II. v. 19, Gal. c.IV. y I Jon. c. III). Así Jerusalén y el país que le estaba sometido, lo mismo que la sinagoga de los Judíos no eran otra cosa más que el atrio del templo de la Iglesia católica. Por eso se dice a San Juan: Mas el atrio, que esta fuera del templo, déjalo fuera. El texto latino dice: (ejice foras) arrójalo fuera. (1) Este es un modo de hablar del que usan los reyes y príncipes para confirmar y sancionar los decretos dados ab irato, o por una cosa de alta importancia, queriéndolos irrevocables. 2.º Se arrojan las cosas inútiles, gastadas e inservibles. De ese modo es como Jesucristo manda a San Juan que deje también fuera Jerusalén, Tierra Santa y toda la nación judaica antes desechada ya por justo juicio del Altísimo. Dios confirma así la sentencia dé reprobación, en cuya virtud fue la nación Judaica dispersada por toda la tierra, y Jerusalén con toda la Palestina entregada al dominio de las gentes, sin poder jamás pertenecer a la Iglesia de Dios. Aunque haya sido la antigua Jerusalén destruida de arriba a bajo, se ha reconstruido sin embargo en el lugar donde Jesucristo fue crucificado, y la religión cristiana planteada; pero no pudo sostenerse, a causa de las frecuentes invasiones de los Sarracenos. En fin habiendo Cosroes dado muerte o llevándose cautivos a todos los cristianos que habitaban en esa ciudad, la tomó y sus sucesores siguieron hasta el día dueños de ella, exceptuado el intervalo de unos cuantos años durante los cuales tuvo por reyes a Godofreo y a su hermano. Todas las expediciones que después se hicieron para reconquistar la tierra Santa conocidas con el nombre de cruzadas, por grandes y poderosas que fueran, de nada sirvieron, frustradas por las guerras, disensiones y orgullo de los cristianos. Por eso se le dice a San Juan: Mas el atrio, qué está fuera del templo, déjalo fuera, y no lo midas; porqué se ha dado a gentes. He ahí de nuevo él modo como habla un jefe de guerra o príncipe que desconfiando poder guardar bajo su dominación una ciudad, ya por estar en sus cercanías un enemigo fuerte, ya por la hostilidad de sus habitantes, ordena que no se la cuente mas entre las ciudades de su reino, y si, sea abandonada al arbitrio de los extranjeros. De esa suerte se le encarga a San Juan informe expresamente a la cristiandad que, en los circunscritos limites que se extenderán sumamente en la sexta edad; no son comprendidas la Judea y Tierra Santa. De lo qué da inmediatamente la razón siguiente: Porque (ese, atrio) se ha dado a las gentes, es decir, que abstracción hecha de los pocos años durante los cuales perteneció Jerusalén a los cristianos bajo Godofreo y su hermano, lo que no merece se haga de ello mención, ese territorio continuará abandonado a las naciones, hasta que sea consumada la prevaricación. Y hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses. Estas palabras señalan el tiempo que esas naciones dominarán a dicho país bajo el imperio y secta de Mahoma y de los Turcos, de quienes más abajo hablaremos. Por consiguiente durará su reino cuarenta y dos meses, que forman mil doscientos setenta y siete años y medio. Pero no siempre tendrá igual poder; porque hacia el fin, será reducido a un pequeño reino, como se dijo mas arriba. Finalmente, para saber que años lleva ya de existencia, es preciso ir a su origen del que en otra parte hablaremos. Y hollarán la ciudad Santa, etc. Por la ciudad Santa se entiende la actual Jerusalén, se la llama santa, por ser santo el lugar donde fue edificada, y también por haber sido allí Jesucristo crucificado. Por la ciudad Santa el profeta entiende toda la Palestina, tomando la parte por el todo. Las naciones la hollarán, esto es, la dominarán. Porque lo que uno pisotea lo tiene bajo sus pies, lo domina y trata a su capricho. Esas voces significan por tanto el imperio de las naciones sobre la ciudad santa. Ahora, ¿porque motivo San Juan nombra las naciones y no al jefe de ellas? Es que cita el cuerpo por la cabeza, supuesto que esas naciones profesarán siempre la secta de Mahoma, y este fue también el fundador de ese imperio. Esas naciones no siempre existieron bajo el mismo imperio de Mahoma por sucesión inmediata, supuesto que allí hubo cambios y pasó a otras manos; pero la secta siempre fue la misma, como más allá veremos. Empero, como aquí el profeta no describe al jefe mismo de esta secta impía, que fue Mahoma, tipo y precursor del Anticristo, sino que describe el tiempo que durará el imperio del cual es fundador, con razón nombra de preferencia a las naciones que constantemente perseverarán en su secta, hasta que se cumplan los cuarenta y dos meses y medio de duración. Por lo que se acaba de decir, se conoce porque los ejércitos de las cruzadas a veces tan numerosos y fuertes, y tantas expediciones guerreras emprendidas en diversas épocas con fin tan santo contra los Sarracenos y Turcos, tuvieron tan inútil resultado. Porque poniendo a parte algunas de las principales causas que las malograron como los celos de los Griegos, los pecados y escándalos de los cruzados, y otros obstáculos y calamidades diversas, quédanos por razón de este hecho la voluntad divina, cuyo querer era que se cumplieran las profecías tocante a reinos, tiempos y prevaricaciones. Esto no impide sin embargo, hayan sido recompensados de sus generosos sacrificios y de sus piadosos trabajos, los santos guerreros que; encontrándose en la paz del Señor, fenecieron por el acero enemigo, y en general todos aquellos que tomaron parte a ésas gloriosas expediciones. Porque no se debe pensar que esas empresas hayan emanado de otra fuente que de la inspiración del Espíritu Santo, con el objeto de procurar a los soldados cristianos una muerte gloriosa y meritoria, derramando su sangré por el nombre de Jesús, quebrantar las fuerzas del enemigo, mantenerlo en el temor, y estorbar que saliendo de sus limites extermine a los cristianos.


(I) N. d. T. E. Hemos puesto aquí, arrójalo fuera, por guardar la fuerza de la palabra francesa jette-le dehors,t y así también se puede traducir el ejice foras del latín, aunque en la versión del texto del Apocalipsis por Scio se lee: Déjalo; en trances: le párvis laissez—le: El atrio déjalo; pero en el lugar notado se lee: jette-le dehora.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 314 a la 337.

Traducido al Español por el
Reverendo Padre Fray Ramón de Lérida,
Capuchino Misionero Apostólico.

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
EL OBISPO DE LA SERENA (CHILE)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.

jueves, 19 de febrero de 2015

INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS POR EL VENERABLE BARTOLOMÉ HOLZHAUSER.- SOBRE LA VIDA DEL VENERABLE HOLZHAUSER


SOBRE LA VIDA DEL AUTOR LATINO,

Creemos que el lector apreciará la idea que hemos tenido de encabezar esta nueva edición con el resumen de la vida de Holzhauser, la que un escritor anónimo nos dejó en un libro publicado en Bamberg, año 1799.

Este verdadero siervo de Dios, Suabo de origen, nació en el humilde pueblo llamado Longnau, situado a la distancia de algunas leguas de Augsburgo, el año de gracia 1613, en Agosto. Su padre era zapatero. Desde su niñez se hizo notar por la inocencia de sus costumbres. Como en su aldea no había escuela, frecuentó la de la pequeña villa de Verding, situada cerca de una legua de la casa paterna, donde se dedicó particularmente al estudio de la lengua alemana. Tenia por costumbre abreviar el camino con oraciones y santos cantitos, sus mas ordinarias, delicias. En 1624; a la edad de once años, comenzó el estudio de la lengua latina en Augsburgo, donde, acosado por la pobreza, buscaba el sustento de puerta en puerta. Después continuó sus estudios en Neuburgo, sobre el Danubio, ahí encontró suerte mas propicia con la protección de los Padres de la compañía de Jesús. En fin acabó su carrera literaria en Ingolstadt.

Desde sus primeros años fue favorecido con celestiales visiones. Confesó públicamente haber sido libertado de la peste por la intercesión de la Madre de Dios, para con la cual estaba animado de la mayor devoción. Invocó a esta Madre del buen consejo, sobre todo, en la elección de confesor y estado de vida, y así fue como por su inspiración se confirmó más y mas en la resolución que había tomado de entrar en la carrera eclesiástica. Animado de un gran celo por la oración, fuerte en la fe, y lleno de confianza en Dios, superó de un modo admirable las numerosas dificultades con que tropezó su proyecto. Aunque pobre, su caridad no dejó por esto de ser tan ardiente para con los indigentes, como misericordioso y benévolo era él para con el prójimo. No calculando peligro alguno, distribuía sus cuidados y socorros a cuantos infelices se hallaban en la guerra y demás azotes que le son inseparables. En el fervor de su celo, enseñaba la doctrina cristiana a los ignorantes, consolaba a los afligidos, fortalecía a los débiles, levantaba a los caídos, corregía los abusos, y en las frecuentes injurias que recibía de los malos, se mostraba lleno de alegría por haber sido encontrado digno de sufrir por el nombre de Jesucristo.

A estas virtudes, Bartolomé, añadió la practica de la mortificación, abnegación, castidad, humildad, mansedumbre y paciencia, mostrándose así verdadero tipo del estudiante cristiano, y nunca perdió de vista el oráculo del Espíritu Santo: Adolescens juxta viam suam ambulan, etiam cum senuerit, non recedet ab ea. Prov. c, XXII. v. 6.

Apenas terminó su carrera escolástica, inspirado por señales manifiestas de la voluntad divina de trabajar para gloria de Dios y salvación de las almas, deliberó entrar en nuevo estado de vida, y se alistó en los registros de la milicia eclesiástica. En el corriente del año tercero de sus estudios teológicos, se preparó al sacerdocio, y en 1639, se ordenó de sacerdote en la ciudad episcopal de Eichstadt, sobre el Danubio, y celebró su primera misa en Ingolstadt, el día de Pentecostés, en la misma capilla de N. S. de la Victoria, donde había con tanta frecuencia ofrecido su corazón a Dios, consagrándole todos sus bienes en fervorosas oraciones. No tardó en ser confesor y en ejercer las demás funciones del santo ministerio, y esto con tal suceso, que número crecido de penitentes afluían a su confesonario. Sin embargo, temeroso de agotar sus fuerzas en el cultivo de la viña del Señor, procuró asociarse cooperadores celosos, capaces de continuar y propagar su obra,

Así es como en 1640 indujo a tres curas mas antiguos que él a seguir ciertas reglas que entre sí se impusieron. Estos, no obstante, permanecieron en sus curatos hasta tanto que sus superiores les dieron licencia de rendirse completamente a la invitación de Bartolomé.

Habiendo concluido sus estudios teológicos, y sanado de una angina por el manifiesto auxilio de Dios, se fue con uno de sus socios para Salzburgo, donde, guiado por divina inspiración, fundó su primer instituto, en 1636. Se puso en camino a pie, sin saco, con escasa plata, y caminando se encontró con un cuarto socio. Llegó felizmente al término de su viaje con el amparo de la divina providencia. Bien acogido por la autoridad eclesiástica, obtuvo luego después un canonicato en Tittmonig, ciudad del arzobispado de Salzburgo, cerca de Baviera, en la Salza. Esa ciudad tiene una muy antigua ciudadela con una colegiata dedicada a San Lorenzo. Es la más distinguida ciudad de cuantas la rodean. Desde que fue instalado como canónigo con carga de almas, consiguió para él y los suyos una vasta casa, cabalmente la misma que en sueños había visto cuando se hallaba en lngolstadt. El número de sus compañeros crecía de día en día, y sin ser estorbado por sus cohermanos, ganó infinidad de almas a Jesucristo con la palabra de Dios y con la caridad para con los pobres y enfermos. Mas tarde dejó cierto número de los suyos en Tittmonig, colocándose él a la cabeza de una parroquia y decanato de San Juan, en la Leogonia, valle del Tirol, camino de Inspruk a Salzburgo, el día de la Purificación de la Santísima Virgen, en 1642. Aquí, como en todas partes, se esmeró en poner las cosas en el mejor orden posible, enseñando la doctrina cristiana a los niños y aun a los adultos, visitando escuelas, y no descuidando nada de cuanto pudiera restablecer la disciplina eclesiástica. Así es que no tardó en conciliarse el aprecio de todos los habitantes del lugar.

Habiendo observado cuanto importaba que los jóvenes destinados al estado eclesiástico, fueran temprano imbuidos en los principios sólidos de la fe y demás virtudes cristianas, vio modo de establecer seminarios donde poder formar sacerdotes ejemplares. El primero de esos seminarios se fundó en Salzburgo, año 1643, y mas tarde, por graves razones, se trasladó a Ingolstadt, en 1649. Al mismo tiempo estableció su instituto en Augsburgo, en Gerlanda, luego en Ratisbona, habiendo obtenido de Roma la aprobación, por empeño del duque Maximiliano de Babiera, de quien recibió la siguiente carta en 1646.

«La divina bondad se ha dignado suscitar sacerdotes con el único fin de procurar a la Iglesia hombres que, viviendo según las reglas de los santos cánones y disciplina eclesiástica, se dediquen enteramente y con puro corazón, a las funciones sacerdotales, y que, velando sobre si mismos y buscando la perfección, trabajen sinceramente por la gloria de Dios y salvación de las almas».

Con el objeto de conseguir ese fin, Bartolomé prescribió tres cosas: la cohabitación y comunidad fraterna, el alejamiento de mujeres, y la comunidad de bienes. Sin embargo, solo fue en Enero 7 de 1670, cuando recibió de la sagrada congregación de obispos y regulares la tan suspirada aprobación, en los siguientes términos: «No hay necesidad de aprobar esta santa institución, supuesto que no prescribe cosa alguna contraria a lo que el clero practicó en la primitiva Iglesia.»

Trabajó con gran suceso en alivio de los desgraciados, durante el hambre con que fue el Tirol afligido, en 1649.

Después de haber ejercido el santo ministerio por espacio de diez años en el valle de Leogonia, su casa se encontró en suma escasez con motivo de la supresión de diezmos e imposiciones extraordinarias de que se le agravó. No se abatió, antes bien sintió el venerable siervo de Dios un estimulo en esas pruebas para ponerse con los suyos en las manos de la divina providencia.

En recompensa de su fidelidad y paciencia, Dios dispuso los eventos de tal manera, que Bartolomé saliera de esas montañas, donde su nombre está todavía en bendición, para trasladarse a la Franconia y diócesis de Majencia. En 1654, hizo que los suyos fundaran un seminario en Wurzburgo, y, a invitación del elector de Majencia, quien lo admitió mas tarde en su intimidad, fue cura y deán en Binjen sobre el Rhin.

Cuando estaba para volver a su patria Carlos, rey de Inglaterra, desterrado por entonces en Alemania, tocado de la reputación de Bartolomé que había vaticinado cosas estupendas sobre la Inglaterra, con manifiesto y sumo deseo de verle, bajó por el Rhin. Habiéndole pues hecho llamar, conversó con él una hora, para oír de su propia boca lo que predecía de su reino y de su propio reinado. El siervo de Dios había profetizado sería aquel reino reducido a las mayores miserias, y ni aun siquiera el rey sería perdonado, pero una vez vuelta la paz, convertidos los ingleses a la fe católica romana, harían por la Iglesia mas de lo que hicieron después de su primera conversión, No se debe pasar en silencio que, en esa isla se prohibió el ejercicio de la religión católica desde 1658 baja pena de muerte, y cuyo decreto fue después levantado en 1778, lo cual había Bartolomé anunciado de un modo admirable en 1635, como sigue: Et intellecci juge sacrificium, centum viginti annis ablatum esse. Y entendí que el sacrificio eterno había de suprimirse por espacio de ciento veinte años. Es indecible lo mucho que deseó esta conversión. Su mayor interés era ir en persona con intento de iniciar semejante obra, no haciendo caso de ningún peligro por su vida. Sin embargo se lo estorbaron, a pesar suyo, los cuidados que exigían su parroquia y las escuelas latinas que acababa de abrir en Binjen, para mayor ventaja de los moradores de esa ciudad y lugares circunvecinos.

Mientras se ocupaba así en cumplir con los deberes del buen pastor para con sus ovejas, y prodigaba a sus cooperadores e institutos todas las solicitudes de un buen padre, cayó en una fiebre mortal, y alzando sus ojos al cielo, rodeado de los suyos que lloraban y rogaban, rindió su último suspiro en Mayo 20 de 1658, a los 45 años de edad, a los 19 de sacerdote, 18 años después de instalado su instituto. Su cuerpo descansa en la Iglesia parroquial de Binjen, delante del altar de la santa cruz, en un sepulcro cerrado, y con este epitafio.

Venerabilis vir Dei servus Bartholomeaus Halzhauser, SS. Theologiae, Licenciatus, Eclesiae Vigensis pastor, et decanus; Vitae Clericorum saecularium in communi viventium in superiore Germania restitutor, obiit ano 1658, die maji 20. (1)

Además de las virtudes admirables de su juventud, que luego en su carrera eclesiástica llevó al mas alto grado de perfección, estaba Holzhauser dotado de una ciencia profunda y favorecido con el don de profecía; he ahí lo que nadie negará. Puede uno por otra parte convencerse de ello por sus obras de las cuales nos han quedado muchas, y en especial por su Interpretación del Apocalipsis, cuya traducción francesa damos aquí.

En esta obra se notará singular y prodigiosa conexión de tiempos y acontecimientos, estableciendo o manifestando el sistema general más bello de toda la Iglesia, extendiéndose desde su origen hasta la consumación de los siglos.

Escribió en el Tirol esta interpretación, cuando estaba afligido de las mayores pruebas, pasando así días enteros en el ayuno y oración, separado de todo comercio humano. Como no concluyó su obra ni interpretó el Apocalipsis sino hasta el cap. 15, le preguntaron sus clérigos la razón de ello: les respondió que no se sentía mas inspirado, y que no podía continuar. (Parece que Dios por razones particulares, quería reservar el resto de sus secretos para otra época). Después añadió que alguno se ocuparía de su obra más tarde, y la coronaria. Tal es el compendio que damos de la vida de Holzhauser, a fin que no parezcamos como quien quiere ocultar al lector lo muy grato que es a la divina bondad asistir a los hombres en los tiempos mas difíciles. Vivió entre los horrores de la guerra de 30 años, desde 1618 hasta 1648.

No pretendemos elevarnos aquí sobre el juicio de los hombres; y nos sometemos con filial reverencia a la santa Iglesia romana en todo cuanto ella juzgue sobre esta obra.

Por lo que toca al siglo presente, ¿que tenemos que esperar de él? ¡Ay! como toda carne ha corrompido sus caminos, y como el espíritu se horroriza de todo aquello que no lisonjea con gusto los sentidos, podemos de antemano preveer el juicio del mundo. Sin embargo, no todos los hombres piensan como el siglo, y sabido es que la divina providencia se ha dignado suscitar hombres eminentes en talento y piedad para mover a los otros a la penitencia y paciencia con el ejemplo y la palabra. No ignoramos cuantos hay que, tocados de la historia y conducta de los Macabeos, sacan de las Escrituras valor y consuelo. ¿Quién pues se atreverá a reprendernos de que nos hayamos esforzado en socorrer a nuestros hermanos en estos tiempos de tan rudas pruebas y calamidades? ¿Acaso no fue y será siempre permitido dar pan a los hambrientos y agua a los sedientos, cuando el médico lo permite y aun lo ordena?

Te suplicamos por lo tanto amado lector, acojas con benevolencia nuestro humilde trabajo, deseándote de nuestra parte toda especie de prosperidad para el cuerpo y para el alma.

¡QUEDA CON DIOS, Y TODO TE SEA PROPICIO!


(1) Nota del T. E. Aquí ponemos la traducción del texto latino, la que no se encuentra en la edición francesa. E. venerable siervo de Dios Bartolomé Holzhauser, Licenciado en sagrada teología, pastor de la Iglesia de Binjen y deán: En la alta Alemania, restablecedor de los clérigos seglares para que vivan en vida común. Murió en Mayo 20 de 1658.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas de la XVIII a la XXV.

Traducido al Español por el
Reverendo Padre Fray Ramón de Lérida,
Capuchino Misionero Apostólico.

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
EL OBISPO DE LA SERENA (CHILE)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.