sábado, 28 de noviembre de 2020

EL SATANISMO Y LOS JUEGOS DE SATAN


Definición

Definir es propiamente limitar. La palabra satanismo empleada o insinuada por nosotros tantas veces desde las primeras páginas de este libro puede tener varios sentidos. Podemos en efecto considerar a Satán bajo el aspecto de amo o príncipe de este mundo. Es el nombre que Jesucristo le da en tres ocasiones en el Evangelio. Pero acabamos justamente de tratar este punto de vista. ¿En qué medida está presente Satán en el universo nuestro? Hemos dicho que esto varía según las razas, los países, las civilizaciones, los regímenes políticos. El vocablo satanismo puede también significar la imitación de Satán por el pecado, y hemos recordado la frase de Gregorio el Grande según la cual todos los que cometen pecado, durante el tiempo que obedecen al pecado, son miembros del "cuerpo místico” de Satán. No nos incumbe conocer la cantidad de hombres que viven en "estado de gracia", es decir, que están sustraídos, hic et nunc, a la influencia de Satán. Pero tenemos el derecho de suponer que es mucho mayor de lo que pensamos, sobre todo si admitimos que los pecadores no son frecuentemente más que hombres que han dado un paso en falso, o han sufrido una caída, pero que no desean por tan poco permanecer bajo el poder de Satán.

Por fin, la palabra satanismo puede significar el culto rendido a Satán, no por un pecado ocasional y muy rápidamente lamentado y reparado, sino por una adhesión formal y voluntaria.

 

Dos formas de satanismo

Pero aquí, distinguimos inmediatamente dos formas de satanismo, bastante diferentes una de la otra; está el satanismo de los que no creen en Satán, como no creen en Dios, y que por consecuencia no rinden culto, propiamente dicho, a Satán, aunque toda su vida se desarrolle de acuerdo con los principios y las sugerencias de Satán.

 Para esta primera forma de satanismo es exacto decir la frase tan frecuentemente repetida y de la cual hemos indicado los límites: "¡La mejor astucia de Satán es la de hacer creer que no existe!" Papini cita a este respecto las palabras del filósofo Alain, en 1921:

"El diablo ha sufrido la misma suerte que todas las apariciones . . . La misma guerra, por lo que yo he visto, no ha hecho revivir ni un ápice al diablo y sus cuerpos." 1

Pero es completamente inútil detenernos en esta primera forma de satanismo. Es puramente negativa. Se encuentra, además, sin la menor mala intención, hasta en excelentes cristianos que no saben que están en oposición con la ortodoxia y con el Evangelio.

Lo que debemos estudiar es el satanismo bajo sus formas activas. Hablamos en plural porque parece que existieron en el transcurso de los siglos, y sin duda siguen hasta en nuestros tiempos, por lo menos dos formas muy distintas de satanismo activo: el satanismo-religión y el satanismo-magia.

 

El satanismo-religión

En cuanto reflexionamos sobre el asunto no podemos dejar de llegar a esta comprobación asombrosa: ¡La historia del satanismo-religión se confunde con la historia de las religiones!

Esta conclusión es tan enorme que requiere una explicación.

La historia de las religiones está muy adelantada actualmente en sus investigaciones. No habla mucho en general de Satán. Los demonios no tienen en ella más que un lugar muy restringido. El historiador de las religiones se dedica a describir objetivamente las creencias religiosas de los pueblos, a nombrar a los dioses, a indicar los atributos de cada una de las divinidades adoradas por tal o cual grupo humano. Expone los ritos mediante los cuales se honraba a los dioses. No llega en principio a un juicio de valor. No hace metafísica y menos teología cristiana.

Pero ¿podemos evitar aquí de recurrir a esta última? Puesto que hablamos de Satán y de su presencia en el mundo, ¿no debemos colocarnos en el punto de vista cristiano, el único punto de vista según el cual Satán está exactamente situado donde se halla, efectivamente, en el cuadro general de los seres?

 ¿Qué dice, pues, el Evangelio? ¿Qué han dicho los Padres de la Iglesia? ¿Qué enseña la teología cristiana con respecto al tema de las religiones paganas?

El Evangelio, y nunca podríamos insistir bastante sobre esto, da a Satán ese título increíble y sin embargo necesariamente cierto, puesto que es Jesús en persona quien se lo da: ¡Príncipe de este mundo! ¿Cómo semejante título puede pertenecer a Satán, si las divinidades paganas no son lisa y llanamente demonios?

Los Padres de la Iglesia lo han comprendido así, unánimemente. Para ellos no existe la menor duda sobre este punto. Los dioses paganos son demonios. Los oráculos paganos, los de Dodona o de Delfos, y los otros que son menos célebres, son oráculos demoníacos, manifestaciones de satanismo.

La teología cristiana ha adoptado, naturalmente, este punto de vista. La descripción histórica de los paganismos antiguos o modernos no es para nosotros una diversión del espíritu, una curiosidad literaria cualquiera, sino la comprobación deplorable de la dominación de Satán entre los hombres.

¿Cómo ha podido hacerse esta toma de posesión de las adoraciones y de las imploraciones humanas por Satán y sus demonios? Parece haberse hecho insensiblemente, por un deslizamiento inconsciente, por una especie de realismo rudimentario. Los historiadores de las religiones, en efecto, admiten, en general, que en todas las religiones, la existencia de un Dios supremo, de un Dios soberano, todopoderoso y todo bondad, está reconocida, pero que estas mismas religiones relegan casi siempre a este Dios a una lejanía, y reservan los homenajes a todo un mundo de divinidades inferiores, buenas o malas, que se saben subordinadas al Dios soberano, pero que se consideran más próximas a nosotros, más mezcladas a nuestro destino, más útiles, por consiguiente, para invocar o para conjurar.

Finalmente, en buen número de paganismos, son las fuerzas malhechoras las que se considera más urgente conciliar y a las cuales se ofrecen sacrificios rituales.

Este "realismo" rudimentario, esta manera de recurrir, en cierto modo, a lo más urgente, parece haber sido el origen de todas las mitologías paganas, de todos los ritos paganos, y de sus mezclas ulteriores en sincretismos prácticos de los cuales el Partenón de Agripa nos da un indicio.

Lo que es indudable es que a los ojos de los judíos, y mucho más aún de los cristianos, todas las divinidades no podían ser más que demonios. De ahí la lucha heroica de parte de los judíos en tiempos de los Macabeos, sobre todo, y de parte de los cristianos durante todo el período de las persecuciones sangrientas. De ahí esta especie de horror sagrado que los cristianos sentían frente a lo que ellos llamaban los "ídolos", es decir, los vanos simulacros del culto demoníaco pagano.

Desde el punto de vista que adoptamos aquí es, pues, evidente que la historia de las religiones (si ponemos a un lado la única religión verdadera, la de los Patriarcas, luego la de Moisés y por fin la religión cristiana) no es otra cosa que la historia del satanismo. Y es sólo así que podemos comprender la expresión: Príncipe de este mundo, atribuida por Cristo a Satán.

Cuando comparamos la exigüidad del culto del verdadero Dios, de Yahweh primero, luego del Verbo encarnado, a la inmensidad del dominio de los falsos dioses, nos vemos obligados a reconocer que si Jesús es el verdadero Rey, tuvo mucha razón en decir: "Mi reino no es de este mundo."

Y comprendemos así la insistencia con la cual, en las ceremonias del bautismo cristiano, se multiplicaban — y todavía se multiplican — los exorcismos para expulsar al demonio. Dichos exorcismos se encuentran en innumerables ocasiones en la liturgia católica. Cuando un sacerdote "hace" agua bendita, pronuncia sobre la sal que va a mezclar con ella las palabras siguientes:

"Te exorcizo, sal creada por el Dios viviente . . ., para que te conviertas en sal exorcizada para la salvación de los creyentes; para que seas, para las almas y los cuerpos de todos los que te usarán, un elemento de bienestar; para que de todo lugar donde hayas sido repartida sea alejada, echada, toda ilusión, toda malicia y toda emboscada del Demonio engañador, así como todo espíritu, inmundo, conjurado por Aquel que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, y al mundo por el fuego. «¡Así sea!»"

Luego dice, igualmente, sobre el agua que va a bendecir:

"Te exorcizo, agua creada en el nombre de Dios, Padre todopoderoso . . ., para que te conviertas en agua exorcizada que aleje toda potencia enemiga; para que también seas capaz de alejar y desarraigar al Enemigo mismo, con sus ángeles apóstatas, por la virtud misma de ese mismo Jesucristo, Nuestro Señor . . ."

Y además:

"Oh Dios, que para salvación del género humano has mezclado la substancia del agua a tus más grandes misterios, atiende en tu misericordia nuestra invocación para que esta criatura que es tuya reciba de la gracia divina el poder de alejar los demonios.  

Por fin, en el día de la bendición de las aguas, en la magnífica liturgia del Sábado Santo, se repite entre otras cosas:

"Ordena, Señor, que todo espíritu impuro se retire de aquí: aleja de este elemento toda la malicia y todos los artificios del demonio.

"Que la potencia enemiga no se mezcle con estas aguas; que no ronde alrededor de ellas y no se deslice en ellas secretamente; para infestarlas y corromperlas. Que esta criatura santa esté a cubierto de todo ataque del Enemigo, purificada por la expulsión de toda malicia.  

¿Quién puede dudar que en estas fórmulas la fe de la Iglesia esté afirmada con ostentación?

Pero dirán, ésas no son más que frases, residuos de antiguas creencias que no constituyen quizás a los ojos de los hombres de nuestra época más que supersticiones. A lo cual contestamos con hechos. En todos los casos de posesión que hemos relatado, todos los testimonios de los exorcistas y los testigos de sus intervenciones son categóricos: no es posible asperjar a un poseso o una posesa con agua bendita sin que el espíritu maligno que está en ellos acuse recibo del ataque que se le está haciendo: "¡Me quemas! ¡Me quemas!", grita. Hay, pues, en el agua bendita una virtud actuante que hace anular las secretas acciones demoníacas. Y esto nos conduce a otro aspecto del satanismo.

 

El satanismo-magia

Se admite corrientemente que siempre hubo también un satanismo-magia, paralelo al satanismo-religión que hemos indicado brevemente. A decir verdad, no han faltado especialistas de la historia de las religiones y los cultos, que no hayan pensado y enseñado que la magia había, inclusive, precedido a la religión, que había sido la primera forma de ella, que todas las religiones paganas derivaban de la magia. Pero esta opinión parece cada día más descartada y merece serlo. Es muy poco probable que los hombres hayan empezado por la magia para derivar luego hacia la religión propiamente dicha.

 ¿Qué es, en efecto, la magia, en oposición con la religión?

En la religión, el hombre se inclina delante de una potencia superior, la adora, le implora, reconoce su propia debilidad y su impotencia. Admite su subordinación. En los pueblos actualmente más "primitivos", es decir menos evolucionados, que han seguido, pensamos nosotros, más cerca de los orígenes, tales como los pigmeos, esta actitud hacia la divinidad está todavía en vigor. La religión es hasta más pura que en los pueblos más avanzados.

En la magia el hombre se vanagloria de un poder misterioso. Lejos de inclinarse ante la divinidad, cree poder dominarla, inventa y utiliza fórmulas mediante las cuales estima que puede poner a su servicio las fuerzas superiores a las cuales se dirige. La mentalidad del mago —o del brujo, ese hermano gemelo del mago es más rústico— es muy diferente del hombre religioso. ¿Cómo ha podido llegar un hombre a esa mentalidad? Es para nosotros un misterio. La magia es mucho más satanista, creemos nosotros, que la idolatría. En la idolatría, hay un alma de verdad. Se equivocan sobre la naturaleza del objeto que veneran, no sobre la necesidad de una subordinación o de una imploración. ¡No dirigen esos homenajes al verdadero Dios, pero no se equivocan al pensar que esos homenajes son merecidos por Alguien!

En la magia, hay una especie de sacrilegio, un orgullo de poderío verdaderamente satánico. El mago da las órdenes. Sabe que a los dioses les llegará su turno, que harán pagar caro su sumisión pasajera, pero está orgulloso de obligarlos, de hacerse obedecer por lo menos un día, de tener, mientras las cosas vuelven a lo justo, un poder que lo hace temible ante sus semejantes y le otorga ventajas inmediatas.

La magia, sin duda, procede del mismo realismo grosero que la idolatría. Se ha adorado a las divinidades inferiores, es decir a los falsos dioses, en detrimento del único Dios reconocido por los "primitivos", porque esas divinidades estaban más cerca, eran más útiles de invocar y de conciliar, pero algunos han llevado aún más lejos este realismo, han pasado de la religión a la magia, de la sumisión a una especie de pacto implícito que les daba el derecho de dar órdenes a la misma divinidad. El paso de la religión a la magia es una deformación, pero es más natural que el paso de la magia a la religión. Si los hombres hubieran empezado por la magia, no vemos cómo hubieran ido para atrás, en cierto modo, hacia la religión, al implorar a los representantes de fuerzas que creían sometidas a su poder.

He ahí pues dos clases de satanismo bien definidas: el satanismo-religión y el satanismo-magia. En el primero, Satán es el "Príncipe de este mundo", porque el mundo entero se Inclina ante sus altares y le ofrece sacrificios; en el segundo, Satán parece consentir en obedecer a ciertos hombres, cuando emplean ciertas fórmulas o realizan ciertos ritos, pero no pierde nada con ello porque sabe que la magia o la brujería es un pagaré contra los que la practican, de suerte que su dominación sobre ellos será finalmente todavía más completa y absoluta que sobre cualquiera de sus otros adoradores.

 

El satanismo de nuestros días

¿Qué queda en nuestra época de este satanismo secular? Todo el mundo comprenderá que es imposible contestar esta pregunta.

El satanismo-religión, tal cual lo hemos definido, está en vías de desaparecer rápidamente. Los altares de los falsos dioses son cada día menos numerosos en el mundo. Esto no significa que la posesión de Satán se extienda menos, puesto que lo hemos mostrado activo en inmensos imperios. Pero ha cambiado de táctica. Ha debido adaptarse a la evolución general de la humanidad, de la cual no es el amo absoluto, por más que desempeña en ella un importantísimo papel.

La forma más reciente del satanismo es el marxismo ateo. Es satánico por cuanto niega a Dios y al Diablo, por cuanto niega el alma, por cuanto sólo conoce la materia como asimismo la vida presente, y porque mutila al hombre segándolo de su destino de inmortalidad. Satán no tiene qué hacer con el amor de los hombres y de los mismos demonios. Él es el odio. Su triunfo es la expansión del odio. Hoy en día la forma de odio más eficaz, más generalizada, es el marxismo ateo. Odio de clase, odio entre razas, entre los pueblos, odio por todas partes, bajo el disfraz de una preocupación por el proletariado que es totalmente material, así es el marxismo. El satanismo-religión, de este modo, logra extenderse mucho más, es mucho más activo, mucho más pernicioso de lo que ha sido jamás. Sus mentiras son más enormes, sus negaciones más radicales, sus excitaciones más homicidas de cómo se las ha conocido hasta ahora.

Todo el mundo está de acuerdo en que el marxismo es verdaderamente una religión, en el sentido que moviliza en el corazón de todos sus adherentes la totalidad de las fuerzas de celo, abnegación, sacrificio, que se encuentran en las efusiones religiosas.

Pero esta religión no puede ser denominada sino satánica, puesto que se opone radical y furiosamente a la fe en Dios.

Con todo, el satanismo-religión subsiste todavía, en estado de idolatría, en los pueblos que parecen, por lo demás, abiertos como cosa natural a la invasión próxima del marxismo-ateo ¡sin que conozcan para nada a Karl Marx!

 

Satanismo propiamente dicho

Aparte de este satanismo-religión, que es, o ateísmo marxista o animismo anticuado, existe un satanismo refinado y malsano, mucho menos extendido, mucho más oculto y difícil de descubrir y que es  una adoración voluntaria y razonada de Lucifer. No pretendemos tener datos precisos sobre este satanismo en nuestros días. Todo cuanto podemos decir es que se trata del satanismo de los ritos sacrílegos, de las blasfemias conscientes, de las adoraciones monstruosas, de las "misas negras", por ejemplo, es decir de las profanaciones sistemáticas y calculadas que "parodian" los homenajes rendidos a Dios por los creyentes más esclarecidos y más sinceros, para rendirle a Lucifer otros semejantes.

Tendremos una idea del satanismo de esta clase, releyendo una nota publicada en el Satán de los Estudios carmelitanos (pág. 639).

"No podemos explayarnos — dice esta nota — sobre todos los satanistas o seudosatanistas de nuestros días. La prensa inglesa del 2 de diciembre de 1947, anunció la muerte de «Sir» Aléister Crowley, el personaje «más inmundo y más perverso de Gran Bretaña» como lo calificó «Mr. Justice»."

Interrogado sobre su identidad, Crowley respondió: "¡Antes que Hitler fuera, YO SOY/" — Se advertirá esta "payasada" de las palabras del Evangelio—. Antes de dejar este mundo, dicho brujo septuagenario maldijo a su médico que le rehusaba, con mucha razón, la morfina, porque él la distribuía entre los jóvenes: "Puesto que debo morir sin morfina por causa suya, usted morirá en seguida después de mí." Lo cual ocurrió. El Daily Express del 2 de abril de 1948, anunció que los funerales del mago negro Crowley habían provocado las protestas del Consejo Municipal de Brighton. El Consejero, señor J. C. Sherrot, dijo: "El informe afirma que sobre su tumba fue practicado todo un rito de magia negra." Sobre la tumba, efectivamente, sus discípulos habían entonado cantos diabólicos: el "Himno a Pan" del mismo Crowley, el "Himno a Satán" de Carducci y las Colectas para la "misa gnóstica" compuestas por Crowley para su templo satánico de Londres.

Igualmente la prensa inglesa el 30 de marzo de 1948, dedicó necrologías importantes al famoso metapsíquico Harry Price, especialista en demonología. En un informe ratificado por la Universidad de Londres, Price declaró: "En todas las zonas de Londres, centenares de hombres y mujeres, de excelente formación intelectual y de condición social elevada, adoran al Diablo y le rinden un culto permanente. La magia negra, la brujería, la evocación diabólica, estas tres formas de «supersticiones medievales» son practicadas hoy en Londres en una escala y con una libertad de movimiento desconocidas en la Edad Media." Price fue el fundador y secretario a perpetuidad del Consejo para Investigaciones Psiquiátricas, de la Universidad de Londres.

"A. Frank-Duquesne nos señala, también, entre las curiosidades «demoníacas» actuales, el informe del profesor Paul Kosok, de la Universidad de Long-Island, publicado en los Anales del Museo Norteamericano de Historia Natural, referente a una exploración realizada en el Perú, en 1946. Los exploradores descubrieron, sobre quinientos kilómetros de tierra arenosa y desértica, una doble serie de dibujos, representando unos los signos del zodíaco, otros los pájaros, plantas, y sobre todo, serpientes policéfalas. En el centro del dibujo de la Serpiente, se halla una fosa inmensa que contiene esqueletos de hombres y animales, visiblemente sacrificados. Se le calcula a todo este conjunto dos mil años de existencia."

Si hemos reproducido esta importante nota por entero, es sobre todo en razón de las dos primeras paráfrasis y de lo que ellas nos han revelado de los "círculos satánicos" muy frecuentados en Londres, dirigidos por "satanistas" notorios tales como Crowley y Price. Pero, con toda evidencia, esto no nos da más que una vislumbre muy tenue del satanismo-religión luciferiana de nuestros días. No es solamente cuestión de Londres. Es probable que encontraríamos grupos análogos en todas las grandes ciudades del mundo.

De hecho, se nos asegura que en París existen actualmente más de diez mil personas — hombres y mujeres — que rinden un culto religioso y regular a Satán. Pero está en la naturaleza de las religiones de esta clase huir de toda luz, revestir el carácter más oculto, y desafiar toda estadística.

Pero los satanistas de los cuales acabamos de hablar no son solamente los jefes del culto luciferiano, también son calificados de magos o de brujos, y esto nos lleva a un examen sumario de la brujería de nuestra época.

 

El satanismo-magia actual

Aparte de los grandes magos-luciferianos que acabamos de nombrar y de los que podemos sospechar como ejerciendo su acción solapada en nuestras sociedades modernas, existen además en nuestras campiñas, en cantidad imposible de determinar, pero que tal vez sea mayor de lo que pensamos, "brujos" rurales, cuyos libros de cabecera son Los secretos del Gran Alberto, Los secretos del Pequeño Alberto, El Dragón Rojo. Los dos primeros de estos libros ocultos han recibido — cosa curiosa — su nombre de la reputación de San Alberto el Grande a quien se le atribuía el conocimiento de todos los secretos de la naturaleza. Hacer pasar abominables fórmulas mágicas bajo el patrocinio de un santo venerado es un ardid bien diabólico. Pero sabemos que más de un brujo de nuestros días, ya lo hemos subrayado, abusa de imágenes piadosas para realizar su fructífero oficio de engañador de multitudes.

Es curioso observar que, en nuestros capítulos anteriores, dedicados a los exorcismos más recientes, hemos encontrado casos de posesión debidos a sortilegios de brujería. Si creemos a los demonios conminados a hablar por nuestros exorcistas, han sido obligados por algún brujo a entrar en tal o cual persona. Estos mismos brujos, por medio de sortilegios repetidos, les impedían ceder a las órdenes formales del exorcismo o los forzaban a volver dentro de la persona a quien las oraciones del Ritual habían liberado por un tiempo.

Todo esto, a decir verdad, permanece muy oscuro para nosotros. Pero los exorcistas más calificados son categóricos sobre este punto.

Ocurre a veces que los tribunales mismos tengan que echar un vistazo furtivo sobre estas prácticas supersticiosas como en el caso de esa pobre mujer que, hace muy poco, mató a su marido porque lo creía hechizado o hechicero.

Pero la justicia humana, evidentemente, no tiene fuerzas para luchar contra esta clase de atentados, porque escapan, en general, a los testimonios humanos y es imposible administrarles la prueba jurídica.

Lo que parece indudable es que existen hombres y tal vez mujeres, que creen, obedeciendo a libros de magia increíbles, ponerse en contacto con Satán, concertar un pacto con él y obtener a este precio poderes excepcionales que les permitan ejercer un oficio lucrativo. La brujería forma parte de lo que podemos llamar el lado nocturno de la vida humana. Siempre existieron, para emplear el vocabulario de San Juan, las tinieblas frente a la luz. La magia habita en las tinieblas. Se oculta, huye de las miradas, no ignora que causa en cualquier ser normal una repugnancia invencible. Pero está orgullosa de lo que cree saber y sobre todo ¡de lo que cree poder!

 

Los juegos de Satán

Aparte del satanismo-religión y del satanismo-magia, existen todavía los "juegos de Satán".

En un discurso ardiente y célebre, San Pedro Crisólogo dijo un día a sus diocesanos de Ravena: "¡El que haya jugado con el Diablo, no podrá reinar con Cristo:"

Hablaba a cristianos, pero a los cuales "el juego con el Diablo" — en este caso los espectáculos inmorales del circo — tentaba a veces.

En nuestros días, como en el siglo V, un cristiano debe saber que no se debe jugar con el Diablo si no se quiere estar expuesto a "no reinar con Cristo". Pero los juegos del Diablo no son seguramente los mismos, en conjunto, que les que denunciaba Pedro Crisólogo. O, si son los mismos, ofrecen en nuestros días aspectos completamente nuevos.

Hemos hablado ya del cinematógrafo y no volveremos a tocar el tema. Tampoco hablaremos más del inmenso abuso de la novela, que es, para cantidad de nuestros contemporáneos, la lectura preferida, y cuyo poder de atracción parece estar en razón directa de la basura que se expone en ella.

Ningún cristiano puede poner en duda que la novela tal cual se escribe y triunfa ante nuestros ojos, con su "realismo" malsano y perverso, sea con demasiada frecuencia "satánica". ¿No es acaso una razón para repetir las palabras proféticas de San Pablo a su discípulo Timoteo?

"Llegará una época en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino, por el contrario, al capricho de sus pasiones y picándoles los oídos, se darán amos en cantidad y volverán el oído de la verdad para inclinarse hacia las fábulas"

¡Ad fabulas convertentur! Sabemos que la palabra latina con la cual se designa a la novela es precisamente ésa: fábula. ¡fábulas!

¡Cuántos de nuestros contemporáneos no buscan su filosofía, su manera de comprender la vida más que en las novelas que leen y enloquecen a menudo sus imaginaciones y sus sentidos!

 

Otros juegos

Hemos dicho lo que el santo cura de Ars pensaba y decía del espiritismo.

Mucho más cerca de nosotros, exactamente el 26 de noviembre de 1955, el padre Berger-Bergés, el exorcista ya nombrado por nosotros, hacía a una posesa las cuatro preguntas siguientes:

1º ¿El espiritismo es una ciencia o una mistificación? ¿Eres tú quien está en el espiritismo?

Respuesta: por un ademán indica lentamente con la mano ¡que es él!

2º ¿Las mesas giratorias? ¿Eres tú quien las hace girar?

Respuesta: sí, pero no estoy completamente solo; ¡son necesarias las personas alrededor de la mesa! ¡Estamos juntos!

3º En el espiritismo hay escritos firmados Marco Aurelio. ¿Quién firma Marco Aurelio? ¿Eres tú o alguno de los tuyos? . . . (Insisto firmemente, dice el padre Berger. . . No contesta, no quiere contestar, me dice, y finalmente me declara que no tiene permiso para contestar. Después de haber, sin embargo, esbozado un pequeño ademán que me pareció descubrir y que lo señalaba a él mismo, hace como alguien que contesta a escondidas ¡para que Dios no vea nada!. . .)

4º ¿Y las que leen las cartas? Quid?

Satán contesta: "¡Y bien! ¡Es necesario que las gentes se ganen la vida!" Y deja entender que los naipes también son uno de los medios por los cuales él halaga la estupidez humana.

Y esto nos invita a echar una rápida ojeada sobre este aspecto extraño de nuestro tiempo; recurrir a la adivinación, que nos retrotrae a las modalidades más infantiles de los paganismos antiguos.

 

La adivinación: cosa satánica

Es increíble la expansión actual de la práctica de la adivinación popular, bajo las formas más diversas. Se dan las cifras siguientes para los faquires, cartománticos, quirománticas, adivinas: seis mil declaradas a la policía en París solamente y sesenta mil en toda Francia, con una "cifra de negocios" evaluada en sesenta mil millones por lo menos. Sin duda los procedimientos antiguos, el examen de las entrañas de las víctimas, del vuelo de los pájaros, del murmullo del viento en los bosques o de los dibujos que trazan las aguas bullentes en una fuente, han desaparecido para siempre. Pero están los naipes, o el estudio de las líneas de la mano, la interpretación del residuo de las heces de café y otros muchos procedimientos, tan válidos los unos como los otros. Y está, como en la antigüedad, la astrología, que se considera la forma más erudita de discernir los destinos humanos. Existen todavía en nuestros días astrólogos. Y aseguran —no sin imprudencia — que tienen pruebas perentorias del valor de sus predicciones.

La verdad es que todas estas pretensiones son, no solamente vanas, sino rigurosamente absurdas. Son seguramente formas de la "mentira" de la cual el demonio tiene la secular especialidad. A los astrólogos, que podemos considerar como los más distinguidos de los adivinos, nos bastará oponer las palabras de un maestro de la astronomía científica, G. de Vaucouleurs. Hablando, al final de su gran obra La Astronomía, que es de 1948, de las influencias cósmicas sobre los seres vivientes, escribe: "No por cierto las ilusorias, a las cuales los astrólogos intentan colgar sus divagaciones seudocientíficas." Y un poco más lejos comprueba que la astronomía, en el pasado, ha quedado "estrechamente asociada a las supersticiones astrológicas hasta los comienzos de los tiempos modernos (y aún, ¡ay!, actualmente en muchos espíritus subevolucionados)", y con estos términos de desprecio indica bastante la posición de la ciencia de los astros frente a la adivinación astrológica, en la cual se distinguió otrora un Nostradamus, que conserva admiradores fanáticos hasta en nuestros días.

Si esto ocurre con la astrología ¿quién, pues, dará importancia ya, con respecto al porvenir humano, a los encuentros fortuitos de los naipes o a los lineamientos más o menos extraños de las heces del café?

Para un creyente, lo que torna evidente la "mentira" de la adivinación es la certidumbre de que sólo Dios conoce el porvenir. ¿Cómo lo conoce?" ¿Cómo lo que todavía no es, puede ser objeto de conocimiento para Dios, cuando la libertad humana está en juego? ¿Y cómo esta preciencia divina es compatible con nuestra libertad? Todo el mundo sabe que esto constituye uno de los problemas más difíciles de la metafísica general. Digamos con pocas palabras lo que nos parece la única solución pensable. Nuestro mundo no es el único posible. Existen infinidad de mundos posibles, todos diferentes unos a otros. Pero su posibilidad misma viene de que están llevados desde toda eternidad en la Mente del Creador. Y en esta Mente, es decir en el Verbo Divino, estos mundos se desarrollan idealmente al natural, con sus leyes y también con el juego eventual de las libertades creadas. Cuando Dios decreta que tal mundo será existente, es decir, será creado por El, con preferencia a otros, las condiciones de ese mundo no son cambiadas por eso, si no no sería el mundo deseado y visto por Dios. Los actos libres serán en él libres, y sin embargo Dios los habrá visto y los ve en el momento en que se producen. Es en este sentido que Dios conoce el porvenir. Pero como es el único que lleva eternamente los mundos en su mente, Él es evidentemente el único que conoce el porvenir. Querer predecir el porvenir, fuera de los casos milagrosos de profecías divinas, es pues necesariamente diabólico en el sentido en que es una usurpación a Dios. Se deduce que ningún poder de adivinación ha sido depositado en el juego de naipes, en las heces del café, en las líneas de la mano, en las líneas trazadas por la sal sobre la clara de huevo, como tampoco en las "conjunciones" de los planetas y las estrellas en el momento del nacimiento de un ser humano. Lo que se llama en astrología un fatum, y que antaño se llamaba un horóscopo, es pues superchería o superstición.

No sostendremos, ciertamente, que los miles de adivinos y adivinas que ejercen el oficio pretendidamente lucrativo de predecir el porvenir, en París y en todas las grandes ciudades de Francia, sean brujos o brujas vendidos a Satán.

Parecería que la mayor parte de ellos sólo piensan en practicar un oficio que da beneficios, sin pensar que ese oficio es inmoral y probablemente diabólico. Pero no por ello dejamos de tener el derecho de pensar que el demonio saca su provecho de estas aberraciones y que la adivinación bajo sus formas contemporáneas, como asimismo bajo sus formas antiguas, no es más que uno de los "juegos de Satán" en el seno de la humanidad. Y es pues una de las formas actuales del satanismo-magia, en lo que tiene de distinto del satanismo-religión.


Notas

1 En una nota, Papini (obra cit., pág. 14) da la siguiente referencia: "Alain", Propósitos sobre la religión, París, Rieder, 1937, pág. 64.

Presencia de Satán en el mundo moderno

Monseñor Cristiani

sábado, 31 de octubre de 2020

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE DE LOS EE.UU. DE AMÉRICA DONALD J. TRUMP

Domingo 25 de octubre de 2020

Solemnidad de Cristo Rey

Señor Presidente:

Permítame que me dirija a Ud. en estos momentos en que el futuro del mundo está amenazado por una conspiración mundial contra Dios y contra la humanidad. Le escribo como arzobispo, como sucesor de los Apóstoles y como ex nuncio apostólico en los Estados Unidos de América. Me dirijo a Ud. en medio del silencio de las autoridades civiles y religiosas. Espero que acoja estas palabras mías como la «voz del que clama en el desierto» (Jn.1,23).

Como le decía en la carta que le dirigí el pasado mes de junio, el momento histórico que atravesamos contempla a las fuerzas del Mal dispuestas en orden de batalla para librar una guerra sin cuartel contra las del Bien. Fuerzas del Mal que se muestran poderosas y organizadas en oposición a los hijos de la Luz, que están desorientadas y desorganizadas y han sido abandonadas por sus dirigentes temporales y espirituales.

A diario observamos cómo se multiplican las ofensivas de quienes se proponen destruir los cimientos mismos de la sociedad: la familia natural, el respeto a la vida humana, el amor a la patria, la libertad educativa y la libre empresa. Vemos como jefes de estado y dirigentes religiosos contribuyendo al suicidio de la cultura occidental y su alma cristiana, en tanto que se niegan derechos fundamentales de los ciudadanos y los creyentes en nombre de una emergencia sanitaria que cada vez se manifiesta más plenamente como elemento indispensable para la instauración de una tiranía inhumana y sin rostro.

Está en marcha un plan de alcance mundial llamado Gran Reseteo. Lo ha diseñado una élite internacional que se propone subyugar a toda la humanidad imponiendo medidas coactivas para limitar drásticamente las libertades individuales y las de pueblos enteros. En algunos países el plan ya ha sido aprobado y costeado; en otros, está aún en sus etapas iniciales. Por detrás de los dirigentes mundiales que son cómplices y ejecutores de tan infernal  programa se ocultan personajes sin escrúpulos que financian el Foro Económico Mundial y el simulacro de pandemia Event 201 promoviendo su plan.

El Gran Reseteo tiene por objeto imponer una dictadura sanitaria destinada a implantar medidas liberticidas ocultas tras tentadoras promesas de garantizar un ingreso universal y anular toda deuda personal. Dichas concesiones del Fondo Monetario Internacional tendrán un precio: la renuncia a toda propiedad privada y la adhesión a un programa de vacunación contra el Covid-19 y el Covid-21 promovida por Bill Gates con la colaboración de las grandes compañías farmacéuticas. Más allá de los enormes intereses económicos que motivan a quienes promueven el Gran Reseteo, la imposición de la vacuna vendrá acompañada de la exigencia de portar un pasaporte sanitario internacional. Quienes rechacen estas medidas serán confinados en campos de concentración o bajo arresto domiciliario, y se le confiscarán todos sus bienes.

Supongo, señor Presidente, que ya estará al tanto de que en algunos países el Gran Reseteo se activará entre finales de este año y el primer trimestre de 2021. A tal fin, se tienen pensados más confinamientos, los cuales se justificarán oficialmente por unas supuestas segunda y tercera ola de la pandemia. Usted conoce bien los medios que se han utilizado para sembrar el pánico y legitimar unas limitaciones draconianas de las libertades individuales provocando astutamente una crisis económica de alcance mundial. La intención de sus artífices es que dicha crisis mundial haga irreversible el recurso de las naciones al Gran Reseteo, dando con ello el golpe de gracia a un mundo cuya existencia y memoria misma quieren borrar del mapa. Pero ese mundo, señor Presidente, comprende personas, afectos, instituciones, fe, cultura, tradiciones e ideales; personas y valores que no funcionan como autómatas, que no obedecen como máquinas, porque están dotados de alma y corazón, porque están ligados por un vínculo espiritual que obtiene fuerzas de lo alto, de ese Dios al que quieren desafiar nuestros adversarios, como hizo Lucifer al comienzo de los tiempos con su no servido.

Como todos bien sabemos, esta alusión al enfrentamiento entre el Bien y el Mal y este tono apocalíptico molestan a muchos; según ellos, exaspera los ánimos y agudiza las divisiones. No es de extrañar que el enemigo se enoje al ser descubierto justo cuando creía que había llegado a la fortaleza que quiere conquistar sin oposición. Lo que sí sorprende es que no haya nadie que dé la voz de alarma. La reacción del estado profundo a quienes denuncian su plan es des equilibrada e incoherente pero comprensible. Justo cuando la complicidad de los medios de difusión dominantes había conseguido realizar la transición al Nuevo Orden Mundial de forma inadvertida y casi indolora sale a la luz una caterva de engaños, escándalos y crímenes.

Hasta hace unos meses era fácil tildar de conspiracionistas a quienes denunciaban estos terribles planes que ahora vemos ejecutados hasta en sus más mínimos detalles. Hasta el pasado mes de febrero nadie habría podido imaginar que en todas las ciudades se arrestaría a las personas por el mero hecho de querer pasear por la calle, respirar, mantener abiertos sus negocios e ir a la iglesia los domingos. Y sin embargo ahora está sucediendo por todo el mundo, hasta en un país de postal como Italia, que muchos estadounidenses consideran un país de cuento, con sus monumentos antiguos, sus iglesias, sus ciudades con encanto y sus pueblos típicos. Y mientras los políticos se atrincheran en sus palacios promulgando decretos como sátrapas persas, las empresas quiebran, las tiendas cierran y a la gente se le impide vivir, viajar, trabajar y rezar.Las catastróficas consecuencias psicológicas de esta operación ya están a la vista, empezando por los suicidios de empresarios desesperados y de nuestros hijos, apartados de sus amigos y compañeros de colegio, a los que mandan asistir a clase solos en casa ante la computadora.

San Pablo habla en las Sagradas Escrituras del que detiene la manifestación del misterio de iniquidad, el katejon (2 Tes.2,6-7). En el ámbito religioso, ese obstáculo para el mal es la Iglesia, y en particular el papado; en el político, son los que impiden la implantación del Nuevo Orden Mundial.

Como ahora es patente, aquel que ocupa la silla de San Pedro ha traicionado su misión desde el mismo principio a fin de defender y fomentar la ideología mundialista, apoyando el plan de la iglesia profunda, la ofensiva final de los hijos de las tinieblas.

Señor Presidente: usted ha declarado que quiere defender su nación, una nación bajo Dios*, las libertades fundamentales y los valores no negociables que hoy en día se niegan y combaten. Usted, estimado presidente, es quien contiene el avance del estado profundo, el asalto final de los hijos de las tinieblas. (*One Nation Under God, frase tomada del Juramento de Lealtad a la Patria y a la bandera que se recita solemnemente en ciertos actos públicos y en las escuelas del país antes de empezar las clases cada mañana. N. del T.)

Por esa razón, es necesario que todas las personas de buena voluntad se convenzan de la importancia histórica de las inminentes elecciones. No tanto por tal o cual punto del programa político, sino porque es la inspiración general de lo que hace lo que mejor encarna este contexto histórico particular a ese mundo, nuestro mundo, el cual quieren eliminar a base de confinamientos. El adversario de usted es también el nuestro; el enemigo de la especie humana, aquel que es «homicida desde el principio» (Jn.8,44).

En torno a usted se congregan con fe valerosamente quienes lo consideran el último baluarte contra la dictadura mundial. La opción contraria sería votar por alguien que está manipulado por el estado profundo, gravemente comprometido por escándalos y corrupción, que hará con los Estados Unidos lo que Jorge Mario Bergoglio está haciendo en la Iglesia, el primer ministro Conte en Italia, el presidente Macron en Francia, el presidente del gobierno Sánchez en España y tantos otros. El carácter sobornable de Joe Biden –como el de los prelados del círculo mágico del Vaticano– lo expondrá a ser utilizado inescrupulosamente, permitiendo que poderes ilegítimos interfieran en la política interna y en el equilibrio internacional. Es evidente que los que lo manipulan tienen ya preparado a otro peor para sustituirlo en cuanto se les presente la ocasión.

Con todo, ante un panorama tan sombrío, ante el avance aparentemente incontenible del enemigo invisible, hay un destello de esperanza. El adversario no sabe amar, y no entiende tampoco que no basta con garantizar un salario universal ni con anular hipotecas para subyugar a las masas y convencerlas para que se dejen marcar como ganado. Quienes llevan mucho tiempo soportando los abusos de una autoridad odiosa y tiránica están redescubriendo que tienen alma; empiezan a entender y no están dispuestos a vender su libertad a cambio de la homogenización y la anulación de su identidad; empieza a comprender el valor de los lazos familiares y sociales, de los vínculos de fe y cultura que unen a la gente honrada. El Gran Reseteo está destinado al fracaso, porque quienes lo planificaron no se dieron cuenta de que todavía hay personas dispuestas a tomar las calles para defender sus derechos, para proteger a sus seres queridos, para que sus hijos y sus nietos tengan un futuro. La inhumanidad niveladora del plan mundialista se hará irremediablemente añicos ante la firme y valerosa oposición de los hijos de la Luz. El enemigo tiene de su parte a Satanás, que no sabe otra cosa que odiar. Pero nosotros tenemos de nuestra parte al Señor Todopoderoso, al Dios de los ejércitos dispuestos en orden de batalla, así como a la Santísima Virgen, que aplastará la cabeza de la serpiente antigua. «Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Rm.8,31).

Señor Presidente, usted es muy consciente de que en estos momentos cruciales los Estados Unidos de América están considerados el muro de contención contra el que se ha desatado la guerra que han declarado los partidarios del mundialismo. Cifre su confianza en el Señor, cobrando ánimo con las palabras del apóstol Pablo: «Todo lo puedo en aquel que me conforta» (Fil. 4,13). Ser instrumento de la Divina Providencia supone una gran responsabilidad para la cual Ella le concederá todas las gracias de estado que necesite, pues se las están implorando fervientemente a Dios muchos que lo están apoyando con sus oraciones.

Con esta esperanza celestial y la garantía de mis oraciones por Ud., por la Primera Dama y por sus colaboradores, le imparto mi bendición de todo corazón.

¡Dios bendiga a los Estados Unidos de América!

+Carlo María Viganó

Arzobispo titular de Ulpiana

Ex Nuncio Apostólico ante los Estados Unidos de América

(Traducida por Bruno de la Inmaculada)

Fuente: Adelante la Fe

viernes, 30 de octubre de 2020

LE ECHAN LA CULPA A FRANCISCO: Cómo la Revolución del Concilio sirve al Nuevo Orden Mundial

«Sígueme, y deja a los muertos enterrar a sus muertos» (Mt.8,22).

1. VIVIMOS TIEMPOS EXTRAORDINARIOS

Como cada uno de nosotros sin duda ha entendido, nos encontramos en una coyuntura histórica; acontecimientos pasados que antes parecían no guardar relación entre sí resultan ahora inequívocamente relacionados, tanto por los principios que los inspiran como por las metas a las que aspiran. Una mirada objetiva a la situación actual no puede menos que captar la perfecta coherencia entre la evolución de la estructura política internacional y la misión que ha asumido la Iglesia en lo que se refiere a la implantación del Nuevo Orden Mundial. Para ser precisos, habría que hablar de la misión que desempeña esa aparente mayoría de la Iglesia, en realidad pequeña numéricamente pero muy poderosa y que, en aras de la brevedad, llamaré iglesia profunda.   

Claro está que no hay dos Iglesias, lo cual sería imposible, blasfemo y herético. Y tampoco ha fracasado en su misión la única Iglesia verdadera de Cristo pervirtiéndose hasta el extremo de convertirse en una secta. La Iglesia de Cristo no tiene nada que ver con los que desde hace sesenta años llevan a cabo un plan para apoderarse de ella. La superposición entre la jerarquía católica y los miembros de la iglesia profunda no es un hecho teológico, sino una realidad histórica que escapa a toda clasificación, y que como tal es preciso analizar.  

Sabemos queel programa del Nuevo Orden Mundial consiste en implantar una tiranía por medios masónicos. Este plan se remonta a la Revolución Francesa, la época de la Ilustración, el fin de las monarquías católicas y la declaración de guerra a la Iglesia. Podemos afirmar queel Nuevo Orden Mundial es la antítesis de la sociedad cristiana. Sería la instauración de laCivitas Diabolila ciudad del Diablo–enfrentada a laCivitas Dei –la ciudad de Dios–en la eterna contienda entre la Luz y las tinieblas, el Bien y el mal, Dios y Satanás.        

En ese enfrentamiento, la Providencia ha colocado a la Iglesia de Cristo, y en particular al Sumo Pontífice, como Katejón; es decir, el que se opone a la manifestación del misterio de iniquidad(2 Tes.2, 6-7). La Sagrada Escritura nos advierte además que cuando se manifieste el Anticristo, ese obstáculo, el katejón, dejará de existir. A mí me parece bastante evidente que el final de los tiempos se acerca, y salta a la vista, porque el misterio de iniquidad se ha propagado por todo el mundo con la desaparición de la oposición valerosa delkatejón.      

Por lo que se refiere a la incompatibilidad entre la Ciudad de Dios y la de Satanás, el jesuita consejero de Francisco Antonio Spadaro abandona las Sagradas Escrituras y la Tradición haciendo suyo el llamamiento de Bergoglio al abrazo universal. Para el director de La Civiltà Cattolica, la encíclica Fratelli tutti  

«No deja de ser un mensaje con un marcado valor político, porque –se podría decir– invierte la lógica del apocalipsis que hoy se impone: la lógica fundamentalista que combate el mundo porque cree que éste es la antítesis de Dios;o sea, un ídolo, al que por tanto hay que destruir lo antes posible para acelerar el fin de los tiempos. El abismo del Apocalipsis, ante el cual ya no hay hermanos: sólo apóstatas y mártires que corren contra reloj (…)No somos combatientes ni apóstoles, sino hermanos» [1]   

Es evidente que esta estrategia de desacreditar al interlocutor tildándolo de integrista tiene por objeto facilitar la acción del Enemigo dentro de la Iglesia, desarmar a la oposición y disuadir a quien disienta. La encontramos también en el ámbito civil, donde los demócratas y el estado profundo  se arrogan el derecho a decidir a quién conceder legitimidad política y a quien condenar sin apelación al ostracismo de los medios. El método es siempre el mismo, porque siempre lo inspira el mismo. Al igual que la falsificación de la historia y de las fuentes es siempre la misma: si el pasado contradice el discurso revolucionario, los partidarios de la Revolución censuran el pasado y sustituyen la verdad histórica por una mentira. El propio San Francisco es víctima de esa adulteración que lo convierte en abanderado de la pobreza y el pacifismo, que son tan ajenos al espíritu de la ortodoxia católica como útiles para la ideología dominante. Prueba de ello es la fraudulenta alusión al Poverello de Asís en Fratelli tutti para justificar el diálogo, el ecumenismo y la   hermandad universal de la antiglesia bergogliana.

No cometamos el error de presentar los actuales sucesos como algo normal, juzgando cuanto sucede por los parámetros legales, canónicos y sociológicos que tal normalidad supondría. En situaciones extraordinarias –y ciertamente es extraordinaria la crisis que atraviesa la Iglesia– pasan cosas que para nuestros padres superan la normalidad que conocían. En tiempos extraordinarios, podemos oír cómo un pontífice engaña a los fieles; ver a príncipes de la Iglesia acusados de delitos que en otros tiempos habrían causado horror y serían severamente castigados; presenciamos cómo en nuestros templos se realizan actos litúrgicos que parecen inventados por la perversa mente de Cranmer*; vemos cómo prelados llevan en procesión al inmundo ídolo de la Pachamama a la Basílica de San Pedro; y oímos al Vicario de Cristo ofrecer disculpas a quienes adoraron tal ídolo porque un católico osó arrojarlo al Tíber. En estos tiempos extraordinarios, oímos a un conspirador –el cardenal Godfried Danneels– decirnos que desde la muerte de Juan Pablo II la mafia de San Galo conspiraba a fin de elegir a uno de los suyos para el solio de San Pedro, el cual resultó más tarde ser Jorge Mario Bergoglio. Ante tan desconcertante revelación, nos causa estupor que ningún cardenal u obispo manifestase indignación o pidiese que se indagara la verdad.

(Thomas Cranmer: arzobispo inglés que cuando la reforma (más bien deforma) anglicana destrozó la liturgia y sustituyó los altares por mesas situadas en el centro del presbiterio, como las que vemos actualmente en las misas Novus Ordo. N. del T.)

La coexistencia del bien y del mal, de los santos y los condenados, en el cuerpo eclesial ha acompañado siempre los asuntos terrenales de la Iglesia, empezando por la traición de Judas Iscariote. Es sin duda significativo que la antiglesia trate de rehabilitar a Judas –y junto con él a los peores heresiarcas– presentándolos como modelos; a antisantos y antimártires, legitimizándose con ellos a sí mismos y sus herejías, inmoralidades y vicios. Como decía, en la coexistencia de buenos y malos de la que habla el Evangelio en la parábola del trigo y la cizaña parece haber llegado a imponerse ésta sobre aquél. La diferencia está en que el vicio y las desviaciones que en otro tiempo eran objeto de desprecio, no sólo se practican y toleran más hoy en día, sino que incluso se fomenta alaban, mientras la virtud y la fidelidad a las enseñanzas de Cristo son objeto de desprecio, burla y hasta condenación.

2. ECLIPSE DE LA VERDADERA IGLESIA

Desde hace sesenta años presenciamos como la Iglesia verdadera es eclipsada por una antiglesia que poco a poco ha usurpado su nombre y ocupado la Curia y los dicasterios romanos, así como las diócesis, parroquias, seminarios, universidades y monasterios. La antiglesia ha usurpado su autoridad, y sus ministros visten las vestiduras sagradas de la Iglesia; se vale del prestigio y el poder de la Iglesia para apropiarse de sus tesoros, bienes y dinero. 

Tal como sucede en la naturaleza, este eclipse no se ha producido de golpe; se pasa de la luz a las tinieblas cuando un cuerpo celeste se interpone entre el sol y nosotros. Es un proceso relativamente lento pero inexorable en el que la luna de la antiglesia sigue su órbita hasta que se superpone al Sol, creando un cono de sombra que se proyecta sobre la Tierra. Actualmente nos encontramos en ese cono de sombra doctrinal, moral, litúrgico y disciplinario. No es todavía el eclipse total que veremos al final de los tiempos durante el reinado del Anticristo. Es un eclipse parcial que nos permite ver la corona luminosa del Sol rodeando el negro disco de la Luna. 

El proceso que ha llevado al eclipse actual de la Iglesia se inició indudablemente con el modernismo. La antiglesia siguió su órbita a pesar de las condenas solemnes del Magisterio, que durante aquella fase alumbraban con el esplendor de la Verdad. Pero con el Concilio Vaticano II las tinieblas de esa falsa entidad descendieron sobre la Iglesia. En un principio sólo se oscureció una pequeña parte, pero poco a poco las tinieblas fueron en aumento. Si alguno señalaba al Sol deduciendo que Luna no tardaría en ocultarlo, era acusado de  profeta de desgracia con lo modos de fanatismo e intolerancia que nacen de la ignorancia y los prejuicios. El caso del arzobispo Marcel Lefebvre y otros prelados confirma por un lado la previsión de esos pastores, y por otro la desordenada reacción de sus adversarios, que por miedo a perder el poder se valieron de toda su autoridad para negar la evidencia y disimular sus verdaderas intenciones.

Prosigamos con la analogía: podemos afirmar que en el firmamento de la Fe un eclipse es un fenómeno extraordinario y poco frecuente. Pero negar que durante el eclipse se expanden las tinieblas, sólo porque en circunstancias normales no suceda tal cosa, no es señal de fe en la indefectibilidad de la Iglesia, sino tozuda negación de la evidencia, si no de mala fe. Según las promesas de Cristo, la Santa Iglesia nunca será vencida por las puertas del Infierno; pero eso no quiere decir que no vaya a estar –o que no lo esté ya– ocultada por la infernal falsificación: esa luna que, no por casualidad, vemos pisoteada por la Mujer del Apocalipsis: «Una gran señal apareció en el cielo: una mujer revestida del sol y con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas» (Ap. 12,1).

La luna está bajo los pies de la Mujer que está por encima de toda mutabilidad, de toda corrupción terrenal, de la ley del destino y del reino del espíritu de este mundo. Ello se debe a que esa Mujer, que es a la vez imagen de María Santísima y de la Iglesia, está amicta sole, vestida con el Sol de Justicia, que es Cristo, «libre de todo poder demoniaco mientras participa en el misterio de la inmutabilidad de Cristo» (San Ambrosio). Se mantiene incólume, si no en su reino militante, ciertamente en las penas del Purgatorio y en el triunfante del Paraíso. Comentando las Escrituras, San Jerónimo nos recuerda que «las puertas del Infierno son los pecados y los vicios, y en particular las enseñanzas de los herejes». Sabemos, por tanto, que incluso la síntesis de todas las herejías que es el modernismo y su versión actualizada por el Concilio jamás podrá oscurecer el esplendor de la Esposa de Cristo sino apenas por el breve espacio de tiempo que ha permitido la Providencia en su infinita sabiduría para sacar mayor provecho de ello.

3. ABANDONO DE LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL

En esta conferencia me gustaría hablar en particular de la relación entre la revolución del Concilio Vaticano II y la implantación del Nuevo Orden Mundial. El elemento central de este análisis consiste en poner de relieve el abandono por parte de la jerarquía eclesiástica, incluso en su vértice, de la dimensión sobrenatural de la Iglesia y su misión esjatológica. Mediante el Concilio, los novadores borraron de su horizonte teológico el origen divino de la Iglesia para crear una entidad de origen humano semejante a una organización filantrópica. La primera consecuencia de esta subversión ontológica fue la inevitable negación de la verdad de que la Esposa de Cristo no está ni puede estar sujeta a cambios por parte de quienes ejercen vicariamente autoridad en nombre del Señor. Tampoco es propiedad del Papa ni de los obispos y teólogos, y por consiguiente, todo intento de aggiornamento la rebaja al nivel de una empresa que para obtener beneficios renueva su oferta comercial, vende excedentes y sigue la moda del momento. Por otra parte, la Iglesia es una realidad divina y sobrenatural; adapta su manera de predicar el Evangelio a las naciones, pero nunca podrá alterar el contenido de una sola jota (Mt.5,18) ni negar su impulso trascendente rebajándose a un mero servicio social. En el bando contrario, la antiglesia se atribuye orgullosamente el derecho de llevar a cabo un cambio de paradigma al cambiar no sólo la manera de exponer la doctrina sino la propia doctrina. Lo confirma Massimo Faggioli en sus comentarios a la nueva encíclica Fratelli tutti:

«El pontificado de Francisco es como una bandera alzada ante los integristas católicos y los que equiparan continuidad material y tradición; la doctrina católica no sólo se desarrolla. A veces cambia mucho. Por ejemplo en lo relativo a la pena de muerte y la guerra»[2]

De nada sirve insistir en lo que enseña el Magisterio. La descarada pretensión de los novadores de que tienen derecho a alterar la Fe se ajusta tercamente al enfoque modernista.

El primer error del Concilio consiste sobre todo en la falta de una perspectiva trascendente –fruto de una crisis espiritual que ya estaba latente– y el intento de crear un paraíso en la Tierra con un estéril horizonte humano. Alineada con esta perspectiva, Fratelli tutti contempla la realización en la Tierra de una utopía terrena y una redención social en la fraternidad humana, una paz ecuménica entre religiones y la acogida a los inmigrantes.  

4. COMPLEJO DE INFERIORIDAD Y SENSACIÓN DE INSUFICIENCIA

Como ya he escrito en otras ocasiones, las exigencias revolucionarias de la Nouvelle théologie encontraron terreno abonado en los padres del Concilio debido a un grave complejo de inferioridad ante el mundo. Hubo un tiempo durante la segunda posguerra mundial en que la revolución dirigida por la Masonería en los ámbitos civil, político y cultural penetró en la élite católica y la convenció de que no estaba en condiciones de afrontar el desafío de proporciones históricas que ya no puede evitar. En vez de cuestionarse a sí mismos y a su fe, dicha élite –obispos, teólogos e intelectuales– se atribuyó temerariamente la responsabilidad del inminente fracaso de la Iglesia para adherirse a su sólida estructura jerárquica y su monolítica enseñanza doctrinal y moral. Al observar la ruina de la civilización europea que la Iglesia había contribuido a formar, la élite pensó que la falta de entendimiento con el mundo se debía a la intransigencia de los papas y a la rigidez moral de los sacerdotes que no querían entenderse con el espíritu de la época y abrirse al mundo. Esta postura ideológica parte del erróneo concepto de que se puede establecer una alianza entre la Iglesia y el mundo contemporáneo, una concordancia de intenciones, una amistad mutua. Nada podría estar más lejos de la verdad, dado que no puede haber tregua en la lucha entre Dios y Satanás, entre la Luz y las tinieblas. «Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: éste te aplastará la cabeza, y tú le aplastarás el calcañar» (Gn. 3,15). Se trata de una enemistad querida por el propio Dios, que pone a María Santísima y a la Iglesia como enemigos eternos de la Serpiente antigua. El mundo tiene su propio príncipe (Jn.12,31), que es el «enemigo» (Mt.13, 28),  «homicida desde el principio» (Jn. 8,44) y «mentiroso» (Jn.8,44). Intentar sellar un pacto de paz con el mundo significa ponerse de acuerdo con Satanás. De ese modo se trastoca y pervierte la esencia misma de la Iglesia, cuya misión es convertir a la mayor cantidad posible de almas a Cristo para mayor gloria de Dios, sin deponer por un momento las armas empuñadas contra quienes desean atraerlas hacia ellos mismos y hacia la condenación.

El complejo de inferioridad de la Iglesia y su sensación de fracaso ante el mundo crearon una tormenta perfecta para que la Revolución arraigara en los padres del Concilio y por extensión en el pueblo cristiano, en el cual quizás se había cultivado más la obediencia a la Jerarquía que la fidelidad al Depósito de la Fe. Voy a ser claro: la obediencia a nuestros sagrados pastores es ciertamente digna de elogio cuando mandan algo legítimo. Ahora bien, la obediencia deja de ser una virtud y de hecho se convierte en servilismo cuando es un fin en sí mismo y contradice el fin al que está ordenada, que es la Fe y la Moral. Debemos añadir que ese sentido de inferioridad se introdujo en el cuerpo de la Iglesia con grandes alardes de teatralidad, como la deposición de la tiara por parte de Pablo VI, los ostentosos abrazos ecuménicos con el cismático Atenágoras, los pedidos de perdón por las Cruzadas, la abolición del Índice y la opción preferencial por los pobres por parte del clero en sustitución del supuesto triunfalismo de Pío XII. El golpe de gracia de esta actitud quedó codificado en la reforma litúrgica, que manifiesta su vergüenza del dogma católico callándolo, con lo cual lo niega indirectamente. El cambio de rito engendró un cambio de doctrina que llevó a los fieles a creer que la Misa no es más que un banquete fraternal y que la Santísima Eucaristía no es otra cosa que un símbolo de la presencia de Cristo entre nosotros.

5. «IDEM SENTIRE» DE REVOLUCIÓN Y CONCILIO

La labor de los novadores, cuyas heréticas ideas coincidían con las del mundo, no hizo otra cosa que aumentar la sensación de incapacidad de los padres conciliares. Un análisis comparativo del pensamiento moderno corrobora elidem sentire, la identidad de parecer o de mentalidad de los conspiradores con cada uno de los elementos de la ideología revolucionaria: 

–Aceptación del principio democrático como legitimación del origen del poder en sustitución del derecho divino de la monarquía católica (papado incluido). 

Creación y acumulación de órganos de poder en lugar de responsabilidad personal y una jerarquía institucional.

El pasado se borra y se evalúa según parámetros actuales que no defienden la Tradición y el legado cultural.

–Se pone el acento en la libertad individual y se debilita el sentido de la responsabilidad y el deber. 

Evolución constante de la moral y la ética, que quedan desprovistas de su naturaleza inmutable y de toda naturaleza trascendente.

Supuesta naturaleza secular del Estado en lugar del debido sometimiento del orden civil a la realeza de Jesucristo y de la superioridad ontológica de la misión de la Iglesia por encima de la esfera de lo temporal.

Igualdad de las religiones, y no sólo ante el Estado, sino incluso como concepto general al que debe ajustarse la Iglesia, contra la objetiva y necesaria defensa de la Verdad y condenan del error.

Falso y blasfemo concepto de dignidad del hombre como algo que le es connatural, basado en la negación del pecado original y de la necesidad de la Redención como premisas para agradar a Dios, hacerse acreedor a su Gracia y alcanzar la eterna bienaventuranza.

–Socavamiento del papel de la mujer y desprecio por el privilegio de la maternidad.

–Prioridad de la materia sobre el espíritu.

Culto fideísta de la ciencia[3]en reacción a una implacable crítica de la religión basada en falsas premisas científicas.

Todos estos principios, propagados por ideólogos masones y partidarios del Nuevo Orden Mundial, coinciden con las ideas revolucionarias del Concilio:

La democratización de la Iglesia, iniciada con Lumen gentium y llevada hoy a cabo mediante el camino sinodal bergogliano.

La creación y acumulación de órganos de poder se ha realizado delegando capacidades decisorias en las conferencias episcopales, sínodos de obispos, comisiones, consejos pastorales, etc.

El pasado y las gloriosas tradiciones de la Iglesia se juzgan con arreglo a la mentalidad actual y se los condena para ganarse el favor del mundo moderno.

La libertad de los hijos de Dios teorizada por el Concilio Vaticano II se ha implantado prescindiendo de los deberes morales individuales de personas que, en base a cuentos conciliares de hadas, se salvan todas independientemente de sus disposiciones interiores y del estado de su alma.

El oscurecimiento de toda referencia moral perenne ha tenido como consecuencia la alteración de la doctrina sobre la pena de muerte; y, con Amoris laetitia, que se administren los Sacramentos a notorios adúlteros, haciendo que se resquebraje el edificio sacramental.

La adopción del secularismo ha llevado a la desaparición de la religión oficial del Estado en los países católicos. Fomentada por la Santa Sede y el episcopado, ha llevado a su vez a la pérdida de identidad religiosa y al reconocimiento de derechos a las sectas, así como a la aprobación de normativas que vulneran la ley natural y la divina.

La libertad religiosa propuesta en Dignitatis humanae tiene unas lógicas y extremas consecuencias en la Declaración de Abu Dabi y la última encíclica, Fratelli tutti, con las que la misión salvífica de la Iglesia y la Encarnación dejan de tener sentido hoy.

Las teorías sobre la dignidad humana en el ámbito católico han ocasionado confusión en cuanto a la labor de los laicos en relación con la labor ministerial del clero y un debilitamiento de estructura jerárquica de la Iglesia, y se abraza la ideología feminista abonando el terreno para que las mujeres reciban órdenes sagradas.

Una desordenada preocupación por las necesidades temporales de los pobres, muy típica de la izquierda, ha transformado a la Iglesia en una especie de institución benéfica limitando su actividad a lo meramente material, hasta el punto de abandonar el aspecto espiritual.

–El sometimiento a la ciencia actual y a los avances tecnológicos ha tenido como consecuencia que la Iglesia desautorice a la reina de las ciencias (la Fe) desmitologizando milagros, negando la inerrancia de las Sagradas Escrituras, entendiendo los misterios más sagrados de nuestra Fe como mitos o metáforas, dando sacrílegamente a entender que la Transustanciación y la Resurrección son conceptos mágicos que no deben tomarse en sentido literal sino simbólico y calificando a los sublimes dogmas marianos de tonterías.

Hay un aspecto casi grotesco de este rebajamiento y deterioro de la Jerarquía que mira a ajustarse al pensamiento general. El deseo de la Jerarquía de agradar a sus perseguidores y servir a sus enemigos siempre llega tarde y descoordinado, dando la impresión de que los obispos están irremediablemente desfasados, de que desde luego no están a la altura de los tiempos.  Hacen creer a quienes los ven jugueteando tan entusiásticamente con su propia extinción que tal demostración de sumisión aduladora a lo políticamente correcto no procede tanto de una sincera persuasión ideológica, sino del temor a ser barridos, a perder autoridad y el prestigio que a pesar de los pesares el mundo sigue confiriéndoles. No se quieren dar cuenta –o no lo quieren reconocer– de que el prestigio y la autoridad de que son custodios proviene de la autoridad y el prestigio de la Iglesia de Cristo, no del miserable y lastimoso sucedáneo que ellos mismos han inventado.

Cuando esa antiglesia esté totalmente implantada en el eclipse total de la Iglesia Católica, la autoridad de la Jerarquía dependerá de su grado de sometimiento al Nuevo Orden Mundial, que no tolerará la menor desviación de su propio credo y aplicará ese dogmatismo, fanatismo y fundamentalismo que muchos prelados y supuestos intelectuales critican en los que hoy siguen fieles al Magisterio. De ese modo, la iglesia profunda puede continuar portando la marca de Iglesia Católica, pero será esclava del pensamiento del Nuevo Orden, lo cual recuerda a aquellos judíos que después de negar la realeza de Cristo ante Pilatos fueron sometidos a servidumbre por las autoridades civiles de su tiempo: «No tenemos más rey que al César»     (Jn.19,15). El César actual nos manda cerrar los templos, ponerse mascarilla y suspender las celebraciones con el pretexto de una pseudoepidemia. El régimen comunista persigue a los católicos chinos, y el mundo ve que Roma no dice ni pío. Mañana, un nuevo Tito saqueará el templo del Concilio, se llevará el botín a algún museo, y la venganza divina a manos de los paganos se habrá cumplido una vez más.

6. PAPEL INSTRUMENTAL DE LOS CATÓLICOS MODERADOS EN LA REVOLUCIÓN

Alguno dirá que los padres conciliares y los papas que presidieron aquella asamblea no se dieron cuenta de las repercusiones que su aprobación del Concilio tendría en la Iglesia. De ser así –por ejemplo, si hubiera habido algún arrepentimiento por haber aprobado apresuradamente textos heréticos o próximos a la herejía– cuesta entender cómo es que no fueron capaces de poner inmediatamente coto a los abusos, corregir los errores y aclarar los malentendidos y omisiones. Pero sobre todo es incomprensible que las autoridades eclesiásticas pudieran ser tan despiadadas con quienes defendían la Verdad católica, y a la vez contemporizar de un modo tan atroz con rebeldes y herejes. Sea como sea, la responsabilidad de la crisis conciliar se debe achacar a las autoridades que incluso ante miles de llamadas a la colegialidad y el pastoralismo han guardado celosamente sus prerrogativas para ejercerlas en una sola dirección, o sea contra la pusilla grex (pequeño rebaño), y la nunca contra los enemigos de Dios y de la Iglesia. Con rarísimas excepciones, cuando un teólogo hereje o un religioso revolucionario es censurado por el Santo Oficio no hace otra cosa que confirmar una regla que lleva vigente décadas. Eso sin decir que últimamente muchos han sido rehabilitados sin la menor abjuración de sus errores, e incluso se los ha ascendido para que ocupen puestos institucionales en la Curia Romana o en los ateneos pontificios.

Esa es la realidad, tal como se desprende de mi análisis. Ahora bien, sabemos que además del ala progresista del Concilio, y del ala católica tradicional, hay una parte del episcopado, del clero y del pueblo que intenta mantenerse a una distancia equivalente de lo que considera dos extremos. Me refiero a los llamados conservadores, es decir al sector centrista del cuerpo del cuerpo eclesial que termina por llevar agua a los revolucionarios, porque, aunque rechaza sus excesos comparte unos mismos principios. El error de los conservadores no está en dar una connotación negativa al tradicionalismo y situarlo en el bando contrario al progresismo. Su aurea mediocritas (vía media) no consiste en ubicarse arbitrariamente entre dos vicios, sino entre la virtud y el vicio. Son ellos los que critican los excesos de la Pachamama o las más radicales declaraciones de Bergoglio pero no toleran que se ponga en tela de juicio el Concilio, no digamos el vínculo intrínseco entre el cáncer conciliar y la actual metástasis. La correlación entre el conservadurismo político y el religioso consiste en situarse en el centro, síntesis entre la tesis de la derecha y la antítesis de la izquierda, según el enfoque hegeliano tan querido a los partidarios moderados del Concilio.

En el terreno de lo civil, el estado profundo ha dirigido la disidencia política y social valiéndose de organizaciones y movimiento que aparentemente son su oposición pero en realidad les sirven para mantener el poder. Del mismo modo, en el terreno eclesiástico la iglesia profunda se vale de los conservadores moderados para aparentar que ofrecer libertad a los fieles. Por ejemplo, el mismo motu proprio Summorum Pontificum aunque permite la celebración del Rito Extraordinario, exige al menos de modo implícito (saltem simpliciter) que se acepte el Concilio y se reconozca la legitimidad de la reforma litúrgica. Esta estratagema evita que quienes de benefician del motu proprio objeten lo más mínimo, porque se arriesgarían a que se disolvieran las comunidades de Ecclesia Dei. Así se inculca además en el pueblo cristiano la peligrosa idea de que para que una cosa buena sea legítima en la Iglesia y en la sociedad tiene que ir acompañada de otra mala o menos buena. Pero hay que estar muy desencaminado para pretender que se concedan iguales derechos al bien y al mal. Poco importa que personalmente uno esté a favor del bien si reconoce la legitimidad de los que están a favor del mal. En este sentido, la libertad de elección para abortar teorizada por los políticos demócratas encuentra su contrapeso en la no menos aberrante libertad religiosa teorizada por el Concilio, y que hoy en día defiende obstinadamente la antiglesia. Si a un católico no le está permitido apoyar a un político que defiende el derecho a abortar, menos permitido le está aprobar a un prelado que defiende la libertad personal para poner en peligro su alma inmortal optando por permanecer en pecado mortal. Eso no es misericordia, sino una grave dejación de funciones espirituales ante Dios para ganarse el favor y la aprobación del hombre.

7. SOCIEDAD ABIERTA Y RELIGIÓN ABIERTA

El presente análisis no estaría muy completo si no hablase de la neolengua tan popular en el ámbito eclesial. El vocabulario católico tradicional ha sido deliberadamente modificado con miras a alterar el contenido que expresa. Otro tanto ha sucedido con la liturgia y la predicación, en las que la claridad de expresión católica se ha sustituido por la ambigüedad o por la negación implícita de las verdades dogmáticas. Se podrían poner mil ejemplos. Este fenómeno se remonta al Concilio, que intentó elaborar versiones católicas de eslóganes mundanos. Con todo, me gustaría recalcar que esas expresiones tomadas de vocabularios secularistas forman también parte de la neolengua. Pensemos en la insistencia de Bergoglio en la Iglesia en salida o en la apertura como un valor positivo. Asimismo, pongo unas citas de Fratelli tutti: 

«Un pueblo vivo, dinámico y con futuro es el que está abierto permanentemente a nuevas síntesis incorporando al diferente» (nº 160).    

«La Iglesia es una casa con las puertas abiertas»(nº 276).  

«Queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de casa, que sale de sus templos, que sale de sus sacristías, para acompañarla vida, sostener la esperanza, ser signo de unidad […] para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación» (íbid.).      

La semejanza con la sociedad abierta propugnada por la ideología mundialista de Soros destaca hasta tal punto que casi constituye una religión abierta que le hace de contrapunto.  

Y esa religión abierta está en plena sintonía con las intenciones del mundialismo. Desde las reuniones políticas por un nuevo humanismo bendecidas por autoridades de la Iglesia hasta la participación de la intelligentsiaen la propaganda verde, todo sigue el pensamiento dominante en un lamentable y grotesco de agradar al mundo. «¿Busco yo acaso el favor de los hombres, o bien el de Dios? ¿O es que procuro agradar a los hombres? Si aun tratase de agradar a los hombres no sería siervo de Cristo» (Gál.1, 10).     

La Iglesia Católica vive bajo la mirada de Dios; existe para la gloria de Él y para la salvación de las almas. Y la antiglesia vive bajo la mirada del mundo, promoviendo la apoteosis blasfema del hombre y la condenación de las almas. Durante la última sesión del Concilio Vaticano II y en presencia de todos los padres sinodales resonaron estas insólitas palabras de Pablo VI en la Basílica Vaticana:

«La religión del Dios que se ha hecho hombre se ha encontrado con la religión –porque tal es– del hombre que se hace Dios. ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Podía haberse dado, pero no se produjo. La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio. Una simpatía inmensa lo ha penetrado todo. El descubrimiento de las necesidades humanas –y son tanto mayores cuanto mayor se hace el hijo de la Tierra– ha absorbido la atención de nuestro sínodo. Vosotros, humanistas modernos que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros –y más que nadie– somos promotores del hombre».[4]

Esta simpatía –en el sentido etimológico de συμπάϑεια, es decir, de participación en un sentimiento ajeno, es la imagen del Concilio y la nueva religión –porque es una religión– de la antiglesia. Una antiglesia nacida de la inmunda unión entre la Iglesia y el mundo, entre la Jerusalén celeste y la infernal Babilonia. Fijémonos bien: la primera vez que un pontífice ha hablado de nuevo humanismo fue en la clausura del Concilio, y hoy en día lo encontramos como un mantra repetido por todos los que lo consideran una expresión perfecta y coherente de la mentalidad revolucionaria del Concilio [5]

Sin perder de vista esta comunión de intenciones entre el Nuevo Orden Mundial y la antiglesia, debemos tener presente que el  Pacto Mundial para la Educación,   programa trazado por Bergoglio a fin de «generar un cambio a escala planetaria para que la educación sea creadora de hermandad, paz y justicia. Necesidad más urgente todavía en estos tiempos marcados por la pandemia». [6] Promovido en colaboración con las Naciones Unidas, este «proceso de formación en la relación y cultura del encuentro halla también espacio y valor en la casa común de todas las criaturas, ya que las personas, dado que se las forma en la lógica de la comunión y la solidaridad, ya trabajan «con vistas a recobrar una serena armonía con la creación» (Gaudium et Spes, 37).[7] Como se ve, toda referencia ideológica es siempre al Concilio, porque precisamente a partir de ese momento la antiiclesia colocó al hombre en el lugar de Dios, a la criatura en el lugar del Creador.

Es evidente que el nuevo humanismo posee una estructura ambientalista y ecológica en la que se injertan tanto la encíclica Laudato sii como la teología verde, la Iglesia de rostro amazónico del sínodo de los obispos de 2019, con su idólatra adoración de la Pachamama (madre Tierra) en presencia del sanhedrín romano. La actitud de la Iglesia durante la pandemia del covid 19 ha demostrado por una parte el sometimiento de la Jerarquía a los dictados del Estado violando con ello la libertas Ecclesiae que el Papa debería haber defendido con firmeza. Ha puesto igualmente de manifiesto la negación de todo sentido sobrenatural de la pandemia, sustituyendo la justa ira de un Dios ofendido por los innumerables pecados de la humanidad y las naciones por la más inquietante y destructiva furia de una Naturaleza ofendida por la falta de respeto al medio ambiente. Me gustaría subrayar que atribuir una identidad personal a la naturaleza, prácticamente dotándola de intelecto y voluntad, es la antesala de su divinización. Ya vimos un sacrílego preludio de ello bajo la mismísima cúpula de la Basílica de San Pedro.

La conclusión es la siguiente: al acomodarse la antiglesia a la ideología dominante del mundo actual entabla una auténtica cooperación con poderosos representantes del estado profundo, empezando por los que preparan una economía sustentable, como Jorge Mario Bergoglio, Bill Gates, Jeffrey Sachs, John Elkann y Gunter Pauli.[8]

Conviene recordar que la economía sustentable tiene repercusiones en la agricultura y en el mundo laboral en general. El estado profundo tiene que conseguir mano de obra de bajo costo mediante la inmigración, la cual contribuye al mismo tiempo a la desaparición de la identidad religiosa, cultural y lingüística de los países afectados. Por su parte, la iglesia profunda aporta una base ideológica y pseudoteológica a dicho plan de invasión, y al mismo tiempo garantiza una parte en el lucrativo de la acogida. Podemos entender la insistencia de Bergoglio en el tema de los inmigrantes, reiterado también en Fratelli tutti: «Se difunde así una mentalidad xenófoba, de gente cerrada y replegada sobre sí misma» (nº 39). «Las migraciones constituirán un elemento determinante del futuro del mundo» (nº 40). Bergoglio emplea la expresión elemento determinante, indicando con ello que no es posible plantear la hipótesis de un futuro sin migraciones.

Permítanme que hable un poco de la situación de los EE.UU. en vísperas de las elecciones presidenciales. Fratelli tutti da la impresión de constituir un respaldo por parte del Vaticano al candidato demócrata, en clara oposición a Donald Trump, y aparece precisamente a los pocos días de que Francisco se negara a conceder una audiencia en Roma al Secretario de Estado Mike Pompeo. Con ello confirma de qué parte están los hijos de la luz y quiénes son los hijos de las tinieblas.

8. FUNDAMENTACIÓN IDEOLÓGICA DE LA «FRATERNIDAD»

La cuestión de la fraternidad, que constituye una obsesión para Bergoglio, encuentra su primera formulación en Nostra aetate y en Dignitatis humanae. La última encíclica, Fratelli tutti, es el manifiesto de esta perspectiva masónica en la que el trilema libertad, igualdad y fraternidad sustituye al Evangelio en aras de una unidad entre los hombres que excluye a Dios. Obsérvese que el Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común suscrito en Abu Dabi el 4 de febrero del año pasado fue orgullosamente defendido por Bergoglio estas palabras:

«Desde el punto de vista católico, ese documento no se aparta un milímetro del Concilio Vaticano II»

El cardenal Miguel Ayuso Guichot, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interrreligioso, comenta en La Civiltà Cattolica:

«El Concilio agrietó poco a poco el dique, que terminó por romperse. El río del diálogo ha crecido con las declaraciones del Concilio Nostra aetate, sobre la relación de la Iglesia con los creyentes de otras religiones, y Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa; temas y documentos que están estrechamente ligados entre sí y permitieron que S. Juan Pablo II infundiese vida a encuentros como la Jornada Mundial de Oración en Asís el 27 de octubre de 1986, y que veinticinco años más tarde Benedicto XVI nos hiciera revivir en la localidad natal de S. Francisco la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo “Peregrinos de la verdad,  peregrinos de la paz”.  Por tanto, el compromiso de la Iglesia Católica con el diálogo interreligioso, que abre el camino a la paz y la fraternidad, es parte de su misión original y tiene sus raíces en el Concilio».[9]

Una vez más, el cáncer del Concilio confirma que es el origen de la metástasis bergogliana. El hilo conductor que une el Concilio con el culto a la Pachamama pasa también por Asís, como acertadamente señaló mi hermano Athanasius Schneider en su reciente discurso.[10]

A propósito de la antiglesia, monseñor Fulton Sheen describe al Anticristo con estas palabras: «Teniendo en cuenta que su religión será la hermandad pero sin la paternidad de Dios, engañará a los mismos elegidos».[11]   Se diría que estamos viendo cumplirse ante nuestros propios ojos la profecía del venerable arzobispo estadounidense.

No tiene nada de extraño por tanto que la infame Gran Logia de España, tras congratular calurosamente a su paladín elevado al trono, rinda nuevamente homenaje a Bergoglio con estas palabras:

« El gran principio de esta escuela iniciática no ha cambiado en tres siglos: la construcción de una fraternidad universal donde los seres humanos se llamen hermanos unos a otros más allá de sus credos concretos, de sus ideologías, del color de su piel, su extracción social, su lengua, su cultura o su nacionalidad. Este sueño fraternal chocó con el integrismo religioso que, en el caso de la Iglesia Católica, propició durísimos textos de condena a la tolerancia de la Masonería en el siglo XIX. [La última encíclica del papa Francisco] demuestra lo lejos que está la actual Iglesia Católica de sus antiguas posiciones. En Fratelli tutti el Papa abraza la fraternidad universal, el gran principio de la Masonería Moderna»[12]

El comentario del Gran Oriente de Italia es por el mismo estilo:

«Estos son los principios que la Masonería siempre ha perseguido y custodiado para la elevación de la humanidad»[13]

Austen Invereigh, hagiógrafo de Bergoglio, confirma lleno de satisfacción esta interpretación, que un católico encontraría como mínimo inquietante.[14]

Recuerdo que desde el siglo XIX, en los documentos masónicos de la Alta Venta, ya estaba planeada una infiltración masónica en la Iglesia:

«Vosotros también pescaréis a amigos y los llevaréis a los pies de la Sede Apostólica. Predicaréis la Revolución ataviados con tiara y capa magna, avanzando bajo la cruz y la bandera, en una revolución que no necesitará mucha ayuda para incendiar el mundo»[15]

9. SUBVERSIÓN DE LA RELACIÓN PERSONAL Y SOCIAL CON DIOS

Concluiré este análisis de los vínculos entre el Concilio y la actual crisis destacando una  alteración que considero sumamente importante y significativa. Me refiero a la relación tanto del laico individual como de la comunidad de los fieles con Dios. Mientras que en la Iglesia de Cristo la relación del alma con el Señor es eminentemente personal incluso cuando la realiza el ministro sagrado en la acción litúrgica, en la iglesia conciliar predominan la comunidad y la relación grupal. Pensemos en su insistencia en querer que el bautizo de un niño o la boda de una pareja sean un acto comunitario; o en la imposibilidad de recibir la Sagrada Comunión individualmente fuera de la Misa y en la práctica generalizada de comulgar en Misa aunque no se tengan las debidas disposiciones. Todo ello se autoriza basándose en el concepto protestante de participar del banquete eucarístico del cual no se excluye a nadie. Según esta manera de entender la comunidad, la persona pierde su carácter individual, se pierde en el anonimato comunitario de la celebración. De igual manera, la relación del cuerpo social con Dios se diluye en un personalismo que elimina el papel mediador de la Iglesia y el Estado. Esto también se aplica a la individualización en el terreno moral, en el que los derechos y preferencias individuales se convierten en motivos para erradicar la moral social. Ello se hace en nombre de una inclusión que legitima todo vicio y aberración moral. La sociedad, entendida como la unión de una serie de personas que se proponen alcanzar un objetivo común, se reparte entre una multiplicidad de individuos, cada uno con propio propósito personal. Es la consecuencia de un trastorno ideológico que amerita un profundo análisis en vista de sus consecuencias en los ámbitos eclesial y civil. Con todo, es evidente que el primer paso de dicha revolución se encuentra en la mentalidad conciliar, comenzando por el adoctrinamiento del pueblo cristiano que supone la liturgia reformada, en la que el creyente individual se mezcla con la asamblea despersonalizándose, y la comunidad pierde su identidad convirtiéndose en una serie de individuos.

10. CAUSA Y EFECTO

La filosofía nos enseña que a toda causa corresponde siempre un efecto determinado. Hemos visto que lo que se hizo con el Concilio ha tenido el efecto deseado y ha dado una forma concreta a ese momento antropológicamente decisivo que ha llevado hoy en día a la apostasía de la antiglesia y al eclipse de la Iglesia verdadera de Cristo. Por consiguiente, debemos entender que si queremos anular los efectos nocivos que vemos ante nosotros, es necesario e indispensable eliminar los factores eliminar los factores que los originaron. Si tal es nuestro objetivo, está claro que aceptar –aunque sea parcialmente– esos principios revolucionarios haría inútiles y contraproducentes nuestros esfuerzos. Por tanto, debemos exponer claramente los objetivos que nos proponemos alcanzar, ordenando nuestro obrar a esos objetivos. Pero también todos debemos ser conscientes de que en esta labor de restauración no cabe la menor excepción  a los principios, precisamente porque si no se transmitieran se impediría toda posibilidad de éxito.

Así pues, abandonemos de una vez por todas las vanas distinciones en lo que se refiere a los supuestos aspectos buenos del Concilio, la traición de la voluntad de los padres conciliares, la letra y el espíritu del Concilio, el peso magisterial (o la falta del mismo) de los actos conciliares y la hermenéutica de la continuidad frente a la de la ruptura. La antiglesia se ha servido de la etiqueta del concilio ecuménico para atribuir autoridad y fuerza legal a su programa revolucionario, de la misma manera que Bergoglio llama carta encíclica      a su manifiesto político de fidelidad al Nuevo Orden Mundial. La astucia del enemigo ha aislado la parte sana de la Iglesia, que se debate entre tener que reconocer la naturaleza subversiva de los documentos conciliares, viéndose obligada con ello a excluirlos del corpus magisterial, y tener que negar la realidad declarándolos apodícticamente ortodoxos a fin de salvaguardar la infalibilidad del Magisterio. Los dubia  supusieron una humillación para esos príncipes de la Iglesia, pero sin deshacer los nudos doctrinales que se pusieron en conocimiento del Romano Pontífice. Bergoglio no responde, precisamente porque no quiere negar ni confirmar los errores implícitos, con lo que se arriesga a ser declarado hereje y perder el pontificado. Es el mismo método que se utilizó en el Concilio, en el que la ambigüedad y el empleo de una terminología imprecisa impiden la condenación del error que se ha dado a entender. Pero cualquier jurista sabe bien que además descarada vulneración de la Ley, también es posible cometer un delito esquivándolo y utilizándolo con malos fines: Contra legem fit, quod in fraudem legis fit (lo que elude la ley es contrario a ella).

11. CONCLUSIÓN

La única manera de ganar esta batalla es volver a hacer lo que siempre ha hecho la Iglesia y dejar de hacer lo que hoy nos pide la antiglesia; es decir, lo que la Iglesia siempre ha condenado. Pongamos de nuevo a Nuestro Señor Jesucristo en el centro de la vida de la Iglesia; y antes de eso, en el centro de la vida de nuestra ciudad, de nuestra familia, de nosotros mismos. Restituyamos la corona a Nuestra Señora María Santísima, Reina y Madre de la Iglesia.

Volvamos a celebrar dignamente la sagrada liturgia tradicional, y recemos con las palabras de los santos, no con los circunloquios de los modernistas y los herejes. Volvamos a saborear los escritos de los Padres de la Iglesia y los místicos, y arrojemos a la pira las obras imbuidas de modernismo y sentimentalismo inmanentista. Apoyemos con oración y ayuda material a los muchos buenos sacerdotes que siguen siendo fieles a la verdadera Fe, y retiremos todo apoyo a los que se entienden con el mundo y sus mentiras.

Y por encima de todo –¡lo pido en nombre de Dios!– abandonemos ese complejo de inferioridad que nuestros adversarios nos han acostumbrado a aceptar; en la guerra del Señor no nos humillan a nosotros (es indudable que merecemos todas las humillaciones por nuestros pecados). No; humillan la majestad de Dios y a la Esposa del Cordero inmaculado. ¡La verdad que abrazamos no es nuestra, sino de Dios! Dejarla negar, o aceptar que deba justificare ante las herejías y errores de la antiglesia, no es un acto de humildad, sino de cobardía y pusilanimidad. Dejémonos motivar por el ejemplo de los santos mártires macabeos ante un nuevo Antioco que nos pide sacrificar a los ídolos y abandonar a Dios. Respondamos con las palabras de ellos, rogando al Señor: «Envía también ahora, oh dominador de los cielos, a tu Ángel bueno que vaya delante de nosotros, y haga conocer la fuerza de tu terrible y tremendo brazo; a fin de que queden llenos de espanto los que, blasfemando, vienen contra tu santo pueblo» (2 Mac. 15,23).

Finalizaré esta charla con un recuerdo personal. Cuando era nuncio apostólico en Nigeria, descubrí una preciosa tradición que surgió en la terrible guerra de Biafra y persiste hasta hoy. Participé personalmente en ella durante una visita pastoral a la arquidiócesis de Onitsha, y me causó una honda impresión. Se llama el rosario de los niños del barrio, y consiste en reunir a miles de niños (incluso pequeñines) de cada pueblo y barriada para rezar el Santo Rosario implorando la paz. Cada niño lleva en sus manos un pedazo de madera, como un altar en miniatura, con una imagen de Nuestra Señor y una velita encendida. 

En los días previos al 3 de noviembre, invito a todos ustedes a participar en una cruzada del Rosario, una especie de asedio de Jericó, pero no con siete trompetas confeccionadas con cuernos de carnero y tocadas por sacerdotes, sino con el Avemaría de los pequeños y los inocentes para derribar las murallas del estado profundo y la iglesia profunda.

Participemos con los niños en el Rosario de los niños del barrio implorando a la Señora vestida del Sol que se restablezca el Reino de nuestra Señora y Madre y se abrevie el eclipse que nos aflige.

Que Dios bendiga estas santas intenciones.

Monseñor Carlo María Viganò 

[1]  Padre Antonio Spadaro SJ,  Todos los hermanos, la respuesta de Francisco a la crisis de nuestro tiempo , en  hormigas , 4 de octubre de2020 ( aquí).

[2] «El pontificado de Francisco es como una bandera alzada ante los integristas católicos y los que equiparan continuidad material y tradición; la doctrina católica no sólo se desarrolla. A veces cambia mucho. Por ejemplo en lo relativo a la pena de muerte y la guerra»

https://twitter.com/Johnthemadmonk/status/1313616541385134080/photo/1

https://twitter.com/massimofaggioli/status/1313569449065222145?s=21

[3] «Debemos evitar caer en estas cuatro actitudes perversas, que desde luego no contribuyen a una investigación objetiva y un diálogo sincero y productivo para la construcción del futuro de nuestro planeta: negación, indiferencia, resignación y confianza en soluciones inadecuadas».

cfr. https://www.avvenire.it/papa/pagine/papa-su-clima-basta-negazionismi-su-riscaldamento-globale

[4] «La religión, que es la cultura que se convierte en hombre y la religión -así se evalúa- la cultura es que no puede, encontrarse. ¿Qué esta pasando? Concurso, batalla, ¿iba a ser un anatema? Esto de hecho es posible, pero claramente no es el caso. La regla de esas cosas sale del discurso del buen samaritano del exemplum allí, y que es una vieja, nuestra vida espiritual, a la que se dirige el Concilio de la razón de ello. De hecho, un inconmensurable amor por los humanos del Consejo penetró profundamente. Prometidos a considerar las necesidades humanas, que lo hacían más problemático, el hijo de esta tierra, cuanto más crece, todo nuestro estudio se dedica a este Consejo. Atribuimos el consejo al menos alabaros, nuestra humanidad en esta época de campesinos que se niegan a las verdades trascendentes, y que tienen un nuevo reconocimiento de nuestra civilización: para nosotros también, y somos mejores que los demás;». Paulo VI, Alocución en la última sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 7 Diciembre de 1965,

cfr. http://www.vatican.va/content/paul-vi/it/speeches/1965/documents/hf_p-vi_spe_19651207_epilogo-concilio.html

[5] https://twitter.com/i/status/1312837860442210304

[6] Cfr. www.educationglobalcompact.org

[7]  Congregación para la Educación Católica,  Carta circular a escuelas, universidades e instituciones educativas , 10 de septiembre de septiembre de 2020, cf. http://www.educatio.va/content/dam/cec/Documenti/2020-09/IT-CONGREGATIO-LETTERA-COVID.pdf

[8]  https://www.lastampa.it/cronaca/2020/10/03/news/green-blue-la-nuova-voce-dell-igianato-sostenibile-via-con-il-papa-e-bill -puertas-1.39375988

https://remnantnewspaper.com/web/index.php/articles/item/2990-the-vatican-un-alliance-architects-of-death-and-doom

[9]  Cardenal Miguel Ángel Ayuso Guixot,  El documento sobre la fraternidad humana a raíz del Concilio Vaticano II , 3 de febrero de 2020. Ver https://www.laciviltacattolica.it/news/il-documento-sulla-fratellanza- humano-tras-el-concilio-vaticano-ii /

[10] https://www.cfnews.org.uk/bishop-schneider-pachamama-worship-in-rome-was-prepared-by-assisi-meetings/

[11] Mons. Fulton Sheen, discjrso radiofónico del 26 de enero de 1947. Cfr. https://www.tempi.it/fulton-sheen-e-linganno-del-grande-umanitario/

[12] https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=38792

[13] https://twitter.com/grandeorienteit/status/1312991358886514688

[14] https://youtu.be/s8v-O_VH1xw

[15]  “ Traerás amigos alrededor de la Cátedra Apostólica. Habrás predicado una revolución con tiara y capa, caminando con la cruz y el estandarte, una revolución que solo habrá que espolear un poco para prender fuego a los cuatro rincones del mundo ”. Cfr. Jacques Cretineau-Joly,  La Iglesia Romana frente a la Revolución , París, Henri Plon, 1859 ( aquí ).

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Fuente: Adelante la Fe