miércoles, 13 de noviembre de 2013

¿QUIÉN ES SAN MIGUEL ARCÁNGEL?

Él arroja al fondo del abismo la cabeza orgullosa del Dragón, y confunde a los rebeldes con su caudillo, expulsándolos del cielo (Salmos, 36, 30-31)


En la creación del mundo angélico, Dios colocó a San Miguel en el segundo puesto después de Lucifer. El creador dividió a los Ángeles en tres grandes jerarquías y en nueve coros. Sus nombres están revelados en la Sagrada Escritura: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Potestades, Principados, Virtudes, Arcángeles y Ángeles. Los Ángeles se quedarán eternamente en el mismo coro. Todos estos fúlgidos Espíritus arden por el deseo de Cumplir la Santa Voluntad de Dios con la velocidad del pensamiento.
¡San Miguel, al ver que era uno de los primeros Príncipes, revestido de poder, gloria esplendor más que los demás, se humilla, se pone a los pies de Dios y reconoce con profunda gratitud que la magnificencia en la naturaleza angélica y todos los dones y privilegios de la Gracia son gratuitos por la bondad del Creador, sin ningún mérito suyo y sin ningún derecho a dicha dignidad en cuanto fue creado de la nada y su origen será siempre la nada!
Un amor seráfico, una dedicación profunda inunda su radiante espíritu y se humilla en la contemplación de la Bondad y del Amor Divino. En esta tranquila armonía del Cielo nada podía presagiar los funestos eventos de una guerra inminente que destruirá sus filas en todos los coros angélicos.
La prueba de los Ángeles y la derrota de los rebeldes por medio de San Miguel
Antes de que Dios ponga el fundamento invisible de la Creación, puso como fundamento invisible la OBEDIENCIA en todas las criaturas razonables, Jesucristo adquiere su nueva gloria como Jefe de la humanidad, mediante la obediencia a los decretos eternos de la Santa Trinidad. María Santísima recorre el camino real de la Maternidad Divina con su humilde: “Fiat mihi secun-dum verbum tuumo”. Es el camino maestro también para los Ángeles.
Para admitir estos sublimes Espíritus a la visión Beatificada en la gloria eterna y confirmarlos en la Gracia, Dios quiere someterlos a una prueba. Todos los Ángeles recibieron una visión clara del Ser Divino y de sus infinitas perfecciones, debían reconocer la Majestad Divina como súbditos del señor. Creador de su radiante existencia: adorarlo, servirlo como su Único y Sumo Bien. Gran parte de ellos obedeció con alegría y con humildad, ofreciendo con amor a la propia adoración y a la propia existencia para obedecer en todo a la voluntad Divina. También Lucifer se sometió, pero más por conveniencia que por amor, siéndole por el momento imposible retirarse ante una orden tan amorosa. También porque el orgullo estaba apenas germinando en su espíritu. Era la pequeña semilla del mal que luego se convirtió en el árbol gigantescote los pecados de toda especie trasplantado en el mundo visible.
En un segundo tiempo, como vio María Agreda Abadesa en el maravilloso libro de la “Mística Ciudad de Dios” y es la opinión de muchos teólogos, Dios mostró a los Ángeles al Verbo Divino su Unigénito, revestido con la naturaleza humana, preferida por El y muy favorecida, hasta ensalzarla en el Trono eterno de la Santísima Trinidad. Pidió a los Ángeles que lo adoren como a su Rey, no solo en su Naturaleza Divina, sino también unida hipostáticamente con la naturaleza humana y servirlo. Con la luz de la Gracia actual, Dios iluminó a todos los Ángeles los méritos infinitos del verbo humanado y que, ha merecido también para cada uno de ellos todas las Gracias y Dones que poseen, comprendida la gloria y la felicidad sin fin que nos espera a todos en la Visión Beatífica.
A este precepto, todos los obedientes y Santos Ángeles se rindieron y prestaron asenso y obsequio con humilde y amoroso afecto de toda su voluntad.
Exultación y sumisión por parte de los Ángeles obedientes. Para sí hosanna, admiración, gran estupor, gran condescendencia y humillación del Verbo Divino. Pero no Lucifer. Su repugnancia por la naturaleza crece, y si antes obedecía de mala gana, ahora no puede más. La envidia inunda su espíritu soberbio, cegado por su suprema belleza y poder personal, resiste a la Voluntad Divina. Invita también a los otros Ángeles para que desobedezcan, prometiéndoles un Reino independiente del de Cristo Humanado. él, Lucifer, sería el jefe, y ellos, príncipes. Decía con soberbia:
Subiré al Cielo (visión beatífica), sobre los astros de Dios, en salzaré mi trono… subiré a la altura de la nubes… seré igual al Altísimo (Is 14,14).
Este insensato grito de rebelión se hizo eco en el ambiente celestial y fue acogido por un tercio de los Ángeles. Inició así la grande y tremenda guerra para destronar a Dios y apropiarse de su trono. Viendo San Miguel el caos y el tumulto provocado por los rebeldes, con una gran voz exclamo:“¿Quién (ES) COMO DIOS?”, sumergiéndose en su nada ante el Creador de toda existencia. Lo adora, ofrece su amor fiel, todo su ser al servicio de la Majestad Divina, para defender su Honor y la Gloria humillada por los rebeldes ingratos. Con un discurso inflamado por la Gloria del Señor, exhorta a todos los Ángeles para que resistan a la malsana rebelión de Lucifer, recodándoles el sagrado deber de adoración y de gratitud para con Dios y la humilde sumisión por los inmensos beneficios recibidos. Exhorta a todos para que acepten con un amor humilde todos los planes y proyectos que se refieren a la Encarnación del Verbo Divino. El hijo unigénito del Padre es siempre su Rey y Creador aún bajo las condiciones de la naturaleza humana.
En este punto Dios interviene, con su tercera orden, disimulando con Paciencia Divina al tumulto causado por Lucifer y por sus partesanos. La autenticidad de este hecho vio y lo describió San Juan Apóstol en el Apocalipsis:
Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Está en cinta y grita con los dolores de parto y con el tormento de dar a luz (Ap. 12.1).
En este cuadro estupendo Dios mostró a todos los ángeles la divina maternidad de María Santísima e intelectualmente la unión Hipostática de la Naturaleza Divina con la naturaleza humana en la Sagrada Persona de Jesucristo: “Mágnum pietatis Sacramentumo” (Tm 3,16).
Para salvar a los Ángeles tribulados y vacilantes San Miguel gritó:
Veneremos a esta mujer singular y bendita, que será la obra de arte de la Santísima Trinidad, la Madre futura del Verbo Divino y nuestra futura, gloriosa y admirable Reina Arrodillémonos ante los planes divinos que recaen sobre Ella.
Respondió Lucifer.
No ¡Nunca serviré a una naturaleza inferior de la mía, como es la naturaleza humana!.
Con él gritaron muchísimos Ángeles.
Dios respondió:
Y bien, esta Mujer a la que le has negado veneración, será Aquella que te aplastará la cabeza y por ella serás vencido y aniquilado. Porque si por tu soberbia entrará la muerte en el mundo del futuro, por su humildad entrará la vida y la salud a todos los mortales, los cuales gozarán del premio y la corona que tú y los tuyos has perdido.
Los buenos entonan cantos armoniosos en honor de María Santísima para alabar su futura existencia y deciden unánimemente defender contra los rebeldes el honor del Verbo Encarnado y de su futura Madre y Reina.
En este punto Lucifer prorrumpe contra la Mujer predilecta con insultos ásperos y blasfemias que eran inauditos en el ambiente del Cielo.
¿Quién (ES) COMO DIOS?, exclama nuevamente San Miguel y desencadena una gran guerra en el Cielo, como vio San Juan Apóstol en la isla de Pathmos y describe su visión del Apocalipsis: “Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón.Lucharon encarnizadamente el dragón y sus ángeles, pero fueron derrotados y los arrojaron del cielo para siempre (Ap 12. 7-8).
La caída de los ángeles rebeldes
A la derrota de Lucifer, sigue un castigo adecuado para su pecado. El ángel rebelde se vio trasformado de Espíritu de Luz en un monstruo horrible con siete cabezas, que significaban las siete legiones en las cuales fueron divididas y ordenados los ángeles caídos, transformados también ellos en seres repugnantes, en diablos, Lucifer nombra un jefe para cada Legión, según los siete vicios capitales: Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza. Pecados con los cuales más tarde, arrastrarán a los hombres para poblar su reino del eterno dolor.
Entre el inmenso asombro de San Miguel y de los Ángeles buenos se abrió un abismo en el ancla deforme de la tierra donde Lucifer se precipito transformando en un Dragón Rojo con todos sus secuaces.
En la profundidad del infierno Lucifer comprendió su equivocación que terminó en tragedia irreparable:
La diadema de nuestra cabeza ha caído; ay de nosotros que hemos pecado.
Pero era tarde… demasiado tarde… para siempre, para una eternidad.
¡Que Dios nos libre a todos nosotros de un cálculo tan arriesgado!
Cuando regresó la calma después de la separación, las tinieblas del pecado de la Luz de la Gracia, la mirada adolorida de Dios busca consuelo ante la Imagen de la “Mujer vestida de Sol” suspirando el tiempo de su creación y con ímpetu divino susurra… Ave, Ave oh llena de Gracia…
¡Yo estaré siempre contigo!
Luego Dios se dirigió a San Miguel y lo felicitó por su fidelidad y por su espléndida victoria. Contemplando el gran vacío arrastrado por los rebeldes, su Amor de Padre de todas las criaturas se desfoga en un amargo lamento de frente a tanta pérdida e ingratitud, hablando como para consigo mismo:
…Eras un dechado de perfección, lleno de sabiduría y hermosura perfecta. Estabas en el Edén, en el jardín de Dios, adornado con piedras preciosas: rubí, topacio, diamante, crisólito, ónice, bereilo, zafiro, carbunclo y esmeralda.
De oro labrado eran tus aros y colgantes desde el día en que fuiste creado. Eras un querubín protector de alas extendidas: yo te había puesto sobre las montañas de Dios.

Caminabas entre piedras de fuego. Intachable era tu conducta, desde el día en que fuiste creado, hasta que se encontró la iniquidad en ti. Al prosperar tus negocios te llenaste de violencia y pecados. Entonces yo te expulsé de las montañas de Dios y a ti, el querubín protector, te hice desaparecer de entre las piedras de fuego.

La belleza te ensoberbeció, el esplendor echó a perder tu sabiduría. 
Yo te arrastré por tierra y te convertí en objeto de burla para los reyes… Todos los pueblos que te conocían se quedarán asombrados por ti; serás motivo de espanto y desaparecerás para siempre” (Ez 28, 12-19). “¡Cómo has caído del cielo, oh Lucifer, Lucero del alba! (Is 14, 12).
Solo un Dios, que ama a todos con un Amor Infinito, inmutable, puede lamentarse así de la pérdida de su Ángel primogénito.
Este dolor nos fue revelado por medio del Espíritu Santo, mediante la boca de los santos Profetas del Antiguo Testamento. También el Padre Eterno dice: “Buscaba consoladores, pero no los he encontrado”.
Dios Omnipotente, para premiar la fidelidad heroica de San Miguel, le dio el puesto dejado vacío por Lucifer, lo constituyó en el Primer Ministro de la Santa Trinidad Príncipes angélicos y jefe Supremo de los nueve coros de Ángeles, lleno de poder, honor y gloria y más cerca del trono Divino. Su esplendor está en grado de iluminar toda la tierra, como vio San Juan en el Apocalipsis.
Fuente: Libro ¿Quién es San Miguel Arcángel? de Gloria Crux.

martes, 12 de noviembre de 2013

PASAJES DE LA BIBLIA



Quien se avergonzare de Mí, y de mi doctrina, de él se avergonzará el Hijo del hombre cuando venga en su gloria y en la del Padre y de los santos ángeles (Lc. 9,26). 

A todo el que me confesare delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mt. 10,32-33). 

Muchos de los jefes creyeron en Jesucristo, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, por miedo a ser excluidos de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios (Jn. 12,42-43). 

Una de las sirvientas dijo a Pedro: ¿Eres tu uno de los discípulos de este hombre?, y él contestó: No lo soy (Jn. 18,17)

“Yo no me avergüenzo del Evangelio” (Rom. 1,16).

Si aún buscase agradar a los hombres, no sería siervo de Jesucristo (Gál. 1,10). 

lunes, 11 de noviembre de 2013

EL PADRE JESÚS CALVO DICE QUE "EL PAPA VENDE FLORES" Y CREE QUE CARITAS PUEDE SER "UNA TAPADERA DE LA MASONERÍA

El sacerdote Jesús Calvo
      El Padre Jesús Calvo
“Hace ya años que no hago la colecta de Caritas”, afirmó el párroco de El Burgo Ranero (León) al ser preguntado acerca de la ONG católica. Durante una nueva entrevista en la edición del pasado jueves en ‘La Ratonera’, el cura leonés razonó de esta formasu disconformidad con la entidad supuestamente benefactora. “En una reunión clerical a la que acudieron representantes de Caritas, nos dijeron que no preguntaban nunca quiénes son, ni qué piensan, ni tampoco en lo que creen las personas necesitadas a las que ayudan. Como los católicos tenemos la virtud de la caridad, aportamos una ayuda gracias al amor de Dios y, sin embargo, otros explotan la fe que ellos no tienen y nos pisarán el cuello el día que puedan”.
En una clara alusión a la comunidad musulmana, “estamos criando cuervos que algún día nos arrancarán los ojos”, el Padre Calvo prosiguió: “Que hagan ellos  su Caritas y su beneficiencia, pero por qué se tiene que meter la Iglesia, pese a estar siendo perseguida en sus países. Se llama Caritas, pero no se funda en la caridad sino en la filantropía”.
Tras opinar que Caritas puede tratarse de una “tapadera” de la masonería para propiciar la llegada de ilegales a nuestros países” y recordar que recibe fondos del Estado y de entidades financieras, el presbítero lamentó que la institución se haya convertido en una ONG y defendió que se atendiera primero “al de casa, al próximo, que es lo que significa la palabra prójimo”.
Vendedor de flores
Por otra parte, el párroco de El Burgo Ranero dijo que el Papa Francisco I “vende flores y no vende frutos”. “Es más facil hacer gestos populistas. Durante su viaje a Brasil no se atrevió a decirle a los jóvenes lo que Cristo dijo: ‘el que no coge la Cruz y me sigue no es digno de mí’, ‘el que no está conmigo está contra mí’ y ‘el que no recoge conmigo desparrama’. ¿Por qué no dice eso el Papa y prefiere hacer la vista gorda? Lo que dice el Papa es pan para hoy y hambre para mañana”, manifestó.
Criticó también que el Sumo Pontífice no condene los ataques que sufren los cristianos en países de obediencia islámica y criticó que “en nombre de una falsa libertad religiosa, aquí les dejamos hacer mezquitas mientras los cristianos están perseguidos en sus países”.
Liberalismo y progresismo
En otro momento de su intervención en ‘La Ratonera’, el Padre Calvo criticó el concepto conocido como progresismo. “El progresismo es regresismo, es volver a las cavernas. El progreso supone que una cosa que ya ha sido conquistada se perfeciona, pero el regresismo es todo lo contrario”.
También se mostró crítico con el liberalismo, causa en su opinión de muchos de los problemas actuales. “Estamos en la órbita del liberalismo, que es otra forma de ateísmo, porque hace que el fin justifique cualquier medio. El liberalismo es un concepto ateo de la vida que se basa en el antropocentrismo, que pretende que el hombre y no Dios sea el centro, que el hombre se haga Dios”.
Se mostró contrario a la división Iglesia-Estado al ir a su juicio en contra de la doctrina católica y, en ese sentido, acusó al Papa de “herético” por sostener que los estados aconfecionales favorecen la Religión. Explicó que la aconfesionalidad de los estados fue condenado en 1864 por Pío X y subrayó que la encíclica Quas Primas de Pío XI, además de instituir la fiesta de Cristo Rey, estableció que “todas las cosas se unan en Cristo”. “Separar la Iglesia del Estado es tanto como decir que el Estado tiene derecho a una religión que no existe”, señaló.
Traidor y perjuro
Luego de calificar al rey Juan Carlos I de “traidor a España y a Franco”, el Padre Calvo acusó al monarca de ser “un perjuro, un hipócrita y un excomulgado según el derecho canónico 1398″.
Por último, al ser preguntado si la enfermedad del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez puede ser consecuencia de un castigo divino, el sacerdote manifestó: “Teológica y doctrinalmente no hay ninguna incompatbilidad en creer en ese castigo. El pecado ocasiona, no solamente daños personales a título de prueba, sino que también puede ser un aviso del Cielo, a través de un mal, para que se corrija el pecador o para que otros tomen nota de lo que les puede pasar si infringen la ley de Dios”.

jueves, 7 de noviembre de 2013

LA VIRTUD DE LA HUMILDAD (XIII)


CAPÍTULO 13 

Del segundo grado de humildad: declarase 
en que consiste este grado. 

El segundo grado de humildad, dice San Buenaventura, es desear uno ser tenido de los otros en poco; desear que no os conozcan ni os estimen y que no haga nadie caso de vos. Si estuviésemos bien fundados en el primer grado de humildad, tendríamos andado mucho camino para llegar a este segundo; si verdaderamente nosotros mismos nos tuviésemos en poco, no se nos haría muy dificultoso que los otros también nos tuviesen en poco, antes nos holgaríamos de ello. ¿Lo queréis ver? Dice San Buenaventura: «Todos, naturalmente, nos holgamos que los demás se conformen con nuestro parecer y sientan lo mismo que nosotros sentimos.» Pues si esto es así, ¿por qué no nos holgamos que los otros nos tengan en poco? ¿Sabéis por qué? Porque no nos tenemos nosotros en poco; no somos de ese parecer. San Gregorio, sobre aquellas palabras de Job (33, 27): [Pequé, y verdaderamente delinquí, y no he recibido el castigo que merecía], dice: Muchos con la boca dicen mal de sí, y que son unos tales y unos cuales, y no lo creen ello así, porque cuando otro les dice aquellas mismas cosas, aun menores, no lo pueden sufrir. Y esos tales, cuando dicen mal de sí, no lo dicen con verdad, porque no lo sienten ellos así en su corazón, como lo sentía Job cuando decía: Pequé, y verdaderamente he delinquido y ofendido a Dios, y no me ha castigado tanto como yo merecía. Job decía esto con verdad y de corazón; pero éstos, dice San Gregorio, solamente se humillan con la boca y exteriormente; mas en el corazón no tienen humildad; quieren parecer humildes, pero no lo quieren ser; porque si de veras lo deseasen, no se sentirían tanto cuando otro les reprende y les avisa de alguna falta, si no se excusarían ni volverían tanto por sí, ni se turbarían como se turban. 

Cuenta Casiano que vino un monje al abad Serapión, que en el hábito, meneos y palabras mostraba grande humildad y menosprecio de sí mismo, y nunca acababa de decir mal de sí, que era tan pecador y malo, que no era digno de gozar de este aire común ni de la tierra que pisaba; no quería sentarse sino en el suelo, y mucho menos consentir que le lavasen los pies. El abad Serapión, después de haber comido, comenzó a tratar algunas cosas espirituales, como tenía de costumbre, y le cupo su ración al huésped; le dio un buen consejo con mucho amor y blandura que pues era mancebo y robusto, procurase residir en su celda y trabajar con sus manos para comer, conforme a la regla de los monjes, y no anduviese ocioso discurriendo por las celdas de los demás. Sintió tanto aquel monje esta amonestación y aviso, que no lo pudo disimular, sino que lo mostró exteriormente en el semblante del rostro. Entonces le dijo el abad Serapión: «¿Qué es esto, hijo, que ahora nos decías de ti tantos males, y tantas cosas de mucha afrenta y deshonra, y ahora con una amonestación tan llana como ésta, que no contiene en sí injuria ni afrenta alguna, sino mucho amor y caridad, te has indignado y alterado tanto, que no lo has podido disimular? ¿Esperabas, por ventura, con aquellos males que decías de ti, oír de nuestra boca aquella sentencia del Sabio (Prov. 18, 17): [El justo es el primero que se acusa y confiesa sus faltas]: éste es justo y humilde, pues dice mal de sí? ¿Pretendías que te alabásemos tuviésemos por justo y por bueno? 

¡Ay!, dice San Gregorio, que muchas veces eso es lo que pretendemos con nuestras hipocresías y humildades fingidas, y lo que parece humildad es soberbia grande. Porque muchas veces nos humillamos por ser alabados de los hombres y por ser tenidos por buenos y por humildes. Si no, pregunto yo: ¿Para qué decís de vos lo que no queréis que crean los otros? Si lo decís de corazón y andáis con verdad, habéis de querer que los otros os crean y os tengan por tal; y esto no queréis, manifiestamente mostráis que en eso no pretendéis ser humillado, sino ser tenido y estimado. 

Eso es lo que dice el Sabio (Eccli 19, 23): Hay algunos que se humillan fingidamente, y allá en lo interior su corazón está lleno de soberbia y engaño. Porque ¿qué mayor engaño que buscar por medio de la humildad ser honrado y estimado de los hombres? ¿Y qué mayor soberbia que pretender ser tenido por humilde? Pretender alabanzas de la humildad, dice San Bernardo, no es virtud de humildad, sino perversión y destrucción de ella. ¿Qué mayor perversión puede ser que ésa? ¿Qué cosa puede ser más fuera de razón, que querer parecer mejor de donde parecéis peor? Del mal que decís de vos queréis parecer bueno y ser tenido por tal, ¿qué cosa más indigna y más fuera de razón? San Ambrosio, reprendiendo esto, dice: «Muchos tienen apariencia de humildad, pero no tienen la virtud de la humildad; muchos que parece que exteriormente la buscan, interiormente la contradicen.» 

Es tanta nuestra soberbia y la inclinación que tenemos a ser tenidos y estimados, que buscamos mil modos e inventamos mil trazas para eso. Unas veces por indirectas, otras por directas, siempre podríamos llevar el agua a nuestro molino. Dice San Gregorio que es propio de los soberbios, cuando les parece que han hablado o hecho alguna cosa bien, preguntar a los que lo vieron u oyeron que les digan las faltas, para que les digan bien de ello. Parece que se humillan exteriormente, pidiendo que les digan las faltas; pero no es humildad aquella, sino soberbia, porque pretenden con aquello sacar alabanzas. Otras veces comienza uno a decir mal de lo que ha hecho, y dice que ha quedado muy descontento de ello, para con aquello sacar lo que el otro tiene en su pecho, y querría que se lo excusase y le dijese: no fue por cierto sino muy bien dicho, o muy bien hecho, y no tenéis razón de estar descontento. Eso es lo que el otro buscaba. Llamaba a ésta un Padre muy grave muy espiritual humildad de garabato, porque con ese garabato queréis sacar del otro que os alabe. Acaba uno de predicar, y queda él muy contento y muy pagado de su sermón, y pregunta al otro que le diga las faltas. ¿Para qué son esas ficciones e hipocresías? Que no pensáis vos que ha habido faltas, ni pretendéis sino que os digan bien del sermón, y que concuerden con vuestro parecer, y eso oís de buena gana; y si acaso el otro con llaneza os dice alguna falta, ni gustáis de ello, antes la defendéis, y aun algunas veces acontece que juzgáis al que os notó la falta de no tan buen entendimiento, y que no tiene buen voto en aquella materia, porque tuvo por falta lo que vos tuvisteis por acertado, Todo es soberbia y estimación, y eso pretendéis sacar con humildades fingidas. 

Otras veces, cuando no podemos encubrir nuestra falta, la confesamos llanamente, para que ya que perdimos honra con la falta, la ganemos con aquella confesión humilde. Otras veces, dice San Bernardo, exageramos nosotros nuestras faltas y decimos aún más de lo que es, para que viendo los otros que no es posible ni creíble ser tanto como aquello, piensen que no debió haber falta ninguna en ello, y lo echen todo a humildad nuestra; y así, exagerando y diciendo más de lo que es, queremos encubrir lo que es. Con mil mañas y marañas procuramos disfrazar y encubrir nuestra soberbia so capa de humildad. 

Y en esto veréis de camino, dice San Bernardo cuan excelente y preciosa sea la humildad y cuán baja y afrentosa la soberbia. Mirad cuán alta y gloriosa cosa es la humildad, pues la misma soberbia se quiere valer de ella y cubrirse con ella. Y mirad cuán baja y vergonzosa cosa es la soberbia, pues no se atreve a parecer descubierta la cara, sino disfrazada y cubierta con velo de humildad; que quedarais vos corrido y afrentado si el otro entendiese que pretendéis y deseáis ser estimado y alabado; porque os tendrían por soberbio, que es el más bajo puesto en que podéis ser tenido, y por eso procuráis encubrir vuestra soberbia con muestras de humildad. Pues ¿por qué queréis ser lo que tenéis vergüenza de parecer? Si quedaríais avergonzado y corrido de que los otros entendiesen que vos queréis ser alabado y estimado, ¿por qué no os avergonzáis de quererlo? Que el mal en eso está, en quererlo vos, no en que los otros entiendan que lo queréis. Y si tenéis vergüenza que los hombres entiendan eso, ¿por qué no la tenéis de Dios, que lo entiende y ve? (Sal 138, 16): [Tus ojos, Señor, vieron mi imperfección]. 

Todo esto nos viene de no estar bien fundados en el primer grado de humildad, y así estamos tan lejos del segundo. Es menester que tomemos este negocio de sus principios; primero conviene que conozcamos nuestra miseria, y nuestra nada, y del profundo conocimiento propio ha de nacer en nosotros un sentir muy bajamente de nosotros mismos, y despreciarnos y tenernos en poco, que es el primer grado de humildad, y de ahí hemos de subir a este segundo. De manera que no basta que vos os tengáis en poco, ni basta que vos digáis mal de vos, aunque lo digáis de verdad y de corazón, y lo sintáis así, sino habéis de procurar llegar a holgaros que los otros también sientan de vos eso mismo que vos sentís y decís, y os desprecien y tengan en poco. Dice San Juan Climaco: no es humilde el que se abate y dice mal de sí; porque, ¿quién hay que no se sufra a sí mismo?, sino aquél es humilde, que con paz huelga ser despreciado y maltratado de otros. Bueno es que uno diga siempre mal de sí, que es un soberbio, perezoso, impaciente, negligente y descuidado; pero mejor sería que guardase eso para cuando otro se lo dice. Si vos deseáis que los otros sientan eso mismo, y os tengan en esa posesión y figura, y os holgáis de oír esas cosas cuando se ofrece la ocasión, ésa es verdadera humildad.

EJERCICIO DE PERFECCIÓN Y 
VIRTUDES CRISTIANAS.
Padre Alonso Rodríguez, S.J.

martes, 5 de noviembre de 2013

NUEVA AFRENTA DE BERGOGLIO A JESUCRISTO

SYLLABUS

Francisco con la nueva y extraña férula. Sin sonrisa.

La nueva Férula de Francisco


Recordarán nuestros lectores que Benedicto XVI retiró de circulación la horrible férula "del Jesús derrotado" que había introducido Pablo VI, y que se usó desde esa época sin solución de continuidad.

El Papa Ratzinger, con excelente gusto y apego a la tradición, quizá recordando que ese tipo de cruces estaba prohibida por un documento pontificio del siglo pasado, la abandonó para retomar la de Pío Nono. Luego sustituida por una nueva más ligera de estilo tradicional. (NOTA SYLLABUS: sobre la simbología masónico-satánica en los ornamentos usados por Benedicto XVI, léanse los estudios del P. Villa en Chiesa Viva, para entender que el "papa emérito" ha sido un pseudo o falso-tradicionalista).

El advenimiento de Francisco, trajo la novedad, o mejor dicho el anacronismo, de ver retomada la horrible férula de Pablo VI; claro que, quizá para agradar a todos, pronto anunció el Papa que utilizaría las dos.

Pero como si esto fuera poco, el tres de Octubre pasado el Papa recibió como regalo, de parte del "Grupo de investigación sobre materiales éticos", fuertemente vinculado con el Cardenal Rodríguez Madariaga,  una nueva férula, obra del escultor Maurizio Lauri  quien la ha llamado: "Cruz Gloriosa".




Férula Ecológica

En la web de la que obtuvimos esta información, se dice que la nueva férula pontificia ha sido realizada en materiales "éticos", madera de caoba, bronce y plata, extraídos con métodos ecológicos y respetando a las comunidades locales de Honduras, de donde provienen.




El escultor Lauri ha dicho que:

La obra expresa conceptualmente la síntesis de la visión de la muerte de Cristo, de su Pasión, de su dolor, pero también de su resurrección; es, por lo tanto, un signo de la plenitud de vida y de la esperanza que se deriva para todos. Es la misma síntesis que da el Evangelista Juan en el Cuarto Evangelio.
La Cruz Gloriosa quiere testimoniar la vida que supera la muerte, el cuerpo que trasciende los límites, la barrera pavorosa del fin. La imagen de Cristo, es tensión hacia la luz, liberación de una energía comprimida, tentativa de vuelo.

Que se haya querido representar a Cristo Resucitado saliendo de la Cruz, está muy bien. Pero la forma en que se lo ha hecho no nos gusta. Y ya se sabe que sobre gustos...



Como dijo nuestro amigo don Terzio, es una mezcla de Alien con Halloween; parano darle pábulo a algunos comentarios de internet que dicen ser las ramas traseras en forma de triángulo invertido, la cara de un chivo y  los brazos sus dos cuernos.

sábado, 2 de noviembre de 2013

INDULGENCIAS CON OCASIÓN DE LA CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS




Existe, con motivo de la Fiesta de los Fieles Difuntos, la posibilidad de ganar una indulgencia plenaria aplicable a las Benditas Almas del Purgatorio. Sólo se puede ganar una indulgencia plenaria por día.



OBRAS PRESCRITAS PARA GANAR LAS INDULGENCIAS:


1.- El día 2 de Noviembre:   
Visitar una Iglesia u Oratorio público, y rezar allí un Pater Noster y un Credo.


2.- Desde el día 1º al 8 de noviembre:  
Visitar un Cementerio y rezar allí por los difuntos.

CONDICIONES PARA GANAR LAS INDULGENCIAS:

1.- Estar bautizado y no estar excomulgado.
2.- Tener la intención al menos general de ganar la indulgencia.
3.- Confesión: puede ser hecha dentro de los ocho días anteriores o posteriores al día en cuestión.
4.- Recibir la Santa Comunión en el día.
5.- Rezar por las intenciones del Papa un Pater Noster y un Ave María (u otra oración). Esas intenciones son las siguientes:
  • Exaltación de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.
  • Extirpación de las herejías.
  • Propagación de la Fe.
  • Conversión de los pecadores.
  • Paz y concordia entre los príncipes cristianos.
  • Los demás bienes del pueblo cristiano.
6.- No tener afecto actual a ningún pecado, ni venial.
7.- Cumplir con la obra particular prescrita.