lunes, 19 de mayo de 2014

CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS II - SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO



II 
Debemos conformamos con la voluntad de Dios 
en la adversidad como en la prosperidad 

La perfección de esta virtud exige que nuestra voluntad esté unida a la de Dios en todos los sucesos de nuestra vida, ya sean prósperos, ya adversos. Cuando se trata de sucesos prósperos, hasta los pecadores saben aceptar gustosos las disposiciones de Dios; pero los Santos saben identificarse con su voluntad santísima aun en las cosas adversas y contrarias a su amor propio; en éstas es donde se aquilata nuestra virtud y se aprecia el valor de nuestra perfección. Decía el B. Padre Juan de Avila "que vale más en la adversidad un gracias a Dios, un bendito sea Dios, que seis mil gracias de bendiciones en la prosperidad". 

Además, no sólo debemos recibir con resignación los trabajos que directamente nos vienen de la mano de Dios, como las enfermedades, las desolaciones de espíritu, la pobreza, la muerte de los parientes, sino también las que nos vienen por medio de los hombres, como son los desprecios, las calumnias, las injusticias, los hurtos y toda suerte de persecuciones. No debemos perder de vista que cuando alguno nos ofende en la fama, en la honra o en la hacienda, si bien Dios no aprueba el pecado del ofensor, quiere, esto no obstante, nuestra humillación, nuestra mortificación y pobreza. Es cierto, y de fe, que nada sucede en el mundo sino por voluntad y permisión de Dios. Yo soy el Señor, dice por Isaías, que formó la luz y creó las tinieblas; yo soy el que hago la paz y envío los castigos (Is., XLV, 6). De la mano de Dios nos vienen todos los bienes y todos los males, es decir, las cosas que nos molestan y que falsamente llamamos males: porque en realidad son bienes, cuando las aceptamos como venidas de parte del Señor. ¿Descargará alguna calamidad sobre la ciudad, pregunta el profeta Amós, que no sea por disposición del Señor? (III, 6). De Dios vienen los bienes y los males, había ya dicho el Sabio, la vida y la muerte, la pobreza y la riqueza (Eccli., XI, 14)

Verdad es, como acabamos de decir, que cuando un hombre te ofende injustamente, Dios no quiere el pecado que el otro comete, ni aprueba la malicia de su voluntad, aunque el Señor presta su general concurso a la acción material del que te injuria, te roba o te hiere; por tanto, el trabajo que padeces ciertamente lo quiere Dios y por su mano te lo envía. Por eso dijo el Señor a David que El era el autor de las injurias que debía causarle Absalón, hasta el punto de quitarle en su presencia a sus mujeres, en castigo de sus pecados. Yo, le dijo el Señor, haré salir de tu propia casa los desastres contra ti, y te quitaré tus mujeres delante de tus ojos, y dárselas he a otro (II Reg., XII, 1). También predice a los hebreos que, en justo castigo de sus iniquidades, lanzará contra ellos a los asirios, para que los despojen y arruinen. ¡Ay de Asur! , dice el Señor por Isaías, vara y bastón de mi furor, enviarle he contra un pueblo fementido, y daréle mis órdenes para que se lleve sus despojos, y le entregue al saqueo y le reduzca a ser pisado como el polvo de las plazas (Is., X, 5). La impiedad de los asirios era como una hacha en manos de Dios para castigar a los israelitas. Y el mismo Jesucristo dijo a San Pedro que su Pasión y Muerte no tanto le venía de la malicia de los hombres, como de la voluntad de su Padre, El cáliz que me ha dado mi Padre, le dijo, ¿he de dejar yo de beberlo? (Jo., XVIII, 11)

Cuando el mensajero (algunos quieren que sea un demonio) fue a anunciar al santo Job que los sabeos le habían robado toda su hacienda y que habían sido muertos todos sus hijos, ¿qué respondió? Estas muy expresivas palabras: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó (Job., I, 21). No dijo, el Señor me ha dado los bienes y los hijos, y los sabeos me los quitaron; sino que, con mejor acuerdo, dijo: "El Señor me los dio, el Señor me los quitó"; porque sabía muy bien que la pérdida sufrida era conforme a su soberana voluntad, y por eso añadió: Se ha hecho lo que es de su agrado; bendito sea el nombre del Señor. 

Por consiguiente, los trabajos que pesan sobre nosotros debemos mirarlos, no como cosas que suceden al acaso y por la sola malicia de los hombres, sino que debemos estar persuadidos de que cuanto sucede es por voluntad de Dios. "Todo cuanto nos acaece contra nuestra voluntad, dice San Agustín, hemos de convencernos que todo sucede por voluntad de Dios. Cuando Atón y Epicteto, preclaros mártires de Jesucristo, eran torturados por el tirano con uñas de hierro, que araban sus carnes, y teas encendidas que abrasaban su cuerpo, no decían más que estas palabras: "Cúmplase, Señor, en nosotros tu santísima voluntad". Y cuando llegaron al lugar del último suplicio, alzando la voz, añadieron: "Bendito seas, Dios eterno, porque nos ha dado la gracia de que se cumpla por entero en nosotros tu voluntad". 

Refiere Cesáreo que en cierto monasterio había un monje que, no obstante llevar vida ordinaria y no más austera que los demás, había alcanzado tal grado de santidad, que con sólo tocar sus vestiduras sanaban los enfermos. Maravillado el Superior de lo que veía, llamólo un día aparte, y le preguntó por la causa de hacer Dios por él tantos milagros, siendo así que no llevaba vida más santa y ejemplar que los otros. "Tampoco dejo yo de maravillarme, respondió el monje, de lo que hago. —Pero, ¿cuáles son tus devociones y penitencias, tornó a preguntar el Abad. A lo que el buen religioso contestó, que bien poco o nada era lo que hacía; pero tenía particular empeño en conformarse en todo con la voluntad de Dios, y que el Señor le había otorgado la singular merced de abandonarse en manos del querer de Dios. Ni las cosas prósperas me levantan ni las adversas me abaten, porque yo las recibo todas como venidas de las manos de Dios, y a este fin enderezo mis oraciones, esto es, para que se cumpla en mí toda su perfección santísima. —Pero, ¿no te turbaste e inquietaste el otro día, prosiguió preguntando el Superior, cuando aquel caballero, nuestro contrario, nos arrebató los medios de subsistencia pegando fuego a nuestra granja donde teníamos nuestro trigo y nuestra hacienda? —No, Padre mío, replicó el monje, antes dí gracias al Señor, como acostumbro hacerlo en semejantes casos, sabiendo como sé que todo lo hace o permite para su mayor gloria y para nuestro mayor provecho, y de esta suerte vivo siempre contento en todos los sucesos de la vida." Después de oír estas palabras, ya no se maravilló el Abad que obrase tan grandes milagros aquella alma que tan identificada estaba con la voluntad de Dios. 

 San Alfonso María de Ligorio

sábado, 17 de mayo de 2014

CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS I - SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO



I
Excelencia de esta virtud 

Toda nuestra perfección está cifrada en amar a nuestro amabilísimo Dios, según aquello de San Pablo: Tened caridad, que es vínculo de perfección (Col., III, 14). Pero toda la perfección del amor está fundada en conformar nuestra voluntad con la voluntad de Dios; porque este es el efecto principal del Amor, dice San Dionisio Areopagita, unir la voluntad de los amantes de suerte que no tengan más que un solo querer y no querer. Por consiguiente, tanto más amará el alma a Dios cuanto más unida esté con su divina voluntad. Verdad, es que agradan al Señor las mortificaciones, las meditaciones, las comunicaciones, las obras de caridad que ejercitamos con el prójimo; pero solamente cuando están conformes con su voluntad santísima; de lo contrario, lejos de ser de su agrado, las detesta y las juzga dignas de castigo. 

Si un amo tuviera dos criados y uno de ellos trabajara sin tregua ni descanso, pero siempre a su gusto y según su capricho, y el otro, aunque se afanara menos, se esmerase en hacerlo todo conforme a la obediencia, a buen seguro que el amo tuviera en más aprecio al segundo que al primero. Si nuestras obras no están hechas según el beneplácito del Señor, ¿cómo podrán redundar en gloria suya? No quiere Dios los sacrificios, sino que se acate su santísima voluntad. ¿Por ventura el Señor, dijo Samuel a Saúl, no estima más que los holocaustos y las víctimas el que se obedezca a su voz? Es como crimen de idolatría el no querer sujetarse al Señor (1 Reg., XV, 22. (2) Hebr. X, 5)

El hombre que quiere obrar por propio antojo, con independencia de Dios, comete una especie de idolatría, porque en este caso, en vez de adorar la voluntad de Dios, adora en cierto modo la suya.

Añádase a esto que la mayor gloria que podemos dar a Dios es cumplir en todo su santísima voluntad. Esto de buscar la gloria de su Padre, fue lo que principalmente vino a enseñar con su ejemplo nuestro Redentor, cuando del cielo bajó a la tierra. Al entrar en el mundo, según el Apóstol, se expresó de esta manera: Tú no has querido sacrificio, ni ofrenda; mas a mí me has apropiado un cuerpo... Entonces dije. Heme aquí que vengo... para cumplir, ¡oh Dios!, tu voluntad. Has rehusado las víctimas que los hombres te ofrecían; ya que es tu voluntad que te sacrifique el cuerpo que me has dado, pronto estoy a cumplirla. Y no pocas veces aseguró que había bajado a la tierra, no para hacer su voluntad,sino la de su eterno Padre. He bajado del cielo, ha dicho por San Juan, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió (Joan, VI, 38). Y para que el mundo entendiese el amor inmenso que tenía a su Padre, se ofreció, por sujetarse a su voluntad, a padecer muerte de cruz para salvarnos Esto cabalmente fue lo que dijo cuando en el Huerto salió al encuentro de sus enemigos que iban a prenderlo para conducirlo a la muerte. Para que conozca el mundo, dijo, que amo a mi Padre y que cumplo con lo que me ha mandado, levantaos y vamos (Ibid ., XIV, 31). Y dijo también que solamente reconocería por hermanos suyos a los que cumpliesen su voluntad divina. Aquel que hiciese la voluntad de mi padre..., éste es mi hermano (Matth., XII, 50)

Todos los santos, convencidos de que en ello estaba cifrada la perfección cristiana, han puesto su afán y todo su intento en cumplir la voluntad de Dios. Decía el B. Enrique Susón "que Dios no exigía de nosotros que tuviéramos abundantes luces, sino que en todo nos sometiésemos a su voluntad". Y Santa Teresa añade: "Toda la pretensión de quien comienza oración... ha de ser trabajar y determinarse y disponerse a hacer su voluntad, conformar con la de Dios. En esto consiste toda la mayor perfección que se puede alcanzar en el camino espiritual. Quien más perfectamente tuviere esto, más recibirá del Señor y más adelante está en este camino (Moradas 2). La B. Estefanía de Soncino, religiosa dominica, fue un día trasladada en admirable visión al cielo, y vió las almas de algunos difuntos, que ella había conocido, sentadas entre los serafines, y le fue revelado que aquellas almas habían sido levantadas a tan alto grado de gloria porque mientras vivieron en la tierra habían estado íntimamente unidas a la voluntad de Dios. El B. Enrique Susón también decía: "Prefiero ser el más vil gusanillo de la tierra por voluntad de Dios, que serafín en el cielo por mi propia voluntad."

Mientras vivimos en el mundo, debemos aprender de los santos del cielo a amar a Dios. El amor puro y perfecto que los bienaventurados tienen en la gloria los inclina a conformar en todo su voluntad con la del Señor. Si los serafines entendieran que era voluntad de Dios el que se ocuparan por toda la eternidad en amontonar las arenas de las riberas del mar o en cultivar los jardines de la tierra, en ello pondrían todo su placer y todo su contento. Aún más; si Dios les manifestase que era de su agrado que se arrojaran al fuego abrasador del infierno, inmediatamente se arrojarían a aquel abismo sin fondo, para hacer la voluntad de Dios. Por esto Jesucristo nos enseñó a pedir la gracia de cumplir su voluntad en la tierra, como lo hacen los bienaventurados en el cielo, diciendo: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.

El Señor llamó a David hombre según su corazón, porque ejecutaba lo que entendía era de su agrado. He hallado a David, dice, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos (Act., XIII, 22).

En efecto, el Santo Rey estaba siempre dispuesto a seguir la voluntad divina, como él mismo lo asegura cuando dice: Dispuesto está mi corazón, Dios mío, mi corazón está dispuesto (Ps., LXI, 8). Y no cesaba de pedir al Señor que le enseñase a cumplir su voluntad. Enséñame a hacer tu voluntad (Ps., CXLII). Un solo acto de perfecta conformidad con la voluntad de Dios basta para santificar un alma. Cuando San Pablo perseguía a la Iglesia, le iluminó Jesucristo y lo convirtió. Para conseguirlo, ¿qué es lo que hizo San Pablo? ¿Qué es lo que dijo? No hizo más que ofrecerse a cumplir la voluntad de Dios. Señor, dijo, ¿qué quieres que haga? (Act., IX, 6). Y en aquel mismo instante le proclamó Jesucristo vaso de elección y apóstol de los gentiles. Ese mismo es ya un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre delante de todas las gentes (Ibid., 15)

Y esto no es de maravillar, porque el que da a Dios su voluntad, se lo da todo; el que da limosnas da al Señor parte de sus bienes; el que se mortifica le da su sangre; el que ayuna le ofrece su alimento; pero el que le entrega su voluntad le da no sólo parte de lo que tiene, sino que se lo da todo. Entonces puede con toda verdad decirle: Pobre soy, Dios mío, pero os doy todo lo que poseo, porque dándoos mi voluntad no tengo más que daros. Esto es justamente todo lo que el Señor pide de nosotros: Hijo mío, nos dice, dame tu corazón (Prov., XXIII, 26); esto es: tu voluntad. Dice San Agustín que no podemos hacer ofrenda más agradable a Dios que decirle: Tomad, Señor, posesión de mí, os doy toda mi voluntad; dadme a entender lo que de mí queréis, que pronto estoy a ejecutarlo. 

Si queremos colmar los deseos del corazón de Dios, procuremos en todo conformarnos con su santísima voluntad; y no sólo debemos conformarnos, sino también identificar nuestra voluntad con la suya; conformar nuestra voluntad con la de Dios es unir la nuestra con la suya; pero el identificarnos con ella exige más, exige que de la voluntad de Dios y de la nuestra hagamos una sola, de suerte que no queramos más que lo que Dios quiere, y nuestra voluntad sea la voluntad de Dios. 

Esto es lo más subido de la perfección a la cual debemos siempre aspirar. A esto debemos enderezar todos nuestros deseos, todas nuestras meditaciones y plegarias. Esto es lo que debemos pedir por intercesión de nuestros Santos Patronos, por medio de nuestros Ángeles Custodios, y sobre todo por mediación de María, Madre de Jesús, la cual fue más perfecta que todos los Santos, porque estuvo unida con más perfección que ellos a la voluntad de Dios.

 San Alfonso María de Ligorio

HIMNO DE LA LEGIÓN ESPAÑOLA - EL NOVIO DE LA MUERTE



Letra.

Nadie en el campo sabía 
quien era aquel legionario 
tan audaz y temerario 
que se alistó en la Legión. 

Nadie sabía su historia, 
más la Legión presumía 
que un gran dolor le mordía 
como un lobo, el corazón. 

Más si alguno quien era le preguntaba 
con dolor y rudeza le contestaba: 

Soy un hombre a quien la suerte 
hirió con zarpa de fiera; 
soy un novio de la muerte 
que va a unirse en lazo fuerte 
con tan leal compañera. 

Cuando más recio era el fuego 
y la pelea más fiera 
defendiendo su Bandera 
el legionario avanzó. 

Y sin temer al empuje 
del enemigo exaltado, 
supo morir como un bravo 
y la enseña rescató. 

Y al regar con su sangre la tierra ardiente, 
murmuró el legionario con voz doliente: 

Soy un hombre a quien la suerte 
hirió con zarpa de fiera; 
soy un novio de la muerte 
que va a unirse en lazo fuerte 
con tan leal compañera. 

Cuando, al fin le recogieron, 
entre su pecho encontraron 
una carta y el retrato 
de una divina mujer. 

Y aquella carta decía: 
"...si algún día Dios te llama 
para mi un puesto reclama 
que a buscarte pronto iré". 

Y en el último beso que le enviaba 
su postrer despedida le consagraba. 

Por ir a tu lado a verte 
mi más leal compañera, 
me hice novio de la muerte, 
la estreché con lazo fuerte 
y su amor fue mi ¡Bandera!

HISTORIA DEL HIMNO. EL NOVIO DE LA MUERTE.

viernes, 16 de mayo de 2014

MILAGROS Y PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN - 23


PADECE GRAVES ENFERMEDADES UNO QUE SE MOFA DEL ESCAPULARIO 
Y SANA LUEGO QUE LO VISTE ARREPENTIDO 

El Rvdo. P. Fr. Pablo de los Santos nos dice que en Praga había un caballero noble, llamado don Juan Bta. Castelo, cuya esposa, doña Bárbara, era devotísima del Santo Escapulario y muy observante en todo cuanto se prescribe para lucrar la Indulgencia Sabatina, de todo lo cual se burlaba el incrédulo esposo, tomándolo a burla y chacota. Sufríalo y soportábalo con gran paciencia la devota señora, pero un día le dijo: "No tomes a chanza y burla las cosas de la Virgen Santísima, no sea que atraigas sobre ti la cólera y el enojo del Señor." Y nunca tal dijera ni pensara, pues de allí a pocos días le sobrevino una penosa enfermedad, que se fue agravando día por día, hasta perder del todo la vista. Seis meses estuvo así, sin la menor esperanza de remedio, aunque llamó a los más célebres doctores de toda su patria. 

Viéndose en tan lamentable estado, comenzó a cavilar en lo presto que perdió su salud luego que su esposa le sugirió aquella fatídica sentencia. Mas Dios nuestro Señor, que le quería con salud, pero arrepentido, comenzó a infundirle la luz en su alma, a fin de que, conociendo sus yerros, pidiese perdón a Dios arrepentido, poniendo por intercesora a nuestra dulce Madre María. Estando embebido y ensimismado en semejantes ideas, se quedó transportado en un dulce sueño, logrando en él la mejor receta para su salud, pues con la viveza con que el sueño representa las cosas vio a la Virgen Santísima con hábito del Carmen, diciéndole que se impusiera cuanto antes el Santo Escapulario y que con él, juntamente con la vista, recibiría perfecta salud en su alma. Vuelto en sí, contó a su devota esposa lo que le había pasado. Y ella, enajenada de gozo y anhelando que recibiera el Escapulario, llamó inmediatamente a su confesor, el cual se lo impuso, recibiendo al par su confesión más humilde y fervorosa, y al momento de recibir la Sagrada Comunión recuperó de súbito la vista, manifestando el efecto milagroso que la receta, aunque soñada, tuvo un efecto rápido, eficaz y prodigioso. 

Este ejemplo nos manifiesta cuánto abomina Dios el que se tome a burla lo que pertenece a la gloria de su Madre y cuántas gracias hemos de dar a nuestra Madre por conservarnos la fe y el fervor y la esperanza en sus divinas promesas. 

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.

sábado, 10 de mayo de 2014

MILAGROS Y PRODIGIOS DEL SANTO ESCAPULARIO DEL CARMEN - 22


EL VENERABLE SIERVO DE DIOS FRANCISCO DE YEPES Y LA 
INDULGENCIA SABATINA 

Entre las muchas revelaciones del venerable siervo de Dios Francisco de Yepes, hermano del místico doctor San Juan de la Cruz, nos refiere el autor de su admirable vida, José de Velasco, que, como muriese en olor de santidad en la ciudad de Medina del Campo, el venerable terciario Carmelita, Antonio de Santiago, varón de eximias virtudes, y al que unía una estrechísima amistad espiritual con el siervo de Dios Francisco de Yepes, ambos en vida habían hecho un pacto común, por el cual se comprometían, el que de los dos muriese primero, a aparecerse lo antes posible a su amigo, para manifestarle el estado de su alma en la otra vida, si Dios fuese servido de concederles tal gracia. 

Y, en efecto, el sábado inmediato a la muerte de Antonio Santiago, el cual había muerto a los treinta años, lleno de virtudes y méritos, como estuviese al rayar el alba orando ante el sagrario el siervo de Dios Francisco de Yepes, sintió cerca de sí una fragancia deliciosa, de suavísimo y exquisito olor, y vio luego, muy cerca de sí, a su amigo Antonio, el cual, con el rostro resplandeciente de gloria, le dijo : " ¡ Oh, amable y fiel amigo Francisco, págueos Dios, a ti y a los demás hermanos lo que ante Dios habéis hecho por mí después de muerto! 

" ¡ Oh, hermano mío! ¡ Si conocieseis lo que en el Purgatorio se pasa! 

"Sabed, hermano, que luego que mi alma salió de su cuerpo, fuí llevado al Purgatorio, y en un día y dos noches que allí estuve, padecí grandísimos tormentos y penas acerbísimas, y hoy, sábado, al amanecer me sacó de las grandes penas que pasaba la Madre de Dios del Carmen, por su gran indulgencia sabatina." Y dicho esto desapareció de la vista de su amigo, a quien luego se le apareció repetidas veces, radiante de gloria, para animarle a conseguir muy presto el Cielo.

Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen 
por el P. Fr. Juan Fernández Martín, O.C.

viernes, 9 de mayo de 2014

PROFECÍA DE SAN ISIDORO


San Isidoro, Arzobispo de Sevilla. 
(560-635)

«En los últimos días reinará sobre la gran España un rey doblemente dotado de piedad... Combatirá contra las impurezas de las Españas... Reinará sobre la casa de Agar... [musulmanes]. Será un gran monarca».

El Tiempo que se Aproxima.
P. José Luis Urrutia S.J.