jueves, 18 de abril de 2013

NEORREPUBLICANOS Y NOSTALGIA SOVIETICA


¿Madrid 2013?
¿Madrid 1936?
Ángel David Martín Rubio
Se podría creer que el escenario político internacional ha cambiado sustancialmente desde los años ochenta del pasado siglo con la caída del Muro de Berlín y la apertura del Este.
En medio de dificultades semejantes a las nuestras, numerosos países cuentan con estructuras formalmente homologables con las del occidente europeo (pensemos en la ampliación comunitaria impensable hace apenas unos años). El sistema económico del comunismo ha sido sustituido por modelos orientados a la economía de mercado, no por ello sin desequilibros e injusticias. Parecía que el sistema totalitario implantado en la Unión Soviética durante la mayor parte del pasado siglo no era más que un negro recuerdo, una auténtica pesadilla. Pero ante la falta total de discurso alternativo, la izquierda echa mano de la nostalgia y saca a la calle las banderas rojas y el trapo tricolor.
Viendo lo ocurrido el domingo 14 de abril en Madrid y en numerosas ciudades españolas nos viene a la memoria la traducción de un artículo que fue reproducido en numerosas webs y blogs el año pasado. Bajo el significativo título de “En la URSS todos teníamos suficiente sol y pan” se hacía una fantástica evocación de la Rusia de los soviets para acabar concluyendo: “Tarde o temprano, la Unión Soviética volverá de nuevo. La historia a veces regresa nuevamente. En Francia, después de la victoria de la revolución burguesa fue la restauración de los Borbones. Pero fue sólo temporal. El actual régimen depredador en Rusia no durará mucho tiempo, caerá de todas las maneras. Un sistema justo debe regresar”. Se habla pues de regresar a un sistema del pasado que es calificado de “justo” y está claro que no se refieren a la Rusia de los zares.
Algunos de los difusores en España de tan infumable doctrina están, como no, vinculados al neorrepublicanismo y a la llamada recuperación de la memoria histórica. Al parecer, no tienen cosa mejor que hacer que insultar a la humanidad o pretender que ésta olvide lo que ha sido su propia historia. Nunca se ha hablado tanto de memoria y nunca se ha vivido instalado más cerca de la amnesia. Como si no hubiera ocurrido nada (aquí solo cuentan los muertos de un lado), olvidando el elevadísimo deterioro moral de las personas que han vivido y viven aún sometidos a los dictados del socialismo real, del comunismo y de los pseudo-populismos en ellos inspirados. Pisoteando, en una palabra, a los millones de víctimas de los asesinatos masivos, del sistema de campos de concentración y exterminio, de las hambrunas deliberadamente mantenidas, de las deportaciones, del terrorismo…
Los manifestantes del domingo saben que también España entre 1936 y 1939 sirvió de escenario a miles de crímenes llevados a cabo con técnica y participación soviética: checas, sacas, torturas… Hasta el presidente del gobierno, el socialista Juan Negrín, llegó a autorizar al Comisariado político establecido en el Ejército para suprimir físicamente “a aquellos que no estuviesen de nuestra parte y fueran enemigos declarados del régimen” en una orden que lleva fecha de 18 de marzo de 1938, siendo Prieto ministro de Defensa y que originó un número muy elevado de ejecuciones. Según el también socialista Julián Zugazagoitia, Negrín había dicho que “El terror también es un medio legítimo cuando se trata de salvar al país”.
Por algo el puño cerrado fue convertido por la República española en el saludo oficial del Ejército Popular, renunciando al tradicionalmente empleado en medios castrenses. “Hoy se publicará el Diario Oficial de Guerra una disposición cambiando el saludo militar, que será en lo sucesivo de esta forma: con armas, levantando el brazo en ángulo con el puño cerrado, o sea el saludo antifascista; y sin armas, levantando el brazo con el puño cerrado a la altura de la visera” (Fragua Social, Valencia, 7-octubre-1936). De esta guisa, políticos social-comunistas, soldados y oficiales componían una grotesca estampa cada vez que venían a poner su mano izquierda en una posición que algunos definían con agudo humor hispano apenas compatible con los dictados de Moscú a cuyo servicio estaba dicho Ejército.
Rojo, Modesto, Negrín y Líster

Hoy los neorrepublicanos españoles añoran a la Unión Soviética: al final el círculo se cierra. Una vez más, el pendón tricolor flamea a la sombra de la bandera roja.
Como recuerda el historiador Pierre Chanu hablando del comunismo: “Desde el principio del mundo ningún régimen, ninguna dinastía, ningún monarca había conseguido nada parecido. Ni siquiera el nazismo”. La comparación, por más que resulte muy socorrida, apenas resulta válida: porque el comunismo ha actuado durante más tiempo que él y antes que él. Y no es que la cuestión de las cifras sea primordial en este asunto es que, a pesar de ello, pretende conservar toda su legitimidad política e intelectual; sigue en el poder en varios países y recluta adeptos en el mundo entero dentro de sus más variadas formas.
El comunismo bolchevique se derrumbó, sobre todo porque el régimen edificado no respondía a la infantil evocación del redactor del periódico Sovietskaia Rossia, un periódico que puede extender sus mentiras por todo el mundo al amparo de las libertades que tanto le repugnan. Que los neorrepublicanos españoles lo añoren, me produce una sensación a medio camino entre el asco y la indignación. Más de lo primero que de lo segundo.
Porque verdaderamente indignado me siento al recordar a los millones de españoles que sin compartir el proyecto radical de cambio de régimen y de sociedad inspirado, sostenido y llevado adelante de manera sistemática en España por el Partido Socialista desde 1982, viven paralizados por la ideología liberal y admiten con naturalidad vivir en el ambiente jurídico y moral que la izquierda va imponiendo. Y peor aún “vampirizados” (la expresión no es mía) por otras organizaciones políticas y religiosas se prestan a colaborar en la deriva del proceso revolucionario contentándose mansurronamente con el papel de representar al sector moderado y teórico defensor retórico de unas libertades que hace mucho dejaron de existir.

martes, 16 de abril de 2013

LA VIRTUD DE LA HUMILDAD (II)



CAPITULO 2 

Que la humildad es fundamento de todas las virtudes. 

San Cipriano dice: [La humildad es fundamento de la santidad]. San Jerónimo: [La primera virtud de los cristianos es la humildad]. San Bernardo: [La humildad es fundamento y guarda de las virtudes]. Todos dicen que la humildad es fundamento de la santidad y de todas las virtudes. Y San Gregorio en una parte la llama maestra y madre de todas las virtudes, y en otra dice que es raíz y origen de las virtudes. Esta metáfora y comparación de la raíz es muy propia, y declara mucho las propiedades y condiciones de la humildad: porque cuanto a lo primero, dice San Gregorio, así como la flor se sustenta en la raíz, y cortada se seca; así la virtud, cualquiera que sea, si no persevera en la raíz de la humildad, se seca y pierde luego. Más: así como la raíz está debajo de la tierra, y se huella y pisa, no tiene en sí hermosura ni olor, pero de allí recibe el árbol vida: así el humilde está soterrado, es hollado y tenido en poco; no parece que tiene lustre ni resplandor, sino que está echado al rincón y olvidado: empero eso es lo que le conserva y hace crecer. Más: así como para que el árbol crezca y dure, y lleve mucho fruto, es menester arraigarse la raíz, y cuanto ésta estuviere más honda y más dentro de la tierra, tanto el árbol echará más fruto y durará más, conforme a aquello de Isaías (2 Reyes 19, 30): [Echará raíces hacia abajo y dará frutos arriba]; así el fructificar todas las virtudes y el conservarse en ellas está en echar hondas raíces de humildad. Cuanto más humilde fuereis, tanto más medraréis y creceréis en virtud y perfección. Finalmente, así como la soberbia es raíz y principio de todo pecado, como dice el Sabio (Eccli., 10 15), así dicen los Santos que la humildad es raíz y fundamento de toda virtud. 

Pero dirá alguno: ¿cómo decís que la humildad es fundamento de todas las virtudes y del edificio espiritual, pues comúnmente dicen los Santos que la fe es el fundamento, conforme a aquello de San Pablo (I Cor, 3, 11): [Ninguno puede poner otro fundamento más del que está puesto, que es Cristo Jesús]. A esto responde muy bien Santo Tomás: Dos cosas se requieren para fundar bien una casa: lo primero, es necesario abrir bien los cimientos y echar fuera todo lo movedizo hasta llegar a lo firme, para edificar sobre ello, y después de muy bien ahondado el cimiento y sacada fuera toda la tierra movediza, se comienza a sentar la primera piedra, la cual, con las demás que se van asentando, es el principal fundamento del edificio. De esta manera, dice Santo Tomás, se han la humildad y la fe en este edificio espiritual y fábrica de las virtudes: la humildad es la que abre las zanjas; su oficio es ahondar el cimiento y echar fuera todo lo movedizo, que es la flaqueza de las fuerzas humanas. No habéis de fundar sobre vuestras fuerzas, que todo eso es arena, todo eso habéis de echar fuera, desconfiando de vos mismo, y ahondando hasta llegar a la peña viva y piedra firme, que es Cristo (1 Cor., 10, 4). Ese es el principal fundamento; pero porque para asentarse ese fundamento es menester eso otro, lo cual se hace con la humildad, por eso se llama también la humildad fundamento, y así el que con la humildad abriere bien las zanjas y ahondare en su propio conocimiento, y echare fuera todo lo movedizo de la estima y confianza de sí mismo hasta llegar al verdadero fundamento, que es Cristo, este tal edificará buen edificio, que aunque lo combatan los vientos y crezcan las aguas, no lo derrocarán, porque está fundado sobre piedra firme. Pero si edificare sin humildad, luego caerá su edificio, porque está fundado sobre arena. 

No son virtudes verdaderas, sino aparentes y falsas, las que no se fundan en humildad. Y así: dice San Agustín, que en aquellos romanos y filósofos antiguos no había virtudes verdaderas, no sólo por faltarles la caridad, que es la que forma y la que da vida y ser a todas, y sin la cual no hay ninguna verdadera y perfecta virtud, sino porque les faltaba también el fundamento de la humildad; en su fortaleza, en su justicia, en su templanza, pretendían ser estimados y dejar memoria de sí; eran unas virtudes huecas y sin sustancia, y una sombra de virtudes. Y así, como no eran perfectas ni verdaderas, sino aparentes, dice que se las premió y remuneró Dios a los romanos con los bienes de esta vida, que son también bienes aparentes. Pues si queréis edificar verdaderas virtudes en vuestra alma, procurad de echar primero buen fundamento de humildad. 

Dice San Agustín: Si queréis ser grande y levantar muy alto edificio de virtudes, ahondad bien las zanjas. Y cuanto uno quiere levantar más alto el edificio, tanto más ahonda los cimientos, porque no hay alto sin hondo; y así, a la medida y proporción que ahondareis y echareis los cimientos de la humildad, podréis levantar esta torre de la perfección evangélica que habéis comenzado. Santo Tomás de Aquino, entre otras sentencias graves que se refieren suyas, decía de la humildad: Quien anda con deseo de honra, quien huye de ser tenido en poco, y le pesa si lo es, aunque haga maravillas, lejos está de la perfección, porque todo es virtud sin cimiento.


EJERCICIO DE PERFECCIÓN Y 
VIRTUDES CRISTIANAS.
Padre Alonso Rodríguez, S.J.

sábado, 13 de abril de 2013

PASAJES DE LA BIBLIA


¿No sabéis que el amor del mundo es enemigo 
de Dios? Quien pretende ser amigo del mundo, 
se constituye enemigo de Dios. (Sant. 4,4)

miércoles, 10 de abril de 2013

LA VIRTUD DE LA HUMILDAD (I)



CAPÍTULO PRIMERO 

De la excelencia de la virtud de la humildad, 
y de la necesidad que de ella tenemos. 

Aprended de Mí, dice Jesucristo nuestro Redentor (Mt 11, 29), que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras ánimas. El bienaventurado San Agustín dice: Toda la vida de Cristo en la tierra fue una enseñanza nuestra, y Él fue de todas las virtudes maestro; pero especialmente de la humildad: ésta quiso particularmente que aprendiésemos de Él. Lo cual bastaba para entender que debe ser grande la excelencia de esta virtud y grande la necesidad que de ella tenemos, pues el Hijo de Dios bajó del Cielo a la tierra a enseñárnosla, y quiso ser particular maestro de ella no sólo por palabra, sino muy más principalmente con la obra; porque toda su vida fue un ejemplo y dechado vivo de humildad. El glorioso San Basilio va discurriendo por toda la vida de Cristo, desde su nacimiento, mostrando y ponderando cómo todas sus obras nos enseñan particularmente esta virtud, Quiso, dice, nacer de madre pobre, en un pobre portal y en un pesebre, y ser envuelto en unos pobres pañales; quiso ser circuncidado como pecador, huir a Egipto como flaco, y ser bautizado entre pecadores y publicanos como uno de ellos; después, en el discurso de su vida, se le quiere honrar y levantar por rey, y se esconde; y cuando le quieren afrentar y deshonrar, entonces se ofrece; le ensalzan los hombres, aun los endemoniados, les manda que calle; y cuando le escarnecen diciéndole injurias, no habla palabra; y al fin de su vida, para dejarnos más encomendada esta virtud, como en testamento y última voluntad, lo confirmó con aquel tan maravilloso ejemplo de lavar los pies a sus discípulos, y con aquella muerte tan afrentosa de la cruz. 

Dice San Bernardo: Se abajó y apocó el Hijo de Dios, tomando nuestra naturaleza humana, y toda su vida quiso que fuese un dechado de humildad, para enseñarnos por obra lo que nos había de enseñar por palabra. ¡Maravillosa manera de enseñar! ¿Para qué, Señor, tan grande majestad tan humillada? Para que ya, de aquí adelante, no haya hombre que se atreva a ensoberbecer y engrandecer sobre la tierra (Sal 10, 18). Siempre fue locura y atrevimiento ensoberbecerse el hombre; sin embargo, particularmente después que la Majestad de Dios se abatió y humilló, dice el Santo, es intolerable desvergüenza y descomedimiento grande que el gusanillo del hombre quiera ser tenido y estimado. El Hijo de Dios, igual al Padre, toma forma de siervo, y quiere ser humillado y deshonrado; ¡y yo, polvo y ceniza, quiero ser tenido y estimado! 

Con mucha razón dice el Redentor del mundo que Él es maestro de esta virtud, y que de Él la hemos de aprender; porque esta virtud de humildad no la supo enseñar Platón, ni Sócrates, ni Aristóteles. Tratando de otras virtudes los filósofos gentiles, de la fortaleza, de la templanza, de la justicia, tan lejos estaban de ser humildes, que en aquellas mismas obras y en todas sus virtudes pretendían ser estimados y dejar memoria de sí. Bien había un Diógenes y otros tales que se mostraban despreciadores del mundo y de sí mismos en vestidos viles, en pobreza, en abstinencia; pero en eso mismo tenían una gran soberbia, y querían por aquel camino ser mirados y estimados, y menospreciaban a los otros, como prudentemente se lo notó Platón a Diógenes. Convidando un día Platón a ciertos filósofos, y entre ellos a Diógenes, tenía muy bien aderezada su casa, y puestas sus alfombras y mucho aparato, como para tales convidados convenía. Diógenes, en entrando, comienza con sus pies sucios a hollar aquellas alfombras. Le dice Platón: «¿Qué haces?» «Estoy, dice, hollando y acoceando el fausto y soberbia de Platón.» Le respondió muy bien Platón [Lo huellas, mas con otro fausto], notando en él más soberbia en hollar sus alfombras que la que él tenía en tenerlas. No alcanzaron los filósofos el verdadero menosprecio de sí mismos, en que consiste la humildad cristiana; ni aun por el nombre conocieron esta virtud de la humildad: es esta propia virtud nuestra, enviada por Cristo. 

Y pondera San Agustín, que por aquí comenzó aquel soberano sermón del Monte (Mt 5, 3): Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los Cielos. Por los pobres de espíritu dicen San Agustín, San Jerónimo, San Gregorio y otros Santos, que se entienden los humildes. Por aquí comienza el Redentor del mundo su predicación: con esto media; con esto acaba, esto nos enseña toda su vida, esto quiere que aprendamos de Él. Dice San Agustín: no dijo aprended de Mí a fabricar los Cielos y la tierra; aprended de Mí a hacer maravillas y milagros, a sanar enfermos, echar demonios y resucitar muertos; sino aprended de mí a ser mansos y humildes de corazón. Mejor es el humilde que sirve a Dios que el que hace milagros. Éste es el camino llano y seguro, eso otro está lleno de tropiezos y peligros. 

La necesidad que tenemos de esta virtud de la humildad es tan grande, que sin ella no hay dar paso en la vida espiritual. Dice el glorioso Agustino: Es menester que todas las obras vayan muy guarnecidas y acompañadas de humildad, al principio, al medio y al fin; porque si tanto nos descuidamos y dejamos entrar la complacencia vana, todo se lo llevará el viento de la soberbia. Y poco nos aprovechara que la obra sea muy buena de suyo, antes ahí hemos de temer más el vicio de la soberbia y vanagloria, porque los demás vicios son acerca de pecados y cosas malas, la envidia, la ira, la lujuria; y así consigo se traen su sobrescrito, para que nos guardemos de ellos; pero la soberbia anda tras las buenas obras para destruirlas. Iba el hombre navegando prósperamente, puesto su corazón en el Cielo, porque había enderezado al principio lo que hacía a Dios, y de repente viene un viento de vanidad y da con él en una roca, deseando agradar a los hombres y ser tenido y estimado de ellos, o tomando algún vano contentamiento, con que todo se hundió. Y así dicen muy bien San Gregorio y San Bernardo: El que quiere allegar virtudes sin humildad, es como «el que lleva un poco de polvo o ceniza en contrario del viento», «que todo se derrama, todo se lo lleva el viento».


EJERCICIO DE PERFECCIÓN VIRTUDES CRISTIANAS
Padre Alonso Rodríguez, S.J.

PASAJES DE LA BIBLIA


La memoria del justo será bendita, pero 
el nombre de los malos es podredumbre.  
(Proverbios 10,7)

martes, 9 de abril de 2013

CONTINÚA EL MARTIRIO DE CRISTIANOS EN EGIPTO ANTE LA INDIFERENCIA Y PASIVIDAD DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL


TURBAS MAHOMETANAS ATACARON EL FUNERAL DE 
LOS CRISTIANOS ASESINADOS EL VIERNES


Un muerto y decenas de personas heridas es el balance del nuevo ataque sufrido por cristianos coptos en Egipto. Una turba mahometana atacó con piedras y bombas incendiarias caseras a los fieles cristianos que asistieron a los funerales de los cuatro cristianos asesinados a tiros por musulmanes en la localidad de Al Husus el pasado viernes. 

Los nuevos enfrentamientos, que tuvieron lugar el domingo en las inmediaciones de la catedral de San Marcos en el barrio de Abbasiya comenzó cuando los fieles cristianos salían del funeral, momento en que los musulmanes comenzaron a lanzarles piedras y cócteles molotov, y siguieron los disparos desde las azoteas.

Desde la llegada del presidente Mursi y la celebrada por occidente “primavera árabe”, la comunidad cristiana de Egipto, de unos 9 millones de personas, sufre una cruel y violenta persecución, ante la cual occidente guarda un silencio cómplice.

lunes, 8 de abril de 2013

CÓMO SE DEBE ADQUIRIR LA PAZ Y DEL CELO DE APROVECHAR


Mucha paz tendríamos si en las dichos y hechos ajenos que no nos pertenecen no quisiésemos meternos. ¿Cómo puede estar en paz mucho tiempo el que se entremete en cuidados ajenos, y busca ocasiones exteriores, y dentro de sí poco o tarde se recoge? bienaventurados los sencillos, porque tendrán mucha paz. 

¿Cuál fue la causa por que muchos de los Santos fueron tan perfectos y contemplativos? Porque estudiaron en mortificarse totalmente a todo deseo terreno; y por eso pudieron con lo íntimo del corazón allegarse a Dios y ocuparse libremente en sí mismos. Nosotros nos ocupamos mucho con nuestras pasiones, y tenemos demasiado cuidado de lo que es transitorio. Y también pocas veces vencemos un vicio perfectamente; ni nos alentamos para aprovechar cada día, y por esto nos quedamos tibios y aun fríos.

Si estuviésemos perfectamente muertos a nosotros mismos, y en lo interior desocupados, entonces podríamos gustar las cosas divinas y experimentar algo de la contemplación celestial. El impedimento mayor es qué somos esclavos de nuestras inclinaciones y deseos, y no trabajamos por entrar en el camino perfecto de los Santos. Y también cuando alguna adversidad se nos ofrece, muy presto nos desalentamos y nos volvemos a las consolaciones humanas. 

Si nos esforzásemos más en la batalla a pelear como fuertes varones, veríamos sin duda, la ayuda del Señor que viene desde el Cielo sobre nosotros. Porque dispuesto está a socorrer a los que pelean y esperan en su gracia, y nos procura ocasiones de pelear para que alcancemos victoria. Si solamente en las observancias de fuera ponemos el aprovechamiento de la vida religiosa, presto se nos acabara la devoción. Mas pongamos la segur a la raíz, porque, libres de las pasiones, poseamos pacíficas nuestras almas. 

Si cada año desarraigásemos un vicio presto seríamos perfectos. Mas ahora, al contrario, muchas veces experimentamos que fuimos mejores y más puros en el principio de nuestra conversión que después de muchos años de profesos. Nuestro fervor y aprovechamiento cada día debe crecer; mas ahora ya nos parece mucho conservar alguna parte del primer fervor. Si al principio hiciésemos algún esfuerzo, podríamos después hacerlo todo con facilidad y gozo. 

Grave cosa es dejar la costumbre; pero, más grave es ir contra la propia voluntad. Mas si no vences las cosas pequeñas y ligeras, ¿cómo vencerás las dificultosas? Resiste en los principios a tu inclinación, y deja la mala costumbre, porque no te lleve poco a poco a mayor dificultad. ¡Oh, si mirases cuánta paz a ti mismo, y cuánta alegría darías a los otros rigiéndote bien, yo creo que serías más solícito en el aprovechamiento espiritual.

IMITACIÓN DE CRISTO 
Tomás de Kempis