Mostrando entradas con la etiqueta Fray Gerundio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fray Gerundio. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de julio de 2018

FRATERNO MACRON



Ha pasado ligeramente desapercibida la entrevista del Presidente de Francia con Francisco. En principio, creía yo que se trataba de una audiencia más de Bergoglio a un Jefe de Estado. Son muchas a lo largo del año. Pero al ver las imágenes, que me ha mostrado en su tableta uno de mis novicios tecnologizados, se me ha encogido la cogulla y de nuevo una mosca se me ha paseado por detrás del pabellón auditivo.

Ya sabemos que las caras que adopta Bergoglio con sus interlocutores, mandan un mensaje a la prensa y -de rebote-, al mundo mundanal. Si es Donald Trump, cara de pepinillo en vinagre. Es sabido que Donald es capitalista e imperialista, así que mensaje de disgusto, desagrado e incomodidad papal. Si es Evo Morales, cara de satisfacción. Es sabido también que Evo es periférico, insolvente, indigenado y amigo de la hoz, así que cara de gustirrinín, estallido de felicidad y regodeo en el personaje. Y una conversación sin traductor, a menos que el Evo hable en chitichanga.

Y a los dos se les regala un ejemplar de la Exultate Gaudium. A Trump, para que se chinche y vea que la doctrina francisquista es anticapi. Y a Evo, para que le sirva de libro de oraciones de la noche, antes de irse al camastro indiano evo-cando a la Madre Tierra.

Lo que se ha transmitido a la prensa en la entrevista con Macron ha sido almíbar por ambas partes, sintonía garrapiñada por los cuatro costados y cómplice felicidad ante las cámaras. Casi navideño. La laica Francia de Macron besa al Papa de la primavera y de los pobres, relata un emocionado periodista digital. Rome Reports lo relata de esta manera:

El Papa y el presidente francés departieron durante casi una hora. Los 57 minutos que Macron ha permanecido reunido con el Papa le convierten en el mandatario al que más tiempo ha dedicado Francisco.

Y es que sobre la mesa tenían muchos temas que tratar como el medio ambiente, una cuestión que preocupa a ambos especialmente tras la salida de Estados Unidos del acuerdo de París; la situación de las minorías religiosas en Oriente Medio; conflictos en curso como los de República Democrática del Congo o República Centroafricana; y también, por supuesto, la crisis migratoria en el Mediterráneo que está polarizando posturas de países como Italia y Francia.

O sea, que nada menos que 57 minutos, para hablar de estos temas tan sobrenaturales que tanto preocupan a Francisco (y a Macron). Como si el Presidente francés necesitara compartir el sentido de alta política de Francisco, y/o atendiera atentamente el parecer de Bergoglio en los temas señalados. O como si los conflictos en la República Centroafricana fueran una preocupación del papa argentino. Para mí que Macron ha venido a decirle a Su Santidad cuáles serán los próximos pasos a dar y cuál es su vela en el entierro masónico que se avecina. Tendremos que estar ojo avizor a los próximos acontecimientos o cambios de timón francisquista en algunos temas de actualidad. Digo yo…

He desatado la cólera de mis jóvenes hermanos cuando he comentado que a este comunicado del Vaticano le habría faltado un párrafo más:

La visita de Macron, se enmarca dentro de las relaciones que la Santa Sede ha tenido últimamente con el Club Bilderberg con la presencia del cardenal Parolin (que estuvo unos minutines de nada). Tras la entrevista con el Papa (y ya sin periodistas), se ha reunido el Presidente francés con Parolin para ultimar algunas cuestiones que hay que comenzar a tratar dentro de la fraternidad mutua, la obediencia debida y el compromiso masónico adquirido. La visita duró 33 minutos.

En fin, ya se sabe que soy mal pensado. Aunque lo más tierno ha sido el beso final del joven Macron al viejo Bergoglio; la mano por el hombro y el gesto de cariño por la cabeza del presidente laico al pontífice laicista. Esto es lo que se llama Fraternidad. Amor y unción. Y todos, encantados de la vida. A seguir con el guión establecido, y con el compás. Y el delantal.

Fray Gerundio de Tormes


sábado, 7 de abril de 2018

SALIDA DEL TUNEL

Es difícil y costoso entrar en el túnel de la enfermedad (a mis años). Todos te miran dándote por acabado. Las recomendaciones médicas, los consejos amistosos y las prudentes prevenciones de uno mismo, se viven con la intensidad propia del que se despide de una etapa de la vida, para entrar en otra. Luego viene el túnel, sobre el cual tanto se ha escrito. Parece que uno entra en una espera interminable, a veces consciente y en ocasiones no tanto.

Pero la salida del túnel es mucho peor. Uno sale con la fuerza, la ilusión y el optimismo de encontrarse de nuevo con el mundo que se dejó antes de la enfermedad. Y no sólo se encuentra a los mismos personajes y sandeces, sino que lamentablemente se las tiene que ver con la mayor-profundidad de la anterior-superficialidad, más herejía en la ya bastante herética situación que se dejó, y más descaro en el ya antes descarado panorama eclesial.

Así las cosas, con las recomendaciones de los galenos de que no tome disgustos, me encuentro con más Rajoy, más Cataluña, más Pedro Sánchez más Iglesias y -¡ay!- más Bergoglio (o sea, menos Iglesia).

Lo que alguien llamó hace tiempo bergoglemas, son ahora una suerte de dardos envenenados que salen de la boca del Dragón para abundar en lo mismo, pero con lo peor de lo mismo e hiper de lo mismo, en una herejía cíclica que -a modo de eterno retorno-, se va renovando por vía de entrevistas, libros, audiencias y telefonazos (todo ello con carácter magisterial, no faltaba más). Casi todo ello llamado a formar parte de las Actas Apostolicae Sedis (otrora publicación de prestigio y autoridad, convertida ahora en Comic Magisterial, con la carta a los Obispos argentinos incluida). Al fin y al cabo las herejías -y las garrapatas que la circundan-, son chupasangres de la Cristiandad, que no cesan hasta acabar con el huésped enfermo.

Ya en la boca de salida del túnel y antes de ver la luz del sol, casi me da otro infarto al ver las declaraciones del nonagenario Scalfari comentando lo que comentó, -pero no comentó-, con su amiguete y compadre que dijo -pero no dijo, aunque dijo-, que el infierno no existe. A Scalfari ya le da igual porque le queda poco para comprobarlo. A lo mejor, al llegar al Hades con el sello de amiguete del Pontífice le hacen alguna rebaja y le aplican la aniquilación-express, sin el clásico llanto y rechinar de dientes, que siempre es más doloroso, molesto y cutre.

Observo que muchos se han escandalizado de que Bergoglio haya dicho o no haya dicho esto.

–No puede ser que lo haya dicho, -comentan unos-, Scalfari es un mentiroso.

–Sí que lo ha dicho, -comentan otros- porque ya conocemos el paño, o sea, al entrevistado .

–No es cierto el entrecomillado, -comenta el sucesor de Lombardi-, y además no ha sido entrevista sino conversación.

–¡¡Uf menos mal!!, digo yo. Se comprende perfectamente.

[Nota Bene: Hay que reconocer que Lombardi, como era jesuíta, mentía mejor que este laico Burke, que viene reciclado de otra organización].

–Sí lo ha dicho, requetecomenta Scalfari-, y me apuesto mi salvación eterna si estoy mintiendo…

Total, que como no había grabadoras, como en los tiempos de Jesús, nos quedamos sin conocer las ipsissima verba del Pontífice, aunque nos las imaginamos. Encajan en lo que ahora llaman su perfil-de-cinco-años-de-twiter con olor a oveja.

Y esta es precisamente la cuestión. Nos lo imaginamos, porque el Implicado no dice ni pío, ni esta boca es mía. Les he dicho a mis hermanos frailes que no me pueden acusar de mal pensado, porque me lo están poniendo en bandeja. Ya decían los antiguos que qui tacet consentire videtur. A lo mejor llama un día de éstos a su antiguo zapatero de Buenos Aires y le dice que lo que ha dicho Scalfari es verdad. Aumentaría con ello el Magisterio Infalible Telefónico y nos quedaríamos bastante más tranquilos.

De repente aparece una monja –argentina, claro- que dice que el Papa le habló de tres cosas: preservativo, reversible y transitorio. Nadie lo desmiente. Y se queda tan Pancho. A no ser que la monja sea una nueva Scalfari que se inventa lo que Bergoglio quiso decir. Así que la Cristiandad ya puede tener claras las ideas. Al preservativo sin remordimientos de conciencia, y después a la aniquilación.

Supongo que Nuestro Señor acabará actuando. Mientras tanto, espero que al ver tantas cosas nuevas, no me dé otro arrechucho y me meta en el túnel definitivamente. Los novicios jóvenes ya no me hablan porque se lo han prohibido. Bergoglio sigue abundando en Lo Suyo. Y lo que es peor: los cardenales y obispos callan como tumbas. O sea, también consienten.

Se estaba mejor dentro del túnel.


martes, 4 de julio de 2017

DE MADRID, AL INFIERNO



Dicen los listillos que hay que construir una sociedad nueva, liberada de tabúes y sin los condicionamientos del pasado. Los malvados añaden que hay que superar los complejos y las represiones. Empezando, claro está, por la más totalitaria de todas ellas: el pecado. Dicen que ya está bien de someterse a lo que se llamaba pecado, porque ahora se ha decidido democráticamente, en esta sociedad del bienestar, que el pecado no existe. Como si el pecado pudiera anularse a golpe de Decreto Ley o de Amoris Encíclica.

Todo cambiado, queda la libertad para hacer solamente lo que quieren los que aman la libertad. Y en esta alquimia de laboratorio post-moderno, el lenguaje queda sometido a revisión. Te puede caer una multa gorda si le llamas Pepito a un niño que ha decidido ser Juanita. O si presentas una instancia llamando Muy Sr. mío, a un Trans-Juez que entonces no te admite la demanda y te pone una a ti por no llamarle Muy Sr. Trans. O bien Muy Trans mío. O vaya usted a saber.

Siglos de literatura castellana quedan a merced de la hermenéutica que decida el tipo, tipa, tipe, tip@ de turno que haya ganado las oposiciones a profesor, profesora, profesore, profesor@ de la correspondiente Autonomía. Hay que hacer un cursillo especial para aprender a dirigirse a cada cual o a cada cualo. La ideología de género así lo impone a sus esbirros de uno y otro signo. Porque en esto no hay libertad que valga. O te subes al carro (o a la carroza) del orgullo lingüistico o te cae un multón y un sambenito acongojantes. [No quiero poner la auténtica palabra porque tiene rasgos masculinos y de signo machista.]

Los refranes también quedan obsoletos. Hace poco querían obligarnos (ya se sabe que los amantes de la libertad gozan obligando a los demás), a no decir nunca jamás Pan con pan, comida de tontos en un ejercicio de alta y fina intelectualidad por parte de panaderos podemitas. Y que no se le ocurra a nadie decir como decía mi abuela palentina que el caldo de habas, hace a las mujeres bravas, porque puede caerle un buen castigo. Hay que revisar los refranes uno por uno y hacer una nueva clasificación que huya de las imposiciones machistas. Un nuevo refranero y un nuevo diccionario, una revisión de los chistes, una profunda transformación del sentido del vestido que permita llevar falda a Isidoro (sin ser escocés) o llevar bigote a Eufrasia. Y así sucesiv@mente.

Sin embargo, hay otros refranes que sí que han caído en desuso y no volverán nunca más a poder pronunciarse. Mis abuelos decían De Madrid al Cielo, con una especial gracia y con un amor por la capital de España, que eran realmente admirables. Madrid era la capital del Reino, el Madrid de los Austrias, el Madrid del Parque del Retiro, el Madrid de San Isidro tan popularmente pintado por Goya, el Madrid de la pradera de San Antonio o el de la Virgen de la Paloma. Tal era el ambiente que caracterizaba a esta ciudad, que cualquier español que pasara por allí sentía el gozo de estar en la Capital. De Madrid, al Cielo decía todo lo que se puede decir de esta ciudad, antaño querida por los habitantes de la antigua Patria.


Ahora -podemizada y carmenizada-, Madrid se ha convertido en Capital del Orgullo. Con la complacencia de Partidos Políticos, que mandan a representantes a presidir carrozas o llevar pancartas. Con el lisonjeo amable de esta sociedad que se ha rendido al Orgullo de forma esclava en estos días. Librerías religiosas, escuelas, ayuntamientos y hasta algunos cuarteles de la Guardia Civil (no sé cómo se llamará ahora a la pareja de guardias civiles), han hecho ondear la bandera arco iris en un alarde de valentía, arrojo y valor para luchar contracorriente.

Ya habló San Pablo en la carta a los Filipenses 3, 19 de “aquellos cuyo fin es la perdición, su dios el vientre y su gloria sus vergüenzas”. Y eso que en Filipos todavía no había World Pride, que yo sepa. Enseñando sus vergüenzas, se llenan de orgullo y de gloria. Pasean sus vergüenzas en carrozas, ataviados, ataviadas, ataviades, ataviad@s y supertransatavi@des generalmente con taparrabos rosáceos, para que se vea que ellos, ellas, elles y ell@s no tiene prejuicios, exigen que se ame la libertad y que se les respete, al tiempo que portan crucifijos y otros símbolos católicos para que se vea que el Orgullo Gay es anticatólico. Solamente les gusta la parroquia del Padre Angel, que es un sacerdote angelical –como su nombre indica-, lleno de amor por los sodomitas y dispuesto a meter en su Iglesia de Chueca a todo aquel que se cisque en los mandamientos divinos. Igual que hace él y el Arzobispo que lo mantiene en el cargo y en el ministerio.


Yo propongo que a partir de ahora se diga De Madrid al infierno, porque parece más propio. No les importará a los interesados, a quienes tanto les gusta pasarse por le entrepierna este lugar que según la Iglesia Moderna está vacío. Cuando esta semana acaben los festejos orgullosos, cada cual se irá a su pueblo. Pero lamentablemente todos llevarán en el pasaporte de su alma un visado para el infierno. Decía Dante (otro que hay que revisar), que por allí habrá un lugar destinado al Orgullo. Así, todos juntos se lo pasarán más entretenidos. Pero también andarán por allí los que callaron miserablemente y no denunciaron este pecado que clama al cielo. El Arzobispo de Madrid tendrá mucho que explicar sobre su silencio de estos días. O la propia Conferencia Episcopal que ha optado por adoptar un silencio mariquitamente correcto, tan aficionados ellos a emitir comunicados sobre cualquier cosa intrascendente.

Antes se decía que los buenos y santos se iban al Cielo con botas. Ahora habrá que decir que los Orgullosos, como no se arrepientan y hagan penitencia, se apresuran hacia el Infierno con tacones.





jueves, 22 de junio de 2017

HIPÓCRITAS



Se acaba el curso escolar y mis novicios me consultan sobre algunos trabajillos que deben presentar si quieren subir la nota final. Por si no han perdido suficientemente el tiempo durante el año estudiando majaderías, algún que otro profesor les aconseja analizar ciertos sermones de Santa Marta. Ya se sabe que estos sermones de alta teología son considerados el magisterio oficial de nuestros días, mientras se pisotea el bimilenario transmitido por la Iglesia. La Cátedra de Santa Marta, además de destilar grandes especulaciones, se considera a sí misma como el punto de referencia de la doctrina actual, al mismo tiempo que se cisca en la doctrina de siempre. Se puede secar el cerebro con la sola lectura de estas inteligentes reflexiones, aunque hay que llevar cuidado: porque -por medio de ellas-, se va introduciendo en la catolicidad descuidada las más imaginativas teorías y los más disparatados conceptos. Siempre buscando la perdición de las almas, por supuesto.

Hace unas semanas, habló Francisco sobre los hipócritas. El hipócrita no usa el lenguaje de Jesús, sino el mismo lenguaje del diablo, dijo el huésped de Santa Marta. No he tenido más remedio que leer estas líneas:

____________________________

El hipócrita es capaz de matar a una comunidad. Está hablando dulcemente, está juzgando malamente a una persona. El hipócrita es un asesino. Recordemos esto: comienza con la adulación, sólo se responde con la realidad.

“No me vengan con estas historias, la realidad es ésta, como con la ideología, ésta es la realidad. Y al final, es el mismo lenguaje del diablo lo que siembra aquella lengua bífida en las comunidades para destruirlas”.

“Pidamos al Señor que nos custodie para no caer en este vicio de la hipocresía, de camuflar la actitud, pero con malas intenciones. Que el Señor nos dé esta gracia: ‘Señor, que yo jamás sea hipócrita, que sepa decir la verdad y si no puedo decirla, estar callado, pero jamás, jamás, decir una hipocresía’”.
____________________________

Tengo que decir que lo primero que se me ha venido a las mientes ha sido el pensamiento de que Francisco estaba hablando de sí mismo. O como a él le gustaría decir: de Sí Mismo. Creía que por fin había llegado a su corazón el arrepentimiento y quería confesarse (ante sus oyentes), de sus actitudes tan suficientemente conocidas por todos. El lenguaje del hipócrita es el lenguaje del diablo. Comienza con la adulación, pero se le responde con la realidad. Lengua bífida, camuflage, ideología…parecen ser los artilugios que el hipócrita lleva en su mochila. Pero hay que responderle con la realidad. Porque si no, su lengua bífida siembra la destrucción en las comunidades.


Justamente. Pensé que iba a pedir perdón. Insisto en que he pensado que Francisco estaba hablando de su propio modo de proceder. Y por ende, del modo de proceder de sus colaboradores, compinches, amigotes y conchabados. Pero Francisco prefiere pedir perdón por lo que hicieron las Papas malvados del pasado: genocidas, inquisidores, príncipes renacentistas y dictadores doctrinales y morales.

Veamos por ejemplo la lengua bífida que ha suscitado la destrucción de la Eucaristía en la Cristiandad en los últimos cuatro años. Mientras por una parte se deshace Francisco en elogios a la Eucaristía, sin la que no podemos vivir, que nos alimenta, que no es un premio sino una necesidad, que es el mismo Señor que se queda con nosotros, y un largo etcétera vertido a modo místicoide en algunos sermones y discursos, nos encontramos en la actualidad con que ya se da de forma oficial a los que viven en concubinato. Obispos variados, entre los que han destacado últimamente los de Malta, Sicilia, alguno de Argentina recién nombrado por Bergoglio (también amiguete y compi), amén de la ingente cantidad de obispos y curas que no salen en los noticiarios, y que están haciendo lo mismo, apoyados en las actitudes de Francisco.

Mientras se dice con descaro que la Amoris Laetitia no conduce a la comunión de los adúlteros, se está dando profusamene la comunión a los adúlteros. Mientras se dice que la Amoris no contradice el magisterio anterior (así lo dicen los obispos traidores y los cobardones que no quieren oponerse al jefe y ser desterrados), de hecho se está contradiciendo todo el magisterio anterior en torno a la Eucaristía. Mientras se sigue diciendo que la eucaristía es necesaria para la vida cristiana, se está mandando al infierno a multitud de almas. Como dice San Pablo, todos reos de su propia condenación. Pero reos también de su propia condenación quienes han abierto las puertas del infierno a tantos católicos, con su lengua bífida que ha sembrado la destrucción en las comunidades.

Hoy se celebra el Corpus Christi. No sé lo que dirá Francisco en sus sermones de hoy. Pero puedo asegurar que no me creeré nada de lo que diga. Cuando le vea con la Custodia impartiendo la bendición, no me tragaré el sapo. A los hombres se les conoce por sus obras, no por sus palabras. Ya puede salir el Paglia de la Vida (el mariquita de las pinturas de su catedral) diciendo que aunque haya abortistas en la Pontificia Comisión, la Iglesia sigue rechazando el aborto. Ya puede salir Francisco a decir palabras aparentemente piadosas sobre la Eucaristía. No me lo creo. Aunque la Eucaristía viene siendo pisoteada desde hace ya muchos años, Francisco será -a los ojos de la historia-, el hipócrita que anda con palabras aduladoras y camufladas, mientras ha destruido todo en la realidad.

A Francisco no le preocupa nada de esto. A él solamente le importa entre otras cosas, el tráfico de armas, la inmigración, los contratos de trabajo y el cambio climático. El verdadero cambio climático va a venir después. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Que Dios nos coja confesados, como decía mi abuela.

Mi novicio inexperto ha hecho al final su trabajo utilizando estas breves reflexiones y lo han suspendido. No entiendo por qué la hipocresía solamente se puede aplicar para los de acá y nunca para los de allá. Pero eso es justamente lo que hace Francisco cuando da lecciones de moralidad. Es una pena.


domingo, 21 de mayo de 2017

FATIMA, RECALIFICADA



Recalificar un terreno, se convirtió hace años en una ocasión estupenda para enriquecimiento de políticos de todo pelaje. Una zona que estaba teniendo un uso rural, se recalificaba convenientemente para tener uso turístico, subía el precio de la tierra y en ese trayecto, nada por aquí, nada por allá… salían algunos milloncejos a distribuir entre los pillastres de turno, comisionistas, alcaldes o mediadores varios. Eso pasó en España durante todo el tiempo del boom turístico, aunque hay que reconocer que hoy en día este tipo de acciones se hacen con más descaro, más estilo y resultados de más volumen. En todo caso, la recalificación permitía dar un uso distinto al que se estaba dando hasta el momento, para lucrarse todo quisque.

Hoy día, en la Iglesia de Francisco (parece que es el propietario), se está recalificando todo, sin prisa pero sin pausa. Siguiendo el calendario bergogliano y los estatutos de la mafia de Saint Gall que es la que parece ser que montó el negocio, probablemente con capital judío y otras aquiescencias multicolores. El caso es que la desmitologización propuesta por Bultmann fue un juego de niños, comparado con esto. El protestante Bultmann encandiló a todos los teólogos y jerarcas católicos de la época, al proponer desmitologizar los milagros y todo el contenido del Evangelio que se presumiera mito, o sea, no exactamente histórico. Con este método, se cargó los evangelios en su totalidad, pues se comprobó científicamente que todo era mito. Gracias a Bultmann y sus católicos monaguillos, babosos y corifeos varios, pudimos interpretar existencialmente lo que no era mas que una pura creencia mitológica, exagerada por el panolismo intelectual de la época y mantenida por los centro de poder interesados.

Ahora estamos en otros tiempos. Pasado el viejo Bultmann, hay que desmitificar de otra manera. Hay que recalificar, redefinir, redirigir, reordenar… eso que un post-moderno llamaría cambiar de paradigma. Sólo de esta forma se puede despertar al pueblo fiel de su sueño dogmático y hacerle ver que las cosas no son como se las habían contado antes del Concilio. Y como todavía quedan ciertos resquicios, atavismos y creencias en el tintero, pues se recalifican, se reinterpretan y se destruyen.

Hay que tener en cuenta que las apariciones de Fátima tuvieron lugar hace cien años, nada menos. En aquella época, la Iglesia era más bien madrastra. Todavía no se había determinado la Iglesia a poner la venda de la misericordia antes que el castigo de la intolerancia, y por eso no es de extrañar que estos niños hablaran de visiones del infierno, de almas que iban cayendo al abismo de fuego, o de castigos a este mundo ateo y descreído. Eran unos niños buenos, sin duda. Y por eso los canonizamos aprovechando el viaje. Pero habían estudiado el catecismo en el Astete seguramente y no habían conocido los Catecismos de las Conferencias Episcopales de ahora. Seguro que la catequesis de la Primera Comunión la hicieron con algún cura reaccionario que sólo pensaba en el castigo por el pecado y no en la misericordia. Y además, seguro que les enseñaron a ser rígidos a estos pobres niños. De hecho, parece que sí que lo eran, a juzgar por sus obsesiones por el infierno, por salvarse y por rezar por la conversión de los pecadores. Vamos a canonizarlos, pero nada de pensar que la Virgen vino a traer mensajes de castiguitos y llamaradas de fuego del infierno o de guerras para este mundo. Y mucho menos de que en la cúspide de la Iglesia se perdiera la fe.

El mensaje de Fátima, ha sido sistemáticamente olvidado y despreciado por los Papas, de una u otra forma. Así, Juan XXIII no hizo caso de la Virgen y se negó a publicar el tercer secreto en la fecha que Ella había mandado a los niños videntes. Roncalli comprendió que la Virgen no estaba el tanto de los problemas de nuestro Mundo y que no se había percatado de que era altamente conveniente no publicarlo. La pobrecita de la Virgen exageraba un poco y era conveniente esperar.

Lo mismo hicieron sus sucesores. Aunque se dio un paso más al hacer público el tercer mensaje que como han demostrado suficientes expertos en el tema, ha sido una especie de timo de la estampita. Un mensaje amañado, recortado, sesgado y censurado. Porque una vez más, había que reinterpretar a la Virgen, que no podía comprender que resultaba inadecuado, inconveniente y altamente desaconsejable publicarlo tal cual. Así, Juan Pablo II, con la ayuda de Bertone, Ratzinger y otros, elaboraron esta peculiar desdramatización, haciendo creer que todo se centraba en la persona de Juan Pablo II y su atentado. Mucho habría que hablar de todo esto, pero internet está poblado de informaciones sobre el tema.

Francisco, dando un paso más y en su más puro estilo destructor, ha recalificado y cambiado el paradigma de todo lo que Fátima representa. No sólo se mantiene en la línea de sus predecesores -¿a quién le interesa el tercer secreto, o si la segunda sor Lucía era auténtica o falsa?-, sino que además, ha reinterpretado y recalificado el resto de mensajes de Fátima. Incluso los que no son secreto. La Virgen María, -dice Francisco-, no puede venir a darnos mensajes de avisos de castigos o de peligros, porque Ella es una Madre que nos ama.
____________________

Peregrinos con María… ¿Qué María? ¿Una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el «camino estrecho» de la cruz dándonos ejemplo, o más bien una Señora «inalcanzable» y por tanto inimitable? ¿La «Bienaventurada porque ha creído» siempre y en todo momento en la palabra divina, o más bien una «santita», a la que se acude para conseguir gracias baratas? ¿La Virgen María del Evangelio, venerada por la Iglesia orante, o más bien una María retratada por sensibilidades subjetivas, como deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar: una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros?
_______________

Véase con cuidado las expresiones disyuntivas. Nada de una María retratada por sensibilidades subjetivas. Pobres pastorcillos de Fátima, que contaron los mensajes de la Virgen bajo su propia sensibilidad subjetiva de infierno, castigo y penitencia.

Yo creía que una verdadera Madre, también da avisos de peligros a sus hijos. Incluso a veces los castiga en directo y sin intermediarios. Cuanto mayor es el peligro, mayor es el aviso. Cuanto más insistente es el aviso, debe ser porque es mayor el peligro. No me imagino a una madre dándole palmaditas en la mejilla a su hijito mientras ve que se está hundiendo en una ciénaga. Pero bueno, ya se sabe que las comparaciones de Bergoglio no son exactamente las de un intelectual de altura. Pero sí que llevan su carga destructora. Se trata en este caso de que las visiones del infierno de los niños videntes estarían provocadas por un catolicismo que hoy día está superado. Nada de infiernos, nada de castigos.

Si acaso, el infierno estaría poblado de los hipocritas rígidos, de los que se niegan a la inmigración, de los que venden armas, de los que no creen en el cambio climático, de los que desean el poder a cualquier precio, de los que promueven la cultura del descarte. Y un largo etcétera.

Por cierto, ahora que lo pienso, la Virgen de Fátima también practicó la cultura del descarte. Mientras que permitió que Lucía y Jacinta escucharan sus mensajes, descartó a Francisco, a quien solamente le permitió verla, pero no escucharla. Como eso fue en 1917, se puede perdonar. Hoy día no haría eso la Virgen. Se habría aparecido a un niño blanco portugués de Lisboa, una niña negra portuguesa de Mozambique y un@ inmigrant@ musulmán@. Al fin y al cabo, Fátima es un nombre muy mahometano.

La imagen de Francisco recalificando Fátima, y la imagen del altar masónico (dentro de un templo masónico) con una custodia que más bien parece sacada de algún Gugenhein masónico, ha sido suficiente para celebrar con un nuevo paradigma este centenario. Por eso mismo quiso estar allí Francisco.



viernes, 10 de marzo de 2017

ANIVERSARIO TENEBROSO


Los aniversarios son siempre recordados con cierta sacudida de la memoria. Cuando se refieren a sucesos alegres y agradables, parece que requieren algún tipo de celebración festiva, con una obligada acción de gracias. Cuando son tristes y penosos, suscitan una oración, un recuerdo, un intento de olvido, unas lágrimas de compasión, un momento de sentido respeto…todo ello, mezclado con la pena del corazón.

Ahora se celebran los aniversarios y centenarios de todo, y -en ellos-, unos y otros recuperan el recuerdo colectivo, aunque tal como cada uno los ve, claro está: el centenario de la Revolución Rusa, por ejemplo, suscita el encantamiento y la sabrosura en un concejal podemita, mientras cariacontece y apesadumbra a cualquiera que lo haya estudiado a fondo y no sea partidario de las chekas comunistas. Así es la vida. Pero el caso es que tendemos a volver a recordar cada aniversario, tanto para bien como para mal.

Esta semana se cumple el cuarto aniversario de la salida de Francisco al balcón, investido como nuevo Pontífice. Bueno, en realidad, desvestido como nuevo Pontífice. Porque ya en el primer momento, en la pole position de salida, sin ornamentos propiamente papales, ante los ojos atónitos de los espectadores más conspicuos, quiso transmitir que su pontificado iba a ser una especie de strip-tease de doctrina católica. De inmediato, pasados unos pocos segundos, volvió a despojarse de su capacidad para dar la bendición, pidiendo a los fieles congregados que lo bendijeran a él. Los que entonces quedaron abrumados por el acontecimiento y se echaron las manos a la cabeza, pueden demostrar cuatro años después, que fueron adivinos del porvenir. Un porvenir negro que ahora conocemos a la perfección, porque lo hemos sufrido.

A lo largo de estos cuatro largos años, el proceso ha seguido su curso, como si de una despedida de solteras se tratara. La Iglesia Católica –desde los ojos del elegido y de los corruptos electores: la Mafia de St. Gall dixit-, tenía tantos ropajes doctrinales, litúrgicos, ecuménicos, culturales, diplomáticos, costumbristas, arquitectónicos… que poco a poco el stripper sigue quitándose piezas sin que se vea el final, aunque se conoce cuál ES el pretendido final: Desnudez total de una Iglesia, convertida ya en un Templo Masónico, en donde puedan convivir fraternalmente todos los hijos del Gran Arquitecto.

Comentaba con Fray Malaquías que cada día hay menos gente que quiera ver esto, aunque también es verdad que cada día hay más gente cansada de este pontificado, por más que sigan las consignas de los corifeos y papagayos que tienen banqueta vip en Santa Marta, nueva Sede de los Apartamentos Pontificios. Porque hasta en esto ha habido strip-tease petrino. Nada de suntuosas estancias. El Papado se merece la humildad de una Fonda en la que se pueda coleguear y tomar mate con amiguetes judíos. Hay un sentimiento de cansancio en la catolicidad, aunque en ocasiones sea de forma inconsciente.

El bueno de Fray Malaquías, experimentado en mil guerras interiores y exteriores, dice que él piensa celebrarlo con su habitual traguito de licor monástico. Dice que cada año que pasa, queda más claro que el rey va desnudo y se cumplen a la perfección las palabras del apocalipsis de San Juan: Te crees rico y no sabes que eres pobre y estás ciego y desnudo y necesitas de mí vestiduras blancas para que no aparezca tu desnudez. Porque desde luego, a la vista está.

La desnudez es patente. Pero como dice la norma masónica, cada cosa que se quita hay que sustituirla por otra que la reemplace. El famoso solve et coagula. Hasta Francisco tiene que someterse a esta norma elemental. Disuelve a los Franciscanos de la Inmaculada y reparte ánimos a la monja Caram, a Enma Bonino y a las obispas luteranas. Jubila anticipadamente a obispos con ligero acento tradicional, mientras tolera al descarado arzobispo Paglia, ahora convertido en majo semidesnudo (con solideo) en el presbiterio obsceno de su catedral y defensor de abortistas. Destruye los seminarios tradicionales porque son fuente de sicologías raras, mientras tolera los seminarios repletos de homosexuales, siempre que no se dediquen a sus labores. No quiere príncipes de la Iglesia, ni carreras eclesiásticas, pero aúpa a sus compiches a arzobispados y puestos de honor. Ama a los pobres, pone duchas en el Vaticano, reparte pizzas en la plaza, invita a cenar a los sin techo. Mientras ejercita un clericalismo feroz sobre gobiernos e instituciones. Y así podríamos continuar. Seguro que en estos días no faltará en internet algún resumen de estos aciagos y malhadados cuatro años de despojamientos. Y para celebrar la efemérides, parece que con claro intento provocador, el rezo de Vísperas con los anglicanos, junto a la tumba de San Pedro en el Vaticano. Todo muy amoroso y misericordioso, contraviniendo expresamente el Derecho Canónico. Pero, si se contradice con naturalidad el Derecho Divino, ¿qué puede importar el famoso Codex?

Francisco se ha despojado y desvestido; ha despojado y desvestido a la Iglesia, ante los ojos atónitos de la Cristiandad. Él sabrá. Pero también pretende despojarnos a los católicos de nuestro depósito de la fe. Quiere quitarnos nuestras doctrinas milenarias. Quiere acabar con lo que ha constituido la fe de los fieles, repartiendo la Eucaristía en pecado -echando las perlas a los cerdos, en frase del Señor-; atrayendo a las parroquias -e instando a ello a los párrocos- a las parejas que conviven en adulterio, aunque no hayan recibido el sacramento del matrimonio (un puro detalle de papeleo). Y quiere acabar con el sacerdocio anunciando ya un próximo Sínodo, del que todavía nada se sabe, salvo que ya las alcantarillas bergoglianas andan zascandileando e intrigando, para que sea otro Sínodo sonado. De momento, cabildeando y brujuleando con el tema de las diaconisas, para poder unirnos mejor con nuestras hermanas luteranas. Y echando a la palestra a sus palmeros (bajo la forma de Cocopalmero), para comenzar a decir que eso de validez o no validez, es un cuento chino que hay que revisar.

Ya recordé hace tiempo, que el Señor advirtió que los siervos que aprovechando que el Amo está fuera se dediquen a maltratar a los otros siervos, y a comer y beber con los borrachos, recibirán muchos azotes. Y que sólo sea eso. Porque de Dios nadie se ríe.

Yo me tomaré la copita con Fray Malaquías, para acompañarle en esa noche tenebrosa de aniversario. Pero no tenemos nada que celebrar. Salvo que debemos estar más cerca del final. Brindemos para que esto acabe pronto.


sábado, 18 de febrero de 2017

LA PASTORAL DEL INSULTO



No hay que insultar a nadie. No me ha gustado nunca, y lo desaconsejo fervientemente a mis novicios exaltados. Se puede discutir, precisar o criticar. Pero nunca con el insulto como emblema. Por supuesto que no es cristiano, pero ni siquiera se comporta con nobleza quien quiera imponer la verdad por ese medio.

Sin embargo, estamos asistiendo a situaciones de insulto que se propagan como la pólvora. El insulto se ha apoderado de las redes sociales, o mejor: éstas se han apropiado el insulto como arma facilona que a la vez que destruye, permanece oculta tras la pantalla del twiter de turno o del facebook impaciente. Una respuesta inadecuada o un enfado en twiter, suscita ipso facto una cascada de afrentas y exabruptos difíciles de tener solución, después de darle al botoncito de enviar. Con la capacidad de generar nuevas misivas cada cual más acalorada y tempestuosa.

Este domingo era el propio Francisco quien alertaba de que el insulto es contrario a los mandamientos de Dios, advirtiendo que se ha convertido ya en algo habitual.

…nosotros estamos acostumbrados a insultar, es como decir “buenos días”. Y esto está en la misma línea del matar. Quien insulta al hermano, mata en su propio corazón al hermano. Por favor, ¡no insultar! No ganamos nada…

Claro que algunos medios se han lanzado a comentar que el propio Bergoglio ha pavimentado de insultos estos cuatro años de Pontificado. Desde el primer día llamó la atención este nuevo comportamiento de alguien que dice ser Sucesor de Pedro. No parece adecuado a la Institución. Es cierto que los suyos han sido insultos dirigidos siempre a las mismas bancadas. Esto lo sabe todo el mundo. Insultos a los de acá, mientras se piropeaba a los de allá. Descalificar y poner como un trapo a los de dentro, mientras se elogia y se canoniza a los de fuera. Parece imposible, pero así es. Nadie podrá desmentir esta actitud pontificia, porque se encuentra fácilmente en las hemerotecas. Ya en 2014 apareció un libro sobre los insultos de Francisco. Casi nada.


Mis novicios estaban preocupados por esta llamada de atención de Bergoglio. Se han percatado que esto lo ha dicho justamente después de unos días, en los que su figura ha sido objeto de pasquines y sátiras en las mismísimas calles de Roma. O sea, ante sus pontificales narices, si se me permite la expresión. No es ya lo que puede aparecer en internet o en publicaciones inconformistas. Es en la calle, a pocas manzanas de su casa.


Hay que reconocer que cuando las cosas se ponen así, y se siente la rabia interna de ver que se ha escapado de las manos el pasquinero de turno o el impresor de un periódico burlón, no está bien acudir el domingo siguiente a condenar a los que insultan, lanzando la indirecta de lo pecaminoso de estas acciones de los insultadores anónimos. Qué curiosa actitud, pero qué humana. Nos gusta insultar a los demás, pero nos duele que alguien nos insulte. Y Francisco, tan vulgarmente humano y tan quisquillosamente volcado a poner como chupa de dómine a los que no piensan como él, tan conocido en estos años por sus referencias a los pepinillos en vinagre, o a los rígidos, o a los que llevan las manos pegadas, o a los periodistas amantes de la caprofagia, o a los que les encantan las puntillas… se ha visto a sí mismo como objeto de las sátiras romanas. Hay un refrán castellano que viene a decir que donde las dan las toman. O sea, que lo sembrado, se recoge. Por eso no han faltado nuevos recopilatorios y nuevas críticas a estas palabras del pasado domingo, para quejarse larvadamente, condenando a los que le han insultado a él.

De todos modos, creo que Francisco debería aplicar al pecado del insulto los mismos criterios misericordiosos y comprensivos que él mismo ha llamado a aplicar con los adúlteros vueltos a casar: Hay que analizar caso por caso, hay que acompañar, hay que discernir. Y si ellos están en una situación de tranquilidad de conciencia y se sienten en paz con Dios, pues entonces no hay problema. Si esto lo hace tan ricamente con el adulterio, imagínense con el insulto, que es mucho menos grave en sí.

Decía el cardenal Martínez Sistach en la presentación de un nuevo libro que interpreta la Amoris Laetitia (nunca he visto tantos libros dedicados a interpretar algo que dicen que está tan claro…), que el genial papa Francisco, se fija más en las personas que en las categorías. Pues eso mismo, que lo haga con los insultadores, digo yo. Dejemos las categorías de insulto en general y vayamos al porqué del insulto en concreto. Ese insultador debe encontrar acompañamiento y comprensión. Seguro que él no quería insultar, pero está en camino y en proyecto de abandonar el insulto. Por tanto, aunque haya insultado a Bergoglio o haya despotricado un tanto, hay que analizar caso por caso. A lo mejor hay descontentos que ven que Francisco ha pisoteado la doctrina de la Iglesia, tradicionalistas periféricos que se sienten en paz con Dios, al mismo tiempo que han puesto los pasquines romanos. Por lo tanto, a ésos hay que escucharlos, comprenderlos y acompañarlos en un proceso catequético, que les conduzca a quitar ellos mismos los cartelones y hacer penitencia.

Parece que no ha optado Bergoglio por esta vía misericordiosa. Dicen las malas lenguas, que la policía vaticana está buscando culpables por doquier. Entre los tradicionalistas, claro está. Ya sabemos que el cardenal Osoro no fue el organizador. Me apuesto la cogulla. Dentro de poco nos dirán que eran unos sobrinos del cardenal Burke y los pasquines los pagó alguna organización financiada por Trump.

Mucho me temo que no será así. Si no contesta a cuatro cardenales que humildemente plantean unas dudas razonables y doctrinales para ser aclaradas, ¿se tendrá misericordia con los pasquineros nocturnos? Y es que en situaciones de máximo descontento en una dictadura, se acrecienta el humor satírico en el pueblo. Conscientes de que es ya lo único que se puede hacer. Veremos hasta dónde llega el buen humor y la risa sana, cuando se consumen los cambios y defenestraciones que están a punto de llegar.



sábado, 4 de febrero de 2017

NECESITAMOS UN SAN PABLO


No es muy querido San Pablo por la progresía post-vaticanista. Su carácter, su modo de ser y su firmeza en el mantenimiento de la doctrina auténtica, lo encajan perfectamente entre los rígidos de Francisco. Su teología clara, lo hace acreedor a ser uno de estos teólogos que Francisco quería encerrar en una isla, para que discutieran allí sin molestar a nadie. San Pablo no era muy partidario del discernimiento actual, ni de las soluciones pastorales que se pasan la doctrina por el arco del triunfo, ni del ecumenismo del pasteleo, ni de la cobardía episcopal, que tanto se lleva ahora entre los más conservadores.

El modelo episcopal de San Pablo, molesta a los progres. Solamente les gusta eso de que los obispos sean casados una sola vez (1Tim. 3,2), especialmente a los que andan ansiosos de cargarse el celibato porque se sienten solos. Eso de que los obispos sepan gobernar su propia casa (3,4) es intolerable. Y eso de que deben dar doctrina es insufrible, pues ya se sabe que la única doctrina que merece la pena es la doctrina Kasper (esa sí que es buena), dispuesta a cargarse toda otra doctrina porque no se puede tolerar la dictadura doctrinal que no es la suya. Kasper, Martini (que estará mirando de reojo desde la otra vida), Marx, los Malteses y los argentinos y españoles. A todos ellos hay que recordarles la consigna de San Pablo a Timoteo (3,7): que los obispos gocen de buena fama, para que no caigan en el descrédito ni en las redes del diablo. Ya han caído en el mayor de los descréditos. Los fieles de Malta les han dado un rapapolvo a sus pastores, sumergidos en el demérito y la deshonra como pastores. Mientras, en España la Conferencia Episcopal ve cómo se profana la virginidad de María por parte de una monja indigna, incrédula y hereje descarada, sin hacer un comunicado de esos que ellos hacen para criticar a Donald Trump o para pedir que se marque la X en la Renta. Descrédito total.

He recomendado a algunos de mis novicios más espabilados (que son pocos), que hagan un seguimiento de los sermones de Francisco en Santa Marta (debe haber ya más volúmenes que la enciclopedia Espasa que tenemos en el calefactorio). Estoy seguro de que las citas del Apóstol de los Gentiles son escasas y muy seleccionadas. San Pablo era mucha tela para ellos y a Francisco no le viene en gana ponerlo como ejemplo por las razones antedichas. Rígidez y avinagramiento.

Sin embargo, necesitamos ahora mismo en la Iglesia algunos Obispos dispuestos a ser como San Pablo y actuar como él. Es difícil, porque hace falta santidad y energía. Tener bien atado el cinturón para que no se bajen los pantalones. No tener necesidad de un buen bálsamo para que la lengua no se irrite, por el exceso de lametones civiles y eclesiásticos. No tener que ingerir vitaminas contra la cobardía y el acongojamiento. Pero tenemos muy poquitos, y además están silenciados.

En el capítulo 2 de la carta a los Gálatas, cuenta San Pablo lo que se ha dado en llamar el incidente de Antioquía. Es bien conocido. San Pedro se dedicaba a disimular ante los judíos para que éstos no se enfadaran por las exigencias del cristianismo naciente. Vamos, que ya en aquella época el Vicario de Cristo tendía puentes y planteaba el discernimiento. Ahora hubiera dicho: Si un judío quiere ser judío y a la vez ser cristiano, pero su conciencia está tranquila, puede acercarse a la comunión. Seguramente algunos querrían haber redactado alguna nota 305 en el Concilio de Jerusalén. Pero san Pablo lo impidió. Le cantó las cuarenta en bastos al Papa Pedro y puso las cosas en su sitio.

Nadie se escandalizó. No hubo ningún problema, porque San Pedro era humilde (de verdad, no de boquilla) y supo aceptar la reprimenda. No era un dictadorzuelo y sabía perfectamente que la Iglesia no era su finca particular, ni su rancho, ni su cortijo. Como San Pedro era realmente bueno (y no de boquilla), ni había sido elegido hombre del año por las revistas gays de Antioquía, ni era celebrado por la web corintodigital.com como pobre y humilde, supo aceptar lo que San Pablo exigía. Y menos mal, porque eso salvó a la Iglesia. Es que entonces había las dos cosas: un verdadero Vicario de Cristo preocupado por la fidelidad al mandato del Señor, y un verdadero Obispo que dijo lo que tenía que decir.

Es curioso que San Pablo nos cuenta que no se anduvo con vueltas y revueltas. Le dijo las cosas cara a cara. In faciem ei, dice la Vulgata. En su cara, vamos. No se dedicó a conceder entrevistas para decir un día una cosa y otro día otra. No se dedicó a hablar en general sin aterrizar. No se dedicó a dar la coba al Jefe. Le resistí en la cara, porque merecía reprensión. Toma ya. Y dijo las cosas como las tenía que decir.

Nos están tomando el pelo. El cardenal Müller, que hace unos días dijo que la famosa Amoris Laertitia no plantea ningún problema doctrinal, se enfrenta esta semana a los que la interpretan mal. Sin citarlos, claro. Porque tendría que incluir ahí al mismo Francisco, que también la interpreta mal cuando aconseja a los argentinos que la interpreten mal (según Müller) y bien (según el propio Francisco). Y a los malteses. Y a los alemanes en pleno, que ayer se descolgaron diciendo que a partir de ahora van a hacer lo que hasta ahora vienen haciendo. Y a los españoles en pleno, que apoyan la Amoris Laetitia sin rubor. Y a la Diócesis de Roma. Y a tantos otros que no salen en los periódicos y ya están distribuyendo la comunión a mansalva.

Me parece que ha llegado la hora en que los más directamente responsables, imiten a San Pablo. Pido por ello. Ya han pasado las dubbia y la actuación fina, respetuosa y educada. La respuesta ha sido tremendamente tajante. Nada de claridad. Se ha contestado a las dubbia por la vía del cabreo monumental, de la vendetta y de las amenazas. Y de los mandaderos que dan entrevistas. Nada de seriedad para responder a la seriedad de las dubbia. En cualquier momento, vienen por ahí nuevas destituciones: eso que ya todo el mundo conoce como misericordiear. Palabra que pronto estará en los diccionarios, y cuyo significado y uso situarán los expertos a partir de 2013. Sus sinónimos son fulminar, destruir (con malas artes), destrozar y eliminar. Antes se hacía con veneno. Ahora se hace con uva mala y leche caducada.

Creo que ya es la hora de actuar como San Pablo. En la cara. Respetuosa, pero firmemente. Usted, querido amigo, es un hereje promotor de la herejía y merece la reprobación. Puede usted disponer de mis cargos, capelos y beneficios. Pero no dispone usted de mi amor a la verdad y de mi responsabilidad como Obispo.

También lo dijo esto San Pablo a Tito (1, 9) como característica necesaria de todo Obispo: ser capaz de ajustarse a la enseñanza recibida, para que sea capaz de exhortar con la sana doctrina y corregir a los adversarios. El propio Jesucristo tuvo que decirle a San Pedro en otra ocasión: Tú me escandalizas, porque piensas como los hombres, no como Dios.

Parece que en estos tiempos de ahora, han cambiado las tornas. Lo bueno es pensar como los hombres, aunque sea a costa de la profanación de la Eucaristía y de lo que se ponga por delante. Seguro que te dan un buen cargo. Me sospecho que pronto van a nombrar Maestra de la Orden de Malta a la monja Caram. Méritos ha hecho, desde luego.


jueves, 26 de enero de 2017

DERRIBOS BERGOGLIO, INC.



Me ha recordado mi fiel novicio informático que, allá por Diciembre de 2013, cuando Francisco llevaba solamente seis meses habitando la Pensión de Santa Marta, escribí algo relacionado con un sueño que tuve y que parecía expresar la capacidad destructiva del Argentino. Demoliciones y Derribos S.A. se me presentó entonces como un mero sueño, pero la verdad es que ahora parece como si hubiera sido algo premonitorio de lo que iba a suceder. Si comparamos lo destruído en aquella época, con lo que llevamos destruído tres años después, aquello era un juego de niños.

Ya no es necesario aferrarse a los sueños, porque la realidad es mucho más terrible de lo que uno pueda soñar. La realidad se impone, decían los clásicos. Pero es que ahora no sólo se impone, sino que es un verdadero acoso y asedio, ante los ojos de aquellos que quieren ver. No solamente nos aparecen ya los escombros como algo usual y habitual, sino que ahora, a cuatro años del inicio del Bergogliorato, nos acongoja mucho más y nos sobrepone la especial capacidad del Destructor.

Todavía hay novicios y frailecitos imberbes -por supuesto-, que solamente ven maravillas estructurales en cada acto de Bergoglio. Y lo mismo pasa entre muchos abergogliados. Todavía encontramos a los que construyen discursos o artículos interminables para justificar Amoris Laetitia, en contra de toda lógica. Necesitan adoctrinar a ciertos lectores para que piensen-lo-que-deben-pensar y no lo que piensan los malteses, alemanes, austriacos, argentinos y españoles que dicen que manga ancha. Y que tampoco piensen lo que dicen los protestones, dudosos y enredadores seguidores de Burke y otros de la cuerda hipócrita y sospechosa. En realidad, estos descifradores de jeroglíficos intentan enmendarle la plana al propio Francisco, que ya nos ha dicho varias veces (indirecta o directamente) cuál es su posición.

Nunca faltará un ingenuo, un pánfilo o un motolito, -cuando no un voluntariamente ciego-, que no quiera ver lo que hay en el ambiente eclesial y diga con bobería solemne que el Rey va vestido. Y tan ciegos están, que incluso afirman que va mucho más elegante y atractivo que la Melania esa, que ahora se ha puesto de moda.

También se ciscan en la realidad de los hechos, los que se felicitan por lo bien que va todo. No hay más que mirar las últimas encuestas de catolicismo en Brasil para echarse las manos a la cabeza. Desde 2014 ha perdido nueve millones de católicos. ¿Alguien da más? Seguramente la visita de Francisco a Río de Janeiro en su primera y triunfante JMJ, junto con los bailes y contorsiones de los Obispos y curitas meneones de turno, han logrado impedir que las pérdidas hayan sido de más millones, digo yo. Que se preparen los de Panamá el año que viene, porque se van a quedar reducidos a cenizas y escorias cuando pase el huracán pontificio por allí.

Habría muchos ejemplos para añadir y para examinar. Todos ellos vienen a coincidir en la misma realidad, que ya percibe el católico que tiene ojos en la cara y algo de amor a la Iglesia. Este hombre está destrozando la Iglesia. Vamos a cumplir cuatro años de derribos, desmoronamientos y devastaciones. Con sal incluída. Y con malas artes, lideradas por una mafia vaticana digna de Corleone, cuando se doctoró en Palermo. Para que luego digan algunos que la mafia es algo contrario al evangelio que hay que combatir. Menuda mafia hay en Santa Marta y sólo Dios sabe qué se cuece allí, cuando se ponen el delantal.

El Destructor avanza sin piedad, como si fuera un buque de guerra nuclear. Los Franciscanos de la Inmaculada, los despidos a cardenales poco adeptos, el Seminario de Guadalajara y su glorioso fundador Mons. Livieres, la indisolubilidad del matrimonio, el esplendor de la Liturgia, el presigio del Papado, la vida religiosa femenina, los seminarios y lo que les viene, la eucaristía en el caso de los adúlteros, la vida de piedad en general, las bendiciones convertidas en buenaonda, las canonizaciones, la dignidad papal, la Diplomacia con los Estados, y un etcétera tan largo, que ya resulta difícil a mis neuronas hacer un listado completo.

Por citar algunos ejemplos recientes, esta misma semana la Orden de Malta ha sido ya destruida al paso de Francisco. No sé los detalles que habrá de fondo, pero desde luego a partir de ahora, la Orden de Malta ya ha pasado a mejor vida. No me cabe duda. Nuestro peculiar Destructor puede cargarse con un chasquido de dedos lo que se le ponga por delante, aunque tenga 800 años. Adiós, Orden de Malta.

Y la confirmación-elección acelerada del nuevo Prelado del Opus Dei, que genera ya de por sí preocupación en las mismas palabras del flamante electo ya con anillo y pectoral: asegura que su programa es seguir el programa del Papa Francisco y proponer el mensaje cristiano contagiando alegría a todo tipo de personas. No sé si dirá algo sobre la Amoris Laetitia esta semana…

O las verbenas y festejos organizados para conmemorar al bueno de Lutero, capaz de enfrentarse al catolicismo de su época con valentía, amor a Dios y siendo heraldo del Evangelio. Hasta sellos de Lutero se van a emitir y no sé si algún cava especial será descorchado este año. Hasta he oido decir que la Universidad de Roma se llamará ahora Universidad Luteranense. Probablemente camisetas, pins, jarritas de cerveza y gorras, muchas gorras con el logo: Je suis Lutero. Y siguiendo las consignas de este buen fraile, el Papa se llamará desde ahora Obispo de Babilonia. Ya veremos, porque todo puede suceder.

Dicen mis novicios que los chinos aprenden a construir todo lo que ven y por eso tienen de todo en sus tiendas, a precios muy bajos. Parece ser que se han puesto en contacto con Bergoglio para que les explique cómo se puede destruir tanto, en tan poco tiempo. Los ha recibido en Santa Marta y les ha explicado cómo hay que hacer para que la destrucción sea inmediata y fulminante. Con la rapidez que les caracteriza, lo han puesto en práctica. Esta grabación que me ha dejado Fray Malaquías, no es ni más ni menos que lo que ha hecho Derribos Bergoglio Inc. con la Iglesia. Faltan algunos edificios más. Pero todo se andará. Por más que algunos no lo quieran ver.