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sábado, 25 de octubre de 2014

MILAGROS Y PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN - 33


UN FINAL DE BAILE MACABRO Y DESASTROSO 
PARA UNA DONCELLA

Aconteció en una ciudad andaluza, famosísima por sus mujeres, por sus vinos y sus caballos. Erase una Venus por su belleza, pero una Juno por su cólera. De familia muy distinguida y piadosa, había sido educada desde su niñez en un colegio de Religiosas, ingresando a los quince años en la Hermandad del Santo Escapulario y llevando una vida piadosa, cuyas características eran el amor a la Sagrada Eucaristía y la devoción a la Virgen Santísima del Carmen. 

Ángel de pureza y fervor, prometía elevarse a las cumbres de la santidad; pero, no fue así; bajo la constante influencia de lecturas novelescas y de amistades mundanas, vino a perder poco a poco su pristino fervor, acabando por disiparse su espíritu religioso cual se disipan las sustancias aromáticas.

No llegó a dar esos escándalos tan temidos de la mujer, por los que queda difamada de por vida, pero sí esos otros que vienen a ser el ambiente de la mujer coqueta y vanidosa. Ella, la que establecía los cánones de la moda y los escotes más provocativos y escandalosos; ella, la que introducía todos los bailes exóticos más impúdicos; ella, la que promovía cierto género de jiras en las que la moral y el pudor, cual si fuesen estatuas de escayola, salían descalabradas y aun rotas... Su conciencia protestaba indignada y le robaba el sueño de noche. Reprendíanla sus padres, pero nada lograban de ella. La exhortaban los confesores, pero el aire se llevaba sus exhortaciones. 

Una noche primaveral se vistió un traje de baile para asistir a una caseta de feria. El escote de su vestido, que la dejaba casi al desnudo la espalda y gran parte del pecho, la impulsó a quitarse el Escapulario para que no se le viese. ¡ Qué importaba el quitárselo una vez más cuando tantas y tantas se lo había quitado para el mismo fin! Su doncella, joven piadosísima y con quien desde niña tenía gran confianza, la hizo una insinuación respetuosa para que no se lo quitase; mas la contestó con un desplante, llamándola beata y gazmoña.

Después de una noche de bacanal o vergonzosa orgía, al amanecer partió con sus amistades a una jira proyectada la víspera. Los autos condujéronlos rapidísimamente. El lago que allí había, claro y sereno cual un espejo, invitaba a solazarse en él. Los alegres expedicionarios subieron a barcas sin quillas. Ya están dentro..., ya bogan..., ya llegan en medio de él... Cuando he aquí que una falsa maniobra hace zozobrar la primera barca y la joven de nuestra historia se hunde con su traje de baile, para no aparecer jamás...

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.

lunes, 9 de junio de 2014

EL BAILE



Yo me acerqué una vez a una señora y le dije: 

Señora, ¡por Dios! Acabo de ver una cosa que no puedo menos de decírsela; sé que voy a darle un gran disgusto, pero una obligación de amistad y de religión me obliga a ello. 

—¿Qué es? —me preguntó al­go espantada. 

—¡Señora, acabo de sorpren­der a su hija en brazos de un hom­bre!

—¿En brazos de un hombre? —exclamó dando un salto. 

Sí, en brazos de un hombre; un hombre joven por añadidura. La tenía rodeada por la cintura; sus caras estaban juntas: sus mira­das fosforescentes: él la ceñía, la estrechaba. 

—¡Jesús! —exclama desolada la pobre mujer—. ¿Pero es posi­ble? 

—Todavía estarán así aña­dí—: si quiere convencerse, venga a verlo. 

Salimos y la llevo al salón de baile. Allí estaba su hija lo mismo que yo se la había pintado. Un joven la rodeaba la cintura, la apretaba, sus caras juntas, sus miradas brillantes. 

—¡Bah! dijo sonriendo la madre—, ¿pero es eso? ¡Menudo susto me había usted dado! Esto no tiene nada de particular. 

Yo me quedé atónito. Por lo visto en el baile la cintura no es cintura, ni la cara cara, ni las ma­nos manos, ni la vergüenza ver­güenza, ni la moral moral. No he entendido nunca esa lógica de que el lugar cambia el ser de las cosas, y de que una madre que se volvería loca si abrazaran y manosearan a su hija en la calle, se quede tan fresca porque se la abracen y se la manoseen en un salón de baile.

 * ** 

Para el hombre ha inventado Satanás, en su afán de hacer suya a la juventud, multitud de lazos y ocasiones de corrupción. Periódicos impíos, dramas obscenos, clubs rabiosos, emociones del juego, taberna procaz y desvergonzada, bares que son una taberna con camisa limpia, prostíbulos. Lugar apropiado para la mujer no lo había gracias a Dios. Para la niña no había medio entre el recogimiento del hogar doméstico, y una vida públicamente perdida. Y la verdad, entre tales extremos, las mujeres en su generalidad hubieran optado siempre por el primero. 

Faltaba, pues, un medio de corrupción decente —si me permitís, oh hermanos, la aplicación de este adjetivo a aquel sustantivo—, un medio de corrupción que borrase del rostro la modestia, del corazón el pudor, de la mirada el recato, de todo el conjunto femenino las preciosísimas cualidades que son el mejor adorno de la doncella cristiana. Pero que hiciera esto sin mancillar el buen nombre de la seducida, ni turbar su conciencia, sin desgarradores remordimientos, sin avergonzar a la honesta madre, antes llenándola de complacencia y de maternal orgullo. Difícil parecía acertar con una invención que reuniera tan opuestas y al parecer tan contradictorias cualidades. 

Sin embargo Satanás, que es muy listo, porque fue antes ángel, la encontró. ¡Entonces se inventó el baile! 

 * * * 

Dime, joven cristiana, ¿te quieres tú morir en un baile? 

Algunas se han muerto, y yo apelo a tu sinceridad para que me digas, si al oír que una joven como tú quedó repentinamente en los brazos de su pareja de baile no te estremeciste de horror, más que cuando escuchas que una joven ha muerto en su cama. Pues entonces, ¿qué amor tienes a Dios si por propia elección vas a un lugar desde el que no quisieras ir delante de su Tribunal? Si crees que el baile es mala preparación para la muerte, ¿por qué bailas? ¿Por qué vas a un sitio donde no te quisieras morir? 

 * * * 

No sé quién dijo que los bailes son como las setas. Las mejores son peligrosas. Son sabrosas, pero el hombre prudente no se atreve a tocarlas por miedo a que le resulten venenosas. 

Te gusta el baile, como te gustan las setas. Hay bailes buenos, como hay setas buenas. Pero si eres prudente, déjalos todos, porque el que menos piensas puede resultarte venenoso. Y uno sólo que resulte venenoso basta para matarte el alma y condenarte. 

Tomado de “Recursos Oratorios” por Francisco Romero. 
Revista Tradición Católica N° 65, febrero 1991.

miércoles, 26 de febrero de 2014

CARNAVAL - IMÁGENES Y REFLEXIONES

Las imágenes siempre enseñan, porque  a   veces tenemos dificultad para comprender completamente las cosas.
Hoy encontré esta foto del Carnaval en Roma, del año de 1858, y recordé haber leído algo del Santo Cura de Ars sobre el carnaval y las danzas.  Sabemos que San Juan Mª Vianney nació en Dardilly, en el departamento  de Ródano, Francia, el 8 de mayo de 1786 y descansó en Dios en la ciudad de Ars-sur-Formans el 4 de agosto de 1859, por lo que este diseño es de los tiempos del santo francés.

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Observamos en ella la modestia en las ropas de la época, sobre todo comparadas con las de la actualidad,   las que hoy en día se usan en el Carnaval, en baladas,  en las graduaciones o en casi todos los eventos mundanos, al igual que para asistir a  bodas en las Iglesias Católicas!
No publicaré aquí fotografías que muestran  la inmodestia e indecencia, porque es totalmente innecesario, y aquí hay un consejo a los blogueros católicos que quieran publicar textos sobre lo dañino del Carnaval para las almas, quienes acaban ilustrándolos con imágenes que no deberían ver los ojos de los cristianos.
Sed puros, nos exhortan los Santos, incluso en las miradas!!!
La moda en sí no es un mal, hay detrás de ella todo una estructura que implica la economía tanto de los grandes centros industriales como de pequeñas poblaciones de productores de determinados  tipos de fibras o colorantes.
Usted estará de acuerdo en que las cosas cambian; si  ya no vivimos en las cavernas y no necesitamos cubrirnos con pieles, también es aceptable que el vestido también cambie, y “se actualice” por decirlo así. Después de todo, si tuviéramos  todo a fuego y espada – como pretenden los jansenistas, queriendo ajustar a las personas conforme a sus pensamientos, palabras y acciones -  todos deberíamos vestir como Jesús y María… Entonces hasta el Santo Cura de Ars estaría equivocado!!!
Véase, pues, que el sentido común es la palabra clave en todo. Hasta en la moda. Un buen católico no necesita vestirse como si viviese en 1940!!! O antes… No está prohibido, pero pareciera que se entiende que la  modestia es exclusivamente algo exterior.  Se asemejaría a aquellos sacerdotes que, ni aquí ni allá, celebran la Misa en latín porque “les parece hermosa” o quienes “ la prefieren”… Como si fuese un acto teatral simplemente.
La modestia nace en el interior, Y no surge de la nada, ni por imposición (obediencia) ciega, sino de la oración y de la lectura piadosa de los buenos libros de los Santos acerca de la modestia; del convencimiento, de que definitivamente así agrada más a Dios.
La precipitación en volverse modesta de la noche al día puede hacer que se cometan algunos errores – y acabar pareciendo más protestantes que los protestantes – o que sea sólo algo superficial, lo que no deja de ser frívolo! Y entonces vemos un arrastras las faldas de ida y vuelta sin grandes cualidades ni virtudes interiores, con las consecuencias previsibles, con el daño predecible para el alma. Y el primer efecto fácilmente perceptible  es una inmensa falta de caridad para con las jóvenes y señoras que vienen a Misa por primera vez y que acaban siendo el blanco de las miradas llenas de desprecio, e incluso a veces siendo expulsadas de la iglesia!!! ¿No sería más cristiano   si alguien educada y cortésmente les informara, o mejor todavía, les ofreciera un paño para cubrirse?
Definitivamente, el tema es el CARNAVAL y las demás fiestas mundanas, a las cuales los católicos no asisten pero terminan por estar involucrados, porque, en esos días vergonzosos para la humanidad, son obligados a ver lo que no desearían, sólo por salir a la calle, por algún compromiso u obligación. Sin hablar del Internet o la televisión, para quienes todavía ven televisión.

Falta poco para un Carnaval más, en marzo, una fiesta más de adoración al Demonio, con el sacrificio de millares, quizá millones de almas, que pierden la pureza y la castidad, que se embriagan y/o se drogan, que danzan frenéticamente,  que se desnudan de las ropas y de las virtudes. ¿Y cuáles son las consecuencias inmediatas? Accidentes de tráfico, en los cuales las personas acaban muriendo sin tener tiempo de reconciliarse con Dios. Pero sobre todo el sexo (consentido o no), el embarazo “indeseado” y los abortos consiguientes…

Y lo que más escándalo causa, como si todo lo anterior no fuese bastante, es que entre los juerguistas hay (pseudo) católicos. Católicos con todo tipo de adjetivos: modernistas, progresistas, carismáticos, de domingo solamente, no practicantes… Es decir, que ostentan el nombre de CATÓLICOS y sus actos  afectan a la Iglesia en su totalidad.

El miércoles de Ceniza (el 5 de marzo), estarán allá para recibir las cenizas y el perdón por los “crímenes premeditados”, porque pecar pensando en confesarse después… es un pecado premeditado!!!

Yo me pregunto lo que diría San Juan Mª Vianney si presenciara la mundanidad de nuestros tiempos. Luchó enérgicamente durante 25 años para acabar con las danzas en su pequeño Ars… Obtuvo éxito y, hoy, está todo peor, mucho peor.

¡En qué tiempos trastornados vivimos! ¿Hasta cuándo, Señor mío? ¿Hasta cuándo?

Para nuestra reflexión dos textos. Uno abajo, sobre el Santo de Ars y otro, un articulo publicado anteriormente, ver enlace abajo, de un texto de San Alfonso María de Ligorio: Los Dolores de María. Meditación para los días de Carnaval.

Ars era el lugar predilecto de los bailarines jóvenes de los barrios. Todo era pretexto para bailar. Para terminar con ello, el Santo Cura de Ars sostuvo 25 años de duro combate.

Explicaba que no basta evitar el pecado, además se debe huir de las ocasiones de pecar. Por eso decía: el pecado y la ocasión de pecado son la misma maldición. Atacaba así al mismo tiempo la danza y la pasión impura fomentada por ella: “No hay un solo mandamiento de la Ley de Dios que el baile no transgreda. […] Dios Mío, ¿podrán ser tan ciegos al punto de creer que no hay mal  en la danza, cuando ésta  es la cuerda con que el demonio arrastra más almas al infierno? El demonio rodea un baile como un muro cerca un jardín.  Las personas que entran en un salón de baile dejan en la puerta a su Ángel de la Guarda, y el demonio lo sustituye, de suerte que hay tantos demonios cuantos son los que danzan.”

El Santo era inexorable no solamente con quienes bailaran, sino con los que solamente asistieran al baile, pues la sensualidad también entra por los ojos.  Les negaba la absolución, a menos que prometieran nunca más hacerlo.  Al reformar la Iglesia, erigió un altar en honor de San Juan Bautista, y en su arco mandó tallar la frase: Su cabeza fue el precio de una danza!… Es de destacarse que los bailes de la época, en comparación con los de hoy, sobre todo de los           saltos frenéticos e inmorales del carnaval y las nuevas danzas modernas, eran algo inocentes, Pero era el comienzo que disparó nuestros bailes actuales.

La victoria del Padre Vianney en este campo fue total. Los bailes desaparecieron de Ars. Y no sólo los bailes, hasta algunas diversiones inofensivas que él juzgaba indignas de buenos católicos.
Junto a estos combatió también las modas que juzgaba indecentes en la época ( y que, frente al casi nudismo actual, podrían ser consideradas recatadas!). Las jóvenes, decía “con sus atractivos rebuscados e indecentes, luego darán a entender que son un instrumento del que se sirve el infierno para perder sus almas.  Solamente en el tribunal de Dios se sabrá el número de pecados de los que ellas fueron  causantes.” En la Iglesia, jamás se toleraron los escotes y los brazos desnudos


Visto en: Pale Ideas