domingo, 14 de febrero de 2010

CARTA ABIERTA A LOS CATÓLICOS PERPLEJOS (II)


"NOS CAMBIAN NUESTRA RELIGION"

Ante todo debo disipar un malentendido, para no tener luego que volver a él: no soy un jefe de movimiento y aún menos el jefe de una iglesia en particular. No soy, como no dejan de escribir, "el jefe de los tradicionalistas". Hasta se ha llegado a decir que ciertas personas son "lefebvristas", como si se tratara de un partido o de una escuela. Aquí hay un equívoco verbal.
No tengo doctrina personal en materia religiosa. Toda mi vida me atuve a lo que me enseñaron en el seminario francés de Roma, es decir, la doctrina católica según la transmisión que de ella hizo el magisterio de siglo en siglo desde la muerte del último apóstol, que marca el fin de la Revelación.
En esto no debería haber un alimento apropiado para satisfacer el apetito de lo sensacional que sienten los periodistas y a través de ellos la actual opinión pública. Sin embargo, toda Francia se conmovió el 29 de agosto de 1976 al enterarse de que yo iba a decir misa en Lille. ¿Qué había de extraordinario en el hecho de que un obispo celebrara el Santo Sacrificio? Tuve que predicar ante una gran cantidad de micrófonos y cada una de mis palabras era saludada con estrépito. Pero, ¿decía yo algo que no hubiera podido decir cualquier otro obispo?
¡Ah! Aquí está la clave del enigma: desde hace varios años los otros obispos ya no dicen las mismas cosas. ¿Se los ha oído hablar acaso a menudo del reino social de Nuestro Señor Jesucristo, por ejemplo?
Mi aventura personal no cesa de asombrarme: esos obispos, en su mayor parte, fueron mis condiscípulos en Roma, se formaron de la misma manera. Y de pronto yo me encontraba completamente solo. Ellos habían cambiado, ellos renunciaban a lo que habían aprendido. Yo no había inventado nada nuevo, continuaba en la línea de siempre. El cardenal Garrone llegó a decirme un día-. "Nos han engañado en el seminario francés de Roma". Engañado, ¿en qué? ¿No hizo él mismo recitar millares de veces a los niños de su catecismo el acto de fe antes del concilio-. "Dios mío, creo firmemente en todas las verdades que habéis revelado y que nos enseñáis por medio de vuestra Iglesia, porque vos no podéis engañaros ni engañamos"
¿Cómo pudieron metamorfosearse de semejante manera todos esos obispos? Encuentro una explicación: ellos se quedaron en Francia y se dejaron infectar lentamente. En África, yo estaba protegido. Regresé a Francia justamente en el año del concilio; el mal ya estaba hecho. El concilio Vaticano II no hizo sino abrir las compuertas que contenían la marea destructora. En un santiamén y aun antes de que quedara clausurada la cuarta sesión, el desastre era evidente. Todo o casi todo iba a quedar eliminado y, en primer término, la oración.
El cristiano que tiene el sentodo y el respeto de Dios se siente lastimado por la manera en que se le hace rezar hoy. Se ha tildado de "machaqueo" a las fórmulas aprendidas de memoria que ya no se enseñan a los niños y que ya no figuran en los catecismos con la excepción del Padre nuestro, en una nueva versión de inspiración protestante que obliga al tuteo. Tutear a Dios de una manera sistemática no es señal de gran reverencia ni procede del espíritu de nuestra lengua que nos ofrece un registro diferente según nos dirijamos a un superior, a un padre, a un camarada. En ese mismo Padrenuestro posconciliar, se le pide a Dios que no nos "someta a la tentación", expresión equívoca puesto que nuestra traducción francesa tradicional representa un mejoramiento por comparación con la fórmula latina calcada bastante torpemente sobre el hebreo. ¿Qué progreso hay aquí? El tuteo invadió el conjunto de la liturgia vernácula: el Nuevo Misal de los domingos emplea el tuteo de manera exclusiva y obligatoria sin que se vean las razones de semejante cambio, tan contrario a las costumbres y a la cultura francesas.
En escuelas católicas se hicieron test a niños de doce y trece años. Sólo algunos conocían de memoria el padrenuestro, en francés naturalmente, algunos sabían el Avemaría. Con una o dos excepciones, esos niños ignoraban el Símbolo de los Apóstoles, el Confíteor, los Actos de fe, de esperanza, de caridad y de contrición, el Ángelus. .. ¿Cómo habrían de saber estas cosas si la mayor parte de ellos nunca oyeron ni siquiera hablar de ellas? La oración debe ser "espontánea", hay que hablar a Dios improvisando, se dice ahora, y no se hace ningún caso de la maravillosa pedagogía de la Iglesia que cinceló todas esas oraciones a las que hubieron de recurrir los mayores santos.
¿Qué alienta todavía a los cristianos a decir la oración matinal y vespertina en familia, a recitar el Benedícite y la acción de gracias? Me he enterado de que en muchas escuelas católicas ya no se quiere decir la oración al comenzar las clases tomando como pretexto que hay alumnos no creyentes o miembros de otras religiones y que no hay que chocar su conciencia ni hacer uno alarde de sentimientos triunfalistas. Las autoridades escolares se felicitan de admitir en esas escuelas a una gran mayoría de no católicos y hasta de no cristianos y de no hacer nada para conducirlos a Dios. Niños católicos de esas escuelas deben ocultar su credo bajo el pretexto de respetar las opiniones de sus camaradas.
La genuflexión ya no es practicada más que por un número muy restringido de fieles; se la reemplazó por una inclinación de cabeza o más frecuentemente por absolutamente nada. La gente entra en una iglesia y se sienta. El mobiliario ha sido reemplazado, los bancos con reclinatorio se transformaron en leña para calefacción; en muchos lugares se han colocado en su lugar butacas idénticas a las de salas de espectáculos, lo cual por lo demás permite instalar más cómodamente al público cuando las iglesias se utilizan para dar conciertos. Me han citado el caso de una capilla del Santo Sacramento en una gran parroquia parisiense a la que acudían a hacer una visita a la hora del almuerzo muchas personas que trabajaban en los alrededores; un día esa capilla se cerró a causa de los trabajos que debían realizarse; cuando reabrió sus puertas los reclinatorios habían desaparecido, sobre una gruesa y cómoda alfombra se habían instalado asientos acolchados y profundos, de un precio ciertamente elevado y comparables a los que se pueden encontrar en la sala de recepción de las grandes sociedades o de las compañías aéreas. El comportamiento de los fieles cambió completamente; unos pocos se arrodillaban en la alfombra, pero la mayor parte se instalaba cómodamente y con las piernas cruzadas meditaba frente al tabernáculo. Es seguro que en el espíritu de esa parroquia había una intención; no se procede a realizar disposiciones tan costosas sin reflexionar en lo que se hace, se comprueba aquí una voluntad de modificar las relaciones del hombre con Dios en la dirección de la familiaridad, de la desenvoltura, como si se tratara con Dios de igual a igual. ¿Si se suprimen los gestos que materializan la "virtud de religión" ¿cómo puede uno estar persuadido de que se encuentra en presencia del Creador y soberano, Señor de todas las cosas? ¿No se corre así el riesgo de disminuir el sentimiento de Su Presencia real en el tabernáculo?
Los católicos están también desorientados por la trivialidad y hasta por la vulgaridad que se les impone en los lugares de culto de manera sistemática. Se tildó de triunfalismo todo aquello que contribuía a la belleza de los edificios y al esplendor de la ceremonia. Hoy la decoración debe aproximarse a la decoración cotidiana, a lo "vivido". En los siglos de fe, se ofrecía a Dios lo que el hombre poseía de más precioso-, en las iglesias de aldea se podía ver precisamente aquello que no pertenecía al universo cotidiano: piezas de orfebrería, obras de arte, ricos tejidos, encajes, bordados, estatuas de la Santa Virgen coronadas de joyas. Los cristianos hacían sacrificios financieros para honrar lo mejor que podían al Altísimo. Todo eso contribuía a la oración, ayudaba al alma a elevarse, y éste es un fenómeno natural en el hombre: cuando los reyes magos acudieron al pobre pesebre de Belén, llevaban oro, incienso y mirra. Hoy se embrutece a los católicos haciéndolos rezar en un ambiente trivial, en "salas polivalentes" que no se distinguen de ningún otro lugar público y a veces son incluso peores que los lugares públicos. Aquí y allá se abandona una magnífica iglesia gótica o románica para construir al lado una especie de cobertizo pelado y triste, o bien se organizan 'eucaristías domesticas en comedores y hasta en cocinas. Me han hablado de una de ellas celebrada en el domicilio de un difunto en presencia de su familia y de amigos; después de la ceremonia se retiró el cáliz y sobre la misma mesa cubierta por el mismo mantel se instaló el refrigerio. Durante todo ese tiempo y a algunos centenares de metros, los pájaros eran los únicos que cantaban al Señor alrededor de la iglesia del siglo XIII provista de magníficos vitrales.
Aquellos lectores que hayan conocido la época anterior a la guerra seguramente se acuerdan del fervor de las procesiones de Corpus Christi, con las múltiples estaciones, los cantos, los incensarios, la custodia resplandeciente a los rayos del sol, llevada por el sacerdote bajo el dosel bordado de oro, las banderas y las flores, las campanas. El sentido de la adoración nacía así en el alma de los niños y les quedaba grabado para toda la vida. Este aspecto primordial de la oración parece muy descuidado. ¿Se podrá aducir el motivo de la evolución necesaria, de los nuevos hábitos de vida? Las complicaciones del tránsito de automóviles no impiden las manifestaciones callejeras, y los que participan de ellas no sienten ningún respeto humano para expresar sus opiniones políticas o sus reivindicaciones justas o injustas. ¿Por qué tendría que ser Dios el único en quedar descartado y por qué sólo los cristianos deberían abstenerse de rendirle el culto público que le corresponde?
La desaparición casi total de las procesiones no tiene por origen un desafecto de los fieles. La procesión está prescrita por la nueva pastoral que sin embargo insiste incesantemente en la busca de una "participación activa del pueblo de Dios". En 1969 un cura de Oise era destituido por su obispo después de haber recibido la prohibición de realizar la tradicional procesión de Corpus, pero esa procesión se realizó así y todo y atrajo a diez veces más personas que los propios habitantes de la aldea. ¿Se podrá decir que la nueva pastoral, por lo demás, en contradicción en este punto con la contribución conciliar sobre la Santa Liturgia, está de acuerdo con las aspiraciones profundas de los cristianos que permanecen aferrados a esas formas de piedad?
¿Qué les proponen en cambio? Muy poco, pues el servicio del culto se redujo muy rápidamente. Los sacerdotes ya no celebran todos los días el Santo Sacrificio y concelebran el resto del tiempo; el número de misas disminuyó en grandes proporciones. En el campo es prácticamente imposible asistir a misa en los días hábiles; los domingos es necesario usar algún vehículo para llegar a la localidad a la que le toca recibir al sacerdote del "sector". Numerosas iglesias de Francia han quedado definitivamente cerradas, otras se abren algunas veces en el año. Si se agrega a esto la crisis de las vocaciones, el resultado es que la práctica religiosa se hace año tras año más difícil. Las grandes ciudades están en general mejor servidas, pero la mayoría de las veces es imposible comulgar, por ejemplo, los primeros viernes o los primeros sábados del mes. Naturalmente ya no hay que pensar en la misa cotidiana; en muchas parroquias de ciudades las misas se celebran por encargo, para un grupo dado de personas a una hora convenida y de manera tal que el que entra por casualidad donde se dice la misa se siente extraño a una celebración salpicada de alusiones a las actividades especiales y a la vida del grupo. Se ha tratado de desacreditar lo que se ha dado en llamar celebraciones individuales por oposición a las celebraciones comunitarias; en realidad, la comunidad se disgregó en pequeñas células; no es raro ver a sacerdotes celebrar misa en casa, de un cristiano entregado a actividades de la acción católica y en presencia de algunos militantes. También se comprueba que el horario del domingo a la mañana está distribuido entre las diferentes comunidades lingüísticas y entonces hay misa en francés, misa en portugués, misa en español... En una época en la que los viajes al exterior se han difundido tanto, los católicos deben asistir a misas en las que no comprenden una palabra, aunque se les da a entender que no es posible orar sin "participar". ¿Cómo podrían participar?
Ya no hay misas o hay muy pocas, ya no hay procesiones, ya no hay bendiciones del Santo Sacramento, ya no hay vísperas... La oración en común ha quedado reducida a su expresión más simple. Pero cuando el fiel logró superar las dificultades de horarios y de traslado, ¿qué encuentra para apagar su sed espiritual? Más adelante hablaré de la liturgia y de las graves alteraciones que sufre. Por el momento observemos el exterior de la cuestión, observemos la forma de esta oración común. Con harta frecuencia el clima de las "celebraciones" resulta chocante para el sentido religioso de los católicos. Se ha producido la intrusión de ritmos profanos con toda clase de instrumentos de percusión, guitarras, saxofones. Un músico responsable de música sagrada de una diócesis del norte de Francia escribía con el apoyo de eminentes y numerosas personalidades del mundo musical: "A pesar de las designaciones corrientes, la música de esos cantos no es moderna: ese estilo musical no es nuevo, sino que se practicaba en lugares y medios muy profanos (cabarets, music-halls, a menudo para bailar danzas más o menos lascivas con nombres extranjeros)... y sus ritmos impulsan a menearse o al swing: todo el mundo tiene ganas de agitarse. Esta es ciertamente una expresión corporal extraña a nuestra cultura occidental, poco favorable al recogimiento y cuyos orígenes son bastante turbios... La mayor parte del tiempo nuestros conjuntos a los que les cuesta ya tanto trabajo no igualar las negras y las corcheas en una medida de 6/8 no respetan el ritmo exacto y el conjunto falla: entonces uno ya no siente ganas de menearse pues el ritmo se hace informe y muestra tanto más la pobreza habitual de la línea melódica."
¿En qué se convierte la oración en medio de todo esto? Felizmente parece que en más de un lugar la gente ha retornado a costumbres menos bárbaras. Entonces, si uno quiere cantar, está sujeto a las producciones de los organismos oficiales especializados en la música de iglesia, pues ya a nadie se le ocurre utilizar la maravillosa herencia de los siglos pasados. Las melodías habituales, siempre las mismas, son de una inspiración muy mediocre. Los trozos más elaborados, ejecutados por coros, se resienten por la influencia profana y excitan la sensibilidad en lugar de penetrar en el alma como el canto llano; la letra inventada con un vocabulario nuevo, como si un diluvio hubiera destruido unos veinte años atrás todos los libros antifonarios en los cuales se podría haber buscado inspiración aun queriendo hacer algo nuevo, adopta el estilo del momento y pasa rápidamente de moda; al cabo de muy breve tiempo ya no es comprensible. Innumerables discos destinados a la "animación" de las parroquias difunden paráfrasis de salmos que se dan como si fueran salmos y que suplantan el texto sagrado de inspiración divina. ¿Por qué no cantar los salmos mismos?
No hace mucho tiempo apareció una novedad; en la entrada de las iglesias podían leerse unos letreros que decían: "Para alabar a Dios, batid palmas". Así, durante la celebración y a una señal del animador los concurrentes levantan los brazos por encima de la cabeza y golpean las manos cadenciosamente con entusiasmo, de suerte que producen un insólito estrépito en el recinto del santuario. Este tipo de innovaciones, que ni siquiera tiene relación con nuestros hábitos profanos, intenta implantar una actitud artificial en la liturgia y sin duda no tendrá gran futuro; sin embargo contribuye a desalentar a los católicos y a aumentar su perplejidad. Uno puede abstenerse de frecuentar las Gospel Nights pero ¿qué hace cuando las raras misas del domingo están invadidas por estas desoladoras prácticas?
La pastoral de conjunto, según la expresión adoptada, obliga al fiel a hacer nuevos gestos, cuya utilidad él no comprende y van contra su naturaleza. Ante todo es menester que las cosas ocurran de una manera colectiva, con intercambios de palabras, intercambios de evangelio, intercambios de miradas, apretones de manos. El pueblo sigue estas prácticas refunfuñando y a regañadientes, como lo demuestran las cifras estadísticas: las últimas estadísticas registran entre 1977 y 1983 una nueva disminución en la frecuentación de la Eucaristía en tanto que la oración personal registra un ligero aumento.(1) La pastoral de conjunto no logró pues conquistar a la población católica. Véase lo que puede leerse en un boletín parroquial de la región parisiense: " Desde hace dos años la misa de las nueve y media tenía de vez en cuando un estilo un poco particular por cuanto a la proclamación del Evangelio seguía un intercambio en el cual los fieles se reunían por grupos de a diez. En realidad, la primera vez que se intentó semejante celebración, sólo sesenta y nueve personas constituyeron grupos de intercambio y ciento treinta y ocho permanecieron al margen de la ceremonia. Se podía pensar que corriendo el tiempo se modificaría ese estado de cosas, pero nada de eso ha ocurrido."
Entonces el equipo parroquial organizó una reunión para establecer si continuarían o no las "misas con intercambios". Se comprende que las dos terceras partes de los asistentes que se resistieron hasta entonces a las novedades posconciliares no se hayan sentido encantados con esas chácharas improvisadas en plena misa. ¡Que difícil es hoy ser católico! La liturgia francesa, aun sin "intercambios", aturde a los asistentes con oleadas de palabras, de suerte que muchos se quejan de que ya no pueden rezar durante la misa. Entonces, ¿cuándo rezarán?
Los cristianos desconcertados comprueban que se les proponen recetas admitidas por la jerarquía siempre que se alejen de la espiritualidad católica. El yoga y el zen son las más extrañas. ¡Desastroso orientalismo que conduce a la piedad por falsos caminos al pretender realizar una "higiene del alma"! ¿Quién podrá exagerar, por otro lado, los efectos nefastos de la expresión corporal, degradación de la persona y al mismo tiempo exaltación del cuerpo que es contraria a la elevación hacia Dios? Estas nuevas prácticas introducidas hasta en los monasterios de monjes contemplativos, como muchas otras, son extremadamente peligrosas y dan la razón a aquellos a quienes oímos decir: "Nos están cambiando nuestra religión".

Monseñor Marcel Lefebvre.

Notas:
(1) Sondeo Madame Figaro-Sofres, septiembre de 1983. La primera pregunta formulada era: ¿Comulga usted una vez por semana o mas; alrededor de una vez por mes? Lo cual corresponde más o menos a la asistencia a misa, puesto que hoy todo el mundo comulga. Las respuestas afirmativas pasaron de un dieciséis a un nueve por ciento.

(Continuará)

sábado, 13 de febrero de 2010

LA CARA OCULTA DEL TERREMOTO DE HAITÍ


Haití, es el único país del mundo consagrado al demonio. En 1791 Haití se consagró al demonio por 200 años y fue el primer país americano en obtener la independencia. En el 2005, fue nuevamente consagrado al demonio por otros 200 años.

El 12 de enero de 2010, a las 16:53 hora local, Haití sufrió un devastador terremoto de 7,0 grados, con epicentro a 15 km de Puerto Príncipe, su capital.

Este es un excelente análisis que nos envía Hernando Rojas y Rojas desde Salamanca, a través del padre Andres García Torres que comparte sus conceptos, donde expresa que nada es casual, y que las desastrosas condiciones de vida de Haití, hay que buscarlas en la opción tomada a favor del mal, sobre cuyas consecuencias la Biblia muestra muchos ejemplos.

Los Foros de la Virgen María piden a sus lectores solidaridad activa con el pueblo haitiano y oración por los muertos y por sus familiares que sufren.

Una vez llegadas las noticias del terrible terremoto de grado 7 en la escala de Richter, ocurrido en la antigua Isla de la Española, (nombre dado por Cristóbal Colón a lo que actualmente corresponde a Haití y la República Dominicana), me viene a la memoria una imagen fotográfica que representa fielmente su triste y desgraciada realidad: la pobreza, la esclavitud, el hambre, la plaga del Sida,(de allí partió el sida hacia los EEUU y resto del mundo) el azote de los 3 huracanes acaecidos en 2008: IKE, GUSTAV y HANNA que dejaron a su paso un millar de muertos, inundaciones y tormentas catastróficas.

Haití es un país que social y políticamente, vive un gran desequilibrio, con un cumulo de golpes de estado (alrededor de 30), dictadores asesinos y practicantes del vudú como fue Francoise Duvalier y su hijo, corrupciones, analfabetismo, etc.

En el ámbito ecológico, sufre una gran deforestación con graves consecuencias en el equilibrio medioambiental, fruto de la tala indiscriminada que sufren los bosques, como último recurso de sus habitantes para utilizarlo como combustible.

Socialmente, Haití se parece a un enorme puzle, con piezas rotas, descoloridas, desgastadas, y muchas que faltan simplemente porque no existen: son los grandes suburbios, donde las bandas armadas se enfrentan unas con otras, se compran armas fácilmente en cualquier mercado a precios bajos, conviven codo con codo con los “niños de la calle” fruto de los huérfanos que nunca han conocido a sus padres, se reporta la existencia, solo en Puerto Príncipe de aproximadamente 5000 niños de la calle, muchos de ellos hijos de padres fallecidos de sida y contagiados de esta terrible enfermedad, la desnutrición de estos niños se detecta hasta un 3º grado, siendo ya una desnutrición crónica.

La malaria y la fiebre tifoidea, son otras plagas endémicas del país que se ceban en estos inocentes. El 80% de los niños que nacen en Haití, no sabe quién es su padre.

Haití, el país más pobre de toda América Latina, y uno de los países más pobres del globo; todo el mundo se pregunta a que se debe tanta desgracia, no podemos echarle la culpa a los conquistadores españoles, ni a los colonos franceses, ni tampoco a los EEUU, pues a pesar de ser la primera colonia europea en obtener la independencia, desde entonces lleva los no pocos 200 años de una terrible maldición, que subyace en las profundidades del satanismo y la magia negra como segura causa primigenia.

Resulta poco ético la comparación con otro país que comparte la misma isla, pero la historia se escribe con los hechos de los hombres, me refiero a la República Dominicana, quién sin ser un país rico como los EEUU, Canadá, o la UE, se vive digna y prósperamente, siendo sitio de frecuentes visitas turísticas de muchos países del mundo.

LA TRISTE HISTORIA DE HAITÍ

La historia de Haití, es una historia “interesante” desde el punto de vista religioso-antropológico, y digo interesante porque poca gente sabe que es el único país del atlas que fue consagrado explícitamente al Demonio, y donde se le sigue rindiendo culto a él y a sus huestes satánica en las diversas modalidades del Vudú y la Santería.

El Vudú, religión animista fue oficialmente reconocida por el Gobierno como elemento propio de su idiosincrasia nacional. Fué en abril de 2003 cuando el entonces presidente Jean-Bertrand Aristide (ex-sacerdote católico que llegó al poder como el primer presidente de la democracia), autorizó la práctica del VUDÚ para que fuera reconocida oficialmente en paralelo a la Católica.

La población mayoritariamente es negra: esclavos: traídos por cientos de hombres y mujeres desde las costas occidentales de África, (Togo, Benin, Ghana y Nigeria)

La Isla se transformó en la principal colonia francesa y posiblemente la más rica colonia europea, debido al cultivo y comercio de azúcar, café, maderas, tabaco, etc.

Como dato característico, hay que resaltar qué toda esta población africana, trajo además de sus costumbres étnicas algo sumamente importante para su desgracia, su religión: EL VUDÚ o Voodoo y sus variantes: Candomblé, Lukumbi, Umbanda, culto Shangó, Palo Mayombé, Obeah o la Santería, esta última fusionada con la religión católica, que enmascara las prohibiciones que en siglos pasados tenían al no poder practicar sus sangrientos ritos, ante la religión católica, autorizada y practicada por sus amos.

¿QUÉ ES EL VUDÚ?

Vudú es la deformación de la palabra “vadoux”, referida a un ídolo en forma de serpiente (zoolatría) adorado en África como un oráculo, dentro de su jaula, no como una divinidad en sí, sino como una representación de un principio de carácter divino..

En la religión Vudú, se cree en la vida después de la muerte, y en la existencia de una serie de jerarquías espirituales malignas o benignas llamadas “Loas”(demonios) que interfieren en el mundo terrenal gracias a la mediación de un hierofante (sacerdote de ritos ocultos y misteriosos) llamado houngan, quien puede conseguir curaciones, obtener ciertos secretos y tener poder sobre la naturaleza, esto en el caso del hombre, pues la mujer si es apta también puede representar este papel, se la llama mambo.

Los rituales vudú por lo general son muy complejos: hay varias deidades, ocurren multitudinarias posesiones demoniacas, brutales orgías sexuales, sacrificios rituales con derramamiento de sangre de gallinas o cabras, danzas frenéticas acompañadas de fuertes ruidos de tambores, bajo el consumo de ron y tabaco que terminan en varios “éxtasis”, se cree que los muertos caminan y danzan al mismo tiempo que ellos. Los posesos, entran en éxtasis cuando uno o varios Loas los “cabalgan” produciendo extrañas contorsiones y los ojos en blanco, es cuando el Loa habla a través del danzante (posesión diabólica).

Es habitual que en la práctica del vudú se consagre a los niños a estas deidades (Demonios), los niños a pesar de ser inocentes de los actos de los adultos, quedan esclavos de los espíritus malignos y debiendo obedecer todo lo que ellos les digan o de lo contrario los espíritus los asesinan. También se ofrecen bebes a los demonios, quemándolos vivos, esto en los siglos precedentes, en la actualidad no se reportan, pero puede que clandestinamente se realicen. Es muy difícil salir de esta religión, así cuando un miembro de la familia se arrepiente porque llega a conocer el mensaje del evangelio, la familia llega a ser un blanco perfecto como víctima de Satanás: enfermedades, ruina, muerte inexplicable de algún miembro, ropa destrozada antes de ir a la iglesia, accidentes, etc. Esta táctica del terror y del miedo que el Demonio utiliza surte sus efectos, la persona cede y vuelve atrás ante el temor de sufrir más maldiciones.

LA CONSAGRACIÓN DE HAITÍ AL DIABLO

Los primitiva población negra traída como esclavos desde África, sufrió toda clase de avatares propia de una acción deleznable e inhumana, me refiero a la esclavitud, esclavitud que fue propiciando un gran sufrimiento a este colectivo racial; abrumados ante la desesperanza y el dolor, deseando ser libres de sus opresores los amos blancos, de ver libre a su pueblo e independizarse como una nación libre y autónoma, recurrieron al pacto con Satanás, utilizando para ello los conocimientos ocultistas de la religión Vudú:
Corría el año del Señor de 1791, un 20 de agosto, cuando el poderoso sacerdote vudú (bokor), Boukman encabezó un alzamiento general para poner fin a la esclavitud de su pueblo en una ceremonia vudú en la población de Bois-Cayman, era esta una ceremonia “de pacto” con el Demonio, donde en nombre de todo el pueblo haitiano, consagraba su país Haití y sus moradores al Diablo con un pacto de compromiso por 200 años (consagración temporal) ofreciéndole adoración, a cambio pedían la liberación de los lazos opresores de sus amos los blancos franceses. Habría una señal que daría comienzo a la revolución, sería el fuego prendido a centenares de plantaciones de caña de azúcar y de molinos. Se iniciaba así un proceso revolucionario, cuyo principal líder fue Toussaint Louverture, esclavo negro que detuvo las masacres e hizo pactos entre negros y blancos, pero posteriormente fue capturado y deportado a Francia donde murió en 1803. El brujo o bokor Boukman, falleció en circunstancias extrañas el mismo año de 1791.

La revolución continuó bajo el liderazgo del también esclavo negro Jean Jacques Dessalines, (nombre perteneciente a su amo y que adoptó como propio) escapó de su amo a las montañas, reclutó otros esclavos sumados a su causa, y que escondidos en las recónditas montañas selváticas continuaban practicando sus ritos Vudú.

Un año después el 1º de Enero de 1804, J.J. Dessalines proclamó la independencia diciendo que el Acta de la Constitución debía de haberse escrito sobre el pergamino de la piel de un blanco, su calavera como tintero, y la bayoneta usada como pluma entintada con la sangre de los hacendados que se lucraron con la sangre de los suyos. Nacía así la 1ª República negra independiente donde se había logrado abolir la esclavitud. Jean Jacques Dessalines falleció 2 años mas tarde de la proclamación de independencia.

LAS DESGRACIADAS CONSECUENCIAS DE LA “CONSAGRACIÓN” DESDE HACE 206 AÑOS HASTA NUESTROS DÍAS

Curioso es para el observador de la historia, que al mismo tiempo que Haití obtenía la anhelada libertad, conseguida mediante la ayuda del demonio y su consagración en el año de 1804, comenzaba también una larga cadena de desgracias. Jean Jacques Dessaline se nombra Gobernador General y más tarde se autoproclama Emperador: Jacques I, pero solo pudo vivir unos pocos meses al caer asesinado violentamente. Nace entonces paralelamente, una era de calamidades naturales, sociales, políticas y económicas que no han tenido descanso hasta estos momentos en que ha ocurrido el terrible terremoto.

Al caer asesinado el “prócer independentista”, sufre el país la invasión norteamericana en 1915; posteriormente suben al poder 23 gobernantes desalmados y corruptos a cual más; quizás sea la saga sanguinaria de Francois Duvalier la más larga y la más sangrienta, duró desde 1957 hasta 1986, 30 largos años de grandes desajustes sociales. Es claramente notorio que Duvalier se autoproclamara practicante del Vudú. Ya en 1954 con la colaboración de Lorimer Denis, publicó una obra escrita denominada L’Evolution graduelle du vaudou (La evolución gradual del Vudú), libro de conocimientos y práctica de esta religión y que utilizó inteligentemente durante su mandato político, se llegan a contabilizar como víctimas de este sangriento dictador hasta 200.000 muertos.

Nada más tomar el poder, Francoise Duvalier (Papá Doc) nombró como Comandante en Jefe de su Milicia, al temido brujo bokor Zacharie Delva, reivindicando la religión Vudú como la religión oficial, funda una especie de policía esotérica de tientes parecidos a las SS hitlerianas, eran los llamados Voluntarios de la Seguridad Nacional (Los Tontons Macoutes) que sembraron de terror al país.

Entre el terror, el temor y la reverencia casi idolátrica que se le tenía a Duvalier, se llegaba a decir por sus calles: “El hombre habla pero no actúa, Dios actúa pero no habla, Duvalier es un Dios”.

En 1971, muere F. Duvalier y le sucede su hijo Jean Claude Duvalier, llevando al país a una decadencia más trágica aún que la de su padre, y permanece en el poder 29 años, hasta que es obligado a exiliarse en Francia.

Surgen en 1988 las primeras elecciones semi-democráticas, tras haberse promulgado la nueva Constitución, y resultando vencedor Leslie Manigat que luego es derrocado por un golpe de estado por el General Henry Namphy. Dos meses después toma el poder otro general, Proper Avril que se autoproclama presidente. Pocos meses después a raíz de fuertes protestas populares, Avril renuncia a su cargo, relevándole en él la magistrada de la Corte Suprema Ertha Pascal-Trouillot. A finales de 1990 y tras las primeras elecciones auténticamente democráticas resulta elegido Jean Bertrand Aristide, un sacerdote católico.

En Febrero de 1991, toma posesión Aristide pero es derrocado por un nuevo golpe de estado propiciado por el General Raoul Cedras en el mes de septiembre. La OEA interviene tomando la determinación de congelar todos los bienes del país en el exterior y declara un embargo comercial para obligar al gobierno a reinstalar a Aristide, al tiempo que la Cámara de diputados y el Senado ratifica como primer ministro a Jean Jacques Honoret.

En enero de 1992, Aristide en el exilio norteamericano acepta a René Theodore como primer ministro. Finalmente en julio se llega a un acuerdo con la ONU, de cumplir las resoluciones dictadas y se promueve la posesión del cargo al presidente legítimo Jean Bertrand Aristide que culmina su mandato en Febrero de 1996. En febrero de 1994, la comisión de derechos humanos de la ONU, estima que alrededor de 3000 personas han sido asesinadas a partir del golpe militar que había derrocado a Aristide al comienzo de su toma de posesión en 1991.

En el 2001, se presenta de nuevo a las elecciones Jean Bertrand Aristide y es nuevamente constituido presidente, hasta el año 2004 cuando nuevamente es forzado a exiliarse y deponer su cargo a favor de un gobierno interino, siendo presidente provisional Boniface Alexandre hasta el 14 de mayo de 2006. En 2006 es elegido René Préval, actual presidente.

LA OFICIALIZACIÓN DEL VUDÚ

Es obligatorio reseñar en cuanto al tema que nos atañe: Vudú-Satanismo-Haití, que después de la retirada de las tropas estadounidenses en 1935, el gobierno haitiano luchara para erradicar estas prácticas, imponiendo penas de prisión y multas dinerarias, pero todo ello consecuencia de la poderosa influencia que tenía EEUU en los años de intervención de sus marines.

La práctica del Vudú permaneció así inalterada hasta 1987, con la caída de J.C. Duvalier se redactó una nueva Constitución donde se reconocía el derecho a practicar cualquier religión, entendiéndose implícitamente que la práctica del vudú quedaba incluida en dicha libertad de culto, recogida en la SECCIÓN D, de la CONSTITUCION HAITIANA DE 1987, en su artículo 30: De la libertad de conciencia.

Sin embargo el Status legal como religión propiamente dicha, y expresamente firmado bajo declaración de ley, se obtuvo bajo la presidencia del ex-sacerdote católico Jean Bertrand Aristide el 7 de mayo de 2003. “Siempre fuimos la mayoría en Haití y nunca fue ilegal la práctica del vudú. Lo que el presidente Aristide hizo por nosotros, y por ello estamos agradecidos, fue hacer más fácil la obtención del status necesario para que las ceremonias religiosas tengan valor legal”, dijo la sacerdotisa Mambu Racine Sumbu, en entrevista concedida a la BBC.

Mambu es una sacerdotisa americana que está en Haití desde hace 15 años. Según ella, más del 90 por ciento de la población haitiana practica el vudú. Una definición popular dice que el 70% de los haitianos son católicos, 30% son protestantes, y 100% son seguidores del vudú.

En la práctica del vudú, se celebran dos veces al año, la llamada “fiesta de acción de gracias a sus ídolos, es decir a Satanás y los demonios.

RENOVACIÓN DE LA CONSAGRACIÓN A SATANÁS, HECHA HACE 206 AÑOS

Transcurridos los 200 años concedidos por el Demonio al sacerdote bokor Baukman y sus seguidores revolucionarios, en el “pacto de sangre” donde el Ángel caído prometió su pronta liberación e independencia de las cadenas opresoras de los franceses, era de suma importancia para los sacerdotes del vudú, volver a consagrar al país a Satanás, tal y como lo hicieron sus predecesores en 1803.

Fue el 14 de agosto de 2004, cuando miles de cristianos haitianos se unieron en oración para reparar y desagraviar a Dios Nuestro Señor, a la vez que tratar de contrarrestar en el día nacional de la oración, la pronta ceremonia de pacto vudú que se iba a realizar bajo el respaldo del presidente Jean Bertrand Aristide. Este día los sacerdotes brujos vudú, guiarían a Haití a una re-consagración del pacto de sangre hecho con el demonio hacía 206 años atrás.

Jean Bertrand Aristide, hizo todo lo que pudo en cuanto a su ámbito de autoridad máxima del país, para sostener dicho pacto satánico; pues ya en abril de 2003, emitió una ley en la que se reconocía el vudú, como la religión oficial de Haití. Además pagó e hizo viajar a 400 practicantes de dicha religión desde el África occidental hasta la isla.

Esta noticia, que los grandes periódicos y cadenas de TV o de radio no difundieron, se ha conocido porque hubo cristianos que fueron enviados como espías al lugar donde se iba a celebrar el nuevo pacto de sangre por los brujos vudú en el mismo sitio del PACTO ORIGINAL de 1803, donde se intercambió el alma de Haití por la victoria sobre los franceses. Los espías reportaron que se habían traído multitud de animales (cerdos, cabritos y pollos) para hacer los sacrificios, pero (y esto se atribuye a la fuerza de la oración) de pronto surgió mucha confusión, discutían las personas y al final la gente se desbandó sin que se realizara el sacrificio sangriento. No obstante el fracaso anterior, no fue óbice para que se renovara este pacto satánico el 1º de enero de 2005, día nacional de la Independencia de Haití, y ¡¡ también por otros 200 años!!

Un dato curioso que no dejamos escapar del tintero: una de las zonas más devastadas por el terremoto ha sido el suburbio en Puerto Príncipe llamado “Carrefour”, que nadie piense que se trata de un barrio edificado con las ayudas de la gran cadena internacional francesa de supermercados, ojalá fuera así. Carrefour es el nombre de un demonio del vudú, se le considera el señor del inframundo, del lugar inferior de los muertos, la representación de la sombra y las tinieblas. Por cierto, el logotipo de los almacenes Carrefour, dicen algunos entendidos en misterios esotéricos que guarda curiosa analogía cuando se le representa girado 90º, con otro correspondiente a una sociedad secreta francesa, (El Priorato de Sión, secta aludida en la Obra masónica “El Código Da Vinci”).
Sin embargo no olvidemos que la destrucción del barrio Carrefour, está evaluada en un ¡90%!…. Sin palabras…CONCLUSIONES

Una vez conocida la trágica historia de Haiti, a nadie con sentido común, se le escapa la idea de que este país abandonó hace 206 años la gracia que Dios inherentemente regala a todos sus hijos que le reconocen como tal, y guardan sus mandamientos. El pueblo en masa, cambió la adoración de su Creador por la adoración a Satanás, echaron a Dios de sus corazones, no es que Dios los haya abandonado, sino que ellos abandonaron a Dios, para dejarse seducir por las atracciones de las artes maléficas del vudú, invocación de espíritus, práctica de magia negra, asesinatos, orgías sexuales y demás ritos sangrientos.
Está escrito: “Ved, Yo os pongo hoy delante bendición y maldición; la bendición, si cumplís los mandamientos de Yavé, vuestro Dios, que Yo os prescribo hoy; la maldición, si no cumplís los mandamientos de Yavé, vuestro Dios, y, apartándoos del camino que Yo os prescribo hoy, os vais tras otros dioses que no habéis conocido”. (Dt. 11, 26-28).

También está escrito: “Todo hombre o mujer que evoque a los muertos y se dé a la adivinación, será muerto, lapidado; caiga sobre ellos su sangre”

Lo que ha ocurrido en Haití como consecuencia de la desobediencia a las leyes de Dios, se ha repetido a lo largo de la historia desde el principio de los tiempos. Recordemos algunos casos:

1) El Diluvio Universal: murió toda carne viviente, solo se salvó Noé y su familia.

2) Sodoma y Gomorra: la homosexualidad, la lujuria, la soberbia, la inmoralidad, la embriaguez, la ociosidad hicieron que el fuego descendido del cielo terminara con sus días.

3) La ciudad de Pompeya: sepultada por completo por la lava de un volcán con todos sus habitantes. Los historiadores no relacionan este desastre apocalíptico con un “castigo divino”, aunque los arqueólogos hayan encontrado en los restos que se han podido recuperar de las casas y mansiones, multitud de pinturas con temas pornográficos, pederastas y de homosexualidad que indican claramente su vida y costumbres. Sobran las palabras.

4) La catástrofe de la pequeña ciudad de Armero (Colombia): sepultó bajo un alud de lava y lodo provocado por un volcán (El nevado del Ruiz) a 20.000 seres humanos mientras dormían. Era el amanecer del 14 de noviembre de 1985, de Armero solo quedaba la historia y algunos supervivientes que recordaban la historia del sacerdote Pedro María Martínez… “¡Se trata de la maldición!” decían algunos en medio del dolor.Volvamos en el tiempo: 9 de abril de 1948 cuando las noticias informaban de los disturbios de la guerra civil (“el bogotazo”) una horda de violentos se acercó al templo de Armero y atacó al sacerdote, lo asesinaron a machetazos tras agredirlo primero y posteriormente arrastró su cuerpo hasta la puerta del cementerio, ninguno de los habitantes corrió en su auxilio, a pesar de los quejidos del sacerdote. Lo mataron porque en Armero se concentraba un cierto número de prostíbulos, y el sacerdote D. Pedro María exhortaba fuertemente al pueblo a la conversión y a la desaparición de la prostitución, de hecho varias prostitutas bailaron alrededor del cadáver y una multitud iba a asesinar a seis monjas que querían impedir la danza macabra. El Arzobispo del lugar declaró la parroquia en entredicho y excomulgó a los asesinos, fue el inicio de lo que se conoce popularmente como la “maldición de Armero” y del proceso de canonización del sacerdote mártir. Como dato curioso, el hombre que arrastro su cuerpo utilizando un carro de caballos, murió 8 días después en el mismo sitio, pateado, y arrastrado por el caballo que encabritado lo llevó por los mismos sitios que recorrió con el cadáver del sacerdote.

El día anterior a la erupción del volcán, se hallaba reunido un encuentro de sacerdotes de la Diócesis del lugar, y en el momento de la oración conjunta un sacerdote se puso de rodillas y pidió perdón por el pueblo armerita, vaticinando así una tragedia para sus habitantes: esa misma noche hizo erupción el volcán. Al año siguiente, S.S. Juan Pablo II visitó la zona, y aprovechando la ocasión se contrató un grupo de especialistas para tratar de ubicar la Cruz de Tierra Santa, sepultada bajo la lava y el lodo en el lugar donde quedaba el templo, pudiéndose comprobar que dicho símbolo fue encontrado en el centro del parque, en el mismo sitio donde fue hallado el cadáver del P. Don Pedro María.

5) Terremoto de Irán en 2003: 50.000 muertos.

6) El tsunami asiático ocurrido en la madrugada del 26 de diciembre de 2004 que asoló varios países de la región: (Sumatra, Indonesia, Tahilandia, Sri Lanka, India y las Islas Maldivias). Allí era donde se concentraba multitud de turistas procedentes de todos los países del mundo en búsqueda de placeres sexuales ilícitos, como la prostitución, pederastia, pornografía, homosexualidad, drogadicción, embriaguez, etc. Murieron 200.000 personas de 34 nacionalidades distintas, que estaban pecando sin respetar la fecha del Nacimiento del Salvador y Redentor Nuestro Señor Jesucristo. Murieron ahogadas bajo las olas de más de 10 metros de altura. Es conveniente decir que también murieron muchas víctimas totalmente inocentes.

7) El huracán Katrina que asoló Nueva Orleans: Katrina significa “pura” en griego. Llegó a la costa del golfo el 29 de Agosto de 2005, fiesta del martirio de Juan Bautista, profeta que predicó la necesidad de conversión ante la venida del Mesías. Murieron aproximadamente 10.000 personas y unos 500.000 afectados directos.

En muchos lugares de EEUU, sobre todo en las grandes ciudades, existen barrios negros con tiendas y almacenes que venden productos vudúes. Nueva York, Detroit, San Francisco, Los Ángeles y Seattle son algunas de las ciudades densamente pobladas de vudúes. Pero es NUEVA ORLEANS, la que continúa siendo la capital Vudú de Estados Unidos. No en vano se llama a esta ciudad “Sin City”, la ciudad del pecado, la capital de la música y la alegría y de hecho es una ciudad de pecado, con numerosos casinos de juego, 5 clínicas abortistas, y justo antes del huracán Katrina se estaba preparando un carnaval del “orgullo” gay. Todos los años se celebraba este festival orgiástico llamado el Southern Decadence (Decadencia Sureña) que iba a comenzar el 31 de Agosto y que duraría todo el fin de semana, era tal el grado de depravación de los organizadores que decían: “Haremos sonrojar hasta Sodoma y Gomorra”.

En 2004 contó con 125.000 participantes y duró una semana. Fueron practicados actos sexuales en lugares públicos, frente a la policía, la Municipalidad y el Concejo Deliberante. ¡La provocación fue filmada y la grabación entregada a las autoridades! Éstas no sólo no tomaron medidas, sino que promovieron otra semana de abominaciones para la edición del año 2005 –la 34ª– y se esperaban 150.000 participantes.

El “French Quarter” (Barrio Francés) de New Orleans, de antaño pintoresco y musical, se convirtió en centro de ocultismo y depravación moral. Los sourvenirs representativos de la ciudad pasaron a ser artículos relacionados con esas cosas.

Sin embargo… llegó el huracán Katrina: un día antes del comienzo de la fiesta, se rompieron los diques de la ciudad, y nadie se había acordado que una imagen peregrina de la Virgen de Fátima hecha por un artista portugués, lloró en Nueva Orleans en 1972, vaticinando proféticamente el destino trágico de la ciudad 30 años más tarde.

Que quede claro que este documento no pretende dogmatizar en cuanto a los juicios divinos sobre Haití, ni sacar partido de una denuncia propia de periodismo “amarillista” con tintes xenófobos o clasistas, en el que se regocija en las desgracias de los pecados de todo un pueblo.

Sin embargo, y ajustándonos a la realidad que perciben nuestros sentidos, nuestra inteligencia y nuestra memoria vemos claramente que una gran mayoría de habitantes de esta nación cambió las leyes de Dios por las leyes de Satanás.

Hay algunos “pensadores modernos” e “ingenieros sociales” que analizando estas catástrofes le echan la culpa a la herencia dejada por los colonizadores europeos, a los políticos, a las multinacionales, a la pobreza en la que se encuentran sumidos, o a la misma Iglesia…

Pues no, no y no, todo ser humano tiene una conciencia que le habla cada vez que el hombre planea sus actos, y todo ello se encuentra enraizado en las profundidades de la conciencia humana, aunque no se crea en Jesucristo, pero si el cuerpo que es el Templo del Espíritu Santo, lo contaminamos con toda clase de abominaciones, es lógico pensar que El Divino Espíritu, modelador de las almas se vaya de allí instantáneamente y su lugar lo ocupe Satanás, para desgracia suya y todo su entorno.

Nos merecemos todo lo que tenemos: nuestros gobernantes, nuestras leyes, nuestros políticos corruptos, la homosexualidad reinante en todas las sociedades, la pederastia, la prostitución, la drogadicción, los asesinatos mutuos de los matrimonios, el aborto, la piratería marítima, las enfermedades endémicas y pandémicas que son espejo de las plagas bíblicas. La tentación de Satanás ha triunfado como en el antiguo Paraíso, volvemos a escuchar las seductoras palabras de la antigua serpiente: “Seréis como Dioses”, y las hemos escuchado y llevado a cabo. El hombre al abandonar la gracia y bendición de Dios, deja las puertas abiertas a la actividad de las fuerzas poderosas de las tinieblas, la naturaleza misma se rebela ante la maldad sin límite de esta humanidad animalizada.

Mucha gente dice en estos días en relación al desastre de Haití: “¿Cómo puede existir un Dios que permita tanto mal, tanta muerte y tanta destrucción? Estos pobres hombres, no analizan donde radica el verdadero mal, y la causa de sus desastres y errores que nos conducirían irremediablemente -si Dios no interviene-, a la autodestrucción.

Se cumple para esta humanidad pecadora la frase célebre del filósofo ateo F. Nietzsche: “Dios ha muerto”, pero sabemos bien que aunque el filósofo se recreara en su soberbio ateísmo, la teología cristiana nos revela a un Dios vivo, que mora eternamente en los Cielos, y en los corazones de los hombres que le aman; en verdad Dios ha muerto… si, pero en aquellos corazones pecadores, donde sólo habitan sus vicios y maldades. Dios no nos abandona, le abandonamos a Él.

Guardemos una evocadora esperanza y un gran optimismo, encerrados en la Divina Misericordia de Jesús Nuestro Señor: La Conferencia Episcopal Haitiana, debería de instar a sus fieles, a las fuerzas políticas, militares y sociales a un autoanálisis de estos catastróficos eventos, de que vean una relación directamente proporcional sobre las costumbres sociales y religiosas con el reciente terremoto; de ver que sus habitantes no van por buen camino, que el pacto con Satanás hace 206 años condujo a una maldición cuyos frutos los tenemos en este terremoto, no se puede continuar así. Pero si hay un verdadero arrepentimiento y conversión y oración al Dios verdadero, es seguro que su infinita Misericordia hará que se renueve un pacto con Él, y la nación sea restaurada, amada, y rescatada de la miseria y el dolor con las bendiciones y prosperidades que Dios provee a todo aquel que se arrepienta y se convierta de corazón, Así lo prometió en Job. 22, 23-30:

“Si vuelves al Todopoderoso con humildad y alejas de tu tienda la injusticia; si arrojas el oro en el polvo y el oro de Ofir entre las piedras del torrente, entonces el Todopoderoso será tu oro, él será un montón de plata para ti. En el Todopoderoso estará tu deleite y levantarás tu rostro hacia Dios. Tú le suplicarás y Él te escuchará, y podrás cumplir tus votos. Si te propones algo, te saldrá bien, y sobre tus senderos brillará la luz. Porque Él humilla la altivez del soberbio pero salva al que baja los ojos. Él libra al hombre inocente, y tú te librarás por la pureza de tus manos”.

Hernando Rojas y Rojas
(Salamanca a 23 de Enero del año del Señor de 2010)

Fuente: Sursum Corda.
Visto en Devoción Católica.

jueves, 11 de febrero de 2010

PROFANACIÓN DE LA IGLESIA DE ST. JAMES, NUEVA YORK


Imágenes de la Profanación de la
Iglesia de St. James, Nueva York (15 de enero de 2010)
(Este es el "espíritu del Concilio", "el abrirse al mundo" del Vaticano II)*










*El entreparéntesis es de Apostolado Eucarístico.

Fuente: Catholic Vote Action. Publicado en:
Catapulta.

Visto en: Santa Iglesia Militante.

ALEMANIA: NUEVO ESCÁNDALO LITÚRGICO QUE TRASPASA TODAS LAS FRONTERAS ¡NOS VAMOS DE CARNAVAL!

El carnaval ya lo tenemos encima y eso se nota. ¿Y por qué no también en la liturgia? Al menos esto es lo que se le ocurrió al vicario de la Pastoral Juvenil de la diócesis alemana de Bistum-Wurzbug, Thomas Eschenbacher, párroco de la iglesia de San Agustín (en el centro de la imagen), en lo que parece, además, una celebración ecuménica de esas que tanto gustan a algunos.

Pues bien, la noticia ha saltado ya las fronteras alemanas y promete ser una nueva super-producción de esas que tanto gustan en Roma. Con curas disfrazados, jóvenes con plumas en la cabeza, payasos, y hasta un grupo de majorettes (arriba en la foto).

Lo que ahora nos preguntamos es si el prefecto de la Congregación para el Culto Divino, monseñor Antonio Cañizares, hará algo al respecto con el obispo de la diócesis o directamente con el responsable de la fechoría (abajo en la foto). Y es que, la verdad, la imaginación de algunos es desbordante y supera cualquier disposición litúrgica que se pueda concebir de antemano.

Lo que empieza a sonar ya de chiste son las explicaciones que algunos encuentran para justificar este tipo de actuaciones, cuando de lo que estamos hablando es del culto público que la Iglesia tributa a Dios, que es lo más sagrado en lo que cualquiera de nosotros puede participar en esta vida.

¡Si entendieran, aunque sólo fuera un poco, el misterio que celebran! ¡Si este sacerdote fuera consciente de su identidad y del valor que tiene su ministerio! Seguramente nada de esto habría ocurrido. Al menos, nos podría haber evitado el escándalo a todos, incluidos sus feligreses.

SECTOR CATÓLICO, fiel a sus compromisos fundacionales, no puede, una vez más, dejar de denunciar públicamente estos hechos y solicitar a las autoridades eclesiásticas competentes que tomen medidas, de una vez por todas, para tratar de evitar estos graves sacrilegios con los que es ofendido el Señor en demasiadas partes del mundo.

Tomado de Sector Católico.

viernes, 5 de febrero de 2010

EL DEMONIO



Texto tomado de la revista “Familias Católicas” nº6.

Este artículo quisiera enfocarlo de la manera más práctica posible, de tal forma que nos pueda ser útil sobre todo para poder explicar a nuestros hijos de que va esto del DEMONIO. Para eso empezaré por explicar quien es el demonio y cual es su obra y luego me detendré en explicar como actúa y como defendernos. Me voy a basar para explicar todo esto, en una obra de Dom G. Tomaselli llamada “Les anges Rebelles” editado en 1950, en pasajes de “El Diablo en la vida de Don Boseo” en “Cartas del Diablo a su sobrino” y en “Testimonio de un Exorcista” del P. Matthieu.

¿QUIEN ES EL DEMONIO?
Dios creó innombrables legiones de Ángeles, es decir Espíritus Puros, dotados de amplia inteligencia y fuerte voluntad. El Cielo, en un instante, se pobló de estos seres bienaventurados, que cantaban alabanzas al Creador, y al mismo tiempo gozaban de una perfecta felicidad.
Los Ángeles se distribuyen en nueve categorías o coros tal y como dice la Sagrada Escritura (Serafines, Querubines, Tronos, dominaciones, Virtudes, Potestades, Principados, Arcángeles y Ángeles). Cada Ángel difiere de otro y está emplazado en la jerarquía que le corresponde, al igual que pasa en la tierra, los unos subordinados a los otros.
El más bello era Lucifer, es decir Portador de Luz, de tal forma que podría decirse que eclipsaba a los otros Ángeles.
Dios, según su Justicia, quiso probar la fidelidad de sus criaturas, exigiéndoles un acto individual de humilde sujeción.
Según los más célebres Padres de la Iglesia y Santo Tomas, maestro en ciencia teológica, la prueba fue así: La segunda Persona de la Santísima Trinidad, el hijo Eterno del Padre, Jesucristo, en la plenitud del tiempo, se hará hombre, permaneciendo verdadero Dios, y todos los Ángeles deberán Adorarle, aun revestido de la miserable carne humana.
Para nosotros, seres inferiores a los Ángeles, no hubiera sido difícil, para ellos sin embargo fue mas complicado. Aunque nuestra alma sea de esencia espiritual, el Espíritu Angélico se distingue de nosotros tanto como lejos están la tierra del sol. El hombre es respecto a un Ángel lo que un gusano es para nosotros. (¿Ahora os imagináis el acto de humildad que habría que hacer si tuvierais que adorar a un gusano?)
Lucifer, dotado de dones excelentes, viendo que debería humillarse delante del Hijo de Dios, hecho hombre, se hinchó de tal orgullo que dijo: no le serviré, si se hace hombre, yo seré superior!
Mas ángeles, legiones enteras, se unieron a él, para revelarse contra Dios. Empezó un terrible combate. Sabemos lo que pasó porque Dios se lo reveló al Profeta Daniel y a San Juan Evangelista. El Arcángel San Miguel, a la cabeza de un tropel de ángeles, se opuso a la soberbia de Lucifer diciendo: ¿Quién es como Dios?
El Creador observó todo, y al final de la lucha intervino directamente, confirmando en gracia a los fieles y castigando a los rebeldes.
Dios es infinitamente bueno y justo: da a cada uno lo que le corresponde. Hacia los hombres pecadores se comporta con magnaminidad, perdonando fácilmente, cien veces, mil veces, … Actúa así pues conoce perfectamente la debilidad de la naturaleza humana.
Hacia los ángeles, Dios ejercitó inmediatamente su Justicia, pues los Ángeles tenían conocimiento de la Divinidad; dotados de una inteligencia superior sabían perfectamente el mal que estaban haciendo; es por ello que Dios creó en un instante el infierno, lugar de tormento, y en él precipito a los malos Ángeles.
Como se decía mas arriba, el jefe de la rebelión fue Lucifer, pasando a ser el más horrible de los Ángeles rebeldes. Es por eso que la Sagrada Escritura le llama “Satanás”, que significa: Enemigo.
Lucifer perdió su esplendor, pero no su inteligencia, ni su poder, y así con el resto de los Ángeles rebeldes.
Caer desde la más alta felicidad al supremo dolor, fue para los rebeldes el colmo de la desesperación. No podían resignarse a tal pena. El odio hacia Dios, el Justo, empezó a corroerles pues el pensamiento de que algún día los hombres irían al Cielo, tomándoles el sitio, les sumía en una implacable envidia.
Es por ello que todos proyectaron vengarse, no contra Dios directamente pues es imposible, pero contra sus criaturas, tentándolas en la revuelta hacia su Creador, para que ellas también caigan al infierno.

LA OBRA DEL DEMONIO
Dios podría haber provocado que los demonios fueran importantes, relegados en el abismo sin capacidad para dañar. Por hechos constatados sabemos que Nuestro Señor le ha dejado cierta libertad a Lucifer y sus secuaces, libertad limitada pero real. ¿Porqué?. Podemos pensar que la Providencia utiliza la obra de los demonios para aumentar en el cielo la gloria de sus Elegidos. El que, en efecto es tentado y resiste, gana mérito eterno.
Dios a dotado al hombre de voluntad libre, capaz de escoger entre el bien y el mal. Si esa voluntad tornase hacia el bien merece una recompensa, si lo hace hacia el mal merece un castigo, justa exigencia del Supremo Hacedor.
El demonio es como un perro atado. Puede ladrar, intimidar, pero no puede morder a los que a él se acercan; tiene el poder de sugerir el mal, puede tentar, pero JAMAS puede contradecir la voluntad de una persona. De no ser así el hombre No sería libre. Aun así, los demonios siendo espíritus puros, invisibles y dotados de una gran inteligencia y voluntad, conocen los elementos que componen la materia y pueden actuar sobre ella incluso “colarse” en un cuerpo de hombre, mujer, animal,…
Pero lo que mejor tiene el demonio es haber conseguido que Adán y Eva cometieran el pecado original. Fue su ruina directa e indirectamente arruinó a sus descendientes, que no pudieron heredar de su padres lo que estos habían perdido. El demonio aprovechó muy bien esta situación que él mismo provocó para desarrollar su obra con mayor eficacia pues durante los miles años que precedieron la venida del Mesías, el demonio actuaba, con la idolatría, como dueño del mundo.
Con la venida de Nuestro Señor, el reino del infierno tambaleó, pues aunque alguna libertad mantuvieron, millones de almas practicantes de la más absoluta de las idolatrías abrazaron la verdadera religión, pasando de practicar el vicio a la pureza y de pasar del odio al amor, incluyendo sus enemigos.

¿PERO QUE ES EL INFIERNO?
Es a la vez un lugar y un estado. Los demonios, aunque relegados al infierno (lugar) pueden discurrir por el mundo, pero ahí donde vayan llevan el infierno con ellos (estado), pues el castigo de Dios pesa continuamente sobre ellos. Es por ello que la Iglesia Católica prescribe la oración al Arcángel San miguel: O Príncipe de la Celestial Milicia, lanza al infierno a Satanás y los otros espíritus malignos, …
¿pero entonces que hacen los demonios? Los demonios que merodean por el mundo tienen por misión arruinar al hombre y todo aquello que le pertenece; para eso no solo tientan al hombre sino que pueden tomar posesión de un cuerpo, atormentar a los animales, azotar la tranquilidad del viento, … No debemos olvidar que los demonios nos hacen responsables de su desgracia, por ello el ODIO que nos profesan es infinito, nos ENVIDIAN pues nosotros nos podemos salvar, y no vale el argumento: “es su problema”. Cuando uno tiene un vecino malo, que nos perturba nuestra paz, no es “su problema”, es el nuestro.
El reino de Satanás está bien estructurado y organizado, de la misma forma que San miguel tiene a su mando coros angelicales, que a su vez mandan sobre coros inferiores, así mismo Lucifer tiene jefes que mandan a otros y así hasta completar un ejército de ODIO. En los ejércitos no todos los soldados acometen tareas idénticas, hay especialistas en explosivos, en defensa aérea, … Algo semejante ocurre en el ejército infernal: hay especialistas en tentar para la blasfemia, para el homicidio, para la murmuración, la impureza,…
Los hay más o menos eficaces en la lucha contra el bien y no todos obtienen los mismos resultados. Cuando Lucifer quiere librar una gran batalla escoge a sus mejores huestes. Jesucristo confirió a sus Apóstoles el poder de echar a los demonios de los cuerpos poseídos, y lo lograban fácilmente; tan es así que el impetuoso San Pedro dijo: Señor, los demonios nos están sometidos!. Pero hubo una vez que no consiguieron librar a un joven de una posesión. Este joven tornose a Jesús y fue liberado. Los apóstoles le preguntaron: ¿Por qué no hemos podido liberarlo nosotros?. Jesús les respondió: este tipo de demonio solo puede echarse por el ayuno y la oración.
San Marcos, que es quien lo relata, dice que el demonio era un espíritu inmundo, es decir el demonio de la impureza con una fuerza tan elevada que ni los Apóstoles consiguieron echarlo.

¿CÓMO CUANDO Y DONDE ACTÚAN?
Para entender bien como actúan los demonios hay que repetir y sintetizar una serie de elementos: Respecto de los demonios: Son espíritus puros están dotados de una inteligencia y voluntad muy superior a la nuestra. Nos ODIAN y nos ENVIDIAN Están permanentemente atormentados. Conocen nuestro pasado, pero no pueden conocer nuestro futuro. No pueden saber lo que pensamos Pueden “adivinar”, mejor dicho prever, lo que pensamos o vamos a hacer porque son muy listos.
Nunca pueden doblegar nuestra voluntad. Nos tientan desde que nacemos hasta nuestra muerte.

Respecto de nosotros:
Tenemos el pecado original., es decir una “predisposición” a hacer el mal. Somos menos inteligentes que los demonios, pero nos creemos más inteligentes.
Tenemos la asistencia de nuestro Ángel de la guarda.
Tenemos a nuestra disposición todas las gracias necesarias.
Tenemos la promesa de Nuestro Señor que NUNCA seremos tentados más allá de nuestras fuerzas.
Tenemos la ayuda PERMANENTE de Nuestra Señora y de todos los Santos.
En cuanto más virtuosos seamos, más tentaciones (o más fuertes) vamos a recibir.

MOMENTOS Y FORMAS
Dicho esto vamos a citar algunos de los momentos y formas en las que actúa el demonio:
Los momentos en los que más le gusta tentarnos es cuando estamos a punto de practicar de manera señalada alguna virtud, y sobre todo cuando vamos a recibir algún tipo de sacramento. Vamos a ilustrarlo con algún ejemplo y luego transcribiremos algún pasaje del libro “Cartas del diablo a su sobrino”.
Pasando revista el día, la semana, el mes y el año podemos tener como ejemplos:

-Cuando vamos a rezar la oración de la mañana: distracciones con cosas “importantes” de nuestro día, con las prisas (pereza por no levantarse antes), con nuestra imperiosa y larga necesidad de “arreglarnos y pomponearnos”,…
-Al acostarnos con la oración de la noche. Estamos muy cansados, tenemos un libro muy interesante que leer, una película que ver, …
-Cuando el rezo del rosario: es una de las cosas que mas fastidia al demonio, por ello nos tentará con mil cosas para no rezarlo, y si ve que lo rezamos, el distraernos con cualquier cosa y forma para que recemos de forma rutinaria y mecánica.
-Cuando vamos a confesarnos-otra cosa que le fastidia mucho: primero en el examen de conciencia, para que este sea incompleto, después en el dolor de los pecados, diciéndonos “no es tan grave, no pasa nada, …”,a continuación en el propósito de enmienda. “si lo hago, … me vuelvo a confesar y ya está”, después en la propia confesión con olvidos repentinos, imprecisión en la exposición de los pecados, … y para rematarla en el cumplimiento de la penitencia con distracciones, rapidez, falta de piedad.
-Lo mismo pasa con el resto de los sacramentos, en particular el de la Eucaristía, ya sea con una mala confesión previa, con distracciones para no tener el alma en buena disposición, …
Con nuestro hijos –sabe que está trabajando para el futuro: nos proporcionará mil tentaciones para malcriar a nuestros hijos con nuestros malos ejemplos, con nuestras perezas, con nuestro vocabulario, con nuestro cansancio (es más cómodo que vean una película a ocuparnos de ellos, escuchándolos, jugando, …) con nuestra falta de humildad y caridad hacia el prójimo,…
-Con nuestra “conciencia” de hombre. Respeto humano, mal menor (pero mal al fin y al cabo), tolerancia del mal, obediencia al hombre antes que a Dios,…
-Con nuestra forma de priorizar las cosas: primero nuestra comodidad, nuestra sociabilidad, nuestro estatus social y el de nuestros hijos, nuestra bonita casa, piso, coche, video, piscina, ropa último modelo, jardín, nuestro trabajo bien visto, …, y luego a Dios y que no moleste mucho, en privado, que nadie se entere. Es fascinante intentar hacer el bien en organizaciones que son algo buenas, o en la política (en partidos políticos totalmente ateos o liberales, aunque haya gente buena), o en mil asuntos que socialmente son muy interesantes olvidándonos de uno de los principios morales más importantes: del mal NUNCA sale el bien.

Veamos algunos de los ejemplos del libro citado:

“.. Solo veo una cosa que hacer por el momento. Tu paciente se ha hecho humilde: ¿le has llamado la atención sobre este hecho? Todas las virtudes son menos formidables para nosotros una vez que el hombre es consciente de que las tiene, pero esto es particularmente cierto de la humildad.
“.. En consecuencia debes ocultarle al paciente la verdadera finalidad de la humildad.”
“Si por el contrario, es consciente de que le pueden esperar cosas horribles, y reza para pedir las virtudes necesarias para enfrentarse con tales horrores, y entretanto se ocupa del presente, porque en éste, y sólo en éste, residen todos los deberes, toda la gracia, toda la sabiduría y todo el placer, su estado es enormemente indeseable y debe ser inmediatamente atacado…”
“..El sentimiento de propiedad en general debe estimularse siempre. Los humanos siempre están reclamando propiedades que resultan igualmente ridículas en el cielo y en el infierno, y debemos conseguir que lo sigan haciendo. Gran parte de la resistencia moderna a la castidad procede de la creencia de que los hombres son “propietarios” de sus cuerpos; es como si un infante a quien su padre a colocado, con cariño, como gobernador titular de una gran provincia, bajo el auténtico mando de sabios consejeros, llegase a imaginarse que realmente son suyas las ciudades, los bosques, los maizales, del mismo modo que son suyos los ladrillos del suelo de su cuarto…”
…ya que tu paciente ha contraído el terrible hábito de la piedad, probablemente seguirá rezando oraciones hagas lo que hagas. Pero puedes preocuparle con la obsesionante sospecha de que tal práctica es absurda y no puede tener resultados objetivos. No olvides usar el razonamiento: “Cara, yo gano; cruz, tu pierdes”. Si no ocurre lo que el pide, entonces eso es una prueba más de que las oraciones de petición no sirven, si ocurre, será capaz, naturalmente, de ver algunas causas físicas que condujeron a ello, y por tanto, hubiese ocurrido de igual modo, y así una petición concedida resulta tan buena prueba como una denegada de que las oraciones son ineficientes..”
“.. Y puesto que no podemos engañar continuamente a toda la raza humana, resulta de la máxima importancia aislar así a cada generación de las demás; porque cuando el conocimiento circula libremente entre unas épocas y otras, existe siempre el peligro de que los errores característicos de una puedan ser corregidos por las verdades características de otras…”
Este última cita es clave para entender como ha sido posible que el último concilio ha abierto las puertas al compendio de todas las herejías anteriores sin que prácticamente nadie se diera cuenta y en la actualidad la mayoría del mundo que se dice católico ha dejado de serlo. Y si no me creen, averigüen cuantas personas creen, hoy en día, en la presencia real de Nuestro Señor en la Eucaristía, y verán con pavor que ni siquiera una parte importantes del clero lo cree –es decir que como poco son protestantes.


COMO DEFENDERNOS:
Es evidente que quienes mejor pueden contestar a esta pregunta son sacerdotes y doctas personas, así que nos vamos a limitar a explicar las cosas más sencillas y fáciles de retener, que son dos:
La primera es la de terminar de aceptar en todos y cada uno de los momentos de nuestra vida nuestra total sumisión, abandono y confianza en Dios. Si de verdad conseguimos abandonarnos y confiar ciegamente en la Divina Providencia, habremos conseguido dotarnos de una de las mejores armas para resistir a la tentación.
La segunda es … ¡pedir a Dios que nos de la primera!. Esto quiere decir que no debemos tener miedo de pedir a Dios que nos haga fuerte en nuestras VIRTUDES, no en nuestra cuenta corriente, no en nuestra comodidad, no en nuestra salud, etc. Y para ello ¿a quien acudir?: a la Santísima Virgen maría!!!!!

P. Banizzetti


Arcángel San Miguel, Príncipe de la Milicia Celestial.
¿QUIEN COMO DIOS?

jueves, 4 de febrero de 2010

ATAQUE A LA FACHADA DE SAINT-NICOLAS-DU-CHARDONNET

Tras ser comentada la noticia en algunos blogs franceses durante los pasados días, La Porte Latine, sitio oficial del distrito de Francia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ha publicado un comunicado de prensa sobre el ataque a la fachada de la iglesia de Saint-Nicolas-du-Chardonnet.
En el mismo informa que alrededor de las tres de la tarde del domingo 17 de enero pasado, jóvenes enmascarados lanzaron abundante pintura roja sobre la fachada del templo católico francés regenteado por la FSSPX.

Algunos fieles vieron a los vándalos y dieron su informe a la policía, quien llegó tiempo después y no hay resultados positivos de su accionar…

“El Sr. Sarkozy no se ha movido para denunciar "un escándalo digno de las horas más oscuras de nuestra historia".

Mons. Vingt-Trois (Arzobispo de París) no nos han expresado su "solidaridad", y mucho menos su indignación por el templo de Dios profanado…

Y los medios de comunicación: no tuvieron a bien dar a conocer los hechos para el público.

Esto es, después de todo, una iglesia católica...”

Tomado de Santa Iglesia Militante.

miércoles, 3 de febrero de 2010

LA SAGRADA COMUNIÓN. San Alfonso Mª Ligorio

Tomad y comed; éste es mi Cuerpo.
Mt. 26, 26.

I
Consideremos la grandeza de este Santísimo Sacramento de la Eucaristía, el amor inmenso que Jesucristo nos manifestó con tan precioso don y el vivo deseo que tiene de que le recibamos sacramentado.
Veamos, en primer lugar, la gran merced que nos hizo el Señor al darse a nosotros como alimento en la santa Comunión. Dice San Agustín que con ser Jesucristo Dios omnipotente, nada mejor pudo darnos, pues ¿qué mayor tesoro puede recibir o desear un alma que el sacrosanto Cuerpo de Cristo? Exclamaba el profeta Isaías (12, 4): Publicad las amorosas invenciones de Dios.
Y, en verdad, si nuestro Redentor no nos hubiese favorecido con tan alta dádiva, ¿quién hubiera podido pedírsela? ¿Quién se hubiera atrevido a decirle: “Señor, si deseáis demostrar vuestro amor, ocultaos bajo las especies de pan y permitid que por manjar os recibamos?...”. El pensarlo nomás se hubiera reputado por locura. “¿No parece locura el decir: comed mi carne, bebed mi sangre?”, exclamaba San Agustín.
Cuando Jesucristo anunció a los discípulos que este don del Santísimo Sacramento que pensaba dejarles, no podían creerle, y se apartaron del Señor, diciendo (Jn. 6, 61): “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?... Dura es esta doctrina; ¿y quién lo puede oír?” Mas lo que al hombre no le es dado ni imaginar, lo pensó y realizó el gran amor de Cristo.
San Bernardino dice que el Señor nos dejó este Sacramento en memoria del amor que nos manifestó en su Pasión, según lo que Él mismo nos dijo (Lc. 22, 19): “Haced esto en memoria mía”. No satisfizo Cristo su divino amor –añade aquel Santo (t. 2, serm. 54)– con sacrificar la vida por nosotros, sino que ese mismo soberano amor le obligó a que antes de morir nos hiciera el don más grande de cuantos nos hizo, dándose Él mismo para manjar nuestro.
Así, en este Sacramento llevó a cabo el más generoso esfuerzo de amor, pues como dice con elocuentes palabras el Concilio de Trento (ses. 13, c. 2), Jesucristo en la Eucaristía prodigó todas las riquezas de su amor a los hombres.
¿No se estimaría por muy amorosa fineza –dice San Francisco de Sales– el que un príncipe regalase a un pobre algún exquisito manjar de su mesa? ¿Y si le enviase toda su comida? ¿Y, finalmente, si el obsequio consistiera en un trozo de la propia carne del príncipe, para que sirviese al pobre de alimento?... Pues Jesús en la sagrada Comunión nos alimenta, no ya con una parte de su comida ni un trozo de su Cuerpo, sino con todo Él: “Tomad y comed; éste es mi Cuerpo” (Mt. 26, 26); y con su Cuerpo nos da su Sangre, alma y divinidad.
De suerte que –como dice San Juan Crisóstomo–, dándosenos Jesucristo mismo en la Comunión, nos da todo lo que tiene y nada se reserva para Sí; o bien, según se expresa Santo Tomás: “Dios en la Eucaristía se entrega todo Él, cuanto es y cuanto tiene”. Ved, pues, cómo ese Altísimo Señor, que no cabe en el mundo –exclama San Buenaventura–, se hace en la Eucaristía nuestro prisionero... Y dándose a nosotros real y verdaderamente en el Sacramento, ¿cómo podremos temer que nos niegue las gracias que le pidamos? (Ro. 8, 32).

II
Consideremos en segundo lugar el gran amor que nos mostró Jesucristo al otorgarnos este altísimo don... Hija solamente del amor es la preciosa dádiva del Santísimo Sacramento. Necesario fue para salvarnos, según el decreto de Dios, que el Redentor muriese.
Mas ¿qué necesidad vemos en Jesucristo, después de su muerte, permanezca con nosotros para ser manjar de nuestras almas?... Así lo quiso el amor.
No más que para manifestarnos el inmenso amor que nos tiene instituyó el Señor la Eucaristía, dice San Lorenzo Justiniano, expresando lo mismo que San Juan escribió en su Evangelio (Jn. 13, 1): “Sabiendo Jesús que era llegada su hora del tránsito de este mundo al Padre, como hubiese amado a los suyos que vivían en este mundo, los amó hasta el fin”.
Es decir, cuando el Señor vio que llegaba el tiempo de apartarse de este mundo, quiso dejarnos maravillosa muestra de su amor, dándonos este Santísimo Sacramento, que no otra cosa significan las citadas palabras: “los amó hasta el fin”, o sea, “los amó extremadamente, con sumo e ilimitado amor”, según lo explican Teofilacto y San Juan Crisóstomo.
Y notemos, como observa el Apóstol (1 Co. 11, 23-24), que el tiempo escogido por el Señor para hacernos este inestimable beneficio fue el de su muerte. En aquella noche en que fue entregado, tomó el pan, y dando gracias, le partió y dijo: “Tomad y comed; éste es mi Cuerpo”.
Cuando los hombres le preparaban azotes, espinas y la cruz para darle muerte cruelísima, entonces quiso nuestro amante Jesús regalarle la más excelsa prenda de amor.
¿Y por qué en aquella hora tan próxima a la de su muerte, y no antes, instituyó este Sacramento? Hízolo así, dice San Bernardino, porque las pruebas de amor dadas en el trance de la muerte por quien nos ama, más fácilmente duran en la memoria y las conservamos con más vivo afecto.
Jesucristo, dice el Santo, se había dado a nosotros de varias maneras; habíasenos dado por Maestro, Padre y compañero por luz, ejemplo y víctima. Faltábale el postrer grado de amor, que era darse por alimento nuestro, para unirse todo a nosotros, como se une e incorpora el manjar con quien le recibe, y esto lo llevó a cabo entregándose a nosotros en el Sacramento.
De suerte que no se satisfizo nuestro Redentor con haberse unido solamente a nuestra naturaleza humana, sino que además quiso, por medio de este Sacramento, unirse también a cada uno de nosotros particular e íntimamente.
“Es imposible –dice San Francisco de Sales– considerar a nuestro Salvador en acción más amorosa ni más tierna que ésta, en la cual, por decirlo así, se anonada y se hace alimento para penetrar en nuestras almas y unirse íntimamente con los corazones y cuerpos de sus fieles”.
Así dice San Juan Crisóstomo a ese mismo Señor a quien los ángeles ni a mirar se atreven: “Nos unimos nosotros y nos convertimos con Él en un solo cuerpo y una sola carne”. ¿Qué pastor –añade el Santo– alimenta con su propia sangre a las ovejas? Aun las madres, a veces, procuran que a sus hijos los alimenten las nodrizas. Mas Jesús en el Sacramento nos mantiene con su mismo Cuerpo y Sangre, y a nosotros se une (Hom. 60).
¿Y con qué fin se hace manjar nuestro? Porque ardentísimamente nos ama y desea ser con nosotros una misma cosa por medio de esa inefable unión (Hom. 51).
Hace, pues, Jesucristo en la Eucaristía el mayor de todos los milagros. “Dejó memoria de sus maravillas, dio sustento a los que le temen” (Sal. 110, 4), para satisfacer su deseo de permanecer con nosotros y unir con los nuestros su Sacratísimo Corazón.
“¡Oh admirable milagro de tu amor –exclama San Lorenzo Justiniano–, Señor mío Jesucristo, que quisiste de tal modo unirnos a tu Cuerpo, que tuviésemos un solo corazón y un alma sola inseparablemente unidos contigo!”.
El B. P. de la Colombière, gran siervo de Dios, decía: “Si algo pudiese conmover mi fe en el misterio de la Eucaristía, nunca dudaría del poder, sino más bien del amor, manifestados por Dios en este soberano Sacramento. ¿Cómo el pan se convierte en Cuerpo de Cristo? ¿Cómo el Señor se halla en varios lugares a la vez? Respondo que Dios todo lo puede. Pero si me preguntan cómo Dios ama tanto a los hombres que se les da por manjar, no sé qué responder, digo que no lo entiendo, que ese amor de Jesús es para nosotros incomprensible”.
Dirá alguno: Señor, ese exceso de amor por el cual os hacéis alimento nuestro, no conviene a vuestra majestad divina... Mas San Bernardo nos dice que por el amor se olvida el amante de la propia dignidad. Y San Juan Crisóstomo (Serm. 145) añade que el amor no busca razón de conveniencia cuando trata de manifestarse al ser amado; no va a donde es conveniente, sino a donde le guían sus deseos.
Muy acertadamente llamaba Santo Tomás (Op. 68) a la Eucaristía Sacramento de amor. Y San Bernardo, amor de los amores. Y con verdad Santa María Magdalena de Pazzi denominaba el día del Jueves Santo, en que el Sacramento fue instituido, el día del Amor.

III
Consideremos, por último, el gran deseo que tiene Jesucristo de que le recibamos en la santa Comunión... Sabiendo Jesús que era llegada su hora... (Jn. 13, 1); mas, ¿por qué Jesucristo llama su hora a aquella noche en que había de comenzarse su dolorosa Pasión?... Llamábala así porque en aquella noche iba a dejarnos este divino Sacramento, con el fin de unirse al mismo Jesús con las almas amadísimas de sus fieles.
Ese excelso designio movible a decir entonces (Lc. 22, 15): “Ardientemente he deseado celebrar esta Pascua con vosotros”; palabras con que denota el Redentor el vehemente deseo que tenía de esa unión, con nosotros en la Eucaristía... Ardientemente he deseado... Así le hace hablar el amor inmenso que nos tiene, dice San Lorenzo Justiniano.
Quiso quedarse bajo las especies de pan, a fin de que cualquiera pudiese recibirle; porque si hubiese elegido para este portento algún manjar exquisito y costoso, los pobres no hubiesen podido recibirle a menudo. Otra clase de alimento, aunque no fuese selecto y precioso, acaso no se hallaría en todas partes. De suerte que el Señor prefirió quedarse bajo las especies de pan, porque el pan fácilmente se halla dondequiera y todos los hombres pueden procurársele.
El vivo deseo que el Redentor tiene de que con frecuencia le recibamos sacramentado movíale no sólo a exhortarnos muchas veces o invitarnos a que lo recibiésemos: “Venid, comed mi Pan, y bebed mi Vino que os he mezclado. Comed, amigos, y bebed; embriagaos los muy amados” (Pr. 9, 5; Cant. 5, 1); vino a imponérnoslo como precepto: “Tomad y comed; éste es mi Cuerpo” (Mt. 26, 26).
Y a fin de que acudamos a recibirle, nos estimula con la promesa de la vida eterna. “Quien come mi Carne, tiene vida eterna. Quien come este Pan, vivirá eternamente” (Jn. 6, 55-56). Y de no obedecerle, nos amenaza con excluirnos de la gloria: “Si no comiereis la Carne del Hijo del Hombre no tendréis vida en vosotros” (Jn. 6, 54).
Tales invitaciones, promesas y amenazas nacen del deseo de Cristo de unirse a nosotros en la Eucaristía; y ese deseo procede del amor que Jesús nos profesa, porque –como dice San Francisco de Sales– el fin del amor no es otro que el de unirse al objeto amado, puesto que en este Sacramento Jesús mismo se une a nuestras almas (el que come mi Carne y bebe mi Sangre, en Mí mora y Yo en él) (Jn. 6, 57); por eso desea tanto que le recibamos. “El amoroso ímpetu con que la abeja acude a las flores para extraer la miel –dijo el Señor a Santa Matilde– no puede compararse al amor con que Yo me uno a las almas que me aman”.
¡Oh, si los fieles comprendiesen el gran bien que trae a las almas la santa Comunión!... Cristo es el dueño de toda riqueza, y el Eterno Padre le hizo Señor de todas las cosas (Jn. 13, 3).
De suerte que, cuando Jesús penetra en el alma por la sagrada Eucaristía, lleva consigo riquísimo tesoro de gracias. “Vinieron a mí todos los bienes juntamente con ella” dice Salomón (Sb. 7, 11) hablando de la eterna Sabiduría.
Dice San Dionisio que el Santísimo Sacramento tiene suma virtud para santificar las almas. Y San Vicente Ferrer dejó escrito que más aprovecha a los fieles una comunión que ayunar a pan y agua una semana entera.
La Comunión, como enseña el Concilio de Trento (sec. 13, c. 2), es el gran remedio que nos libra de las culpas veniales y nos preserva de las mortales; por lo cual, San Ignacio, mártir, llama a la Eucaristía “medicina de la inmortalidad”. Inocencio III dice que Jesucristo con su Pasión y muerte nos libró de la pena del pecado, y con la Eucaristía nos libra del pecado mismo.
Este Sacramento nos inflama en el amor de Dios. “Me introdujo en la cámara del vino; ordenó en mí la caridad. Sostenedme con flores, cercadme de manzanas, porque desfallezco de amor” (Cant. 2, 4-5). San Gregorio Niceno dice que esa cámara del vino es la santa Comunión, en la cual de tal modo se embriaga el alma en el amor divino, que olvida las cosas de la tierra y todo lo creado; desfallece, en fin, de caridad vivísima.
También el venerable Padre Francisco de Olimpio, teatino, decía que nada nos inflama tanto en el amor de Dios como la sagrada Eucaristía. Dios es caridad; es fuego consumidor (1 Jn. 4, 8; Dt. 4, 24). Y el Verbo Eterno vino a encender en la tierra ese fuego de amor (Lucas. 12, 49).
Y, en verdad, ¡qué ardentísimas llamas de amor divino enciende Jesucristo en el alma de quien con vivo deseo lo recibe Sacramentado!
Santa Catalina de Siena vio un día a Jesús Sacramentado en manos de un sacerdote, y la Sagrada Forma le parecía brillantísima hoguera de amor, quedando la Santa maravillada de cómo los corazones de los hombres no estaban del todo abrasados y reducidos a cenizas por tan grande incendio.
Santa Rosa de Lima aseguraba que, al comulgar, parecíale que recibía al sol. El rostro de la Santa resplandecía con tan clara luz, que deslumbraba a los que la veían, y la boca exhalaba vivísimo calor, de tal modo, que la persona que daba de beber a Santa Rosa después de la Comunión sentía que la mano se le quemaba como si la acercase a un horno.
El rey San Wenceslao solamente con ir a visitar al Santísimo Sacramento se inflamaba aun exteriormente de tan intenso ardor, que a un criado suyo, que le acompañaba, caminando una noche por la nieve detrás del rey, le bastó poner los pies en las huellas del Santo para no sentir frío alguno.
San Juan Crisóstomo decía que, siendo el Santísimo Sacramento fuego abrasador, debiéramos, al retirarnos del altar, sentir tales llamas de amor que el demonio no se atreviese a tentarnos.
Diréis, quizá, que nos os atrevéis a comulgar con frecuencia porque no sentís en vosotros ese fuego del divino amor. Pero esa excusa, como observa Gerson, sería lo mismo que decir que no queréis acercaros a las llamas porque tenéis frío. Cuanta mayor tibieza sintamos, tanto más a menudo debemos recibir el Santísimo Sacramento, con tal que tengamos deseos de amar a Dios.
“Si acaso te preguntan los mundanos –escribe San Francisco de Sales en su Introducción a la vida devota– por qué comulgas tan a menudo..., diles que dos clases de gente deben comulgar con frecuencia: los perfectos, porque, como están bien dispuestos, quedarían muy perjudicados en no llegar al manantial y fuente de la perfección, y los imperfectos, para tener justo derecho de aspirar a ella...”.
Y San Buenaventura dice análogamente: “Aunque seas tibio, acércate, sin embargo, a la Eucaristía, confiando en la misericordia de Dios. Cuanto más enfermos estamos, tanto más necesitamos del médico”. Y, finalmente, el mismo Cristo dijo a Santa Matilde: “Cuando vayas a comulgar, desea tener todo el amor que me haya tenido el más fervoroso corazón, y Yo acogeré tu deseo como si tuvieses ese amor a que aspiras”.

AFECTOS Y SÚPLICAS
¡Oh amantísimo Señor de las almas! Jesús mío, no podéis ya darnos prueba mayor para demostrarnos el amor que nos tenéis. ¿Qué más pudierais inventar para que os amásemos?...
Haced, ¡oh Bondad infinita!, que yo os ame desde hoy viva y tiernamente. ¿A quién debe amar mi corazón con más profundo afecto que a Vos, Redentor mío, que después de haber dado la vida por mí os dais a mí Vos mismo en este Sacramento?... ¡Ah Señor! ¡Ojalá recuerde yo siempre vuestro excelso amor y me olvide de todo y os ame sin intermisión y sin reserva!...
Os amo, Dios mío, sobre todas las cosas, y a Vos sólo deseo amar. Desasid mi corazón de todo afecto que para Vos no sea... Gracias os doy por haberme concedido tiempo de amaros y de llorar las ofensas que os hice. Deseo, Jesús mío, que seáis único objeto de mis amores. Socorredme y salvadme, y sea mi salvación el amaros con toda mi alma en ésta y en la futura vida...
María, Madre nuestra, ayudadme a amar a Cristo y rogad por mí.

Del libro: PREPARACIÓN PARA LA MUERTE de San Alfonso Mª Ligorio.