viernes, 1 de junio de 2012

RUMBO A LA NUEVA RELIGIÓN UNIVERSAL

El Dalai Lama asistió a la misa de Pentecostés en la iglesia de San Esteban

El arzobispo de Viena, el cardenal Christoph Schoenborn dijo al inicio de la misa el domingo de Pentecostés que el Dalai Lama le pidió permiso para visitar la iglesia de San Esteban en la Arquidiócesis de Viena como un “peregrino” más, como ha visitado los santuarios marianos de Lourdes y Fátima además de Roma.  

“Una persona que está profundamente arraigada en su propia fe, puede mostrar un profundo respeto por la fe de otros”, dijo Schoenborn.


Fuente: Ecce Christianus

APOSTOLADO EUCARÍSTICO HOY CUMPLE 3 AÑOS


Queridos lectores, hoy 1 de junio de 2012, primer viernes de mes, Apostolado Eucarístico cumple 3 años, y gracias a ustedes el número de visitas asciende a 229.250, con un total de 407.000 páginas vistas. 
El primer Post que se público en este Blog fue, La Firmeza Doctrinal del Padre Pío, ver aquí
Les ruego que pidan por mí, y también para que este Blog de mucho fruto para la Gloria de Dios y la salvación de las almas. Gracias. 
Que Jesús Sacramentado y la Santísima Virgen les bendigan. 
José Luis

jueves, 31 de mayo de 2012

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN EJEMPLOS - 3


SACRÍLEGA ACCIÓN 

Vivía en los Pirineos un médico conocido con el nombre de fabas. Un día vio llegar un hombre que tenía en la pierna una llaga causada por arma de fuego. La herida, presentaba un carácter especial y era un hervidero de gusanos. El médico se propuso cicatrizarla, o por lo menos hacer que desaparecieran los gusanos; pero ninguna medicina produjo efecto; hasta que un día el enfermo le dijo: 

-Doctor, dejémonos de remedios, no se canse más, pues yo moriré con esta terrible incomodidad.  

-Efectivamente, respondió el médico; aquí hay algo de extraordinario. Nunca he visto cosa semejante, a pesar de que soy viejo y muchísimos casos sorprendentes han pasado por mis manos. 

-¿Dónde recibió usted esta herida? 

-Ya le he dicho que en la guerra; aunque siempre he callado el por qué no sanaré, ahora quiero que lo sepa. 

Tenía yo veinte años, cuando me forzaron a incorporarme al ejército. De nuestro pueblo salimos tres jóvenes: Tomás, Francisco y yo. Los tres estábamos imbuidos en las ideas de aquella época, y así éramos incrédulos o más bien impíos como tres mozalbetes que se precian de seguir la moda. Habíamos recorrido alegremente el camino y estábamos ya para llegar al término de nuestro viaje, cuando al pasar frente a una iglesia de un pueblo de la montaña, divisamos una estatua de la Santísima Virgen, tan venerada por los fieles, que, a pesar de la revolución y de los revolucionarios, había permanecido incólume sobre su pedestal. A uno de mis camaradas, Tomás, se le ocurrió el infame pensamiento de burlarse de la superstición de los vecinos, haciendo a la imagen blanco de sus tiros, como para ejercitarse en el manejo del fusil. Francisco acogió la sacrílega propuesta entre burlas y risas impías. Yo medio vacilante y temiendo ser menos audaz que mis compañeros, procuré disuadirles de una acción que me llenaba de horror. 

Me acordaba entonces de mi madre, pero mis razones fueron inútiles; sólo conseguí que se burlaran de mí. 

Tomás cargó su fusil, apuntó, y la bala fue a clavarse en la frente de la imagen. Apuntó a su vez Francisco y el proyectil dio en el pecho de la misma. 

¡Ahora te toca a ti!, me dijeron. No me atreví a resistir. 

 Apunté temblando, cerré involuntariamente los ojos y la bala fue a estrellarse… 

¿En la pierna? Preguntó el médico. 

-Sí, en la pierna, un poco más arriba de la rodilla, precisamente donde tengo la herida. Ya ve usted que no curaré… Después de esta donosa hazaña, acordamos continuar el viaje. 

Más una anciana, testigo de nuestra infamia, como inspirada por luz profética, nos dijo: 

“Vais a la guerra, pero entended que la nefanda acción que acabáis de cometer será fatal para vosotros.” 

Tomás la amenazó. Yo estaba pesaroso de nuestra fechoría. 

Francisco, menos conmovido que yo, no estaba sin embargo para gloriarse de ella. 

Estorbamos de nuestro compañero se dejase llevar de su encono contra la anciana, y acabamos penosamente la jornada, no sin haber reñido entre nosotros muchas veces. Aquella misma tarde nos incorporamos al regimiento, y pocos días después nos hallábamos frente al enemigo. 

Confieso que yo iba a la batalla sin entusiasmo, y que pensaba en la imagen de la Virgen más de lo que hubiera deseado. Sin embargo, todo salió bien. Conseguimos notables ventajas sobre el enemigo, distinguiéndose Tomás por su denuedo. 

La batalla había concluido, cuando de lo alto de una roca salió un tiro que pareció bajado del cielo. Tomás giró sobre sí mismo y cayó rígido de bruces en tierra. 

La bala se había clavado en la frente entre los dos ojos, en el mismo lugar en que él había herido a la sagrada imagen. 

Francisco y yo, nos miramos sin decir palabra. Durante toda la noche no pudimos dormir. Yo esperaba que Francisco me hablase para aconsejarle que rezase, pero guardó silencio. 

A la mañana siguiente volvimos a la batalla. Francisco me dio la mano y me dijo: -“¡Hoy me toca a mí!” Dichoso tú que tuviste mala puntería. 

El infeliz sacrílego no se engañó. Salió un tiro de un hoyo, y Francisco cae con el pecho atravesado. ¡Oh doctor que muerte aquélla! Revolviéndose en un charco de sangre, pedía a grandes voces un sacerdote, pero los que estaban junto a él se encogieron de hombros y lo dejaron expirar. 

Yo quedé aterrado; y en la persuasión de que no tardaría en tener la triste suerte que mis compañeros y así resolví confesar mi sacrilegio. Pero pasaron los días y se disiparon mis temores y mis buenos propósitos. 

Dieron la orden de vuelta a casa, y cuando estábamos cerca del pueblo de la imagen, he aquí que por un accidente inexplicable se le dispara el fusil a uno de los soldados y la bala fue a clavarse aquí donde usted ve. 

Así se cumplió la profecía de la anciana. Mis dos compañeros habían muerto, y yo regresaba herido. 

La herida no pareció ser grave, pero cuál no sería mi espanto cuando vi que en la llaga se engendraban estos gusanos inagotables que han desconcertado su ciencia. Hace ya veinte años que vengo padeciendo esta herida, ensayando mil remedios, todos ineficaces. 

Si logro llegar al fin de la vida como es debido, es decir cristiano y penitente, lo debo a esta horrible llaga. No desconfío de la misericordia de Dios, y espero morir en su amistad por intercesión de Aquella a quien tan vilmente ultrajé.”

Lourdes - Fátima

¡QUE ELLA REINE! CORONACIÓN DE NUESTRA SEÑORA EN VITÓRIA /ES - BRASIL

Coronación de la Virgen que hicieron los pequeños fieles de Vitória el domingo de Pentecostés.

¡Que Ella Reine!
Coronación de Nuestra Señora.  
Capilla Ntra. Sra. de las Alegrias - Vitória/Es) Brasil.










Enviado por el P. Ernesto Cardozo

sábado, 26 de mayo de 2012

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN EJEMPLOS - 2


UNA MADRE QUE NO QUISO MORIR

Una mujer joven se moría…  
Casada con un médico, ni éste ni los más especializados compañeros de profesión que habían acudido a examinar a la enferma, encontraban recursos en la ciencia con que poder curarla.  
Resignado el marido, atendió la petición de la enferma: “¡Que venga un sacerdote!”  
Y el sacerdote acudió al domicilio que se le había indicado, encontró junto al lecho de la paciente al marido y los dos hijos que del matrimonio habían nacido. El mayor contaba tres años y el menor de los niños tenía poco más del año.  
Se retiró el doctor con sus hijos, para que confesara la enferma…  
Cuando el sacerdote preguntó a ésta si aceptaba la muerte, la joven madre, cobrando energías, contestó:
-¡Padre, no quiero morir…!  
Y se echó a llorar, diciendo:   
-No por mí, sino por mis hijos y mi marido. Calmada luego, exclamó:  
-¡Hágase la voluntad de Dios! Pero…, quiera Dios librarme de la muerte. ¡Se lo pido con toda mi alma!  
 Entonces, el confesor le dijo:
-Ponga usted por intercesora a la Santísima Virgen, que Ella es Madre y sabrá comprenderla como nadie… ¡Y ella todo lo puede cerca de Dios!
Y sacando del libro de oraciones una estampa de las tres Avemarías y una novena, se las dio a la enferma, indicando:
-He aquí una devoción muy eficaz. Comience hoy mismo a rezar las tres Avemarías, y juntos con usted su marido y niños invoquen a María, Omnipotencia Suplicante, Madre nuestra de Misericordia. ¡Pongámoslo así todo en sus manos! Tres días más tarde, el marido acudió a la iglesia preguntando por el sacerdote que había confesado a su mujer, y, al verle éste, se apresuró a decirle:
-¿Qué pasa, doctor? ¿Cómo sigue la enferma?
Y el médico, con irreprimible emoción, le contestó:
-¡Padre, milagro de la Virgen! Mi mujer, inexplicablemente, está fuera de peligro y en franca mejoría.
Y, serenándose, añadió:
-Tan pronto salió usted de mi casa el otro día, pusimos en práctica su consejo, y dimos comienzo al rezo de las tres Avemarías; y arrodillados mi hijo mayor y yo, y en pie, a la cabecera de la cama de su madre, el pequeñín… ¡Y con qué fervor las rezamos, Padre! Igual hicimos el segundo día y hoy por la mañana… Y esta tarde advertí, con asombro, que la fiebre casi había desaparecido… Y al llegar mis compañeros a efectuar su diaria visita, se sorprendieron igualmente del cambio producido, que no tenía explicación científica… ¡Se ha curado! Ofrezca, Padre, mañana, la santa Misa en acción de gracias a Dios y a Nuestra Señora de las tres Avemarías. (Padre Raimundo F. Olivas.)

(Los asombrosos frutos de una sencilla devoción)  

MANIFIESTO EN DEFENSA DE LA UNIDAD DE ESPAÑA


¡AMIGOS! ¡COMPATRIOTAS! ¡ESPAÑOLES!
¡LA UNIDAD DE LA PATRIA ESTÁ EN PELIGRO!

En peligro de destrucción. En peligro de disolución. En peligro de atomización. En peligro de desintegración. En peligro de mutilación. En peligro de claudicación.

La acción disolvente y corrosiva de los separatismos locales y periféricos; de los enemigos endémicos de España; de los patrocinadores de un conglomerado nacionalista, de naciones inexistentes, que pretenden, por métodos violentos, en unos casos, o mediante el trapicheo político, en otras circunstancias, atentar contra la sagrada Unidad de la Patria, que quieren robar y devorar España a dentelladas, como Saturno a sus hijos, y enfangarla en una riña a garrotazos, es lo que justifica y alienta que hoy y ahora, un nutrido grupo de patriotas, se congregue y marche erguido y compacto , para lanzar el grito de alarma y dar la voz de alerta al noble, pero hoy aletargado, pueblo español, cuando se pone en entredicho la suprema e inalterable Unidad Nacional.

Nos asiste una poderosa razón para nuestra rebelión de acudir solícitos a nuestros puestos de defensa y de combate, porque la Unidad de la Patria no se otorga, ni se concede, sino que se defiende o se conquista. A nadie se le puede tildar de traidor, absolutamente a nadie, por amar y luchar por la defensa de la Unidad, de la Libertad y de la Grandeza de su Patria y sí por lo contrario.

España no es una marca, como quieren hacernos creer los nuevos mercaderes que nos gobiernan, sino una profunda e indeleble seña de identidad; España, no es un mito, sino una sempiterna realidad tangible, histórica, territorial, política, social y cultural; España no es una entelequia, sino acto y voluntad firme, forja y aleación de siglos de sacrificio y de gloria; España es el conjunto y la totalidad de todas las partes hermanadas al unísono, de todas las estirpes que la integran, siendo incompatible con los despojos que se quieren hacer de ella; España no es un negocio expuesto a las transacciones episódicas y circunstanciales de la conveniencia, la especulación, la ocasión o el momento oportuno, sino la entidad sólida que, en su totalidad y unidad, es depositaria del alma nacional; España no es un mero argumento, sino un sentimiento profundo y duradero, el solar colectivo, la Patria común y solidaria, ente soberano, único e indivisible, de todos los españoles, en sentido físico y metafísico, en clave de orgullo y pasión, de empirismo y de mística a la vez; España no es un misterio, porque su unidad es única o dejará de ser España en esencia, raíz, vigencia y trascendencia; España no es sólo la leyenda y la cuna de los forjadores de un pasado hidalgo e imperial, sino la plataforma de proyección de nuestro mejor futuro, es la trayectoria conjunta de nuestro destino, en aras de un porvenir más prometedor.

Esta marcha, cuando otros, de forma cobarde, guardan un silencio vergonzante e incluso les hacen el juego y pactan con los separatistas, nosotros, ante la grave crisis de valores y conciencia en la que estamos sumidos, con este gesto de afirmación y de confirmación por la Unidad de España, que tanta sangre derramada, tanto heroísmo y tanto sacrificio de nuestros ancestros costó lograr y consolidar, tras ocho siglos de ardua Reconquista, salimos a la calle a reivindicar y decir bien alto, de forma rotunda y contundente, que la Unidad de la Patria es inviolable y que ninguna de sus partes, con añagazas, puede suplantar la soberanía nacional. Por eso, hoy, en el corazón del epicentro de España, invocamos de nuevo con orgullo, nos ratificamos, en la irrenunciable Unidad de España con un sentido patriótico, al mismo tiempo, tradicional, porque nace de nuestras entrañas, y revolucionario, porque es un fiero desafío inaplazable, que emana de nuestro honor y nuestra dignidad filial, ante el acoso de los demoledores. Por eso lanzamos, hoy, la consigna de la Unidad de España, como un grito de amor y de guerra, por entender que esta causa es patrimonio y tarea de todos; que para esta santa misión nos encuadramos como soldados al servicio permanente de España, por ser la herencia de nuestros mayores y el suelo y el cielo de las generaciones venideras.

Nos impulsa a salir al ágora, a tomar la calle, el ímpetu sano y natural de pronunciarnos, sin titubeos, por la cohesión sin fisuras entre la integridad de las tierras y la igualdad solidaria de los hombres de España, eliminando discriminaciones entre sus gentes, donde no tengan cabida separatistas ni separadores, para potenciar su unidad, en estos momentos de turbulencia, pues somos conscientes que, reforzando su unión vinculante, es ahí donde radica su principal fortaleza. Y lo hacemos por ser ésta una cuestión de principio, de honor y de dignidad, que debe albergar en nuestros corazones con sentido prioritario. El mayor reto que se nos presenta hoy, que debe constituir por ello nuestro primer objetivo, por ser el más valioso y fecundo, es el de la defensa a ultranza de la Unidad de España. En este empeño, actuaremos de forma rotunda e intransigente, sin concesiones ni resquicios, a diestra y siniestra.

Es triste contemplar la tibieza con la que la Monarquía asume, en estos momentos de su putrefacción intestina, la defensa de la Unidad Nacional y como el Ejército profesional calla, y se muerde la lengua, ante las agresiones persistentes, cada vez más subidas de tono, contra la Patria, a la que les recordamos que han prestado juramento de lealtad, servicio y fidelidad castrense en defensa de su integridad.
No es admisible, ni se puede aceptar bajo ningún concepto que, en la actualidad, ocupen escaños en el Parlamento español y se sienten en las instituciones del Estado, hombres y siglas de partidos quienes tanto odio y rencor destilan contra España como Nación y que faenan, sin pausa, en hacer todo lo posible para su destrucción y desguace. Es imprescindible que se extirpen de raíz quienes proyectan el aniquilamiento de la Unidad y el relajamiento de los vínculos nacionales de la Patria, que tiene que ser el referente, como realidad viva, actuante y presente, de todos los españoles, con una fuerza moral profunda. Hay que dejar ya de contemplar, con paciente resignación y apaciguamiento, a aquellos que están favoreciendo, con su actitud activa o pasiva, el peligro acuciante del secesionismo, fomentado por los separatismos que se están inoculando en la urdimbre.

Si alguien persiste en atacar nuestra irrevocable Unidad, como nación y como pueblo, o pretende desarticular o desvertebrar el ser nacional, profanar u ofender los símbolos representativos de España: la enseña que hemos jurado, el himno que entonamos y la expresión y el verbo por los que todos nos entendemos y nos comunicamos, buscando con ello socavar los sentimientos patrióticos y romper y descoyuntar la Unidad de España, sépase bien que, desde ahora, estos delitos y crímenes de lesa Patria no nos van a dejar indiferentes y daremos la respuesta adecuada y contundente que la Patria nos demanda, en el cumplimiento de nuestro deber y en defensa del interés general, que exige la aniquilación de los perturbadores de nuestra paz social quienes, hasta ahora, han venido actuando y manipulando con impunidad, dejando constancia que, quien busca y pretende la destrucción de la Unidad de España, se va a encontrar con hombres y mujeres que no reniegan de su condición de españoles, ni de su espíritu de combate, ni tampoco les falta el valor ni el coraje, para luchar, e incluso ofrendar su existencia, si fuere necesario, al servicio de la España inmortal.

¡Por la Unidad Nacional!
¡Arriba España!  
JOSE LUIS JEREZ RIESCO

jueves, 24 de mayo de 2012

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN EJEMPLOS - 1


FAVOR DE MARÍA HACIA UN PECADOR
 
Refiere el venerable Juan Herolt, que se llamaba por humildad el Discípulo, que había un casado en desgracia de Dios. No pudiendo su esposa hacerle desistir del pecado, le suplicó que al menos, en aquel miserable estado, tuviera para con la Madre de Dios la atención de que siempre que pasara ante alguna imagen suya la saludara con el Ave María. Y el marido comenzó esa devoción.

Yendo una noche aquel malvado a pecar, vio una luz; se fijó y advirtió que era una lámpara que ardía ante una devota imagen de María con el Niño Jesús en los brazos. Rezó su Ave María como de costumbre, pero después ¿qué es lo que vio? Vio al Niño cubierto de llagas que manaban fresca sangre. Entonces, a la vez aterrado y enternecido, pensando que él con sus delitos había llagado así a su Redentor, rompió a llorar. Y observó que el Niño le volvía la espalda, por lo que, lleno de confusión, recurrió a la Virgen santísima, diciéndole: “Madre de misericordia, tu Hijo me rechaza; yo no puedo encontrar abogada más piadosa y poderosa que tú que eres mi Madre; Reina mía, ayúdame y ruégale por mí”. La Madre de Dios le respondió desde la imagen: “Vosotros, pecadores, me llamáis madre de misericordia, pero luego no dejáis de hacerme madre de miserias renovando la pasión de mi Hijo y mis dolores”.

Pero como María no es capaz de dejar desconsolado al que se postra a sus pies, se volvió a rogar a su Hijo que perdonase a aquel pecador. Jesús seguía reacio a perdonarle. Y la Virgen, dejando al Niño en la sede, se postró ante él diciendo: “Hijo mío, mírame a tus pies pidiendo perdón por este pecador”. Y entonces Jesús le dijo: “Madre, yo no te puedo negar nada. ¿Quieres que le perdone? Yo por tu amor le perdono; que se acerque y me bese estas llagas”. Se acercó el pecador llorando copiosamente, y conforme besaba las llagas del Niño éstas se iban cerrando. Por fin Jesús le dio un abrazo como muestra de perdón. El hombre cambió de vida, llevando en adelante una vida santa, devotísimo de la Virgen que le había obtenido gracia tan extraordinaria.

(San Alfonso M.ª de Ligorio, en Las Glorias de María)