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viernes, 28 de febrero de 2025

PROFECÍAS DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

 


Santo Tomás de Aquino hizo un estudio filosófico de la profecías. 

Puedes leer su comentario sobre las profecías de Job, los salmos, San Mateo, San Juan, San Pablo. 

También sabemos que tenía varios textos proféticos en sus libros de investigación. 


Se dice que este texto profético es de Santo Tomás de Aquino:

“Entonces nacerá, entre los lirios, el más hermoso de los príncipes, cuyo renombre será grande entre los reyes, tanto por la rara belleza de su cuerpo como por la perfección de su mente. 

El universo entero le obedecerá, cuando el altivo roble haya caído y haya aplastado con su caída al jabalí de pelo erizado. 

Los años pasarán en felicidad. 

De occidente a oriente, de oriente a norte, y de norte a sur, y en todas direcciones aplastará y pisoteará a sus enemigos. 

¡Ay de ti, Liguria, y de ti, maldita Flandes! 

El cisma se invertirá, cuando la encina en su caída aplaste al jabalí. 

¡Llora ay! Infeliz Babilonia, qué tristes días te esperan. 

Como la cosecha madura, seréis cortados por vuestras iniquidades.

Reyes vendrán de los cuatro rincones del mundo; reunirán a los santos de Dios, para que no sean incluidos en el juicio, y escojan al Ángel del Testamento que convertirá al Señor los corazones pervertidos y disidentes. 

La flecha de Italia, corriendo hacia el oriente, cavará sus surcos para plantar allí la vid verdadera del Salvador. 

Mientras florezca el Príncipe del nombre nuevo, a quien se someterán todos los pueblos. 

Y a quien se le dará la corona oriental para su custodia. 

El Ángel del Testamento se llamará Gregorio XVII o Papa Angélico. 

Bajo su reinado, herejes y cismáticos regresarán en masa al redil de la Iglesia Romana. 

Con este gran Pastor surgirá el gran Rey que obtendrá el reino de la nueva ciudad, y pronto pesará su mano sobre los infieles en África y luego en Europa. 

Dios elegirá a un hombre según su propio corazón y le encargará que apaciente el rebaño de su pueblo. 

Y este hombre enseñará a todas las naciones la voluntad divina de su Señor a quien amará con todo su corazón. 

Él hará florecer la fe y será amado por todos, porque sus actos suscitarán admiración. 

Todos los hombres ya formarán un solo rebaño bajo un solo pastor. 

Terminarán los siglos, se restablecerá la unidad primitiva, todos los miembros dependerán de una misma cabeza y todos los rediles particulares formarán parte del único redil de Cristo..."

Fuente: Propheties

viernes, 21 de julio de 2017

LA FUTURA EXTIRPACION DE LAS HEREJIAS - VENERABLE HOLZHAUSER



DE LA FUTURA EXTIRPACION DE LAS HEREJIAS

Capítulo XIV Versículo 14.-20.

Vers. 14. Y miré, y he aquí una nube blanca: y sobre la nube sentado uno semejante al Hijo del Hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda.

La descripción de la mies y de la vendimia de que se trata en este capítulo, contiene una especie de enigma difícil y oscuro, bajo el cual se describe la futura extirpación de las herejías y de la secta de las naciones o del imperio turco, cuya extirpación tendrá lugar bajo el Monarca poderoso, y el Pontífice santo. Porque Dios consolará todavía una vez a su Iglesia antes que llegue la noche tenebrosa del reino del Anticristo. He aquí pues la interpretación del enigma. El Gran Monarca de quien se habló más de una vez, es aquel que vio San Juan sentado sobre una nube blanca, porque su reinado, designado por la voz sentado, será un reinado santo y estable, apoyado en la protección de Dios omnipotente. Este Monarca es llamado semejante al Hijo, del hombre, a causa de sus grandes virtudes con las cuales imitará a su Salvador Jesucristo. Porque será humilde, manso, amante de la verdad y de la justicia, poderoso por sus ejércitos, prudente, sabio, y celoso de la gloria de Dios. En cierta suerte realizará esta profecía de Isaías sobre Jesucristo, c. XI. v. 2: «Y reposará sobre el él espíritu del Señor: espíritu de sabiduría, y de entendimiento, espíritu de consejo, y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, y le llenará el espíritu del temor del Señor: no juzgará según vista de ojos, ni seguirá por oída de orejas: sino que juzgará a los pobres con justicia, y reprenderá con equidad en defensa de los mansos de la tierra: y herirá a la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y la justicia será cíngulo de sus lomos: y la fe ceñidor de sus riñones: Habitará el lobo con el cordero: y el leopardo se echará con el cabrito: el becerro, y el león y la oveja andarán juntos, y un niño pequeño los conducirá. El becerro, y el oso serán apacentados juntos: y sus crías juntamente descansarán: el león comerá paja con el buey. Y el niño de teta se divertirá sobre la cueva del áspid: y el detestado meterá la mano en la caverna del basilisco. No dañarán, ni matarán en todo mi santo monte: porque la tierra está llena de la ciencia del Señor, así como las aguas del mar que la cubren. En aquel día la raíz de Jessé esta puesta por bandera de los pueblos, le invocarán a él las naciones y será glorioso su sepulcro. Y será en aquel día: Extenderá el Señor su mano segunda vez para poseer el resto de su pueblo, que quedará de los Asirios, y de Egipto, y de Phetros, y de Ethiopia, y de Elám, y de Sennaar, y de Emáth, y de las islas del mar. Y alzará bandera a las naciones, y congregará los fugitivos de Israel, y recogerá los dispersos de Judá de las cuatro partes de la tierra. Y será quitada la emulación de Ephraim, y perecerán los enemigos de Judá, y Judá no peleará contra Ephraim. Y volarán a los hombros de los Philisteos por mar, saquearán juntos a los hijos del Oriente: La ldumea y Moab la primera conquista de sus manos, y los hijos de Amóm les obedecerán. Y desolará el Señor la lengua del mar de Egipto, y levantará su mano sobre el rió con la fortaleza de su espíritu: y lo herirá en sus siete canales, de suerte que pasarán por él calzados. Y habrá camino para el resto de mi pueblo que escapará de los Asirios: así como lo hubo para Israel en aquel día, que salieron de tierra de Egipto. Lo que acaba de decirse de Jesucristo, en esa profecía, puede aplicarse, en cierta suerte y por similitud, al monarca poderoso de quien San Juan dice será semejante al Hijo del hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro. Es decir que será un gran Monarca, rico y poderoso, y el dominador de los dominadores. Vencerá a los reyes de las naciones, y estará lleno de caridad de Dios. Léase lo que de él se dijo, c. III, en la sexta edad de la Iglesia, Y en su mano una hoz aguda. La hoz que el gran Monarca tendrá en su mano, es su grande y fuerte ejército, con el cual atravesará los reinos de las naciones, las repúblicas y fortalezas que atravesará de parte a parte (transfodiet). Se dice que la hoz es aguda, porque no dará combate, sin que resulte la victoria para sus ejércitos, o grandes pérdidas y suma mortandad para el enemigo. Cuéntase de Jonatás y de Saúl, en el antiguo Testamento, II. Reg., c. 4. v. 22. que, «nunca volvió la flecha de Jonatás sin grosura de fuertes, ni la espada de Saúl se retiró jamás en vano.» Así será perfectamente el ejército de ese grande y poderoso Monarca(1). Se dice que tiene la hoz en su mano, porque sin aviso suyo nada emprenderá su ejército, y él mismo es el que lo dirigirá con sus consejos, como se refiere del gran Alejandro. También se dice que tiene la hoz en su mano, porque su ejército obedecerá con puntualidad, le será adicto y lo amará de tal modo, que él lo manejará como un bastón, y obrará con él cosas grandes, prodigiosas y admirables.

II. Y salió otro ángel del templo, clamando en voz alta al que estaba sentado sobre la nube: Echa tu hoz, y siega: porque es venida la hora de segar, por estar ya seca la mies de la tierra. Esta voz es la de alguno que estimula con vehemencia a la guerra y a la siega de la cizaña de los herejes y Turcos. Este ángel que saldrá del templo y clamará así, es el sumo y santo Pontífice de quien se habló, suscitado por Dios en esos días. Y el Pontífice llevado por divina inspiración, exhortará y empeñará al Monarca a que emprenda esa guerra sagrada. Echa tu hoz, le dirá, esto es, tu ejército poderoso, y siega, esto es, corta, arranca y desarraiga a los herejes y a los bárbaros, porque es venida la hora de segar, por estar ya seca la mies de la tierra. Este lenguaje lo tendrá el Pontífice por revelación, y con esas palabras es como excitará los corazones de los príncipes, y los empeñará a unirse para emprender esta guerra. Dios dispondrá los corazones de los soldados, de manera a que accedan de espíritu y de ánimo a la empresa de su poderoso Monarca. Por estar ya seca la mies, es decir, llegó el momento de cortar la cizaña para echarla al fuego. Es una metáfora que significa el aniquilamiento y la ruina de las herejías y de la barbarie.

Vers. 16. Y el que estaba sentado sobre la nube, echó su hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada. Todas estas palabras expresan el feliz suceso obtenido según las expresiones del Santo Pontífice. Y la tierra fue segada, porque el gran Monarca exterminará, o someterá a su poderío las naciones de los turcos y las de los herejes, y ocupará sus tierras.

Vers. 17. Y salió otro ángel del templo, que hay en el cielo, que tenía también una hoz aguda. Esta hoz es otro ejército que los Estados de la Iglesia y sus aliados estrecha y fuertemente unidos reunirán en auxilio del gran Monarca. Por este motivo se dice, que él otro ángel salió del templo, esto es, de los Estados de la Iglesia de quienes el templo es figura, que hay en el cielo, esto es en la Iglesia militante representada y significada por la voz cielo. Aquel de quien se dice: Y salió otro ángel del templo, será el gran general en jefe constituido o designado por el santo Pontífice de quien se habló, para mandar al ejército fuerte empleado a la ruina y aniquilamiento de la potencia de los turcos y de los herejes.

Vers. 18. Y salió del altar otro ángel que tenía poder sobre el fuego: y clamó en voz alta a aquel que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la viña de la tierra: porque maduras están las uvas de ella. Se trata aquí todavía de otra voz que exhorta con ardiente celo a obrar; combatir con denuedo, para alcanzar la victoria sobre los enemigos de la iglesia que tanto la habían oprimido, Porque la bestia, que es el imperio turco, debe antes ocupar la Italia, y extenderse considerablemente por todas partes. Estrechará de tan cerca la cristiandad, que esta, reducida a la última necesidad, tentará también los supremos esfuerzos, y obtendrá inmenso suceso. Hará pedazos la silla o reino de la bestia, esto es, el imperio turco, y relegará al infierno la perfidia de los herejes. Por esto San Juan designa dos especies de enemigos, a quienes distingue con las voces mies y vendimia. La primera palabra significa las naciones de los turcos, y la segunda designa a los herejes. Porque por garbas de paja, se entiende las naciones bárbaras, y por racimos de uvas silvestres, se entiende los herejes que se vanaglorian de ser cristianos. De estos últimos es de quienes se habla por alegoría en el Evangelio, Joa., c. XV, V. 1-7: «Yo soy la verdadera vid: y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que no diere fruto en mí lo quitará: y todo aquel que diere fruto, lo limpiará, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la Palabra, que os he hablado. Estad en mí: y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede de sí mismo llevar fruto, si no estuviere en la vid, así ni vosotros, si no estuvieseis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que está en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto: porqué sin mí no podéis hacer nada. El que no estuviere en mí será echado fuera; así como el sarmiento, y se secará, y lo cogerán, y lo meterán en el fuego, y arderá,» Grande y difícil metáfora son las palabras siega y vendimia de que se habla en el Apocalipsis. Porque Dios siempre ha dado a las naciones terrenas grandes reinos, mientras que a su pueblo escogido lo tuvo en estrechos límites, coartados y desfavorables, a manera de una tierra guarnecida como con una cerca de espinas: En ese estado es como ahora se encuentra la Iglesia, viña del Dios de los ejércitos. De consiguiente por mies, o más bien por garbas secas de paja, o de cizaña, se entiende las naciones terrenas, y por las uvas que crecen en lo silvestre de la viña, Iglesia de Cristo, son literalmente designados los herejes. Porque Jesucristo es la viña; y en su viña que es la Iglesia, crecen dos especies de uvas, las uvas buenas, esto es, los verdaderos cristianos, y las silvestres, es decir, los herejes de otra manera representados por sarmientos secos.

Vers. 19. Y metió el ángel su hoz aguda en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó la vendimia en el grande lago de la ira de Dios. Estas palabras insisten de nuevo sobre la prosperidad de la Iglesia, y sobre la certidumbre y evidencia del testimonio que San Juan da, de que en su debido tiempo han de acontecer esas cosas, para consuelo de la santa Iglesia romana, Porque habló el Señor, y su palabra se ha de ejecutar sin falta. Y echó la vendimia en el grande lago de la ira de Dios. Este grande lago de la ira de Dios, es el lagar o grande cuba donde la divina justicia ejercerá sus venganzas sobre los herejes y sobre las naciones bárbaras. En este grande lago siempre el Señor arrojó ora a los unos, ora a los otros, para consuelo del pueblo de Israel y de la Iglesia de Cristo, para que no digan las naciones: ¿Dónde está su Dios etc.? Las Escrituras hablan de esa ira o venganza de Dios, Psal., LXXVII. v. 65: «Y despertóse el Señor como quien duerme, como un valiente después de haber bebido mucho vino. E hirió a sus enemigos en la parte posterior: afrenta sempiterna les dio.» El grande lago será la exterminación y ruina de las naciones bárbaras y heréticas; y el Monarca poderoso es quien, por el permiso y cooperación de la justicia, venganza y cólera del Todopoderoso, los precipitará allí. Porque Dios es la causa principal, y los hombres son como instrumentos de su omnipotente brazo.

Vers. 20. Y fue hollado el lago fuera de la ciudad, y salió sangre del lago hasta les frenos de los caballos por mil seiscientos estadios. Estas palabras significan grandísima efusión de sangre, que Dios, en su ira e indignación, hará verter a sus enemigos por medio de los ejércitos cristianos. Y fue hollado el lago fuera de la ciudad. Es decir, que Dios hará gravitar los efectos dé su cólera sobre esas naciones, fuera de la ciudad santa, y de la palestina, la que ha sido reservada a las naciones, hasta tanto que llegue el hijo de perdición. Y salió sangre del lago hasta el freno de los caballos. Esta es una expresión hiperbólica, y significa un derramamiento de sangre tan copioso, que los caballos casi nadarán en la sangre de los muertos y de los heridos. Porque cuándo los caballos nadan están en el agua sumergidos hasta las narices. Por mil y seiscientos estadios. Esta es todavía una hipérbole que representa la inmensa carnicería que los cristianos harán en sus enemigos.

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(1) N. d T. f, El venerable holzhauser se sirve aquí de la voz rey, pero nada puede inferirse sobre el título de este Monarca, supuesto que casi siempre se sirve de esa palabra, aun para con los emperadores, como por ejemplo para con los de la Turquía a quienes también llama reyes, y al imperio de, ellos reino. Se habrá más arriba notado, que se ha dicho del gran Monarca que será hijo de un rey, y la gloria de su casa real. En suma, esta última voz real se ha de tomar en general por soberana. Nos hemos valido de la palabra monarca, porque es el título que el autor le da ordinariamente y aun en el caso presente; y añade el título de monarca al de rey: Se habrá por otra parte notado que a la ocasión del último concilio cuyos decretos hará ejecutar ese Monarca el autor habla de edictos imperiales.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 453 a la 460.

Traducido al Español por el
Reverendo Padre Fray Ramón de Lérida,
Capuchino Misionero Apostólico.

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
El Obispo de la Serena (Chile)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.

lunes, 23 de enero de 2017

APOLOGÍA DEL GRAN MONARCA - EL FARISEÍSMO EN LA IGLESIA


En Luz Católica hemos dado pruebas abundantísimas y terminantes del respeto que tenemos al Clero en general, y particularmente al español: véanse, entre otros, los números. 2, 3, 10 y 23, págs. 18, 22, 45, 147, 152 y 365. Puestos a dar cuenta de todo lo que los profetas anuncian, tenemos cierta obligación de no omitir lo que se refiere al Clero, sin que esto modifique nuestro parecer en pro ni en contra: somos meros copistas; no hacemos tanto como Santos y Venerables citados (ibid.) en la pág. 365. De intento suprimiremos los comentarios: que hablen los profetas, y téngase en cuenta que se refieren terminantemente al Clero de hoy. Si alguien nos recrimina, al final le respondemos.

«Entre los, llamados a sostener la Iglesia hay cobardes, indignos, falsos pastores, lobos disfrazados con piel de oveja, los cuales no han entrado en el redil más que para seducir las almas sencillas, degollar el rebaño de Jesucristo, entregar la heredad del Señor a las depredaciones de los saqueadores, y los templos y los altares a la profanación... He aquí las amenazas que por esto hace el Señor, con toda la indignación y la saña de su justicia: «¡Ay de los traidores y de los apóstatas! ¡Ay de los que malrotan los bienes de mi Iglesia y de los que menosprecian la autoridad de ésta! Han incurrido en mi indignación; yo pisaré su soberbia audaz, que desaparecerá de mi presencia como el humo que se evapora por el aire, en castigo de sus crímenes. Yo les pediré cuenta de mi herencia... Yo endureceré su corazón y cegaré su espíritu, y cometerán pecados sobre pecados...» (Sor Natividad).

«Tomando el Soberano juez a su cargo la causa de la justicia, castigará a los prevaricadores, y sobre todo a los malos pastores de su Iglesia, permitiendo que se les despoje de sus bienes temporales antes de reducirlos por medio de las tribulaciones». (Santa Hildegarda).

«Señores y grandes prelados, os ruego que os enmendéis, pues de lo contrario, recibiréis grandes castigos. ¡Oh! volved al buen camino, pues lo que os anuncio no son locuras ni tonterías como pensáis». (Beato Bartolomé Saluzzo).

«Muchos morirán entonces impenitentes, porque habrán permanecido sordos a mis palabras e inspiraciones. ¡Ay de ellos, y particularmente de ciertos prelados que engañan a mis ovejas y pretenden ser renovadores y más doctos que Agustín y Tomás! Engáñanse éstos, porque yo permitiré que les avergüencen pueblos abyectos, pero cristianos verdaderos, a los cuales daré una fe firme y estable...

Te aseguro que antes que sucedan estas cosas (la regeneración por el Gran Papa y el Gran Monarca), verán tus hermanas a muchas ovejas mías de los claustros abandonar su instituto, lo cual permitiré en castigo de ellas, porque serán orgullosas y faltarán a las promesas que me hicieron en su profesión... Sus conventos serán suprimidos». (Jesús a la Venerable Sor Dominga del Paraíso).

«¡Ay de los religiosos y religiosas que no observen sus reglas! ¡Ay de todos los sacerdotes indignos de todos los seglares que se dan al libertinaje y siguen las falsas máximas de la moderna filosofía, condenada por la Iglesia, como contraria a los preceptos del Evangelio! Esos miserables, por su detestable conducta, negando la fe de Jesucristo, perecerán bajo el peso del brazo exterminador de la justicia de Dios, de la cual nadie escapará». (Venerable Sor Isabel Canori Mora).

«En medio de este horrible desastre, un grito se oye por todas partes: ¡Ay de los sacerdotes infieles, a su vocación! ¡Ay de los falsos servidores de Dios! ¡Ay de los que menosprecian sus obligaciones! ¡Ay de los que ponen obstáculos al bien!».
(Citada en el capitulo anterior)

«Los preceptos divinos y humanos serán despreciados: los sagrados Cánones se tendrán por nada, haciendo el Clero igual caso de la disciplina que el pueblo de la política». (Venerable Bartolome Holzhauser).

«La virtud en aquellos días será vilipendiada por el silencio de varios predicadores; por otros será conculcada y otros renegarán de ella. La santidad será burlada, y por esto Jesucristo les mandará, no un Pastor, sino un exterminador». (San Francisco de Asís).

«Vi la Basílica de San Pedro (figura de la iglesia Universal), entregada a un inmenso gentío de demoledores... Los más hábiles de entre ellos, los que procedían sistemáticamente y conforme a las reglas, llevaban unos mandiles blancos (francmasones). Con gran dolor mío vi entre ellos algunos sacerdotes católicos... Mi guía me advirtió al mismo tiempo, que en tanto yo pueda, pida y encargue a los demás que pidan por los pecadores, y particularmente por los sacerdotes infieles a su vocación... Otros rezaban el Breviario con tibieza y llevaban al propio tiempo una piedra pequeñita bajo su manto, como una cosa rara, o la pasaban a otras manos. Pareciame que no tenían seguridad, ni arraigo, ni método, y que ni siquiera sabían lo que se debía hacer. ¡Me daba lástima!» (Venerable Ana Catalina Emmerich).

«Pareciame ver en medio de aquella baraúnda un gran trono; vi a los bandidos derribar ese trono (en otro capítulo diremos qué trono es). Todo llegó entonces a su colmo; el mundo entero me parecía una ruina y un desorden... Pero lo que más llamaba mi atención eran los sacerdotes. Vi un gran número de ellos que, cuando se vieron cogidos, se ponían de parte de los malos; pero fueron confundidas sus esperanzas y perecieron miserablemente. Me parecía que esta gran crisis no duraba mucho tiempo, y que después de esto se respiraba otra atmósfera; la paz de Dios...» (Profecía del Padre Cartujo, citada en el artículo anterior).

«Esta mañana (11 de Marzo de 1872), he visto en la Santa Comunión a Jesús orando, los ojos hacia el cielo, las manos juntas y fuertemente puestas sobre su pecho adorable. Estaba sumido en tristeza tal, que yo no he podido menos de llorar. Obligada interiormente a pedir por las almas consagradas a Dios, comencé a implorar para ellas la divina misericordia. «Hija mía, me dijo entonces Jesús, por mis sacerdotes es por quienes yo oro y padezco en este día». Hizome comprender al propio tiempo cuánto le afligían, y que si se ven necesitados es por culpa de ellos». (Venerable Sor Imelda).

«Si en todo esto no fuera el Señor ofendido, ninguna pena tendría yo; pero no es así, pues las dudas y las reflexiones de algunos ministros suyos, lejos de reanimar la fe en las almas, no hacen más que apagarla, y esto es una gran desgracia por la que se les harán cargos muy graves». (Magdalena de la Vendée).

«Hija mía, ¡cuántos ministros de mis altares hay que más bien impiden que fomentan la salud de las almas! Con sus festines, sus juegos, sus dilapidaciones, han cometido latrocinios en los bienes de la Iglesia, robando el sustento a los pobres y diciendo con intolerable orgullo: estas rentas son nuestras, sin cargo ni obligación alguna. ¡Qué usurpación! ¡Qué sacrilegio!... ¿Lo creerás, hija mía? Hay en mi Iglesia muchos Judas que me han traicionado y vendido; he sido abandonado y renegado de ellos; se libró Barrabás, pero yo he sido condenado a muerte y cruelmente azotado y coronado de espinas; herido cubierto de oprobio de ignominia y llevado al suplicio para ser otra vez sacrificado... ¿Qué castigo no merecen tantos y tan sangrientos ultrajes?» (El Señor a Sor Natividad)

«Antes que llegue la paz (del Gran Monarca), el afán de riquezas llevará los hombres a negar la fe; y muchos ministros de la Iglesia, llevados de la voluptuosidad carnal y de la belleza y lascivia de las mujeres, abandonarán el celibato y por donde quiera irá el demonio libre entre ellos». (Venerable Bartolomé Holzhauser).

«Agitación, turbulencia, armas, sangre, apostasía: una mitra afea el altar (en Italia), muchos sacerdotes y religiosos le ayudan y forman su corona de ignominia. Otras mitras débiles reciben lecciones de ánimo de aquellos pequeños que eran objeto de abyecciones y violencias». (Anónima, publicada por Da Macello en Il Valicinatore).

«Voltaire es el Dios de Francia. He escrito al señor Thiers: tanto peor para él y para Francia, si no obra como cristiano; yo he cumplido con mi deber. Cuando se trata de la gloria de Dios, no temo la prisión ni la muerte. Lo que en parte ha perdido a Francia (y a España y las demás naciones), es que el Clero ha temido más al hombre que a Dios. ¡Ah, si yo me extendiera sobre este capítulo!... ¡Pobre Clero, pobre Clero!... Pero no, yo me engaño. Según el Clero, yo soy una ilusa. El Clero es bueno, el Clero es desinteresado, el Clero está lleno de celo, lleno de caridad para con los pobres; ¡el rebaño es malo!...» (Sor María de la Cruz, o Melania, la de la Salette).

La admirable estigmatizada y vidente Lucía Lateau padeció también mucho del Clero. No citamos los padecimientos porque el mismo Clero hizo pasar a otros varios santos profetas; la lista sería larga: continuemos el tema general de este artículo.

«Paréceme que no me alejaré mucho de la verdad si tomo el vous (vos, o vosotros), de que usaba entonces el Beato (Benito José Labre, comunicando sus revelaciones a su confesor), no como personal, sino como calificativo, de suerte, que no quería hablar de mi persona en particular, sino en general de los sacerdotes que veía cubiertos de manchas, para significar lo que sucedería en Francia respecto del orden sacerdotal, ya física, ya moralmente. Demasiado sabemos que algunos sagrados ministros se han desviado del recto sendero, y que muchos otros que son constantes y fieles, son maltratados...» El Abate Marconi confesor del Beato Benito José, citado por Mr. Desnoyers en la vida del Santo).

«La apostasía será efecto del artificio y de los esfuerzos de las personas constituidas en gobierno, sostenidas por sus subalternos, así del orden civil como del Clero».

«Llegará a creerse que en la Iglesia todo está perdido... ¡La confusión, la confusión, aun entre los Sacerdotes!» (Magdalena Porsat). «Todos se guiarán por los respetos humanos... y padecerán mis escogidos tan extrañas persecuciones, que vivirán dudosos y perplejos, no sabiendo qué doctrina seguir de tantas como habrá... Ruega por mis escogidos, los cuales no sabrán de qué lado deban inclinarse». (El Señor a Sor Dominga del Paraíso). «Entre los perseguidores habrá tal división de pareceres, que esto colmará de gozo a los apóstatas». (Anónima, citada por Da Macello).

Ruega a Santa Hildegarda el Clero de Colonia, a quien ella había visitado, le diese por escrito «las palabras de vida que de viva voz le había dirigido por inspiración de Dios, y que añadiese a ellas lo que con este motivo le hubiera revelado». La respuesta es una larga carta en que con el acento enérgico de los Profetas y mirando a lo futuro, les echa en cara sus vicios y anuncia los castigos. De esta carta copiamos lo principal en el art. II del presente capitulo. Su carta al Clero de Tréveris, semejante a la de Colonia, arguye también de muchos pecados a dicho Clero, y más en particular al presente. Santa Catalina de Sena escribió también mucho sobre esta materia. Citaremos solamente un pasaje de los que se refieren a la época actual:

«Para hacerme comprender (Jesús), que las circunstancias en, que se muestra la Iglesia son permitidas para que vuelva a su esplendor, me citaba la Verdad Suprema dos textos del Evangelio: Es necesario que vengan escándalos. Y Nuestro Señor añadía: Pero ¡ay de aquel por quien viene el escándalo! Como si dijera: Yo permito estos tiempos de persecución para arrancar las espinas de que se ve rodeada mi Esposa, pero no permito los pensamientos culpables de los hombres. ¿Sabes lo que hago? Lo que hice cuando estaba en el mundo; hice entonces un látigo de cuerdas y eché del Templo a los que compraban y a los que vendían, no queriendo que la morada de mi Padre viniera a ser una cueva de ladrones. Te digo que hago lo mismo ahora: hago un látigo de las criaturas, y con este látigo arrojo a los mercaderes impuros, codiciosos, avaros, e hinchados de orgullo, que venden y compran los dones del Espíritu Santo.—Y en efecto, con este látigo de la persecución de las criaturas, Nuestro Señor los echaba y por la fuerza de la tribulación los arrancaba de su vida vergonzosa y desarreglada» (Santa Catalina de Sena).

«Cuando la sociedad haya sido bien castigada, bien azotada y desolada, entonces vivirán de otro modo el pueblo y el Clero, y subirá al Papado un Pastor (el Angélico), que gobernará con amor y celo. ¡Oh qué feliz estado aquél!» (Beato Bartolome Saluzzo).

«Ayer todavía pedí a Dios ardientemente que me retirase las visiones (particularmente acerca del Clero), a fin de no tener la obligación de manifestarlas y la responsabilidad que esto lleva consigo; mas lejos de ser escuchada, se me ha dicho, como de costumbre, que debo referir todo lo que esté en condiciones de decirse, y esto aunque se burlen de mí. Yo no puedo comprender para qué servirá esto. Me han dicho que nadie ha visto todo esto de la misma manera que yo, y además que esos no son negocios míos, sino que incumben a la Iglesia. Es una desgracia que se pierdan tantas cosas, y de aquí resulta gran responsabilidad. Bastantes personas, que son causa de que yo no goce de reposo, y el Clero que está necesitado de hombres y de fe para hacer esto, tendrán que dar a Dios terrible cuenta». (Sor Ana Catalina Emmerich).

Este pasaje nos trae a la memoria lo que el abate Trichaud dice en el folleto Pío IX y Enrique V, 10ª, edición de Marsella, tratando de la gran profecía de San Cesáreo.

«Continué, dice, mi trabajo histórico de San Cesáreo. Cuando en 1853 lo entregaba a la imprenta, el imperio salvaba a Francia de una espantosa anarquía y parecía sostener entonces la Religión, no como instrumento político, no por agradar a un partido, sino únicamente por convicción y por amor del bien que inspira y de las verdades que enseña. Yo no tuve el valor de turbar aquellas dulces esperanzas, suscitando en la opinión pública tristes aprensiones».

Con palabras como las subrayadas y otras, muchas tan falaces y pérfidas como ellas, el más falaz de los soberanos logró adormecer en Francia a los varones más ilustres, incluido el clero. Muy pocos sospecharon como debían de aquel precursor del Anticristo que, si no hizo más daño, fue porque no pudo. Eso, eso mismo sucede hoy; no se sospecha de ciertos gobernantes, el Clero se adormece, los fieles también... y si una Emmerich lo advierte, búrlanse de ella y la persiguen.

¡Cuán terribles serán las consecuencias de nuestra ceguera!


Apología del Gran Monarca 1 parte.
páginas de la 249 a la 255
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904

sábado, 1 de octubre de 2016

PROFECÍAS DE SAN ANSELMO



Profecías de San Anselmo, obispo.

Consta también de quince grabados, como la del Beato Joaquín de Flora, cada uno con un lema y texto explicativo. Pondremos algunos no más, traduciendo también a Peladán.

Nunca la simonía estuvo tan en boga como hoy; y dice el:

Grabado III.—«Lema: El poder (civil, al parecer), borrará los vestigios de Simón Mago. El Pontífice está en su Cátedra, y encima de la Tiara posa el cuervo, que aquí indica fidelidad. El Papa tiene la mano sobre la cabeza de un niño real, en quien reconocemos con gusto una fisonomía de Borbón: es el Gran Monarca niño, es el fuerte del porvenir».

Creemos que Peladán se equivoca. Dice que el cuervo aquí significa fidelidad... tal vez porque la exigirá en alto grado la protección dispensada por el Papa a un pequeño Borbón... el cual no puede ser el Gran Monarca, muy lejos de eso, o mienten todas las profecías. Abrigamos la convicción de que la profecía de este grabado se verificó en parte hasta poco ha, y en parte se verifica. El Gran Monarca es el cuervo fiel, como en la profecía del Beato Joaquín.

Así que el Gran Monarca haya triunfado en su patria, empezará la verdadera guerra europea anunciada para entonces por todos los profetas, la mayoría de los cuales habla de la destrucción material de París y la moral de Roma revolucionaria, que acontecerán poco después dé empezada esta guerra. San Anselmo las anuncia también.

Grabado VIII.—«Es una ciudad rodeada de fuertes murallas. El lema, algo obscuro, parece una promesa consoladora, pues dice: El poder y los monasterios volverán al lugar de los Pastores. Pero el texto llena de espanto, diciendo: ¡Ay! ¡ay, ciudad desgraciada, que eres el sostén de los pecados y pasiones! Ciudad miserable, se te ha concedido sostenerte con las armas por algún tiempo, para ver si te conviertes a la luz. Habrá en tus murallas muchas muertes y gran efusión de sangre... Los dragones romperán sus huevos y se los comerán. Muchedumbre innumerable será pasada a cuchillo. La ciudad está llena de fornicaciones, de impurezas, de rapiñas y de injusticias; tiene que desaparecer. Es otra Sodoma, y verá su último día como ésta. Lo habrás comprendido, lector, dice Peladán: esta ciudad es París».

Grabado X.—«Representa a Roma, amenazada por seis manos que significan los jefes de los ejércitos que la acometerán contra los revolucionarios. El lema dice: El poder será uno; y el texto: ¡Ay de ti, ciudad de las siete colinas, cuando la letra K (acaso Karolus) sea alabada en tus muros! Cerca estará entonces tu caída; tus jefes y tiranos serán destruidos. Irritaste al Altísimo con tus crímenes y blasfemias, y perecerás derrotada en la sangre. He aquí a Juan Buena-Gracia y a Constantino el Pobre. Son el Pontífice Santo y el Gran Monarca».

«Este es aquí, añade Peladán, llamado Constantino el Pobre, por la razón que se deduce del grabado siguiente. Él es el que se apoderará de Roma, venciendo a los republicanos de Italia».

Grabado XI.—«Es un hombre desnudo, mas su cabeza indica su noble origen. Lleva en los pies una cadena; y un niño, símbolo de la inocencia, la levanta compadeciendo al infortunado. El lema dice: La oración es un tesoro para los desgraciados, y será su gloria. Aquí vemos al Gran Monarca, desconocido y vilipendiado, levantándose de este vilipendio, como de un principio natural, a una gloria inmensa. En otra profecía vimos el mismo personaje oprimido de pies a cabeza por una larga serpiente que tenía enroscada: sólo le quedaban libres la cabeza y un hombro; sin embargo, Dios sostiene a su elegido, el cual por fin se librará de la serpiente para ceñirse la diadema».

Grabado XIV.—«Otra vez el Pontífice Santo. Está sentado en la Silla Apostólica, teniendo en su mano el libro de los Evangelios. Dos ángeles sostienen detrás de él un gran tapiz estrellado. Lema: Los días han llegado: he aquí el tiempo del reino de Dios».

Grabado XV.—«Es el último, y representa al Pontífice Angélico que glorifica al Gran Monarca, figurado por un león con diadema en la cabeza. Esta es la paz del mundo, por lo cual dice el lema: El respeto de las cosas santas se extenderá muy lejos».

El Gran Monarca figurado por un león con diadema es claro indicio de cuál será la Patria del gran hombre. Luz Católica reprodujo varias de las profecías que le hacen terminantemente español, en lo cual no cabe duda. Las simbólicas suelen representarle en figura de león, como la de San Anselmo. Nos viene ahora a la memoria la del Premol, que le representa viniendo del Oriente, o sea de la Iglesia, «montado en un león». Gran León de España le llama Santa Brígida. 


Apología del Gran Monarca 1ª Parte,
páginas 28, 29 y 30.
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904


miércoles, 14 de septiembre de 2016

PROFECÍAS DEL BEATO JOAQUÍN DE FLORA SOBRE EL GRAN PAPA Y EL GRAN MONARCA

El Beato Joaquín, napolitano, monje cisterciense, y abad de Corazzo y de Flora, fallecido a fines del siglo XII, fue un prodigio de santidad y don de profecía. Su historiador Dom Gervasio, abad de la Trapa, dice que, exceptuados los sepulcros de los Apóstoles, en ningún sepulcro de Santo se han obrado tantos y tan auténticos milagros como en el del Beato Joaquín; y añade que ningún Santo hizo tampoco tantas y tan respetables profecías como él.

Beato Joaquín de Flora

Hemos leído varias de sus profecías en la Biblioteca nacional de Paris, contenidas en un infolio impreso en Venecia en 1516. Adrién Peladán dice en el Nouveau Liber Mirabilis que posee una edición posterior de dichas profecías (Venecia, 1605), y de ella copia la que conviene a su libro y nos conviene a nosotros, que es la referente al Gran Monarca. Es una profecía rarísima, hecha con grabados, cada uno de los cuales tiene un lema: parece un pequeño Apocalipsis en figuras o imágenes. Contiene quince grabados (nosotros poseemos algunos), todos relativos al gran hombre, desde poco antes de su nacimiento hasta su victoria general; pero alude también, y quizá más particularmente, a los Sumos Pontífices que habrá en todo este tiempo.

Peladán declara que comprendió en parte estas figuras, por lo cual las describe y explica. Seguiremos sus descripciones, acomodándonos a sus explicaciones, y escogeremos solamente las figuras que más hacen al caso.

Grabado III.—«Una especie de Hércules levanta su maza sobre el Papa, como queriendo aplastarle, el Papa le opone las llaves de San Pedro y se mantiene en actitud serena, echando la cabeza atrás. Una cabeza se asoma por los pliegues de su manto, hacia el suelo, y mira al Hércules como emplazándolo para un día en que le pedirá cuentas. Esta cabeza es la del Gran Monarca, todavía niño. El Pontífice es Pío IX, a quien se aplica muy bien el lema del grabado: Soportará duros trabajos».

Grabado VI.—«También representa este grabado la monarquía proscripta, la de Italia, la de España, otras quizá, caminando con el cetro convertido en tridente. Las puntas del tridente se apoyan en el pecho de una paloma que todavía lleva en su pico el ramo de olivo: es la Religión inmolada... Un religioso lee sentado un libro y parece pronunciar la sentencia de reprobación, o sea el lema que dice: Entraste: por el fraude, reinaste por la fuerza, perecerás en los tormentos»,

Se nos burlaron algunos cuando dijimos que el Gran Monarca pertenecería de algún modo a la jerarquía eclesiástica. No nos atrevimos entonces a hablar más claro. Aquí lo ven ahora, no sólo eclesiástico, si no religioso. Aunque no fueran tan explicitas esta y otras profecías, lo que dicen todas no puede explicarse si el Gran Monarca no pertenece al estado del Regente de Cisneros, Ramiro de Aragón y Casimiro de Polonia: Rey y Sacerdote secundunt ordinem Melchisedech.

Grabado VII.—«Aquí hallamos el árbol de antes; un fiero dragón apoya en el tronco sus patas delanteras, y un Pontífice levanta la mano y le manda. Detrás del Pontífice hay un cuervo. El lema es: LOS VARONES FUERTES SERÁN PROBADOS POR LA ENVIDIA».

¿A quién dirá el lector que representa el cuervo? Al Gran Monarca, Al religioso de antes, ya por el color, ya por las excelentes cualidades que esta ave de rapiña tiene cuando se la ha domesticado. La misma profecía lo explicará; nuestros lectores valencianos y catalanes no harían mal en consultar los diccionarios de su lengua.

Grabado IX.—«La Iglesia, en la persona del Pontífice infalible, está aquí armada contra un falso profeta (creemos conocer a este pestilente sujeto), representado por una cabeza con tiara; pero en vez de piernas tiene el falso profeta una cola de dragón. El Pontífice tiene en su mano izquierda las llaves, sobre las cuales está posado el cuervo, que aquí es símbolo de la amistad como el de Elías en el desierto. El Pontífice lleva unas varas en su derecha, y de su boca sale la espada de las justicias de Dios. El Cordero Pascual, defendido por esta espada se pone al amparo del Pontífice. El lema es: Esta imagen representa el combate de la Iglesia con los apóstatas».

Después del cisma anunciado por este grabado y de las guerras que le han de acompañar, lo cual anuncian asimismo cien profecías más, viene el desenlace de todas, esto es, el triunfo de la Iglesia y del Gran Monarca, que empieza en el

Grabado X.—«La Tiara y la corona real se hallan unidas por un lazo común. Un cuervo con aureola bate las alas delante del Soberano Pontífice. Seis estrellas resplandecen en un triángulo, bajo la mano del Papa, y el lema dice: Alumbrará seis planetas y finalmente eclipsará su brillo. Este es un doble triunfo: el del Pontífice Santo, unido al del Gran Monarca».

Entre otras versiones, puede entenderse que son seis naciones los seis planetas; pero el triunfo todavía no es completo.

Grabado XI.«El Papa se reclina sobre la Cruz: el Cordero está a sus pies, y cerca de éste el cuervo amigo. El Pontífice tiene las llaves en la izquierda. Una serpiente se endereza para morder esta mano, y no puede. La serpiente es la revolución, el ateísmo y la herejía que acaban. El lema dice:

Lavará su estola en la sangre del Cordero.

He aquí, en fin, la victoria definitiva y la paz general, de acuerdo con todas las profecías:

Grabado XII.—«El lobo habitará con el Cordero y tendrán unión, dice el lema, lo cual alude a la paz que unirá los corazones en este reinado de Dios: los pecadores, convertidos, formarán un solo redil con los justos. El Pontífice tiene las llaves en una mano, y en otra el cuchillo que extirpa el error. La corona real está a sus pies, señal de la unión íntima del altar y del trono. Un lobo, apoyado en una espada, rinde homenaje al Obispo de Roma».

A este lobo aluden expresamente varias profecías. Con la conversión y la paz vienen el Concilio, los cánones, leyes, interpretación del Apocalipsis y demás Escrituras, según dijimos en el núm. 14 de Luz Católica, pág. 211 col. 2.a Así lo indica el

Grabado XIII.—«Hay sobre el Papa una mano celestial que le protege. El Papa, in chatedra, tiene en sus manos las llaves y unas varas, y el cuervo amigo bate vivamente las alas. Un ángel señala al firmamento desde una nube brillante, y pronuncia el lema que es: Sólo él abrirá el libro escrito por el dedo de Dios vivo».

Los grabados XIV y XV se refieren a lo que sucederá desde entonces hasta el Anticristo.


Apología del Gran Monarca 1ª Parte,
paginas 25, 26, 27, y 28.
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904

viernes, 1 de abril de 2016

PROFECIAS DEL BEATO NICOLAS FACTOR SOBRE EL GRAN PAPA Y EL GRAN MONARCA


Beato Nicolás Factor religioso franciscano español, natural de Valencia, nació en 1520 y murió en la ciudad de Turia en 1583, según sus numerosos biógrafos. El Papa Pío VI le declaro Beato en 1786. 


«Se levantará en la Iglesia el espíritu de un nuevo David, que será un Pontífice Romano, escogido por la mano de Dios; el cual reformará la Iglesia Católica en tiempo en que se hallará en tanta apretura, que apenas serán católicos y fieles la tercera parte de los que tienen el nombre de cristianos. Este nuevo Pontífice volverá la Iglesia a su antiguo estado y reducirá a los herejes; y en reduciéndolos, se juntará con el Rey, en quien estará la gracia de Dios, y los dos tomarán todos los tesoros de la Iglesia, y hechos moneda, levantarán gente en el Cristianismo, y con poderoso ejército marcharán la vuelta de Jerusalén. 

Excitados los Españoles por la santidad de esta causa, se apoderará de ellos un ardor tan santo, que partirán sin despedirse de sus padres y sin arreglar sus negocios. La legión más fuerte de este ejército se compondrá de religiosos regulares y seculares (1).

Este ejército irá por el estrecho de Gibraltar (2) al Africa; y caminará hasta sitiar la Ciudad de Libia o Fez, y en ella el Túnez, donde formará una poderosa armada, y el ejército caminará por tierra. 

Luego que lleguen las nuevas al Turco de que el Rey León viene tan poderoso, congregará aquél un innumerable ejército que pondrá en cuidado al León de España; mas Dios le confortará por medio de un Angel, asegurándole que no tema, porque le tendrá de su parte. Con este auxilio la armada Cristiana, que irá por mar, se apoderará por fuerza de la ciudad de Alejandría de Egipto. Y cuando llegue el aviso al Turco, que será al amanecer, se acobardará éste de suerte que, deshaciendo el ejército, se retirará la tierra adentro; y dejándole el campo franco al Rey León, continuará éste sus victorias hasta Jerusalén; y en llegando a ella, se arrojará pecho por tierra y dará gracias a Dios por tantas victorias y mercedes. 

Por este tiempo quedará España en poder de hembras; porque por acudir a la Tierra Santa, apenas se hallarán en ella hombres de catorce años arriba, que no sean viejos o inútiles; y cuando vuelvan de la conquista, se cumplirá la profecía que siete mujeres irán tras un hombre, preguntando la una por su marido y la otra por sus hijos. Y cuando los hombres se acertaren a encontrar por las calles, se congratularán entre si de haber llegado a verse juntos, después de tantas tribulaciones. Todo hombre esté alerta, que el tiempo vuela, y no sabemos la hora». 


(1) Son los Crucíferos anunciados por San francisco de Paula y otros profetas.
(2) No dudamos que entonces Gibraltar habrá vuelto ya al dominio de España, Inglaterra toca a su fin.



Apología del Gran Monarca 1ª Parte, 
paginas 42 y 43.
P. José Domingo María Corbató
Biblioteca Españolista. Valencia-Año 1904

sábado, 21 de noviembre de 2015

lunes, 2 de febrero de 2015

LA SEXTA EDAD DE LA IGLESIA QUE COMENZARA CON EL PONTIFICE SANTO Y EL MONARCA PODEROSO - VENERABLE HOLZHAUSER


De la sexta edad de la Iglesia, edad de consuelo
que principiará en el Pontífice santo y Monarca
poderoso, y durará hasta la aparición
del Anticristo.

CAPITULO III. Versículo 7.-1

I. Vers. 7. Y escribe al ángel de la Iglesia de Philadelfia; La sexta edad de la Iglesia comenzará en el Monarca poderoso y el Pontífice santo de quién ya se hablo, y durará basta la aparición del Anticristo. Esta edad será una edad de Consuelo (consolativus), en la que Dios consolará a su Iglesia santa de la aflicción y de las grandes tribulaciones que habrá padecido en la quinta edad. Todas las naciones serán reducidas A la unidad de la fe católica. El sacerdocio florecerá más que nunca, y los hombres buscarán el reino de Dios y su justicia con toda solicitud. El Señor dará a la Iglesia buenos pastores. Los hombres vivirán en paz, cada cual en su viña y su campo. Les será otorgada esa paz por que se habrán reconciliado con el mismo Dios. Vivirán a la sombra de las alas del Monarca poderoso y de sus sucesores. Encontramos el tipo de esta edad en la sexta época del mundo, la que principió con la emancipación del pueblo de Israel, y la restauración del templo y de la ciudad de Jerusalén, y duró hasta la venida de Jesucristo. Porque así como en esa época fue consolado el pueblo de Israel al mas alto grado por el Señor su Dios, siendo libertado de su cautiverio; Jerusalén y su templo fueron restaurados, los reinos, naciones y pueblos sometidos al imperio romano fueron vencidos y subyugados por Cesar Augusto, monarca muy poderoso y distinguido, quién los gobernó 56 años, dio la paz al universo, y reinó solo hasta la venida de N.S. Jesucristo, y aun después; así, en la sexta edad, Dios alegrará a su Iglesia con la mas grande prosperidad. Porque, aunque en la quinta edad no veamos por todas partes sino las mas deplorables calamidades: mientras que la guerra lo devasta todo; los católicos están oprimidos por los herejes y malos cristianos; la Iglesia y sus ministros han sido hechos tributarios; los principados están revueltos; los monarcas entregados a la muerte, los súbditos son desechados, y todos los hombres conspiran a erigir repúblicas, se opera un cambio asombroso por la mano del Omnipotente Dios, tal, que nadie puede humanamente imaginárselo. (1) Porque ese Monarca poderoso, que vendrá como el enviado de Dios, destruirá las repúblicas de arriba a bajo, someterá todo a su poder (sibi subjugabitomnia) y empleará su celo por la verdadera Iglesia de Cristo. Todas las herejías serán relegadas al infierno. El imperio de los Turcos será destruido, y ese Monarca reinará en Oriente y Occidente, Todas las naciones vendrán y adorarán al Señor su Dios en la verdadera fe católica y romana. Muchos santos y doctores florecerán en la tierra. Los hombres amarán el juicio y la justicia. La paz reinará en todo el universo, porque el divino poder atará a Satanás por muchos años, etc; hasta que venga el hijo de perdición, quién de nuevo lo desatará. A esta sexta edad, en razón de la similitud de su perfección, también se refiere el sexto día de la creación, cuando Dios creo al hombre a su semejanza, y le sometió todas las criaturas del mundo para ser el Señor y dueño de ellas. Pues así es como ese Monarca dominará sobre todas las bestias de la tierra; esto es, sobre las naciones bárbaras, sobre los pueblos rebeldes, sobre las repúblicas heréticas, (2) y sobre todos los hombres dominados por las malas pasiones. A esta sexta edad se refiere también el sexto espíritu del Señor; a saber: espíritu de sabiduría, que Dios difundirá en abundancia, sobre toda la superficie del globo, en este tiempo. Porque los hombres temerán al Señor su Dios, observarán su ley y le servirán de todo su corazón. Se multiplicarán las ciencias y serán perfectas. Las santas escrituras serán entendidas unánimemente, sin controversia, ni errores heréticos. Los hombres serán iluminados, tanto en las ciencias naturales como en las celestiales. En fin, la Iglesia de Philadelfia es tipo de la sexta edad; porque Philadelfia significa amor de hermano (amor fratris salutans), y también, guardando la herencia, en la unión con el Señor (haereditatem salvans adhaerente Domino.) Todos esos caracteres convienen perfectamente a esta sexta edad, en la que habrá amor concordia y paz perfecta, y el Monarca poderoso podrá considerar como herencia suya a casi todo el mundo. El libertará la tierra, con el auxilio del Señor su Dios, de todos sus enemigos, de las ruinas y de todo mal.

II. Esto dice el Santo y el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra: cierra y ninguno abre. San Juan, como suele hacer en la descripción de cada edad, marca también aquí con sus primeras palabras, algunas insignias de N. S. Jesucristo; insignias que no tan solo lleva en si mismo, sino que también las hace brillar exteriormente en sus miembros y en su cuerpo, que es la Iglesia, de un modo especial en la sexta edad. Esto dice el Santo de los santos del verdadero Dios y hombre. A causa de esas insignias infinitas, la santidad y verdad que por hipóstasis divina pertenecen a Jesucristo, toda rodilla ha de doblar ante él, en el cielo, en la tierra, en los infiernos etc. Llamase aquí también Santo y Verdadero, en calidad de cabeza de sus miembros y de su cuerpo, que es la Iglesia; y también porque su Iglesia será santa y verdadera en la sexta edad de un modo particular. Será santa, porque los hombres andarán entonces con todo corazón en los caminos del Señor, y buscarán con toda solicitud el reino de Dios: La Iglesia será verdadera, porque después de ser relegadas al infierno todas las sectas, ella será reconocida verdadera sobre la faz de la tierra. El que tiene la llave dé David. Por esas palabras se percibe el poder real universal de Cristo sobre su Iglesia, poder que conservara hasta la consumación del siglo ejecutando la voluntad y consejos de Dios Padre; Matth. c. v. 18. «Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra.» Sobre esto véase el lib. 2. cap. IV:. Además, se dice aquí que Cristo tiene la llave de David, porque David y su reino fueron la figura de Jesucristo y de su reinado, como se ve en los libros de los profetas. El que abre y ninguno cierra: cierra ninguno abre. Esas palabras expresan cual es la potestad de esta llave de Cristo. Potestad ilimitada y constituida en un solo poder, distribuyendo los bienes y males según su beneplácito. Por eso se dice: El que abre la puerta de los bienes derramándolos, y el que abre la puerta de los males permitiéndolos y ninguno cierra, esto es, nadie es capaz de impedir se cumplan los decretos de su divina voluntad en el cielo, en la tierra y en los infiernos. Los malos son impotentes para estorbar él bien, y los buenos incapaces de impedir el mal. Porque se dice de los malos en San Mateo, c. XVI, v, 18: «Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» Y dé los justos en Ezequiel, c. XIV, v. 14. ¿Y si estuvieran en medio de ella estos tres varones. Noé, Daniel, y Job, (en medio de una nación que habrá pecado contra el Señor:) ellos por su justicia librarán sus almas; dice el Señor de los ejércitos etc. Cierra y ninguno abre, esto es; en contra; hace desaparecer los males de la Iglesia en su tiempo y le devuelve los bienes. En seguida permite de nuevo los castigos, y ninguno los puede quitar de su mano ni impedirlos, según lo que está escrito en el Salmo CIII. v. 28: «Dándoles tú (alimento), ellos recogerán: abriendo tu tú mano todos se llenarán de bienes. Mas apartando tú tu rostro, se turbarán: les quitarás el espíritu de ellos; y desfallecerán, y se reducirán a su polvo. Enviarás tu espíritu, y serán criados, y renovarás el semblante de la tierra, etc.». Yo conozco tus obras. Esas palabras alaban, en general, las obras de la sexta edad, así como mas arriba vituperaban las obras de la quinta. Conozco tus obras, que son todas santas, buenas, perfectas y llenas de caridad, como lo hará ver lo siguiente.

Vers. 8. He aquí puse delante de ti una puerta abierta, que ninguno puede cerrar: porque tienes un poco de virtud (3) y has guardado mí palabra, y no has negado mi nombre, etc. Esas palabras son muy consoladoras; ellas describen la futura felicidad de la sexta edad, felicidad que consistirá: 1.° En la interpretación verdadera, clara y unánime de las santas Escrituras. Porque entonces las tinieblas de les errores y las falsas doctrinas de los herejes, que no son otra cosa mas que la doctrina de los demonios, se desvanecerán y desaparecerán. Los fieles de Cristo, esparcidos en toda la superficie del globo, se adherirán a la Iglesia de corazón y de espíritu, en la unidad de la fe y de la observancia de buenas costumbres. Por eso se dice: He aquí puse delante de ti una puerta abierta, esto es, la inteligencia clara y profunda de las santas Escrituras. Que ninguno puede cerrar, queriendo decir que ningún hereje podrá ya pervertir el sentido de la palabra de Dios, porque en esta sexta edad se tendrá un concilio ecuménico, el mayor dé cuantos han habido, en el cual, por un favor particular de Dios, por la potestad del anunciado Monarca, por la autoridad del pontífice santo y unión de los mas piadosos príncipes, todas las herejías y el ateísmo serán proscritos y desterrados de la tierra. Se declarará el sentido legítimo de las santas Escrituras; el que será creído y admitido por todo el mundo, porque Dios habrá abierto la puerta de su gracia. 2.° Esa felicidad consistirá en que los fieles serán inmensos en número; porque en ese tiempo, todos los pueblos y naciones afluirán hacia un solo rebaño, y allí entrarán por la sola puerta de la verdadera fe. Así es como se cumplirá la profecía de San Juan, c. X. v. 16: «Y será hecho un solo aprisco, y un pastor». Y también la otra de San Mateo, c. XXIV v. 14. «Y será predicado este Evangelio del reino por todo el mundo, en testimonio a todas las gentes: y entonces vendrá el fin.» En este sentido es pues también como se dice aquí: Pues delante de ti una puerta abierta, la puerta de la fe y salvación de las almas, puerta cerrada en la quinta edad a una innumerable multitud de hombres, a causa de las herejías y abominaciones de los pecadores. Por esto el aprisco estaba entonces reducido, envilecido, humillado y despreciado al mas alto grado. Mas ahora puse delante de ti una puerta abierta, abierta está a todos, como la grande entrada de un palacio real, cuando no hay que temer enemigos ni sediciones. 3.º Esa felicidad consistirá en la multitud de predestinados. En efecto, número crecido de fieles se salvarán en eso tiempo, porque la verdadera fe resplandecerá, y la justicia abundará. Puse delante de ti una puerta abierta, la puerta del cielo que nadie puede cerrar hasta el tiempo prefijado, El testo latino principia con la partícula, ecce, hé aquí, porque, como se dijo en otra parte, esa palabra escita nuestro espíritu a concebir alguna cosa grande y admirable en esta obra que Dios hará para nuestro consuelo, felicidad y alegría espiritual. Porqué tienes un poco de virtud y has guardado mi palabra. Ese pasaje indica tres causas tres méritos particulares, por los cuales Dios se apiadará de su Iglesia, y abrirá la puerta de su misericordia en esta sexta edad el primer mérito está puesto en tiempo presente. Porque tienes poca virtud. Esas palabras expresan la industria de los siervos de Dios, quienes emplearán con prudencia y celo la poca fuerza que habrán recibido de él, y así conseguirán muy grandes frutos para convertir a los pecadores y herejes. Jesucristo recompensará con grande prosperidad ese gran esfuerzo que habrán hecho para obrar esas conversiones, sobre todo en el principio de la sexta edad. El segundo y tercer mérito están puestos en tiempo pasado: Y has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. Con eso designa la constancia y perseverancia de sus siervos en su amor y fe. Porque, al fin de los tiempos de la quinta edad, ellos teniendo poca fuerza, se levantarán sin embargo contra los pecadores que habrán negado la fe por causa de bienes terrestres. Se levantarán también contra ciertos sacerdotes, quienes habiéndose dejado seducir por la belleza y atractivos del sexo femenino, querrán abandonar el celibato. Pues, en el tiempo en que el demonio disfrutará de una libertad casi absoluta y universal, cuando la tribulación llegue al más alto grado sobre la tierra, esos siervos fieles, unidos entre sí con los mas fuertes lazos, protegerán el celibato, conservándose puros en medio del siglo. Pasarán por viles a los ojos de los hombres, y se verán despreciados y repelidos del mundo, quién los ridiculizará. Pero Jesucristo Salvador, en su bondad, mirará propiciamente la paciencia de ellos, industria, constancia y perseverancia, y los recompensará en la sexta edad, secundando y favoreciendo sus esfuerzos en la conversión de los pecadores y herejes. Porque tienes poca virtud, esto es, eres desconocido y careces de potestad, de riquezas y de gloria: con medida te se dio y distribuyó la gracia de Dios; y sin embargo has hecho los mayores esfuerzos con celo y ardiente caridad por el santo nombre de Jesús, por su iglesia y salvación de las almas. He ahí porque Cristo, en su misericordia, te socorrerá al cabo y abrirá la puerta de la verdadera fe y penitencia a los herejes y pecadores. Y has guardado mi palabra. La palabra de Cristo se toma aquí por la doctrina especial y el conocimiento de un precepto o consejo que no estaba contenido en la antigua ley, y el que era enteramente contrario al Mundo. El Evangelio, de consiguiente contiene tres palabras de ese género; la primera es el precepto del amor de los enemigos y de la caridad fraternal, (Matth, c. V.) La segunda es el consejo de la continencia y celibato. Matth. c. XIX. V. 12. «Hay castrados, que a si mismos se castraron.» La tercera palabra es la paciencia que hemos de practicar, Matth c. V. v. 39. Si alguno te hiriere en la mejilla derecha, preséntale también la otra, Y a aquel que quiere ponerte a pleito, y tomarte la túnica, déjale también la capa. Dice pues el texto: Y has guardado mi palabra, esto es, la palabra de la fraternal caridad, del celibato, de la paciencia y mansedumbre; palabra que Dios pronunció con su divina boca, y observó él mismo, no has negado mi nombre. El texto latino dice: No has negado mi fe. (4) Se niega la fe con mayor frecuencia por amor de riquezas, honores y deleites. Los siervos de Cristo despreciarán esas tres concupiscencias hacia el fin de la quinta edad, y llevarán una vida humilde, sin buscar dignidades ni mando. Serán despreciados e ignorados de los grandes, de lo que, se regocijarán. Sacrificarán sus rentas en socorro de los pobres, y para edificación y propagación de la Iglesia católica, a la cual amarán como a una madre. Andarán en presencia de, Dios y de los hombres con sencillez de corazón, por esto es que su vida retirada será considerada como una demencia. La sabiduría del mundo consiste en retener y aumentar lo que se posee; esos fieles siervos, al contrario, despreciarán los bienes y honores terrenos, y se preservarán de las inmundicias con mujeres. Su conversación sera como corresponde a su vocación. Cuando pues vean a sus semejantes apostatar y negar la fe de Jesucristo por las riquezas, honores y placeres, gemirán sus corazones delante de su Dios, y perseveraran en los verdaderos principios de la fe católica. Con razón les dirige Jesucristo estas alabanzas. Y no has negado mi nombre.

III. Vers. 9. He aquí daré de la Sinagoga de Satanás, los que dicen son Judíos y no lo son, mas mienten. He aquí los haré venir, y que adoren ante tus pies; y sabrán que yo te he amado, etc. Sigue ahora la promesa de una muy abundante gracia de Dios, quién de costumbre ayuda, completa con buen éxito los piadosos esfuerzos de sus siervos, y recompensa su fidelidad, constancia y perseverancia en el bien que emprenden. El texto latino citado mas arriba encierra tres veces la partícula, ecce, he aquí. 1.º Ecce dedi coram te ostiurn apertum. Puse delante de ti una puerta abierta. 2,° Ecce dabo. Daré. 3. ° Ecce faciam. Haré. Para elevar nuestro espíritu, y hacernos concebir cuan grandes y admirables son las obras de la misericordia divina, va a manifestar las riquezas de su gloria, de su gracia y de su infinita bondad. 1.° He aquí. Dirigiese en primer lugar a sus siervos, y les dice: He aquí los frutos de tus trabajos y de tus obras. 2.° Ecce dabo. Daré lo que por, tanto tiempo has invocado con tus lagrimas y piadosos gemidos. 3.º Ecce. He aquí voy a hacer lo que nadie creía. Consuélate pues ahora, etc.; porque te daré de la sinagoga de satanás, los que dicen son judíos y no lo son, mas mienten. En la Sinagoga de Satanás están los judíos y aquellos que yerran en la fe admitiendo la falsa doctrina del demonio, padre de la mentira. También por judíos, se le entiende al figurado y alegóricamente los herejes y cismáticos quienes se intitulan cristianos y no lo son, y mienten. Jesucristo promete pues aquí la conversión de los herejes, cismáticos y todos los que yerran en la fe. Esa conversión se verificará en la sexta edad, cuando la iglesia griega se unirá de nuevo a la Iglesia latina. Los haré venir, y que adoren ante tus pies. Esas palabras expresan la fuerza, eficacia y abundancia de la gracia y bondad de Dios, el que hará vengan naciones enteras y aun todos los pueblos a rendirle adoración sometiéndose a la Iglesia católica, la que de ellos será madre, Haré, con la luz de mi gracia vengan espontáneamente y no ya forzados por la guerra y el cuchillo. Los haré venir, y que adoren ante tus pies. Es decir, se humillen y sujeten a tu potestad espiritual. Se ve, por lo que acaba: de decirse, que fe y confianza tendrán todos los prelados pastores de almas en la gracia de Dios, sin la cual todo bambolean y nada se hace. He ahí pronto cien años de continuos combates contra los herejes, no solo con discusiones fuertes y acaloradas y con escritos sapientísimos sino que también con la fuerza de las armas: todos los medios se han ensayado y sin embargo ningún suceso se ha obtenido. Ya no queda otra cosa que hacer, sino servir al Señor nuestro Dios, humillarnos, llevar una vida santa y trabajar con ahínco para conservar los restos del catolicismo, hasta que plazca á Jesucristo apiadarse al cabo de su iglesia, a la que no puede olvidar, y tener en cuenta los esfuerzos de sus siervos los que continúan temiéndole y sirviéndole. Pónganos pues nuestra esperanza y viva confianza en la gracia todo poderosa de Jesucristo, quién con un solo rayo de su luz puede iluminar a los espíritus ciegos de los miserables pecadores y herejes. Esta confianza nos la recomienda el Salmista, Salmo XXX, desde el versículo 3 hasta el 7. Y sabrán que yo te he amado, es decir, confesarán que tú sola eres mi esposa escogida y querida, la verdadera Iglesia, y la heredera del reino celestial, fuera de la cual no hay salvación. Porque en la sexta edad la Iglesia católica será elevada al apogeo de su gloria temporal, y del uno al otro piélago será ensalzada: entonces no habrán ya controversias ni cuestiones entre los hombres para saber cual es la verdadera Iglesia. Por esto se dice: Sabrán, es decir que aquello, sobre lo que tanto se cuestiona y discute en la quinta edad, en la sexta tendrá total lucidez. Así es como la divina bondad sabe sacar bien del mal, permitiendo las herejías y tribulaciones, afín que su santo Nombre sea mejor conocido. De eso tenemos un ejemplo en todos los errores que aparecieron en diversas épocas, los cuales, por temibles que fuesen, desaparecieron de nuevo por el poder de la verdad divina. Citaremos solo el de Arrió contra la divinidad de Jesucristo. ¿Acaso hubo alguno semejante en obstinación? La herejía moderna se le puede ciertamente muy bien comparar.

Vers. 10. Porque has guardado la palabra de mi paciencia, y yo te guardaré de la hora de la tentación, que ha de venir sobre todo el mundo, para probar a los moradores de la tierra. La hora de la tentación que ha de venir, y que aquí se predice, es el tiempo de la persecución del Anticristo, al que Nuestro Señor profetizó en San Mateo, c. XXIV, y en Daniel, c. XI. v. 12. La llama hora de la tentación, supuesto que durará poco, y que será corta la séptima edad de la iglesia, como mas allá veremos. La divina bondad acostumbra preservar a sus elegidos de la hora de la tentación y de los tiempos calamitosos por dos medios: 1.° Llamándolos a si, por medio de una muerte natural, antes que los sorprendan los males y las tribulaciones: otorgó esa gracia a Ezequías, a Josías y a otros santos del antiguo y nuevo Testamento. 2.° Preserva también a los suyos, sin llevárselos de este mundo, pero si librándolos del mal. Joa., c. XVII. v. 15: «No te ruego, que los quites del mundo, sino que los guardes del mal;» así es como Jesucristo envió a sus apóstoles y discípulos en medio de los lobos. Con esos dos medios, Dios, en la sexta edad, preservará a su Iglesia de la hora de la tentación del Anticristo. 1.° Llamándola a si, porque, al fin de la sexta edad, la caridad se resfriará, los pecados comenzarán a multiplicarse, y poco a poco se levantará una generación perversa y también hijos infieles. Los justos, los santos, los buenos prelados y pastores serán entonces quitados en crecido número por una muerte natural, y vendrán a su lugar hombres tibios y carnales, quienes se cuidarán solo de si mismos, serán corno árboles sin fruto, astros errantes y nubes sin agua. 2.° Jesucristo preservará a su Iglesia del mal, sin quitarla de este mundo; porque la Iglesia durará hasta la consumación dé los siglos, y en comparación de multitud tan grande de malévolos, quedarán pocos santos y pocos doctores, a los que Dios enviará en medio de lobos, para enseñar a muchos la verdad y la justicia. Esos caerán bajo el filo del acero en las llamas, cadenas y ruina. (Dan., c. XI) Dios preservará así a esos últimos elegidos de la hora de la tentación, librándolos del mal, es decir, impidiendo consientan a la impiedad del tirano encolerizado, y ayudándolos a morir por la verdad, justicia y fe de Jesucristo.

Vers. 11. Mira que vengo luego: guarda lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Esas palabras contienen una saludable advertencia sobre la repentina e inopinada llegada de Jesucristo, al mismo tiempo una exhortación, para que los fieles continúen en el buen camino. Ellas con como dos escudos esencialmente necesarios, que nos son presentados principalmente contra la última tribulación descrita en San Mateo, c. XXIV. v. 1. Porque entonces los hombres pensarán que el reino del Anticristo durará de un modo excesivo a causa de la grande felicidad y potestad de ese tirano. Los judíos y demas infieles que lo recibirán como al Mesías, creerán eterno su reino. Pues, para abatir esa presunción y destruir esa falsedad, dice aquí: Mira que vengo luego. 2. Así como en tiempo de la horrible persecución de Diocleciano prototipo vivo del Anticristo, muchos fieles renunciaron a la fe de Jesucristo, y sacrificaron a los ídolos, entre ellos hasta el mismo Papa San Marcelino, quién luego hizo penitencia y padeció valerosamente el martirio; y así como sobre los cuarenta mártires en tiempo del emperador Licinio, hubo uno que defeccionó, cuya corona fue dada en seguida a Janitor; así también sucederá en la persecución del fin de los tiempos, y todavía peor; porque sobrepujará a todas las precedentes. Por este motivo Jesucristo, como general en jefe, cuida de prevenir de antemano a sus soldados, armándolos con el escudo soberanamente necesario de la fuerza, constancia y perseverancia. Los exhorta pues diciéndoles.

Vers. 12 Guarda lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. A quién venciere, lo haré columna en templo templo de mi Dios, y no saldrá jamás fuera: y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que descendió del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo. Para dar mayor vigor a sus queridos soldados y confirmarlos mucho más en la última y más terrible persecución Nuestro Señor Jesucristo hace seguir en el contexto, la promesa de los mayores bienes, como recompensa proporcionada a las difíciles victorias conseguidas por los justos sobre el tirano. De esas victorias la primera será la firmeza y constancia, por las cuales serán como columnas de perseverancia en la Iglesia de Cristo. Resistirán al furor del tirano, a sus falsos milagros e invenciones diabólicas, y sacrificarán sus cuerpos, sangre, y vida por la verdad y la justicia. La segunda victoria será la confesión del verdadero Dios que creo el cielo, la tierra y todo lo que encierran; el Anticristo se encruelecerá principalmente contra esa confesión, y se constituirá el dios de los dioses. La tercera victoria será la fe firme y la fidelidad de la Iglesia de Cristo, a la que el Anticristo desechará como una impostora, y en su furor la dispersará por los cuatro vientos del cielo, sobre los áridos cerros, y en las cavernas. La cuarta, en fin, será la confesión del nombre de Cristo, contra la cual se levantará el tirano. Se glorificará en los falsos milagros que hará con ayuda de diabólicos artificios. Se llamará Mesías, y como tal lo recibirán los judíos, según las palabras del mismo Jesucristo, en San Juan, c. V. v. 43. 5 «Yo vine en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su nombre, a aquel recibiréis». A esas cuatro virtudes, méritos y victorias insignes de los justos, Dios promete en proporción, cuatro suertes de recompensas y de glorias. La primera está en estas palabras. Lo haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá jamás fuera. Las columnas se colocan en los palacios de los reyes para sostener la mole del edificio, para embellecerlo, adornarlo y realzar su esplendor: así es pues como los justos de Dios, por la firmeza de su fe, son en el templo de Cristo, es decir, en la Iglesia militante, columnas de verdad y justicia de Jesucristo; defendiéndolas y predicándolas, combatiendo y muriendo por ellas; de esa suerte, decimos también que; en el templo de Dios y en la Iglesia triunfante, los justos serán además columnas eternas, resplandecientes de gloria, en presencia de todos los santos y ángeles celestiales. En seguida, como esos justos habrán permanecido fiel y constantemente en el templo de Dios sobre la tierra, esto es, en la Iglesia católica, sin salir jamás de ella, ni abandonar la verdadera fe para incorporarse en las sectas del Anticristo o en las de los demás herejes; de este modo morarán también en el templo eterno de Dios, sin que tampoco salgan nunca de él. Serán inmortales, impecables, estables e inmutables por toda la eternidad. No tendrán ya que sufrir dolores ni derramar lágrimas. En fin, la muerte, el hambre, sed y todas las otras miserias del cuerpo y del alma, no los tocarán ya. La segunda recompensa se encuentra en estas palabras: Y escribiré sobre él el nombre de mi Dios. Porque serán semejantes a él, (según San Juan. c. III. v.3): y hasta serán llamados dioses, como se ve en el Salmo LXXXI. v. 6. «Yo dije: dioses sois, y todos hijos del Altísimo,» La tercera recompensa está así expresada: Y escribiré sobre el….el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que descendió del cielo de mi Dios. Es decir, que, los justos serán el templo de Dios, en el cual dignara habitar el Rey de reyes, y el Señor de los señores, y ellos lo poseerán con la visión beatifica por toda una eternidad. En fin, la cuarta recompensa se encuentra en estas palabras. Y escribiré sobre él….mi nombre nuevo; queriendo decir que él honrará a los justos con su nombre; porque serán llamados hijos de Dios, (según San Juan e. III v. 1.)

Vers, 13. Quién tiene oreja, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.
Eso se explica lo mismo que mas arriba.

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(1) N. del T. F. Acordémonos del estado de la Europa en 1848.

(2) Sabemos que la Suiza se compone de muchas repúblicas la mayor parte protestantes.

(3) N. d T. E. En la traducción francesa se lee force, fuerza, en el texto latino virtutem virtud, así Scio, aunque también puede significar fuerza.

(4) N. d. T. E. Deseoso de proceder con toda delicadeza, no puedo menos de indicar aquí a mis lectores, que en el texto latino del Apocalipsis se lee, et non negasti nomen meum, y no has negado mi nombre, pero M. Wuilleret dice mo foí, mi fe.


INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS
Venerable Bartolomé Holzhauser.
Paginas 132 a la 147.
Traducido al Español por Fr. Ramón de Lérida

Imprimátur
Fr. Damiano de Vareggio Vist. Apost. I Comis. Gen. Cap.
Serena, 6 Mayo 1860.

Imprimase
EL OBISPO DE LA SERENA (CHILE)

Imprenta de la Serena.- Convento de San Agustín N.º 36.
Año 1860.