Mostrando entradas con la etiqueta Gran Monarca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gran Monarca. Mostrar todas las entradas
sábado, 13 de diciembre de 2025
jueves, 12 de junio de 2025
viernes, 28 de febrero de 2025
PROFECÍAS DE SANTO TOMÁS DE AQUINO
Santo Tomás de Aquino hizo un estudio filosófico de la profecías.
Puedes leer su comentario sobre las profecías de Job, los salmos, San Mateo, San Juan, San Pablo.
También sabemos que tenía varios textos proféticos en sus libros de investigación.
Se dice que este texto profético es de Santo Tomás de Aquino:
“Entonces nacerá, entre los lirios, el más hermoso de los príncipes, cuyo renombre será grande entre los reyes, tanto por la rara belleza de su cuerpo como por la perfección de su mente.
El universo entero le obedecerá, cuando el altivo roble haya caído y haya aplastado con su caída al jabalí de pelo erizado.
Los años pasarán en felicidad.
De occidente a oriente, de oriente a norte, y de norte a sur, y en todas direcciones aplastará y pisoteará a sus enemigos.
¡Ay de ti, Liguria, y de ti, maldita Flandes!
El cisma se invertirá, cuando la encina en su caída aplaste al jabalí.
¡Llora ay! Infeliz Babilonia, qué tristes días te esperan.
Como la cosecha madura, seréis cortados por vuestras iniquidades.
Reyes vendrán de los cuatro rincones del mundo; reunirán a los santos de Dios, para que no sean incluidos en el juicio, y escojan al Ángel del Testamento que convertirá al Señor los corazones pervertidos y disidentes.
La flecha de Italia, corriendo hacia el oriente, cavará sus surcos para plantar allí la vid verdadera del Salvador.
Mientras florezca el Príncipe del nombre nuevo, a quien se someterán todos los pueblos.
Y a quien se le dará la corona oriental para su custodia.
El Ángel del Testamento se llamará Gregorio XVII o Papa Angélico.
Bajo su reinado, herejes y cismáticos regresarán en masa al redil de la Iglesia Romana.
Con este gran Pastor surgirá el gran Rey que obtendrá el reino de la nueva ciudad, y pronto pesará su mano sobre los infieles en África y luego en Europa.
Dios elegirá a un hombre según su propio corazón y le encargará que apaciente el rebaño de su pueblo.
Y este hombre enseñará a todas las naciones la voluntad divina de su Señor a quien amará con todo su corazón.
Él hará florecer la fe y será amado por todos, porque sus actos suscitarán admiración.
Todos los hombres ya formarán un solo rebaño bajo un solo pastor.
Terminarán los siglos, se restablecerá la unidad primitiva, todos los miembros dependerán de una misma cabeza y todos los rediles particulares formarán parte del único redil de Cristo..."
Etiquetas:
Gran Monarca,
Gran Papa,
Profecías,
Sto. Tomás de Aquino
miércoles, 31 de agosto de 2022
domingo, 18 de abril de 2021
miércoles, 30 de diciembre de 2020
sábado, 3 de marzo de 2018
EL «ADVIENTO» DEL «DESEADO»
¡Señor, que perecemos!... Violenta
ruge la tempestad;
y la pobre barquilla de la Patria,
envuelta en agua, zozobrando va.
El relámpago ruge en las alturas,
en lúcidos zig—zags;
hórrido el trueno allá al confín retumba;
brama doquiera horrísono huracán.
Y la pobre barquilla de la Patria,
rota y desecha va,
en el mar sin confín de la desgracia,
envuelta en agua zozobrando va...
Pecamos, Señor Dios; indignos somos
de lástima y piedad.
Pecamos, Señor Dios; pues consentimos
blasfemase el impío ante tu altar.
Pecamos, sí, y tu divina Justicia,
sobre el pueblo desleal
ha caído pesada y manifiesta,
nuestras faltas, Señor, para vengar.
Reyes has consentido, que procuran
placeres y caudal;
gobernantes sin ley que nos subyugan
y azótannos al rostro sin piedad.
Y la pobre barquilla de la Patria,
que azota el vendaval,
de babor a estribor y rechinando,
envuelta en agua, zozobrando va...
¡Piedad, Señor! Aun somos tus hijos.
¡Piedad, Padre inmortal!
Hijo pródigo, vuelve arrepentido
a Ti este pueblo, en busca de piedad.
Escúchanos, Señor; caiga tu mano
sobre el bando inmoral,
instrumento hasta hoy de tu justicia,
secuaces de la carne y de Satán.
¡Azótales, Señor! Alza tu mano,
a una rodarán
sus planes cimentados sobre arena,
y su mismo recuerdo morirá.
Y la pobre barquilla de la Patria,
libre de lastre tal,
hacia el mar placentero de la dicha
gallarda y fácilmente engolfará...
¡Escúchanos, Señor! Serena el cielo
Y apaga el huracan;
abre las nubes ya de tu Justicia,
y llueva el cielo al Deseado ya.
Y calmada, a su acción, Naturaleza,
flores renacerán,
y el sol lucirá espléndido en el cielo,
y la armonía tornará a, reinar.
Y al olor inmortal de las virtudes
de este pueblo leal;
bajo la mano experta del deseado
Monarca que los cielos lloverán,
Esta pobre barquilla de la Patria,
en marcha triunfal,
por el mar esplendente de la gloria
feliz navegará...
Un Carlista Catalán
Apología del Gran Monarca 1 parte.
páginas de la 487, 488 y 489.
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904
Etiquetas:
España,
Gran Monarca,
Justicia Divina,
P. José D. María Corbató,
Profecías
miércoles, 2 de agosto de 2017
viernes, 21 de julio de 2017
LA FUTURA EXTIRPACION DE LAS HEREJIAS - VENERABLE HOLZHAUSER
DE LA FUTURA EXTIRPACION DE LAS HEREJIAS
Capítulo XIV Versículo 14.-20.
Vers. 14. Y miré, y he aquí una nube blanca: y sobre la nube sentado uno semejante al Hijo del Hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda.
La descripción de la mies y de la vendimia de que se trata en este capítulo, contiene una especie de enigma difícil y oscuro, bajo el cual se describe la futura extirpación de las herejías y de la secta de las naciones o del imperio turco, cuya extirpación tendrá lugar bajo el Monarca poderoso, y el Pontífice santo. Porque Dios consolará todavía una vez a su Iglesia antes que llegue la noche tenebrosa del reino del Anticristo. He aquí pues la interpretación del enigma. El Gran Monarca de quien se habló más de una vez, es aquel que vio San Juan sentado sobre una nube blanca, porque su reinado, designado por la voz sentado, será un reinado santo y estable, apoyado en la protección de Dios omnipotente. Este Monarca es llamado semejante al Hijo, del hombre, a causa de sus grandes virtudes con las cuales imitará a su Salvador Jesucristo. Porque será humilde, manso, amante de la verdad y de la justicia, poderoso por sus ejércitos, prudente, sabio, y celoso de la gloria de Dios. En cierta suerte realizará esta profecía de Isaías sobre Jesucristo, c. XI. v. 2: «Y reposará sobre el él espíritu del Señor: espíritu de sabiduría, y de entendimiento, espíritu de consejo, y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, y le llenará el espíritu del temor del Señor: no juzgará según vista de ojos, ni seguirá por oída de orejas: sino que juzgará a los pobres con justicia, y reprenderá con equidad en defensa de los mansos de la tierra: y herirá a la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y la justicia será cíngulo de sus lomos: y la fe ceñidor de sus riñones: Habitará el lobo con el cordero: y el leopardo se echará con el cabrito: el becerro, y el león y la oveja andarán juntos, y un niño pequeño los conducirá. El becerro, y el oso serán apacentados juntos: y sus crías juntamente descansarán: el león comerá paja con el buey. Y el niño de teta se divertirá sobre la cueva del áspid: y el detestado meterá la mano en la caverna del basilisco. No dañarán, ni matarán en todo mi santo monte: porque la tierra está llena de la ciencia del Señor, así como las aguas del mar que la cubren. En aquel día la raíz de Jessé esta puesta por bandera de los pueblos, le invocarán a él las naciones y será glorioso su sepulcro. Y será en aquel día: Extenderá el Señor su mano segunda vez para poseer el resto de su pueblo, que quedará de los Asirios, y de Egipto, y de Phetros, y de Ethiopia, y de Elám, y de Sennaar, y de Emáth, y de las islas del mar. Y alzará bandera a las naciones, y congregará los fugitivos de Israel, y recogerá los dispersos de Judá de las cuatro partes de la tierra. Y será quitada la emulación de Ephraim, y perecerán los enemigos de Judá, y Judá no peleará contra Ephraim. Y volarán a los hombros de los Philisteos por mar, saquearán juntos a los hijos del Oriente: La ldumea y Moab la primera conquista de sus manos, y los hijos de Amóm les obedecerán. Y desolará el Señor la lengua del mar de Egipto, y levantará su mano sobre el rió con la fortaleza de su espíritu: y lo herirá en sus siete canales, de suerte que pasarán por él calzados. Y habrá camino para el resto de mi pueblo que escapará de los Asirios: así como lo hubo para Israel en aquel día, que salieron de tierra de Egipto. Lo que acaba de decirse de Jesucristo, en esa profecía, puede aplicarse, en cierta suerte y por similitud, al monarca poderoso de quien San Juan dice será semejante al Hijo del hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro. Es decir que será un gran Monarca, rico y poderoso, y el dominador de los dominadores. Vencerá a los reyes de las naciones, y estará lleno de caridad de Dios. Léase lo que de él se dijo, c. III, en la sexta edad de la Iglesia, Y en su mano una hoz aguda. La hoz que el gran Monarca tendrá en su mano, es su grande y fuerte ejército, con el cual atravesará los reinos de las naciones, las repúblicas y fortalezas que atravesará de parte a parte (transfodiet). Se dice que la hoz es aguda, porque no dará combate, sin que resulte la victoria para sus ejércitos, o grandes pérdidas y suma mortandad para el enemigo. Cuéntase de Jonatás y de Saúl, en el antiguo Testamento, II. Reg., c. 4. v. 22. que, «nunca volvió la flecha de Jonatás sin grosura de fuertes, ni la espada de Saúl se retiró jamás en vano.» Así será perfectamente el ejército de ese grande y poderoso Monarca(1). Se dice que tiene la hoz en su mano, porque sin aviso suyo nada emprenderá su ejército, y él mismo es el que lo dirigirá con sus consejos, como se refiere del gran Alejandro. También se dice que tiene la hoz en su mano, porque su ejército obedecerá con puntualidad, le será adicto y lo amará de tal modo, que él lo manejará como un bastón, y obrará con él cosas grandes, prodigiosas y admirables.
II. Y salió otro ángel del templo, clamando en voz alta al que estaba sentado sobre la nube: Echa tu hoz, y siega: porque es venida la hora de segar, por estar ya seca la mies de la tierra. Esta voz es la de alguno que estimula con vehemencia a la guerra y a la siega de la cizaña de los herejes y Turcos. Este ángel que saldrá del templo y clamará así, es el sumo y santo Pontífice de quien se habló, suscitado por Dios en esos días. Y el Pontífice llevado por divina inspiración, exhortará y empeñará al Monarca a que emprenda esa guerra sagrada. Echa tu hoz, le dirá, esto es, tu ejército poderoso, y siega, esto es, corta, arranca y desarraiga a los herejes y a los bárbaros, porque es venida la hora de segar, por estar ya seca la mies de la tierra. Este lenguaje lo tendrá el Pontífice por revelación, y con esas palabras es como excitará los corazones de los príncipes, y los empeñará a unirse para emprender esta guerra. Dios dispondrá los corazones de los soldados, de manera a que accedan de espíritu y de ánimo a la empresa de su poderoso Monarca. Por estar ya seca la mies, es decir, llegó el momento de cortar la cizaña para echarla al fuego. Es una metáfora que significa el aniquilamiento y la ruina de las herejías y de la barbarie.
Vers. 16. Y el que estaba sentado sobre la nube, echó su hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada. Todas estas palabras expresan el feliz suceso obtenido según las expresiones del Santo Pontífice. Y la tierra fue segada, porque el gran Monarca exterminará, o someterá a su poderío las naciones de los turcos y las de los herejes, y ocupará sus tierras.
Vers. 17. Y salió otro ángel del templo, que hay en el cielo, que tenía también una hoz aguda. Esta hoz es otro ejército que los Estados de la Iglesia y sus aliados estrecha y fuertemente unidos reunirán en auxilio del gran Monarca. Por este motivo se dice, que él otro ángel salió del templo, esto es, de los Estados de la Iglesia de quienes el templo es figura, que hay en el cielo, esto es en la Iglesia militante representada y significada por la voz cielo. Aquel de quien se dice: Y salió otro ángel del templo, será el gran general en jefe constituido o designado por el santo Pontífice de quien se habló, para mandar al ejército fuerte empleado a la ruina y aniquilamiento de la potencia de los turcos y de los herejes.
Vers. 18. Y salió del altar otro ángel que tenía poder sobre el fuego: y clamó en voz alta a aquel que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la viña de la tierra: porque maduras están las uvas de ella. Se trata aquí todavía de otra voz que exhorta con ardiente celo a obrar; combatir con denuedo, para alcanzar la victoria sobre los enemigos de la iglesia que tanto la habían oprimido, Porque la bestia, que es el imperio turco, debe antes ocupar la Italia, y extenderse considerablemente por todas partes. Estrechará de tan cerca la cristiandad, que esta, reducida a la última necesidad, tentará también los supremos esfuerzos, y obtendrá inmenso suceso. Hará pedazos la silla o reino de la bestia, esto es, el imperio turco, y relegará al infierno la perfidia de los herejes. Por esto San Juan designa dos especies de enemigos, a quienes distingue con las voces mies y vendimia. La primera palabra significa las naciones de los turcos, y la segunda designa a los herejes. Porque por garbas de paja, se entiende las naciones bárbaras, y por racimos de uvas silvestres, se entiende los herejes que se vanaglorian de ser cristianos. De estos últimos es de quienes se habla por alegoría en el Evangelio, Joa., c. XV, V. 1-7: «Yo soy la verdadera vid: y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que no diere fruto en mí lo quitará: y todo aquel que diere fruto, lo limpiará, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la Palabra, que os he hablado. Estad en mí: y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede de sí mismo llevar fruto, si no estuviere en la vid, así ni vosotros, si no estuvieseis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que está en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto: porqué sin mí no podéis hacer nada. El que no estuviere en mí será echado fuera; así como el sarmiento, y se secará, y lo cogerán, y lo meterán en el fuego, y arderá,» Grande y difícil metáfora son las palabras siega y vendimia de que se habla en el Apocalipsis. Porque Dios siempre ha dado a las naciones terrenas grandes reinos, mientras que a su pueblo escogido lo tuvo en estrechos límites, coartados y desfavorables, a manera de una tierra guarnecida como con una cerca de espinas: En ese estado es como ahora se encuentra la Iglesia, viña del Dios de los ejércitos. De consiguiente por mies, o más bien por garbas secas de paja, o de cizaña, se entiende las naciones terrenas, y por las uvas que crecen en lo silvestre de la viña, Iglesia de Cristo, son literalmente designados los herejes. Porque Jesucristo es la viña; y en su viña que es la Iglesia, crecen dos especies de uvas, las uvas buenas, esto es, los verdaderos cristianos, y las silvestres, es decir, los herejes de otra manera representados por sarmientos secos.
Vers. 19. Y metió el ángel su hoz aguda en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó la vendimia en el grande lago de la ira de Dios. Estas palabras insisten de nuevo sobre la prosperidad de la Iglesia, y sobre la certidumbre y evidencia del testimonio que San Juan da, de que en su debido tiempo han de acontecer esas cosas, para consuelo de la santa Iglesia romana, Porque habló el Señor, y su palabra se ha de ejecutar sin falta. Y echó la vendimia en el grande lago de la ira de Dios. Este grande lago de la ira de Dios, es el lagar o grande cuba donde la divina justicia ejercerá sus venganzas sobre los herejes y sobre las naciones bárbaras. En este grande lago siempre el Señor arrojó ora a los unos, ora a los otros, para consuelo del pueblo de Israel y de la Iglesia de Cristo, para que no digan las naciones: ¿Dónde está su Dios etc.? Las Escrituras hablan de esa ira o venganza de Dios, Psal., LXXVII. v. 65: «Y despertóse el Señor como quien duerme, como un valiente después de haber bebido mucho vino. E hirió a sus enemigos en la parte posterior: afrenta sempiterna les dio.» El grande lago será la exterminación y ruina de las naciones bárbaras y heréticas; y el Monarca poderoso es quien, por el permiso y cooperación de la justicia, venganza y cólera del Todopoderoso, los precipitará allí. Porque Dios es la causa principal, y los hombres son como instrumentos de su omnipotente brazo.
Vers. 20. Y fue hollado el lago fuera de la ciudad, y salió sangre del lago hasta les frenos de los caballos por mil seiscientos estadios. Estas palabras significan grandísima efusión de sangre, que Dios, en su ira e indignación, hará verter a sus enemigos por medio de los ejércitos cristianos. Y fue hollado el lago fuera de la ciudad. Es decir, que Dios hará gravitar los efectos dé su cólera sobre esas naciones, fuera de la ciudad santa, y de la palestina, la que ha sido reservada a las naciones, hasta tanto que llegue el hijo de perdición. Y salió sangre del lago hasta el freno de los caballos. Esta es una expresión hiperbólica, y significa un derramamiento de sangre tan copioso, que los caballos casi nadarán en la sangre de los muertos y de los heridos. Porque cuándo los caballos nadan están en el agua sumergidos hasta las narices. Por mil y seiscientos estadios. Esta es todavía una hipérbole que representa la inmensa carnicería que los cristianos harán en sus enemigos.
_______________________________
(1) N. d T. f, El venerable holzhauser se sirve aquí de la voz rey, pero nada puede inferirse sobre el título de este Monarca, supuesto que casi siempre se sirve de esa palabra, aun para con los emperadores, como por ejemplo para con los de la Turquía a quienes también llama reyes, y al imperio de, ellos reino. Se habrá más arriba notado, que se ha dicho del gran Monarca que será hijo de un rey, y la gloria de su casa real. En suma, esta última voz real se ha de tomar en general por soberana. Nos hemos valido de la palabra monarca, porque es el título que el autor le da ordinariamente y aun en el caso presente; y añade el título de monarca al de rey: Se habrá por otra parte notado que a la ocasión del último concilio cuyos decretos hará ejecutar ese Monarca el autor habla de edictos imperiales.
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 453 a la 460.
Traducido al Español por el
Reverendo Padre Fray Ramón de Lérida,
Capuchino Misionero Apostólico.
Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.
Imprimase
El Obispo de la Serena (Chile)
Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.
miércoles, 12 de abril de 2017
EL CASTIGO SE ACERCA
Y después de tanta relajación, de tanta impiedad, de tantas abominaciones como nos han descrito los artículos precedentes, ¿qué esperan los hombres?
«Los hombres,—dice el Señor en el Grito de Salud,—se han negado a recibir a un Dios bueno y misericordioso, y verán cómo descarga sobre ellos la cólera de un Dios justamente irritado; verán que no se insulta a Dios en vano, y reconocerán, aunque tarde, que soy Omnipotente».
Y a los niños de la Saleta dijo la Santísima Virgen:
«Si mi pueblo no quiere someterse, me veré obligada a dejar caer el brazo de mi Hijo; es tan pesado, que no puedo detenerlo por más tiempo». «En vano intentaréis libraros de la ira de Jesucristo, el cual ya no puede contener la espada de su justicia», anunció el Beato Bartolomé de Saluzzo; y el apocalíptico abate Silvestro Castiglione vio escritas estas palabras de la Escritura en el libro de sus visiones: «Raza de víboras, ¿quién os librará de la cólera del Omnipotente que está para estallar? He aquí que la segur está ya aplicada al tronco del árbol; si no os convertís pronto y de todo corazón a Jesucristo, El blandirá contra vosotros su espada y tenderá su terrible arco».
El ilustre Da Macello cita en I Futuri Destini la visión de un humilde profeta de Turín, contemporáneo suyo, verificada el 27 de Febrero de 1862. Del nombre del vidente sólo pone las iniciales G. R.; pero bien pesadas las razones y la visión en sí misma, parece tener ésta todas las notas de autenticidad: por auténtica la admitimos y de buen grado la copiaríamos toda, si no fuera tan larga; pondremos solamente el final, que es la entrega de una carta o aviso llevado por el vidente al Papa, de parte de Jesucristo, el cual dirigía a los hombres tremendas amenazas que se convertirían en hechos si no enmendaban sus costumbres y hacían penitencia.
Además, se mandaba al Sumo Pontífice «amonestar a las autoridades temporales que no permitiesen la libertad de imprenta y la difusión de los libros impíos e inmorales; que observasen e hiciesen observar los días festivos y no tolerasen las blasfemias, los desórdenes y escándalos públicos; que respetasen la Religión santísima, pues de no respetarla, pueblos y gobernantes incurrirían en la tremenda ira de Dios; que aquellos reinos y naciones a los cuales los castigos y amenazas no bastasen para hacerlos volver en sí, tendrían la misma suerte del pueblo judaico, esto es, serían abandonados por Dios a su ceguera y réprobo sentido, para ser primero aniquilados y después atormentados por toda la eternidad».
Muchas veces han dirigido desde entonces Pío IX y León XIII estas amonestaciones a los Gobiernos, pero los Gobiernos las han menospreciado; el castigo, pues, era necesario, y en efecto, empezó tiempo ha, dura, y seguirá siendo cada vez más terrible. Entre los pecados de moda que más excitan la cólera de Dios, descuellan la profanación de los días festivos, la impureza y la blasfemia. El vidente arriba citado lo indica; el abate Curricque trae también en Voix Prophetiques la visión de otro profeta cuyo nombre omite por las mismas razones que Da Macello, y el profeta dice de Francia como pudiera decir del resto del mundo:
«Dios me da a conocer que las desgracias que amenazan a Francia se cumplirán, sobre todo, a causa de la profanación del domingo. Hago un acto de conformidad con la voluntad de Dios, por lo que yo mismo habré de padecer». Pone el mismo Curricque una aparición profética, para dudar de la cual no tenemos razones, y de ella sacamos estas palabras aplicables a todos los pueblos:
«Francia está muy humillada, mas también es muy culpable. Ha dado una grave caída, de la que no se levantará más que volviendo a ser cristiana. La Francia es culpable especialmente por la violación del descanso dominical, por otro vicio horrible (la lujuria), que tan común ha llegado a ser en ella, y sobre todo por la blasfemia. ¡Oh! las blasfemias son horrendas en Francia y atraen la cólera de Dios. He ahí las tres cosas que Francia debe principalmente evitar.
«En confirmación de todo esto viene lo que dijo la Santísima Virgen en la Saleta: «Os he dado seis días para trabajar, me he reservado el séptimo, y no se me quiere conceder. He ahí lo que hace tan pesado el brazo de mi Hijo. Los carreteros no saben hablar si no mezclan el nombre de mi Hijo... Vendrá una grande hambre».
Complemento de esto es lo que la misma celestial Madre dijo a Margarita Bays, la estigmatizada de La Pierre:
«La perversidad del mundo es tan grande, que yo no puedo detener el brazo de mi Hijo, ultrajado sobre todo por la blasfemia, la profanación de los días santos, la impureza, el abandono o negligencia de la oración y el olvido de Dios. Por tantos crímenes y para ayudarme a contener el brazo de mi Hijo, padecerás tú un tormento muy particular».
No se dirigen estas amenazas a Francia solamente, sino a las naciones en general, pues todas están más o menos contagiadas de la espantosa relajación francesa. Por eso la simpática y notabilísima vidente María des Terreaux profetizó como sigue:
«En el momento en que Francia sea castigada de esta manera tan terrible, todo el universo lo será igualmente. No se me ha dicho cómo. Se me ha anunciado que habría un acontecimiento tan espantoso (la revolución europea, acompañada de hambre y peste), que los que no estuvieren prevenidos, creerán haber llegado al fin del mundo; pero repentinamente acabará la revolución por un gran milagro (prodigio solamente le llaman los demás profetas), que causará el asombro del universo. (Es la victoria del Gran Monarca). Los pocos malos que queden se convertirán. Las cosas que deban suceder serán una imagen del fin del mundo».
Convienen los profetas en que el poder de los demonios será grande en estos tiempos. Dios los desatará para castigo de los hombres. El Venerable Telesforo dice:
«Cristo mandará al Angel que suelte a Satanás para que siembre las discordias, las sediciones, las guerras, los cismas seduzca a los que obstinadamente rechazaron los avisos del cielo. Dios, por los pecados del Clero y del pueblo, permitirá un gran cisma, que será como mensajero de todos los males».
La Beata Sor Clara Isabel decía en 1800, poco antes de morir:
«Todos se regocijan porque creen pasada la época de los ayes (la del Terror); pero aún se verá otra mucho peor que la pasada... Os aseguro que falta mucho más de lo que creemos. ¿Pensáis que los ayes se acabaron? No se acabaron; lo que padecisteis es nada en comparación de lo que padeceréis. Orad por caridad, y orad mucho, para que el Señor tenga misericordia». Elena, la estigmatizada de Ceilán, «portento de la Omnipotencia y portento de la gracia», como la llama el canónigo zaragozano D. Pedro González de Villaumbrosia, sintetizó en dos palabras todo lo que precede:
El triunfo de la religión esta próximo, pero el castigo que precederá será espantoso».
Lo mismo viene a decir la profecía del Beato Amadeo:
«Antes que vengan los tiempos felices, serán purgados con azotes, según está establecido».
Esa es la economía de la divina Providencia. Deus quos diligit corripit; y las sociedades tienen que pagar sus pecados en este mundo, no en el otro.
«Se acerca la gran visita y reforma del mundo», dijo San Francisco de Paula, hablando de un tiempo 400 años posterior a su gran profecía; y San Vicente Ferrer exclamó: «Llorad los que seáis testigos de estruendo tan grande, que ni fue ni será, ni se espera ver otro mayor, no siendo él del juicio».
O como predijo Juan de Vatiguerro:
«Habrá tan grandes y tan diversas desgracias, que desde el principio del mundo nunca habrá tenido lugar semejante turbación, y nunca males tan numerosos, tan terribles y tan dignos de admiración habrán afligido la tierra».
Para definir mejor el tiempo en que esto ha de suceder, la misma predicción dice que vendrá después de los días que atravesamos, los cuales describe así, con la significativa concisión del lenguaje profético:
«En aquellos años estallarán sediciones y conspiraciones horribles; pero no todas aquellas sediciones y conspiraciones obtendrán lo que se propongan, porque algunas serán reservadas hasta otros tiempos».
Il Vaticinatore, de Da Macello, cita una profecía italiana moderna que completa de este modo el citado párrafo de Vatiguerro:
«Agitación, turbulencia, armas, sangre, apostasía... Los jefes de las naciones piensan inútilmente en salvarlas. Intervención extranjera, armas, sangre, ruinas, desórdenes, epidemias, calamidades, asesinatos, cisma, inmoralidad. Nueva dinastía, nuevo orden de cosas, algunos reinos extinguidos, otros mutilados, otros aumentados, otros con diferente forma
Según el Iltmo. Vandina, citado por Cornelio aLápide en sus comentarios al Apocalipsis, la Beata Margarita de Rávena predijo en éxtasis que la Iglesia debía padecer muchas persecuciones, y que Dios quería purgarla y renovarla con pestilencias, penurias, incendios, sublevaciones, guerras y otros males gravísimos, y que por tales medios quería restituirla a su primitivo esplendor. La profecía viene cumpliéndose desde que se hizo, siglo XVI, pero no habiéndonos restituido todavía al esplendor antiguo, debe consumarse en nuestros tiempos como todos los profetas anuncian. Sigamos oyéndoles. El Venerable Holzbauser, antes de describir el triunfo de la Iglesia y paz del mundo, profetiza los siguientes castigos, unos cumplidos ya y otros que van a cumplirse.
«El Señor aventará su trigo por medio de crueles guerras, sediciones., pestes, hambre y otros males horribles. La Iglesia latina será afligida por muchas herejías y malos cristianos: se suprimirán muchos obispados e innumerables monasterios dignidades muy ricas por los mismos príncipes católicos. Se sujetará la Iglesia á gabelas y exacciones, de modo que podrá decirse con Jeremías que «la primera de las naciones ha sido sujeta a tributo». Será blasfemada por los herejes, y los eclesiásticos serán vilipendiados por los malos cristianos, sin que se les tenga por éstos ninguna consideración ni respeto. Atravesará tiempos de aflicción, de matanza, de defección y de toda clase de calamidades, y serán muchas las víctimas de la guerra, de la peste y del hambre. Pelearán reinos contra reinos, y otros, divididos en sí mismos (como España), serán desolados. Se destruirán principados y monarquías; habrá mucho empobrecimiento y gran desolación en la tierra. Todo esto será permitido por justo juicio de Dios, a causa de haber llenado la medida de nuestros pecados en el tiempo de la benignidad, cuando nos esperó para hacer penitencia».
«El mundo,—profetizaba la Venerable Sor Natividad hace un siglo,—será afligido por guerras sangrientas; los pueblos se levantarán contra los pueblos; las naciones contra las naciones, tan pronto unidas como divididas para combatir en favor o en contra del mismo partido: los ejércitos se chocarán espontáneamente y llenarán la tierra de mortandad y carnicería. Estas guerras intestinas y extranjeras ocasionaran enormes sacrilegios, profanaciones, escándalos, males infinitos por las incursiones que se harán contra la Iglesia, usurpando sus derechos, con lo cual recibirá grandes aflicciones».
De estos tiempos hablaba también Jesús Nuestro Señor cuando decía a Santa Margarita de Cortona:
«Yo te declaro que esperan grandes castigos a los pecadores; padecerán guerras espantosas, hambre y pestes, antes que llegue el fin de los tiempos (frase profética muy usada, que las más veces quiere decir el fin de la impiedad). Los autores de los vicios de alma y cuerpo han llegado a ser tan numerosos, que es imposible dejarlos obrar impunemente por más tiempo. Los cristianos son ahora más sabios en el mal que lo fueron los judíos en mi Pasión. Yo exijo que los predicadores de mi palabra muevan al mundo y a ellos mismos a la conversión sin reserva, para que vivan en mí la verdadera vida».
«Habrá tantas y tan grandes subversiones,—dijo hace medio siglo Sor Rosa Colomba Asdente,—que se verá marchar pueblo contra pueblo para exterminarse uno a otro bajo el siniestro golpe de tambores (particularidad notable de nuestros días) y de armas mortíferas. La revolución debe extenderse a toda Europa, donde no habrá ya calma sino después que la flor blanca (Gran Monarca) haya subido al trono de Francia».
Después de haber subido al de España.
El Venerable P. Antonio Albesani, del Oratorio de San Felipe en Savigliano, añade un detalle, y es de la falsa paz que hemos gozado, en estos tiempos.
«Habrá paz, dice, pero no paz verdadera, sino paz interrumpida por turbulencias. Antes que llegue la paz verdadera habrá una guerra sin cuartel, extremadamente sangrienta, la cual se extenderá por toda Europa. Habrá también una hambre horrible».
«¡Ay tres veces de Francia! ¡Ay tres veces de Italia! ¡Ay tres veces de Alemania!—exclamaba Mariana Galtier.—EI ángel no envainará la espada sino después de haber castigado a todas las naciones».
Sor María de la Cruz, o sea Melania la pastora de la Saleta, que de labios de la Virgen había aprendido estas cosas, exclamaba:
«¡Pobre pueblo!... Tú no sabes que puedes ser pulverizado como el grano bajo la muela de las venganzas de Dios… Pero es inútil hablar a los hombres, la ceguedad ha llegado a su colmo; es menester que Dios les hable, y les hablará; pero ¡no pueden imaginarse cómo! La tierra necesita de un expurgo».
En vista de que todos estos castigos son necesarios y hemos de pasar por ellos, no podemos menos de exclamar con la profetisa riminense en otro capítulo citada:
«¡Oh Dios mío! ¡Cuán inundada de pecados está la tierra! Pero, Señor, tened piedad de los pecadores... ¡Oh cuánta necesidad tiene de ser purificada vuestra Iglesia! Enviad, Señor, enviad presto los azotes que habéis preparado, porque cuanto más tarden, veo que tanto serán más terribles».
(Luz Católica, núm. 26=28 Marzo 1901).
Apología del Gran Monarca 1 parte.
páginas de la 258 a la 265
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904
Etiquetas:
Apostasía,
Castigos de Dios,
Corrupción,
Gran Monarca,
Guerra,
P. José D. María Corbató,
Profecías,
Sodomitas
lunes, 23 de enero de 2017
APOLOGÍA DEL GRAN MONARCA - EL FARISEÍSMO EN LA IGLESIA
En Luz Católica hemos dado pruebas abundantísimas y terminantes del respeto que tenemos al Clero en general, y particularmente al español: véanse, entre otros, los números. 2, 3, 10 y 23, págs. 18, 22, 45, 147, 152 y 365. Puestos a dar cuenta de todo lo que los profetas anuncian, tenemos cierta obligación de no omitir lo que se refiere al Clero, sin que esto modifique nuestro parecer en pro ni en contra: somos meros copistas; no hacemos tanto como Santos y Venerables citados (ibid.) en la pág. 365. De intento suprimiremos los comentarios: que hablen los profetas, y téngase en cuenta que se refieren terminantemente al Clero de hoy. Si alguien nos recrimina, al final le respondemos.
«Entre los, llamados a sostener la Iglesia hay cobardes, indignos, falsos pastores, lobos disfrazados con piel de oveja, los cuales no han entrado en el redil más que para seducir las almas sencillas, degollar el rebaño de Jesucristo, entregar la heredad del Señor a las depredaciones de los saqueadores, y los templos y los altares a la profanación... He aquí las amenazas que por esto hace el Señor, con toda la indignación y la saña de su justicia: «¡Ay de los traidores y de los apóstatas! ¡Ay de los que malrotan los bienes de mi Iglesia y de los que menosprecian la autoridad de ésta! Han incurrido en mi indignación; yo pisaré su soberbia audaz, que desaparecerá de mi presencia como el humo que se evapora por el aire, en castigo de sus crímenes. Yo les pediré cuenta de mi herencia... Yo endureceré su corazón y cegaré su espíritu, y cometerán pecados sobre pecados...» (Sor Natividad).
«Tomando el Soberano juez a su cargo la causa de la justicia, castigará a los prevaricadores, y sobre todo a los malos pastores de su Iglesia, permitiendo que se les despoje de sus bienes temporales antes de reducirlos por medio de las tribulaciones». (Santa Hildegarda).
«Señores y grandes prelados, os ruego que os enmendéis, pues de lo contrario, recibiréis grandes castigos. ¡Oh! volved al buen camino, pues lo que os anuncio no son locuras ni tonterías como pensáis». (Beato Bartolomé Saluzzo).
«Muchos morirán entonces impenitentes, porque habrán permanecido sordos a mis palabras e inspiraciones. ¡Ay de ellos, y particularmente de ciertos prelados que engañan a mis ovejas y pretenden ser renovadores y más doctos que Agustín y Tomás! Engáñanse éstos, porque yo permitiré que les avergüencen pueblos abyectos, pero cristianos verdaderos, a los cuales daré una fe firme y estable...
Te aseguro que antes que sucedan estas cosas (la regeneración por el Gran Papa y el Gran Monarca), verán tus hermanas a muchas ovejas mías de los claustros abandonar su instituto, lo cual permitiré en castigo de ellas, porque serán orgullosas y faltarán a las promesas que me hicieron en su profesión... Sus conventos serán suprimidos». (Jesús a la Venerable Sor Dominga del Paraíso).
«¡Ay de los religiosos y religiosas que no observen sus reglas! ¡Ay de todos los sacerdotes indignos de todos los seglares que se dan al libertinaje y siguen las falsas máximas de la moderna filosofía, condenada por la Iglesia, como contraria a los preceptos del Evangelio! Esos miserables, por su detestable conducta, negando la fe de Jesucristo, perecerán bajo el peso del brazo exterminador de la justicia de Dios, de la cual nadie escapará». (Venerable Sor Isabel Canori Mora).
«En medio de este horrible desastre, un grito se oye por todas partes: ¡Ay de los sacerdotes infieles, a su vocación! ¡Ay de los falsos servidores de Dios! ¡Ay de los que menosprecian sus obligaciones! ¡Ay de los que ponen obstáculos al bien!».
(Citada en el capitulo anterior)
(Citada en el capitulo anterior)
«Los preceptos divinos y humanos serán despreciados: los sagrados Cánones se tendrán por nada, haciendo el Clero igual caso de la disciplina que el pueblo de la política». (Venerable Bartolome Holzhauser).
«La virtud en aquellos días será vilipendiada por el silencio de varios predicadores; por otros será conculcada y otros renegarán de ella. La santidad será burlada, y por esto Jesucristo les mandará, no un Pastor, sino un exterminador». (San Francisco de Asís).
«Vi la Basílica de San Pedro (figura de la iglesia Universal), entregada a un inmenso gentío de demoledores... Los más hábiles de entre ellos, los que procedían sistemáticamente y conforme a las reglas, llevaban unos mandiles blancos (francmasones). Con gran dolor mío vi entre ellos algunos sacerdotes católicos... Mi guía me advirtió al mismo tiempo, que en tanto yo pueda, pida y encargue a los demás que pidan por los pecadores, y particularmente por los sacerdotes infieles a su vocación... Otros rezaban el Breviario con tibieza y llevaban al propio tiempo una piedra pequeñita bajo su manto, como una cosa rara, o la pasaban a otras manos. Pareciame que no tenían seguridad, ni arraigo, ni método, y que ni siquiera sabían lo que se debía hacer. ¡Me daba lástima!» (Venerable Ana Catalina Emmerich).
«Pareciame ver en medio de aquella baraúnda un gran trono; vi a los bandidos derribar ese trono (en otro capítulo diremos qué trono es). Todo llegó entonces a su colmo; el mundo entero me parecía una ruina y un desorden... Pero lo que más llamaba mi atención eran los sacerdotes. Vi un gran número de ellos que, cuando se vieron cogidos, se ponían de parte de los malos; pero fueron confundidas sus esperanzas y perecieron miserablemente. Me parecía que esta gran crisis no duraba mucho tiempo, y que después de esto se respiraba otra atmósfera; la paz de Dios...» (Profecía del Padre Cartujo, citada en el artículo anterior).
«Esta mañana (11 de Marzo de 1872), he visto en la Santa Comunión a Jesús orando, los ojos hacia el cielo, las manos juntas y fuertemente puestas sobre su pecho adorable. Estaba sumido en tristeza tal, que yo no he podido menos de llorar. Obligada interiormente a pedir por las almas consagradas a Dios, comencé a implorar para ellas la divina misericordia. «Hija mía, me dijo entonces Jesús, por mis sacerdotes es por quienes yo oro y padezco en este día». Hizome comprender al propio tiempo cuánto le afligían, y que si se ven necesitados es por culpa de ellos». (Venerable Sor Imelda).
«Si en todo esto no fuera el Señor ofendido, ninguna pena tendría yo; pero no es así, pues las dudas y las reflexiones de algunos ministros suyos, lejos de reanimar la fe en las almas, no hacen más que apagarla, y esto es una gran desgracia por la que se les harán cargos muy graves». (Magdalena de la Vendée).
«Hija mía, ¡cuántos ministros de mis altares hay que más bien impiden que fomentan la salud de las almas! Con sus festines, sus juegos, sus dilapidaciones, han cometido latrocinios en los bienes de la Iglesia, robando el sustento a los pobres y diciendo con intolerable orgullo: estas rentas son nuestras, sin cargo ni obligación alguna. ¡Qué usurpación! ¡Qué sacrilegio!... ¿Lo creerás, hija mía? Hay en mi Iglesia muchos Judas que me han traicionado y vendido; he sido abandonado y renegado de ellos; se libró Barrabás, pero yo he sido condenado a muerte y cruelmente azotado y coronado de espinas; herido cubierto de oprobio de ignominia y llevado al suplicio para ser otra vez sacrificado... ¿Qué castigo no merecen tantos y tan sangrientos ultrajes?» (El Señor a Sor Natividad)
«Antes que llegue la paz (del Gran Monarca), el afán de riquezas llevará los hombres a negar la fe; y muchos ministros de la Iglesia, llevados de la voluptuosidad carnal y de la belleza y lascivia de las mujeres, abandonarán el celibato y por donde quiera irá el demonio libre entre ellos». (Venerable Bartolomé Holzhauser).
«Agitación, turbulencia, armas, sangre, apostasía: una mitra afea el altar (en Italia), muchos sacerdotes y religiosos le ayudan y forman su corona de ignominia. Otras mitras débiles reciben lecciones de ánimo de aquellos pequeños que eran objeto de abyecciones y violencias». (Anónima, publicada por Da Macello en Il Valicinatore).
«Voltaire es el Dios de Francia. He escrito al señor Thiers: tanto peor para él y para Francia, si no obra como cristiano; yo he cumplido con mi deber. Cuando se trata de la gloria de Dios, no temo la prisión ni la muerte. Lo que en parte ha perdido a Francia (y a España y las demás naciones), es que el Clero ha temido más al hombre que a Dios. ¡Ah, si yo me extendiera sobre este capítulo!... ¡Pobre Clero, pobre Clero!... Pero no, yo me engaño. Según el Clero, yo soy una ilusa. El Clero es bueno, el Clero es desinteresado, el Clero está lleno de celo, lleno de caridad para con los pobres; ¡el rebaño es malo!...» (Sor María de la Cruz, o Melania, la de la Salette).
La admirable estigmatizada y vidente Lucía Lateau padeció también mucho del Clero. No citamos los padecimientos porque el mismo Clero hizo pasar a otros varios santos profetas; la lista sería larga: continuemos el tema general de este artículo.
«Paréceme que no me alejaré mucho de la verdad si tomo el vous (vos, o vosotros), de que usaba entonces el Beato (Benito José Labre, comunicando sus revelaciones a su confesor), no como personal, sino como calificativo, de suerte, que no quería hablar de mi persona en particular, sino en general de los sacerdotes que veía cubiertos de manchas, para significar lo que sucedería en Francia respecto del orden sacerdotal, ya física, ya moralmente. Demasiado sabemos que algunos sagrados ministros se han desviado del recto sendero, y que muchos otros que son constantes y fieles, son maltratados...» El Abate Marconi confesor del Beato Benito José, citado por Mr. Desnoyers en la vida del Santo).
«La apostasía será efecto del artificio y de los esfuerzos de las personas constituidas en gobierno, sostenidas por sus subalternos, así del orden civil como del Clero».
«Llegará a creerse que en la Iglesia todo está perdido... ¡La confusión, la confusión, aun entre los Sacerdotes!» (Magdalena Porsat). «Todos se guiarán por los respetos humanos... y padecerán mis escogidos tan extrañas persecuciones, que vivirán dudosos y perplejos, no sabiendo qué doctrina seguir de tantas como habrá... Ruega por mis escogidos, los cuales no sabrán de qué lado deban inclinarse». (El Señor a Sor Dominga del Paraíso). «Entre los perseguidores habrá tal división de pareceres, que esto colmará de gozo a los apóstatas». (Anónima, citada por Da Macello).
Ruega a Santa Hildegarda el Clero de Colonia, a quien ella había visitado, le diese por escrito «las palabras de vida que de viva voz le había dirigido por inspiración de Dios, y que añadiese a ellas lo que con este motivo le hubiera revelado». La respuesta es una larga carta en que con el acento enérgico de los Profetas y mirando a lo futuro, les echa en cara sus vicios y anuncia los castigos. De esta carta copiamos lo principal en el art. II del presente capitulo. Su carta al Clero de Tréveris, semejante a la de Colonia, arguye también de muchos pecados a dicho Clero, y más en particular al presente. Santa Catalina de Sena escribió también mucho sobre esta materia. Citaremos solamente un pasaje de los que se refieren a la época actual:
«Para hacerme comprender (Jesús), que las circunstancias en, que se muestra la Iglesia son permitidas para que vuelva a su esplendor, me citaba la Verdad Suprema dos textos del Evangelio: Es necesario que vengan escándalos. Y Nuestro Señor añadía: Pero ¡ay de aquel por quien viene el escándalo! Como si dijera: Yo permito estos tiempos de persecución para arrancar las espinas de que se ve rodeada mi Esposa, pero no permito los pensamientos culpables de los hombres. ¿Sabes lo que hago? Lo que hice cuando estaba en el mundo; hice entonces un látigo de cuerdas y eché del Templo a los que compraban y a los que vendían, no queriendo que la morada de mi Padre viniera a ser una cueva de ladrones. Te digo que hago lo mismo ahora: hago un látigo de las criaturas, y con este látigo arrojo a los mercaderes impuros, codiciosos, avaros, e hinchados de orgullo, que venden y compran los dones del Espíritu Santo.—Y en efecto, con este látigo de la persecución de las criaturas, Nuestro Señor los echaba y por la fuerza de la tribulación los arrancaba de su vida vergonzosa y desarreglada» (Santa Catalina de Sena).
«Cuando la sociedad haya sido bien castigada, bien azotada y desolada, entonces vivirán de otro modo el pueblo y el Clero, y subirá al Papado un Pastor (el Angélico), que gobernará con amor y celo. ¡Oh qué feliz estado aquél!» (Beato Bartolome Saluzzo).
«Ayer todavía pedí a Dios ardientemente que me retirase las visiones (particularmente acerca del Clero), a fin de no tener la obligación de manifestarlas y la responsabilidad que esto lleva consigo; mas lejos de ser escuchada, se me ha dicho, como de costumbre, que debo referir todo lo que esté en condiciones de decirse, y esto aunque se burlen de mí. Yo no puedo comprender para qué servirá esto. Me han dicho que nadie ha visto todo esto de la misma manera que yo, y además que esos no son negocios míos, sino que incumben a la Iglesia. Es una desgracia que se pierdan tantas cosas, y de aquí resulta gran responsabilidad. Bastantes personas, que son causa de que yo no goce de reposo, y el Clero que está necesitado de hombres y de fe para hacer esto, tendrán que dar a Dios terrible cuenta». (Sor Ana Catalina Emmerich).
Este pasaje nos trae a la memoria lo que el abate Trichaud dice en el folleto Pío IX y Enrique V, 10ª, edición de Marsella, tratando de la gran profecía de San Cesáreo.
«Continué, dice, mi trabajo histórico de San Cesáreo. Cuando en 1853 lo entregaba a la imprenta, el imperio salvaba a Francia de una espantosa anarquía y parecía sostener entonces la Religión, no como instrumento político, no por agradar a un partido, sino únicamente por convicción y por amor del bien que inspira y de las verdades que enseña. Yo no tuve el valor de turbar aquellas dulces esperanzas, suscitando en la opinión pública tristes aprensiones».
Con palabras como las subrayadas y otras, muchas tan falaces y pérfidas como ellas, el más falaz de los soberanos logró adormecer en Francia a los varones más ilustres, incluido el clero. Muy pocos sospecharon como debían de aquel precursor del Anticristo que, si no hizo más daño, fue porque no pudo. Eso, eso mismo sucede hoy; no se sospecha de ciertos gobernantes, el Clero se adormece, los fieles también... y si una Emmerich lo advierte, búrlanse de ella y la persiguen.
¡Cuán terribles serán las consecuencias de nuestra ceguera!
Apología del Gran Monarca 1 parte.
páginas de la 249 a la 255
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904
Etiquetas:
Gran Monarca,
Gran Papa,
P. José D. María Corbató,
Profecías
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








