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viernes, 4 de junio de 2021

jueves, 4 de enero de 2018

SAN MIGUEL ARCÁNGEL PATRONO DE LA CONTRA-REVOLUCIÓN



Dios hizo todas las cosas de la nada. Su Palabra omnipotente las llamó a la existencia. De este modo, por voluntad divina, existieron el cielo y la tierra; el mundo espiritual e invisible y el mundo material y visible.

Al mundo espiritual e invisible pertenece la creación de seres espirituales, puros espíritus[1], que la Sagrada Escritura identifica como ángeles.

Las criaturas más nobles creadas por Dios son los ángeles, criaturas inteligentes y puramente espirituales. Dios creó a los ángeles para que le honren y le sirvan y para hacerlos eternamente bienaventurados.[2]

Pensemos en la multitud de ángeles que están en su presencia, siempre dispuestos a cumplir sus órdenes. Dice, en efecto, la Escritura: Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes y gritaban, diciendo: «¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!».[3]

I. La primera Revolución de la historia

Los ángeles fueron creados en estado de gracia y en posesión de la felicidad que les correspondía conforme a su naturaleza. Antes de admitir a los ángeles a la visión plena de Su Gloria (visión beatifica), Dios los sometió a una prueba.

Las enseñanzas de San Cipriano, San Bernardo y otros santos, Tertuliano y múltiples teólogos, sostienen que esa prueba consistió en que el Padre Eterno reveló a los ángeles la futura encarnación de Su Divino Hijo, el cual había de nacer de la Virgen María, y haciéndoles saber que al Dios hecho Hombre debían rendir adoración.

Como afirma Santo Tomás de Aquino, tenían que esperar y merecer la bienaventuranza sobrenatural, la cual consiste en la visión de Dios. Por lo mismo fueron elevados por encima de su propia naturaleza, ya rica de por sí, y a la vez marcados con un carácter divino que los ponía en la posibilidad de alcanzar la bienaventuranza sobrenatural. Esta felicidad eterna es algo gratuito y al mismo tiempo rebasa todas las fuerzas de las creaturas para conseguirla, tanto en los ángeles como en los hombres. Para obtenerla es absolutamente necesaria la gracia divina, y los ángeles debían merecerla por su fidelidad a ella; pero dada la perfección de su naturaleza, en un único acto de su voluntad decidieron para siempre, irrevocablemente. Puesto que los ángeles son exclusivamente espirituales, no tienen cuerpo ni sensibilidad como nosotros los humanos; por eso su conocimiento de la realidad no es mediante raciocinios ni sensaciones, ni es imperfecto, sino que es intuitivo y sin error. Además de este conocimiento que poseen según su naturaleza, y de conocerse entre ellos mismos, tienen el conocimiento de aquellas cosas que Dios les quiere participar. De hecho los ángeles nunca se encuentran en estado de ignorancia, como sucede muchas veces entre nosotros los hombres, lo cual no significa que tengan una sabiduría infinita como la de Dios, pues hay cosas que solamente Él conoce, pero ellos pueden pasar de una noción a otra”. (…) “No podían alcanzar la bienaventuranza eterna y ver a Dios cara a cara sino con la gracia divina y después de realizar un acto meritorio, ya que, como dice Santo Tomás, después de que el ángel ejercitó el primer acto de caridad por el que mereció la bienaventuranza, fue inmediatamente bienaventurado; en tanto que el resto, los demonios, pecaron por soberbia, buscando una falsa independencia de Dios, inclinándose por su libre albedrío al propio bien, sin la subordinación a la regla de la voluntad divina. Los ángeles eligieron a Dios, y los demonios se prefirieron a sí mismos.[4]

II. San Miguel, Arcángel de Dios

Cuando (los ángeles) vienen a desempeñar algún encargo entre nosotros, toman nombre del cargo mismo que desempeñan. Así pues, Miguel significa quién como Dios; Gabriel fortaleza de Dios y, por último, Rafael medicina de Dios.[5]

San Miguel Arcángel, es profeta, guerrero, exorcista, que venció en el Reino de los Cielos a la primera Revolución, la Revolución matriz, modelo y foco de las demás.

Profeta vigilantísimo, el primero en alzar la voz de indignación contra-revolucionaria que suscitó y coligó, bajo su comando, las legiones de fidelidad sacral inquebrantable.

Guerrero invencible, de fuerza dominadora y de santa tenacidad, fue el primero en el ataque, el más fuerte en el impacto, el decisor al arrojar por tierra al adversario, el supremamente tenaz en repeler todas las seducciones, furores y celadas de este.

Exorcista irreductible, el Altísimo le revistió de aquel poder invencible que aniquila las investidas y las trampas del demonio, tornándolo tan impotente y tan despreciable, cuanto es infame y odioso.[6]

Miguel el contemplador: si recurrimos a los datos que nos ofrecen la teología y la liturgia, San Miguel se nos presenta, ante todo, como el ángel que está en la presencia de Dios, el ángel de la trascendencia, de la adoración.

Es el ángel de la alabanza: en realidad, todos los ángeles están dedicados a la alabanza, al canto del Trisagio eterno. Pero, al parecer, algunos de entre ellos se destacan en esta sagrada ocupación. La Tradición ha incluido ordinariamente a San Miguel en el coro de los siete ángeles que, según la Escritura, están siempre delante del Señor (cf. Tob. 12, 15; Ap. 1, 4; 5, 6; 8, 2). Mikael es presentado como el Ángel de la Faz, el corifeo de los que cantan la gloria de Dios.

Es el ángel turiferario: en el marco de esta función general de alabanza, San Miguel es caracterizado como el ángel del incienso: Vi siete ángeles que estaban en pie delante de Dios, a los cuales fueron dadas siete trompetas. Llegó otro ángel y púsose en pie junto al altar con un incensario de oro, y fuéronle dados muchos perfumes para unirlos a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro, que está delante del trono. El humo de los perfumes subió, con las oraciones de los santos, de la mano del ángel a la presencia de Dios.[7]

Es el ángel intercesor: con el turíbulo de la alabanza en sus manos, no agota la totalidad de su misión. La liturgia pide que, sin detrimento de su contemplación adorante en el cielo, no deje de ayudarnos a nosotros, que estamos en la tierra… Los ángeles no agotan, pues, su cometido en la sola adoración. Se preocupan también por la obra redentora. Acompañaron primero al Verbo que descendió al mundo. Al mismo tiempo que contemplan, sin intermitencias, el rostro de Dios, no dejan de ayudar a los hombres indigentes. Unen admirablemente la contemplación y la acción.[8]

III. Patrono de los contra-revolucionarios

El Prof. Plinio Correa de Oliveira dijo que debemos considerar a San Miguel como nuestro aliado natural en la lucha; porque el movimiento contrarrevolucionario quiere ser nada más que un grupo de hombres que ejecutan, a nivel humano, mutatis mutandis, la tarea de San Miguel Arcángel; en otras palabras, defender el honor de Dios, la gloria de Nuestra Señora, la Iglesia Católica y la civilización cristiana. Por lo tanto, es muy apropiado para los contra-revolucionarios tener a San Miguel Arcángel como su especial patrón.

Contra-revolucionario es quien:

– Conoce la Revolución, el Orden y la Contra-Revolución en su espíritu, sus doctrinas y sus métodos respectivos.

– Ama la Contra-Revolución y el Orden cristiano, odia la Revolución y el «anti-orden».

– Hace de ese amor y de ese odio el eje en torno del cual gravitan todos sus ideales, preferencias y actividades.[9]

El Arcángel Miguel es el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y el protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.

En aquel tiempo se alzará Miguel, el gran príncipe y defensor de los hijos de tu pueblo; y vendrá tiempo de angustia cual nunca ha habido desde que existen naciones hasta ese tiempo. En ese tiempo será librado tu pueblo, todo aquel que se hallare inscrito en el libro. También muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para vida eterna, otros para ignominia y vergüenza eterna.[10]

Don Plinio Correa de Oliveira describe al Arcángel Miguel como modelo de virtudes, y asimismo como modelo de combatividad: «Dios quiso que San Miguel fuese su escudo contra el Diablo en la primera batalla celestial. Él también quiere que Michael para sea el escudo de los hombres contra el Diablo, y el escudo de la Santa Iglesia Católica también. Pero San Miguel no se limita a ser un escudo de protección. Él es también un arma para derrotar y lanzar al enemigo al infierno. Es una doble misión que se correlaciona».

San Miguel Arcángel es el contra-revolucionario rutilante de sacralidad, de pureza y de fuerza,[11] es modélico en la perpetua lucha entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. Vivimos tiempos de grandes tribulaciones para la Verdadera Fe. «En este siglo en que el poder de las tinieblas alza con tanta insolencia su estandarte, sobre el mundo profanado, y sobre – oh! Dolor- los hijos de nuestra Madre, la Iglesia tres veces santa e imperecible».[12]

Enseña San Agustín que hay dos mundos, el uno creado por el Verbo, el otro regido por el Príncipe de las tinieblas: la Ciudad del Hombre, que lucha contra la Ciudad de Dios desde el comienzo; misterio de iniquidad, que es la raíz de todas las herejías y el fuego de todas las persecuciones; «es la quietud incestuosa de la criatura asentada sobre su diferencia específica»; la continua rebelión del intelecto pecador contra su principio y su fin, eco multiplicado en las edades del «no serviré» de Satanás.[13]

Como afirma San Pablo, el misterio de la iniquidad ya está en acción:[14] la rebelión de los hombres y de las naciones contra la Revelación y el imperio de Nuestro Señor Jesucristo, la rebelión contra el Dios Verdadero.

Mikael es el guerrero del Altísimo que no permitirá que la majestad divina sea desafiada u ofendida en su presencia.

Dice San Francisco de Sales que la veneración a San Miguel es el más grande remedio en contra de la rebeldía y la desobediencia a los mandamientos de Dios, en contra del ateísmo, el escepticismo y la infidelidad.

El Arcángel Mikael, nos enseña que no es suficiente para un católico comportarse bien, la misión del verdadero discípulo del Señor es luchar contra el Mal, y no sólo de un mal abstracto, sino del mal como existe en los impíos y pecadores. San Miguel no arrojó al infierno el mal como una idea, como una mera concepción del intelecto, como un principio, como algo abstracto, ya que ni los principios ni los conceptos son susceptibles de ser quemados por el fuego eterno, él arrojó al infierno a Lucifer y sus secuaces, repudiando el mal que existía en ellos.

Los contra-revolucionarios necesitamos la fuerza de nuestro Patrón, el don, por amor a nuestra Reina y Madre, de increpar, fustigar, golpear, talar, quebrar y pisar a la Babel moderna, satánica e igualitaria, a los poderes ocultos que la rigen, a las estructuras que le aseguran la dominación universal, a los falsos profetas que la sustentan, a los encantamientos mentirosos con que pierden a las multitudes.

Y así, el lodo huirá para los antros de la tierra. Las tinieblas se sumirán en sus escondites infernales. ¡Y la tempestad vencida, dará lugar a un orden sacral y jerárquico, y altamente perfecto, del Reino de María! [15]

Germán Mazuelo-Leytón


[1] DANIEL 3, 65.

[2] Cf.: SAN PIO X, Catecismo Mayor.

[3] SAN CLEMENTE ROMANO, Carta a los Corintios, 30, 3-4.

[4] MARTÍNEZ G., FRANCISCO, Ángeles, Demonios y Hombre.

[5] SAN GREGORIO MAGNO, Homilía 34, sobre los Evangelios.

[6] Cf.: CORREA DE OLIVEIRA, Prof. PLINIO, Consagración a San Miguel Arcángel.

[7] APOCALIPSIS 8, 2-4.

[8] Cf. SÁENZ S.J., P. ALFREDO, San Miguel, Arcángel de Dios.

[9] CORREA DE OLIVEIRA, Prof. PLINIO, Revolución y Contra-revolución, cap. IV.

[10] DANIEL 12, 1-2.

[11] Cf.: CORREA DE OLIVEIRA, Prof. PLINIO, Consagración a San Miguel Arcángel.

[12] Cf.: CORREA DE OLIVEIRA, Prof. PLINIO, Consagración a San Miguel Arcángel.

[13] CASTELLANI, LEONARDO, Cristo vuelve o no vuelve.

[14] Cf.: II TESALONISENSES, 2, 4-12.

[15] Cf.: CORREA DE OLIVEIRA, Prof. PLINIO, Consagración a San Miguel Arcángel.



lunes, 16 de octubre de 2017

EL COMBATE DE SAN MIGUEL - PROFECÍAS DE LA BEATA ANA CATALINA EMMERICH



Ya toda la parte anterior de la iglesia se había derrumbado: no quedaba de pié más que el santuario con el Santísimo Sacramento. Estaba yo derrumbada de tristeza y me preguntaba donde estaba ese hombre que había visto otras veces sobre la iglesia para defenderla, llevando una vestimenta roja y un estandarte blanco. (AA.II.203)

Vi de nuevo la iglesia de San Pedro con su alta cúpula. San Miguel se mantenía en lo alto, brillante de luz, llevando una vestimenta roja de sangre y sosteniendo en la mano un gran estandarte de guerra.

Sobre la tierra había un gran combate. Los verdes y los azules combatían contra los blancos, y estos blancos que tenían por encima de ellos una espada roja y llameante, parecían estar derrotados: pero todos ignoraban por que combatían. (AA.II.205)

La Iglesia estaba completamente roja de sangre como el ángel, y se me dijo que ella sería lavada en la sangre.

Cuanto más duraba el combate, más el color sangrante se borraba de la iglesia y se volvió cada vez más transparente. Sin embargo el ángel descendió, fue hacia los blancos y le vi varias veces al frente de todas sus cohortes. Entonces fueron animados de un coraje maravilloso sin que ellos supieran de donde venía eso; era el ángel que multiplicaba sus golpes entre los enemigos, los cuales huían por todos lados. La espada de fuego que estaba por encima de los blancos victorioso desapareció entonces.

Durante el combate, las tropas de enemigos pasaban continuamente a su lado y una vez vino una muy numerosa.

Por encima del campo de batalla, tropas de santos aparecieron en el aire: mostraron, indicaban lo que había que hacer, hacían signos con las mano: todos eran diferentes entre ellos, pero inspirados de un mismo espíritu y actuando en un mismo espíritu.

Cuando el ángel descendió de lo alto de la iglesia, vi por encima de él en el cielo una gran cruz luminosa a la cual el Salvador estaba ligado; de sus cicatrices surgían haces de rayos resplandecientes que se extendían sobre el mundo. Las cicatrices eran rojas y semejantes a puertas brillantes cuyo centro era del color del sol. No llevaba corona de espinas, sino que de todas las heridas de la cabeza surgían rayos que se dirigían horizontalmente sobre el mundo. Los rayos de sus manos, del costado y de los pies tenían los colores del arco iris; se dividían en líneas muy menudas, a veces también se reunían y alcanzaban de esa manera a pueblos, ciudades, casas sobre toda la superficie del globo. Los vi por un lado y por otro, a veces lejos, a veces cerca, caer sobre diversos moribundos y aspirar las almas que, entrando en uno de estos rayos coloreados, penetraban en la llaga del Señor. Los rayos de la herida del costado se repartían sobre la iglesia situada por encima, como una corriente abundante y muy amplia. La iglesia estaba toda iluminada, y vi la mayor parte de las almas entrar en el Señor por esta corriente de rayos.(AA.II.205)

Vi también planear sobre la superficie del cielo un corazón brillando con una luz roja, del cual partía una vía de rayos blancos que conducían a la llaga del costado...

... y otra vía que se extendía sobre la Iglesia y sobre muchos países...

... estos rayos atraían hacia ellos un gran número de almas que, por el corazón y la vía luminosa, entraban en el costado de Jesús. Se me dijo que el corazón era María. (AA.II.205)

Tuve entonces la visión de una inmensa batalla. Toda la planicie estaba cubierta de una gran humo: había bosquecillos llenos de soldados de donde surgían continuamente. Era un lugar bajo: se veían grandes ciudades en la lejanía. Vi a san Miguel descender con una numerosa tropa de ángeles y separar a los combatientes. Pero esto no llegará más que cuando todo parezca perdido. Un jefe invocará a san Miguel y entonces la victoria descenderá.

Ella ignoraba la época de esta batalla. Dijo una vez que eso ocurriría en Italia, no lejos de Roma donde muchas cosas antiguas serían destruidas y donde muchas santas cosas nuevas (es decir desconocidas hasta entonces) reaparecerían un día. (AA.III.24)

San Miguel descendió en la iglesia (demolida con excepción del coro y del altar mayor) revestido con su armadura, y detuvo, amenazándoles con su espada, a varios malos pastores que querían penetrar allí. Los expulsó a un rincón oscuro donde se sentaron, mirándose unos a otros. La parte de la Iglesia que estaba demolida fue enseguida rodeada de una ligera claridad, de manera que se pudo celebrar perfectamente el servicio divino. Después vinieron de todas partes del mundo sacerdotes y laicos, que rehicieron los muros de piedra, ya que los demoledores no habían podido quitar las fuertes piedras de los cimientos. (AA.III.118)

Texto tomado de Capilla Católica

viernes, 26 de febrero de 2016

MILAGROS EUCARISTICOS - 45


REINARE
Año 1733 Valladolid España

Cuando la impiedad declara abiertamente guerra a Cristo revolviéndose, en su furor satánico, contra las veneradas imágenes del Sagrado Corazón que públicamente presiden las tranquilas moradas de sus fieles devotos, es muy consolador recordar las promesas que el bondadoso Jesús se dignó hacer respecto al establecimiento y propagación del culto de su Corazón divino en España.

Fue el confidente y depositario de tan regaladas promesas el Venerable Padre Bernardo de Hoyos, de la Compañía de Jesús, favorecido con frecuentes apariciones del Sagrado Corazón, y muerto en olor de santidad, en Valladolid, el día 25 de Noviembre de 1735.

Le aconteció un día, después de haber comulgado, que se puso el Arcángel San Miguel a su lado, y le dijo cómo llegaría el culto del Corazón de Jesús a extenderse por toda España y más universalmente por toda la iglesia, teniéndose que vencer para ello gravísimas dificultades, y que él como príncipe de la celestial milicia asistiría a una empresa de tanta gloria de Dios.

Luego le encerró Cristo dentro de su Corazón, que se mostró al Venerable P. Hoyos muy resplandeciente, arrojando llamas del más vivo amor, de manera que parecía un volcán de fuego abrasador.

Se le apareció otro día, después de la Comunión, el Sagrado Corazón, pero rodeado de espinas, una cruz en la parte superior, y la herida que se le manifestaba muy visible.

Le convidó Jesús a que introdujera su corazón por aquella herida; y como aceptase al punto la invitación, le advirtió el Señor se lastimaría cuando atravesase la corona de espinas, pero enardeciéndose entonces más el amor del santo joven, penetró hasta lo íntimo, donde experimentó se habían convertido en rosas suavísimas las punzantes espinas.

Recogida ya su alma, en aquel camarín celestial, decía: «Haec requies mea in saeculum saeculi: Hic habitabo quoniam elegi eam». (Ps. CXXXI, V. 14). Este es para siempre el lugar de mi reposo: aquí habitaré porque este es el sitio que me he escogido. Le dio el Señor a entender que si gustaba las delicias de su Corazón, no era para sí solo, sino para que por su medio las gustasen otras almas.

Entre varias fervorosas súplicas pidió entonces el santo Jesuita la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús especialmente para España, y tuvo el inefable consuelo de oír, de labios del mismo Señor, la siguiente promesa:

«Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes».

(P. José Eugenio de Uriarte, S.J. Principio del Reinado del 
Sagrado Corazón de Jesús en España.)

P. Manuel Traval y Roset

miércoles, 25 de noviembre de 2015

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL




                              Arcángel San Miguel, defiéndenos 
                      en la batalla, sé nuestro amparo 
                      contra la perversidad y asechanzas 
                      del demonio. ¡Reprímale Dios!, 
                      pedimos suplicantes; y tú, Príncipe 
                      de la Milicia Celestial, con el 
                      divino poder, lanza en el infierno a 
                      Satanás y a los demás espíritus 
                      malignos, que andan dispersos por 
                      el mundo para la perdición de las 
                      almas.

                                                                    Amén.

lunes, 29 de septiembre de 2014

CORONA ANGÉLICA DEL ARCÁNGEL SAN MIGUEL


De acuerdo con una piadosa tradición el arcángel san Miguel declaró a una persona devota que le sería grato se pusieran en uso las siguientes oraciones en honor suyo. La propagación y difusión de esta devoción se debe a una religiosa carmelita del monasterio de Vetralla, diócesis de Viterbo (Italia), muerta con fama de santidad en 1751. El 8 de agosto de 1851 Pío IX concedió indulgencias a la práctica de este piadoso ejercicio.

A ser posible, delante de una imagen del santo Arcángel, hacer un acto de verdadera contrición y rezar a continuación devotamente las siguientes salutaciones:

V. Oh Dios, ven en mi ayuda.
R. Apresúrate, Señor a socorrerme. Gloria al Padre...

SALUTACIÓN I. Un Padrenuestro y tres Avemarías al primer coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del celeste coro de Serafines, suplicamos al Señor nos haga dignos de una llama de perfecta caridad. Amén.

SALUTACIÓN II. Un Padrenuestro y tres Avemarías al segundo coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de Querubines, quiera el Señor concedernos la gracia de abandonar el camino del pecado, y de correr por el de la perfección cristiana. Amén.

SALUTACIÓN III. Un Padrenuestro y tres Avemarías al tercer coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del sagrado coro de los Tronos, infunda el Señor en nuestros corazones un espíritu de verdadera y sincera humildad. Amén.

SALUTACIÓN IV. Un Padrenuestro y tres Avemarías al cuarto coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de las Dominaciones, quiera el Señor concedernos la gracia de poder dominar nuestros sentidos y corregir las pasiones depravadas. Amén.

SALUTACIÓN V. Un Padrenuestro y tres Avemarías al quinto coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del celeste coro de las Potestades, dígnese el Señor librar nuestras almas de las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.

SALUTACIÓN VI. Un Padrenuestro y tres Avemarías al sexto coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro de las admirables Virtudes celestiales, no permita el Señor que caigamos en las tentaciones, sino que nos libre de todo mal. Amén.

SALUTACIÓN VII. Un Padrenuestro y tres Avemarías al séptimo coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de los Principados, dígnese Dios llenar nuestras almas del espíritu de verdadera y sincera obediencia. Amén.

SALUTACIÓN VIII. Un Padrenuestro y tres Avemarías al octavo coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de los Arcángeles, quiera el Señor concedernos el don de la perseverancia en la fe y en las obras buenas, para que podamos conseguir la gloria del paraíso. Amén.

SALUTACIÓN IX. Un Padrenuestro y tres Avemarías al noveno coro angélico.
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de todos los Ángeles, dígnese el Señor concedernos que nos guarden en la presente vida mortal, y después nos conduzcan a la gloria eterna de los cielos. Amén.

A continuación se rezan cuatro Padrenuestros: el primero a San Miguel, el segundo a san Gabriel, el tercero a san Rafael, y el cuarto a nuestro Ángel Custodio.

Se concluye este ejercicio con la siguiente antífona y oración final:

Antífona. Gloriosísimo príncipe san Miguel arcángel, cabeza y jefe de los ejércitos celestiales, depositario de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, doméstico en la real morada de Dios, nuestra guía admirable después de Jesucristo, y de excelencia y virtud sobrehumanas, dignaos librar de todo mal a todos los que acudimos a Vos con confianza, y haced por medio de vuestra protección incomparable que adelantemos cada día en servir fielmente a nuestro Dios.

V. Rogad por nosotros, oh gloriosísimo San Miguel arcángel, príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Oración. Omnipotente y sempiterno Dios, que con un prodigio de bondad y misericordia para la salvación de todos los hombres elegisteis por príncipe de vuestra Iglesia al gloriosísimo san Miguel arcángel; os suplicamos nos hagáis dignos de que con su benéfica protección nos libre de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos moleste en la hora de nuestra muerte, sino que seamos conducidos por él a la presencia de vuestra divina Majestad. Por los méritos de Nuestros Señor Jesucristo. Amén.

Texto tomado de Devocionario Católico

domingo, 12 de enero de 2014

VISIÓN DE LA VENERABLE SOR FILOMENA FERRER


Una visión extraordinaria 

No todos los santos han gozado de gracias extraordinarias o místicas. Nuestra Sor Filomena, sí. El Señor la condujo por vías extraordinarias desde cuando a los doce años, poco después de hecha la Primera Comunión, vivió un éxtasis que le duró dieciocho horas. 

Cierto día, mientras estaba sumergida en la oración, tuvo una visión en la que le pareció contemplar la Iglesia de San Pedro del Vaticano y arriba tres estrellas formando una especie de triángulo que representaban estos misterios: El Corazón de Jesús de quien siempre fue muy devota y como haciéndole guardia la Virgen María y el Arcángel San Miguel. 

La misma Sor Filomena explicaría después con riqueza de detalles tan prodigiosa visión: Era el Sagrado Corazón que estaba lleno de gracias y favores para regalarlos a sus hijos los hombres e iba buscando algún corazón para poderle regalar cuanto encerraba en el suyo. Pero por más que buscaba no encontraba ninguno donde poder reposar a su gusto. Al contrario, en todos hallaba espinas y, malezas que le impedían quedarse a gusto en aquel lugar. 

Mientras contemplaba la escena de dolor y búsqueda se aparecieron dos estrellas que se colocaron a ambos lados como queriendo significar que venían a consolarle y a reparar los pecados que recibía de aquellas almas. Dentro de estas estrellas estaban, en una, la derecha, la Virgen Inmaculada y la de la izquierda San Miguel Arcángel. 

Nuestra vidente le pareció comprender que allí estaba el Corazón Sacratísimo de Jesús dispuesto a derramar sus gracias sobre todos los hombres, pero quería hacerlo por medio de María, su Madre. El encargado de llevar estas gracias hasta los hombres era el Arcángel San Miguel. 

Entonces oyó una voz del Corazón de Jesús que decía: —«Yo reservo copiosos tesoros de mi Corazón para los últimos tiempos para reanimar la fe medio muerta de los cristianos de estos tiempos».

VENERABLE SOR FILOMENA FERRER
Fr. Rafael Mª López Melús

sábado, 23 de noviembre de 2013

“DE DIOS NADIE SE BURLA”*




1) Noticia del 6 de noviembre: “En una histórica votación la Cámara estatal de Illinois aprobó la legalización del matrimonio entre homosexuales. 

Con una votación de 61-54 los legisladores enviaron la medida de regreso al Senado para un cambio técnico aunque esa Cámara ya aprobó en febrero. La ley pasará luego al gobernador Pat Quinn, quien se ha comprometido a firmarla. 

Illinois es el estado natal del presidente Barack Obama, quien dijo recibir con agrado la noticia”.


Nota catapúltica 

El presidente de la Cámara de Diputados, el católico Michael Madigan, del Partido Demócrata, antes de votar afirmativamente, citó en su apoyo la infelicísima respuesta de Francisco a un periodista, a su vuelta de las Jornadas Mundiales de la Juventud (Río de Janeiro, julio 2013): ¿Quién soy yo para juzgar a un gay? 

http://rorate-caeli.blogspot.com/2013/11/words-have-consequences.html 

2) Noticia del 17 de noviembre: 


Al menos cinco personas murieron en Illinois, como consecuencia de los fenómenos climáticos, dijo el jefe de los servicios de emergencia del estado Jonathon Monken a la cadena CNN, a la vez que advirtió que “las cifras van a crecer considerablemente”. 

http://www.infobae.com/2013/11/17/1524479-un-fuerte-tornado-arraso-el-estado-illinois-al-menos-cinco-muertos

*San Pablo, Epístola a los Gálatas,6,7 

“Sacerdotes, religiosos y laicos participarán este 20 de noviembre en la oración de súplica y exorcismo presidida por el Obispo de Springfield, Illinois (Estados Unidos), Mons. Thomas Paprocki, como acto de reparación por la aprobación del “matrimonio” gay que el Gobernador de ese estado, Patt Quinn, firmará ese mismo día”. 

http://www.aciprensa.com/noticias/obispo-hara-oracion-de-exorcismo-ante-aprobacion-de-matrimonio-gay-en-eeuu-33935/#.Uou_9NJyFVY 

Notas catapúlticas

1) ¿El Cardenal Bergoglio y los obispos no podrían haber hecho lo mismo cuando se implantó el putimonio en la Argentina?

2) En mayo de 2011, Monseñor Paprocki, que parece tener los pantalones bien puestos, ordenó que después de la misa se volviese a rezar la oración a San Miguel Arcángel, desterrada por el Novus Ordo. He aquí un obispo que sí cree en la existencia del diablo y no de la boca para afuera. 

http://www.catapulta.com.ar/?cat=23

miércoles, 13 de noviembre de 2013

¿QUIÉN ES SAN MIGUEL ARCÁNGEL?

Él arroja al fondo del abismo la cabeza orgullosa del Dragón, y confunde a los rebeldes con su caudillo, expulsándolos del cielo (Salmos, 36, 30-31)


En la creación del mundo angélico, Dios colocó a San Miguel en el segundo puesto después de Lucifer. El creador dividió a los Ángeles en tres grandes jerarquías y en nueve coros. Sus nombres están revelados en la Sagrada Escritura: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Potestades, Principados, Virtudes, Arcángeles y Ángeles. Los Ángeles se quedarán eternamente en el mismo coro. Todos estos fúlgidos Espíritus arden por el deseo de Cumplir la Santa Voluntad de Dios con la velocidad del pensamiento.
¡San Miguel, al ver que era uno de los primeros Príncipes, revestido de poder, gloria esplendor más que los demás, se humilla, se pone a los pies de Dios y reconoce con profunda gratitud que la magnificencia en la naturaleza angélica y todos los dones y privilegios de la Gracia son gratuitos por la bondad del Creador, sin ningún mérito suyo y sin ningún derecho a dicha dignidad en cuanto fue creado de la nada y su origen será siempre la nada!
Un amor seráfico, una dedicación profunda inunda su radiante espíritu y se humilla en la contemplación de la Bondad y del Amor Divino. En esta tranquila armonía del Cielo nada podía presagiar los funestos eventos de una guerra inminente que destruirá sus filas en todos los coros angélicos.
La prueba de los Ángeles y la derrota de los rebeldes por medio de San Miguel
Antes de que Dios ponga el fundamento invisible de la Creación, puso como fundamento invisible la OBEDIENCIA en todas las criaturas razonables, Jesucristo adquiere su nueva gloria como Jefe de la humanidad, mediante la obediencia a los decretos eternos de la Santa Trinidad. María Santísima recorre el camino real de la Maternidad Divina con su humilde: “Fiat mihi secun-dum verbum tuumo”. Es el camino maestro también para los Ángeles.
Para admitir estos sublimes Espíritus a la visión Beatificada en la gloria eterna y confirmarlos en la Gracia, Dios quiere someterlos a una prueba. Todos los Ángeles recibieron una visión clara del Ser Divino y de sus infinitas perfecciones, debían reconocer la Majestad Divina como súbditos del señor. Creador de su radiante existencia: adorarlo, servirlo como su Único y Sumo Bien. Gran parte de ellos obedeció con alegría y con humildad, ofreciendo con amor a la propia adoración y a la propia existencia para obedecer en todo a la voluntad Divina. También Lucifer se sometió, pero más por conveniencia que por amor, siéndole por el momento imposible retirarse ante una orden tan amorosa. También porque el orgullo estaba apenas germinando en su espíritu. Era la pequeña semilla del mal que luego se convirtió en el árbol gigantescote los pecados de toda especie trasplantado en el mundo visible.
En un segundo tiempo, como vio María Agreda Abadesa en el maravilloso libro de la “Mística Ciudad de Dios” y es la opinión de muchos teólogos, Dios mostró a los Ángeles al Verbo Divino su Unigénito, revestido con la naturaleza humana, preferida por El y muy favorecida, hasta ensalzarla en el Trono eterno de la Santísima Trinidad. Pidió a los Ángeles que lo adoren como a su Rey, no solo en su Naturaleza Divina, sino también unida hipostáticamente con la naturaleza humana y servirlo. Con la luz de la Gracia actual, Dios iluminó a todos los Ángeles los méritos infinitos del verbo humanado y que, ha merecido también para cada uno de ellos todas las Gracias y Dones que poseen, comprendida la gloria y la felicidad sin fin que nos espera a todos en la Visión Beatífica.
A este precepto, todos los obedientes y Santos Ángeles se rindieron y prestaron asenso y obsequio con humilde y amoroso afecto de toda su voluntad.
Exultación y sumisión por parte de los Ángeles obedientes. Para sí hosanna, admiración, gran estupor, gran condescendencia y humillación del Verbo Divino. Pero no Lucifer. Su repugnancia por la naturaleza crece, y si antes obedecía de mala gana, ahora no puede más. La envidia inunda su espíritu soberbio, cegado por su suprema belleza y poder personal, resiste a la Voluntad Divina. Invita también a los otros Ángeles para que desobedezcan, prometiéndoles un Reino independiente del de Cristo Humanado. él, Lucifer, sería el jefe, y ellos, príncipes. Decía con soberbia:
Subiré al Cielo (visión beatífica), sobre los astros de Dios, en salzaré mi trono… subiré a la altura de la nubes… seré igual al Altísimo (Is 14,14).
Este insensato grito de rebelión se hizo eco en el ambiente celestial y fue acogido por un tercio de los Ángeles. Inició así la grande y tremenda guerra para destronar a Dios y apropiarse de su trono. Viendo San Miguel el caos y el tumulto provocado por los rebeldes, con una gran voz exclamo:“¿Quién (ES) COMO DIOS?”, sumergiéndose en su nada ante el Creador de toda existencia. Lo adora, ofrece su amor fiel, todo su ser al servicio de la Majestad Divina, para defender su Honor y la Gloria humillada por los rebeldes ingratos. Con un discurso inflamado por la Gloria del Señor, exhorta a todos los Ángeles para que resistan a la malsana rebelión de Lucifer, recodándoles el sagrado deber de adoración y de gratitud para con Dios y la humilde sumisión por los inmensos beneficios recibidos. Exhorta a todos para que acepten con un amor humilde todos los planes y proyectos que se refieren a la Encarnación del Verbo Divino. El hijo unigénito del Padre es siempre su Rey y Creador aún bajo las condiciones de la naturaleza humana.
En este punto Dios interviene, con su tercera orden, disimulando con Paciencia Divina al tumulto causado por Lucifer y por sus partesanos. La autenticidad de este hecho vio y lo describió San Juan Apóstol en el Apocalipsis:
Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Está en cinta y grita con los dolores de parto y con el tormento de dar a luz (Ap. 12.1).
En este cuadro estupendo Dios mostró a todos los ángeles la divina maternidad de María Santísima e intelectualmente la unión Hipostática de la Naturaleza Divina con la naturaleza humana en la Sagrada Persona de Jesucristo: “Mágnum pietatis Sacramentumo” (Tm 3,16).
Para salvar a los Ángeles tribulados y vacilantes San Miguel gritó:
Veneremos a esta mujer singular y bendita, que será la obra de arte de la Santísima Trinidad, la Madre futura del Verbo Divino y nuestra futura, gloriosa y admirable Reina Arrodillémonos ante los planes divinos que recaen sobre Ella.
Respondió Lucifer.
No ¡Nunca serviré a una naturaleza inferior de la mía, como es la naturaleza humana!.
Con él gritaron muchísimos Ángeles.
Dios respondió:
Y bien, esta Mujer a la que le has negado veneración, será Aquella que te aplastará la cabeza y por ella serás vencido y aniquilado. Porque si por tu soberbia entrará la muerte en el mundo del futuro, por su humildad entrará la vida y la salud a todos los mortales, los cuales gozarán del premio y la corona que tú y los tuyos has perdido.
Los buenos entonan cantos armoniosos en honor de María Santísima para alabar su futura existencia y deciden unánimemente defender contra los rebeldes el honor del Verbo Encarnado y de su futura Madre y Reina.
En este punto Lucifer prorrumpe contra la Mujer predilecta con insultos ásperos y blasfemias que eran inauditos en el ambiente del Cielo.
¿Quién (ES) COMO DIOS?, exclama nuevamente San Miguel y desencadena una gran guerra en el Cielo, como vio San Juan Apóstol en la isla de Pathmos y describe su visión del Apocalipsis: “Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón.Lucharon encarnizadamente el dragón y sus ángeles, pero fueron derrotados y los arrojaron del cielo para siempre (Ap 12. 7-8).
La caída de los ángeles rebeldes
A la derrota de Lucifer, sigue un castigo adecuado para su pecado. El ángel rebelde se vio trasformado de Espíritu de Luz en un monstruo horrible con siete cabezas, que significaban las siete legiones en las cuales fueron divididas y ordenados los ángeles caídos, transformados también ellos en seres repugnantes, en diablos, Lucifer nombra un jefe para cada Legión, según los siete vicios capitales: Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza. Pecados con los cuales más tarde, arrastrarán a los hombres para poblar su reino del eterno dolor.
Entre el inmenso asombro de San Miguel y de los Ángeles buenos se abrió un abismo en el ancla deforme de la tierra donde Lucifer se precipito transformando en un Dragón Rojo con todos sus secuaces.
En la profundidad del infierno Lucifer comprendió su equivocación que terminó en tragedia irreparable:
La diadema de nuestra cabeza ha caído; ay de nosotros que hemos pecado.
Pero era tarde… demasiado tarde… para siempre, para una eternidad.
¡Que Dios nos libre a todos nosotros de un cálculo tan arriesgado!
Cuando regresó la calma después de la separación, las tinieblas del pecado de la Luz de la Gracia, la mirada adolorida de Dios busca consuelo ante la Imagen de la “Mujer vestida de Sol” suspirando el tiempo de su creación y con ímpetu divino susurra… Ave, Ave oh llena de Gracia…
¡Yo estaré siempre contigo!
Luego Dios se dirigió a San Miguel y lo felicitó por su fidelidad y por su espléndida victoria. Contemplando el gran vacío arrastrado por los rebeldes, su Amor de Padre de todas las criaturas se desfoga en un amargo lamento de frente a tanta pérdida e ingratitud, hablando como para consigo mismo:
…Eras un dechado de perfección, lleno de sabiduría y hermosura perfecta. Estabas en el Edén, en el jardín de Dios, adornado con piedras preciosas: rubí, topacio, diamante, crisólito, ónice, bereilo, zafiro, carbunclo y esmeralda.
De oro labrado eran tus aros y colgantes desde el día en que fuiste creado. Eras un querubín protector de alas extendidas: yo te había puesto sobre las montañas de Dios.

Caminabas entre piedras de fuego. Intachable era tu conducta, desde el día en que fuiste creado, hasta que se encontró la iniquidad en ti. Al prosperar tus negocios te llenaste de violencia y pecados. Entonces yo te expulsé de las montañas de Dios y a ti, el querubín protector, te hice desaparecer de entre las piedras de fuego.

La belleza te ensoberbeció, el esplendor echó a perder tu sabiduría. 
Yo te arrastré por tierra y te convertí en objeto de burla para los reyes… Todos los pueblos que te conocían se quedarán asombrados por ti; serás motivo de espanto y desaparecerás para siempre” (Ez 28, 12-19). “¡Cómo has caído del cielo, oh Lucifer, Lucero del alba! (Is 14, 12).
Solo un Dios, que ama a todos con un Amor Infinito, inmutable, puede lamentarse así de la pérdida de su Ángel primogénito.
Este dolor nos fue revelado por medio del Espíritu Santo, mediante la boca de los santos Profetas del Antiguo Testamento. También el Padre Eterno dice: “Buscaba consoladores, pero no los he encontrado”.
Dios Omnipotente, para premiar la fidelidad heroica de San Miguel, le dio el puesto dejado vacío por Lucifer, lo constituyó en el Primer Ministro de la Santa Trinidad Príncipes angélicos y jefe Supremo de los nueve coros de Ángeles, lleno de poder, honor y gloria y más cerca del trono Divino. Su esplendor está en grado de iluminar toda la tierra, como vio San Juan en el Apocalipsis.
Fuente: Libro ¿Quién es San Miguel Arcángel? de Gloria Crux.