miércoles, 10 de marzo de 2010

UNIDOS POR LA VIDA ENTREGA AL REY UNA CARTA DE REPULSA POR LA LEY DEL ABORTO

Imagen de Catolicidad


Carta

El pasado 5 de marzo de 2010, Unidos por la Vida ha entregado una carta al rey en el Palacio de la Zarzuela por firmar tan infame ley. En ella se adjuntaban: el BOE de la ley del aborto, una foto, el testimonio de un suicidio post-aborto, la noticia del “catering” del Senado con una foto, y una octavilla.

Recuerdan desde Unidos por la Vida las palabras de Lope de Vega:
«Todo lo que manda el Rey,
que va contra lo que Dios manda,
no tiene valor de Ley,
ni es Rey quien así se desmanda»

Tomado de Manifiesto por la Vida

lunes, 8 de marzo de 2010

MÁXIMAS DE SAN PABLO DE LA CRUZ (II)

La Pasión de Jesucristo y la conformidad con la Santísima
 Voluntad de Dios; la enfermedad y la muerte.

I
Una de las pruebas más claras del amor de Dios es buscar únicamente su santa voluntad, y no desear sino á Dios: Dilectus meus mihi, et ego illi. “Mi muy amado es mío, y yo soy de El.,
Tan pronto como se conoce la voluntad de Dios se debe seguir. Como la cera á la proximidad del fuego se ablanda y toma las formas que en ella se imprimen, así el alma amante debe derretirse luego que habla el Amado.

II
Que la voluntad de Dios sea nuestro alimento, nuestro centro, nuestro reposo: entonces gustaremos un dulce y tranquilo sueño; ningún acontecimiento podrá inquietarnos. Dejemos que Dios haga y disponga según mejor le agrade: que el Señor sea bendito para siempre. No quiero sino lo que Dios quiere. Lo que El quiere, yo lo quiero también en el tiempo y en la eternidad.

III
En todos los accidentes y contradicciones de la vida decid, inclinando la cabeza: “Que se haga la Santísima voluntad de Dios, o estas palabras del Evangelio: Yo he venido no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de mi Padre que me ha enviado. Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre.

IV
En los males y aflicciones que Dios nos envía, es necesario humillarse é inclinar la cabeza; porque, si El quiere darnos una bofetada y nosotros levantamos la cabeza, nos dará diez; mas, si la bajamos, apenas si nos dará una, y así salimos con ganancia.

V
No hay reposo ni paz posible para el que resiste á la divina voluntad. Quiss restitit ei, et pacem habuit?
No miréis el instrumento de vuestras pruebas y trabajos, sino figuraos que Jesucristo os lo presenta con sus propias manos.

VI
San Juan Crisóstomo ha dicho: Silentium quod lutum praebet figuro, idem ipse pruebe Conditori tuo. El silencio que el barro guarda en las manos del alfarero, debéis guardar vosotros en las manos de Dios. El barro calla siempre: que el artista haga de él un vaso de honor ó de ignominia, él calla; ora le rompa, ora arroje los pedazos a una inmunda cloaca, él guarda silencio, y está tan contento como si lo pusiera en la galería del Rey. Grabad en vuestra memoria esta provechosísima lección y ponedla en práctica.

VII
Vuestros deseos por grandes y santos que sean, debéis dejarlos morir en el fuego del amor de Dios, de donde proceden, y esperar el tiempo en que Dios quiere que se cumplan. Entre tanto, cultivad un solo deseo, el más perfecto de todos, el de agradar á Dios y alimentaros de su santa voluntad.

VIII
Alimentaos de la santa voluntad de Dios, bebed en el cáliz de jesús con los ojos cerrados, sin querer ver lo que hay dentro; os basta saber que es Jesucristo que os lo presenta. Repetid con frecuencia: “¡Querida voluntad! ¡OH voluntad de mi Padre y de mi Dios! Yo os amo. Sed siempre bendita. El alimento de mi Jesús era hacer la voluntad del Padre eterno; mi alimento será hacer siempre su santísima voluntad.”

IX
Abandonaos á la santa voluntad de Dios; ella ha de ser siempre nuestro alimento. El dulcísimo Jesús hizo siempre su alimento de la voluntad de su Padre, que quiso verle en un mar de sufrimientos: Sed magnánimos; no os dejéis espantar por el demonio; manteneos ocultos en Dios: allí nadie podrá dañaros.

X
Humillaos, resignaos, abandonaos en Dios con una muy grande confianza, permaneciendo siempre en vuestra nada. La divina voluntad es un bálsamo que cura todas las penas; es preciso acariciarla y amarla en las adversidades como en las prosperidades.

XI
Un día el Señor me hizo ver un grueso haz de cruces; al mismo tiempo me inspiró interiormente el sumergir mi voluntad propia como una gota de agua en el océano inmenso de su santísima voluntad. Yo lo hice así, y en un abrir y cerrar de ojos todas aquellas cruces desaparecieron. Haced otro tanto en vuestras penas, y desaparecerán.

XII
En vuestras penas y aflicciones interiores y exteriores practicad el ejercicio del abandono total á la santa voluntad de Dios. Rezad el rosario que Santa Gertrudis compuso de estas palabras: Fiat voluntas tua! Hágase, Señor, vuestra voluntad! Otras veces decid con sentimiento de perfecta resignación: “Vuestros juicios, Señor, son justos y equitativos.”

XIII
Si cuando vais al huerto para coger frutas os sorprende una fuerte lluvia, ¿qué hacéis? Os abrigáis en alguna parte, ¿no es verdad? Lo mismo cuando las angustias, las tribulaciones, las amarguras llueven sobre vos, ocultaos en el asilo seguro de la adorable voluntad de Dios, y de esta suerte no os mojaréis.

XIV
Los viñadores y jardineros cuando viene la tempestad se retiran á su cabaña, y permanecen en ella hasta que pase la lluvia. Así nosotros en las terribles tempestades de que estamos amenazados á causa de nuestros pecados y los del mundo, debemos refugiarnos bajo la tienda de oro de la Santísima voluntad de Dios, regocijándonos de que la voluntad del Soberano Dueño se cumpla en todas las cosas.

XV
Decid á menudo: Señor, yo no quiero ni vivir ni morir, sino tan soló lo que Vos queréis. Muero gustoso para hacer vuestra adorable voluntad. Señor, disponed de mí según vuestra voluntad. Haced de mí lo que queráis, yo seré vuestro y no cesaré de buscaros.

XVI
La enfermedad es una gracia de Dios; ella nos enseña lo que somos; en ella se conoce al hombre paciente, humilde, mortificado… Cuando la enfermedad abate y mortifica al cuerpo, el espíritu está mas apto para elevarse á Dios.

XVII
En lo que mira al cuerpo, abandonaos enteramente á las órdenes del facultativo; después de haberle dicho lo necesario, callaos, y dejadle obrar. No rehuséis los remedios, sino tomadlos en el cáliz amoroso de Jesús con un dulce y alegre semblante. Sed agradecidos á los que os cuidan y asisten.

XVIII
En vuestras dolencias manteneos en vuestra cama como sobre la Cruz. Jesús ha orado tres horas en la Cruz, y ésta fue una oración verdaderamente crucificada, sin consuelo, ni interior ni exterior. ¡OH Dios, qué gran lección! Rogad á Jesús que la imprima en vuestro corazón. ¡OH, cuántas cosas hay que meditar en ella!

XIX
No podríais tener una señal más segura del amor que Dios os tiene, que esa pena con que Dios os regala. Adorad la divina voluntad que os ha enviado esa enfermedad. Cuando gozabais de buena salud, no erais tan querida de Dios como lo sois ahora. El os ama como á hija y a esposa muy querida: he aquí porque os trata de esta manera.

XX
Las grandes enfermedades son grandes gracias que Dios hace á las almas que ama más… Reposad en paz entre los brazos del esposo celestial que os ama mucho; permaneced sobre la cruz de la enfermedad en paz y silencio, tanto como os es posible. Si la causa de la enfermedad es la herida del amor divino que embalsama vuestra alma, y morís bajo sus golpes, ésta será una muerte más preciosa que la vida.

XXI
El camino más corto para adquirir la paz que nace del amor de Dios, fuente inagotable de virtudes, es el aceptar todas las tribulaciones, ya espirituales, ya temporales, las enfermedades, los infortunios de todo linaje; aceptar todo esto sin ningún intermediario, sino de la misma mano de Dios, es mirar y tomar todos los acontecimientos adversos como ricos regalos que nos son ofrecidos por el Padre celestial.

XXII
Desde la eternidad el Señor ha determinado y juzgado bueno lo que tenéis que sufrir. Esas penas corporales, esas persecuciones del demonio y de los hombres estaban decretados en los eternos consejos de Dios. Miradlos con los ojos de la fe, y acariciad la voluntad de Dios con oraciones jaculatorias y exclamaciones del corazón.

XXIII
Cuando miramos con los ojos de la fe las amarguras, las persecuciones y los sufrimientos del alma y del cuerpo, cuando las miramos como joyas que salen del seno paternal de Dios, lejos de sernos amargas, se nos hacen muy dulces y suaves.

XXIV
La enfermedad vale más que una buena disciplina ó un rudo cilicio. ¡OH, cuánto agradan á Dios las disciplinas que El mismo nos envía! En medio de vuestras dolencias repetid á menudo las palabras del Salvador en el huerto de las Olivas: Hágase, Padre mío, tu voluntad y no la mía.

XXV
En todas vuestras aflicciones y enfermedades mirad al dulce Jesús, nuestro amor, Rey de dolores y de aflicciones, que está agonizando en el duro madero de la Cruz; esta vista endulzará todos vuestros dolores u todas vuestras angustias.

XXVI
Si la idea de la muerte os inspira algún temor, disipadlo, pensando en la muerte de Jesucristo. En el fondo, morir no es cosa horrible, sino amable. Si la muerte es privación de a vida, ella nos es quitada por el mismo Dios que nos la dió.


XXVII
Decid con frecuencia al Señor. “yo acepto la muerte, ¡oh Dios mío! de buena voluntad. El que es culpable de lesa majestad, justo es que muera. Yo soy culpable, luego debo morir…
Después, de los sufrimientos de un momento, la divina misericordia os reserva una eternidad de dulces é inefables alegrías.

XXVIII
Tengamos gran confianza que por los méritos de la Pasión y muerte de nuestro divino Redentor y los dolores de María Santísima, nuestra dulce Madre, cantaremos en el cielo las infinitas y paternales misericordias de Dios.
Decidme: ¿qué quisierais haber hecho si tuvierais que morir en este momento? ¿quisierais haber gozado de perfecta salud y vivido en las riquezas, que de ordinario arrastran á grandes pecados, y después ser arrojados en el infierno; ó haber llevado una vida enfermiza y pobre, y luego volar al Santo Paraíso?

San Pablo de la Cruz

domingo, 7 de marzo de 2010

PETICIÓN A SU SANTIDAD BENEDICTO XVI SUPLICANDO UN DECRETO DE EXCOMUNIÓN PARA JUAN CARLOS I DE BORBÓN


Santo Padre,

De rodillas suplicamos humildemente a Su Santidad, Vicario de Cristo en la Tierra, cumpla el Sagrado deber de defender la Fe y la Justicia de la única Iglesia de Cristo y se digne redactar un decreto confirmando la "Excomunión latae sententiae" de Juan Carlos I de Borbón por su apoyo (directo e indirecto) al horroroso crimen del aborto voluntario provocado.

Suplicamos a Su Santidad este decreto puesto que es irrefutable y hecho histórico comprovado que:

1) Juan Carlos I de Borbón promovió de manera INDIRECTA el crimen del aborto. Juan Carlos I defendió y finalmente autorizo la fundación legal del estado como un ateo/positivista/naturalista que autoriza leyes amorales como la del aborto contrarias a la Moral de la Iglesia Católica.

La doctrina católica prohibe terminantemente que nadie utilice su posición o poder para remover del estado el “orden objetivo moral” para promover y autorizar leyes amorales. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

2105 El deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado. Esa es la doctrina tradicional católica sobre el deber moral de los hombres y de las sociedades respecto a la religión verdadera y a la única Iglesia de Cristo (DH 1). Al evangelizar sin cesar a los hombres, la Iglesia trabaja para que puedan informar con el espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en la que cada uno vive (AA 13). Deber social de los cristianos es respetar y suscitar en cada hombre el amor de la verdad y del bien. Les exige dar a conocer el culto de la única verdadera religión, que subsiste en la Iglesia católica y apostólica (cf DH 1). Los cristianos son llamados a ser la luz del mundo (cf AA 13). La Iglesia manifiesta así la realeza de Cristo sobre toda la creación y, en particular, sobre las sociedades humanas.

2109 El derecho a la libertad religiosa no puede ser de suyo ni ilimitado, ni limitado solamente por un orden público concebido de manera positivista o naturalista. Los justos límites que le son inherentes deben ser determinados para cada situación social por la prudencia política, según las exigencias del bien común, y ratificados por la autoridad civil según normas jurídicas, conforme con el orden objetivo moral (DH 7).

El promover la transición de un estado de orden objetivo moral protegido en su fundación legal contra leyes amorales contrarias a la Fe Católica hacia un estado de fundación legal atea, naturalista/positivista es contrario a la doctrina Católica y es además un gran escándalo público que posiblemente lleva a decenas de miles de almas a la perdición eterna. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

2286 El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión. Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos.

2287 El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastren a hacer el mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que directa o indirectamente ha favorecido. Es imposible que no vengan escándalos; pero, "¡ay de aquél por quien vienen!" (Lc 17, 1).

2) Juan Carlos I de Borbón coopero de manera DIRECTA al crimen del aborto legalizado. Juan Carlos I firmó con su puño y letra el Real Decreto 2409 de 1985, que autorizó y legalizó el gravísimo pecado del aborto directo voluntario. Catecismo de la Iglesia Católica:

Aquí se ve claramente que utilizar el poder para la cooperación al mal moral que “directa o indirectamente ha favorecido” es falta gravísima de escándalo público. El no enmendar el gravísimo pecado de escándalo pero confirmarlo con el acto de firmar con su puño y letra el Real Decreto 2409 de 1985 que autoriza el aborto provocado es una gravísima falta sancionada con la pena canónica de excomunión. Catecismo de la Iglesia Católica:

2272 La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana.

El Catecismo de la Iglesia Católica queda confirmado por el Derecho Canónico (1398 y 1329 §2) y por SS Juan Pablo II:

"La excomunión afecta a todos los que cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices sin cuya cooperación el delito no se hubiera producido" (Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, n. 62).

3) Juan Carlos I de Borbón no solo promovió y autorizo el estado naturalista positivista desprotegido en su fundación legal de leyes amorales, no solo firmo el Real Decreto 2409 de 1985, que autorizó y legalizó el gravísimo pecado del aborto directo voluntario, sino que ahora en el año 2010, también firmó con su puño y letra la Ley Orgánica 2/2010 que amplia y permite de manera mas radical el infanticidio masivo de bebes no natos.

Así y debido a su gravísimo pecado de escándalo, el gravísimo acto de apoyar el aborto provocado en el 1985 y en ahora en el año 2010, suplicamos a Su Santidad, basándonos en el Derecho Canónico 1405, un decreto que confirme la "Excomunión latae sententiae" del Rey Juan Carlos I de Borbón para que todos los sacerdotes y obispos estén al tanto de la imposibilidad de ofrecer la Santa Eucarística a Juan Carlos I de Borbon, como lo manda el punto 2272 del Catecismo de la Iglesia Católica y el Derecho Canónico (1398 y 1329 §2).

Fernando Santos

Tomado de Tradición y Patria

jueves, 4 de marzo de 2010

PATER NOSTER-CANTO GREGORIANO




CARTA ABIERTA A LOS CATÓLICOS PERPLEJOS (IV)

LA MISA TRADICIONAL Y LA MISA PUESTA AL DIA

Para preparar el Congreso Eucarístico de 1981, se redactó un cuestionario cuya primera pregunta era la siguiente: "Entre estas dos definiciones, 'Santo Sacrificio de la Misa' y 'Comida Eucarística', ¿cuál adopta usted espontáneamente?" Habría mucho que decir sobre esta manera de interrogar a los católicos en la que en cierto modo se les deja la libertad de elegir y se apela a su juicio personal en una cuestión en la cual la espontaneidad nada tiene que hacer. No se puede elegir la definición de la misa así como se elige un partido político. Pero, ¡ay! La insinuación no se debe a la torpeza del redactor de este cuestionario. Hay que convencerse: la reforma litúrgica tiende a reemplazar la noción y la realidad del Sacrificio por la realidad de una comida. Y así es como se habla de celebración eucarística y de Cena, pero el término Sacrificio es mucho menos empleado y casi ha desaparecido por entero de los manuales de catecismo y de predicación. El término no figura en el Canon Nº 2 llamado de san Hipólito. Esta tendencia tiene relación con lo que comprobamos tocante a la Presencia real: si ya no hay sacrificio, ya no hay más necesidad de una víctima. La víctima está presente con miras al sacrificio. Convertir la misa en una comida conmemorativa, en una comida fraternal es el error de los protestantes. ¿Qué OCURRIÓ EN EL siglo XVI? Primeramente lo que está pasando en nuestros días. Los protestantes reemplazaron inmediatamente el altar por una mesa, suprimieron el crucifijo de la mesa e hicieron volver al "presidente de la asamblea" en dirección de los fieles. El desarrollo de la Cena protestante se encuentra en Pierres Vivantes, el libro compuesto por los obispos de Francia que todos los niños que aprenden catecismo deben utilizar obligatoriamente: "Los cristianos se reúnen para celebrar la eucaristía; se trata de la misa... Los cristianos proclaman la fe de la iglesia, ruegan por el mundo entero, ofrecen el pan y el vino... El sacerdote que preside la asamblea dice la gran oración de acción de gracias..." Ahora bien, en la religión católica, es el sacerdote quien celebra la misa, es él quien ofrece el pan y el vino. El concepto de presidente está tomado directamente del protestantismo. El vocabulario mismo sigue al cambio de espíritu. Antes se decía: "Monseñor Lustiger celebrará una misa pontifical". Me han dicho que en la Radio Notre-Dame, la frase que ahora se utiliza es: "Jean-Marie Lustiger presidirá una concelebración". Véase cómo se habla de la misa en un folleto editado por la Conferencia de Obispos suizos. "La comida del Señor realiza en primer término la comunión con Cristo. Es la misma comunión que Jesús realizaba durante su vida terrestre cuando se sentaba a la mesa con los pecadores, comida que continúa en la comida eucarística desde el día de la Resurrección. El Señor invita a sus amigos a reunirse y él estará presente entre ellos." ¡Pues no! Todo católico está obligado a responder de manera categórica.
¡No! La misa no es eso. No es la continuación de una comida semejante a aquella en la que nuestro Señor invitó a san Pedro y a algunos discípulos una mañana a orillas de lago después de su resurrección; "Luego pues que subieron saltando a tierra vieron allí un fuego de carbón, un pescado puesto encima y pan... Díceles Jesús, 'Venid y almorzad' y ninguno
de los discípulos se atrevió a preguntarle '¿Quién eres tú?' conociendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan, lo da a sus discípulos y asimismo el pescado" (San Juan, XXI, 9-13). La comunión del sacerdote y de los fieles es una comunión con la víctima que se ofrece en el altar del sacrificio. Ese altar es macizo y está hecho de piedra; si no es de piedra contiene por lo menos la piedra de altar que es una piedra de sacrificio, en ella se han incrustado reliquias de mártires porque ellos ofrecieron su sangre por su Maestro. Esta comunión de la sangre de Nuestro Señor con la sangre de los mártires nos alienta a ofrecer también nosotros nuestras vidas. Si la misa es una comida, comprendo que el sacerdote se vuelva hacia los fieles. Uno no preside una comida volviendo la espalda a los invitados. Pero un sacrificio se ofrece a Dios no a los circunstantes. Por esa razón el sacerdote, a la cabeza de los fieles, se vuelve hacia Dios, hacia el crucifijo que domina el altar. Hoy se insiste en toda ocasión en lo que el Nuevo Misal de los domingos llama "el relato de la institución". El Centro Jean Bart, centro oficial del obispado de París, declara: "En el corazón de la misa hay un relato”. Otra vez ¡No! La misa no es una narración, es una acción. Hay tres condiciones indispensables para que la misa sea la continuación del Sacrificio de la Cruz: la oblación de la víctima, la transubstanciación que hace a la víctima efectivamente presente y no simbólicamente, la celebración por parte de un sacerdote que ocupa el lugar del Sacerdote máximo que es Nuestro Señor y que debe estar consagrado por su sacerdocio. De esta manera la misa puede procurar la remisión de los pecados. Un simple acto recordatorio, un relato de la institución acompañado por una comida distaría mucho de bastar. Toda la virtud sobrenatural de la misa proviene de su relación con el Sacrificio de la Cruz. Si uno ya no cree en eso, no cree nada de lo que la Santa Iglesia enseña, la Iglesia ya no tiene razón de ser y tampoco es necesario pretender ser católico. Lutero había comprendido muy bien que la misa es el corazón, el alma, de la Iglesia. Decía: "Destruyamos la misa y destruiremos a la Iglesia". Lo cierto es que percibimos que el Novus Ordo missae, es decir, la nueva regla adoptada después del concilio, se alinea según las concepciones protestantes o, por lo menos, se aproxima a ellas peligrosamente. Para Lutero, la misa podrá ser un sacrificio de alabanza, es decir un acto de alabanza, de acción de gracias, pero ciertamente no un sacrificio expiatorio que renueva el Sacrificio de la Cruz y lo aplica. Para Lutero el Sacrificio de la Cruz tuvo lugar en un determinado momento de la historia y Lutero permanece prisionero de esa historia; nosotros no podemos aplicarnos los méritos de Cristo sino por obra de nuestra fe en su muerte y en su resurrección. En cambio, la Iglesia cree que ese sacrificio se realiza místicamente en nuestros altares en cada misa, de una manera incruenta, por obra de la separación del cuerpo y de la sangre en las especies del pan y del vino. Esa renovación permite aplicar a los fieles presentes los méritos de la cruz y perpetuar esa fuente de gracias en el tiempo y en el espacio. El Evangelio de san Mateo termina con estas palabras: "Y ahora yo estaré con vosotros para siempre, hasta el fin del mundo". La diferencia de concepción no es insignificante. Sin embargo se procura reducirla alterando la doctrina católica, como puede comprobarse por numerosos signos en la liturgia.
Lutero decía: "El culto se dirigía a Dios como un homenaje, en adelante se dirigirá al hombre para consolarlo e iluminarlo. El sacrificio ocupaba el primer lugar, ahora el sermón lo suplantará." Esto significaba introducir el culto del hombre y, en la Iglesia, la importancia de la "Liturgia de la palabra". Si abrimos los nuevos misales comprobamos que esa revolución se ha cumplido. Se agregó una lectura a las dos que existían y además una "oración universal" a menudo utilizada para expresar ideas políticas o sociales. Se llega así a un desequilibrio en favor de la palabra. Una vez terminado el sermón, la misa ya casi toca a su fin. En la Iglesia, el sacerdote lleva la marca de un carácter indeleble que lo hace un alter Christus; sólo el sacerdote puede ofrecer el Santo Sacrificio. Lutero considera la distinción entre clérigos y laicos como "la primera muralla levantada por los romanistas"; todos los cristianos son sacerdotes, el pastor no hace sino ejercer una función al presidir la "misa evangélica". En el nuevo orden, el "yo" del celebrante ha quedado reemplazado por el "nosotros"; por todas partes se lee que los fieles "celebran", se los asocia a actos del culto, leen la Epístola y eventualmente el Evangelio, distribuyen la comunión, a veces hacen la homilía que puede ser reemplazada por "un intercambio en pequeños grupos sobre la palabra de Dios", se reúnen con antelación para "forjar" la celebración del domingo. Pero todo esto no representa más que una etapa; desde hace varios años, responsables de organismos episcopales emiten proposiciones de este género: "Los que celebran no son los ministros, sino que la que celebra es la asamblea'' (Fichas del Centro Nacional de la Pastoral Litúrgica) o "La asamblea es el primer tema de la liturgia"; lo que cuenta no es "el funcionamiento de los ritos, sino la imagen que la asamblea se forja de sí misma y las relaciones que se instauran entre los co-celebrantes" (P. Gelineau, artífice de la reforma litúrgica y profesor en el Instituto Católico de París).
Si lo que cuenta es la asamblea, bien se comprende que las misas privadas sean mal consideradas, lo cual hace que los sacerdotes ya no las digan, puesto que cada vez es menos fácil encontrar una asamblea sobre todo en días hábiles. Esto constituye una ruptura con la doctrina invariable: la Iglesia necesita multiplicar los sacrificios de la misa para la aplicación del Sacrificio de la Cruz y para todos los fines que le son asignados-, la adoración, la acción de gracias, la propiciación 3 y la impenetración. 4
3 Acción de hacer propicio a Dios. 4 Acción de obtener las gracias y bendiciones divinas.. 5 * Asambleas dominicales en ausencia del sacerdote
Y aquí no acaba todo, pues muchos se proponen eliminar lisa y llanamente al sacerdote, lo cual da lugar a las famosas ADAP (Assamblées dominicales en l'absence du prétre).5 Podría uno concebir la idea de que los fieles se reúnan para orar juntos y honrar así el día del Señor. Pero esas ADAP son en realidad especies de misas a las cuales únicamente les falta la consagración y esto, como se puede leer en un documento del Centro Regional de Estudios Socio religiosos de Lille, sólo porque hasta nueva orden los laicos no tienen el poder de ejecutar este acto. La ausencia del sacerdote puede ser deliberada "para que los fieles aprendan a desempeñarse solos". El padre Galineau en Demnm ia hturgie escribe que las ADAP no son más que una "transición pedagógica hasta que las mentalidades hayan cambiado" y concluye, con una lógica que confunde, que hay demasiados sacerdotes en la Iglesia, "sin duda demasiados para que las cosas evolucionen rápidamente".
Lutero suprimió el ofertorio: ¿por qué ofrecer la hostia pura y sin mancha si ya no hay más sacrificio? En el nuevo orden francés el ofertorio prácticamente ya no existe; por lo demás ya ni siquiera se lo llama con ese nombre. El Nuevo Misal de los domingos habla de "oraciones de presentación". La fórmula utilizada evoca más una acción de gracias, un agradecimiento por los frutos de la tierra. Para darse cuenta de esto basta con compararla con las fórmulas tradicionalmente empleadas por la Iglesia en las que se manifiesta claramente la finalidad propiciatoria y expiatoria del sacrificio "que yo os ofrezco... por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias; por todos los asistentes y por todos los cristianos vivos y muertos a fin de que aproveche a mi salvación y a la de ellos para la vida eterna". Y luego elevando el cáliz, el sacerdote dice: "Os ofrecemos, Señor, el cáliz de vuestra redención y suplicamos que vuestra bondad lo quiera hacer ascender, como un suave perfume, a la presencia de Vuestra divina Majestad, para salvación nuestra y salvación del mundo entero". ¿Qué queda de todo esto en la nueva misa? Lo siguiente: "Bendito tú seas, Dios del universo, que nos das este pan, fruto de la tierra y del trabajo de los hombres. Ahora te lo presentamos y se convertirá en el pan de la vida"; lo mismo ocurre con el vino que se convertirá en "el vino del reino eterno"; ¿De qué sirve agregar un poco después: “Lávame de mis faltas, Señor, purifícame de mi pecado; y "Que nuestro sacrificio encuentre este día gracia ante ti"? ¿Qué pecado? ¿Qué sacrificio? ¿Qué relación puede establecer el fiel entre esta presentación vaga de las ofrendas y la redención que es capaz de alcanzar? Haré otra pregunta-. ¿Por qué sustituir un texto claro y de sentido completo por una serie de frases enigmáticas y mal hilvanadas en su conjunto? Si se siente la necesidad de cambiar algo debe procederse a mejorar. Esas pocas palabras que parecen rectificar la insuficiencia de las "oraciones de presentación" hacen pensar otra vez en Lutero, quien disimulaba con tiento los cambios. Conservaba lo más posible ceremonias antiguas y se limitaba a cambiarles sólo el sentido. La misa conservaba en gran parte su aparato exterior y el pueblo encontraba en las iglesias más o menos la misma decoración, más o menos los mismos ritos con algunos retoques hechos para complacerlo, pues a partir de entonces todo se dirigía al pueblo mucho más que antes; el pueblo tenía ahora más conciencia de valer algo en el culto, desempeñaba una parte más activa mediante el canto y la oración recitada en voz alta. Poco a poco el latín fue dejando definitivamente su lugar al alemán. ¿Y todo esto no nos recuerda nada? Lutero también se empeñaba en crear nuevos cánticos para reemplazar "todos esos gorgoritos del papismo"; las reformas siempre asumen el aspecto de revolución cultural. En el nuevo orden, la parte más antigua del canon romano, que se remonta a la edad apostólica, fue modificada para que se aproximara a la fórmula consagratoria luterana, con un agregado y una supresión. La traducción francesa ha conservado las palabras pro multis, pero alterando su significación. En lugar de "mi sangre... que será derramada para vosotros y para un gran número", leemos; "que será derramada para vosotros y para la multitud". Esto no significa lo mismo y teológicamente no es neutro.
Se habrá podido observar que la mayor parte de los sacerdotes pronuncia hoy de un tirón la parte principal del canon que comienza así: "La víspera de su pasión, tomó el pan en sus manos muy santas..." sin hacer la pausa implícitamente indicada en el misal romano:
"Sosteniendo con las dos manos la hostia entre el índice y el pulgar, el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración en voz baja, pero distintamente sobre la hostia". El tono cambia entonces, se hace vivo y las cinco palabras Hoc est enim Corpus meum operan el milagro de la tran-substanciación, así como las palabras que se dicen en la consagración del vino. El nuevo misal invita al celebrante a conservar el tono narrativo como si se tratara efectivamente de una recordación. Como hoy la creatividad es la regla, podemos ver a ciertos oficiantes que al recitar su texto muestran la hostia en redondo o hasta la rompen con ostentación para agregar el gesto a las palabras e ilustrar mejor su relato. Se suprimieron dos de las cuatro genuflexiones y las que quedan a veces se omiten; verdaderamente cabe preguntarse si el sacerdote tiene el sentimiento de consagrar, suponiendo que realmente tenga la intención de hacerlo. Y entonces los católicos perplejos se convierten en católicos preocupados: ¿Fue válida la misa a la que acaban de asistir? ¿Fue realmente el cuerpo de Cristo la hostia que recibieron? Este es un grave problema. ¿Cómo puede el fiel juzgar la situación? Para la validez de una misa existen condiciones esenciales: la materia, la forma, la intención y el sacerdote válidamente ordenado. Si se cumplen estas condiciones no se ve cómo se podría llegar a la conclusión de la invalidez. Las oraciones del Ofertorio, del Canon y de la Comunión del sacerdote son necesarias a la integridad del sacrificio y del sacramento, pero no a su validez. El cardenal Mindszenty, al pronunciar a hurtadillas y de prisa en su prisión las palabras de la Consagración sobre un poco de pan y vino para nutrirse con el cuerpo y la sangre de Nuestro Señor sin que lo advirtieran sus carceleros, ciertamente cumplió el sacrificio y el sacramento. Una misa celebrada con las tortitas de miel del obispo norteamericano a quien me he referido es ciertamente inválida, lo mismo que aquella en la que las palabras de la consagración estuvieran gravemente alteradas u omitidas. Se ha informado sobre el caso de un celebrante que hizo un despliegue tal de creatividad que sencillamente se olvidó de decir las palabras de la Consagración. Pero ¿cómo apreciar la intención del sacerdote? Es evidente que cada vez hay menos misas válidas a medida que la fe de los sacerdotes se corrompe y ellos mismos no tienen ya la intención de hacer lo que siempre hizo la Iglesia, pues la Iglesia no puede cambiar de intención. La formación actual de los que se llaman seminaristas no los prepara para celebrar misas válidas. Ya no se les enseña a considerar el Santo Sacrificio como la obra esencial de su vida sacerdotal. Por otra parte, se puede agregar sin exageración que la mayoría de las misas celebradas sin piedra de altar con utensilios vulgares, con pan fermentado, con la introducción de discursos profanos en el cuerpo mismo del Canon, son sacrilegios y pervierten la fe al disminuirla. La desacralización llega a un punto tal que esas misas pueden llegar a perder su carácter sobrenatural, el "misterio de la fe", para no ser más que actos de religión natural. La perplejidad del católico tal vez asuma la forma siguiente : ¿Puedo asistir a una misa sacrílega pero que sin embargo es válida a falta de otra y para satisfacer la obligación dominical? La respuesta es simple: esas misas no pueden ser objeto de una obligación. Además, uno debe aplicarles las reglas de la teología moral y del derecho canónico en lo referente a la participación en una acción peligrosa para la fe o eventualmente sacrílega.
La nueva misa, aun dicha con piedad y con el respeto de las normas litúrgicas, es pasible de las mismas reservas puesto que está impregnada de espíritu protestante. Esa misa lleva dentro un veneno pernicioso para la fe. Teniendo en cuenta esto, el católico francés de hoy puede encontrar las condiciones de práctica religiosa que existen en países donde se envían misiones. En esos países, los habitantes de ciertas regiones no pueden asistir a misa más que tres o cuatro veces por año. Los fieles de nuestro país deberían hacer el esfuerzo de asistir una vez por mes a la misa de siempre, verdadera fuente de gracia y de santificación, en aquellos lugares en que todavía continúa honrándosela. Porque, en verdad, debo decir y afirmar sin temor a equivocarme que la misa codificada por Pío V —y no inventada por él, como se ha dado a entender a menudo-expresa claramente estas tres realidades: sacrificio, presencia real y sacerdocio de los oficiantes. Esa misa tiene también en cuenta, según lo precisó el concilio de Trento, la naturaleza del hombre que necesita algún socorro exterior para elevarse a la meditación de las cosas divinas. Los usos establecidos no lo fueron por casualidad y no se los puede desplazar o abolir impunemente. Cuántos fieles, cuántos jóvenes sacerdotes, cuántos obispos perdieron la fe después de la adopción de las reformas. No se contraría la naturaleza y la fe impunemente, pues ellas se vengan. Pero precisamente se nos dice que el hombre no es el mismo de un siglo atrás; su naturaleza ha sido modificada por la civilización técnica en la cual está inmerso, ¡Qué absurdo! Los innovadores se guardan bien de mostrar a los fieles el deseo que los ánima de acercarse al protestantismo; invocan otro argumento: el cambio. Véase lo que se dice en la escuela teológica de Estrasburgo: "Debemos reconocer que hoy estamos en presencia de una verdadera mutación cultural. Una cierta manera de celebrar la recordación del Señor estaba vinculada con un universo religioso que ya no es el nuestro." Se lo dice rápidamente y todo desaparece. Hay que volver a comenzar desde cero. Ésos son los sofismas de que se valen para hacernos cambiar nuestra fe. ¿Qué es un "universo religioso"? Sería mejor ser francos y decir: "una religión que ya no es la nuestra".

Monseñor Marcel Lefebvre.

(Continuará)

martes, 2 de marzo de 2010

HAY SATANISTAS ENTRE LOS SACERDOTES, OBISPOS Y HASTA CARDENALES DEL VATICANO

Entrevista a Gabriele Amorth
Paolo Rodari

Si un exorcista en el Vaticano descubre que tiene mucho que hacer


¿Satanistas en el Vaticano? “Sí, aún en el Vaticano hay miembros de sectas satánicas”. Y ¿quienes participan de ellas? “Se trata de sacerdotes o de simples laicos? “Son sacerdotes, monseñores e ¡inclusive cardenales!”. Discúlpeme, don Gabriele, pero ¿Ud. como lo sabe? “Lo se por las propias personas que me lo han podido referir porque han tenido modo de saberlo directamente. Y es algo “confesado” por muchas veces por el propio demonio bajo obediencia durante los exorcismos”. ¿El Papa está informado? “¡Por cierto que está informado! Pero hace lo que puede. Es algo escalofriante. Tenga en cuenta que Benedicto XVI es un Papa alemán, viene de una nación decididamente adversa a estas cosas. En Alemania de hecho casi no hay exorcistas, pero el Papa sí cree: he tenido ocasión de hablar con él tres veces, cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. ¡Sin duda cree! Y ha hablado explícitamente en público muchas veces. Nos ha recibido, como asociación de excorcistas y ha hecho un buen discurso dándonos ánimo y elogiando nuestro apostolado. Y no se olvide que del Diablo y del exorcismo ha hablado mucho Juan Pablo II”.

Ahora bien, ¿es verdad lo que decía Paulo VI: que el humo de Satanás ha entrado en la Iglesia? “Es verdad, sobretodo porque inclusive en la Iglesia hay adeptos a las sectas satánicas. Este particular “humo de Satanás” lo ha mencionado Paulo VI el 29 de junio de 1972. Y como esta frase ha creado un enorme escándalo, el 15 de noviembre del mismo año 1972 dedicó todo un discurso de los miércoles al demonio, con frases muy duras. Ciertamente, rompió el hielo, levantó el manto de silencio y censura que venía desde hacía mucho tiempo, pero no ha logrado consecuencias prácticas. Se necesitaba alguien como yo, que no vale nada, para dar la voz de alarma, para lograr esas consecuencias prácticas”.

El P. Gabriele Amorth es uno de los grandes exorcistas en el nivel internacional. Desarrrolla su función en la propia ciudad de Roma. Sus memorias, recopiladas por Marco Tosatti en “El P. Amorth. Memorias de un Excorcista. Mi vida en lucha contra Satanás”. (Piemme) son ante todo una denuncia de la Iglesia que quiere hacer. Sobre la Iglesia y a sus obispos dice allí: “Tenemos muchísimos sacerdotes y muchos obispos que por sobre todo no creen en Satanás”. Y ahora: “Hay naciones enteras sin exorcistas: Alemania, Austria, Suiza, España, Portugal... Muchos obispos no creen ya en el demonio y llegan a decir a la gente de un modo directo: el infierno no existe, el demonio no existe. Sin embargo Jesús en el Evangelio habla mucho por lo cual podría decirse que ¡o no han leído el Evangelio o directamente no creen en Él”!

Muchos obispos no creen en el demonio. Y de hecho, la batalla del P. Amorth se desarrolla en dos frentes: contra el adversario de siempre y contra el silencio o la incredulidad del clero: “El Código de Derecho Canónico dice que los exorcistas deberán ser seleccionados de entre la flor del clero”, explica. Y, en lugar de esto, se hace de otra manera”. A menudo los mejores sacerdotes son destinados por los obispos a otros encargos. Y los pocos exorcistas que hay tienen poca experiencia. Debería ser al revés. Para todos debería ofrecerse lo que tuvo don Amorth: el cardenal Ugo Poletti lo destinó junto al P. Cándido Amantini, que hacía cuarenta años era excorcista de la Scala Santa. Dice don Amorth: “Fueron muchos los episodios que me relataba el P. Cándido. Un día un sacerdote le dice claramente que no creía nada de todo esto: demonio, exorcismo y cosas así.

El P. Cándido le respondió: venga una vez a asistir a uno. El P. Cándido relató que este sacerdote se presentó, con las manos en los bolsillos, con un aire casi de desprecio. En un cierto punto el demonio se volvió a él y le dijo: tú no crees en mí, pero las mujeres dicen que tú crees en las mujeres. El sacerdote, caminando de espaldas, completamene avergozado, ganó la puerta y se fue”.

Don Amorth recibe en su estudio a centenares de personas al año. De estas, pocas están realmente poseídas. La mayor parte tiene simplemente graves problemas físicos o psiquátricos. Pero sí hay posesos. Se presentan a don Amorth para ser liberados. Lo hacen espontáneamente, aunque la “presencia” que está poseyendo su cuerpo hace todo lo posible para que el exorcismo no tenga lugar.

¿Como sobreviene una posesión? La mayor parte de la gente queda poseída despues de haber participado de un rito rito satánico o de una misa negra. Dice don Amorth: “la principal característica de las misas negras es el desprecio de la eucaristía. En la verdadera misa negra hay una mujer desnuda que está sobre el altar, que debe ser virgen, y es violada por el que oficia de sacerdote y luego por todos los demás y entonces, sucede de todo. Eso se transforma en un verdadero burdel. Por lo cual muchos asistentes a las misas negras van para el “después”, para el burdel”.

Don Amorth tiene un método –que a veces usa y otras no- para reconocer si persona está verdaderamente poseída: el agua bendita. Nos habla recordando a una mujer que solicitaba ser exorcisada. Don Amorth no sabía si se trataba de una posesión verdaderamente. Así pues, preparó sobre una mesa dos vasos, uno con agua común y otro con agua bendita: Le ofrecí beber el agua común; me dio las gracias y bebió. Minutos después puse el vaso con agua bendita. La bebe, pero esta vez su aspecto cambió de golpe: de jovencita asustada a persona airada. Escandiendo las palabras con un timbre de voz bajo y fuerte, como si un hombre hablase dentro de ella me dice: ¿“Te crees astuto, sacerdote”? Entonces así empieza la oración del exorcismo y solo una hora después, completado el rito, sobreviene la liberación, en la iglesia”.

Tomado de Panorama Católico

lunes, 1 de marzo de 2010

CARTA ABIERTA A LOS CATÓLICOS PERPLEJOS (III)

¿MISAS O FIESTAS?

Tengo ante mí, publicadas en los diarios católicos, unas fotografías que representan la misa tal como se dice ahora con bastante frecuencia. En la primera fotografía me cuesta trabajo comprender de qué momento del Santo Sacrificio se trata. Detrás de una mesa ordinaria de madera, que no parece muy limpia y que no está cubierta por mantel alguno, dos personajes de traje y corbata elevan o presentan uno de ellos un cáliz, el otro un copón. Por el texto me entero de que son sacerdotes, uno de los cuales es capellán general de la Acción Católica. Del mismo lado de la mesa, cerca del primer celebrante, dos muchachas en pantalones, cerca del segundo dos muchachos en pulóver. Una guitarra está apoyada contra un taburete. En otra fotografía la escena representa el rincón de una habitación que podría ser la sala de un hogar de jóvenes. El sacerdote está de pie, ataviado con alba de Taizé delante de un escabel corriente que sirve de altar-, sobre él se ve una gran vasija de gres y un vaso más pequeño del mismo material, así como dos cabos de vela encendidos. Cinco jóvenes están sentados en cuclillas en el suelo y uno de ellos toca la guitarra. La tercera fotografía se refiere a un acontecimiento que se verificó hace algunos años: el crucero marítimo de algunos ecologistas que querían impedir las experiencias atómicas francesas en el islote de Mururoa. Entre ellos hay un sacerdote que celebra la misa en el puente del velero en compañía de otros dos hombres. Los tres están en short y además uno de ellos exhibe el torso desnudo. El sacerdote levanta la hostia, sin duda es el momento de la elevación. No está ni de pie ni de rodillas, sino que está sentado o, mejor dicho, recostado contra la superestructura del barco. Estas fotografías escandalosas presentan un rasgo común: por la vulgaridad de la decoración, por los instrumentos utilizados, por las actitudes y las vestimentas la Eucaristía queda rebajada a la condición de un acto cotidiano. Ahora bien, las revistas llamadas católicas que se venden en los escaparates de las iglesias no presentan estas fotografías para criticar semejantes modos de obrar sino, por el contrario, para recomendarlos. La Vie hasta considera que todo esto no es suficiente. Utilizando como costumbre trozos de cartas de lectores para decir lo que piensa sin comprometerse, la revista declara: "La reforma litúrgica debería ir más lejos... Las repeticiones, las fórmulas que son siempre iguales, toda esa reglamentación frena una verdadera creatividad". ¿Que debería ser la misa? Esto: "Nuestros problemas son múltiples, nuestras dificultades aumentan y la Iglesia parece mantenerse al margen de ellas. A menudo sale uno de la misa agobiado; hay una especie de desfasaje entre nuestra vida, nuestras preocupaciones del momento y lo que se nos propone vivir el domingo." Seguramente uno sale agobiado de una misa que trata de descender el nivel de los hombres, en lugar de elevarlos hacia Dios y que, mal comprendida, no permite superar los "problemas". Ese deseo de ir aún más lejos traduce una deliberada voluntad de destruir lo sagrado. De esta manera se despoja al cristiano de algo que le es necesario y a lo que él aspira, pues el cristiano se siente impulsado a honrar y a reverenciar todo aquello que tiene una relación con Dios. ¡Y cuantas más materias del Sacrificio destinadas a convertirse en su cuerpo y en su sangre! ¿Por qué se hacen hostias grises o morenas dejándoles una parte de salvado? ¿Se quiere hacer olvidar la expresión suprimida en el nuevo ofertorio hanc immaculatam hostiam, esa hostia sin mancha?
Y sin embargo no es ésta una innovación menor. Con frecuencia se oye hablar de la consagración de trozos de pan ordinario en lugar del que se hace con puro trigo candeal como está prescrito y cuyo uso exclusivo fue recordado recientemente en la instrucción Inaestimabile Donun. Como se han sobrepasado todos los límites, hemos llegado a ver que un obispo norteamericano recomendaba que se hicieran unas tortitas con leche, huevos, levadura, miel y margarina. La desacralización se extiende a las personas consagradas al servicio de Dios y así se registra la desaparición del hábito eclesiástico de sacerdotes y religiosas, el empleo de los nombres de pila, el tuteo, el modo de vida secularizado en nombre de un nuevo principio y no, como se trata de hacer creer, por necesidades prácticas. Detesto a esas religiosas que habiendo abandonado el monasterio van a vivir a departamentos alquilados en la ciudad, con lo cual hacen doble gasto pues al haber abandonado también el velo deben acudir regularmente a la peluquería. La pérdida de lo sagrado conduce también al sacrilegio. Un periódico del oeste de Francia nos informa sobre el concurso nacional de muchachas adolescentes que se realizó en 1980 en la Vendée. Se celebró una misa durante la cual las muchachas bailaron y algunas de ellas distribuyeron la comunión .Y esto no fue todo, la ceremonia fue coronada por una ronda en la cual tomo parte el celebrante con sus ornamentos sacerdotales. No tengo la intención de presentar aquí un catálogo de los excesos que se producen; quiero tan sólo dar algunos ejemplos que muestran porqué los católicos de hoy tienen motivos para estar perplejos y hasta escandalizados. No revelo ningún secreto, la propia televisión se encarga de difundir en todos los hogares, en la edición de los domingos por la mañana, la inadmisible desenvoltura que exhiben públicamente obispos respecto del Cuerpo de Cristo, como por ejemplo en la misa televisada del 22 de noviembre de 1981, en la cual el copón fue reemplazado por cestos que los fieles se pasaban unos a otros y que terminaron por dejar en el suelo con lo que quedaba de las Santas Especies. En Poitiers, el Jueves Santo del mismo año, una concelebración de gran espectáculo consistió en consagrar panes y jarros de vino sobre unas mesas a las que cada uno se acercaba para servirse él mismo. Los conciertos de música profana organizados en las iglesias son ahora una costumbre generalizada. Hasta se acepta prestar los lugares de culto para audiciones de música rock con todos los excesos que habitualmente implican. Iglesias y catedrales fueron entregadas al libertinaje, a la droga, a las manchas de todo género y no fue el clero local quien procedió luego a realizar ceremonias expiatorias, sino que fueron grupos de fieles justamente sublevados por tales escándalos. ¿Cómo los obispos y los sacerdotes que favorecieron estas cosas no temen atraerse sobre ellos y sobre el conjunto de su pueblo la maldición divina? Esa maldición ya se manifiesta en la esterilidad que muestran en sus obras. Todo se pierde, todo se desorganiza porque el Santo Sacrificio de la misa, profanado como esta, ya no difunde la gracia, ya no la acuerda. El desprecio por la presencia real de Cristo en la Eucaristía es el hecho más flagrante por el cual se expresa el nuevo espíritu, que ya no es católico.
Sin llegar a los ruidosos excesos a que acabo de referirme, todos los días puede uno comprobar ese nuevo espíritu. El concilio de Trento manifestó de manera explícita y sin ninguna duda posible que Nuestro Señor está presente en las menores partículas de la hostia consagrada. Entonces, ¿qué hemos de pensar sobre la comunión tomada con la mano? Cuando se utiliza una bandeja, aun cuando las comuniones sean pocas, siempre quedan
partículas, en consecuencia, esas partículas quedan en las manos de los fieles. De esta manera la fe se quebranta en muchos, sobre todo en los niños. El nuevo estilo de hacer las, cosas sólo puede tener una explicación: si uno va a misa para compartir el pan de la amistad, la comida comunitaria, la fe común, entonces es natural que no se tomen excesivas precauciones. Si la Eucaristía es sólo un símbolo que materializa el simple recuerdo de un hecho pasado, la presencia espiritual de Nuestro Señor, es lógico que uno se preocupe poco por las migajas que puedan caer al suelo. Pero si se trata de la presencia real del propio Dios, de nuestro Creador, como lo quiere la fe de la Iglesia, ¿cómo comprender que se admita semejante práctica y hasta que se la fomente a pesar de documentos romanos todavía recientes? La idea que se pretende infiltrar así es una idea protestante contra la cual los católicos aún no contaminados se rebelan. Para imponerla mejor, hoy se obliga a los fieles a comulgar de pie. ¿Es conveniente que vaya uno a recibir, sin el menor signo de respeto o recogimiento, a Cristo ante quien, según dice san Pablo, se dobla toda rodilla en el cielo, , en la tierra y en los infiernos? Muchos sacerdotes ya no se arrodillan ante la Santa Eucaristía; el nuevo rito de la misa los alienta a esa actitud. No veo sino dos razones posibles, o un inmenso orgullo que los hace tratar a Dios como si fuéramos sus iguales o la certeza de que Dios no está en la Eucaristía. ¿Me propongo enjuiciar a la presunta "Iglesia Conciliar"? No, no invento nada. Véase cómo se expresa el decano de la facultad de teología de Estrasburgo: "También se habla de la presencia de un orador, de un actor para designar así una cualidad que no es un 'estar allí' topográfico. En definitiva, alguien puede estar presente por un acto simbólico que él mismo no cumple físicamente, sino que otros cumplen por fidelidad creadora en su honor. Por ejemplo, el festival de Bayreuth realiza sin duda una presencia de Richard Wagner, presencia que es muy superior en intensidad a la que pueden manifestar libros o conciertos ocasionales dedicados al músico. Me parece que es en esta última perspectiva cómo conviene situar la presencia eucarística de Cristo." ¡Compara la misa con el festival de Bayreuth! No, decididamente no estamos de acuerdo ni sobre las palabras, ni sobre la música.

Mons. Marcel Lefebvre.
(Continuará)