Ver y descargar aquí: La Misa Maltratada
lunes, 12 de septiembre de 2016
domingo, 11 de septiembre de 2016
MÁRTIRES POR LA SANTA MISA
Thomas Cranmer
En febrero de 1601, en Tyburn, cerca de Londres, dos hombres eran ahorcados: un cierto Filcock y un tal conocido como Barkworth. La acusación era la de traición porque eran sacerdotes. En realidad los dos amigos eran sacerdotes católicos y eran condenados a la horca por el odio anglicano contra la Fe católica. Poco antes de morir, el padre Filcock tuvo todavía la fuerza de decir con alegría: “Este es el día en que actuó el Señor”.
El padre Filcock y el padre Barkworth eran sólo dos de los mártires católicos inmolados desde cuando Enrique VIII en 1534 se había separado de la Iglesia de Roma y se había autoproclamado cabeza del anglicanismo: desde aquel año hasta 1681 los mártires católicos ingleses fueron miles y miles: muertos bajo Enrique VIII, bajo Isabel I y sus sucesores.
Los primeros fueron un grupo de Cartujos que el 4 de mayo y el 19 de junio de 1635 inmolaron su vida en las horcas de Tyburn por no haber querido separarse de la Iglesia católica. Víctimas ilustres de Enrique VIII fueron el cardenal John Fisher y Tomás Moro, el gran Canciller del Reino, que pagaron con el supremo sacrificio de sí mismos el rechazo a reconocer la “supremacía” del rey.
La obra de Cranmer
En 1533 se convirtió en el primer arzobispo anglicano de Canterbury Thomas Cranmer (1489-1556), que odiaba la Misa católica y negaba la doctrina de la transubstanciación y de la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Bajo el reino del jovencísimo rey Eduardo VI, Cramner avanzó de manera astuta y determinada hacia la eliminación total del Santo Sacrificio de la Misa, publicando en 1594 el primer “Book of Common Prayer”, un texto ambiguo que intentaba transformar la S. Misa en la cena protestante, hecho que será evidente con el segundo “Book of Common Prayer” de 1552.
La “nueva liturgia”, verdadera negación de la S. Misa católica, habría debido desarraigar el Catolicismo inglés que ahondaba sus raíces en los primeros siglos de la Era cristiana. Desgraciadamente la tristísima operación estaba destinada en gran parte al éxito. Cuando subió al trono Isabel I en 1559, con el Acto de uniformidad fue prohibida la Misa católica (llamada “Misa papista”) y fueron impuestas a los ingleses las herejías luteranas y calvinistas y fue proclamado que el Catolicismo había sido sólo un acervo de invenciones diabólicas. Con implacable odio anticatólico, Isabel hizo obligatorio bajo gravísimas penas pecuniarias la participación al nuevo culto anglicano establecido por Cranmer.
Los Obispos “recusantes” todavía fieles a Roma fueron sustituidos con otros más dóciles a la reina, mientras que cada vez más sacerdotes y fieles acabaron en la cárcel, destinados pronto al patíbulo. Iniciaba así la era de los Mártires de Inglaterra y la sangre de los Católicos, por millares, comenzó a empapar el suelo británico.
En 1586 Guillermo Allen (1532-1594), futuro cardenal, fundó en Douai y más tarde en Reims, en Francia, un Seminario para la formación de jóvenes sacerdotes ingleses para enviarlos a su patria para convertir a los anglicanos. Del mismo modo, en 1578, el Colegio inglés de Roma, siendo también Allen su auspiciador, fue transformado en Seminario con el mismo fin.
“Seminarium Martyrum”
Los sacerdotes formados en estos Seminarios, en las Congregaciones y en las Ordenes religiosas, en primer lugar en la joven Compañía de Jesús, fundada por S. Ignacio de Loyola, embarcándose con destino a Inglaterra, ya sabían lo que les esperaba, a veces a su llegada o tras pocos meses de apostolado clandestino: el martirio más atroz. El Colegio inglés de Roma mereció pronto el título glorioso de Seminarium Martyrum, Seminario de los Mártires, y el camino que llevaba de Roma a tierra inglesa se convirtió en la via Martyrum, el camino de los Mártires.
Isabel I odiaba a estos sacerdotes, rotos por las fatigas, dispuestos a inmolar su juventud para asegurar a los católicos ingleses el tesoro más sublime que es el santo Sacrificio de la Misa. El primer mártir fue el padre Cutberto Mayne, descubierto en 1577 y ahorcado el 30 de noviembre del mismo año. Es imposible escribir todos los nombres de estos héroes: viajaban por todas las partes del reino, predicando, confesando, celebrando la S. Misa en las casas de los católicos, donde se daban cita grupos de fieles igualmente heroicos. Cuando la S. Misa era celebrada, los fieles encontraban la fuerza para afrontar cualquier dificultad y también las torturas más atroces si eran descubiertos junto a sus sacerdotes.
Entre tanto Isabel I movilizaba espías y esbirros a la caza de los “papistas” culpables de un solo gran delito: ser sacerdotes y ofrecer el santo Sacrificio de la Misa; o en el caso de los laicos, de permanecer siendo católicos. Entre estos mártires brilla con singular grandeza el joven jesuita padre Edmond Campion, que pudo recoger algún fruto de su obra y enviar una carta a la reina, documento conocido como “la provocación de Campion”, en el cual desmentía la calumnia dirigida a los sacerdotes católicos de ser traidores del Estado y afirmaba su misión exlcusivamente sacerdotal: “Sabed -escribía- que todos nosotros Jesuitas hemos hecho una alianza para llevar con alegría la cruz que vos nos impongáis y para no desesperar nunca de vuestra conversión, mientras haya uno de nosotros para gozar las alegrías de vuestro Tyburn o para soportar los tormentos de las torturas de vuestras prisiones”.
El padre Campion subirá al patíbulo el 1 de diciembre de 1581.
El odio a la Santa Misa
Los fieles laicos que ayudaban a los sacerdotes estaban destinados también a la muerte, como sucedió, por citar un solo nombre, a Margarita Cliterow, que pagó con una muerte atroz la hospitalidad dada a los ministros de Dios. Los edictos de persecución se multiplicaron. En 1585 la reina estableció que cualquier hombre nacido en Inglaterra era reo de alta traición si, tras haber recibido la ordenación sacerdotal en otro país, volvía a poner pie en suelo inglés. ¡La pena era ser ahorcado y después descuartizado todavía vivo!
Los primeros que sufrieron la nueva ley fueron el padre Hug Taylor y el laico Marmaduke Bowes, muertos el 27 de noviembre de 1585 en York. La persecución de Isabel contra los católicos prosiguió hasta su muerte en 1603. La era de los mártires, sin embargo, no terminó y continuo bajo el rey Jaime I (1604-1618). El más ilustre mártir de este periodo es el padre Juan Olgivie, jesuita escocés ahorcado en Glasgow en 1615 con sólo 35 años.
Proclamada la república (1646), el puritano Olivier Cromwell, que odiaba la S. Misa y el Sacerdocio católico, puso una recompensa similar a aquella por capturar un lobo a la cabeza de todo sacerdote; de la Irlanda católica, que nunca había aceptado el cisma y la herejía de Enrique VIII, muchos sacerdotes fueron deportados como esclavos a las islas Barbados y muchas propiedades de católicos fueron confiscadas. También en Irlanda la persecución pretendía extirpar la Fe católica, extinguiendo la fe en la presencia real de Jesús en la Santísima Eucaristía. La última víctima fue el arzobispo Olivier Plunkettt, muerto en Londres el 11 de julio de 1681. La mayor parte de estos mártires, sacrificados no sólo in odium fidei, sino especialmente in odium Missae, han sido elevados a los altares por los Romanos Pontífices desde León XIII.
A su epopeya, Robert Hugh Benson (1871-1914), hijo del Arzobispo anglicano de Canterbury, convertido y devenido sacerdote católico con el apoyo también del papa S. Pío X, dedicó su obra ¿Con qué autoridad?, en la que escribe conmovido “Era la S. Misa la que el gobierno inglés consideraba un delito y era por la Misa que criaturas de carne y hueso estaban dispuestas a morir. Era por la Misa que el católico perseguido poseía una vida espiritual tan profunda que le permitía superar toda dificultad; el alma de esta vida era la S. Misa”. Un siglo después, en su áureo libro La Misa atropellada (1670), S. Alfonso María de Ligorio habría escrito que “abolir la S. Misa es la obra del anticristo” y los mártires ingleses, quizá entre los más eucarísticos de toda la Iglesia, con su sangre dan testimonio todavía hoy de que la Misa debe ser nuestra vida.
Más allá de toda negación de ayer y de hoy, no obstante las profanaciones generalizadas en este nuestro pobre tiempo, en el que las celebraciones de la Misa tienden a reducirse en número hasta sostener que bastaría la dominical, la Misa es y permanece siendo el perenne Sacrificio de adoración a Dios y de expiación de los pecados; es el don que nos ha dejado Jesús nuestro Redentor para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (Jn. 10, 10). Pidamos la gracia de alcanzar también, si es necesario, el martirio para apresurar una auténtica primavera de santidad y de vocaciones en la Iglesia y en el mundo de hoy. Primavera que vendrá sólo en el ámbito de la perenne Tradición de la Iglesia.
Candidus
SÍ SÍ NO NO
[Traducido por Marianus el Eremita. Equipo de traducción de Adelante la Fe]
Fuente: Adelante la Fe
viernes, 9 de septiembre de 2016
miércoles, 7 de septiembre de 2016
PARACUELLOS, CARRILLO Y OTROS ENGAÑOS DE LA MEMORIA HISTORICA DE LA IZQUIERDA
En 2007 se estaba tramitando la Ley de Memoria Histórica (Ley 52/2007). Durante los meses que duró el trámite de elaboración el nefasto Gobierno socialista de ZP, la clase política española logró reabrir las heridas de la Guerra Civil y la división, famosa, de las dos Españas. En el verano de aquel año se publicó una carta firmada por “El Estudiante”, remedo de una anterior publicada durante la transición como “carta abierta”, en la que se vertían duras acusaciones contra Santiago Carrillo acusándole de su responsabilidad en la brutal represión –el terror rojo- que se vivió en el Madrid republicano durante la guerra.
Por su interés, reproducimos en su integridad la carta:
Sr. Don Santiago Carrillo Solares Madrid
Creo que me conocerás. Yo sí te recuerdo mucho. Hoy soy vecino de Aranjuez, tengo 85 años. En el año 1.936 fui enterrador del cementerio de Paracuellos de Jarama. También estuve en la checa de la ESCUADRILLA DEL AMANECER, de la calle del Marqués de Cubas nº 17 de Madrid, donde presencié los más horribles martirios y crímenes.
También estuve en el Cuartel de la Guardia de Asalto de la calle Pontones, en la Puerta del Sol, donde tú, Santiago Carrillo, mandabas realizar toda clase de martirios y ejecuciones en las checas de tu mando. Yo soy Pionero, al que llamaban 'EL ESTUDIANTE', que llevaba la correspondencia a las diferentes checas a cambio de la comida que me dabas.
¿Me conoces ahora, Santiago Carrillo?
¿Te acuerdas cuando tú, Santiago Carrillo, acompañado de la Miliciana SAGRARIO RAMÍREZ y de SANTIAGO ESCALONA y RAMIRO ROIG alias 'EL PANCHO', en la carretera de Fuencarral, kilómetro 5, el día 24 de agosto de 1.936 a las 7 de la mañana, asesinasteis al Duque de Veragua y tú, Santiago Carrillo, mandaste que le quitaran el anillo de oro y piedras preciosas que llevaba? ¿Recuerdas que no se lo podías quitar y tú, Santiago Carrillo, ordenaste que le cortaran el dedo?
¿Te acuerdas, Santiago Carrillo, la noche que llegaste a la checa del Fomento, en el coche Ford, matrícula de Madrid 984, conducido por el comunista JUAN IZACU y los chequistas MANUEL DOMÍNGUEZ alias 'EL VALIENTE' y el Guardia de Asalto JOSÉ BARTOLOMÉS y en el sótano mandaste quemar los pechos de la monja Sor Felisa del Convento de las Maravillas de la calle Bravo Murillo, y así lo hizo 'EL VALIENTE' con un cigarro puro? Esto sucedió el 29 de agosto de 1.936 a las 3 de la madrugada.
¿Me recuerdas ahora, Santiago Carrillo? Con 24 años que tenías, ¡cuántos asesinatos cometiste! ¡Cuánta sangre tienes derramada en España! No quiero molestarte más, Santiago Carrillo, CRIMINAL.
Se despide de ti el enterrador de Paracuellos del Jarama, alias 'EL ESTUDIANTE', que presenció los martirios y asesinatos que tú, Santiago Carrillo, mandaste que se realizaran en España.
¡¡¡¡ VIVA ESPAÑA, MI PATRIA !!!!
A este asesino criminal lo homenajean con todos los honores mientras el infame y asqueroso Peces-Barba dice que no han asistido 'los malos', en alusión a los miembros del Partido Popular.
A este asesino criminal le cantan el Cumpleaños Feliz en vivo y en directo en el 'programa radiofónico' 'La Ventana' en la Cadena Ser.
A este asesino criminal le aplaude toda la progresía Española de pleno: grupo PRISA, el 'gobierno', los comunistas, los nazis de ERC, PNV..., María Antonia Iglesias y demás fauna animalística.
Y lo peor de todo: este ASESINO CRIMINAL no ha sido juzgado por sus crímenes y pasea libremente por la calle.
¿NO QUERÉIS MEMORIA HISTÓRICA? ¡¡¡PUES TOMAD MEMORIA HISTÓRICA!!!
Mucho antes, tanto como treinta años, el desaparecido diario El Alcázar, había publicado un reportaje en el que la misma persona, Julián “El Estudiante” contó con mayor detalle la criminal actuación de Carrillo en aquellos momentos en los que vivir o morir en Madrid dependía del político comunista, sus secuaces o quienes manejaban las checas. El reportaje de El Alcázar es el siguiente:
TESTIMONIO PARA LA HISTORIA
¡Esta es mi zanja!... ¡Dios mío!
Julián “El Estudiante” relata la intervención de Carrillo en las “checas” de Madrid y en Paracuellos del Jarama.
No hace aún muchos días circuló una carta abierta a Santiago Carrillo firmada por “El Estudiante”, en la cual, con ciertos visos de verosimilitud, se vertían una serie de acusaciones contra el hoy Secretario General del PC. Como quiera que el firmante del escrito muy bien pudiera tener un nombre y unos apellidos completos, los reporteros de EL ALCÁZAR se pusieron de inmediato a realizar las oportunas averiguaciones. En efecto, existía un nombre, un testigo. En este reportaje, Julián “El Estudiante”, narra los detalles de unos acontecimientos en los cuales Santiago Carrillo tuvo, de manera directísima, una participación destacada. “El muchacho de los recados” de las “checas” de Madrid, acompañó al dirigente comunista a alguna de sus “actividades”. Este es su relato.
“Delante de nosotros mataron a un jesuita”
Aquella mañana –cuenta Julián a EL ALCÁZAR- entraron en el colegio cierta cantidad de milicianos y milicianas quienes, delante de nosotros, mataron a un jesuita que nos daba clase de química en aquel momento. Mi abuelo me sacó del internado y quiso que viviera con ellos en Cuatro Caminos, en la calle de Jaén. Pero la guerra había sido declarada y todo estaba en ruinas. Los adoquines de la calle Bravo Murillo estaban levantados sirviendo de parapetos para que los frentes no entraran. Por las noches no había luz, y yo escuchaba el tiroteo mientras me dirigía al metro de Alvarado, donde dormí varios años. Mi familia no podía proporcionarme alimentación porque escaseaba. Me enteré, por mis amigos, que también dormían en el metro, que en la “checa” del Marqués de Cubas daban carne de búfalo. Me presenté allí y le dije al miliciano que estaba en la puerta que tenía hambre. Recuerdo que aquel miliciano me pareció demasiado joven. Vestía con un mono azul y un gorro con orla; tenía puesto un correaje con una bayoneta, llevaba un mosquetón.
Me preguntó si pertenecía a los “pioneros”. “Yo no sé qué es eso” –le respondí-. “Pasa dentro, pionero”, me dijo. Al rato, trajeron un plato de aluminio con carne de búfalo y un chusco de pan. No dejé ni las migajas. El miliciano de la puerta me prometió que si iba todos los días me darían de comer. Yo, con catorce años, pero bien desarrollado, empecé a acompañarles a donde me llevaban. Vi como saqueaban las casas, como sacaban las remesas de, según ellos, “los martirizados”.
Carrillo: “¡córtale el dedo, leche!”
Uno de los días, en la “checa” de la calle Marqués de Cubas, en la tercera habitación del pasillo de la derecha, recuerdo cómo los milicianos le pegaban a un señor que estaba atado a una silla de madera con brazos. No sabía quién era ni porqué le daban guantazos en la cara hasta partirle el labio… Después de aquello, al amanecer, creo que fue el 24 de agosto, me montaron en un “forito”, ocho cilindros, muy viejo, y fuimos a la carretera de Fuencarral. Al rato, llegó un coche alargado de donde se bajaron cuatro milicianos, y el quinto, el jefe de las “checas”, que yo aún no conocía entonces. Vestía un tabardo marrón y unas botas. No tendría más de 23 ó 24 años. Era Santiago Carrillo. Apearon a tres señores y una señora, les hicieron andar sobre la cuneta unos doce metros, y sin que yo me lo esperara, sacaron las metralletas y los mataron a los cuatro. Carrillo, que había dado la orden de ejecución, saltó a la cuneta y me dijo: “Pionero, estudiante, ven acá. ¿Sabes quién es este?” –Señalando a uno de los ejecutados que estaba tendido en el suelo en un charco de sangre-. Este es el Duque de Veragua, el fascista número uno de España”, añadió Carrillo mientras sacaba una pistola de debajo del tabardo (que recuerdo perfectamente, del nueve largo), y disparó tres tiros sobre el cráneo del Duque, que ya estaba bien muerto. Hecho esto, Carrillo vio en la mano del cadáver una sortija con brillantes que parecía de valor, y dirigiéndose al Guardia de Asalto Ramiro Roig, “El Pancho”, le ordenó: “¡Quítale el anillo!”. El otro empezó a tirar sin conseguir que saliera. “¡Córtale el dedo, leche!” –reclamó Carrillo indignado-. El Guardia sacó una navaja del bolsillo y destrozó la mano hasta que consiguió sacar el anillo, y se lo dio a su jefe. Recuerdo perfectamente que Santiago Carrillo, después de limpiar la sangre de la sortija, con broza que tomó del suelo, se la guardó en el bolsillo y, cogiéndome por encima del hombro, me subió en el Ford. Emprendimos viaje de regreso. Una vez en la “checa” de la calle Marqués de Cubas, después de un rato, salió Carrillo y le dijo al Guardia de Asalto: “A este pionero que no le falte de nada, y me lo lleváis a Paracuellos para que ayude a lo que tenga que ayudar”. Yo no sabía a qué se refería Carrillo, pero como todos los días me daban de comer, andaba con el puño en alto muy obediente.
Archivos de la Causa General
En los archivos de la Causa general, instruida por el Ministerio Fiscal nada más acabar la contienda civil, consta documentalmente que, los “Duques de la Vega y Veragua –este último descendiente del descubridor de América, de edad avanzada y que ninguna actividad política había desarrollado durante su vida-, fueron detenidos, por móviles exclusivos de robo, por unas milicias socialistas dirigidas por un individuo de ese partido, llamado Zacarías Ramírez, convertido en Capitán. Fueron inútiles todos los requerimientos de las representaciones diplomáticas para que el Ministro de Asuntos Exteriores, Álvarez del Vayo, garantizara la vida de los detenidos, que ningún peligro representaban para el régimen rojo. Finalmente, los dos mencionados señores fueron asesinados después de un prolongado secuestro, no sin que antes el jefe socialista obligase al Duque de Veragua a transmitirle, bajo ciertas solemnidades jurídicas, la propiedad de una finca que el Duque poseía en la provincia de Toledo”. Por aquellas fechas Santiago Carrillo era el jefe de las “checas” de Bellas Artes y Fomento, después sería ascendido, por méritos, a Consejero de Orden Público del Gobierno rojo, Comisario equivalente a Ministro de Orden Público, antes de Gobernación y ahora del Interior.
Sobre las actividades de las “checas”, datos recogidos por la Causa General señalan que “dentro de la identidad criminal entre todas las “checas”, se destacan las del Partido Comunista por su ferocidad y ensañamiento, ya que no conformes con asesinar a sus víctimas, les hacen antes objeto de los martirios más crueles, no habiendo una sola “checa” comunista en Madrid en que estos martirios no se aplicasen con carácter casi general”.
“Por Dios, no me torturen más”
Pionero “El Estudiante”, como le apodó Santiago Carrillo, sin darse realmente cuenta de dónde se estaba metiendo, continuó visitando las “checas” donde sus nuevos amigos le daban de comer todos los días, a cambio de que fuera con ellos y levantara el puño cuando se lo mandaban.
Tres días después de que mataran al Duque de Veragua y sus acompañantes, el 29 de agosto, Carrillo y su chófer, el comunista Juan Izascu, recogieron al “Estudiante” de la “checa” de Marqués de Cubas y fueron a Fomento, junto a la Estación de Atocha, en un Ford matrícula M-984. “Recuerdo que era de noche –nos dice nuestro testigo- cuando llegamos. Bajamos a un sótano donde esperaban la llegada de Carrillo los chequistas Manuel Domínguez “El Valiente” y el Guardia de Asalto Juan Bartolomé. Allí estaba sentada una mujer joven, de unos treinta años o más, con la ropa a jironazos, casi desnuda, que no hacía más que llorar y suplicar que no la pegaran más. Llegó por fin al sótano Santiago Carrillo y dio al tal “El Valiente” la orden de quemarle los pechos, orden que éste cumplió utilizando un cigarro puro. La mujer suplicaba “por Dios” que el tormento cesase. Luego me dijeron que se trataba de una monja, Sor Felisa del Convento de las Maravillas de la calle Bravo Murillo. Aquello me quedó muy grabado en la mente y no lo olvidaré jamás. He pasado muchas noches sin dormir recordando crímenes de estos. No sé qué pasó luego con la monja, supongo que moriría en las manos de aquellos chequistas que disfrutaban ultrajando a una religiosa.
Fueron asesinadas
Acudiendo nuevamente a los datos obtenidos por las investigaciones de la Causa General, encontramos que “Las Religiosas Adoratrices Sor Felisa González y Sor Petronila Hornedo Huidobro, que se vieron obligadas a abandonar su Convento de Guadalajara y marchar disfrazadas a Madrid, a su llegada a la Estación de Atocha, el 13 de agosto de 1.936, fueron detenidas en la “checa” de dicha Estación (…) y asesinadas seguidamente, habiendo aparecido los cadáveres en un descampado de La calle Méndez Álvaro, próximo a la Estación, el día 31 de agosto”. Las fotografías de Sor Felisa, realizadas el mencionado día 31 de agosto en el Depósito Judicial, muestran varios impactos de bala en la cara y en el cráneo.
“El mismo Santiago Carrillo les empujaba hacia la fosa con el pie”
“A los quince días –sigue contándonos su historia Julián- subimos a un coche de la Guardia de Asalto. Tomamos la carretera de Alcalá, Ventas, Canillejas y de ahí salimos a una carreterita muy estrecha, muy mala, y me encontré donde ahora está Barajas. Desde allí cruzamos un camino y pasamos por un puente, el del Jarama. Llegamos a un lugar donde vi gente en corros, de lejos. Bajamos del coche y el Guardia de Asalto les dijo a los de allí: “Aquí os presento al Pionero, “El Estudiante”. Nos manda el jefe que lo traigamos aquí, para que ayude y le deis de comer bien”. Vi unas zanjas, larguísimas, de unos 60 centímetros de anchas, que las abrían a pico y pala. No vi cadáveres. Por cierto, que me ofrecieron tabaco y se echaron a reír cuando les contesté que no fumaba. Nos pusimos a hacer zanja, y cuando pasó un buen rato trajeron la comida: judías, garbanzos con trozos de bacalao, pimientos, etc. Recuerdo que después de comerme dos buenos platos y un chusco, me dieron un puñado de higos secos. Después de descansar y beber vino, seguimos trabajando en la zanja. Al caer la tarde nos trajeron a Madrid, y a mi me dejaron en Cibeles, desde donde marché al metro de Alvarado, para dormir como todas las noches. Al otro día, igual, cavando zanjas que no sabía para qué servían… Después de varios días, mientras trabajábamos, llegó una furgoneta llena de gente. Los sacaron a gritos y los pusieron a todos delante de las zanjas. Salían sin calzado, con sangre en los pies, en la cara, apenas vestidos y sin objeto de valor alguno. Sin consideración, los mataron a todos, con metralletas y fusiles. Seguidamente los echaron a las zanjas y nos mandaron que cubriéramos con tierra los cadáveres. Debía ser la primera semana de noviembre cuando nos llegaron tres autocares con cientos de personas amontonadas. Yo no sabría calcular cuántos serían. Aquello fue horroroso. No paraban de matarlos y meterlos en las zanjas, mientras llegaban más autocares, con hombres. Todos eran fusilados y además machacados con fusiles en la cabeza. La escabechina fue tremenda. El mismo Santiago Carrillo los empujaba hasta la fosa con el pie; con algunos no podía y los arrastraba cogiéndolos de las piernas o de las manos. Después preguntó: “¿Qué tal se porta este pionero?”, refiriéndose a mi. Contestaron que trabajaba mucho. Que estaban contentos. “Bien, cuidarme al Estudiante”, dijo antes de marcharse dándome una palmada en la espalda”.
La matanza de noviembre
Así fue, a grandes rasgos, la matanza de Paracuellos efectuada los días 6, 7, 26 y 27 de noviembre. En esas fechas, la checa de Fomento había sido disuelta, formándose “un Consejo de Policía –según documentos oficiales-, presidido por los comunistas Santiago Carrillo y Segundo Serrano Poncela, a cuyo cargo quedó de un modo exclusivo el Orden Público en la capital abandonada por el gobierno rojo. El referido Consejo de Orden Público repartió a sus miembros entre las diversas cárceles de Madrid, y, tras una brevísima selección, que ya había sido comenzada por el disuelto Comité de Investigación Pública, fueron extraídos de las prisiones varios millares de presos de todas las edades, profesiones y condiciones sociales, que fueron asesinados por las Milicias de Vigilancia improvisadas por el gobierno rojo en Paracuellos del Jarama, Torrejón de Ardoz y otros lugares próximos a Madrid, donde reposan los restos de estas víctimas. Las órdenes que sirvieron para realizar estas extracciones aparecen firmadas por las autoridades de Orden Público”. Concretando más los hechos, “el 6 de noviembre de 1.936 se presentaron en la Cárcel Modelo de Madrid policías adscritos a la Dirección General de Seguridad, y milicianos de Vigilancia de Retaguardia, al mando del Inspector General Federico Manzano Govantes, con una orden de libertad de presos, sin indicación de nombres ni de número; en autobuses de la Sociedad Madrileña de Tranvías se llevaron a los presos que tuvieron por conveniente, sacándolos atados, y los asesinaron en las inmediaciones de Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz. Al día siguiente, 7 de noviembre, se repiten los mismos hechos, siendo asesinados una nueva tanda de reclusos”.
El 14 y 15 de noviembre, después de haber “peinado” Madrid varias veces, al objeto de que no quedara vivo ningún militar, citaron a los que quedaban en libertad en la Casa de la Moneda, bajo la excusa de liquidarles los haberes atrasados. Una vez dentro, los cuatro mil militares se dieron cuenta de que aquello estaba tomado. Habían caído en una trampa. Fueron trasladados en camiones hasta la D.G.S. (Dirección General de Seguridad), en la calle Infantas, y desde allí, a las cárceles habilitadas. A los pocos días fueron llevados a Paracuellos donde se les asesinó en masa.
“Esta es mi zanja, Dios mío”
Julián tiene ahora 55 años. Vive en un pueblecito cercano a Madrid y quiere olvidarlo todo. Lo que vio teniendo 14, 15 y 16 años, lo ha revivido ahora para que los jóvenes comprendan la postura de sus abuelos cuando acuden, en estas fechas, al aniversario del Genocidio de Paracuellos. “El Estudiante” de hace 41 años, nos ha acompañado, una por una, a todas las “checas” –donde estaban las “checas”, claro-, recordando anécdotas que le ocurrían cuando llevaba, desde el despacho de Carrillo en la calle Pontejos, las listas de los que debían detener y asesinar. Hemos estado en la carretera de Fuencarral, buscando el lugar donde fue muerto el Duque de Veragua, siguiendo las indicaciones que la memoria de “El Estudiante” le recordaban. “Allí tiene que haber una granja, y más adelante un cauce de agua –decía Julián-, justo por aquí. Sí, sí, fue aquí donde nos bajamos con el Ford. Venían también los chequistas Santiago Escalona, Sagrario Ramírez y Ramiro Roig, “El Pancho”. Este último fue quien le cortó el dedo al Duque para sacarle el anillo. Y desde aquí les dispararon –se pone en posición de tiro-, y aquí cayó el Duque de Veragua, así –Julián cae al suelo imitando la posición en que quedó el cadáver del Duque antes de que Carrillo le disparara los “reglamentarios” tiros de gracia- de lado, sangrando por todas partes”. El recorrido hasta llegar al cementerio de Paracuellos del Jarama fue también relativamente fácil, recordando lugares y gentes. Al llegar al Cementerio, después de santiguarse, Julián empezó a caminar como hipnotizado recorriendo las diversas zanjas, cubiertas con algunas cruces y flores. “Esta es mi zanja, Dios mío; esta es la zanja que yo hice con mis manos -exclamaba “El Estudiante” llorando como un niño-. Aquí hay miles y miles de asesinados. ¡Dios mío, qué tragedia! ¿Por qué has vuelto, Carrillo? ¡Que no vuelvan esos tiempos, por favor!”, gimoteó, finalmente, aferrado a una de las cruces donde se leían algunos de los nombres de los que allí dormían desde el año 36.
Prescritos
Todos los asesinatos antes relatados, y miles más, hace años prescribieron sin que haya lugar para perseguir de oficio a los presuntos culpables. Muchos de los responsables han muerto, al igual que los testigos. De los primeros, algunos aún se pasean desafiantes por los cenáculos de moda. De los segundos, como en el caso de Julián, también aún quedan quienes se manifiestan dispuestos a dar testimonio físico de aquellas atrocidades. ¡Dios libre a nuestro pueblo de nuevas vivencias como las que aquí se evocan en víspera a su aniversario!
Finalmente, recogemos unas declaraciones realizadas al diario El País en 2005 por el propio Santiago Carrillo. En ellas reconoce haber matado a alguna persona, pero también negaba su participación en los asesinatos de Paracuellos:
...Incluso, en algún caso, yo he tenido que eliminar a alguna persona, eso es cierto; pero no he tenido nunca problemas de conciencia, era una cuestión de supervivencia, porque estaba en juego también la vida de muchos militantes...
Que todavía haya gente que pueda pensar eso, la verdad es que me produce tristeza. Durante muchos años se han escrito cosas terribles sobre mí a propósito de aquel desgraciado episodio. Pero la verdad es que la única decisión que yo tomé, de acuerdo con el general Miaja, en la Junta de Defensa en la que yo era responsable de las cuestiones de orden público, fue, respecto a aquellos 2.000 militares que estaban en la cárcel de Madrid porque se habían sublevado en el cuartel de la Montaña, fue, ya digo, trasladarlos a Valencia. Porque nos dimos cuenta de que esa gente podía formar perfectamente un cuerpo de ejército, que eso era, en realidad, la Quinta Columna. Yo entonces estaba desbordado organizando la resistencia de Madrid y puse aquella misión en manos de mis colaboradores, que tuvieron que organizar, con muchas dificultades, la seguridad de aquel traslado. La conclusión a la que llegamos el general Miaja y yo fue que la gente de la calle que vio aquel traslado, que era gente que ya había sufrido los ataques fascistas, se lanzó a por ellos, y la guardia que iba custodiándoles no les defendió.
La clara mentira de estas últimas afirmaciones es patente. Según lo que dice Carrillo en El País en 2005, los dos mil militares fueron asesinado en el mismo acto incontrolado, no en sacas sucesivas durante casi un mes. Y, como es habitual en quienes no asumen las consecuencias de sus actos, la culpa fue de sus colaboradores.
Fuente: La Gaceta
martes, 6 de septiembre de 2016
PARACUELLOS, LA MAYOR FOSA COMUN DE LA GUERRA CIVIL
En la localidad madrileña de Paracuellos del Jarama reposan los restos de unos 5.000 españoles asesinados entre los días 7 de noviembre y 3 de diciembre de 1936 en plena etapa de lo que se ha dado en denominar el “terror rojo en Madrid”.
La represión republicana en la asediada capital de España sumó un total de 30.000 asesinatos, casi la mitad de los que se produjeron en la zona controlada por el Frente Popular durante los tres años de guerra. La sexta parte de las víctimas de la persecución contra lo que se denominó la quinta columna en Madrid acabaron en Paracuellos, la mayor fosa común de la Guerra Civil española.
Entre estos miles de asesinados no había militares vinculados al alzamiento militar. Las víctimas eran religiosos, políticos, militares jubilados, nobles o católicos. Todos ellos fueron sacados sucesivamente de las cuatro cárceles en las que se encontraban encerrados –Modelo, Porlier, San Antón y Ventas- y, con la excusa de su traslado a Valencia, llevados a la localidad próxima la río Henares donde, tras ser desvalijados y obligados a cavar su fosa, eran acribillados a balazos y enterrados, en algunos casos se les llegó a enterrar vivos, sin el tiro de gracia.
La culpa, según todos los autores que han estudiado estos hechos, fue del Partido Comunista, en especial de la Dirección General de Seguridad, a través del consejero de Orden Público, Santiago Carrillo.
Fuente: La Gaceta
sábado, 3 de septiembre de 2016
EL ASQUEROSO CHARLIE HEBDO, OTRA VEZ
El panfleto satírico, que acostumbra a mostrar su inmundicia en cada viñeta, se mofa del terremoto que asoló el corazón del país transalpino en la madrugada del pasado 24 de agosto y que costó la vida a más de 290 personas.
El semanario satírico 'Charlie Hebdo' ha ofendido a Italia con una viñeta basurienta sobre el terremoto que asoló el corazón del país transalpino en la madrugada del pasado 24 de agosto y que ha costado la vida de más de 290 personas. El panfleto, que acostumbra a mofarse de tragedias, atentados terroristas o la libertad de culto de los cristianos con sátiras provocadoras y ofensivas y amparándose en la libertad de expresión, se ha vuelto a mostrar desmerecedor de la solidaridad que el mundo les mostró tras el atentado yihadista que sufrió el 7 de enero de 2015.
En el dibujo, que lleva como título "Seísmo a la italiana", aparecen tres caricaturas de víctimas del terremoto como si fueran parte de un menú gastronómico. "Penne con salsa de tomate" hace referencia a un hombre ensangrentado; "Penne gratinado" se refiere a una mujer con la cara quemada y "Lasagnas", ilustración en la que se muestran diversos cuerpos aplastados entre los escombros.
Esta no es la primera vez que el semanario satírico muestra su inmundicia y falta de respeto a las víctimas y al dolor de los demás. Ya se mofó del accidente del avión ruso Airbus A321 en Egipto que se cobró la vida de 224 personas y del atentado de Bruselas en el que murieron 35 personas. Lo hicieron con una ilustración en la que el conocido músico belga Stromae decía "¿Papá, dónde estás?" sobre un fondo con la bandera belga, rodeado de piernas y brazos mutilados que contestaban: "Aquí", "También aquí", "Y aquí".
Pero si algo gusta a sus dibujantes es mofarse y despreciar al cristianismo. En una viñeta titulada 'La demostración de que Europa es cristiana', la revista criticó a los católicos por su actitud con los refugiados. "Los cristianos caminan sobre el agua, los niños musulmanes se hunden", rezaba el texto que iba acompañado de un personaje que representaba a Jesús caminando sobre las aguas y a un niño boca abajo que representaba a Aylan Kurdi.
Además, un año después del ataque terrorista que sufrió en sus propias instalaciones y que costó la vida a 12 personas aseguró que el culpable era Dios. "El asesino sigue suelto", titularon. Y no se referían a ninguno de los miembros del comando que atentó en su redacción, ni al terrorismo yihadista, sino a Dios. Dios en general, aunque la caricatura representaba al Dios cristiano, con el triángulo en la cabeza que representa la Santísima Trinidad.
La viñeta ha causado indignación en Italia. El alcalde de Amatrice, la localidad más devastada por el terremoto, ha mostrado su enfado porque el semanario haya utilizado el humor negro para satirizar una desgracia. "Pero cómo es posible que se haga una viñeta sobre los muertos. Estoy seguro que esta sátira desagradable y vergonzosa no responde al verdadero sentimiento de los franceses", ha dicho.
La diputada del Partido Demócrata (PD), que lidera Matteo Renzi, Vanna Iori, ha seguido la misma línea y ha condenado esta viñeta a través de un comunicado: "El mundo entero se ha levantado en defensa de Charlie Hebdo cuando el semanario satírico francés fue víctima del atentado terrorista cometido por el Estado Islámico. Con la misma firmeza, hoy, debemos condenar la viñeta que ironiza sobre el terremoto que ha devastado el centro de Italia". Las críticas más contundentes han llegado de Forza Italia. "Es basura", ha dicho la diputada Elvira Savino.
Fuente: La Gaceta
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