UN JOVEN SE SALVA Y OTRO SE CONDENA
El ejemplo siguiente muestra bien cuánto vale la devoción a la Virgen. En el año 1714 estudiaban en Flandes dos jóvenes entregados a la disolución. Habían gastado un día entero en diversiones y comilonas, y, por remate, fueron a pasar la noche en una casa de perdición. El uno de ellos, a deshora ya, se volvió a descansar a la suya; pero el otro se quedó saciando su apetito y bebiendo hasta las heces el veneno del cáliz de Babilonia.
Vuelto el primero a su casa, se acordó que no había rezado un Avemaría como tenía por costumbre; quiso hacerlo, y, aunque sintió gran repugnancia, al fin la rezó de muy mala gana y casi dormido. Se acostó y, como estaba tan cansado, se durmió al instante; pero no se había pasado mucho tiempo, cuando oye unos golpes muy fuertes en la puerta de su dormitorio; se despierta, y, sin abrirla, ve delante de sí a su infeliz compañero, horroroso y desfigurado. Lleno de terror y admirado de que hubiese podido entrar estando la puerta cerrada, dio una voz, diciendo: "¿Qué es esto?" Y el desdichado contestó: "Has de saber que, por justo juicio de Dios, debíamos tú y yo caer esta noche en el infierno; pero la Virgen, a quien rezaste el Avemaría, te ha librado a ti de la muerte; yo estoy ya condenado. En tal calle (nombrándola) está mi cuerpo herido por el demonio". Y en prueba de la verdad, le descubrió el seno, que arrojaba llamas y le despedazaban horribles serpientes. Acabó de hablar, y desapareció.
Se levanta el otro al punto y empieza a llorar amargamente. En esto oye tocar a Maitines en el convento de San Francisco, y no dudando que ésta fuese la voz de Dios, que le llamaba, corre sin tardanza, se echa a los pies de los Padres y les pide el santo hábito con las mayores instancias, contando lo que le había pasado. No le dieron crédito al principio; pero se cercioraron de la verdad, yendo algunos a la calle que les decía, donde encontraron el cadáver del infeliz compañero, enteramente desfigurado.
Entonces le admitieron y él empezó en la religión una vida penitente y del todo nueva, mostrándose toda su vida muy agradecido a la piadosísima Virgen María, por cuya intercesión había recibido aquel especialísimo beneficio.
(«Mes de María»)
