Ayer fiesta de Cristo Rey el P. Cardozo visito la Misión de Santa María Niña en Olimpia-SP (Brasil). El P. Cardozo junto con los fieles hicieron la Consagración al Inmaculado Corazón de María y el rechazo del Concilio Vaticano II.
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lunes, 26 de octubre de 2020
viernes, 8 de junio de 2018
CONSAGRACION DEL GENERO HUMANO AL SAGRADO CORAZON DE JESUS
¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar; vuestros somos y vuestros queremos ser; y a fin de vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.
Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo! Compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Santísimo.
¡Oh Señor! Sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna para que no perezcan de hambre y de miseria.
Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordias, viven separados de Vos; devolvedlos al puerto de la verdad y la unidad de la fe, para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor. Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo: dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.
Mirad finalmente, con ojos de misericordia, a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto: descienda también sobre ellos, como bautismo de redención y de vida, la sangre que un día contra sí reclamaron.
Conceded, ¡oh Señor!, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro con fin de la tierra no resuene sino esta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud! A Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
Pío XI
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domingo, 29 de octubre de 2017
FIESTA DE CRISTO REY - ÚLTIMO DOMINGO DE OCTUBRE
En su manto y sobre su muslo
tiene escrito este nombre:
Rey de reyes y Señor de señores.
(Apocalipsis, 19, 16)
Esta gran festividad fue instituida en 1925 por Pío XI, para honrar al Rey de reyes y Señor de los que dominan.
Hoy es el día de proclamar su realeza, y de decir: ¡Venga a nos el tu reino!, de decir al Padre: "¡Padre, glorifica a tu Hijo!"
"La revolución ha comenzado por proclamar los derechos del hombre, y no terminará sino al proclamar los derechos de Dios". Así decía en el siglo XIX el conde de Maistre.
"Jesucristo no es Rey por gracia nuestra, ni por voluntad nuestra, sino por derecho de nacimiento, por derecho de filiación divina, por derecho también de conquista y de rescate".
"Así que Cristo es Rey universal de este mundo por su propia esencia y naturaleza" (S. Cirilo de Alejandría), en virtud de aquella admirable unión que llaman hipostática, la cual le da pleno dominio no sólo sobre los hombres, sino hasta sobre los Ángeles y aun sobre todas las criaturas. (Pío XI)
Y ¿qué de extraño tiene que sea Rey de los hombres el que fue Rey de los siglos? Pero Jesucristo no es Rey para exigir tributos o para armar un ejército con hierro y pelear visiblemente contra sus enemigos. Es Rey para gobernar los espíritus, para proveer eternamente al mundo, para llevar al reino de los cielos a los que creen, esperan y aman. El Hijo de Dios, igual al Padre, el Verbo por el cual todas las cosas fueron hechas, si quiso ser Rey de Israel, fue pura dignación y no una promoción; fue una señal de misericordia, no un aumento de poder. (S. Agustín)
Nadie tema vaya a perder algo porque se someta al "suavísimo imperio" de Cristo (Col.). No teman las sociedades, porque Él es quien las funda y las sustenta. No teman los poderosos, porque "no quita los reinos mortales quien da los celestiales". No teman tampoco los individuos, porque servir a Cristo es reinar. Es un Amo tal que no esclaviza ni esquilma a sus servidores; un Pastor y un Señor que no engorda con la carne del rebaño, ni se viste con sus lanas, ni se regala con su leche, antes se desvive por los suyos y se les entrega con todos sus haberes ya desde la tierra, hasta que sean capaces de poseerle y de gozarle más cumplidamente allá en el cielo. Tiene derecho a todo mando y a todo honor, pero exige poco y hasta llega a decir que: "su reino no es de este mundo" (Ev.). Por eso, nada hay de más irracional y más incomprensible que el grito rabioso de esa chusma que todavía vocifera: "¡No queremos que Cristo reine sobre nosotros!". Piensan los insensatos que les va a privar de la libertad, cuando se la va a acrecentar y perfeccionar, proscribiendo tan sólo el libertinaje, tan fatal para las almas como para los cuerpos, para las naciones como para los individuos, ya que "lo que hace míseros a los pueblos es el pecado".
Conviene, pues, que Él reine, oportet Illum regnare, porque su reinado "es eterno y universal, es un reinado de verdad y de vida de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz" (Pref.). Quiere ante todo reinar en las inteligencias, en las voluntades y en los corazones de los hombres. Es un reinado antes que todo espiritual: el aparato exterior lo tiene en poco huye ahora del fausto externo, como huyó cuando los hombres quisieron tributarle los honores de rey, y por eso sigue humilde y "escondido en nuestros altares bajo las figuras de pan y de vino" (Himno de Vísperas).
Esta fiesta viene hacia el final del año litúrgico. Es la coronación de toda la obra redentora de Cristo, corona de todos los santos en la patria celestial. Jesucristo es Rey y lo es ante todo en el altar. En el sacramento de la Eucaristía opera su obra de santificación en las almas, forma de continuo en la Iglesia su "Cuerpo Místico" que un día trasladará al Reino del Padre, para tomar parte en el magno concierto de alabanzas que sin cesar se tributan a la Trinidad Beatísima en el Cielo.
Del Misal Diario y Vesperal de Dom Gaspar Lefebvre O.S.B.
Oración a Cristo Rey
¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuerstros derechos.
Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.
¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así el reinado de vuestra paz se establezca en el Universo entero. Amén.
Consagración de la humanidad para el día de Cristo Rey por el Papa Pío XI
¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Miradnos humildemente postrados; vuestros somos y vuestros queremos ser, y a fin de vivir más estrechamente unidos con vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.
Muchos, por desgracia, jamás, os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Santísimo.
¡Oh Señor! Sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, que no perezcan de hambre y miseria.
Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos; devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.
Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.
Conceded, ¡oh Señor!, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino ésta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud! A Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén.
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martes, 22 de agosto de 2017
CONSAGRACION DEL MUNDO AL INMACULADO CORAZON DE MARIA, (PIO XII)
Reina del Santísimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano, triunfadora en todos los combates de Dios, nos prosternamos suplicantes ante vuestro trono, seguros de obtener misericordia y de recibir las gracias, el apoyo y la defensa oportuna en las presentes calamidades, no en virtud de nuestros propios méritos, de los que no podemos presumir, sino únicamente a causa de la inmensa bondad de vuestro corazón maternal.
A Vos, a vuestro Corazón Inmaculado, en esta hora trágica de la historia de la humanidad, nos confiamos y nos consagramos, no sólo en unión con la Santa Iglesia, Cuerpo Místico de vuestro amado Jesús, que sufre y sangra en las tribulaciones que soporta de tantas maneras y en tantos lugares, sino también con el mundo entero, desgarrado por feroces discordias, encendido por un incendio de odio, víctima de su propia iniquidad.
¡Que puedas Tú tocar tantas ruinas materiales y morales, tanto dolor y angustia de padres y madres, de esposos, de hermanos, de niños inocentes; tantas vidas tronchadas en su flor, tantos cuerpos lacerados en una afrentosa carnicería, tantas almas torturadas y agonizantes, y tantas otras en peligro de perderse para toda la eternidad!
¡Oh, Madre de misericordia, obténnos de Dios la paz! y sobre todo, aquellas gracias que pueden, en un instante, convertir los corazones humanos, esas gracias que preparan, conducen y aseguran la paz. Reina de la paz, ruega por nosotros y da al mundo en guerra la paz a la que aspiran los pueblos, ¡la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo! Concédele la paz de las armas y la paz de las almas, para que en la tranquilidad del orden se extienda el Reino de Dios.
Concede tu protección a los infieles y a todos los que aún yacen en la sombra de la muerte; concédeles la paz; haz que luzca para ellos el Sol de la Verdad y que puedan repetir con nosotros, ante el único Salvador del mundo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y sobre la tierra paz a los hombres de buena voluntad!" (Lc. 2,14).
A los pueblos separados por el error y la discordia, y sobre todo a aquellos que profesan por Vos una devoción singular y en los cuales casi no hay hogar en que no se venere vuestra imagen (quizás hoy escondida y reservada en espera de días mejores), concédeles la paz, y condúcelos al único rebaño de Cristo, bajo el único y verdadero Pastor.
Obtén para la Santa Iglesia de Dios la paz y la libertad completa; detén el diluvio invasor del neopaganismo, fomenta en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y el celo apostólico, a fin de que el pueblo de los que sirven a Dios crezca en número y en méritos.
De igual modo que al Corazón de vuestro amado Jesús fueron consagrados la Iglesia y todo el género humano, para que, habiendo puesto toda esperanza en Él, fuese para nosotros signos y prenda de victoria y salvación, así igualmente nosotros también nos consagramos perpetuamente a Vos, a vuestro Corazón Inmaculado, ¡oh Madre nuestra, Reina del mundo!, para que vuestro amor y vuestro patrocinio apresuren el triunfo del Reino de Dios, y que todas las naciones, puestas en paz entre ellas y con Dios, Os proclamen bienaventurada y entonen con Vos, de un extremo a otro del mundo, un eterno Magnificat de gloria, amor y reconocimiento al Corazón de Jesús, el único en que ellas pueden encontrar la Verdad, la Vida y la Paz. Amén.
Pío XII
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SS Pío XII
sábado, 1 de octubre de 2016
lunes, 22 de agosto de 2016
R. P. CARDOZO: SERMÓN, RENOVACIÓN DE LA CONSAGRACIÓN Y CATEQUESIS EN LA MISA DE SAN AGAPITO, EN BETIN/MG
jueves, 17 de marzo de 2016
CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA Y RECHAZO DEL CONCILIO VATICANO II DE LA MISIÓN SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA DE DAIMIEL (ESPAÑA)
El pasado domingo día 13 de Marzo, la Misión Católica Sagrados Corazones de Jesús y María de Daimiel (España), hizo la Consagración al Inmaculado Corazón de María y rechazo del Concilio Vaticano II.
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
de las Misiones Católicas Cristo Rey y rechazo del Concilio Vaticano II
Prosternados al pie de vuestro Trono de Gracia, oh Reina del Santísimo Rosario, nos proponemos cumplir, en cuanto está de nuestra parte, los pedidos que has expresado al venir apareciéndote a nosotros en Fátima.
Los abominables pecados del mundo, la inicua proliferación de los vicios contra natura, los ataques a la familia y a la vida humana en todos sus estadios, el avance del comunismo, las persecuciones dirigidas contra la Iglesia de Jesucristo, la apostasía de las naciones y el olvido por parte de la mayoría de los hombres de tu maternidad de gracia destrozan tu Corazón doloroso e Inmaculado, tan unido en su Compasión a los sufrimientos del Sagrado Corazón de tu divino Hijo.
Con el fin de reparar tantos crímenes, Tú has pedido el establecimiento de la devoción reparadora a tu Corazón Inmaculado. Con la finalidad de detener los flagelos de Dios que has predicho, te constituiste en la mensajera del Altísimo para requerir del Vicario de Jesucristo, unido a todos los Obispos del mundo, la consagración de Rusia a tu Corazón Inmaculado. Desgraciadamente, no han tenido en cuenta todavía tu mensaje.
Dígnate, pues, oh Madre de Dios, aceptar en primer lugar el acto solemne de reparación que presentamos a tu Corazón Inmaculado por todas las ofensas con que él, junto al Sagrado Corazón de Jesús, es destrozado por parte de los pecadores y de los impíos.
En segundo lugar, en cuanto está en nuestro poder, damos, entregamos y consagramos Rusia a tu Corazón Inmaculado.
Te consagramos también nuestras Misiones, en particular esta misión de los Sagrados Corazones de Jesús y María de Daimiel, sus sacerdotes y fieles para que ellas sean bastiones de la Fe y en todo busquemos la santidad y el reino de Cristo.
Siguiendo el consejo evangélico de “Por los frutos los conoceréis…”, (Mt. 7,16), y en base a los abundantes y nefastos frutos cosechados en los últimos 50 años, con objeto de poner fin en lo que está de nuestra parte, queremos de manera expresa, sin atribuirnos una autoridad que no nos pertenece, más penetrados de solicitud por la suerte de la Iglesia universal, hacer junto a este acto una CONDENA FORMAL de TODO el CV II, fuente, origen, alimento de todo el modernismo que hoy campea en la Iglesia, de modo que protestamos, en tanto católicos y en defensa de nuestra Fe y de las generaciones futuras, rechazar ABSOLUTAMENTE el mentado concilio pastoral que tanto daño ha causado a las almas y, para evitar que se extienda, lo consideramos cismático, sospechoso de herejía y nulo en razón de sus numerosos errores y totalmente ajeno al Magisterio de la Iglesia; esperando sea condenado formalmente como un inicuo conciliábulo en un tiempo no lejano por las debidas autoridades. Por tanto en nuestras misiones queda absolutamente sin valor alguno el tal Concilio, así como también aquellas obras que se derivaron de él, como el NOM, el CDC del 1983, el catecismo moderno(1992) con todos los demás documentos pos-conciliares que contrarían al Magisterio y Tradición de la Iglesia.(*)
Nos, in perpetuo, nos consagramos a Vos, a vuestro Corazón Inmaculado, Reina y madre nuestra, para que todas las naciones, en paz con Dios y unos con otros os proclamen Beatísima y entonen de un extremo a otro de la tierra el “Magníficat” de gloria, de amor y de reconocimiento al Corazón de Jesús, en el cual solamente pueden encontrar la Verdad, la Vida y la Paz.
Amén.
(*) Cns. 2314,2316, y 2317.
viernes, 4 de septiembre de 2015
CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA, DE LAS MISIONES CATÓLICAS CRISTO REY, DE RUSIA, Y CONDENA DEL CV II, EN LA MISIÓN SAN MIGUEL DE TUCUMÁN EN ARGENTINA
CONSAGRACIÓN
AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA, de las Misiones Católicas Cristo Rey, de Rusia,
y condena del CV II.
Prosternados
al pie de Vuestro Trono de Gracia, oh Reina del Santísimo Rosario, nos
proponemos cumplir, en cuanto está de nuestra parte, los pedidos que has
expresado al venir apareciéndote a nosotros en Fátima.
Los
abominables pecados del Mundo; la inicua proliferación de los vicios contra
natura; los ataques a la Familia y a la Vida Humana en todos sus estadios; el
avance del Comunismo; la instauración de la Usura como herramienta de dominio y
esclavización de los pueblos y de las naciones; el avance sostenido de las
Sectas y del Islamismo; las Persecuciones dirigidas contra la Iglesia de
Jesucristo; la declarada aversión de las jerarquías, sacerdotes y fieles por la
Santa Tradición y la Doctrina de Siempre; la Apostasía general de las naciones;
y el olvido por parte de la gran mayoría de los hombres de Tu Maternidad de Gracia,
destrozan tu Corazón Doloroso e Inmaculado, tan unido en su Compasión a los
sufrimientos del Sagrado Corazón de Tu Divino Hijo.
A
fin de reparar tantos crímenes, Tú has pedido el establecimiento de la Devoción
Reparadora a Tu Corazón Inmaculado, y con la finalidad de detener los flagelos
de Dios que has predicho, te constituiste en la Mensajera del
Altísimo para requerir del Vicario de Jesucristo, unido a todos los Obispos del
Mundo, la Consagración de Rusia a Tu Corazón Inmaculado, lo que desgraciadamente,
todavía no se ha cumplido.
Dígnate,
pues, oh Madre de Dios, aceptar en primer lugar, el Acto Solemne de Reparación que presentamos a tu Corazón
Inmaculado por todas las ofensas con que Él, junto al Sagrado Corazón de Jesús,
es constantemente ofendido por parte de los pecadores y de los impíos.
En segundo lugar, en cuanto está a nuestro
alcance y voluntad, Entregamos y Consagramos Rusia a Tu Corazón
Inmaculado, a fin de poder cumplir en la humilde medida de nuestras
posibilidades, lo que Tú con insistencia pediste en Vuestro Mensaje de Fátima.
Asimismo, Te Consagramos nuestras
Misiones, y en especial esta Misión de…., sus Sacerdotes y Fieles,
para que Ellas sean Bastiones de la Fe, y en todo busquemos la Santidad y el Reino
de Cristo.
Finalmente, y siguiendo el consejo evangélico
de “Por los frutos los conoceréis…” (Mt. 7-16), en base a los
abundantes errores, ambigüedades y herejías contenidos en los documentos y
conclusiones oficiales, en la lógica consecuencia de los nefastos frutos
cosechados en los últimos 50 años, y con el objeto de poner fin en lo que está
de nuestra parte, sin atribuirnos
una autoridad que no nos pertenece, pero que impelidos de la sin par gravedad
del tiempo presente, y en el deseo de pedir al Cielo ponga fin a este verdadero
Calvario de Su Iglesia, queremos de
manera expresa hacer una Condena Formal de todo el Concilio Vaticano II;
esperando sea formalmente condenado como un inicuo conciliábulo en un tiempo no
lejano por las debidas autoridades.
Por
tanto, en nuestras Misiones, queda absolutamente sin valor alguno y condenado
el tal Concilio, así como también aquellas obras que se derivaron de él, como
el Novus Ordo Missae, el Código de Derecho Canónico del 1983, el Catecismo
moderno(1992) con todos los demás documentos pos-conciliares que contrarían al
Magisterio y Tradición de la Iglesia.(*).
Nos, in perpetuo, nos
Consagramos a Vos, a vuestro Corazón Inmaculado, Reina y Madre Nuestra,
para que todas las naciones, en paz con Dios, y unos con otros, os proclamen
Beatísima y entonen de un extremo a otro de la Tierra el “Magníficat” de Gloria,
de Amor y de Reconocimiento al Sagrado Corazón de Jesús, en el cual solamente
pueden encontrar la Verdad, la Vida y la Paz.
Amén.
(*)Cns. 2314,2316, y 2317)
viernes, 27 de junio de 2014
CARTA ENCÍCLICA "ANNUM SACRUM" DE S.S. LEÓN XIII
De la Consagración del Género Humano
al Sagrado Corazón de Jesús.
Hace poco, como sabéis, ordenamos por cartas apostólicas que próximamente celebraríamos un jubileo (annum sacrum), siguiendo la costumbre establecida por los antiguos, en esta ciudad santa. Hoy, en la espera, y con la intención de aumentar la piedad en que estará envuelta esta celebración religiosa, nos hemos proyectado y aconsejamos una manifestación fastuosa. Con la condición que todos los fieles Nos obedezcan de corazón y con una buena voluntad unánime y generosa, esperamos que este acto, y no sin razón, produzca resultados preciosos y durables, primero para la religión cristiana y también para el género humano todo entero.
Muchas veces Nos hemos esforzado en mantener y poner más a la luz del día esta forma excelente de piedad que consiste en honrar al Sacratísimo Corazón de Jesús. Seguimos en esto el ejemplo de Nuestros predecesores Inocencio XII, Benedicto XIV, Clemente XIII, Pío VI, Pío VII y Pío IX. Esta era la finalidad especial de Nuestro decreto publicado el 28 de junio del año 1889 y por el que elevamos a rito de primera clase la fiesta del Sagrado Corazón.
Pero ahora soñamos en una forma de veneración más imponente aún, que pueda ser en cierta manera la plenitud y la perfección de todos los homenajes que se acostumbran a rendir al Corazón Sacratísimo. Confiamos que esta manifestación de piedad sea muy agradable a Jesucristo Redentor.
Además, no es la primera vez que el proyecto que anunciamos, sea puesto sobre el tapete. En efecto, hace alrededor de 25 años, al acercarse la solemnidad del segundo Centenario del día en que la bienaventurada Margarita María de Alacoque había recibido de Dios la orden de propagar el culto al divino Corazón, hubo muchas cartas apremiantes, que procedían no solamente de particulares, sino también de obispos, que fueron enviadas en gran número, de todas partes y dirigidas a Pío IX. Ellas pretendían obtener que el soberano Pontífice quisiera consagrar al Sagrado Corazón de Jesús, todo el género humano. Se prefirió entonces diferirlo, a fin de ir madurando más seriamente la decisión. A la espera, ciertas ciudades recibieron la autorización de consagrarse por su cuenta, si así lo deseaban y se prescribió una fórmula de consagración. Habiendo sobrevenido ahora otros motivos, pensamos que ha llegado la hora de culminar este proyecto.
Este testimonio general y solemne de respeto y de piedad, se le debe a Jesucristo, ya que es el Príncipe y el Maestro supremo. De verdad, su imperio se extiende no solamente a las naciones que profesan la fe católica o a los hombres que, por haber recibido en su día el bautismo, están unidos de derecho a la Iglesia, aunque se mantengan alejados por sus opiniones erróneas o por un disentimiento que les aparte de su ternura.
El reino de Cristo también abraza a todos los hombres privados de la fe cristiana, de suerte que la universalidad del género humano está realmente sumisa al poder de Jesús. Quien es el Hijo Único de Dios Padre, que tiene la misma substancia que El y que es "el esplendor de su gloria y figura de su substancia" (Hebreos 1:3), necesariamente lo posee todo en común con el Padre; tiene pues poder soberano sobre todas las cosas. Por eso el Hijo de Dios dice de sí mismo por la boca del profeta: "Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo... El me ha dicho: Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Pídeme y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra" (Salmo 2: 6-8).
Por estas palabras, Jesucristo declara que ha recibido de Dios el poder, ya sobre la Iglesia, que viene figurada por la montaña de Sión, ya sobre el resto del mundo hasta los límites más alejados. ¿Sobre qué base se apoya este soberano poder? Se desprende claramente de estas palabras: "Tu eres mi Hijo." Por esta razón Jesucristo es el hijo del Rey del mundo que hereda todo poder; de ahí estas palabras: "Yo te daré las naciones por herencia". A estas palabras cabe añadir aquellas otras análogas de san Pablo: "A quien constituyó heredero universal."
Pero hay que recordar sobre todo que Jesucristo confirmó lo relativo a su imperio, no sólo por los apóstoles o los profetas, sino por su propia boca. Al gobernador romano que le preguntaba:"¿Eres Rey tú?", el contestó sin vacilar: "Tú lo has dicho: Yo soy rey!" (Juan 18:37)La grandeza de este poder y la inmensidad infinita de este reino, están confirmados plenamente por las palabras de Jesucristo a los Apóstoles: "Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra." (Mt 28:18). Si todo poder ha sido dado a Cristo, se deduce necesariamente que su imperio debe ser soberano, absoluto, independiente de la voluntad de cualquier otro ser, de suerte que ningún poder no pueda equipararse al suyo. Y puesto que este imperio le ha sido dado en el cielo y sobre la tierra, se requiere que ambos le estén sometidos.
Efectivamente, El ejerció este derecho extraordinario, que le pertenecía, cuando envió a sus apóstoles a propagar su doctrina, a reunir a todos los hombres en una sola Iglesia por el bautismo de salvación, a fin de imponer leyes que nadie pudiera desconocer sin poner en peligro su eterna salvación. Pero esto no es todo. Jesucristo ordena no sólo en virtud de un derecho natural y como Hijo de Dios sino también en virtud de un derecho adquirido. Pues "nos arrancó del poder de las tinieblas" (Colos. 1:13) y también "se entregó a si mismo para la Redención de todos" (1 Tim 2:6).
No solamente los católicos y aquellos que han recibido regularmente el bautismo cristiano, sino todos los hombres y cada uno de ellos, se han convertido para El "en pueblo adquirido." (1 P 2:9). También San Agustín tiene razón al decir sobre este punto: "¿Buscáis lo que Jesucristo ha comprado? Ved lo que El dio y sabréis lo que compró: La sangre de Cristo es el precio de la compra. ¿Qué otro objeto podría tener tal valor? ¿Cuál si no es el mundo entero? ¿Cuál sino todas las naciones? ¡Por el universo entero Cristo pagó un precio semejante!" (Tract., XX in Joan.).
Santo Tomás nos expone largamente porque los mismos infieles están sometidos al poder de Jesucristo. Después de haberse preguntado si el poder judiciario de Jesucristo se extendía a todos los hombres y de haber afirmado que la autoridad judiciaria emana de la autoridad real, concluye netamente: "Todo está sumido a Cristo en cuanto a la potencia, aunque no lo está todavía sometido en cuanto al ejercicio mismo de esta potencia" (Santo Tomás, III Pars. q. 30, a.4.). Este poder de Cristo y este imperio sobre los hombres, se ejercen por la verdad, la justicia y sobre todo por la caridad.
Pero en esta doble base de su poder y de su dominación, Jesucristo nos permite, en su benevolencia, añadir, si de nuestra parte estamos conformes, la consagración voluntaria. Dios y Redentor a la vez, posee plenamente y de un modo perfecto, todo lo que existe. Nosotros, por el contrario, somos tan pobres y tan desprovistos de todo, que no tenemos nada que nos pertenezca y que podamos ofrecerle en obsequio. No obstante, por su bondad y caridad soberanas, no rehusa nada que le ofrezcamos y que le consagremos lo que ya le pertenece, como si fuera posesión nuestra. No sólo no rehusa esta ofrenda, sino que la desea y la pide: "Hijo mío, dame tu corazón!" Podemos pues serle enteramente agradables con nuestra buena voluntad y el afecto de nuestras almas. Consagrándonos a El, no solamente reconocemos y aceptamos abiertamente su imperio con alegría, sino que testimoniamos realmente que si lo que le ofrecemos nos perteneciera, se lo ofreceríamos de todo corazón; así pedimos a Dios quiera recibir de nosotros estos mismos objetos que ya le pertenecen de un modo absoluto. Esta es la eficacia del acto del que estamos hablando, y este es el sentido de sus palabras.
Puesto que el Sagrado Corazón es el símbolo y la imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo, caridad que nos impulsa a amarnos los unos a los otros, es natural que nos consagremos a este corazón tan santo. Obrar así, es darse y unirse a Jesucristo, pues los homenajes, señales de sumisión y de piedad que uno ofrece al divino Corazón, son referidos realmente y en propiedad a Cristo en persona.
Nos exhortamos y animamos a todos los fieles a que realicen con fervor este acto de piedad hacia el divino Corazón, al que ya conocen y aman de verdad. Deseamos vivamente que se entreguen a esta manifestación, el mismo día, a fin de que los sentimientos y los votos comunes de tantos millones de fieles sean presentados al mismo tiempo en el templo celestial.
Pero, ¿podemos olvidar esa innumerable cantidad de hombres, sobre los que aún no ha aparecido la luz de la verdad cristiana? Nos representamos y ocupamos el lugar de Aquel que vino a salvar lo que estaba perdido y que vertió su sangre para la salvación del género humano todo entero. Nos soñamos con asiduidad traer a la vida verdadera a todos esos que yacen en las sombras de la muerte; para eso Nos hemos enviado por todas partes a los mensajeros de Cristo, para instruirles. Y ahora, deplorando su triste suerte, Nos los recomendamos con toda nuestra alma y los consagramos, en cuanto depende de Nos, al Corazón Sacratísimo de Jesús.
De esta manera, el acto de piedad que aconsejamos a todos, será útil a todos. Después de haberlo realizado, los que conocen y aman a Cristo Jesús, sentirán crecer su fe y su amor hacia El. Los que conociéndole, son remisos a seguir su ley y sus preceptos, podrán obtener y avivar en su Sagrado Corazón la llama de la caridad. Finalmente, imploramos a todos, con un esfuerzo unánime, la ayuda celestial hacia los infortunados que están sumergidos en las tinieblas de la superstición. Pediremos que Jesucristo, a Quien están sometidos "en cuanto a la potencia", les someta un día "en cuanto al ejercicio de esta potencia". Y esto, no solamente "en el siglo futuro, cuando impondrá su voluntad sobre todos los seres recompensando a los unos y castigando a los otros" (Santo Tomás, id, ibidem.), sino aún en esta vida mortal, dándoles la fe y la santidad. Que puedan honrar a Dios en la práctica de la virtud, tal como conviene, y buscar y obtener la felicidad celeste y eterna.
Una consagración así, aporta también a los Estados la esperanza de una situación mejor, pues este acto de piedad puede establecer y fortalecer los lazos que unen naturalmente los asuntos públicos con Dios. En estos últimos tiempos, sobre todo, se ha erigido una especie de muro entre la Iglesia y la sociedad civil. En la constitución y administración de los Estados no se tiene en cuenta para nada la jurisdicción sagrada y divina, y se pretende obtener que la religión no tenga ningún papel en la vida pública. Esta actitud desemboca en la pretensión de suprimir en el pueblo la ley cristiana; si les fuera posible hasta expulsarían a Dios de la misma tierra.
Siendo los espíritus la presa de un orgullo tan insolente, ¿es que puede sorprender que la mayor parte del género humano se debata en problemas tan profundos y esté atacada por una resaca que no deja a nadie al abrigo del miedo y el peligro? Fatalmente acontece que los fundamentos más sólidos del bien público, se desmoronan cuando se ha dejado de lado, a la religión. Dios, para que sus enemigos experimenten el castigo que habían provocado, les ha dejado a merced de sus malas inclinaciones, de suerte que abandonándose a sus pasiones se entreguen a una licencia excesiva.
De ahí esa abundancia de males que desde hace tiempo se ciernen sobre el mundo y que Nos obligan a pedir el socorro de Aquel que puede evitarlos. ¿Y quién es éste sino Jesucristo, Hijo Único de Dios, "pues ningún otro nombre le ha sido dado a los hombres, bajo el Cielo, por el que seamos salvados" (Act 4:12). Hay que recurrir, pues, al que es "el Camino, la Verdad y la Vida".
El hombre ha errado: que vuelva a la senda recta de la verdad; las tinieblas han invadido las almas, que esta oscuridad sea disipada por la luz de la verdad; la muerte se ha enseñoreado de nosotros, conquistemos la vida. Entonces nos será permitido sanar tantas heridas, veremos renacer con toda justicia la esperanza en la antigua autoridad, los esplendores de la fe reaparecerán; las espadas caerán, las armas se escaparán de nuestras manos cuando todos los hombres acepten el imperio de Cristo y sometan con alegría, y cuando "toda lengua profese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre" (Fil. 2:11).
En la época en que la Iglesia, aún próxima a sus orígenes, estaba oprimida bajo el yugo de los Césares, un joven emperador percibió en el Cielo una cruz que anunciaba y que preparaba una magnífica y próxima victoria. Hoy, tenemos aquí otro emblema bendito y divino que se ofrece a nuestros ojos: Es el Corazón Sacratísimo de Jesús, sobre él que se levanta la cruz, y que brilla con un magnífico resplandor rodeado de llamas. En él debemos poner todas nuestras esperanzas; tenemos que pedirle y esperar de él la salvación de los hombres.
Finalmente, no queremos pasar en silencio un motivo particular, es verdad, pero legítimo y serio, que nos presiona a llevar a cabo esta manifestación. Y es que Dios, autor de todos los bienes, Nos ha liberado de una enfermedad peligrosa. Nos queremos recordar este beneficio y testimoniar públicamente Nuestra gratitud para aumentar los homenajes rendidos al Sagrado Corazón.
Nos decidimos en consecuencia, que el 9, el 10 y el 11 del mes de junio próximo, en la iglesia de cada localidad y en la iglesia principal de cada ciudad, sean recitadas unas oraciones determinadas. Cada uno de esos días, las Letanías del Sagrado Corazón, aprobadas por nuestra autoridad, serán añadidas a las otras invocaciones. El último día se recitará la fórmula de consagración que Nos os hemos enviado, Venerables Hermanos, al mismo tiempo que estas cartas.
Como prenda de los favores divinos y en testimonio de Nuestra Benevolencia, Nos concedemos muy afectuosamente en el Señor la bendición Apostólica, a vosotros, a vuestro clero y al pueblo que os está confiado.
Dado en Roma, el 25 de mayo de 1899,
el 22 de Nuestro Pontificado.
León XIII, Papa.
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martes, 15 de abril de 2014
UCRANIA ES RECONSAGRADA A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Por CWN | Traducciones: Al portugués, Fratres en Unum.com, al español: Catolicidad.com - El 6 de abril, el jefe de la Iglesia católica griega ucraniana renovó la consagración de Ucrania a la protección de la Santísima Virgen María.
El arzobispo mayor Sviatoslav Shevchuk lo hizo "a causa de la gran tribulación que todas las personas y todos los ciudadanos de nuestro país están experimentando en este momento debido a la ocupación de una parte de nuestra tierra, una situación que llena nuestros corazones con ansiedad por el futuro, la incertidumbre y el miedo", informó el Servicio de Información Religiosa de Ucrania.
Según la agencia, Yaroslav el Sabio, fue el primero en consagrar la nación a la protección de la Madre de Dios en el siglo 11, y el cardenal Myroslav Ivan Lubachivsky (1914-2000) renovó la consagración en 1995.
Fuente: Catolicidad
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jueves, 22 de agosto de 2013
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
Amabilísima y admirabilísima Virgen María, Madre de mi Salvador Jesucristo y Madre mía, postrado a vuestros pies, uniéndome humildemente a todos los actos de devoción y amor de todos los corazones que os aman en el Cielo y en la tierra, os saludo, Madre queridísima, os venero y os elijo hoy por soberana mía y Reina de mi corazón, la guía de mi vida, mi Protectora, mi Abogada y refugio mío en todas las necesidades espirituales y corporales.
Yo os ofrezco y consagro mi alma, mi corazón, mi cuerpo y todo lo que me pertenece. Deseo también que todos mis pensamientos, palabras, acciones, todos los alientos de mi respiración y latidos de mi corazón, sean, en el presente y en el futuro, otros tantos actos de alabanza a la Santísima Trinidad por todos los privilegios y gracias incomparables que os ha concedido.
¡Oh Virgen amabilísima!, entrego confiadamente a vuestras manos maternales todos mis deseos, propósitos y anhelos, y no quiero jamás aspirar a algo más allá de lo que sea conforme a la voluntad de Vuestro Divino Hijo y la Vuestra.
Aceptadme, os lo ruego, queridísima Madre, entre vuestros hijos predilectos y en el número de los servidores escogidos, privilegiados de poder colaborar en la preparación del triunfo de Vuestro Corazón Inmaculado. Consideradme y tratadme enteramente como posesión vuestra. Disponed de mí y conducidme siempre y en todo lugar, no según mis propias inclinaciones y deseos, sino según vuestro beneplácito.
Yo, por mi parte, tomo hoy la firme resolución de observar fielmente los mandamientos de Vuestro Divino Hijo Jesús, de seguir vuestras maternales exhortaciones, oh Reina del Santo Rosario, de amaros tiernamente y de consolaros. Quiero también, en cuanto me sea posible, por mis oraciones y sacrificios llevar a muchas otras almas a hacer lo mismo.
Sobre todo, quiero venerar con especial devoción vuestro Purísimo Corazón, ardiente de caridad y, con vuestra poderosa asistencia, oh Mediadora de Todas las Gracias, tratar de imitar tanto como pueda las sublimes virtudes que os adornaban aquí en la tierra.
¡Oh, Reina de mi corazón!, que por el misterioso obrar del Espíritu Santo en vuestra alma santísima habéis sido transformada en el verdadero Espejo de Justicia de Jesús, vuestro Divino Hijo; imprimid en mi corazón, os lo ruego, una imagen perfecta de las virtudes del vuestro, a fin de que el mío sea un retrato vivo del vuestro Inmaculado.
Oh Virgen Gloriosa, vuestro Purísimo Corazón ha estado durante su existencia terrenal entrañablemente unido al Divino Corazón de vuestro Hijo, compartiendo plenamente sus nobilísimos sentimientos y espíritu de sacrificio; y ahora, elevado a la Bienaventuranza del Cielo, está perennemente unido a Él de modo inigualable, en la más sublime felicidad. Por ello os ruego, oh Madre de Dios, unid mi pobre corazón de tal manera al de mi Jesús que no abrigue otros sentimientos y deseos que los vuestros, y que no obre nunca sino lo que sea más agradable a Su Sacratísimo Corazón y a vuestro Dulcísimo Corazón Inmaculado, oh Madre Benignísima. Amén.
San Juan Eudes (1601-1680)
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