miércoles, 11 de enero de 2012

NOTA PARA EL AÑO DE LA FE (IMPRESIONES)


De repente, cuando parecía que la resaca había pasado, me llega un eco juanpablista que me ha retrotraído a aquellos frenéticos lustros en los que cada año era un año jubilar, o el año de algo. El espectro se me aparece aun más funesto porque se trata del anuncio de un evento netamente vaticanosegundista, sin excusas: El medio siglo.

Un medio siglo que ha sido demoledor, ruinoso, pero que no sé por qué se empeñan en celebrar con castillo de fuegos artificiales, petardos y cohetes, tracas y luminarias. Como si de un triunfo se tratara.

Yo entendería que se predicase un año de conversión, de penitencia. Por tantas cosas. ¿O es que la casa está para tirar cohetes? Pues parece que sí:

Nota con indicaciones pastorales para el Año de la fe

Con agujeros por todos sitios, apulgarado el manto, nos vestimos de lujo festivo viviendo en la paradoja de haber perdido tanto y mantenernos en una crisis crónica que dura desde entonces, desde lo que nos mandan celebrar: Cincuenta años de crisis de fe, de identidad, de misión, de doctrina, de pensamiento, palabra, obra y omisión.

(titulo en negrita, cito la Nota en ocre, comento debajo en letra-blog usual)

Non solum sed etiam:

"Por encargo del Papa Benedicto XVI, la Congregación para la Doctrina de la Fe, de acuerdo con los Dicasterios competentes de la Santa Sede y con la contribución de la Comisión para la preparación del Año de la fe, ha escrito esta Nota con indicaciones para vivir este tiempo de gracia, las cuales no excluyen otras propuestas que el Espíritu Santo quiera suscitar entre los pastores y fieles de distintas partes del mundo."

Parece una cita de las que trae el maestro Romano Amerio en su imprescindibilísimo IOTA UNUM. El estilo de toda la Nota es quasi el mismo que el de los documentos conciliares y la subsiguiente documentación oficial post-conciliar : Ristras de citas, auto-citas del concilio y últimos Papas, y salvedades que invitan a anular lo que se está diciendo o se va a decir. Por ejemplo, eso que he subrayado: Si se animan otras propuestas libres y "carismáticas" de pastores, fieles y todo quisque, ¿para qué la nota, sus indicaciones y sus orientaciones? Dígase que cada uno lo celebre y organice como quiera, y ya está. Y si alguno monta un tinglado escandaloso, impropio, inadecuado y/o indecente, que nadie se queje luego porque precisamente la nota anima a cualquier cosa.

¿Correcta recepción del Vaticano II?

"...Después del Concilio, la Iglesia ha trabajado para que sus ricas enseñanzas sean recibidas y aplicadas en continuidad con toda la Tradición y bajo la guía segura del Magisterio. Para facilitar la correcta recepción del Concilio, los Sumos Pontífices han convocado reiteradamente el Sínodo de los Obispos, instituido por el Siervo de Dios Pablo VI en 1965, proponiendo a la Iglesia directrices claras a través de las diversas Exhortaciones apostólicas post-sinodales. La próxima Asamblea General del Sínodo de los Obispos, en octubre de 2012, tendrá como tema: La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana"

Parece como si se hablara a desmemoriados, a gente que no ha vivido las consecuencias del post-concilio. Pudiérase que estén pensando en católicos desinformados (la mayoría), en católicos a-críticos (la mayoría) o en jóvenes poco-católicos que no saben, ni conocen, ni sabrán, porque no tienen interés en conocer el antes y el después del Vatiacno II con cifras, gráficos, estadísticas y conclusiones.

Se esconde - se evitará explicar siempre - por qué esa novedad de la nueva evangelización y su urgencia, ahora, 50 años triunfales después del triunfante Concilio Vaticano II. No se dirá nunca cuánta ha sido la responsabilidad del Concilio, ese tabú del causa-efecto que levanta ampollas y pasiones encontradas desde los mismos días concliares: Cincuenta años de afección de un cuadro clínico agudo, que se ha vuelto crónico y que nunca se ha diagnosticado.

Insistimos, sin embargo, en el mal: Para remediarlo, se recomienda re-descubrir y profundizar.

¿Redescubrir? ¿Profundizar?

"...Algunos congresos serán especialmente dedicados al redescubrimiento de las enseñanzas del Concilio Vaticano II..."

El Año de la fe ofrecerá a todos los creyentes una buena oportunidad para profundizar en el conocimiento de los principales documentos del Concilio Vaticano II y el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica. Esto vale particularmente para los candidatos al sacerdocio, en especial durante el año propedéutico o los primeros años de estudios teológicos, para los novicios y novicias de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, así como para aquellos que se preparan a entrar en una Asociación o Movimiento eclesial."


Imagino la temática, los exponentes y los invitados a los eventuales congresos.

También imagino el efecto que se pueda estar buscando al inyectar dosis de redescubrimiento y profundización del Vat2º en las mentes y las almas de seminaristas, postulantes, novicios y novicias. Lo que no me atrevo a predecir son las consecuencias de esa "transfusión" vaticanosegundista. Si recordamos los efectos del original en los seminaristas, postulantes, novicios y novicias de los años 65-75, las consecuencias hodiernas pueden ser dantestas, en comparación (en número no, porque ahora no hay cifras como las que se perdieron entonces).

Forzar el ecumenismo:

"Durante el Año de la fe, en colaboración con el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, se esperan iniciativas ecuménicas dirigidas a invocar de Dios y favorecer «la restauración de la unidad entre todos los cristianos», que «es uno de los fines principales que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II»22. En particular, tendrá lugar una solemne celebración ecuménica para reafirmar la fe en Cristo de todos los bautizados."

Algo patente durante estos 50 años: El esfuerzo ecuménico de la Iglesia Católica, esforzándose y forzando. Los frutos de la reconciliación de los anglicanos, me pregunto, ¿no se hubieran alcanzado al fin con menos desgaste, con menos concesiones, sin contemporizaciones, sin mixtificaciones, sin equívocos encuentros, sin promiscuidades de todo género? ¿Merece la pena insistir, mantener la tensión, seguir forzando? Me parece tan evidente que lo que tenga que llegar llegará y lo que no puede llegar nunca llegará que no sé cómo en la cúspide no ven estas monumentales razonabilidades ecuménicas, después de medio siglo de empeños, algunos nocivos, casi todos ellos vanos. Vanidad, entre otras cosas, por culpable pérdida de auto-identidad de los promotores. Lo que haya sido ingenuidad y lo que haya supuesto pecado, no quiero enjuiciarlo, es de esas cosas que mejor no pensarlas y dejarlas en el desván (aunque luego se conviertan en fantasmas).

Y el 'espíritu de Asís':

"Todos los fieles, llamados a reavivar el don de la fe, tratarán de comunicar su propia experiencia de fe y caridad35, dialogando con sus hermanos y hermanas, incluso de otras confesiones cristianas, sin dejar de lado a los creyentes de otras religiones y a los que no creen o son indiferentes. Así se espera que todo el pueblo cristiano comience una especie de misión entre las personas con quienes viven y trabajan, conscientes de haber «recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos» "

Sin comentarios. Salvo el temor de vislumbrar un próximo Asís-4 para enfatizar más el 'año de la Fe'. Cualquier ocurrencia puede encontrar cauce favorable, en cuanto se insinúe.

Mi impresión:

~ Más de lo mismo, con pocas variantes sobre lo que ha habido hasta ahora.
~ Se saturará nuevamente todo con consignas, lemas, programaciones y celebraciones archi-manidas bajo el neo-pretexto de 'nueva evangelización'.
~ Impresión de revival nostálgico, de reedición del pasado para satisfacer la memoria de obispos y sacerdotes de 80-70-60 años que 'disfrutaron' del Concilio y se formaron, reformaron y deformaron durante la década horribilis de 1962-1975.

Por otra parte:

1º Se rearmará la tropa radical-vanguardista con la artillería demoledora de textos y pretextos vaticanosegundistas

2º Se alentará la estúpida utopía de los conciliaristas vaticanoterceristas, despabilando llamas mortecinas y soplando tizones humeantes

3º
Se obviará, se tapará, se silenciará la corriente crítico-revisionista del Vaticano II y sus documentos, que es la única sana novedad valorable del los 50 años postconciliares, la única que merecería tenerse en cuenta y asumirse con interés y decisión.

Los oficialistas bienpensantes-biendicentes, los aspirantes a algo, dirán que no se pueden criticar iniciativas tan positivas.

Yo digo que sí, que se deben poner en la picota desde que amagan.

Y también rezo para que la tempestad se calme, no para que sigan las agitaciones (y los aggiornamenti).

+T.

Fuente: Ex Orbe

lunes, 9 de enero de 2012

BEATIFICACIÓN DE LA MADRE ELENA AIELLO


La fundadora de la congregación de las Hermanas Mínimas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la Madre Elena Aiello, fue beatificada el 14 de septiembre de 2011 en la ciudad de Cosenza, Italia. Veinte mil fieles participaron en la ceremonia litúrgica presidida por el Card. Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, y concelebrada por el arzobispo metropolitano de Consenza-Bisignano, Mons. Salvatore Nunnari, y otros obispos más.
La “monja santa de Calabria”, como se la conocía, nació el 10 de abril de 1895 y murió el 19 de junio de 1961. Desde su infancia ya sentía la llamada a dedicarse por completo a Dios y al prójimo, y pasó a vivir en consecuencia. Humildad, caridad y espíritu de sacrificio son las bases sobre las que edificó la congregación que fundó en 1928.

Al final de la Audiencia General del 14 de septiembre el Papa Benedicto XVI resaltó que la Madre Elena solía decir: “La Eucaristía es el alimento esencial de mi vida, la respiración profunda de mi alma, el sacramento que da sentido a mi vida, a todas las acciones del día”.

Ver Profecías de la Madre Elena Aiello aquí.

LA SAGRADA EUCARISTÍA, ANTESALA DEL CIELO


Decía la Hermana Teresa de San Juan de la Cruz (1852-1906) Carmelita en Sevilla, “que cuando muriera no la llevaran al Cielo, sino que la dejaran en el Sagrario hasta el juicio final, no queriendo otra gloria mientras hubiera mundo”. Petición de un momento de grande afecto hecha por un temperamento andaluz. No pienso yo así, ni lo quiero, ni lo pensaban los Santos.

Cierto que Jesús se quedó en el altar para ser compañero de los hombres y ser su vida. El alma de amor enamorado le acompaña continuamente.

Pero es también cierto que el amor desea ver a quien ama y cuanto es más enamorado el amor, más desea ver muy pronto, poseer y tener la presencia del Amado y del enamorado, que no admite tardanzas.

Los Santos deseaban vehemente el Cielo: ver a Dios. San Juan de la Cruz puede presentarse como modelo de todos , cuando expresaba este amor y esta ansia del ver ya y poseer al Amado. Así decía:


“Mira que la dolencia
de amor ya no se cura
sino con la presencia y la figura.”


Y Santa Teresa de Jesús le incitaba al Señor a que la llevara ya con Él a su presencia para verle, diciendo en amoroso desafío:


“Si el amor que me tenéis
Dios mío, es como el que os tengo,
decidme ¿en que me detengo
o Vos, en que os detenéis?



Y los dos Santos hicieron la paráfrasis de la poesía “Muero porque no muero”. Goza el alma y gozo yo, en mirar dentro de mí a Jesús real y verdadero Dios y Hombre, divinidad y humanidad en la Divina Eucaristía y decirle:


“En mi pecho florido,
que entero para Él se guardaba,
allí quedo dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba”.



(Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo, “La Divina Eucaristía“)

viernes, 6 de enero de 2012

ANTE LA EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Habiendo nacido el Rey del cielo, se turbó el rey de la tierra porque la grandeza de este mundo se anonada en el momento que aparece la majestad del cielo. Mas sé nos ocurre preguntar: ¿qué razones hubo para que inmediatamente que nació en este mundo nuestro Redentor fuera anunciado por los ángeles a los pastores de la Judea, y a los magos del Oriente no fuera anunciado por los ángeles sino por una estrella, para que viniesen a adorarlo?

Porque a los judíos, como criaturas que usaban de su razón, debía anunciarles esta nueva un ser racional, esto es, un ángel; y los gentiles, que no sabían hacer uso de su razón, debían ser guiados al conocimiento de Dios, no por medio de palabras, sino por medio de señales. De aquí que dijera San Pablo: “Las profecías fueron dadas a los fieles, no a los infieles; las señales a los in fieles, no a los fieles”, porque a aquéllos se les han dado las profecías como fieles, no a los infieles, y a éstos se les han dado señales como infieles, no a los fieles.

Es de advertir también que los Apóstoles predicaron a los gentiles a nuestro Redentor cuando era ya de edad perfecta; y que mientras fue niño, que no podía hablar naturalmente, es una estrella la que lo anuncia; la razón es porque el orden racional exigía que los predicadores nos dieran a conocer con su palabra al Señor que ya hablaba, y cuando todavía no hablaba lo predicasen muchos elementos.

Debemos considerar en todas estas señales que fueron dadas tanto al nacer como al morir el Señor, cuánta debió ser la dureza de corazón de algunos judíos, que no llegaron a conocerlo ni por el don de profecía, ni por los milagros.

Todos los elementos han dado testimonio de que ha venido su Autor. Porque, en cierto modo, los cielos lo reconocieron como Dios, pues inmediatamente que nació lo manifestaron por medio de una estrella. El mar lo reconoció sosteniéndolo en sus olas; la tierra lo conoció porque se estremeció al ocurrir su muerte; el sol lo conoció ocultando a la hora de su muerte el resplandor de sus rayos; los peñascos y los muros lo conocieron porque al tiempo de su muerte se rompieron; el infierno lo reconoció restituyendo los muertos que conservaba en su poder. Y al que habían reconocido como Dios todos los elementos insensibles, no lo quisieron reconocer los corazones de los judíos infieles y más duros que los mismos peñascos, los cuales aún hoy no quieren romperse para penitencia y rehúsan confesar al que los elementos, con sus señales, declaraban como Dios.

Y aun ellos, para colmo de su condenación, sabían mucho antes que había de nacer el que despreciaron cuando nació; y no sólo sabían que había de nacer, sino también el lugar de su nacimiento. Porque preguntados por Herodes, manifestaron este lugar que habían aprendido por la autoridad de las Escrituras. Refirieron el testimonio en que se manifiesta que Belén sería honrada con el nacimiento de este nuevo caudillo, para que su misma ciencia les sirviera a ellos de condenación y a nosotros de auxilio para que creyéramos.

Perfectamente los designó Isaac cuando bendijo a su hijo Jacob, pues estando ciego y profetizando, no vio en aquel momento a su hijo, a quien tantas cosas predijo para lo sucesivo; esto es, porque el pueblo judío, lleno del espíritu de profecía y ciego de corazón, no quiso reconocer presente a aquel de quien tanto se había predicho.

Inmediatamente que supo Herodes el nacimiento de nuestro Rey, recurre a la astucia con el fin de no ser privado de su reino terreno. Suplica a los magos que le anunciasen a su vuelta el lugar en donde estaba el Niño; simula que quiere ir también a adorarlo, para sí pudiera tenerlo entre manos, quitarle la vida. Mas ¿de qué vale la malicia de los hombres contra los designios de Dios? Escrito está: “No hay sabiduría, ni prudencia, ni consejo contra el Señor”. Así la estrella que apareciera guió a los Magos, que hallan al Rey recién nacido, le ofrecen sus dones y son avisados en sueños para que no volviesen a ver a Herodes, y de esta manera sucedió que Herodes no pudiera encontrar a Jesús, a quien buscaba.

¿Quiénes están representados en la persona de Herodes sino los hipócritas, los cuales, pareciendo que sus obras buscan al Señor, nunca merecen hallarlo?

Los Magos ofrecen oro, incienso y mirra; el oro conviene al rey, el incienso se ponía en los sacrificios ofrecidos a Dios; con la mirra eran embalsamados los cuerpos de los difuntos. Por consiguiente, con sus ofrendas místicas predican los Magos al que adoran: con el oro, como rey; con el incienso, como Dios, y con la mirra, como hombre mortal.

Hay algunos herejes que creen en Jesús como Dios, pero niegan su reino universal; éstos le ofrecen incienso, pero no quieren ofrecerle también el oro. Hay otros que le consideran como rey, pero no lo reconocen como Dios: éstos le ofrecen el oro y rehúsan ofrecerle el incienso. Y hay algunos que lo confiesan como Dios y como rey, pero niegan que tomase carne mortal: éstos le ofrecen incienso y oro, y rehúsan ofrecerle la mirra de la mortalidad.

Ofrezcamos nosotros al Señor recién nacido oro, confesando que reina en todas partes; ofrezcámosle incienso, creyendo que Aquel que se dignó aparecer en el templo era Dios antes de todos los siglos; ofrezcámosle mirra, confesando que Aquel de quien creemos que fue impasible en su divinidad, fue mortal por haber tomado nuestra carne.

En el oro, incienso y mirra puede darse otro sentido. Con el oro se designa la sabiduría, según Salomón, el cual dice: “Un tesoro codiciable descansa en boca del sabio”. Con el incienso que se quema en honor de Dios se expresa la virtud de la oración, según el Salmista, el cual dice: “Diríjase mi oración a tu presencia a la manera del incienso”. Por la mirra se representa la mortificación de nuestra carne; de aquí que la Santa Iglesia diga de los operarios que trabajan hasta la muerte por Dios: “Mis manos destilaron mirra”.

Por consiguiente, ofrecemos oro a nuestro rey recién nacido si resplandecemos en su presencia con la claridad de la sabiduría celestial. Le ofrecemos incienso, si consumimos los pensamientos carnales, por medio de la oración, en el ara de nuestro corazón, para que podamos ofrecer al Señor un aroma suave por medio de deseos celestiales. Le ofrecemos mirra, si mortificamos los vicios de la carne por medio de la abstinencia. La mirra, como hemos dicho, es un preservativo contra la putrefacción de la carne muerta. La putrefacción de la carne muerta significa la sumisión de este nuestro cuerpo mortal al ardor de la impureza, como dice el profeta de algunos: "Se pudrieron dos jumentos en su estiércol" (Joel, 1, 17). El entrar en putrefacción los jumentos en su estiércol significa terminar los hombres su vida en el hedor de la lujuria. Por consiguiente, ofrecemos la mirra a Dios cuando preservamos a este nuestro cuerpo mortal de la podredumbre de la impureza por medio de la continencia.

Al volver los Magos a su país por otro camino distinto del que trajeron nos manifiestan una cosa que es de suma importancia. Poniendo por obra la advertencia que recibieron en sueños, nos indican qué es lo que nosotros debemos hacer.

Nuestra patria es el paraíso, al que no podemos llegar, conocido Jesús, por el camino por donde vinimos. Nos hemos separado de nuestra patria por la soberbia, por la desobediencia, siguiendo el señuelo de las cosas terrenas y gustando el manjar prohibido; es necesario que volvamos a ella, llorando, obedeciendo, despreciando las cosas terrenas y refrenando los apetitos de nuestra carne. Por consiguiente, volvemos a nuestra patria por un camino muy distinto, porque los que nos hemos separado de los goces del paraíso con los deleites de la carne, volvemos a ellos por medio de nuestros lamentos.

De aquí que sea necesario, hermanos carísimos, que con mucho temor y temblor pongamos siempre ante nuestra vista, por una parte las culpas de nuestras obras, y por otra el estrecho juicio a que se nos ha de someter. Pensemos en la severidad con que ha de venir el justo juez, que nos amenaza con un estrechísimo juicio y ahora está oculto a nuestra vista; que amenaza con severos castigos a los pecadores, y, no obstante, todavía los espera: que está dilatando su segunda venida para encontrar menos a quiénes condenar. Castiguemos con el llanto nuestras culpas, y prevengamos su presencia por medio de la confesión.

No nos dejemos engañar por fugaces placeres, ni tampoco nos dejemos seducir por vanas alegrías. No tardaremos en ver al juez que dijo: “¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis”. Por eso dijo Salomón: “La risa será mezclada con el dolor, y el fin de los goces será ocupado por el llanto”. Y en otro lugar dice: “He considerado la risa como un error, y he dicho al gozo: ¿por qué engañas en vano?”

Temamos mucho los preceptos de Dios, si con sinceridad celebramos las fiestas de Dios; porque es un sacrificio muy grato a Dios la aflicción de los pecados, como dice el Salmista: “El espíritu atribulado es un sacrificio para Dios”. Nuestros pecados antiguos quedaron borrados al recibir el bautismo; mas después de recibido hemos cometido muchísimos, pero no nos podemos volver a lavar con su agua.

Puesto que hemos manchado nuestra vida después de recibido el bautismo, bauticemos con lágrimas nuestra conciencia, para que, volviendo a nuestra patria por distinto camino del que llevamos, los que nos hemos separado de él atraídos por los bienes terrenales volvamos a él llenos de amargura por los males que hemos obrado, con el auxilio de Nuestro Señor Jesucristo.

San Gregorio Magno, Homilía X in Evangelia.

Fuente: Stat Veritas

lunes, 2 de enero de 2012

LIBROS - VATICANO II: UNA EXPLICACIÓN PENDIENTE


"Vaticano II: una explicación pendiente"
(Brunero Gherardini)


En un país como el nuestro, en el que la Iglesia Católica juega un papel de primera importancia, el Concilio Vaticano II sigue siendo un enigma para propios y extraños. Cuarenta años de alabanzas y en menor medida de críticas han impedido que tengamos una visión serena de aquel acontecimiento y de su alcance. En estos años se ha impuesto una explicación que convierte a aquel Concilio en punto de arranque de una nueva concepción de la Iglesia, más o menos abiertamente opuesta a la tradicional. Es lo que Gherardini denomina “la vulgata postconciliar”. Frente a esa interpretación, este libro abre una serena, seria y profunda investigación sobre el Vaticano II, tan lejos del aplauso adulador como del prejuicio y siempre desde el amor filiar a la Iglesia.

Un libro necesario que abrirá los ojos de los cristianos de hoy ante los problemas actuales de la Iglesia Católica y les invitará a una reflexión realista y esperanzada.

Pueden hacer su pedido a: Casa San José, 28607-El Álamo (Madrid)
Precio: 18 €

sábado, 31 de diciembre de 2011

EL AMOR DE DIOS


Autor: San Alfonso Mª de Ligorio

Pues amemos nosotros a Dios,
porque Dios nos amó primero.

(1 Jn. 4, 19)

PUNTO 1

Considera, ante todo, que Dios merece tu amor, porque Él te amó antes que tú le amases, y es el primero de cuantos te han amado (Jer. 31, 3). Los que primeramente te amaron en este mundo fueron tus padres, pero no sintieron ni pudieron tenerte amor sino después de haberte conocido.

Mas antes que tuvieras el ser, Dios te amaba ya. No habían nacido ni tu padre ni tu madre, y Dios te amaba. ¿Y cuánto tiempo antes de crear el mundo comenzó Dios a amarte?... ¿Quizá mil años, mil siglos antes?... No contemos años ni siglos. Dios te amó desde la eternidad (Jeremías 31, 3).

En suma: desde que Dios fue Dios, te ha amado siempre; desde que se amó a Sí mismo, te amó también a ti. Con razón decía la virgen Santa Inés: “Otro amante me cautivó primero”. Cuando el mundo y las criaturas la requerían de amor, ella respondía: No, no puedo amaros. Mi Dios es el primero que me amó, y es justo que a Él sólo consagre mis amores.

De suerte, hermano mío, que eternamente te ha amado tu Dios; y sólo por amor te escogió entre tantos hombres como podía crear, y te dio el ser y te puso en el mundo, y además formó innumerables y hermosas criaturas que te sirviesen y te recordasen ese amor que Él te profesa y el que tú le debes. “El Cielo, la tierra y todas las criaturas –decía San Agustín– me invitan a que te ame”. Cuando el Santo contemplaba el sol, la luna, las estrellas, los montes y ríos, paréciale que todos le hablaban, diciéndole: Ama a Dios, que nos creó para ti a fin de que le amases.

El Padre Rancé, fundador de los Trapenses, no veía los campos, fuentes y mares sin recordar por medio de esas cosas creadas el amor que Dios le tenía. También Santa Teresa dice que las criaturas le reprochaban la ingratitud para con Dios.

Y Santa Magdalena María de Pazzi, no bien contemplaba la hermosura de alguna flor o fruto, sentía el corazón traspasado con las flechas del amor de Dios, y exclamaba: “¡Desde la eternidad ha pensado el Señor en crear estas flores a fin de que yo le ame!”.

Considera, además, con qué singular amor hizo Dios que nacieses en pueblo cristiano y en el gremio de la Santa Iglesia. ¡Cuántos nacen entre idólatras, judíos, mahometanos o herejes, y por ello se pierden!... Pocos son los hombres que tienen la dicha de nacer donde reina la verdadera fe, y el Señor te puso entre ellos.

¡Oh, cuán alto don el de la fe! ¡Cuántos millones de almas no disfrutan de sacramentos, ni sermones, ni ejemplos de hombres santos, ni de los demás medios de salvación que la Iglesia nos proporciona!

Y Dios quiso concederte todos esos grandes auxilios sin mérito alguno de tu parte; antes, previendo tus deméritos. Al pensar en crearte y darte esas gracias, ya preveía las ofensas que habías de hacerle.


PUNTO 2

Y no solamente nos dio el Señor tantas hermosas criaturas, sino que no vio satisfecho su amor hasta que se nos dio y entregó Él mismo (Ga. 2, 20). El maldito pecado nos había hecho perder la divina gracia y la gloria, haciéndonos esclavos del infierno. Pero el Hijo de Dios, con asombro del Cielo y de la tierra, quiso venir a este mundo y hacerse hombre para redimirnos de la muerte eterna y conquistarnos la gracia y la perdida gloria.

Maravilla sería que un poderoso monarca quisiera convertirse en gusano por amor de estos míseros seres. Pues infinitamente más debe maravillarnos al ver a Dios hecho hombre por amor a los hombres. “Se anonadó a Sí mismo tomando forma de siervo..., y reducido a la condición de hombre...” (Fil. 2, 7). ¡Dios en carne mortal! Y el Verbo se hizo carne... (Jn. 1, 14). Pero el asombro y pasmo se aumentan al considerar lo que después hizo y padeció por amor nuestro el Hijo de Dios.

Bastaba para redimirnos una sola gota de su preciosísima Sangre, una lágrima suya, una sola oración, porque esta oración de persona divina tenía infinito valor y era suficiente para rescatar el mundo, e infinitos mundos que hubiese. Mas, dice San Juan Crisóstomo, lo que bastaba para redimirnos no era bastante para satisfacer el amor inmenso que Dios nos tenía. No quiso únicamente salvarnos, sino que le amásemos mucho, porque Él mucho nos amó, y para lograrlo escogió vida de trabajos y de afrentas y muerte amarguísima entre todas las muertes, a fin de que conociésemos su infinito y ardentísimo amor para con nosotros. “Se humilló a Sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2, 8).

¡Oh exceso de amor divino, que ni los ángeles ni los hombres llegarán nunca a comprender! Exceso le llamaron en el Tabor Moisés y Elías, refiriéndose a la Pasión de Cristo (Le. 9, 31). “Exceso de dolor, exceso de amor”, dice San Buenaventura.

Si el Redentor no hubiera sido Dios, sino un deudo o amigo nuestro, ¿qué mayor prueba de afecto podría habernos dado que la de morir por nosotros? “Que nadie tiene más grande amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn. 15, 13). Si Jesucristo hubiese tenido que salvar a su mismo Padre, ¿qué más pudiera haber hecho por amor a Él? Si tú, hermano mío, hubieses sido Dios y creador de Cristo, ¿qué otra cosa hiciera por ti sino sacrificar su vida en un mar de afrentas y dolores? Si el hombre más vil de la tierra hubiese hecho por ti lo que hizo el Redentor, ¿podrías vivir sin amarle?

¿Creéis en la Encarnación y muerte de Jesucristo?... ¿Lo creéis y no le amáis? ¿Y podéis siquiera pensar en amar otras cosas, fuera de Cristo? ¿Acaso dudáis que os ama?... ¡Pues si Él vino al mundo, dice San Agustín, para padecer y morir por vosotros, a fin de patentizaros el amor que os tiene!

Tal vez antes de la Encarnación del Verbo pudiera dudar el hombre de que Dios le amase tiernamente; pero después de la Encarnación y muerte de Jesucristo, ¿cómo puede ni dudar de ello? ¿Con qué prueba más clara y tierna podía demostrarnos su amor que con sacrificar por nosotros su vida?... Habituados estamos a oír hablar de creación y redención, de un Dios que nace en un pesebre y muere en una cruz... ¡Oh santa fe, ilumina nuestras almas!


PUNTO 3

Se aumentará en nosotros la admiración si consideramos el deseo vehementísimo que tuvo nuestro Señor Jesucristo de padecer y morir por nuestro bien. “Bautizado he de ser con el bautismo de mi propia sangre, y muero de deseo porque llegue pronto la hora de mi Pasión y muerte, a fin de que el hombre conozca el amor que le tengo”. Así decía el Hijo de Dios en su vida terrena (Lc. 12, 50). Por eso mismo exclamaba en la noche que precedió a su dolorosa Pasión (Lc. 22, 15): Ardientemente he deseado celebrar esta Pascua con vosotros. Diríase que nuestro Dios no puede saciarse de amor a los hombres, escribe San Basilio de Seleucia (c. 419).

¡Ah Jesús mío! ¡Los hombres no os aman porque no ponderan el amor que les profesáis! ¡Oh Señor!, el alma que piensa en un Dios muerto por su amor, y que tanto deseó morir para demostrarle la grandeza del afecto que le tenía, ¿cómo es posible que viva sin amarle?...

San Pablo dice (2 Co. 5, 14) que no tanto lo que hizo y padeció Jesucristo como el amor que nos demostró al padecer por nosotros, nos obliga y casi nos fuerza a que le amemos. Considerando este alto misterio, San Lorenzo Justiniano exclamaba: Hemos visto a un Dios enloquecido de amor por nosotros. Y, en verdad, si la fe no lo afirmase, ¿quién pudiera creer que el Creador quiso morir por sus criaturas?...

Santa Magdalena de Pazzi, en un éxtasis que tuvo llevando en sus manos un Crucifijo, llamaba a Jesús loco de amor. Y lo mismo decían los gentiles cuando se les predicaba la muerte de Cristo, que les parecía increíble locura, según testimonio del Apóstol (1 Co. 1, 23): “Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles”.

¿Cómo, decían, un Dios felicísimo en Sí mismo, y que de nadie necesita, pudo venir al mundo, hacerse hombre y morir por amor a los hombres, criaturas suyas? Creer eso equivale a creer que Dios enloqueció de amor... Y con todo, es de fe que Jesucristo, verdadero Hijo de Dios, se entregó a la muerte por amor a nosotros. “Nos amó y se entregó Él mismo por nosotros” (Ef. 5, 2).

¿Y para qué lo hizo así? Hízolo a fin de que no viviésemos para el mundo, sino para aquel Señor que por nosotros quiso morir (2 Co. 5, 15) Hízolo para que el amor que nos mostró ganase todos los afectos de nuestros corazones; así, los Santos, al considerar la muerte de Cristo, tuvieron en poco el dar la vida y darlo todo por amor de su amantísimo Jesús.

¡Cuántos ilustres varones, cuántos príncipes abandonaron riquezas, familia, patria y reinos para refugiarse en los claustros y vivir en el amor de Cristo! ¡Cuántos mártires le sacrificaron la vida! ¡Cuántas vírgenes, renunciando a las bodas de este mundo, corrieron gozosas a la muerte para recompensar como les era dado el afecto de un Dios que murió por amarlas!...

Y tú, hermano mío, ¿qué has hecho hasta ahora por amor a Cristo?... Así como el Señor murió por los Santos, por San Lorenzo, Santa Lucía, Santa Inés..., también murió por ti... ¿Qué piensas hacer, siquiera en el resto de tus días que Dios te concede para que le ames? Mira a menudo y contempla la imagen de Jesús crucificado; recuerda lo mucho que Él te amó, y di en tu interior: “Dios mío, ¿con que Vos habéis muerto por mí?” Haz siquiera esto; hazlo con frecuencia, y así te sentirás dulcemente movido a amar a Dios, que te ama tanto.

PREPARACIÓN PARA LA MUERTE
San Alfonso Mª Ligorio

martes, 27 de diciembre de 2011

PÍDELE A MARIANO RAJOY QUE PROHIBA EL ABORTO EN ESPAÑA



AES se concentrará ante la sede del PP para pedir la derogación de toda la legislación abortista.

Alternativa Española, como cada 28 de Diciembre, día de los Santos Inocentes y jornada reivindicativa del derecho a nacer, convoca concentraciones en diversas ciudades españolas ante los centros donde se practican abortos y en Madrid, ante la sede el Partido Popular, para solicitar la derogación de toda ley del aborto.

La concentración para pedir a Mariano Rajoy la abolición de la legislación abortista se realizara el
proximo miércoles 28 de diciembre, ante la Sede del PP, C/ Génova nº 13, a las 19:30 h.

Para consultar horarios y otros detalles de las concentraciones convocadas en las distintas ciudades, asi como las organizaciones adheridas, se puede visitar la web:
http://www.alternativaespanola.com/inocentes.htm

Si estas a favor de la vida, busca la concentración más cercana y acude. Ven con tus hijos, tu familia, tus amigos... Es la oportunidad para cambiar esta legislación tan injusta e inhumana.

Madrid, 23 de diciembre de 2011.
Alternativa Española (AES)