jueves, 24 de septiembre de 2026

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN EJEMPLOS - 26

 


DESPUES DE SESENTA AÑOS DE MALA VIDA, 
MUERE CONTRITO Y RESIGNADO 

Se lee en las Revelaciones de Santa Brígida, que había un caballero de tan ilustre nacimiento, como de villanas y depravadas costumbres, el cual se había entregado, con pacto expreso, por esclavo del demonio y le había servido por espacio de sesenta años, entregándose a todos los desórdenes imaginables, sin frecuentar jamás los sacramentos. Acercándose la hora de su muerte, quiso Jesucristo usar con él de misericordia, por lo que mandó a Santa Brígida que dijese a su confesor que fuese a visitarle y le exhortase a que se confesara. Lo hizo así el confesor, pero él le contestó que no tenía necesidad de confesión, porque se había confesado a menudo. Le visitó otra vez, y aquel desdichado esclavo del infierno continuaba en su obstinación, no queriendo confesarse. Jesús repitió a la Santa que el confesor volviese allá. Este lo hizo así, y en esta tercera vez le refirió la revelación hecha a la Santa, y que había vuelto tantas veces porque el Señor así lo había mandado, pues quería usar con él de misericordia. Al oír esto el infeliz enfermo, se enterneció y empezó a llorar. «Mas ¿cómo —exclamó— podré ser perdonado después de haber servido al demonio por espacio de sesenta años, siendo su esclavo, y teniendo cargada mi alma de innumerables pecados?» «Hijo —respondió el padre animándole—, no dudes, pues si te arrepintieres de ello, te prometo de parte de Dios el perdon». Empezando entonces a confiarse, dijo él al confesor: «Padre mío, yo me creía ya condenado y desesperaba de la salvación; mas ahora siento un dolor de mis pecados que me anima a tener esperanza, por lo cual ya que Dios aún no me ha abandonado, quiero confesarme. En efecto, en aquel día se confesó cuatro veces con un vivo dolor; al siguiente comulgó, y en el mismo día murió muy contrito y resignado. 

Después de su muerte Jesucristo habló otra vez a Santa Brígida, y le dijo que aquel pecador se había salvado por la intercesión de su Madre la Virgen, y que se hallaba ya en el purgatorio, porque, a pesar de la vida depravada que había llevado, había conservado siempre tal devoción a sus dolores que no pensaba en ellos sin compadecer a María. 

San Alfonso María de Ligorio
Las Glorias de María