sábado, 20 de noviembre de 2010

IN MEMORIAM: FRANCISCO FRANCO


FRANQUISTAS, FRANCÓFOBOS Y FRANCÓFILOS

Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España y Generalísimo de sus Ejércitos —a perpetuidad, y según Real Decreto—, murió el día 20 de noviembre de 1975 y éste, desgraciadamente, es un hecho indiscutible e irreversible. Pero contemplando el panorama político, social y religioso de España, tomando el arrítmico pulso popular y escuchando la espontánea opinión callejera, por fuerza hay que preguntarse: ¿Cuánto tiempo hace que murió Franco? ¿Diez años, diez siglos, diez meses, diez días o diez horas?

Franco, en vida, bipolarizó sentimientos: con su muerte los tridimensionó. Por eso no puede extrañarnos que para muchas personas —españolas o extranjeras— ni tan siquiera haya muerto y en este apartado se incluyen dos bandos perfectamente definidos: Aquéllos para quienes la supervivencia espiritual del gran hombre está muy por encima de la muerte física y aquellos otros que dejan de creer en la muerte espiritual del mismo hombre cuando ésta no conlleva la pervivencia material de sus ambiciones. Es decir: que Franco, con su muerte, establece una corriente continua de opiniones y sentimientos, un polo positivo y un polo negativo que lo mantienen vivo en los extremos del amor y del odio. Pero, sin duda alguna, entre ambos extremos existe una parcela intermedia y muy importante: un terreno de nadie por ser de muchos, en el que se ha ido sembrando la duda, la incertidumbre y el miedo a lo por venir, la nostalgia y la querencia por lo que se fue y, naturalmente, la semilla ha hecho explosión para que florezca con toda pujanza esa pregunta tan difícilmente contestable: ¿Cuánto tiempo hace que murió Franco?

Comunistas, separatistas, ciertos republicanos y algún otro socialista opinan que Franco no ha muerto porque, según ellos, todo está igual. La forma de Estado no es otra que la que implantó Franco —con “pequeñas” variantes— y la persona que ostenta la Jefatura de ese Estado no es otra que la que Franco entronizó. La política seguida —siempre según ellos— continúa siendo imperialista-capitalista, ya que persisten el latifundio, la banca privada, el veto al independentismo, la convivencia con la Iglesia —aunque con una Iglesia distinta y distante—, y la concomitancia de los antes descorbatados con una aristocracia ricachona y desvergonzada que no solamente no ha claudicado ante el choque con la fuerza “proletaria”, sino que ha sabido frenarla con sus exquisiteces y ha conseguido aristocratizar a la plebeyez socialista, si por aristocratizar se entiende enseñarles a comer caviar y langostinos y hacer posible que marquesas y políticos intercambien amores y negocios; imprescindibles los segundos para otorgar los primeros. Para los que así opinan, el Caudillo no ha muerto. La lucecita de El Pardo sigue encendida y el motorista de Franco en pleno ejercicio.

Aquellos que no han cerrado los ojos y han visto desaparecer de España el orden, la autoridad, el bienestar, el respeto y el derecho sacrosanto a la vida, el orgullo de ser español, la veneración por la vejez, la solicitud por la infancia y el amor por la familia no solamente están seguros de que Franco ha muerto, sino de que murió mucho antes de 1975 porque en tan poco tiempo es imposible que una nación como España haya podido caer en este pozo de inmundicias.

Los padres de familia que perdieron sus puestos de trabajo hace años; los jóvenes que no consiguieron encontrarlo en ese mismo tiempo; los que cayeron en la miseria más absoluta; los que sobreviven con el denigrante producto de la recogida de cartones y de botellas vacías en las frías madrugadas, de la vergonzante limosna o del obligado hurto; los que rebuscan en las bolsas de basura para llevarles a sus hijos un mendrugo de pan o un muslo de pollo a medio consumir ¿cómo contarán el tiempo transcurrido desde que murió Franco? El hambre, el frío, las enfermedades y la impotencia, la pobreza en suma, son como un reloj que camina con manecillas de plomo. Los minutos se convierten en horas, las horas en días, los días en años y los años en siglos. Por eso la España obrera se ha vuelto vieja. Porque hace siglos que le quitaron la dignidad, la ilusión y el bienestar.

Para los que llegaron al poder de forma precipitada aunque convenida; para los que se mantuvieron en él o se acomodaron junto a él para seguir medrando, Franco murió hace diez días, quizá diez horas o tal vez diez minutos, porque su ambición y desvergüenza no pueden admitir que en tan largo tiempo se hayan podido rapiñar tantos bienes. La riqueza, el poder, los amoríos, las francachelas y el disfrute adquirido por las trapisondas de unos y la memez de los demás, y no por el talento propio, al contrario que la pobreza es un reloj enloquecido que gira y gira a velocidad vertiginosa y cuyo “Cucú”, en vez de cantar las horas, grita con desesperación: ¡Que se acaba! ¡Que se acaba…! Para estos nuevos ricos de la política, para estos depredadores de la riqueza nacional, Franco, como mucho, va todavía camino de “La Paz”.

Aparte de estos grupos, que por una u otra causa están sumergidos en el túnel del tiempo, existimos otros cuantos españoles, quizá no muchos, que tenemos clara conciencia del tiempo transcurrido desde la muerte de Franco, de todo lo acaecido antes y después de su muerte y me atrevo a asegurar que casi, casi, sabemos lo que puede ocurrir a partir de ahora. Y no es que seamos más listos o estemos acorazados para el desencanto o la nostalgia, es, sencillamente, que por nuestra profesión nos hemos convertido en cronistas de nuestro tiempo, en estudiosos de sus avatares y no podemos caer en la tentación de las fantasías. Eso sí: llegado el 20 de noviembre conmemoramos con respeto y gratitud los aniversarios de su muerte y nos unimos a todos los españoles de bien que con alegría y sin nostalgias quieren demostrar que treinta y cinco años son muy pocos para olvidarse de un hombre que, por historial, tendrán que recordar, cada vez más, las generaciones venideras. Unas generaciones que recordarán y admirarán a Franco desde la distancia y que, por lo mismo, ya no podrán ser tachadas de “franquistas”.

A mí me hace mucha gracia este calificativo porque, hasta ahora, todavía no he visto ni un “franquista” en las manifestaciones de homenaje a Franco. Trataré de aclarar lo que parece una incongruencia. Yo, que asisto a todas las conmemoraciones y homenajes, desde mi más tierna infancia he sido francófilo, o lo que es lo mismo, admirador ferviente de la figura de Franco, que equidista mucho de ser “franquista”. Para que nos entendamos mejor pasaremos al empleo de los ejemplos: Un taxista es aquel que vive del taxi; un futbolista el que vive del fútbol; un pianista aquel que vive del piano; un economista aquel que vive con Isabel Preysler y así, sucesivamente, todo el que vive de la utilización de un medio o de un oficio. Ni yo, ni nadie de los que acudimos a lasa conmemoraciones hemos vivido del “franquismo”, aunque hemos vivido en él y muy a gusto, por cierto. Por tanto, “franquistas” son sólo aquellos que del “franquismo” vivieron: caso Suárez, Fraga, Rosón, Calvo Bustelo, Martín Villa, Areilza, Garrigues, Fernández Ordóñez, Barrionuevo, Ruiz-Giménez, los Arias Salgado y una lista interminable que todos conocemos. De “franquistas” deben ser tachados Buero Vallejo, Marsillac, Francisco Rabal, Conchita Velasco, las Gutiérrez Caba, Conchita Montes y cuantos escritores y artistas fueron contratados y galardonados en los Teatros Nacionales del “franquismo” y que, por tanto, del “franquismo” vivieron.

Para definirnos a todos correctamente hay que emplear los tres calificativos pertinentes:

• Franquista: los que vivieron del franquismo.

• Francófobos: los que odiaron y siguen odiando a Franco.

• Francófilos: los que admiramos y respetamos la figura y la memoria de Franco.

Yo, que nunca pedí nada en vida de Franco; yo, que nunca pasé factura por los servicios prestados; yo, que, viviendo el Caudillo, fui tan modesto que solamente me atreví a pedirle una fotografía dedicada, ahora que está muerto, que lleva treinta y cinco años muerto, voy a ser egoísta y le voy a pedir algo muy importante:

Mi General: ruega por nosotros, que falta nos hace.

Eloy Herrera Santos

Fuente: Cabildo

viernes, 19 de noviembre de 2010

LA MINA DE CAMUÑAS - VÍDEO

Especial intereconomía 29 de enero 2010 - Mina de Camuñas

Resumen de la investigación en la Mina de Camuñas.

jueves, 18 de noviembre de 2010

LA MINA DE CAMUÑAS (TOLEDO): HISTORIA DE UNA TRAGEDIA


LOCALIZACIÓN

El municipio de Camuñas (Toledo) se encuentra situado en la falda de la montaña Cabeza-gorda, en la margen izquierda del río Amarguillo, en la comarca de La Mancha. Linda con los términos municipales de Puerto Lápice y Herencia, en la provincia de Ciudad Real, y Madridejos y Villafranca de los Caballeros en la de Toledo.







Su término se extiende por una amplia meseta. El extremo meridional es el menos llano, con barrancos, gargantas y montañas que casi llegan a los 1.000 metros de altitud. Por el oeste se encuentra una vega que se prolonga hasta el Amarguillo y el monte llamado Cañada de las Vacas que se extiende a los lados de la Autovía del Sur.
A la derecha de la carretera hay una montaña en cuya cima hay tres bocas de antiguas minas, una de las cuales es de gran profundidad.




CUATRO CITAS EN UNAS POCAS OBRAS

El silencio absoluto arrojado sobre los hechos acaecidos en la mina de Camuñas se plasma en la nula aparición en las obras que han tratado el tema de la guerra civil. Sólo cuatro citas mínimas en alguna de las obras más específicas. Por ejemplo:

•Francisco ALIA MIRANDA en su obra La Guerra civil en retaguardia: conflicto y revolución en la provincia de Ciudad Real (1936-1939), trabajo que publicó en 1994 el área de Cultura de la Diputación de Ciudad Real, en la página 218, afirma que:

“Las ejecuciones de la zona de Ciudad Real se realizaron en su mayor parte en los primeros meses en las tapias del cementerio capitalino, pasando luego a ser el principal lugar de ejecución que sería el famoso “pozo Carrión”, pozo de una noria que había quedado dentro del cementerio de Carrión de Calatrava al ampliarse éste con anterioridad al estallido de la guerra. Según testimonio del alcalde de dicha población al Fiscal de la Causa General, en 1943 no se había podido exhumar los cadáveres existentes en el pozo-noria del interior del cementerio “por ser de bastante profundidad calculándose habrá unos 600 cadáveres, ignorándose el origen de la mayor parte de ellos”. Los de la zona sur de la provincia de Ciudad Real empleaban el cementerio de Valdepeñas,
y los lindantes con la provincia de Toledo la mina abandonada de Las Cabezuelas, en el término de Camuñas (Toledo) y cercana a Puerto Lápice (Ciudad Real).

•Manuel Azaña en «La revolución abortada», comentarioincluido en Causas de la guerra de España, Crítica, Barcelona, 1986. Afirma que:

“Algunas de estas fosas se convertirán en depósito permanente de cadáveres durante toda la guerra, como el pozo de la mina de Camuñas, donde los milicianos irán arrojando a lo largo de tres años a sus víctimas de Ciudad Real y Toledo.
Otras fosas, como las de Paracuellos, son fehaciente prueba de exterminios masivos con un alto grado de organización. Y en el mismo capítulo hay que mencionar el testimonio forense: los informes oficiales de las instituciones policiales o judiciales, aún no controladas por los comités del Frente Popular, que en las primeras semanas del Terror rojo proceden al levantamiento de los cadáveres y a su examen y registro fotográfico. Son especialmente abundantes las imágenes procedentes de Madrid, que es también la ciudad con mayor número de víctimas del Terror. Las fotografías hablan de tiros en la nuca, pero también de cabezas aplastadas con piedras de gran tamaño, antes o después de la muerte; los informes forenses detallan asimismo violaciones y torturas, así como miembros amputados. Esta fuente gráfica se cegará cuando el aparato institucional quede definitivamente bajo el poder de los partidos revolucionarios. En Gijón, por ejemplo, el 14 de agosto de 1936 los milicianos prohíben al médico forense del juzgado de instrucción del distrito de Oriente seguir identificando cadáveres mediante retratos fotográficos. Se trataba de borrar pistas. Lo mismo ocurrirá en el resto de España. Las muertes continuarán, pero ya nadie guardará la imagen de los cadáveres”.

•Según el sacerdote y prestigioso historiador Ángel David Martín Rubio, en varias obras y artículos publicados:

“Tras una ligera tregua el terror se recrudece desde mediados de agosto de 1936. Al tomar posesión de su cargo el nuevo gobernador civil, José Serrano Romero, anunció que en lo sucesivo los presos solo podrían ser sacados de las cárceles por sentencia de los Tribunales o para ser puestos en libertad y empezó a funcionar un Tribunal especial, pero pronto se vio la nula eficacia de tales disposiciones. Ahora se llevaba a las víctimas al cementerio de Carrión de Calatrava a once kilómetros de la capital donde, según la “Causa General” fueron arrojados a un pozo los cadáveres de unas ochocientas personas de diversos lugares que eran llevados allí para su ejecución.

El 17 de septiembre, con el pretexto de que un bombardeo nacional había incendiado los depósitos de CAMPSA, se sacó de la cárcel y de sus domicilios a un centenar de personas. Se les llevó por la carretera de Herencia
hasta una mina situada en término de Camuñas y donde había un pozo de más de cincuenta metros en el que eran arrojados los asesinados de los pueblos limítrofes de Ciudad Real y Toledo:

En el término municipal de Camuñas existe una mina abandonada y a la misma han sido arrojados bastantes cadáveres, no sólo de los pueblos colindantes sino -según rumor público- hasta de Madrid. Dicha mina está situada a un kilómetro de la margen derecha de la carretera de Madrid a Cádiz” (Puede leerse en legajo 1048 de la “Causa General”).

En Herencia ocurrió que la marcha de la guardia civil determinó que el pueblo quedara en poder de los frentepopulistas y el inicio de las detenciones. El 22 de julio se comete el primer crimen. Cinco mercedarios fueron sacados de la población y dejados a su arbitrio: Encontrarían la muerte en Madrid, Camuñas y Daimiel según el procedimiento que se sigue con los religiosos en la Mancha. Los presos se hacinaban en el convento donde se constituyó el 1 de agosto un comité. A partir de 6 de agosto muchos de ellos eran asesinados y arrojados al pozo citado de “Las Cabezuelas” (Camuñas).

En su obra Guerra Civil y Represión: El combate por la Memoria don Ángel David Martín Rubio escribe:

“Algo semejante cabría decir de tantos de los que fueron sacados de las checas y cárceles que abundaban en la retaguardia revolucionaria: aparte de los casos más conocidos de Madrid y Barcelona, en varios lugares de La Mancha se conservan pozos atestados con los cadáveres que dejaban a su paso los defensores de la República y que hasta ahora no han sido exhumados. Pero las fosas de la memoria son para ellos sólo un pretexto: la reiterada parcialidad con que se asume una cuestión tan largamente debatida excusa de más demostración acerca de su verdadera intención. Uno de los casos más dramáticos es el del pozo de la mina situada en término de Camuñas donde los revolucionarios arrojaban a las víctimas de los pueblos limítrofes de Ciudad Real y Toledo”.

Fuente: http://www.persecucionreligiosa.es/mina_camunas/breve_historia.html

ABERRACIONES LITÚRGICAS: VIDEO RECUPERADO



Habíamos publicado dos videos de la arquidiócesis de Maringá, en Brasil, y su “Missa Pre-Balada”, en la que se incluye entre otras aberraciones, la “entrada” del libro de los Evangelios en skate y las luces tipo discoteca… Súbitamente los videos desaparecieron, o al decir de Youtube “El usuario ha suprimido este vídeo”.

Pues bien: un lector del blog brasileño Fratres in Unum lo había guardado, y nosotros como ellos también lo volvemos a hacer público, para vergüenza de los organizadores de estos mamarrachos y sus imitadores, y para penitencia de los verdaderos católicos.


Fuente: Santa Iglesia Mílítante

miércoles, 17 de noviembre de 2010

ASIA BIBI: «PREFIERO MORIR COMO CRISTIANA QUE SALIR DE PRISIÓN SIENDO MUSULMANA»


Condena a muerte en Pakistán por la ley anti-blasfemia

En Pakistán una mujer cristiana, Asia Bibi, ha sido condenada a la horca por comparar a Jesús con Mahoma, según ha informado Asianews. El juez le ofreció la libertad a cambio de convertirse al islam, pero ella respondió: «Prefiero morir cristiana, que salir de prisión siendo musulmana». Varias organizaciones internacionales se han movilizado para defenderla.

(LD/La Razón) Según informa la agencia, un tribunal de Punjab, a 75 kilómetros al oeste de Lahore, condenó a esta mujer de 45 años por un delito de blasfemia. Mientras tanto, activistas denuncian que esta legislación alienta a los extremistas musulmanes en un país cada vez más hostil con las minorías religiosas.

Los hechos ocurrieron en junio de 2009 cuando Bibi, trabajadora agrícola fue mandada a buscar agua mientras trabajaba en un campo. El resto de mujeres, seguidoras del islam, se opusieron a que ella fuera porque al no ser musulmana contaminaría el recipiente y lo haría impuro. Por ello, le exigieron que abandonara el cristianismo y que se hiciera musulmana a lo que ella se opuso.

En su justificación, la fiel cristiana dijo a sus compañeras que "Jesús murió en la cruz por los pecados de la humanidad" y preguntó a las mujeres musulmanas qué había hecho Mahoma por ellas. En cuanto oyeron estas palabras acudieron al imán local, esposo de una de ellas, que a su vez presentó una denuncia ante la Policía por el delito de blasfemia. Y es que el artículo 295 del Código Penal de Pakistán pena con la muerte blasfemar contra el profeta del islam.

El juez, Naveed Iqbal, la condenó a muerte tras haber sido previamente detenida. El magistrado descartó totalmente que hubiese sido falsamente acusada o que existieran "circunstancias atenuantes". Ahora la sentencia a morir en la horca tiene que ser ratificada por el Tribunal Superior de Lahore.

“Ella estaba tan convencida de que en el juicio la iban a declarar inocente. Esta inesperada sentencia de muerte ha sido un gran shock para Asia”, comenta preocupado Shahzad Kamran (Bobbi), abogado y amigo de la condenada Asia Bibi.

He sido juzgada por ser cristiana

“Yo no soy una criminal, no hice nada malo. He sido juzgada por ser cristiana. Creo en Dios y en su enorme amor. Si el juez me ha condenado a muerte por amar a Dios, estaré orgullosa de sacrificar mi vida por él”, le dijo a Bobi, que reproduce textualmente las declaraciones de Asia que guarda grabadas en su teléfono móvil.

Según afirma Kamran, hace tres meses, en una visita a la Prisión Central de Sheikhupura, donde permanecía recluida a la espera de juicio, Bibi le confesó que el juez Muhamed Naveed Iqbal (quien dictó la sentencia) “entró en su celda y le ofreció convertirse al islam para salir libre. Asia le respondió al juez que prefería morir como cristiana que salir de la prisión siendo musulmana”.

Desde que Bibi fue sentenciada a la pena capital el pasado 8 de noviembre y enviada a una celda de aislamiento en el corredor de la muerte, aún no ha recibido ninguna visita, señala Kamran, que espera poder visitarla en los próximos días, acompañando a Ashik Masih, esposo de la convicta. “Espero que se encuentre bien, a pesar de estar desmoralizada”, anhela el abogado que describe a Bibi como “una mujer fuerte”.

Cuando la visitó en la prisión de Sheijkupura, en varias ocasiones, Bibi siempre mostraba entereza. “Estoy bien, no te preocupes, me dan de comer en la cárcel. Incluso los carceleros me preguntan si quiero alguna comida en especial, dejarán que me la traiga mi esposo. Lo único que te pido es que reces a Dios por mí para que pueda salir pronto de la prisión. Echo mucho de menos a mis hijos, especialmente a mis dos niñas. Sólo pienso en abrazarlas y besarlas todo el tiempo desde que estoy en la cárcel. Quiero estar con mis hijas, eso es lo único que le pido a Dios”, dice Kamran, evocando las palabras de ella en prisión.

Su hija Isha, de 13 años, está muy preocupada por su madre. Hace unos días alguien le dijo a la niña que su madre iba a ser asesinada en la cárcel: “Vendrá alguien y le cortará la garganta a tu madre y se morirá”.

“Ella aprecia el trato que recibe del personal de la prisión”, señala el abogado, aunque en su opinión no cree que respondiera con “sinceridad”, ya que había tres guardias presentes en la sala de visitas de la prisión.

Fuente: InfoCatólica

EL PROTOCOLO DE LOS KIKOS

Benedicto XVI con los líderes del “Camino Neocatecumenal”. Carmen Hernández usa en ocasión de la visita al Papa una elegante vestimenta protocolar de pantalones y remera “Adidas”. A la izquierda y a la derecha de la foto “Kiko” Argüello y el P. Mario Pezzi, respectivamente.

La reunión fue el sábado pasado (13-11-10) en el Vaticano, y tuvo como finalidad informar al Papa sobre las acciones que los “kikos” llevarán adelante (ay!) en vistas a la próxima “Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2.011”…

- ¿Cómo?! ¿Que más groseras que sus vestimentas son sus “misas”?,
ver video aquí. http://www.youtube.com/watch?v=HpMKzNm7y24

Fuente: Santa Iglesia Mílítante

martes, 16 de noviembre de 2010

RECONSTRUIR LA CIUDAD CATÓLICA - MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE


“Liberalismo, por tu culpa me estoy muriendo”, dice hoy la Iglesia en su agonía. Ella puede decir como Jesús a aquellos que venían a apresarlo: “Es vuestra hora y la potestad de las tinieblas” (San Lucas, 22, 53). La Iglesia está en Getsemaní, pero no morirá. Da la impresión de una ciudad ocupada por el enemigo, pero la resistencia a la secta liberal se organiza y se fortifica.

Vimos surgir esta secta en el siglo XVI de la rebelión protestante y luego transformarse en la instigadora de la Revolución. Los Papas, durante un siglo y medio de lucha sin tregua, han condenado los principios y los puntos de aplicación del liberalismo. A pesar de ello, la secta continuó su camino. Hemos asistido a su penetración en la Iglesia, bajo apariencia de un liberalismo aceptable, con la idea de conciliar a Jesucristo con la Revolución. Después, contemplamos estupefactos la intriga de la secta liberal por penetrar en la jerarquía católica. Vimos sus progresos hasta los más altos puestos y su triunfo en el Concilio Vaticano II. Hemos tenido Papas liberales... El primer Papa liberal, aquel que se reía de los “profetas de desgracia”, convocó al primer concilio liberal de la historia de la Iglesia. Las puertas del redil fueron abiertas y los lobos penetraron hasta la majada y degollaron las ovejas. Vino el segundo Papa liberal, el Papa de la doble faz, el Papa humanista; derribó el altar, abolió el Sacrificio, profanó el santuario (Daniel, 9, 27; San Mateo, 24, 15). Llegó finalmente el tercer Papa liberal, el Papa de los derechos del hombre, el Papa ecumenista, el Papa de las Religiones Unidas y se lavó las manos y cubrió sus ojos ante tantas ruinas, para no ver las llagas sangrientas de la Hija de Sión, las heridas mortales de la Esposa inmaculada de Jesucristo.

Por mi parte, no me resignaré; no asistiré a la agonía de mi Madre, la Santa Iglesia, con los brazos caídos. Ciertamente no comparto el optimismo beato de algunos sermones: “Vivimos una época magnifica. El Concilio ha sido una renovación extraordinaria. ¡Viva esta época de transformación cultural! Nuestra sociedad se caracteriza por el pluralismo religioso y la libre competencia ideológica. Sin duda, este «avance» de la historia va acompañado de algunas pérdidas: práctica religiosa nula, contestación de toda autoridad, los cristianos nuevamente en minoría. ¡Pero mirad cuántos beneficios! Los cristianos son la leva-dura escondida en la masa, el alma de la Ciudad pluralista, en gestación, vitalmente cristiana, son el motor de los ideales de un mundo nuevo que va surgiendo ¡más fraterno, más pacífico, más libre!”

Tal ceguera solo se explica como el cumplimiento de la profecía de San Pablo que habla de los apostatas de los últimos tiempos. Dios mismo, dice San Pablo, “les enviará poderes de engaño a fin de que ellos crean la mentira” (II Tesalonicenses, 2, 10-11). ¿Qué castigo más terrible puede haber que una jerarquía desorientada? Si damos crédito a Sor Lucia, eso es precisamente lo que Nuestra Señora ha anunciado en la tercera parte del Secreto de Fátima: la Iglesia y su jerarquía sufrirán una “desorientación diabólica” y, siempre según Sor Lucía, esta crisis corresponde a lo que el Apocalipsis nos dice sobre el combate de la Mujer contra el Dragón. Ahora bien, la Santísima Virgen nos asegura que al final de esta lucha “su Corazón Inmaculado triunfará”.

Comprenderéis entonces, por qué a pesar de todo no soy pesimista. La Santísima Virgen saldrá victoriosa. Ella vencerá la gran apostasía, fruto del liberalismo. ¡Una razón para no quedarnos de brazos cruzados! Debemos luchar más que nunca por el Reino Social de Nuestro Señor Jesucristo. En este combate, no estamos solos; tenemos con nosotros a todos los Papas hasta Pío XII inclusive. Todos ellos combatieron el liberalismo para res-guardar la Iglesia. Dios no ha permitido que lo lograran, ¡pero eso no es una razón para rendir las armas! Es necesario resistir. Es necesario construir mientras otros destruyen. Es necesario reedificar las ciudadelas derrumbadas, reconstruir los bastiones de la fe. Primero el santo Sacrificio de la Misa de siempre, forjador de santos. Luego nuestras capillas que son verdaderamente nuestras parroquias, los monasterios, las familias numerosas, las escuelas católicas, las empresas fieles a la doctrina social de la Iglesia, los hombres políticos decididos a hacer la política de Jesucristo. Debemos restaurar un conjunto de costumbres, vida social y reflejos cristianos, con la amplitud y duración que Dios disponga. ¡Lo único que sé, la fe nos lo enseña, es que Nuestro Señor Jesucristo debe reinar en este mundo, ahora y no solamente al fin del mundo (Lo que induce a suponer la liturgia conciliar al postergar simbólicamente la fiesta de Cristo Rey al último domingo del ciclo litúrgico), tal como quisieron los liberales!

Mientras ellos destruyen, nosotros tenemos la felicidad de construir. Felicidad mayor aún, porque generaciones de jóvenes sacerdotes participan con celo en esta tarea de reconstrucción de la Iglesia para la salvación de las almas.

¡Padre Nuestro, venga a nosotros Tu Reino!

¡Viva Cristo Rey!

¡Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles!

¡Oh María, te pertenecemos, reina pues en nosotros!

(Tomado de su libro “Le destronaron”, capítulo XXXIV)

Fuente: Congregación Obispo Alois Hudal